• En su sesión del martes 19 de octubre, el Pleno del Consejo de la Magistratura del Poder Judicial de la Nación, votó por unanimidad de los presentes la suspensión inmediata y el inicio del Jury Político del Juez Federal  Víctor Hermes Brusa, un oscuro personaje que fuera -desde su puesto de secretario del Juzgado Federal Nº1 de Santa Fe durante la dictadura- componente activo y entusiasta del sistema represivo que actuó en el área 212 del IIº Cuerpo del Ejercito.

    Aunque todavía quedan escollos por vencer hasta lograr la definitiva destitución de Brusa, creo que corresponde valorar acertadamente lo conseguido que es mucho más que el Jury, es un grado importante de condena popular a un genocida y de recuperación de memoria histórica.

    Como es sabido, la denuncia contra Víctor Brusa viene de muy lejos.  En diciembre de 1977, al recuperar la libertad luego del segundo cautiverio durante la dictadura, presenté una denuncia por torturas ante el Juez Iribas de Santa Fe; en 1979 lo hice ante la delegación de la C.I.D.H.  que vino a Buenos Aires en los días del Mundial Juvenil de Futbol  cuando el Gordo Muñoz alentaba a la gente a que nos repudiara por «traicionar» a la patria; en 1984 los compañeros Maulin, Pratto, Viola y otros inscribieron el «caso Brusa» en el Nunca Más (pags. 186 y 187) aquel informe de la Comisión Nacional de Personal al que Alfonsín ignoró groseramente; en agosto de 1992, semanas antes del acuerdo del Senado de la Nación a la propuesta del Poder Ejecutivo de hacer Juez Federal a Brusa, logramos que mi denuncia llegara a las primeras planas de los diarios de Rosario y Santa Fe; en 1998 el tema llegó al Juicio sobre Genocidio en la Argentina que lleva adelante el Dr. Baltazar Garzón en España y en estos meses lo instalamos en el Consejo de la Magistratura, un organismo surgido del Pacto de Olivos y la reforma constitucional de 1994 cuyos integrantes son designados por las corporaciones de Jueces y abogados, el poder legislativo y el ejecutivo.

    Es decir por los mismos que construyeron la impunidad y el olvido. El secretario de Justicia de la Nación, Carlos Ocampo ha manifestado su preocupació por el caso ya que “todo el sistema judicial pierde credibilidad”[1] y no es para menos, los propios Consejeros argumentaron, al negarse a cuestionar la decisión del Senado de promoverlo a Juez en 1992, “que el 80% de los integrantes actuales del sistema judicial juró por los Estatutos” de la dictadura.

    De hecho, los testimonios de los catorce ex detenidos/desaparecidos sobre la violación sistemática de los derechos humanos en Santa Fe  fueron impuestos por la movilización conjunta de las victimas y los organismos de DD.HH., así como que el propio pronunciamiento del Consejo es una obra maestra de hipocrecia que dice más o menos “que son ciertas e incuestionables los testimonios de las victimas, pero que el Senado debió tener razón al votarlo, claro que al difundirse la condición de torturador del Señor Juez cayo en desprestigio social que lo inhabilita para tan alta función”

    Por ello, es valida la pregunta de algunos jovenes santafesinos de ¿por qué fuimos a este ámbito tan comprometido con la institucionalidad vigente y la continuidad jurídica de la dictadura que avalaron Alfonsín y Menem con «su» reforma constitucional?

    Por la misma razón por la que acudimos a todos los ámbitos anteriormente mencionados: en busca de quebrar el muro de silencio, la conspiración perversa de quienes inventaron la «teoría de los dos demonios» y la supuesta complicidad con la dictadura de quienes fuimos sus víctimas y enemigos.  Porque estamos absolutamente convencidos de que si el olvido se construye, la memoria merece un esfuerzo cotidiano y enorme.

    Reflexionando sobre la caída de la Comuna de París (1871), Federico Engels decía que las derrotas ocasionaban en los pueblos el olvido de las causas por las que habían luchado, y eso en la Argentina se expresa en la acentuada sensación de vastos sectores populares de que “las soluciones a los problemas de uno no pueden salir de uno mismo ni de las cosas que uno hace, sino provenir desde afuera, de la intervención de otros con poder para hacerse cargo de las cosas”[2]

    Uno de los logros más valorables de esta prolongada batalla contra el olvido es el haber logrado que dieciocho ex detenidos y/o desaparecidos por razones políticas, se presentaran a declarar ante el Consejo de la Magistratura reivindicando la militancia revolucionaria como causa directa de la represión.  Porque eso fue así: no fuimos víctimas casuales o accidentales.  Todos nosotros fuimos castigados por el compromiso con el pueblo y su lucha por la liberación.

    Al escucharlos, pasados más de veinte años, no he podido sustraerme a una mezcla de orgullo y nostalgia, de recuerdo y emoción, de risa y de llanto.  Cada vez que he declarado o hablado del tema no he podido evitar el recuerdo de cada uno de aquellos jóvenes con quien comencé la militancia en aquel imborrable mayo del ´69 en que los estudiantes secundarios de Santa Fe, como los de todo el país y buena parte de la clase obrera, salimos a la calle para protestar por aquellas primeras muertes que tanto nos dolían.

    Claro que habíamos sabido del asesinato del Che Guevara en aquel octubre del ´67, pero la muerte de aquellos jóvenes tan parecidos a nosotros nos tocaba más cerca.

    Para poder entender plenamente a aquella generación hay que poder imaginar el cielo que nosotros veíamos porque hacia ese horizonte caminabamos,  y hay que decir que la generación del ´70 veía delante suya la revolución en corto plazo.

    Mucho se ha hablado de cómo era el mundo de finales de los ´60, y mucho es lo que se puede seguir discutiendo sobre aquello, pero a mi me interesa recordar cómo era el cielo de los ´70 para aquellos a quienes el Córdobazo nos sorprendió en las aulas de un colegio secundario.

    En nuestro cielo había dos cosas muy claras: el mundo marchaba hacia la izquierda, hacia el socialismo; y la clase obrera tenía potencialidad revolucionaria.  Y aunque hoy parezca un poco extraño, esas dos ideas se alimentaban tanto de la tradición marxista como de la peronista.

    Unos por teoría y por el avance de Cuba, de Vietnam, e incluso de la fortaleza que todavía aparentaba la Unión Sovietica.  Otros por la historia reciente de las luchas de los ’60 o por los mensajes del General de que había llegado la hora del socialismo nacional.

    En esa búsqueda claro que cometimos errores, y está muy bien que se tenga una actitud crítica hacia nuestras visiones del poder, hacia la tendencia a subordinarnos hacia la burguesía nacional y sus proyectos políticos o los diversos modos de hegemonismo y/o vanguardismo que padecimos; pero habría que reconocer primero que solo en la generación de San Martín, Moreno y Castelli se podría encontrar tanto amor a la Patria, tanto desinteres, honor, valentía y serenidad en la derrota.

    ¿Y porqué recordar todo esto a la hora de esta pequeña victoria ?  Porque es solo eso, un pequeño pasito, muy pero muy pequeño, en el largo camino por reconstruir la memoria, que no es simplemente recordar que los hechos existieron –es decir que Brusa era parte del aparato represivo, que en la Cuarta se torturaba, que hubo miles de víctimas, y aún que esas víctimas seguimos resistiendo aún dentro de las cárceles y centros de torturas– sino que es mucho más que eso:

    Es recordar el cielo que veíamos en los ´70 pero no para caminar hacia él, sino para inventarnos uno nuevo.  Para volver a soñar con la revolución en el horizonte y ver puntos de apoyo para la larga marcha en cada estrella.

    Y es posible.

    Porque ahí estan los piqueteros y los Hijos, las marchas universitarias y los jubilados de los miercoles, las Madres de la Plaza y los esfuerzos de tanta militania por organizar los pobladores y los trabajadores en central alternativa,  desarrollar las comunidades de base y preservar aquellas fuerzas poíticas con principios y dignidad.

    Porque el mundo sigue siendo una mierda para los pobres y porque, para el que mira con los ojos bien abiertos, ahí está la Cuba de Fidel, la Colombia de las F.A.R.C., el Brasil de los Sin Tierra, el México de los Zapatistas, la Sudafrica del Congreso Sudafricano, la Irlanda del I.R.A. y muchas más lucesitas que siguen alumbrando el mismo camino por el que transitabamos en los ´70, es decir mañana.


    [1] El Ciudadano y la región, pagina B6. matutino rosarino

     

    [2] Carlos M. Vilas. Buscando el Leviatán. Hipotesis sobre ciudadanía, desigualdad y democracia.  en  Propuestas desde la izquierda. Obra colectiva coordinada por Manuel Monereo. FIM. 1994


  • Pocas fechas más propicias para reflexionar sobre la memoria histórica que el ocho de octubre.

    Coinciden en un mismo día dos de los más grandes símbolos políticos de la Argentina:  Perón y  el Che con las infinitas posibilidades de relacionarlos, confrontarlos o simplemente recordar que buena parte de los treinta mil compañeros desaparecidos dieron su vida por uno de ellos.

    O por los dos al mismo tiempo.

    Pero, para los rosarinos, el ocho de octubre admite otra mirada.

    La provocada por el robo de los Tribunales de Rosario en 1984 en procura de hacer desaparecer las pruebas conseguidas contra Acindar y la gran burguesía de la zona en la represión sufrida por los habitantes de lo que entonces era el “Cordón Industrial del Gran Rosario”.

    Como se sabe, el robo sigue impune y puede pensarse como uno de los símbolos más poderosos de la voluntad de los dueños del país de construir la des-memoria y el olvido.

    Reflexionando sobre las derrotas de las revoluciones decía Federico Engels que lo más grave “es el olvido de las causas por las cuales los pueblos habían luchado”, cuestión que entre nosotros se expresa en la acentuada sensación de que «las soluciones a los problemas de uno no pueden salir de uno mismo ni de las cosas que uno hace, sino provenir desde afuera, de la intervención de otros con poder para hacerse cargo de las cosas»[1]

    En su sesión del martes 28 de setiembre, la Comisión de Acusaciones del Consejo de la Magistratura del Poder Judicial de la Nación, votó por unanimidad de sus miembros el pedido de destitución del Juez Federal de Santa Fe, Víctor Brusa, un oscuro personaje que fuera -desde su puesto de secretario del Juzgado Federal Nº1 de Santa Fe durante la dictadura- componente activo y entusiasta del sistema represivo que actuó en el área 212 del IIº Cuerpo del Ejercito.

    Aunque todavía quedan escollos por vencer[2] hasta lograr la definitiva destitución de Brusa, creo que corresponde valorar acertadamente lo conseguido, que es mucho más que el voto de la Comisión de Acusaciones, es un grado importante de condena popular a un genocida, corrupto y cobarde; y de recuperación de memoria histórica.

    Como es sabido, la denuncia contra Víctor Brusa viene de muy lejos.

    En diciembre de 1977, al recuperar la libertad luego del segundo cautiverio durante la dictadura, presentamos una denuncia por torturas ante el Juez Iribas de Santa Fe; en 1979 lo hicimos ante la delegación de la C.I.D.H. (Comisión de DD.HH. de la O.E.A.) que vino a Buenos Aires en los días del Mundial Juvenil de Fútbol en aquella oportunidad en que el Gordo Muñoz alentaba a la gente que festejaba en las calles a que nos repudiara por «traicionar» a la patria; en 1984 los compañeros Maulin, Pratto, Viola y otros inscribieron el «caso Brusa» en las páginas del Nunca Más (186 y 187) aquel informe de la Comisión Nacional de Personal (CONADEP) al que Alfonsín ignoró groseramente; en agosto de 1992, semanas antes del acuerdo del Senado de la Nación a la propuesta del Poder Ejecutivo de hacer Juez Federal a Brusa, logramos que nuestra denuncia llegara a las primeras planas de los diarios de Rosario y Santa Fe; en 1998 el tema llegó al Juicio sobre Genocidio en la Argentina que lleva adelante el Dr. Baltazar Garzón en España y en estos meses lo instalamos en el Consejo de la Magistratura, un organismo surgido del Pacto de Olivos y la reforma constitucional de 1994.

    Pero, si así pensamos de dicho Consejo de la Magistratura ¿por que hemos ido con nuestra denuncia ante ellos?

    Por la misma razón por la que acudimos a todos los ámbitos anteriormente mencionados: en busca de quebrar el muro de silencio, la conspiración perversa de quienes inventaron la «teoría de los dos demonios» y la supuesta complicidad con la dictadura de quienes fuimos sus víctimas y enemigos.  Porque estamos absolutamente convencidos de que si “ellos” construyen el olvido, nosotros debemos cultivar primorosamente la memoria.

    Uno de los logros más valorables de esta prolongada batalla contra la impunidad de Brusa es el haber logrado que dieciocho ex detenidos y/o desaparecidos por razones políticas, se presentaran a declarar ante el Consejo de la Magistratura reivindicando la militancia revolucionaria como causa directa de la represión.  Porque eso fue así: no fuimos víctimas casuales o accidentales.

    Todos nosotros fuimos castigados por el compromiso con el pueblo y su lucha por la liberación.

    Al escucharlos, pasados más de veinte años, no he podido sustraerme a una mezcla de orgullo y nostalgia, de recuerdo y emoción, de risa y de llanto.  Cada vez que he declarado o hablado del tema         no he podido evitar el recuerdo de cada uno de aquellos jóvenes con quien comencé la militancia en aquel imborrable mayo del ´69 en que los estudiantes secundarios de Santa Fe, como los de todo el país y buena parte de la clase obrera, salimos a la calle para protestar por aquellas primeras muertes que tanto nos dolían.

    Claro que habíamos sabido del asesinato del Che Guevara en aquel octubre del ´67, pero la muerte de aquellos jóvenes tan parecidos a nosotros nos tocaba más cerca.

    Para poder entender a aquella generación hay que poder imaginar el cielo que nosotros veíamos porque hacia ese horizonte caminábamos, no importa por ahora si era real o no; y hay que decir en voz alta que la generación del ´70 veía delante suya la revolución en corto plazo.

    Mucho se ha hablado de cómo era el mundo de finales de los ´60, y mucho es lo que se puede seguir discutiendo sobre aquello, pero a mi me interesa recordar cómo era el cielo de los ´70 para aquellos a quienes el Córdobazo nos sorprendió en las aulas de un colegio secundario.

    En nuestro cielo había dos cosas muy claras: el mundo marchaba hacia la izquierda, hacia el socialismo; y la clase obrera tenía potencialidad revolucionaria.  Y aunque hoy parezca un poco extraño, esas dos ideas se alimentaban tanto de la tradición marxista como de la peronista.  Unos por teoría y por el avance de Cuba, de Vietnam, e incluso de la fortaleza que todavía mostraba la Unión Soviética.  Otros por la historia reciente, por las visiones del General de que había llegado la hora del socialismo nacional.

    En esa búsqueda claro que cometimos errores, y está muy bien que se tenga una actitud crítica hacia nuestras visiones del poder, hacia la tendencia a subordinarnos hacia la burguesía nacional y sus proyectos políticos; pero habría que reconocer primero que solo en la generación de San Martín, Moreno y Castelli se podría encontrar tanto amor a la Patria, tanto desinterés, honor, valentía y serenidad en la derrota.

    ¿Y porqué recordar todo esto a la hora de esta pequeña victoria ?  Porque es solo eso, un pequeño pasito, muy pero muy pequeño, en el largo camino por reconstruir la memoria, que no es simplemente recordar que los hechos existieron -es decir que Brusa era parte del aparato represivo, que en la Cuarta se torturaba, que hubo miles de víctimas, y aún que esas víctimas seguimos resistiendo aún dentro de las cárceles y centros de torturas- no, es mucho más que eso.

    Es recordar el cielo que veíamos en los ´70 pero no para caminar hacia él, sino para inventarnos uno nuevo.  Para volver a soñar con la Utopía en el horizonte y ver puntos de apoyo para la larga marcha en cada estrella.

    Y es posible.  Porque ahí están los piqueteros y los Hijos, las marchas universitarias y los jubilados de los miércoles, las Madres de la Plaza y los esfuerzos de tanta militancia por organizar los pobladores y los trabajadores en central alternativa,  desarrollar las comunidades de base y preservar aquellas fuerzas políticas con principios y dignidad.

    Porque el mundo sigue siendo una mierda para los pobres y porque, para el que mira con los ojos bien abiertos, ahí está la Cuba de Fidel, la Colombia de las FARC, el Brasil de los Sin Tierra, el México de los Zapatistas, la Sudáfrica del Congreso Sudafricano, la Irlanda del IRA y muchas más lucesitas que siguen alumbrando el mismo camino por el que transitábamos en los ´70, es decir mañana.

    octubre de 1999


    [1] Carlos Vilas.  Buscando el Leviatan

     

    [2] muy posiblemente, el Pleno del Csjo. de la Magistratura tratará el pedido de juicio político el jueves 14 de octubre


  • Aunque ya pocos lo recuerden, Chacho Alvarez apareció en escena con una promesa que convirtió en su divisa: “vamos a instalar un nuevo modo de hacer política: con la gente, ética y progresista”.

    ¿Cómo interpretar entonces su participación en la Convención del histórico partido de Alem, Alvear, Irigoyen y Alfonsín sino como el cierre histórico de un debate, que para nosotros estuvo definido en setiembre de 1994 cuando resistimos la maniobra por subordinar el Partido Comunista a sus planes y fuimos expulsados del Frente Grande?

    El Frente Grande inicial fue el resultado de confluencia de esfuerzos unitarios en los duros años de comienzos de la década, marcados por la caída del Muro y el inicio del menemismo, en las duras condiciones en que quedó la izquierda tras la disolución de la Izquierda Unida de entonces, la de las elecciones abiertas de 1988 y las dos Plazas del No al neoliberalismo.

    La alianza del Frente del Sur y el Fredejuso había tenido un desempeño interesante en octubre de 1993 y sus posibilidades y expectativas crecieron exponencialmente con el Pacto de Olivos y la evidencia publica de que el compromiso de Alfonsín y los radicales con el modelo llegaba hasta el colmo de facilitar la continuidad de Menem en el gobierno.

    Como mandan todos los manuales de ciencia política burguesa la dirigencia del Frente Grande emprendió una vertiginosa carrera hacia el poder en que fue liquidando una a una las banderas y principios fundacionales.  Del Frente Grande al Frepaso y de allí a la Alianza con el partido que había sido el principal objeto de las críticas cuando el Pacto de Olivos y las Constituyentes.

    De Monseñor De Nevares a Bordón, y de allí a De La Rúa para marcar su recorrido en un código caro a los referentes frentistas.

    De ser una fuerza política que amenazaba con romper el histórico bipartidismo de la democracia restringida a su transformación en una cuasi corriente interna (y no precisamente la más progresista) de la pata radical del sistema.

    De la predica sobre un nuevo modo de hacer política a la brutal realidad de un partido político moldeado al gusto y paladar de los posmodernos neoliberales del imperio: sin programa, sin militancia, comunicadores de ideas ajenas y sin ninguna otra relación con “la gente” que las urnas y las encuestas.

    He aquí el recorrido de la tercer oleada posibilista sufrida por el movimiento popular argentino desde la retirada de los milicos y la instauración de mecanismos electivos para la designación de los administradores públicos de un modelo capitalista de sociedad impuesto por la fuerza de las armas y jamás sometido a la voluntad popular.

    Porque, es bueno recordarlo cuando se habla de la débil izquierda argentina, no solo hemos sufrido el genocidio de los ’70, también hemos sufrido tres oleadas de posibilismo y coptación de intelectuales y militantes para los proyectos de dominación.

    Curiosamente esos mismos intelectuales y militantes pasados con armas y bagajes al enemigo son los primeros en preguntarse asombrados sobre el porqué de nuestra debilidad.  Por ustedes, traidores, cobardes, mercenarios, deberíamos comenzar por contestarles; por nosotros, por no aprender de nuestros errores y nuestra historia, corresponde decir luego.

    Si hay un mito que ha hecho daño a la izquierda argentina ese ha sido el de la “burguesía progresista”, de las “fuerzas democráticas” que anidan en los partidos mayoritarios  con quienes hay que realizar acuerdos y alianzas.

    Conviene entonces echar una mirada al modo en que se construyó el dominio político en la Argentina desde el comienzo mismo de la Nación.

    Primero fue el genocidio de los aborígenes y la ocupación de sus tierras con la Conquista del Desierto por parte del naciente Ejercito de la Nación al que legitimaban partidos políticos de “notables” oligarcas que se reservaban para sí los derechos de elegir y de candidatearse ante un pueblo que resistía por carriles “no institucionales”

    Luego vino la ampliación de los derechos electorales y la constitución de un partido político de la burguesía que golpea el monopolio del saber oligárquico con la Reforma Universitaria y ”pone en caja” el reclamo obrero con la Semana Trágica, la Patagonia Rebelde y otras matanzas.

    Con el golpe del ’30 se pone en marcha un mecanismo de estabilidad del sistema que combinaría las experiencias anteriores: la alternancia de gobiernos surgidos de golpes de estado y de procesos electorales más o menos participativos.  El partido militar y los partidos políticos que mejor expresaran el “modelo de desarrollo capitalista” del momento: agro/exportador, preeminencia del mercado interno, sustitución de importaciones, etc. etc.

    Claro que cada fracción política (y el partido militar no es más que eso, aunque cuente con la fuerza de las armas) aportaba su matiz originando las contradicciones secundarias que estremecían al bloque de poder con conatos y divisiones.  Pero todas las diferencias irían a desaparecer cuando los trabajadores consiguieron acumular fuerzas para no solo poner en cuestión la cuota de ganancia, sino la misma subsistencia del sistema.

    Treinta años atrás, el Córdobazo marcaba el momento exacto en que como soñaba Lenin para su Rusia de comienzos de siglo, “los de arriba no pueden y los de abajo ya no quieren”.

    Fueron años de desafío y de posibilidades desaprovechadas, acaso –entre otras cosas- porque nos faltó confianza en nuestras propias fuerzas y dimos aire a quienes irían a legitimar el genocidio con el discurso de Balbín de la “guerrilla fabril” idéntico al que justificaba la “orden de exterminio” de Isabel y Luder, el mismo que llamaríamos a votar solo siete años después.

    Como se sabe, en el ’83 no ganó el peronismo sino la Unión Cívica Radical encabezada por el jefe de su movimiento “Renovación y Cambio”, supuesta “izquierda” del radicalismo.

    Tras un breve intento de repetir las viejas políticas reformistas (inspiradas en el modelo de Estado de bienestar y ampliación del mercado interno), en abril de 1985 Alfonsín anunció la puesta en marcha de una economía de guerra.  El escenario elegido fue la Plaza de Mayo llena de gente convocada a “defender la democracia”.

    Una parte de la columna del Partido Comunista, encabezada por Patricio Echegaray y otros dirigentes, rebelándose ante el seguidismo de quienes habían comprometido al partido con la “convergencia cívico militar” y el voto a Luder, abandona la Plaza y da el primer paso hacia el viraje del XVI Congreso.

    En diciembre de 1985, el Presidente Alfonsín ataca duramente a los comunistas y explícita la nueva política: “no hablemos más de reformas o de revolución, discusión anacrónica;  situémonos en cambio en el camino acertado de la transformación racional y eficaz”

    Un año más tarde, reflexionando sobre el rumbo del gobierno en “Hacia donde marcha el alfonsinismo” diría Patricio Echegaray: “La respuesta a la crisis, desde la U.C.R., asume la connotación de defensa e identificación con un determinado sistema.  Es decir se ha optado por el capitalismo dependiente.  Consideramos que en esta cuestión debe buscarse el nudo del proyecto radical, y en consecuencia revisar qué fuerzas, qué clases sociales le brindan su apoyo y por qué.  A nuestro entender, las mismas clases que generaron la profunda crisis en que está sumido el país apoyan y se apoyan en este proyecto, que defiende sus intereses.  Se trata de la oligarquía y sus enormes latifundios con los que se apropia del treinta por ciento del valor de la producción agropecuaria, mediante la renta.  Oligarquía entrelazada con inversiones en bancos, compañías de seguros e industrias a los monopolios extranjero y a un sector de la burguesía local que en los últimos años alcanzó un alto grado de concentración, llegando a integrar grupos económicos monopólicos.  Estos sectores, compartiendo intereses, rentabilizan su capital en el ámbito productivo o directamente en la especulación financiera, de acuerdo a la coyuntura.  Y conforman así el polo dominante, que retiene el poder en la Argentina.”[1]

    Ese era el secreto, oculto tras la verborragia de matriz gramsciana que los intelectuales posibilistas prodigaban al nuevo líder de la democracia argentina.  Si la burguesía había construido la Unión Cívica Radical para afirmar un modelo de capitalismo, esa misma burguesía –ahora trasnacionalizada y tan cipaya como siempre, “de espinazo gelatinoso” las había denominado el Che 30 años atrás- utilizaba el mismo partido para afirmar el modelo neoliberal.

    Así fue como Alfonsín no solo consolidó el rumbo económico insinuado por Martínez de Hoz, también resolvió la cuestión de la continuidad jurídica de la dictadura en “democracia” con la política de impunidad para los genocidas, sus políticos, jueces e intelectuales que se convirtieron por arte de magia en “demócratas de la primera hora”..

    Frustradas las ilusiones “progresistas” en el Alfonsinismo, y junto con la resistencia obrera y popular fue surgiendo un nuevo fenómeno político en la Argentina de finales de los ’80: la renovación peronista alimentada con discurso renovado y militancia de los ’70 reciclada y descafeinada.  Ahora sí parecía que valía la pena ilusionarse ya que se juntaban “el sujeto social del cambio” con una propuesta de cambio democrático.

    Una revista, “Unidos”,  hacía punta en el apoyo a Antonio Cafiero como precandidato presidencial por la “renovación”.  Su director, un ignoto historiador, Carlos Cacho Alvarez.  En julio de 1988, contra todos los pronósticos Carlos Menem les ganó la interna y se produjo una verdadera peregrinación hacia las listas menemistas, vale la pena recordar que “el diputado Alvarez” llegó a la Honorable Cámara de Diputados en una “lista sábana” encabezada por Carlos Menem.

    ¿No es acaso la figura de Antonio Cafiero transformado en ultramenemista candidato contra Duhalde, derrotado y vuelto a mudarse hacia el duhaldismo, la imagen misma de la decadencia de un pensamiento pretendidamente renovador?


    [1] Utopía y Liberación, Patricio Echegaray,  Ddirple ediciones, 1996.  paginas 28 y 29.

     


  • .

    Hace exactamente 25 años, el 16 de marzo de 1974, más de doce mil personas se movilizaron por las calles de Villa Constitución (que entonces no tenía más de 35.000 habitantes) hacia la Plaza Central.  La marcha había arrancado de las empresas metalúrgicas de la zona (Acindar, Metcon y Marathon) y al pasar por los barrios que se suceden a lo largo de la ruta que lleva al centro, se fueron sumando los hombres y las mujeres del pueblo.  ¿Qué había pasado?  ¿Qué se celebraba?  ¿Cómo se conquistó esa victoria? ¿Y que tiene que ver el 16 de marzo de 1974 con el 20 de marzo de 1975, el 22 de abril de 1975 y el 8 de octubre de 1984? Trataremos de ayudar a armar este rompecabezas de la memoria histórica proletaria.

    El Villazo

    El “Villazo” es la celebración popular de una victoria obrera sobre la burocracia sindical y las grandes patronales.  El 16 de marzo de 1974, luego de años de lucha por conquistar el derecho a elegir sus propios delegados, las Comisiones Internas de las tres grandes empresas metalúrgicas acuerdan con los delegados del Ministerio del Trabajo el camino para normalizar democráticamente la Unión Obrera Metalúrgica de Villa  Constitución intervenida desde 1970. Tito Martín, dirigente comunista que sería el primer secretario de la C.G.T. regional a crearse en enero de 1975 relataba así sus vivencias de aquel día: “La caravana pasa por los barrios Galotto, Palmar, Industrial, San Lorenzo, Luzuriaga y Malugani: los vecinos de esos barrios les hacen llegar la solidaridad , su alegría y se van incorporando a la columna. Verdadera marcha triunfal.  En los últimos tramos los obreros con su torso desnudo, enarbolando banderas, su propia camisa sudada, invaden, ocupan, se apoderan de la plaza. Están los obreros con sus esposas y sus hijos, el almacenero, los obreros y empleados de otros gremios, todo el pueblo.  Los dirigentes en el palco improvisado, las banderas argentinas  y esos rostros que expresan alegría, firmeza y el cansancio de una semana tensa, agotadora, levantan sus brazos saludando a la multitud, en el límite de sus fuerzas físicas, como un movimiento mecánico, el último hálito, el último gesto de comunicación y  entrega. Estoy en la plaza, vivo el momento con profunda emoción no puedo evitar la evocación de tantas luchas vividas, el orgullo de tantos años de militancia, de ser parte de ese pueblo”

    Los subversivos

    Hasta la llegada de la siderúrgica Acindar, en 1948, Villa Constitución había sido un típico pueblo de campaña del sur santafesino con su puerto y su dotación de ferroviarios.  Los anarquistas se hicieron fuerte entre los portuarios, los comunistas entre los ferroviarios y cuando los vientos de la revolución cubana llegaron al sur santafesino, la izquierda revolucionaria de Villa tenía fuertes posiciones en el movimiento obrero, vecinalista, y la cultura.  La huelga ferroviaria del ´61, los planes de lucha de la C.G.T., la formación de la C.G.T. de los Argentinos tenía en la zona el sabor particular que le ponían Tito Martín desde La Fraternidad y Carlos Sosa desde la Unión Ferroviaria. En el ´63 los comunistas impulsan la primera lista opositora en la U.O.M., la Verde, pero el vandorista Nartallo simplemente cierra el sindicato y se va a la isla para no oficiarla.  Con la dictadura de Onganía (1966) las empresas se endurecen con los obreros y afinan los acuerdos con la burocracia.  Para fines del ´69 se produce un enfrentamiento entre la Interna de Acindar y la UOM que termina con el despido de los compañeros. Los que se decidan a pelear toman nota que tendrán que organizarce en la clandestinidad. Y así nace el  G.O.C.A. (Grupo de Obreros Combativos de Acindar) primero y el M.R.S. (Movimiento de Recuperación Sindical) después.  Para finales del ’72 el M.R.S, gana la Interna de Acindar .  Angel Porcu, integrante de aquella legendaria Comisión Interna recuerda los primeros pasos: “Durante la primera semana, nuestra actividad fue recorrer todas las secciones, llegando a estar 10,12 horas dentro de la fábrica hablando con los delegados y compañeros viendo sus problemas, escuchando propuestas, tomando notas de todo”.  Desde la estricta defensa de los derechos de los trabajadores, la Comisión Interna de Acindar se afirma entre los trabajadores y va ganando a las Comisiones Internas de las otras empresas para sus propuestas. El MRS se va convirtiendo en la dirección real de los trabajadores. En setiembre del ´73, en repudio del golpe de Pinochet contra la Unidad Popular de Chile confluyen en las marchas la izquierda histórica con las nuevas camadas de militantes entre los que empiezan a ganar  influencia las nuevas organizaciones de izquierda, especialmente el PRT/ERP y los Montoneros.  Los próximos años marcharían juntos y en las cárceles, donde casi todos ellos terminaron en marzo de 1975 recordarían risueños los días en que recibían clases de Instrucción Cívica por parte de Tito Martín en la escuela secundaria que había fundado La Fraternidad para los hijos de los obreros. En febrero del ´74 la UOM contraataca expulsando a la interna de Acindar al tiempo que la empresa pretende desconocerlos.  Las asambleas obreras decretan el paro y la ocupación de las plantas, medida que resulta .  La medida resulta un gran acierto porque permitía ejercer formas de democracia directa (representante con mandato y no dirigente que “negocia” lo que quiere), fortalecer la disciplina y la organización evitando la dispersión de un proletariado que trabajaba en Villa pero vivía desperdigado entre Rosario y San Nicolás (80 kms.) y facilitó la solidaridad material y política que llegaba de todos lados pero especialmente de la misma zona. La ocupación de las plantas se mantuvo hasta el 16 de marzo, es decir hasta el Villazo. Poco después del triunfo, el 20 de abril de 1974, se realizaría un histórico Plenario de agrupaciones antiburocráticas en solidaridad con la lucha de Villa donde estuvieron todas las corrientes de izquierda y donde los oradores finales fueron nada menos que Alberto Piccinini, René Salamanca y Agustín Tosco.

    El laboratorio

    Las elecciones de la UOM se harían finalmente en noviembre del ’74.  La Lista Marrón encabezada por Alberto Piccinini gana por 2600 votos  a 1300 de la oficialista Rosa. En   enero del ’75 se forma la C.G.T. encabezada por Tito Martín y el 20 de marzo de 1975 un impresionante operativo represivo conjunto de fuerzas represivas se abate sobre Villa tras la denuncia por parte del gobierno de Isabel de un supuesto complot subversivo en el cordón siderúrgico del río Paraná. Cuatro mil efectivos participan en las operaciones, centenares de casas fueron allanadas, más de 300 compañeros detenidos, ciento diez bombas fueron detonadas y 20 compañeros fueron asesinados. Casi toda la dirigencia sindical queda presa y la ciudad ocupada militarmente.  En esas condiciones las empresas son ocupadas por los trabajadores y  el Comité de Lucha, encabezado por el Negro Segovia –salvado providencialmente del Operativo- declara un paro que durará hasta el 19 de mayo.  Pero antes, el 22 de abril, una impresionante movilización popular de más de 15.000 personas desafía el estado de sitio y las bandas asesinas de la Triple A. No por nada Agustín Tosco diría en junio de ese año: “Villa Constitución con toda su trayectoria democrática y combativa pasó a ser la vanguardia de las justas luchas de la clase obrera por sus reivindicaciones económicas, sociales y políticas.  El gobierno preocupado por la vigencia de la democracia sindical  en Villa Constitución, alarmado por su grado de conciencia y organización, prevenido para represaliar todo intento de avanzar en las discusiones de las comisiones paritarias, lanzó una contraofensiva que fuera capaz de frenar todo ese maravilloso proceso. Los trabajadores metalúrgicos, el movimiento obrero y el pueblo de Villa Constitución respondieron a ese desafío en forma extraordinaria. Hemos experimentado una gran emoción y una gran alegría al comprobar con que entereza, con que perseverencia, con qué entusiasmo y con qué espíritu de lucha, los trabajadores y el pueblo han enfrentado la represión, las claudicaciones y las traiciones de unos pocos que sirven a la reacción interna, a los monopolios y al imperialismo.” Poco antes, al valorar el triunfo de la Marrón había escrito: “La burocracia entreguista de la UOM es tan poderosa  que ya es común escuchar hablar o leer  reiteradamente comentarios sobre la “Patria Metalúrgica”. El ministro de Trabajo, Ricardo Otero, el gobernador de la Pcia. de Buenos Aires, Victorio Calabró y el vicegobernador de la pcia. de Santa Fe, Jesús Cuello y el titular de las 62 Organizaciones, Lorenzo Miguel, entre otros son miembros conspicuos de la burocracia de la UOM y funcionarios de gran peso político en la sediciente Patria Metalúrgica.  Esta todopoderosa organización sindical burocrática, ese tremendo mecanismo controlado por no más de una docena de jerarcas con un “ejercito” de matones, hace mucho tiempo que viene haciendo mucho escarnio de la democracia sindical”.  Contra ese sindicalismo burocrático, que con el Operativo del 20 de marzo de 1975, demostraba lo ilusorio e inútil de pretender cambiarlo por dentro, levantaba Agustín Tosco su propuesta de “sindicalismo de liberación” que propugnaba acercar la lucha sindical a un proyecto revolucionario.  Para marzo de 1975 todas las ilusiones en el gobierno peronista se habían desvanecido.  Córdoba había sido intervenida, los Montoneros expulsados del Peronismo y las bandas para militares ya actuaban a pleno.  Villa Constitución representaba uno de los últimos bastiones del movimiento popular en el que depositan sus esperanzas los sectores de izquierda.   Y justamente eso es lo que no soportaba el gobierno y por eso el Operativo represivo del 20 de marzo.  Pero Villa no solo fue un laboratorio para la represión generalizada que vendría con el golpe.  Si recordamos que el presidente de Acindar era Alfredo Martínez de Hoz, y que al asumir como Ministro de Economía de Videla sería reemplazado por el Gral. Alcides López Aufranc podemos intuir el entretejido de intereses que había en la zona. Acindar es una de las empresas más beneficiadas por el Estado: durante años se benefició de tarifas rebajadas para el gas y la energía eléctrica consumidas, créditos subsidiados, materias primas a bajo precio y avales para créditos externos que nunca pagaría.  Y cuando su poder fue desafíado por los trabajadores tuvo un ejercito a su servicio.  Es bueno insistir que, en última instancia, el genocidio lo cometieron para defender sus ganancias y sus privilegios. No por casualidad en el interior de Acindar funcionaba un campo de concentración de los milicos y durante todos los años de la dictadura una tanqueta del Ejercito cuidaba la entrada por donde ingresaban los obreros.  Para que nadie olvide a que jugaban los milicos.

    La desmemoria

    El ocho de octubre de 1984 un comando ingresaba a los Tribunales de Rosario y robaba documentación recolectada por la CONADEP local. ¿Qué se llevaron? Nada menos que las pruebas sobre la participación de Acindar en la represión. Porque la democracia alfonsinista podía darse el lujo de enjuiciar los excesos de la Junta Militar pero no podía admitir la culpabilidad de una burguesía capaz de asesinar 30.000 sueños por temor a que todo el país conociera la gloria de aquel 16 de marzo de 1974 cuando los metalúrgicos de Villa festejaron su victoria sobre la UOM, Acindar y el gobierno de Perón.  Porque eso es lo importante de recordar el Villazo, recordar que si hubo genocidio es porque tuvieron miedo y si tuvieron miedo es porque se podía ganar .Porque la generación del ´70 había alcanzado la altura de los San Martín y los Moreno, aunque igual que ellos fuera derrotada por los dueños del poder.  Cada uno elige las fechas que quiere para reconstruir la memoria histórica.  Algunos se empecinan en resaltar cada muerte y cada derrota, casi como pidiendo perdón por lo ocurrido.  Que se arrepientan ellos, nosotros nos quedamos con el recuerdo de Tito Martín y de aquel inolvidable Negro Segovia que cayera peleando en enero del ´88 por lo que él creía justo. Porque cuando ya nadie se acuerde en este país de Martínez de Hoz o de Otero, cuando ni el polvo quede de los miserables represores Ranure o Aníbal Gordon, las nuevas generaciones seguirán recordando a aquellos valientes, tozudos, entrañables, duros y tiernos compañeros que gestaron el Villazo y nos legaron una causa por la cual luchar toda la vida.  Que no es poco, compañeros.


  • Audiencia Nacional

    Dr. Baltazar Garzón

    Juzgado Central Internacional Nº 5

    Sumario 19/97

    Testimonio de José Ernesto Schulman,

    argentino, D.N.I. 10.316230,

    domiciliado en Lima 1163, Rosario, C.P. 2000.

    Debido a mi condición de militante de la  Federación Juvenil Comunista he sufrido por parte de la Inteligencia de la Policía de la Provincia de Santa Fe una serie de actos represivos, atentados terroristas y simulacros de fusilamiento entre los años 1973 y 1977.

    Ya a comienzos del período constitucional de 1973, fui detenido por repartir propaganda partidaria y sometido a malos tratos por parte de un grupo de la Inteligencia Provincial, encabezado por un oficial llamado Eduardo Rebechi, que me perseguiría por varios años.

    El 5 de diciembre de 1975 una bomba de gran poder destruyó la casa familiar ubicada en Primera Junta 3588 de la ciudad de Santa Fe; al salir de la casa destruída, salvados por milagro, oh sorpresa !! estaba esperandome el citado oficial Rebechi que provocadoramente sugirió que la bomba había sido puesta por “alguna discusión interna de la Federación Juvenil Comunista”.

    El 24 de marzo de 1976 a las 2 hs de la madrugada, el citado oficial de inteligencia allanó la casa familiar de Primera Junta 3588 (reconstruída en parte) y, al no encontrarme, detuvo a mi hermano Pablo Rodolfo Schulman, llevandose casi todo lo que había en la casa.

    El 12 de Octubre de 1976 fui detenido junto a quien era entonces mi esposa, Graciela Rosello, y un amigo que circunstancialmente estaba en mi casa, Hernan Gurbich, por el grupo encabezado por Eduardo Rebechi y llevado a la seccional sexta (o ex cuarta) de la Policía Provincial a la que pude reconocer, a pesar de estar encapuchado, por haberme críado y vivido en una casa cuyos fondos daban con la seccional.

    La seccional estaba (y aún está) en la esquina de Bv. Zavalla y Tucumán, justo frente a la escuela donde había hecho los siete grados de la escuela primaria; así que para mí, aún encapuchado y aislado era muy fácil ubicarme: me orientaban los ruidos de la escuela, el bandoneón de un vecino, etc.

    Del lado de Bv. Zavalla habían hecho un subsuelo o sotano donde interrogaban y torturaban.  Estuve en ese “chupadero” casi un mes exacto, durante ese tiempo fueron innumerables las veces que los grupos de tareas venían a buscar compañeros para la tortura y la muerte.  Años despues, en esa “oficina” instalaría su despacho el torturador Eduardo Rebechi.

    Recuerdo nitidamente como el 17 de octubre de 1976 el comisario de la seccional, Ricardo Ferreyra, se dedicó durante horas a torturarnos psiquicamente jactandose de los muertos que había ejecutado y de lo que nos esperaba.  Usaba botas y repetía cinicamente que nos tenía aplastados contra el suelo.

    En esa seccional se amontonaban los detenidos por los servicios de inteligencia y las fuerzas represivas.  Era como un “receptorio” donde se volcaban los presos a los que luego se los iba a buscar para su siguiente escala: la camara de torturas, el campo de concentración, la cárcel o la muerte.  Todos sabían eso y la incertidumbre era alimentada por un régimen perverso en el que participaban gustosos los agentes y oficiales de la seccional, a pesar de que supuestamente solo deberían “cuidar” el material.

    Noche tras noche, los grupos de inteligencia irrumpían violentamente en la seccional para llevarse alguno de nosotros.  Entonces nos obligaban a ponernos de cara a la pared y los represores iban eligiendo a quien llevarse.  En algunas ocasiones, se interrogaba y torturaba en la misma sede de la seccional.  En esa primera detención fui interrogado encapuchado, aunque sin sufrir violencia física, por parte de quienes se identificaron como militares.

    De la seccional fui pasado a la Guardia de Infantería Reforzada y de allí a la Cárcel de Coronda donde permanecí a disposición del Poder Ejecutivo de la Nación hasta el 12 de abril de 1977.

    Salido en libertad me volví a radicar en Santa Fe y a trabajar en mi empleo anterior.

    En noviembre de 1977, un grupo de tareas del Servicio de Inteligencia de la policía Provincial de Santa Fe, al mando del oficial ayudante de Inteligencia Juan Eduardo González, el oficial ayudante de Inteligencia Eduardo Alberto Ramos y el agente Víctor Hugo Cabrera, cuyos datos identificatorios completos figuran en las fotocopias adjuntas de la causa por apremios ilegales que por mi denuncia se abrió en 1977 ante el Juez Iribas, me secuestraron en la calle mientras esperaba el colectivo (la vieja F) frente al cementerio de la ciudad de Santa Fe.

    Tal como lo habían hecho en octubre del ’76, cuando estuve detenido sin causa ni proceso a disposición del Poder Ejecutivo, me encapucharon y me llevaron a una seccional de Policía.  Era la seccional sexta, que antes era la cuarta, como yo la había conocido.

    Desnudo y encapuchado estuve allí todo una tarde y casi toda una noche. De esas horas de torturas me quedó un recuerdo: por muchos días me quedaron los moretones de los golpes que me pegaba alguién que debía ser boxeador ya que me hacía volar de un lado al otro de la habitación.  Adjunto el testimonio que presenté en diciembre de 1977 ante la Justicia, al denunciar las torturas sufridas.  Las fotocopias corresponden al expediente abierto por el Juez de Instrucción de la 4º nominación, 1º secretaría a cargo del Dr. Jorge Iribas quien ordenó  que un medico forense, el Doctor Armando Orellana me revisara y certificara los “malos tratos”.

    Dice textualmente: “Santa Fe, diciembre 2 de 1977. Al Sr. Juez de Instrucción 4º nominación. S/D.  En la fecha he examinado a José Ernesto Schulman constantado que debido a la acción de un objeto romo y duro, tiene un hematoma que ocupa el epigastrio y ambos costados internos de los hipocondrios llevando unos diez días de evolución. La lesión es de carácter leve y estimo que ha de curar a los días de haber sido inferida y sin dejar secuelas que afecten la capacidad laborativa.  No he encontrado huellas de otros traumatismos. Saludo a Ud. muy atentamente.” Dr Armando Orellana.[i]

    Reparese en que el forense certifica “un hematoma que ocupa el epigastrio y ambos costados internos de los hipocondrios llevando unos diez días de evolución”, y a pesar de ello dice que la lesión es de carácter leve. Un diagnostico que solo se puede comprender en medio del terrorismo estatal del cual este medico forense era colaborador pasivo u activo.

    A pesar de todo, y gracías a la inteligencia y valentía del Dr. Roussic logramos iniciar una causa por apremios ilegales ante el Juzgado de Instrucción, Cuarta Nominación, primera secretaría a cargo del juez, Dr. Jorge A. Iribas y el Dr. Eduardo O. Longo como secretario quienes llegaron a dictaminar la comisión del delito de Apremios Ilegales (prima facie)[ii] por parte del grupo de inteligencia compuesto por González, Ramos y Cabrera pero la causa fue “pegada” a otra por robo que se le seguía al grupo por parte del Dr. Betemps quien los libró de culpa y cargo en mi caso.

    Es interesante leer los argumentos de los torturadores para descalificar mis denuncias de entonces: “…por ser un subvsersivo es lógico trate de aplicar en el momento de un procedimiento policial lo que se llama en la faz policial el minuto operacional, que consiste en tratar por medio de falsas acusaciones u otros medios de hacer fracasar el procedimiento” y al finalizar insiste en que se tenga en cuenta que Schulman en un subversivo y de esa manera evaluar sus dichos (declaraciones de Juan Eduardo González ante el Juez Iribas).[iii]

    Ramos arriezga una definición aún más contundente, con animo de definir mi presunta peligrosidad: “…considero que la subversión ideológica es mucho más nociva que la armada”

    A la mañana siguiente de la sesión de tortura (existe un testimonio ante el Juez Iribas dada en diciembre de 1977 que adjunto)  amanecí en una “tumba”, una celda muy chiquita, donde me enteré por los otros presos que ahí mismo tomaba declaraciones el juzgado federal.

    A mi me interrogó el  Dr. Víctor Brusa, secretario del Juez Federal, quien  pretendía hacerme declarar la autoría de un atentado con bombas en la Plaza España de Santa Fe, en febrero de 1977 (fecha en que yo estaba en la cárcel de Coronda a disposición del poder ejecutivo), acusación que le habían hecho firmar con torturas a un preso.  Como yo me negaba a firmar la acusación, el Dr. Víctor Brusa amenazaba con que los “guardias” volverían a “interrogarme”.

    Los presos que estaban alojados en las otras celdas, traídos de la carcel de Coronda, me confirmaron que ese era el procedimiento habitual: torturas, declaraciones forzadas, interrogatorio de Brusa que se transformaba en nueva sesión de torturas si era necesario.  Un circuito perfectamente estructurado.

    En 1992 cuando me enteré de que Brusa iba a ser nombrado Juez Federal hice la denuncia pública pero nadie quiso escuchar.  El pacto de impunidad cubría a todos.  A nadie importaba ni mi denuncia ni  que los compañeros Maulín, Pratto y  Viola lo hubieran denunciado ante la CO.NA.DEP (pags. 196 y 197 del Nunca Más).

    Debo reconocer que la prensa provincial cubrió dignamente el caso, y algunos periodistas me acercaron informaciones sobre el juez torturador que me permiten reconstruir, al menos en parte, su trayectoria.

    Brusa nació en Santa Fe e ingresó a la justicia federal de la mano de su tío, el doctor Eugenio Wade un militante del Partido Democráta Progresista que la Revolución Libertadora (el golpe que derrocó al presidente constitucional Juan Perón en 1955) lo designó como juez federal.

    Víctor Brusa sus funciones como auxiliar administrativo del area penal hasta que finalizó su carrera de abogado en la Universidad Nacional del Litoral.  Entre sus amistades políticas se cuenta el dputado nacional Hugo Sanchez Sañudo quien entró a la Camara Baja por el Partido Justicialista santafesino.

    La primera promoción de Brusa se debe a un Juez Federal, Fernando Mantaras, que presidía la FAEDA, la Federación Argentina de Entidades Anticomunistas, una de las organizaciones fascistas de los ´60 que colaboraba activamente con los Servicios de Información y se sumaba a cuanto acto racista, discriminatorio, anticomunista, se realizara en aquellos años.

    Tuve la desgracia de conocer a Fernando Mantaras en su condición de Profesor de Educación Democrática en la Escuela Superior Nacional de Comercio Domingo G. Silva de Santa Fe a la cual concurrí y donde el juez fascista daba clases.

    La amistad con Mantaras y su evidente falta de escrupulos para “avanzar en la carrera judicail” convirtieron al Dr. Víctor Brusa en un amigo predilecto de los servicios de inteligencia que por esos años mandaban en la Argentina.  Dichos “amigos” decidieron ayudarlo en su carrera y un día pusieron una bomba en la oficina de Brusa que daba por la calle Buenos Aires.  La ventana voló, se produjeron daños materiales pero ni los expedientes ni la guardia personal de Prefectura y Policía Federal fueron afectados.  Sin embargo la maniobra fracasó porque, casualmente, ese día visitaba la oficina de Brusa el Juez Mantaras por lo que quedó que el “ataque terrorista” era contra él y no contra el dinamico secretario Brusa.

    Uno de los amigos de aquella época, Francisco Paz, intimo colaborador del Ministro de Interior Julio Mera Figueroa, fue quien más batalló por lograr la designación de Brusa como Juez Federal.  Uno de sus argumentos principales era el de contar con un buen amigo del gobierno menemista en el juzgado federal que tenía jurisdicción electoral.

    Brusa fue nombrado Juez Federal con acuerdo del Senado en agosto de 1992 a pesar de mi denuncia publicada en los diarios Pagina 12/Rosario y La Capital de Rosario; El Litoral y El Matutino de Santa Fe, así como del pronunciamiento de la Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Abogados de Rosario y de un pronunciamiento colectivo de Abuelas de Plaza de Mayo, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas y Madres de Plaza de mayo quienes avalaron y acompañaron mi denuncia de entonces como se puede leer en las fotocopias que adjunto.

    En estos días el ex Juez Federal, del Juzgado Federal Nº 2, reconoce la validez de mis denuncias de 1992 y se autocrítica por no haber sido más energico en resistir la designación de semejante engendro: “Yo me opuse en su momento y di información de lo perjudicial que podía ser la designación de un Juez que tenía sospechas de haber intervenido, haber sido cómpliceo al menos haber tolerado ese  tipo de conductas que nos resultan aberrantes.  Yo en ese momento, era el otro juez federal (de Santa Fe) y estuve a punto de renunciar para estar en la vereda de enfrente. Lamentablemente no lo hice y las cosas sucedieron.Diario La Capital de Rosario. Octubre de 1998[iv]

    El oficial Rebechi continuó hasta su jubilación en servicio en la Policia Provincial.

    El comisario Eduardo Ferreyra es el actual presidente de la Comuna de Rincón.

    El torturador de Víctor Brusa sigue siendo Juez Federal de Santa Fe

    Eduardo Ramos era funcionario jerárquico de la Municipalidad de Santa Fe hasta hace poco    tiempo.

    Nuestra presentación ante este Juzgado Internacional es, por un lado, la continuidad de una conducta y una lucha que empezó en noviembre de 1977 cuando denunciamos la tortura sufrida ante los propios jueces de la dictadura; y por el otro, los casi siete años transcurridos desde nuestra denuncia pública contra Víctor Brusa son prueba elocuente de la impunidad que los genocidas tienen, así como de la total falta de posibilidades para lograr justicia en nuestro país en las actuales condiciones institucionales.

    Confío en la justicia de vuestra señoría, y seguiré luchando junto a mi pueblo para que algún día podamos juzgar en suelo patrío a quienes cometieron el mayor baño de sangre de nuestra historia.

    Será justicia.

    Rosario, 13 de enero de 1999.


    [i] fotocopia de la causa.  Nº 23

     

    [ii] fotocopia de la causa. Nº 36

    [iii] fotocopias de la causa.  Nº 24/25 y 26

    [iv] fotocopia Nº 49


  • Como un nuevo cliché, en los diarios y medios de comunicación electrónicos, circula insistentemente la cuestión de la “tercera vía”.

    Como el concepto en sí no es para nada nuevo (y mucho menos entre los latinoamericanos que hemos conocido varios intentos de “tercera vía”), lo primero que trataremos es de precisar su significado contemporáneo.

    ¿De qué hablamos cuando hoy hablamos de tercera vía ?

    La idea de la “tercera vía” fue lanzada públicamente por Tony Blair, primer ministro del Reino Unido, en febrero de 1997 (aún antes de vencer electoralmente a los conservadores luego de 18 años de gobierno ininterrumpido).  Luego fue convalidandose en diversos eventos internacionales para gozar de un gran lanzamiento en el seminario sobre “La sociedad civil y el futuro de la democracia” realizado en la sede de la Universidad de Nueva York el 12 de  setiembre de 1998 con la presencia, entre otros, de Bill Clinton, Romano Prodi y el propio Tony Blair.

    El propio Tony Blair reconoce como mentor ideológico de la propuesta a Anthony Giddens, director de la London School of  Economics y autor del libro “La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia” quien abogó, en dicho evento, por hallar una respuesta a la globalización  económica “más allá de la izquierda y de la derecha”.

    Unos días antes del evento, Tony Blair publicó[1] una especie de manifiesto de la tercera vía.   Repasemos algunos de sus argumentos para saber como pretenden los autores de la idea que se la reconozca.

    La tercera vía….persigue adoptar los valores esenciales del centro y del centro izquierda y aplicarlos a un mundo de cambios económicos y sociales libre del peso de una ideología obsoleta”

    “La tercera vía supone una nueva línea dentro del centroizquierda.  La izquierda del siglo XX ha estado dominada por dos corrientes: una izquierda fundamentalista que veía el control del Estado como un fin en si mismo y una izquierda más moderada que aceptaba esa dirección básica pero estaba a favor del compromiso.  La Tercera vía es una reevaluación seria, que extrae su vitalidad de unir las dos grandes corrientes del pensamiento del centroizquierda (el socialismo democrático y el liberalismo) cuyo divorcio durante este siglo contribuyó  tan claramente a debilitar la política de signo progresista a lo largo y ancho de Occidente”

    “Nuestra tarea se encuentra en la fase inicial y vamos aprendiendo a medida que avanzamos. Pero el neolaboralismo, en el Gobierno, está poniendo en práctica la Tercera Vía.”

    Y algunas precisiones en el terreno de políticas concretas: “la educación es una prioridad absoluta”, “la tercera vía supone la reforma de la seguridad social para transformarla en un camino hacia el empleo siempre que sea posible”, “la función del gobierno es favorecer la estabilidad macroeconómica, desarrollar políticas fiscales y de bienestar que fomenten la independencia –no la dependencia-, …y apoyar a la empresa, especialmente a las industrias del futuro basadas en el conocimiento”.

    Así pues que ni izquierda ni derecha, enfrentar los desafíos de la globalización garantizando derechos sociales y eficiencia, valoración del conocimiento y de la educación.  Parece interesante, pero un análisis elemental de un discurso es considerar lo que dice, lo que no dice, lo que dicen de él y, en primer lugar, relacionar el discurso con la conducta.

    Así pues, sigamos analizando esta “tercera vía” recogiendo algunas opiniones de observadores reconocidos dadas por los medios de comunicación más importantes.

    Por ejemplo, Tony Judt, director del Remarque Institute de la Universidad de Nueva York (la misma donde se lanzó la propuesta en setiembre del ’98) comenta lo siguiente[2]: “En el mundo de habla inglesa la “tercera vía” es sólo una etiqueta nueva para la antigua táctica electoral: “triangular” entre ideas y votantes para maximizar a corto plazo.  El gobierno de Tony Blair –la referencia europea para las efusiones contemporáneas sobre una tercera vía- es el hijo natural de Margaret Thatcher, así como Reagan engendró a Clinton.  Ella impulsó tan agresivamente el péndulo político contra la compasión y la intervención gubernamental que por primera vez un gobierno de la  “izquierda” pudo ocupar terreno en algún punto entre la derecha y el centro y merecer que se le atribuyan intenciones radicales, simplemente quedándose quieto y actuando borrosamente.  La “tercera vía” del laboralismo es el oportunismo con rostro humano”.

    Entonces, según Judt,  no una línea intermedia entre el centro y la izquierda, sino entre el centro y la derecha.  Duro  ¿no?, pero veamos otras opiniones; por ejemplo las del ex  jefe del gobierno español, Felipe González quien dice tener un “problema cultural” con el término, que se parece demasiado a la propuesta histórica central del franquismo,  y que desconfía del aporte que puedan dar los demócratas norteamericanos (los del partido de Clinton) que[3]: “Saben mucho sobre la política de gran potencia pero no tienen ningún proyecto para la cohesión social.  El presidente de la primera potencia mundial puede enviar 850.000 soldados al Golfo, pero no puede reformar el sistema de salud”

    Felipillo, quien lo hubiera pensado con discurso de izquierda, pega donde más duele: los precursores de la “tercera vía” han demostrado hasta ahora más capacidad para bombardear Bagdad que para impulsar al menos una de sus propuestas de equidad social.

    Y veamos al menos una opinión más, la de Félix Ovejero Lucas, profesor titular de Metodología de las Ciencias Sociales en la Univ. de Barcelona: “Cuando la tercera vía afirma recoger “los valores del centro y de centro izquierda” se entrega a una metáfora que no tiene otro objetivo que recalar en la bendecida conclusión según la cual lo correcto es la equidistancia entre los extremos.  Por definición, esa es una identidad móvil y prestada, dependiente de las elecciones de los demás, quienes al elegir qué son, deciden que somos nosotros, a saber, lo que queda en el medio.  El resultado es conocido: a fuerza de centrarse, antes entre la extrema izquierda y el centro, ahora entre el centro y  la anterior izquierda ya previamente centrada, se acaba por converger en lo que siempre ha sido el centro: derecha, encargada de ir gestionando el cada día sin norte ni proyecto, desde la aceptación explícita o no, de la justicia de los modos de vida existentes”

    Y aquí quisiera detenerme porque, creo, que se halla una de las claves para entender la cuestión: “aceptación explícita o no de la justicia de los modos de vida existentes” acusa Félix Ovejero Lucas,  “la función del gobierno es favorecer la estabilidad macroeconómica…” reconoce Tony Blair,  “todos los países, incluyendo los más pobres, tienen que atraer hacia su mercado la inversión extranjera si desean avanzar” afirma Anthony Hiddens[4].

    Así pues que la tercera vía sería una mera propuesta de la derecha que se propone mantener el “status quo”, es decir, este mundo de fin de siglo con una potencia hegemónica en lo militar y un dominio político/cultural (¿o habría que decir cultural/político?) que está produciendo la mayor polarización entre pobres  y ricos  jamás conocida en la historia de la civilización humana generando la triste paradoja de que en el momento de despliegue de un nuevo momento de la segunda revolución industrial (se sabe: biogenetica + electrónica + comunicación) y de un formidable crecimiento de la productividad del trabajo humano,  más  y más seres humanos estén excluidos de todo rasgo civilizatorio y ni siquiera puedan comer una vez al día.

    Sin embargo, para ser consecuentes con el mandato de que la crítica no se debe detener ante nada, ni siquiera ante lo que uno mismo propone como certero, habría que aclarar el origen de la cuestión: ¿por qué hacen la propuesta de la “tercera vía” como algo distinto al neoliberalismo vigente (el capitalismo realmente existente)?, ¿por qué tanto empeño en diferenciarse de lo que ellos mismos aplicaron y aún defienden?, en definitiva: ¿por qué el discurso de la tercera vía?

    Y para aclarar mi enfoque hay que hacer un poco de historia.

    ¿Cómo llegamos hasta aquí ?

    Y todo empezó con un golpe de estado ejecutado por un señor que por estos días se encuentra arrestado, aunque sea en jaula de oro, en Londres. Hablamos de setiembre de 1973, de Chile y de Augusto Pinochet.[5]

    Contra la patetica imagen actual del General, en su momento demostró tener más perspicacia e inteligencia de la que se esperaba de un hombre como él.  Pinochet, como Videla en la Argentina o Bodabeherre en Uruguay, comprendió que no se trataba solo de eliminar la oposición de izquierda que durante los finales de los ’60 y principios de los ’70 había puesto en cuestión la tasa de ganancia de la burguesía y desafiado el mismo orden capitalista en la región.

    También tenían que dar respuesta a la crisis de un modo de ser del capitalismo que ya no daba respuesta a los requerimientos de la burguesía de optimizar sus ganancias (valorizar el capital, dicen que se dice).

    Si el primigenio modelo de desarrollo capitalista agro exportador (o de mono cultivo, según la región de América que analicemos), había sido suplantado por el de sustitución de importaciones (simples primero, complejas más tarde); y con ese cambio económico había irrumpido el “populismo” (Estado de bienestar, pacto social, reconocimiento de ciertos derechos, el trabajador como consumidor, etc.), ahora se trataba de dar una respuesta integral a la crisis del modelo y a los desafíos obreros,  populares y liberadores.

    Es ahí cuando la oportunidad encuentra a un grupo de economistas ultra liberales, los “Chicago Boys” de Milton Friedman que venían pregonando un programa de máxima sin mucho éxito.  Privatizaciones, desregulaciones, libre circulación de todas las formas del capital incluida la financiera, flexibilización laboral extrema y superexplotación del trabajo no parecía una formula plausible de aplicar en un mundo cruzado por la Crisis del Petróleo de 1973 y el triunfo del pueblo vietnamita sobre los yankees que parecía preanunciar una verdadera primavera de los pueblos.

    En un mundo bipolar, con un “socialismo real” que parecía estar en su mejor momento (luego descubrimos amargamente que era todo lo contrario) no se podía aplicar la receta neoliberal salvo en países sometidos a dictaduras militares como las que inauguraron Pinochet y Videla.

    Pero hacia fines de la década, entre 1978 y 1980, se abre paso una corriente extremista de derecha en el bloque de poder de las grandes potencias capitalistas y Ronald Reagan (no reírse con el vaquero que pasará a la historia) en los EE.UU. y Margaret Thatcher en el Reino Unido llegan al poder, y con ellos el grupo de fundamentalistas del mercado que hoy llamamos “neoliberales”.

    Pero aún así subsistían vastas regiones capitalistas fuera de su órbita: toda Europa Occidental continental y el Sudeste Asiático donde crecían los supuestos “tigres” Japón, Corea, Malasia, Indonesia, etc.  Hacia mediados de los ’80, la burguesía europea se inclina hacia el neoliberalismo y la socialdemocracia española y francesa inicia un viraje hacia su transformación en un social/liberalismo, al decir de James Petras.

    Y por supuesto, todo el proceso se potencia, se legitima, se recrea, etc. con la caída del Muro de Berlín y el desplome de la Unión Soviética y su campo socialista que pasan a ser territorio dominado por el neoliberalismo, aunque su forma de existencia sea un poco mafiosa para el refinado gusto occidental y cristiano.

    Ya la historia es más conocida por todos nosotros: los Menem, los Fujimori, los Salinas de Gortari  se apoderan de las viejas identidades políticas populistas para ponerlas al servicio de un programa que negaba la propia historia de dichas fuerzas.

    A las razones económicas (países periféricos y no centrales del capitalismo), se le sumó la fuerza del converso para hacer de los nuestros ejemplo de un neoliberalismo extremo.

    Desaparecido el enemigo externo (el comunismo), el capitalismo pasa a la guerra  entre capitalistas.  Durante siete años, el F.M.I. y el Banco Mundial, desplegaron una guerra contra Japón y el Sudeste asiático con el fin de subordinarlos a la estrategia general del imperialismo de fin de siglo.  La crisis bursátil que aún sufrimos es la culminación de esa guerra, la batalla por la cual se los derrota y subordina.

    El modelo asiático de proteccionismo estatal, industrialización y subsidio al mercado interno colapsó ante el poder económico del dólar y la globalización financiera que permitió un crecimiento de las transacciones financieras de noventa veces en solo veinte años (de 1978 al ’98) mientras que el P.B.I. solo lo hacía dos veces y el comercio mundial ocho veces.

    Y con este “triunfo” el neoliberalismo completa su dominio mundial.   La verdadera globalización es la del neoliberalismo.

    Pero en el momento en que su triunfo es más completo, se pone de manifiesto su crisis, aquella que supuestamente venían a superar al reemplazar al “capitalismo de estado de bienestar y regulaciones nacionales”.  Y es lógico que así sea porque el neoliberalismo nunca se preocupó por la crisis, sino por aprovecharla imponiendo nuevas condiciones de valorización del capital.

    En los comienzos de esta historia, un lúcido marxista ingles decía así: “La crisis capitalista nunca es otra cosa que esto, la ruptura de un patrón de dominación de clase relativamente estable.  Aparece como una crisis económica que se expresa en una caída de la tasa de ganancia, pero su núcleo es el fracaso de un patrón de dominación establecido.  Desde el punto de vista del capital la crisis sólo puede ser resuelta mediante el establecimiento de nuevos patrones para imponerlos a la clase obrera.  Para el capitalismo la crisis sólo puede ser resuelta a través de luchas, a través del restablecimiento de la autoridad y a través de una difícil búsqueda de nuevos patrones de dominación”  .John Holloway[6]

    Y en realidad eso es exactamente lo que está ocurriendo. En todo el mundo.  Un nuevo mundo del trabajo, un nuevo modo de explotación de toda la población, una nueva lógica capitalista que se suma a las anteriores: la de la exclusión social permanente.  Y toda la miseria a la vista.

    La crisis que el capitalismo provoca a la vida de los pueblos es cada vez mayor, y también es grande la propia crisis que el capitalismo lleva en sí.

    Por eso las voces de alarma de Henry Kissinger que reclama nuevas instituciones financieras internacionales ante el fracaso del F.M.I. en controlar la situación y el peligro de un estallido de la gigantesca burbuja financiera, o los reclamos “sociales” del mismísimo Banco Mundial por redes solidarias de contención a los excluidos y desocupados.  Y la lista podría seguir, y es que están seriamente preocupados por haber arribado al lugar opuesto al prometido.  Buscando bajar el costo laboral al mínimo, terminaron dificultando la reproducción ampliada del capital global y matando el consenso al modelo..

    La tercera vía es el intento de globalizar los reclamos correctivos hacia un modelo que ha entrado en crisis y “necesita” cambios urgentes.   Aunque conviene destacar que a diferencia del anterior modelo de desarrollo capitalista, que entró en crisis a consecuencia de la lucha de los trabajadores y los pueblos –en las condiciones de competencia con el socialismo-, la actual crisis es la crisis de los vencedores.  Es la consecuencia de su propia victoria descomunal.  Surge de la aplicación rigurosa de sus receetas fundametnalistas de mercado. Es acaso la venganza de los derrotados en los ‘70.

    En su “hora de gloria”, el neoliberalismo llegó a suponer el “fin de la historia”.  Pero los pueblos, después del estupor y la desorientación de la cultura progresista y de izquierda comenzaron a resistir.

    El 1º de enero de 1994, la rebelión Zapatista contra el estado mexicano pareció ser la señal para el comienzo de la contraofensiva de los pueblos.  Desde los obreros franceses a los campesinos “Sin tierra” del Brasil; desde los guerrilleros colombianos hasta la revolución democrática en Sudáfrica; desde la lucha de los comunistas chilenos contra la impunidad  hasta el juicio a los genocidas en España; desde la recuperación de las fuerzas de izquierda en Rusia y el este europeo hasta el digno cuarenta aniversario de una revolución que no cesa como la Cubana.

    Y cada paso de la lucha y  la resistencia popular fue deteriorando la divisa neoliberal del “no se puede” o el “no hay otro camino” hasta romper la magia perversa de lograr adhesiones entre los más perjudicados.  Y no es que hayan logrado, en algún momento, generar beneficios reales para las mayorías, pero sí habían conseguido ilusionar a millones en que también a ellos les tocaría algo de la “fiesta”.

    Por el contrario, se viene construyendo un consenso generalizado de “que así no se puede seguir”.  El propio financista de origen húngaro Soros acaba de decir que el capitalismo marcha hacia su autodetrucción, pero que él, como empresario, no puede dejar de especular.

    El debate sobre el pos neoliberalismo está abierto, la “tercera vía” es la respuesta de “ellos”.  Siguiendo el criterio marxista, al criticarla comenzamos a construir la nuestra.

    Rosario, Argentina,2 de enero de 1999

    José Ernesto Schulman. e-mail:schulman@gmx.net


    [1] El País digital. Nº 872. 22/9/98. España.

     

    [2] Clarín. 4/10/98. Argentina

    [3] El País Digital. 17/9/98 – Nº 867. España

    [4] El país digital. 22/9/98. España.

    [5] toda esta sección se apoya en una conferencia de Julio Gambina, director del Centro de estudios de la Federación de Trabajadores Judiciales de la Argentina, ante militantes del Movimiento Político Sindical Liberación, integrante de la Central de Trabajadores de la Argentina.

    [6] La rosa roja de Nissan. John Holloway.


  • La exigencia de los nuevos tiempos

    Todo el debate sobre el fortalecimiento del Partido Comunista, tiene hoy la urgencia de las exigencias que nos depara el nuevo escenario que se viene configurando en el país a consecuencia de la convergencia de por lo menos tres procesos: la crisis capitalista mundial y nacional, el corrimiento a la derecha del Frepaso y el crecimiento de las lucha y la organización obrera y popular.

    H        La irrupción de las crisis bursatiles (que se van desencadenando sucesivamente y que ahora amenazan al propio Brasil –a cuya suerte estamos firmemente amarrados-) y sus consecuencias económicas nacionales han tenido la virtud de afectar seriamente la aureola de invencible y todopoderoso que había creado el neoliberalismo a la fase globalizada del capitalismo que conduce.  Cada vez son más los que dejan de creer que el simple funcionamiento del libre mercado, liberado de todo control internacional y nacional, pueda resolver los problemas de la civilización humana. La “magia” de un modelo perverso e inhumano que conseguía adhesiones activas o consenso pasivo aún de los más afectados, se va apagando y liberando más y más espacios sociales para la resistencia.

    H        El crecimiento de la resistencia al capital en todo el mundo, y en América Latina en particular, incluida nuestra propia Argentina.  De Chiapas a los Sin Tierra del Brasil, pasando por el avance electoral del Frente Amplio o el P. T. y con centro en la lucha del pueblo cubano en defensa de su revolución y la instalación de las F.A.R.C. como una opción de poder,  en una recuperación y reformulación del movimiento revolucionario que nos alienta y compromete. El movimiento popular y revolucionario latinoamericano se ha ido recuperando de los terribles golpes sufridos y del desaliento producido por la derrota de los procesos que impugnaban –de una u otra forma- al capitalismo.  También en la Argentina, las luchas obreras y populares no dejan de crecer a pesar de los esfuerzos por instalar la lógica electoral. Todo el esfuerzo por impedir una nueva vuelta de “flexibilización” laboral ha vuelto a colocar a la clase obrera en el centro del escenario de la resistencia.

    H        El agotamiento del menemismo como fuerza hegemónica del sistema político y la instalación de la Alianza como una posibilidad de alternancia sin cuestionar los basamentos del modelo neoliberal de desarrollo capitalista. A su vez, la asunción pública y transparente por parte de sus referentes de cada una de las banderas del modelo ha ido colocando a la Alianza en el verdadero lugar que le corresponde en el escenario político argentino dejando vacante el espacio de la oposición verdadera.  Un verdadero proceso de sinceramiento político se ha desplegando en estos meses que amerita la búsqueda de creación de una alternativa verdadera para ocupar con eficacia los nuevos espacios creados para la izquierda.

    “Esta combinación de crisis capitalista mundial y las consecuencias del modelo neoliberal en la Argentina, hoy evidentes, junto al simultaneo corrimiento a la derecha de la Alianza, han generado un amplio espacio para una propuesta de cambios alternativos que puede leerse como ausencia o como posibilidad. Asumir este espacio como posibilidad es el gran desafío”[1]

    Conviene destacar que a diferencia de las anteriores discusiones sobre el tema partido realizadas después del XVI Congreso (la de 1987 sobre “transformación leninista del partido”, la de diciembre de 1991 en la Conferencia Nacional del Partido o la de noviembre de  1996, Comité Central “Organizarnos para Organizar”), esta discusión tiene el objetivo preciso de tensar fuerzas para ocupar –a la ofensiva- espacios políticos nuevos para nuestro proyecto político de resistencia, poder popular y socialismo.

    En 1987, al comienzo mismo del viraje, la discusión se concentró en saldar cuentas con el pasado de un partido profundamente deformado por el administrativismo, el burocratismo, y la tendencia a reemplazar lo que no se conseguía en política con medios financieros y movilización de la fuerza propia.  El resultado, acaso lógico, fue un debate estrategista que pretendía definir un partido ideal, al margen de la etapa del proceso revolucionario y del propio momento del viraje.  Sin embargo, visto a la distancia, ese primer momento de deconstrucción  fue imprescindible para desarticular una cultura política y organizativa que reproducía reformismo y dogmatismo casi con naturalidad, la cultura política del frente democrático nacional.

    Por el contrario, el debate de 1991 es un debate en defensa de las organizaciones revolucionarias, afectadas seriamente por la ofensiva implacable que desplegaba el capital en procura de destruir hasta el último espacio de voluntad revolucionaria, defenderlas de la ofensiva liquidacionista.  Sin embargo, una parte de los cuadros que protagonizaron ese debate, caerían pocos años después en la peor de las políticas liquidacionistas y de claudicación provocando, alrededor de la crisis del Frente Grande, la más grave crisis de desacumulación que sufrimos en los últimos años.  No es exagerado decir que el partido estuvo a punto de desaparecer, por lo menos en su capacidad de desplegar un proyecto político con capacidad de incidir en la lucha de clases.

    De algún modo, con el XIX Congreso y el central de noviembre de ‘96, se pone fin a esa etapa y se relanza el proyecto comunista.  El mérito del debate de noviembre de 1996 es que vuelve a legitimar, después de casi 10 años, la cuestión del partido entre nosotros.  Pero lógicamente que su solución es algo más complejo.   El debate que encaramos, urgidos por un nuevo tiempo de posibilidades y exigencias, debería dar pasos firmes en la dirección de poner en correspondencia un proyecto político con la organización que lo sostiene y despliega; una organización que no solo ha sobrevivido, sino que ha tenido capacidad para relanzar su proyecto político y mostrar hoy un nivel de balance concreto, modesto pero ya apreciable.

    “La cuestión fundamental de nuestra política organizativa es lograr poner más fuerzas al despliegue de nuestra línea política y  conquistar más eficacia y mejores ritmos de acumulación política”[2]

    Internacionalismo revolucionario y patriotismo verdadero

    A 150 años del Manifiesto Comunista, un enfoque de fortalecimiento del partido debe estar precedido por una clara relación entre lo internacional y lo nacional cuyo primer elemento, fundacional de nuestra doctrina, es aquel de que la revolución es un proceso único de carácter mundial, que se despliega en distintos países y en distintos momentos, pero que no deja de ser un proceso único. Vulnerar ese enfoque básico del marxismo fue fatal para los procesos de revolución socialista que se desplegaron a partir de Octubre del ´17.

    Entre nosotros, esa deformación se expresó en la diferencia con que asumimos la solidaridad internacional (que desplegamos generosamente con Rusia, España, Cuba, Vietnam, Nicaragua, y tantas otras luchas) y la debilidad de nuestro enfoque de internacionalización de la lucha revolucionaria, imprescindible para oponerse a la internacionalización del capitalismo.  Tales debilidades fueron más que notorias en las décadas del ´60 y ´70.

    Al proponernos fortalecer el Partido Comunista de la Argentina,  nuestra mirada esta puesta en la creación de una nueva internacional donde todos los sectores de la cultura revolucionaria se encuentren y formemos aquel Partido Comunista, único, al que nos sigue convocando el Manifiesto[3].  Nuestro fortalecimiento lo vemos como un aporte a dicho objetivo, y trataremos de aprovechar al interior de nuestro país cada paso adelante y cada triunfo de cualquier fuerza revolucionaria del mundo.  Como nos enseñaba el Che y como venimos comprobando con los avances de la F.A.R.C. o de los Sin Tierra del Brasil.

    El segundo elemento a tener en cuenta es que la globalización actual del capitalismo, que no es algo nuevo en sí pero que es una fase cualitativamente nueva de la mundialización de los mercados, de la producción, de las comunicaciones y del dominio del sector más concentrado del capital, que ha ido generando un verdadero proto poder mundial[4] lleva a que el capital actúe de más en más con un proyecto único, mundial y nacional, lo que nos exige llevar –más que nunca-  un enfoque de que la nuestra es  una política única mundial y nacional de liberación.

    De hecho, las cuestiones internacionales han penetrado en todos los movimientos sociales y sindicales, transformándola en una cuestión de la vida cotidiana de muchas organizaciones, y donde también se juegan y disputan los grandes proyectos políticos.

    El tercer elemento, que creemos útil resaltar, es aquel que refiere a la formación de subjetividad revolucionaria donde la cuestión de desarrollar una visión internacionalista es vital. Una visión internacionalista que potencie el patriotismo y el sano orgullo nacional.

    Conviene insistir en la unidad indestructible de internacionalismo revolucionario y verdadero patriotismo y sobre los efectos que ha traído al movimiento popular y revolucionario argentino fracturar esta ecuación para uno u otro costado y que tiene consecuencias en la propia formación política de los militantes.  Los que vienen de la tradición nacional y popular, manejan –por lo general- elementos de la historia argentina que desconocen los que provenimos de la tradición marxista y viceversa, desconocen elementos básicos de la historia de la revolución mundial.  Corresponde a nosotros encarar una enérgica labor de investigación, difusión y educación de los militantes en las cuestiones de la historia nacional y latinoamericana.

    Desarrollar una conciencia internacionalista puede hacerse desde la propia historia de la liberación nacional.  San Martín tenía perfectamente claro que sin liberar a Chile y al Perú no habría liberación nacional.  Las primeras experiencias de organización y lucha proletaria –como la propia rebelión de la Patagonia- fueron protagonizadas por inmigrantes y nativos unidos por la explotación. Aún en los ‘70, en la gran huelga del Chocón hubo una participación importantisima de mineros bolivianos y chilenos. Nuestro propio partido tiene mucho de eso en su origen y no es para nada motivo de verguenza sino de orgullo así como hechos tales como la participación de Rodolfo Ghioldi en la rebelión de Prestes en el Brasil, la de nuestros internacionalistas en la España republicana o la de Marcelo Feito y tantos otros en la guerrilla salvadoreña.

    Nuestra identificación con el Che, internacionalista por excelencia, nos debe ayudar a superar los estrechos márgenes de un nacionalismo que termina siendo funcional a la burguesía y sus proyectos de dominación.

    La legitimidad del partido Comunista

    El partido Comunista tiene plena legitimidad para involucrarse en esta pelea por ocupar espacios, por construir alternativa verdadera.  No necesitamos pedir permiso a nadie, ni reclamar “bendiciones” de nadie, aunque no ignoramos la crisis de representatividad y credibilidad que afecta al conjunto de organizaciones sociales y políticas, incluidas las fuerzas de izquierda y obviamente, nuestro propio partido.

    Somos una fuerza con  historia  y conviene destacar que nuestra identidad es un producto histórico de  80 años de aciertos y errores. No se trata de hacer un listado de aciertos para contraponer a los errores que nos critican o atribuyen.

    Son muy útiles las reflexiones de Gramsci sobre la historia de los partidos políticos: “Un partido habrá tenido mayor o menor significado y peso, justamente en la medida en que su actividad particular haya pesado más o menos en la determinación de la historia de un país.  He aquí por qué del modo de escribir la historia de un partido deriva el concepto que se tiene de lo que un partido es y debe ser.  El sectario se exaltará frente a los pequeños actos internos que tendrán para él un significado esoterico y lo llenarán de místico entusiasmo.  El historiador, aún dando a cada cosa la importancia que tiene en el cuadro general, pondrá el acento sobre todo en la eficacia real del partido, en su fuerza determinante, positiva y negativa, en haber contibuído a crear un acontecimiento y también en haber impedido que otros se produjesen”[5]

    Con Gramsci pensamos que la historia de un partido es la historia de su incidencia en la lucha de clases, y es desde ese parámetro que hacemos balance.  Hemos sido, y aún podemos ser, el canal principal de la cultura revolucionara en la Argentina. Jamás hemos confundido nuestros errores con la descalificación de una fuerza que siempre –aún por lo que no hacía- fue fundamental para cualquier proyecto de poder revolucionario en la Argentina.

    Los que ahora menean aquello que nosotros mismos sometimos a critica hace ya diez años no están buscando la superación de una fuerza revolucionaria sino su invalidación como protagonista de la historia por venir, ya sea por cálculos egoístas propios de aquellos que se creen la vanguardia de la revolución por autoproclamación o por simple operación política de quienes siguen descargando sus frustraciones en el Partido en el cual militaron algún tiempo.

    Nuestra identidad es también nuestro proyecto político hecho conducta. Somos lo que hacemos en la lucha de clases. y por ello, nuestra identidad será tan atractiva como nosotros mismos estemos dispuestos a construir.

    Por ello nuestra identidad también se construye entre los piqueteros de Villa Libertador General San Martín en Jujuy,  con los militantes de derechos humanos que participan en los “escraches” y la lucha contra la represión a los jóvenes, con los jubilados que transformaron los miércoles en el día de la dignidad popular, con los maestros riojanos que desafían al poder menemista en la boca del lobo, quienes rompieron con 50 años de “C.G.T. única” y emprendieron el camino de gestar una central alternativa de los trabajadores.

    Además, nuestra identidad siempre tuvo un ingrediente internacional, pero ahora no es más de identificación con Estado alguno, sino con los procesos revolucionarios reales. Hoy nos sentimos identificados con Cuba y con Fidel, con Sudáfrica y Chris Hany, con Colombia y “Tiro Fijo” Marulanda, con la izquierda del P.T. y los Sin Tierra del Brasil,  con el P.C. de Chile y Gladis Marin así como con los comunistas franceses, españoles, rusos.  Sin ningún  gesto de soberbia, creemos estar aportando a la nueva identidad comunista de fin de siglo, con la que tendremos que volver a organizar el “asalto del cielo”.

    Una identidad comunista que deberá de estar fragmentada y volver a ser una, como reclama el Manifiesto Comunista, y estar al servicio del nacimiento de algo más grande que la identidad comunista misma, una nueva identidad política revolucionaria de masas en la Argentina con el bloque popular emprenda el combate por el pder.

    La lucha obrera y popular

    Nacimos como fuerza política, y seguimos existiendo por una razón fundamental y muy sencilla: los trabajadores y la inmensa mayoría del pueblo (seguramente que 3 de cada cuatro argentinos por lo menos) están excluidos de las “delicias” con que el capital festeja el fin del siglo. Y porque estamos convencidos que solo con la lucha se podrá mejorar la situación de los trabajadores y terminar con el régimen social que los condena a la explotación, la exclusión, la desocupación, la miseria y la vida sin esperanzas: el capitalismo.

    Por ello, cualquier discusión para mejorar la vida de nuestro partido, es en primer lugar una discusión sobre como aportar mejor a la lucha del pueblo.  Sobre todo en un momento tan difícil como este en que pensamos habría que tener en cuenta los siguientes puntos:

    a)     que la crisis va a ser cada vez más dura y que gane quien gane en el 99, recargará todo sobre los trabajadores y el pueblo.  La crisis bursátil por un lado y la designación de un alto funcionario de Bunge y Born como jefe de los equipos técnicos del Frepaso son acaso símbolos temibles sobre lo que nos espera.

    b)     de aquí al ’99, tanto oficialistas como opositores, tratarán de instalar su lógica electoral sobre las luchas, para sofocarlas o coptarlas.  El gobierno descalificará cada lucha diciendo que son funcionales a la Alianza, y ésta desalentará la lucha con el argumento de que “mejor en la urna”.  No se puede desconocer que este recurso ha resultado eficaz en las anteriores instancias electorales.

    c)      lo más probable que el nuevo gobierno no tenga el ”escudo” que tuvo Menem de la identidad peronista con sus efectos desmovilizadores sobre un pueblo que dudaba en enfrentar un gobierno “de ellos”, que paradojicamente basaba su legitimidad en un accionar histórico que era sistemáticamente contrariado por el nuevo gobierno.

    d)     la crisis de representatividad que recorre toda la superestructura institucional (desde los partidos políticos a los sindicatos, desde la Justicia hasta las sociedades de fomento) lejos de disminuir, sigue creciendo de la mano de una política cínica del poder de apostar a apartar al pueblo de lo público y transformar la democracia en un juego mediático en donde todo se resuelve con encuestas y expertos en imagen. Hay espacio para la lucha por una nueva institucionalidad popular como lo viene mostrando la Central de Trabajadores Argentinos con sus exitosas iniciativas de agrupar de nuevo modo a los pobladores, los trabajadores de la salud, etc.

    e)     el agotamiento del modelo, junto con el resurgir de las luchas y del cuestionamiento revolucionario al capital, están deteriorando su principal logro: la convicción de que no hay alternativa revolucionaria posible al capitalismo.  Por ello conviene recordar que nuestro enfoque de la resistencia es más que enfrentar las políticas reaccionarias, es también levantar propuestas alternativas desde la lógica de cuestionar la distribución de la riqueza y potenciar el protagonismo popular en el manejo de la cosa pública por la vía de la democracia directa.

    f)        es la lucha el elemento dinamizador de todo la sociedad. es lo que pone de manifiesto la crisis de representatividad de los partidos políticos y del movimiento sindical, es sobre la base de la lucha que se pueden poner en marcha los otros elementos de nuestro plan político.  Por ello creemos necesario afirmarnos en un mayor compromiso con la lucha y con la propuesta de crear un ámbito de centralización y coordinación de todas las luchas, llamase Asamblea de la Resistencia, o como se llame.

    g)     hay grandes temas que condensan toda una problemática, a los que conviene abordarlos centralmente, con carácter de campaña: con propaganda específica, con propuestas adecuadas, con iniciativas de coordinación que apunten a recuperar el espacio de la Comisión Popular Multisectorial que organiza las movilizaciones del 20 de marzo.  Algunos de esos temas pueden ser: la resistencia a una nueva ronda flexibilizadora, la lucha por las 6 hs. de trabajo con igual salario para combatir la desocupación, la emergencia social, laboral, educativa y sanitaria para toda la población, el aumento de los salarios y haberes jubilatorios, la derogación de la ley federal de educación, la derogación del I.V.A. para los productos de la canasta familiar, etc.

    Para dejar de perder, alternativa política

    Sin embargo, no han sido luchas lo que le ha faltado al proceso político argentino.  Las ha habido, las hay, y seguramente las seguirá habiendo.  El punto es que sin alternativa política esas luchas no alcanzan a romper el circulo de periodos de alta y baja conflictividad para pasar a un proceso de progresiva acumulación de fuerzas hacia la constitución de un proyecto alternativo de carácter democrático, popular y revolucionario.  Así las luchas son sofocadas por las operaciones políticas del sistema (en primer lugar las electorales), o aún peor, son coptadas por una u otra variante del bipartidismo neoliberal.

    Hace falta pues, insistir en colocar en el centro de toda nuestra actividad –y de todos los revolucionarios- la lucha por constituir la alternativa necesaria, por resolver un problema histórico de la izquierda que nunca llegó a instalarse como  tal en el escenario de la política argentina.

    A la hora de reflexionar sobre estas cuestiones, y de analizar autocríticamente los distintos errores que la izquierda cometió en este tema: vanguardismo, seguidismo, sectarismo, etc., conviene echar una mirada de respeto a una burguesía que por más de cien años ha tenido capacidad de generar consenso hacia sus proyectos de dominación, de instalar hegemonías o de sofocar de un modo brutal los intentos de desafiarla en el terreno del poder.

    Al proponernos una estrategia de construcción de poder popular, debemos considerar que ese proyecto, desde sus primeras experiencias concretas de instalación, va a merecer la más enconada resistencia por parte de ese poder que busca destruir.

    ¿Qué entendemos hoy por construir poder popular?  Basicamente un proceso de construcción de autonomía de la clase y del pueblo, en todos los terrenos de la lucha de clases.  Autonomía en el sentido de romper el dominio ideológico/cultural que el sistema ejerce sobre las amplias masas.  Autonomía en el sentido de romper con cualquier atadura organica, política o económica con el Estado y los proyectos politicos de reproducción del sistema.

    Autonomía en el sentido de tener capacidad para enfrentar, e ir superando, las trampas de coptación o las acciones represivas hacia su accionar.

    Es un proceso que deberá ir alterando la relación de fuerzas hasta el punto que pueda disputar y conquistar al poder político en su totalidad.  Hay que asumir que la resistencia de las clases dominantes, en la medida en que esas formas de poder popular se vayan afirmando y desarrollando, va a ser crecientemente violenta.

    Es por ello que se debe considerar el tema de la violencia, tanto la que va a emplear el poder (y por ende pensar en cuestiones defensivas de las luchas y la organización popular), como de la que será necesario impulsar para quebrar la resistencia del bloque de poder a ceder sus privilegios, de un modo serio y responsable.

    Ese proceso de construcción de poder popular, hoy tiene un momento muy concreto y exigente: echar las bases para la creación de una alternativa verdadera, sin la cual será muy difícil poner en marcha el proceso de acumulación de poder popular.

    Construir alternativa  política es un problema complejo.

    Es mucho más que dar nacimiento a una alianza electoral (que sí necesitamos), luchar por una central alternativa de los trabajadores (que es imprescindible) o desplegar un poderoso movimiento social con autonomía política del sistema (sin lo cual no habrá poder popular); es hacer todo eso de un modo tal que aporte al nacimiento de una nueva fuerza que sea capaz de acumular políticamente las luchas y el esfuerzo organizativo, para así comenzar a gestar una identidad política de masas que exceda largamente a cualquier estructura o historia orgánica.  Una nueva identidad política que simbolice el futuro por el cual luchar  y sea expresión de una nueva voluntad popular colectiva para el cambio verdadero.

    Sin recomponer el ideal de la sociedad futura por el cual luchar, difícilmente podremos pasar de la resistencia a la ofensiva, y es en este terreno de la recomposición del ideal donde nuestro partido se ha venido mostrando como un espacio apto para la recomposición y potenciación teórica de la izquierda.  Sin duda que es una base de apoyo para el conjunto de tareas en pro del fortalecimiento del partido, y un atributo que habrá que seguir desarrollando.

    Hemos dicho más de una vez, que en la lucha por aportar a construir alternativa verdadera se resume el rol del Partido Comunista de la Argentina.  Hoy lo ratificamos, y es más, pretendemos definir el momento concreto de esa lucha, aquello que Lenín llamaba tomarse del eslabón de la cadena[6]

    Es imposible no considerar a las elecciones del ´99, como un horizonte de la política, así sea  para prever los peligros que enfrentamos y buscar el modo de impedir un momento de desacumulación para la izquierda y  el proyecto frentista.

    La primera consideración que nos merece el tema es llamar la atención acerca de que los proyectos políticos principales no solo actúan en el terreno mediatico o con su sola predica electoral: disputan, y con mucha fuerza y recursos, la direccionalidad del movimiento obrero y popular instalando de hecho la lógica electoral al interior de los mismos buscando que los trabajadores depositen esperanzas en el resultado electoral o, al menos, en ilusionarse con supuestas facilidades que se obtienen de las fuerzas en campaña, ideas todas que conspiran contra la idea básica de que la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos.

    En el comité central de mayo del ’98, se aprobó: “ Crear una herramienta electoral apta y coherente con un proyecto de alternativa verdadera, desde la convocatoria de Izquierda Unida a conformar un frente de toda la resistencia con candidatura única y plataforma común”  con la idea de revertir la tendencia a la dispersión y la división que hasta ahora domina en la izquierda y conspira contra la posibilidad de ser visualizados por la parte de la sociedad que se niega a votar la alternancia bipartidista como una alternativa verdadera.  En definitiva se trata de afirmar un enfoque de autonomía política, también en lo electoral, superando las tentaciones del abstencionismo paralizante o el seguidismo hacia fracciones del bloque de poder.

    Pero de ningún modo lo electoral puede transformarse ni en la única, ni tampoco en la principal iniciativa política hasta el ´99; hay que resolver simultáneamente otras dos cuestiones básicas:

    v     “Fortalecer la resistencia dándole un centro coordinador a las luchas y gestando asambleas populares de la resistencia que se sostengan en el principio de la unidad de acción de todos los agredidos por el modelo.  En esta batalla el rol de la Central de Trabajadores Argentinos será decisivo, para lo cual seguiremos tratando de aportar agrupando izquierda en su interior y convocando a todas las fuerzas de izquierda a comprometerse con esta tarea”

    v     “Hay que poner proa a la creación de una fuerza nueva de la izquierda que abarque y potencie toda la cultura de la rebeldía, y que agrupe todas las formas organizativas que hoy adquiere la izquierda, apuntando a resolver el problema histórico de ausencia de una vanguardia revolucionaria efectiva” [7]

    Lo importante es seguir con atención como se va a ir conformando el cuadro político tras la derechización extrema y explícita de la Alianza teniendo en cuenta que en el imaginario popular el mapa político tradicional: peronistas=popular y radicales=liberales, se había invertido ocupando los radicales y los frepasistas un supuesto lugar de izquierda o de centro izquierda (en relación al menemismo virado al conservadurismo) y que esta imagen ahora se trastoca en una superposición de identidades sobre el espacio de la derecha: los peronistas de Menem, los radicales de De La Rúa y los frepasistas de Graciela Meijide son cada vez más parecidos entre sí.

    Es más en los temas que hacen a la forma de hacer política,  es el Frepaso y su máximo referente, Graciela Meijide, quienes más lejos han llegado en transformar los partidos políticos en oficinas de prensa y de relaciones con el stablishment eliminando totalmente a la militancia de cualquier forma de consulta o resolución de las decisiones partidarias.

    Ahora se ve más claro cual era el sentido de la famosa “nueva manera de hacer política” que proclamaban Chacho Alvarez y sus seguidores: es la más brutal subordinación de la política a la economía (en verdad a los dueños del poder), es la ”liberación” casi absoluta de los referentes de cualquier opinión o presión popular, es el endiosamiento de los “técnicos” y los poseedores del “saber” al margen del costado político/ideológico de ese saber.  Quienes, como el tero arrancaron parloteando de una “democracia participativa” han cumplido al sueño del teórico norteamericano Shumpeter que ya en los ’50 propugnaba un gobierno de los que saben, el voto voluntario y el más absoluto desprecio por el pueblo.

    Con el viraje al neoliberalismo de las fuerzas orgánicas de la socialdemocracia (alfonsinismo, socialismo popular de Binner, frente grande de Chacho, etc.) queda un espacio vacante para aquellas corrientes genuinas de esa corriente política y de aquellos socialcristianos que luego de décadas de mimetizarce en el peronismo hoy se encuentran con que no tienen partido ni referencia política propia.  En algunos de ellos, la tentación de transformar construcciones sindicales y sociales, plurales, en base de sus proyectos políticos, es grande.

    Nuestro mensaje hacia ellos es de un llamado a constituir nuevas corrientes políticas en la Argentina, a preservar la Central de Trabajadores Argentinos y otras organizaciones sociales de una utilización subalterna para tal o cual proyecto político y de abrir paso a una nueva alianza política entre la izquierda y todos aquellos que asqueados de la derechización de la Alianza buscan caminos para gestar representación política.

    La confluencia de un proceso de construcción de una verdadera central alternativa de los trabajadores como eje de un nuevo realineamiento del movimiento popular, firmemente enraizada en la base obrera y en sus luchas, con el nacimiento de una nueva fuerza política, plural y revolucionaria, es un camino posible, al que deberíamos apostar, para resolver el problema histórico de la falta de alternativa en la Argentina.

    En noviembre del ´96, al tratar de describir nuestra situación orgánica se decía: “Tal como dijimos en el XIX Congreso, llegamos a él con una masa crítica de cuadros, de conocimientos teóricos, de recursos materiales y financieros y con una organización de carácter nacional. Podemos decir a un año de dichas afirmaciones que esa masa crítica existía y ha actuado con iniciativa durante todo el año. Pero el habernos quedado casi en el umbral de  la masa crítica para existir como partido, el evidente y prolongado debilitamiento numérico, orgánico, financiero, etc. nos condiciona toda la labor política, originando un bajo nivel de eficacia que se traduce en un muy lento ritmo de acumulación política”

    Aunque duro y exigente, el diagnostico tenía la virtud de colocar la medida del partido en su eficacia política, en su capacidad de incidir en la lucha de clases real y no en algún atributo de carácter interno.

    Si bien la situación no ha estado congelada, en lo fundamental el diagnostico sigue vigente y en todo caso, los avances logrados en algunos regionales ha incrementado la diferencia de desarrollo regional de la fuerza.

    A modo de un señalamiento indicativo, y no exhaustivo, podríamos señalar algunos puntos del balance de estos casi 20 meses:

    v     una mayor presencia en las luchas y un esfuerzo por aportar al desarrollo del Movimiento Político Sindical Liberación que ha logrado constituirse como una corriente real del Central de Trabajadores Argentinos y un ámbito apto para agrupar luchadores de diversa manera de pensar.  Lentamente vamos logrando posiciones en la Central de Trabajadores Argentinos como resultado de procesos de acumulación de fuerzas prolongados.  Un ejemplo claro es la relación que se puede establecer entre la Marcha del Hambre y la Fe.Ti.Ve, o entre la labor solidaria con el Malbrán y la constitución de la Federación de la Salud del C.T.A.

    v     la recomposición de un valor cultural de la izquierda de los ’80 como es Izquierda Unida que tuvo una aceptable perfomance electoral y consiguió pasar el síndrome del día después.  Izquierda Unida se mantuvo, ha incorporado algunos sectores y ya tiene dimensión nacional.

    v     toda la labor por constituir una corriente de opinión en el plano internacional que se expresó con mucha fuerza en los seminarios de América Libre, y en toda nuestra labor de presencia y relaciones internacionales que nos ha convertido en una de las fuerzas más activas en la búsqueda de nuevas formas de un internacionalismo revolucionario. Particular importancia tiene nuestra labor de apoyo y difusión al esfuerzo diplomático de las FARC por instalarse como una fuerza real.

    v     lentamente hemos ido retomando la labor con y hacia la juventud.  Esto se expresó en el propio congreso de la F.U.A. y en el grado de recomposición de la juventud comunista que ya está exigiendo un grado de institucionalización.  El nacimiento de Hijos y la política de los escraches a los genocidas impunes muestra la potencialidad creativa que tienen las nuevas generaciones.

    v     también hemos ido retomando aspectos muy relegados de nuestra actividad como es la labor entre las mujeres, entre los campesinos pobres y los pobres del campo, entre las capas medias urbanas y  los sectores de la intelectualidad.  Seguramente, que en la medida que nos sigamos recomponiendo se irán realizando encuentros, seminarios, talleres, que permitan homogeneizar la fuerza en estos espacios y precisar nuestra conducta política en los mismos.

    Una mirada más exigente hacia lo realizado, nos indica que solo una parte de nuestra militancia es la que sostuvo estas iniciativas, y que ha actuado de un modo poco organizado.

    Se podría decir que hemos ocupado todo el espacio que nuestra fuerza organizada nos permitió, que todavía no se avizora un límite a nuestra propuesta política y que  el limite de nuestra capacidad política es nuestra debilidad orgánica.

    Una vez más conviene volver al enfoque fundacional de Marx y Engels acerca de que las ideas por sí mismas no podían producir efectos prácticos alguno si no se encarnaban en la acción organizada de los hombres

    Casi en un movimiento de péndulo hemos pasado de una visión excesivamente cuantitativa de la política (que privilegiaba el cuanto sobre el qué) a una actitud casi negligente hacia el tema de la fuerza propia volviendo a fracturar la relación dialéctica que debe existir entre cantidad y calidad, entre fuerza organizada y proyecto político, entre partido y línea.

    Por todo ello, entendemos que el tema de fortalecer el P.C. es un problema de la lucha de clases, de la política revolucionaria. Queremos decir que en realidad no existe el tema “partido” al margen de una estrategia revolucionaria y de un desafío político concreto, como no se concibe ninguna estrategia revolucionaria que no incluya de un modo destacado el tema de la fuerza propia, de su organización, de sus atributos, de sus límites y de sus potencialidades.

    El debate sobre eficientizar al partido es un debate totalmente legitimo y revolucionario. y también es un debate especifico.  Comenzando por ratificar los enfoques principales de noviembre del 96 y su acuerdo fundamental alrededor de revalorizar a la célula como la base y el eje de nuestra organización, en primer lugar por ser la forma organizativa más apropiada para impulsar nuestra estrategia de poder popular, queremos destacar algunas líneas de acción que consideramos principales en esta etapa.

    v     CREAR COLECTIVOS DE MILITANTES.

    Desde el XVI Congreso en adelante,  hemos puesto al militante, al hombre y la mujer, como el centro del proyecto revolucionario, el depositario y el sostén de nuestra propuesta política.

    Y hemos hecho bien en revalorizar aquello que permitió emprender el viraje del XVI Congreso y que resistió una a una las maniobras liquidacionistas que sufrimos.  Los militantes y los cuadros constituyen el mejor capital de nuestro partido y marcan la diferencia entre un partido con capacidad de actuar en la lucha de clases y un grupo de reflexión teórica.

    Difícilmente podremos exagerar su importancia para un proyecto revolucionario.  Antonio Gramsci decía: “Se habla de capitanes sin ejercito, pero en realidad es más fácil formar un ejército que formar capitanes. Tan es así que un ejercito ya existente sería destruido si le llegasen a faltar capitanes, mientras que la existencia de un grupo de capitanes, acordes entre sí, con fines comunes, no tarda en formar un ejercito aún donde no existe”[8]

    Pero ello no puede interpretarse, de ningún modo, en una dimensión liberal , individualista, que privilegie el individuo al colectivo.  Por el contrario, para nosotros el hombre es lo que es en el colectivo, y creemos que se trata ahora de abrir paso de un modo más enérgico a una labor colectiva en todos los planos y niveles de nuestra organización.

    Ya hemos dicho más arriba, que en general el grueso de nuestra actividad política transcurre por fuera de los ámbitos colectivos desde la célula al comité central.  Queremos señalar que no es un problema que se de en alguna instancia de la organización, sino en toda ella.

    Qué se requiere para que el Comité Central aumente su papel como órgano de dirección nacional colectiva de la actividad del partido?  ¿Más información, más recursos para su funcionamiento, más tiempo?  Posiblemente todo ello y algunos otros temas más, pero en primer lugar se requiere una actitud psicológica de todos sus miembros para romper la fuerza de la costumbre de trasladar hacia el comité ejecutivo (y asumir este) funciones y roles que le corresponden al propio Comité Central.

    En este tema se requiere una actitud mucho más responsable de todos sus miembros por asumirse como dirigente nacional y estar en condiciones de opinar y  actuar sobre todos los aspectos de la política del partido, rompiendo viejos reflejos sectoriales, regionales y/o corporativos que tienden a transformar a nuestros dirigentes en “especialistas” de tal o cual tema pero perdiendo la dimensión global de la problemática y de nuestra política.

    Lenín explicaba que la conciencia de clase de los obreros empieza cuando estos comienzan a comprender los problemas y reivindicaciones de otros sectores sociales dado que allí empezaba a ver a la sociedad como un todo cruzada por la lucha de clases.  También en los cuadros vale este razonamiento: la excesiva “especialización” no es signo de madurez política sino que puede estar señalando una limitada visión de la globalidad de la lucha de clases

    En noviembre de 1996 se decía que “la realidad de los comités provinciales es heterogénea: en algunas provincias ni siquiera existen, en otras existen pero no funcionan, algunas llegan a funcionar pero no tienen cuadros ni medios como para provincializar la política actuando más que todo como ámbitos federativos de coordinación y, por último, hay algunos comités regionales que están en un proceso de crecimiento interesante”

    ¿Qué podemos decir hoy sobre el tema?  Que esa heterogeneidad persiste y creció.  Que el problema se ha transformado en uno de los límites más fuertes para la recomposición del partido: en la medida que fue recomponiendo la política y algunos espacios de la militancia fue quedando más expuesta la debilidad de los comités provinciales y/o regionales.

    Creemos que un peligro político es acostumbrarse a este estado de debilidad y no reaccionar enérgicamente. Acumular esfuerzos allí, disponer fuerzas y recursos materiales para su despliegue, podría ser una de las líneas principales de acción organizativa de esta etapa.

    Hemos venido afirmando que la forma de organizarce de nuestro partido es la célula y que ello deviene de nuestra estrategía de poder popular dado que es la herramienta organizativa más idonea para impulsar la autonomía de las masas desde las bases, la autonomía del partido en la aplicación de la línea y la autonomía de los militantes.

    No queremos reiterar argumentos, sino llamar la atención sobre que su organización y desarrollo también es un proceso.  Que no se puede pensar, sobre todo en el estado organizativo que está nuestro partido, que las células nazcan con todos los atributos deseados.

    Se trata de instalar con fuerza el principio de la labor colectiva de la militancia y organizar células “madres” que puedan ir desgajando otras células a medida que crezcan, es decir que si no podemos crear la célula de sección, organicemos la de empresa, si no podemos crear la de empresa, organicemos la de gremio y así de seguido.

    La debilidad no puede ser un argumento para el trabajo individual de los militantes, al contrario, constituye una mayor exigencia de crear colectivos como camino principal de crecimiento de la militancia que en soledad no avanzará hacia el “hombre nuevo” sino hacia el  ideal posmoderno del hombre aislado y autosuficiente.

    v     MÁXIMA DEMOCRACIA Y FUERTE ACCIONAR UNIDO.

    La falta de democracia interna en los partidos comunistas, era en definitiva, un problema derivado de una concepción sobre el sujeto de la revolución.  Al invertirse la lógica leninista que le asignaba a las masas populares –con hegemonía de la clase obrera- el rol de sujeto activo y constructor de la historia, y al partido un rol de instrumento de las masas, el stalinismo transitó por una paulatina inversión de los términos hasta llegar a instalar al secretario general del P.C.U.S. como el constructor del socialismo y  de modo sucesivo: el comité central, el conjunto del partido, las organizaciones sindicales y sociales, las masas obreras y populares, como instrumentos de su estrategia.

    En esas condiciones no había lugar para discutir lo que el centro de la vanguardia resolvía.  De allí a la violación criminal y terrible de la democracia interna y aún de los más elementales derechos humanos, hubo un solo paso.

    No se puede desconocer que mucho del desprestigio y descrédito de las fuerzas revolucionarias, y de los partidos comunistas en particular, deviene de esta verdadera tragedia del movimiento revolucionario que fue aprovechado, potenciado, manipulado por el neoliberalismo y el posmodernismo para desacreditar la causa, las organizaciones y la militancia revolucionaria.

    Ante esa ofensiva, se configuraron entre nosotros (y en general en todo el movimiento comunista y revolucionario) tres actitudes: la de retroceder ante la ofensiva liquidacionista y abandonando banderas y principios, disolver las organizaciones y/o incorporarse lisa y llanamente al campo de los explotadores; otros optaron por enfrentar las críticas y la ofensiva por el camino de una defensa en bloque, acrítica, de las organizaciones y la metodología de funcionamiento como si fueran (no lo son para nada, es más son antagónicos) los leninistas; y por último están los que, enfrentando la ofensiva liquidacionista, también la emprendieron contra las deformaciones de la cultura leninista del máximo debate con la mayor información para todos hasta construir acuerdos políticos que demandan un accionar unido de la fuerza y un momento –indispensable en esta metodología- de balance sobre los aciertos, los errores y las correcciones necesarias en un proceso incesante de debate, acción, crítica y autocrítica.

    No es poco lo que hemos avanzado en instalar esta cultura entre nosotros.  Tanto que los nuevos militantes ni siquiera imaginan el clima de debate y el estilo de dirección previo al XVI Congreso, de la existencia de Comisiones de Control o del metodo de elección de las direcciones de arriba hacia abajo.

    ¿Cuál es el punto más débil en esta secuencia de funcionamiento?  Posiblemente el momento de balance es el que menos espacio tiene, se lo sigue considerando como algo externo a la acción política  que se puede hacer o no.  Sin embargo, en todo el accionar político el momento de balance es uno de los más importantes.  Es el que permite discutir con la masa nuestras conclusiones de la lucha y apuntar a nuevos niveles de confrontación.  Es parte del accionar político.

    La falta de balance dificulta el resto de los elementos de la metodología leninista y no nos permite crecer desde nuestra experiencia hecha teoría, la famosa praxis de Marx y Engels.

    Como en otros temas, hay que instalar el método del balance permanente en el propio comité central, en los provinciales y regionales hasta llegar a la misma célula que es la que más rápido puede llegar con su balance a los trabajadores de su ámbito de acción.

    v     CRECIMIENTO DESDE Y PARA LA POLÍTICA.

    Con esta política se puede crecer como fuerza. Se puede afiliar militantes, se puede incrementar la difusión de Propuesta y de nuestros folletos y libros, se puede desplegar un proceso de autoformación política de los militantes, se puede ir conquistando los atributos que hacen de una organización una fuerza revolucionaria.

    En rigor, en estos meses mucho de esto ya se ha hecho, aunque de un modo muy desparejo.  Que se visualiza: que son los jóvenes los más interesados en nuestra propuesta, y que los que vienen reclaman puesto de lucha, ámbitos de debate, actividades formativas, acceso a la máxima información, etc.

    Lo principal, creemos, es ver al crecimiento como proceso integral y continuo de acción política, incorporación de nuevas fuerzas, reflexión política y actividades de formación de los militantes.

    Una pregunta que nos deberíamos plantear por lugar es ¿hacia donde dirigir el centro de nuestros esfuerzos políticos, propagandisticos  y organizativos? Y la respuesta logicamente que deviene de nuestra concepción del sujeto social de la revolución en la Argentina.  Mucho se ha hablado de los cambios habidos en la clase obrera y en la necesidad de visualizar un sujeto social pueblo, cuestión que de ningún modo se contrapone a una imprescindible política de concentración hacia la clase obrera industrial y las grandes concentraciones de trabajadores, que los sigue habiendo.

    No se trata de una única orientación aplicable igual en todo el país.  Por el contrario, en cada lugar se debe definir una política de concentración que tenga en cuenta la experiencia real de la lucha de clases en los últimos años, la acumulación de fuerzas de la izquierda y del partido en particular,e tc.  Lo que se trata es de superar un enfoque casi pragmatico de crecer y trabajar “allí donde tenemos gente”, visión reformista y oportunista que nos lleva luego a intentar justificar la práctica realizada  con especulaciones teoricas.

    v     CONQUISTAR LOS ATRIBUTOS DE UNA FUERZA REVOLUCIONARIA

    Desde el propio XVI Congreso en que  reconocimos la obvia realidad de que no eramos “la vanguardia revolucionaria” ni que existía ninguna en la Argentina hemos debido abordar dos conjuntos de problemas teóricos y políticos que aún persisten.  No pretendemos resolverlos con este material sino señalar su actualidad como debate y como desafío práctico.

    Un tipo de discusión es acerca de qué relaciones debía haber entre el Partido Comunista y la futura vanguardia única, unificada o plural.  Hubo un tiempo en que algunos pensaban que cuanto más se deteriorara el Partido Comunista, más cerca estaríamos de la vanguardia unificada.  La vida ha mostrado que no solo el deterioro del Partido Comunista , sino de cualquier fuerza de izquierda, aleja y no acerca el momento de constituir la vanguardia revolucionaria en la Argentina.

    El fortalecimiento de una fuerza portadora de una propuesta de vanguardia unificada, acerca y no aleja la posibilidad de crearla.  Esa es la verdadera dialectica, fortalecer el partido (afirmando su proyecto en primer lugar) y desplegar todo tipo de iniciativa de agrupamiento y fortalecimiento de la izquierda, es la etapa precisa de la batalla por la vanguardia unificada que no podrá nacer del aire, sino de la izquierda realmente existente en la Argentina, de la cual somos parte, y no insignificante.

    El otro interrogante que nos apareció era si la recuperación de atributos para la fuerza Partido Comunista no traería de vuelta la idea de la vanguardia autoproclamada.  Creemos que es un error vincular la fortaleza a la idea de vanguardia autoproclamada y la debilidad a la de vanguardia unificada.  Una u otra concepción devienen de determinada lectura de la teoría y de la realidad del movimiento social y político de la Argentina.

    ¿Qué atributos podemos desarrollar en esta etapa?

    • El de convertirnos en un espacio con capacidad de recrear y potenciar la teoría revolucionaria como hemos venido haciendo con los seminarios de América Libre y otros eventos.  Para ello hace falta dedicar más y más esfuerzos a la labor colectiva de investigar y reflexionar conceptualmente sobre nuestra propia práctica.  En ello creemos que se puede seguir avanzando en un único sistema de reflexión teórica que vincule más la labor de formación política en base a la metodología dialectica con la labor de Propuesta y Cuadernos Marxistas, y de todo esto con los eventos y seminarios que propiciamos o participamos.
    • El de seguir avanzando hacia una organización que se autofinancia de abajo hacia arriba.  La recuperación de las Campañas Financieras y el comienzo de la recomposición del frente de finanzas son pasos positivos que habrá que afirmar.
    • El de pasar de ser un Partido productor de teoría a un partido difusor de la prensa, las revistas y folletos, los libros y videos.  La jornada de piqueteos del 17 de agosto debería ser el primero de una practica regular y consecuente que aborde nuestros objetivos de concentración política en primer lugar.
    • El de seguir avanzando en la autonomía operativa  de nuestros militantes y  organizaciones que se acostumbren consecuentemente a actuar con cabeza propia, con iniciativa y responsabilidad política hacia el dolor y la lucha de nuestro pueblo.
    • Y acaso el más importante de todos los atributos posibles a construir sea el de una fuerza con autoestima, fibra y moral de combate.

    No es ocioso insistir en que la firme voluntad militante que historicamente tuvo nuestro partido estaba en relación directa a una concepción de la revolución en que todo estaba predeterminado y que, más tarde o más temprano, lo que se denomina una visión fatalista de la historia.

    Cuando no se tiene la iniciativa en la lucha, y cuando la lucha misma termina por identificarse con una serie de derrotas, el determismo mecánico se convierte en una fuerza formidable de resistencia moral, de cohesión, de perseverencia paciente y obstinada.  “He sido vencido momentáneamente, pero la fuerza de las cosas trabaja para mi y a la larga…” etc.  La voluntad real se disfraza de acto de fe en cierta racionalidad de la historia, en una forma empírica y primitiva de finalismo apasionado, que aparece como un sustituto de predestinación, de la providencia, etc., de las religiones confesionales…..[9]

    Ese tipo de “optimismo” es imposible que regrese a nuestro partido.  Tanto por el propio peso de los hechos como por la maduración ideológica de una fuerza que avanza en una recuperación del marxismo creador, y por ende exento de cualquier “determinismo mecanico”.  Entonces, ¿cómo es  posible construir una fuerza con voluntad de combate y moral revolucionaria en esta época de transición donde todavía son poderosas las señales de la derrota?.

    Afirmandonos en nuestro compromiso fundacional con la causa  de los proletarios y con el objetivo de terminar con la inhumana sociedad capitalista.

    Instalando con más fuerza una visión correcta del tipo de batalla, prolongada, muy prolongada, que tenemos planteada en la Argentina para abrir paso al socialismo.

    Siguiendo el ejemplo tan querido del Che Guevara que asumió como una de sus tareas principales la autoformación como militante y el cultivo de las cualidades necesarias para conformar un verdadero militante revolucionario.  No es tan facil decir que “seremos como el Che”, pero sí podemos seguir su camino de rebelarse ante todas las debilidades y dificultades, no aceptando nada como  imposible, y mucho menos nuestra propia auto transformación.

    Que si hemos sido capaces de producir un viraje como el del XVI Congreso

    Que si hemos sido capaces de defender nuestro proyecto revolucionario de la oleada reaccionaria que sobrevino a la caída de la U.R.S.S. y el llamado “socialismo real”

    Que si hemos sido capaces de soportar el chantaje de quienes suponían estar formando el 3º Movimiento Histórico cuando en realidad se estaban pasando al campo de los explotadores

    ¿Por que no podremos auto transformar este partido para hacerlo más util a la revolución?

    Si en ningún lado está escrito que alguna fuerza esté llamada a ser la vanguardia, ¿donde está escrito que los comunistas argentinos no podamos jugar en la batalla por cambiar la historia en la Argentina?.

    La convicción de que podremos es acaso la primera condición para poder.


    [1] Reunión del Comité Central del Partido Comunista de la Argentina, 21 y 22 de mayo de 1998. pag. 5 del folleto editado.

     

    [2] Organizarnos para organizar. Informe del C.C. del Partido Comunista de la Argentina. 29 y 30 de noviembre de 1996.

    [3] de la intervención de Patricio Echegaray con motivo de la presentación del Manifiesto Comunista en la fería del libro. Mayo de 1998

    [4] nos referimos a la labor de la O.N.U., del Banco Mundial y el F.M.I., al grupo de los 8, a la UNESCO, a la O.I.T. y demás organismos supranacionales.

    [5] Notas sobre Maquiavelo, pag. 47. Edición citada.

    [6] No basta ser revolucionario y partidario del socialismo, o comunista en general.  Es necesario saber encontrar en cada momento el eslabón preciso de la cadena al cual hay que aferrarse con todas las fuerzas para retener toda la cadena y preparar sólidamente el paso al eslabón siguiente.  El orden de los eslabones, su engarce, la diferencia entre unos y otros, no son tan simples ni tan burdos en la cadena histórica de los acontecimientos como en una cadena corriente forjada por el herrero”.  V. I. Lenín.  Tomo 5, pag. 509, 1º edición de las Obras Completas. 1958

    [7] Comité Central de mayo de 1998.

    [8] Antonio Gramsci, Notas sobre Maquiavelo. pag. 48 de la edición 1962 de Lautaro. Buenos Aires.

    [9] Antonio Gramsci, Notas sobre Maquiavelo


  • «Este escrito quiere ser un estimulo para pensar y actuar, quiere ser una invitación a los obreros, mejores y más conscientes para que reflexionen y, cada uno en la esfera de su propia competencia y su propia acción, colaboren en la solución del problema, haciendo converger sobre sus términos la atención de los compañeros y de las asociaciones.  Solo de un trabajo común y  solidario de esclarecimiento, de persuasión y de educación recíproca, nacerá la acción  concreta de construcción”.

    A. Gramsci, “Democracia obrera”,  publicado en Ordine Nuovo, 1919

    El 17 de setiembre de 1996 los trabajadores de la entonces Cormec (hoy Fíat Auto) de Ferreyra, Córdoba,  se rebelan contra el pacto firmado por el Smata y la multinacional automotriz, que liquidaba el convenio colectivo histórico de los metalúrgicos.  En asamblea los trabajadores resuelven tomar la fábrica y elegir una nueva Comisión Interna.  La lucha por el derecho de los trabajadores metalmecánicos cordobeses a darse la organización y elegir los dirigentes que ellos quieran, aún continúa.

    En Cutral Có, Plaza Huincul, Gral. Libertador San Martín, Cruz del Eje, Empalme Villa Constitución, San Lorenzo y otros lugares de la geografía nacional, desde hace ya seis meses, se suceden los cortes de ruta protagonizados por piqueteros y fogoneros, trabajadores desocupados (y sus hijos) de las ex empresas estatales del petróleo, de ingenios azucareros o zonas industriales desbastadas por el neoliberalismo, que no abandonan las rutas hasta lograr alguna forma de solución a sus problemas.

    En Buenos Aires, los trabajadores del Instituto Científico Malbrán libraron por meses una batalla en defensa del derecho popular a la salud -y en defensa de sus propios puestos de trabajo- que pasó por decenas de marchas y más de doscientos días de ocupación hasta lograr la victoria.

    En estos meses  se han sucedido las luchas de los compañeros de la Editorial Atlántida, los trabajadores de las empresas de la electricidad de Córdoba y de la Pcia. de Buenos Aires, de diversos establecimientos de la salud, de los periodistas y reporteros gráficos (acompañados de todo el pueblo) contra la impunidad para los asesinos de José Luis Cabezas.

    La carpa de la dignidad docente en procura del financiamiento educativo y la derogación de la Ley Federal de Educación se mantiene desde el 2 de abril de 1997 y promovió una monumental marcha por la educación popular el pasado 20 de junio.  El 11 de julio del ´97 hubo una marcha obrera sobre la Plaza de Mayo y el 14 de agosto un paro nacional convocado por fuera de la C.G.T.    Los jubilados han mantenido invariablemente en alto la bandera de la dignidad ocupando cada miércoles las calles con el reclamo de aumento de haberes y recuperación del Pami.

    Y podríamos seguir enumerando luchas o pasando revista a los conflictos que hoy sacuden la sociedad argentina.  Pero con lo dicho alcanza para dar por tierra las sofisticadas construcciones teóricas que han intentando convencernos del fin de la historia, de la desaparición de los sujetos sociales capaces de encarnar la lucha por el cambio verdadero, de la definitiva derrota y la correspondiente clausura de los sueños transformadores para el resto de los días que le queden a la humanidad.

    Estos meses de luchas y aprendizajes han confirmado una serie de ideas que se fueron desplegando en el debate lanzado hacia el segundo congreso y las tareas constitutivas del Movimiento Político Sindical de Liberación.

    Vigencia de la clase obrera

    El apartado siete del documento del Mpsl para el debate congresal de la Central de Trabajadores Argentinos (C.T.A.), noviembre de 1996,  decía que “la clase obrera sigue vigente como clase de vanguardia y su rol se materializa en la construcción de un frente de liberación nacional y social” postulado  -que creemos- ha sido ampliamente confirmado por la lucha de clases realmente existente en la Argentina, y se opone terminantemente no solo a todo el pensamiento dominante posmoderno y neoliberal, sino también al posibilismo claudicante que ha predominado estos años en amplios espacios del así llamado “pensamiento progresista”, y aún en algunos sectores de izquierda.

    Que la derecha defensora del privilegio y la explotación repitiera sus viejas consignas descalificatorias  de la clase, no nos llama la atención; sí vale la pena preguntarse por qué caminos algunos pensadores que “posaban” de marxistas, y aún de renovadores del pensamiento revolucionario, pudieron llegar a semejante despropósito teórico, político y cognoscitivo.

    Y hay que decir que fue por el camino abonado por el dogmatismo y las deformaciones economicistas y mecanicistas sufridas por el marxismo. Ante la exigencia de tener que analizar los cambios sufridos por la clase obrera por el doble impacto de una derrota política ideológica de las proporciones como la sufrida con la caída del Muro de Berlín y las consecuencias económico sociales de la aplicación por ya más de veinte años de los programas de reconversión capitalista neoliberal, buena parte del pensamiento “progresista” colapsó.

    Ante el espectáculo, en verdad casi dantesco, de las fabricas abandonadas y los pobres votando a sus verdugos, la sociología y el resto de las ciencias sociales no atinó más que a declarar la desaparición de la clase y/o su absoluta incapacidad revolucionaria.  En su apresurado afán de búsqueda de becas y horas cátedra han caído en el más vulgar de los determinismos y mecanismos.

    Igual que sus supuestos contendientes stalinistas (los iguala el pensamiento mecanicista y justificatorio de las políticas por ellos aplicadas) han pretendido igualar los conceptos de clase obrera con el de trabajadores industriales para así, al constatar el hecho cierto de una disminución relativa de los trabajadores industriales sobre el conjunto de los trabajadores, decretar su desaparición.

    Ignoran que las categorías sociales tienen sentido en un enfoque de integridad e historicidad, que deben entenderse en unidad contradictoria (burgueses y proletarios, terratenientes y campesinos siervos de la gleba, libre competencia y monopolio, consenso y coerción, etc.) y que deben ser capaces de  abarcar  la integridad del fenómeno a analizar del cual, por otra parte,  no se pueden separar a riesgo a caer en el ridículo de buscar  la clase obrera industrial en la Grecia de Hercúleas o signos de la democracia esclavista de Platón en la Cuba revolucionaria de los ‘90;  y  que además cada una de los pares de categorías está en permanente mutación.

    El gran error de muchos fue pretender aplicar el método positivista de análisis de la sociedad al marxismo. De separar la economía de la cultura, las ideologías dominantes del grado de desarrollo de la ciencia y la tecnología, las formas de la representación política del nivel de las luchas de clases, y así de seguido, cuando se trata de todo lo contrario.  Se trata de atender a la globalidad del fenómeno en su desarrollo histórico y sus múltiples influencias recíprocas.

    Se trata, a las puertas del siglo XXI, de superar el viejo método positivista característico del siglo XIX que creía encontrar en el análisis separado de las partes de un fenómeno u objeto, el camino de la verdad.  Se trata -para nosotros- de volver a Marx y a Engels quienes se concentraron en encontrar un hilo conductor del análisis de la realidad como un todo único: «Según la concepción marxista de la historia, el elemento determinante de la historia es en última instancia la producción y la reproducción de la vida real.  Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca otra cosa que esto: por consiguiente, si alguien lo tergiversara transformándolo en la afirmación de que el elemento económico es el único determinante, lo transforma en una frase sin sentido, abstracta y absurda». [1]

    En los “Principios del Comunismo”, escrito precedente y preparatorio del Manifiesto Comunista, Federico Engels define al proletariado como “la clase social que consigue sus medios de subsistencia exclusivamente de la venta de su trabajo, y no del rédito de algún capital; es la clase cuyas dichas y penas, vida y muerte y toda la existencia dependen de la demanda de trabajo, es decir de los períodos de crisis y prosperidad de los negocios, de las fluctuaciones de una competencia desenfrenada.  Dicho en pocas palabras, el proletariado, o la clase de los proletarios, es la clase trabajadora del siglo XIX” para luego definir, junto con Carlos Marx,  en el Manifiesto Comunista  “Por proletarios se comprende a la clase de los trabajadores asalariados modernos, que privados de medios de producción propios se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para subsistir”

    Para entender la realidad de la clase obrera argentina hay que seguir paso a paso la historia de los últimos veinte años de apertura indiscriminada y competencia de las importaciones con dumping social, de desregulación creciente de cada uno de los aspectos de la economía nacional y de sometimiento de toda la actividad redituable a un polo de empresas altamente monopolicas que fueron absorbiendo/sometiendo toda la actividad humana de la sociedad argentina.

    Lejos de cualquier simplificación, la clase obrera argentina es un complejisima mezcla de operarios super especializados que realizan procesos metal-siderúrgicos desde computadoras y cirujas que recogen cartón para reciclarlo en las fábricas de papel;  niños que realizan ventas callejeras para empresas especializadas en proveer de mercaderías a los paqueteros[2], jubilados que realizan trabajos de sereno o seguridad para complementar sus magros ingresos  -y médicos empleados en los hospitales públicos, y todos son parte de la clase obrera porque son proletarios (no son propietarios de medio de producción alguno) y viven exclusivamente de su trabajo presente o pasado.

    Ahora bien, es posible entonces pensar que la clase obrera actual es idéntica al sujeto social pueblo?, o dicho de otro modo: todos los agredidos por este capitalismo neoliberal y globalizado forman parte de la clase obrera ?  Creemos que no, que hay sectores populares que no “viven exclusivamente de la venta de  su trabajo” y que integran fracciones empobrecidas de la pequeña burguesía urbana o rural, sin descartar que hay sectores sociales cuya relación con los medios de producción no está aún definida y reciben de sus familiares los elementos necesarios para su supervivencia: nos referimos, obviamente, a la juventud estudiosa, la que  -entendemos- no debería integrarse conceptualmente a la clase obrera como hacemos con aquellos desocupados con pasado y experiencia laboral.

    No se trata de simple búsqueda de precisión conceptual o científica.  Se trata de visualizar que junto a la clase obrera y sus formas organizativas tradicionales o no, existen una serie de sectores sociales y movimientos sociales de nuevo tipo que debe confluir, converger con la clase obrera aunque no se pueda resumir todo la organización popular en el movimiento obrero.  El capitalismo neoliberal maduro ha generado una complejización social que no puede, ni debemos, simplificarse en el movimiento obrero.

    Es cierto que la ampliación de la clase obrera con nuevos y nuevos sectores que expresan la contradicción profunda inherente al modelo de desarrollo capitalista que sufrimos ha generado una heterogeneidad nunca antes conocida.

    El pleno empleo, la continúa extensión de la producción industrial con la consiguiente instalación de plantas fabriles, el elevado porcentaje de sindicalización y la extendida cobertura de las Obras Sociales y de la legislación laboral generaron un grado importante de homogeneización de la clase obrera argentina sobre la que se apoyaron tanto los burócratas sindicales para su negociación centralizada y nacional con las patronales y el Estado, como las corrientes combativas y antiburocráticas para sus propuestas de lucha y movilización.  Todo ello ha cambiado.

    A la heterogeneidad tecnológica (que en el conflicto del Instituto Malbrán pudimos ver que se puede expresar hasta en un mismo establecimiento: biólogos científicos y cazadores de víboras trabajando juntos) se le suma le enorme dispersión de relaciones laborales/legales: estables de horario completo(unos 4,3 millones), sindicalizados (unos 2,5 millones de trabajadores), estables de horario incompleto (unos 1,6 millones), trabajadores en negro de tiempo completo o transitorios (unos 2,5 millones), trabajadores con contrato temporal (unos 300 mil), trabajadores tomados por agencias de empleo (30 mil), trabajadores de planes para combatir la desocupación, trabajadores por cuenta y riesgo propio (unos 3,5 millones) etc.

    La fragmentación de la clase se fortalece con el predominio de una ideología que alienta la fragmentación cultural como forma de existencia de la globalización y de aceptación de nuestro lugar periférico, subordinado y atrasado en el mundo capitalista; es esta fragmentación la que se pretende cristalizar por parte de un sindicalismo burocrático que deja fuera de sí a tres de cada cuatro trabajadores por no poder cobrarle compulsivamente la cuota sindical por descuento de la planilla de sueldos.

    Y el gran tema es que el hecho de trabajar y vivir en iguales condiciones, de sufrir las mismas consecuencias del modo de organización social capitalista, no alcanza para hacer de los trabajadores una clase social.

    La definición de clase debe exceder lo descriptivo, lo aprehensible en un censo, e incorporar el factor subjetivo. La clase es una identidad, un “nosotros” frente a un “ellos”, el compartir un espacio social y una cultura; y es por lo tanto una construcción histórica sujeta a los vaivenes de la lucha social y política de un país.

    Por supuesto que esa identidad está asentada en el lugar en el proceso de producción, pero no se produce automáticamente, ni mucho menos, por la mera ocupación de ese lugar. De hecho existen trabajadores que no se identifican como tales, o que haciéndolo, no se perciben integrando un conjunto dotado de alguna homogeneidad. De hecho, en nuestro país, el autopercibirse como “clase media” antes que como trabajadores ha sido un fenómeno muy extendido, sobre todo entre ciertas categorías relativamente privilegiadas.

    Señalemos, a simple enunciación de temas merecedores de nuestra investigación y estudio, la complejización del proceso de asumirse como clase para aquellos trabajadores que dejan de pertenecer a un colectivo laboral ya sea por desocupación o por pasar a trabajar por su cuenta, en su domicilio o en la calle.

    Si no fuera así, claro que todo sería más fácil y transparente, pero la transformación de un conjunto de hombres afectados por un sistema social y sus correspondientes políticas, el sujeto social, en un sujeto político es un proceso extremadamente complejo y dificultoso.

    De hecho la supervivencia de un régimen injusto donde una ínfima minoría vive a costillas de las más amplias mayorías solo encuentra explicación en esta dificultad de comprender el verdadero sentido de las relaciones sociales.

    Estamos diciendo  que la conciencia de clase no es una derivación del lugar que los hombre ocupan en el proceso productivo como cierto determinismo mecanicista predicó durante largo tiempo en nuestro país tanto en su versión “marxista”  como en su versión “peronista”.

    Es interesante traer a colación las reflexiones del secretario general de la C.G.T. de Francia, compañero[3] Louis Viannet, sobre el tema para apreciar el carácter universal del fenómeno: “Primero: estamos en presencia de un cuerpo social que estalla y una Francia que se debilita.  En algunas ramas ya existe una dislocación.  Los estatutos de los asalariados se modifican.  En algunos sectores enteros, el  numero de personal aún cubierto por una convención es minoritario en relación a los que son precarios o tienen tiempo parcial de trabajo.  Nosotros no tenemos contacto con estos últimos que no reciben y escapan a la influencia del lenguaje y las proposiciones sindicales.  Segundo: Se produce una gran convulsión cuando la patronal modifica sus concepciones de gestión que transforman simultáneamente las condiciones de estructuración del aparato productivo.  Las grandes empresas, financieramente muy poderosas, intentan crear sindicatos que preserven una débil influencia en la empresa.  Simultáneamente entregan a los contratistas los aspectos más degradantes de la explotación tal como hoy existe.  Hay una enorme cantidad de Pequeñas y Medianas Empresas, apéndices de grandes grupos, que no tienen ningún margen de maniobras para subsistir si no recurren a la aceleración de los ritmos de trabajo, presionar sobre los salarios, intensificar la exigencia de rendimiento laboral, liquidar los restos de conquistas sociales.  Estas son zonas donde el sindicalismo no tiene ninguna presencia.  Es una realidad y a  la vez un desafío que debemos asumir, y si no lo hacemos existirá un movimiento sindical desvinculado, desfasado del mundo real”

    Hace falta una nueva forma de organización sindical que contemple la nueva realidad de la clase desde visiones absolutamente distintas a las predominantes hasta ahora.

    Hace falta dejar atrás el viejo modelo sindical al que no alcanza con “limpiarlo” de burócratas y traidores.

    Por ello concordamos con la propuesta de afiliación directa de los trabajadores a la C.T.A. y la constitución de nuevas formas organizativas que apunten a restituir unidad y centralización de esfuerzos para una clase tan fragmentada, como una nueva forma de agrupamiento y centralización de una clase que ha perdido la hegemonía y la concentración de otras épocas.

    Pero hay que tener muy en cuenta que el desafío es doble: que se trata de desarrollar formas organizativas capaces de abarcar la nueva realidad obrera, pero también de desplegar un tipo de sindicalismo, “de liberación” decimos nosotros siguiendo a Agustín Tosco, que recupere la autonomía política perdida y que se transforme en el constructor de su propia destino.

    Sujetos del cambio revolucionario

    El debate sobre la autonomía obrera viene del propio nacimiento del movimiento obrero como tal[4].  En la primera mitad del siglo XIX predominaba, en las corrientes revolucionarias del naciente movimiento (el jacobino-babouvismo, el blanquismo) una concepción autoritaria y sustituta de la revolución, entendida como acción de un reducido grupo, una elite revolucionaria, que se atribuye la misión de sacar al pueblo trabajador de la esclavitud y de la opresión.

    Partiendo de la premisa fundamental del materialismo metafísico del siglo XVIII -los hombres son el producto de las circunstancias, y si las circunstancias son opresivas, la masa del pueblo está condenada al oscurantismo- estas corrientes consideraban al proletariado como incapaz de asegurar su propia emancipación; por lo tanto, la liberación tendría que venirle desde afuera, desde arriba, desde la pequeña minoría que por excepción logró alcanzar las luces, y que ocupa ahora el papel que los filósofos materialistas del siglo XVIII le atribuían al déspota ilustrado: destruir desde arriba el mecanismo de relojería (circular y autoreproductivo) de las circunstancias sociales, y permitirle así a la mayoría del pueblo acceder al conocimiento, la razón, la libertad.

    Al romper, en las Tesis sobre Feuerbach (1845) y la Ideología Alemana (1846) con las premisas del materialismo mecanicista, elaborando los ejes centrales de una nueva concepción del mundo.  Marx lanzó también los fundamentos meteorológicos para una nueva teoría de la revolución, que se inspira al mismo tiempo en las experiencias más avanzadas de la lucha de los trabajadores en esa época (el cartismo inglés, la revuelta de los tejedores de Silesia en 1844, etc.)   Rechazando a su vez al viejo materialismo de la Filosofía de las Luces (cambiar las circunstancias para liberar al hombre) y el idealismo neohegeliano (liberar la conciencia humana para cambiar la sociedad) Marx corta el nudo gordiano de la filosofía de su época, planteando en la tercera tesis sobre Feuerbach que en la praxis revolucionaria coinciden el cambio de las circunstancias y la transformación de la conciencia del hombre.

    De ahí, con rigor y coherencia lógica, su nueva teoría de la revolución (presentada por primera vez en la Ideología Alemana): sólo por su propia experiencia, en el curso de su propia praxis revolucionaria, pueden las masas explotadas y oprimidas romper a la vez con las circunstancias exteriores que las oprimen (el Capital, el Estado burgués) y con su conciencia mistificada anterior.

    No hace falta mucho esfuerzo para identificar la propuesta del “hombre nuevo” del Che Guevara y su valoración de la importancia de la conciencia, del factor subjetivo en el proceso revolucionario, con ese pensamiento fundacional de los clásicos.  Dice el Che: ”Para construir el comunismo, simultáneamente con la base material, hay que hacer el hombre nuevo”.  En otras palabras: no existe otra forma de emancipación autentica que la autoemancipación.

    Como lo proclamaría  Marx en el Manifiesto Inaugural de la Primera Internacional: la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos.

    Superar los límites “sindicalistas” del sindicalismo

    En este trabajo sobre la autonomía obrera, hemos querido llamar la atención sobre el pensamiento de Antonio Gramsci sobre el tema, tan lejos, por cierto, de las edulcoradas versiones light que nos saben “vender” sus falsificadores locales, elaborado principalmente durante los años 1919/20 desde las páginas de un de un periódico socialista, “Ordine Nuevo”, que se convertiría en el portavoz y alma mater de la ofensiva obrera de entonces.

    Repasemos en que condiciones Gramsci elabora sus propuestas[5]: Italia sufre las consecuencias de la guerra contra el imperio de los Hamburgo y la demagógica ideología de la “ victoria iluminada” después de la conferencia de Versalles (que puso fin a la 1º Guerra Mundial) producirán explosiones de nacionalismo extremista, derrumbe de la lira (moneda italiana) e insostenibles cargas fiscales para las capas más débiles, crisis de las masas rurales y luchas por la tierra, ascenso del proletariado industrial en las áreas urbanas del norte, especialmente en Turín, la ciudad del automóvil y de obreros metalúrgicos, de la Fíat, de la Lancia, etc.

    Y frente a todo esto, la incertidumbre paralizante  del partido socialista y de los sindicatos que oscilan entre el tremendismo verbal de “hacer como en Rusia” y la efectiva incapacidad de dirigir el movimiento.  Es en ese preciso momento histórico que Gramsci propugna la creación de los consejos laborales por fábrica como método efectivo de conquistar la autonomía obrera y gestar un poder popular que se lance a la lucha por la derrota general del sistema capitalista.

    Claro está que las condiciones de Italia de 1919/20 son únicas e irrepetibles, y necios seríamos en pretender copiar las consignas y propuestas de entonces.  Pero más necios son quienes pretenden negar toda importancia histórica general y la posibilidad de sacar conclusiones propias para nuestras propias condiciones de lucha.  Veamos si no podemos aprovechar algo del pensamiento gramsciano.

    “Los obreros perciben que el conjunto de “sus” organizaciones ha llegado a ser un aparato tan enorme, que ha terminado por obedecer a leyes propias, inherentes a su estructura y a su complicado funcionamiento, pero ajenas a la masa que ha adquirido conciencia de su misión histórica de clase revolucionaria.  Perciben que hasta  en su casa, en la casa que han construido tenazmente, con esfuerzos pacientes, cimentándola con sangre y lagrimas, la maquina tritura al hombre, el funcionarismo esteriliza el espíritu creador y el dilentantismo banal y verbalista[6] procura en vano esconder la ausencia de conceptos precisos sobre las necesidades de la producción industrial y la ninguna comprensión de las masas proletarias”

    “Los sindicatos de oficio, las cámaras del trabajo, las federaciones industriales, la Confederación General del Trabajo son el tipo de organización proletaria especifico del periodo de la historia dominada por el capital.  En cierto sentido se puede sostener que este es parte integrante de la sociedad capitalista, y tiene una función que es inherente al régimen de propiedad privada”

    “El error del sindicalismo consiste en eso: en asumir como hecho permanente, como forma perenne del asocionismo, el sindicato profesional en la forma y con las funciones actuales, que son impuestas y no propuestas, y por ende no pueden tener una línea constante y previsible”

    “El más grave error del movimiento socialista ha sido de índole similar al de los sindicalistas.  Participando en la actividad general de la sociedad humana en el Estado, los socialistas olvidaron que su posición debía mantenerse esencialmente como de crítica, de antítesis.  Se dejaron absorber por la realidad, no la dominaron”

    “Los comunistas marxistas deben caracterizarse por una psicología que podemos llamar “mayeutica”[7].  Su acción no es de abandono al curso de los acontecimientos determinados por las leyes de la competencia burguesa, sino de espera crítica.  La historia es un continuo hacerse, es por ende esencialmente imprevisible.  Pero ello no significa que “todo”  sea imprevisible en el hacerse de la historia, es decir, que la historia sea dominio del arbitrio y del capricho irresponsable.  La historia es al mismo tiempo libertad y necesidad’

    Qué enseñanzas podemos extraer de estos escritos de Gramsci sobre sindicatos y consejos laborales en la Italia industrializada de 1920 ?

    ü      podemos reforzar el concepto de que las formas de organización y lucha de los trabajadores están históricamente determinadas, pero no de un modo fatal o solo por cuestiones económicas.  La determinación es de un conjunto de fenómenos (eje de acumulación de la plusvalía, tipo de mecanismo de control y dominación social, historia de las instituciones políticas, etc.) que generan un marco de correlaciones de fuerzas y límites en forma de tendencias hacia una u otra dirección y no de rígidos muros de contención. Nada hay en la forma sindical de organización de los trabajadores que sea eterno o inmutable.

    ü      nos alienta a  superar el fatalismo del determinismo y a levantar con fuerza el papel de la iniciativa humana, de la voluntad colectiva, del factor subjetivo, del elemento consciente, en los procesos sociales dejando de lado todo sociologismo vulgar que pretenda analizar las formas organizativas proletarias como excrecencias del modelo de desarrollo capitalista, como normalmente realizan los “expertos” del tipo Julio Godio[8].  Los obreros conscientes de los límites de un modelo sindical pueden impulsar, con su voluntad política organizada, uno nuevo, más acorde a los objetivos de liberar la clase de la explotación capitalista.

    ü      la forma sindical de organización es al mismo tiempo conquista de los trabajadores en su lucha contra el capital, expresión de su negatividad, de su decisión de independizarse de la relación de explotación a que está sometida, y es también resultante de la reproducción del sistema capitalista no solo en el plano económico (cada nuevo ciclo vuelve a haber trabajadores sin medios de producción obligados a vender su fuerza de trabajo para sobrevivir), sino también político: el sindicato, por lo menos en su actividad cotidiana, solo cuestiona el modo en que se organiza y retribuye el trabajo asalariado (y no la propia existencia de este: el capitalismo); y lo debe hacer aceptando las leyes y procedimientos modelados por la burguesía, su justicia e instituciones.

    Ese equilibrio entre “órgano para la lucha” e “institución orgánica de sistema de reproducción de las relaciones capitalistas de explotación” se mantiene mientras las partes en disputa mantienen aproximadamente su correlación de fuerzas.  Si una de ellas avanza sobre la otra, tenderá a cambiar las reglas del juego sindical y el propio carácter del sindicato.  Si el que avanza es el capital, tenderá a borrar hasta la última sombra del carácter combativo del sindicato transformándolo absolutamente en un órgano a su servicio.  Si el que avanza es el proletariado tenderá a romper los límites sindicales y darle a la organización de base carácter de ámbito de autonomía obrera, de verdadero poder popular encaminado a la lucha abierta por el poder político.  Eso es exactamente lo que planteaba Gramsci desde las páginas del “Ordine Nuovo”

    Un breve panorama histórico

    Si pegamos una mirada a la historia del movimiento obrero argentino también podremos comprobar que las formas de organización no han sido inmutables, que han acompañado los cambios económicos/sociales y han estado fuertemente influidas por los diversos proyectos políticos que fueron conquistando preeminencia en la clase.

    Presentaremos una periodización del movimiento obrero que, por supuesto, es tan arbitraria y discutible como cualquier otra

    a) Etapa del predominio anarquista.  La situamos desde 1878, año de la fundación de la Unión Tipográfica, primer sindicato moderno de la Argentina; hasta 1918, año en que se reúne el Xº Congreso de la Fora.  Este periodo se corresponde con una etapa muy inicial del capitalismo en el país que se desarrolla a expensas de un modelo agro/exportador y donde todavía lo predominante es el sindicato por oficio y su versión criolla: el Sindicato de Oficios Varios.

    Hay que reconocer con toda hidalguía que hemos tenido una visión muy prejuiciosa hacia las experiencias anarquistas por lo que se hace imperiosa una re-lectura de esa etapa y una revalorización de algunas de las características que el anarquismo introdujo al sindicalismo argentino, sin caer en el extremo opuesto de una idealización que vele su debilidad mayor que estaba justamente en el tema de contribuir a dotar de un proyecto político propio a la clase.

    Señalemos algunas de dichas características: 1) la renuncia expresa a cualquier negociación con la patronal y/o el estado, 2) la preeminencia de las acciones directas en defensa de las reivindicaciones obreras, 3) el anonimato de sus dirigentes que se negaban a cualquier cargo sindical formal, 4) la honestidad e incorruptibilidad de sus dirigentes y 5) el ejercicio de la democracia directa como alternativa a la organización sindical.

    Durante este periodo, y bajo su directa influencia, se producen algunas de las luchas más heroicas y sangrientas de la clase obrera argentina: la Semana Trágica, la rebelión de los obreros agrícolas de la Patagonia, las luchas de la Forestal, etc.

    La burguesía los castigará severamente por sus méritos, y se aprovechara de sus errores para derrotarlo: su falta de perspectiva política para agrupar tras sí a otros sectores populares y para intervenir en la disputa de las amplias masas en el momento en que se resquebraja el viejo modelo conservador fraudulento y paternalista del caudillismo para gobernar la república y surge el radicalismo como herramienta de participación de los nuevos sectores burgueses surgidos en el periodo.

    b) Etapa de predominio reformista: socialistas sindicalistas, etc. Lo situamos desde 1922, año de la fundación de la Unión Ferroviaria, primer sindicato en adquirir forma y normas de funcionamiento institucional hasta 1935, momento en que los comunistas (que han venido acumulando fuerzas desde principios de la década infame) llegan a compartir la dirección de la C.G.T. constituida en 1930.

    Es en este periodo donde ocurren simultáneamente cambios muy importantes en la estructura económica: industrialización selectiva por necesidades de la exportación (Frigoríficos, ferrocarriles y puerto) y por políticas de sustitución de importaciones por la primera guerra mundial.  Aparece el obrero fabril y hay una proletarización del criollo.

    Cobran fuerza las corrientes socialistas que incorporan la perspectiva política, el reclamo a los poderes constituidos y la representación electoral.  El sindicalismo va descartando la huelga salvaje y se orienta a la negociación colectiva, las leyes laborales (la primera es propuesta por el senador socialista por la Capital, Alfredo Palacios en 1912).

    Si en la primera etapa el sindicato es claramente un instrumento de lucha obrera, una expresión nítida de la negatividad obrera hacia el sistema, ahora empieza a percibirse que también puede ser instrumento de adaptación a su funcionamiento.

    El cambio de sentido y contenido impacta también en la vida sindical: el representante electo en la asamblea con mandato definido comienza a ser sustituido por el representante que negocia con la patronal y el estado.  La renuncia a la violencia daba paso a la gestión benevolente ante las patronales y el Estado, a las comisiones paritarias y los tribunales de arbitraje, a la presión sobre el parlamento.  Un socialista europeo, Bernstein, lo diría con todas las letras: “El objetivo final no es nada, el movimiento lo es todo”[9].

    Si el socialismo dejaba de ser la meta y se convertía en un ideal ético; si la propiedad privada contaba ahora con el acuerdo obrero, era “lógico” que los sindicatos aspiraran a humanizar el capital  exigiendo participación en las ganancias de las empresas, impulsando cooperativas o incluso organizando empresas de propiedad sindical.  De allí surgió el primer caso de delincuencia sindical: el tesorero de la primera Cámara del Trabajo se fugó con los fondos y tuvo que cerrar las puertas la empresa sindical.   Esa misma lógica adaptacionista va a llevar al secretario general de la C.G.T., Luis Cerruti a escribir a los generales golpistas del ‘30: “la C.G.T. está convencida de la obra de renovación administrativa del gobierno provisional”

    c) Etapa de la influencia comunista. Desde 1935/36, año de grandes luchas dirigidas por los comunistas y su incorporación al C.C.C. de la C.G.T.  hasta 1945, año en que surge el peronismo.

    También se basa en modificaciones estructurales de la clase y la aparición de las grandes concentraciones fabriles. Entre 1941 y 1946 (período de la II Guerra Mundial) la ocupación obrera aumenta un 40,5% y el valor de la producción en un 34.5%.  Los establecimientos industriales pasaron de 51.178 a 54.670 y los obreros industriales de 677.517 a 938.387.  Para 1947 la población total era de 15.894.000 personas y la P.E.A. (población económicamente activa) era de 6.445.000 personas de los cuales 4.633.000 personas (el 73%) eran asalariados.  Surgen las grandes concentraciones fabriles

    Pero además se modifican abruptamente los índices y niveles de sindicalización: en 1936 había 369.989 obreros sindicalizados en 296 organizaciones sindicales, en 1941 son 441.412 obreros sindicalizados en 356 organizaciones sindicales y en 1945 llegan a 528.523 trabajadores  y 969 organizaciones sindicales con lo que tenemos un índice de sindicalización del 10% y  menor que el de 1941 y al de 1935. [10]

    Qué había ocurrido?  Por un lado un modelo de relación del Estado con los sindicatos basado en el desconocimiento de las organizaciones sindicales y el hostigamiento permanente.  Para los que se atreven a desafiar el poder, persecuciones, cárceles, destierro.  Así había ocurrido con las importantes luchas que durante la “década infame” libraron los trabajadores de la carne (1932), los petroleros de Comodoro Rivadavia (1932), los trabajadores de la madera (1934) y la gran huelga de la construcción (1935/36) que fueron enfrentadas a sangre y fuego por la dictadura de Justo y sus continuadores. Rufino Gómez (petrolero), José Peter (carne), Vicente Marishi (madera), Fioravanti, Chiaranti, Burgas e Iscaro (construcción) eran parte de una nueva camada de dirigentes obreros  comunistas reconocidos ampliamente por los trabajadores y temidos por el poder.[11] Los comunistas van a conquistar posiciones en aquellos sindicatos que habían sido dirigidos por los anarquistas y los van a unificar en federaciones nacionales por rama de gran poder de lucha, pero salvo excepciones no van a poder desplazar a los socialistas de sus posiciones tradicionales.  En abril de 1936, los sindicatos clasistas se incorporan a la dirección de la C.G.T. y logran inscribir en los estatutos de la C.G.T.  que sus objetivos son: “preparar su emancipación, creando un régimen social fundado en la propiedad colectiva de los medios de producción y de cambio

    El General Sosa Molina, explicando las causas del golpe de 1943 conducido por una logia militar (el GOU) de la que formaba parte Perón relataba su visión del 1º de mayo de 1942: “Una enorme multitud con banderas rojas al frente, con los puños en alto y cantando La Internacional, presagiaba horas verdaderamente trágicas para la República.  Las FF.AA. no podían permanecer indiferentes.  La revolución del cuatro de junio tiende a anticiparse a los acontecimientos”.   Una oleada represiva se abatiría sobre los sindicalistas clasistas, aunque no es la causa decisiva del surgimiento del peronismo, conviene no olvidar que previo al Pacto Social y las concesiones reales, hubo cárcel y torturas para los luchadores.

    d) Etapa fundacional del peronismo. Lo situamos, obviamente, desde el 17/10/45 hasta el golpe gorila del ‘55.  Desde la perspectiva que estamos tratando el tema nos interesa resaltar solo un aspecto: el de la perdida de la autonomía para el sindicalismo argentino que va a ser colocado a la cola de un proyecto de desarrollo nacional/burgués y va a aceptar la intervención estatal en la vida sindical hasta en su más mínimo detalle.

    El movimiento obrero argentino que había nacido a finales del siglo XIX, había sufrido por parte del Estado una actitud única y permanente: represión, hostigamiento y no reconocimiento como interlocutor en los conflictos sociales.  A partir del peronismo esta actitud dejo paso a un mecanismo más complejo: un conjunto de mejoras habilitó vías para incorporar a la clase obrera dentro de una coalición hegemonizada por la burguesía industrial .

    En ese proceso, la clase obrera logró mejores condiciones para la venta de su fuerza de trabajo, cierto acceso al mercado de bienes y servicios,  mayor poder en las relaciones intra empresa; y sobre todo logró mayor peso en la sociedad por medio de una organización sindical de masas, que a su vez la vinculaba estrechamente al aparato estatal.

    El «pacto» encarnado en el peronismo, tenía como sujeto activo a un aparato estatal autoerigido en árbitro de las relaciones entre capital y trabajo.[12] Ese Estado actúa con una acentuada autonomía relativa, que le permitía desligarse del nivel económico-corporativo de los intereses de la burguesía, para intentar una respuesta a los intereses estratégicos del conjunto de la clase.

    Como mediador frente a la clase obrera, se conformó una estructura sindical caracterizada por una menguada autonomía política y organizativa, a cambio de una amplia tutela económica y política por parte del estado. Desde entonces nació y creció una burocracia sindical que, con matices, conservó su rol de mediación a lo largo de las cuatro décadas siguientes. La subordinación del movimiento obrero no fue producto de la casualidad, sino de un proceso de construcción de un proyecto político, de su instalación profunda en la clase.

    Esta situación prolongada de subordinación del movimiento obrero ha generado un “sentido común” de sindicalismo cuyas características distintivas son: fuerte legalismo (confianza, esperanzas en que la justicia les de la razón en los conflictos de clase), estatismo (las soluciones se piensan por intervención del estado en la economía o frente a las injusticias), delegación de soberanía (los trabajadores confían en sus dirigentes para el reclamo, la negociación o aún la lucha) con el consiguiente caudillismo de muchos de sus dirigentes (aún de los combativos y honestos) y sobre todo la idea de que el sindicato está para negociar con la patronal y conseguir algo.

    Es este sentido común, modelado en los largos años de vigencia del modelo sindical hoy en crisis, el que hoy se ve reemplazado por un nuevo sentido común, tan o más reaccionario que el anteriormente vigente, que se basa en el individualismo y el consumismo como parámetros generales para todas las acciones sociales y que es absolutamente funcional al nuevo rol gerencial de la burocracia y su propósito de convertir el sindicato en una empresa proveedora de servicios a sus asociados/clientes.

    En los hechos las primeras normas de regulación de la vida sindical corresponden a este periodo: decreto 23.852/45 y la ley 12.910/45 que reconocen el derecho a organizarce, a actuar en política, a defender sus intereses profesionales y propiciaba la unidad sindical y el fortalecimiento financiero de las organizaciones reconocidas.

    Claro que por un procedimiento que negaba buena parte de la historia anterior:

    *     Sería el Estado quien resolvería la legalidad de uno u otro sindicato (supuestamente tomando en cuenta el número de afiliados) en caso de disputa, y al decretar que solo los reconocidos legalmente podían participar en las negociaciones sobre cuestiones laborales, presionaba violentamente por el sindicato único. Entre 1936/40 se firmaron 46 convenios colectivos de trabajo, en 1944/45 se firman 726 y entre 1946/51 lo hacen con 1.330 sindicatos.  Estas cifras ayudan a explicar el “triunfo aplastante” del nuevo modelo sindical sobre un sindicalismo clasista que no acierta a encontrar como defender sus posiciones y que termina capitulando ante el avance de Perón disolviendo los sindicatos que dirigía en un gesto que solo contribuyó a consolidar la perdida de autonomía para los trabajadores que perdieron así una referencia clasista más allá del debilitamiento numérico que sufrían.

    *     Obliga al patrón a ser de agente de retención de la cuota sindical con lo que masifica su cobro, pero colocando los fondos de la organización bajo administración de aquellos que supuestamente se debía enfrentar.  Al aceptarse esto, se sepultaba profundamente aquello de luchar por una sociedad sin explotadores ni explotados aun cuando -contradictoriamente- el sindicalismo va a tener un crecimiento cuantitativo espectacular.

    Además, para acentuar lo contradictorio del momento, como parte de las “conquistas” se abre paso una estructura sindical que llega hasta lo profundo de las empresas dando nacimiento a lo que algunos investigadores denominan la “anomalía argentina”: el sistema de delegados por sección (uno cada 50 trabajadores o fracción) que todavía la burguesía pretende terminar de desmontar, y que fuera históricamente el objeto de sus campañas represivas dado que por estar más alejado de las direcciones burocráticas era el estamento más permeable a las inquietudes y exigencias de las bases, recíprocamente era la extensión de la burocracia al interior profundo de la clase y también un mecanismo de corrupción y clientelismo generalizado.

    Aquí si que vale lo que decíamos sobre el pensamiento de Gramsci acerca de los sindicatos[13].  En determinadas experiencias puntuales (automotrices de Córdoba o Acindar en los principios de los ‘70, la huelga ferroviaria del ´90, etc.) los cuerpos de delegados se transformaron en mecanismo de organización y poder sindical alternativo al institucional, pero también hay que decir que funcionaban como sistema de distribución preferencial de plazas de turismo, créditos inmobiliarios u otros beneficios sindicales.

    e) Etapa de disputa por la hegemonía en el movimiento obrero. La ubicamos entre 1955 y 1975, o dicho de otro modo entre la Resistencia Peronista y el inicio del genocidio producido por el terrorismo de Estado, por cierto que con plena adhesión y protagonismo de las patotas del la burocracia sindical ya que, entre otras muchas cosas, el golpe de estado del 24 de marzo vino a saldar la disputa entre la burocracia sindical y el amplio bloque de fuerzas que se le oponían.

    Desde la perspectiva de este trabajo solo vamos a resaltar algunas cuestiones.

    *     Que la burocracia sindical asimiló rápidamente y sin traumas la caída del gobierno que la había gestado y sostenido.  Con los gobiernos militares y civiles que le sucedieron se iba a repetir el tipo de relación de colaboración y pacto[14].  Incluso, va a ser un gobierno militar el que daría mayor protección legal al “negocio sindical” de la salud obrera con la sanción de la ley de Onganía sobre Obras Sociales como antes había sido un gobierno “democrático”, el de Frondizi (1958/62) el que sancionaría una Ley de Asociaciones Profesionales a medida de la burocracia sindical.  En rigor las Obras Sociales vienen de la época peronista y tuvieron legitimación con la Reforma de la Constitución de 1949 y alcanzaron una envergadura única en América Latina.  De los servicios de salud se pasó a una oferta hotelera propia, planes de vivienda, proveedurías y tiendas.  Con todo el desguace sufrido, todavía hoy el negocio de las Obras Sociales mueve cuatro mil millones de dólares anuales.

    *     Durante todo este periodo la burocracia va a jugar un juego recurrente: dividirse en “colaboracionistas” y “combativos” ante cada nueva instancia institucional, conteniendo a todo el mundo bajo la bandera de la “C.G.T. única” y la unida orgánica de la clase, consigna que lamentablemente repetía (como si fuese un asunto atemporal o fuera de la disputa de proyectos políticos) la izquierda marxista y peronista.

    *     b) que es también en este periodo que comienza a recuperarse y recrearse la autonomía obrera con las experiencias de mayor independencia de ese periodo: la C.G.T. de los Argentinos, el Cte. de Huelga de los trabajadores del Chocón, el sindicalismo combativo y clasista de Córdoba (Tosco, Salamanca y López), la UOM y la C.G.T. de Villa Constitución y por último la experiencia (fundamentalmente alrededor de 1975 y del Rodrigazo[15]) de las Coordinadoras Interfábriles por fuera de la estructura sindical “oficial” aunque no alejada de la institucionalidad de base: las comisiones internas y el cuerpo de delegados.

    Sin embargo, ninguna de las experiencias antiburocráticas del periodo llegan a proponer una nueva central obrera, por fuera de la C.G.T.; a lo sumo se proponían como un camino para su recuperación, para “expulsar los traidores”, etc.

    La idea de la central única, de la llamada unidad orgánica de la clase, había penetrado profundo en la cultura obrera argentina, incluso en la cultura de izquierda, lo que fue ampliamente aprovechado por la burocracia sindical para someter a todos a una institucionalidad creada desde el estado y modelada por su accionar de años.

    Desde las luchas hacia una nueva identidad

    Para entender la realidad de la clase obrera argentina no alcanza con un análisis minucioso de las estadísticas o de una formidable labor de encuestas que nos permitan conocer lo que opinan los trabajadores.  En el mejor de los casos eso nos permitiría sacar una fotografía de la clase, y para entenderla hay que verla en acción, luchando, como en una película.

    Al ocupar las rutas en Cutral Có, los “piqueteros” estaban realizando mucho más que un ejemplar acto de dignidad obrera,  estaban abriendo una nueva etapa en la lucha de resistencia contra la política del ajuste perpetuo que sufrimos desde hace 20 años y más.

    Esta nueva etapa[16] tiene algunos matices que merecen nuestra atención.

    Por un lado hay un principio de incorporación al combate del proletariado industrial de las empresas privadas del gran capital (Fíat, Atlántida, petroleros privados, etc.) que incorpora al escenario político de las grandes ciudades un sujeto, hasta ahora ausente (y que no pocos creían desaparecido), con una gran potencialidad de golpear donde le duele a la burguesía y de agrupar pueblo alrededor de su lucha.

    La lucha de los trabajadores de Fíat Córdoba en particular colocó en un lugar imprescindible el debate sobre la autonomía obrera y los límites de un modelo sindical del que veníamos anunciando su agotamiento, por lo menos para la lucha de los trabajadores, más allá de que pueda sobrevivir reciclado en un sindicalismo empresarial volcado a las ART, AFJP y las porciones de privatizaciones que les reservan.  La efímera existencia del Sitramf, y su transformación en UOM Ferreyra, ambas experiencias resistidas ferozmente por la transnacional de origen italiano[17], muestran que era cierto eso de que la verdadera puja es entre un sindicalismo de nuevo tipo, autónomo del gobierno, los patrones y la política burguesa, y los proyectos empresariales de mantener desorganizados, aislados, sometidos totalmente a sus trabajadores.

    La otra gran novedad de esta etapa es la irrupción en las rutas de los trabajadores desocupados, sus familiares y -particularmente- de sus hijos, jóvenes que nunca accedieron a un trabajo y que ven ante sí sólo el infierno de estos pueblos asesinados por el ajuste.  ¿Qué nos están diciendo estas luchas?

    *     Que se producen por afuera del  movimiento obrero y popular tradicional

    *     Que el sujeto social protagónico es característico del impacto social sobre la clase obrera del modelo: trabajadores industriales desocupados, jóvenes sin futuro, mujeres sostén de familia, etc.  Algo de esto anticipábamos cuando decíamos que no se podía seguir pensando a la clase obrera solo como la que tiene overoll y trabaja en fábricas.  La que esta peleando es la nueva clase obrera argentina.

    *     Se recupera la Asamblea General como dirección de la lucha.  Democracia de base que se acerca a poder popular en ocasiones.

    *     La lucha no está pensada desde la lógica “sindical” de presionar para negociar, sino que se pide lo que se necesita, y hay voluntad de conseguirlo a cualquier costo.  Esto crea enormes problemas a las “representaciones sindicales y políticas” del modelo o posibilistas

    La conciencia de clase se mantiene y “traslada” a los nuevos espacios sociales donde los despedidos de las empresas privatizadas o quebradas por el ajuste a que los obliga la apertura indiscriminada de la economía y el conjunto de las otras políticas de concentración y centralización capitalista, tienen que ir en busca de sustento para la supervivencia de ellos y sus familias.  Claro que la conciencia social que trasladan es la constituida en el período anterior de luchas y organización donde primaba un criterio sindicalista pactista y conciliatorio, pero que igual es casi subversivo al entrar en contacto con genocidios sociales como los que YPF realizó en Cutral Có o el Ingenio Ledesma en Villa Libertador Gral. San Martín

    No se puede dejar de mencionar el impacto social de formas no confrontativas de lucha, como la de la Carpa de Ctera o el reclamo por el esclarecimiento del caso Cabezas que muestran el valor de encarar un reclamo desde la perspectiva más amplia de la sociedad, y no desde lo estrictamente corporativo o “clasista” que estas luchas no cuestionan ni el modelo ni el sistema, sino que piden más “justicia en su aplicación” con lo que logran dos cosas: 1) contactar con el sentido común[18] en cuanto ideología dominante incorporada como “natural” en la vida cotidiana y 2) lograr el apoyo de los grandes medios (Clarín especialmente) que no solo lo reproducen, también inciden en su modelación; por todo ello logran más impacto en la sociedad que en el propio gremio docente que las “mira por T.V. aunque no se deben subestimar en su capacidad de desbloquear sectores muy amplios de la sociedad, sobre todo capas medias, ganadas por la indiferencia y la complicidad social.

    En conjunto, todas las formas de luchas que van caracterizando esta etapa creemos que nos permiten concluir que:

    *     La nueva etapa confirma que este modelo sindical está totalmente agotado, Las luchas ponen de manifiesto la crisis terminal de un sindicalismo modelado por y para el capitalismo distributivo

    *     Que la burocracia sindical -en todas sus variantes- es parte del bloque de poder y que sus peleas son por diferencias entre pares explotadores y

    *     Que no existe hoy un centro de dirección real de las luchas, que su ausencia es expresión y causa componente de la falta de alternativa verdadera.

    Pero hay otras visiones.  El flamante jefe de asesores laborales de la Alianza Frepaso UCR, el nombrado Julio Godio en un articulado publicado en Clarín del 27/7/97 se pregunta: “¿qué está pasando en el sindicalismo peronista?  ¿qué nuevo tipo de sindicalista está emergiendo?” y él mismo se contesta: “Está emergiendo en primer lugar un tipo de dirigente que asimila la necesidad de un cambio estratégico de fondo: mantener naturalmente su relación histórica con el peronismo pero con autonomía (esto expresan las huelgas generales de 1996, los argumentos cautelosos para apoyar a Duhalde, etc.); una creciente preocupación por instalar regulación estatal en el mercado de capitales de origen salarial, defensa de la negociación colectiva centralizada y articulada, búsqueda de formas de concertación social con participación popular (plebiscito  sobre los últimos decretos laborales)” para concluir su articulo exhortando a apoyarlos: “Hay que cooperar con el fortalecimiento de los sindicatos, porque su debilitamiento ahonda las diferencias de ingresos y las sociales”.

    Los hay también quienes nos convocan a “recuperar la C.G.T.” apoyando al M.T.A. en sus idas y venidas, de Duhalde al Frepaso y de ahí al acuerdo con Lorenzo Miguel.

    Son parte de los que se empeñan en ilusionarse con supuestos liderazgos de la resistencia, que no pueden legitimar ni siquiera cuando en su provincia estallan las rutas, y pretenden convertirse en la tercera pata entre la CTA y el MTA, acordando más con uno o con otro  según las circunstancias.

    Con palabras de un dirigente de la C.C.C.[19]: “Con respecto a la política del movimiento obrero nosotros somos partidarios de que se organice en una sola central obrera.  Tácticamente creemos que hoy hay que unir en una C.G.T. democrática, combativa, federal a todos los sectores opositores.  …..Nosotros entendemos que desde allí se debe promover la recuperación de las organizaciones sindicales que están en manos de traidores o colaboracionistas”

    Estamos absolutamente convencidos de que es imposible ya que sería como pensar en “poner al lado del pueblo” la Justicia o la red comunicacional.  Son partes del  sistema y no se los puede cambiar por dentro. El problema de la CGT y sus organizaciones es estructural: son gremios concebidos con una organización centralizada y jerárquica, orientada a acumular recursos de todo tipo para conseguir el apoyo del estado y poder negociar mejor los conflictos. Hoy esa capacidad de presión está agotada, en buena medida porque el propio estado les quita sus bases de sustentación (los margina de los convenios, les restringe el manejo de las obras sociales), y los sindicatos viran hacia la condición de empresas capitalistas que utilizan a sus trabajadores como mercado cautivo que explotan directamente, o como “cartera de clientes” que transfieren a empresas privadas.

    Están también las propuestas de la Corriente Primero de Mayo (ahora reducida a Patria Libre) y de las diversas organizaciones de origen troskista que con la descalificación de todo lo existente ponen un signo de igualdad entre la C.G.T., el M.T.A. y la C.T.A.. con lo que pareciera que habría que construir una central que nuclee solo a los “puros”  suponiendo que hubiera premisas para que la existencia de una central obrera de izquierda que coexistiera con centrales católicas y socialdemócratas, al modo europeo.

    Creemos que esto es inviable en la Argentina de hoy.  La izquierda está en una situación inicial de recuperación que conlleva una tremenda debilidad de inserción entre los trabajadores y aún en las luchas.    En realidad, la construcción de una corriente sindical de izquierda dentro del CTA es mucho más viable, en primera instancia, que la de una central de izquierda, además de que puede coincidir con la conformación de una nueva identidad política de los trabajadores, proceso forzosamente prolongado, contradictorio y de fuente plural.

    La unidad de los revolucionarios, mandato guevarista que todos asumimos como un compromiso ético  y una necesidad de imperiosa urgencia puede tener un ámbito de materialización en la lucha común por conquistar la autonomía de la clase obrera en una central verdaderamente alternativa.

    Esto nos lleva a un concepto sobre el que venimos insistiendo: la independencia no se declama ni se pide, se construye.  Se construye con inserción de la propuesta política entre los trabajadores, con la conquista de posiciones en las estructura de base existente de los trabajadores: delegados, cuerpos de delegados, comisiones internas y sindicatos locales o creando nuevas como hacen los piqueteros y los desocupados.

    La cuestión es que perspectivas le damos a estas construcciones.  Vincularlas al C.T.A. es un modo concreto de vincularlas a la construcción de la central alternativa, en el punto que está hoy la  construcción de esa propuesta.

    No se trata de hermosear a la C.T.A., ni de disimular las diferencias políticas que tenemos con la corriente que hoy es mayoría, se trata de no rendirnos a la correlación de fuerzas y de proponernos acumular dentro de la C.T.A. para nuestras posiciones.     La CTA acaba de ser reconocida legalmente como central nacional de los trabajadores.  Es una conquista que logramos todos los sectores que en la Argentina apoyamos esta exigencia, que es un cuestionamiento concreto al modelo de CGT única vertical y subordinada al estado.

    Pero también es una conquista de la solidaridad internacional que se mostró generosa y firme en el reclamo.  es, en realidad, una de las primeras conquistas de esta solidaridad internacional de los trabajadores que busca caminos de coordinación, como ocurrió recientemente, en agosto, en el Encuentro Internacional sindical frente al neoliberalismo” realizado en La Habana.

    La estrategia del Movimiento Político Sindical Liberación

    Si una dimensión de la lucha por la autonomía obrera pasa hoy por impedir que subordinen la C.T.A. a un proyecto gatopardista como el que encarna la Alianza Frepaso/U.C.R., la otra dimensión es disputarle a la C.G.T. y sus federaciones y sindicatos de base la organización y representación sindical de los trabajadores, teniendo en cuenta que 3 de cada cuatro de los trabajadores argentinos (7,5 millones sobre unos 10 millones de población económicamente activa, en cifras redondas) está fuera de cualquier sindicato y su encuadramiento sindical es la gran tarea de este fin de siglo.

    Una mirada sobre la historia del movimiento obrero argentino nos dice que la clase no pudo conquistar el rol de hegemonía necesario para lograr imponer una salida popular y antiimperialista a la crisis que viene soportando el país por la falta de autonomía.

    Un gran camino para la transformación del movimiento obrero, que ha empezado a realizarse en forma muy gradual, pero quizás en un futuro cercano se vuelva generalizado, es la “paralelización” de las organizaciones sindicales burocráticas. Uno de los efectos de la elevación de la “unidad sindical” a principio inamovible, aceptado acríticamente, ha sido la inhibición de crear sindicatos paralelos, haciendo primar las tesis de “recuperación” de las organizaciones burocratizadas, aunque esto se haya revelado por la experiencia virtualmente imposible. Parte de la fuerza y la capacidad de supervivencia de estas mismas organizaciones, se ha extraído, nos parece, de la obstinada disposición de las oposiciones combativas a estrellarse una y mil veces contra el muro de la disputa electoral por la conducción de los sindicatos, pese a no existir mínimas condiciones para disputar el triunfo.

    El problema de fondo, por cierto, es si se lucha por el control de una estructura, o se busca la forma de constituir formas de organización obrera auténticamente independiente, que pueda aspirar a convertirse en mayoritaria, o al menos, a agrupar a un conjunto importante de trabajadores, aunque no consiga personería gremial. No hay que perder de vista, por lo demás, que la figura de la “personería gremial” no es otra cosas que un instrumento del poder estatal para otorgar el monopolio de la representación obrera de un sector, que eventualmente puede ser utilizada para quitársela a quiénes se aparten del modelo sindical predominante. El grado de desprestigio de la diligencia sindical tiene dos caras para el sindicalismo alternativo: a) Los hace vulnerables frente a las masas de afiliados. b) Extiende el descreimiento hacia el “sindicalismo” sin distinción alguna.

    Se trata de profundizar esa vulnerabilidad, al mismo tiempo que se genera la idea de que es posible “otro” sindicalismo, distinto desde la raíz al existente en las últimas décadas, tanto en la realidad de las estructuras como en la subjetividad de los trabajadores. En la medida en que el CTA crezca y se prestigie, habrá condiciones más favorables para “instalar” el CTA en cada gremio, planteando la afiliación a esa central y eventualmente, la constitución de un nuevo sindicato combativo.

    Ya lo había planteado la C.G.T. de los Argentinos hace casi tres décadas: “Si las organizaciones sindicales se limitan a cuidar su personería, sus fondos y el sillón de sus directivos, pero son impotentes para pelear, no digamos ya por la liberación nacional sino siquiera por el salario de sus afiliados, habrá llegado el momento de crear junto a cada una de esas estructuras caducas, otra estructura viva  y combatiente, aunque no tenga personería ni permiso oficial…” (periódico C.G.T. nº 35 del 29/12/1968).

    En los próximos años, la labor del Movimiento Político Sindical de Liberación debería concentrarse concretamente en las siguientes tareas:

    a)  Allí donde aún sea posible, dar la batalla para incorporar los sindicatos existentes a la C.T.A. con el doble propósito de garantizar la autonomía política para los trabajadores del sindicato liberado de la tutela cegetista y de aportar a consolidar las posiciones de quienes defienden consecuentemente el rumbo de la C.T.A. hacia una verdadera Central Alternativa de los trabajadores

    b) Propiciar la formación de sindicatos paralelos a los conducidos por la burocracia que se propongan agrupar, organizar y representar a todos los trabajadores del ámbito de actuación del sindicato de la burocracia (no solo a los estables con recibo de sueldo legal) y garantizar la democracia sindical, la confrontación con la patronal y el compromiso con la construcción de un bloque popular alternativo.

    c) Impulsar nuevas formas de organización entre los trabajadores desocupados, temporales, en negro, cuentapropistas, etc.  Posiblemente, muchas de estas nuevas formas organizativas deberán tener una base organizacional territorial y junto con los problemas vinculados al trabajo, deberán abordar la temática de la vivienda, la salud, la educación y demás derechos humanos indispensables para una vida digna.

    d)  Coherente con el objetivo anterior, desarrollar una estructura de C.T.A. a nivel territorial que aborde la lucha por todas las formas de organización y disputa anteriores.

    Claro está que esta labor organizativa debe estar precedida por un enfoque político de autonomía y defensa de los derechos obreros, lo que justifica y exige una política de unidad de la izquierda en lucha por esta política, y la construcción del Movimiento Político sindical “Liberación”  como una fuerza de masas y de cuadros, portador de esta propuesta clasista para el movimiento obrero.  A poco de más de un año de su Congreso, el MPSL es hoy una realidad como fuerza nacional de la C.T.A., pero todavía hay una enorme distancia entre los objetivos que nos proponemos y la fuerza organizada que tenemos en la base misma de la clase que pretendemos organizar y representar.

    El movimiento obrero y el nuevo escenario político

    La lógica electoral va prevaleciendo en el discurso y el accionar del gobierno.  De repente descubre que tenía tareas pendientes -para las que se proponen como los únicos en condiciones de cumplirlas- en el plano de la desocupación y la atención de la salud, la vivienda y la educación popular.  De ahí surgen, como de la galera de un mago, promesas salariales para los maestros y jubilados, planes de vivienda y otras obras públicas prometidas cíclicamente cada vez que una urna asoma en el horizonte.

    Esa misma lógica es la que ha llevado a un pantano las negociaciones con la C.G.T. y la gran patronal Igual que en julio de  1994, la C.G.T. había vuelto a firmar un acuerdo marco para la “flexibilización laboral”.  Es bueno recordar que desde 1989 el gobierno no ha cesado de aprobar decretos e impulsar leyes que han traído el efecto opuesto al declarado como objetivo:  han traído más desempleo y más precarización del trabajo.

    Cada uno de estos atropellos legales ha contado con la anuencia de una burocracia sindical  que solo ha intentado defender sus derechos corporativos a manejar los fondos de las obras sociales de los trabajadores y a negociar con las grandes patronales en nombre de  ellos.  Como hizo el Smata con la Fíat de Córdoba para liquidar sus conquistas y reducir sus salarios.

    Después de 8 años de flexibilización laboral y de todos estos decretos y leyes hay 2 millones de desocupados, un millón seiscientos mil subocupados, 2 millones y medio de trabajadores en negro, 290 mil bajo contrato temporal y de los casi 3,5 millones de trabajadores por su cuenta solo 900 mil están en condiciones de aportar a la caja de autónomos.  Doscientos mil niños trabajan y la pobreza estructural y temporal crecen sin cesar aún en el Gran Buenos Aires.

    Y quieren seguir flexibilizando. El acuerdo firmado tenía para Menem el atractivo de sumar a sus campañas a un aparato que aún desprestigiado es todavía fuerte económicamente y cuenta entre sus organizaciones a la mayoría de los trabajadores sindicalizados. Para la CGT la ilusión de perpetuar su poder.  Las organizaciones patronales (que no son electas por nadie pero mandan en el ejecutivo y en el legislativo) se niegan a avalar este acuerdo porque aún pretenden más: arrasar con todo lo que queda para hacer de la Argentina una nueva Malasia u otro Taiwan.

    El gobierno que se debate entre sus obligaciones “carnales” y la necesidades cosméticas que le impone la cercanía de las elecciones, prefirió patear la pelota para adelante y mantener alrededor suyo la alianza contra natura de la C.G.T. y el grupo de los Ocho confiado en que las posibles modificaciones en el Poder Legislativo no ponen en peligro ni las transformaciones ya efectuadas ni los próximos pasos del ajuste como Machinea y los principales jefes de la Alianza han jurado en la intimidad de los salones del poder y anunciado públicamente desde su “hábitat natural”: los estudios de radio y televisión.

    La tranquilidad del stablishment ante la crecida de la Alianza en las encuestas y esta misma postergación revela sobre la verdadera naturaleza de la Alianza más que mil discursos electorales del gobierno o de la “oposición”.  Deberían reflexionar sobre este hecho evidente aquellos que insisten en que el triunfo aliancista abriría una nueva etapa para el movimiento obrero y popular

    La desaparición de los jerarcas sindicales de las listas del Partido Justicialista es una prueba más de su declinación como fuente de poder política[20].  El tibio compromiso de los sindicatos con las elecciones de Octubre y la baja tasa de sindicalización priva al oficialismo de un voto cautivo que expresaba la subordinación histórica de la C.G.T. y lo fundamental del sindicalismo argentino a un proyecto político, que en épocas más brillante, no superaba el marco del desarrollo burgués para la nación.  .

    La cuestión de la autonomía política de la clase obrera se ha colocado entonces en un nuevo escenario de disputa donde el crecimiento de la C.T.A. en marcha hacia las elecciones del 30 de setiembre cobra un gran significado y es, también, objeto de disputa entre los diversos proyectos político/sindicales existentes en su seno.

    No desconocemos que hay un sector que se empeña en poner la C.T.A. al servicio directo de la gran maniobra gatopardista puesta en marcha hacia el ‘99.

    No es nuevo, son los mismos que votaron a Alfonsín contra los militares, a Menem contra Alfonsín y ya probaron con Bordón contra Menem.    Abrumados por la temprana explicitación del proyecto del ‘99 han construido un discurso más complejo donde se valora a la resistencia como la madre de todos los cambios y ya no se promete el cielo por las urnas, sino solamente el comenzar a conquistarlo.

    Ese mismo sector es el que imagina a la C.T.A. como el componente sindical de la gran concertación antimenemista en un nuevo intento por poner una vez más a la clase a la cola de proyectos burgueses de desarrollo aunque sean con más gasto social y menos corrupción.

    Los numerosos y variados sectores y corrientes sindicales y sociales que se están incorporando en estos días a la C.T.A. lo hacen en la búsqueda de caminos de superación a un sindicalismo que hizo del Pacto Social y el apoyo a fracciones del empresariado y el ejercito una forma de hacer política que nos acercó a la tragedia que hoy vivimos. Nadie quiere más de lo mismo.  La lucha de los piqueteros, de los trabajadores de la energía, de los docentes, de los jubilados, etc. están reclamando un nuevo impulso a los planes de lucha que instalen la verdadera agenda de problemas en el debate público.

    La  C.T.A. debería contribuir a debatir lugar por lugar el programa reivindicativo y un Plan de Lucha  que no puede tener el ´99 en su horizonte, sino la construcción de las condiciones de poder popular para poder imponerlas. Y ello no porque seamos indiferentes a las elecciones legislativas, por el contrario, votar el programa que los trabajadores defienden en cada una de las luchas es también una forma de conquistar la autonomía de los patrones, el Estado y los partidos del sistema.

    Un peligro que conlleva la ofensiva política por subordinar la C.T.A. y el conjunto del movimiento popular, a la estrategia gatopardista de la Alianza Frepaso Ucr, es la tentación de enfrentarla con el viejo recurso del apoliticismo sindical.  No se trata de negarnos al debate político, o aún  al debate sobre posicionamiento electoral.  Efectivamente, estos son temas que interesan a los trabajadores y que corresponden discutirlos.

    Se trata justamente de la autonomía, del gran tema de la autonomía.  De la independencia de los trabajadores del Estado, de los patrones y de los partidos políticos del sistema, pero no de la política.  En todo caso se trata de discutir qué tipo de política, y en eso seguimos las enseñanza de Agustín Tosco cuando decía que había dos, y solo dos, formas de entender el sindicalismo:  el de conciliación y adaptación al sistema, y el de liberación, comprometido con la constitución de un bloque popular capaz de transformar a las grandes mayorías oprimidas en sujeto del cambio revolucionario.

    Fortalecer la CTA con la perspectiva puesta en la autonomía obrera y una verdadera central alternativa. Agrupar la izquierda en su seno y seguir volcando fuerzas de izquierda para esta pelea. Agrupar izquierda para el día después de las elecciones. Debate plural para fortalecer el pensamiento revolucionario y proyectar el ideario guevarista al movimiento obrero y popular desde  el Seminario del Che.

    Tales son las formas que asume la pelea por la alternativa para quienes empieza aspiran a  mostrar la coherencia entre el discurso y las conductas como un capital político de enorme importancia.

    Buenos Aires,  17 de agosto de 1998


    [1] Federico Engels, carta del 22/10/1890 a Bloch en  Marx Engels. Obras Escogidas. Editorial Cartago.

    [2] vendedores ambulantes de mercaderías importadas de muy bajo precio que reciben de comercios especializados en el tema, siendo en la práctica, parte orgánica del sistema de comercialización de dichos productos importados, aunque sin capital propio, ni relación laboral  u organización sindical

    [3] Louis Viannet, diario “L ‘Humanite” del 30/11/95

    [4] en esta sección seguimos la línea argumental de Michel Lowy abordada en el articulo: “Carlos Marx, un siglo después” . pg. 34 de la revista El Rodaballo, Nº 1, noviembre de 1994

    [5] del  preámbulo a la edición de Tesis XI de 1991 de Ordine Nuovo escrito por Antonio Santucci, director del Centro de Estudios Gramscianos, del Instituto Gramsci de Roma

    [6] Hablar de lo que no se sabe

    [7] mayeutica:  método socrático para provocar el parto de la verdad en otra persona mediante preguntas adecuadas

    [8]consultor laboral de la O.I.T. ha pasado a ser uno de los principales asesores laborales de la Alianza Frepaso Ucr

    7 . Reforma o revolución.  Rosa Luxemburgo

    [10] Julio Godio, El movimiento obrero argentino (1943/1955). Hegemonía nacionalista laboralista.  Editorial Legasa. 1990

    [11] Peronismo, menemismo y clase obrera” trabajo editado por la Com. Nac. Sindical del P. C. (1997)

    [12] A partir del régimen de «personería gremial», que combina la centralización sindical, con las fuertes facultades de aprobación e intervención por el estado de las actividades sindicales. Se instrumentó un sistema de convenciones colectivas de trabajo, limitado a las asociaciones sindicales reconocidas, y sujeto a la «homologación» del estado.

    [13] apartado c: los sindicatos como instrumento de negatividad y de asimilación

    [14] en el sentido que le da Offe: “El acuerdo representaba por parte de los trabajadores la aceptación de la lógica de la rentabilidad y del mercado como principios rectores de la asignación de recursos, el intercambio de productos y de la localización industrial.  Offe,  1982

    [15] La lucha por voltear a Celestino Rodrigo, ministro de economía de Isabelita, y precursor de Martínez de Hoz y Cavallo, dio lugar a la última gran manifestación obrera del periodo.  A pesar de que fue convocada oficialmente por la C.G.T. -y particularmente por la fracción vandorista- en el episodio jugaron un gran papel las Comisiones Internas y las Coordinadoras Interfábriles

    [16] Creemos que los anteriores ciclos de lucha contra el menemismo se podrían clasificar esquemáticamente así: 1) de principios de 1990 hasta el fin de la gran huelga ferroviaria de 40 días en marzo de 1992; 2) desde el Riojanazo y el Santiagazo en diciembre de 1993 hasta fines de 1994 en que la derechización del Frente Grande le ponen límites al auge popular.

    [17] han despedido al núcleo principal de la comisión directiva del Sitramf y a su principal referente, el compañero Carlos Gallo

    [18] nos referimos a lo que Gramsci entendía como “sentido común”:  el conjunto de ideas y doctrinas, en su versión vulgarizada, que de un modo ecléctico se incorporan al imaginario colectivo modelando desde la ideología dominante sus acciones diarias, el modo de reaccionar ante los problemas e incluso de manifestar sus sentimientos

    [19] Darío Perillo, secretario de la filial Berazategui del Suteba , en Cuadernos del Sur, suplemento del Nº 22/23 de enero de 1997, pag. 5

    [20] Todavía en 1973 los burócratas sindicales acaparaban casi todas las vicegobernaciones y un buen bloque de legisladores


  • Nacido con el siglo en el interior profundo de Entre Ríos, crecido y criado como un trabajador rural, el joven José Peter que un día de 1923 abordaba el tren en la estación Lazo con rumbo a Zarate, estaba -sin saberlo- recorriendo con su vida el complejo camino por el que hubo que transitar el gauchaje, aquellos peones de estancia, de los arreos, las graserías y los saladeros poseedores de un saber artesanal, habituados a labores manuales e individual que llegaron, mediante sucesivas especializaciones, a operar los modernos frigoríficos imperialistas de la época.

    Ricardo Ortiz sostiene que el proletariado de los frigoríficos es el único que surge como transformación directa del antiguo artesano.  Es, sin discusión, el componente más autóctono de la clase obrera argentina, y José Peter llegó a ser el más prestigioso y popular de sus lideres.  El Coronel Domingo Mercante así lo reconoce: “Una simple revista de las adhesiones de los obreros de aquella época basta para demostrar que los dirigentes con mayor prestigio en el mundo sindical de 1943 eran el comunista José Peter de los trabajadores de la carne y Angel Borlenghi, el emir socialista de los empleados de comercio[1]

    José Peter empezó a trabajar en la cámara frío de uno de los más grandes frigoríficos de la época, el Anglo de Zarate, en el año 1923.  Pasaría luego a la sección Playa de Lanares y sería en 1927 que debutaría en la lucha social y política.

    Conmovidos por el juicio a los anarquistas Sacco y Vanzetti (ejecutados en EE.UU. el 23/8/27) un grupo de trabajadores del Frigorífico se aproximan al Sindicato de Oficios Varios de Zarate para contribuir al éxito de la convocatoria al Paro Nacional del 10 de agosto contra el crimen en preparación.

    Al frente del sindicato había un hombre con una historia muy parecida a la de Peter, con el que se entienden muy bien y preparan meticulosamente el éxito del paro de los 4.000 trabajadores.  Piquetes, detección de carneros y delatores, agitación. Coraje y disciplina serían el secreto de esa primera victoria.

    Durante los próximos cinco años, José Peter y Geronimo Arnedo Alvarez (quién llegaría a ser secretario general del Partido Comunista por décadas) recorrerían frigorífico por frigorífico, rancho por rancho, conventillo por conventillo hasta poner en pie la mítica Federación Obrera de la Industria de la Carne.

    Luego del éxito del paro del 10 de agosto, el grupo de Peter revive una biblioteca popular, “Brazo y cerebro”, y un club de barrio, “Alba Roja”, donde se contactan con centenares de hombres y mujeres a los que van incorporando al nuevo mundo de la lucha de clases y la política.

    Por esos años se produce la transformación de los viejos frigoríficos en verdaderas fábricas de carne.  El Swift adopta el método taylorista de producción en serie y crea el “Standard”: ritmos infernales y automatización para faenar más y más animales.  El primero en ponerlo en práctica es el Swift de Berizzo y allí va Peter a trabajar a finales del ‘27.  En el ‘29 lo sigue Arnedo Alvarez y ya en el ‘30 fundan la FOIC con base en Avellaneda, Berizzo y Zarate pero el golpe de setiembre del ‘30 los llevará a ambos a la cárcel de Ushuaia y obligará a la clandestinidad a los grupos de base de la FOIC.

    Ese mismo año se logra que los trabajadores del River Plate de Zarate (ex Anglo) paren y tomen la planta en reclamo del pago de 4 quincenas atrasadas.  En plena dictadura se obtiene la primera victoria.

    Los grupos de la FOIC se animan y en mayo de 1932, una asamblea de 200 delegados de frigoríficos y secciones, reunidos en la más absoluta clandestinidad, aprueban un Pliego de condiciones (basta de standard, igual salario para las mujeres y jóvenes, aumento salarial, etc.) que se decide entregar a las autoridades de la Anglo de Avellaneda a las 8.00 hs. del día 20 de mayo con pedido de respuesta en….. ¡cinco minutos!.

    A las 8.15 los 4000 obreros interrumpen su trabajo y realizan la primera asamblea pública en el patio de la fábrica violando y superando el estado de sitio, la ley marcial y la ley  de residencias 4144.

    No les fue fácil a las comisiones respectivas llegar hasta la gerencia para hacer entrega del pliego y a la sala de maquinas donde tenían por cometido hacer sonar el pito como señal de la huelga.  La primera pudo entregar el pliego abriéndose paso corajudamente con chairas y cuchillos por entre quienes pretendieron obstaculizárselo.  La segunda no pudo cumplir su misión por haber cortado los serenos las soga de la sala de máquina y obstruido la corriente de vapor que accionaba el pito.  Pero este último inconveniente fue subsanado a grito y pulmón: un estruendoso grito de HUELGA !!! surgió desde todas las secciones e impartió la consigna

    A los del “Anglo” se le suman rápidamente los de “La Blanca” y, una semana más tarde, los del Wilson.  Los trabajadores de los talleres metalúrgicos Vasena, víctimas de la masacre de 1919 que precipitó  la Semana Trágica, salen a la huelga en solidaridad con la FOIC.

    La respuesta de la patronal y del gobierno es brutal.  En un solo operativo, 400 trabajadores son detenidos en la Isla Maciel.  En el Swift se detectan 200 hombres armados al servicio de la patronal infiltrados en la planta.  Al salir de una reunión en la Boca, son detenidos la mayoría de los miembros del Cte. de Huelga.   Los que se salvan, convocan a una nueva asamblea general de trabajadores. “Esta asamblea se llevó a cabo los primeros días de junio en el cine Select de Avellaneda.  Tuvo momentos de indescriptible y honda emoción; ahí estaban los trabajadores que se habían destacado por su disciplina, por su inteligencia, por su espíritu de sacrificio y por su combatividad…éstos ya figuraban en las “listas negras”.  No volverían más a los frigoríficos, no estarían más al lado de sus compañeros”.

    Muchos de ellos irían a construir nuevas organizaciones sindicales entre los trabajadores metalúrgicos, textiles o de la construcción.  Uno de ellos, Angel Ortelli, sería secretario del sindicato de Albañiles de la Capital.

    Peter y la dirección del partido sacan la conclusión de que fue el aislamiento la causa de la derrota.  Y ponen manos a la obra.  En 1937 se funda la Federación de Obreros de la Alimentación con 4 sindicatos.  En el II Congreso, en 1942, ya son 44.  Entre otros méritos la FOA cuenta en su haber con haber fundado la histórica FOTIA (obreros del azúcar del Tucumán).  Peter recorre los ingenios azucareros del Tucumán, los yerbatales de Misiones y  todo sitio donde pueda convocar a la lucha y la organización, pero a solo dos días del golpe del 4 de junio de 1943 es detenido nuevamente y encerrado en el Sur.

    La FOIC resiste y llama a luchar por la libertad de sus dirigentes.  Esta vez la punta la hacen los trabajadores del frigorífico “La Negra” y la huelga se extiende.

    La huelga de los trabajadores de la carne resultaba una carga muy pesada –reconocía  el Coronel Mercante años después- Entonces Perón tomó la decisión de hacer llamar a Peter al Ministerio de Guerra.  Yo lo entreviste ni bien lo trajo de Neuquen.  En otro despacho aguardaban media docena de dirigentes que prometían levantar la huelga siempre que se liberara a Peter y se concediera un aumento de cinco centavos por hora en los salarios de los frigoríficos.”

    Peter exigió que el acuerdo fuera autorizado por una asamblea general de los trabajadores.  El 3 de octubre de 1943, seis mil de ellos en el estadio Dock Sud y más de veinte mil en asambleas de planta acceden al acuerdo.

    Pocos días después, el Gral. Perón convoca a Peter a la Casa de Gobierno.  Allí lo recibe el Gral. Verdaguer que descaradamente intenta “comprarlo” para el proyecto estatal de “un nuevo movimiento sindical”. Peter le habla de los presos políticos y de la reforma agraria, compromete apoyo a toda política que ataque a fondo los dramas nacionales.  Al salir, “tuvimos la certeza de que nuestro planteamiento habíale causado la peor de las impresiones; sabíamos que desde ese mismo momento que las cosas se pondrían muy serias y que seríamos víctimas de nuestra propia “osadía” al haber contrapuesto un plan de soluciones nacionales al plan del gobierno de comprarnos por un puñado de sucios pesos” recuerda Peter.

    La patronal y el gobierno desconocen el acuerdo y pasan a la ofensiva. El 21 de octubre (solo 18 días después de la asamblea de Dock Sud), la policía allana los locales de la FOIC, detiene a los compañeros, secuestra y remata los bienes.  Los compañeros Montalván del Anglo de Avellaneda y Barrientos de Berisso son asesinados impunemente.

    El sindicato vuelve a la ilegalidad profunda y José Peter a la cárcel.

    Esta vez como un N.N., el Nº 1 de la celda 11 de la Sección Especial. Un año sin visitas ni nombre en la lista de presos.  Durante ese año los diarios propalan la noticia de que está en Suiza con el dinero robado a la FOIC.  En 1945 lo deportan a Montevideo y en agosto consigue regresar al país.  Pero ya es otro país.

    Explotando la ilegalidad de la FOIC y la prisión de los dirigentes, con todo el apoyo patronal, han surgido una serie de sindicatos autónomos reconocidos por la nueva Secretaría de Trabajo y Previsión en una estrategia política que no solo se apoya en la represión, también aprovecha hábilmente los límites y errores de los comunistas en el período referidos a la constitución de la Unión Democrática, la actitud hacia las empresas de las potencias aliadas a la Unión Soviética en la II Guerra Mundial, la propia actitud hacia el viraje de Perón hacia el populismo y el laborismo, etc. [2]

    La dirección del partido resuelve que los militantes comunistas propongan disolver los sindicatos clasistas con el argumento de “impedir la división de la clase” en una decisión –en mi opinión– errónea que agrava los errores anteriores, pero que requiere de una investigación y debate más profundo, al que nos debemos.

    La FOIC aprueba la propuesta de José Peter y los comunistas.  El 12 de mayo de 1946, el histórico cine Select de Avellaneda será triste testigo de la Asamblea de delegados que aprueban la medida de disolver la FOIC.

    Diez y seis años de heroicos esfuerzos y luchas imborrables de la memoria de la clase han quedado atrás.

    Se abría una nueva pagina de la historia del movimiento obrero que todavía (cincuenta y dos años después) no alcanzamos a cerrar.

    En la batalla por recuperar identidad y proyecto de clase para los trabajadores, desde el Movimiento Político Sindical de Liberación actuando en la C.T.A., la vida y la lucha de José Peter son bandera y señal de identidad para una fuerza que pretende volver a hacer lo mismo que aquellos jóvenes proletarios de Zarate hicieron cuando se enteraron del juicio a Sacco y a Vanzetti: convocar a la rebeldía, organizar la bronca y soñar con la victoria.

    José Ernesto Schulman

    agosto de 1998


    [1] Esta, como las restantes citas, corresponden al libro autobiográfico de José Peter, Crónicas Proletarias, De. Esfera, Buenos Aires, 1968.

    [2] para ampliar el tema puede verse “Peronismo, menemismo y clase obrera”, trabajo colectivo editado por la Comisión Sindical del Partido Comunista en enero de 1997.