• La posición de la célula de los ferroviarios del FF.CC. Sud ante el XI Congreso del Partido Comunista.

    Uno.  Objetivos del trabajo

    Parece increíble, pero el semanario comunista  “La Hora” del 24 de octubre de 1945 refiere a los sucesos del 17 de octubre como una movilización policial que “arrastró” sectores obreros confundidos[1].

    Es más que una anécdota, refleja una actitud ante la realidad que revela una de las claves de la tragedia de toda una generación de abnegados revolucionarios capaces de soportar las persecusiones, la tortura y el crimen; pero incapaces de ver lo que el dogma no prescribía.

    La “historia oficial” del Partido Comunista, la escrita en el “Esbozo de Historia del Partido Comunista” de 1948[2] y la actualización que Oscar Arévalo escribió en 1984[3], explican el surgimiento del peronismo como un “fenómeno social”, casi como un desvío de la historia, cual una enorme confusión -seguramente pasajera- en que cayeron los obreros, recién llegados a las grandes ciudades e impedidos de encontrarse con “su” partido de clase por la férrea represión que sus militantes recibían en castigo a su compromiso clasista.

    En este trabajo, sobre la base del análisis de los documentos elaborados en 1946 por la célula de ferroviarios del FF.CC. Sud para el debate del XI Congreso partidario, del informe de la comisión de disciplina que fundamenta su expulsión y el testimonio de algunos militantes comunistas de aquellos años, trataremos de demostrar que el mito, que aún perdura parcialmente en la cultura de izquierda, de que los comunistas perdieron las posiciones alcanzadas en la clase obrera por defender una política revolucionaria y de clase es falso y que más bien se trata de todo lo contrario: las posiciones que se conquistaron en los primeros años de la década del ’30 gracias al heroico papel jugado por los comunistas en la huelga de los petroleros de Comodoro Rivadavia, de los trabajadores de la carne de Zarate y de Berisso, de los obreros de la construcción, de la madera y otros, se perdieron –en primer lugar-  por una política que privilegiaba el apoyo a la coalición mundial de países enfrentados al Eje Berlín/Roma/Tokio por encima de la defensa de los derechos obreros y populares.

    Y es más, que la combinación de represión y maniobras de captación de dirigentes sindicales y políticos provenientes del sindicalismo y la izquierda –elementos constituyentes pero de ningún modo principales, y mucho menos únicos, de la construcción del proyecto político de Perón- fueron facilitadas por el deterioro del enfoque de clase y la perspectiva revolucionaria que se instaló en el Partido Comunista junto con la estrategia de Frente Democrático Nacional.

    Era, en última instancia, la consecuencia mediata de los debates que en 1929 habían enfrentado la dirección del Partido Comunista Argentino con José Carlos Mariátegui sobre el carácter de la revolución latinoamericana[4] y que habían originado la bifurcación de los senderos entre los partidarios de una estrategia etapista, que debía comenzar por la revolución democrática burguesa, y los partidarios –derrotados en aquellos debates- de luchar ya por la revolución socialista como tarea práctica de los pueblos americanos.

    Dos. Los debates y las conductas

    Para los comunistas, el triunfo de la formula Perón/Quijano en las elecciones del 24 de febrero de 1946 resultó un fuerte golpe a la credibilidad en una serie de mitos con que se había construido la identidad partidaria: el de la infalibilidad de las direcciones,  el del carácter intrínsecamente revolucionario de la clase obrera, el del progreso ininterrumpido de la historia hacia su destino socialista, etc.[5]

    Inmediatamente de producido el sorpresivo resultado (por lo menos para buena parte de la dirección y la militancia comunista[6]), los días 11 y 12 de marzo de 1946 se realiza una reunión ampliada del Comité Ejecutivo que elabora un guión de debate para orientar la discusión en las células[7]; el 4 de mayo de 1946 en un encuentro masivo con la militancia Victorio Codovilla  resume  los debates y presenta las tesis con que se convoca el XI Congreso partidario para el mes de  agosto.

    Desde el principio la actitud de la dirección va a buscar corregir la táctica pero sin aceptar errores gruesos en la apreciación de los acontecimientos que llevaron al triunfo de Perón. Se buscaba explicar el cambio  (real) de los posicionamientos políticos como si éstos resultarán de los ocurridos en la situación nacional e internacional.  De este modo la estrategia y la conducción partidaria quedaban a salvo de los cuestionamientos.

    Una célula partidaria, la de los trabajadores del FF.CC. Sud con asiento en Constitución, elabora sus propios posicionamientos para el debate.  En el plenario del 4 de mayo son puestos como ejemplo por el informante central “por su sano espíritu constructivo”[8] pero poco después serán calificados como promotores de “una conspiración urdida por el enemigo contra nuestro partido” tendiente a introducir  la “ideología ajena al proletariado”[9], motivo por el cual serán expulsados luego del XI Congreso.

    ¿Cuál era el pecado de estos ferroviarios que proclaman una y otra vez su identidad comunista y manifestaban su acuerdo con la política propuesta para el nuevo momento por  el XI Congreso comunista?

    Explicando su decisión de debatir cueste lo que cueste, escribirán en enero de 1947 que  “no queríamos, ni queremos que únicamente de manera formal se tomen resoluciones y que por debajo de las conclusiones justas del XI Congreso prevalezcan las viejas deformaciones de la línea comunista”[10] e inician un proceso de debates en busca de las causas más profundas que habían arrastrado al Partido al campo de los derrotados en la política argentina justo cuando los comunistas son los grandes vencedores en todo el mundo.  Como una de sus conclusiones principales proponen extirpar el browderismo[11] -que había llevado a posponer la defensa de los derechos obreros y populares en aras de la alianza antifascista-, y terminar con el autoritarismo interno que aplastaba el debate creador.

    Como diría la Comisión de Control que fundamentó su expulsión por “fraccionistas”: “Como Uds. ven el programa es vasto; ni tan modesto ni tan pequeño”[12]

    Y es que, acaso sin saberlo, estaban apuntando a dos de los puntos neurálgicos de la cultura política resultante de la hegemonía stalinista en el movimiento comunista internacional: el deterioro de la voluntad revolucionaria socialista y la aceptación de que un centro detenta la “verdad revelada” e impide cualquier crítica al grupo constituido en dirección.

    Tres. Las huellas del browderismo

    Los ferroviarios del FF.CC. Sud van a comenzar su primer documento con un enfoque polémico con los planteos oficiales: “lo fundamental, para nosotros, comunistas, reside en el hecho de que la mayoría de la clase obrera haya votado por Perón[13]; consideran que ello se vincula al abandono de la lucha reivindicativa y que hay que profundizar en las causas últimas de este abandono, cuestión que no consideran  casual, ni debida al cambio de las circunstancias internacionales sino a la influencia de un dirigente comunista norteamericano

    Earl Browder perteneció desde 1924 a los organismos dirigentes de la Internacional Comunista (miembro titular del Comité Ejecutivo y suplente del Presidium del Ejecutivo desde el VII Congreso de 1935) y predicaba para la posguerra una sociedad de convergencia e integración entre el capitalismo y el socialismo, y para ello la transformación de la política de unidad de los estados aliados antifascistas (una política justa de unidad de acción contra el enemigo principal, pero que era obviamente una iniciativa táctica, y por ello temporal) en una estrategia de carácter permanente.

    Así, para Browder los resultados de la Conferencia de Teherán implicaban que “por una parte, el sistema del bipartidismo ofrecía medios adecuados para el ejercicio de los derechos democráticos fundamentales” y en consecuencia el Partido Comunista de los EE.UU. (tal como existía) era un obstáculo para la unidad nacional y debía ser disuelto (como efectivamente ocurrió en mayo de 1944 por resolución de una Conferencia Nacional del partido que se auto transformó en la Asociación Política Comunista) y por otra parte “el capitalismo y el comunismo habían comenzado a marchar juntos hacia la colaboración pacífica del futuro”. [14]

    Earl Browder decía y ejecutaba lo que la Internacional Comunista insinuaba: “nuestra reunión de Crimea ha reafirmado nuestra determinación común de mantener y reforzar en la paz que va a venir, la unidad de visión y de acción que ha hecho posible y seguro el triunfo de las Naciones Unidas en esta guerra” [15]decía José Stalin por entonces en un ingenuo “fin de la historia”, tan iluso como el que cincuenta años después proclamara Fukuyama, pero que desnudaba el abandono de la estrategia leninista de la revolución mundial para la que fue convocada la Internacional Comunista en aras de un proyecto de desarrollo nacional ruso que podía convivir sin conflicto con el capitalismo, si éste le garantizaba la coexistencia pacífica y el comercio de mutuo beneficio.

    Para demostrar la presencia del browderismo en el pensamiento de los dirigentes partidarios los van a citar largamente.

    Arnedo Alvarez, secretario general del partido, en su informe al Comité Ejecutivo del 18/7/1944 decía: “Nosotros, comunistas, estamos dispuestos a no plantear ninguna demanda política o social que trabe o impida el desarrollo libre y progresista del capitalismo.  Por desarrollo progresista entendemos un desarrollo que impulse y vivifique los recursos naturales del país y que tome en consideración sus intereses y, en particular los de su población laboriosa, y estamos dispuestos –una vez abatida la dictadura pronazi- a cooperar en la solución ordenada de los conflictos entre el capital y el trabajo, sobre la base de discusiones y acuerdos amigables, llevados con un espíritu de consideración a los intereses de todos los factores progresistas que intervienen en la producción”.

    Y explicaba “Nosotros organizamos hoy huelgas, luchas, acciones de masas, para derribar a un gobierno antipopular y antinacional. Logrado este objetivo primordial aseguramos que todos los problemas que se planteen serán solucionados por medio de entendimientos mutuos y conforme a la legislación” y más adelante afirmará “…los comunistas no persiguen fin o propósitos diferentes de aquellos fines o propósitos que se proponen todas las fuerzas democráticas y progresistas del país…una vez concertado tal acuerdo, los comunistas ajustarán toda su actividad y conducta al logro de los objetivos establecidos en común”[16]

    Victorio Codovilla, por su parte, escribía desde su exilio en Chile: “para conseguir este objetivo (el de la unidad nacional antifascista, nota del autor) es preciso que, en lugar de intensificarse la lucha del proletariado y de las masas laboriosas de la población contra la burguesía, terratenientes y empresas extranjeras de cada país, se realice una política de entendimiento de todas las fuerzas progresistas con vistas al desarrollo de la industria, a la diversificación de la producción agrícola, al desarrollo armónico de la economía nacional, que conduzcan al aumento de la producción, en función de elevar el nivel de vida y mejorar las condiciones de trabajo de la clase obrera y del pueblo

    Para concluir que “La realización del plan de reorganización de la economía nacional y la participación del Partido Comunista en el gobierno de Unidad Nacional exige la colaboración franca y leal entre él y todos los sectores económicos y las fuerzas políticas que participen en el movimiento de Unidad Nacional y obliga a liquidar todo lo que tienda  a agudizar conflictos que puedan surgir en el seno del mismo y a realizar una colaboración constructiva.  Por consiguiente los conflictos de carácter económico y las desavenencias de carácter político pueden y deben resolverse a través del común acuerdo.  Las huelgas u otras formas de lucha violenta deberán ser la excepción y no la regla”.

    En el documento citado, Victorio Codovilla  argumenta que “para comprender el significado de la política de unión nacional como una política para todo un periodo histórico, es preciso comprender lo que significan la Carta del Atlántico, la Conferencia de Moscú y sobre todos los acuerdos de la Conferencia de Teherán………. La Conferencia de Teherán significa entonces que se han establecido las bases para la coexistencia pacifica y para la colaboración de los países de régimen socialista con los países de régimen capitalista….pero para que esa política de colaboración estatal entre los países capitalistas y  la URSS, con el fin de asegurar la paz, el progreso, el bienestar social y la elevación del nivel de vida cultural de todos los pueblos, pueda llevarse a cabo con éxito, es preciso que en el orden nacional, o sea en cada país, se forme el bloque de todas las fuerzas progresistas, es decir la unión nacional para luchar por los mismos objetivos….[17]

    Rodolfo Ghioldi en un articulo de mayo de 1944 en ocasión del XIV Congreso del Partido Comunista Uruguayo aprobaba entusiasta la disolución del partido norteamericano, así como el cambio de nombre realizado en Cuba (ya no comunista, sino Socialista Popular que es el nombre con que los comunistas llegaron hasta la misma revolución socialista) bajo la directa inspiración  de Browder: “En enero, el Partido Comunista de los EE.UU. resolvió proponer  a su Convención Nacional de Mayo el cambio de nombre por el de la Asociación Política Comunista Americana. Recogiendo lo nuevo de la situación nacional y mundial afirma  que “los acuerdos de Moscú, Teherán y El Cairo dan un programa para desterrar el espectro de las guerras civiles y de las guerras entre las naciones por varias generaciones….  Los comunistas norteamericanos no dejan de ser comunistas marxistas[18]

    El mismo Arnedo Alvarez reconoció en el XI Congreso partidario de agosto de 1946 que “La tesis del comité central  y lo expuesto en mi informe señalan que nuestra desviación fundamental consistió en el debilitamiento de la lucha por las reivindicaciones económicas de los obreros y trabajadores en general, determinado por el temor de perder aliados en el campo de los sectores burgueses progresistas” y  que “el debilitamiento de nuestras posiciones en el campo obrero no tiene, pues, su explicación única en la persecución tenaz de la reacción fascista[19], sino fundamentalmente en la aplicación de una política no siempre acertada que nos impidió influenciar y dirigir el movimiento obrero. Nuestro apartamiento de las principales organizaciones obreras y nuestra negativa a cotizar en ellas por el hecho de estar dirigidas por elementos colaboracionistas fueron errores sectario oportunistas que enfrentaron al partido con grandes sectores de la clase obrera que lo aislaron en gran parte de las masas”[20] dando un giro de 180º grados al discurso sostenido por años (consecuencia clasista por encima de todo), y sin demasiadas explicaciones sobre semejante cuestión.

    A pesar de todas las evidencias de la plena coincidencia entre Browder y los dirigentes comunistas argentinos, la Comisión de Control reacciona airadamente ante la acusación de browderistas que ha lanzado el documento de los ferroviarios.

    Después de todo lo escrito por los principales dirigentes, sin ninguna explicación por el cambio de posición, la Comisión de Control, a tono con los cambios que Stalin y la dirección del Estado Soviético habían impreso a su discurso y a su política exterior ante la evidencia de que lejos de la convergencia soñada con los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial se abría paso la Guerra Fría, califica al browderismo como “una corriente revisionista que surgió en los EE.UU. en los años de la segunda guerra mundial que tendía a ocultar el papel agresivo del imperialismo yanqui, que suponía que la colaboración de los tres grandes, para la paz, dependía mejor de la buena voluntad y de la gran comprensión de la gran burguesía americana que del movimiento obrero  en alianza con todas las fuerzas progresistas.  Es más el browderismo sustituyó nuestra meta socialista por una especie de utopía burguesa que vencía las contradicciones básicas del capitalismo; subestimaba la crisis del capitalismo, agudizada por la guerra y se deslizaba francamente hacia la teoría del rol progresista del gran capital monopolista”[21]

    ¿Y no era exactamente eso lo que se planteaba en los escritos de Codovilla, Ghioldi y Alvarez citados por los ferroviarios?

    Pero la Comisión de Control tiene el argumento irrebatible: “Desde el punto de vista del partido, el browderismo liquidó la organización en el sur de EE.UU., minó y debilitó el papel independiente del partido y lo transformaba en una organización meramente educacional.  ¿Quién podría afirmar que estas posiciones fueran difundidas en nuestro Partido?[22]

    Si Gramsci dice “que del modo de escribir la historia de un partido deriva el concepto que se tiene de lo que un partido es y debe ser[23] resulta evidente que en su análisis del browderismo se confirma un modo de pensar la política que siempre es desde la institución partido y no desde la política real.  Para la Comisión de Control no importa qué política se aplique, si se conserva la institución partido no hay browderismo reduciendo todo a una cuestión instrumental y velando la esencia verdadera que no es otra que el abandono de una política revolucionaria y socialista tras la ilusión de la convergencia capitalista/socialista.

    Y de este modo tan sencillo se liquidan los argumentos de la célula ferroviaria preocupada por encontrar una explicación más profunda al fenómenos que ellos mismos están sufriendo: el prestigio que los comunistas habían ganado entre los trabajadores por su compromiso con los derechos obreros y su entrega a la lucha se iba perdiendo aceleradamente.

    Claro que browderismo, pero no solo browderismo (en el sentido de la ilusión reformista en la colaboración permanente del capitalismo con el socialismo en un proceso de convergencia de ambos en un sentido progresivo), sino que en los documentos citados se expresa nítidamente una  definida visión sobre el carácter de la revolución en Argentina y América Latina, cuestión que había sido el eje de las discusiones con José Carlos Mariátegui en el Primera Conferencia Comunista Latinoamericana..

    Cuatro. Los límites del marxismo latinoamericano

    El debate del ’29 con Mariátegui fue un debate sobre el programa (el tipo de revolución por cual luchar), fue  un debate sobre la caracterización de América Latina, sobre la cuestión nacional, sobre la burguesía nativa, sobre  el proceso de constitución de una fuerza popular capaz de emprender las tareas revolucionarias y sobre las vías de conquista del poder.  En definitiva sobre si el capitalismo tenía capacidad de dar respuestas o no a las necesidades de los pueblos latinoamericanos.

    En su “Punto de vista antimperialista” José Carlos Mariátegui afirmaba que ”…las burguesías nacionales, que ven en la cooperación con el imperialismo la mejor fuente de provechos, se sienten lo bastante dueñas del poder político para no preocuparse seriamente de la soberanía nacional…y que por ello…no tienen ninguna predisposición a admitir la necesidad de luchar por la segunda independencia”[24] como sostenían el Apra de Haya de la Torre, el Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista y la delegación argentina encabezada por Victorio Codovilla y Paulino González Alberdi.

    Se niega a aceptar el tratamiento de Nuestra América con el molde de las colonias asiáticas o africanas como proponía el Secretariado Sudamericano por medio de Humbert Droz, su secretario, que afirmaba: “Los países de América Latina, a pesar de su independencia política formal, son países semi-coloniales los cuales deben ser examinados del punto de vista de nuestra táctica en los países coloniales y semi-coloniales ” por lo  que el “el movimiento revolucionario en América Latina puede ser caracterizado como una revolución campesina y antiimperialista ” y que en consecuencia “ entra en la categoría de lo que se ha convenido en llamar una revolución democrático burguesa[25].

    Enfoque a los que Mariátegui respondía: “Pretender que en esta capa social prenda un sentimiento de nacionalismo revolucionario, parecido al que en condiciones distintas representa un factor de lucha antiimperialista en los países semi-coloniales avasallados por el imperialismo en los últimos decenios en Asia, sería un grave error”[26] “El antimperialismo, admitido que pudiese movilizar al lado de las masas obreras y campesinas, a la burguesía y pequeña burguesía nacionalistas (ya hemos negado terminantemente esa posibilidad) no anula el antagonismo entre las clases, no suprime su diferencia de intereses….El asalto del poder por el antimperialismo, como movimiento demagógico populista, si fuese posible, no representaría nunca la conquista del poder, por las masas proletarias, por el socialismo”[27]. Y por ello, afirma “…nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera”[28].

    Ahora bien,  y creo que esto es la fundamental diferencia, ¿cómo es que se llega a conclusiones contrapuestas sobre la misma realidad en discusión por parte de gente que tenía los mismos propósitos?.  Porque Mariátegui llega a las conclusiones expuestas después de estudiar apasionadamente la historia del Perú y la realidad económica, social y cultural de los explotados y humillados de su tierra (cuatro millones de indios sobre cinco millones de peruanos) y Humbert Droz, y  quienes lo apoyaban, recorren el camino inverso: trasladan un esquema supuestamente valido para los países asiáticos a un continente desconocido.

    Para Mariátegui el marxismo es una herramienta interpretativa, una guía para la acción; para Droz y Codovilla, una ideología omnipotente con respuestas para todo, aún para lo no estudiado.

    Mariátegui analiza el sistema de dominación vigente en la época desde una perspectiva histórica: así va a demostrar que la República (fruto de la Independencia) va a contener rasgos de continuidad del Virreinato y éste de la Conquista de América por la España colonialista: “La revolución americana, en vez del conflicto entre la nobleza terrateniente y la burguesía comerciante, produjo en muchos casos su colaboración, ya por la impregnación de ideas liberales que acusaba la aristocracia, ya porque ésta en muchos casos no veía en esa revolución sino un movimiento de emancipación de la corona de España.”[29]

    Es desde el análisis de la historia americana que Mariátegui se niega a reconocerle potencialidad revolucionaria a las capas nativas de una burguesía  que nació pactando con la oligarquía y creció del brazo del imperialismo, británico primero, yanqui después.

    Y en el final de su “Punto de vista anti-imperialista” con que se posicionó en aquella Conferencia Comunista definirá un modo de participar en la batalla mundial contra el imperialismo exactamente antagónica a la que practicarían años después los comunistas argentinos que deciden postergar el combate contra los imperialismo extranjeros para aportar al triunfo de la U.R.S.S.  Mariátegui proponía lo contrario: “… somos anti-imperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagónico, llamado a sucederlo, porque en la lucha contra los imperialismos extranjeros cumplimos nuestros deberes de solidaridad con las masas revolucionarias de Europa[30].

    Y es que al carácter de la revolución en debate se debe vincular el modo en que se aborda la relación entre el carácter internacional (por su contenido) de la revolución y el carácter nacional (por su forma de realización).

    El programa que históricamente sostuvo el Partido Comunista de la Argentina, se aprobó en 1928 en su VIII Congreso como parte del proceso de instalación de una hegemonía política que se mantendría casi por sesenta años y que se auto concebía como custodios de la más pura ortodoxia marxista entendida como fidelidad acrítica a la Internacional Comunista, el P.C.U.S. y el Estado Soviético.  Creemos no exagerar al afirmar que este predominio fue parte, y no pequeña ni casual, del proceso de conquista, por parte del  stalinismo, de la conducción sobre el movimiento comunista internacional.

    El VIII Congreso del Partido Comunista cierra un prolongado periodo de disputas políticas, ideológicas, en fin, por la dirección del Partido Comunista Argentino[31] que culminan de un modo muy  particular:  gracias a la intervención  en los debates de la Internacional Comunista que emite una Carta en apoyo del grupo que se consolidaría como dirección del partido desde 1928; apoyo que lejos de resultar circunstancial  se transformó en una cuestión de bastante peso.

    La debilidad del grupo que se constituye en la dirección oficial del partido Comunista, que le lleva a requerir de la intervención expresa de la dirección de la Internacional Comunista para vencer en la disputa interna, va a repercutir en sus propias discusiones y en sus propias resoluciones dada la dependencia que se establece hacia una Internacional Comunista que iba dejando de ser  aquel “estado mayor de la revolución” en ciernes para que la habían creado Lenin y sus compañeros.

    En la medida que la revolución se aleja del horizonte y se consolida Stalin en la dirección del Partido Bolchevique, la Internacional Comunista se va transformando en una organización que  defiende prioritariamente la existencia del socialismo en un solo país para derivar en la defensa acrítica, incondicional, de la política exterior y de la búsqueda de las condiciones para la supervivencia del Estado Soviético.

    Es esta estrategia de revolución por etapas, revolución democrática burguesa y frente democrático nacional la que se potenció, y aún más, se degradó con las visiones browderistas de fin de la segunda guerra mundial que propiciaban abiertamente la integración al capitalismo y la transformación de la alianza antifascista (obviamente una iniciativa táctica) en una estrategia de construcción permanente.

    Con acierto Ernesto Giudice, diría en 1973 en renuncia al partido[32] que había llegado a la convicción de que las numerosas formas de entender la revolución democrática burguesa se había elegido  la practicada por la burguesía inglesa: por saturación, es decir por penetración en todas las instituciones estatales y por acumulación de influencia en todos los sectores sociales.

    Es llamativo como todos los participantes en el debate comunista ante el surgimiento del peronismo, incluidos los que como Rodolfo Puiggros se habían ido luego de la Conferencia Nacional de diciembre de 1945, se mueven en los límites de discutir el mejor modo de efectivizar la revolución democrática burguesa, aunque hay que reconocer que bajo esa denominación se escondían visiones francamente antagónicas sobre la política real.

    Claro que todos defienden la misma concepción estratégica de revolución democrática burguesa, pero los ferroviarios la piensan como un modo de rodear a la clase obrera en su lucha antimperialista, y  la dirección encabezada por Codovilla ha practicado una política seguidista hacia fracciones de la burguesía que se alineaban con los Aliados más por su subordinación al imperialismo inglés que por un antifascismo consecuente.

    Es desde esta perspectiva que pretenden resaltar lo perjudicial que ha sido para los comunistas, y para la misma causa de la revolución democrática burguesa que todos declaran auspiciar, el debilitamiento del compromiso comunista con la lucha económica y social de los trabajadores.

    Los testimonios recogidos sobre la verdadera actitud de los comunistas ante el conflicto social son muy contradictorios.[33] Por un lado se reconoce que la presión de la dirección del partido es fundamental en la errática actitud de José Peter, dirigente de los trabajadores de los frigoríficos que encarcelado en 1943 debe ser liberado por la presión obrera para luego perder el sindicato a manos de Cipriano Reyes en razón de la falta de apoyo a un paro obrero; pero por el otro se afirma[34] que los militantes comunistas de base habían seguido luchando por las reivindicaciones obreras a pesar de la represión sistemática que se ejercía sobre ellos y el consecuente debilitamiento de la capacidad de iniciativa política que esta represión producía.

    Posiblemente haya sido una mezcla de ambas actitudes pero con mayor repercusión publica de la actitud de los dirigentes.  Como muestra veamos un reportaje[35] de agosto de 1945 a Alba Tamayo, dirigente del Sindicato Obreros Industria Metalúrgica, de gran participación en la  huelga metalúrgica de 1942 .

    “.P. ¿Cree Usted, camarada Tamayo, que habrá necesidad de huelgas para que los patrones den el aumento solicitado por el gremio?”

    “R. En verdad, no se lo que piensan los patrones. Nosotros estamos empeñados en entendernos amistosamente, pacíficamente, cordialmente con los patrones.  Tenemos confianza que los patrones comprenderán la justeza de la reclamación obrera.  Dada nuestra posición públicamente conocida en defensa del desarrollo industrial del país; nuestra posición combativa en pro de la democracia y de relaciones amistosas con las Naciones Unidas para que nuestras Industrias pudieran recibir las Materias Primas necesarias para continuar la producción, nos acredita como organización seria, responsable, independiente y progresista.  Por esa razón esperamos entendernos con los patrones y llegar a formar comisiones mixtas……..  En el nuevo periodo histórico que vivimos debe existir mutua comprensión entre el capital y el trabajo.”

    Durante la década del ’30, los comunistas habían jugado un papel decisivo en algunos de los principales combates de clase: en la huelgas que libraron los trabajadores de la carne (1932), los petroleros de Comodoro Rivadavia (1932), los trabajadores de la madera (1934) y la gran huelga de la construcción (1935/36) que fueron enfrentadas a sangre y fuego por la dictadura de Justo y sus continuadores. Rufino Gómez (petrolero), José Peter (carne), Vicente Marischi (madera), Fioravanti, Chiaranti y Burgas  (construcción) eran parte de una nueva camada de dirigentes obreros  comunistas reconocidos ampliamente por los trabajadores y temidos por el poder.

    El General Sosa Molina, explicando las causas del golpe de 1943 conducido por una logia militar (el GOU) de la que formaba parte Perón relataba así su visión del 1º de mayo de 1942: “Una enorme multitud con banderas rojas al frente, con los puños en alto y cantando La Internacional, presagiaba horas verdaderamente trágicas para la República.  Las FF.AA. no podían permanecer indiferentes.  La revolución del cuatro de junio tiende a anticiparse a los acontecimientos”[36].

    Pero solo dos años más tarde la situación ha cambiado rotundamente.  Los acontecimientos del 31 de octubre de 1944 echan suficiente luz sobre dicha mutación.

    Creyendo que conservaban las posiciones de conducción que espantaban al General Sosa Molina, la dirección del partido convocó a un paro general al que se lo imaginaba como el comienzo de un proceso insurreccional que debía terminar derrotando a la dictadura del G.O.U..  Para dicho objetivo se habían hecho conversaciones con militares “democráticos” que habían prometido su apoyo.

    Ni lo uno ni lo otro. Ni se pudo concretar el Paro, ni tampoco aparecieron los militares “democráticos”. La dirección partidaria explicó el fracaso de la jornada por  la represión ejercida por el gobierno militar;  pero, se supone, que una huelga general con apoyo militar justamente se hace para superar la capacidad de represión del enemigo.  Aunque en el Esbozo de Historia se subestima el fracaso de la huelga[37], algunos de los testimonios[38]coinciden en que los sucesos de aquella fallida huelga estaban marcando ya un cambio sustancial en la correlación de fuerzas real en el movimiento obrero en prejuicio de los comunistas que ya no son lo que eran antes del golpe de ’43, pero la señal, como tantas otras, fue desoída por la dirección del Partido Comunista.

    Cinco. La caracterización del gobierno peronista

    Los ferroviarios acuerdan con la Tesis en que las fuerzas del gobierno “representan en lo esencial los intereses de la burguesía industrial, financiera, agraria y comercial”.  Esto significa –razonan- que, en alguna medida, la oligarquía terrateniente y financiera ha cedido paso en el poder político a una nueva fuerza, cuyo desarrollo los comunistas no apreciamos debidamente[39].

    También acuerdan con la Tesis  en que ….”la burguesía argentina, que ha adquirido noción de su crecimiento y gravitación en la vida económica nacional, exige la realización de ciertos cambios en la estructura económica del país que le permitan no sólo mantener esa gravitación, sino acrecentarla. Ante la posibilidad de que se reanude la importación en gran escala de productos industriales extranjeros….los industriales nacionales, impulsan al gobierno a tomar medidas que los libre de ese peligro y a ampliar el mercado interior.  A causa de eso, los intereses de la burguesía industrial van entrando en conflicto con los intereses tradicionales de la oligarquía agropecuaria y comercial……Este conflicto de intereses predispone a ciertos sectores de la burguesía industrial a apoyar medidas gubernamentales de carácter reformista[40]

    Y especialmente coinciden en que “la diferencia entre esta nueva correlación de fuerzas y las anteriores, residirá en el hecho de que en lugar de ser la oligarquía terrateniente quien tenga la hegemonía será la burguesía quien la tendrá…”[41], pero si esto es así, dicen los ferroviarios, habría que reconocer el error de apreciación cometido en la Conferencia Nacional de 1945 en que se señaló “que entre otras las fuerzas en que se apoyaba el peronismo son: …5) Los elementos más reaccionarios de la oligarquía latifundista, especuladores y usureros, el fresquismo profacista y ciertos sectores oligárquicos de las provincias más atrasadas desde el punto de vista económico..”[42] y sus consecuencias políticas: “La consigna que de la misma salió, “naziperonismo”, es un gran factor en la acentuación de la división en dos sectores, que se hizo sentir particularmente en el movimiento obrero y nos impidió, como hemos dicho, diferenciar las fuerzas progresistas y populares de ese sector.” [43]

    “Pero, por sobre todo, concluyen los ferroviarios, la Conferencia Nacional[44] –que desde el punto de vista del Partido no realizó autocrítica en la medida de lo necesario- siguió sin ver la puja interimperialista en el continente….Tampoco analizó la situación de división del movimiento sindical y la realización de la unidad obrera en una sola central sindical…En este aspecto, al analizar las deficiencias de la Unión Democrática encontró que era “incompleta” porque estaban ausentes de la misma los conservadores, pero no vio que el problema de fondo era la presencia de la clase obrera unida y como fuerza principal de dirección del movimiento de unión nacional encaminado a la realización de la revolución agraria antiimperialista”[45]

    En realidad, los ferroviarios le recriminan a la dirección falta de consecuencia en el razonamiento: si se trata de impulsar una revolución democrática burguesa para completar el desarrollo capitalista: si el peronismo resulta ser un proyecto político donde vienen teniendo hegemonía los sectores más vinculados a la burguesía industrial, financiera, agraria y comercial interesados en un cierto desarrollo independiente del capitalismo; si ahora se reconoce que las fronteras entre la Unión Democrática y la Alianza que llevó a Perón a la presidencia no son justamente entre revolucionarios y reaccionarios, sino que al interior de ambos agrupamientos hay fuerzas progresistas y conservadoras; si se propone una política de apoyar lo positivo y combatir lo negativo del nuevo gobierno como un modo de reagrupar correctamente las fuerzas; ¿por qué no reconocer que lo que se está proponiendo es una modificación de una política errónea y no una mera adaptación a los cambios habidos? ¿por qué no considerar aliados a los sectores interesados en los cambios orientados a ampliar el mercado interno, desarrollar la industria nacional y fortalecer el papel del Estado en la economía nacional? ¿por qué no comprometerse en la búsqueda de la conquista de la hegemonía para la clase obrera en el referido frente por la revolución democrática burguesa con todos los sectores dispuestos a ello?

    Este despertar de la conciencia antimperialista y antioligarquica de los pueblos no responde solamente  a deseos.  Este despertar es producto del crecimiento experimentado por las fuerzas interesadas en el desarrollo de la revolución democrática-burguesa en América Latina, crecimiento grandemente acrecentado en el transcurso de guerra contra el hitlerismo.  El crecimiento experimentado durante este periodo por el proletariado, la burguesía y pequeño-burguesía industrial, no fue debidamente apreciado por nuestro partido…..Por todo esto, opinamos que hay que dejar establecido con toda claridad que los cambios operados en nuestra línea política y táctica no sólo se deben a cambios operados en la situación internacional y nacional -que nuestro partido no percibió-, sino que son fundamentalmente, la rectificación hecha con retraso de una línea política y táctica ajustada a una época superada por los acontecimientos”[46]

    Y luego de analizar los cambios económico / sociales afirman que “estas cifras representan el crecimiento objetivo de una nueva fuerza en el país, realidad que tiene su expresión en la creciente combatividad de las masas obreras y populares, cuyo nivel político y sindical se halla en constante ascenso, y en la aparición de una burguesía y pequeña burguesía industrial y comercial que busca su ubicación en el panorama nacional en concordancia con su creciente potencialidad”[47]

    Una nueva realidad social y política que había sido advertida por el dirigente comunista Ernesto Giudice ya en 1940 al analizar el crecimiento de grupos nacionalistas anti-ingleses: “La lucha contra el imperialismo extranjero puede llevar, en países más atrasados que la Argentina, al primer plano a sectores o partidos no democráticos,  productos de un medio de incipiente democracia. Eso no es lo fundamental, ni una democracia perfecta ha de exigirse previamente en la lucha contra el imperialismo, puesto que donde domina el imperialismo, la democracia se ve postergada, trabada, deformada.  Hay que actuar con lo que se tiene, no con lo que se desea y no se tiene.  Puesta en movimiento la lucha liberadora, lo políticamente revolucionario será barrido por la democracia que florecerá juntamente con los ascensos del movimiento y la aparición de fuerzas nuevas, jóvenes, progresistas y revolucionarias.

    Esto lo remarcamos porque repetidas veces hemos visto a  quienes, desde Buenos Aires, con cierto alarde de aristocratismo político, juzgan con desdén a movimientos populares de esencia progresista aunque, por natural gravitación de su medio, se traduzcan en luchas caudillezcas carentes de pureza principista o democrática……Es menester no dejarse engañar ni por el atraso de las masas ni por la apariencia antidemocrática de su movimiento antimperialista”.

    El imperialismo puede dominar oculto tras el manto de la democracia. Pero la democracia no es una cuestión de forma sino de contenido; reside en lo que se aspira, en lo que se construye, en las fuerzas puestas en movimiento”[48]

    Parecía que estaba preanunciando el 17 de Octubre del ’45, y sin embargo el mismo Ernesto Giudice es el director del semanario comunista Orientación que en el editorial del 24 de octubre en que se analiza aquella jornada escribe lo siguiente[49]: “la recuperación par parte del peronismo, de algunas posiciones, mientras perdía otras, se vio favorecida por la incomprensión de algunos patrones…Si Perón contó con algún aporte obrero en sus actos últimos se debió a la actitud cerril de esos patrones negándose a pagar los jornales del  12 de Octubre.  La demagogia peronista se vio así posibilitada.  Con esto el peronismo logró engañar a algunos sectores de la clase obrera, pequeños por cierto, en especial a jóvenes y mujeres recientemente incorporados a la producción y del interior, a quienes no había llegado la predica democrática por la represión del movimiento obrero y popular.  Estos sectores engañados de la clase obrera fueron en realidad dirigidos por el malevaje peronista que repitiendo oscuros designios de la época de Rosas y remedando lo ocurrido en los orígenes del fascismo en Italia y Alemania. El peronismo pudo hacer todo esto por efectos de su demagogia durante dos años y medio de dictaduras y por la presión del Estado lleno de elementos nazi peronistas”.

    Una vez más, los intentos de pensar la realidad con cabeza propia habían sido reemplazados por  el recurso fácil de la justificación de la adversidad propia por la acción del enemigo.

    La represión y la demagogia, presentados como los pilares de un verdadero gobierno nazi, son las causas que se  exhiben para explicar lo que no encaja en la realidad construida en los congresos y debates; en vez de preocuparse por modificar el error que impidió percibir la realidad tal como es, se altera la realidad para que entre en los esquemas previos[50].

    Y al que advierte la necesidad de revisar lo actuado, el mote de conspirador y agente del enemigo.

    Seis. Para reconocer el enemigo: prestar atención al que crítica

    El informe de la Comisión de Control es un ejemplo patético de dicho mecanismo de evasión de la realidad.  Se arranca con un enunciado de objetivos que es casi una confesión del espíritu con que se aborda la discusión propuesta por la célula ferroviaria: “Nos proponemos demostrar que estamos frente a una conspiración urdida por el enemigo contra nuestro Partido”[51]

    En política, cabe distinguir dos tipos de provocaciones contra el partido. La brutal provocación policial, que se propone descubrir las actividades del Partido para poder golpearlo con  fuerza, método que el enemigo aplica preferentemente en tiempos de franca reacción y de ilegalidad.  Y la que se propone deformar su línea política, es decir la provocación política, más sutil y por eso mismo más  peligrosa”[52]

    La maniobra discursiva es transparente: primero se afirma el carácter proletario y revolucionario del partido, luego su dominio de la ideología científica del proletariado y por ende, la justeza de la línea: luego, para explicar los pobres resultados conseguidos, se afirma que su aplicación ha sido saboteada por elementos infiltrados por el enemigo de clase. Así cualquier crítica puede ser descalificada como una provocación, la semejanza con los procederes stalinistas represivos son más que evidentes.

    Pero, podría preguntar el lector, ¿como reconocer cuando una crítica proviene de un infiltrado?  Muy fácil, le responde la Comisión: “la mano enemiga en el interior del Partido, toma los problemas reales, para deformarlos, aumentar exageradamente sus proporciones y por esta vía pasar su contrabando político”[53]

    Pero, podría insistir un lector preguntón,  ¿cómo congeniar esta acción de infiltración de una ideología extraña a la clase, con el hecho de que los que discuten son empleados, obreros y maquinistas del ferrocarril?, podría insistir el lector.  La Comisión tiene respuesta para todo: “¿Es acaso una casualidad, que como base de operaciones hayan tomado una célula ferroviaria?  Es una treta vieja, que no podía engañarnos  compañeros” para luego de descalificar la importancia de la célula del FF.CC. Sud “no es ni de lejos la más importante” y de su dirigente “¿Es que Mac Lennan, por su trabajo actual y por su mentalidad es un proletario típico?” para finalmente `poner de relieve la maniobra del enemigo: “La treta consiste en hacer pasar una ideología antiproletaria, a través de elementos obreros”[54]

    Si las criticas la hacen militantes de origen no proletario, intelectuales por ejemplo, será descalificada de arranque por el origen social de los que critican; y si son obreros ferroviarios los que quieren polemizar, se afirma que es una treta perversa la de querer promover una ideología antiproletaria por medio de obreros.

    Y ni siquiera se admite el debate en un proceso congresal: “La democracia en nuestra organización no es equivalente a la posibilidad de discutir cualquier cosa en cualquier momento, a la posibilidad de que en el Congreso puedan someterse dos líneas, la elaborada por el CC con la participación de todo el partido y las Plataformas de  grupos fracciónales.  Si así fuese, la noción del Partido de vanguardia, se  esfumaría; el Partido se fraccionaría, perdería su unidad interior, su eficacia, se transformaría en un partido del tipo social demócrata que puede ser traído y llevado a piacere”[55]

    En vano los ferroviarios han llenado su folleto de citas de Lenin, Duclos y Dimitrov en respaldo de la más amplia discusión.  Seguramente que esas ideas también les habían sido infiltradas por el enemigo, pensarían los miembros de la Comisión de Control.

    ¿Cómo explicar tanta cerrazón al debate, tanta obstinación en la defensa de la supuesta pureza doctrinaria?.

    Seguro que en la insuficiente formación teórica de los fundadores y dirigentes del Partido Comunista, pero también -y en grado importante- en la presión de la Internacional Comunista y el propio Stalin quienes habían hecho de la teoría conspirativa uno de los ejes de su  concepción de la historia.

    En 1932, José Stalin había remitido una carta a la redacción de la revista “La Revolución Proletaria”, que el Bureau Sudamericano de la Internacional Comunista reproduce en un folleto titulado “La lucha por el leninismo en América Latina” donde afirma  sin rubor que en el marxismo existen cuestiones que son indiscutibles: “….quieren transformar la cuestión del bolchevismo de Lenin, una vez más, de un axioma[56] en un problema que necesita más investigaciones científicas”[57] olvidando (¿alguna vez lo habrá sabido?) aquella afirmación de Carlos Marx que defendía la necesidad de un pensamiento crítico que no se detenga ante nada, ni siquiera ante si mismo.

    En el folleto citado se alerta sobre la débil “vigilancia revolucionaria” que caracterizaba a los partidos comunistas de la región: “En los partidos de América del Sud, la lucha ideológica contra nuestros adversarios y su influencia sobre nuestros partidos, contra las desviaciones en el seno de los mismos es muy débil….”[58].y se recuerda que “El compañero Stalin, en su ya mencionada carta, explica con toda claridad como el trotskismo no es ya un grupo centrista que vacila entre el menchevismo y el bolchevismo, sirviendo al primero, si no que “es la vanguardia de la burguesía contrarrevolucionaria….Es por eso –agrega- que el liberalismo hacia el trotskismo, aún derrotado y disfrazado, es una tontería que se vincula con el crimen, con la traición a la clase trabajadora”[59]

    Con tales “consejos teóricos” se entiende el particular prejuicio que había contra todo lo que sonara (o los inquisidores creían que sonaba) a trotskismo, no importa que el acusado niegue toda vinculación con ellos. El procedimiento consistía en encontrar algún parecido entre lo sostenido por los supuestos trotskistas, en este caso los periódicos “Frente Obrero” -orientado por Nahuel Moreno-,  “Octubre” –donde participaba Abelardo Ramos- y “Bandera Roja” que agrupaba a ex militantes comunistas, y lo que sostienen los acusados (en este caso la célula ferroviaria).

    Citan de la revista Octubre: “Pudo más, para obligar a Perón a democratizarse, sus propias dificultades objetivas y la presión exterior de la combatividad poco convincente de la democracia burguesa y pequeño burguesa”[60] lo que merece los siguientes comentarios de la Comisión de Control: “(Un mes después Puiggros daría su versión de esta formulación trotskista: “La legalidad nos vino de arriba”.  Por supuesto que en esta revista se ataca la política de la Unidad Democrática, apoyada por nuestro partido.  Es conveniente recordar estas formulaciones, que veremos aparecer algunos meses después en la Plataforma fraccional.  Esto no puede ser considerado como una mera coincidencia”.[61]

    Con lo que se considera demostrado de un modo inobjetable nada menos que: a) son los trotskistas los verdaderos inspiradores del posicionamiento de los ferroviarios, b) algo tienen que ver con el recién expulsado Rodolfo Puiggros, y c) todo indica que estamos frente a una conspiración tal como se había afirmado en la pagina uno del informe de la Comisión de Disciplina “estamos frente a una conspiración urdida por el enemigo contra nuestro Partido” y se obtiene el siempre interesante efecto de la profecía auto cumplida.

    Siete. El legado de aquellos ferroviarios

    Separados del Partido, los ferroviarios aceptan la propuesta de Rodolfo Puiggros de constituir un Movimiento Pro Congreso Extraordinario del Partido Comunista Argentino, objetivo que concretan en agosto de 1947.

    Cuando ese congreso ya no podía esperarse, en enero de 1949, cambian el nombre por el de Movimiento Obrero Comunista que desplegaría una labor convergente con los sectores más combativos del peronismo

    Pero todavía en 1950 suscriben junto  a Puiggros una conmovedora carta donde solicitan la reafiliación partidaria: “Fuera del Partido Comunista no hay ni podrá haber ninguna fuerza política que cumpla las tareas que esbozamos.  Las expulsiones de que fuimos objeto no han modificado en lo más mínimo nuestra voluntad de lucha y nuestra confianza absoluta en los principios del comunismo.  Toda nuestra actividad durante cuatro años se ha orientado al logro del objetivo que exponemos en esta carta.  El Partido superó sus crisis del pasado a través de la autocrítica y se convertirá ahora en el instrumento de la liberación nacional, de la paz, del antimperialismo y de la lucha por el socialismo, también a través de la autocrítica.  Esta certidumbre nos anima a dirigirles estas líneas en las cuales va implícita nuestra decisión de incorporarnos orgánicamente al Partido, acatando sin reservas la línea política, la disciplina y la organización que surja de la amplia autocrítica que proponemos en la cual nos sentimos incluidos”[62]

    Después de todo lo ocurrido y de todo lo escrito, ¿cuáles son las razones que los mueven a pedir reingresar al Partido Comunista? ¿Sólo una cuestión afectiva, la fuerza de una identidad que resurgía con fuerza en medio de la Guerra Fría y la histeria anticomunista que Mc Carthy impulsaba desde los EE.UU.?

    Seguro que todo eso debió haber jugado, pero preferimos pensar en términos políticos: “Fuera del Partido Comunista no hay ni podrá haber ninguna fuerza política que cumpla las tareas que esbozamos” proclaman asumiendo que su búsqueda es la de constituir la izquierda como un protagonista autónomo en la fluida situación política de los primeros años del gobierno peronista.

    Sería oportunista adjudicar a aquellos ferroviarios, ya constituidos en el Movimiento Obrero Comunista, la política que uno considera hubiera sido la más efectiva, pero creo que es evidente que en medio de las confusiones, las búsquedas y los yerros, había voluntad de abrir paso a un proyecto de convergencia entre el comunismo y los sectores más avanzados del peronismo.  Pero que ese proceso de convergencia requería de la constitución de una fuerza, y que ello era imposible sin el Partido Comunista.

    No se trataba solo de constituir un discurso, había que disponer de una fuerza material que luchara por hacerlo acción política para que incidiera en la lucha de clases real; resignados a carecer de ella (por la cerrada negativa del partido a abrir las discusiones por ellos requeridas) la dinámica de los acontecimientos, su propia debilidad, y acaso, el despecho por la hostilidad y la descalificación permanente[63] se irían integrando en el peronismo hasta diluirse totalmente en la Resistencia Peronista luego del golpe gorila de 1955.

    El Partido Comunista, por su parte buscó reacomodarse a la nueva situación, pero como habían alertado los ferroviarios en mayo del ‘46 “por debajo de las conclusiones justas del XI Congreso prevalecían las viejas deformaciones de la línea comunista” que reaparecerían una y otra vez a lo largo de la historia.

    La perdida del arraigo obrero agravó todos los problemas y potenció las tendencias a actuar como fuerza de apoyo de alguna fracción “progresista”, “nacionalista” o “democrática” de la burguesía que supo aprovechar hábilmente esta debilidad para dificultar el surgimiento de esa alternativa política revolucionaria que nunca llegó a constituirse

    Separado de la base social que pretendía representar, empecinado en abrir paso a una revolución democrática burguesa que la burguesía nacional no tenía interés en abordar, aferrado cada vez más a la autoproclamación de vanguardia que le apartaba de las otras fuerzas revolucionarias, dilapidó como pocos la lucha y el heroísmo de una militancia que una y otra vez insistió en combatir el capital y soñar con el socialismo.

    Cuarenta años pasados de la expulsión de aquellos ferroviarios que pretendían extirpar el browderismo y el autoritarismo del partido, en 1985 el XVI Congreso de los comunistas argentinos comenzó un proceso de virajes que llevó –como pedía Ernesto Giudice en su dramática “Carta a mis camaradas[64]– la estrategia del frente democrático nacional al rincón de los objetos inútiles para la revolución.

    Y con ese acto se rendía el mejor de los homenajes a todos los que bregaron  para que el Partido Comunista sea una fuerza apta para aportar a construir en la Argentina la alternativa revolucionaria del pueblo, entre ellos los ferroviarios del FF.CC. Sud de 1946 a los que hoy queremos reivindicar con este trabajo.

    José Ernesto Schulman

    Rosario, 15 de abril de 2001


    [1] Editorial del periódico comunista Orientación del 24/10/45. Número 310, pagina 1.

    [2] editado por Editorial Anteo en 1948, no incluye el nombre del autor.

    [3] “El partido Comunista”, editada por Centro Editor de América Latina para la Biblioteca Política Argentina. Volumen 6.

    [4] Aunque Mariátegui no pudo asistir por razones de salud, la tesis presentada por el P. Comunista  Peruano a la Primera Conferencia de PP.CC. realizada en Montevideo en 1929 contrastaba con la defendida por la delegación argentina y el Secretariado de la Internacional Comunista. para América Latina del que formaba parte Victorio Codovilla, de la dirección del P.C.  Argentino

    [5]El avance de la sociedad sigue en su conjunto una línea ascendente: es un movimiento de progreso que va de las formas inferiores a las superiores.  Así lo deduce la teoría marxista del análisis científico del proceso histórico, apoyándose no en deseos y esperanzas subjetivas, sino en criterios estrictamente objetivos que permiten juzgar qué tipo de sociedad y que época de su desarrollo son más progresivos”del Manual de Marxismo Leninismo de Otto V. Kuusinen y otros, 2º ed. Buenos Aires, Editorial Fundamentos, 1964, pag. 187  citado por Rodolfo Ghioldi en su respuesta a un cuestionario sobre “Qué es lo progresista en la historia argentina” reproducido en la revista Cuadernos de Historia Nº 9 editada por el Centro de Estudios Manuel Belgrano, pagina 6, de diciembre de 1985.

    [6] Saúl Cascallar testimonia que después del ’46 el partido sufrió un golpe terrible “no fue tan grave como la caída de la URSS  o el intento de disolución que pretendía Chacho Alvarez y sus alcahuetes internos, pero el fracaso del partido –para el cual no estábamos preparados porque nosotros creíamos que  después del triunfo de la URSS en la guerra venía nuestro turno.  Berlín capitula el 7 de mayo del ´45, y nosotros estábamos convencidos de que éramos triunfadores, estábamos seguros de la justeza de la línea y de que esta alianza de la Unión Democrática era el camino al socialismo, y cuando se produce la elección se nos derrumba todo, fue un golpe terrible sobre todo porque no estábamos preparados para este impacto.  estábamos triunfalistas, más no solo estábamos triunfalistas, sino que si vos llegabas a opinar que las masas obreras pueden estar con Perón te costaba una discusión o ser calificado de derrotista y de, falta de confianza en la masa.

    [7] Según la Comisión de Disciplina, con la legalidad reconquistada: “Se abrieron locales, se editó la prensa, se levantó la casa, se multiplicó la propaganda.  La discusión anarquizada, que se desarrolló al margen de las normas del Partido, tendía a frenar el trabajo. El C.E., con toda razón, puso fin a este estado de cosas, y convocó la Conferencia Nacional del 22 de diciembre de 1945”. Informe de la Comisión de Disciplina sobre el Caso Mac Lennan. Original escrito a maquina depositado en los Archivos del Partido Comunista. inciso IV pagina 12. Con el mismo espíritu de contener los debates se procedió luego del 24 de febrero de 1946.

    [8] La verdadera posición de los ferroviarios comunistas de Buenos Aires, F. C. Sud. folleto editado por los autores en febrero de 1947. Sin pie de imprenta.  pagina 5

    [9]. Informe de la Comisión de Disciplina sobre el Caso Mac Lennan. Original escrito a maquina depositado en los Archivos del Partido Comunista .inciso I. pagina 1.  El material no lleva firmas ni explicación de los componentes de la Comisión, según Saúl Cascallar en la Comisión estaban Normando Iscaro, Italo P. Grassi, Francisco Muñoz Diez y su trabajo era supervisado por el secretario de organización, Juan José Real.

    [10] del folleto citado, pagina 8

    [11] ibidem, pagina 27

    [12] del Informe de la Comisión de Disciplina citado, inciso I, pagina 6

    [13] folleto ya citado, pagina 11

    [14] El siglo XX, Eric Hobswan

    [15] ibídem

    [16] del folleto citado, pagina 13

    [17] del folleto citado, paginas 15 y 16

    [18] del folleto citado, pagina 25

    [19] que existió y no convine subestimar tanto en los efectos prácticos sobre la efectividad de la actividad comunista como en el impacto sobre la subjetividad de la militancia que veía demasiados aspectos “parecidos” a los ocurridos en el periodo de ascenso del fascismo en Europa.  Los comunistas poblaron por centenares las cárceles de todo el país  llegando a haber más de dos mil quinientos comunistas presos al mismo tiempo, la mayoría de sus dirigentes tuvo que exiliarse o fue exonerado a recónditos lugares y solo como un modesto homenaje a su memoria convocamos la lista de los comunistas asesinados por la Sección Especial de Lucha contra el comunismo en aquellos años: Ricardo M. Salas, Ramón Bravo, Mauricio Gleizer, Alfredo García, Ramón Fernández, Leonor Cuareta, Ramón Sdev, Juan Patuzock, Rubén Natarevich, Ramón Bertrán, Antonio Reche, Aurelio Gutiérrez, Miguel Hamui y Alberto Tchira, los cuatro últimos ya con Perón de presidente. Esbozo de historia del Partido Comunista. Ed. Anteo 1948, pagina 112.

    [20] Esbozo de historia del Partido Comunista. Ed. Anteo 1948, pagina 140

    [21] del informe de la Comisión de disciplina, inciso VIII, pagina 31

    [22] del informe de la Comisión de Disciplina, inciso VIII, pagina 31

    [23] Notas sobre Maquiavelo, sobre política y sobre el Estado Moderno, Antonio Gramsci, Ed. Lautaro, Buenos Aires, 1962

    [24] Punto de vista antimperialista. José Carlos Mariátegui. Obras. Tomo 2. pag. 187. Casa de las Américas. Cuba

    [25] citado por Antonio Santucci en su obra Gramsci, Prima edizione: ottobre 1996, Newton & Compton editori,

    Roma, pagina 9 en la que se hace referencia a HUMBERT-DROZ, « Quelques problèmes du mouvement révolutionnaire de l’Amérique latine » (deuxième partie),  in L’Internationale Communiste, Année X, n°17, 15 août 1928, p. 119.

    [26] Punto de vista antimperialista Punto de vista antimperialista. José Carlos Mariátegui. Obras. Tomo 2. pag. 187. Casa de las Américas. Cuba

    [27] ibidem. pag. 190.

    [28] ibidem. pag. 190

    [29] Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana.  El problema de la tierra. José Carlos Mariátegui. Obras. Tomo 1. pag. 90. Casa de las Américas. Cuba

    [30] Punto de vista antimperialista. José Carlos Mariátegui. Obras. Tomo 2. pag. 187. Casa de las Américas. Cuba

    [31] de la conferencia del autor en el Archivo General de la Nación sobre “El viraje del Partido Comunista” en el ciclo “Los partidos políticos y la historia argentina” el día 25 de octubre de 2000 publicado en el semanario Propuesta

    [32] Carta a mis camaradas. Ernesto Giudice. Granica Editor. 1974. pagina 206

    [33] la cuestión es lo suficientemente compleja para ameritar una investigación por separado del problema dado la importancia de su esclarecimiento

    [34] tanto Giolitto, como Cascallar, como Israel coinciden en inclinarse por la versión de que la militancia privilegiaba la lucha sindical y poco conocía de los discursos de sus dirigentes.  Como en tantos otros casos de testimonios de los protagonistas se debe considerar lo subjetivo de su testimonio y se impone una investigación en regla.

    [35] Semanario Orientación, edición del  20 de agosto de 1945, pagina 4.

    [36] Perón y la segunda guerra mundial.  Héctor Agosti

    [37]El gobierno movilizó todas las fuerzas para impedir el éxito de la huelga y sofocarla.  Buenos Aires y los principales centros fueron ocupados militarmente desde la víspera de la huelga.  A causa de ello y de ciertas fallas de organización de parte del Comité de Huelga, si bien la inmensa mayoría de los obreros manifestaron su voluntad de participar en la huelga (sic) no pudieron hacerlo.  Por eso la huelga fue parcial. Esbozo de Historia del Partido Comunista. Editorial Anteo. 1948. pagina 112

    [38] Enrique Israel estaba preso y fue alertado de que debía prepararse para las repercusiones de la huelga.  Grande fue su sorpresa cuando las visitas llegaron sin problemas como muestra de la tranquilidad de la jornada.  Giolitto cuenta que el partido había desplegado un importante dispositivo combativo con fuerzas propias, pero que los trabajadores desoyeron la convocatoria.  Cascallar coincide en esas apreciaciones.

    [39] folleto citado, pagina 55

    [40] ibidem, pagina 57

    [41] ibidem, pagina 58/59

    [42] ibidem, pagina 59

    [43] ibidem, pagina 60

    [44] se refieren a la realizada en noviembre de 1945, antes de las elecciones

    [45] ibidem, pagina 60

    [46] del folleto citado, pagina 48

    [47] ibidem, pagina 50

    [48] Imperialismo inglés y liberación nacional. La Argentina y la guerra. (Editorial Problemas, Buenos Aires, 1940) citado en la Carta a mis camaradas del mismo Ernesto Giudice.  Granica editor. 1973. pagina 44

    [49] Editorial del periódico comunista Orientación del 24/10/45. Número 310, pagina 1.

    [50] sin llegar al extremo del caso de la célula ferroviaria que estamos analizando, Saúl Cascallar relata que pocos días antes de las elecciones del 24 de febrero, Victorio Codovilla visitó el local partidario de su barrio.  En el encuentro, un compañero se animó a comentar que en la fabrica vecina a su trabajo los obreros manifestaban abiertamente sus simpatías hacia Perón.  Al finalizar la reunión la dirección del barrio citó al compañero para amonestarlo por haber exteriorizado tales manifestaciones de su derrotismo delante del mismo Codovilla, cuestión que los hacía quedar mal a ellos mismos.  Producido el resultado adverso, Cantoni y Moretti, secretario de la Capital y responsable agrario del partido, fueron despromovidos por haber pecado de exitistas. Una vez más se elegía la formula de encontrar un chivo expiatorio para  disimular los errores propios

    [51] Informe de la Comisión de Disciplina, inciso I, pagina 1

    [52] ibidem, inciso II, pagina 3

    [53] ibidem, inciso III, pagina 4

    [54] ibidem, inciso III, pagina 5

    [55] folleto citado, agregado a la pagina 6 del inciso III

    [56] axioma: proposición que es tan notoria que no necesita demostración. Diccionario Clarín

    [57] La lucha por el leninismo en América Latina, edición del Bureau Sudamericano de la Internacional Comunista, 1932. pagina4

    [58] ibidem, pagina 15

    [59] ibidem, pagina 27

    [60] Informe de la Comisión de disciplina, inciso IV, pagina 13

    [61] ibidem, inciso IV, pagina 13

    62]Peronismo, nación y revolución en Rodolfo Puiggrós. Omar Acha.  El autor accedió al archivo familiar de Puiggros de donde recogió correspondencia inédita.  No está claro si la carta fue finalmente remitida.

    [63] “Sobre nuestras cabezas llueven rayos y centellas. Los extremistas de izquierda nos acusan de habernos ‘vendido al peronismo’ por no sabemos qué plato de lentejas. Los extremistas de derecha nos acusan de ‘infiltrados’ en el peronismo para conducir al país a un sistema comunista. Y los dirigentes partidarios, incapaces de afrontar honradamente la polémica pública, nos tratan de réprobos, traidores, agentes de la policía y otras cosas por el estilo” Informe al Movimiento Obrero Comunista, mimeo, 23 de marzo de 1952, pp. 2-3. citado por Omar Acha en su trabajo Peronismo, nación y revolución en Rodolfo Puiggrós.

    [64] Carta a mis camaradas, Ernesto Giudice, Granica editor. pagina 204


    17-DE-OCTUBRE-DE-1945-451x250


  • Uno. La convocatoria

    La convocatoria a un nuevo encuentro por un Nuevo Pensamiento por parte de un conjunto de instituciones entre las que se destaca la Central de Trabajadores Argentinos y sus institutos de estudios y formación no puede pasar desapercibida por  aquellos que procuran confrontar con las políticas neoliberales, resistir y construir una alternativa política eficaz.

    La iniciativa tiene ya su historia, e incluso se han elaborado algunos documentos y publicado algunas de las intervenciones, seguramente aquellas que los organizadores destacan como más importantes.

    Claro que no todos le dan el mismo significado al lema de la convocatoria: el nuevo pensamiento.   En el libro de Isabel Rauber sobre la Central de Trabajadores Argentinos, Claudio Lozano tratando de fundamentar la búsqueda de un nuevo pensamiento anuncia –una vez más!!- la muerte del marxismo como pensamiento político fértil aunque se preocupa de dejar sentado su respeto por aquellos que –pobrecitos ellos- han dado la vida persiguiendo un ideal que no llegó, ni llegará jamás, afirma contundente el director del Instituto de Formación de la Central.

    Así como a Jorge Castañeda le tocara en suerte escribir su libro “Utopías desarmadas” justo unos días antes en que el Ejercito Zapatista de Liberación Nacional irrumpiera en escena demoliendo la convicción de muchos en el fin de la historia, así a Claudio Lozano le tocó en suerte que se publicara el libro justo unos días antes de las elecciones porteñas caracterizadas justamente por el fuerte crecimiento electoral de los partidos de izquierda marxistas que rompieron años de invisibilidad y fuertes sospechas de desaparición.

    Se dirá –con total razón- que es incomparable el surgimiento del Zapatismo con la entrada a la Legislatura Porteña de algunos legisladores de izquierda, pero se deberá convenir que la distancia entre un Castañeda y su emulo local, también es gigantesca.

    Jorge Castañeda ha culminado su largo recorrido hacia la derecha (partió como tantos de las filas del comunismo mexicano) en el gabinete del presidente electo por el P.A.N., el partido de la derecha mexicana, Vicente Fox; Claudio Lozano no alcanzó siquiera el cargo de Defensor del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires al cual aspiró con tanto empeño, y ni hablemos de las promesas incumplidas de candidaturas en las listas del Fre. Pa. So y la Alianza.

    Y para que acordarnos de aquel viaje a los EE. UU. invitado por el Banco Mundial junto a  la Sra. Graciela Fernández Meijide en donde tanto se habló (y quedó en la nada!) de organizar algunos seminarios sobre la incidencia social de los planes de ajuste y todas esas cosas que tanto preocupan al Banco Mundial y su socio mayor, el Fondo Monetario Internacional.

    Así que, si vamos a hablar de fracasos y agotamientos histórico, mejor asumamos una actitud más humilde y dispongámonos todos a pensar en cuales han sido los límites históricos del pensamiento transformador, crítico, revolucionario, liberador o como se le quiera llamar a la cultura de rebeldía que ha animado el combate popular en la Argentina y que ahora, con razón y justeza, se lo pretende renovar.

    Dos. Los problemas históricos

    Uno de los problemas que ha soportado el movimiento revolucionario en la Argentina es su dificultad para identificar la causa última del sufrimiento popular y las capacidades y virtudes del enemigo.

    Se trataría ahora de discutir francamente una cuestión básica: ¿se cree que es posible resolver los problemas de los trabajadores y el pueblo en los marcos del sistema capitalista o se considera imprescindible la superación de esos límites por medio de una revolución socialista?

    O si se prefiere un lenguaje más sofisticado podríamos preguntarnos junto a Antonio Gramsci si es cierto  “que para “preparar de la mejor forma los dirigentes (y en esto consiste precisamente la primera sección de la ciencia y el arte político)…..es fundamental partir de la siguiente premisa: ¿se quiere que existan siempre gobernados y gobernantes, o por el contrario se desean crear las condiciones bajo las cuales desaparezca la necesidad de la existencia de esta división?, o sea, ¿se parte de la premisa de la perpetua división es sólo un hecho histórico, que responde a determinadas condiciones?

    La otra dificultad histórica ha sido la de comprender la estrategia del enemigo y sus movimientos:  ¿comprendemos todos por igual al gobierno De La Rúa como nuestro enemigo, es decir, caracterizamos al gobierno de la Alianza como la continuación de una estrategia de dominación fundada por el genocidio de 1976 que debe ser enfrentada sin concesiones ni falsas expectativas en sus contradicciones internas?

    Durante más de cuarenta años la dominación en la Argentina contaba con un mecanismo de garantía de su supervivencia: la alternancia entre fracciones civiles y militares del mismo bloque de poder que se sucedían en la administración de la Nación impulsando así que prevaleciera en la estrategia política de muchas fuerzas la idea de enfrentar al enemigo principal y tolerar al menos malo.

    Aleccionados por la doble derrota sufrida en Vietnam y Nicaragua, los yanquis pasaron a privilegiar los mecanismos de construcción de consenso y de respeto formal a la institucionalidad establecida.  Así surgieron las democracias restringidas y la alineación estratégica de las fuerzas políticas históricas surgidas como tales en la lucha por construir y desplegar proyectos de la burguesía nacional.

    Sobre la base del genocidio y la nueva correlación de fuerzas mundial y nacional, el poder produjo una doble expropiación de la política a los sectores subalternos de la sociedad: aquellas fuerzas y herramientas consideradas propias fueron puestas a defender el proyecto de dominación en nombre del cual se había cometido el golpe del 24 de marzo de 1976, pero además, mientras “ellos” producían toda clase de reformas y ajustes a la superestructura jurídico política de la sociedad tendiente a garantizar su dominio establecieron –como uno de los elementos principales de la dictadura del pensamiento vigente- que “los de abajo” podrían discutir tal o cual aspecto de la realidad, incluso podrían movilizarse y hasta luchar por ellos, pero le estaría prohibida la discusión de la globalidad –es decir la política- y la impugnación del sistema en que se fundamenta la explotación y la dominación reservando la política como discurso y como acción cual derecho exclusivo de los poderosos.

    La fractura entre la política revolucionaria y el movimiento social tiene pues una historia concreta: es uno de los resultados tangibles de la ofensiva por imponer un modelo de desarrollo capitalista que necesito primero del genocidio para destruir la inserción de la política revolucionaria en el movimiento social, y que luego apeló a la guerra cultural para desprestigiar la política revolucionaria y someter al espacio de lo social a la protesta y la rebeldía.

    Si el tipo de revolución necesaria y la estrategia del enemigo han sido una de las dificultades históricas del pensamiento crítico en la Argentina, no menos problemas ha traído el reconocimiento de la realidad del campo popular.

    ¿Quienes somos, cómo somos?, parecen ser dos preguntas de la mayor vigencia y urgencia de respuesta precisa para basar una propuesta de creación de alternativa en el terreno firme de la realidad.  Todo intento de desconocer la pluralidad ideológica de origen y existencia, así como de las variadas formas organizativas en que hoy se despliega la izquierda, han sido trabas verdaderas a los mejores empeños de gestar alternativa.

    La izquierda en la Argentina se reconoce en diversas tradiciones.  En el marxismo y sus corrientes diversas.  En el nacionalismo revolucionario y todas sus formas de existencia.  En la teología de la liberación y en todas las formas que adquiere un pensamiento crítico que hoy resurge en la ecología social, el feminismo, la comunicación alternativa, etc.  Y todo esto tiene diversas formas de existencia organizativa: partidos políticos de izquierda, corrientes, revistas, núcleos de activistas sindicales, sociales, territoriales,  etc.

    Tres.  Hay una oportunidad para la izquierda

    La crisis del seis de octubre, con la renuncia del Vicepresidente, es evidentemente la punta político institucional de una verdadera crisis del capitalismo en la Argentina y  por ello el enemigo ha hecho movimientos

    Uno es el De la Rua que apunta a afirmar el peso y rol de la derecha en el Estado, en la conducción más firme, más brutal del proceso de ajuste; dando más fuerza a Machinea, más fuerza a Colombo; pasando del «chau Menem» al «hola Menem», del «hola Menem» al «hola Cavallo» con la conformación en la práctica de un P.U.M. (Partido Unico del Modelo) para aplicar uno y otro ajuste y seguramente más ajuste, porque no tienen otras alternativas.

    El otro movimiento es la renuncia de Chacho y el comienzo de la construcción de su movimiento, este movimiento con la «noble gente», los «neutrónicos», «fuera de los partidos», aunque parece que no están tan «fuera de los partidos», porque afuera de los partidos no se puede hacer política.

    Este movimiento tiene mucho de preventivo, de evitar el desprestigio, de tratar de captar el descontento que se va a ir generando pero tampoco tiene un bill de indemnidad para que eso se desarrolle tranquilamente. No es tan sencillo especular con el estado de ánimo de la gente, por eso, ni desprevenirse, ni asustarse excesivamente.

    El discurso anticorrupción vinculado solamente a la forma de hacer política, despegado del contenido indiscutiblemente corrupto de cada una de las acciones económicas del modelo empieza a hacer agua, empieza a ser criticado, empieza a encontrar resistencias, a tener dificultades en zonas más grandes de la sociedad argentina, y por lo tanto, se van creando espacios políticos reales y potenciales.

    Digo real y potencial porque es verdad que hay espacio político hoy, pero también hay un gran espacio de escepticismo, se destruye una articulación, fracasa la Alianza, fracasa el Frepaso.

    Ese escepticismo tiene su razón de ser, no es ilegítimo, démosle un espacio para que ese escepticismo viva y vayamos generando una dimensión contenedora del salto de calidad que van a dar la disconformidad y el rechazo cuando ese momento de escepticismo pase.

    El espacio tiene una dimensión real, importante y una dimensión futura más importante aún, si lo medimos por lo que piensa el stablishment; si se leen algunas de las notas editoriales de Juan Alemann en La Razón, se ve que sale a relucir nuevamente el peligro del comunismo, vienen los alertas de que no vaya a pasar lo que pasó en Venezuela.

    En realidad el enemigo está preocupado y siempre el enemigo ha sido sabio, del enemigo el consejo.

    Hay un vacío, van a intentar llenarlo y no les es fácil, una respuesta, desde la U.C.R. o desde la Alianza, el Frepaso,  Moyano o Cavallo.

    Se crea un espacio y una oportunidad que era impensable volver a tener tan rápidamente. Hay una oportunidad, podemos trabajar ya no en una situación de consenso entusiasta activo al modelo neoliberal, tal como lo conocíamos.

    Recordemos cuando tocaban el parche de la privatización, Neustadt con Grondona y Menem y María Julia. Prácticamente era un alud imparable y no hubo capacidad del movimiento obrero, no hubo capacidad de los trabajadores ferroviarios y los trabajadores de las telefónicas, ni de las izquierdas para enfrentar ese alud privatizador.

    No son los mismos tiempos, ya el consenso conquistado por la Alianza era un consenso pasivo y del consenso pasivo se está pasando, según dicen las encuestas, a una situación de desconfianza, a una situación en que crece un espacio de bronca latente.

    Si no hay más expresiones de estos nuevos sentimientos que hay en los trabajadores y en el conjunto de la sociedad es porque falta una masa crítica de alternativa constituida.

    Si hubiera en estos momentos una masa crítica de alternativa constituida en la Argentina se estaría dando un proceso de acumulación que nos podría poner en poco tiempo en una situación diferente.

    Nos permitimos llamar la atención de que no es la primera vez en que las fuerzas políticas del poder pierden capacidad de conducir a las masas populares, ya antes han salido de crisis similares o peores.

    La oportunidad es hoy, y para ponernos a la altura de los desafíos planteados se requiere dejar de lado todo calculo egoísta o cortoplacista.  Con la unidad ganaremos todos, con una alternativa política fuerte, será más fuerte el movimiento social.

    El espacio abierto para la izquierda, que ninguna fuerza política o social podrá ocuparlo por sí solo, no solo exige pasos concretos hacia la unidad, plantea la creación perentoria de una nueva fuerza política de izquierda, amplia, plural y abarcativa de todas las formas organizativas en que la izquierda existe hoy.

    Pluralidad de origen ideológico/cultural para recuperar y proyectar a todas las tradiciones de la cultura revolucionaria que han actuado y actúan: a todas las corrientes que se inspiran en el marxismo y la lucha por el socialismo, a los que han practicado un nacionalismo popular y antiimperialista, a los que se mantienen fieles al compromiso de una religiosidad popular y comprometida con las causas liberadoras, a todos los que procuran desarrollar un pensamiento crítico al capitalismo:  el movimiento ecologista y medio ambiental, el movimiento aborigen, el movimiento de mujeres, etc.

    Una gran flexibilidad organizativa para ser capaz de albergar a los diversos niveles y criterios organizativos que hoy conviven en la izquierda: los que estamos organizados en partidos políticos de carácter nacional y acción múltiple, a los que actúan como corriente, grupo o en el movimiento sindical, territorial, campesino, de mujeres,  de derechos humanos, o como grupos que producen experiencias comunicacionales.

    Sabemos que es difícil, pero es necesario y es posible.  Pero para avanzar hay que superar los sectarismos, los dogmatismos, las nociones de auto proclamación de vanguardia, los propietarios monopólicos de la verdad

    La base programática del movimiento es evidente: o no es verdad que todas estas fuerzas que hemos descrito analizan del mismo modo el carácter del gobierno de De la Rúa, como continuidad de una estrategia de dominación que viene de lejos, la composición y funcionamiento del bloque de poder las medidas económicas sociales más urgentes que la crisis requiere  y la idea de que la solución de fondo está vinculada a la superación del capitalismo y a alguna forma de socialismo.

    Nos dicen que no es posible por el origen ideológico plural y que solo los partidos homogéneos podrán avanzar.  Nos negamos a aceptar la pluralidad como una limitación.  No aceptamos como imposible la construcción de una fuerza nueva de la izquierda, amplia y plural.

    No se trata de subestimar las diferencias ideológicas culturales, pero se trata de entender que proponemos la UNIDAD POLITICA de los que quieren y luchan contra y por lo mismo.  Pero ocurre que también en la ideología hay elementos comunes, hay un hilo que enlaza a todas las procedencias: el antiimperialismo forma parte tanto del marxismo, del nacionalismo popular, de la teología de la liberación como de otras formas del pensamiento crítico contemporáneo.

    También nos dicen que es imposible construir algo sólido entre partidos, corrientes, grupos y aún militantes sueltos. Tampoco lo aceptamos. No estamos planteando sueños imposibles, son enfoques que surgen de la historia argentina y latinoamericana.

    El Frente Amplio del Uruguay ha crecido movimiento y coalición, han creado una nueva identidad, superadora pero contenedora y no agresiva hacia las identidades preexistentes que siguen vigentes junto a la del Frente Amplio.  El Partido de los Trabajadores del Brasil  funciona como un partido único con corrientes constituidas, que dirige un espacio importante del movimiento social y que además practica una política frentista que es la que ha logrado estos éxitos electorales.  El Farabundo Martí de El Salvador es un partido unificado de cuatro partidos revolucionarios pre existentes que continúan su tradición como corrientes internas del partido unificado.  Una unidad que se forjó en la guerra revolucionaria y que hoy se mantiene en la lucha parlamentaria.  Y en Cuba,  la vanguardia de la revolución fue plural y  las tres fuerzas políticas revolucionarias principales: el Movimiento 26 de Julio de Fidel, el Partido Socialista Popular de los comunistas y el Directorio Estudiantil se constituyeron en la Organización Revolucionaria Integrada que recorrió un largo camino antes de transformarse en el actual partido Comunista,

    Tampoco pensamos que la nueva fuerza surgirá de un acto único sino como resultado de un proceso de confluencia resultante de diversos momentos e iniciativas.

    Es cierto que no se puede formar la nueva fuerza en un acto único, pero estamos convencidos de que el modo en que cada fuerza popular se proponga hoy aprovechar la oportunidad creada, condicionará la posibilidad  de que esta vez no se nos vaya de las manos y creemos las condiciones para dar una batalla en forma por los cambios que la crisis exige y nuestro pueblo merece.

    Creemos útil recordar el llamado que nos hiciera el Che un Veinticinco de Mayo: “Si fuéramos capaces de unirnos, que hermoso y cercano sería el futuro”

    Rosario, 5 de noviembre de 2000

  • El viraje del Partido Comunista

    dos conferencias en el Archivo General de la Nación en el ciclo “Los partidos políticos en la Historia Argentina”  los días 25 de octubre y 1º de noviembre de 2.000

    1.Razones y antecedentes del viraje

    desde el punto de vista ideológico/cultural

    conferencia del

    25 de octubre de 2000

    “…es hora de que la política del frente democrático nacional vaya a parar al rincón de los objetos inútiles para la revolución en la Argentina”…

    Ernesto Giudice. “Carta a mis camaradas”. 1973

    No son muchas las oportunidades para reflexionar sobre la historia del Partido Comunista en ámbitos oficiales siendo que el Partido Comunista, y más en general la cultura del marxismo y del socialismo en la Argentina, constituyen una de las culturas políticas más antiguas de nuestro pueblo cuya presencia se puede constatar a lo largo de la historia de las luchas sociales en la Argentina.

    Constituye este ciclo, en mi modesta opinión un cambio, un paso para comenzar a considerar la historia de la izquierda como lo que es, como parte de la historia de la cultura. y como parte de la historia de la política en la Argentina.

    Vamos a hablar de lo que se denomina el viraje del Partido Comunista, los debates y las decisiones tomadas alrededor del XVI Congreso del partido en 1985; y el primer interrogante, la primera cuestión es indagar por qué se considera de tanta importancia a estas discusiones, a estas modificaciones.

    El Partido Comunista tiene más de 82 años de vida y en realidad tiene más que eso, porque tal como demostró Daniel Campione en este mismo ciclo, la historia del Partido Comunista es inseparable de la historia del Partido Socialista fundado en 1896.

    En los materiales en los que se convoca al próximo 21° Congreso del Partido Comunista a realizarse los días 3,4 y 5 de noviembre de este año se afirma que será el congreso del Partido Socialista fundado en 1896, del Partido Socialista Internacionalista, luego Comunista, fundado en 1918, y también en alguna medida es el congreso de un nuevo partido, del partido refundado por el XVI Congreso.

    ¿Es esto verdad?  ¿Es esto así?

    Es una cuestión que está en debate dentro de la cultura comunista y dentro de la cultura de izquierda en la Argentina.

    En los primeros diez años de vida, entre 1918 y 1928, el Partido Comunista realizó ocho congresos.

    Entre 1928 y 1946, en los siguientes 22 años, el Partido Comunista realizó tres congresos.

    Entre 1946 y 1969, en los siguientes 23 años, el Partido Comunista realizó dos congresos.

    Entre 1969 y 1985, en los siguientes 16 años, el Partido Comunista realizó tres congresos.

    Se podría alegar que buena parte de ese tiempo estuvo en la ilegalidad, como causa del no cumplimiento de los Estatutos que establecían la realización de congresos ordinarios del partido cada cuatro años.

    Sin embargo, es un argumento débil porque una de las capacidades principales que demostró el Partido Comunista durante todos esos años fue su enorme fuerza organizativa y sus capacidad para burlar la represión que le permitió publicar ininterrumpidamente desde 1928 hasta 1985 su prensa semanal, casi siempre, e incluso en periodos con cierta legalidad tuvo publicaciones cotidianas,  diarios y revistas.

    El punto es que desde 1928 hasta 1985, casi la misma línea de cuadros ocupó la dirección del Partido Comunista, y lo principal es que durante ese periodo se manejaron casi con las mismas ideas durante este largo plazo de cerca de sesenta años.

    Para poder valorar adecuadamente el XVI Congreso hay que remitirse al VIII Congreso del Partido Comunista realizado en 1928, un Congreso que culmina un periodo prolongado de disputas políticas, ideológicas y también disputas por la dirección del partido Comunista Argentino que culminan de un modo muy  particularidad.

    Culminan, en buena medida, gracias a la intervención de la Internacional Comunista que emite una Carta interviniendo en el debate y apoyando al grupo que se consolidaría como dirección del partido en 1928; el grupo conocido por formar parte de él Victorio Codovilla, Paulino González Alberdi, los hermanos Ghioldi, etc.

    Este es un elemento que aparentemente puede resultar circunstancial y que se transformó en una cuestión de bastante peso.

    La debilidad del grupo que se constituye en la dirección oficial del partido Comunista, que lo lleva a requerir de la intervención expresa de la dirección de la Internacional Comunista, va a repercutir en sus propias discusiones y en sus propias resoluciones.

    Hay que recordar que la Internacional Comunista, a la muerte de Lenin, y en un periodo donde la idea de que la revolución socialista iniciada el 7 de noviembre de 1917 en Rusia sería solo el comienzo de una rebelión generalizada en Europa se ha debilitado enormemente, comienza a perder el sentido original.

    La oleada revolucionaria con que soñaba Lenin efectivamente existió, pero no triunfó.  La rebelión estalló, por lo menos en Alemania, Italia y Hungría.

    Pero la rebelión fue derrotada y asesinados los principales jefes en Alemania, Rosa Luxemburgo y Carlos Liebcknet; encarcelado Antonio Gramsci en Italia y detenido el Ejercito Rojo a las puertas de Varsovia en lo que constituye un poderosos símbolo de la detención de esa oleada revolucionaria iniciada en noviembre de 1917.

    La Internacional Comunista, constituida a instancias de Lenin como un estado mayor de una ofensiva revolucionaria, de un proceso que se creía ininterrumpido y mundial, se va transformando en una organización que primero va a defender férreamente la existencia del socialismo en un solo país y luego va a derivar esa defensa en la defensa de la política exterior y de las condiciones para la supervivencia de ese país.

    La importancia que le da la Internacional Comunista a América Latina es muy débil y recién en 1928 resuelve constituir un Secretariado Latinoamericano al frente del cual no pone a un latinoamericano sino a un europeo del grupo de Bujarin, uno de los grupos perdedores en los debates del Partido Comunista de la Unión Soviética y de la Internacional Comunista.

    Así es que se instala a Ebert Droz como secretario del Secretariado Latinoamericano de la Internacional Comunista, un cargo que se puede considerar como una especie de castigo para los que perdieron la interna que se disputaba en Europa.

    Droz va a elaborar los lineamientos de la Internacional Comunista para América Latina y va a convocar a un congreso, la primera Conferencia de Partidos Comunistas de América Latina que se realiza en junio de 1929 y va a definir sus tareas del siguiente modo ( textual): “los países de América Latina, a pesar de su independencia política formal, son países semicoloniales los cuales deben ser examinados desde el punto de vista de nuestra táctica como países coloniales y semicoloniales.  Por lo que, prosigue Ebert Droz, el movimiento revolucionario en América Latina puede ser caracterizado como una revolución campesina y antimperialista y en consecuencia entra en la categoría que se ha convenido en llamar una revolución democrática burguesa.”

    En realidad, pocos meses antes de esta definición, Victorio Codovilla, en un boletín interno de la Internacional Comunista para América Latina había escrito un articulo sobre las características de América Latina levemente distinto a lo de Ebert Droz ateniéndose de un modo más estricto a lo que Vladimir Ilich Lenin había escrito en el libro “Imperialismo, fase superior del capitalismo” sobre el carácter dependiente de los países como Argentina, la famosa calificación que Lenin había hecho de los países de América Latina en ese libro.

    No es el punto hoy entrar a discutir estrictamente una u otra definición sino marcar que el que impone la definición que la Conferencia de los Partidos Comunistas Sudamericanos como su visión de lo que era América Latina, no es Victorio Codovilla, no es José Carlos Mariategui, obviamente, no es ninguno de los dirigentes marxistas que ya actuaban en estos países como Recabarren en Chile y Mella en Cuba que ya tenían un grado de desarrollo intelectual y político muy importante sino va a ser este enviado del Secretariado Internacional de la Internacional Comunista, que seguramente conocía bastante poco de esta región.

    En la conferencia de los partidos de 1929, que es una conferencia muy inteligenciada, muy coherente, muy en sintonía con el VIII° Congreso del Partido Comunista de la Argentina de 1928, se van a enfrentar dos posiciones sobre este punto: una es la que presenta el secretariado internacional, que va a ser la triunfadora, posición detrás de la cual se alinea la delegación argentina compuesta por Victorio Codovilla y Paulino González Alberdi; y la otra es la posición de la delegación peruana. “Punto de vista antimperialista” es la tesis que había escrito José Carlos Mariategui y que por cuestiones de salud la envía y no puede participar.

    Mariategui en su “Punto de vista Antimperialista”, va a recurrir a la historia de América Latina, va a apoyarse en su obra clásica “Los siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, en donde, de un modo bastante paradójico para los argentinos, buena parte de su herramienta teórica para analizar la realidad americana se va a apoyar en el argentino Esteban Echeverría, en el análisis que Echeverría hace de las clases sociales en el Virreinato y del criterio de que de las tres clases existentes: la oligarquía terrateniente, la burguesía comercial y las llamadas clases bajas: los esclavos, los indios, los gauchos, de las combinaciones posibles que podrían haber ocurrido en un proceso revolucionario a saber: que la burguesía comercial se aliara al sector más bajo de la sociedad y no solo resolvieran la cuestión de la liberación política sino medidas que apunten a un nivel de desarrollo social independiente, lo real es que en realidad se produjo la otra combinación de clases, entre la burguesía comercial y la oligarquía terrateniente, alianza que limitó la Primera Independencia a lo formal político, manteniendo el poder económico en manos de quienes abrirían paso al neocolonialismo.

    Este análisis que Mariategui hace para el Perú y otros países de América Latina, en mi opinión, donde mejor se confirma es en la propia Argentina donde a poco de andar el proceso de la Primera Independencia y el impulso revolucionario de mayo va a estar ahogado por esta combinación de intereses económico sociales de la oligarquía terrateniente, sobre todo la porteña,  la que desde muchos años antes de la Invasión Inglesa de 1806 ya tenía sólidas relaciones con el imperialismo inglés por medio del mecanismo de intercambio comercial ilegal del contrabando.

    En realidad, el maridaje del que habla Mariategui en la Argentina es un matrimonio de a tres constituido muy tempranamente entre el imperialismo inglés, la oligarquía terrateniente (sobre todo la que domina las pampas húmedas y la que está cercana al puerto, la oligarquía porteña) y la burguesía comercial que domina el puerto y la salida de las exportaciones del Virreinato y después de la Argentina para España.

    Desde esa visión de la historia es que Mariategui desarrolla y profundiza un análisis de la continuidad que el Virreinato tiene de la Conquista, y la República tiene del Virreinato a partir de la permanencia de un elemento fundamental que es la propiedad de la tierra, principal medio de producción en aquellos años para el tipo de modelo económico que se va a constituir basado en las exportaciones agropecuarias.

    Es por ello que Mariategui considera que es un error, como lo planteaban Haya de la Torre desde el A.P.R.A. y Droz desde el Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista, abrigar esperanzas de que la burguesía nacional latinoamericana (y nosotros agregamos, la argentina en particular), siguiera el camino de la burguesía nacional China, de la burguesía nacional india y fuera posible constituir alianzas sólidas con estos sectores detrás de un programa de liberación nacional.

    En opinión de Mariategui, opinión que comparto enteramente, la burguesía en América Latina nació subordinada al imperialismo y jamás tuvo, por lo menos en el sur, en estos países, vocación de un desarrollo independiente.

    Nació cipaya, nació con voluntad de subordinarse al imperio, y en la medida que creció, en la medida que creció en una lógica de dependencia subordinada, su subordinación al imperialismo ha ido creciendo hasta llegar a los límites de las relaciones carnales que predicaba Menem o la actual situación de alineamiento automático del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino en cualquier conflicto que estalle en el mundo tal como ha ocurrido en estos días con la negativa argentina a condenar el genocidio al pueblo palestino en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

    Podría parecer que es una exageración pretender vincular el debate del veintinueve con la Asamblea General de las Naciones Unidas de estos días del dos mil, y sin embargo creo que hay una línea coherente de subordinación al imperialismo que es interrumpida solo momentáneamente a  lo largo de la historia.

    Mariategui dice que la revolución que madura en América Latina es una revolución socialista, que se pueden y se deben establecer sistemas de alianzas con otros sectores sociales, con otras fuerzas políticas, pero que tiene que estar claro que por lo que hay que luchar es por un socialismo  que en América Latina tiene en opinión de Mariategui la ventaja de tener una tradición histórica en el sistema de producción, por lo menos de los Incas, que él considera del “comunismo primitivo”.

    Más allá de la discusión sobre el verdadero carácter de la producción en el imperio incaico, cuestión que no nos parece que sea la fundamental, lo que se debe destacar es esta actitud de Mariategui de pararse frente a la realidad en busca de encontrar los caminos para su transformación, y no de la temprana actitud de ver a la realidad como un muro que no se puede derribar y al cual hay que acondicionarse y subordinarse.

    Es interesante, y es un trabajo que no está hecho, hacer un estudio más serio en paralelo de la obra y la vida de José Carlos Mariategui y de Victorio Codovilla.

    Cuando digo más serio, lo digo porque durante muchos años, en la cultura oficial comunista fue ignorada la obra y la trayectoria de José Carlos Mariategui; y viceversa cuando se estudia a Mariategui no pocas veces se pretende que Mariategui discutía con personas infradotadas o algo así, degradando lo que era un debate entre pares, entre revolucionarios que incluso tenían una trayectoria personal bastante parecida y muy simbólica.

    Los dos provenían de hogares muy pobres, los dos hicieron esfuerzos personales muy grandes para lograr una educación bastante mínima: ni Codovilla ni Mariategui tienen títulos universitarios.  Me parece que Codovilla había cursado en Italia el Liceo, una forma de educación secundaria.

    Mariategui va a ser expulsado del Perú, y él escribe que en Europa descubrió Perú.  Por su parte, Codovilla va a ser expulsado de Italia por su militancia revolucionaria muy temprana, siendo estudiante del Liceo.  Y lo paradójico que en ese exilio a la Argentina Codovilla nunca pudo despegarse de las primeras visiones que se formó sobre el capitalismo en su adolescencia italiana.

    Para el año ’29 la diferencia de edad no es mucha, y los dos han llegado desde muy abajo a lugares importantes en un movimiento que en ese tiempo era lo que estaba transformando el mundo.

    El problema es que marxismo van a desarrollar uno y otro.

    El marxismo de Mariategui no es un marxismo pulcro, no es un marxismo demasiado ortodoxo.  Mariategui en realidad busca en el marxismo armas para enfrentar el sistema de dominación peruano.

    Prácticamente toda la vida política útil de Mariategui va a ser bajo el gobierno de Leguía, un personaje bastante típico de Latinoamérica que va a gobernar durante once años y que es básicamente un hombre de un fuerte positivismo.  Y que utiliza a toda la ideología del positivismo para justificar su gobierno desde la teoría del desarrollo y del progreso ininterrumpido.

    En la Argentina, el positivismo es también la ideología de las clases dominantes sin embargo, y esta es la diferencia entre uno y otro bloque de poder, entre el dominante en Perú y el dominante en la Argentina, la Generación del ’80, que justifica la constitución de la nación y la organización del sistema capitalista a pleno en la Argentina va a tener la capacidad de ejercer una hegemonía cultural tan grande para que su ideología positivista penetre no solo a las capas dominantes de la sociedad sino a los propios grupos socialistas en conformación en esos primeros años.

    El positivismo y el liberalismo van a mezclarse con los orígenes del socialismo y van a tener un efecto devastador, con resultados dramáticos sobre la base teórica del partido comunista recién formado.

    En 1973 uno de los intelectuales más importantes del Partido Comunista, exasperado por no poder dirimir las diferencias que tenía con el resto de la dirección renuncia al Partido Comunista y envía una carta que titula “Carta a mis camaradas” donde dice que durante años se ha preguntado, igual que muchos le han preguntado a él, cuál era en definitiva la estrategia de poder del Partido Comunista que mucha gente no podía distinguirla en los permanentes cambios de alianzas y en los apoyos tan cambiantes a una y otra fracción política.

    Ernesto Giudice, igual que todos ellos va a aceptar la idea de la revolución democrática burguesa, pero dice que de las dos variantes principales que la historia ha conocido de la forma de abrirse paso una revolución burguesa, la revolución burguesa a la plebeya realizada en 1789 en Francia, y la revolución cúpular, por acuerdo realizada por la burguesía inglesa en 1766, parecería que la dirección del Partido Comunista Argentino había elegido este camino de la revolución burguesa a la inglesa por el acuerdo.  Y que al cabo de los años él cree descubrir que la verdadera estrategia del Partido Comunista es la de tomar el poder por la saturación del sistema. La estrategia de penetrar en todos los poros de la sociedad, igual que hizo la burguesía inglesa con la Monarquía en Gran Bretaña.

    Y pide en esa carta, y lo transcribo casi textualmente: “es hora de que la política del frente democrático nacional vaya a parar al rincón de los objetos inútiles para la revolución en la Argentina”.

    Aquí estamos exactamente en el punto número uno del encuentro que era tratar de demostrar porque el abandono de la política de frente democrático nacional que realiza el XVI Congreso, y que trabajosamente en estos años hemos tratado de llevar a la práctica, cuestión que trataremos de consolidar en el próximo XXI Congreso a realizar en estos próximos días, constituye un viraje enérgico, muy serio, en el Partido Comunista.

    Un viraje en la política del Partido Comunista, en la manera de ver el marxismo del Partido Comunista, en la mirada sobre la historia argentina que tenía el partido, en el modo de relacionarse los militantes comunistas entre si y de los militantes comunistas con el resto de la izquierda y que por todos estos cambios, y algunos más que trataremos de abordar más adelante, estos cambios constituyen de algún modo una verdadera refundación del Partido Comunista hasta el extremo de que si por una razón mágica, como imagina el autor de la obra de teatro “Conversaciones con el Che Guevara” lograra que algún militante comunista de los desaparecidos hace 25 años volviera a la vida y viera lo que es este Partido Comunista difícilmente lo pudiera reconocer y hasta es posible que lo descalifique con el mismo lenguaje con que se descalificaba a otros grupos de izquierda en los años ´60.

    Exactamente, ¿qué es lo que se cambió con el XVI Congreso del Partido Comunista?

    En primer lugar se cambió la caracterización de la Argentina, cuestión clave para un partido comunista.  ¿De qué estamos hablando, en qué país queremos producir cambios sociales?

    Si bien el lenguaje tiene modificaciones y en los distintos congresos hay algunos cambios, básicamente desde 1928 hasta el XVI Congreso se mantuvo la idea de que a la Argentina le faltaba desarrollo capitalista.  De que la Argentina era un país cuya característica principal era la dependencia entendida ésta básicamente como un factor externo, y por lo tanto como un factor externo de dominación habilitaba la idea de que un sector o la burguesía nacional en su conjunto pudiera participar de un modo activo, de un modo honesto, de un modo consecuente en la lucha por la liberación nacional y social.

    La idea de que había un desarrollo “normal” del capitalismo que hubiera llevado a la Argentina al mismo lugar al que llegaron Canadá y Australia países con los cuales Argentina compartía a finales del siglo XIX y principios del siglo XX las mismas potencialidades de desarrollo económico es una idea que penetró mucho en el Partido Comunista.

    El 17 de julio de 1942, en un informe al Comité Ejecutivo, el secretario del partido, Jerónimo Arnedo Alvarez, dice textualmente: “Nosotros, comunistas, estamos dispuestos a no plantear ninguna demanda política o social que trabe o impida el desarrollo libre y progresista del capitalismo.” Según él, lo aclara así: “Por desarrollo progresista entendemos un desarrollo que impulse y vivifique los recursos naturales del país y que tome en consideración sus intereses y, en particular los de su población laboriosa…”

    Ese tipo de capitalismo no existió nunca en la Argentina, ni podrá existir, porque el capitalismo se organiza por los capitalistas en aras del interés económico y de la máxima ganancia, por lo tanto jamás al capitalismo le preocupará, o se apartará un milímetro de la búsqueda de la máxima ganancia en aras de preservar el medio ambiente, la salud de sus habitantes, etc.

    El empecinamiento en pagar la deuda externa que tiene el sistema de dominación del capitalismo en la Argentina, privilegiando el pago a los especuladores financieros internacionales a la más elemental respuesta a la salud de nuestra infancia es lo que hace que muera un niño en la Argentina cada cincuenta minutos por falta de la atención adecuada da idea de que no existe, ni existirá jamás tal tipo de capitalismo “normal” al que aspiraba Arnedo Alvarez.

    Esta idea, que pocas veces está expresada de un modo tan patética y tan transparente, en realidad había penetrado profundamente la conciencia política de la dirección del partido y explica mucho de las actitudes y posiciones tomadas a lo largo de esos años.

    Esta cuestión de la dependencia que efectivamente el Partido Comunista la denuncia muy tempranamente, en 1928, mucho antes de la aparición de la corriente que en sociología se conoce como la corriente de la dependencia en los años ’60.

    Sin embargo, una vez más se hace una lectura totalmente mecánica y dogmática del marxismo, y en particular de la obra de Lenin sobre el imperialismo y una definición que Lenin la da solo como un ejemplo en su investigación más general sobre la transformación en imperialismo del capitalismo pre monopolista a finales del siglo XIX se toma como una enseñanza bíblica, como una ley sagrada capaz de explicar para siempre las características del capitalismo latinoamericano sin más tramite ni estudio.

    Y de esta combinación de “capitalismo normal”, la teoría de la dependencia, el papel de la burguesía nacional, surge la idea de la revolución por etapas.

    Primero la revolución democrática burguesa, luego la revolución socialista para cuya transformación, se explicaba, se requiere del papel hegemónico de la clase obrera en la primera etapa, cuestión que se resuelve automáticamente por el crecimiento del Partido Comunista.

    Y en estas cuatro o cinco ideas se condensa la base teórica que explica la política, por lo menos la política oficial, del Partido Comunista durante sesenta años.

    Con la cuestión de que el crecimiento del Partido Comunista es imprescindible para la transformación de la revolución democrática burguesa en revolución socialista, es imprescindible el crecimiento del partido; y si el Partido Comunista se considera la vanguardia de la revolución por ser el portador del más puro marxismo leninismo es obvia y natural que la actitud hacia cualquier otra fuerza que se pretenda revolucionaria, de izquierda o aún comunista será la actitud de hostilidad, de intolerancia y de reticencia a la unidad.

    Con lo cual se completa el cuadro que explica la tragedia del Partido Comunista Argentino.  La tragedia de haber luchado consecuentemente, heroicamente durante tantos años con un resultado político en acumulación de fuerzas tan pequeño.

    Hay en este punto una cuestión sobre la historia que es muy importante.

    La visión prácticamente oficial de la historia que es casi una visión liberal de la historia que establece una continuidad entre Mayo, Caseros, la generación del ’80 y la organización nacional llevaba a una idealización de las formas de la democracia representativa en la Argentina y a una incomprensión del verdadero sistema de dominación vigente en la Argentina entre los años ’30 y los años ’80.

    Esta idea de continuidad irrestricta entre Mayo, Caseros, la generación del ’80, la Ley Sáenz Peña y la organización de las instituciones de la democracia representativa en la Argentina no permitían comprender el verdadero significado de la alternancia entre gobiernos civiles electos según las normas constitucionales y gobiernos militares impuestos por golpes de estado.

    Esta incomprensión de la historia real sumada a esta visión de que en la Argentina faltaba desarrollo capitalista se va a constituir en la base teórica fundamental de la política de frente democrático nacional, y de la lucha por la revolución democrática burguesa.

    Este tipo de cuestiones que se van a poner en evidencia de un modo brutal ante el viraje de la historia y la decisión del Partido Comunista de participar en la Unión Democrática junto al sector mayoritario de la Unión Cívica Radical, el Partido Demócrata Progresista y el Partido Socialista en contra de la otra alianza que encabezaba Perón y que integraban otros sectores radicales y socialistas fue durante toda la historia motor de discusiones, intentos de militantes y dirigentes por modificar esta política.

    A estos intentos se respondía con una metodología de intolerancia en el debate y de negativa a modificar la línea fundamental trazada en 1928 y mantenida a lo largo del tiempo que llevó a que una cantidad de militantes revolucionarios que se incorporaban a las filas del partido y de la juventud comunista terminaran su vida en otros lugares, en otras organizaciones de los cuales, para dar solo algunos ejemplos podríamos nombrar a Marcos Osatinsky que había sido secretario de la juventud comunista de Santa Fe y que luego fue uno de los jefes de la Juventud Peronista de las Regionales en el norte del país con asiento en Tucumán, a Roberto Quieto que había sido secretario del círculo de la Juventud Comunista de la Facultad de Derecho de la UBA y que murió combatiendo a la dictadura desde las filas de Montoneros, o Joaquín Basanta, dirigente del Partido Comunista de San Juan. expulsado en 1956. y una de las piezas fundamentales del Movimiento 26 de Julio de Cuba en la organización de la entrada de armas desde Miami a la Sierra Maestra en 1958 y que siguió colaborando con la inteligencia de la Revolución Cubana hasta su muerte en 1990 a quien tuve la suerte de conocerlo personalmente en sus últimos días de La Habana entusiasmado por el XVI Congreso y receloso del rumbo de Gorvachov y Cía..

    Todo esto cambia con el XVI Congreso, se abandona la idea de que hace falta capitalismo y se afirma rotundamente que la Argentina es un país capitalista sin ninguna duda, que la causa de los males de nuestro pueblo se debe a eso y que la solución que proponen los comunistas es una revolución socialista.

    Que para conquistar esa revolución socialista hay que construir poder popular, hay que construir capacidad del pueblo para resistir, para enfrentar y para derrotar al sistema de dominación vigente y que esa tarea no podrá ser obra de ninguna fuerza de la izquierda por si sola por lo que se requiere como paso inicial, primigenio, la constitución de la unidad de las izquierdas en la Argentina como un objetivo y como una conducta política práctica cotidiana.

    A que me quiero referir, si los cambios fueron de semejante magnitud, si lo que se cambió fue tan grande, creo que hay que desechar tanto las teorías conspirativas de que todo esto fue fruto de la actividad conspirativa de algún servicio secreto de vaya a saber donde, o también las visiones personalistas de que todo esto ocurrió por el papel de uno, dos o algunos militantes o dirigentes del partido o la Juventud Comunista

    Yo pienso que la historia del Partido Comunista es una historia contradictoria.

    Una historia contradictoria entre el discurso y la práctica. Generalmente la práctica bastante más avanzada que el discurso.

    Es una historia de contradicciones entre la militancia y la dirección, entre la militancia entre si y también entre los miembros de la dirección.

    Es tan malo aceptar la idea, subsistente hasta el XVI Congreso, de una trayectoria absolutamente coherente, perfecta, y que para explicar por que no se hizo la revolución tiene que apelar a verdaderos pases de magia de  por qué esa trayectoria, esa política que no había tenido errores no había tenido éxitos; como pasar a la idea inversa de que ochenta años de vida del Partido Comunista, centenares de miles de militantes que pasaron por sus filas y que han fundado desde sindicatos hasta clubes de fútbol, desde bibliotecas populares hasta cooperativas de crédito, desde organizaciones de bomberos voluntarios hasta tener a algunos de los más prominentes científicos, artistas e intelectuales en sus filas; todo eso es desechable y no jugó ningún papel en la historia real de la Argentina.

    La historia de un partido no se puede leer solo en las declaraciones y documentos de su dirección, la historia de un partido resulta de muchas líneas de acción, y en el caso de un partido como el nuestro, de la creación y la militancia de centenares de miles de compañeras y compañeros que pasaron por sus filas.

    Más allá de las ilusiones y de las valoraciones, yo creo que si nosotros seguimos la idea de Antonio Gramsci de que los partidos son lo que son en la lucha de clases, dicho todo esto que hemos dicho, y que constituyen la razón ineludible del viraje realizado, el Partido Comunista, las más de las veces, en la lucha de clases en la Argentina jugó para el lado de la clase obrera y el pueblo.

    Lo que el XVI Congreso comenzó a discutir es que esa imprecisión en la estrategia, esa dificultad en la comprensión de la realidad y esas dificultades en la elaboración de políticas hicieron que el aporte de los comunistas a la lucha de clases en la Argentina fuera de menor productividad y de menor eficiencia de lo que fuera deseable.

    En el Partido Comunista desde 1928 hasta 1985 hubo innumerables discusiones que se conocen como fracciones.  ¿Cuál es la diferencia entre aquellas fracciones y el viraje?

    En primer lugar que la mayoría de aquellas fracciones se las recuerda por el grupo o la fuerza política internacional con la cual se alineaba cada una de las fracciones respectivas y así están las fracciones de los chinos, de los yugoslavos, etc.

    El XVI Congreso, básicamente,  comienza discutiendo el balance de la lucha de clases en la Argentina y comienza discutiendo puntualmente el resultado electoral de 1983, el retiro de la candidatura comunista a la presidencia que era la formula Rubén Iscaro, Irene Rodríguez y el apoyo a la formula justicialista encabezada por Luder/Bittel, de esa discusión sobre porque se había llegado a esa política seguidista que tuvo en la provincia de buenos Aires el extremo de apoyar a Herminio Iglesias se pasa a cuestionar cual había sido la política durante la dictadura militar, por qué se había planteado en los primeros tiempos esa táctica de diferenciar entre sectores fascistas y no fascistas en el ejercito; y de esa discusión sobre la dictadura se va la discusión sobre cual había sido la actitud del Partido Comunista ante el surgimiento del peronismo y las dos consecuencias simétricas que tuvo esa actitud durante tanto tiempo que fueron las variantes seguidistas que fue la variante de apoyar acríticamente al peronismo y sobre todo a la burocracia sindical peronista o la variante sectaria, liberal, gorila.  Una tendiente a subordinarse a la derecha peronista y la burocracia sindical, la otra tendiente a subordinarse al radicalismo y el ala “progresista” del liberalismo argentino. Estas dos conductas convivieron durante mucho tiempo en el partido.

    Y de esa discusión sobre el peronismo entonces ya se va a una discusión sobre política y se empieza a discutir toda la estrategia de la revolución democrática burguesa.

    Y al discutir la estrategia de la revolución democrática burguesa,  aparece Mariategui y la conferencia del 29 y de la conferencia del ´29 aparece la necesidad de pensar que no había una sola manera de ser marxista sino que, por lo menos en el ´29 ya había dos y si había dos en el ‘29 a lo mejor pudo haber habido más de una manera de ser marxista durante todo ese tiempo.

    Y entonces esta secuencia que va a ir cerrándose con una discusión sobre la metodología, sobre la relación entre la militancia y el partido, y de esa discusión cada uno de los militantes terminó discutiendo su proyecto de vida y su balance de militancia en una secuencia muy compleja y que no todos pudieron realizarla de una manera integral y desde esta mirada que hoy explicamos fácil, pero que a ninguno de nosotros nos resultó fácil.

    Todo este proceso va a fructificar por lo menos tres razones.

    Primero. porque el Partido Comunista estaba a punto de estallar o estaba estallando a consecuencia de la magnitud de los errores que implicaba el apoyo a Luder Bittel y de los errores cometidos durante la dictadura militar, sobre todo por un partido que había aportado más de cien desaparecidos y varios miles  de presos políticos

    En segundo lugar porque había madurado una generación de militantes en el partido que en su juventud había protagonizado una experiencia como la de la Coordinadora de las Juventudes Políticas en los años ’70 y que en los años ’80 había conocido muy de cerca la experiencia victoriosa de la revolución sandinista en Nicaragua y la ofensiva del Farabundo Martí en El Salvador y desde esas experiencias había conocido otras experiencias, otra literatura, otro pensamiento que el que circulaba bajo la supervisión de la Comisión de Propaganda y los equipos ideológicos.

    Y en tercer lugar,  porque en la dirección de la Juventud Comunista y en una parte de la dirección del partido, se comprende que si el Partido Comunista no iba a un proceso de viraje el partido iba a estallar e iba a desaparecer de la escena nacional.

    Estos son los antecedentes y las causas del proceso de debates del XVI Congreso que tuvieron un doble carácter.

    Si uno los piensa como  militante de la juventud de los ’70, uno piensa que es un viraje que llegó tarde y que bien le hubiera hecho a la militancia comunista haber hecho el XVI Congreso en 1968, por ejemplo, y poder haber participado, como participó, en las luchas abiertas por el Cordobazo de otra manera, con otra perspectiva como reclamaba Ernesto Giudice en su Carta a mis camaradas, con la idea puesta en construir una fuerza para la revolución.

    Y así pues, que desde un punto de vista, el viraje del Partido es un viraje demorado y atrasado.

    Pero si uno lo piensa desde el punto de vista de lo que pasó en el mundo poco después, con la caída del Socialismo y la desaparición virtual del Partido Comunista de la Unión Soviética y el descalabro del movimiento comunista internacional se puede afirmar con total objetividad, creo yo, que el viraje del Partido Comunista tuvo un carácter anticipatorio, preventivo.

    Y que sin los debates del XVI Congreso, el partido Comunista de la Argentina, por su relación tan especial con el Partido Comunista de la Unión Soviética, que traté de explicar a lo largo de toda la charla, por el grado de penetración de la lectura más dogmática del marxismo, por el grado de intolerancia hacia otras lecturas revolucionarias y hacia otras experiencias difícilmente hubiera podido sobrevivir a la caída del socialismo real, de la URSS, al triunfo del menemismo en las elecciones del ‘89 y a todo lo que pasó en estos años.

    Porque en realidad, lejos de la visión culposa tan fuerte en la Argentina por el peso de la moral judeo cristiana, la autocrítica no se hizo para encontrar culpables, para salvarnos y “saber quién es el que nos arruinó la vida” sino que se hizo desde una mirada, una perspectiva revolucionaria, desde un balance de la lucha de clases en la Argentina, desde el compromiso más sólido con la generación que peleó y casi triunfó en los ’70, y desde el compromiso con los desaparecidos cuya bandera hay que llevar finalmente a la victoria.

    Y desde esa perspectiva, el viraje del partido se hizo para poder servir mejor a los trabajadores y el pueblo argentino.

    Alguna vez Lenin habló de que finalmente la autocrítica fortalece al que la hace, Fidel lo dijo de un modo más latino, y con esto termino: “del festín de nuestra autocrítica, el enemigo solo comerá las migajas”.

    Lo fundamental de este festín será en beneficio del pueblo y de la lucha de los trabajadores argentinos.


    El viraje del Partido Comunista

    2. Los cambios en la acción política real. Quince años de lucha por la unidad de la izquierda

    conferencia de José Ernesto Schulman

    en el Archivo General de la Nación.

    el  1º de noviembre de 2000

    Vamos a tratar de darle continuidad a las opiniones y reflexiones que hicimos la semana pasada.

    Nosotros tratamos de demostrar que en el Partido Comunista ocurrió un cambio real, que el viraje es una modificación real de la forma de mirar la realidad; de la estrategia y de las conductas políticas cotidianas, de la practica política concreta

    También tratamos de explicar que este proceso empezó como un proceso de autocrítica puntual sobre las posiciones electorales de 1983, pero que en la medida que se fue desplegando fue alcanzando una dinámica propia, y fue abarcando cada una de las instancias que constituyen el pensamiento de un partido político, del debate sobre acontecimientos políticos puntuales a la estrategia mas general, incluyendo el modo de pensar  la teoría revolucionaria del marxismo.

    Lo que nos interesa destacar es que al modificar el modo de mirar la realidad, al modificar el modo aproximarse al marxismo, la resultante fue que cambió la mirada sobre la realidad y así como hemos tratado de pensar la semana pasada al viraje como un proceso de corrección de errores,  se puede también pensar al viraje como una nueva lectura de la realidad nacional,  latinoamericana y el mundo y sobre esa base la consecuente modificación de las políticas reales y la formulación de una nueva estrategia.

    Entonces si pensamos al viraje como la modificación de la política real del Partido Comunista; intentar hacer la historia del Partido Comunista nos lleva  a pensar la historia de los últimos 15 años, la historia de las luchas sociales, de las luchas obreras y populares; y arribamos a unos de los conceptos básicos de Antonio Gramsci  cual es que la historia de un partido político es la historia de un país desde un punto de vista monográfico.

    No se puede entender la historia de un partido  o un proceso interno de un partido lo cual es este del viraje, si no es desde la comprensión  de lo que ocurrió realmente en la totalidad de la vida social de la Argentina.  Obviamente que en el escaso tiempo que tenemos para hablar del tema no podermos encarar semejante tarea sino simplemente señalar algunas puntas para una investigación y el debate pendiente.

    El viraje del Partido Comunista comenzó con gestos que se fueron produciendo como respuesta a desafíos de la lucha política real, no necesariamente desde el comienzo pensados como parte de una estrategia, cuyo final es el que resultó; el viraje completo, integral de la política del partido.

    El primer gesto o uno de los primeros gestos que anticipa y de por si comienzan el viraje, ocurrió en Rosario en octubre de 1984 con la realización del primer acto de homenaje a Ernesto “Che” Guevara nacido en Rosario, el primer acto público, post-dictatorial y el primer acto público que el Partido Comunista Argentino realizara de homenaje al Che.

    Con este acto de homenaje al Che comenzó un proceso de reencuentro de los comunistas argentinos con Guevara y significó desde el punto de vista práctico la ruptura del predominio casi absoluto de la hermenéutica soviética sobre el marxismo en el Partido Comunista argentino.

    La apertura al pensamiento de Guevara fue sólo el primer paso de una apertura y de una incorporación del pensamiento de Mariátegui, de Shafik Jorge Handall, entonces secretario general del partido comunista del Salvador  y hoy Presidente de la cámara de diputados del Salvador, uno de los comandantes del Frente Farabundo Martí, también del pensamiento de Piñeiro Losada uno de los comandantes de la revolución cubana recientemente fallecido  y autor en aquellos años de un libro muy importante que se llamaba “Los caminos de la unidad”, y en general un fuerte viraje en el modo de mirar al marxismo, que había estado caracterizado por el euro centrismo, a una fuerte atención a las temáticas del marxismo latinoamericano y a una fuerte vinculación con los procesos revolucionarios  centroamericanos que estaban en un momento de auge y desarrollo.

    Recordemos que la revolución sandinista en Nicaragua había triunfado solo 6 años, atrás el 19 de julio de 1979; que la revolución cubana estaba en un proceso de fortaleza y que por toda América latina crecían experiencias que desafiaban al poder en Guatemala con la URNG Unión Revolucionaria Nacional de Guatemala, en el Salvador con el Farabundo Martí  y muchos de esos países.

    Este primer gesto de recuperación y reencuentro con el Che se proyecto en estos 15 años en una consecuente política del Partido Comunista Argetino de impulsar tanto la renovación teórica del pensamiento marxista en la Argentina y en América latina, como en una fuerte voluntad de articularse con el resto de las fuerzas revolucionarias de América latina

    Fruto de ese primer gesto y de la política que se aplicó desde allí se, realizaron innumerables seminarios latinoamericanos sobre el pensamiento de Guevara, se contribuyó a fundar la revista América Libre, la única revista realmente multinacional que existe en América latina desde el pensamiento crítico que dirige Frei Betto un sacerdote brasilero y cuya secretaria general es la argentina y comunista Claudia Korol y además se produjo alrededor de ese movimiento de  los seminarios de América Libre la articulación y el encuentro de fuerzas  que irían a confluir todas hacia el foro de San Pablo pero que desde un perfil de izquierda intentarían allí mismo en el foro de San Pablo que es un movimiento amplísimo que va desde el PT de Brasil  hasta el PRD de México encontrar una agenda propia  de la izquierda e intentar abrirle camino ahí adentro.

    El acto de octubre del ´84 entonces tuvo un primer sentido de ruptura con una manera de ver el marxismo y de abrirse a otras lecturas y fundamentalmente al pensamiento guevarista que se proyectó de esta manera y tuvo también un sentido que se proyecta en el tiempo

    En el discurso que realizara Patricio Echegaray, entonces secretario de la Juventud Comunista en el acto de homenaje al Che en Rosario el centro de su intervención se concentro en la discusión con el posibilismo: si en la Argentina y en América latina era posible emprender un proceso de cambios revolucionarios o si como se formulaba desde el radicalismo, y sobre todo desde el “alfonsinismo” en el gobierno, las condiciones de la correlación de fuerzas en América latina y en la Argentina hacían que algunas cuestiones fueran teóricamente justas como por ejemplo  discutir la  deuda externa, pero desde el punto de vista político-práctico era imposible emprender la batalla por el No pago y el club de países deudores.

    El debate con el posibilismo rápidamente fue al encuentro de una discusión mas profunda todavía, que fue la discusión sobre el balance de la lucha social y política desafiante del poder que transcurrió en la Argentina entre 1969 y 1975, y sobre las responsabilidades del genocidio y del golpe militar de 1976

    En realidad el posibilismo que predicaban Alfonsin, Storani, Caceres y el grupo principal de la ex Coordinadora de la Juventud Radical mutada en fuerza hegemónica del oficialismo en la Argentina, provenía de un grupo de intelectuales entre los cuales resaltaban Portantiero, Aricó, José Nun y tantos otros que habían sido en los años ‘60 y en los años ‘70 parte fundamental de la intelectualidad mas crítica y más comprometida con el pensamiento marxista, gramsciano y guevarista en la Argentina.

    Y la transformación de esta corriente intelectual expresaba algo mucho mas profundo que era la decisión  de una parte importante de la intelectualidad que en los años ‘70 había contribuido a la lucha revolucionaria desde el pensamiento y desde la practica, la decisión digo de abandonar esa  lucha, asumir que los cambios en la Argentina eran irreversibles y que por lo tanto lo único que se podía hacer era intentar mejorar el capitalismo realmente existente y los gobiernos que lo defendían

    En definitiva el balance que esta corriente intelectual hace los años 70, es que nunca se debió luchar, que la derrota estaba predestinada desde antes de comenzar e incluso que toda forma de violencia política es mala de por si, deplorable y descartable.

    En realidad esta discusión en el movimiento revolucionario mundial es una discusión vieja.  Discutiendo las consecuencias la derrota de la Comuna de Paris, Engels decía que lo mas doloroso de las derrotas es que los pueblos olvidan las razones por las cuales lucharon; y Marx que había tenido opiniones  críticas a la dirección de la Comuna de Paris antes de que estallara la confrontación  entre la Comuna y el gobierno francés, que sería asistido por su “enemigo”, el ejercito alemán, va a escribir cartas muy explicitas diciendo que no había sido un error luchar, que en todo caso el error había sido  no luchar con  mas enjundia, con más, capacidad y con mas organización: “La canalla burguesa de Versalles puso a los parisinos ante la alternativa de cesar la lucha o sucumbir sin combate.  En el segundo caso, la desmoralización de la clase obrera hubiese sido una desgracia enormemente mayor que la caída de un número cualquiera de jefes” y la misma discusión había ocurrido en 1905, luego de los sucesos de la llamada  la primera revolución rusa cuando Lenin va a discutir con el mismo sentido con los que arrepentidos o asustados por la derrota argumentaban que nunca se debió haber luchado.

    Lo que plantea Echegaray en el acto del Che, y va a desarrollar  en los meses siguientes en debate con el posibilismo es lo mismo: la lucha del pueblo argentino, de sus organizaciones sociales, políticas, incluidas las organizaciones políticas que habían elegido la lucha armada para abrir paso a su proyecto político era una lucha justa y la discusión debía ser cuales fueron las causas que impidieron el triunfo de esa lucha.  La discusión era como se lodía mejorar la lucha, pero nunca jamás del tipo que proponían Arico, Portantiero y Nun de que nunca se debió haber luchado, una visión de arrepentidos de la lucha.

    El otro gesto que va a ir construyendo el viraje del Partido Comunista y que va a tener una gran proyección hacia delante también, va a ocurrir en junio de 1985 cuando el Dr. Alfonsin, en la Presidencia de la Nación, anuncia por radio una conspiración golpista, convoca a la plaza de Mayo en defensa de la democracia y ante una multitud que ha sido movilizada en defensa de la democracia y contra los golpistas plantea de que la Argentina está en un estado de economía de guerra y que hay que proceder al primer ajuste radical a partir del cual, sin solución de continuidad, se han sucedido uno tras otro hasta perder la cuenta de cuantos han sido hasta el día de hoy que estamos ya sufriendo el segundo ajustazo del gobierno de de La Rua

    Pero se puede establecer, si hubiera tiempo, que la historia de los ajustes “en democracia” empezaron en junio del ‘85 con el Plan Austral, declarado por Alfonsin a partir de un discurso de justificación que se asienta en este enfoque posibilista

    La tesis de democracia o caos y de que para salvar la democracia había que ajustar la economía para no disgustar a los dueños del poder real se va a repetir como discurso justificatorio del ajuste hasta el día de hoy.  Cambia a veces el cuco, pero el discurso es siempre lo mismo: si no hacemos esto se enoja el mercado, si no hacemos aquello se enojan los militares, es el mismo discurso justificatorio en los 15 años, la misma lógica del pensamiento colonizado que busca transformar a la victima en responsable de la violación sufrida.

    La columna del Partido Comunista, que era muy numerosa, se retiró de la Plaza de Mayo cuando Alfonsin planteó lo de la economía de guerra, y comienza entre Alfonsin y la dirección del viraje del Partido Comunista una discusión pública; que por supuesto gana Alfonsin ya que él habla desde los actos oficiales y tiene como medios de comunicación a los medios de comunicación nacionales, a los dirigentes políticos y a los intelectuales organicos del sistema, sus órganos de prensao, sus revistas, sus periódicos.

    Alfonsin dedica 4 o 5 discursos a la discusión que se había abierto con el Partido Comunista. Primero plantea que “a los que se niegan al plan Austral les decimos que no son de acá” y está estableciendo nuevamente que el que se opone a la política oficial es un extranjero, no tiene nacionalidad y en definitiva en la consecuencia de su razonamiento vuelve al discurso justificatorio de los españoles de que los indios en realidad no son humanos y por eso se los puede matar.  Si no estas de acuerdo con el plan de ajuste, no sos argentino, si no sos argentino se puede volver a cometer el genocidio, el terrorismo de estado lo que sea…

    Luego plantea que los debates del Partido Comunista han reinstalado el tema de violencia en la Argentina y que está en peligro la democracia  e incluso llega a formular en un discurso una apelación publica para que se sostenga la política tradicional del frente democrático nacional que había  sostenido el Partido Comunista durante 50 años y que hemos tratado de explicar sus consecuencias y porque los cambios, incluso llega al colmo de utilizar un viaje internacional a Cuba y de pretender plantearle al Comandante Fidel Castro, sus diferencias con los comunistas argentinos.

    ¿Qué es lo que le molestaba tanto a Alfonsin?, porque el Partido Comunista Argentino era entonces una fuerza electoral minoritaria al máximo, que había quedado en condiciones muy difíciles cuando salió de la dictadura y que además e propio debate del XVI congreso lo había desestabilizado de un modo alto

    A Alfonsin le preocupaban dos o tres cosas, primero que la denuncia por parte del Partido Comunista de la teoría de los de los demonios, la ideología del posibilismo y del verdadero papel que estaba jugando el gobierno de Alfonsin, afectaba lo que yo considero es el mito radical de los derechos humanos, esta idea largamente sostenida en la Argentina de que los gobiernos de la Unión Cívica Radical, y el radicalismo como fuerza, han tenido un compromiso alto con la defensa de los derechos humanos, idea que no resiste el menor análisis histórico si pensamos que el primer presidente radical Irigoyen  fue el que ordenó la masacre de la Patagonia Rebelde, es el que ordeno la matanza de la Semana Trágica en el barrio Parque Patricios, o que por ejemplo el mismisimo Presidente Illia, tres meses antes de ser destituido en 1966, negó la personería electoral del Partido Comunista aduciendo que eramos un partido “que no tenia compromiso con la democracia” ; que Angeloz puso 100 dirigentes radicales como intendentes del “Chacal” Menéndez de la dictadura de Videla en la provincia de Córdoba o que el Dr. Alfonsin es el que elaboró y construyó la política de impunidad en base a las leyes de Punto Final, las leyes del olvido y los acuerdos con Rico en Semana Santa.

    Además, en segundo lugar, lo que le preocupaba y le molestaba a Alfonsin era de que al romper con la política del  Frente Democrático Nacional y recuperar plena autonomía e independencia política, el Partido Comunista dejaba de ser una fuerza política tolerable, dejaba de ser una fuerza incluso utilizable en alguna operación política y se transformaba en una verdadera fuerza opositora que ocupaba un lugar en la izquierda, y que iba a fortalecer ese espacio.

    Ese primer gesto de la retirada de Plaza de Mayo va a continuar con el rechazo a todos loa planes de ajuste, con el rechazo al pago de la deuda externa y con la participación consecuente -sin ningún tipo de vacilación- en las condiciones en que estaba del Partido Comunista durante los últimos 15 años en la resistencia a los planes de ajuste de Alfonsin, en la denuncia del carácter del gobierno de Menem aun antes de que asuma, en la participación en la lucha contra el Menemismo desde el primer día y en cada uno de los ciclos de lucha que hubo contra el gobierno de  Menem.

    En nuestra opinión la lucha contra el menemismo transcurrió por tres ciclos y los comunistas fueron parte del primer ciclo de las luchas contra de las privatizaciones y jugaron un papel bastante importante en la huelga  ferroviaria de1991 de 40 días, el intento por enfrentar a las privatizaciones más serio que hubo por parte del movimiento obrero; fueron parte importante de la gestación  del segundo ciclo de luchas que comenzó con el Riojanazo de diciembre de 1993 cuando el pueblo quemó las puertas de la Casa de Gobierno de la provincia de La Rioja y también fueron parte del Santiagazo del 18 de diciembre del 93 que fué una movilización popular que termino incendiando todos los símbolos del poder en Santiago del Estero, y también fueron parte del inicio del tercer ciclo de lucha contra el Menemismo que fué la gran movilización contra el 20° aniversario del golpe de estado en 1996.

    Es decir que desde ese primer gesto de abandonar la plaza en repudio a la declaración de una economía de guerra siguen 15 años de una política consecuente de enfrentar el ajuste y la receta del Fondo Monetario Internacional que son justamente las que nos han traído  hasta el lugar en que estamos; en que el diario La Razón de hoy dice que por día 1000 argentinos cruzan la línea de pobreza lo que significa que su familia no recibe $ 146 al mes, esa es la realidad de la Argentina despues de quince años de ajustes presentados para salvar la economía y la democracia.  Más crisis y menos democracia.

    El otro gesto que preanuncia  y concreta el viraje al mismo tiempo es la formación para las elecciones de 1985 del  Frente de Pueblo un acuerdo electoral entre el Partido Comunista y  el MAS y fuerzas menores y grupos peronistas sobretodo de la provincia de Buenos Aires, con Villaflor, Soares y algunos otros y constituye esto un hecho absolutamente inédito en la política de izquierda de la Argentina, porque bueno los comunistas y los trotskistas en la Argentina habían sido fuerzas enfrentadas al mas alto nivel de la confrontación.

    A partir de ese primer Frente del Pueblo, que va a debilitarse y diluirse en abril del ‘87 con las diferencias de Semana Santa, que se va a reconstituir con Izquierda Unida en 1988, que va a producir dos acontecimientos muy importantes: el primero son las primeras elecciones abiertas internas  de una fuerza política en la Argentina realizadas con mucho éxito, mas de 400.000 votantes, en diciembre de 1988; como un esfuerzo de acercar a la izquierda organizada en partidos a la izquierda no organizada en partidos o la llamada social y sobre todo conviene recuperar, o me parece a mí que es absolutamente recuperable, la realización de la Plaza del No en mayo de 1990 en respuesta -y con una alcance popular muy alto-, a aquella Plaza del Si  que organizara Bernardo Neustadt, con su programa de entonces junto a Mariano Grondona y el propio Presidente Menem.

    La primera Izquierda Unida, la de 1988, 89, 90;  va  a  estar seriamente afectada por e cambio de la situación mundial, por la caída de Muro , por la desarticulación de campo socialista, por la lectura que el MAS  hace en primera instancia  de los acontecimientos que se libran en la ex Unión Soviética, que ellos toman solo como el debilitamiento de las direcciones stalinista del socialismo para ser reemplazado por una nueva dirección del socialismo de carácter trotskista; desde esa perspectiva consideran que no les es conveniente participar en una alianza con una fuerza a la que ellos caracterizaban como stalinista y deciden romper Izquierda Unida, la primera Izquierda Unida, y quedarse. de paso. con el diputado electo por la alianza de izquierda para ellos.

    La caída del muro y la desarticulación de la Unión Soviética generan por supuesto en un partido como el Partido Comunista Argentino una tremenda conmoción,  y se constituyen en su interior tres visiones sobre como afrontar la crisis, la primera es una visión de claudicación: el actual presidente del bloque de senadores del FREPASO de la provincia de Buenos Aires, Eduardo Sigal, encabeza entonces una corriente que dice claramente que cayo la URSS, que se cayo el muro, que ha triunfado el capitalismo, que no tiene ningún sentido seguir manteniendo una fuerza que proclame la revolución y se proponga cambios socialista en la Argentina; la otra visión es una visión que dice que el movimiento revolucionario esta en dificultades, todo lo que se  dice es parte de un ataque del enemigo, aferrémonos a que no es cierto lo que se dice sobre Stalin , que no es cierto lo que se dice criticamente sobre el socialismo en la Unión Soviética, mantengamos el objetivo y sigamos como hemos sido toda la vida; en una actitud que constituyó una especie de regresión de los cambios habidos desde el XVI congreso. esa posición fue articulándose y hoy se constituyen en un partido que se llama Partido Comunista Congreso Extraordinario, de muy pequeña inserción en el movimiento real

    La tercera actitud es la que asume la mayoría de la dirección de entonces del partido, que empalma con todo el esfuerzo realizado desde la revista América Libre, de los seminarios el Che , de renovación teórica y apuesta a dos cosas: a vincularse  a la parte del movimiento revolucionario que asume la misma actitud de renovación del ideario revolucionario desde el Partido Comunista de Cuba con Fidel Castro hasta el Frente Farabundo Marti en el Salvador  y otras organizaciones.

    Se orientan entonces a consolidar el viraje del Partido iniciado con el XVI congreso y extenderlo incluso a una serie de cuestiones no analizadas hasta entonces con lo que se ve de la crisis del socialismo, con una visión renovada del socialismo, el papel del estado en el socialismo, la recuperación de la idea de la autonomía del movimiento obrero, antes  y después de la lucha por el poder, etc.

    Este esfuerzo de profundización del viraje, se expreso primero en un documento firmado por cinco dirigentes revolucionarios de América latina, La Carta de los Cinco firmada por Jorge Shafick Handal, Narciso Isa Conde, Patricio Echegaray, Rigoberto Padilla, que planteaban e 1990 dos cuestiones que hoy adquieren  a la distancia mucha importancia; la primera idea es que decían, contra todo el discurso dominante entonces, que no había crisis sólo del socialismo, sino que también había crisis del capitalismo, esas dos crisis estaban vigentes y que el capitalismo también tenia sus crisis que se estaba desplegando, velada, por la crisis del socialismo, y la segunda idea mas fuerte todavía, es una idea en si de renovación profunda del pensamiento revolucionario pues van a decir la esperanza de la revolución esta en América Latina y van a decir América Latina es el continente de la esperanza revolucionaria; no es la Europa  dominada por la social democracia, no es el territorio de los ex países socialistas, no es tampoco África por las consecuencias terribles que ha tenido la colonización, sino que en este continente, por la historia, por el desarrollo del capitalismo, por una serie de combinaciones es posible que renazca la esperanza del socialismo para todo el mundo y eso es lo que efectivamente ocurrió en estos diez años

    Si hay un lugar del mundo donde el socialismo se ha mantenido vivo es en Cuba, si hay un lugar del mundo donde la izquierda se ha renovado, se ha revitalizado y se a fortalecido, es en América latina; el P.T. acaba de conquistar la mayoría parlamentaria  en Brasil, el Farabundo Marti la conquisto en marzo de este año en El Salvador, el Frente Amplio es una fuerza que no se puede ignorar en la política uruguaya y en Brasil ha crecido un movimiento popular, el Movimiento de los Sin Tierra, que genera experiencias de poder popular a nivel regional,  absolutamente original , son mas de un millón de campesinos que viven en los campamentos que dirigen Los Sin Tierra en Brasil; y en los últimos años ha vuelto -después de varias décadas- una fuerza política de izquierda, claramente de la cultura comunista, como son las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC, a constituirse como una fuerza capaz de desafiar el poder y de proponerse cambios revolucionaros.

    Así pues, desde esa situación de extrema debilidad y de ruptura de Izquierda Unida se procura mantener el esfuerzo por la unidad y por la construcción de alternativa, se convoca a constituir primero el Frente del Sur, se participa  en todo el proceso fundacional del Frente Grande con la idea de que es posible, y es conveniente, un acuerdo de la izquierda con sectores de centro izquierda, con sectores cristianos, con sectores que se inclinen por algún tipo de cambio, y ese esfuerzo de los comunistas va a terminar como se sabe en un proceso de absoluta hegemonía de Chacho Alvarez en el Frente Grande y la expulsión del Partido Comunista del Frente  Grande, en julio de 1994 que marca el comienzo de una derechización vertiginosa del Frente Grande, luego FREPASO, luego Alianza y que se puede mostrar en una parábola que termina en ésta renuncia de Chacho Alvarez donde el mismo dice que es imposible modificar desde adentro del gobierno siquiera en el tema elemental de la corrupción.

    Lo que nosotros hemos discutido sobre esta experiencia es que  fue correcto el impulso y la formación de acuerdos amplios contra el neoliberalismo, contra el modelo, pero lo que no percibimos en ese momento era la verdadera estrategia y la verdadera dimensión o la verdadera peligrosidad del grupo Auyero, Chacho, Meijide y sobre todo la lección que sacamos es que para poder ir a acuerdos de la izquierda con fuerzas de centro izquierda, aun con fuerzas de centro en la lucha por la defensa de la democracia o la lucha por algunos cambios sociales, aunque sean mínimos; de lo que se trata es que la izquierda vaya unida, vaya constituida y vaya con identidad, como sabemos decir: marchar de la unidad de la izquierda al centro y no al revés porque nos hegemonizan y nos coptan; por eso es que este relanzamiento que hemos hecho hace unos tres años ya de Izquierda Unida no es un esfuerzo que se propone   construir la alternativa política en la Argentina contra el neoliberalismo sólo y adentro  de Izquierda Unida sino que nos proponemos que la Izquierda vuelva a tener identidad, que la Izquierda vuelva a tener visibilidad, que vuelva a ser visible para una parte de la sociedad y desde esa estatura política conseguida poder proponer al conjunto de las fuerzas que se nieguen a convalidar el modelo del capitalismo en la Argentina la construcción de lo que nunca se resolvió ni en los 80 años de historia del Partido Comunista, ni en los 120 años de historia del capitalismo en la Argentina, que es constituir una fuerza política alternativa al capitalismo con al fuerza suficiente como para enfrentarlo y como para derrotarlo.

    Ese día el viraje del Partido Comunista habrá fructificado plenamente, y podremos decir aquello tan hermozo de que hemos creado algo más grande que nosotros mismos.


  • En el final de la introducción a su obra cumbre, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, José Carlos Mariategui anotó lo siguiente: Otra vez repito que no soy un crítico imparcial y objetivo.  Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones. Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano.  Estoy lo más lejos posible de la técnica profesoral y del espíritu universitario.

    Salvando las distancias, obvias y  comprensibles, yo también debo decir  que mis reflexiones sobre la vigencia del pensamiento mariateguista no son las de un profesor universitario o las de un historiador, sino las de un militante del Partido Comunista; y debo decir que el lugar desde donde pienso a Mariategui no es un lugar cómodo: se sabe que los dirigentes de nuestro partido de la época mantuvieron con Mariategui diferencias sustanciales en cuestiones de fondo, y que adoptaron el recurso de ignorarlo, como modo de callarlo.

    Lo que se sabe menos, de lo que casi no se habla, es sobre la influencia decisiva que tuvo para los comunistas argentinos la recuperación del pensamiento mariateguista en el proceso de viraje, integral y rotundo, iniciado en el XVI Congreso, y que ahora nos proponemos consolidar con el 21º Congreso.

    Es necesario comenzar por lo obvio, pero que demasiadas veces se deja de lado: Mariategui era un revolucionario marxista confeso que, por mero ejemplo,  escribió en la declaración de principios del Partido Socialista: La ideología que adoptamos es la del marxismo-leninismo militante y revolucionario, doctrina que aceptamos en todos sus aspectos: filosófico, político y económico.social. Los métodos que sostenemos y propugnamos son los del socialismo revolucionario y ortodoxo y que los debates que mantiene con el Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista, en el marco de la Conferencia de Buenos Aires de junio de 1929, a la que no puede asistir por razones de salud, es un debate entre pares: entre revolucionarios que buscan los mejores caminos para abrir paso a la revolución socialista.   ¿Qué es lo que se discutió entonces?: El carácter de la revolución en América Latina, las fuerzas que pueden abrirle paso, la cuestión indígena, el modo de organización del partido de los revolucionarios y la política de alianzas que se debe desplegar.  Mariategui presenta dos ponencias que, por la proximidad con su muerte,  pueden considerarse parte de su pensamiento más maduro y complemento armónico de los Siete Ensayos: uno es El problema de las razas en América Latina y el otro es Punto de Vista Antimperialista

    .

    En la primera de ellas expone un balance lapidario sobre la colonización española y su supuesto “progreso” histórico: La colonización de la América Latina por la raza blanca no ha tenido en tanto, como es fácil probarlo, sino efectos retardatarios y deprimentes en la vida de las razas indígenas.  La evolución natural de éstas ha sido interrumpida por al opresión envilecedora del blanco y del mestizo para luego definir desde una visión clasista la cuestión: Llamamos problema indígena a la explotación feudal de los nativos en la gran propiedad agraria y denunciar el racismo de las clases propietarias: Los elementos feudales o burgueses, en nuestros países, sienten por los indios, como por los negros y mulatos, el mismo desprecio que los imperialistas blancos… La solidaridad de clase se suma a la solidaridad de raza o de prejuicio, para hacer de las burguesías nacionales instrumentos dóciles del imperialismo yanqui o británico. Y lejos de cualquier idealización del potencial revolucionario de los indios, aunque más lejos de la subestimación, afirma: Una conciencia revolucionaria indígena tardará quizás en formarse; pero una vez que el indio haya hecho suya la idea socialista, le servirá con una disciplina, una tenacidad y una fuerza, en la que pocos proletarios de otros medios podrán aventajarlo.

    Por este enfoque sobre la cuestión indígena, y su valoración del comunismo primitivo de los incas,  va a ser acusado de romántico, en un sentido peyorativo; sin comprender que el romanticismo (la crítica anticapitalista a partir de valores pre/capitalistas) tiene una tradición revolucionaria en la que se inscriben los propios Marx y Engels en cuanto conciben el comunismo moderno como el restablecimiento –en nuevas condiciones- de ciertos rasgos de las comunidades primitivas.   Mucho se ha escrito de su anti/positivismo, que  mucho se explica por su uso como justificación –en nombre del progreso y la modernización- del sistema de dominación liberal burgués de Leguía (1919/1930) que él sufrió en carne propia durante casi toda su vida política activa, y en lucha contra el cual apeló a todas las armas disponibles incluidas algunas provistas por el idealismo de Bergson; pero conviene destacar también su perfil anti/ posibilista. Mariategui aplaude las palabras de Lenin: “peor para la realidad” en el sentido de no subordinarse a las correlaciones de fuerza impuestas por el desarrollo económico social.  Confía, para cambiarlas, en la fuerza moral de los revolucionarios; y su visión del papel del mito social es equiparable a la noción de factor subjetivo que años más tarde practicaría el Che.  Ambos valoran altamente la subjetividad como esfera de disputa del poder y como ámbito de construcción de fuerza revolucionaria.

    Qué dice en su Punto de Vista antimperialista?: …las burguesías nacionales, que ven en la cooperación con el imperialismo la mejor fuente de provechos, se sienten lo bastante dueñas del poder político para no preocuparse seriamente de la soberanía nacional…y  por ello…no tienen ninguna predisposición a admitir la necesidad de luchar por la segunda independencia como sostenía el Apra de Haya de la Torre la Internacional Comunista y la delegación argentina encabezada por Codovilla y González Alberdi. Se niega a aceptar el tratamiento de Nuestra América con el molde de las colonias asiáticas o africanas como propone el Secretariado Sudamericano, por boca de Humbert Droz: Los países de América Latina, a pesar de su independencia política formal, son países semi-coloniales los cuales deben ser examinados del punto de vista de nuestra táctica en los países coloniales y semi-coloniales ” por lo  que el “el movimiento revolucionario en América Latina puede ser caracterizado como una revolución campesina y antiimperialista” y que en consecuencia “ entra en la categoría de lo que se ha convenido en llamar una revolución democrático burguesa .

    Mariategui responde: Pretender que en esta capa social prenda un sentimiento de nacionalismo revolucionario, parecido al que en condiciones distintas representa un factor de lucha antiimperialista en los países semi-coloniales avasallados por el imperialismo en los últimos decenios en Asia, sería un grave error. Enfrenta decididamente la concepción de que hay que completar el desarrollo capitalista en América Latina: La creación de la pequeña propiedad , la expropiación de los latifundios, la liquidación de los privilegios feudales, no son contrarios  a los intereses del imperialismo, de un modo inmediato.  Por el contrario…que las viejas aristocracias se vean desplazadas por una burguesía y una pequeña burguesía más poderosa e influyente –y por lo mismo más apta para garantizar la paz social- nada de esto es contrario a los intereses del imperialismo. Y por ello, afirma “…nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que sólo la revolución socialista opondrá al avance del imperialismo una valla definitiva y verdadera”…y concluye con una síntesis brillante …somos antimperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagónico, llamado a sucederlo, porque en la lucha contra los imperialismo extranjeros cumplimos nuestros deberes de solidaridad con las masas revolucionarias de Europa.

    Ahora bien,  y creo que esto es lo fundamental, ¿cómo es que se llega a conclusiones contrapuestas por parte de gente que se supone que tiene los mismos propósitos?

    Porque Mariategui llega a las conclusiones expuestas después de estudiar apasionadamente la historia del Perú y la realidad económica, social y cultural de los explotados y humillados de su tierra (cuatro millones de indios sobre cinco millones de peruanos), analiza el sistema de dominación desde una perspectiva histórica y demuestra que la República (fruto de la Independencia) va a contener rasgos de continuidad del Virreinato y éste de la Conquista de América por la España colonialista: La revolución americana, en vez del conflicto entre la nobleza terrateniente y la burguesía comerciante, produjo en muchos casos su colaboración, ya por la impregnación de ideas liberales que acusaba la aristocracia, ya porque ésta en muchos casos no veía en esa revolución sino un movimiento de emancipación de la corona de España. Para él, el marxismo es una herramienta interpretativa y una guía para la acción transformadora

    Humbert Droz, y  quienes lo apoyaban, recorren el camino inverso: trasladan un esquema supuestamente valido para los países asiáticos a un continente desconocido, para ellos el marxismo es una ideología omnipotente con respuestas para todo, aún para lo no estudiado. Algo así como un talismán.

    El viraje de nuestro partido comenzó como critica de un hecho puntual: el apoyo a la formula del Partido Justicialista en las elecciones de 1983, culminación de una larga serie de actos de seguidismo a fracciones civiles o militares de la burguesía. Una vez roto el mito de la infalibilidad de las direcciones el debate fue abordando todos y cada uno de los problemas acumulados:  del análisis del hecho electoral a la táctica durante la dictadura militar, luego al debate sobre el peronismo y de allí al Congreso del ’29 para comprender que no se podía discutir la política sin poner en cuestión el modo de comprender el marxismo.   En cada uno de estos debates, la lectura de Mariategui fue decisiva en la comprensión del carácter de la revolución que madura en América Latina, socialista sin duda; en la descalificación de la vulgata del concepto de burguesía nacional que encadenado a la lucha por la revolución democrática burguesa y la subordinación de cada destacamento revolucionario nacional a la táctica de salvar el socialismo real nos llevó a la tragedia de la Unión Democrática en 1946; en la valoración del carácter especifico del desarrollo histórico de América Latina al que hemos calificado como el Continente de la Esperanza en 1990 cuando tantos abandonaban el campo de la revolución para subirse al carro de los supuestos vencedores; en la comprensión de que la lucha por la revolución se hace desde el corazón y los sentimientos; y acaso más que nada en esa lección extraordinaria del Mariategui que se para frente a la realidad y la mira como un desafío a transformar, nunca como un muro imposible de derribar.

    El Mariategui que nosotros vemos vigente es  aquel nos dice que No queremos, ciertamente, que el Socialismo sea en América calco y copia.  Debe ser creación heroica.  Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indoamericano.  He aquí una misión digna de una generación nueva.

     


  • Intervención en un panel de homenaje a Ernesto Giudice organizado por la revista Cuadernos Marxistas  y publicado en el número 10 de octubre de 2000

    A mi parece que con las intervenciones que se han ido desplegando a lo largo del panel va quedando bastante claro, va apareciendo como una pintura de la tragedia de la izquierda argentina, la tragedia de Giudici, la tragedia de los revolucionarios argentinos.

    Y yo, que ni soy filosofo como Nestor, ni compartí demasiado la militancia con Ernesto Giudici (por mi edad: era estudiantes secundario cuando él dirigía la comisión universitaria del partido) como Mario José, voy a intentar reflexionar desde lo que considero que es lo más importante que he hecho en mi vida: ser parte del esfuerzo militante por lograr hacer virar al Partido Comunista y lograr reubicarlo en la trayectoria, en la senda revolucionaria que señalaron los que lo fundaron, o mejor dicho, los que fundaron la tradición marxista revolucionaria en la Argentina.

    Yo voy a tratar de arrancar de esto último que iba dejando Nestor, que es la renuncia de Ernesto Giudici al Partido Comunista, hace 26 años, casi en estos mismos días.

    Como se contaba, en un gesto mínimo, Giudici renuncia al partido en el cual había pertenecido durante 40 años y envió una “Carta a mis camaradas”.

    Y ahora, veinticinco años despues voy a hacer lo que debimos hacer entonces y no hicimos, voy a intentar responder a Ernesto.  Y quisiera que se interprete lo que voy a decir como un esfuerzo por responder aquella carta, que a mi se me ocurre que es una de las piezas políticas más dramáticas, uno de los textos revolucionarios argentinos donde más esta metido el cuerpo, y donde más esta metido el alma de un militante..

    Es una carta que transmite angustia, transmite dolor, transmite la tragedia de no haber podido transformar el partido que él hubiera querido que fuera una herramienta revolucionaria, y en su Carta lo dice claramente.  El esfuerzo de su carta es para eso, es para que el Partido Comunista vuelva a ser eso que él pensaba que debía ser cuando se afilió en su juventud.

    Carta a mis camaradas”  va a arrancar cuestionando la metodología de dominación que imperaba en el Partido Comunista, va discutir una posición política precisa, exacta, va luego  a cuestionar el enfoque estratégico más general y la línea política del partido.  Se va a preguntar por la historia, va a llegar a la conclusión que esa mirada histórica y esa línea política responden una determinada manera de comprender del marxismo, del marxismo va a ir a la ética revolucionaria, de la ética revolucionaria va a ir al proyecto de vida de un militante revolucionario y de eso va a volver a la metodología

    Y esa secuencia que recorre implacablemente “Carta a mis camaradas” es la secuencia que recorrió de un modo apasionado, angustiado, impetuoso y desordenado la militancia del Partido Comunista, que en aquellos meses de  1985 iba a gestar uno de los principales acontecimientos en la vida del Partido Comunista desde su fundación, el viraje.

    Es el esfuerzo proclamado, explícito, desde el Partido Comunista, de recuperar la esencialidad revolucionaria poniendo como había planteado Ernesto en su libro la cuestión del poder en el centro de la discusión.

    En mi opinión el tema del poder recorre el pensamiento de Giudici en toda su obra y no solo cuestiona la mirada sobre el poder en aquellos momentos en que la lucha abierta por el poder se  pone de manifiesto, sino también va a cuestionar la mirada sobre el poder que se tiene en aquellos momentos grises de acumulación de fuerzas.

    Giudici va a mencionar en su libro tres momentos de la historia argentina en que él considera que  las masas, el pueblo, la gente se predisponen a la lucha revolucionaria y va a cuestionar severamente que es en esas circunstancias en que  la dirección del Partido Comunista abandona las ideas que tenia hasta ese momento y abandona la lucha por el poder.

    Puntualmente va a tomar lo de  1971  como una cuestión clave, y yo personalmente coincido con este enfoque porque el Partido Comunista había arrancado la dictadura de 1966 con un análisis que desde el punto de vista de clases era impecable.

    El titulo del documento aprobado en el XIIIº Congreso del Partido Comunista es “Abatir la dictadura de los monopolios” y mucho más allá de contar anecdotas parciales que podrían dar la idea de un partido omnipotente en la lucha de clases, yo sí les podría contar en detalle como el Partido Comunista de la provincia de Santa Fe organizó prácticamente la marcha del hambre que se hizo de Villa Ocampo a Santa Fe que fue la primera lucha de masas contra la lucha de Onganía en enero del 1969,  insertándose en la crisis del azúcar que estaba estallando en Tucumán y en todo el resto de las regiones azucareras.

    El tema es que esa política que había levantado al Partido Comunista, que llego a expresarse en una consigna táctica que aun recorre el mundo  y que no  era otra que  “Unamos nuestros brazos, por un argentinazo” es una consigna que precede a la del  “el pueblo unido jamás será vencido”, que paso a la historia grande del movimiento popular.

    Con esto de las historia y de las contradicciones de las consignas también se podría hacer el seguimiento de los cambios en la línea política del partido.   “Unamos nuestros brazos, por un argentinazo” que era una consigna de abierto llamado a la lucha contra la dictadura, va a ir  desapareciendo en 1971, a raíz de un acontecimiento de política exterior,  que es el abrazo de Salvador Allende con Agustín Lanusse en Salta y alrededor del cual se elaboró un sofisticado discurso de “sacrificarnos” en aras del proceso chileno, de supuestos deberes internacionalistas que justificaban modificar la política del partido.

    Se va a abandonar la política de impugnación abierta del Gran Acuerdo Nacional, se va a abandonar la política de sostenimiento de la lucha obrera y popular y de la insurrección y se va a pasar paulatinamente a las sucesivas adaptaciones de la línea hasta terminar  participando en el proceso electoral del modo más vergonzoso en la Alianza Popular Revolucionaria que ni siquiera aceptó la participación de los comunistas porque la Democracia Cristiana mantenía la justificación de la ley 17401 de prohibición de las actividades comunistas.

    Giudici va a detenerse mucho en  reflexionar sobre el periodo 1943/45, período de surgimiento del peronismo en donde dice: acá el punto es ver que hay gente, que hay masas, que hay un nuevo sujeto social que irrumpe y al cual hay que prestarle atención por encima de las formas con que irrumpe en la política.

    Hemos dicho ya que va detener 1971, y sobre todo como decía Nestor, se va a concentrar en las potencialidades que había generado la lucha de masas obrera y popular desplegada en la Argentina desde 1969 (y que llegarían a 1975), y que en ese momento (1973)  tenia todavía intacta sus potencialidades

    Plantea que el debate debe concentrarse en acordar una táctica  que permita construir una fuerza (ese es el termino teórico, el concepto que incorpora Giudici al debate) que tenga capacidad de organizar esa potencialidad revolucionaria que hay sobre todo en la juventud, y de ir por el poder. Y de ir por el poder.

    Pero no solo se detiene a analizar la cuestión del poder en el momento, llamémosle en que la lucha abierta por su conquista es explícita; sino que Giudici se va a detener a pensar de cómo se ha ido transformando en la política del Partido Comunista la cuestión del poder.

    Va a analizar como sucesivos cambios han transformado la estrategia del poder del partido en una estrategia de poder “por saturación”, en una metafora que toma de la historia de las revoluciones burguesas.  Recuerda que la burguesía inglesa llegó al poder por el camino de penetrar todos los poros de la sociedad hasta convertirse en fuerza hegemonica de la sociedad sin tener necesidad de realizar un asalto directo como los franceses y  la toma de la Bastilla.

    Y va a encontrar en esa figura la explicación de lo inexplicable.

    Durante años muchos le preguntaron y él mismo confiesa haberse preguntado a si mismo: ¿pero cual era la estrategia de poder del Partido Comunista?, y yo creo que el acierta en explicar de que en realidad la estrategia del poder que sostenía el Partido Comunista hasta el 16º Congreso era un estrategia de poder pos saturación, era la estrategia de penetración en la justicia, en los gobiernos en la economía, en la burguesía y va a expresar eso en un llamado que hace en “Carta a mis camaradas”, que condensa todo este razonamiento, cuando el dice, “hemos demostrado, como en un marxismo dogmático, se saltó del sectarismo al oportunismo de derecha, y éste termina en un liberalismo en el cual lo dominante es el formalismo democrático burgués: frente democrático nacional, amplia coalición democrática, camino pacifico, fetichismo electoral, brecha democrática, apertura democrática. En esta postura practicista ajena al proceso histórico real la revolución democrático burguesa, democrático agraria imperialista deviene también en un formalismo teórico. En este caso el socialismo y el comunismo quedan como una fe cultivada íntimamente, en completa disociación con el proceso histórico. Dualismo, practicismo, teoricismo” dice Giudici.

    Y clama en su libro que la cultura del frente democrático nacional y la cultura del gobierno de amplia coalición democrática deberían, en 1973, pertenecer ya al museo de las antigüedades.

    Más allá que intentemos después algún otro tipo de balance sobre el proceso del viraje del partido, hoy le podemos decir a Ernesto Giudice de que en el Partido Comunista de 1999 la cultura del frente democrático nacional, la cultura de los gobiernos de amplia coalición pertenecen al museo histórico de las categorías inútiles para la revolución.

    Categorías que impiden ver el carácter de clases de los gobiernos, categorías que impiden comprender los procesos reales por los cuales la burguesía construye su sistema de dominación.

    Giudici va de la cuestión del poder a la historia, creo que él hace un gran esfuerzo por superar la dicotomía liberales revisionistas, pero dice que al hacer esa salvedad hay que ser conciente de que el Partido Comunista por lo que ha estado influenciado es por el liberalismo, y se propone desarrollar una línea de razonamiento histórico sobre el dominio  imperial concreto, ingles, sobre la Argentina que ayuda a entender no solo la presencia del liberalismo en la sociedad Argentina, sino una tradición de pactismo, de claudicación de la burguesía nacional ante el imperio que podríamos nosotros muy bien detectar en los últimos años en el propio Pacto de Olivos, o en el pacto de Washington entre la Alianza y el PJ de estos días.

    Los ingleses no dominaban, fundamentalmente, pasando a sangre y fuego las tierras por ellos conquistadas sino que instalaban un mecanismo de negociación, de conversación, de acuerdos; y ese mecanismo de acuerdos, ese mecanismo de pacto es lo que ha aprendido profundamente la burguesía Argentina desde hace más de cien años y como explica Giudici los modos de dominación políticos de la clase explotadora penetran en el modo de hacer política alternativa de las clases oprimidas y creo que nos da una pista muy importante para entender el sistema de dominación política en la Argentina y para entender mucho de los limites del movimiento revolucionario.

    En todo caso, y es una preocupación puntual de Giudici, es imprescindible empezar por liquidar el mito radical; yo diría el mayor mito político en la historia Argentina es que en la Argentina existía un partido de la burguesía respetuoso de la democracia que era la Unión Cívica Radical, el mito radical que nace a principios de siglo, y que se mantiene aun hoy generando esta situación tan patetica, casi ridicula o  trágica, de dirigentes sindicales que se proclaman renovados, casi clasistas, y se encuentran absolutamente asombrados y desubicados ante un gobierno radical que reprime como si no hubiera ocurrido la matanza de Vasena en la Semana Trágica, como si no hubiera ocurrido la matanza de la Patagonia, como -y lo muestra Giudici en su libro-  como si el Dr. Ilia no hubiera impedido el reconocimiento electoral del Partido Comunista en 1966, pocos días antes de su derrocamiento, pretextando que el Partido Comunista no era democrático

    Estoy convencido de que en este tema de la historia hay muchisimo por hacer todavía; si alguna deuda tiene el marxismo como corriente del pensamiento critico en la Argentina es resolver una explicación de la historia que supere justamente la tradición liberal y  la tradición revisionista, que como se decía en esta mesa, muchas veces cometen el mismo error de análisis invertido.

    Giudici va a ir después a tener que cuestionarse, y a tener que cuestionar, que tipo de lectura hacemos del marxismo. Si vamos a entender al marxismo  como un pensamiento crítico  que no se detiene ante nada o si vamos a aceptar al marxismo como una colección de manuales, de libritos, de cassettes o videocasetes que tienen todo explicado, aunque muchas veces la realidad se quede fuera de sus explicaciones

    Ernesto va a resaltar, y a mi me parece como una cuestión clave para entender lo que pasaba en el Partido Comunista, el papel de la Comisión Nacional de Educación.

    Por que ese Partido Comunista no autoreproducía la ideología dominante en el partido de un modo cualquiera, sino que teníamos un sofisticado mecanismo de reproducción de su modo de ver el marxismo de su mirada de la historia y de su comprensión de la línea que llegó a tener no solo una estructura de dimensiones gigantescas, sino que llega a tener una ley de educación partidaria que reglamentaba minuciosamente que cosas se podían leer en cada nivel de la actividad o en cada nivel de la militancia.

    ¿Por qué voy a esto?, porque uno de los métodos de Giudici en el plano filosófico es que él se acerca bastante, se mete bastante con uno de los conceptos principales de Luckas y con uno de los conceptos principales de Gramsci, que es el dejar de pensar de que la principal idea de Marx era de que las fuerzas económicas, que la vida económica determina la vida espiritual de la sociedad, y de empezar a pensar que en realidad lo que hace Marx es explicar la unidad como una totalidad de la sociedad en el cual, en última instancia y en largos períodos de historia, las relaciones sociales que se establecen en el plano de la economía terminan determinando en última instancia al resto de las relaciones sociales.

    El viejo filosofo alemán Hegel, dijo una vez que lo que en teoría son diferencias milimetricas, cuando llegan a la vida, estas diferencias pueden ser kilometricas, y en estas dos fracesitas que yo he dicho puede que parezca que hay una diferencia milimétrica, pero cuando estas dos fracesitas se despliegan, se transforman en dos visiones opuestas  de la realidad.   Una, la dogmatica, tendía a reducir todo a la economía y caía facilmente en el determinismo mecanico y fatalista; la otra, propia de un marxismo creador, intenta comprender la realidad en su complejidad y multiples relaciones e inter relaciones, ubicando en ese sistema de procesos, el factor determinante.

    Y el tema es que ese dominio ideológico, ese aparato de autoreproducción de una ideología dogmatica dominante en el Partido Comunista, la tragedia es que genero camadas y camadas de militantes que no tenían posibilidad de acceder a la dialéctica, que no podían comprender, por carecer de ese pensamiento dialéctico, la esencia del marxismo,

    Lenin llego a escribir de puño y letra que sin leer la Lógica de Hegel , no se podía leer el Capital, posiblemente lo suyo haya sido una exageración, pero estaba diciendo que no se puede leer el Capital de cualquier modo, que no se puede entender el marxismo con ojos no marxistas, que no se puede acceder a la idea revolucionaria sin proponerse acceder al dominio de la dialéctica, a la comprensión de la unidad como una totalidad contradictoria y en proceso permanente de cambios

    Entonces lo que en la cabeza de Giudici es una unidad totalidad con contradicciones, métodos, evento político, línea, historia, teoría, ética, proyecto de vida, en mucho de nuestros compañeros, en mucho de los compañeros de mi generación, no se pudo transformar en una comprensión unitaria y se transformo en una comprensión fragmentada; y ese fue, desde el punto de vista de las dificultades internas, el mayor obstáculo con que tropezó el viraje del Partido Comunista.

    Porque al poco de andar igual que Giudici que empezamos discutiendo la posición ante la dictadura y tuvimos que ir a discutir la mirada sobre la historia, y tuvimos que ir a discutir el marxismo, nos encontramos con que una buena parte de nuestros compañeros entraban en esos debates del modo más dogmático posible y producía todo clase de fracturas en nuestra conducta política, en nuestro accionar

    Y así como de un modo histórico habíamos pasado del sectarismo autista de los años ´20 a la política del frente democrático nacional por varias décadas, con el XVIº Congreso sectores importantes de nuestro partido volvieron a la idea de que se puede hacer actividad política revolucionaria sin lucha reivindicativa, sin trabajar con la gente, sin penetrar en las contradicciones secundarias que el enemigo se genera a cada rato.

    Entonces nosotros intentamos, o una parte de esa militancia intentó aprovechar, intentó utilizar la “Carta a mis camaradas” de Giudici, y hay que decir que viraje del Partido Comunista, el proceso que empezó en el 16 Congreso fue un proceso que primero empezó con gestos

    Gestos, igual que como el gesto que había hecho Giudici al renunciar.

    Ernesto había escrito en uno de sus libros la cosa más terrible que se pueda escribir sobre un dirigente comunista, dice: “de esos labios puritanos jamás sale la palabra Che Guevara”, de esos larbios puritanos jamás sale la palabra Che Guevara dijo Giudici, y el primer gesto que hizo la militancia que gestaba el viraje del Partido Comunista, fue el ocho de octubre de 1984 en la Ciudad de Rosario, realizar el primer acto publico de homenaje al Che Guevara que hacia el Partido Comunista, y el primer acto publico en homenaje al Che Guevara que se hacia después de la caída de la dictadura.

    Y en ese acto en medio de la oleada posibilista, en medio de la euforia radical, Patricio Echegaray, entonces secretario de la fede, iría a decir que junto con el Che Guevara nosotros volvíamos a creer en la revolución; que junto con el Che Guevara nos negábamos a aceptar que la Argentina era imposible de modificar, y que junto con el Che Guevara se podía practicar la oleada de la izquierda y la unidad de los revolucionarios

    .

    El segundo gesto que hizo el viraje fue practicar la unidad de la izquierda

    Efectivamente hay una obvia relación entre perder de vista la lucha por el poder con una política de alianza con la burguesía, con una política de alianza que siempre miraba para la derecha, y solo se puede explicar la creación del Frente del Pueblo y los sucesivos esfuerzos por construir la unidad de la izquierda, desde la voluntad de recuperar la lucha por el poder como elemento articulador de la vida cotidiana de los comunistas argentinos.

    Quería terminar con esto, yo me he referido muy superficialmente a los problemas que sufrió el viraje del partido, pero por lo menos quería intentar encontrar una pista de cuales fueron los verdaderos problemas internos, las verdaderas dificultades intrínsecas que tenia el Partido Comunista para triunfar en su viraje, dejando de lado las teorías conspirativas de la historia que siempre han circulado entre nosotros.

    Y hay que decir también  que ese viraje no solo tropezó con nuestras limitaciones, sino que también se enfrentó con una modificación brusca del escenario mundial, con el triunfo de la contrarrevolución en el mundo, con la caída de los llamados países socialistas y nada menos que con el triunfo de la restauración menemista en la Argentina en 1989.

    Durante 10 años ese viraje ha estado expuesto a las mayores tensiones tanto externas como internas, porque si algo hemos aprendido en estos 10 años, si algo hemos aprendido con los que ahora están en el gobierno de la provincia de Buenos Aires, en la intendencia de Avellaneda, o no me importa en que otro lugar de la institucionalidad, es que el reformismo, como explicaba Giudici, había penetrado profundo entre nosotros, y que más de uno que se incorporó al viraje  y que parecían ser los más audaces en la lucha por transformar al Partido Comunista llevaban dentro suyo esa profunda deformación, esa profunda perdida de voluntad de la lucha por del poder, ese profundo posibilismo, esa profunda claudicación ética que recorre una de las tradiciones que recorren al marxismo y al Partido Comunista en toda su historia.

    Pero yo creo que también la lectura de los textos de Giudici ayuda a comprender esto que Nestor decía de un modo más complejo: no se puede pensar al Partido Comunista como una especie de bloque monolítico donde nada vivía, donde nada circulaba, donde nada crecía, hay que pensarlo al Partido Comunista como una contradicción permanente en la dirección, en la base, entre discurso y conducta, entre conductas diversas y esa tradición combativa y esa tradición revolucionaria, esa tradición de marxismo creador es la que ha impedido que el Partido Comunista sucumba a las presiones del sistema dominante, sucumba a las sucesivas maniobras de posibilismo argentino, del alfonsinismo, de la reforma peronista, de la reforma de Cafiero y del Frente Grande y que nosotros podamos ser lo que me parece, o lo que yo propongo que consideremos como lo mejor que podemos hacer de este panel: que sea el acto de recepción de Ernesto Giudici de vuelta a la casa del Partido Comunista.

    Y esto no dependerá tanto de Giudici, que yo estoy absolutamente seguro que siempre fue un comunista y siempre quiso volver acá; que Giudici vuelva a nuestra casa dependerá de nosotros, dependerá de que entendamos el viraje como una batalla permanente contra el dogmatismo, el posibilismo y la claudicación, dependerá de que nos hagamos al viraje cada ves más poderosos, de que hagamos del Partido Comunista algo más grande que nosotros mismos.

    Gracias.

    julio de 2000


  • Su ejemplo militante

    Visto desde los pragmáticos 2000, la figura de Antonio Gramsci resalta como la de un verdadero antihéroe, o dicho con el cruel lenguaje que utilizan los cultores del pragmatismo político, como la de un típico “perdedor”.

    Derrotados los esfuerzos por transformar la rebelión obrera de Turín de 1920 en una sublevación nacional debe presenciar el ascenso al poder (con claro respaldo de amplios sectores obreros y populares) del fascismo y su líder Mussolini en 1922.  Perseguido y encarcelado (“hay que impedir que este cerebro funcione” pidió el fiscal en el juicio) pasa los últimos años de su vida aislado hasta de su propio partido.  Ni siquiera su mujer se atreve a abandonar de Moscú para acompañarlo.  Es “liberado” tres días antes de su muerte, en .abril de 1937.

    No es la suya una muerte heroica en el sentido clásico del termino.  No murió como el Che o Santucho peleando con las armas en las manos; ni fusilado por sus enemigos como Julius Fuzik o nuestro Alberto Cafaratti; ni aplastado su cerebro por un garrote como Rosa Luxemburgo o Karl Liebcknet.

    Murió fuera de la cárcel, en la cama,  casi en soledad,.  Y sin embargo su ejemplo de vida nos es imprescindible como altura a conquistar por quienes aspiramos a convertirnos en militantes revolucionarios.

    Yo creo que el Gramsci de los Cuadernos de la Cárcel es el que nos hace mucha falta.  Es un revolucionario que resiste al triunfalismo del fascismo y que para ser útil, en la cárcel, casi sin libros y sometido a la censura,  va a remontarse a lo más profundo y verdadero del pensamiento marxista para rescatarlo del dogmatismo que comenzaba a ahogarlo.  No es solo por lenguaje carcelario que prefiere denominarlo “la filosofía de la praxis”.

    Hay que imaginarlo a Gramsci en esos años de encierro reflexionando y haciendo anotaciones en las dos mil ochocientos cuarenta y ocho páginas de sus cuadernos sobre los camino de la victoria mientras tras los muros era notorio el descenso de la ola revolucionaria pos/Octubre, la derrota de los intentos insurreccionales y el ascenso de gobiernos fascistas en Italia, en Alemania, en Hungría y en Polonia; el cerco a que se ve sometida la revolución rusa y los graves problemas que ya se revelaban en ella.

    Como el político práctico que es,  va a concentrarse en los problemas que permitan una estrategia de resistencia y de rearme de las fuerzas diezmadas.  Así van a ir surgiendo una serie de conceptos enriquecedores del marxismo que aún nos son absolutamente precisos y útiles:  una concepción mucho más compleja e integral del estado, la idea de la hegemonía y de la necesidad de pasar de una “guerra de maniobras” (el asalto a las ciudadelas del poder)  a una “guerra de posiciones” (la construcción de la contrahegemonía en cada poro de la sociedad) donde la valoración de lo cultural como elemento fundamental para el sistema de dominio cotidiano y el papel de los intelectuales “orgánicos” a cada clase es fundamental.

    Pero su carácter de político práctico no se refiere solo a los focos de atención de la reflexión gramsciana, también se verifican en el método de apoyarse permanente en la propia experiencia de las masas, y en su propia experiencia desde el “Ordine Nuovo” y el Partido Comunista de Italia, del cual fuera uno de sus fundadores y principal dirigente, algo que gustan olvidar quienes han intentado “apropiarse” de la herencia gramsciana para fundamentar un posibilismo que el propio Gramsci repudiaba con toda su inteligencia.

    El realismo político “excesivo” (y por consiguiente superficial y mecánico) conduce frecuentemente a afirmar que el hombre de Estado debe operar sólo en el ámbito de la “realidad efectiva”, no interesarse por el “deber ser” sino únicamente por el “ser”.  Lo cual significa que el hombre de Estado no debe tener perspectivas que estén más allá de su propia nariz”.

    “El político de acción es un creador, un suscitador, más no crea de la nada ni se mueve en el turbio vacío de sus deseos y sueños. Se basa en la realidad efectiva, pero, ¿qué es esta realidad efectiva? ¿es quizás algo estático e inmóvil y no sobre todo una relación de fuerzas en continuo movimiento y cambio de equilibrio?  Aplicar la voluntad a la creación de un nuevo equilibrio de las fuerzas realmente existentes y operantes, fundándose sobre aquella que se considera progresista y reforzándola para hacerla triunfar, es moverse siempre en el terreno de la realidad efectiva, pero para dominarla y superarla (o contribuir a ello).  El “deber ser” es por consiguiente lo concreto o mejor, es la única interpretación realista e historicista de la realidad, la única historia y filosofía de la acción, la única política.”

    Y ese “deber ser”, tan parecido al factor subjetivo guevarista de los años ‘60, es el que hoy resalta entre tanto posibilismo y tanto culto al oportunismo marcándonos un primer elemento decisorio en la formación de los cuadros.

    Ocurrió con Gramsci lo que él había analizado que había ocurrido con Maquiavelo: “El maquiavelismo, al igual que la política de la filosofía de la praxis  ha servido para mejorar la técnica política tradicional de los grupos dirigentes conservadores; pero esto no debe enmascarar su carácter esencialmente revolucionario”; en todo caso nos corresponde asumir la parte que nos corresponde en la demora por apropiarnos de Gramsci y sus aportes teóricos facilitando la labor de tantos Portantiero y  Aricó.

    La importancia de los cuadros

    En la visión de Gramsci, los cuadros constituyen el elemento fundamental de un partido político revolucionario: “Se habla de capitanes sin ejercito, pero en realidad es más fácil formar un ejercito que formar capitanes.  Tan es así que un ejercito ya existente sería destruido si le llegasen a faltar los capitanes, mientras que la existencia de un grupo de capitanes, acordes entre sí, con fines comunes, no tarda en formar un ejercito aún donde no existe”

    Lejos de un burdo militarismo, la metáfora gramsciana tiene que ver en primer lugar con la ideología, con la cultura.  Al reflexionar sobre los caminos para la instalación de un nuevo sentido común en las amplias masas, afirma que el rol principal le cabe a aquellos cuadros capaces de estar al mismo tiempo en lo más profundo de la masa y en la estructura del partido:  “trabajar para suscitar elites de intelectuales de un tipo nuevo, que surjan directamente de la masa y que permanezcan en contacto con ella, para llegar a ser las “ballenas del corsé

    Conviene revalorizar este pensamiento gramsciano en un ambiente social donde tanto se ha hecho para desprestigiar la causa de la revolución, a las organizaciones políticas que se proponen aportar a construir vanguardia revolucionaria y a los propios militantes revolucionarios.

    En el caso concreto del Partido Comunista es notorio que hemos sufrido una sangría de casi diez años de perdidas de cuadros formados durante años, y ello por diversas circunstancias. Cierto que algunos fueron afectados por la persistencia en la violación de la democracia partidaria, pero los más quedaron aferrados a los conceptos dogmáticos que orientaron al partido durante largos períodos de reformismo y seguidismo a los proyectos burgueses de desarrollo nacional.  Otros, al romperse el mecanismo del “optimismo histórico” fatalista y vulgar que los había sostenido por años, se quebraron como tiernas hierbas al viento.

    Es interesante como Gramsci analiza estas cuestiones: “cuando no se tiene la iniciativa en la lucha, y cuando la lucha misma termina por identificarse con una serie de derrotas, el determinismo mecánico se convierte en una fuerza formidable de resistencia moral, de cohesión, de perseverancia paciente y obstinada…”  “He sido vencido momentáneamente, pero la fuerza de las cosas trabaja para mi y a la larga…” etc.  La voluntad real se disfraza de acto de fe en cierta racionalidad de la historia, en una forma empírica y primitiva de finalismo apasionado, que aparece como un sustituto de predestinación, de la providencia, etc., de las religiones confesionales……..es menester poner de relieve que el fatalismo no es sino la forma en que los débiles se revisten de una voluntad activa y  real.  He ahí por qué es necesario siempre demostrar la futilidad del determinismo mecánico, el cual, explicable como filosofía ingenua de la masa y, sólo como tal, elemento intrínseco de fuerza, cuando es elevado a filosofía reflexiva y coherente por los intelectuales, se convierte en causa de pasividad, de imbécil autosuficiencia….

    Uno de los principales motivos de quiebre, de desaliento, de abandono de las filas partidarias ha sido el tema de la historia del partido, y los temas históricos, en general, debido a las deformaciones reformistas que afectaran a nuestro partido por largos periodos de su historia.

    El marxismo argentino tiene todavía demasiadas cuentas pendientes con la historia.  Afectado por décadas de un positivismo extremo que lo condujo, en los temas de historia, al más crudo liberalismo; los intentos de resolver todos los problemas de interpretación marxista de la historia nacional asumiendo la visión simétrica del revisionismo no sirvió para el propósito declarado.

    Si el liberalismo positivista tiene una visión apologética del desarrollo de las fuerzas productivas, no importa en que condiciones se realiza y quien se beneficia del mismo; el revisionismo de corte nacionalista haría lo mismo con cualquier movimiento político que lograra poner en movimiento a las masas populares y oprimidas juntando en la misma bolsa a Felipe Várela con Rosas o a Perón con Irigoyen y a Evita con Tosco.

    Algo parecido nos pasó con respecto a nuestra propia historia: muchos pasaron de sostener la triunfalista “historia rosa” que contaban el Esbozo de Historia del Partido Comunista (Anteo, 1948) o el libro “El Partido Comunista” de Oscar Arevalo, 1983, a una actitud de negación total que llega al colmo de pretendernos cómplices de la dictadura militar a quienes fuimos sus víctimas y enemigos.

    Hay una recomendación metodológica de Gramsci que creo imprescindible al momento de analizar nuestra propia historia: “Un partido habrá tenido mayor o menor significado y peso, justamente en la medida en que su actividad particular haya pesado más o menos en la determinación de la historia de un país.  He aquí por qué del modo de escribir la historia de un partido deriva el concepto que se tiene de lo que un partido es y debe ser.  El sectario se exaltará frente a los pequeños actos internos que tendrán para él un significado esotérico y lo llenarán de místico entusiasmo.  El historiador, aún dando a cada cosa la importancia que tiene en el cuadro general, pondrá el acento sobre todo en la eficacia real del partido, en su fuerza determinante, positiva y negativa, en haber contribuido a crear un acontecimiento y también en haber impedido que otros se produjesen

    Bien pensada la cuestión aparece la misma base metodológica, “el sectarismo”, tanto de quienes creían ver en el Partido Comunista el único portador del “marxismo leninismo”, la fuerza política infalible que estaba detrás de cada lucha y que allí donde no estuviera no podía hablarse de acción revolucionaria alguna como en quienes nos adjudican la responsabilidad de todas las derrotas, de todos los errores, de todas las limitaciones del movimiento revolucionario.

    Fuera de los documentos y declaraciones de algunos de los dirigentes de entonces, la acción real de los militantes comunistas organizados se inscribe nítidamente en el campo de las acciones antidictatoriales como lo sabe cualquiera que estudie la génesis real de las luchas obreras de aquellos años, o la formación y funcionamiento de los organismos de derechos humanos y su heroica lucha de entonces.

    Claro que no conviene subestimar la dimensión que tuvieron aquellos errores, continuación exagerada de otros errores acumulados durante años que impidieron construir alternativa política.  Errores que, antes de llegar a la política cotidiana, se habían alimentado de lecturas dogmáticas del marxismo, de miradas liberales de la historia, y de visiones conspirativas de la lucha de clases.

    Y es que los aparentes pequeños errores en filosofía y teoría marxista se convierten en enormes desencuentros con la historia cuando se llega a la política, como nos ocurrió en 1945 (Unión Democrática), en 1976 (ausencia de análisis de clase de la dictadura fascista) o en 1983 (voto a Luder y Herminio Iglesias) para citar los ejemplos más notorios y dolorosos.

    Hemos dicho, y queremos insistir en ello ahora, que no estamos haciendo juicios morales o éticas sino valoraciones de eficiencia en la lucha revolucionaria.  Y es que el proyecto de partido autoproclamado vanguardia que construía un frente democrático nacional al que convocaba a una supuesta burguesía nacional (y sus representaciones políticas) con el objetivo declarado de transitar un proceso institucional y pacífico de transformaciones por etapas, resultó altamente ineficiente.

    Una nueva estrategia de poder, como la que pretendemos fundar desde la concepción de poder popular, requiere de una nueva mirada a la historia de las luchas obreras y de los proyectos revolucionarios que se han desplegado en nuestras tierras, incluyendo la historia del Partido Comunista por cierto.

    La lucha política como el gran educador de la militancia

    Para Gramsci la elaboración de un nuevo pensamiento no es precisamente un asunto académico: “Crear una nueva cultura no significa solo hacer individualmente descubrimientos “originales”; significa también, y especialmente, difundir verdades ya descubiertas, “socializarlas”, por así decir, convertirlas en base de acciones vitales, en elemento de coordinación y de orden intelectual y moral.  Que una masa de hombres sea llevada a pensar coherentemente y en forma unitaria la realidad presente, es un hecho “filosófico” mucho más importante y “original” que el hallazgo por parte de un “genio” filosófico” de una nueva verdad que sea patrimonio de pequeños grupos de intelectuales”.

    Obsesionado por comprender la compleja realidad italiana de principios de siglo, se pregunta:   “¿Por qué y cómo se difunden, y llegan a ser populares, las nuevas concepciones del mundo?”

    “La forma racional, lógicamente coherente; la amplitud del razonamiento que no descuida ningún argumento positivo o negativo de cierto peso, tienen su importancia, pero están lejos de ser decisivas; pueden ser decisivas de manera subordinada, cuando determinada persona se halla ya en crisis intelectual y vacila entre lo viejo y lo nuevo, ha perdido la fe en lo viejo sin decidirse todavía por lo nuevo, etc. Lo mismo puede decirse de la autoridad de los pensadores y científicos.  Ella es muy grande en el pueblo.  Pero en rigor, cada concepción del mundo tiene sus pensadores y científicos que poner por delante, y la autoridad se halla dividida”.

    “Se puede concluir que el proceso de difusión de las nuevas concepciones se realiza por razones políticas, es decir, en última instancia, sociales, pero que el elemento autoritario y el organizativo tienen en este proceso una función muy grande, inmediatamente después de producida la orientación general, tanto en los individuos como en los grupos numerosos.”

    Pero comprende, enseña, que los hombres no aceptarán las nuevas ideas sino desde un lugar compartido con los difusores de la nueva concepción, y ese lugar no es otro que el de la militancia común en defensa de sus derechos y reivindicaciones.  Dicho de otro modo, el “sentido común” reaccionario podrá ser modificado en el transcurso de la propia experiencia de luchas de las masas, si reciben –en ese proceso y no desde fuera de él- el debate necesario que derrote los valores y concepciones instaladas por quien domina en la sociedad y la economia..

    La gran paradoja para la izquierda revolucionaria es que el enemigo, para garantizar el dominio en el plano de la economía (para realizar la reproducción ampliada del capitalismo en palabras de Carlos Marx) acude a la lucha cultural donde instala una dictadura del pensamiento, un monopolio de la circulación de ideas y productos culturales casi obsesiva; pero para romper ese dominio cultural la izquierda debe ir a la lucha política, pues es en ese terreno donde se puede confrontar con los valores conservadores y las ideas de derecha que hoy nos agobian.

    ¿Por qué falló históricamente la izquierda en insertar el proyecto revolucionario en el sujeto social del cambio?  No por falta de aptitud de organizar la lucha reivindicativa, ni por falta de “inserción social” como vulgarmente se afirma, sino por falta de política revolucionaria, por realizar demasiadas concesiones al “sentido común” reaccionario, por falta de enjundia en la defensa de los principios revolucionarios.  En pocas palabras, no por exceso de política, sino por falta de ella.

    Y para esa lucha política se requieren militantes capaces de debatir y derrotar a los grandes popes de la televisión y los diarios; militantes que sigan aquel consejo con que el Ordine Nuovo encabezaba su primer número: “Instruyanse, porque necesitaremos toda nuestra inteligencia.  Conmuévanse porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo.  Organícense, porque necesitaremos toda nuestra fuerza

    José Ernesto Schulman

    enero de 2000


  • Publicado en la revista Zoom, política y sociedad en foco.
    Siento que debo empezar a explicar el porqué de esta segunda edición de “Tito Martín, el Villazo y la verdadera historia de Acindar” con una confesión: en el otoño de 1995, cuando Tito me preguntó como iba el libro de memorias que él me había dictado, yo estaba totalmente perdido entre casetes y papeles con apuntes.

    Como siempre me ocurre con lo que quiero escribir se me había enredado todo y por momentos parecía que jamás lo podríamos concluir.

    Le expliqué lo mejor que pude esto a Tito pero él, sin hacerme mucho caso, prendió otro cigarrillo y me dijo: “Hay que terminarlo como sea, yo siento que me estoy yendo y no me quiero morir sin dejar mi legado a la juventud. Tengo necesidad de contar lo que viví”

    Y así fue, apuramos la marcha, dejamos de lado esa obsesión perfeccionista que siempre acosa a los escritores y terminamos el trabajo a tiempo. Para la primavera del ’95 el libro estaba terminado y empezó la odisea de conseguir quien lo imprima. Fracasados todos los intentos, a Carlos Sosa se le ocurrió hacer el libro como había hecho todo en la vida: con sus propias manos, apelando a la solidaridad del pueblo, superando las adversidades.

    Una licenciada de historia y un metalúrgico desocupado hicieron las correcciones, dos viejos ferroviarios lo pegaron y un médico de pueblo prestó unos cheques que un imprentero solidario transformó en primorosos quinientos ejemplares que presentamos con éxito inesperado en Villa Constitución y Rosario.

    En el Club Riberas del Paraná, en Villa Constitución, para presentar el libro hubo una gran fiesta popular con mesa redonda, una ternera deshuesada asada, mucho vino, poetas y cantores. Nos acompañó Patricio Echegaray, secretario general del Partido Comunista, quién calificó el evento como un extraordinario acto de cultura popular, nacional, democrática y revolucionaria.

    “Este acontecimiento es un verdadero hecho de cultura popular, que es la cultura vinculada a las luchas. Los grandes hombres se dan en medio de las luchas populares, brindo por la hermosa vida de Tito Martín, porque es parte de nuestro pueblo, y porque las luchas de Villa Constitución han sido y son parte de la cultura popular. Brindemos entonces por los obreros de Villa a los cuales homenajeamos en la figura de este Hombre Nuevo que es Tito Martín”. Y no exageraba una palabra.

    En Rosario estuvieron presentes el Obispo emérito Federico Pagura, el periodista Carlos del Frade y el querido Osvaldo Bayer quien dijo de Tito que era un verdadero “héroe popular” equiparable a esos personajes de Balzac: éticos, épicos, valientes, majestuosos en su dignidad.

    Y así aquellos primeros quinientos ejemplares se vendieron en pocas semanas, algo poco común para un libro humilde, rebelde como su personaje.

    Pero debo hacer aquí una acusación: lo de Tito fue una verdadera traición.

    El, que había hecho del cumplimiento de su palabra una cuestión de principios, se fue apenas habíamos publicado la primera edición de la historia de su vida, es decir de Villa Constitución, de Acindar y del Villazo, aquella gesta obrera y popular que todavía da que hablar y espanta a los poderosos.

    Tito había prometido que iba a recorrer el país presentando el libro, su postrer sueño de contar a los jóvenes las razones de la lucha y de la derrota, porque era muy consciente que las derrotas traen eso: el olvido de las causas que llevan a los pueblos a la lucha. Y que esa es la verdadera derrota.

    Pero, por primera vez en su vida no cumplió y se fue a ese sitio de la memoria donde lo esperaban los treinta mil compañeros desaparecidos y tantos militantes populares caídos en la larga lucha por la redención obrera.

    En los bares del barrio Talleres se dice que salieron a recibirlo el Gringo Tosco, el Negro Segovia y aquel otro ferroviario, Víctor Vázquez, con quien se puso a hacer planes y planos para recuperar para el pueblo las vías por donde transitaron cincuenta años conduciendo locomotoras y enarbolando sueños de panes y de rosas para todos.

    Después se sentó a tomar mate con los viejos compañeros de Villa.

    Con su hermano, el Negro Segovia tomaron pavas de “dulce” hasta hartarse, recordando con picardía criolla los días de la toma de las fábricas y de la cárcel.

    Con orgullo, Tito le contó al negro que “su” partido, el Partido Comunista, había cumplido con honor los deberes de solidaridad con los presos “de la Tablada”, como se conocen a los compañeros del Movimiento Todos por la Patria sobrevivientes al asalto al cuartel de la Tablada en que perdieran la vida el Negro Segovia y tantos otros en enero de 1988, a pesar de las diferencias políticas y de que muchos, acaso demasiados, compañeros del movimiento popular pretextaron dichas diferencias para sustraerse de la lucha por la libertad de todos los presos políticos.

    Al Negro le dolió bastante aunque no lo sorprendió, ni mucho menos, que algunos de sus viejos amigos y compañeros de lucha se hubieran hecho los distraídos y, como dijo un entrerriano, que los vio tomando mate y se acercó a la ronda, se “hicieran los pelotudos como perro que pateó la olla”.

    Con otros, algunos que ni conocía, comentó largamente lo que estaba pasando en Acindar y en toda Villa.

    Como, una vez más, los feroces dueños del acero habían hecho punta imponiendo una flexibilización que no solo había terminado con el convenio colectivo de los metalúrgicos, también había abierto las puertas para reducir personal, aumentar la explotación y reconvertir la empresa para asegurar la más alta tasa de ganancia a costa de los trabajadores y que, en plena democracia, fueran perdiendo uno a uno sus derechos para regocijo de Alfredo Martínez de Hoz, del Gral. Alcídes López Aufranc y los eternos Acevedo.

    Parece que Tito llevaba, en bolsillo del saco -vaya a saber para que lo guardaba- un recorte de Clarín del día 6 de agosto de 1995 en que “ellos” explicaban “Cómo Acindar salió del rojo” y se puso a leerles, igual que cuando llegaba un compañero de “afuera” a las cárceles y contaba las novedades, la hoja del diario que parecía más un parte de guerra de un general victorioso que un análisis económico de una empresa exitosa. El parte de una guerra que los había tenido como víctimas.

    Tito leía lentamente porque ya la vista le fallaba un poco: “Los altibajos y las perdidas que muestran el balance jalonan el largo proceso de reorganización de Acindar que comenzó en la huelga desatada en marzo de 1991 y que tuvo la planta parada casi 40 días. “De ahí en más inauguramos una nueva relación con el gremio, de mayor comunicación sobre lo que había que hacer en la compañía para mantenerla competitiva e insertarse en la región” explicó Arturo Acevedo, nieto del fundador y actual titular de la empresa.

    A partir de la nueva estrategia, Acindar consiguió aumentar la productividad de la mano de obra de los 57/58 mil dólares anuales de facturación por empleado vigentes en 1991 a los 125/128 mil actuales. “El objetivo inmediato consiste en elevar la productividad nuevamente el doble en el término de dos años y medio” destacó Carlos Leone, vicepresidente de Acindar” siguió leyendo Tito mientras prendía un negro y aspiraba profundo en medio de un silencio profundo.

    Los miró fijo y siguió con el recorte del diario: “En el camino se achicó el número el número de trabajadores de la empresa que pasó de 6.300 a principios de 1991 a los 4.000 de hoy. En el ’96 jubilaciones anticipadas y retiros voluntarios mediante no quedarán más de 3.000” Y aquí me paro, dijo Tito, ¿o hace falta seguir leyendo para saber lo que pasa? preguntó en un gesto que más parecía un pensar en sí mismo que en una pregunta.

    Un memorioso recordó que de 46,7 tonelada de acero por trabajador que se producían en 1975 se había pasado a 152,7 tonelada de acero por trabajador en 1992, con lo que los cálculos sobre la plusvalía hechos en 1985 (cada obrero de Acindar producía en una hora por un valor equivalente al salario diario o jornal) (1) se han quedado cortos.

    Si bien es cierto que “la edad de oro” de la empresa coincide con la presencia de su ex director, Alfredo Martínez de Hoz, en el Ministerio de Economía del dictador Jorge Rafael Videla, no es menos cierto que su balance de casi 16 años de “democracia” no es menos interesante: es una de las dos grandes empresas (la otra es Siderca S.A. del grupo Techint) que controlan el negocio siderúrgico en la Argentina luego de la privatización de la ex Somiza, sigue siendo hegemónica en el renglón de laminados no planos (alambrón, hierro redondo, perfiles) y en todo los insumos siderúrgicos para la industria de la construcción habiendo pasado de producir un 58,5 % en 1985 a monopolizar el 84,5 % de la producción de hierro redondo para la construcción en 1992 ostentando también el 32% de la reducción total, el 35,2% de la aceración realizada en el país y el 33.6% de los laminados en caliente.

    El Negro Segovia se acordó de aquella frase de Raúl Alfonsín: “A vos no te va tan mal, gordito”, pero no logró que nadie se riera.

    Ninguno dijo nada, y Tito menos que ninguno, porque jamás salió de su boca un reproche a los compañeros que abandonan la lucha o se acomodan al viento adverso.

    Tito criticaba de otro modo: con su ejemplo, con su ética, con su hombría de revolucionario inquebrantable.

    Como un verdadero hombre nuevo respondía al agravio con la caricia y a la mentira con una propuesta ingeniosa y útil para el pueblo.

    Ni siquiera se quejó de que algunos lo pretendieran borrar de la historia del Villazo o que la vergüenza de verse reflejado en el espejo de su trayectoria les impidiera a otros acompañarlo en aquella fiesta de cultura nacional que fue la presentación del libro en el club Riveras del Paraná ante cientos de compañeros que no faltaron a la cita.

    Y nos estamos aprovechando de su ausencia, seguro que él nos hubiera corregido, casi no hace falta decirlo, estas líneas; por temor de que los ofensores se ofendan, que los cobardes se enojen y que los conversos vuelvan a borrar con el codo lo que alguna vez escribieron con la mano. Pero nosotros no somos Tito.

    Nosotros nos enojamos cuando falsean la historia, cuando se pretende descalificar la lucha de los compañeros diciendo que los que cayeron fueron el fruto de nuestros errores. ¡Mentira!. Los que cayeron son víctimas del odio y el terrorismo de los poderosos, de los que siempre han gobernado en la Argentina ya sea con dictaduras militares o con gobiernos civiles como el de Alfonsín o Menem.

    De Tito aprendimos aquella lección que Carlos Marx nos legó cuando la Comuna de París: “La canalla burguesa de Versalles puso a los parisinos ante la alternativa de cesar la lucha o sucumbir sin combate. En el segundo caso, la desmoralización de la clase obrera hubiese sido una desgracia enormemente mayor que la caída de un número cualquiera de jefes” y que el gran Lenin aprovechó cuando la Revolución Rusa de 1905 cuando los pusilánimes lloriqueaban que no habría que haber combatido, y el revolucionario ruso les respondió que habría que haber sido más enérgico, estar mejor organizados, ser más audaces y ofensivos.

    Con que dolor nos contaba Tito aquel acto en la Cátedra abierta de derechos humanos de Osvaldo Bayer en que algunos de los participantes del Villazo se lamentaban de haber luchado.

    Por eso le emocionó tanto encontrarlo al Gringo Agustín Tosco caminando del brazo de un viejo amigo, el joven comunista y dirigente sindical de Luz y Fuerza de Córdoba Alberto Cafaratti a quienes había conocido en Villa Constitución cuando el Plenario Sindical Antiburocrático en abril de 1974 y no había vuelto a ver.

    Agustín Tosco parecía estar al tanto de todo lo que pasaba, lo que le ahorró a Tito el bochorno de pasar revista a los quebrados y conversos. La conversación giró para otro lado, para el lado del estado del movimiento sindical. Entusiasmado con la bancarrota de la burocracia sindical, Tosco dijo que valía la pena apostar a crear un nuevo modelo sindical que recoja aquel desafío de su “sindicalismo de liberación” en un fin de siglo tan cruzado por la crisis del capitalismo y la ausencia de una alternativa revolucionaria verdadera.

    Pero no era de política que hablaron Tito Martín, Alberto Cafaratti y Agustín Tosco sino de moral, de ética, de conductas cotidianas. Algo que los tres habían hecho siempre y que Agustín Tosco lo decía como solo él podía decir algunas cosas: “Las victorias más importantes y valiosas son las que se obtienen sobre las propias debilidades. A partir de allí todo es posible. Lo que va contra uno mismo, lo que choca contra el propio ser es lo que destruye. Por eso también Ulyses Mc Daniel se afirmaba a sí mismo al exclamar: “si alguna vez quebrara mis troncos. O claudicara junto a mis compañeros. Este juramento me matará…” El ser o no ser de Hamlet se plantea en todo momento. En cualquier circunstancia, en lo más sencillo y en lo más complejo en la vida del hombre”

    Decía José Martí, el insigne poeta y patriota cubano, que hay ocasiones en la vida de los pueblos en que es como si el honor que falta en una gran parte de la sociedad se concentrara en otra, pequeñita.

    Y creo que eso es lo que pasó con Tito los últimos veinte años de su vida. Le tocó cargar con la parte del honor y la dignidad, con la parte de la valentía y coherencia que faltó en la sociedad, en el movimiento obrero y también en su propio partido.

    Uno podría pensar que Tito se preparó durante cuarenta años de militancia para actuar bien durante 1974 y 1975 y los años duros que vinieron luego; y que esos quince años durísimos lo prepararon para soportar el cimbronazo que causó en el mundo de los revolucionarios la caída del socialismo en la Unión Soviética, cuando parecía que el cielo se caía sobre nuestras cabezas.

    Dirigente vecinal y de La Fraternidad le tocó encabezar la C.G.T. de Villa Constitución, en su corta pero efectiva vida de enero a marzo de 1975. Y cuando vino el Operativo Rocamora del 20 de marzo de 1975 con su carga de muerte y presos, Tito mostró la fibra de que estaba hecho: cuando preso es el más solidario de todos y el más activo promotor de la resistencia a la represión interna de las cárceles; cuando le toca salir es el primero en organizar la solidaridad con todos.

    En un pueblo donde el cura echaba a volar las campanas en señal de alegría por los desaparecidos y la empresa principal, Acindar, servía de ámbito físico para los centros de tortura y exterminio, había que tener mucho huevo para pasearse con el periódico comunista bajo el brazo solo “para que los compañeros perdieran el miedo” como relata en su biografía.

    Y también le tocó defender el honor de su partido, el Partido Comunista, pues cuando algunos gastaban alfombras en busca de entrevistas con los supuestos “militares progresistas”, Tito -como miles y miles de militantes comunistas- defendía el honor partidario en la mesa de torturas y las cárceles, en las peligrosas calles y plazas de Villa Constitución de esos años.

    Pero aún le tocaba a Tito, pasada la dictadura y establecida la democracia política, dar no pocas batallas por el honor del movimiento obrero ante quienes pretendían transformar la memoria en lamento y los golpes recibidos en claudicación.

    Su decisión de volcar los recuerdos y experiencias en un libro revelaba que ni una molécula de ese mal tan extendido del arrepentimiento lo había tocado.

    Así que a Tito le tocó defender el honor de su ciudad y su pueblo en los años de la dictadura una ciudad que amó entrañablemente y a los que dedicó sus mejores esfuerzos e ideas y que hoy estaría convocando enérgicamente a defender en unidad.

    ¿Qué diría Tito si hoy se enterara que el Hospital tiene un déficit de 70 millones de dólares y que la Municipalidad, por resolución del Consejo Deliberante a propuesta de un supuesto Consejo Económico y Social aprueban pagar a una consultora extranjera la exorbitancia de 78 millones de dólares (¡!) por un estudio de “desarrollo estratégico”?

    El, que no solo aportó soluciones orginales a los principales problemas urbanísticos de Villa Constitución: cordón cuneta y pavimento flexible, formación de cooperativas de obras y servicios, su proyecto de un Complejo Habitacional Deportivo utilizando las tierras a la vera del río, propuestas para un desarrollo integral de las cloacas, desagües, agua corriente, gas, etc.; sino que hizo gala de una confianza ilimitada en la capacidad popular de organizarce y conseguir sus objetivos por el camino de la lucha para lo cual apostó a las formas primarias de organización barrial y luchó siempre contra todo intento de subordinarlas al poder de turno. Su compromiso fue con un vecinalismo autónomo, antagónico al mamarracho corporativista de transformar las vecinales en brazo o rama de tal o cual partido político, en el gobierno o la oposición.

    ¿Y si se enterara del sueldo actual de los concejales y funcionarios municipales? El, que en 1995 escribió una carta abierta al pueblo de Villa Constitución en que les decía:

    “Piense, todos los candidatos oficialistas y de la oposición, que son variantes para un mismo proyecto le hablan de promesas de obras, radicaciones, etc. ¿Y la vocación de servicios?: nadie quiere tocar este tema. Esto no depende de lo provincial o de lo nacional. Hago la siguiente propuesta concreta, sabiendo que esto no resuelve el problema de fondo, pero comencemos a darle el ejemplo a los vecinos. Que se reduzca drásticamente las dietas, viáticos y gastos de representación, se achique la plantilla de personal político del ejecutivo y del concejo mientras dure la actual crisis. Es una inmoralidad los sueldos y dietas de los que ocupan cargos políticos en nuestra ciudad, desde $3.500/ $2.100/ $1.500, el de un senador que percibe $11.000 y demás. Si le pedimos sacrificios, empecemos a dar el ejemplo” ¿Será por casualidad que esos mismos concejales “cajonearan” los pedidos de declararlo ciudadano ilustre hasta justo el día después de su muerte? ¿O que el secretario (2) de Cultura (?) de la Municipalidad se haya negado a colaborar con la reedición de este libro?

    Acaso tenía razón el Obispo Metodista Emérito Federico Pagura, cuando al presentar la primera edición de este libro dijo que su lectura mostraba que al menos había en esta tierra un hombre nuevo, de esos que soñaban el Che y el Obispo Angelelli; y que si había uno, ¿por qué no soñar que algún día todos los hombres serán como Tito?

    ¿Y si después de tantas búsquedas y extravíos comprendemos que el socialismo no es otra cosa que un mundo de hombres nuevos; un mundo donde todos los hombres serán como Tito, como el Che, como Tito Messiez, como Alberto Caffarati, como Rodolfo Walsh, como el Negro Segovia, como cada uno de los treinta mil compañeros desaparecidos?

    ¿No serán estos hombres nuevos realmente existentes su mejor programa y atractivo?

    A lo mejor sí, y entonces -como el Cid Campeador- Tito seguirá ganándole batallas a Alcídes López Aufranc y a Alfredo Martínez de Hoz, a López Rega y el Loro Miguel; seguirá ganándole batallas a la muerte.

    Ojalá que esta segunda edición sirva para eso.


  • Un ejemplo de un pensamiento obsoleto, incapaz de aprehender las nuevas realidades y de organizar la lucha por su transformación.

    En una columna publicada en Pagina 12 a pocos días del triunfo de De la Rúa, el secretario general de la Central de Trabajadores Argentinos, el compañero Víctor De Gennaro presentó un análisis del nuevo gobierno que repitió luego en el Encuentro del Nuevo Pensamiento y que hoy circula ampliamente entre aquellos dirigentes que constituyen la corriente hegemónica de la central, y que deciden su política cotidiana.

    Los compañeros han organizado su análisis más o menos del siguiente modo:  son las luchas obreras y populares las que forzaron la retirada de Menem de la escena, por ello el contenido principal del voto a De La Rúa es un “Chau Menem”; sin embargo la fuerza ganadora no expresa cabalmente dicha voluntad popular y de hecho se ha instalado un eje divisorio de aguas: “democracia o ajuste” que se llega a expresar al interior mismo del gobierno y su gabinete nacional.

    Reconocen que las fuerzas partidarias del ajuste (figura con que aluden al modelo neoliberal en su integralidad) tienen la iniciativa, pero no descartan que si las fuerzas partidarias de la democracia de adentro y afuera del gobierno coordinaran su accionar y lo potenciaran, se podría enderezar el rumbo hacia el lado de la profundización de la democracia.

    Por ello, sostienen algunos, hay que eludir la trampa de enfrentar en bloque al gobierno de De la Rúa y concentrar fuerzas contra los sectores más reaccionarios.

    Por ello, suponemos nosotros, que no se convoca a unir la resistencia y desplegar planes de lucha nacionales contra el continuismo (que implica la profundización) de un conjunto de políticas al que no se puede dejar de considerar un verdadero sistema de explotación de los trabajadores, de exclusión social de millones, de control social, aplastamiento cultural y dominación política.  Y aunque los compañeros no se atrevan nunca a nombrar la palabrita, ese sistema se denomina capitalismo.  A siete meses de realizado el congreso de Mar del Plata el balance del cumplimiento de sus resoluciones es más que exiguo.

    En su intervención ante el XXº Congreso del Partido Comunista, Patricio Echegaray desarrolló un análisis marxista sobre el nuevo escenario político en constitución a partir del 24 de octubre.  Dijo allí: Hay un gobierno que se va y uno que viene.  ¿Cómo analizarlo? ¿Cómo el resultado de las elecciones de octubre, de la supuesta disputa entre la continuidad menemista y el cambio de la mano de la Alianza, o como la consecuencia mediata de largos procesos económicos, sociales, culturales, militares, políticos?.  Creemos que el camino metodológico de análisis es el del pensar el presente desde una perspectiva histórica, de analizar una disputa electoral desde la integralidad de las relaciones sociales y por eso sostenemos que el bloque de poder obtuvo un éxito importante porqué no solo logró mantener el modelo neoliberal del capitalismo, sino darle mayor estabilidad a la dominación con el consenso conquistado por los partidos que explícitamente se comprometieron a mantenerlo y perfeccionarlo.”

    No es ocioso recordar que hace diez años, el grupo de los Ocho al que pertenecía Chacho Alvarez y el propio Germán Abdal, argumentaban la necesidad de terminar con el “enemigo principal” =  gobierno de Alfonsín, para justificar que no solo votaban a Menem, sino que integraban sus listas.  Entonces fue el Chau Alfonsín, ahora es el Chau Menem.  Siempre habrá un enemigo más malo que el que tenemos enfrente, pero la política real nos exige definirnos ante el que aplica la política verdadera.

    Nadie mejor que los comunistas argentinos para saber hasta que límites puede llevar esta política de apuntalar el mal menor y de descubrir contradicciones secundarias en el campo del enemigo.

    Pero el caso es que por más de diez años hemos puesto nuestro debate sobre los límites reformistas de nuestra política al servicio del campo popular y ello hace que nos resulte más inadmisible que a ninguno que se nos pretenda presentar el viejo cuento de las dos presiones y las dos perspectivas como expresión de un nuevo pensamiento.


  • Seminario Internacional: «Crisis, Revolución y Socialismo» realizado en Buenos Aires en 1999 por  Cuadernos Marxistas

    1. Explicitación de propósitos

    Si algún símbolo característico tiene la democracia argentina es el de la impunidad.

    Impunidad para los genocidas de ayer y los represores de hoy, impunidad para los impulsores de un rumbo económico que ha desembocado en la más grande crisis de su historia (incluida la tan famosa del ’30), impunidad para los políticos que pactaron con la dictadura la «transición democrática» y se hicieron cargo de todas y cada una de las propuestas que el bloque de poder requería desde el ’83 en adelante.

    Con esta ponencia nos proponemos poner de relieve la responsabilidad de una corriente política/ideológica de larga data en la Argentina, cuya responsabilidad en la crisis argentina, específicamente en la ausencia de una alternativa política verdadera que haga visible la responsabilidad de los políticos del ajuste y la posibilidad de su castigo, es en general ignorada aún en ámbitos como este, o mejor dicho, especialmente en ámbitos como este.

    Nos queremos referir a la responsabilidad del progresismo (más adelante trataremos cobre lo relativo del término) en la crisis argentina

    Al papel que ha jugado en debilitar, agredir, frustrar o degradar los esfuerzos que en los últimos años se realizaron en procura de superar la carencia más dolorosa del movimiento popular argentino, una alternativa política verdadera al gobierno de turno, el modelo vigente y el sistema capitalista que sufrimos; así como su consecuente «apoyo crítico» a todas las formas que el sistema de dominación fue adoptando para superar los niveles de resistencia y desafío que el movimiento popular conseguía gestar..

    Es bueno que hablemos un poco de su apoyo «por izquierda» a los procesos de adaptación reaccionaria de los partidos políticos que históricamente representaron los anhelos democráticos y redistribucionistas de los sectores populares argentinos.

    Nos referimos al Alfonsinismo en el Radicalismo y a la Renovación en el Peronismo que fueron las operaciones políticas -que con máscaras democratizantes y modernizantes- prepararon el viraje copernico que el bloque de poder requería de estas partidos para ser útiles ordenadores de un sistema de dominación a~ servicio del modo neoliberal de ser del capitalismo argentino.

    Estamos pensando en su concurso recurrente al discurso chantajista de «democracia o caos» primero y al de «estabilidad o caos» después; a la hostilidad y el sabotaje de las iniciativas de unir a la izquierda que representaron el Frente del Pueblo y la primera Izquierda Unida con el latiguillo de lo que había que cambiar era el discurso y ser una fuerza que “no solo proteste sino que tenga propuestas”, de la frustración del esfuerzo de unidad de sectores de la izquierda y el centro izquierda que significó en su momento el Frente del Sur y el primer Frente Grande así como de la desesperada carrera al poder que representó el Frepaso, la Alianza y su presencia en el gobierno de De la Rúa.

    Ahora que el Frente Grande (última o ya penúltima forma de existencia institucional del progresismo argentino) ha dejado de existir como fuerza política autónoma para subsistir malamente como corriente interna del radicalismo, ahora que los autoconvocados “a renovar la política con la gente, desde la ética y progresista» se disgregan como una banda de ladrones que ya no puede seguir su cometido; ahora -como sabía decir el viejo Hegel- en que el fenómeno social deja de existir, es el momento en que se ponen a prueba los conceptos con que se trató de explicarlo en sus horas de esplendor.

    Para ello proponemos aplicar un triple análisis: histórico, para rastrear sus orígenes y antecedentes, establecer los elementos de continuidad y de ruptura que existen entre el «progresismo» tradicional y el vigente; universal, porque hay que pensar al progresismo argentino como parte de un esfuerzo más vasto por instalar lo que en Europa llaman la tercera vía» y en nuestro Continente se expresó en el «nuevo camino” que predicaban los políticos progresistas latinoamericanos y plasmaron en el llamado «Consenso de Buenos Aires» de diciembre de 1997, y complejo para identificar los matices que existen en un campo marcado por la indefinición y el relativismo programático entre las corrientes que derivan más directamente de la tradición liberal de las que lo hacen de la tradición nacional populista.

     

    2. La perspectiva histórica.

    Durante cerca de cuarenta años, aproximadamente entre 1945 y 1985, en el imaginario popular el escenario político argentino se representaba -casi excluyentemente- por un par de partidos que simbolizaban uno el progreso social, el peronismo, y el otro la defensa de la democracia como sistema de vida, el radicalismo.

    Al espacio formado por el ala más cercana a la defensa del sistema democrático del peronismo, y el ala más comprometida con la justicia social del radicalismo, se le llamó progresismo. Allí convergían también los sectores partidarios de Lisandro de la Torre en el Partido Democrático Progresista, varios sectores socialistas y el propio Partido Comunista que desde 1928 a 1986 sostuvo una propuesta de revolución democrática burguesa que procuraba- en vano- combinar en la misma matriz cultural: el progresismo, el antiimperialismo y aún el antiimperialismo y aún el anticapitalismo.

    El viraje del Partido Comunista arrancó a esta fuerza de dicho espacio, aunque la cultura política del “frente democrático nacional” ha persistido en amplios sectores que se auto definen como “progresistas” y han formado, históricamente, parte de la cultura comunista ortodoxa.

    El progresismo histórico ha sido funcional a dos de las características distintivas del capitalismo argentino durante los cuarenta y cinco años que van del `30 al `75: la combinación de un capitalismo relativamente distributivo, con un fuerte papel del Estado en la promoción de los negocios de la burguesía y el respeto de algunos de los derechos sociales más elementales en el plano de la supervivencia;. con la alternancia de gobiernos civiles, resultantes de elecciones regidas por la Constitución Nacional, y dictaduras militares surgidos de golpes de estado militares, progresivamente represivos del movimiento popular.

    El progresismo histórico constituyó durante aquellos años una de las respuestas posibles a fenómenos objetivos, y encontraba en la dinámica real del funcionamiento capitalista la razón de existencia.

    El progresismo histórico nunca llegó a jugar un papel protagonista central en la política argentina, más bien constituía el coro que las corrientes hegemónicas de uno u otro partido de la burguesía podían ora incorporar como fuerza de apoyo, ora mostrar como fuerzas que la amenazaban para mejorar las condiciones de sus acuerdos con el imperialismo.

    El progresismo histórico colapsó junto con la burguesía nacional que le daba sentido, en su lugar emergió un nuevo progresismo, más bien un centrismo, estrictamente ideológico (en el sentido clásico de falsa conciencia), fruto del impacto de la derrota de las fuerzas revolucionarias locales (1976) y mundiales(1989) en la cultura política tradicional del progresismo histórico.

    El progresismo contemporáneo acepta muchas de las ideas fuerzas del neoliberalismo: no hay espacio para la revolución ni tampoco para las reformas de ayer, la ideología, las organizaciones y los militantes revolucionarios son cosa del pasado, la globalización y la nueva correlación de fuerzas internacional son realidades inmodificables, la soberanía es hoy limitada, el horizonte de lo posible está marcado por la democracia representativa, la utopía más osada se agota en lucha por la limitación de los niveles de corrupción y actividades mafiosas, así como por lograr ciertas correcciones a los efectos sociales del neoliberalismo.

    En los últimos veinte años, los argentinos hemos sufrido tres oleadas posibilistas que alimentaron progresismo contemporáneo: el posibilismo alfonsinista que expresó el balance derrotista de una capa de intelectuales “arrepentidos» de haber aportado lo suyo al ciclo de ofensiva popular de los finales de los ´60 y comienzos de los ´70, la renovación peronista que comenzó el proceso de actualización realista de las consignas históricas del peronismo que culminó en el menemismo y el chachismo frentegrandista que, luego de la Caída del Muro de Berlín y la debacle de los gobiernos socialdemócratas europeos, integró y potenció ambos movimientos anteriores en un culto a la correlación de fuerzas adversa y la necesidad de «hacer lo que la gente quiera» que terminó siendo lo que el poder permita.

    Todos estos movimientos ideológicos pueden resultar incomprensibles sin recordar que el golpe de estado de 1976 constituyó una verdadera contrarrevolución preventiva que asumió tareas reorganizadoras del capitalismo argentino. Que no solo destruyó los niveles de acumulación de fuerzas revolucionarias que había en la sociedad argentina sino que también superó las disidencias histórica -en el propio bloque de poder- sobre el modelo de desarrollo a aplicar y que produjo modificaciones no solo en el campo obrero y popular, sino en el campo burgués donde se constituyó una sólida hegemonía a favor de su sector más concentrado, entrelazado con las multinacionales y la banca internacional en una posición de subordinación, más vinculado a los negocios financieros y mafiosos.

    Desde esa posición hegemónica, con el apoyo para nada sutil de la fuerza de las armas de la dictadura y sus grupos de tareas primero, y con la fuerza cultural con que el capitalismo venció en la Guerra Fría después, fueron subordinando casi todas las herramientas de hegemonía con que había dominado la burguesía nacional en el periodo del capitalismo distributivo: el peronismo y el radicalismo, es sindicalismo de la C.G.T., la FUA de Franja Morada y el MNR, la intelectualidad “progresista”.

    En los primeros años pos dictatoriales la discusión con el posibilismo asumió contenidos muy precisos: ¿cuál era el destino de la “transición democrática”: punto de llegada desde el horror de la dictadura o punto de partida para retomar la lucha por los cambios en un sentido revolucionario?

    O dicho de un modo más directo, ¿si en la Argentina -y en toda América Latina- era posible emprender un proceso de cambios revolucionarios o si las condiciones de la correlación de fuerza hacían que algunas cuestiones fueran teóricamente justas pero políticamente impracticables, como predicaban Alfonsín y su coro. Por ejemplo, todos reconocían que la deuda externa era impagable pero se negaban sistemáticamente a recorrer el camino del Club de Deudores y la discusión de la legitimidad de la deuda, nadie dudaba de la ferocidad de los genocidas, pero se negaron a castigarlos.

    El debate fue rápidamente al encuentro de una cuestión aún más compleja: el balance de la lucha social y política -desafiante del poder- que transcurrió en la Argentina entre 1969 y 1975 y la actitud a adoptar frente a aquella lucha.

    El discurso posibilista, que predicaba el alfonsinismo, y que terminó en la charca de los “dos demonios”, la traición de Semana Santa y la infame política de impunidad que representaron las leyes del Olvido y el Punto Final, era alimentado por un grupo de intelectuales entre los que resaltaban Juan Carlos Portantiero, José Aricó y José Nún, quienes habían sido en los años ´60 y ´70 parte destacada de la intelectualidad más critica y más comprometida con el pensamiento marxista, gramsciano y guevarista de la Argentina; pero que ahora asumían el discurso de los “vencedores”: “los cambios son irreversibles, la época de la revolución, y aún de la reforma, han pasado; que nunca se debió luchar, que la derrota estaba predestinada” e incluso, que “toda forma de violencia política es mala de por si”

    Discutiendo las consecuencias de la caída de la Comuna de París, Federico Engels decía que lo más doloroso de las derrotas es que los pueblos olvidan las razones por las cuales lucharon y Carlos Marx escribió que “la canalla burguesa de Versalles puso a los parisinos ante la alternativa de cesar la lucha o sucumbir sin combate. En el segundo caso, la desmoralización de la clase obrera hubiese sido una desgracia enormemente mayor que la caída de número de cualquiera de jefes”.

    El viraje del Partido Comunista nació -y ese es uno de nuestros máximos orgullos- luchando contra ese posibilismo que nos acosaba en nuestras propias filas.

    En octubre de 1984, en Rosario, en el primer acto de homenaje al Che, Patricio Echegaray, entonces secretario de la Federación Juvenil Comunista, sale a enfrentar el discurso oficial posibilista. Dirá: la lucha del pueblo argentino, de sus organizaciones sociales, políticas, incluidas las que eligieron el camino de la lucha armada para abrir paso a la liberación fue una lucha justa y la discusión debe esclarecer cuales fueron las causas que impidieron el triunfo. Y no arrepentirse de haber luchado.

    La tesis de democracia o caos (jugando con el terror a la represión y el golpe) complementada con la advertencia de que para salvar la democracia había que ajustar la economía para no disgustar a los dueños del poder real, se va a repetir como discurso justificatorio del ajuste hasta el día de hoy.

    Cambia a veces el cuco, pero el chantaje es siempre el mismo: si no hacemos esto se enoja el mercado, si no hacemos aquello se enojan los militares. Es la lógica del pensamiento colonizado que busca transformar a la víctima en victimario, al ofendido en responsable de la violación sufrida.

    Alfonsín dedica varios discursos a polemizar con los impulsores del viraje comunista. Son los discursos de Villa Regina, del predio de Parque Norte y otros.

    Primero plantea que “a los que se niegan al Plan Austral les decimos que no son de acá” pretendiendo establecer que los opositores son extranjeros, y si son extranjeros no tienen derecho a participar en la vida política.

    Lo dice sin eufemismos: si no estás de acuerdo con el plan de ajuste no sos argentino, si no sos argentino te podemos reprimir sin problemas. Es el mismo discurso de Menem en 1990 cuando les dice a los estudiantes secundarios que pelean contra la Ley Federal de Educación: ojo con lo que hacen porque puede volver a haber nuevas Madres de la Plaza buscando sus hijos.

    El discurso de negar la nacionalidad para negar los derechos ciudadanos remite al discurso de los colonialistas españoles que justificaron el genocidio de los pueblos originarios con el recurso de negarles el carácter de seres humanos so pretexto de que no reconocían el Dios de los blancos europeos, el Dios de la Iglesia Católica. Los indios, decían, no son humanos, son sub humanos y por ello se los puede matar, torturar, esclavizar, lo que la conquista requiera. Los subversivos dirían los militares argentinos, no son humanos, son sub humanos a los que se les puede torturar, descuartizar o tirar vivos al mar.

    Hernán Cortez, Rafael Videla, Raúl Alfonsín, Carlos Menem. Todos utilizan el recurso de negarle identidad igualitaria al otro para imponerse y destruir el opositor a la conquista.

    El otro tema que aborda Alfonsín es el de la violencia.

    Acusa que los debates del XVI Congreso del Partido Comunista han reinstalado el tema de la violencia en la Argentina, y que eso pone en peligro la democracia. La teoría de los dos demonios adquiere así extensión ideológica. Son culpables de lo que pasó no solo los que practicaron la violencia sino quienes la justifican.

    Y termina su andanada con una exhortación a comprender los cambios mundiales para abandonar toda idea de revolución, o aún de reforma, llamando a consolidar la democracia porque ésta irá resolviendo los problemas de la gente, que los reclamos inadecuados la debilitan, y que por ello la lucha obrera y popular es reaccionaria. En diciembre de 1985 dirá textualmente: “no hablemos más de reformas o de revolución, discusión anacrónica; situémonos en cambio en el camino acertado de la transformación racional y eficaz”

    En su momento, el debate entre el presidente Alfonsín, en la plenitud de su prestigio internacional y nacional, contra el debilitado Partido Comunista del inicio del viraje parecía algo fuera de lugar. Sin embargo Alfonsín es uno de los políticos burgueses de mirada más estratégica y de mayor conocimiento de la cultura política argentina, y el viraje le causaba una preocupación verdadera.

    Por una lado, el nuevo discurso comunista estaba afectando el mito político más extendido de la Argentina, que no es el de Evita o el de Perón, sino el mito de que los radicales son gente comprometida con los derechos humanos, mito que no resiste el menor análisis histórico pero que ha persistido por mucho tiempo en la Argentina y ha sido uno de los valores fundamentales del pensamiento progresista.

    El primer presidente radical, Don Hipolito Irigoyen consintió la masacre de la Patagonia Rebelde y la Semana Trágica, el mismo Humberto Illia, presentado como el paradigma democrático argentino, ordenó a sus fiscales que rechazarán la personería electoral de los comunistas alegando “falta de compromiso con la democracia” y obteniendo un fallo judicial de rechazo de la personería en marzo de 1966, su caudillo histórico Ricardo Balbín clamaba por el aniquilamiento de la guerrilla fabril y en Córdoba le prestaron cien dirigentes radicales a Videla para ponerlos de intendente, el Dr. Alfonsín es el que elaboró y construyó la política de impunidad en base a las leyes de Punto Final, las leyes del olvido y los acuerdos con Rico en Semana Santa.

    Así pues, que nadie debería haberse sorprendido cuando el gobierno de la Alianza debutó matando a los compañeros Mauro Ojeda y Francisco Escobar en el puente de Corrientes, practique la judicialización del conflicto social y el gatillo fácil con tanto entusiasmo como su antecesor menemista

    Pero lo que más le preocupaba a Alfonsín era que al romper con la política del Frente Democrático Nacional, paradigma clásico del pensamiento progresista en la Argentina, y recuperar plena autonomía e independencia política, el Partido Comunista dejaba de ser una fuerza política tolerable, dejaba de ser una fuerza potencialmente utilizable en alguna operación política y se transformaba en una verdadera fuerza opositora que ocupaba su lugar en la izquierda, y que por trayectoria, por influencia histórica, por haber sido el canal principal por donde transcurrió la cultura revolucionaria argentina, un Partido Comunista con política de unidad de la izquierda fortalecería rápidamente el espacio de la izquierda argentina como efectivamente ocurrió con la formación del Frente del Pueblo

    Aquel primer esfuerzo de unidad de la izquierda recibió la agresión del progresismo que nos acusaba de desestabilizar la democracia y de cometer el sacrilegio de ¡unirnos con los troskistas!, tan defensores ellos de la ortodoxia marxista-leninista, con guioncito como marcaban los manuales soviéticos.

    El progresismo alfonsinista se hundió en la misma charca que Alfonsín cuando éste pactó con Rico la impunidad de los genocidas y comenzó una loca carrera por complacer al poder con Planes Austral, privatizaciones y represión.

    La segunda oleada posibilista transcurrió al interior del peronismo cuando éste se preparaba para suceder en el gobierno a un radicalismo consumido en su obra de gobierno. Un grupo de intelectuales entre los que se contaban Chacho Alvarez y Mario Wainfeld comienzan a sacar una revista, Unidos, que se constituye rápidamente en uno de los epicentros de la ofensiva cultural por superar los costados «populistas» de un peronismo que no acierta a definir su lugar en la política y oscila entre la oposición de Ubaldini y el colaboracionismo de Alderete y el propio Menem.

    Detrás de Antonio Cafiero se agrupan los restos de la Juventud Peronista y los Montoneros que buscan reconciliarse» con la sociedad luego de sus pecados juveniles», pero el discurso democratizante y modernizante de Antonio Cafiero es vencido por un pintoresco caudillo riojano que arrasa con las internas y se queda con el Partido Justicialista arrastrando tras suyo a los mismos renovadores.

    Contra las fábulas que circulan sobre el Grupo de los Ocho, conformado entre otros por Chacho Alvarez, y Germán Abdala, conviene recordar que fueron electos diputados en las listas de Menem cuando ya existía una fuerza alternativa, la Izquierda Unida, que venía de realizar las primeras elecciones abiertas para definir ir las candidaturas y de recibir el apoyo de una parte importante de la militancia (diciembre de 1998, casi 200 mil participantes de las internas abiertas).

    Sin embargo el progresismo radical insistió en votar a Angeloz para impedir que triunfe Menem y el progresismo pos populista en engrosar las listas de Menem para «derrotar» el Alfonsinismo como decía editorial de la revista Unidos de marzo de 1989.

    La frustración menemista, la segunda en apenas 27 meses (si medimos desde la Semana Santa de abril de 1997 hasta la proclamación del primer gabinete y el Plan B.B. por parte de Menem en julio de 1999) empalmó con la desarticulación del llamado «Campo socialista» que produjo un efecto disgregador, no solo del pensamiento de izquierda, sino también del «progresista», ya afectado por las dos oleadas posibilistas arriba descriptas y el propio impacto de la caída en picada de las fuerzas de la Internacional Socialista que, lejos de reemplazar el socialismo burocratizado y estatista de la U.R.S.S. y los países del llamado campo socialista con un modelo de socialismo democrático y participativo, huyeron en loca carrera hacia el neoliberalismo dando lugar a la aparición del social/liberalismo que hoy gobierna en Alemania, Gran Bretaña y Francia bajo la fachada de gobiernos socialistas, de izquierda plural o de Tercera Vía.

    Si la desarticulación de la cultura de izquierda tendría expresión organizativa en la desaparición de la primera Izquierda Unida, el impacto en el progresismo desembocaría en aceptación por parte de ese espacio de una hegemonía autoritaria y oportunista que los llevaría de las narices desde los debates democratistas de Unione y Benevolenza a la complicidad inexcusable con el asesinato de los luchadores sociales de Corrientes y Salta por parte del gobierno de la Alianza.

    ¿En nombre de qué divisa se hizo semejante transito?

    En nombre del «realismo», de los que decían conocer lo que piensa la gente y estaban dispuestos a cubrir sus expectativas; en nombre del objetivo de llegar al gobierno sea como sea porque desde allí sería posible transformar la realidad.

    Aunque parezca increíble se llegó a comparar la adaptación servil del Frente Grande al discurso del poder con los acuerdos de paz en El Salvador y su propósito final de desbloquear la acción de las masas aterrorizadas por una de las guerras más sangrientas de Nuestra América contemporánea.

    Llegar, llegaron, pero no para transformar nada sino para ser una herramienta de justificación por izquierda, mientras les duró la credibilidad de la gente que ellos tanto decían respetar, de la más rigurosa continuidad de un sistema de dominación y explotación que para asegurar su reproducción ampliada requiere apelar cotidianamente a las formas mafiosas de acumulación de plusvalía (tráfico de armas, de drogas, de prostitutas y niños, lavado de dinero y todo tipo de fraudes y negociados como los que hoy les achacan al menemismo), al autoritarismo creciente (cesión de poderes públicos para Cavallo, decretos de necesidad y urgencia), la represión inclemente y la más humillante política internacional de servilismo al imperialismo yanqui.

    El error teórico de aquellos que fueron bien intencionados en las filas del chachismo, ha sido pretender una crítica republicana y moral de un sistema que no se puede escindir, que no se puede humanizar, que no puede prescindir de la corrupción, de la represión, de la más alta tasa de ganancia posible especulación financiera y el robo de todo lo que se pueda.

    Creían que el “menemismo” era una deformación pavorosa de la democracia representativa, cuando lo que ellos llamaban menemismo es el modo específico de ejercer el poder en la Argentina dominada por este bloque de poder en ejercicio de este modelo de desarrollo capitalista. El “menemismo” es el modo de existencia real de la democracia representativa en la Argentina. Por eso, lejos del Chau Menem resultó ser hola Cavallo y los adalides de los derechos humanos y la “mano pulite” son los represores y ladrones de hoy.

    Los que posaban de «superadores» del dogmatismo y la ortodoxia qué tanto había afectado al marxismo, fueron presos del más burdo estructuralismo: pretender que el capitalismo funciona como un sistema articulado de partes autónomas que se podrían reformar por separado es una muestra de analfabetismo teórico impresionante a principios del siglo XXI.

    Se equivocan también, los bien intencionados que pueda haber en las nacientes fuerzas políticas que vuelven a levantar la bandera progresista y pretenden, una crítica liberal/republicana en el caso de los diputados Bravo, Carrió, otros arrepentidos de la Alianza y su recién fundada A.R.I., o una crítica moral/populista en el caso del padre Farinello y sus amigos de la Unión Obrera Metalúrgica y el M.T.A., los compañeros del Frente de la Resistencia y los militantes del auto denominado Partido Comunista Congreso Extraordinario.

    Si tienen éxito volverán al inicio de esta historia: a construir una fuerza que se acerca al poder con críticas parciales para terminar aplicando el modelo de explotación y dominación en su totalidad. Que es como existe en la realidad, lejos de las ilusiones del progresismo argentino.

    No es un problema de voluntad o de más o menos amplitud en el modo de concretar las alianzas. El capitalismo argentino es uno, es inescindible, no se auto modificará por nada del mundo y defenderá sus privilegios como lo ha hecho en toda la historia argentina: con las armas de su Ejercito si se puede o con las bandas parapoliciales si así lo necesita, con la fuerza de la ley si logra consenso para sus políticas o violando hasta el último pacto de derechos humanos que haya suscripto si la situación se lo impone.

    No deja de ser perverso es que semejante operación de travestismo político se haya hecho en nombre de la lucha contra la ortodoxia y el dogmatismo. Todavía hoy, algunos de los que reconocen el fracaso del empeño insisten en colocarse en el campo de una izquierda no dogmática y aún más, como representantes de un marxismo creador.

    Para ellos vayan entonces estas reflexiones de Antonio Gramsci, que parecieran inspiradas en la experiencia argentina: «El realismo político excesivo» (y por consiguiente superficial y mecánico) conduce frecuentemente a afirmar que el hombre de Estado debe operar sólo en el ámbito de la realidad efectiva’; no interesarse por el «deber ser» sino únicamente por el ser. Lo cual significa que el hombre de Estado no debe tener perspectivas que estén más allá de su propia nariz». «El político de acción es un creador, un suscitador, más no crea de la nada ni se mueve en el turbio vacío de sus deseos y sueños. Se basa en la realidad efectiva, pero, ¿qué es esta realidad efectiva? ¿es quizás algo estático e inmóvil y no sobre todo una relación de fuerzas en continuo movimiento y cambio de equilibrio? Aplicar la voluntad a la creación de un nuevo equilibrio de las fuerzas realmente existentes y operantes, fundándose sobre aquella que se considera progresista y reforzándola para hacerla triunfar, es moverse siempre en el terreno de la realidad efectiva, pero para dominarla y superarla (o contribuir a ello). El «deber ser» es por consiguiente lo concreto o mejor, es la única interpretación realista e historicista de la realidad, la única historia y filosofía de la acción, la única política.»

    El Frente Grande inicial fue el resultado de la confluencia de diversos esfuerzos unitarios en los duros años de comienzos de la década de los `90, marcados por la caída del Muro y el inicio del menemismo, en las duras condiciones en que quedó la izquierda tras la disolución de la primera Izquierda Unida.

    La alianza del Frente del Sur y el Fredejuso había tenido un desempeño interesante en octubre de 1993 y sus posibilidades y expectativas crecieron exponencialmente con el Pacto de Olivos (diciembre de 1993) y la evidencia publica de que el compromiso de Alfonsín y los radicales con el modelo llegaba hasta el colmo de facilitar la continuidad de Menem en el gobierno reforma constitucional mediante.

    Como mandan todos los manuales de ciencia política burguesa la dirigencia del Frente Grande emprendió una vertiginosa carrera hacia el poder en que fue liquidando una a una las banderas y principios fundacionales.

    Del Frente Grande al Frepaso y de allí a la Alianza con el partido que había sido el principal objeto de las críticas cuando el Pacto de Olivos y las Constituyentes. De Monseñor De Nevares a Bordón, y de allí a De La Rúa para marcar su recorrido en un código de imágenes tan caro a los referentes frentistas.

    De ser una fuerza política que amenazaba con romper el histórico bipartidismo de la democracia restringida a su transformación en una cuasi corriente interna (y no precisamente la menos derechista) de la pata radical del sistema.

    De la predica sobre un nuevo modo de hacer política a la brutal realidad de un partido político moldeado al gusto y paladar de los posmodernos neoliberales del imperio: sin programa, sin militancia, comunicadores de ideas ajenas y sin ninguna otra relación con la gente» que las urnas y las encuestas.

    He aquí el recorrido de la tercer oleada posibilista sufrida por el movimiento popular argentino desde la retirada de los milicos y la instauración de mecanismos electivos para la designación de los administradores públicos de un modelo capitalista de sociedad impuesto por la fuerza de las armas y jamás sometido a la voluntad popular.

    Porque, es bueno recordarlo cuando se habla de la débil izquierda argentina, no solo hemos sufrido el genocidio de los ’70, también hemos sufrido tres oleadas de posibilismo y cooptación de intelectuales y militantes para los proyectos de dominación que nos debilitaron.

    Curiosamente esos mismos intelectuales y militantes pasados con armas y bagajes al enemigo son los primeros en preguntarse asombrados sobre el porqué de la ausencia de alternativa política revolucionaria en la Argentina.

    Por ustedes, posibilistas, mercenarios, claudicantes representantes del “progresismo argentino” deberíamos comenzar por contestarles; por nosotros, por no aprender de nuestros errores y nuestra historia, corresponde decir luego.

     

    3. El «Consenso de Buenos Aires» de diciembre de 1997

    Durante los años 1996 y 1997, convocados por Jorge Castañeda y Roberto Mangabeira Unger, un grupo de políticos progresistas de América Latina deliberó sobre las propuestas necesarias para superar el estancamiento del modelo neoliberal. Sus conclusiones fueron presentadas bajo el nombre del Consenso de Buenos Aires en diciembre de 1997 y publicadas como separata por el diario argentino Pagina 12 en su edición del martes 2 de diciembre del mismo año.

    Allí se informa que en las deliberaciones participaron los mexicanos Jorge Castañeda, Cuauhtémoc Cárdenas y Vicente Fox, los brasileños Roberto Mangabeira Unguer, Leonel Brizola, Marco Aurelio García, Luis Ignacio Lula da Silva, Vicentinho, José Dirceu, Itamar Franco, el nicaraguense Sergio Ramírez, los argentinos Carlos Alvarez, Graciela Fernández Meijide, Rodolfo Terragno, Federico Storani, Dante Caputo, José Bordón aunque se aclara que no todos participaron del mismo modo y que el documento elaborado no ha sido firmado por los participantes, sino que refleja los debates habidos.

    Desconocemos si se han seguido haciendo dichas reuniones, aunque un rápido repaso a las conductas políticas concretas de sus protagonistas confirma que el debate existió y es tenido en cuenta por ellos desde los cargos a los que accedieron: Ricardo Lagos es el presidente de Chile, Jorge Castañeda es el canciller de otro participante, Vicente Fox, presidente de México, Carlos Alvarez, Graciela Meijide, Dante Caputo y Rodolfo Terragno fueron vice presidente y ministros o secretarios de área del gobierno de De la Rúa, Roberto Bordón, es el actual ministro de educación de Ruckauf en la provincia de Buenos Aires

    La iniciativa del progresismo latinoamericano funcionó en paralelo con el proceso de gestación de la llamada Tercera Vía que Tony Blair, Romano Prodi y Bill Clinton elaboraron por entonces con un nivel de coincidencias tan alto que nos permitimos discutirla como una acción subordinada de aquella.

    La idea de la «tercera vía» fue lanzada públicamente por Tony Blair, primer ministro del Reino Unido, en febrero de 1997 (aún antes de vencer electoralmente a los conservadores luego de 18 años de gobierno ininterrumpido).

    Luego fue convalidándose en diversos eventos internacionales para gozar de un gran lanzamiento en el seminario sobre «La sociedad civil y el futuro de la democracia» realizado en la sede de la Universidad de Nueva York el 12 de setiembre de 1998 con la presencia, entre otros, de Bill Clinton, Romano Prodi y el propio Tony Blair, quien siempre reconoció como mentor ideológico de la propuesta a Anthony Giddens, director de la London School of Economics y autor del libro “La tercera vía. La renovación de la socialdemocracia” quien abogó en dicho evento por hallar una respuesta a la globalización económica “más allá de la izquierda y la derecha”.

    Unos días antes del evento, Tony Blair publicó una especie de manifiesto de la tercera vía. Veamos como pretenden los autores de la propuesta que se la reconozca: “La tercera vía….persigue adoptar los valores esenciales del centro y del centro izquierda, y aplicarlos a un mundo de cambios económicos y sociales libre del peso de una ideología obsoleta”. “La tercera vía supone una nueva línea dentro del centroizquierda. La izquierda del siglo XX ha estado dominada por dos corrientes: una izquierda fundamentalista que veía el control del Estado como un fin en si mismo y una izquierda más moderada que aceptaba esa dirección básica pero estaba a favor del compromiso”. “La Tercera vía es una reevaluación seria, que extrae su vitalidad de unir las dos grandes corrientes del pensamiento del centroizpuierda (el socialismo democrático y el liberalismo) cuyo divorcio durante este siglo contribuyó tan claramente a debilitar la política de signo progresista a lo largo y ancho de Occidente»

    Y algunas precisiones en el terreno de políticas concretas: ·

    • «la educación es una prioridad absoluta»,
    • «la tercera vía supone la reforma de la seguridad social para transformarla en un camino hacia el empleo, siempre que sea posible»,
    • «la función del gobierno es favorecer la estabilidad macroeconómica , desarrollar políticas fiscales y de bienestar que fomenten la independencia -no la dependencia-, …y apoyar a la empresa, especialmente a las industrias del futuro basadas en el conocimiento

    Félix Ovejero Lucas, profesor titular de Metodología de las Ciencias Sociales en la Univ. de Barcelona es lapidario en su análisis del surgimiento de la Tercera Vía: «Cuando la tercera vía afirma recoger los valores del centro y de centro izquierda se entrega a una metáfora que no tiene otro objetivo que recalar en la bendecida conclusión según la cual lo correcto es la equidistancia entre los extremos. Por definición, esa es una identidad móvil y prestada, dependiente de las elecciones de los demás, quienes al elegir que son, deciden que somos nosotros, a saber, lo que queda en el medio. El resultado es conocido: a fuerza de centrarse, antes entre la extrema izquierda y el centro, ahora entre el centro y la anterior izquierda ya previamente centrada, se acaba por converger en lo que siempre ha sido el centro: derecha, encargada de ir gestionando el cada día sin norte ni proyecto, desde la aceptación explícita o no, de la justicia de los modos de vida existentes»

    Y aquí quisiera detenerme porque, creo, que se halla una de las claves para entender la cuestión: aceptación explícita o no de la justicia de los modos de vida existentes» acusa Félix Ovejero Lucas, «la función del gobierno es favorecer la estabilidad macroeconómica…» reconoce Tony Blair, «todos los países, incluyendo los más pobres, tienen que atraer hacia su mercado la inversión extranjera si desean avanzar» afirma Anthony Hiddens»‘.

    Así pues que la tercera vía no es más que una mera propuesta de la derecha que se propone mantener el «status quo», en las condiciones de desprestigio acelerado de la ideología con que se sostiene el capitalismo real y ante la evidencia brutal de la crisis del capitalismo global que requiere tanto de una segunda generación de Reformas (elaboradas por los expertos del Banco Mundial y “casualmente” asumidas como propias por los partidarios de la Tercera Vía y los “progresistas” latinoamericanos)

    Por su parte el documento conocido como “Consenso de Buenos Aires” transita los mismos temas que sus hermanos mayores.

    Arrancan con una delimitación brutal de sus posibilidades: “El estrechamiento de los parámetros ideológicos aunado al imperativo de ceñirse a las exigencias del flujo de capitales, bienes y personas, ha reducido el margen de maniobra de cada nación, de cada gobierno, de cada partido o movimiento. Cegarse ante ello es además de inútil, pernicioso para todos: beneficiarios y víctimas del reparto de vicios y virtudes del fin del siglo”

    Y una vez más el discurso colonialista que pretende transferir la culpa de los problemas a los que se rebelan o protestan.

    Luego hacen confesión del más crudo evolucionismo: “los cambios acontecen de manera puntual y acumulativa. ..lo que cuenta es la dirección y sus efectos sobre la comprensión por la gente…”

    Y pasan a defender todos y cada uno de las políticas aplicadas en estos años, pero con “correcciones” en lo que parece un dialogo de una comedia en que continuamente se dice no pero si…, si pero no….y se termina accediendo a todo lo pedido.

    Economía de mercado: “El mercado debe ser el principal asignador de recursos, pero corresponde al Estado crear las condiciones para que las necesidades de los más pobres puedan convertirse en demandas solventes que puedan ser procesadas por éste”

    Impuestos generalizados: “La tributación indirecta del consumo, generalmente realizada a través del impuesto sobre el valor agregado, adecuadamente instrumentada puede permitir lograr ese objetivo…”

    Privatizaciones: “….puede convenir la privatización de empresas públicas, a condición de utilizar las ganancias consiguientes para abatir la deuda pública interna y reducir los intereses pagados por el gobierno -y por los agentes privados- a niveles internacionales” . Lo de abatir la deuda si que suena duro, no? Y ya que se van a vender las joyas de la abuela que restan de la privatización neoliberal, porque esta va a ser progresista, afirman que “es imprescindible la creación de instituciones de fiscalización y transparencia que rijan la venta de activos estatales…”

    Educación: “Un sistema de responsabilidad múltiple, de financiación múltiple, de orientación múltiple…..” Ni la tradición de la escuela pública estatal sostienen nuestros “progresistas” aggiornados

    Jubilaciones: “se combina un sistema de ahorro privado obligatorio con un mecanismo que redistribuye parte de las cuentas más ricas hacia las cuentas más pobres” en lo que sería algo así como jubilaciones privadas solidarias, no?

    Gasto público: “Ello solo es posible mediante un ajuste fiscal enriquecedor del Estado, que al aumentar la carga tributaria, reconcilie la elevación de los ingresos fiscales y la ampliación de su base con el fortalecimiento del ahorro y la inversión. Necesitamos un ajuste fiscal que enriquezca el Estado en lugar de empobrecerlo”. Pero, esto de enriquecer el Estado, ¿no será neokeynessianismo?

    Y al revés de aquellas leyendas que aparecían en las viejas películas de Hollywood, cualquier coincidencia con la realidad del gobierno de la Concertación en Chile, de la Alianza en la Argentina, del PAN en México es estricto cumplimiento del Consenso de Buenos Aires, no es casualidad.

    Y hasta estamos dispuestos a admitir que pensaron o intentaron algunos de los correctivos al modelo neoliberal que pergeñaron, pero como ellos mismos han renunciado a la soberanía de los gobiernos, sus propuestas son solo eso, propuestas que los organismos financieros internacionales -gestores de los negocios globales del gran capital- rechazan en nombre de la pureza del modelo necesaria para superar estos instantes de crisis (que ya dura desde 1997).

    Claro que es justo luchar por reformas parciales y aún por paliativos a la situación de extrema miseria, pero esas conquistas solo se podrán lograr desde una lógica de confrontación muy alta, desde una percepción clara del enemigo y desde una propuesta de superación total del sistema integral de dominación y explotación. No se puede sostener semejante lucha con la divisa de completar un capitalismo al que le falta un poco más de ética, de moral, de respeto a las personas, de participación ciudadana.

    No es mejor capitalismo lo que necesitamos, sino su superación revolucionaria.

    El drama del progresismo contemporáneo es que el capitalismo realmente existente en la Argentina no está dispuesto a conceder la menor de las reivindicaciones populares, porque no está en condiciones de mantener la tasa de ganancias y sacar el país de la crisis.

    El único límite a su avaricia inhumana somos nosotros, los que luchamos, los que le ponemos el cuerpo y el alma a la resistencia. Y para plantar una resistencia en forma hay que ir por todo lo que nos corresponde.

    Hay que ir por el pan y por la rosa, por la libertad y la salud, por la dignidad nacional y el techo, por el trabajo y la educación, por el respeto de todas y todos, sean como sean en el terreno que sea, por la memoria de nuestros caídos y el castigo a los culpables.

    Es la hora de levantar como bandera política práctica la lucha por el socialismo. Un socialismo que nos abra caminos a la liberación nacional. Un socialismo que nos abra caminos a la democracia sustantiva y protagonista. Un socialismo que no sea punto de llegada de las promesas incumplidas por el capitalismo argentino, sino punto de partida para que construyamos la verdadera historia de los argentinos y los latinoamericanos.

    Hermanados, como lo soñaba el Che.