A 25 años del Villazo: La alegría de saber que el pueblo puede


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Hace exactamente 25 años, el 16 de marzo de 1974, más de doce mil personas se movilizaron por las calles de Villa Constitución (que entonces no tenía más de 35.000 habitantes) hacia la Plaza Central.  La marcha había arrancado de las empresas metalúrgicas de la zona (Acindar, Metcon y Marathon) y al pasar por los barrios que se suceden a lo largo de la ruta que lleva al centro, se fueron sumando los hombres y las mujeres del pueblo.  ¿Qué había pasado?  ¿Qué se celebraba?  ¿Cómo se conquistó esa victoria? ¿Y que tiene que ver el 16 de marzo de 1974 con el 20 de marzo de 1975, el 22 de abril de 1975 y el 8 de octubre de 1984? Trataremos de ayudar a armar este rompecabezas de la memoria histórica proletaria.

El Villazo

El “Villazo” es la celebración popular de una victoria obrera sobre la burocracia sindical y las grandes patronales.  El 16 de marzo de 1974, luego de años de lucha por conquistar el derecho a elegir sus propios delegados, las Comisiones Internas de las tres grandes empresas metalúrgicas acuerdan con los delegados del Ministerio del Trabajo el camino para normalizar democráticamente la Unión Obrera Metalúrgica de Villa  Constitución intervenida desde 1970. Tito Martín, dirigente comunista que sería el primer secretario de la C.G.T. regional a crearse en enero de 1975 relataba así sus vivencias de aquel día: “La caravana pasa por los barrios Galotto, Palmar, Industrial, San Lorenzo, Luzuriaga y Malugani: los vecinos de esos barrios les hacen llegar la solidaridad , su alegría y se van incorporando a la columna. Verdadera marcha triunfal.  En los últimos tramos los obreros con su torso desnudo, enarbolando banderas, su propia camisa sudada, invaden, ocupan, se apoderan de la plaza. Están los obreros con sus esposas y sus hijos, el almacenero, los obreros y empleados de otros gremios, todo el pueblo.  Los dirigentes en el palco improvisado, las banderas argentinas  y esos rostros que expresan alegría, firmeza y el cansancio de una semana tensa, agotadora, levantan sus brazos saludando a la multitud, en el límite de sus fuerzas físicas, como un movimiento mecánico, el último hálito, el último gesto de comunicación y  entrega. Estoy en la plaza, vivo el momento con profunda emoción no puedo evitar la evocación de tantas luchas vividas, el orgullo de tantos años de militancia, de ser parte de ese pueblo”

Los subversivos

Hasta la llegada de la siderúrgica Acindar, en 1948, Villa Constitución había sido un típico pueblo de campaña del sur santafesino con su puerto y su dotación de ferroviarios.  Los anarquistas se hicieron fuerte entre los portuarios, los comunistas entre los ferroviarios y cuando los vientos de la revolución cubana llegaron al sur santafesino, la izquierda revolucionaria de Villa tenía fuertes posiciones en el movimiento obrero, vecinalista, y la cultura.  La huelga ferroviaria del ´61, los planes de lucha de la C.G.T., la formación de la C.G.T. de los Argentinos tenía en la zona el sabor particular que le ponían Tito Martín desde La Fraternidad y Carlos Sosa desde la Unión Ferroviaria. En el ´63 los comunistas impulsan la primera lista opositora en la U.O.M., la Verde, pero el vandorista Nartallo simplemente cierra el sindicato y se va a la isla para no oficiarla.  Con la dictadura de Onganía (1966) las empresas se endurecen con los obreros y afinan los acuerdos con la burocracia.  Para fines del ´69 se produce un enfrentamiento entre la Interna de Acindar y la UOM que termina con el despido de los compañeros. Los que se decidan a pelear toman nota que tendrán que organizarce en la clandestinidad. Y así nace el  G.O.C.A. (Grupo de Obreros Combativos de Acindar) primero y el M.R.S. (Movimiento de Recuperación Sindical) después.  Para finales del ’72 el M.R.S, gana la Interna de Acindar .  Angel Porcu, integrante de aquella legendaria Comisión Interna recuerda los primeros pasos: “Durante la primera semana, nuestra actividad fue recorrer todas las secciones, llegando a estar 10,12 horas dentro de la fábrica hablando con los delegados y compañeros viendo sus problemas, escuchando propuestas, tomando notas de todo”.  Desde la estricta defensa de los derechos de los trabajadores, la Comisión Interna de Acindar se afirma entre los trabajadores y va ganando a las Comisiones Internas de las otras empresas para sus propuestas. El MRS se va convirtiendo en la dirección real de los trabajadores. En setiembre del ´73, en repudio del golpe de Pinochet contra la Unidad Popular de Chile confluyen en las marchas la izquierda histórica con las nuevas camadas de militantes entre los que empiezan a ganar  influencia las nuevas organizaciones de izquierda, especialmente el PRT/ERP y los Montoneros.  Los próximos años marcharían juntos y en las cárceles, donde casi todos ellos terminaron en marzo de 1975 recordarían risueños los días en que recibían clases de Instrucción Cívica por parte de Tito Martín en la escuela secundaria que había fundado La Fraternidad para los hijos de los obreros. En febrero del ´74 la UOM contraataca expulsando a la interna de Acindar al tiempo que la empresa pretende desconocerlos.  Las asambleas obreras decretan el paro y la ocupación de las plantas, medida que resulta .  La medida resulta un gran acierto porque permitía ejercer formas de democracia directa (representante con mandato y no dirigente que “negocia” lo que quiere), fortalecer la disciplina y la organización evitando la dispersión de un proletariado que trabajaba en Villa pero vivía desperdigado entre Rosario y San Nicolás (80 kms.) y facilitó la solidaridad material y política que llegaba de todos lados pero especialmente de la misma zona. La ocupación de las plantas se mantuvo hasta el 16 de marzo, es decir hasta el Villazo. Poco después del triunfo, el 20 de abril de 1974, se realizaría un histórico Plenario de agrupaciones antiburocráticas en solidaridad con la lucha de Villa donde estuvieron todas las corrientes de izquierda y donde los oradores finales fueron nada menos que Alberto Piccinini, René Salamanca y Agustín Tosco.

El laboratorio

Las elecciones de la UOM se harían finalmente en noviembre del ’74.  La Lista Marrón encabezada por Alberto Piccinini gana por 2600 votos  a 1300 de la oficialista Rosa. En   enero del ’75 se forma la C.G.T. encabezada por Tito Martín y el 20 de marzo de 1975 un impresionante operativo represivo conjunto de fuerzas represivas se abate sobre Villa tras la denuncia por parte del gobierno de Isabel de un supuesto complot subversivo en el cordón siderúrgico del río Paraná. Cuatro mil efectivos participan en las operaciones, centenares de casas fueron allanadas, más de 300 compañeros detenidos, ciento diez bombas fueron detonadas y 20 compañeros fueron asesinados. Casi toda la dirigencia sindical queda presa y la ciudad ocupada militarmente.  En esas condiciones las empresas son ocupadas por los trabajadores y  el Comité de Lucha, encabezado por el Negro Segovia –salvado providencialmente del Operativo- declara un paro que durará hasta el 19 de mayo.  Pero antes, el 22 de abril, una impresionante movilización popular de más de 15.000 personas desafía el estado de sitio y las bandas asesinas de la Triple A. No por nada Agustín Tosco diría en junio de ese año: “Villa Constitución con toda su trayectoria democrática y combativa pasó a ser la vanguardia de las justas luchas de la clase obrera por sus reivindicaciones económicas, sociales y políticas.  El gobierno preocupado por la vigencia de la democracia sindical  en Villa Constitución, alarmado por su grado de conciencia y organización, prevenido para represaliar todo intento de avanzar en las discusiones de las comisiones paritarias, lanzó una contraofensiva que fuera capaz de frenar todo ese maravilloso proceso. Los trabajadores metalúrgicos, el movimiento obrero y el pueblo de Villa Constitución respondieron a ese desafío en forma extraordinaria. Hemos experimentado una gran emoción y una gran alegría al comprobar con que entereza, con que perseverencia, con qué entusiasmo y con qué espíritu de lucha, los trabajadores y el pueblo han enfrentado la represión, las claudicaciones y las traiciones de unos pocos que sirven a la reacción interna, a los monopolios y al imperialismo.” Poco antes, al valorar el triunfo de la Marrón había escrito: “La burocracia entreguista de la UOM es tan poderosa  que ya es común escuchar hablar o leer  reiteradamente comentarios sobre la “Patria Metalúrgica”. El ministro de Trabajo, Ricardo Otero, el gobernador de la Pcia. de Buenos Aires, Victorio Calabró y el vicegobernador de la pcia. de Santa Fe, Jesús Cuello y el titular de las 62 Organizaciones, Lorenzo Miguel, entre otros son miembros conspicuos de la burocracia de la UOM y funcionarios de gran peso político en la sediciente Patria Metalúrgica.  Esta todopoderosa organización sindical burocrática, ese tremendo mecanismo controlado por no más de una docena de jerarcas con un “ejercito” de matones, hace mucho tiempo que viene haciendo mucho escarnio de la democracia sindical”.  Contra ese sindicalismo burocrático, que con el Operativo del 20 de marzo de 1975, demostraba lo ilusorio e inútil de pretender cambiarlo por dentro, levantaba Agustín Tosco su propuesta de “sindicalismo de liberación” que propugnaba acercar la lucha sindical a un proyecto revolucionario.  Para marzo de 1975 todas las ilusiones en el gobierno peronista se habían desvanecido.  Córdoba había sido intervenida, los Montoneros expulsados del Peronismo y las bandas para militares ya actuaban a pleno.  Villa Constitución representaba uno de los últimos bastiones del movimiento popular en el que depositan sus esperanzas los sectores de izquierda.   Y justamente eso es lo que no soportaba el gobierno y por eso el Operativo represivo del 20 de marzo.  Pero Villa no solo fue un laboratorio para la represión generalizada que vendría con el golpe.  Si recordamos que el presidente de Acindar era Alfredo Martínez de Hoz, y que al asumir como Ministro de Economía de Videla sería reemplazado por el Gral. Alcides López Aufranc podemos intuir el entretejido de intereses que había en la zona. Acindar es una de las empresas más beneficiadas por el Estado: durante años se benefició de tarifas rebajadas para el gas y la energía eléctrica consumidas, créditos subsidiados, materias primas a bajo precio y avales para créditos externos que nunca pagaría.  Y cuando su poder fue desafíado por los trabajadores tuvo un ejercito a su servicio.  Es bueno insistir que, en última instancia, el genocidio lo cometieron para defender sus ganancias y sus privilegios. No por casualidad en el interior de Acindar funcionaba un campo de concentración de los milicos y durante todos los años de la dictadura una tanqueta del Ejercito cuidaba la entrada por donde ingresaban los obreros.  Para que nadie olvide a que jugaban los milicos.

La desmemoria

El ocho de octubre de 1984 un comando ingresaba a los Tribunales de Rosario y robaba documentación recolectada por la CONADEP local. ¿Qué se llevaron? Nada menos que las pruebas sobre la participación de Acindar en la represión. Porque la democracia alfonsinista podía darse el lujo de enjuiciar los excesos de la Junta Militar pero no podía admitir la culpabilidad de una burguesía capaz de asesinar 30.000 sueños por temor a que todo el país conociera la gloria de aquel 16 de marzo de 1974 cuando los metalúrgicos de Villa festejaron su victoria sobre la UOM, Acindar y el gobierno de Perón.  Porque eso es lo importante de recordar el Villazo, recordar que si hubo genocidio es porque tuvieron miedo y si tuvieron miedo es porque se podía ganar .Porque la generación del ´70 había alcanzado la altura de los San Martín y los Moreno, aunque igual que ellos fuera derrotada por los dueños del poder.  Cada uno elige las fechas que quiere para reconstruir la memoria histórica.  Algunos se empecinan en resaltar cada muerte y cada derrota, casi como pidiendo perdón por lo ocurrido.  Que se arrepientan ellos, nosotros nos quedamos con el recuerdo de Tito Martín y de aquel inolvidable Negro Segovia que cayera peleando en enero del ´88 por lo que él creía justo. Porque cuando ya nadie se acuerde en este país de Martínez de Hoz o de Otero, cuando ni el polvo quede de los miserables represores Ranure o Aníbal Gordon, las nuevas generaciones seguirán recordando a aquellos valientes, tozudos, entrañables, duros y tiernos compañeros que gestaron el Villazo y nos legaron una causa por la cual luchar toda la vida.  Que no es poco, compañeros.

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