La impunidad de Brusa y la lucha por la memoria


En su sesión del martes 19 de octubre, el Pleno del Consejo de la Magistratura del Poder Judicial de la Nación, votó por unanimidad de los presentes la suspensión inmediata y el inicio del Jury Político del Juez Federal  Víctor Hermes Brusa, un oscuro personaje que fuera -desde su puesto de secretario del Juzgado Federal Nº1 de Santa Fe durante la dictadura- componente activo y entusiasta del sistema represivo que actuó en el área 212 del IIº Cuerpo del Ejercito.

Aunque todavía quedan escollos por vencer hasta lograr la definitiva destitución de Brusa, creo que corresponde valorar acertadamente lo conseguido que es mucho más que el Jury, es un grado importante de condena popular a un genocida y de recuperación de memoria histórica.

Como es sabido, la denuncia contra Víctor Brusa viene de muy lejos.  En diciembre de 1977, al recuperar la libertad luego del segundo cautiverio durante la dictadura, presenté una denuncia por torturas ante el Juez Iribas de Santa Fe; en 1979 lo hice ante la delegación de la C.I.D.H.  que vino a Buenos Aires en los días del Mundial Juvenil de Futbol  cuando el Gordo Muñoz alentaba a la gente a que nos repudiara por “traicionar” a la patria; en 1984 los compañeros Maulin, Pratto, Viola y otros inscribieron el “caso Brusa” en el Nunca Más (pags. 186 y 187) aquel informe de la Comisión Nacional de Personal al que Alfonsín ignoró groseramente; en agosto de 1992, semanas antes del acuerdo del Senado de la Nación a la propuesta del Poder Ejecutivo de hacer Juez Federal a Brusa, logramos que mi denuncia llegara a las primeras planas de los diarios de Rosario y Santa Fe; en 1998 el tema llegó al Juicio sobre Genocidio en la Argentina que lleva adelante el Dr. Baltazar Garzón en España y en estos meses lo instalamos en el Consejo de la Magistratura, un organismo surgido del Pacto de Olivos y la reforma constitucional de 1994 cuyos integrantes son designados por las corporaciones de Jueces y abogados, el poder legislativo y el ejecutivo.

Es decir por los mismos que construyeron la impunidad y el olvido. El secretario de Justicia de la Nación, Carlos Ocampo ha manifestado su preocupació por el caso ya que “todo el sistema judicial pierde credibilidad”[1] y no es para menos, los propios Consejeros argumentaron, al negarse a cuestionar la decisión del Senado de promoverlo a Juez en 1992, “que el 80% de los integrantes actuales del sistema judicial juró por los Estatutos” de la dictadura.

De hecho, los testimonios de los catorce ex detenidos/desaparecidos sobre la violación sistemática de los derechos humanos en Santa Fe  fueron impuestos por la movilización conjunta de las victimas y los organismos de DD.HH., así como que el propio pronunciamiento del Consejo es una obra maestra de hipocrecia que dice más o menos “que son ciertas e incuestionables los testimonios de las victimas, pero que el Senado debió tener razón al votarlo, claro que al difundirse la condición de torturador del Señor Juez cayo en desprestigio social que lo inhabilita para tan alta función”

Por ello, es valida la pregunta de algunos jovenes santafesinos de ¿por qué fuimos a este ámbito tan comprometido con la institucionalidad vigente y la continuidad jurídica de la dictadura que avalaron Alfonsín y Menem con “su” reforma constitucional?

Por la misma razón por la que acudimos a todos los ámbitos anteriormente mencionados: en busca de quebrar el muro de silencio, la conspiración perversa de quienes inventaron la “teoría de los dos demonios” y la supuesta complicidad con la dictadura de quienes fuimos sus víctimas y enemigos.  Porque estamos absolutamente convencidos de que si el olvido se construye, la memoria merece un esfuerzo cotidiano y enorme.

Reflexionando sobre la caída de la Comuna de París (1871), Federico Engels decía que las derrotas ocasionaban en los pueblos el olvido de las causas por las que habían luchado, y eso en la Argentina se expresa en la acentuada sensación de vastos sectores populares de que “las soluciones a los problemas de uno no pueden salir de uno mismo ni de las cosas que uno hace, sino provenir desde afuera, de la intervención de otros con poder para hacerse cargo de las cosas”[2]

Uno de los logros más valorables de esta prolongada batalla contra el olvido es el haber logrado que dieciocho ex detenidos y/o desaparecidos por razones políticas, se presentaran a declarar ante el Consejo de la Magistratura reivindicando la militancia revolucionaria como causa directa de la represión.  Porque eso fue así: no fuimos víctimas casuales o accidentales.  Todos nosotros fuimos castigados por el compromiso con el pueblo y su lucha por la liberación.

Al escucharlos, pasados más de veinte años, no he podido sustraerme a una mezcla de orgullo y nostalgia, de recuerdo y emoción, de risa y de llanto.  Cada vez que he declarado o hablado del tema no he podido evitar el recuerdo de cada uno de aquellos jóvenes con quien comencé la militancia en aquel imborrable mayo del ´69 en que los estudiantes secundarios de Santa Fe, como los de todo el país y buena parte de la clase obrera, salimos a la calle para protestar por aquellas primeras muertes que tanto nos dolían.

Claro que habíamos sabido del asesinato del Che Guevara en aquel octubre del ´67, pero la muerte de aquellos jóvenes tan parecidos a nosotros nos tocaba más cerca.

Para poder entender plenamente a aquella generación hay que poder imaginar el cielo que nosotros veíamos porque hacia ese horizonte caminabamos,  y hay que decir que la generación del ´70 veía delante suya la revolución en corto plazo.

Mucho se ha hablado de cómo era el mundo de finales de los ´60, y mucho es lo que se puede seguir discutiendo sobre aquello, pero a mi me interesa recordar cómo era el cielo de los ´70 para aquellos a quienes el Córdobazo nos sorprendió en las aulas de un colegio secundario.

En nuestro cielo había dos cosas muy claras: el mundo marchaba hacia la izquierda, hacia el socialismo; y la clase obrera tenía potencialidad revolucionaria.  Y aunque hoy parezca un poco extraño, esas dos ideas se alimentaban tanto de la tradición marxista como de la peronista.

Unos por teoría y por el avance de Cuba, de Vietnam, e incluso de la fortaleza que todavía aparentaba la Unión Sovietica.  Otros por la historia reciente de las luchas de los ’60 o por los mensajes del General de que había llegado la hora del socialismo nacional.

En esa búsqueda claro que cometimos errores, y está muy bien que se tenga una actitud crítica hacia nuestras visiones del poder, hacia la tendencia a subordinarnos hacia la burguesía nacional y sus proyectos políticos o los diversos modos de hegemonismo y/o vanguardismo que padecimos; pero habría que reconocer primero que solo en la generación de San Martín, Moreno y Castelli se podría encontrar tanto amor a la Patria, tanto desinteres, honor, valentía y serenidad en la derrota.

¿Y porqué recordar todo esto a la hora de esta pequeña victoria ?  Porque es solo eso, un pequeño pasito, muy pero muy pequeño, en el largo camino por reconstruir la memoria, que no es simplemente recordar que los hechos existieron –es decir que Brusa era parte del aparato represivo, que en la Cuarta se torturaba, que hubo miles de víctimas, y aún que esas víctimas seguimos resistiendo aún dentro de las cárceles y centros de torturas– sino que es mucho más que eso:

Es recordar el cielo que veíamos en los ´70 pero no para caminar hacia él, sino para inventarnos uno nuevo.  Para volver a soñar con la revolución en el horizonte y ver puntos de apoyo para la larga marcha en cada estrella.

Y es posible.

Porque ahí estan los piqueteros y los Hijos, las marchas universitarias y los jubilados de los miercoles, las Madres de la Plaza y los esfuerzos de tanta militania por organizar los pobladores y los trabajadores en central alternativa,  desarrollar las comunidades de base y preservar aquellas fuerzas poíticas con principios y dignidad.

Porque el mundo sigue siendo una mierda para los pobres y porque, para el que mira con los ojos bien abiertos, ahí está la Cuba de Fidel, la Colombia de las F.A.R.C., el Brasil de los Sin Tierra, el México de los Zapatistas, la Sudafrica del Congreso Sudafricano, la Irlanda del I.R.A. y muchas más lucesitas que siguen alumbrando el mismo camino por el que transitabamos en los ´70, es decir mañana.


[1] El Ciudadano y la región, pagina B6. matutino rosarino

 

[2] Carlos M. Vilas. Buscando el Leviatán. Hipotesis sobre ciudadanía, desigualdad y democracia.  en  Propuestas desde la izquierda. Obra colectiva coordinada por Manuel Monereo. FIM. 1994

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