Testimonio ante el juez Garzón


Audiencia Nacional

Dr. Baltazar Garzón

Juzgado Central Internacional Nº 5

Sumario 19/97

Testimonio de José Ernesto Schulman,

argentino, D.N.I. 10.316230,

domiciliado en Lima 1163, Rosario, C.P. 2000.

Debido a mi condición de militante de la  Federación Juvenil Comunista he sufrido por parte de la Inteligencia de la Policía de la Provincia de Santa Fe una serie de actos represivos, atentados terroristas y simulacros de fusilamiento entre los años 1973 y 1977.

Ya a comienzos del período constitucional de 1973, fui detenido por repartir propaganda partidaria y sometido a malos tratos por parte de un grupo de la Inteligencia Provincial, encabezado por un oficial llamado Eduardo Rebechi, que me perseguiría por varios años.

El 5 de diciembre de 1975 una bomba de gran poder destruyó la casa familiar ubicada en Primera Junta 3588 de la ciudad de Santa Fe; al salir de la casa destruída, salvados por milagro, oh sorpresa !! estaba esperandome el citado oficial Rebechi que provocadoramente sugirió que la bomba había sido puesta por “alguna discusión interna de la Federación Juvenil Comunista”.

El 24 de marzo de 1976 a las 2 hs de la madrugada, el citado oficial de inteligencia allanó la casa familiar de Primera Junta 3588 (reconstruída en parte) y, al no encontrarme, detuvo a mi hermano Pablo Rodolfo Schulman, llevandose casi todo lo que había en la casa.

El 12 de Octubre de 1976 fui detenido junto a quien era entonces mi esposa, Graciela Rosello, y un amigo que circunstancialmente estaba en mi casa, Hernan Gurbich, por el grupo encabezado por Eduardo Rebechi y llevado a la seccional sexta (o ex cuarta) de la Policía Provincial a la que pude reconocer, a pesar de estar encapuchado, por haberme críado y vivido en una casa cuyos fondos daban con la seccional.

La seccional estaba (y aún está) en la esquina de Bv. Zavalla y Tucumán, justo frente a la escuela donde había hecho los siete grados de la escuela primaria; así que para mí, aún encapuchado y aislado era muy fácil ubicarme: me orientaban los ruidos de la escuela, el bandoneón de un vecino, etc.

Del lado de Bv. Zavalla habían hecho un subsuelo o sotano donde interrogaban y torturaban.  Estuve en ese “chupadero” casi un mes exacto, durante ese tiempo fueron innumerables las veces que los grupos de tareas venían a buscar compañeros para la tortura y la muerte.  Años despues, en esa “oficina” instalaría su despacho el torturador Eduardo Rebechi.

Recuerdo nitidamente como el 17 de octubre de 1976 el comisario de la seccional, Ricardo Ferreyra, se dedicó durante horas a torturarnos psiquicamente jactandose de los muertos que había ejecutado y de lo que nos esperaba.  Usaba botas y repetía cinicamente que nos tenía aplastados contra el suelo.

En esa seccional se amontonaban los detenidos por los servicios de inteligencia y las fuerzas represivas.  Era como un “receptorio” donde se volcaban los presos a los que luego se los iba a buscar para su siguiente escala: la camara de torturas, el campo de concentración, la cárcel o la muerte.  Todos sabían eso y la incertidumbre era alimentada por un régimen perverso en el que participaban gustosos los agentes y oficiales de la seccional, a pesar de que supuestamente solo deberían “cuidar” el material.

Noche tras noche, los grupos de inteligencia irrumpían violentamente en la seccional para llevarse alguno de nosotros.  Entonces nos obligaban a ponernos de cara a la pared y los represores iban eligiendo a quien llevarse.  En algunas ocasiones, se interrogaba y torturaba en la misma sede de la seccional.  En esa primera detención fui interrogado encapuchado, aunque sin sufrir violencia física, por parte de quienes se identificaron como militares.

De la seccional fui pasado a la Guardia de Infantería Reforzada y de allí a la Cárcel de Coronda donde permanecí a disposición del Poder Ejecutivo de la Nación hasta el 12 de abril de 1977.

Salido en libertad me volví a radicar en Santa Fe y a trabajar en mi empleo anterior.

En noviembre de 1977, un grupo de tareas del Servicio de Inteligencia de la policía Provincial de Santa Fe, al mando del oficial ayudante de Inteligencia Juan Eduardo González, el oficial ayudante de Inteligencia Eduardo Alberto Ramos y el agente Víctor Hugo Cabrera, cuyos datos identificatorios completos figuran en las fotocopias adjuntas de la causa por apremios ilegales que por mi denuncia se abrió en 1977 ante el Juez Iribas, me secuestraron en la calle mientras esperaba el colectivo (la vieja F) frente al cementerio de la ciudad de Santa Fe.

Tal como lo habían hecho en octubre del ’76, cuando estuve detenido sin causa ni proceso a disposición del Poder Ejecutivo, me encapucharon y me llevaron a una seccional de Policía.  Era la seccional sexta, que antes era la cuarta, como yo la había conocido.

Desnudo y encapuchado estuve allí todo una tarde y casi toda una noche. De esas horas de torturas me quedó un recuerdo: por muchos días me quedaron los moretones de los golpes que me pegaba alguién que debía ser boxeador ya que me hacía volar de un lado al otro de la habitación.  Adjunto el testimonio que presenté en diciembre de 1977 ante la Justicia, al denunciar las torturas sufridas.  Las fotocopias corresponden al expediente abierto por el Juez de Instrucción de la 4º nominación, 1º secretaría a cargo del Dr. Jorge Iribas quien ordenó  que un medico forense, el Doctor Armando Orellana me revisara y certificara los “malos tratos”.

Dice textualmente: “Santa Fe, diciembre 2 de 1977. Al Sr. Juez de Instrucción 4º nominación. S/D.  En la fecha he examinado a José Ernesto Schulman constantado que debido a la acción de un objeto romo y duro, tiene un hematoma que ocupa el epigastrio y ambos costados internos de los hipocondrios llevando unos diez días de evolución. La lesión es de carácter leve y estimo que ha de curar a los días de haber sido inferida y sin dejar secuelas que afecten la capacidad laborativa.  No he encontrado huellas de otros traumatismos. Saludo a Ud. muy atentamente.” Dr Armando Orellana.[i]

Reparese en que el forense certifica “un hematoma que ocupa el epigastrio y ambos costados internos de los hipocondrios llevando unos diez días de evolución”, y a pesar de ello dice que la lesión es de carácter leve. Un diagnostico que solo se puede comprender en medio del terrorismo estatal del cual este medico forense era colaborador pasivo u activo.

A pesar de todo, y gracías a la inteligencia y valentía del Dr. Roussic logramos iniciar una causa por apremios ilegales ante el Juzgado de Instrucción, Cuarta Nominación, primera secretaría a cargo del juez, Dr. Jorge A. Iribas y el Dr. Eduardo O. Longo como secretario quienes llegaron a dictaminar la comisión del delito de Apremios Ilegales (prima facie)[ii] por parte del grupo de inteligencia compuesto por González, Ramos y Cabrera pero la causa fue “pegada” a otra por robo que se le seguía al grupo por parte del Dr. Betemps quien los libró de culpa y cargo en mi caso.

Es interesante leer los argumentos de los torturadores para descalificar mis denuncias de entonces: “…por ser un subvsersivo es lógico trate de aplicar en el momento de un procedimiento policial lo que se llama en la faz policial el minuto operacional, que consiste en tratar por medio de falsas acusaciones u otros medios de hacer fracasar el procedimiento” y al finalizar insiste en que se tenga en cuenta que Schulman en un subversivo y de esa manera evaluar sus dichos (declaraciones de Juan Eduardo González ante el Juez Iribas).[iii]

Ramos arriezga una definición aún más contundente, con animo de definir mi presunta peligrosidad: “…considero que la subversión ideológica es mucho más nociva que la armada”

A la mañana siguiente de la sesión de tortura (existe un testimonio ante el Juez Iribas dada en diciembre de 1977 que adjunto)  amanecí en una “tumba”, una celda muy chiquita, donde me enteré por los otros presos que ahí mismo tomaba declaraciones el juzgado federal.

A mi me interrogó el  Dr. Víctor Brusa, secretario del Juez Federal, quien  pretendía hacerme declarar la autoría de un atentado con bombas en la Plaza España de Santa Fe, en febrero de 1977 (fecha en que yo estaba en la cárcel de Coronda a disposición del poder ejecutivo), acusación que le habían hecho firmar con torturas a un preso.  Como yo me negaba a firmar la acusación, el Dr. Víctor Brusa amenazaba con que los “guardias” volverían a “interrogarme”.

Los presos que estaban alojados en las otras celdas, traídos de la carcel de Coronda, me confirmaron que ese era el procedimiento habitual: torturas, declaraciones forzadas, interrogatorio de Brusa que se transformaba en nueva sesión de torturas si era necesario.  Un circuito perfectamente estructurado.

En 1992 cuando me enteré de que Brusa iba a ser nombrado Juez Federal hice la denuncia pública pero nadie quiso escuchar.  El pacto de impunidad cubría a todos.  A nadie importaba ni mi denuncia ni  que los compañeros Maulín, Pratto y  Viola lo hubieran denunciado ante la CO.NA.DEP (pags. 196 y 197 del Nunca Más).

Debo reconocer que la prensa provincial cubrió dignamente el caso, y algunos periodistas me acercaron informaciones sobre el juez torturador que me permiten reconstruir, al menos en parte, su trayectoria.

Brusa nació en Santa Fe e ingresó a la justicia federal de la mano de su tío, el doctor Eugenio Wade un militante del Partido Democráta Progresista que la Revolución Libertadora (el golpe que derrocó al presidente constitucional Juan Perón en 1955) lo designó como juez federal.

Víctor Brusa sus funciones como auxiliar administrativo del area penal hasta que finalizó su carrera de abogado en la Universidad Nacional del Litoral.  Entre sus amistades políticas se cuenta el dputado nacional Hugo Sanchez Sañudo quien entró a la Camara Baja por el Partido Justicialista santafesino.

La primera promoción de Brusa se debe a un Juez Federal, Fernando Mantaras, que presidía la FAEDA, la Federación Argentina de Entidades Anticomunistas, una de las organizaciones fascistas de los ´60 que colaboraba activamente con los Servicios de Información y se sumaba a cuanto acto racista, discriminatorio, anticomunista, se realizara en aquellos años.

Tuve la desgracia de conocer a Fernando Mantaras en su condición de Profesor de Educación Democrática en la Escuela Superior Nacional de Comercio Domingo G. Silva de Santa Fe a la cual concurrí y donde el juez fascista daba clases.

La amistad con Mantaras y su evidente falta de escrupulos para “avanzar en la carrera judicail” convirtieron al Dr. Víctor Brusa en un amigo predilecto de los servicios de inteligencia que por esos años mandaban en la Argentina.  Dichos “amigos” decidieron ayudarlo en su carrera y un día pusieron una bomba en la oficina de Brusa que daba por la calle Buenos Aires.  La ventana voló, se produjeron daños materiales pero ni los expedientes ni la guardia personal de Prefectura y Policía Federal fueron afectados.  Sin embargo la maniobra fracasó porque, casualmente, ese día visitaba la oficina de Brusa el Juez Mantaras por lo que quedó que el “ataque terrorista” era contra él y no contra el dinamico secretario Brusa.

Uno de los amigos de aquella época, Francisco Paz, intimo colaborador del Ministro de Interior Julio Mera Figueroa, fue quien más batalló por lograr la designación de Brusa como Juez Federal.  Uno de sus argumentos principales era el de contar con un buen amigo del gobierno menemista en el juzgado federal que tenía jurisdicción electoral.

Brusa fue nombrado Juez Federal con acuerdo del Senado en agosto de 1992 a pesar de mi denuncia publicada en los diarios Pagina 12/Rosario y La Capital de Rosario; El Litoral y El Matutino de Santa Fe, así como del pronunciamiento de la Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Abogados de Rosario y de un pronunciamiento colectivo de Abuelas de Plaza de Mayo, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, Familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas y Madres de Plaza de mayo quienes avalaron y acompañaron mi denuncia de entonces como se puede leer en las fotocopias que adjunto.

En estos días el ex Juez Federal, del Juzgado Federal Nº 2, reconoce la validez de mis denuncias de 1992 y se autocrítica por no haber sido más energico en resistir la designación de semejante engendro: “Yo me opuse en su momento y di información de lo perjudicial que podía ser la designación de un Juez que tenía sospechas de haber intervenido, haber sido cómpliceo al menos haber tolerado ese  tipo de conductas que nos resultan aberrantes.  Yo en ese momento, era el otro juez federal (de Santa Fe) y estuve a punto de renunciar para estar en la vereda de enfrente. Lamentablemente no lo hice y las cosas sucedieron.Diario La Capital de Rosario. Octubre de 1998[iv]

El oficial Rebechi continuó hasta su jubilación en servicio en la Policia Provincial.

El comisario Eduardo Ferreyra es el actual presidente de la Comuna de Rincón.

El torturador de Víctor Brusa sigue siendo Juez Federal de Santa Fe

Eduardo Ramos era funcionario jerárquico de la Municipalidad de Santa Fe hasta hace poco    tiempo.

Nuestra presentación ante este Juzgado Internacional es, por un lado, la continuidad de una conducta y una lucha que empezó en noviembre de 1977 cuando denunciamos la tortura sufrida ante los propios jueces de la dictadura; y por el otro, los casi siete años transcurridos desde nuestra denuncia pública contra Víctor Brusa son prueba elocuente de la impunidad que los genocidas tienen, así como de la total falta de posibilidades para lograr justicia en nuestro país en las actuales condiciones institucionales.

Confío en la justicia de vuestra señoría, y seguiré luchando junto a mi pueblo para que algún día podamos juzgar en suelo patrío a quienes cometieron el mayor baño de sangre de nuestra historia.

Será justicia.

Rosario, 13 de enero de 1999.


[i] fotocopia de la causa.  Nº 23

 

[ii] fotocopia de la causa. Nº 36

[iii] fotocopias de la causa.  Nº 24/25 y 26

[iv] fotocopia Nº 49

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