• El asesinato de Darío y Maxi : la fundación del capitalismo sojero

    En junio del 2002, el gobierno justicialista encabezado por Duhalde tomaba una apuesta fuerte: se decidía a producir una masacre que cortara el ciclo de luchas que había implosionado en diciembre 2001 y que no podía poner en caja con clientelismo político y represión acotada.   Haciendo memoria de su historia de dominación, pensaba que una buena paliza, que doliera de verás, quebraría el frente social simbolizado en el «piquetes/cacerolas, la lucha es una sola» y reduciría el activismo nucleado en asambleas populares y movimientos piqueteros.

    Esa apuesta, como se sabe, fracasó rotundamente.  La represión no quebró la voluntad de lucha de la militancia y despertó resabios de aquello que alguna vez se llamó «reservas democráticas» en las capas medias o compromiso con el Nunca Más de la sociedad; pero a contrapelo de la euforia izquierdista de entonces (¿se acuerdan de la «situación revolucionaria» del P.O., el «poder asambleario» de Luis Zamora o la «revolución socialista espontánea» del MST?) la siguiente jugada de Duhalde: convocar a elecciones, renunciar a la candidatura y poner la pelota en el terreno electoral fue tan exitosa que se podría decir que la política de estos días es, en algún modo,  fruto tardío de aquella operación.

    Por ello,  es justo que el asesinato de Kostecky y Santillán remita a la represión y la   impunidad que caracteriza al Estado Argentino (y este caso no es excepción dado que si bien fueron condenados  los asesinos Franchiotti y Acosta, ni siquiera fueron procesados quienes dieron las ordenes directas: Juan José Alvarez, Atanasof y el propio Duhalde).

    Pero la memoria debería destacar también que la ausencia de construcción política propia y eficaz facilitó la consumación de la estrategia de reconstrucción del Poder que luego transcurrió por carriles propios y hasta inesperados para Duhalde y sus amigos.

    En su obra cumbre, El Capital, Carlos Marx nos lega una herramienta teórica de extraordinaria utilidad en el caso: se trata de la idea expresada en el capitulo XXIV sobre la acumulación originaria del capitalismo de que «en la realidad, los métodos de la acumulación originaria fueron cualquier cosa menos idílicos» refiriendo al lugar decisivo de la conquista de América en dicho proceso,  aquello de que los proceso de acumulación económica requieren de mecanismos extraeconómicos, algo fundamental para entender que la construcción del poder político y la dominación cultural también requieren de mecanismos extra políticos y extra culturales que no son otros que el vil saqueo, el asesinato cobarde y la tortura cruel.

    Veamos que utilidad tendría esta idea marxista para corroborar la hipótesis que sostenemos.

    La primera, creo, es evidente: la Argentina actual, el gobierno y el bloque de poder que lo sostiene, son hijos del asesinato de Maxi y Darío tanto como la Argentina del Centenario lo fue de la Campaña del Desierto y la Guerra de la Triple Alianza. La persistente impunidad sobre los autores intelectuales del asesinato de Darío y Maxi son prueba de esa relación directa aunque no excluyente.

    La segunda, también creo, no lo es tanto: la construcción de ese poder no es el resultado exclusivo y excluyente de la violencia sino también y sobre todo, de una acción política cultural exitosa: asumir las demandas, deslegitimar las fuerzas desafiantes del Poder y construir una base propia que al captar sectores populares se hace contradictoria y densa.

    El devenir del proceso de estabilización del capitalismo argentino necesitó de avances en el Verdad, Memoria y Justicia; y de puntuales y focales acciones de reparación económicia y social sobre los sectores más postergados que sin salir de su condición subalterna, mejoraron su vida cotidiana en cierta medida que no cuestionó ni la cuota de ganancia monopollista (que en buena parte se llevaron los bancos y los grupos de producción sojera como bien lo dice el mismo gobierno en una especie de lamento y reclamo ingenuo hacia Clarin, Monsanto y el City Bank que consideran totalmente propio los privilegios que conservan y aumentaron esta decada), ni la cuota de ganancia media (que es la que obtienen todos los empresarios, incluidos los medianos y pequeños que algunos llaman «burguesía nacional» en un desproposito conceptual porque se sabe que las clases  no reconocen fronteras nacionales ni regionales.

    Más allá de la legitimidad histórica del Justicialismo como Partido de Estado, y la nueva legitimidad aportada por los Kirchner con sus políticas de Memoria y su relación de apoyo y cercanía con el proceso de cambios e integración estatal latinoamericana que tantos odios genera en la derecha clásica y el Imperio, ha sido la capacidad de satisfacer estas tres demandas (del grupo más concentrado de la Burguesía, de la clase dominante en su conjunto y aún de los sectores subalternos, claro que no en proporciones iguales como lo demuestra el avance de la concentración de la economía y la distancia entre ricos y pobres que no deja de crecer).  Como decían los norteamericanos en un debate presidencial de hace algunos años: «es la economía, estupido».  Y la identificación que muchos hacen de las mejoras en la vida cotidiana y los oficialismos de todo color como lo muestran los triunfos de Macri en Capital, el socialismo de Binner en Santa Fe y el Frente para la Victoria en casi todo el país.

    El objetivo por el cual fueron asesinados los compañeros no se consumó en el terreno de la violencia sino en el de la política y es allí donde se puede y se debe vindicarlos (no vengarlos ajusticiando a sus asesinos, sino vindicarlos honrando su lucha para que fructifique). Para esto es necesario, y pareciera que hay que decirlo de nuevo, asumir las leyes de la construcción de fuerza alternativa en el terreno de la política que tienen en la lucha por cambiar la correlación de fuerzas, sumando todo lo que se deba y restando al enemigo todo lo que se pueda, acaso el principio básico.

    La idea que en política casi nada es evidente ( si la esencia coincide con la apariencia, para qué la ciencia, se preguntaría Marx) nos lleva a pensar que la batalla cultural por destruir los valores que inspiraron a Franchiotti es acaso lo central, siempre y cuando que entendamos que la batalla cultural no se libra sólo en el terreno de la teoría y el arte, también y sobre todo, en el terreno de las alianzas y las iniciativas, en el modo que plantamos lo real nuevo latinoamericano (y si es real, es Chavez, Evo, Daniel y por supuesto Fidel) en el sólido terreno de la subjetividad y la cultura popular.

    La instalación de Macri como la «alternativa» a los continuadores de Duhalde y constructores del capitalismo sojero, que seguro festejó la muerte de Darío y Maxi, no puede entonces computarse en el casillero de las ganancias  sino en el  de las perdidas, a pesar del simplismo ya grotesco de un sector de las izquierdas que sigue empecinada en leer la realidad nacional a través de las lentes oscuras del dogmatismo.

    Sin romper el bloqueo cultural que la condena al seguidismo frustrante o el sectarismo esterilizante; sin acceder en serio a la disputa política que siempre será en los bordes de una correlación de fuerzas que se busca modificar, el asesinato de Darío y Maxi seguirá impune; digo, seguirá siendo el acto fundacional del capitalismo sojero con consenso que hoy nos humilla con un escenario electoral donde la disputa será entre un Scioli adornado por el progresismo kirchnerista que se olvidó de todo lo que dijo todos estos años  y un Macri que se abre paso ante la ausencia de una alternativa superadora que sea la continuidad de las luchas que protagonizaban Maxi y Darío entre tantos miles y cientos de miles de ofendidos por el neoliberalismo fundamentalista de los noventa.

    De las muchas formas de hacer memoria, todas respetables y dignas, elegimos la de pensar el modo de llevar a la victoria las banderas y sueños de Darío y de Maxi; para lo cual, creemos, la construcción de una nueva fuerza popular anclada en todas las formas de la cultura de la rebeldía que recorren la historia nacional y fuertemente convencida de que en la Patria Grande de Bolivar, el Che y Chavez está la posibilidad cierta de la victoria.

    Esa que le debemos a Maxi y a Dario, a los treinta mil compañeros desaparecidos por el Terrorismo de Estado, a Julio López y Luciano Arruga y a todas y todos los que soñaron con un cielo sin policías en las calles  ni comisarios asesinando militantes populares mientras Clarín hablaba de que la crisis se cobró dos muertos


  • A Eduardo Rozensvaig que en una mañana tucumana

    me explicó la diferencia entre la venganza y la vindicación

    Uno. 18 de marzo de 1977. 23 hs.

    Se bajó con mucho cuidado de no pisar al cumpa que dormía en la cucheta de abajo. Caminó lentamente desde la cama cucheta hasta la pileta empotrada al lado de la puerta metálica, hermética, verde, con una ventanita al medio -que al abrirse parecía una bandejita donde le pasaban la comida- y una mirilla que se operaba desde afuera, para que el guardia controle.

    Por eso le gustaba la noche.

    Porque por un rato quedaba solo y podía hacer lo que quería.  Bañarse como un duque, por ejemplo. Con un jarrito, el mismo que usaba para tomar el maté cocido y también la sopa o el agua coloreada con la vitamina C con gusto a naranja que le sacaba el gusto a mierda que tenía la que salía de la canilla.

    Comenzó a tirarse agua encima del cuerpo. Una vez, y otra.

    Y otra. Y otra.

    Ya comenzaba a calmar el calor, esa pegajosa sensación de suciedad que le subía desde los mugrientos colchones sin sabanas y a calmar las picaduras de los mosquitos.

    El decía que no le importaban los mosquitos, pero picaban los hijoeputa y no había con que darle.

    A veces, muy pocas, tenían pedacitos de espiral y por un rato el humo verde, con ese olor tan familiar que le hacía recordar las tardes en Guadalupe de hacía un siglo cuando todos iban a la playa y se quedaban hasta la noche escuchando la radio que transmitía a Colón y tomaban mate y comían torta que llevaba la vieja y él salía a caminar con esa chica que tanto le gustaba y que daba vueltas en darle el primer beso, justo allí bajo la luna santafesina…

    Un cañonazo de luz, que cruzó la celda, lo trajo de vuelta a la Cárcel de Coronda y le hizo recuperar los reflejos de preso:  se quedó duro como en el juego de la mancha venenosa y se recostó lentamente contra la pared, entre la piletita y la cucheta, tratando de quedar detrás de la almohada del Moncho.

    Desde la muralla, los gendarmes se entretenían apuntando con los reflectores hacia las ventanas, de aburridos nomás, que nadie podría escaparse de la puta cárcel.

    Enfocaban el cañón de luz por la ventanilla y lo movían lentamente por las paredes.

    Iluminaron un pedazo de pared y la esquina superior de la cama, justo donde estaban colgados los pantalones y la toalla que enseguida usaría para acostarse en bolas, mojado y solo tapado con ella, pero la luz no lo rozó.

    Lo consideró una pequeña victoria y se decidió a continuar con lo suyo.

    Se subió lentamente a la cucheta y se desparramó en la cama. Por unos minutos, estaría fresco y podría soñar.

    Era tan obsesivo que programaba los sueños.

    Se quedaba quietito con los ojos cerrados y se ponía a pensar hasta que lo que pensaba lo soñaba y lo que soñaba lo pensaba y no sabía si soñaba o pensaba.

    Ya está, hoy soñaría que estaba libre. Y no solo eso

    Soñaría que todos los mal paridos que lo habían torturado en la Cuarta, el Curro Ramos Hijoeputa Torturador y el Víctor Brusa Secretario del Juez Aterrorizador, primeros que nadie, estaban presos. Y que sufrían como animales asustados, porque sin la picana y sin la cuarentaycinco, que el Curro Ramos llevaba bajo la remera sobre la raya del culo, y sin la absoluta impunidad que le daba el Poder Judicial que pertenecía al Brusa antes Secretario Judicial y después Juez Federal Aterrorizador, eran dos cagones de mierda que no se bancaban nada.

    Y no solo eso

    Soñaría que la misma tarde en que los metían presos vendría a su encuentro una mujer.

    Una extraña mujer que lo desearía con ansia, que lo amaría, que lo besaría con pasión y que luego se subiría para cabalgarlo hasta estallar en orgasmos increíbles………y sí, como uds. imaginaban, se despertó justo justo cuando la mujer del sueño estaba por acabar arriba suyo.

    Se dio vuelta en la cama solitaria, acomodó la erección como pudo y se dijo a si mismo que estaba bien.

    Que no debía quejarse por la interrupción porque hasta los sueños deben tener límites, y ese era un sueño como que demasiado imposible.

    Dos. Tres de enero de 1977. 18 hs.

    No era fácil sobrevivir en Coronda. Bueno, sobrevivir físicamente si.

    Casi no pegaban, casi no torturaban, al menos físicamente, digamos la tortura que casi todos habían sufrido en el recorrido desde la detención a la Cuarta, desde la Cuarta a la Casita o a la Guardia de Infantería.

    Aclaremos, cierto es que no te pasaban la picana por los testículos, ni te hundían la cabeza en un balde de mierda ni te molían a piñas, pero no era fácil.

    Coronda era una cárcel “modelo”.

    Modelo de cárcel yanqui, de esas en que los presos trabajan y se recuperan mediante el trabajo.

    ¿Cómo era eso de que “el trabajo libera”?.  No, no era de los yanquis, era de Hitler y ahora me acuerdo que estaba escrito en letras de hierro en un arco a la entrada de Auschwitz.

    Como los presos comunes trabajaban, estaban todo el día fuera de la celda y entonces éstas eran de cuatro por uno, con una piletita y baño, para que pudieran mear y hacer sus necesidades de noche y lavarse la cara a la mañana.

    Pero no era el caso.

    A nosotros no nos dejaban trabajar, ni leer, ni estudiar, ni hacer gimnasia, ni siquiera masturbarte en paz.

    Todo, absolutamente todo estaba prohibido. Es difícil imaginarse el absoluto en cualquier cosa, y mas difícil es pensar que te lo prohiban todo.

    Pero a ver, probemos, pensá en algo que te gustaría hacer si estuvieras preso y veamos.

    ¿Ver televisión?, no.

    ¿Leer libros de historia, o novelas?, no.

    ¿Escribir o recibir cartas?, no.

    ¿Hacer manualidades, tipo tejer o bordar o dibujar o pintar?; bueno nada de eso.

    ¿Hacer gimnasia o caminar en la celda?. Tampoco

    Los tipos te metían 23 horas por día en esa tumba con ventana a la muralla, una hora estaba reservada a los recreos y te prohibían hacer cualquier cosa que a vos se te ocurra.

    Así que lo único que quedaba era el cerebro, pero el cerebro tenia una contra: ¿cuánta información estaba disponible?

    A ver hagamos una prueba, agarrá un papel y anota todos los temas que sin ninguna ayuda, pero ninguna eh, vos podrías hablar y conversar, informar y transmitir conocimientos a otros.

    Parecen muchos, pero ahora pensa que con eso tenés que arreglarte tres meses, o seis meses, o cincuenta y seis meses o ciento ochenta y nueve meses o quien sabe cuántos porque justamente uno de los pilares del  proceso destructivo es que vos no supieras nunca cuánto faltaba para irte.

    Pareciera mejor no tener ni causa ni condena: no tenés plazo de cárcel, pero tampoco tenés fecha de salida. Esa que te permita descontar de uno por uno los días pasados y achicar la cuenta.

    Y si nada es seguro, todo es probable; y cuando estás en poder del enemigo, lo probable es temible.

    Así que, nada de trabajo y la única variante era  estar sólo en la celda u acompañado, pero en ese caso, tendrías que pensar que con ese compañero, que no dejaba de ser un desconocido (al menos cuando se juntaran en la celda el primer día), compartirías hasta la ultima de tus intimidades dado que no te sacarían ni al baño y hasta tendrías que cagar delante de él y verlo cagar a él, obvio.

    La historia de cada uno es lo que te tenía que salvar, lo que eras, lo que sabias, en lo que creías y lo que amabas. Y ahí estaba una de mis problemas.  Yo tenía historia y sabía porque estaba allí. Eso estaba bien, y te daba mucha tranquilidad, más que por entonces todavía practicaba ese optimismo histórico, que luego se mostró erróneo, ingenuo, casi ridículo, pero que entonces era el más poderoso soporte.

    ¿Vos sabés lo que es hablar de la Revolución Rusa en una tarde de domingo en Coronda, por la radio de la cárcel, es decir por el sistema de reproducción de las voces que los presos practicaban en la ventana repitiendo casi en susurros lo que escuchaban del vecino y así hasta dar vuelta al pabellón?

    ¿O lo que se siente cuando un compañero de otra organización te pide que le des un curso de filosofía marxista, o cuando se celebra el aniversario de la revolución cubana, el 1º de enero de 1977, y uno pensaba en la Isla de Pinos, ahora la Isla de la Juventud donde Fidel estuvo después de la derrota del Moncada, y si también Coronda se convierte en una escuela para los niños pobres de la zona, para esos que recolectaban frutilla desde muy chiquitos?

    Pero no todas eran buenas, el mackartismo estaba siempre dando vueltas, apenas rascabas un poquito la piel aparecía y volvían los debates: si la Unión Democrática del ´45, si la ayuda al Che en Bolivia.

    Y además, la angustia por la compañera presa, la propia, aquella con quien me había casado en junio del ´76 y ya en octubre habíamos caído en cana y con esa angustia había llegado a Coronda.

    Con el temor de que jamás saldría y jamás podría amarla como corresponde; con el temor de la violen y que la hagan mierda físcia o psicaquemente, o que me maten en algún traslado o me desaparezcan al dejarme en libertad.

    Digo que empezó a aparecer  un problema personal entre los represores y yo, ya no sólo una cuestión de clase, de política, de justicia social y solidaridad.

    También un problema estrictamente personal, de mis derechos a la alegría y la felicidad, al placer y el gozo.  Algo que habían sepultado con la primera patada en la puerta de la calle Guemez y con la primera piña bien puesta en los riñones, como para que no haya dudas a la que arribaba

    Fue entonces que empecé a soñar con mujeres apasionadas que me amaban, que me deseaban y me satisfacían en todos mis deseos.

    Sueños de preso, se entiende.

    Tres.  Dos de Abril de 2005

    Hacía como quince días que no veía a la mujer.

    La deseaba como nunca. La había visto el domingo pero no concretó nada; es que era la Marcha de la Resistencia y no hubo forma de salirse ni de hacer nada.  Además él estaba con sus hijos, y eso no ocurría tan seguido.

    Se acordó de Angelito, esa obra de teatro del Tito Cossa donde el protagonista  cuenta al público que conoció a la mujer más hermosa de su vida en una marcha y que hizo el amor con ella en medio de la calle. En Angelito, la mujer estaba vestida de rojo y la escena de amor coincidía con el asalto al Palacio de Invierno porteño, es decir a la Casa Rosada.  El se conformaba con algo menos, con tenerla allí en medio de la marcha contra la desocupación y la miseria que aplasta todo, ese bombardeo continuo y tardío de la dictadura que había fingido retirarse y sin embargo…

    Se imaginó la escena. Levantarla en sus brazos, despojarla de todo y amarla ahí en medio de la dignidad que se levanta contra el espanto de la impunidad y la indiferencia disfrazada de neutralidad.

    Pero resistió la tentación, siguió caminando hasta el final o mejor dicho hasta llegar a la Plaza de Mayo y de allí se fue a  comer con sus hijos.

    Tuvo que esperar tres días hasta encontrarla.

    Antes había pasado por el ritual de devolver los hijos a la madre y comerse los reproches de siempre y los reclamos silenciosos de los que no se resignaban a esa familia por minutos.

    Parecía un sueño: toda vestida de celeste, desde las zapatillas hasta la remera pasando por un jean lavado pegado al cuerpo que lo excitó apenas la vio.

    Como siempre, no podían esperar a nada y con el primer beso desaparecía todo lo que no fuera ella misma.

    El recordó que así fue la primera vez, cuando estaba tan asustado que ni se animó a decirle que la quería y ella lo condujo como a un niño de la mano hasta que al despedirse él se animo a besarla y pareció que era la primera vez para los dos.

    Esta vez fue igual. Ella se recostó sobre él, se sacó la remera y el corpiño. El se pegó a la piel, parecía que el fuego estallaba entre ellos …. y sonó el telefono.

    Puteó pero ella le dijo que atienda. Saltó como pudo por encima de  la mujer, y levantó el tubo.

    Era de Santa Fe, de LT0, la radio universitaria que una tarde de setiembre del ’73, todavía se acordaba, había anunciado que una columna oficialista marchaba sobre la Santiago capturada por Pinochet y él se había puesto a llorar de alegría en la puerta del Paraninfo de la Universidad pegando puñetazos al aire creyendo que la historia seguía siendo de ellos y no de los fachos.

    Esa misma radio, otra voz seguro porque aquella locutora morocha y hermosa  ahora era una Madre de la Plaza sin micrófono desde hacía 30 años, así que la voz femenina que le habla no podía ser esa, era otra la que le preguntaba que opinaba sobre la detención del Curro  Ramos y del  ex Juez Federal Brusa y  él que no puede creerlo y le dice no joda, no se jode con eso, que cómo van a estar presos Brusa y el Curro, que los sueños no existen. Y repitió no jodan, che!

    Y de nuevo se puso a llorar, como si siguiera en la tumba con ventana a la muralla y sobre la cama no hubiera otra cosa que la humedad de su propio cuerpo, bañado a jarrito a hurtadillas de los gendarmes y su rayo de luz, soñando que estaba libre, al lado de una mujer deseada y que los torturadores estaban presos, derrumbados en su miserable cobardía sin saber si pensaba en lo soñado o soñaba lo que pensaba.

    Buenos Aires, 23 de Junio de 2007

    José Ernesto Schulman

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  • En una secuencia de apenas dos miércoles, los senadores y diputados de la Nación, en una aplastante mayoría, dieron por aprobado el proyecto de modificación del Código Penal que se conoce como ”Ley antiterrorista” por su clara subordinación a la estrategia yankee de construir una red jurídica de respaldo a su “guerra” contra los pueblos.

    Ya se han dado abundantes elementos que prueban el peligro real de que la norma sancionada se utilice para castigar a los luchadores sociales y los activistas políticos, su imposición por el Imperialismo vía Fondo Monetario Internacional y del Grupo de Acción Financiera Internacional sobre Lavado de Dinero (FATF/GAFI) y del carácter acumulativo de la norma en la construcción de un edificio jurídico represivo que YA se está utilizando contra miles de piqueteros y luchadores sociales, tal el caso de los artículos 212 (“intimidación pública”) y/o 149 (“coacción agravada”) del Código Penal.

    Queremos ahora señalar tres cosas.

    La primera es que, con actos como éste, se agrava la asfixia de una democracia mínima que cada vez más se reduce a la selección de quienes administraran el aparato estatal y nada más.  Lejos de ampliarse o de avanzar en la supuesta transición (se acuerdan del discurso alfonsinista de “transito a la democracia”) los espacios democráticos se acotan y por ende, inevitablemente, se amplían los espacios de la represión, la discriminación, la tortura y la violación masiva de los derechos humanos.  Si mencionamos sólo los casos más notorios de los últimos meses en que la Liga Argentina por los Derechos del Hombre fue parte del reclamo, debemos recordar que llevamos nueve meses de la desaparición forzada de Julio López,  las torturas a Juan Carlos Núñez de La Rioja cuya denuncia acaba de respaldar en una carta abierta al gobernador la Federación Internacional de Derechos Humanos con sede en París, el secuestro y amenazas a un niño de apenas ocho años por ser hijo de militantes populares de la zona de Gral. Rodríguez que se deben sumar al secuestro de Luis Gerez y el de la testigo Felisa Marilaf y el brutal asesinato de Carlos Fuentealba. Queremos resaltar que la sanción de la ley no es un rayo en un cielo luminoso y que la contextualización de la votación, y no la mala fe -como afirmó la diputada kirchnerista Romero en el debate parlamentario- lo que nos afirma en la convicción del peligro en ciernes.

    La segunda es que se ha vuelto a producir un movimiento de apriete/concesión que recorre como un trazo de vergüenza estos 24 años de democracia mínima: la derecha aprieta, amenaza, golpea, presiona y las fuerzas de identidad progresista en el gobierno conceden y utilizan la presión para justificar la concesión.  Hagamos historia: sublevación carapintada y Felices Pascuas de Alfonsín; marchas de Blumberg y reformas al Código Penal por parte del gobierno actual, etc.

    Sería un error fatal subestimar la derecha fascista y clerical que de la mano del cardenal Bergoglio, el gobernador Sobich, el candidato Macri y ahora del General Bendini presiona para deconstruir la memoria y hacer retroceder la lucha por la Justicia, que en estos días se pondrá a prueba en el juicio al Sacerdote Von Wernich (error grosero que cometen quienes se niegan al frente único contra Macri en la Capital), pero tantos años de frustraciones nos enseñaron a no confiar en el progresismo si de lucha democrática se trata.

    Seguimos pensando que la lucha democrática y antiimperialista es hoy una sola e indivisible y debería ser la izquierda plural el núcleo duro de un vasto frente de lucha contra la ley antiterrorista y los avances de la derecha en todos los terrenos, incluidos el electoral y el jurídico.  Y tercero, acaso la novedad de estos días ha sido el amplio espacio del movimiento de derechos humanos y de las fuerzas políticas que se pronunció contra la ley (como se puede ver en las notas adjuntas que no agotan los pronunciamientos) que no se puede encasillar desde la lógica oficialismo/oposición sino desde una perspectiva más profunda, acaso cruzada por la ética y el criterio político práctico, que en este debate vuelve a poner del mismo lado a Hebe Bonafini con Adolfo Pérez Esquivel, a Miguel Bonasso y  Juan Carlos Godoy de la Concertación Entrerriana con socialistas, comunistas y el espacio de Memoria, Verdad y Justicia y es que todos saben que si algo no se puede hacer frente a la derecha, sus acciones y discurso es retroceder.  Es la hora de resistir, de unir fuerzas para impedir que vuelvan a instalar la represión y el macartismo como la alternativa de cambio, para que la memoria sea acción y pisemos, de una vez por todas, la hora americana de cambios que nos convoca.

  • El pañuelo

    El pañuelo que Iris le puso al Marcelo

    y que el Teniente Rodolfo le regaló al Ciego,

    que se lo dejó a la Mechi,

    que se lo llevó a Cuba

    y que un día….

    Al único que conocí fue al Ciego,  y no demasiado.

    Si me apuran, diré que estar con él, lo que se dice charlar y caminar juntos y pensar y tomar vino y volver a charlar, fueron sólo dos veces: la primera fue cuando sesionaba el XVI Congreso y se apareció con la Mechi por el departamento que en San Telmo había conseguido el Raúlito y ahí me di cuenta que era él quien había estado en lo de la Chili, escapando de la Triple A en el ’75.

    Había cambiado mucho, ya no montaba guardia dormido en el local de la Fede de la calle Pueyrredon, con la Cuarenta y Cinco en el puño atada a un hilito que venía de la puerta y que lo alertaba cuando alguno entraba.

    Ahora era un padre de dos niños, fornido, formado, sereno y con una visión bastante integral de lo que había que hacer para construir Partido.

    La segunda fue en la quinta de mi hermano en Funes donde lo ayudé  a encontrarse con su mamá, después de tanto tiempo lejos,  muy poquito antes de su muerte.

    Su muerte. Idiota muerte. Maldita muerte.

    Reputa muerte a la salida del Túnel, esa  mañana de lluvia en que un camión inmenso lo llevó por delante y se murió insultando a todos porque él no podía morir así, ¿me entendés?, así, es decir, sin un fusil en la mano peleando por la revolución, aquí o en cualquier lugar del mundo donde hiciera falta.

    Digo, como murió Marcelo, el Teniente Rodolfo, en esa vereda salvadoreña, un poquito antes, como si se siguieran los pasos.

    Cómo si compitieran en ver quien de los dos se ponía la máscara del Che, digo la máscara que Cortázar había inventado para Fidel en “Reunión”, que Marcelo había leído en la escuela, primero a disgusto por que no le gustaba nada el exilio de Cortázar y después asombrado, totalmente fascinado por aquella metáfora de Cortázar que parecía haberse escrito para ellos dos.

    ¿Cuántas veces se lo había contado? ¿y cuántas veces habían discutido el sentido del cuento, el más transparente y acaso por eso uno de los más polémicos, del  argentino que vivía en París pero pasaba más tiempo entre Managua y La Habana que en Europa?.

    “Reunión” parecía fácil de entender: Cortázar asume el rol del Comandante y relata el desembarco en Playa Girón.  ¿Fácil?. Las pelotas fácil, el cuento estaba lleno de siginificados y  de claves.

    Primero, porque describe el desembarco de un modo crudo, impiadoso, casi hiriente para el orgullo guevarista que llegó a recriminarle a Cortázar la imagen que de él se mostraba en “Reunión”.    O sea, que al Che de verdad no le había gustado un carajo la foto que Cortázar presentaba del Che histórico en su cuento.  Che decía que era un Che imaginario, y claro boludo le contestaba Cortázar, que es un cuento no una foto.

    Segundo porque Cortázar juega con la muerte de Fidel pensada por el Che, y cómo le pega eso al Che.   Es decir que aquí, no en Girón, sino en el cuento, el Che de Cortázar piensa que Fidel está muerto y al dormirse lo sueña vivo, a Fidel que está muerto ¿se entiende, no?

    Digo que el Che de Cortázar cree que Fidel murió en el desembarco y al dormirse, lo sueña a Fidel vivo y rodeado de todos los guerrilleros sobrevivientes, los futuros Comandantes, los únicos con derecho a llamarse Comandantes de la Revolución.

    Nada menos.

    Entonces Fidel se pone la mano en la cara, que no es una cara sino una mascara, y se la saca y se la ofrece al Che, que le dice que no y se la ofrece a Raúl que también le dice que no, y entonces el Che de Cortázar se despierta convencido que no hay reemplazo posible, que sólo Fidel podría encabezar la revolución.

    El cuento sigue un poco más, hasta que se produce la reunión entre el Che y Fidel, pero a ellos no les interesaba esa parte, lo que los desvelaba, lo que les producía miedos y discusiones era aquella de la mascara, porque el desafío de Cortázar era claro para ellos: ahora, que el Che está muerto, ¿hay alguien que se ponga la máscara del Che?

    Marcelo, a punto de viajar al Salvador y convertirse en el Teniente Rodolfo, le regaló al Ciego un pañuelo como símbolo de la amistad forjada en los duros días del entrenamiento combativo, el pañuelo que había usado en Nicaragua cuando la Brigada del Café, la San Martín, la que mandó la Fede para apoyar la Revolución y  revolucionar la Fede, de paso.

    Lo que yo no sabía, hasta ayer, es que la madre del Negrito Floreal había sido la madrina de Marcelo cuando la Brigada a Nicaragua y que el viejo del Negrito, el Viejo Floreal que buscaban los milicos cuando lo secuestraron al Negrito, le había arreglado algunos fierros cuando Marcelo empezaba a caminar por la Fede.

    Fue Marcelo quien le habló al Ciego del Negrito Floreal, de esas palabras de Iris en el Juicio a la Junta: a mi hijo lo mataron por no cantar a sus compañeros y esas otras palabras, las de los torturadores sobre la madre del Negrito Floreal: “Con los comunistas no se puede”, cansados ellos de torturarla sin arrancarle un solo dato.

    El Negrito sí que se había puesto la máscara, y con eso que era tan joven que ni llegaba a quince años.

    Bueno, menos aún tenía en el Xº Congreso de la Fede cuando estaba al lado de Rubén Poggioni en la esquina aquella donde hacían la pintada, y los fachos lo mataron a Rubén de un balazo.

    Tirado en la esquina, sólito y sólo, quedó el Rubén y el Negrito, que ni catorce tenía, fue a avisarle al padre lo que había pasado.

    Yo también estuve en el Xº Congreso pero, qué boludo, no vi a ninguno de los tres: ni al Negrito, ni a Marcelo, que sería el Teniente Rodolfo doce años después, ni al Ciego que al año siguiente se bajaría un facho en la esquina de Entre Ríos y Córdoba en Rosario, justo a la vuelta de la facultad de Filosofía, casi, casi frente a la imprenta de donde lo chuparían a Tito Messiez en el ’77, puntualmente un 22 de agosto, el mismo día de Trelew, de Sacco y Vanzetti y del renunciamiento de Evita.

    No se porque se me ocurre que  acaso Marcelo pensaba más en el Negrito Floreal que en el Che cuando subía la montaña de Chalatenango. Se me ocurre nomás, acaso porque había hablado tanto con Iris y con  el Viejo Floreal que soñaba con hacer lo que el Negrito no pudo.

    ¿Quién sabe?

    ¿Quién sabe lo que pensaba el Ciego en esas tres horas en que murió lentamente atrapado en una camioneta casi al lado del Túnel?

    ¿No pensaría en la vez que pudo ir a pelear a Nicaragua y no lo dejaron?.  ¿Y para que mierda me preparé, protestaba, si no quieren que pelee? le decía después a la Mechi.

    Por eso se había sumado al XVI Congreso con tanto entusiasmo, porque ya no se hablaba de juntar monedas para la solidaridad sino de hacerse cargo de las luchas revolucionarias como propias.

    Y eso es lo que siempre había pensado que debía hacerse.

    Hacerse cargo.

    Como el Negrito Floreal cuando se quedó solo frente a los torturadores y tuvo que decidir si entregaba al viejo o se hacía cargo.

    Y decidió hacerse cargo.

    Sencillo, sin muchas palabras, sin muchos líos.

    Correrse o hacerse cargo.

    Ponerse la máscara del Che o dejarla en el suelo.

    Para el Negrito entrar en la Fede había sido casi como un paso natural, no lo había pensado mucho, simplemente era lo que había aprendido de su vieja, de su papá,  de su abuela, la que formaba el Socorro Rojo y hacía solidaridad con los presos cuando todavía ni Perón era Coronel.

    Del Cordobazo al Rodrigazo, de la ofensiva y las masas con banderas al viento al canto del cisne proletario del ’75, si en algo pensó el Negrito Floreal en sus ultimas horas debe haber sido en algo de eso, en las ganas que tenía la Fede de ser poder y no  poder ser.

    Al Marcelo le preocupaba eso más que todo.

    Ser y no parecer, hacerse cargo y no correrse.

    Por eso en su primer laburo lo arriesgó todo y se subió a la mesa de trabajo aquel día en que había paro, haciendo equilibrio al lado del torno, y les hablo a los pelotudos que se hacían los que no sabían: que no hay que ser yunque sino martillo, que no hay que ser cantera sino masa, que no hay que …

    Calentón, cabrón, capaz de putear hasta la madre en una discusión política y de hacer cosas de niño como cuando dio vuelta el cuadro de Victorio contra la pared, en penitencia, porque el XVI no arrancaba en la zona norte y él se enojaba con todos.

    Bueno, con todos no, con los viejos del Negrito no se enojaba nunca, no importaba lo que dijeran, él iba a decir que tenían razón acaso por respeto acaso porque sabía que en el armario del viejo estaba la carabina que iba a ser para Floreal y no pudo ser.

    Y que él soñaba que fuera para él.

    ¿Y si me la llevara al Salvador le preguntó al Viejo Floreal en la última visita, aunque sabía que el Ciego lo mataba si caía con otra cosa que no fueran calzoncillos y pañuelos en el bolso de viaje?

    Una belleza la carabina, , hasta con mira telescópica, cada parte hecha a mano por el Viejo Floreal.  Cual un objeto de arte, como un trofeo.

    Como lo que un padre haría para un hijo, para que sepa que lo quería y para marcarle el camino.

    De regalo un fusil, para que no haya dudas de lo que esperaban de él; que sea valiente y revolucionario, que sea audaz y consecuente.

    El hubiera sido como el Che, decía el Marcelo cuando escuchaba al Viejo Floreal elogiarlo al Negrito y en eso pensaba el Marcelo cuando el Ciego lo hacía subir a los árboles y bajar, y agarrar la AK47 rusa y tirar y tirar y tirar hasta que el ruido no te asuste, hasta que la mano no te tiemble, hasta que la mente no registre que el blanco también respira y tose, y tiene frío y capaz que ama a una mujer y hasta capaz que tiene hijos y todo eso que hace más difícil a los revoclucionarios tirar  a matar porque están programados para amar, no para matar, y hay que darle mucho taller al bocho para meterle dentro que a veces hay que matar para amar hasta el final.

    O como decía el Che, que el amor consecuente hacia los humillados se transforme en el odio hacia los dominadores.

    Y por eso se quejaba de los comunistas argentinos, porque él decía que les costaba odiar y matar.

    El Ciego era uno de esos que desmentían al Che, era uno de esos que en vez de resistir la tortura hicieron cagar a un facho y eso lo hacía un héroe para el Marcelo que lo miraba y lo miraba mientras caminaban en el monte, cargados hasta los huevos con la mochila y la AK47 y  todo lo que el culeao del Ciego les hacía llevar arriba y abajo para que se acostumbren.

    Si supieran que al Ciego más que el deber lo impulsó el amor…

    Es que el rubiecito ese de la CNU había sacado el arma y apuntaba justo para el lado que estaba la Mechi y la Mechi era todo para él.

    No era la primera pero seguro que era la que más quería y cuando sacó, en ese instante eterno en que el dedo aprieta el gatillo, más que banderas rojas él pensó en las sabanas de la casa de Rosario, esa cerca del Monumento donde la mugre tapaba todo, todo menos el póster del Che.

    Hace dos noches le escribí a la Mechi y le conté, asombrado, que acababa de enterarme que la madre del Negrito Floreal había sido la madrina del Marcelo cuando la brigada del Café, mirá que casualidad que no se puede creer le dije, y fue ahí cuando la Mechi me contó que el pañuelo que la mamá del Negrito le dio al Marcelo éste se lo dejó al Ciego y que cuando el Marcelo murió en El Salvador el Ciego se lo dejó a ella de custodia y que cuando el Ciego se murió en el Túnel ella se dijo que tendría que devolvérselo a la Iris, pero se le olvidó y que cuando se volvió a Cuba se lo llevó de vuelta y que ahora no sabía que hacer, si traerlo a Buenos Aires o qué.

    Y me  preguntó qué pensaba.

    Así  que yo agarré el teléfono y marque los ochocientos números que hay que marcar para hablar a La Habana y le dije a la Mechi: negra, creo que lo que corresponde es que lleves el pañuelo a Santa Clara.  Y allí, en la tumba que construyen para el Che habría que dejarlo atado al vallado. Mirá bien, mirá bien porque casi seguro que ya andan por ahí los tres. Vos sabés como son y no se van a perder la oportunidad de verlo al Che.

    Así  que dejalés el pañuelo en algún lado, a ver si por no tenerlo, no los dejan desfilar cuando llegué el Comandante.

    Vos sabes lo estricto que son los de seguridad, a veces…

    .

    Posdata aclaratoria sobre el Ciego, el Marcelo y el Negrito Floreal

    Floreal Avellaneda, el Negrito, fue detenido por el Ejercito Argentino el 14 de abril de 1976, torturado y asesinado por empalamiento, su cadáver fue tirado al Río de la Plata y apareció en la ensenada de Montevideo casi cuando cumplía los 16  años.  A pesar de ser identificado, su cadáver fue robado por el Ejercito uruguayo y continúa desaparecido

    Marcelo Feito, el teniente Rodolfo, murió en combate en Chalatenango, El Salvador, el 16 de setiembre de 1987, cumpliendo misiones internacionalistas de su organización, la Federación Juvenil Comunista.  Su cuerpo permanece allí y ha sido honrado reiteradas veces por el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional

    El Ciego, militante de la Fede rosarina, ajustició a un integrante de la Triple A en el centro de Rosario en  mayo de 1975, justo en el mismo día que el Negrito fetejaba su útlimo cumpleaños. Estudió en Cuba y murió en un accidente de transito en el Túnel Subfluvial que une Santa Fe con Paraná una mañana de 1988.   Por extrañas pero comprensibles razones para el lector, todavía su nombre espera nuestro homenaje público.  Pero ya llegará la hora en que se transforme en plaza o en barco.

    Recién ahora descubro que un pañuelo había unido sus vidas y su muerte

    José  Ernesto Schulman,

    terminó  de escribir este relato,

    a la madrugada del 26 de junio de 2007,

    a los cinco años que mataron al Maxi y al Darío


  • La Liga Argentina   por  los Derechos del Hombre repudia la media sancion aprobada por el senado del proyecto de ley antiterrorista elaborado por el poder ejecutivo; que subordina la legislacion argentina a la estrategia norteamericana de dominio de los pueblos del mundo, so pretexto de su «guerra contra el terrorismo», y llama al pronunciamiento y   movilizacion popular contra los avances de esta normativa represiva que pretende calificar como «terrorista» a la lucha social contra la injusticia, mientras los verdaderos terroristas siguen impunes y celebran la nueva ley como un triunfo de la cultura de la muerte y el macartismo

    En el día de ayer, miércoles 6 de junio de 2007, el Senado de la Nación (en un gesto que lo   hace aún menos honorable) aprobó por mayoría casi unánime el proyecto de modificación del Código Penal elaborado por el Poder Ejecutivo y elevado a tratamiento con la firma del Dr. Néstor Kirchner que establece gravísimas modificaciones regresivas en un Código Penal que arrastra el impacto reaccionario de las propuestas Blumberg aprobadas en su momento con la misma aplastante mayoría que la de ayer.

    Resalta entre otras, la propuesta de crear la figura de «asociación ilícita terrorista» mediante la creación de un nuevo articulo 213 ter que propone considerar como actos terroristas a los cometidos para «aterrorizar a la población u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o abstenerse de hacerlo» para lo cual realicen una «acción de propagación del odio étnico, religioso o político » y «disponer de armas de guerra, explosivos, agentes químicos o bacteriológicos  o cualquier otro medio idóneo para poner en peligro la vida o integridad de un número indeterminado de personas» .

    Esto abre la posibilidad de que se sancione como acto terrorista a cualquier acción popular que pretenda modificar alguna decisión gubernamental. Supongamos que se pida aumentar el presupuesto educativo para que no existan escuelas sin calefacción en invierno, y que en el transcurso de las movilizaciones, la Policía o los servicios de inteligencia «descubran» con su labor de «investigación» que alguien tiene una granada de gas o alguna pistola tal como la Policía del Gatillo Fácil planta armas para justificar sus acciones.   Y no estaría de más recordar que sólo en  la «Bonaerense» hay cientos de efectivos que revistaron en centros clandestinos de detención bajo la dictadura o que el actual   Secretario de Seguridad de la provincia de Santa Fe, revistó como oficial de inteligencia en el nefasto Batallón 601, unidad de elite del Terrorismo de Estado que casi todos dicen condenar.

    El año pasado se presentó ante el Senado un proyecto de reforma al Código Penal que tendía a dar respuestas a algunos de los reclamos de diferentes organizaciones, como por ejemplo la incorporación   del delito de genocidio y a modificar algunos de sus artículos que, potenciados por la reforma Blumberg, han producido la existencia de un Código que no sólo es reaccionario, clasista y sexista, sino que ha perdido todo sentido de proporcionalidad entre delito y pena. Ese proyecto lejos de ser sometido al debate social, el gobierno de Kirchner optó por «congelarlo» y en cambio, envió la proyecto que terminó siendo aprobado por el Senado.

    Sólo nos resta afirmar que de sancionarse la llamada «ley antiterrorista»   en la Cámara de Diputados se habría dado un paso enorme en la creación de un cuerpo jurídico represivo que atentaría contra el NUNCA MAS, tanto como la impunidad de los secuestradores de Julio López, y da una vuelta de tuerca al estrangulamiento de esta democracia mínima que legitima a los Macri y los Sapag, quienes sueñan con multiplicar leyes como la antiterrorista.


  • Para Mariana, Javier, Ernesto, Fidel, Julia,

    Juan Pablo, Mauricio y  Nadia Schulman

    que no conocieron a su abuelo Mauricio.

    Estas hojas son la transcripción casi literal de los cuadernos manuscritos de mi padre, sólo he corregido (o agregado) la puntuación en aquellos casos en que la lectura se hacía confusa, por lo demás he tratado de dejar la versión original escritos en primera persona a modo de una autobiografía y con frases cortas y contundentes.

    Habrá tiempo luego para trabajar sobre estos relatos y preparar algún ensayo o pequeña novela.

    Pero eso será,  espero, obra de sus nietos o de quienes se sientan impactados de su pequeña gesta.

    Introducción necesaria

    El 24 de marzo de 1976 un grupo de tareas del Ejercito Argentino asaltó la casa donde la familia Schulman había vivido en el barrio Roma de Santa Fe, justo frente al viejo Mercado de Abasto,  por más de treinta años.

    Antes, en la noche del 5 al 6 de diciembre la habían volado con una bomba de alto poder que destruyó todo el frente y afectó toda la estructura.

    Fue parte del precio que mi familia pagó por mantenerse, cada  uno a su manera, fiel a las enseñanzas éticas y políticas de mi padre, Mauricio Schulman, fallecido en junio de 1974, militante sindical y comunista en los años treinta y cuarenta, activista del movimiento judeo progresista desde los cincuenta hasta  su muerte, hombre de principios toda la vida.

    El cuaderno de Mauricio Schulman

    Mi padre había llegado a la Argentina corrido por la hambruna que la guerra civil había abatido sobre la región rusa que limitaba con Polonia y que había pasado a su control con la paz de Brest con la que Lenín frenó la ofensiva alemana sobre la Revolución naciente, pero al costo de entregar territorios que habían pertenecido al Imperio Ruso por largo tiempo.

    Ya en Buenos Aires aprendió a escribir y leer en las Academias Pitman y en 1944 escribió unos cuadernos autobiográficos que siempre me fascinaron por el estilo directo y las aventuras que él había vivido a una edad en que yo iba a la escuela y no imaginaba lo que vendría en los años del terrorismo de Estado.

    Los presentes escritos están basados en esos papeles salvados milagrosamente de tanto allanamiento y tanta mudanza (de hecho,  durante años creí que estaban perdidos); por suerte no fueron nunca quemados ni tirados a la basura, fueron resguardados –como tantas otras cosas- por mi madre, verdadera “madre coraje” anónima, como tantas otras que no conocieron la fama, que recorrió las secciónales de Policía y las cárceles buscando sus hijos y que colaboró de los más diversos modos con la Federación Juvenil y el Partido Comunista en los años de clandestinidad y persecuciones sin dejar de actuar siempre al más puro estilo de una idishe mame, cocinando siempre como si siguiéramos estando en la casa de Santa Fe, cuando los domingos venían los estudiantes universitarios del interior a recordar cómo era la comida casera y si había canelones eran por bandejas y si era asado podían comer los que estaban y quedaba para picar frío a la noche.

    Mi madre murió casi veinte años después que Mauricio con dificultades de movilidad pero la mente intacta hasta al final.

    Celebró, con derecho propio, la destitución del Juez Torturador Brusa, como en su época había celebrado la libertad de sus hijos de la cárcel.

    Había nacido en Rosario en la primera decada del siglo XX, en los cuarenta fue a vivir a Santa Fe acompañando a Mauricio y volvió a Rosario a finales del ´76 escapando del terrorismo de Estado que la acechaba.

    Por el contrario Mauricio realizó en sus primeros años de vida toda clase de viajes: de Vilna a Smorgon y de allí a Kurenietz pasando por Kremenchug, Minsk y Elisavetgrad y otra vez para Vilna para luego emprender la aventura de viajar a París en tren y de allí cruzar el Océano y llegar a Buenos Aires donde años después volvería a subir a un barco para navegar hasta Comodoro Rivadavia y luego de retornar a Buenos Aires, irse a vivir primero a Rosario y luego a Santa Fe donde finalmente encontraría su lugar en el mundo..

    José Ernesto Schulman

    Nací en la ciudad de Vilna[1] en los nuevos edificios, como los llamaban, que eran una especie de casas municipales o conventillos.

    Mi padre era peón de una casa de comestibles por mayor.

    Parece que no le alcanzaban los cuarenta rublos que ganaba por mes y así fue que nos trasladamos a la ciudad de Smorgon[2], ciudad natal de mi madre, donde ella murió al tener yo un año escaso, de un ataque al corazón.

    Ella estaba sola en la casa y cuando se sintió mal, me colocó sobre un sofá, me resguardó con unas sillas y murió tirada en el suelo.

    Varias horas después recién se enteraron los vecinos, mi padre no apareció en todo el día…

    Mis tíos maternos adoraban a mi madre.

    En general, en la familia de mi madre eran exageradamente sentimentales

    De mi madre me hablaban como de un ser de lo más perfecto.

    Las dos familias, la de mi padre y la de mi madre, respectivamente, eran diferentes en todo.

    La familia de mi madre y ella, eran morenos con las características semitas, sentimentales y llorones, exageradamente sensibles y los de mi padre eran rubios, criados en los bosques a orillas del Bilea, río que cruza nuestra comarca, brutales y simples como era mi padre.

    Mi padre casó por segunda vez y cuando yo tenía cuatro años ya no quería estar con ella.

    Era mi madrastra.

    Era una campesina avinagrada de tanto esperar marido y a mi no me demostraba ningún cariño.

    Yo me iba con cualquier pariente que quería llevarme pero lo que más ,me gustaba era vivir con mi abuelo materno.

    Mi abuelo era maestro y director de una escuela de beneficencia, en idish se llama Talmud toyra.

    Cuando vino la guerra del 14 yo tenía cinco años, mi padre fue de los primeros movilizados y yo me quedé con mi abuelo.

    Llegaron los alemanes, estuvieron seis días, volvieron los rusos.

    Antes de entrar, dos días seguidos atacaron con la artillería.

    Yo me escapaba de casa para ver volar las balas de cañón, parecían pájaros negros.

    Cuando ya entraban las tropas nacionales vi la primera muerte.

    Yo estaba en la ventana, un alemán corría a pie.

    Tenían muchas bicicletas cerca en la Plaza del Mercado, pero él corría a pie.

    Un ruso a caballo, con la lanza larga lo ensartó a plena carrera.

    Me produjo una impresión imborrable.

    Entraron los rusos y se estableció el frente en nuestra ciudad.

    Una mañana mis abuelos me despertaron.

    En la casa había cosacos, llevaban sus nagaicas en sus manos (especie de látigo muy corto con un pedazo de plomo en el extremo).

    Teníamos que salir de la ciudad inmediatamente, como todos los vecinos.

    Mi abuelo se llevó la ropa de rezar.

    A mi me dio para llevar un enorme libro de rezos que apreciaba mucho y que tenía desde muy chico.

    Salimos de la ciudad, en el camino vimos muchos cascos alemanes y muertos.

    Caminamos todo el día.

    Mi abuelo me recordaba que no me pierda de vista porque si no me van a llevar en un carro como llevaban otros chicos perdidos que vimos.

    A la tarde acampamos en un bosque.

    Del frente cercano llegaron varios carros cocinas.

    Los viejos hicieron consejo, discutieron si se puede comer la comida treef en tal emergencia.

    Llegaron a un acuerdo: que las madres de pecho y las criaturas coman de la cocina y los demás la comida no cocida.

    Yo me sentía muy cansado.

    Sentía que habíamos caminado doce berse, unos trece kilómetros.

    Tenía seis años, me acosté al lado de un fogón, sobre una piedra muy plana.

    Alrededor había muchos fogones, cuando me desperté no había nadie.

    Yo empecé a correr desesperado y llegué al camino Real.

    Venía un carro militar con varios soldados, me recogieron pero no pudieron entenderme.

    Yo todavía no hablaba ruso.

    Me llevaron a un campamento y ahí me colgaron una bolsa militar y me empezaron a dar regalos para que me calme.

    Lo único que tenían era sujar (pan cortado en trozos y secado) y cuadraditos de azúcar.

    A la mañana me llevaron donde estaban los inmigrantes con mis abuelos en unos enormes trenes de carga, es ahí donde los llevaron anoche y como todas las ordenes zaristas eran cumplidas a empujones no dieron tiempo ni permitieron a mi abuelo buscarme.

    Antes de la salida del tren tuve otro percance, tenía que hacer una necesidad y el tren empezó a marchar, otra corrida para mi abuelo de 74 años.

    Llegamos a la ciudad de Minsk[3], allí nos instalamos con otros miles de inmigrantes venidos hasta de Polonia en la casa de las Sinagogas donde había varios edificios.

    Era un enorme gentío.

    En nuestro edifico había muchos portones acostados sobre dos caballetes que era la cama mesa a que tenía derecho cada familia.

    De las noches, me quedo grabado este espectáculo: cerca de nosotros un viejo estaba agonizando, sus familiares hacían un barullo enorme.

    También cerca una mujer estaba por parir[4].

    De otros tapchanes (así se llamaban estas camas todo uso) muchos se quejaban de dolor de estomago producido por el pan que no alcanzaba y se arrancaba medio crudo y caliente de las panaderías.

    Entiéndase que el pan era negro de centeno muy  grande dos kilos o más cada uno.

    Cada noche había peleas, una vez por una mujer otra porque se robaban.

    Estuvimos en este infierno tres meses.

    Empezó a cundir la peste del cólera.

    La gente moría como moscas, quemaban los cadáveres.

    Un día mi abuelo no volvió de la calle donde anduvo buscando lugar para sacarnos del infierno.

    Quemaron su cadáver en la fosa común.

    Estuve en un asilo para huérfanos.

    Un día vino a recogerme un tío hermano de mi madre.

    Mi tío era muy religioso y yo también me hice muy creyente.

    Luego, el año 1916, llegaron los alemanes y con ellos el hambre.

    Desapareció el pan y las papas en casa.

    Lo único que teníamos era una bolsa de avena.

    Todos los días mi tía agarraba un poco de avena lo ponía a secar y después lo machacaba en un mortero  de madera, con los granos hacía una especie de papilla………….

    (falta una hoja)

    Llegó la Revolución[5], mi tío venía a casa enojado.

    Lo único que entendía era que la revolución va contra la religión.

    Un día vio como un zapatero habló en un mitin que no necesitábamos más la vieja toyra (biblia), que ahora teníamos una nueva toyra, esto era lo más indignante para él

    Pero un día atenuó su parecer sobre la revolución….a la hora de comer nos contó algo alegre: en la calle Del Gobernador vio con sus propios ojos barrer la calle a Lecert, el multimillonario dueño de todas las fabricas de cerveza de la zona.

    Los chicos empezamos a percibir en la escuela un ambiente diferente.

    Algo inexplicable para nosotros pero más agradable.

    Me recuerdo: la sensación era la misma impresión que un chico percibe entre una persona simpática y una antipática.

    Las nuevas autoridades bolcheviques nos eran simpáticas, nos empezaron a enseñar en idish todas las materias cosa que nos asombraba porque creíamos que el idish, como dialecto que era, solo se debía usar en casa.

    Seguía el hambre pero ahora nos daban de comer en la escuela dos veces: a la mañana leche con pan y antes de ir a casa, almuerzo.

    Un día hubo un alboroto tremendo: en cada plato de sopa era bien visible un pedazo de carne.

    Tenía un aspecto diferente.

    No tenía nada de grasa y era muy colorada.

    El gusto era agradable un poco dulzón.

    Después supimos que era carne de caballo.

    En casa de mi tío, mis primos me dieron un apelativo –el comecaballo-; creo que era de envidia.

    Vino mi padre.

    Yo lo miraba como un hombre extraño.

    Decía que hacía seis meses que volvió de Alemania donde fue prisionero de guerra y se instaló en Ucrania con mi madrastra, en la ciudad de Elisavetgrad[6], a mitad de camino entre Kremenchug y Ecaterinoslav (actual Voroshilovgrad[7]).

    Me llevó consigo a otra casa donde él se hospedaba.

    Le hizo un chiste acerca del cabello corto que usaba una muchacha, ella le contestó que vivimos en el siglo XX…

    Era la primera vez  que empecé a pensar que vivíamos en una época nueva, el siglo XX.

    Empezamos a viajar, mi papá traía una chica de mi misma edad, once años, que le habían pedido unos hermanos que se las llevara.

    Nos metimos en un tren de carga lleno de viajeros.

    Llegó la tarde, yo estaba lleno de emociones.

    El que más me impresionaba era mi padre

    Era la hora de rezar y en vez de rezar empezó a comer fiambre treef y nos convidó.

    Yo lo miraba extrañado, no parecía un id (judio): rubio, con bigotes, afeitado, con saco corto (era verano).

    Pasamos Rumen Gomel.

    Al otro día en medio del campo el tren paró.

    La orden era que tenían que apearse todos los pasajeros.

    Tenían que subir soldados rojos en Kremenchug.

    Estaban los bandidos de Gregoriev que se sublevaron contra el Poder Soviético.

    Llegamos a la ciudad de Kremenchug.

    En el tren ya percibimos la atmósfera de progrom[8].

    Alguien contaba que echaban a los judíos de los trenes en marcha.

    Nos alojamos en casa de conocidos de papá a dos o tres cuadras del Dnieper[9].

    De nuestra casa se veía el enorme puente.

    Los judíos estaban aterrorizados, esperaban un progrom.

    Se decía que los judíos iban a hacer resistencia y que estaban armados.

    El hecho es que progrom no hubo, pero todas las noches encontraban muertos a comunistas y judíos

    Una mañana me mandaron  a comprar algo y vi un hombre asesinado en un enorme charco de sangre (nunca imaginé que un hombre tuviera tanta sangre) y con los pies desnudos.

    Le robaron las botas.

    Los pies estaban amarillos.

    Lo que más me aterrorizo eran los pies amarillos.

    No teníamos ni un centavo y queríamos comer[10], mi papá se decidió y fue a la estación a pedir trabajo a los bandidos, le dieron trabajo sin notar que es judio.

    De paso diré que el lema de los bandidos ucranianos de Gregoriev, que eran nacionalistas, era “mata judíos” y cachaps ( cachap es el seudónimo de los habitantes de la Rusia central).

    Así pasamos seis semanas.

    Empezaron a atacar los rojos

    El último día de la estadía de los bandidos ocurrió algo que despertó mi admiración hacia  mi padre

    Se decía que los rojos ya están en los suburbios, y que a los bandidos los venían acorralando hacia el Dnieper.

    Entonces apareció una señora llorando y llamando a mi papá

    Gritaba que un bandido le estaba saqueando la casa

    Mi papá entró en la pieza, yo detrás, el bandido estaba muy ocupado buscando en los cajones de una gran cómoda.

    El fusil con la bayoneta calada lo había dejado como a dos metros; mi padre entró y agarró el fusil y le preguntó de sopetón ¿qué busca?, después le encerró en una pieza donde quedó hasta que los bolcheviques llegaron al río Dnieper, lo que recién fue a  la tarde.

    Llegamos por fin a la ciudad donde estaba instalado mi padre, Elisavetgrad,

    Nueve semanas nos duró el viaje: 6 semanas en Kremenchug y tres por los caminos.

    La ciudad tenía un aspecto siniestro, ahí los bandidos de Gregoriev habían hecho un progrom feroz.

    Llegamos a casa, la gente recién salía de los escondites

    En la casa mataron a dos, a un viejo y a un farmacéutico.

    Al farmacéutico lo mataron después de conversar con él y arrebatarle comida, por miedo a que los denunciara después

    En la casa de al lado, un borracho partió en dos a una criatura.

    Los rojos duraron varios meses.

    Llegaron los de Pleturia, después Majnó, después Denikin[11].

    Denikin, extraoficialmente, prohibía los progroms, tenía que comportarse bien frente a sus amos, los aliados .

    Permitió organizar autodefensas judías.

    En nuestra cuadra se organizó un grupo, consiguieron armas, que se escondían durante el día.

    Por fin llegaron otra vez los bolcheviques, pero antes tengo que recordar algo

    Un día iba corriendo por la ciudad y llegué a una plaza que se llamaba la Plaza de los Junkers, ahí vi una escena que no recuerdo bien, porque no quería mirar bien.

    Había muchas horcas donde estaban colgados los comunistas.

    Los de Denikin colgaron muchos obreros comunistas por la delación de un cura que se llamaba el Pope negro, esto pasó y llegaron los rojos.

    Todos los muchachos del conventillo donde yo vivía, salimos a la calle, nos atraían los rojos aunque ninguno sabía la diferencia.

    La única diferencia para nosotros era que los rojos no son antisemitas.

    En la calle encontramos…  (se interrumpe el manuscrito)

    Venía el año 1920, yo tenía 12 años, cada vez había más hambre

    De las provincias centrales venían hombres y mujeres escapando del hambre, estaban pegados a los trenes como moscas en los techos, en los paragolpes colgados por todos lados y como moscas, por más que los tiraban abajo se colgaban de nuevo.

    Muchos campesinos, después de un viaje de meses (trenes de pasajeros no había, excepto los oficiales de propaganda o administración, que tampoco expendían boletos), llegaban a Odessa, juntaban una bolsa de sal y  después de otros meses de peripecias volvían a su tierra con la preciada carga.

    Vivíamos en la casa de unos parientes obreros.

    Los mirábamos con envidia. el hijo un obrero curtiembrero traía a casa los bonos para las raciones; además traía la parte que le correspondía por lo que conseguía el comité de fábrica que vigilaba a los especuladores..

    Con el yerno de la familia, cargador en un molino y recién casado, hice un trato: me dio su tarjeta vale para una comida en un restaurante colectivo y yo le tenía que conseguir verduras.

    Tenía mis huertos predilectos, especialmente al lado del riachuelo, ahí hurtaba todos las mañanas rabanitos, pepinos, a veces tomates.

    Me turnaba con mi padre con la tarjeta.

    Después intenté varios negocios: fabricaba cordones para zapatos, sacaba vidrios de las ventanas con cortaplumas a casas deshabitadas o habitadas, a veces me metía en techo ajeno y hurtaba alguna ropa y lo cambiaba en el mercado por repollo y pan. pan blanco como en los buenos tiempos de Ucrania

    Un día vagando por azoteas y paredes descubrí un deposito de calzado de goma usado, los sacaba a través de la tabla desclavada, yo estaba tan flaco que pasaba por ahí.

    Con las suelas en buen estado nos mantuvimos varias semanas.

    Los campesinos evitaban vender sus mercaderías por dinero porque después no conseguían nada para comprar.

    No había fósforos y hacían fuego con una piedra, ni vidrios, ni suelas para las botas, ni géneros para ropa, ni tabaco.

    También anduve con un balde y voceaba si alguien quería darle de beber a su caballo porque nos apercibimos que los campesinos que tenían que cuidar, y a veces defender a los carros de los pequeños asaltantes, donde también a veces me encontraba,  no podían abandonar los carros.

    También vendí cruces, unas crucesitas deslumbrantes.

    Los campesinos nos miraban con sorna y nos invitaban para que vayamos a servirles de pastores en las aldeas.

    Un día una campesina viendo la cara de hambre que yo tenía y los quesos[12] se me veían por todos lados se puso a llorar y a darme empanadas rellenas con queso.

    Yo devoraba las empanadas y ella lloraba. Hubiera liquidado a todas las empanadas si no hubiera venido el marido..

    Un día varios muchachos supimos que en Kremenchug, se podía comprar tabaco suelto barato, majorca se dice acá, la Hija del Toro. conseguimos unos pesos cada uno y nos fuimos.

    Esperamos un tren más de 24 hs., por fin conseguimos un tren de soldados de caballería, digo caballería porque tenía caballos en el mismo vagón

    A la vuelta tuvimos más dificultades. estaba muy lleno, viajamos unas 15 hs. en el paragolpes.

    Suerte que en cada estación paraba y caminaba a lo sumo a 20 kms. por hora.

    Así hice varios viajes hasta que al cuarto…mientras estaba esperando un tren que no venía ya el segundo día, después de dormir la noche anterior en un banco de estación, vino un hombre vestido con el famoso capote militar del Ejercito Rojo pero sin otras distinciones ni armas y me llamó.

    Entramos a un pequeño despacho donde me hizo desvestir.  buscó prolijamente en todos los bordes de mi ropa y zapatos. miró si la suela estaba bien clavada y encontró lo único que yo dije que tenía, unos 25 rublos para comprar 10 libras de tabaco suelto.

    No me gritó ni me reprochó nada, le dije que voy a Kremenchug a comprar tabaco para vender con un vasito en la feria de Elisabetgrad; me preguntó si tenía padre.

    Mentí al principio y dije que no, después dije que si y le di mi dirección,

    Vino otro hombre vestido de militar e hicieron algunos chistes. trajeron a mi padre, ahí empezaron los gritos. le gritaban que si no le daba vergüenza dejar ir por los trenes un chico solo y que si me ven otra vez por la estación, lo van a meter preso a él.

    También mi padre emprendió varios negocios e industrias de paso en la guerra civil.

    Todo el mundo fabricaba algo: un vecino nuestro fabricaba fósforos. cada fósforo tenía 20 cms. de largo por 10 milímetro de grosor. los campesinos compraban 5 fósforos y lo partían en 50 pedazos.

    Mi padre fabricaba jabón que era muy malo.

    Entonces se puso a curtir suela que también era muy mala, cuando llovía se hinchaba como si fuera viva.

    Se hizo carnicero.

    Los animales se compraban de noche.

    Les estaba prohibido vender a los campesinos.

    Los campesinos vendían porque no tenían que darles de comer.

    Empezó el año de la sequía.

    Todos estos negocios duraban poco.

    Seguíamos teniendo hambre.

    En verano era más fácil. yo me metía en quintas ajenas. en carros de campesinos.

    Pero llegó el invierno de 1921. ya ni los campesinos venían a la ciudad.

    El gobierno soviético firmó la paz con el Polaco y un intercambio de inmigrantes que querían volver a su región natal.  resolvimos volver a nuestra casa que estaba bajo Polonia.

    Mi padre tenía deseos de volver a nuestra casa en la ciudad de Smorgon, con la ilusión de encontrar algo de lo que dejo la casa con una quinta de cincuenta mts. por veinte (la casa era heredad de mi madre)

    El problema de volver era difícil.

    No teníamos ni un centavo para la mantención.

    El viaje era gratis.

    De yapa mi madrastra tuvo una nena después de 10 años de casada.

    Lo único que pudimos vender era un reloj de plata, con él compramos unos 10 kgs. de harina y 20 libras de maíz.

    Mi madrastra hizo de la harina una especie de tortas.

    Era lo único que llevábamos y la hermanita de seis semanas.

    Empezamos el viaje a principios del invierno y fines de 1920. era un vagón de carga con estantes que llaman en ruso, nari, en medio del vagón había un horno de hierro que su chimenea sobresalía por el techo.

    La única leña o carbón que conseguíamos había que robarla donde se podía.

    En las estaciones, de los cercos donde paraba el tren, porque a la locomotora de nuestro tren que nos llevaba hasta la frontera polaca, Robno, le pasaba lo que a la hornalla de nuestro vagón, falta de carbón y leña.

    En el vagón todos más o menos se acomodaron menos yo, me quedé al lado del horno y cuando me dormía caía mi frente sobre la plancha del horno, de modo que la tenía llena de quemaduras.

    El único tesoro que yo tenía era un par de botas más menos en condiciones que al lado del fuego se hacen daño.

    Mi padre no veía mis quemaduras de la frente, sino que temía que arruine mis botas y siempre me gritaba cuidado con las botas.

    El pobre tenía razón. pues, ¿que haría en invierno sin botas?.  la piel de la frente puede crecer de nuevo, pero las botas no crecen.

    En el camino pasamos hambre.

    Mi hermana sobrevivió de puro milagro, mi madrastra no tenía leche (como no comía)

    No teníamos azúcar que era un articulo raro en tiempos de guerra civil, entonces agarraba una pastilla de sacarina -que es veneno lento- y lo ponía en un trapo mojado y la daba de chupar.

    A veces nos bajábamos a un pueblo mi padre y yo.

    Y mi padre golpeaba en la puerta y pedíamos comida.

    Recuerdo dos casas, entramos en casa humilde, mi padre pide comida para mi, me dan una taza grande de sopa de arroz, que quedó grabado en mi memoria;. el otro recuerdo era una casa pudiente donde nos dieron de comer en la cocina  y nos dieron para el viaje arenque y un pan.  Teníamos una alegría inmensa.

    Empezaba a apretar el frío, empieza a nevar, yo tenía cada más quemada la frente, de tanto caerme sobre la plancha de la hornalla.

    Papá seguía recordándome que me cuide las botas.

    Una mañana un viejo murió en el vagón.

    El medico dijo que era de frío (no todos los días teníamos leña o carbón)

    El viaje hasta la frontera duró unas seis semanas, normalmente debería durar unas 48 horas.

    Los transportes en la Unión Soviética era algo como si estuviéramos en el desierto africano.

    Los recuerdos de viajes durante la guerra civil que tengo es como diría Jack London algo ancestral.

    Y el momento culminante era cuando el tren arranca y nunca estabamos seguros que si arranca para marchar o para maniobrar.

    Por fin llegamos a nuestro destino, la ciudad de Vilna.  Otra vez nos alojaron en barracas de inmigrantes.  Acá ya nos daban de comer creo que instituciones norteamericanas.

    Salí a la calle a vagar como siempre desde que estaba con mi padre, no estaba sujeto a las consabidas preguntas ¿adonde vas?

    Recuerdo una temporada en Elisavetgrad, estaban los bolches, en el gran Teatro que se llamaba de Invierno.  Había una compañía ucraniana, para los soldados rojos y escolares era gratis el Paraíso del teatro.  Todas las noches iba a ver el maravilloso Teatro Ucraniano tan lleno de colorido, cuando volvía a casa saltaba la empalizada pero la puerta tenía que golpear, mi padre me abría rezongando pero al momento se olvidaba y me pedía que le cuente la obra y yo le contaba la obra de acuerdo a mi visión de 12 años.

    En la calle, por una casualidad que antaño se clasificaba de milagro,  me encontraron mis primos, los mismo que en su casa en la ciudad de Minsk pase los tres años de la guerra, me llevaron otra vez a su casa.

    Después de sacarme los piojos, que buen trabajo le costó a mi tía, mi tío empezó otra vez a encaminarme al buen camino.  Tenía que empezar a rezar dos veces por día y ponerme a la mañana los signos de la fe ya que cumplí los trece años.  Esos signos vienen en cajas de cuero que son dos y tienen tientos para poder atarse u no a la frente y el otro al brazo izquierdo, o derecho ya no me acuerdo bien.

    Empecé a aprender oficio aparrador de zapatos, ahí recién me di cuenta que era muy débil.

    Mi padre estuvo muy enfermo, lo supe después que estaba a punto de morir de tifus cuando se restableció. Quiso ir a la ciudad de  Smorgon, donde antes de la guerra vivíamos encontró montes y ruinas, entonces se estableció en su pueblo natal Kurenietz en camino a Minsk.

    La ciudad de Vilna.

    Yo nací en ella pero la conocía recién ahora a los treces años al volver.

    Mi tío vivía cerca del río Vilna.

    Detrás de la casa había un lago que estaba separado con un cerco.

    Por las rendijas veía muchachos nadando en el lago.

    La ciudad, en las afueras, está rodeada por un hondo hoyo.

    Antiguamente era una ciudad fortificada.

    Hay un parque público, el Terek, que está a la orilla del Vilna.

    En el parque hay un museo con un mirador muy alto[13].

    Cuesta 10 grosen, 10 centavos.

    Es la antigua fortaleza y residencia del Rey de los Lituanos, cuando Vilna era capital de Lituania.

    La universidad data de la edad media pero lo más maravillo son sus catedrales.

    Había una que siempre iba a mirar, a escondidas se entiende.

    Tenía un enorme reloj que decían que data de siglos y cuando tocaba empezaban a desfilar las figuras de la biblia.

    Otra catedral muy sagrada que era tan grande que tenía una calle en el medio, por allí venían siempre arrastrándose los religiosos de rodillas y toda la gente y no podían pasar con la gorra puesta, de día el reflejo del sol deslumbra las maravillosas aplicaciones y adornos.

    Mi padre venía a menudo a Vilna traía huevos y manteca para vender, con la ausencia se mostraba más cariñoso.

    Yo andaba muy débil. me agarraba una especie de tembleque parece que eso me vino de nadar en el lago pero no me impedía vagar por el río.

    Un día me encuentro con dos muchachos pendencieros, eran dos hermanos mayores que yo, aprendices panaderos, me empezaron a tirar piedras, en ese momento vino mi primo que tenía tres años más que yo, era un muchacho enfermo crónico.

    Les replicó porque me tiraban piedras, ellos se abalanzaron sobre él; eran unos muchachos fornidos.

    Yo en mi desesperación empezaba a gritar y a llorar.

    Agarré una piedra grande y le golpeé en la cabeza a uno.

    Le abrí la cabeza, quedó bañado en sangre.

    El tonto de mi primo lo contó casa.

    Ante mi asombro, mi tío y  mis primos mayores no me retaron.

    Mi padre me llevó a un Hospital, el medico que me revisó le aconsejó que me lleve consigo al campo.

    Nos fuimos al pueblo natal de mi padre, Kurenietz.

    Ahí vivieron y murieron su padre, su abuelo y nuestros antepasados de muchas generaciones.

    Para nombrar a la gente del pueblo, no lo hacían por el apellido, porque la mitad del pueblo tenía el mismo, sino con los nombres de su abuelo y bis abuelo.

    El pueblo está en un bajo, circunscripto por sus ejidos. Cinco calles.

    De cada casa empieza una porción de tierra de media a tres hectáreas.

    La mayoría del pueblo son judíos, casi no había ninguno que no tenga su pedazo de tierra donde sembrar sus papas y sus legumbres.

    En esta región no hay recuerdo de progroms y muy poco antisemitismo.

    Cuentan que en la ciudad de Smorgon, de donde es mi madre, en 1905 organizaron un progrom las centurias negras, en esa ciudad que se dedicaba a la elaboración de cuero y era famosa por su movimiento obrero, las centurias negras querían a toda costa un progrom.

    En un día de gran feria lo organizaron.

    Trajeron agitadores y matones de otra región.

    Justamente, por estos agitadores y las caras nuevas de los matones, lo supo toda la ciudad.

    En las fabricas se organizaron grupos de defensa entre obreros judíos y rusos.

    Prepararon armas, principalmente látigos cortos (nagayka) al estilo cosaco con pedazos de plomo o hierro cosidos en la punta plana y en el día designado para el progrom le dieron tal paliza a los agitadores del progrom (progromshiky) que se hizo famosa por toda la región.

    Después de los ejidos empiezan los bosques.

    Todo el pueblo está rodeado de bosques.

    En verano me gustaba vagar por los bosques.

    Le pedía a mi madrastra un pedazo de pan y me llevaba una cacerola y me iba al bosque.

    El más cercano estaba a unos 1.500  metros, el más lejano a unos 3.000 metros.

    En el bosque encontraba manzanas silvestres, frutillas y tres clases de una pequeña frutilla.

    Depende de la estación del año, en primavera es rosada, en el verano es negra y en el otoño hay una colorada media ácida que tiene sabor delicioso.

    Además hay hongos que hay que saber buscarlos porque se esconden.

    Las mejores son dos clases.

    Unos con cabeza colorada y los otros los reyes de los hongos, los que se venden para Norteamérica y se secan y se cuelgan de a uno como si fueran collares: son negros por fuera y blancos como la leche por dentro.

    Los baranovik (que así se llamaban) eran mi obsesión.

    A veces iba con mi abuela paterna.

    Ella que nació allí y era ágil como una ardilla a pesar de sus 68 años y haber enterrado cinco maridos me enseñaba como buscar hongos baranoviki.

    Cuando se podía, se compraba azúcar y entonces se hacían magnificas compotas y vinos que duraban todo el invierno

    Adolescencia

    Tenía catorce años; aquel invierno alguien me llevó a la biblioteca del pueblo, lo que aprendí hasta ahora era bien poco aunque múltiple, hasta los diez años cuando estaba bajo la tutela de mi tío, hombre muy religioso, aprendí la Biblia y el Talmud, un poco a leer y a escribir en idish, a leer y a escribir en hebreo, leer y escribir el  ruso y cuando llegaron los alemanes, algunos meses después, hasta garabatee alemán con letra gótica.

    Cuando mi padre volvió y me llevó consigo a la ciudad ucraniana de Elisavetgrad, entramos de lleno en la peor época de la guerra civil, la ciudad donde vivíamos cambiaba cada mes de poderes,  la lucha por la existencia era una cosa terrible,  lo menos que se ocupaba al padre era mi ocupación, así que cuando llegué a los catorce años retenía muy poco lo que aprendí hasta los diez años.

    Pero lo que no aprendí en la escuela, algo aprendí en la vida.

    Ya tenía en mi haber el recuerdo de varias provincias, primero el  viaje con mi padre de Minsk a Elisavetgrad; después viajes con mi padre de comercio clandestino a Balta y otras ciudades cerca del Mar Negro; después hasta hice tres viajes a la ciudad de Kremenchug, después hicimos el viaje de vuelta a nuestros pagos con mi familia.

    En la época de la Revolución los trenes eran un hervidero de gente de toda ralea, no había trenes de pasajeros, los trenes se descomponían en trenes militares de altos jefes o de propaganda, que generalmente se componía de vagones de pasajeros y trenes de vagones de carga, donde se metía a brazo partido todo aquel que tenía que viajar; el vagón era una mezcolanza de gente de toda calaña: funcionarios de gobierno, especuladores, soldados, campesinos, que hacían un viaje de tres mil kilómetros para traer una bolsa de sal de Odessa.

    En este ambiente hice mi aprendizaje de la vida durante dos años.

    Como dije al principio, poca educación tenía a los catorce años pero inquietud por conocer, sí.

    Empecé a leer con gusto el primer libro, era la Isla Misteriosa de Julio Verne; después me gustaron muchos libros de historia y descripciones de territorios.

    Un día me llevé para leer un libro: Historia de la Cultura de Felipe Aranc, describe con suma claridad la historia de las religiones y que significado tuvo el sentimiento religioso en el hombre primitivo, después de leer este libro sentí un gran alivio, me hice un ateo consciente.

    Al pueblo empezaban a venir nuevas ideas,  era en pleno auge de del movimiento sionista, 1923/24; yo también me adherí al círculo juvenil lugareño, me gustaron los discursos o mejor dicho las ideas que traían los delegados de Vilna que en resumen eran “los cristianos nos desprecian porque estamos desparramados por todas partes y somos la mayoría improductivos…tenemos que reunirnos en una sola patria, Palestina” y ser productivos, aprender oficios, trabajar en la tierra, etc. – y ya que haremos una nueva patria, nosotros, que seremos los dueños y señores, haremos todo perfecto e ideal (ingenuo de mi) yo creí a pie juntilla todo esto.

    Después de algún tiempo tuve mi primera desilusión, a tres kilómetros del pueblo había un establecimiento industrial  (Smoliarne en ruso)que extraía de los arboles resinosos del bosque circundante productos químicos diversos, los hijos de este industrial judíos eran los sionistas más entusiastas y a propuesta de ellos organizamos excursiones a este establecimiento los sábados, y para hacer ejercicios.

    Pero para ir al bosque íbamos en grupo y mis amigos, hijos de tenderos  miserables, algunos otros de comerciantes más prósperos, se negaron a ir juntos y ser amigos de los hijos de los herreros, sastres, zapateros, ebanistas del pueblo que a su vez eran aprendices o ya trabajaban en los oficios de sus padres.

    Yo que los tenía por predilectos teniendo en cuenta las palabras de los voceros sionistas un poco se me destartaló la fe en el sionismo a pesar de que el ideal no tenía culpa ni cargo.

    Empiezo a ayudar a mi padre.

    Mi padre aunque no se parece en lo físico a los demás judíos del pueblo, va siempre afeitado, usa saco americano, se lava todos los días medio cuerpo con agua fría  en invierno y verano en una palangana de madera, es de aspecto alegre principalmente después de una cena con carne, nuestra familia consume mucha carne, somos el comentario del pueblo, consumimos un kilo y medio de carne por semana.

    Nuestros medios de vida son como los de la mayoría de los judíos del pueblo, consideramos los productos campesinos de acuerdo a la temporada: hongos, pelo de cerda y de caballo, pieles,  lino, paja de lino, etc.

    Yo también voy solo al mercado y compro pelo de cerda y alguna piel varias veces me equivoco de calidad pero mi padre no se enoja y dice que nadie nace sabiendo, también compramos cuero de caballo y de vaca y de ternera, en verano hay que salarlos para que se mantengan bien entonces padre me cuida mucho para que no toque el ano o los ojos antes de lavarse las manos.

    Las relaciones entre mi padre y yo son muy diferentes como entre los otros muchachos del pueblo con sus padres, mi padre no me regaña ni me grita, somos compañeros, tengo absoluta libertad hasta en el dinero porque ya llevo dinero para comerciar en el mercado del pueblo y en los pueblos vecinos donde voy a pie o en tren.

    Los campesinos simpatizan conmigo porque soy rubio como sus hijos.

    Con la única que no me llevo bien es con mi madrastra una mujer alta y seca como un palo, que por cualquier sandez peleaba conmigo, lo que más me irritaba eran las acusaciones injustas que me hacía, por ejemplo cuando jugaba con su hija de años y la chica se golpeaba, decía que yo lo hacía a propósito.

    Tengo un amigo; su familia es la más prospera del pueblo su casa parece una feria continua, compran cereales, todo el día los campesinos entran y salen de esta casa, por eso me gusta estar allí, además de vez en cuando trabajo para su padre seleccionando y acollarando hongos junto con varias chicas del pueblo

    Hay una muy mentada por su belleza y sus flirts, es cristiana y tiene un hermano militar de alta graduación en el Ejercito Rojo, un día un grupo de muchachos cristianos, pueblo afuera, se disponían a darme una paliza, el pretexto era un perro que yo llevaba y les chumbeaba, mi suerte fue que pasó esta chica que se puso a defenderme y casi se agarra a piñas con tres o cuatro de mis atacantes.

    Ahora trabajaba junto con esa muchacha sentado en círculo, es verano y  todos vamos descalzos, yo no se que hacer con mis piernas que siempre topan con los de la muchacha, la solución la da ella que me acomoda la pierna debajo o arriba de los de ella.

    Un anochecer viene mi amigo a mi casa me llama afuera, al principio no comprendo, una muchacha que trabaja enfrente de la casa de él y se llama Malke (Rejina) quiere hacer de novio conmigo, al principio no quiero, pero el insiste como si tendría un interés especial en eso (y lo tenía); empezamos el noviazgo

    Mi amigo es el  intermediario, al principio me transmite las citas donde también acude él, ella lo mira de mal modo y me incita para que lo eche.

    Yo tengo quince años, tango ya la altura de ahora, un metro sesenta y cinco centímetros, soy muy delgado y fuerte, ella debe tener 16 años, es de cuerpo grande con senos muy desarrollados y le gusta que  yo los manosee.

    El pueblo donde vivo con mi familia de donde es oriundo mi padre por muchas generaciones se llama Kurenietz o Kureniec, está en el camino Minsk – Vilna.

    De Minsk estamos apenas a 70 kilómetros o menos,

    La población es en su totalidad rusa blanca, la zona fue anexada a los polacos después del tratado de Brest Livstok

    Los polacos nos tratan como pueblo conquistado, todos los funcionarios son polacos venidos de afuera.

    En las oficinas solo se permite hablar el polaco que únicamente hablan los funcionarios dado que la población no lo sabe.

    Las haciendas y tierras que fueron expropiadas por los bolcheviques y entregadas a los lugareños fueron otra vez quitadas y ahora las explotan colonos polacos ex legionarios, el monopolio del vodka, tabaco y otras productos que no recuerdo fueron adjudicados a funcionarios polacos, la zona se asfixiaba de inercia.

    La juventud empezaba a huir.

    La juventud campesina pasaba la frontera y se iba a trabajar  a Minsk (hasta el año 1923/24 se podía cruzar libremente); la juventud judía iba a Palestina y América (siempre hay excepciones, una familia parientes nuestros, obreros curtiembres pasaron también la frontera rusa) y se fueron a Minsk

    Nosotros nos carteamos con el tío Abraham[14] de la Argentina, yo le escribo una carta si quiere mandarme plata para el pasaje, quiero irme a la Argentina, primero me manda una negativa y de repente, después de unos meses me llega un pasaje y además 23 dólares norteamericanos.

    Tengo que hacerme los papeles en las oficinas polacas de cabeza de distrito, son puras dificultades, además no tengo fe de nacimiento, se quemó junto con la casa de Smorgon en tiempo de guerra y solo se permite salir del país hasta los 17 años.

    Durante tres meses camino todos los días 9 kilómetros de ida y 9 kilómetros de vuelta a la cabeza del distrito Wileyka para gestionar los papeles hasta que por fin los consigo casi por milagro.

    La cosa fue así, al pueblo llegó un millonario americano a visitar su hermana, cuyo hijo es amigo mío, jugamos juntos al fútbol en la plaza del mercado con una pelota que compramos entre ocho

    El padre de este muchacho es el hazmerreír del pueblo por las hazañas que se adjudica;, la hazaña más famosa que contaba era que una vez viajando en tren, a orillas de un lago vio tantas nutrias que se armó de una bolsa y las cazaba a manotazos y cazó más de 20 que en idish se expresa así………..

    Lo chistoso del asunto es que la nutria de nuestra región mide más de un metro a un metro y medio y a cazadores expertos le cuesta a veces una semana de acecho para cazar una o dos.

    El millonario decide llevar a esta familia a Palestina y su secretario y sobrino hacen los tramites en la cabeza del distrito, Wileyka

    Los consiguen en tres días, los dólares norteamericanos les abren las puertas de los funcionarios, ahí me ve este muchacho americano y yo le cuento que hace tres meses que voy todos los días a peticionar mis documentos, para el otro día tuve los papeles en orden.

    Mientras hacía tramites para irme, seguía trabajando.

    Mi padre hacía viajes de negocios por tren aquella temporada, salía los domingos de casa y  volvía los viernes

    Por la desvalorización de la moneda polaca el viaje en tren costaba una insignificacia.

    Como no  tenía dinero por la ausencia de mi padre y nuestro capital era ínfimo (en tiempo prospero no pasaba de 200  pesos argentinos) fui de un comerciante amigo mío que  me dio un poco de dinero con la condición de venderle a él la mercadería que yo consiguiera.

    Yo me fui por tren a Molodechno, a unos 25 kms. de mi pueblo

    En Molodechno paré en la hostería de unos parientes que nunca me habían visto y cuando supieron el hijo de quien soy, no sabían que hacer conmigo de alegría

    A la mañana en la feria, en una hora gasté todo mi dinero, compré pieles de ardilla y pelo de cerdo y gané en la operación 23 zlotes.

    Cuando mi padre lo supo, se puso muy contento; este episodio paso más o menos una semana antes de terminar los tramites para el viaje.

    De repente le entró a la cabeza a mi padre la idea de que no me vaya, me decía: no me importan los gastos que hiciste, vamos a devolver la boleta del pasaje de 73 dólares y para reforzar sus argumentos movilizó a todos los parientes, vino mi tío abuelo Berel, un campesino con ocho hectáreas de tierra, tres vacas y caballos, hombre fuerte a sus 70 años y de haber enterrado tres mujeres

    Decían que se tomaba todas las mañanas un samovar de té con una cacerolita de leche, tenía hijos de las tres mujeres desparramadas por todo el orbe, un hijo comisario famoso en la zona durante la ocupación de los rojos estaba ahora en Rusia, otros en Londres; el tío Berel me largó un sermón sobre el egoísmo del hombre americano y lo desamparado que voy a estar entre gente y país extraño.

    Después vino el tío Hershl, un hombre muy nervioso, de él decían que cuando se enojaba les mordía el traste a los caballos, como lo hacía no se

    Cuando m padre se convenció que nadie me quita el viaje de la cabeza hicimos los preparativos; tenía 16 años y estabamos a fines de 1924 en diciembre.

    Ya hace varias semanas que cae nieve, los lagos y riachos ya están bien congelados

    En vísperas de la noche de mi viaje, mis amigos me hacen una fiestita de despedida:  tomamos vodka de 45º y comemos arenques con pan semi-blanco, después nos vamos a deslizar con patines por la laguna helada del pueblo

    Como no consigo más que un patín me doy muchos tumbos y muchos golpes, pero pienso que tal vez sea la última vez que patino sobre hielo y me resigno a los golpes.

    El tren pasa a las 12 de la noche, la parada está a unos tres kilómetros del pueblo viene un trineo a llevarnos, poca ropa llevo

    Me despido de antipática madrastra, mi abuela está sentada en su lugar predilecto sobre el horno, ahí también duerme y ahí me ha contado múltiples cuentos sobre mis abuelos y bis abuelos, todos hombres pegados a la tierra y los bosques de la región, judíos fuertes y respetados por los cristianos.

    Partimos con el trineo; mi padre me acompaña, al arrancar el tren mi padre me abraza tan fuerte que casi me caigo junto con él de los escalones del tren.

    En el camino a la estación casi no hablamos, no me dio ningún consejo, como hicieron las vecinas, sabe que tengo 16 años y me trata como a un hombre.

    En los bolsillos tengo dentro de una enorme cartera de cuero, regalo de mi amigo, el pasaje y 12 dólares norteamericanos, el pasaje me da derecho al viaje en tren desde mi pueblo y comida desde Varsovia.

    De paso por la ciudad de Vilna voy a saludar a mi tío materno hombre muy religioso y descubre que no llevo conmigo Tfilin[15] fue y me compró un par de Tfilin y un traje de confección.

    El traje me queda grande porque yo estoy muy delgado, todo mi bagaje es una valija y un bulto de ropa.

    Llego a Varsovia y voy directamente a la agencia de la compañía de transportes, ahí me indican alojamiento gratis, me oriento rápidamente en la ciudad con sus tranvías eléctricos y su vida tumultuosa de metrópoli

    Mis doce dólares van desapareciendo como por encanto, tengo algunos gastos: revisación médica de la vista y otras revisaciones que no recuerdo; a pesar de eso le presto unos slots a un ucraniano con quien me hice amigo, en el tranvía le robaron todo la plata que tenía y escribió a su casa  pidiendo algún dinero

    Tengo una pasión por el fiambre, todas las comidas constituyen variaciones del famoso fiambre polaco.

    Por casualidad descubrí que el fiambre cristiano cuesta 3 o 4 veces menos que el idish y lo como hasta donde me da el bolsillo.

    Por fin salimos de viaje un grupo de unos 200 personas; estuve dos semanas en Varsovia y me quedé gráficamente sin un centavo, a la noche llegamos a Berlín; nuestro tren corta calles céntricas, me deslumbran letreros luminosos; me da una impresión tremenda las calles con los letreros luminosos se me antojan un mundo de leyenda

    Pasamos por Holanda, me llama la atención que todo el mundo va en bicicleta, acá estamos en pleno verano, veo por primera vez hielo artificial, ya nada me asombra, mis ojos y  mis sentidos se están acostumbrando a este mundo nuevo de Europa, llegamos a París, yo ya tengo nuevos amigos de los que ya no me separo en todo el viaje hasta Buenos Aires, son tres muchachos de mi misma edad y mi mismo nombre, los cuatro nos llamamos Moishe.

    Parra no confundirnos nos numeramos; la iniciativa es del Moishe de Varsovia.

    Es el más educado, tiene un diccionario polaco-castellano y dice que hizo un curso de la lengua castellana; después comprobamos la utilidad de su curso de castellano, es nuestro interprete con gallegos, portugueses y hasta con brasileros.

    Caminamos los cuatro Moishes por París, por los boulevares nos paran varias elegantes parisinas y nos hablan, para nuestro asombro, en ruso y nos invitan a acompañarlas por unos pocos francos, son las hijas de los nobles monárquicos que huyeron de la Rusia Roja, y ahora se prostituyen por todo el mundo.

    Después de un viaje de veinte días, llegamos con el ex-carguero inglés Desma a las aguas del Plata, así lo dice nuestro Moishe de Varsovia, y señala las aguas amarillentas.

    Nosotros ni nadie se lo cree, pues donde se ha visto que un río no tenga orillas y nosotros no vemos ninguna orilla.

    De noche, llegamos al puerto de Buenos Aires: es la madrugada del día 21 de enero de 1925

    Me estoy civilizando

    Lo primero que mi tío hizo conmigo fue civilizarme un poco.

    Me enseña a ir al baño, a caminar, a lavar el piso.

    El tenía la idea que los gringos no sabíamos trabajar, me dio unas monedas y me escribió en un papel cuándo tengo que preguntar por un tranvía y otras preguntas similares.

    Leer en castellano sabía porque sabía leer el polaco que es también con letra latina, y me fue a buscar trabajo, encontré trabajo en un almacén idish en la calle Inclán al 3.000 a $15 y casa y comida.

    El marido trabajaba fuera de pintor y la mujer, eran recién casados, no hacía comida para ella; por lo menos a mi me alimentaba con pan y arenque y bananas podridas (desde aquel tiempo tengo aversión a las bananas)

    Dormía en el almacén porque al almacenero pintor le parecía que un vecino robaba, así que también era sereno.

    Algo aprendí en este almacén, la dueña me dijo en su jeringa medio idish, medio castellano que cuando entre un cliente que la llame diciendo “hay gente”, yo creí que “hay gente” era el nombre de la señora y así la llamaba, hasta que se descubrió porque un día la llamé “hay gente” y no había nadie.

    Después trabajé en una fabrica de tintas, después apretando corchos a los tinteros las manos se me hicieron llagas.

    Entonces mi tío dijo que yo era para seguir un oficio: el de ebanista de muebles era bien pagado en aquella época.

    Entré a trabajar de aprendiz en la fábrica de muebles Slinin por un peso cincuenta por día, el dueño me preguntó si tenía que ir lejos a comer y cuando supo donde vivía me dijo: vas a comer en mi casa.

    Comía en la mesa con todos, ahí había una pareja, su cuñado y esposa.

    El cuñado también trabajaba en el taller, la mujer una muchacha del campo se me arrimaba durante las comidas.

    Un día se armó una escena, el marido le dijo: deja de provocar al chico, desde aquel día me dejó en paz.

    Yo trabajaba como un animal el sábado.

    Después de una semana de trabajo en vez de $9 me dieron $10; un sábado el patrón me dice que venga el domingo por medio día y me pagarán un peso entero; el tío se indignó “cómo que no le baste que un chico trabaja 6 días en la semana, todavía el domingo. No”.

    Y el lunes me despidieron.

    Después trabajé tres meses de un viejo que hacía mesas pintadas de cajones viejos, durmiendo y comiendo con el viejo.

    Entré a trabajar en un taller importante J. Rossi Hermanos, hay unos quince muchachos ganan de $0.90 a $1.50; a mi me pagan $1.70 porque trabajo por dos, trabajan en mi sección dos idish, me enseñan el oficio: asentar una rasqueta, afilar el cepillo, etc.

    El patrón me respeta, no me grita como a los demás chicos, un día abofeteó a un españolito porque me cachan[16] y me llaman ruso.

    Voy al sindicato de mi oficio, empecé con el interés de la biblioteca porque el sindicato del mueble tiene una magnifica biblioteca y yo una gran pasión por la lectura.

    Poco a poco me siento absorbido por la vida sindical y su sección idish, ahí conozco y me atraen viejos militantes obreros idish: Faerman, Malamud, Landón y otros que no recuerdo.

    Al sionismo que dejé de lado como cosa vieja, ahora voy comprendiendo los sucesos vertiginosos de la guerra civil donde he sido actor; pero que no comprendí, como millones de otros rusos no comprendían.

    Después de la huelga de la industria del mueble[17], me quedé sin casa fija donde trabajar.

    Antes de la huelga yo era medio oficial mueblero y ganaba $5.40 por día, me hice práctico en la fabricación de juegos de aparadores de regular calidad; mis compañeros me regañaban diciendo que estoy haciendo el trabajo de un oficial y gano el salario de medio oficial.

    después de la huelga conseguí trabajo de temporada en una cuadrilla de carpinteros en el frigorífico anexo al Mercado de Abasto Central, era un obrero judío entre unos 400 obreros italianos y argentinos que me miraban al principio como bicho raro porque estaban con la idea que todos los judíos son comerciantes.

    A los varios días me hice amigo con mi escuadrilla, unos ocho personas la mayoría sicilianos; íbamos a comer juntos a una fonda italiana y ahí nos poníamos a discutir, era el tiempo de la dictadura de Uriburu, ganaba $6 y el trabajo era interesante reconstruíamos cámaras frías para huevos, frutos y aves; cámaras como heladeras comunes pero grandes como salones de baile.

    Mi tía[18] me propone venir a Comodoro Rivadavia, territorio Chubut, me escribe que allí en las compañías petroleras necesitan carpinteros y como se me termina el trabajo en el frigorífico me decido a irme

    El pasaje en tercera cuesta $80, tengo que tomar el vapor y como siempre me interesa más el viaje y lo nuevo que las consecuencias económicas; una mañana del mes de setiembre de 1930 tomé el vapor en la dársena sud y me fui rumbo a la Patagonia, tenía 22 años.

    A bordo trabé relación con cuatro jóvenes rusos que iban a trabajar a los pozos petroleros, de noche yo les acompañaba cantando motivos populares rusos en la popa del barco (nos desgañitábamos cantando)

    Después de 120 horas de viaje (6 días) llegamos a la madrugada a la playa de Comodoro Rivadavia.

    La costa nos daba una impresión deprimente, en toda la tierra donde la vista alcanzaba no se veían ni árboles ni hierbas; el mar es muy azul y muy bravío y a las lanchas que nos llevaban a tierra les costó mucho arrimar a tierra.

    Cuando por fin bajé o subí a tierra, porque la orilla estaba como a treinta metros, mi impresión cambió bruscamente, por las calles de Comodoro Rivadavia circulaba un trafico de vehículos……..  (aquí se interrumpe el manuscrito)


    [1] Vilna es una ciudad muy  antigua.  En ella funciona una Universidad que tiene  más de mil años. Es la capital histórica de Lituania y está situada sobre el Mar Báltico.  Lituania fue dominada por Rusia en el Siglo XVIII.  Alemania la ocupó en 1915 y  tras el fin de la Guerra Mundial y la Revolución Socialista Rusa del 7 de noviembre de 1917, Lituania se proclamó república socialista y Rusia le devolvió la capital, Vilna.  Se separó de la Unión Sovietica en 1990 y hoy tiene unos 650 mil habitantes.  Al final del escrito hay un mapa de toda la región que situa todas las localidades nombradas y da una idea de los viajes de Mauricio que cruzó una y otra vez el continente europeo casi del Baltico al Mar Negro, a los doce años y en los trenes de la época.

    [2] Smorgon es una pequeña ciudad de Belorusia o Bielorrusia,  cercana a la capital, Minsk, que supo ser reconocida en la historia del movimiento revolucionario ruso por  la fuerza del movimiento obrero y socialista.

    [3] capital de Bielorusia.

    [4] al final de su vida, en el Sanatorio Rawson donde agonizaba, se repetiría la escena: mi padre agonizaba y al lado una mujer hacía trabajo de parto.  La vida y la muerte en el mismo tiempo y espacio.

    [5] con mayúsculas en el manuscrito. Se refiere al triunfo de la revolución socialista dirigida por los bolcheviques encabezados por Lenin.  Sus primeras medidas fueron decretar la Paz con Alemania y repartir la tierra entre los campesinos. La revolución sufrió una resistencia fenomenal del capitalismo mundial que alentó una guerra civil, organizó una invasión militar luego y construyó un muro alrededor de la Unión Soviética procurando ahogarla. Los primeros años, que es lo que cuenta Mauricio, fueron de guerra, hambruna y penurias incalculables, siquiera para quienes conocemos la crisis argentina.

    [6] Elisavetgrad, ciudad del centro de Ucrania, en la orilla Este  del río Ingul, a 250 km al Sur Este  de Kiev; tiene hoy 237,000 habitantes y tuvo otros nombres: Kirovograd, en el periodo socialista y antes Zinovievsk.

    ´[7] se llamaba así  en el ¨44 cuando se escriben los cuadernos, la ciudad volvió a cambiar de nombre y a llamarse Kremenchug..

    [8] los progrom eran actos de agresión a los judíos que vivían en el territorio del Imperio Ruso.  El nombre se generalizó para denominar a cualquier hecho discriminatorio de alta violencia.  Paradojicamente, trágicamnte es hoy el Estado de Israel quien organiza progroms contra la población palestina que resiste con piedras, igual que ayer los judios de Rusia resistían los progroms con autodefensas

    [9] importante río ruso que cruza Bielorusia y Ucrania. Atravieza Kiev, la capital ucraniana

    [10] notese la presencia del hambre en el relato. No un hambre temporal, que se calma con una comida, sino un hambre estructural que no se calma nunca.

    [11] jefes militares contrarevolucionarios que se alzaron contra el gobierno revolucionario encabezado por Lenin con el apoyo militar y político de todo el “mundo occidental” que luego, al ser éstos jefecillos derrotados, invadiría Rusia con un Ejercito Multinacional compuesto por fuerzas de catorce países.

    [12] los pies saliendo de los zapatos rotos

    [13] En 1970 visité Lituania y estuve en el mismo Parque cuyo mirador era un “monumento histórico”.  Grande fue mi sorpresa cuando al leer los cuadernos en 1975 descubrí que habíamos estado en el mismo lugar. Pero mi padre ya había muerto en el 74.  Regresé a Lituania en 1985, pero no atiné a buscar antecedentes familiares.  Visitamos entonces un enorme cementerio donde estaban enterradas las víctimas del fascismo alemán, si sabía que estaban ahí casi toda los parientes por vía paterna.  Como diría Serrat, entre el fascismo y yo, hay algo personal, no solo conceptual.

    [14] ya en la Argentina, el tío Abraham seguiría actuando como una especie de “ángel protector” amparándolo y dándole empleo en su fabrica de válvulas de radio “ByE” (buenas y económicas) y enviarlo a Santa Fe como encargado de su empresa “SyR” (Schulman y Rodofile).  En el primer periodo de obrero en ByE, Mauricio participó en la fundación del primer sindicato metalúrgico de la Capital Federal el que sería luego liquidado por Perón dando lugar a la histórica Unión Obrera Metalúrgica de la que salieron Timoteo Vandor, José Rucci y Lorenzo Miguel, algunos de los burócratas sindicales más tenebrosos del país.

    [15] prenda de uso obligatorio para los judíos, según la religión.

    [16] hoy diríamos “me cargan”

    [17] puede referirse a la huelga de 1934, alguna vez me preguntó, extrañado, porqué se permitía que hubiera gente que no acatara la decisión de parar de los sindicatos y me contó que en esa huelga, siendo parte de piquete obrero, le partió la cabeza a un rompehuelga con una llave inglesa

    [18] toda la vida, papá recordaba (idealizando) ese viaje a la Patagonia y en el verano del 68 al 69 hicimos un viaje familiar en un Peugeot 403 que manejaba Cacho ya que papá no manejaba.  El viaje fue epopéyico y la estadía en Comodoro formidable, pero él nunca encontró lo que buscaba: el recuerdo de su estadía en los treinta donde, muy posiblemente el viaje sirvió también para colaborar con Rufino Gómez y el Partido Comunista de Comodoro Rivadavia que habían dirigido una insurrección obrera en territorios de Y.P:F., entonces bajo control militar.    De ese viaje contaba una anécdota que lo divertía mucho: resulta que visitó un compañero comunista que estaba a cargo de un destacamento policial en medio del desierto patagonico y que la madre les sirvió la comida pero no les daba servilletas, el hijo reclamaba hasta que la mujer estalló con un “desde cuando los comunistas comen con servilletas” que es el mismo prejuicio de los que se asombran si un comunista está bien vestido y acicalado, como si las convicciones políticas requieren de la pobreza, la mugre y la falta de refinamiento en las costumbres.


  • Una batalla ganada contra la impunidad

    La sala era pequeña.   De un lado, el acusado de haber cometido el delito de calumnias e injurias al afirmar que el Dr. Montesanti había sido partícipe de la Triple A y de la Misión Ivanisevich así como de proponer (en 1978!) incorporar la Pena de Muerte al Código Penal, nuestro compañero Alberto Rodriguez, empleado bancario, actor y dirigente de la Asociación de Actores; del otro, el citado Montesanti, abogado, profesor universitario y actual presidente de la Cámara Federal de Bahía Blanca, constituido en querellante. Dado que ningún abogado de Bahía aceptó defenderlo, Alberto era defendido por un defensor oficial, el Dr. Sayago.  Del lado del querellante, estaba el Dr. Sierra, también profesor universitario.

    No es la primera vez que los represores, «ofendidos» por acusaciones de investigadores, testigos y/o sobrevivientes, logran ponernos en el banquillo de los acusados ( oh, Argentina, cuando dejarás de ser el reino del revés?) y condenarnos. El escritor Kimmel lo fue por su investigación de los crímenes de los monjes palotinos y su caso todavía se discute en la C.I.D.H.  Pero éste tenía sus particularidades.  Porque Alberto fue testigo directo del asesinato del Watu Cilleruelo en 1975, porque hace casi 8 meses que secuestraron a López y una cacería de testigos se desató en el país sin que un solo teléfono haya sido interceptado (no hablemos de que todavía no pueden encontrar el galpón donde estuvo secuestrado Gerez en diciembre, aquel que según Aníbal Fernández, había sido cercado por las fuerzas represivas y obligado a liberarlo) ni nada hayan podido encontrar las fuerzas leales a Kirchner en la policía y los servicios.

    Y porque el Watu y Alberto son comunistas, y el macartismo cotiza alto en Bahía donde La Nueva Provincia sigue dominando la escena mediática (ni antes ni después, publicó una línea, lo que indica la dimensión de la victoria popular).   Parecía una batalla perdida, al menos según la lógica de los posibilistas y «realistas» que tanto abundan hoy entre nosotros, que auguraban una derrota segura.  Por eso, para ganar  el juicio nos propusimos redoblar la apuesta e ir por  más; ir por la denuncia del crimen del Watu y de todos los crímenes de la Triple A en Bahía,   no aceptar el lugar de ofensores y asumir el de victimas del terrorismo de Estado que exigimos Justicia. .

    Y nos preparamos. Buscamos testigos, convocamos fuerzas sociales y políticas, logramos que el espacio de derechos humanos de Bahía se haga cargo de la pelea y que la Liga convocara a la solidaridad y promoviera la presencia de observadores en el juicio. Y fueron cinco. Uno de la Liga, otro de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, otro más  de la dirección nacional de la Asociación Argentina de Actores, un periodista de Pagina 12 y dos funcionarios de la Secretaria de DD.HH. de la Pcia. de Buenos Aires.  Y allí estabamos todos en el segundo día del juicio. Ya habían declarado los testigos de la defensa: los compañeros que estuvieron en la puerta de la Utn la tarde en que un grupo armado cerró el paso a los estudiantes, el presidente del Consejo Deliberante que había visto  el diploma de Suarez Mason en el buffet de Montesanti, un miembro de la Conadep que recibió en el ´84 denuncias similares y los  testigos de la querella, especialmente, vergonzosamente, el representante de la Secretaría de DD. HH. de la Nación, el Dr. Benamo, que defendió el prestigio de Montesanti hundiendo el suyo propio en el barro de la infamia. Ya Montesanti había hablado tres horas y el defensor había hecho dignamente lo suyo.   Fue entonces, cuando Alberto habló y reafirmó sus dichos y volvió a explicar lo que pasó y cómo pasó y al final se calló y miró a Montesanti y le agradeció. Sí, le agradeció el habernos permitido poder haber hecho el homenaje que el Watu se merecía y lentamente leyó, uno a uno, el nombre de cada uno de los cuarenta y cuatro compañeros asesinados por la Triple A y ahí entendí que habíamos ganado.

    No importaba que todavía faltaba que Montesanti volviera a hablar y nos volviera a descalificar como insectos que no piensan y sólo hacen lo que el Partido Comunista Soviético dice (bueno, el hombre es un poco ortodoxo, que va a hacer) y que el juez se tomara una semana para dar su fallo en que daría, por vez primera, por probada la existencia de la Triple A en Bahía y la pertenencia del Moncho Argibay, matón sindical y custodio del fascista rector Remus Tetu, a la Triple A, así como dio por probada la ideología fascista del presidente de la Cámara Federal y lo absolviera a Alberto por la acusación de calumnias y lo condenara por injurias (absurda condena que apelaremos y apelaremos al tiempo que seguiremos insistiendo para que Oyarbide abra de una vez por todas la investigación de todos los crimenes de la Triple A, incluyendo los de Bahía, y el del Watu en primer lugar). Nada de eso importaba, ya habíamos ganado y en la calle, bajo la lluvia, la barra de la Fede le daba al bombo y la madre del Negrito García (el primer asesinado de la Triple A en Bahía, militante del PRT que había pasado por la Fede) nos abrazaba y lloraba de alegría.

    Habíamos ganado porque habíamos instalado el tema de la Triple A, habíamos derrotado el miedo y habíamos conmpartido la enorme dignidad de esos militantes de toda la vida, algunos que siguen en el partido y otros que no, que con la misma sencillez con que habían ido a la marcha de Utn en el ´74, que habían estado en el velorio del Watu, del Negrito y de los otros cuarenta, habían estado allí, sometidos al brutal interrogatorio del querellante que los ofendía una y otra vez demostrando lo que es la impunidad y quienes son los encargados de juzgar los crímenes del terrorismo de Estado en Bahía.   Habíamos ganado porque nos rodeamos de fuerzas amplias y porque contamos con la solidaridad activa de la izquierda que puso en la calle lo que hay que poner para frenar al fascismo.   Y por que habíamos logrado transformar un escenario judicial, adverso, casi ajeno, en un territorio de lucha cultural donde nuestra superioridad es manifiesta, porque hablamos con la verdad.   Y por lo que alguna vez explicó Jorge Luis Borges, hay una dignidad que el vencedor no conoce.

    Vaya una sola anécdota para ilustrar.   Montesanti explicó que el Gral. Vilas lo designó su defensor en 1984 porque 19 años antes, en una entrevista en el Comando del V Cuerpo donde había ido a quejarse por un supuesto allanamiento, le había dado una tarjeta que el Gral. encontró tantos años después. Es que ni él se anima a reivindicar su pasado y sus amigos; en cambio los nuestros hablaban del Watu con el cariño y la admiración de siempre.

    Porque en ese instante, en esa sala, en el valiente discurso de Alberto, había treinta y dos años de lucha contra el fascismo y en ese gesto de verdadero heroísmo ( como decía Fucik, héroes populares son los que hacen lo que hay que hacer, en el momento que sea) lográbamos ser lo que ambicionamos ser cotidianamente: expresión genuina de una voluntad popular de cambio.

    Y porque como me decía, llorando, un compañero del Watu: al fin le hicimos el homenaje que se merecía.

    Nos toca ahora volver a redoblar la apuesta e ir por el juicio penal para los asesinos del Watu y todos los cómplices de la Triple A en una batalla que no tiene nada de nostalgía y sí mucho de pulseada por el futuro.

    Ese futuro soñado del socialismo donde nos espera, seguro, el Watu Cilleruelo.


  • El ministro Iribarne, viejo amigo de Ruckauf el sonriente cómplice del genocidio, ha declarado enfaticamente que no piensan llevar a debate el proyecto de Reforma al Código Penal elaborado por una Comisión de especialistas convocados hace un tiempo por el mismo Ministerio de Justicia de la Nación.  El proyecto había desatado la ira de la derecha fundamentalista que se expresa por La Nación y particularmente de Blumberg que amenazaba con marchas de protesta, dado su carácter garantista y la busqueda de un mínimo de proporcionalidad entre los delitos y las penas.  No era menor la preocupación por legislar sobre temas caros al movimiento de derechos humanos como son los Pactos Internacionales sobre el tema firmados hace años por la Argentina, muchos de los cuales son letra muerta por la demora estatal en hacerlo, y particularmente del delito de Genocidio.

    Hasta los más moderados analistas reconocen, que tras las reformas propiciadas justamente por Blumberg, y asumidas como propias por el kirchnerismo y casi todo el Poder Legisltativo, que aprobaba una a una los aumentos de pena y los recortes sucesivos a los derechos de los presos que se amontonan en las Cárceles de la Nación y las provincias en condiciones infrahumanas, la Reforma al Código Penal es una necesidad del propio Estado ante la degradación del instrumento penal.

    El Dr. Zaffaroni ha explicado que “El Código actual presenta una gran irracionalidad de las penas. Sale más barato darle un balazo a alguien que amenazarlo, es más grave un delito contra la propiedad que contra la vida”

    Pero bastó un amague del Padre Coraje Fascista para que todo quede en la nada.  La supervivencia de las lógicas represivas, inherentes al capitalismo en su fase globalizada y sus paradigmas neoliberales, es implacable: si se mantiene un patrón de distribución injusta de la riqueza, si para los excluidos solo se diseñan políticas de clientelismo social y de coptación de los movimientos sociales y políticos que proclamaban defenderlos, para el resto, para los que no se someten ni al mandoble del subsidio ni del cargo público, queda la represión abierta o encubierta, como se ha visto en Las Heras, en Haedo o en la Capital, en el caso de los presos de la Legislatura o la represión de Semana Santa contra los trabajadores del Subterraneo.

    El proyecto había despertado el entusiasmo del progresismo vernáculo, entusiasmo que también se extiende al Proyecto de Ley de Educación que impulsa el no menos progresista Filmus.  Gente que acredita largos años de lucha contra la impunidad o la exclusión educativa, de pronto se encandila con una cita bien puesta o palabras de esas que reconfortan. Hace unos años, en ocasión del Congreso Popular en Defensa de la Educación Pública que se realizó en La Rioja, el historiador Eduardo Rosenzvaig, explicaba las ilusiones del progresismo en la Ley Fedeal de Educación (Ctera por ejemplo, pasó de reclamar la derogación a exigir…el financiamiento de la misma, que ni es parecido ni es  igual) con la metafora de la maleta que portaban los judios de ghetto en ghetto hasta morir en los traslados o las Cámaras de Gas de los Campos de Exterminio.   Millones de judios murieron y salvo la rebelión del Ghetto de Varsovia y  algunos otros pocos levantamientos, la masacre se consumó casi sin resistencia.  ¿Por qué aceptaban marchar de un lado a otro hasta ser asesinados en masa cuando la experiencia del Ghetto de Varsovia mostró que si habia resistencia el número de sobrevivientes aumentaba notablemente?  Pues bien, por la maleta que los nazis les pedían que llenaran con sus objetos más queridos y más valiosos, dado que al finalizar la guerra y ser liberados la maleta les sería muy útil. ¿Cúal fue el error de aquellos judios? Un error de ingenuidad: creer que semejantes bestias como los nazis podrían preocuparse por sus bienes más queridos y valiosos.  Cúal fue el error del progresismo docente, se preguntaba Eduardo, pues nada menos que creer que un gobierno como el de Menem podría, de verdad, estar preocupado por la educación en libertado o el desarrollo del pensamiento crítico de los niños, a los cuales el Banco Mundial había sentenciado a la exclusión educativa, porque ·”si ha de haber una masa importante de población sin trabajo, para que invertir dinero en su educación”

    Sería de esperar que el episodio sea educativo para muchos de los que siguen confiando en que los gestos de reconocimiento a la generación que sufrió el genocidio dejen de ser gestos y se conviertan en verdaderas políticas de vigencia de los derechos humanos. Esta vez la maleta es aún más perversa que con la Ley de Educación, son los gestos como el Acto de la Esma o la remoción del cuadro de Videla del Colegio Militar; más efectistas pero de igual sentido.  Al final del viaje, no habrá democracia verdadera y liberación nacional, sino más de lo mismo: más capitalismo, más explotación, más dominación y por eso menos derechos humanos en todas sus dimensiones y sentidos.  Y por eso mantienen el Código Penal que Blumberg supo conseguir, e Iribarne preservar


  • Para Marcelo Feito, que amaba el cuento Reunión

    «Luis junto a un árbol, rodeado por todos nosotros,

    se llevaba lentamente la mano a la cara y se la quitaba

    como si fuese una máscara. Con la cara en la mano

    se acercaba a su hermano Pablo, a mi, al Teniente,

    a Roque, pidiéndonos con un gesto que nos la pusiéramos.

    Pero todos se iban negando uno a uno, y yo también

    me negué, sonriendo hasta las lagrimas».

    El Che según Julio Cortazar en Reunión,

    cuento publicado en Todos los fuegos, el fuego en 1966

    A cinco años del asesinato de Kostecky y Santillán, punto de inflexión en la crisis de dominación desatada en Diciembre de 2001, la izquierda se debate entre dos posiciones que bien podrían pensarse como las dos caras de su impotencia histórica: a) la subordinación a proyectos políticos de alguna fracción burguesa que tenga contradicciones puntuales con el gobierno de Estados Unidos y/o realice concesiones al movimiento popular, conducta que trataré de describir con la metáfora de la máscara de Fernando VII, aquella estrategia de los patriotas americanos de 1810 que desplegaban la lucha independentista bajo el paraguas político de fingir que actuaban a nombre del Rey Español prisionero de Napoleón y b) la repetición del método jacobino de pensarse al frente del pueblo contra el Poder, no importa las correlaciones de fuerza ni las posiciones conquistadas por éste en el espacio de lo simbólico y la subjetividad popular, ni las contradicciones secundarias y/o temporales, ni siquiera – por supuesto– lo que piensa el pueblo mismo, conducta que compararé con la del Chapulín Colorado, aquel personaje mexicano, especie de patético super héroe del subdesarrollo que creía saber siempre todo, «no contaban con mi astucia», y convocaba ingenuamente a las multitudes con su «que me sigan los buenos» que tanto resuena en tanto manifiesto programático de la izquierda.

    Desarrollare tres hipótesis que pretenden aportar, ojalá que de un modo provocador, al imprescindible debate de una izquierda que descalifica mucho y debate poco entre los que piensan distinto sobre los temas importantes.

    Uno. El relanzamiento del capitalismo argentino

    Lo primero es reconocer que el capitalismo en la Argentina ha superado su crisis orgánica de 2001 en sus dos facetas principales: la capacidad de reproducción ampliada de las relaciones de explotación capitalista y de dominación; y aún más, que ha recompuesto la hegemonía burguesa plena en la sociedad por medio del Kirchnerismo, la corriente político/cultural que al hegemonizar el Partido Justicialista ha ocupado el centro del sistema político de dominación argentino.

    Cierto es que lo ha hecho de un modo tal que ha ampliado la distancia entre las dos Argentinas resultantes de los treinta años de políticas de terrorismo de Estado y democracias neoliberales que reformularon profundamente la sociedad argentina por el camino de las privatizaciones, el pago de la Deuda Externa y la constitución de redes mafiosas de apropiación de la riqueza nacional, la apertura indiscriminada de los mercados y la cuasi desregulación de la actividad económica y financiera, la destrucción de la legislación laboral y del sistema de protección social y previsional que el mismo capitalismo había forjado en su etapa cuasi keynessiana, peronista, populista, de acción de un Estado de Bienestar (para la burguesía, claro) o como se quiera llamar al periodo transcurrido entre el primer peronismo y el tercero, o sea entre el Juan Perón del 17 de Octubre y el Menem de la Plaza del Sí de 1990, pero lo ha logrado, y ello no es poco.

    El nivel de las reservas internacionales, las cifras de crecimiento del Producto Bruto Interno, las enormes ganancias que alimentan al núcleo duro del sector económico que se apoderó de lo principal del aparato productivo y de servicios, el goteo de tanta riqueza hacia otros sectores de la burguesía y de la pequeña burguesía parecen la imagen invertida de aquel cuadro catastrófico de finales de 2001 cuando la devaluación y la expropiación de los ahorros depositados en los bancos parecía señalar la hora del final para el capitalismo argentino.

    Si el ciclo de golpes de Estado duró cincuenta y tres años (hubo golpe de Estado en 1930, en 1943, en 1955, en 1962, en 1966 y en 1976) llevamos ya veinticuatro años del llamado «transito a la democracia». A pesar de las notorias diferencias que podemos establecer entre Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde, si asumimos una mirada de larga duración sobre el supuesto «transito» veremos que no es verdadero y que por el contrario se despliega incesantemente un proceso estructural de restricción de los espacios democráticos y de incremento de la injusticia social (por ejemplo, si tomamos la diferencia de ingresos entre el decil más rico y el más pobre de la población pasó de 16 veces al comienzo del «transito» a 34 veces en 2006).

    El asesinato del compañero Fuentealba en Neuquén, la ocupación por la Gendarmería Nacional de las escuelas santacruceñas por orden presidencial o el burdo intento de falsear los índices de inflación y pobreza que elabora el INDEC nos eximen, por ahora, de mayores demostraciones.

    Pero la pregunta del millón podría formularse del siguiente modo: ¿cambió Kirchner en profundidad esta tendencia estructural de la democracia argentina? ¿encarna una ruptura que merezca ser apoyada por la izquierda, así fuera de un modo particular, crítico o cómo se quiera practicar dicho apoyo? ¿y si así no fuera, si solo fuera un modo muy particular de continuismo, un exquisito movimiento de gattopardismo, cómo debería actuar la izquierda para enfrentarlo con éxito?

    Dos. Kirchner, el De la Rúa que no fue

    Se ha analizado innumerables veces el recorrido de la crisis argentina hasta el estallido de diciembre de 2001 y de allí hasta mayo de 2003 y hasta hoy.

    Cómo, en el periodo que transcurre entre el golpe de setiembre de 1955 y el de marzo de 1976 se desplegó un proceso de acumulación de fuerzas transformadoras, plural pero de claro contenido antimperialista y de liberación social, que sin llegar a constituir una verdadera alternativa de gobierno y de poder en condiciones de dar la disputa final, dadas las condiciones regionales y mundiales, la burguesía visualizó el proceso como un desafío real a sus pretensiones de perpetuidad y decidió cambiar el modo de enfrentar la insurgencia implementando un plan de exterminio que no sólo tenía funciones destructivas, de aniquilación de las fuerzas transformadoras, de los núcleos de cuadros revolucionarios, de las redes de militantes insertos en el corazón mismo de los centros de producción y estudio, de los valores culturales transformadores forjados en largos años de lucha y acción propagandística sino también de creación de las premisas y las bases para la radical reconversión capitalista en el sentido neoliberal que hoy predomina..

    Conviene, para no ver al enemigo más alto de lo que en realidad es, dejar sentado una vez más que el acto fundacional del capitalismo neoliberal y del modelo de dominación que hoy sufrimos no es otro que el genocidio cometido hace treinta y un años.

    En un trabajo magnifico, el escritor tucumano Rosenzvaig se pregunta algo así cómo ¿es qué acaso toda la lucha y toda la labor cultural de los anarquistas, los socialistas, los comunistas y la gente de izquierda en general desplegada entre 1890 y 1945 fue totalmente inútil? y el mismo Eduardo se contesta que no, que sin esa lucha no hubiera existido el primer Perón, cómo sin Cuba y Argelia, sin Vietnam y China, sin los planes de lucha y el crecimiento del antiimperialismo entre nosotros no hubiera existido el Perón del Socialismo nacional y la «juventud maravillosa» aunque fuera ese mismo Perón el que fundara la Triple A y ordenara aniquilarlos cuando vio amenazada su hegemonía al interior del peronismo, que desde hace años significa la hegemonía del sistema político argentino.

    Esta es una cuestión de hegemonías. De lucha por constituirlas. De éxitos y de frustraciones. Gramsci, el gran teórico de la hegemonía quien reconocía como su maestro al Lenin de «Las Tesis de Abril», aquel de los dos poderes y del salto por encima de las tareas democráticas, explicaba que en procura de la hegemonía plena, esto es de la dominación con consenso y aún apoyo de los explotados, la burguesía puede aceptar cualquier exigencia salvo una: la de renunciar a la hegemonía misma.

    Digámoslo de entrada, Kirchner tuvo éxito en lo que fracasaron De la Rúa y Duhalde: nada menos que en salir del modelo menemista preservando el capitalismo y relanzar un nuevo ciclo de negocios y de dominación política/cultural.

    En eso, que es lo esencial para un político burgués, se pone en línea con los grandes políticos de la burguesía argentina que una y otra vez salvaron el sistema del derrumbe o el acoso popular y estoy pensando en un Saenz Peña modificando en 1912 la ley electoral para integrar las fuerzas emergentes de las luchas de fin del siglo XIX: el radicalismo y el socialismo y lo hizo contra las quejas y protestas de los sectores más conservadores; y estamos hablando -obvio- del Perón capaz de proponer todo un modelo de desarrollo distinto al del agro exportador y la dominación conservadora pero también del Perón de los ´70, aquel que percibe que sólo su regreso desactivará la sublevación popular iniciada con el Cordobazo (mayo de 1969) y aunque su imagen sea menos lustrosa hoy también hay que hablar del Alfonsín que ocupa el tiempo político que va de Galtieri a Menem y del mismo Menem, que lejos de ser un torpe y ridículo caudillo pasará a la historia como aquel que «realizó» el sueño de Videla de refundar la Argentina.

    El modelo menemista fue exitoso porque encarnaba en el país la contrarevolución mundial triunfante y porque la hacía en nombre del Peronismo. ¿Hizo bien la izquierda en resistir en los días de soledad y aislamiento, de marginalidad política y deserciones masivas? Si, hicimos bien porque sin esa resistencia y todas las otras resistencias, Menem seguiría gobernando; y estuvo bien que resistiéramos aunque lo hiciéramos de un modo poco eficaz en el plano de la construcción de fuerza alternativa, lo que hubiera permitido acumular en serio en los días del ocaso menemista.

    Y por eso el Frente Grande del Chacho y la larga lista de ex izquierdistas refuncionalizados por el Poder para su continuación. Pero el Frente Grande fracasó. Una y otra vez. Fracasó en hegemonizar al radicalismo. Fracasó en balancear el conservadurismo de De la Rúa y fracasó en salir del menemismo.

    Su fracasó exasperó todas las crisis: la económica, la de representación política, la de hegemonía cultural. Y otra vez, los muertos los volvió a poner la izquierda y ellos a quedarse con el gobierno.

    Pero Kirchner pudo en lo que no pudo el progresismo. ¿Por qué? No habría que subestimar su capacidad política. Su «peronista» obsesión por el Poder que le permite toda clase de transformaciones y de alianzas. Sin límites. Cómo ahora en que llora a Fuentealba y cerca con gendarmería las escuelas de Santa Cruz. O en diciembre cuando hablaba del «amigo Tito» y ordenaba a Righi que vote ante la Corte Suprema para que la causa se mantenga como «averiguación de paradero porque no hay indicios de su desaparición».

    En este sentido de decisión política Kirchner es el De la Rúa que no fue.

    Pero no es sólo sapiencia política, es un momento distinto de la economía mundial y de la política latinoamericana que condicionan y posibilitan la hegemonía kirchnerista.

    El ciclo Kirchner coincide con una valorización internacional de la soja y los hidrocarburos de los que la Argentina explota, cierto que irracionalmente y de un modo suicida para las generaciones futuras pero, ¿estabamos hablando de negocios, no?.

    Negocios realizados de un modo que ni Marx hubiera imaginado: primero la devaluación hasta fijar la paridad del peso con el dólar de tres a uno (más allá de lo jurídico el gobierno mantiene la paridad cueste lo que cueste, como Cavallo lo hacía con el uno a uno) de modo que el costo de producción en pesos adquiere competitividad internacional y así, vender soja y petróleo producida en pesos a precio dólar se transforma en un negocio redondo.

    ¿Cuánto durará este ciclo?, no se puede saber pero sí se puede decir que un ciclo de expansión capitalista basado en estas premisas no puede ser estable ni sólido en el largo plazo. Está expuesto a los vaivenes de los precios internacionales, del humor de los inversores internacionales y de la extenuación del suelo y del subsuelo que es irreversible. Aunque no sepamos cuánto puede durar sabemos que este modo de producción transforma estos recursos naturales en no renovables.

    Y si no que lo digan los santafesinos que en tiempo de Kirchner ya han sufrido dos inundaciones por la devastación sojera de la Pampa Húmeda amén del cínico desprecio por la vida y propiedades de los pobres que exhiben Obeid y su corte kirchnerista. Porque Obeid es de los kirchneristas y de izquierda, ¿no? De izquierda, digo, de los que viajan a Cuba y se sacan fotos en Santa Clara para mostrar a sus cándidos visitantes a la vuelta.

    Pero la fortaleza de Kirchner no sólo depende del valor internacional de los comoditties que comercializan. Se basa también en su apoderamiento de varias tradiciones. De la tradición peronista en primer lugar. De la tradición » democrática liberal» con su deseo profundo de que «las instituciones» resuelvan la crisis en segundo lugar.

    Y también de una parte, (¿cuánta? ¿no dependerá eso de nosotros mismos?) de la tradición de la izquierda. De la lucha por los derechos humanos. De la memoria histórica. Del discurso contra el neoliberalismo y los genocidas.

    Si la coyuntura económica internacional facilitó la formula de clientelismo político + represión en que se basaba Duhalde y el primer Kirchner (y que puede volver si la necesitan como lo muestra la presencia de la Gendarmería en Las Heras en el 2006 o en todas las escuelas de Santa Cruz en el 2007 o el envío del proyecto de Ley Antiterrorista con la modificación del articulo 213 de asociaciones ilícitas para incluir a las «terroristas» y López y Gerez y las amenazas y el gatillo fácil y los Códigos contravencionales que van plantando en todas las grandes ciudades), la coyuntura mundial y regional facilita la estrategia de autonomizar la política internacional del gobierno de Kirchner del de los EE.UU., al menos en los temas de la integración latinoamericana y las relaciones con la Venezuela de Chavez.

    Pero, antes de seguir y seguir, conviene dejar sentado que todo esto y lo que falta decir en realidad, es posible por nosotros. Por la falta de alternativa política verdadera, plural, antimperialista y democrática que pueda confrontar y acumular en una perspectiva de poder popular.

    Lamentablemente, Kirchner es el De la Rúa que no fue por la misma razón que De la Rúa se convirtió en la opción (continuista) a Menem: por la debilidad política del sujeto social explotado, agraviado, humillado y reprimido por el sistema pero también despojado de sus representaciones sociales y políticas, obligado a ensayar estrategias de subsistencia que rondan la subordinación estatal y con ello la esterilización política de sus luchas.. Una vez más, la fortaleza de ellos es nuestra misma debilidad política, por lo que conviene pensar en nuestros límites. Nuestros, los de toda la izquierda no importa donde esté hoy cada uno de nosotros.

    Tres. La crisis cultural de la izquierda: entre Fernando VII y el Chapulín colorado.

    Decía Patricio Echegaray a finales de 2004 en el XXIII Congreso del Partido Comunista Argentino: «La estrategia que ellos tienen ya se ve clarita: ellos quieren naturalizar la Argentina injusta. Quieren darle gobernabilidad con otro esquema, con su esquema de dólar alto, no de dólar bajo, con un esquema de importante balanza comercial favorable a la Argentina de dos plantas» y agregaba, en referencia al escenario político que construye Kirchner: «Se va afirmando una versión mínima de democracia formal, claramente funcional al mantenimiento del modelo neoliberal. Y hay también intentos de montaje de un nuevo escenario político. El gobierno trata de presentarse como «la izquierda» y dejar el papel de la oposición solo al centro y la derecha. «Ningunean» a la izquierda y tratan de marginarla. Todo el tema este de la «transversalidad» tiene como objetivo coptar o marginar a la izquierda y tener un adminículo presidencial para jugarlo en la interna del Partido Justicialista. En definitiva, la sensación que muchos tenemos es que la capacidad de maniobra y la fuerza del régimen neoliberal en cada uno de sus aspectos reside en la falta de una alternativa popular».

    La larga cita resulta imprescindible como apoyo metodólogico: se trata de pensar la eficacia de las estrategias de la izquierda en relación a la estrategia de dominación del sector hegemónico en el bloque de dominación, que no es otro que el Kirchnerismo, cierto que en disputa y confrontación más con la derecha fascista, procesista y/o «lamebotas» de los yankees que tienen con el gobierno nacional una relación contradictoria: de agradecimiento por la recomposición del ciclo de reproducción ampliada de las relaciones capitalistas, que cuenta a las empresas trasnacionales en primera fila de beneficiados (Daniel Muchnik ha demostrado que el 97% de las ganancias del conjunto de las empresas que actúan en el país corresponden a grupos trasnacionales que actúan por sí o por medio de socios locales minoritarios y subordinados a ellos) y de molestia por los niveles o cuotas de autonomía relativa de las posiciones internacionales del Gobierno en cuanto a la integración económica latinoamericana y de rechazo a las posturas más fundamentalistas de Bush: el Alca y la disolución del Mercosur, en primer lugar.

    Volvamos una vez más a Gramsci, fue él quien primero reflexionó en profundidad acerca de la posibilidad y aún más, acerca de la conveniencia para la burguesía, que el grupo de intelectuales orgánicos que defienda la continuidad del sistema lo haga con relativa autonomía de los grupos económicos y de las potencias extranjeras que pretenden subordinar totalmente los países capitalistas periféricos.

    Aunque hoy parezca un ejemplo trasnochado, fue Cavallo quien armó un equipo intelectual que actuaba con relativa autonomía de uno u otro grupo económico, preservando los intereses del bloque de dominación en su conjunto y a largo plazo aún contra las opiniones y acciones de uno u otro grupo tal como ahora ocurre entre el Gobierno nacional y los grupos sojeros y exportadores que resisten la retención estatal a sus enormes ganancias sin comprender que así se crean las condiciones para el funcionamiento del estado (conjunto de relaciones de dominación y no sólo las instituciones propiamente dichas) burgués contemporáneo.

    Ante esta estrategia de dominación, la izquierda se ha vuelto a dividir: una parte decide sumarse al gobierno u acompañar las políticas kirchneristas en el terreno de los derechos humanos y la integración latinoamericana; otra parte decide constituirse en la vanguardia de la resistencia sabiendo que por ahora es minoría pero convencida que al producirse el «estallido» las masas la reconocerán como la más apta para confrontar con las políticas estatales; otra parte se mantiene alejada de ambas posiciones pensando que si bien es cierto que Kirchner defiende al capitalismo no hay condiciones para enfrentarlo ahora y es mejor esperar que se desgaste.

    Y posiblemente haya infinidad de posiciones intermedias entre estas tres grandes propuestas. Y aún más, muchos oscilamos entre las tres posturas buscando el mejor modo de conciliar principios con exigencias tácticas, abrumados por hechos tan contradictorios como la responsabilidad del Gobierno en la desaparición forzada de Julio López y en el Acto de Ferro contra Bush.

    El debate y la tolerancia se hace inevitable ante la enorme dificultad de la hora para la izquierda argentina.

    La postura de mimetizarse en el Kirchnerismo, en el peronismo, en un Poder ajeno pero con apoyo popular, es una de las tradiciones más fuertes del movimiento independentista en la Argentina. Se sabe que la Revolución de Mayo de 1810 se concretó aprovechando una particular situación: Napoleón invadió la metrópoli imperial y presionó a los Borbones para que obligarán al monarca Carlos IV a ceder el trono a su hijo Fernando VII y éste a su hermano José; Fernando VII es llevado a Francia y los patriotas dirán que «Buenos Aires necesita con mucha urgencia ponerse a cubierto de los peligros que la amenazan, por el poder de Francia y por la triste situación de la Península. Para ello una de las primeras medidas debe ser la formación de una Junta provisoria de gobierno a nombre del señor don Fernando VII y que ella proceda a invitar a los demás pueblos del virreinato a que concurran por sus representantes a la formación del gobierno permanente» (Juan José Paso en el debate del 22 de mayo en el Cabildo)

    Como explicaría más tarde Cornelio Saavedra «por política fue preciso cubrir a la Junta con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias y mandatos» y en su nombre se actuó hasta la declaración formal de la Independencia en julio de 1816 a instancias del mismo San Martín que no quería partir hacia su expedición libertadora sin sacarse la pesada máscara de Fernando VII que el sector más conciliador defendía con uñas y dientes como se verificó en el juicio que siguieron en 1814, a Castelli, el tribuno de la revolución a quien acusan de atacar la fidelidad al rey y a quien Bernardo de Monteagudo defendió hidalgamente declarando que en la campaña del norte «se atacó formalmente el dominio ilegitimo de los reyes de España» demostrando que bajo la máscara se perfilaban proyectos y propuestas distintas y antagónicas.

    Igual que ahora con los que se suman al Kirchnerismo, están los que se pasan con armas y bagajes, entran en redes de corrupción y como todo converso son los más agresivos contra quienes se mantienen en sus posiciones históricas y están los que lo hacen desde una perspectiva de acumulación para la liberación.

    Al ser la coptación de sectores de izquierda una maniobra de construcción de hegemonía, conlleva la asunción de algunas de las reivindicaciones y postulados históricos de las fuerzas subsumidas. La cuestión es más compleja del simplismo de quienes identifican a Kirchner con Chavez, Morales y aún con Fidel, sin visualizar su proyecto de » naturalizar la Argentina injusta», o del otro simplismo, el que presume que todas las fuerzas y militantes que se asumen como parte del proyecto kirchnerista lo hacen para traicionar la revolución y su propia historia o que alcanza con denunciar las intenciones kirchneristas para anular los efectos de lo que para la sociedad aparece como ruptura con el neoliberalismo y gestos de autonomía frente al Imperio.

    Fue Carlos Marx quien en el comienzo de sus estudios dijo algo así como que si la apariencia de los fenómenos sociales coincidiera con la esencia, no haría falta ciencia ni acción de los revolucionarios, el capitalismo caería por su propia perversión. Pero ya sabemos que no es así.

    Desde mi propia experiencia política de lucha por los derechos humanos podría mencionar que en ocasión del secuestro de López y de Gerez, ante el asesinato de Carlos Fuentealba o las provocaciones y agresiones de los grupos fascistas, las líneas divisorias se vuelven más difusas y no pocas veces sectores que apoyan y resisten a Kirchner actúan juntos con niveles de unidad de acción.

    Es aún más notorio el accionar conjunto de este espacio en las ocasiones en que Fidel y Chavez consiguieron contactar con el movimiento popular argentino para confrontar con el Imperio: Facultad de Derecho en 2003, Foro Social de Mar del Plata en 2005, y los actos de Córdoba 2006 y de Ferro en 2007.

    ¿Entonces, es correcta la estrategia de ponerse la máscara de Fernando VII? En mi manera de pensar, no. Repite un problema recurrente en la izquierda que no es otro que el sumarse a proyectos ajenos, a apoyar lo que pareciera ser la opción menos mala de la oferta del Poder y así pasan los gobiernos progresistas y la izquierda vuelve a empezar de cero.

    ¿O no fue eso lo que ocurrió con Alfonsín, a quien había que apoyar por su compromiso con la democracia contra el autoritarismo y también por su papel internacional de apoyo a las gestiones de paz para Nicaragua (Grupo Contadora) y el desarme universal ?. ¿Había otra opción para la izquierda entonces?, si que la había y lo intentamos con el Frente del Pueblo y la primera Izquierda Unida.

    ¿O no fue eso lo que ocurrió con la transformación del Frente Grande en una fuerza de estabilización del sistema, en alianza con los radicales del Pacto de Olivos, a quienes había que apoyar por sus definiciones antimenemistas y su supuesta simpatía por Cuba? ¿O es que se ha olvidado que en el mismo Foro de San Pablo se brindó por el triunfo electoral de la Alianza Frepaso U.C.R. que expresaba el cambio antineoliberal y el avance de una corriente latinoamericana que se abría paso en Brasil, Uruguay y México como decía Marco Aurelio, entonces dirigente del P.T. de Lula y hoy principal asesor internacional del brasileño?

    Entonces, ¿es correcta la estrategia de la izquierda sectaria que ignora las contradicciones entre Kirchner y la derecha procesista y/o ultra «lamebotas»? Tampoco, porque traza mal la línea divisoria del campo popular, dejando del otro lado a amplisimos sectores que tienen voluntad de luchar contra la impunidad, por la integración de los pueblos latinoamericanos, contra la continuidad de los parámetros más significativos del modelo neoliberal como el caso de la privatización del petróleo o el patrón ultra regresivo de (no) distribución de la riqueza. Y además, de manera especial, porque ignora el juego político de los compañeros revolucionarios de Cuba, Venezuela, Bolivia y otros que buscan aprovechar a pleno las contradicciones puntuales y transitorias, pero reales y con efectos contundentes, de Kirchner con Bush como se mostró de un modo resaltado en el acto de Ferro donde se puedo expresar el sentimiento antimperialista y antiyankee de los pueblos latinoamericanos con el permiso del gobierno nacional.

    Analizar las verdaderas razones de dichos desencuentros de Kirchner con Bush (que no son en todos los terrenos, por ejemplo en el sensible tema de la estrategia antiterrorista el gobierno nacional cumple todos los requerimientos como el mismo Kirchner se encargó de resaltar en el mensaje al Senado de la Nación del 20 de diciembre que se puede consultar en la web del Senado) exceden largamente los motivos de este trabajo pero conviene no confundir la necesidad de preservar la autonomía política frente a un proyecto hegemonista que ya ha demostrado poder subsumir fuerzas políticas enteras con la negativa a ver lo obvio. que hay una nueva relación de fuerzas en América Latina y así como Kirchner pretende jugar con la fuerza moral de la izquierda para construir su hegemonía, Fidel y Chavez buscan aprovechar sus necesidades políticas y económicas para romper el aislamiento de los que de verdad confrontan con el Imperialismo construyendo el ALBA y proponiendo a los pueblos de toda la América Nuestra la superación del capitalismo por el camino del Socialismo del Siglo XXI.

    Ni la máscara de Fernando VII ni el disfraz del Chapulín Colorado; ni la subordinación al proyecto de relanzamiento del capitalismo ni la soberbia de creer que se avanzará hacia la revolución ignorando los procesos de unidad y lucha antimperialista de los pueblos latinoamericanos y despreciando sectores que más allá de su caracterización de Kirchner mantienen viva la voluntad de luchar por la liberación nacional y social y no de un modo retórico sino puntual, confrontando con las políticas que expresan el continuismo del neoliberalismo o la sumisión al imperio y haciendo propias aquellas, que por las razones que sean, expresan niveles de autonomía en el terreno internacional o en el de las políticas de derechos humanos, o el que sea…

    Claro que se trata de cumplir con el exhorto sanmartiniano de abandonar la máscara de Fernando VII pero no para creernos listos para encabezar alguna revolución que sólo está en nuestras cabezas y así caer en la ceguera de no impulsar tal o cual acción sólo por el hecho que sean impulsadas o aún compartidas por sectores que no son antikirchneristas o son directamente kirchneristas

    La tensión entre estas dos tentaciones que acosan a la izquierda son tales que exigen volver a aquella máxima metodológica del mismo Lenin: análisis concreto de la situación concreta para definir el marco de los aliados y el tipo de acción a realizar y poca adhesión a mecanismos de posicionamiento más o menos automáticos en un sentido opositor u oficialista.

    Por qué?, por timoratos relativismos?, no porque los alineamientos automáticos a la oposición u al oficialismo puedan hacernos caer en el error de arremeter aisladamente contra el Poder despreciando o dificultando la incorporación de otros sectores que podrían ser parte de algunas luchas (por ejemplo, del reclamo de aparición con vida de López o de la aceleración de los juicios o de la nacionalización de Repsol YPF u otras empresas privatizadas, etc.) tanto como nos pueden inhibir de enfrentar clarisimas violaciones de los derechos humanos como la represión a los docentes en Santa Cruz o el proyecto de adaptación del Código Penal a los convenios internacionales contra el terrorismo por el viejo pensamiento de anteponer la «razón de estado» o el «interés del partido» a la postura de clase, cultura político que en la Argentina nos llevó, por ejemplo, a la constitución de la Unión Democrática (1945) o la sobrevaloración de los acuerdos del gobierno militar de entonces con Salvador Allende (1971) .

    Dice Cortazar en su cuento Reunión, cuya referencia encabeza el articulo, que al soñar el Che que Fidel les ofrece su rostro como mascara para encabezar la lucha revolucionaria ni él, ni Raúl, ni Camilo aceptan la oferta y no por desdén o cobardía, es que en la hora de la lucha cada cual debe hacerlo con su rostro y su historia, con sus colores y sus olores, cada uno portando sus muertos y desaparecidos para crear entre todos un nuevo rostro de la izquierda donde todos se puedan reconocer y asomar así al tiempo latinoamericano nuevo.

    Porque casi nada está escrito y previsto, porque no hay moldes ni copia que valgan sino la pura creación heroica de los pueblos.

    Buenos Aires, 19 de abril de 2007