Montesanti, el fascismo de Bahía Blanca al desnudo.


Una batalla ganada contra la impunidad

La sala era pequeña.   De un lado, el acusado de haber cometido el delito de calumnias e injurias al afirmar que el Dr. Montesanti había sido partícipe de la Triple A y de la Misión Ivanisevich así como de proponer (en 1978!) incorporar la Pena de Muerte al Código Penal, nuestro compañero Alberto Rodriguez, empleado bancario, actor y dirigente de la Asociación de Actores; del otro, el citado Montesanti, abogado, profesor universitario y actual presidente de la Cámara Federal de Bahía Blanca, constituido en querellante. Dado que ningún abogado de Bahía aceptó defenderlo, Alberto era defendido por un defensor oficial, el Dr. Sayago.  Del lado del querellante, estaba el Dr. Sierra, también profesor universitario.

No es la primera vez que los represores, “ofendidos” por acusaciones de investigadores, testigos y/o sobrevivientes, logran ponernos en el banquillo de los acusados ( oh, Argentina, cuando dejarás de ser el reino del revés?) y condenarnos. El escritor Kimmel lo fue por su investigación de los crímenes de los monjes palotinos y su caso todavía se discute en la C.I.D.H.  Pero éste tenía sus particularidades.  Porque Alberto fue testigo directo del asesinato del Watu Cilleruelo en 1975, porque hace casi 8 meses que secuestraron a López y una cacería de testigos se desató en el país sin que un solo teléfono haya sido interceptado (no hablemos de que todavía no pueden encontrar el galpón donde estuvo secuestrado Gerez en diciembre, aquel que según Aníbal Fernández, había sido cercado por las fuerzas represivas y obligado a liberarlo) ni nada hayan podido encontrar las fuerzas leales a Kirchner en la policía y los servicios.

Y porque el Watu y Alberto son comunistas, y el macartismo cotiza alto en Bahía donde La Nueva Provincia sigue dominando la escena mediática (ni antes ni después, publicó una línea, lo que indica la dimensión de la victoria popular).   Parecía una batalla perdida, al menos según la lógica de los posibilistas y “realistas” que tanto abundan hoy entre nosotros, que auguraban una derrota segura.  Por eso, para ganar  el juicio nos propusimos redoblar la apuesta e ir por  más; ir por la denuncia del crimen del Watu y de todos los crímenes de la Triple A en Bahía,   no aceptar el lugar de ofensores y asumir el de victimas del terrorismo de Estado que exigimos Justicia. .

Y nos preparamos. Buscamos testigos, convocamos fuerzas sociales y políticas, logramos que el espacio de derechos humanos de Bahía se haga cargo de la pelea y que la Liga convocara a la solidaridad y promoviera la presencia de observadores en el juicio. Y fueron cinco. Uno de la Liga, otro de la Asociación de Abogados de Buenos Aires, otro más  de la dirección nacional de la Asociación Argentina de Actores, un periodista de Pagina 12 y dos funcionarios de la Secretaria de DD.HH. de la Pcia. de Buenos Aires.  Y allí estabamos todos en el segundo día del juicio. Ya habían declarado los testigos de la defensa: los compañeros que estuvieron en la puerta de la Utn la tarde en que un grupo armado cerró el paso a los estudiantes, el presidente del Consejo Deliberante que había visto  el diploma de Suarez Mason en el buffet de Montesanti, un miembro de la Conadep que recibió en el ´84 denuncias similares y los  testigos de la querella, especialmente, vergonzosamente, el representante de la Secretaría de DD. HH. de la Nación, el Dr. Benamo, que defendió el prestigio de Montesanti hundiendo el suyo propio en el barro de la infamia. Ya Montesanti había hablado tres horas y el defensor había hecho dignamente lo suyo.   Fue entonces, cuando Alberto habló y reafirmó sus dichos y volvió a explicar lo que pasó y cómo pasó y al final se calló y miró a Montesanti y le agradeció. Sí, le agradeció el habernos permitido poder haber hecho el homenaje que el Watu se merecía y lentamente leyó, uno a uno, el nombre de cada uno de los cuarenta y cuatro compañeros asesinados por la Triple A y ahí entendí que habíamos ganado.

No importaba que todavía faltaba que Montesanti volviera a hablar y nos volviera a descalificar como insectos que no piensan y sólo hacen lo que el Partido Comunista Soviético dice (bueno, el hombre es un poco ortodoxo, que va a hacer) y que el juez se tomara una semana para dar su fallo en que daría, por vez primera, por probada la existencia de la Triple A en Bahía y la pertenencia del Moncho Argibay, matón sindical y custodio del fascista rector Remus Tetu, a la Triple A, así como dio por probada la ideología fascista del presidente de la Cámara Federal y lo absolviera a Alberto por la acusación de calumnias y lo condenara por injurias (absurda condena que apelaremos y apelaremos al tiempo que seguiremos insistiendo para que Oyarbide abra de una vez por todas la investigación de todos los crimenes de la Triple A, incluyendo los de Bahía, y el del Watu en primer lugar). Nada de eso importaba, ya habíamos ganado y en la calle, bajo la lluvia, la barra de la Fede le daba al bombo y la madre del Negrito García (el primer asesinado de la Triple A en Bahía, militante del PRT que había pasado por la Fede) nos abrazaba y lloraba de alegría.

Habíamos ganado porque habíamos instalado el tema de la Triple A, habíamos derrotado el miedo y habíamos conmpartido la enorme dignidad de esos militantes de toda la vida, algunos que siguen en el partido y otros que no, que con la misma sencillez con que habían ido a la marcha de Utn en el ´74, que habían estado en el velorio del Watu, del Negrito y de los otros cuarenta, habían estado allí, sometidos al brutal interrogatorio del querellante que los ofendía una y otra vez demostrando lo que es la impunidad y quienes son los encargados de juzgar los crímenes del terrorismo de Estado en Bahía.   Habíamos ganado porque nos rodeamos de fuerzas amplias y porque contamos con la solidaridad activa de la izquierda que puso en la calle lo que hay que poner para frenar al fascismo.   Y por que habíamos logrado transformar un escenario judicial, adverso, casi ajeno, en un territorio de lucha cultural donde nuestra superioridad es manifiesta, porque hablamos con la verdad.   Y por lo que alguna vez explicó Jorge Luis Borges, hay una dignidad que el vencedor no conoce.

Vaya una sola anécdota para ilustrar.   Montesanti explicó que el Gral. Vilas lo designó su defensor en 1984 porque 19 años antes, en una entrevista en el Comando del V Cuerpo donde había ido a quejarse por un supuesto allanamiento, le había dado una tarjeta que el Gral. encontró tantos años después. Es que ni él se anima a reivindicar su pasado y sus amigos; en cambio los nuestros hablaban del Watu con el cariño y la admiración de siempre.

Porque en ese instante, en esa sala, en el valiente discurso de Alberto, había treinta y dos años de lucha contra el fascismo y en ese gesto de verdadero heroísmo ( como decía Fucik, héroes populares son los que hacen lo que hay que hacer, en el momento que sea) lográbamos ser lo que ambicionamos ser cotidianamente: expresión genuina de una voluntad popular de cambio.

Y porque como me decía, llorando, un compañero del Watu: al fin le hicimos el homenaje que se merecía.

Nos toca ahora volver a redoblar la apuesta e ir por el juicio penal para los asesinos del Watu y todos los cómplices de la Triple A en una batalla que no tiene nada de nostalgía y sí mucho de pulseada por el futuro.

Ese futuro soñado del socialismo donde nos espera, seguro, el Watu Cilleruelo.

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