La teoría de las presiones contrapuestas sobre el gobierno


Un ejemplo de un pensamiento obsoleto, incapaz de aprehender las nuevas realidades y de organizar la lucha por su transformación.

En una columna publicada en Pagina 12 a pocos días del triunfo de De la Rúa, el secretario general de la Central de Trabajadores Argentinos, el compañero Víctor De Gennaro presentó un análisis del nuevo gobierno que repitió luego en el Encuentro del Nuevo Pensamiento y que hoy circula ampliamente entre aquellos dirigentes que constituyen la corriente hegemónica de la central, y que deciden su política cotidiana.

Los compañeros han organizado su análisis más o menos del siguiente modo:  son las luchas obreras y populares las que forzaron la retirada de Menem de la escena, por ello el contenido principal del voto a De La Rúa es un “Chau Menem”; sin embargo la fuerza ganadora no expresa cabalmente dicha voluntad popular y de hecho se ha instalado un eje divisorio de aguas: “democracia o ajuste” que se llega a expresar al interior mismo del gobierno y su gabinete nacional.

Reconocen que las fuerzas partidarias del ajuste (figura con que aluden al modelo neoliberal en su integralidad) tienen la iniciativa, pero no descartan que si las fuerzas partidarias de la democracia de adentro y afuera del gobierno coordinaran su accionar y lo potenciaran, se podría enderezar el rumbo hacia el lado de la profundización de la democracia.

Por ello, sostienen algunos, hay que eludir la trampa de enfrentar en bloque al gobierno de De la Rúa y concentrar fuerzas contra los sectores más reaccionarios.

Por ello, suponemos nosotros, que no se convoca a unir la resistencia y desplegar planes de lucha nacionales contra el continuismo (que implica la profundización) de un conjunto de políticas al que no se puede dejar de considerar un verdadero sistema de explotación de los trabajadores, de exclusión social de millones, de control social, aplastamiento cultural y dominación política.  Y aunque los compañeros no se atrevan nunca a nombrar la palabrita, ese sistema se denomina capitalismo.  A siete meses de realizado el congreso de Mar del Plata el balance del cumplimiento de sus resoluciones es más que exiguo.

En su intervención ante el XXº Congreso del Partido Comunista, Patricio Echegaray desarrolló un análisis marxista sobre el nuevo escenario político en constitución a partir del 24 de octubre.  Dijo allí: Hay un gobierno que se va y uno que viene.  ¿Cómo analizarlo? ¿Cómo el resultado de las elecciones de octubre, de la supuesta disputa entre la continuidad menemista y el cambio de la mano de la Alianza, o como la consecuencia mediata de largos procesos económicos, sociales, culturales, militares, políticos?.  Creemos que el camino metodológico de análisis es el del pensar el presente desde una perspectiva histórica, de analizar una disputa electoral desde la integralidad de las relaciones sociales y por eso sostenemos que el bloque de poder obtuvo un éxito importante porqué no solo logró mantener el modelo neoliberal del capitalismo, sino darle mayor estabilidad a la dominación con el consenso conquistado por los partidos que explícitamente se comprometieron a mantenerlo y perfeccionarlo.”

No es ocioso recordar que hace diez años, el grupo de los Ocho al que pertenecía Chacho Alvarez y el propio Germán Abdal, argumentaban la necesidad de terminar con el “enemigo principal” =  gobierno de Alfonsín, para justificar que no solo votaban a Menem, sino que integraban sus listas.  Entonces fue el Chau Alfonsín, ahora es el Chau Menem.  Siempre habrá un enemigo más malo que el que tenemos enfrente, pero la política real nos exige definirnos ante el que aplica la política verdadera.

Nadie mejor que los comunistas argentinos para saber hasta que límites puede llevar esta política de apuntalar el mal menor y de descubrir contradicciones secundarias en el campo del enemigo.

Pero el caso es que por más de diez años hemos puesto nuestro debate sobre los límites reformistas de nuestra política al servicio del campo popular y ello hace que nos resulte más inadmisible que a ninguno que se nos pretenda presentar el viejo cuento de las dos presiones y las dos perspectivas como expresión de un nuevo pensamiento.

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