• Mensaje envíado a la Familia Avellaneda, los abogados querellantes y los miembros de la dirección de la Liga antes de la sentencia

    Ahora.

    Que ya dijimos todo lo que teníamos para decir, y lo dijimos bastante bien.

    Ahora.

    Que ya probamos que la cadena de mandos responsable del crimen de floreal, y la prisión y torturas de Iris, empezaba en Riveros y llegaba hasta Aneto.

    Ahora.

    Que hemos dado prueba de poder sostener por más de tres meses la querella  contra los represores y tener capacidad de instalar en una porción más amplia de la sociedad –más amplia que la militancia tradicional de la izquierda y el movimiento de derechos humanos- que el crimen de Floreal fue parte de un Genocidio cometido para fundar el país injusto que aún sufrimos.

    Ahora es el momento de decir que ya hemos ganado la batalla contra el olvido, por la memoria y la verdad.  Y que hemos aportado todo lo necesario para que haya Justicia.

    Pero que no depende sólo de lo que hagamos nosotros.

    Desde que comenzamos a prepararnos para esta batalla nos propusimos superar dos limitaciones que acosan al movimiento de luchadores contra la impunidad: los límites del liberalismo y la estrecha mirada desde el lugar de víctimas.

    Puestos a elegir preferimos definir nuestra lucha como la lucha por la reivindicación del Negrito, por asumir y difundir sus banderas y contribuir a crear condiciones reales para su triunfo.

    No hemos sido nunca, ni somos, cultores del liberalismo.

    Lo repudiamos como la ideología de las democracias representativas, formales, creadora de la ilusión de que la igualdad formal es más importante que la igualdad real.  El liberalismo pretende que el Derecho sea sagrado y que nos subordinemos a sus dictámenes que casi siempre son la expresión de una correlación de fuerzas social antes que el libre resultado de un debate.

    Tampoco adherimos a la mirada desde el lugar de eternos víctimas.

    Hemos sido víctimas del Terrorismo de Estado, individual y colectivamente, pero pudimos pasar a ser testigos, querellantes, acusadores, constructores de un espacio social que entiende y se hace cargo de nuestro reclamo.  La lucha por la memoria y la Justicia es para nosotros parte de la lucha por la Verdad y la verdad histórica es parte de la subjetividad popular necesaria para vencer la impunidad y los imputadores.

    Entonces, ¿cómo pararnos ante la sentencia?   ¿Considerando solo los aspectos jurídicos? ¿Asumiéndonos como eternos perdedores que merecen y piden una mirada compasiva de la sociedad?

    La respuesta no es fácil ni creo que pudieramos llegar a una formula mágica que nos permita medir la sentencia y leer su significado político.

    En la lucha social, cultural y política nunca nada es tan fácil.

    Pero pensamos que un punto de referencia podría ser si el Tribunal da por probadas las denuncias de la familia Avellaneda y por  lo tanto TODOS los juzgados son condenados.  Y ese sería un primer corte.

    Culpables o Inocentes.

    Se da por cierto lo dicho por Iris y el resto de los testigos o se lo bastardea, una vez más.

    Pero sabemos que todo puede ser más complejo y lleno de matices.

    Que pueden considerarlos culpables pero aplicar sentencias diferenciadas.

    Que pueden llegar a que alguna sentencia sea tan menor que en pocos años quede alguno de ellos libre.

    O pueden mandarlos a su casa hasta que la sentencia quede firme (lo que sólo será cuando la Corte Suprema la confirme, dos o tres años por lo menos).

    En ese caso, proponemos una mirada crítica, muy crítica, de denuncia de que la formalidad jurídica,  la llamada “normalidad procesal” es funcional a la impunidad y una promesa de que iremos a la Corte y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos con nuestro reclamo, pero no equiparar esa situación a la de la absolución.

    Soy conciente que la propuesta es innovadora.

    ¿Que es más fácil y hasta más gratificante que colocarnos en eternos víctimas de la injusticia y el PODER?  pero estoy proponiendo un debate sobre la eficacia de nuestros posicionamientos.

    Otros niegan todo contacto con las áreas gubernamentales, pero nuestro trabajo sobre Canal 7 permitió que algunos cientos de miles de argentinos conocieran el caso del Negrito o que el Instituto Espacio para la Memoria nos diera movilidad y apoyo con ediciones gráficas para la disputa.

    Y no por eso abandonamos Justicia Ya! ni dejamos de valorar que otras organizaciones de derechos humanos se jugaran enteras en el juicio como los abogados del Ceprodh, la Asociación de Ex Detenidos y Fidela.  Hemos tratado de no hacer contraposiciones falsas y unir todo lo que se pudo para confrontar con la impunidad sin discriminar ni prejuzgar a nadie.

    En todo este proceso la Liga ha crecido en credibilidad y visibilidad, se trata de pensar cómo logramos más capacidad de llamar la atención sobre nuestro discurso y se trata de “partir” del sentido común.  Teniendo en cuenta que el espacio al cual dirigimos nuetro mensaje se ha ampliado, debemos pensar en terminos de eficaci a del discurso.  Por ejemplo: cómo entendenría ese público ampliado que el Tribunal  los conside Culpables y nosotros digamos que nos derrotaron y engañaron, etc. etc.??.

    Paulo Freyre decía que partir no es lo mismo que quedarse, refiriéndose justamente al sentido común y la lucha cultural de la izquierda..  No estoy proponiendo conciliar con la Justicia y la “normalidad procesal” sino buscar las mejores condiciones para esa batalla.

    Porque ahora, como dijo Sabrina en el Juicio, estamos más seguros que nunca que cuando nadie se acuerde del nombre de los generales asesinos, ni polvo quede del polvo de los huesos de los genocidas, el nombre del Negrito será barco y será calle para que todos sepan que el sueño eterno de la libertad no murió con el Negrito.

    Y eso valdrá siempre mucho más que cualquier condena judicial por más fuerte que ella sea.

    “Mi venganza será que tu hijo vaya a la escuela” le dijo Tomás Borge a su torturador en la Nicaragua de Somoza y la nuestra, que un niño corra por las calles de una Argentina liberada con el rostro del Negrito en su remera gastada y sucia para que todos sepan que el sueño eterno de ser libres es invencible, como la verdad que sostuvimos en el juicio.


  • Publicado en Rosario12 el 6 de junio de 2009 como columna de opinión

    En diciembre de 1977, pocos días después de ser liberado de mi segundo secuestro en la Seccional Cuarta de la Policía, me presenté ante el Juez Iribas y denuncié los tormentos sufridos a manos del Grupo de Tareas compuesto por el Curro Ramos y otros (simulacros de fusilamientos, brutales golpes en el hígado, palos con clavos en las rodillas, etc.). A pesar de que el Dr. Orellana constató los daños sufridos y que la causa avanzó bastante; al final el caso quedó sin condena.

    En agosto de 1992 denuncié que el Dr. Brusa era uno de los que participaba en las torturas, pero a pesar de que la denuncia fue amplificada por los diarios rosarinos (no así por El Litoral de Santa Fe) el Senado de la Nación, a iniciativa de los senadores de Reutemann lo hizo Juez Federal al miserable torturador. Hasta el año 2002 la Justicia no realizó ninguna investigación de las denuncias del 77, ni de las presentadas a la Conadep (que ya consideraba Centro Clandestino a la Cuarta en el 84) ni de las que presentamos ante Garzón en Madrid.

    La causa se inició en mayo de 2002, luego de que De la Rúa rechazara el pedido de extradición y que la Liga Argentina por los Derechos del Hombre le pidiera al Procurador General de la Nación (Rosario/12 del 28/11/2001) que ordenara al Fiscal Freiler la apertura de la causa. El juez Rodríguez recepcionó rapidamente las testimoniales de los sobrevivientes (que ya habían declarado ante el Consejo de la Magistratura en el tramite que destituyó a Brusa en el 2000) pero luego congeló la causa hasta el 2005 en que los citó, detuvo y tomó indagatorias. Pero cometió un «error» procesal (los acusó de asociación ilícita sin interrogarlos) y la Cámara Federal de Rosario aprovechó para apartarlo y así enredar la causa que entró en un pantano jurídico del que solo emergió en febrero de 2008 al constituirse el Tribunal Oral Federal luego de un interminable desfile de jueces y abogados renunciantes que declaraban su admiración por Videla o su simpatía por Brusa. Al elevar la causa se decidió dejar de lado la desaparición forzada de Alicia López en octubre de 1976, que siempre denuncié y otros «detalles».

    Este 29 de mayo, siete años después de iniciada la causa, se ha convocado al Juicio Oral para el 1º de setiembre al tiempo que declaran inimputable al jefe Rolón y ordenan que solo dos abogados tengan voz en el Juicio. ¿Por qué? En aras de la normalidad procesal, contestan los miembros del Tribunal. ¿Cuál normalidad? ¿La que rechazó los habeas corpus que mi mamá presentó en el 76? ¿O la del Juez que desestimó mis denuncias de torturas de diciembre de 77? ¿O la del Senado que aceptó a Brusa? ¿O la del Juez Rodríguez que explicó la ausencia del secuestro de Alicia del auto de procesamiento por un «olvido»? ¿O la de este mismo Tribunal que tardó 450 días para «organizar» el Juicio Oral? Encapuchados nos tuvo la dictadura. Privados de justicia, invisibles, ninguneados, nos tuvo la democracia por veinticinco años. Ahora, pretenden silenciar nuestra voz en el juicio porque diremos que la «normalidad procesal» que reivindican es el modo de encubrir la «excepcionalidad» de un Estado que garantizó la impunidad de los represores. No lo permitiremos. La memoria es más larga que la traición.


  • Texto aportado a un seminario de militantes comunistas del movimiento obrero y territorial

    Dice Foucalt que el Derecho produce verdad, al menos en la dimensión del sentido común imperante en una sociedad dada, y es por ello que toda nuestra labor en el campo de los derechos humanos, y más particularmente en la lucha por juzgar el Genocidio perpetrado en la Argentina procura aportar a una cuestión estratégica: construir la verdad sobre la historia de la dominación y la resistencia, sobre los ciclos de Poder y los ciclos de luchas populares, sus puntos fuertes y sus limitaciones.

    En ese sentido, el caso Avellaneda, que ha tenido alguna amplificación social gracias a la labor de periodistas de Pagina 12 y la Gerencia de Noticias del Canal 7, no solo ilumina sobre la calaña de los militares, también aporta a comprender la historia del movimiento obrero y de la labor de los comunistas en ella.  Diremos algunas breves cosas sobre ello.

    Floreal Avellaneda es un militante de toda la vida, hijo de una revolucionaria y miembro de una familia de militantes de esos que Brecht consideraba imprescindibles.  Lo buscaban por eso, por revolucionario comunista, pero también porque desplegaba esa militancia al interior de las grandes empresas metalúrgicas de la zona norte del Gran Buenos Aires.  Puntualmente ha sido probado que el Grupo de Tareas que asaltó su casa en abril de 1976 llevándose a Iris y Floreal, lo hacía como parte de un vasto operativo de arrasamiento con quienes habían sido delegados obreros de  Tensa, enfrentados a la burocracia sindical de la UOM de Vicente López, que ya estaba encabezada por el nefasto Gregorio Minguito.  Relata Floreal que en la empresa Tensa y más en general en el gremio metalúrgico de la zona se desarrollaba una labor de unidad de los revolucionarios: comunistas, peronistas revolucionarios, compañeros del P.R.T., del P.S.T. (el morenismo de la época)  y otras fuerzas de izquierda, que desató la furia de la burocracia sindical, la patronal y las fuerzas represivas.

    En éste e infinidad de casos, acaso los de Acindar y Mercedes Benz, sean los más notables, está probado que aquello que Victorio Codovilla llamaba la Santísima Trinidad (burocracia sindical + patronales + fuerzas represivas) era algo más que un concepto de propaganda: era una realidad con historia y, como trataremos de probar, con un largo futuro que llega hasta nuestros días.

    Si el movimiento obrero moderno (los sindicatos para el combate y no en el sentido gremial corporativo del periodo pre capitalista) nació en la Argentina con la fundación del Sindicato Gráfico en 1857, si la tradición comunista (la fusión de los grupos socialistas y anarquistas  con el movimiento sindical) nació en 1890 con el primer Primero de Mayo, la Santísima Trinidad nació con ellos y muy temprano gestó el basamento del edificio jurídico de un Estado represor como el nuestro: la Ley 4144 de 1902.

    A veces se olvida que la primera huelga general de la clase obrera argentina fue en defensa de los derechos humanos, en repudio a la sanción de la Ley 4144 llamada de Residencia y vigente hasta 1957; la misma conducta: huelga general, asumirían los trabajadores de la Fora y la UGT en 1927 respondiendo al llamado a salvar la vida de los anarquistas Sacco y Vanzetti, finalmente asesinados por la Justicia norteamericana.  Del propio seno del movimiento obrero y comunista surgió la primera organización de lucha por los derechos humanos: el Socorro Rojo, sistemáticamente oculta por los historiadores, incluidos los progresistas y de izquierda trotskista, que organizó la solidaridad con los perseguidos de Irigoyen y la dictadura de Uriburu y Justo, entre otros los llamados mártires de Balcarce.

    La vigencia de la 4144 por cincuenta y cinco años, aplicada por gobiernos militares y civiles, radicales y peronistas, es la prueba de que represión al movimiento obrero atraviesa las diferencias secundarias al interior del bloque de Poder y constituye uno de los factores de unidad permanente que les permite actuar como un bloque cuando se sienten amenazados: como en el 76 o el 2001.

    Contra el mito liberal de que la “democracia” formal garantiza los derechos humanos y las dictaduras los violan, podemos rastrear la legislación antiobrera y represora por toda la historia argentina, incluyendo aquellos gobiernos nacional populistas como el de Perón en su primer etapa, demo liberales como el Illia o Frondizi, progresistas como el de la Alianza de De la Rúa y el Frepaso o el mismo de los Kirchner, de tercera vía.

    En primer lugar, al interior de las fabricas, en el lugar mismo del trabajo, la dictadura no dejó nunca de existir.  Las conquistas que se habían logrado en el ciclo de luchas del 55 al 75 fueron borradas por la dictadura y consolidadas por la democracia formal.  Las nuevas tecnologías de gestión y relaciones laborales, el paso del Fordismo al Toyotismo y todas las innovaciones propias de la Sociología de Organización de los yanquis, han agravado al extremo la situación.  Los círculos de calidad, la asociación del ingreso individual al rendimiento colectivo, etc. han contribuido a gestar un mecanismo de control social formidable.

    En segundo lugar, tal como ocurre desde 1945, más allá de diferencias puntuales y encontronazos circunstanciales, las patronales y el Estado siguen apostando al acuerdo con la burocracia sindical de origen peronistas articulada en la C.G.T.; en todo caso la actual división entre Moyano y Barrionuevo reproduce la conducta histórica de la burocracia ante las dictaduras: una CGT combativa y otra conciliadoras; ahora se invierte el sentido: la conciliadora es la que está más lejos de la derecha fascista y la combativa, más cerca pero no hay que perder de vista que es una conducta histórica donde los roles cambian con velocidad.

    En tercer lugar, si para que se constituya un acto represivo se necesitan tres factores: un instrumento jurídico, una fuerza material y un discurso justificatorio, veamos que pasa con estos elementos en el ciclo kirchnerista.

    Hemos denunciado infinidad de veces que la continuidad jurídica entre dictaduras y gobiernos constitucionales es la base del continuismo del PODER, digamos ahora que la negativa a volver atrás del arrasamiento de la legislación laboral menemista del 90 es la prueba del continuismo neoliberal en profundidad; pero no solo eso.  En los 90 se adaptó la legislación represiva para enfrentar los desafíos piqueteros y las huelgas salvajes: son más de cinco mil los compañeros procesados por participar en luchas sociales a quienes se les aplicaron los artículos 212 (“intimidación pública”) y/o 149 (“coacción agravada”) del Código Penal.  Cerca del fin de la primera década del siglo XXI, tales instrumentos jurídicos represivos se mantienen y aún más: conviene no olvidar la sanción de la llamada Ley antiterrorista que crea una nueva figura jurídica: asociación ilícita terrorista que podría calificar casi a cualquier organización popular que confronte con el estado en defensa de sus derechos. Las promesas de no aplicarlo quedaron al desnudo con la decisión del gobierno de Cristina de expulsar del país a los seis campesinos paraguayos sobre los que pesa la acusación de terroristas por parte de justicia paraguaya, continuista y stroesnerista.

    Acaso la desaparición forzada de Julio López nos exima de cualquier otro comentario para demostrar que el aparato represivo no ha sido desmantelado sino reformulado y refuncionalizado.  Se le han dado más funciones represivas a Gendarmería y Prefectura, así como ha nacido un verdadero ejercito privado que se alimenta con lo que la Bonaerense va expulsando por “excesivamente” asesino y corrupto. La decisión de Scioli de restituir el Jefe de la fuerza a los oficiales de la maldita policía fue la señal de borrar todo vestigio de los intentos de Arslasnian y Cafiero por reformar la Bonaerense.  La decisión de Cristina de reincorporar cuatro mil efectivos para combatir “la inseguridad”, justamente esos policías apartados por la reforma Arslasnian, confirma ese rumbo que es leído  por las fuerzas de seguridad como un aval a sus reclamos de mano dura y gatillo fácil.

    En 1918, en ocasión de la Semana Trágica, nació la Liga Patriótica Argentina, primer grupo de tareas para estatal, antecedente de la Alianza Libertadora Nacionalista, Tacuara, Guardia de Hierro y la Triple A.  Desde el 45 para acá, esos grupos para estatales siempre contaron con un componente sindical, y es en la dictadura donde esa alianza se potencia pero no desaparece en democracia.  De hecho, en los últimos años, la capacidad de acción de las patotas sindicales ha crecido y episodios como el enfrentamiento de la quinta de San Vicente (17/10/06), la represión a los trabajadores del Hospital Francés (26/10/06), del Subte o del Casino, muestra la presencia de un factor que no se puede subestimar y que en una dinámica de crecimiento de las luchas y de fortalecimiento de la derecha explícita (ya sea Macri ya sea Duhalde), tendrán más aliento

    Y por último, más no por eso menos importante, conviene prestar atención al modo con que la derecha recuperó terreno en el plano simbólico: no fue por la reivindicación del neoliberalismo y el genocidio sino por la tangente de instalar el tema de la seguridad y recomponer en el imaginario colectivo un enemigo que ya no son los terroristas ni los narcotraficantes sino directamente los pobres y sobre todo los pobres jóvenes.  La aceptación por parte del progresismo (Zaffaroni) y la tercera Vía (Anibal y Cristina) de la propuesta de bajar la edad de imputabilidad de los menores (aberración jurídica y humanitaria impropia del siglo XXI) muestra la penetración del discurso y la necesidad de confrontar con la derecha sin concesiones sobre el pasado y el presente.

    Así se completa un circulo perverso que genera las condiciones para que actúen las patotas de Macri o los asesinos de Sobish, pero que nos desafían a pensar la cuestión de los derechos humanos no como una cuestión arqueológica o de especialistas, sino como algo central de la lucha de los comunistas en el movimiento obrero.

    Tal como hicieron aquellos obreros que en 1902 enfrentaron la 4144 o los colectiveros que en 1975, bajo las balas de la Triple A se movilizaron contra el asesinato de Carlos Banilys, dirigente del transporte asesinado por la Santísima Trinidad cuya causa dueme en un cajón del juez Oyarbide, como la de casi todos los militantes obreros victimizados por el Terrorismo de Estado de los 70.


  • mientras trabajabamos para entregar al tribunal oral de santa fe el ofrecimiento de prueba sobre el jefe del Area Militar Santa Fe de los años de plomo, Juan Rolón, nos llega la noticia de su liberación por la Camara Nacional de Casación con argumentos similares (se supone porque no tenemos la cedula todavía) con los que declararon inimputable a Massera.

    es extraño, la misma prensa e intelectuales que claman por la baja de la edad de la imputabilidad a catorce años o aún menos, callan en silencio complice ante la declaración de inimputabilidad de los responsables de un Genocidio que arrasó una generación y fundó el país injusto que hoy tenemos

    la impunidad se sostiene desde las más diversas áreas y sectores.
    cuando los diputados se niegan a votar en particular la ley que cierre el paso a los genocidas al congreso.
    cuando los jueces permiten que las víctimas del terrorismo de estado sean revictimizadas en las audiencias orales que supuestamente deben producir el resarcimiento que la sociedad les debe.
    cuando se permite que los juicios se demoren y demoren hasta que los represores mueran como pinochet, acusados pero no condenados, o puedan aducir demencia senil o enfermedades terminales como en este caso

    me tocó, por militar en Santa Fe a la época de la Triple A y la dictadura militar, conocer a los dos primeros Jefes del Area Militar 212:
    al Teniente Coronel Gónzalez a finales de 1975 ante quien concurrimos para denunciar la tortura de un militante de la Federación Juvenil Comunista por parte de un grupo de tareas a finales de noviembre de 1975, la entrevista se realizó a principios de diciembre y la respuesta fue que el cinco de diciembre de 1975 una bomba destruyó la casa donde vivía junto a mi madre y hermanos en Primera Junta 3588;
    al coronel Rolón lo conocí en abril de 1977 cuando luego de haber estado preso salí en libertad desde la sede del Comando sito en la calle Avda Freyre cerca del Hospital Provincial, allí me mostró una ficha que supuestamente era la mia y me dijo que en Chile me hubieran fusilado pero que si seguía participando en política me vería de nuevo con ellos, y así fue, en noviembre de 1977 fue nuevamente secuestrado por un grupo de tareas y llevado al CCDT La Cuarta donde conocí al luego Juez Victor Brusa.

    como dice el poeta, todo está guardado en la memoria y no habrá impunidades que la venza

    la memoria es más larga que la traición, escribí en 1992 cuando Brusa fue designado Juez Federal de la Nación por el Senado a iniciativa de Reuteman y sus lacayos Gurdulich de Correa y Rubeo, y sigo pensando lo mismo.

    a pesar de la libertad ordenada de Rolón


  • Se necesitaron treinta y tres años y veintiséis días para que la Justicia escuche la denuncia de una familia arrasada por el Terrorismo de Estado.  En ese acto se condensa tanto el honor y la dignidad de una familia obrera constituida históricamente alrededor de la cultura comunista, la persistente perversidad de los genocidas y sus defensores así como la cómplice complacencia de una Justicia que sigue fingiendo juzgar lo que no juzga: el Genocidio. Conviene empezar por algunas obviedades: testimoniar es recordar, es volver a vivir y si se testimonia sobre el asalto armado de un Grupo de Tareas que ataca a mujeres, hombres, niñas y adolescentes, si se debe recordar el secuestro de una madre y su hijo, si se debe explicar en qué estado hallaron el cuerpo de Floreal o que Iris, al llegar a Olmos con treinta ocho años, fue bautizada La Vieja por el deterioro casi mortal que sufrió en el cautiverio, el testimonio es sencillamente un acto donde se actualiza lo vivido y lo sufrido, lo luchado y conseguido, lo agraviado y lo honrado.  De la valentía y entereza de nuestros compañeros y compañeras hemos hablado muchas veces, conviene hoy hablar un poco de la perversidad de la defensora de los Genocidas que al defender su Obra, asume su proyecto y su metodología de acción: ¿con qué frecuencia le pasaban la picana eléctrica por el cuerpo?, le preguntó a Iris, ¿por qué razón –en 1978!– no dijo lo que sabía a la Policía?, interrogó a Arsinoe.  Para algunos dogmáticos del derecho, estaría ejerciendo el legitimo derecho de defensa que la Constitución proclama como garantía universal para todos, pero esa mirada esconde el intento de borrar la excepcionalidad de la situación judicial en que nos encontramos: el “pequeño detalle” de que entre los hechos ocurridos y el Juicio Oral han pasado 33 años y 26 días, y que la falta de Justicia no es atribuible a las víctimas como pareció insinuar la Dra. Larrandart al intimar a Arsinoe que vuelva a describir por tercera vez al asesino de su sobrino “porque sin pruebas no puede haber Justicia” desconociendo que la materialidad de los hechos en debate han sido comprobados en la Causa 13 de 1984 donde, sin lugar a dudas, se dejó establecido que Floreal Avellaneda fue asesinado por torturas en la Comisaría de Villa Martelli bajo el mando operacional de Institutos Militares.  Pareciera que el Tribunal ni siquiera ha leído el fallo de la Causa contra la Junta de Comandantes donde se dejó establecido que lo ocurrido fue parte de un Plan de Exterminio organizado por el Estado de modo tal que se ocultaban los hechos al momento de cometer los delitos y que por lo tanto la Justicia solo cuenta como prueba para establecer la Verdad y castigar a los culpables con la palabra de los sobrevivientes al horror.  Y es eso lo que está en discusión: el valor de la palabra de los sobrevivientes (no solo de las víctimas directas, Iris en este caso, sino de todos los que vivieron y lucharon por la verdad: Floreal, Estela, Arsinoe y Azucena si hablamos de los Avellaneda).  Impedidos de hablar los tuvo la dictadura, encapuchada Iris, perseguido Floreal, obligadas  a decir lo mínimo necesario, las que gestionaban su libertad.  Silenciados los tuvo la democracia todos estos años al privarlos del Juicio Oral que reclamaban y ocultos por el monopolio mediático, que implacable sigue intentando esconder el Juicio a pesar de los esfuerzos del Canal Público por difundirlo. Subestimados y ninguneados los pretende una Justicia que obtusamente trata de presentar el asesinato de Floreal como una cuestión privada y personal y por eso le niega a Iris que aclare el contexto social y político que explican el Genocidio del que fueron víctimas.  Si la muerte del Negrito es una cuestión personal, el Terrorismo de Estado sería una enorme colección de crímenes personales y no la destrucción de un grupo nacional, constituido por quienes resistían la instalación de un modelo de país que aún persiste. Parecen cosas parecidas pero no lo son y lo dijo Floreal padre con una contundencia inigualable: “No vinieron a buscar a la familia Avellaneda, acá hubo una metodología para imponer un sistema neoliberal y esto llevó a destruir una generación”. Entre otras virtudes, que ya hemos resaltado anteriormente (valor de la persistencia de la lucha de la familia, de la Ladh y del Partido Comunista, aclaración de la verdad histórica sobre una cultura política, etc.) el juicio avanza en demostrar la razón fundamental del atraso en juzgar el Genocidio: la falta de correspondencia entre el fenómeno social que se debe investigar y el instrumento jurídico con que se pretende hacerlo. O para decirlo de un modo más directo, no se puede tratar al genocidio como al robo de un bicicleta. Ni a sus víctimas sobrevivientes, ni a los testigos que dan cuenta de él ni tampoco a los imputados que alegan principio de inocencia cuando han sido indultados o liberados por leyes de excepcionalidad como las dictadas por Alfonsín y Menem. La “normalidad” que pretenden para estos juicios, y que en gran parte la Justicia convalida, es fruto de la excepcionalidad del modo específico de perpetrar el Genocidio, el ocultamiento institucional de los hechos, y las políticas de impunidad del Estado Democrático articuladas por los tres poderes: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Todo esto se revela en el trato a los testigos: mantener separados a la Familia Avellaneda al momento de declarar para “que no se vulnere el secreto del testimonio” es ridículo, impedir la difusión pública de su palabra es convalidar la Obra del Terrorismo de Estado: silenciar una tradición política componente de una cultura de rebeldía que a pesar de todo sobrevivió y se hace oír en las calles y las paredes. Y con ellos habla el Negrito.


  • En respuesta a una carta

    de Jorge Pereyra

    a la familia Avellaneda

    Cierto es que hay quienes dicen haberlo visto en el acto de MansiónSeré, el último 22 de marzo, cuando siete mil personas (casi todos jóvenes) aplaudieron el discurso de su mamá y homenajearon a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y el Partido Comunistaque bregaron contra el olvido y la impunidad por más de treinta y tres años.

    Pero en la noche del 26 de abril, en esa esquina de San Martíndonde se armó la vigilia para esperar en la calle el inicio del Juicio a sus asesinos, volvió el Negrito para quedarse con nosotros para siempre, para ser bandera de los que quieren patria y socialismo, para darnos aliento y fortaleza en la dura lucha por construir poder popular en la Argentina.

    ¿Y saben por qué se que volvió?

    Porque lo vi en el pecho de sus compañeros y compañerasde la Fede, porque quien vive en el corazón de sus camaradas no muere nunca.

    Porque si Ernesto De Marco, secuestrado por la misma épocapero sobreviviente de varios simulacros de fusilamiento, cuando se convenció que finalmente lo mataban o lo liberaban escribió en un inmenso tanque de agua en el sótano de la ESMA: DE MARCO PC, el Negrito en su último minuto de vida debe haber pensado en las ganas de ser Poder de la Fede y no poder ser, en que otros deberían completar su sueño libertario y esos otros deberíamos ser nosotros, sus compañeros de la Fede y el Partido.

    Y el Negrito volvió porque hay Juicio a los Generales Riveros y Verplaetsen y sus cómplices y porque con el Juicio  volvió la Fede a ser visible para todos.

    Para los que la quieren y para los que la combaten, para los que defendieron -en los momentos más duros de la historia de la Revolución Mundial- la identidad comunista, para los que defendieronen los momento más duros de la historia política argentinala organización de los comunistas donde militaban y militan Floreal e Iris y para quienes abandonaron esa organización y se dedicaron a combatirla de mil maneras, acaso el más perverso afirmando -como ha hecho Jorge Pereyra y el así llamado “Partido Comunista Congreso Extraordinario” todos estos años-, que “Patricio Echegaray y sus seguidores”iban a  disolver el Partido y borrar su historia, que negaríamos nuestros  mártires y represaliados.

    El Negrito volvió de la mano del XVI Congreso y no contra él.

    El Negrito volvió de la mano de Marcelo Feito, militante de la mismazona norte de la Fede que un día partió a Nicaraguallevándose un pañuelo que le puso en el hombro la mamá del Negrito,nuestra Iris madre coraje argentina y comunista, para morir combatiendo en ese lugar de El Salvador que se conoce como Chalatenango defendiendo la tradición internacionalista de Fany Edelman y su Partido.

    El nuestro, el del Marcelo y el Negrito.

    El Negrito volvió porque no nos disolvimos ni nos subordinamos a nadie.  Ni a la izquierda sectaria ni al progresismo posibilista;ni a la derecha sojera ni al gobierno kirchnerista que una y otra vez vacila y retroce de de sus promesas de castigo a los culpables queue terminan en el pedido de mano dura que hoy hacen al unísono Aníbal Fernández, Cristina Fernández y Néstor Kirchner cuando claman “contra los juecesque liberan a los delincuentes juveniles” y quieren más y más formas de criminalizar la infancia y la juventud como hacen ahora conla baja de la edad para imputar a los niños.

    El Negrito volvió porque el Partido Comunista se atrevió a lo que ningún otro partido se le ocurrió ni se atrevió en la Argentinani Nuestra América, que fue reclamar el rol de querellante para la Fedeen el caso del Negrito primero y en las mega causas de Campo de Mayo,Esma, Triple A, Primer Cuerpo después.

    Porque con Fidel entendimos en los 90 que si el enemigo quiere que nos cambiemos el nombre, entonces no nos cambiamos naday nos seguimos llamando comunistas aunque nos prometan el oro y el moro,aunque no nos adjudiquen puestos oficiales ni nos caliente el sol del Poderal que se ha acercado el ex compañero Jorge Pereyra y su pequeño grupo de antiguos seguidores.

    El Negrito volvió porque su lucha ha sido una lucha de buena partedel movimiento de derechos humanos y las fuerzas sociales y políticas que en su momento resistieron la decisión del Juez Suárez Araujodel Juzgado Federal de San Martín que había negado el derechodel Partido Comunista y la Fede a querellar en la causa.

    En primer lugar a los organismos y fuerzas sociales y políticas nucleadosen Justicia Ya! que fueron los primeros en sostenernuestro reclamo que es el suyo; pero no solo ellos, cientos de compañerosfirmaron el Petitorio a la Cámara Federal de San Martínque terminó aceptando nuestra petición.

    Es la hora de reconocer la inmensa labor solidaria de nuestros amigosde Italia y España, en primer lugar de los compañeros de Alex Andalucía y Vientos del Sur de Italia, de Jorge y de Fabio,queabrieron espacios para la reivindicación del Negrito en Europa.

    Pero el ex compañero Jorge Pereyra y su supuesto “partido extraordinario” no firmó el Petitorio para que los comunistas sean querellantes ni puso el cuerpo en las audiencias de la Cámaradonde ganamos el derecho a querellar.

    Y hay que decirlo porque en la hora del triunfo contra el Olvidoes justo tener memoria y reconocer a quienes se jugaron por el Negritoy señalar a quienes por oportunismo o cobardía política no le pusieron el cuerpo a la lucha.

    El juicio del Negrito, finalmente,ha comenzado y lo primero que se debe decir es que nadie nos regaló nada.

    Si hay juicio es porque Iris resistió en la tortura y sostuvo el reclamo ya desde la cárcel y para siempre.

    Si hay juicio es porque Floreal resistió en la clandestinidadprimero y cuando tuvo que salir a la legalidad para reclamar lo hizo.

    Si hay juicio es porque el Dr. Julio Viaggio, presidente honorario de la Liga y dirigente nacional histórico del Partido Comunista,interpuso recurso de habeas corpus primero y realizó una serie de actos jurídicos que sólo pueden calificarse de sorprendentes y heroicoscomo pedir el reconocimiento del cadáveraparecido en Montevideo en el mismo año de la instalación de la dictadura, y lograrlo.

    Si hay juicio es porque derrotamos las leyes de la impunidad de Alfonsín, los decretos de indulto de Menem, los años de pesadumbre de los 90 y porque desde el bloque de Izquierda Unida (alianza que repudiaba Jorge Pereyra y fundamento inicial de su deserción   partidaria) la diputada Patricia Walsh, con el asesoramiento del Dr. Carlos Zamorano presentaron un proyecto de anulación de las leyesque fue votado en el 2003 bajo la presión de las masas en las callesque habían volteado cinco presidentes en el verano del 2001 2002.

    Si hay juicio es porque el movimiento de derechos humanosen general y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre en particular, han construido una estrategia jurídica política de principios y flexibleque nos permitió ir superando obstáculos, derrotando las maniobras de la  impunidad y aprovechando cada milímetro de espacio abiertoen el muro de la impunidad para actuar con audacia y serenidad.

    A nosotros: a Iris y Floreal, a la Liga y el movimiento de derechos humanos, al Partido Comunista, las fuerzas de izquierda y popularesque luchan contra la impunidad, nadie nos regaló nada y es una ofensapretender utilizar la sangre derramada por otrospara legitimar un proyecto político de continuidad del capitalismo.

    El Negrito no murió para que se pague la Deuda Externa,se mueran los pobres de Dengue y la distancia entre la riqueza de los ricosy la pobreza de los pobres sea cada vez mayor. Por el contrario el Negrito volviópara alentarnos a construir unidad popular revolucionariacomo ya hicieron los pueblos de Venezuela y Ecuador, de Bolivia y Nicaragua,como lo hizo de una vez y para siempre Fidel, Camilo, Raúl y el Chepara hacer de Cuba el nuevo nombre de la Revolución Socialista.

    El Negrito volvió porque nunca se fue del todo como nunca se fue del todo el sueño de construir una nueva fuerza política revolucionaria que se haga cargo de todos los sueños y todas las tradiciones,que combine, al fin, el nacionalismo con el socialismo y el marxismo con la religión popular renovando todas las culturas revolucionarias.

    Para que nazca una nueva identidad en cuya imagen se contengan los rostros del Negrito y los treinta mil.

    El Negrito volvió, ahora nos toca a nosotros hacernos cargode llevar su nombre a la victoria.


  • La nueva moda de los defensores y beneficiarios de la  impunidad: los que se sienten “violentados”

    ¿Qué hay de común entre un torturador que declara en el juicio por el Negrito Avellaneda y un Juez que se niega a juzgar los genocidas?  Que ambos dicen sentirse “violentados”.

    El policía y torturador Alberto Aneto, que fue reconocido por los familiares del Negrito como uno de los asaltantes a su casa el quince de abril de 1976 y por Iris Avellaneda, la mamá de Floreal, como uno de sus torturadores, exigió que se retire de la sala del Juzgado de San Martín a los padres del Negrito dado que su presencia lo “violentaba”. Y su pedido fue concedido en nombre de la legitimidad procesal.

    El Dr. Martín Gutiérrez, electo como conjuez del Tribunal Oral Federal de Santa Fe, luego de la renuncia de todo los titulares e innumerables sustitutos, encargado de juzgar al Dr. Víctor Brusa, ex Juez Federal de Santa Fe hasta su destitución en el 2000, y otra serie de genocidas como el Curro Ramos o Mario Facino, ha pedido ser relevado de su responsabilidad porque dice sentirse “coaccionado” por los dichos de la Presidenta y otros funcionarios en procura de castigo al terrorismo de Estado y el Consejo de la Magistratura concedió su deseo porque “No se encuentra en condiciones espirituales de decidir libremente”.

    Así, en nombre del Derecho se construye la impunidad y  el olvido, se agravia a las víctimas del terrorismo de Estado y se facilita su legitimación.  Que todos tomen nota de los extravíos en que se encuentra la Justicia argentina.

    Para decirlo de una vez, el discurso de los defensores de la impunidad hoy es presentarse como violentados por el –más que modesto- avance de los Juicios contra el Genocidio, víctimas de una venganza que los priva de sus derechos humanos como acaba de fundamentar Mariano Grondona, teórico de todos los Golpes y el Menemismo, desde su tribuna de La Nación[1]:  “La aplicación de nuestra ley no es pareja. Unos son castigados más allá de las garantías que deberían procurarles los jueces, en tanto otros son exaltados a pesar de lo que hicieron. Si la aplicación de nuestra ley fuera pareja y superior a la venganza, como quería Adam Smith, entonces los responsables por las aberraciones de los años 70 habrían sido todos procesados o estarían todos libres” que es lo que busca el ilustre Profesor.

    Violentados estamos los privados de Justicia por más de treinta y tres años, violentado está el pueblo todo que sigue sufriendo sus consecuencias, violentados estamos los que una y otra vez somos agraviados en nombre de un Derecho que se niega a reconocer que en la Argentina hubo un Genocidio, cometido bajo especiales condiciones que buscaban su ocultamiento y que a más de tres décadas no se puede pretender juzgar el Genocidio como si fuera el robo de una bicicleta en el verano: la incongruencia entre el fenómeno social que se debe analizar y el instrumento jurídico se pone en evidencia en estos casos extremos pero recorre toda la geografía de los juicios y está en el origen profundo del “atraso” en condenar los crímenes aberrantes y de lesa humanidad.

    Hace falta lo que pedimos todos los que queremos Justicia: una verdadera estrategia estatal para juzgar el Genocidio que sea integral, que unifique las causas en manos de Jueces comprometidos con la democracia, que es el único modo de estar comprometido con la verdad y la garantía procesal para todos.


  • Pareciera que han pasado siglos desde que el entonces presidente Néstor Kirchner ingresó a la Esma de la mano de un grupo de sobrevivientes y luchadores históricos por los derechos humanos.

    La acción formaba parte de una seguidilla de gestos de contundencia semejante (la aceptación de la propuesta legislativa de Izquierda Unida de anular las leyes de impunidad, el impulso a los cambios en la composición de la Corte Suprema, el descuelgue del cuadro de Videla en el Colegio Militar, la reiterada participación de Madres, Abuelas e Hijos en ceremonias oficiales donde era honrada la memoria de los desaparecidos, etc.) que constituyeron un claro corte con la gestualidad y el discurso oficial, no solo de Menem sino también de Alfonsín y De la Rúa que nunca llegaron a tanto.

    Dichos gestos, y los avances que se fueron logrando en los juicios merced a la lucha de los sobrevivientes, los familiares de los desaparecidos, los organismos de derechos humanos y las fuerzas sociales y políticas comprometidas con la lucha contra la impunidad, generaron el fastidio y la resistencia activa de la derecha clásica y algunos medios de comunicación (especialmente La Nación, pero también Clarín y el resto de las multimedios) que fue creciendo al compás de la recomposición de la derecha en la Argentina y América Latina.

    Acaso su última expresión haya sido el reclamo de Susana Gimenez de “terminarla con los derechos humanos”, o sea con los Juicios, la Memoria y la Verdad.

    Nunca hemos ignorado dichos gestos, ni los hemos subestimado; es más, hemos aceptado –en representación de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre- el desafío de integrarnos a entes mixtos,  compuestos por representantes estatales y del movimiento de derechos humanos, encargados de gestionar los sitios de memoria que fueron Centros Clandestinos de Detención Tortura y Exterminio, tales como el Instituto Espacio para la Memoria y el Ente Esma.

    Tampoco hemos considerado a la Justicia como un bodoque macizo de derecha, impenetrable y alineado totalmente con la impunidad del que no se puede obtener nada; por el contrario hemos impulsado el agrupamiento Justicia YA! y el espacio Memoria, Verdad y Justicia que, a su manera y de diversos modos, han procurado sumar fuerzas al reclamo de Justicia, incluido el terreno de la disputa jurídica donde tanto la Liga como el Partido Comunista han sido reconocido como querellante en los juicios por Terrorismo de Estado.

    Aclarado lo obvio, pero que siempre conviene señalar para no facilitar la descalificación fácil de quienes ven la derecha en el ojo ajeno pero no en el propio, digo a Macri en el campo de la derecha nítida pero no a Otaeche en el campo del oficialismo, también hemos dicho una y otra vez que no se vence la impunidad con gestos, que los comprometidos con el Terrorismo de Estado y su OBRA (la reconversión capitalista que hoy sufrimos incluidos sus aspectos más deplorables como la sojización del campo, la polución ambiental por las minerías y el milagro argentino de millones de hambrientos en un país productor de alimentos) son demasiado fuertes para arredrarse por un discurso allí o un monumento acá.

    Que para avanzar en serio en los juicios hacía falta un plan estatal para juzgar el Terrorismo de Estado tal como el Estado organizó el Terrorismo y voluntad política de romper las redes de alianzas entre los represores, sus amigos y las mafias policiales y políticas gestoras de vastos espacios del negocio burgués en la Argentina que tiene en lo ilícito, en lo oculto (la droga, el trafico de blancas, las zonas liberadas para el robo, las coimas por negocio estatal, etc.) una base de apoyo enorme.

    Acaso las palabras del entonces gobernador kirchnerista de la provincia de Buenos Aires, Felipe Solá (que antes fue menemista y ahora peronista disidente) expresan de un modo dramático el límite al que no está dispuesto a cruzar el peronismo en ninguna de sus variantes: “seguro que detrás del secuestro de Julio López está la Bonaerense, pero si yo meto mano en la Bonaerense se desestabiliza la provincia y no estamos dispuestos a pagar ese costo”.

    Que hay una trama de complicidades entre la Bonaerense, las mafias que dominan negocios muy rentables y la dirigencia política de los municipios del gran Buenos Aires, es un secreto a voces que nadie se animaría seriamente a cuestionar.  Han fracasado todos los intentos de “domesticar” la Bonaerense porque hay un núcleo duro de acuerdo político entre estas tres patas que es muy poderoso, y que tiene en algún punto no demasiado visible contacto y entrelazamiento con la derecha fascista y los represores.  La desaparición de Julio López da cuenta de ello.

    El kirchnerismo (si existe algo real detrás de lo que se agrupa tras la figura del matrimonio Kirchner) amagó primero con ignorar los acuerdos que llevaron a Néstor al gobierno (acuerdos tejidos por il cappo mayor Eduardo Duhalde) y construir algo así como un Nuevo Movimiento Histórico por el camino de la transversalidad pero por una u otra razón (hay variadas y sería extenso analizar todas) hace tiempo que ha  renunciado a dicho objetivo y se aferra, cada vez con más necesidad y decisión, al aparato del Pejota de la provincia que tiene en estos caudillos su apoyatura fundamental completando de esa manera la parábola iniciada en la Esma ya que al fortalecerse políticamente estos caudillos, fortalecen su posición estatal y su sistema de alianzas con la Bonaerense, la mafia y la derecha genocida lo que termina fortaleciendo al  bloque de la impunidad, el olvido y la vuelta a escena de grupos cuya metodología se parece a la de los Grupos de Tareas.

    ¿O es que alguien piensa de verdad que Rabanito Barrionuevo en Catamarca u Otaeche en la provincia de Buenos Aires pueden formar parte de otra cosa que no sea una construcción mafiosa y de derecha, que ayer apoyó a Menem, hoy a Kirchner y mañana a quién sea que sostenga sus negocios?

    ¿O es que alguien puede creer el discurso comprensivo de las condiciones sociales adversas propicias para el delito en el mismo momento que se ordena reincorparar  – nada menos que a la Bonaerense-  a cuatro mil agentes que fueran apartados de la fuerza en las diversas purgas que impulsó Arslanian tratando de depurar la Bonaerense, adoptando de esta manera el programa de la derecha en el tema inseguridad, borrando con el codo lo que se dijo por años y aportando a una dinámica que ya conocemos: la derecha no se dará conforme y pedirá más y más como hizo Blumberg en su momento?

    Sin hacer traslaciones mecánicas, conviene repasar la historia del surgimiento del Terrorismo de Estado en los 70 de la mano de la Triple A para darse cuenta que es una historia que tiene que ver con una concepción sobre el Peronismo como el Partido de Estado en la Argentina capaz de contener desde un López Rega hasta un Quieto, desde un Otaeche hasta un Eduardo Luis Duhalde (salvando las obvias distancias, más obvias en el segundo segmento de uno y otro ejemplo).

    Es esa concepción la que tenemos que atacar en el plano teórico para impedir que la historia se repita y la izquierda, los sectores progresistas y antifascistas del peronismo nos encontremos mañana bajo la presión de los grupos de tareas que despuntan hoy en la Argentina y que debemos enfrentar sin vacilaciones ni concesiones.

    Hace setenta años, un búlgaro, Jorge Dimitrov, nos enseñó que contra el fascismo no se puede retroceder, solo hay un camino y es enfrentarlo hasta derrotarlo.  El golpe en Chile contra Salvador Allende y los años del lobo en Nuestra Ameríca confirmaron esa enseñanza.

    Sería trágico que no la hayamos aprendido.

    Es la hora de la unidad en defensa de los espacios democráticos y de la lucha contra la impunidad y sus defensores, contra la vuelta del horror y el terror a nuestras vidas, por la desarticulación de todas las mafias y todos los pactos que preservan a quienes siempre han atentado contra la democracia y lo seguirán haciendo si no los paramos a tiempo.

    A la calle que ya es hora.


  • Columna de opinión publicada en el suplemento de Pagina 12 por el 24 de marzo de 2009

    De las muchas maneras que se puede pensar nuestro rol para hoy y los días que vienen, prefiero ensayar imaginar lo que harían los Treintamil si estuvieran entre nosotros.

    ¿No estarían reclamando contra la impunidad de TODOS los que organizaron y perpetraron el Genocidio que arrasó una generación y transformó un país?. Seguro que sí, como entonces pelearon contra los torturadores de Onganía y antes, desde la 4144 de 1902, contra todos los represores civiles y militares.

    ¿No estarían luchando contra toda forma de represión y discriminación como el gatillo fácil de las Policías y la situación de cuasi esclavitud que sufren los hermanos bolivianos en los talleres clandestinos o los presos sociales en las cárceles? Seguro que sí, porque sabían que dejar pasar un solo acto represor es avalar una cultura que vuelve una y otra vez.

    ¿ No estarían luchando contra el hambre y la exclusión social, por el aumento de los salarios y la recuperación de todo los que nos robaron los gobiernos milicos y civiles? Seguro que sí porque tras de todas las banderas estaba la idea de una PATRIA JUSTA Y LIBERADA de toda dominación extranjera.

    Y porque el patriotismo y el sentido latinoamericano era un mandato, seguro que estarían celebrando el triunfo del Farabundo en El Salvador que es una forma, acaso la soñada por todos ellos, de reivindicar al Che y los que lucharon en los 70 contra los yanquis y sus planes continentales de dominación.

    Que eso eran y debemos ser: patriotas sensibles comprometidos con todas las luchas y el sueño eterno de ser LIBRES. Y sobre todo, los imagino haciendo algo que ni ellos lograron: construyendo la  unidad popular.

    Unidad de programas y de conductas, que vaya más allá de las urnas y que cimiente un poder popular capaz de cumplir cada uno de sus sueños y trascender al futuro