• Entrevista del diario Panorama de Santiago del Estero publicada el 24 de marzo de 2009
    José Ernesto Schulman, uno de los sobrevivientes de la última dictadura y actual miembro de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, expresó sus sensaciones a 33 años del gobierno de facto. El activista reconoció el interés del gobierno por avanzar sobre el terrorismo de Estado pero subrayó la carencia de una estrategia, y de voluntad política para enfrentar sectores “muy poderosos”.
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    José Ernesto Schulman fue uno de los tantos argentinos secuestrados por miembros del gobierno de facto que estuvo al frente nuestro país. Sin embargo, su historia se alinea con la minoría que logró sobrevivir del genocidio que tuvo lugar en Argentina en la década del 70. Actualmente, se desempeña como secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, además de ser un destacado ensayista en torno a la problemática.

    Consultado por Radio Panorama, al cumplirse 33 años de la dictadura –hecho que el país recuerda con marchas y actos en todo el territorio nacional- Schulman manifestó que quienes vivieron el terrorismo de Estado en un día así “pasan cosas, racionales e inconcientes”.

    “Yo fui secuestrado un 12 de octubre y sistemáticamente desde entonces en esa fecha me pasan cosas. El 24 de marzo es un día en el que se concentran muchos recuerdos, pero yo lo vivo como un día de victoria, nosotros nos sólo sobrevivimos físicamente sino como personas y seres humanos. Actualmente, el sector de la sociedad que sabe que hubo un genocidio y que nos acompaña en la lucha contra la impunidad es infinitamente mayor a la existente el 24 de marzo del 1976”, manifestó.

    Schulman consideró que el recuerdo representa “un día interesante”, aunque consideró que el feriado “no ayuda al debate”.

    “Al menos las personas se movilizan en actos, marchas y eventos, yo hubiese preferido que haya una sola, pero lamentablemente las diferencias secundarias se imponen sobre lo principal. Eso es un problema profundo y colectivo del movimiento popular argentino que nunca se dio maña para distinguir entre lo principal y lo secundario”, expresó.

    La lucha contra la impunidad

    En los ensayos que ha escrito sobre la problemática, (entre ellos “la banalización del ‘nunca más’ durante la democracia kirchnerista”) Schulman se encargó de expresar que considera a Jorge Julio López como el desaparecido 30.001. No obstante haber sido consultado sobre este hecho particular, el activista consideró indispensable pensar el “problema en su conjunto”.

    “Hay que tratar de pensar el problema en su conjunto. Logramos derrotar las leyes de impunidad y los decretos de indulto, tuvimos fuerza como para reabrir las causas pero evidentemente ni el poder Ejecutivo, ni el Legislativo ni la Corte Suprema tenían la menor idea de lo que estaba pasando, ni mucha voluntad para avanzar. Las causas no están diseñadas ni planificadas, no hay una estrategia para avanzar y hay una falta de simetría entre el objeto a investigar -que es el genocidio- y el instrumento que se utiliza para hacerlo, que es el Código Penal clásico en la Argentina”, destacó.

    Schulman consideró que esas condiciones “abren un espacio fantástico” para que la defensa de los represores “meta chicana jurídica, empantane y demore”, expresando que no existe una base “que el Legislativo podría haber diseñado hace años”.

    “Aún no hay indicios de que se quiera elaborar un plan. El que organizó el terrorismo fue el Estado, por lo tanto hay que juzgar el terrorismo de Estado tal como el Estado lo organizó, por áreas militares, por subzonas militares, con comandancias muy claras, con cadenas de mandos. El Estado argentino estaba articulado a la Junta Interamericana de Defensa, que estaba bajo el comando operacional del ejército de Estados Unidos. Por eso es que no es muy difícil vislumbrar lo que hay que juzgar”, sentenció.

    Asimismo, expresó que al no haber voluntad política “se juzgan casos aislados y se pierde de vista el hecho real”.

    “Aquí no ocurrieron 5 mil o 30 mil asesinatos aislados, sino un genocidio, el exterminio de un grupo nacional para reorganizar radicalmente un país. Eso es lo que no se quiere juzgar, por eso se demora, permitiendo -sobre las bases de las relaciones de los represores y la parte del aparato estatal que les responde- que ocurran situaciones como la de Jorge Julio López”, explicó.

    Schulman aseguró que Felipe Solá expresó a integrantes de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre que detrás del secuestro de López estaba la bonaerense (por la policía) “pero nos dijo que no le pidamos que meta mano ahí porque no quería desestabilizar la provincia de Buenos Aires. Yo creo que esa idea es la tienen los gobernantes nacionales”.

    Una actualidad diferente

    Si bien las nociones para llevar adelante políticas que procuren el castigo de los responsables del genocidio suscitado durante el gobierno de facto, no son las idóneas para Schulman, él mismo consideró que en la actualidad el país sufrió “cambios importantes, el gobierno actual manifestó una voluntad de avanzar sobre el tema que no tenía ni Menem ni De La Rúa”

    Finalmente, manifestó que “el problema es que esa voluntad no está planificada ni organizada, y vacila ante la primera resistencia de la derecha. Para vencer la impunidad en Argentina no alcanza con gestos, hay que enfrentarse a fuerzas muy poderosas, y ahí es donde vemos que no hay voluntad política”.

    “Nosotros nos sentimos más reconocidos que nunca, y en esas condiciones esperamos poder combatir la impunidad. Aquí no hay medias tintas, o uno va contra los represores a fondo o no va”, concluyó.


  • Ante la falta de Justicia, que afecta la memoriae impide la verdad sobre el Genocidio argentino,construyamos un Cabildo Popular contra la Impunidad

    La decisión de la Cámara de Casación de ordenar la liberación de un grupo de genocidas «significativos» por su rol en crímenes horrorosos, accionar en la Esma o porque llegaron a ser ungidos Juez Federal de la Nación, con la excusa del supuesto «excesivo» tiempo de detención preventiva a la espera de los juicios, no solo fue perversa y cómplice de la impunidad, también reveló un «iceberg» de impunidad que se mantenía oculto tras la imagen del país de los derechos humanos que construyeron los grandes medios sobre la base de algunos gestos humanistas del ex presidente Néstor Kirchner.

    Como en el juego del gran bonete, comenzó una disputa entre los tres poderes  estatales que se acusan uno a otro de las demoras confirmando que los tres están en mora con la celeridad de los juicios o para decirlo de un modo mas riguroso se muestran comprometidos con una forma de justicia que por lenta no es justicia y por ende deriva en una forma nueva de impunidad

    Se confirma así que la impunidad es intrínseca al capitalismo y que la verdad, la memoria y la justicia que tenemos es la que pudo conquistar el movimiento popular por sus propios medios: desde la resistencia en los centros clandestinos y las cárceles y el heroísmo de quienes actuaban contra la represión en los «años del lobo» siguiendo por la resistencia a todas las maniobras ensayadas hasta aquí: la auto amnistía, las leyes de Punto Final y del Olvido, la amnistía y la obstinada negativa de juzgar a todos los responsables del Genocidio,

    Todos quiere decir también los políticos, comunicadores, empresarios, intelectuales y gobiernos extranjeros como el de los EE.UU. que fueron parte del plan de exterminio y beneficiarios del modelo neoliberal instalado sobre la sangre derramada.

    Por el contrario, el debate entre los tres poderes confirma que la estrategia oculta es lograr «juicios significativos, o paradigmáticos» que con algunos pocos casos construyan una imagen de justicia que sería una ficción de justicia, como alguna vez advirtió la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre quienes no investigan con animo de condena.  Para nosotros la ficción de justicia es otra forma de impunidad.  Como dijimos hace algunos años: el nuevo rostro de la impunidad es la Justicia, o mejor dicho, la ficción de Justicia que construyen desde la Justicia, el Poder Ejecutivo y el Legislativo..

    Esto no es nuevo, es la política de derechos humanos que han tenido todos los gobiernos de porte progresista desde el 83 a la fecha. El problema para todos ellos, es que ni esa ficción de justicia le admitió, le admite ni le admitirá la derecha que los bloquea en sus tímidos intentos de juzgar algunos represores y genera la crisis que hoy estalla ante los ojos de todos.   Sin derrotarla con contundencia no habrà ni verdad, ni memoria ni Justicia.

    Luego de la crisis de dominación del peronismo menemista y del «progresismo» de la Alianza entre el Frepaso y los radicales, la impunidad se refugió en la Justicia y desde allí ha resistido con una estrategia que podría llevar el nombre del miserable Pinochet que consiguió morir sin condena, acusado, encausado, pero sin condena judicial.

    En estos días, tanto la Procuración General de la Nación como la Corte Suprema de la Nación, han confirmado casi todas las denuncias que la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y muchos otros organismos de derechos humanos, expertos en derechos humanos y hasta Jueces, han denunciado en estos cinco años de «reapertura» de los Juicios contra el Terrorismo de Estado y supuesta primavera de los derechos humanos.

    Las cifras que han confirmado nos eximen de cualquier comentario: los condenados rondan los cuarenta en un país donde se ha reconocido que el Estado consumó crímenes de lesa humanidad, funcionaron más de quinientos centros clandestinos, desaparecieron treinta mil compañeros y más de cien mil fueron presos y torturados. Denunciamos que está en marcha un Operativo Excarcelación que pretende liberar a más de cien represores por la aplicación dogmática del fallo Díaz Bessone dado que los torturaores, apropiadores de niños, violadores de mujeres, fusiladores de adolescentes, secuestradores de compañeros, serian ahora virginales ciudadanos que gozan del derecho a la presunción de la  inocencia que implica confiar en que no se fugarán ni entorpecerán el proceso judicial ni se suicidarán como Febres.

    El Poder Ejecutivo ha dejado trascender que no piensa promover ninguna medida legislativa que encare la crisis de justicia, el Poder Legislativo sigue como ausente de semejante cuestión y la Corte Suprema acaba de fijar posición mediante una acordada que quedó muy por debajo de las expectativas de los más cautos.  La acordada se limita a dar consejos y proponer rumbos que ya se acordaron hace años y no se cumplen por el compromiso de buena parte del Poder Judicial con los represores y la falta de compromiso de los otros poderes como la propia Corte denuncia.  La gran novedad se reduce a la creación de una Unidad de Seguimiento de los Juicios confirmando aquella vieja enseñanza política de Perón de que en la Argentina cuando no se quiere resolver un problema se forma una comisión.

    Pero además, en sus considerandos introduce una variante de la teoría de los dos demonios: resultaría que los juicios se ven complicados por los reclamos de los querellantes, sobrevivientes, familiares y organismos de derechos humanos, sociales y partidos políticos, de que se juzgue el terrorismo de estado como sucedió y no como los jueces están reinventando.  La propia Procuración General de la Nación ha reconocido que montar un juicio a los genocidas Menéndez y Bussi por un solo caso mientras están sin justicia más de tres mil casos de crímenes y desapariciones ocurridas en Tucumán, no es el mejor camino.

    Advertimos sobre el retorno del discurso de revictimización de las victimas, que no es otro que el que justificaba el terrorismo de Estado: ya tuvimos que soportar insinuaciones sobre Julio López y el rechazo por parte del Gobierno Nacional y la Corte Suprema del derecho al asilo político de los compañeros paraguayos, todavía el Ministro Fernández no aportó las pruebas sobre sus graves acusaciones de que militantes de izquierda habían incendiado trenes.  Adjudicarnos responsabilidad sobre la demora de los juicios no solo es falso, ¿cuál juicio ha sido demorado por tal planteo?, sino que profundiza el retorno de un discurso que legitima el discurso de los represores.

    En su momento advertíamos que junto con Julio López había desaparecido una de las conclusiones fundamentales del fallo contra Echecolatz: hace falta un gran debate nacional para superar la crisis de justicia sobre los crímenes del terrorismo de Estado.  Propuestas no faltaron: desde la propuesta de reforma integral del Código Penal elaborado por la llamada comisión Baigún  hasta los proyectos de los Dres. Slepoy, Rosansky y Gil Lavedra, con todas las diferencias que pueda haber entre ellos proponían un debate que el poder ejecutivo y el legislativo han evitado hasta ahora.

    En estos 25 años de lucha contra la impunidad democrática, las soluciones y la fuerza para imponerlas siempre ha venido del movimiento popular.   No hay ninguna razón para que esta vez sea distinto.  La Liga propone un gran debate del movimineto de derechos humanos y no solo de él, de todo el movimiento popular.

    Un debate para movilizar, para actuar sobre los juicios en marcha y para construir una VOLUNTAD POPULAR DE LUCHA CONTRA LA IMPUNIDAD HISTORICA Y COTIIDANA.  Que defienda los espacios democráticos de los garantes de la impunidad histórica y del gatillo fácil, de los victimizadores de la infancia y de las patotas de la burocracia sindical, de la prepotencia policial y de las cárceles inhumanas.

    Es por ello, que desde la LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE propone la construcción colectiva de un CABILDO POPULAR CONTRA LA IMPUNIDAD que potencie esta lucha histórica.999

    Porque si no lo hacemos, seguirá recuperando espacio el discurso represor que impulsa la derecha y la Embajada de los EE.UU., esos que ahora mismo avalan con su silencio el genocidio del pueblo Palestino por parte del Estado Terrorista de Israel, una derecha fascista que se alimenta de las vacilaciones y claudicaciones de un gobierno que ha llegado a un punto límite con su política de derechos humanos.  Si algo queda claro es que a la impunidad no se la derrota con gestos y discursos emotivos, hace falta mucho más que eso. Voluntad política de enfrentar al Poder Real que planificó, ejecutó y se benefició del Terrorismo de Estado y esa voluntad solo anida en el movimiento popular, las fuerzas democráticas y la izquierda.


  • La Cámara de Casación acaba de ordenar la libertad de un conjunto de asesinos, torturadores, violadores, desaparecedores y perpretadores del Genocidio argentino con la excusa de que han permanecido demasiado tiempo en espera del Juicio.

    Es el colmo del cinismo.  El Poder Judicial que colaboró con la Dictadura Militar (uno de los liberados será Víctor Hermes Brusa, ex Juez Federal de Santa Fe), que avaló en su momento las leyes de impunidad de Alfonsín y los decretos de amnistía de Menem y que ha saboteado de todas las maneras posibles el prometido juicio a una pequeñísima parte de los culpables, ahora transforma su responsabilidad en beneficio para los represores.

    La estrategia Pinochet sigue en marcha, esa que permitió al General chileno morir sin condena alguna y gozar de los honores de su fuerza, es la que adoptan los represores argentinos con la anuencia de buena parte del Poder Judicial y la complacencia rayana en la complicidad del Poder Ejecutivo que ha sido hoy puesto en ridículo al coincidir la liberación de los asesinos de Azucena Villaflor con un acto donde la Presidenta entregaba premios a la creación literaria en su homenaje.

    Pero no podrán quejarse: fueron advertidos una y otra vez que la ausencia de un plan jurídico para juzgar el Genocidio era una de las causas fundamentales de la impunidad.  El mismo Ministro de Justicia (?) Aníbal Fernández reconocía meses atrás que si de 300 000 implicados en el genocidio, solo hay presos algunas decenas, estaba en problemas.  Pero no hicieron nada. No propusieron ninguna modificación verdadera ni aceptaron las propuestas que abogados de los derechos humanos como Carlos Slepoy, colectivos de organismos como Justicia Ya! O aún Jueces como el titular del Tribunal Oral de La Plata, Dr. Carlos Rosansky les hicieran llegar.

    Cómo cuando la Corte Suprema ordenó la extradición de los compañeros paraguayos ante el silencio de buena parte de la sociedad, como cuando el gobernador Scioli propuso la criminalización de la infancia, insistimos en advertir que la democracia argentina está en grave peligro y que solo la movilización popular, plural y unitaria, podrá impedir que la impunidad se consolide y con ella se potencie el clima represor que asoma, otra vez, en el horizonte argentino


  • Entrevista concedida en Granada, España, a la agencia EFE y publicada en diversos medios europeos. Noviembre de 2008

    Cuando se le pregunta si guarda rencor, José Ernesto Schulman, uno de los miles de secuestrados y torturados durante la dictadura argentina, tarda dos minutos en responder: «Siempre he pensado que no, y racionalmente no, pero hace unos años me di cuenta que nos habían cagado el derecho a la felicidad».

    Apoya las manos sobre la muleta y asegura sentir «rabia» al pensar que durante mucho tiempo le han arrebatado «el deseo», lo que constituye «la única cuenta personal» contra los verdugos, aunque señala que si pudiera regresar en el tiempo haría «exactamente» lo mismo. «Aunque claro, trataría de ganar por esta vez», bromea.

    Hace seis años escribió «Los laberintos de la memoria», un libro que recoge su historia como militante de una organización de izquierdas en la Argentina de la década de los setenta, así como los hechos que le sucedieron después.

    Como la bomba que, en 1975, explotó en su casa y estuvo a punto de quitarle la vida a él y a su familia, después de que un joven José Ernesto Schulman hubiese mostrado interés sobre la predisposición democrática entre el tejido militar pregolpista argentino.

    Tras la llegada al poder de la Junta de Comandantes fue secuestrado y torturado en la seccional Cuarta de la policía provincial, ubicada en la Ochava de Boulevard Zavalla y Tucumán, donde, entre otros tormentos, le aplicaron en el pecho y los genitales la ‘picana’, empleada para castigar a los presos con descargas eléctricas.

    Schulman es ahora el secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, una organización fundada en 1937 con el fin de defender los derechos de los presos políticos y que trabaja además en otros campos como la reivindicación de la memoria o del derecho a la vivienda.

    También es una de las principales querellantes en los procesos judiciales actuales contra antiguos verdugos de la dictadura, uno de los cuales, el juez Víctor Brusa, fue destituido y permanece preso tras la denuncia de Schulman por «formar parte del engranaje del terrorismo de Estado» que ocasionó las torturas de la seccional Cuarta.

    «Que Brusa quede preso o no me importa un carajo. Lo importante era demostrar que era un torturador, y esa batalla se ganó», manifiesta Schulman, quien se muestra convencido de que «se lograrán nuevas condenas».

    Sin embargo ha considerado que «para limpiar totalmente el aparato represivo de gente vinculada al terrorismo de Estado en Argentina se requeriría de toda una revolución».

    De su militancia en la izquierda clandestina de la dictadura recuerda las palabras de su compañero Tito, que acallaba los miedos del grupo diciéndoles que «la vida es mucho más interesante cuando se lucha», así como sus principales referencias revolucionarias: los guerrilleros de Vietnam y los republicanos que perdieron la vida en la Guerra Civil española.

    Se sabe de memoria los versos de Marcos Ana, el hombre que pasó más años preso en las cárceles franquistas, y confiesa que ha pasado miedo, «aunque sólo los locos no lo tienen».

    Schulman ha visitado Granada para participar en las Jornadas Internacionales sobre Derechos Humanos y Terrorismo de Estado, que ha culminado con la Declaración de Granada sobre los Derechos Humanos.

    En su conferencia, «La larga sombra del genocidio argentino», habló de cómo el terrorismo de estado que se practicó en este país entre 1976 y 1983 afectó a las conductas más cotidianas, pervertidas por «el consumismo banal, que es la pérdida de la condición humana», y por la delincuencia, «que no es más que el resultado de la pobreza en un colectivo que carece de proyectos colectivos».


  • Entrevista publicada en el sitio Granada Hoy el día 7 de noviembre de 2008. Granada, Andalucía, España

    Shulman, invitado a las Jornadas sobre Terrorismo de Estado de la Diputación, defiende que «el poder construye el olvido de lo que quiere que se olvide


    -Su conferencia se titula ‘La larga sombra del genocidio argentino’. ¿Esas sombras llegan hasta hoy?

    -No se puede entender la Argentina de hoy sin partir del genocidio. Esas sombras llegan de distintas maneras, algunas muy evidentes como la deuda externa, la desnacionalización de la economía o como la pérdida de cien años de lucha del movimiento obrero por la legislación laboral que fue liquidada y no recuperada. Pero posiblemente la sombra más pesada es la persistencia del horror, del terror y del miedo en la sociedad argentina. De hecho, un genocidio no es un montón de asesinatos. Es la destrucción de un grupo humano para reorganizar la sociedad. En Argentina hubo un genocidio porque la dictadura militar consiguió reorganizar la sociedad debilitando hasta niveles muy críticos la porción de la sociedad argentina que estaba comprometida con el sueño de la libertad.

    -¿Eso es lo que le hizo a usted tan peligroso hasta el punto de estar detenido dos veces?

    -Sí. La generación del 70 tenía atributos muy importantes de compromiso, de patriotismo, de convicción de que podía cambiar la situación y eso la hacía muy peligrosa. Nosotros hemos luchado mucho por la memoria en Argentina por distintas razones. La primera razón de la memoria está en las entrañas, porque los supervivientes del terrorismo de Estado tenemos un compromiso primero que es no olvidar a los compañeros y hablar por los que no tienen voz. Y los familiares de los desaparecidos han luchado por que no se les olvide, para que no se les denigre. Esa lucha ha sido muy efectiva y ha resistido los efectos culturales del genocidio. Si no hubiéramos luchado por la memoria estaríamos en peores condiciones sociales. Es muy impresionante que uno de los generales condenados hace un mes, al leerse la sentencia dijo que no entendía cómo era posible que los vencidos les estuvieran juzgando. Y es que es así de contradictoria Argentina. Los efectos profundos del genocidio continúa pero los vencidos vencimos y en la historia va quedando que había una generación llena de solidaridad y esperanza que fue exterminada por un grupo de terroristas de estado, amparados y educados por el gobierno de los EEUU.

    -Una de las cosas que hacen particular la situación de Argentina es la presencia de grupos que reclaman que no se olvide lo que pasó. ¿Por qué se tardó tanto en sentar en el banquillo a esas personas que torturaron, secuestraron y mataron si fue un clamor constante desde que acabó la dictadura?

    -Por dos cosas. La dictadura se fue debilitando por la lucha popular pero también por su aventura en la guerra de las Malvinas. Era una situación que no podía mantenerse. Pero hay que tener en cuenta que no hubo una derrota popular de la dictadura. Estaban desgastados y se estaban retirando y fueron haciendo pactos con los partidos políticos, con el peronismo y el radicalismo. Esos pactos fueron secretos y posiblemente ni siquiera fueron escritos. Uno de esos pactos era que se podía juzgar algo pero no mucho. Pero la otra cuestión es el miedo. De hecho, desde el punto de vista legal, institucional, en Argentina hubo una primera decisión del primer gobierno electo en el 83 que fue un juicio a las juntas militares. Fue la primera vez en la historia americana que, sin que hubiera una revolución, se juzgara a los jefes del gobierno militar que terminaba. Pero tuvo un primer efecto, buena parte de la sociedad argentina tuvo una idea más clara de lo que había ocurrido. Nadie puede ignorar 30.000 desapariciones y 100.000 presos, ni que estallen bombas cada tres días. En Argentina hubo 554 centros clandestinos de desaparición y exterminio, dentro de instituciones oficiales y públicas. Rápidamente, empezó una reacción de los militares que en esencia decían que o paraban los juicios o daban un golpe. Y hubo una claudicación del gobierno con dos decretos que fueron anulados en 2003 porque estaban viciados de nulidad y por la presión de las organizaciones de derechos humanos. No somos un organismo de víctimas, ni de vengadores, dedicamos la vida para luchar por los derechos humanos. Y las decretos se anularon pero no se elaboró ningún plan de cómo se iban a desarrollar los juicios. Y se han desarrollado de forma muy caótica durante cinco años porque no se puede juzgar el genocidio como si se juzgara el robo de una bicicleta.

    -¿Su caso se ha juzgado?

    -Yo estuve detenido en un centro clandestino en Santa Fe que se llamaba la Cuarta, por en el que pasaron muchos, no menos de 100 presos. En ese lugar, cuando nos torturaban, iba un secretario judicial que transformaba las notas tomadas en el interrogatorio en un acta judicial y te decía que si no lo firmabas te volvían a torturar. Ese hombre, Víctor Brusa, llegó a a ser juez federal en 1992. Lo denunciamos, no logramos nada en ese momento, pero en el 1998 vimos que se podía aprovechar la causa que se había abierto en la Audiencia Nacional española. En 2000 se abrió un procedimiento en el Consejo Nacional de la Magistratura, que lo destituye y se abre un juicio penal. Nosotros declaramos pero el juez tardó tres años en llamar a declarar a los represores. Brusa está preso pero todavía no hemos llegado al juicio oral. Y cuando se haga, se hará primero por torturas, detención ilegal, etc. pero no de asociación ilícita, que se hará en otro juicio. La estrategia es demorar, demorar y demorar y lograr lo que yo llamo la solución Pinochet: morir acusado pero no condenado de nada.

    -¿Está de acuerdo con el término memoria histórica o memoria, a secas?

    -No me parece importante el modo en que la gente denomine a los fenómenos, sino de qué se trata. En todo caso, tengo una visión de que la memoria es el resultado de la resistencia contra el olvido. En términos históricos sociales, el poder construye el olvido de lo que quiere que se olvide y los derrotados resisten y construyen espacios de memoria que son como islas. Como el olvido es una operación de dominación, la memoria es imprescindible para los pueblos porque, en caso contrario, se cede al poder.

    -Hay quien piensa que eso es revancha, venganza…

    -No, venganza es si los hubiéramos matado. Nosotros no matamos a ningún represor. Lo que nosotros hacemos es reivindicación, vindicación, a nuestros compañeros. No nos dedicamos a decir quién eran los asesinos, sino las víctimas. No contamos las torturas, publicamos los poemas de los desaparecidos. No practicamos la venganza porque es un acto culturalmente primitivo. Yo no me siento víctima de nada, sino parte de un pueblo que fue víctima. Y la reparación es que ese pueblo recupere lo que tenía antes del terrorismo de estado.


  • En un operativo conjunto, la derecha más rancia, el Intendente de San Isidro Gustavo Posse, el  multimedios Clarín y sus acólitos televisivos, las ONG más «sensatas» como la que encabeza Carr, el rabino Bergman, un sacerdote católico, organizaron el retorno a escena de Juan Carlos Blumberg, el mismo que en su momento le arrancara a este gobierno nacional, un conjunto de reformas regresivas que desquiciaron aún más el Código Penal.

    Así como en su momento, aprovecharon de un modo oportunista el asesinato de Axel, ahora, montándose en el crimen del Ingeniero Barrenechea (todo el tiempo se remarcó que un menor asesinó al «ingeniero», que se entiende es mucho más que un negrito cualquiera), la derecha de orientación fascista se larga a retomar el centro de la escena con una propuesta de acelerar la espiral de violencia y represión con la baja de la edad de los imputables, más mano dura y más penas, «solución» que ya mostró su ineficacia, además de su reprochable costado ético.

    No sólo quieren criminalizar a la adolescencia y la juventud, hablan desfachatadamente de crear «centros de reeducación laboral» bajo la figura de «resocialización forzada por medio del trabajo».  Denunciamos desde ya, que dichos Centros serían la versión contemporánea de aquellos campos nazis como el de Aushwitz en cuya entrada se pedía leer la leyenda «el trabajo libera»; y aún más, decimos que ese discurso es hipócrita y el verdadero programa de la derecha es el de la «solución final»: exterminar los niños y jóvenes como hacen los grupos de tareas en Brasil.

    La presencia del Jefe de la Bonaerense, la propuesta del gobernador Scioli de bajar la edad de los imputados, muestra que desde el gobierno provincial se aprestan a someterse a las presiones de una derecha que lejos de contentarse con las concesiones, irá por más y más hasta constituir un orden represivo que de un modo u otro restituya el Terrorismo de Estado como práctica cotidiana.

    El gobierno nacional, agredido como el que más en el acto, debería reflexionar acerca del resultado de las concesiones a la derecha en el terreno de la «seguridad» o de la «la lucha contra el terrorismo» .  No viene mal recordar que fue el mismo Juan Carlos Blumberg quién llevó a los familiares de Cubas ante Aníbal Fernández pidiéndole lo que el Gobierno Nacional y la Corte Suprema acaba de ordenar: la extradición de seis campesinos paraguayos ingresados al país en el 2006 buscando refugio de la derecha paraguaya.

    Si se quiere seguridad, se debe comenzar por limpiar la Bonaerense, la Federal, las policías provinciales y las Agencias de Seguridad Privadas de todos los miembros que estuvieron comprometidos con el Terrorismo de Estado, con las mafias de la droga y la prostitución.   Fueron ellos los que en su momento asesinaron a Cabezas y luego secuestraron a Julio López.

    La sola desarticulación de la mafia policial bajaría rápidamente el delito y daría seguridad a quienes se sienten amenazados.  Claro que junto con ello hay que cumplir las promesas de Alfonsín y los que le siguieron de que la democracia argentina debe asegurar trabajo digno, educación, vivienda y salud a todos los ciudadanos.  Sobre esa base, podrá pensarse en una juventud que piense en el futuro con alegrìa y construya su propia historia, sin mafias que la exploten ni policìas que la persiga.

    Pero no es ese el ideario sostenido en San Isidro sino todo lo contrario: mano libre para la policía, mano dura para los menores, hostilidad hacia los organismos de derechos humanos, etc. etc.

    Blumberg se atrevió a lanzar una propuesta de convocatoria para la Plaza de Mayo para el jueves 13 de noviembre, el movimiento de derechos humanos y el movimiento popular, con autonomía y valentía, deben responder el reto y sostener más que nunca las banderas de Memoria, Verdad y Justicia para terminar con la impunidad, causa primera de la así llamada «inseguridad»


  • La Liga Argentina por los Derechos del Hombre, repudia en los términos más enérgicos la decisión de la Corte Suprema de ordenar la extradición de los compañeros paraguayos, víctimas de una campaña persecutoria por parte de los grupos de Poder que sostuvieron las dictaduras y han impedido hasta ahora, la plena vigencia del Estado de Derecho en el país hermano

    Al hacerlo, esta Corte que se pretende garantista y custodia de los derechos humanos, ha infringido una grave violación a los derechos de los compañeros y afrenta severamente la tradición argentina de refugio político.

    Como dijimos en ocasión del rechazo al refugio por el Gobierno, «desde Sarmiento y Echeverrìa hasta Rodolfo Puiggros o el actual Secretario de derechos humanos, Eduardo Duhalde (desde cuya Secretaria se dictó un despacho recomendando la negación del refugio), la institución del refugio político ha sido una conquista de los pueblos y un instrumento de lucha que hasta ahora, ningún Poder Político o Judicial, constituido bajo las normas constitucionales, se había atrevido a cuestionar».

    Es este, el primer caso en muchos años en que el Estado Argentino niega el refugio político y ordena extraditar a militantes populares.

    Nos permitimos llamar la atención acerca de que la así llamada Ley Antiterrorista, impulsada por el Gobierno de los EE.UU. y aprobada por el Congreso a propuesta de Néstor Kirchner, plantea como una de sus cuestiones centrales la idea de Bush de que no se debe otorgar status de refugiado políti4co a los «terroristas».  La Procuración General de la Nación se atreve a afirmar, y la Corte hace suyo sin mayor sustento la antojadiza aseveración que dentro de la fuerza política paraguaya Patria Libre actúan grupos de estructura separada dedicada a cometer delitos.

    Así, sin mencionar al autor intelectual del peculiar enfoque jurìdico, el distinguido presidente de los EE.UU. George W. Bush, la Corte Suprema, como antes lo había hecho el Poder Ejecutivo, se suma al coro de quienes sostienen y aplican la doctrina del Acta Patriótica norteamericana en la región.

    La Corte Suprema tiene como una de sus funciones, velar por la Justicia para todos los habitantes de nuestro suelo; en este caso ha desertado de tal obligación.

    Es una hora de prueba para la lucha por los derechos humanos en la Argentina y Nuestra América, y nadie debería sentirse excluido de ella


  • Texto leído en un panel sobre la memoria convocado por la Catedra Libre de DDHH de la Fac. de Medicina de la UBA que dirige Adolfo Pérez Esquivel el 18 de octubre de 2008

    Solo una cosa no existe y es el olvido escribió Jorge Luis Borges dando cuenta de una percepción bastante generalizada.  Lo que ocurrió se recuerda, y los hechos que conmocionan en el amor y el terror son memoria. No se olvidan.

    Solo una cosa no existe y es el olvido.

    La memoria pareciera entonces ser la norma y en todo caso el olvido la excepción.

    Pues bien, yo quisiera comenzar planteando una relación más compleja entre el olvido y la memoria, al menos en el plano social.

    La memoria y el olvido son construcciones sociales, históricas, y cada acción de construcción de memoria como cada operación del olvido se inscriben, lo sepan o no los actores, en un proyecto político, en un imaginario de futuro que siempre tiene en la base la perspectiva de clase, de pertenencia a un grupo social, nacional, étnico, religioso o de opción sexual.

    Digo que no hay nada ingenuo ni inocente en el terreno de la disputa por la memoria y al menos en el caso del terrorismo de Estado en la Argentina, cada pedacito de memoria conquistada es el resultado de acciones de resistencia.  La memoria que tenemos es lo que salvamos de las sucesivas operaciones de olvido.  Y esa batalla no es pasado sino presente y sobre todo futuro.

    Si la memoria es lo queda luego de las operaciones del olvido, la batalla por la memoria no es una batalla por el pasado sino por el futuro, porque quien puede significar y re significar el pasado, domina el presente y puede diseñar el futuro.

    Si algún pañuelo blanco avala el pago de la deuda externa, no solo se legitima una acción política del presente, en ese mismo acto se está escribiendo de otro modo el pasado y condicionando el futuro.  ¿O es que alguno de los treinta mil compañeros fue victimizado para que su recuerdo legitime el pago de cerca de veinte mil millones de dólares en nombre de los derechos humanos?

    Hoy se disputa qué memoria tendremos del Terrorismo de Estado, ¿se incluirán a las Tres A en las fuerzas represoras?, ¿se vinculará la remodelación del capitalismo con la tortura? ¿alguien dará cuenta de los oficiales del Comando Sur del Ejercito de los EE.UU. que adiestraban militares argentinos en la escuela de Panamá pero también en Vietnam y otros escenarios de la guerra fría?

    Una de las peculiaridades del Genocidio de los 70, ya que nosotros sufrimos tres genocidios, contra los pueblos originarios en el siglo XVI, para organizar el estado nación capitalista a finales del siglo XIX y el último –y esto de último es un deseo y un desafío para todos nosotros-

    digo, una de las peculiaridades del Genocidio de los 70 es que al tiempo que se perpetraba se construía el olvido.  Porque la derecha tenía memoria de la lucha histórica de nuestro pueblo por los presos políticos de la Ley de Residencia, la 4144 de 1902, de los de la dictadura del 30, de los presos de las huelgas salvajes bajo el primer gobierno de Perón, de los presos de la Fusiladora y del Plan Conintes, de los presos de la 17401 de represión al comunismo y de todas las luchas por los presos de Trelew y el Cordobazo, es que decidieron que esta vez no habría presos políticos, ni muertos, no habría colas de familiares en las cárceles ni entierros de los militantes populares.  Habría desaparecidos que es el modo de nombrar desde el olvido a la muerte.

    Es que el OLVIDO se empezó a construir antes que la memoria.  Y si bien la memoria tuvo gestos fundacionales aún en esos días trágicos, y yo voy a mencionar sólo la Carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar y la inscripción en el sótano de la Esma del compañero Ernesto, conviene repasar la historia del olvido.

    Los desaparecidos, la negación sistemática de los habeas corpus y la infamia de los que sabiendo negaban todo, como la jerarquía de la Iglesia y los dueños de Clarín y La Nación, y luego la auto amnistía.  Eso en dictadura.

    Pero el OLVIDO  se siguió construyendo en democracia. Bahh, en democradura como dice Galeano con más precisión científica.  Primero, la construcción de la figura de las víctimas inocentes, o sea, la negación de la identidad política de las víctimas con lo cual también se borraba la historia de las luchas de los 70 y el sentido contrarrevolucionario del Terrorismo de Estado.  parece inocente hablar de víctimas inocentes pero no hay nada más perverso que robarle la identidad a los compañeros.

    Dice Ernesto que cuando comprendió que o lo mataban o lo liberaban escribió en la pared su nombre y el de su cultura política.  El escribió pece como otros hubieran escrito Jotape o dibujado la estrella guevarista.  Hablar de víctimas inocentes es romper la última línea de resistencia de los presos, eso que llevaba a gritar La vida por Perón en la tortura o a escribir Pece en una pared de la Esma.

    Y luego de la teoría de los dos demonios y las víctimas inocentes (claro que si hay víctimas demoniacas habrá otras inocentes, que cada cual se coloque en el espacio que prefiera, pero yo como ex preso político jamás aceptaré la ofensa de que estuve preso por no haber hecho nada, en todo caso ahora pienso que hubiera podido hacer más y mejor las cosas); luego vinieron las leyes de punto final, de olvido y los decretos de indulto.

    Parecía que el olvido había triunfado.  Y es bueno recordar que las derrotas nuestras nunca son definitivas.

    La memoria resistió los 90 porque había resistido desde el primer día.  Desde el primer torturado que gritó su identidad frente los asesinos.  Desde la carta de Rodolfo Walsh, esa que luego de pasar revista a todas las perversiones les dice  que la peor de las perversiones es el plan económico de Martínez de Hoz, digo la deuda externa, los bajos salarios, la concentración de la riqueza y la extranjerización de todo.

    Fue en los 90, en medio de la más pesada derrota, esa que se sufre porque el enemigo logra ganar la mente y los corazones de los nuestros, del pueblo, de muchos militantes que se venden por cuatro monedas, que la MEMORIA recuperó la identidad de los compañeros y la dimensión política de la tragedia.  Así fue que se peleó contra Menem y la Alianza, y así se logró el reconocimiento social que creó las condiciones para reabrir los juicios y echar los marinos de la Esma.

    Pero la pelea no terminó.

    En estas semanas los defensores del Olvido duro, los que sueñan con el monumento a Videla, los que como Bussi piensan en la ingratitud de quienes ellos salvaron de la Revolución para que ahora los abandonen a su suerte o mala suerte.

    Digo, en estos días arremeten con la causa Rucci y Larrabure, como modo de reinstalar la idea de la guerra sucia, de los dos demonios y arrancar sino la amnistía, el empantanamiento de los juicios para que todos mueran como Pinochet, acusados pero libres del castigo de la Justicia.

    Y el problema es que la memoria tiene que librar varias batallas al mismo tiempo.  Contra la derecha dura que quiere el oropel para Videla pero también contra el «progresismo»  que lee el Nunca Más pero poniéndolo frente a sus ojos de modo tal que el digno libro prologado primero por Ernesto Sábato y después por Luis Duhalde les impide ver a Jorge Julio López.

    Nos hablan del Nunca Más y no lo ven a Julio López.  No es paradójico?  López desapareció en el primer juicio donde se falló que hubo genocidio. O sea que se reconoció la verdad. O sea que la memoria se recuperó de tantos golpes, y en ese momento se comienza a construir el olvido de la nueva desaparición.  Que se perdió el viejito…..Que se fue a tomar té con la tía…..

    Es que si algunos quieren negar el pasado, otros quieren negar el presente.  Algunos nos dicen que basta de revolver el pasado y otros nos quieren convencer que sólo se trata de mirar el pasado y de homenajear los desaparecidos de ayer pero sin nombrar a Julio López ni a los presos paraguayos en huelga de hambre, mientras cierran los oídos a la macarteada feroz de Aníbal Fernández en el caso del tren y cierran los ojos a la llamada Ley Antiterrorista que es el modo actual de la 17401 y la 20840.

    Queremos una memoria compartida, que no mire al pasado sino que ilumine el presente.  No somos arqueólogos del terror ni antropólogos de la picana.

    Acaso alguno de nosotros llevamos en el cuerpo las marcas del horror, pero nos negamos al mandato represor de que sigamos atemorizando.  Por eso la memoria compartida es memoria de las luchas y las construcciones populares.  del Gallego Soto y el Gringo Tosco.  del Roby santucho y el Negro Quieto. del obispo Angelelli y la abogada de la Liga Teresa Israel.

    La memoria compartida es recordar que alguna vez nuestro pueblo pudo desafiar el poder y si pudo alguna vez, podrá otra vez.

    Porque no derrotaron a la Cuba de Fidel (¿y cuántos de los nuestros cayeron con el grito de Patria o Muerte?) y por América Latina la memoria de los pueblos anda de fiesta con la revolución bolivariana de Venezuela, con la Bolivia que recupera quinientos años de lucha en un minuto, con el Ecuador que no deja de sorprendernos y con cada una de las luchas.

    Los que se creían los dueños de la vida y la muerte están sorprendidos.  No entienden qué pasó

    ¿Cómo fue posible que los vencidos vencieran?, se preguntan.

    Es que si hay una dignidad que el vencedor no conoce, y de vuelta cito a Borges, hay una sabiduría que solo los nobles de espíritu pueden acceder y que ellos jamás podrán entender.

    La memoria es más larga que la traición.

    Eso. La memoria, es más larga que la traición. Y por eso venceremos.


  • Acerca de una experiencia de educación popular con los maestros de La Rioja

    ¿Qué relación hay entre la discriminación hacia los niños por su color de piel, el valor monetario de sus zapatillas o su nacionalidad de origen y el Genocidio perpetrado en la Argentina durante los años del terror dictatorial?

    ¿Los derechos humanos es aquello que traemos desde la cuna, casi como una carga genética, acaso todas las palabras que se inscriban en una ley, tratado u reglamento, o son una conquista de los pueblos, en un largo y contradictorio proceso histórico de avances y retrocesos, conquistas y derrotas, comprensiones y confusiones?

    ¿Y cómo enseñar los derechos humanos en el aula, acaso en una materia aparte de la historia y las ciencias sociales, como si fuera un tratado ético o cruzando toda la enseñanza desde la perspectiva de la conquista  (nadie puede defender lo que no tiene, y nuestro pueblo carece de más derechos de los que accede y goza) de todos los derechos humanos, no solo los que se identifican con las garantías individuales que la Constitución Nacional y Provincial consagran (referidas a que nadie debería ser torturado, privado ilegalmente de su libertad, impedido de ejercer sus derechos culturales, etc.) sino también de aquellos que conocemos como derechos económicos, sociales y ambientales?

    Así, desde la pedagogía de la pregunta, tratando de reflexionar juntos los que dictamos el curso con los maestros, estudiantes y profesores, que en un número de ciento treinta, con una asistencia y atención muy estricta, trabajamos en Chepes durante tres encuentros desplegados entre la tarde del viernes 26 de setiembre, la mañana y la tarde del sábado 27 del mismo mes.

    Desde la reflexión teórica y la experiencia adquirida en más de treinta años de lucha contra la impunidad del Terrorismo de Estado, propusimos un enfoque histórico de la lucha por los derechos humanos, como eso, como lucha contra un Estado represor que continúa sus funciones de control, dominación y castigo, más allá de los periodos dictatoriales.  La lucha por los derechos humanos no es sólo una cuestión de memoria del pasado del horror, sino una disputa cotidiana en donde la memoria debe iluminar el presente y no taparlo con el pasado.

    Si no se entiende bien qué queremos decir con esto de que la memoria ilumine el presente y no lo oculte, pensemos en un ejemplo práctico de neto carácter provincial: cómo traer a los niños y adolescentes la figura del Obispo Mártir Angelelli?  ¿Se puede acaso obviar la responsabilidad de la familia Menem, y del ex gobernador y presidente en persona, en los hechos de Anillaco que dieron comienzo a la campaña de hostilidad y desprestigio que sufrió Angelelli antes del cruel asesinato?

    ¿Si recordamos la conducta del Obispo frente a los atropellos que sufrían las familias campesinas de Anillaco, es tan difícil imaginar cuál sería su conducta en los actuales debates sobre la minería o ante la persistencia de una mortalidad infantil que debería ofender el espíritu humanitario de cualquiera, pero sobre todo de los trabajadores de la educación?

    Por eso, el curso terminó con dos evocaciones que hacen a lo central de nuestro enfoque.  Si se trata de los derechos humanos no se trata de palabras, gestos o papeles escritos (aunque sean leyes o Tratados Internacionales), sino de conductas, de coherencia, de decir siempre lo que se piensa y de actuar de acuerdo  a lo que se dice.

    Por eso hablamos de Janusz Korczak[1], aquel maestro polaco que acompañó sus educandos al campo de exterminio, manteniendo hasta el minuto final la comunidad educativa organizada y con la voluntad de vivir hasta el final con alegría y fraternidad, por eso hablamos de Francisco Isauro Arancibia[2], aquel maestro tucumano que en la noche del 24 de marzo decidió volver a la sede del sindicato de maestros porque entendió que si él retrocedía, los maestros tucumanos se desmoralizarían más que con su muerte.  Porque si ellos pudieron educar para la libertad no importa las circunstancias, nosotros también podemos transformar las aulas en espacios de libertad, de tolerancia, de aprendizaje de una concepción de los derechos humanos que los haga buenos ciudadanos y personas que amen la vida.

    No es fácil, pero la propia historia de la lucha de la AMP por los derechos de los trabajadores de la educación ya por más de sesenta años, muestra que es posible.  Y si es posible, debiera ser deseado por todos y todas.