• El crimen perfecto, la utopía reaccionaria de los Macri y las Bullrich

    En uno de sus cuentos políticos, Eduardo Rosenzvaig[1], relata que los chicos de una clase de arte, en un lejano pueblo tucumano, le explican que el crimen perfecto sería aquel que nadie pueda creer que se cometa. Que sea tan obvio y tan brutal, tan grave y tan cargado de consecuencias históricas, que nadie pueda creer que se pueda cometer.  Como si alguien dijera que se pueden desaparecer treinta mil personas, mujeres, hombres, niñas y niños, desde obreros y guerrilleros hasta sacerdotes y madres de otros desaparecidos, delante de una sociedad entera que no veía nada. Solo que ya no estaban.

    El crimen de Santiago Maldonado por parte de la Gendarmería Nacional, bajo el mando conjunto de Pablo Noceti, jefe de gabinete del Ministerio de Seguridad y el Comandante Mayor de Gendarmería Diego Balari, jefe de la agrupación Chubut es tan “monstruoso” que la “razón democrática” se niega a verlo.

    Macri es quién mejor utiliza la monstruosidad de su acción, una y otra vez dice «Para mí es tan inocente un gendarme como un ciudadano común. Es imposible que este gobierno, electo democráticamente, haga desaparecer a nadie. No podíamos condenar a la Gendarmería sin tener suficiente información» a lo que el todoterreno Lanata comenta y amplifica:  “¿Realmente pensás que Macrì tiene un plan sistemático para que la gente desaparezca? Que la Gendarmería con un mapa dijo vamos a secuestrar veinte mapuches y los metemos en un pozo y los vamos increíble, hijo matando? La campaña internacional con esto es de un cinismo de puta y cínico”.

    Por razones que desconocemos, pero que por el resultado electoral y político logrado, podemos imaginar; el bloque de Poder que actuó en la secuencia: represión en Cushamen del 1º de agosto, desaparición de Santiago, interminables mentiras y agresiones contra Santiago, su familia, los movimientos de derechos humanos y todo aquel que no aceptara la mentira organizada por Bullrich y sus secuaces, decidió plantar el cuerpo de Santiago en el mismo sitio del que fuera visto por última vez por Matías Santana y emprender una nueva gran operación de encubrimiento, ahora con ropaje judicial.  Antes de seguir, pueden leer que un periodista que trabaja para el grupo Clarín, Ernesto Tenembaun, dice casi lo mismo: Toda la estrategia en el caso Maldonado estuvo guiada por Macri, aquel empresario que simpatizaba con la dictadura militar. El Gobierno respaldó en tiempo récord a la fuerza sospechada, desmintió una y otra vez a la familia del desaparecido, sembró versiones falsas sobre qué podría haber pasado, intentó crear un enemigo interno de dimensiones absurdas, involucró a la víctima con ese fantasma y trató de que el debate sobre la desaparición de Santiago Maldonado quedase tapado por la grieta que lo separa del kirchnerismo. En ese contexto, la ministra de Seguridad, al opinar sobre la década del setenta, consideró que «los demonios no eran tan demonios».

    Macri, Bullrich y sus secuaces se aprovechan de nuestras propias conquistas.  Fue la lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia, con sus extraordinarias conquistas contra la impunidad de los Videla, Echecolatz y otros (pero no sobre la Curia, los dueños de Clarín y La Nación o los directorios del Ingenio Ledesma, Acindar, Ford y casi todas las multinacionales con intereses económicos en la Argentina, casi todos ellos tienen su representante en el gabinete nacional) la que lavó la mugre de la Corte Automática y los jueces de la “servilleta”, hundidos para fin del siglo pasado en la peor de las mierdas, resurgidos por obra de los juicios y la ingenuidad progresista que asignaba a la Justicia y el Gobierno lo que era conquista de la lucha de los sobrevivientes, los organismos de derechos humanos y la izquierda.

    Ahora pretenden que confiemos ciegamente en un Juez que desde que asumió la causa solo “encontró” el cuerpo sin vida de Santiago en el mismo río y el mismo sitio donde habían rastrillado siete veces y en las narices mismas de la comunidad que estigmatizan, persiguen y reprimen; pero no a los gendarmes, empresarios y funcionarios nacionales y provinciales que organizaron la represión y el encubrimiento. empezando por Bullrich, Noceti y los Jefes de la Gendarmería  Como si no supiéramos quien es Lleral.

    Macri, Bullrich y sus secuaces se aprovechan de la lucha democrática de nuestro pueblo y de la enorme confusión generada por el progresismo posibilista de los ochenta y de estos años, de que “esto” es la democracia.  “Esto” nunca fue democracia verdadera. Siempre fue dominio encubierto de diversas capas de la burguesía, con más o menos espacios de libertad, con más o menos subordinación al capital financiero y los Imperios, pero nunca fue siquiera el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo como pedía Lincoln en el siglo XIX. Si hubiera sido, no hubiera desaparecido en meses. Hubiera sobrevivido como lo hizo Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua. 

    La Operación Encubrimiento calculó hasta el momento electoral.  Apostó fuerte a que ni siquiera la desaparición forzada cambiara los ejes del debate y una vez que estaba seguro de eso lanzó la fase final de afirmar que Santiago se ahogó solo.  Como si el Río Chubut fuera el Caribe y Cushamen una playa de veraneo sofisticada.  Como en un pase de magia, todo consiste en que la mirada se fije en el lugar equivocado: en el cuerpo sin vida de Santiago y no en la represión de Gendarmería sobre los mapuches, la persecución hasta el río y el intento de Santiago y Matías de cruzar el río Chubut.  Descontextualizar siempre es el camino de la falsedad, el encubrimiento y la mentira.  De pronto se olvidaron que Santiago había muerto en un enfrentamiento armado o intentando cruzar a Chile, o que estaba en Chile, en Tierra del Fuego, en Entre Ríos, en San Luis y en tantos otros lugares.

    Ahora solo se trata de lo que digan los forenses, como si los cuerpos sin vida hablaran.   Para nada, los cuerpos no hablan. Es otra fantasía de la razón cientificista décimo nica.  Los que hablan, los que piensan, los que razonan, los que utilizan instrumentos tecnológicos y científicos son los hombres y no existe hombre sin cultura, sin ideología, sin marco conceptual previo.  Es paradójico, los cultores del “new age” y la banalidad como bandera, se ponen el uniforme de científicos y pretenden que no hay ninguna discusión más que la de los médicos que practican la autopsia.  Por eso hacemos nuestras las palabras de la abogada de la familia Maldonado, Victoria Heredia: “Vamos a seguir sosteniendo que hubo una desaparición forzada seguida de muerte, y es el Estado el que debe demostrar eventualmente que no fue así” para aclarar que “si las pruebas marcan lo contrario no vamos a sostener en forma necia un tipo penal que no sea, el Estado debe decir por qué no es lo que venimos afirmando y en ese caso qué es pero a eso se llegará sólo con una investigación imparcial que todavía ni ha comenzado”. “Estamos pidiendo nada más y nada menos que una investigación imparcial e independiente, sobre todo independiente del Poder Ejecutivo. Imparcial respecto de las mismas personas que actuaron desde el 5 de agosto buscando en el mismo lugar, el prefecto Ruata dice que rastrillaron siete veces el río. Entonces, la aparición sin vida de Santiago en ese mismo lugar nos suma cada vez más preguntas, y las respuestas no las pueden dar quienes intervinieron el 1º de agosto, ni tampoco los que actuaron después en la investigación. Eso es lo que le estamos pidiendo al juez, porque el Poder Ejecutivo no puede investigar”.  Estamos ante un desafío de proporciones, la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado es un salto de gigantes en el camino de transformar un régimen de democracia formal, minimalista instrumental y sin consistencia económica social en algo mucho más reaccionario, elitista, clasista, patriarcal y racista, un gobierno autoritario con máscaras democráticas.  Impedirlo con movilizaciones que reclamen por una investigación independiente, como pide la familia, no es un problema metodológico sino el único camino para defender la verdad y las condiciones mismas de la lucha en la Argentina.  Es una lucha de subsistencia para la democracia argentina, pero también puede ser el comienzo del fin de los encubridores del crimen de Santiago. Depende de nosotros, de nadie más

     

     

    [1] profesor, escritor e investigador tucumano, ganador de dos premios Casa de las Américas, hizo aportes extraordinarios al pensamiento crítico en muchos campos, especialmente el de la memoria. Sus libros “La oruga en el pizarrón” sobre Isauro Arancibia y “El sexo del azúcar” sobre la historia de los ingenios tucumanos son imprescindibles. Falleció a los sesenta años en 2011.

  • Cristina Guerra volvió al lugar donde la mantuvieron desaparecida durante la dictadura. Eligió quedar para siempre en Mansión Seré, con los que no volvieron.

    Hace unos seis años, escribí una lineas que titule » Iris no baila sola  .

    Tenía una foto maravillosa de Iris bailando en la Plaza de Mayo entre sus compañeros, festejando como correponde la sentencia condenatoria de Astiz y el Tigre Acosta, acaso de los dos más notorios asesinos, violadores seriales, ladrones, torturadores, traidores a la patria, cipayos del Imperialismo yankee, contumaces negadores de la verdad de nuestras y nuestros compañeros en los juicios y en la vida.

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    Lo que no puse entonces, es que Iris bailaba con su hermana, su amiga, su camarada, su otra mitad militante de la verdad, Cristina Guerra, sobreviviente del Centro Clándestino de la Aeronautica en Morón conocido como Mansión Seré.

    Cristina era en aquellos años de plomo, militante de la Federaciòn Juvenil Comunista de Moròn y como muchos otros compañeros de aquel regional de la Fede, fue perseguida, apresada, torturada y mantenida desaparecida por los grupos de tareas que operaban en la zona bajo mando unificado.

    Cristina sobreviviò solo para defender la verdad de sus compañeros que no volvieron.  Apenas liberada comenzó su lucha solidaria. Con el fin de la dictadura aumentò su compromiso y cuando la lucha de clases cuestionó el dominio neoliberal, con la movilizaciòn popular que tumó a De la Rùa y cuestionó severamente el continuismo de Duhalde, se puso al frente de la lucha por recuperar el sitio como espacio de Memoria y conquistar lo nunca soñado, el juicio y castigo a los culpables de su desaparición forzada y de todos los que no volvieron.

    Cristina hizo de esta causa de memoria, verdad y justicia la razón de su vida.  Y la milito con la pasión con que siempre defendiò su identidad comunista, aùn por fuera de la instituciòn partido, a veces, y dentro de la institución partido la  mayor parte del tiempo.

    La primera vez que declarò en un juicio por lo sufrido, allà por el 2008, dijo ante el Tribunal Oral que ella es de la Fede. O sea, ni era de la Fede, ni fue de la Fede. Es de la Fede, porque de la Fede se es o no se es. Nunca se fue, porque el que se fue no es.  Sencillo, no?

    Se fue poco antes de la sentencia, en el 2014, pero como dijo su abogado el compañero de la Liga Pedro Dinani, ella no necesitaba conocer la sentencia porque habìa construido con garra, paciencia y mucha inteligencia polìtica, la coaliciòn de fuerzas sociales y políticas capaz, en las condiciones generales de la sociedad del 2014, de derrotar la red de impunidad de la Aeronaútica.

    Dejò un breve testamento.  Pidió que sus cenizas fueran esparcidas en el mismo espacio donde se esparcieron las cenizas de los compañeros que fueron sus compañeros en el Centro Clàndestino.  Como la última deuda que debía pagar con los que no volvieron.  Volvió con los que no volvieron pero ella siempre trajo al presente de la realidad.

    Y tambièn dijo que cuando la recuerden, cuando la despidamos, cantemos el himno de los pueblos del mundo, ese que hace cien años cantaban los que conquistaron el cielo por asalto.

    Arriba los pobres del mundo

    de pie los esclavos sin pan

    Viva Cristina Guerra, carajo

     

     

  • Angel Bell, el maestro entrerriano que no logran desaparecer en Trelew

    Hace muchos años, unos veinte, trabajè en los archivos del Partido Comunista buscando informaciòn sobre los debates de 1929 entre Josè Carlos Mariategui y la Internacional Comunista.  Al descubrir las colecciones de semanarios y periodicos allì guardados revisè diversos periodos històricos para comprobar de què modo se expresaban aquellos debates. Para mi sorpresa, revisando lo publicado sobre la Masacre de Trelew encontré que los comunistas habìan sido los primeros en publicar la denuncia de aquellos hechos.  También descubrí que había allí un maestro entrerriano que jugò un rol extraordinario en la solidaridad con Roberto Santucho y en la resistencia popular a la dictadura que asesinó a los compañeros el 22 de agosto de 1972.

    Hace unos pocos meses me encontré con una investigaciòn de Gustavo Brufman, rosarino y docente universitario, que la prima de Angel, Delis, era la mamá del Pocho Lepratti, aquel del grito famoso: «No tiren hijos de puta, hay chicos comiendo» que se multiplicó en miles de bicicletas en las paredes de Rosario y todo el país.

    Vuelvo a publicar aquella nota

    Ángel Bell, los comunistas  y la masacre de Trelew

    Algunos documentos poco conocidos sobre lo ocurrido

    La masacre de Trelew figura por derecho propio entre las paginas más significativas de la historia del Terrorismo de Estado en la Argentina. El asesinato de un grupo de compañeros fugados de la cárcel de Rawson, recapturados y fusilados a mansalva por la Marina es lo suficientemente conocido como para que yo vuelva a contarlo; pero hay algunos datos sobre la participación de los militantes comunistas de la zona en los hechos, y de la conducta de la dirección nacional del Partido Comunista, que son poco conocidos y estimo de interés socializar dicha información.

    Elvio Ángel Bell

    Al atardecer del cinco de noviembre de 1976, en pleno centro de Trelew, Elvio Ángel Bell fue secuestrado por un grupo de tareas. Con él fue secuestrado su hijo Pablo de apenas 8 meses quien fuera abandonado en el campo por los secuestradores y salvado de una muerte segura por dos trabajadores rurales que lo llevaron con sus familiares, por esa acción fueron castigados por la dictadura.

    Ángel había nacido en Entre Ríos, vivido en Buenos Aires, era un militante comunista y uno más de los tantos que en los comienzos de los sesenta veían en la Patagonia una posibilidad de trabajo y desarrollo individual.  Era maestro pero en Rawson trabajó en el rubro textil, destacándose rápidamente en la actividad social y política hasta ocupar un lugar en la dirección zonal del Partido Comunista.

    Cuando la dictadura militar fascista de Onganía (impuesta en 1966) se vio acosada por las luchas obreras y populares: Cordobazo, Rosariazo, Marcha del Hambre, crecimiento de la C.G.T. de los Argentinos, etc. y pasa a una represión masiva decide transformar una vieja cárcel de Rawson en un campo de concentración de militantes populares y revolucionarios.  Allí llegan entre otros Agustín Tosco, Roberto Quieto y Roberto Santucho, figuras principales del sindicalismo clasista, la izquierda peronista que se agrupaba en Montoneros y del Partido Revolucionario de los Trabajadores/Ejercito Revolucionario del Pueblo, respectivamente.

    La dictadura confiaba en que la distancia (y el control casi absoluto sobre la comunicación y el transporte) alcanzaría para hacer de la cárcel una prisión de aislamiento absoluto.  Pero la historia fue distinta, los familiares de los presos políticos comenzaron a viajar (entre ellos iban los abogados y militantes de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre) y a relacionarse con el movimiento popular de Rawson que asumió con toda dignidad la tarea que éstos le plantearon: visitar a los compañeros en los periodos donde no llegarán familiares para garantizar la comunicación entre las organizaciones revolucionarias y los prisioneros. El establecimiento penitenciario contemplaba la figura de “representante” de la familia y esa rendija legal fue la que aprovecharon los compañeros.  Sabemos que al menos durante un tiempo, Ángel Bell asumió el rol de “representar” la familia de Santucho y visitaba al dirigente revolucionario en la cárcel cada jueves que se necesitaba.  Justamente los jueves, día de visita en Trelew, día de marcha de las Madres años después.

    Junto a Mario Amaya y otros dirigentes populares, Ángel impulsó y formó parte de la Comisión de Solidaridad con los Presos Políticos que se constituyó y actuó en toda la zona: Puerto Madrin, Rawson y Trelew.  Tanto molestaba la Comisión que tres meses después de la fuga y de la masacre, los grupos de tareas asaltan la población y se llevan detenidos a la Capital Federal a un grupo de compañeros entre los que se cuentan Bell y Amaya tal como lo relata Tomás Eloy Martínez en su La Pasión según Trelew y lo recordaba en La Nación del siguiente modo: luego de repasar los hechos del 22 de agosto destaca que hay otro hecho que ha caído en el injusto olvido y Es el alzamiento de toda la población de Trelew contra el poder militar que el 11 de octubre arrestó a dieciséis vecinos de la ciudad y los trasladó al penal de Villa Devoto sin explicación alguna. Los habitantes decidieron declararse en estado de comuna y rebeldía para exigir que les devolvieran sus presos. Las manifestaciones duraron tres días y no se acallaron hasta que regresó el último””

    ….Fui testigo de la rebelión popular con que los habitantes respondieron al allanamiento de un centenar de casas y a la detención de dieciséis ciudadanos de todos los signos políticos, en su mayoría apoderados de los presos. Hubo una huelga general, desautorizada por el sindicalismo, afín entonces al gobierno militar. Dos manifestaciones salieron de la plaza principal hacia los barrios más pobres, donde se movilizaron otras siete mil personas. Los abastecimientos, la limpieza, la medicina y hasta las canciones fueron socializadas por aquellos buenos burgueses que sólo querían vivir en paz y a espaldas de la política.”

    “Un triste amanecer tuvo la zona el miércoles pasado cuando la población de Trelew, Rawson y Puerto Madrin pudo observar y en muchos casos sufrir en carne propia un operativo ordenado por el Comando del Quinto Cuerpo de Ejército, con sede en Bahía Blanca, que realizó allanamientos, detuvo ciudadanos y ciudadanas de la zona y paralizó prácticamente la actividad de la región, produciendo alarma y temor en el pueblo que no acertaba a explicarse las razones por lo ocurrido”, expresaba el diario El Chubut en la edición del 13 de octubre de 1972.

    Un comunicado militar argumentaba que el operativo se había ejecutado para “garantizar el orden y la seguridad pública perturbada por el accionar de elementos vinculados con actividades subversivas”. Por más que dieron vuelta armarios, roperos y bibliotecas en la búsqueda de algún arma no se toparon con nada que oliera a pólvora. Como prueba del “delito”, a Encarnación Díaz, –profesora de literatura y actriz– le confiscaron el libro En la colonia penitenciaria, de Franz Kafka, un “autor oscuro”, según lo calificó el jefe del operativo.[1]

    Liberado por la lucha popular, como el resto de los compañeros, Ángel vuelve a Rawson y retoma la militancia social y política hasta la fatídica tarde de aquel noviembre del 76 en que la dictadura le cobró los años de militancia, y seguramente, aquellas mateadas con Santucho en la cárcel de Rawson en las vísperas de casi todo.

    Nuestra Palabra

    Desde su fundación en 1918, el Partido Comunista sostuvo en cualquier circunstancia un medio de prensa, casi siempre un semanario, algunas pocas un diario.  Para 1972, bajo la dictadura y la vigencia de la Ley 17401 “de represión a las actividades comunistas”, que castigaba el pensar distinto y podía condenar por la sola tenencia de un periódico comunista, ese medio era Nuestra Palabra; en la más profunda clandestinidad el Partido Comunista distribuía algunas decenas de miles de ejemplares del semanario.

    En su archivo encontramos dos documentos relacionados con la masacre de Trelew: uno es la declaración del Comité Central partidario y la otra es una crónica, muy poca conocida, de los hechos contada por los sobrevivientes.

    El 29 de agosto Nuestra Palabra publica un documento titulado “La gravedad de la hora exige la unidad  democrática y antimperialista” que comienza con el siguiente párrafo: “La terrible y fría matanza de Trelew, su repercusión nacional y mundial y sus consecuencias, confirman que el país ha sido llevado al borde del caos por la dictadura instaurada el 28 de junio de 1966” para luego sostener que “El Partido Comunista condena indignadamente la inaudita matanza de Trelew y se suma al clamor nacional que exige una investigación exhaustiva de lo sucedido, con participación del cuerpo de abogados y de instituciones políticas y gremiales representativas. El pueblo quiere una relación clara, coherente y veraz de la tragedia de Trelew” y sigue “El Partido Comunista expresa también, una vez más su solidaridad con los presos políticos y gremiales, reclama su libertad inmediata y el cese de torturas medievales; exige el cierre de cárceles bajo jurisdicción militar (barco “Granaderos”, Resistencia y Rawson); reafirma su lucha intransigente contra toda legislación represiva y contra deportaciones; y considera que el derecho de asilo es una importante conquista cuya vigencia es vital para preservar el porvenir de la democracia en la América Latina.” y hace un llamado a la unidad de acción para anular “la 17.401  y demás leyes represivas, de proscripciones y persecuciones  del delito de pensar, organizarse y de luchar por una Argentina independiente y una democracia avanzada!”

    Convencido que los planes imperiales apuntaban a reproducir el modelo dictatorial brasilero alerta sobre un nuevo golpe de estado que reemplace a Onganía: “Tras los oscuros y siniestros sucesos de Trelew, se mueven fuerzas reaccionarias que sueñan con una dictadura ultragorila, a la brasileña.  Suponen que así podrán detener el auge de las justas y nobles luchas obreras y populares por pan y liberta, por un gobierno auténticamente democrático y antimperialista”

    Y polemiza con las organizaciones que proponen la lucha armada como el camino del triunfo ofreciendo una estrategia de lucha de masas y unidad amplia (a la que hemos calificado de cultura política de “frente democrático nacional” y criticado en otros trabajos, sobre todo en el “El viraje del Partido Comunista”, basado en dos conferencias dictadas en un ciclo del Archivo General de la Nación en el 2000 y publicadas en el semanario comunista de la época Propuestas,  que se puede consultar en www.cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com) que no deja de contener una propuesta de ejercicio de violencia política de masas: “El camino de la liberación nacional y social que puede ser recorrido únicamente con unidad de acción democrática y antimperialista, que dará cohesión y potencia a la acción de masas.  Organizar, coordinar, estimular la creatividad de la clase obrera y del pueblo, formar organismos de autodefensa de masas, tal es la exigencia de la hora. Es una utopía peligrosa y dañina suponer que la acción de masas pueden ser sustituidas por atentados individuales o acciones de grupo, por audaces que sean”

    Sobre este punto, solo llamo la atención a la respuesta de Agustín Tosco a la invitación de Roberto Santucho a sumarse a la fuga: quién cordialmente le dijo algo así como que era un dirigente de masas y confiaba en salir en libertad por la lucha política y de masas, enfoque que sostiene en el discurso que pronuncia al llegar a Córdoba, liberado: “Quiero agradecer profundamente esta solidaridad. La solidaridad de Córdoba, la solidaridad de Rawson y Trelew, la solidaridad de toda la clase obrera que me ha arrancado a mí de las garras de la dictadura, como antes ha arrancado a otros compañeros y como arrancará hasta el último prisionero. Quiero aquí como ha sido norma de, conducta militante rendir un gran homenaje a todos los Compañeros caídos en esta heroica lucha por la Liberación Nacional y Social”.

    El documento descalifica la maniobra en marcha de la dictadura de construir un Gran Acuerdo Nacional con las dos fuerzas políticas tradicionales que sostienen el sistema político argentino (ayer y hoy): el peronismo y el radicalismo, entonces dirigidas por el mismo Perón y Balbín: “Ni “La Hora de los P

    ueblos”, por haber nacido bajo el auspicio del fracasado Gran Acuerdo Nacional, ni “Frecilina”, por su composición y carencia del programa, reúnen los requisitos necesarios para un frente de liberación nacional” y propone fortalecer el Encuentro Nacional de los Argentinos, el ENA, un agrupamiento impulsado por el Partido Comunista con la participación de dirigentes de todas las fuerzas políticas y sociales, incluidos los peronistas y radicales, de la que formaban parte personalidades como el mismo Tosco o Ricardo Molinas, en marcha hacia un frente antimperialista y concluye con una advertencia que tras el triunfo de la salida negociada entre Perón y la dictadura, que llevó al propio Perón al gobierno luego del breve interregno de Cámpora y la masacre de Ezeiza, tomaría dimensión impensada cuatro años más tarde, un 24 de marzo de 1976: “Estamos pisando un terreno de definiciones para el destino de nuestro país. La experiencia histórica dice que no hay situaciones sin salida. O salida reaccionaria o salida democrática avanzada. La dispersión de fuerzas puede facilitar la primera. La unidad de acción asegura la victoria popular” en un lenguaje típico de la cultura de frente democrático nacional donde todavía se confiaba en la participación de amplios sectores del llamado progresismo radical y peronista, como expresión política de la llamada burguesía nacional, pero a esos debates hemos dedicado otras notas, aquí solo queríamos recuperar para la memoria un documento poco conocido así como de la denuncia de los hechos que el periódico publica el 26 de setiembre de 1972 a poco menos de un mes de la masacre, anotándose entre los primeros medios en hacerlo.

    La nota periodística comienza así: “El 8 de setiembre, los abogados Mario A. Hernandez, Rodolfo Ortega Peña, Luis Eduardo Duhalde, Gustavo Roca, Roberto Cinigaglia y César Quirós entregaron al periodismo un documento sobre el crimen perpetrado el 22 de agosto en la base aeronaval de Trelew, donde fueron asesinados dieciséis presos políticos y resultaron gravemente heridos otros tres; el documento incluye los testimonios de los tres sobrevivientes del crimen sin nombre” y a continuación publica en extenso la denuncia de Ricardo René Haidar, Alberto Camps y Maria Berger al que se puede acceder en numerosas publicaciones y paginas on line.

    En Trelew, hay una esquina donde se cruzan dos calles que es como decir que se encuentra condensada esta parte de la historia que traté de destacar.

    Las calles Mario Amaya y Ángel Bell se encuentran en un punto de Trelew, como si quieran volver a ponerse de acuerdo para organizar la visita a los presos del penal, la huelga en repudio a la masacre y la construcción de esa fuerza que todavía nos hace falta para hacer realidad los sueños de los que murieron y vivieron en Trelew, y todavía esperan que el cruce de calles anuncie la anhelada unidad de la izquierda en todas sus expresiones y formas de existencia.

     


    [1] La mañana en que una pueblada despertó a Trelew, Mariela Mulhall

     

     

     


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    El crimen de Santiago Maldonado fue encubierto desde antes que se cometa.

    Lo encubrieron los que arrasaron con los  pueblos originarios al sur del Río Colorado, a finales del siglo XIX.  Le llamaron “Conquista del Desierto” a lo que no fue más que un miserable asalto armado de territorios habitados por miles de años por mujeres, hombres, ancianos y niños que no tenían posibilidad alguna de resistir el poderío de las modernas armas de fuego ni la maldad infinita de los soldados de Roca y sus herederos del Ejercito nacional.

    El genocidio fue culminado con el robo de las niñas y los niños que pasaron a ser sirvientes a tiempo completo y absoluto de las ricas y los ricos de Buenos Aires. O sea de los Bullrich, los Echevehere y los Martínez de Hoz. Esclavos para ser precisos.

    En el relato de los orígenes de la nación argentina los desaparecidos desaparecen como si todos los habitantes del suelo argentino hubieran bajado de barco en un lugar despoblado y vacío. Para los rebeldes e insumisos de aquellos inmigrantes forzados a trabajar la tierra para el terrateniente y las máquinas para el industrial, la ley 4144 de 1902, el Estado de Sitio en 1910 y la picana, la Sección especial de lucha contra el comunismo desde 1930 hasta hoy pasando por todos los golpes de Estado y todas las torturas, secuestros, detenciones por razones políticas y asesinatos. Y siempre La Nación encubriendo todos los crímenes.

    Luego se sumó Clarín y el coro de miserables de la pluma y la palabra que siguen pensando como el genial maestro que escribiera sin vacilar: “Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa calaña no son más que unos indios asquerosos a quienes mandarí­a colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así­ son todos. Incapaces de progreso. Su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado” unos treinta años de que la espada de Roca hiciera realidad su prosa insigne

    .

    El ex secretario privado del General Genocida Roca, el Diputado Nacional Dionisio Schoo Lastra escribió en 1886: “la casi extinción de la raza indígena en nuestro medio se debe al hecho de que los indios eran demasiado socialistas. (…) Eran comunistas, y la carencia del sentido de la propiedad indispensable para imponer al hombre la ley del trabajo, que es su ley sagrada, fue la causa de la casi extinción de la raza”.

    La campaña del Desierto y el asesinato de Santiago Maldonado se hicieron en nombre de la misma causa, la defensa del Dios Dinero y el Capitalismo, de los terratenientes usurpadores de las tierras ancestrales de los pueblos originarios.

    ¿La Nación, quién ideologiza el debate, nosotros o los predicadores del odio contra los pueblos originarios y todos los que nos asumimos sus hermanos?, ¿los que pedimos verdad y justicia o los que hablan en defensa de los asesinos?

    El 29 de agosto denunciamos penalmente al presidente de la Nación y casi todo su gabinete, al Jefe y la cadena de mandos de la Gendarmería, por el delito de encubrimiento de la desaparición forzada de Santiago Maldonado.  A esa fecha aportamos todas las falsas teorías sembradas por Bullrich y Macri, potenciadas en su versión más bastarda por La Nación, Clarín y sus secuaces. El fiscal Delgado convalidó nuestra denuncia y pidió una serie de pruebas entre ellas un informe de Peña sobre lo actuado por el Gobierno Nacional en un episodio derivado, sin dudas, del accionar de una fuerza bajo su mando.

    El juez Canicoba Corral, impotente de aplastar la denuncia apeló a una vieja chicana judicial que es impedir la investigación so pretexto de una cuestión de jurisdicción.  De nuevo el Fiscal Delgado y ahora también el fiscal Moldes acompañaron nuestro criterio de que el delito se consuma en la Casa de Gobierno, puesto que allí actúan los ordenadores del encubrimiento, empezando por Macri y siguiendo por Bullrich y Garavano.

    El 10 de octubre, el Dr. Eduardo Barcesat y el autor de esta nota, sostuvimos ante la sala uno de la Cámara Federal en lo Criminal y Correccional Federal lo pertinente de nuestra denuncia sumándole la increíble seguidilla de operaciones de encubrimiento que los acusados, siempre con la participación activa de los periodistas y dueños de los medios de propaganda encabezados por La Nación y Clarín.

    Los jueces Bruglia y Ballestero encubren a los encubridores puesto que con su silencio impiden que la investigación se realice ya sea en el Juzgado de Canicoba Corral (como entendemos nosotros y los dos fiscales) ya sea en el Juzgado de Esquel, como entiende el Dr. Canicoba Corral.

    A los que reclaman transparencia les preguntamos ¿qué temen de nuestra denuncia que no quieren siquiera investigar con “sus” jueces y fiscales?

    El diario La Nación de hoy se atreve a proponernos que nos disculpemos con los asesinos de Gendarmería, nosotros le contestamos que por sus acciones de encubrimiento están cometiendo delitos graves de violación a los derechos humanos. Y que ni Macri ni Lorenzetti son para siempre. Que hubo Videla, Viola, Galtieri, Menem y De la Rúa.

     

    Y que a pesar de ellos conquistamos memoria, verdad y justicia. Una vez y lo volveremos a conquistar.

    A Santiago lo mató Gendarmería, a Gendarmería la encubrió Macri, Garavano, Bullrich, Nocetti y los jefes de Gendarmería, y a los encubridores los encubre Canicoba Corral, Bruglia, Ballestero y los editorialistas de La Nación, Clarín y sus reproductores seriales  Todo está guardado en la memoria.

     

  • En un mural Santiago Maldonado homenajeó a Severino Di Giovanni. Arlt denunció a quienes se reían (como Carrió de la de Santiago) de su muerte.

    A Barbarita
    que me regaló el cuento de Arlt
    Santiago homenajeó al gran revolucionario anarquista citando sus mágnificas palabras: «Arrastrar una masa inerte de carne y huesos no es vivir es solamente vegetar» extraidas del mensaje escrito en la càrcel antes de ser fusilado:  […]No busqué afirmación social, ni una vida acomodada, ni tampoco una vida tranquila. Para mí elegi la lucha. Vivir en monotonía las horas mohosas de lo adocenado, de los resignados, de los acomodados, de las conveniencias, no es vivir , es solamente vegetar y transportar en forma ambulante una masa de carne y de huesos. A la vida es necesario brindarle la elevación exquisita, la rebelión del brazo y de la mente. Enfrenté a la sociedad con sus mismas armas, sin inclinar la cabeza, por eso me consideran, y soy, un hombre peligroso.»
    Ahora sabés por que la Gendarmería matò a Santiago.  Por ser un hombre peligroso, igual que Severinno.  E igual que el Chacal Carrió se río de la muerte de Santiago, otros se rieron del fusilamiento de Severinno, y aquí te lo cuenta el gran escritor Roberto Arlt.
    He visto Morir…

     

    Por Roberto Arlt

    Las 5 menos 3 minutos. Rostros afanasos tras de las rejas. Cinco menos 2. Rechina el cerrojo y la puerta de hierro se abre. Hombres que se precipitan como si corrieran a tomar el tranvía. Sombras que dan grandes saltos por los corredores iluminados. Ruidos de culatas. Más sombras que galopan.
    Todos vamos en busca de Severino Di Giovanni para verlo morir.

    La letanía.

    Espacio de cielo azul. Adoquinado rústico. Prado verde. Una como silla de comedor en medio del prado. Tropa. Máuseres. Lámparas cuya luz castiga la obscuridad. Un rectángulo. Parece un ring. El ring de la muerte. Un oficial.
    «..de acuerdo a las disposiciones… por violación del bando… ley número…»
    El oficial bajo la pantalla enlozada. Frente a él, una cabeza. Un rostro que parece embadurnado en aceite rojo. Unos ojos terribles y fijos, barnizados de fiebre. Negro círculo de cabezas.
    Es Severino Di Giovanni. Mandíbula prominente. Frente huída hacia las sienes como la de las panteras. Labios finos y extraordinariamente rojos. Frente roja. Mejillas rojas. Ojos renegridos por el efecto de luz. Grueso cuello desnudo. Pecho ribeteado por las solapas azules de la blusa. Los labios parecen llagas pulimentadas. Se entreabren lentamente y la lengua, más roja que un pimiento, lame los labios, los humedece. Ese cuerpo arde en temperatura. Paladea la muerte.
    «..artículo número…ley de estado de sitio… superior tribunal… visto… pásese al superior tribunal… de guerra, tropa y suboficiales…»
    Di Giovanni mira el rostro del oficial. Proyecta sobre ese rostro la fuerza tremenda de su mirada y de la voluntad que lo mantiene sereno.
    «..estamos probando… apercíbase al teniente… Rizzo Patrón, vocales… tenientes coroneles… bando… dése copia… fija número…»
    Di Giovanni se humedece los labios con la lengua. Escucha con atención, parece que analizara las cláusulas de un contrato cuyas estipulaciones son importantísimas. Mueve la cabeza con asentimiento, frente a la propiedad de los términos con que está redactada la sentencia.
    «..Dése vista al ministro de Guerra… sea fusilado… firmado, secretario…»

    Habla el Reo.

    -Quisiera pedirle perdón al teniente defensor…
    Una voz: -No puede hablar. Llévenlo.
    El condenado camina como un pato. Los pies aherrojados con una barra de hierro a las esposas que amarran las manos. Atraviesa la franja de adoquinado rústico. Algunos espectadores se ríen. ¿Zoncera? ¿Nerviosidad? ¡Quien sabe!.
    El reo se sienta reposadamente en el banquillo. Apoya la espalda y saca pecho. Mira arriba. Luego se inclina y parece, con las manos abandonadas entre las rodillas abiertas, un hombre que cuida el fuego mientras se calienta agua para tomar el mate.
    Permanece así cuatro segundos. Un suboficial le cruza una soga al pecho, para que cuando los proyectiles lo maten no ruede por tierra. Di Giovanni gira la cabeza de derecha a izquierda y se deja amarrar.
    Ha formado el blanco pelotón de fusilero. El suboficial quiere vendar al condenado. Éste grita:
    -Venda no.

    Mira tiesamente a los ejecutores. Emana voluntad. Si sufre o no, es un secreto. Pero permanece así, tieso, orgulloso.
    Surge una dificultad. El temor al rebote de las balas hace que se ordena a la tropa, perpendicular al pelotón fusilero, retirarse unos pasos.
    Di Giovanni permanece recto, apoyada la espalda en el respaldar. Sobre su cabeza, en una franja de muralla gris, se mueven piernas de soldados. Saca pecho. ¿Será para recibir las balas?
    -Pelotón, firme. Apunten.
    La voz del reo estalla metálica, vibrante:
    -¡Viva la anarquía!
    -¡Fuego!

    Resplandor subitáneo. Un cuerpo recio se ha convertido en una doblada lámina de papel. Las balas rompen la soga. El cuerpo cae de cabeza y queda en el pasto verde con las manos tocando las rodillas.
    Fogonazo del tiro de gracia.

    Muerto.

    Las balas han escrito la última palabra en el cuerpo del reo. El rostro permanece sereno. Pálido. Los ojos entreabiertos. Un herrero a los pies del cadáver. Quita los remaches del grillete y de la barra de hierro. Un médico lo observa. Certifica que el condenado ha muerto. Un señor, que ha venido de frac y zapatos de baile, se retira con la galera en la coronilla. Parece que saliera del cabaret. Otro dice una mala palabra.
    Veo cuatro muchachos pálidos como muertos y desfigurados que se muerden los labios; son: Gauna, de La Razón, Álvarez de Última hora, Enrique Gonzáles Tuñón, de Crítica y Gómez, de El Mundo. Yo estoy como borracho. Pienso en los que se reían. Pienso que a la entrada de la penitenciaría debería ponerse un cartel que rezara:

    -Está prohibido reírse.
    -Está prohibido concurrir con zapatos de baile.


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    un poema ensayo electoral

     

    A Gabriela

    como siempre

     

    Si algo me gustaba de Patricio era que era daltónico.  Donde todos veían negro él veía luz. Donde todos veían final él veía principio.

                            

    Daltónico hay que ser en estos días para que la realidad no nos haga creer que es la verdad. La verdad no es real, es un sueño.

     

    ¿Qué valen más, los millones de votos negativos o los pocos miles de corazones vibrando por Santiago?  Ya se que ustedes dirán que con los votos se gobierna, pero yo diré que no son votos sino retumbar tardío de la picana y el submarino.

     

    Submarino.  Mientras la mayoría piensa en un barco que nada bajo el agua nosotros pensamos en la tortura que todavía nos duele.  Pero no en la de entonces sino en la de mañana. O sea pienso en Santiago en el río ¿se entiende?

     

    “Que nada parezca una derrota porque la verdad sigue de nuestro lado como decís vos” escribió Juan y ¿quién soy yo para contradecirlo?

     

    Este poema no es mío sino de  de Juan el nieto de Alicia que murió en la Cuarta pero vive en un escuela de Santa Fe que no es Santa y no debe tener mucha Fe si no, no votaría así. 

     

    O sea ustedes creen que murió y nosotros que está pariendo corazones libres.

     

    Fernando me enseñó que en la Biblia dice que si Dios está de nuestro lado, nadie podrá con nosotros y cómo para mi la verdad es Dios afirmo que si la verdad está de nuestro lado, ¿quién podrá con nosotros?

     

    ¿Quién ganó?  ¿Susana con su por suerte apareció, Lilita con es como Walt Disney que tantos votó cosechó?

     

    Para nada, nosotros ganamos porque ganamos la altura moral que nunca tendrán los torturadores o sea los de Cambiemos con traje y corbata.

     

    Altos de dignidad como Rodolfo en la esquina de Entre Ríos y San Juan o San Martín en Chacabuco.

     

    “Seamos libres que lo demás no importa nada” nos pidió Don José  y nosotros somos libres, libres de la mentira y de la cobardía.  Sin duda ganamos porque evitamos la peor de las derrotas, la miseria moral.

     

    La única derrota que nos puede derrotar.

     

    «Ahora despertaron al gigante y no lo van a poder parar, porque despertaron la sed de justicia de millones y la van a sacar a la calle” sigue su carta Juan.

     

    ¿Daltónico? Claro, cómo Fidel en la Sierra Maestra o Santiago yendo a Cushamen. Muchos creen que murió de tonto; tontos, no saben que está naciendo.

     

    Ahora. Y siempre.

     

                                                            

  • Debates sobre Santiago. El homicidio, ¿desaparece la desaparición forzada?

    Con la confirmación que el cuerpo recogido del Río Chubut es el de Santiago Maldonado, innumerables debates se despliegan.  Diferenciemos, algunos son genuinos, entre pares, entre personas interesadas en la verdad y la justicia y otros no.  Cambiemos en todas sus versiones, periodistas, polìticos, jueces, etc. no deja de plantar pistas falsas y de armar operaciones de confusión. Son tantas que las iremos analizando una a una.

    Se pretende instalar, y eso desde supuestos «amigos» como el Turco Asís, que la aparición del cuerpo sin vida borra toda discusión sobre desaparición forzada o encubrimiento. Y el discurso se repite hasta viralizar por voces «amigas» y «no amigas».

    Recordemos que en epocas de la dictadura, aplicaciòn de un Plan Sistemàtico de Exterminio que tenìa eje en la desapariciòn forzada de personas, la acciòn de desaparecer no configuraba delito y por eso, cuarenta años màs tarde, cuando se juzga los genocidas se los condena por una suma de delitos, privaciòn ilegal de la libertad agravada, tormentos y torturas, etc. etc.  En muy pocos casos se pudo comprobar la muerte de los compañeros, y la suma de varias condenas de homicidio llevo a condena de prisiòn perpetua.

    En 1981, una delegación de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre propuso por vez primera la sanciòn de un Convenio Internacional de Prevenciòn y Castigo al delito de desapariciòn forzada.  Se aprobò en el 2006 y la Argentina lo consolidò con la sanciòn de una ley, la 26.679 promulgada el 5 de  Mayo 2011 que dice así:     

    ARTICULO 1º — Incorpórase como artículo 142 ter del Código Penal el siguiente texto: Artículo 142 ter: Se impondrá prisión de DIEZ (10) a VEINTICINCO (25) años e inhabilitación absoluta y perpetua para el ejercicio de cualquier función pública y para tareas de seguridad privada, al funcionario público o a la persona o miembro de un grupo de personas que, actuando con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, de cualquier forma, privare de la libertad a una o más personas, cuando este accionar fuera seguido de la falta de información o de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o de informar sobre el paradero de la persona. La pena será de prisión perpetua si resultare la muerte….

    Observen que no habla de la necesidad que sea considerado ni delito de lesa humanidad, ni ataque generalizado contra población civil etc. Sólo refiere a la intervención del Estado con su aprobación o aquiescencia.

    También esta ley incorpora estos artículos importantes ARTICULO 3º — Incorpórase como artículo 194 bis del Código Procesal Penal de la Nación el siguiente texto: Artículo 194 bis: El Juez, de oficio o a pedido de parte, deberá apartar a las fuerzas de seguridad que intervengan en la investigación cuando de las circunstancias de la causa surja que miembros de las mismas pudieran estar involucrados como autores o partícipes de los hechos que se investigan, aunque la situación sea de mera sospecha. ARTICULO 4º — Incorpórase como artículo 215 bis del Código Procesal Penal de la Nación el siguiente texto: Artículo 215 bis: El Juez no podrá disponer el archivo de las causas en que se investigue el delito previsto en el artículo 142 ter del Código Penal, hasta tanto la persona no sea hallada o restituida su identidad. Igual impedimento rige para el Ministerio Público Fiscal..

    Intentando resumir:  el delito de desaparicion forzada se agrava por la muerte, es delito la detenciòn ilegal de una persona negada y/o encubierta y en las causas asì caratuladas se debe apartar a las fuerzas sospechadas, cuestiòn que en el caso Maldonado nunca se cumpliò de verdad y el propio operativo de recuperación del cuerpo lo hizo Prefectura, fuerza subordinada a Bullrich, sospechada del delito de encubrimiento (por lo menos) de la desapariciòn forzada de Santiago, igual que Macri, Garavano, Avruj, Nocetti y la Jefatura de Gendarmerìa, razòn que potencia la campaña encubridora de Clarìn y còmplices que ahora nos dicen que ya la «ciencia resolvió el caso».

    Siguen mintiendo

    José Ernesto Schulman y  Liliana Mazea (abogada de derechos humanos)

     


  • Con el cuerpo plantado en el Río Chubut continua la Operación Encubrimiento. Hubo desaparición forzada, fue Gendarmería y quieren criminalizar la justa lucha del pueblo mapuche; fuera Benetton de la Patagonia y respeto a los espacios democráticos.

    La Liga Argentina por los Derechos del Hombre se suma a las afirmaciones de la Familia Maldonado emitidas en el día de ayer, 18 de octubre, en tanto mantenemos la mayor desconfianza hacia un Estado (gobiernos nacional y provincial, justicia federal y provincial, fuerzas federales y provinciales de seguridad y espionaje, comunicadores orgánicos al Poder, etc.) que desapareció a Santiago Maldonado el 1º de Agosto de 2017 y no dejo mentira, operación de creación de pista falsa, agresión cultural y física, etc. por hacer.

    Hasta tanto no se aclare de un modo fehaciente, y eso implica contextualizar los datos que las pericias científicas aporten porque no es cierto que “los cuerpos hablen”, los estudios científicos proporcionan indicios, datos, señales, que deben ser interpretadas desde un contexto histórico concreto: la ocupación de las tierras por Benetton, la resistencia mapuche, la agresión del Estado y en ese marco la represión del 1º de agosto, la captura de Santiago, la desaparición y ahora la aparición de un cadáver flotando en el mismo río por donde se hicieron otros tres rastrillajes y a pocos metros de donde el pueblo mapuche desarrolla sus actividades, mantendremos estas convicciones, que son las de la familia y miles de compañeras y compañeros en el paìs y el mundo.

    A las medidas de cuidados en el proceso de identificaciòn del cuerpo,que consiguió la familia, sumamos el reclamo de exigir a los Jueces Federales a cargo el total esclarecimiento de los hechos empezando por la separación de la causa de las fuerzas federales, la suspensión de las fuerzas correspondientes de los miembros de las fuerzas de seguridad que intervinieron en el momento de la represión y rigurosa investigación del delito de encubrimiento en donde estos hechos se consumaron y consuman.

    Reiteramos la exigencia de renuncia de la Ministro Patricia Burllich, de Pablo Nocetti y del Ministro de Justicia Garabano así como del Secretario de Pluralismo y DDHH Avruj, todos ellos encubridores activos de la desaparición forzada de Santiago Maldonado y proponemos la creación una comisión bicameral para que se revise todo el accionar represivo dirigido desde el Ministerio de Seguridad. para demostrar la existencia de un plan represivo que va de la estigmatización a la ocupación con fuerzas estatales autorizadas a portar y usar armas de guerra de los territorios donde habitan los pobres .

    Macri y Cambiemos vienen por el Estado de Derecho, con la complicidad de gran parte de los integrantes del poder Judicial y del Legislativo porque cuando desaparece alguien en democracia, lo que comienza a desaparecer es la democracia.

     

    No es la hora del silencio sino de la movilización y la defensa activa y militante de la Verdad

    Libertad a Milagro

    Aparición con vida de Santiago

    Todos los derechos para todas y todos.

     

    Este jueves, como todos los jueves, llamamos a acompañar la ronda de las Madres en Plaza de Mayo y todas las plazas del país.

     

  • Tortura: la humillación del cuerpo y del alma

    Ensayo sobre la tortura como delito de lesa humanidad, no solo en su formato tradicional (de acción física destructiva de las personas) sino como acción integral de causar dolor físico o psíquico en las personas, escrito a pedido de la Euskal Memoria Fundazioa del País Vasco,  en colaboración con Sabrina Nair Dentone.

     

    “Ningún crimen de Estado se comete sin ensayar un discurso justificante,

    y el riesgo en tiempos de terrorismo es que la prevención de crímenes

    de destrucción masiva e indiscriminada, si bien fuera de toda duda

    es imprescindible, pase rápidamente a ser la nueva justificación putativa

    del crimen de Estado”. Raúl Zaffaroni.

    El crimen de Estado como objeto de la criminología[1]

     

     

    Pienso la tortura desde la Argentina, desde un territorio y un pueblo que es, mucho más, el resultado criminal de tres genocidios que la construcción pacífica de una nación libre y soberana.  Hablo desde la posición de quien sufrió la tortura en su cuerpo y en su alma, de quién ha luchado por cuarenta años por la memoria, la verdad y la justicia para llegar a un punto histórico en que la tortura amenaza de nuevo en volverse cotidiana, masiva y aún más, tolerada y consentida por una parte sustancial de los operadores políticos, judiciales y comunicacionales.

     

    En el 2013, a doscientos años de la Asamblea del año XIII que decretó la disolución de la Inquisición y aún más, la destrucción publica de los elementos de tortura, la titular del Ministerio Público de la Defensa Stella Maris Martínez afirmó dos verdades contundentes:  “la tortura hoy es un crimen y sin embargo se sigue aplicando. Es una realidad cotidiana en lugares de encierro, como método de disciplinamiento, como un régimen de terror y de castigos preventivos. Todo lugar donde haya personas privadas de libertad debe ser sometida a un control permanente del afuera, y esto no ocurre” y aún más:  “los jueces no investigan lo poco que se denuncia en términos de tortura, porque siguen sosteniendo esa postura que entiende que los policías y los guardias dicen la verdad y los presos mienten. Los jueces, al mirar para otro lado se convierten en cómplices, y esta tolerancia judicial perversa obedece a lo que ocurre en la sociedad que no repudia fuerte y sostenidamente la tortura”.

     

    A qué se debe la persistencia de una práctica que ha sido denostada desde San Martín hasta los jueces de la Corte Suprema que una y otra vez la han sancionado como un delito grave, imprescriptible y abarcatorio de una amplia gama de acciones humanas?  Creemos que la respuesta está en la historia misma de nuestros pueblos.

     

    Más de una vez hemos afirmado que somos mucho más hijos de una violación, la del Ejercito Colonial del Reino de Castilla y Aragón, sobre los pueblos originarios que herederos orgullosos de la causa independentista de Moreno, Monteagudo, Belgrano y San Martín.  Los primeros invasores hicieron uso y abuso de la tortura sobre nuestra gente de un modo tan cruel y perverso que despertaron la reacción de insignes religiosos como Fray Bartolomé de las Casas.  Pero el dominio de la Inquisición con sus métodos destructivos de lo humano marcó a fuego la cultura de los sectores que se irían constituyendo en el bloque de poder colonial; y también la subjetividad de los diezmados pueblos originarios, de los africanos traídos como mano de obra esclava y de los criollos pobres y sometidos al mismo rigor.  Cierto es que San Martín disuelve la Santa Inquisición no bien entra a Lima en 1821, así como la Asamblea del año XIII lo había hecho para los territorios libre del invasor español pero a poco de andar la naciente república una nueva alianza social se hizo del gobierno y recuperó las viejas prácticas genocidas de exterminio y tortura de los pueblos originarios y de los pobres.  El estado nación argentino se hizo de un lugar en el mundo con el exterminio de los restos de los pueblos originarios en la llamada Campaña del Desierto (1878/1883), la conquista del Gran Chaco (1892) y la Guerra de la Triple Alianza contra los guaraníes del Paraguay autónomo desde 1865 a  1870.

    El país que nació del fin del ciclo revolucionario, del fin de las guerras civiles, de la hegemonía porteña sobre las élites provinciales y sobre los intentos autonomistas del Paraguay, será un país formalmente independiente y una semicolonia en términos reales.  Para dar formato institucional a esa farsa se sancionó la Constitución de 1853, y sobre todo, la Ley Sáenz Peña y la ficción de la democracia representativa con el conjunto de mitos fundacionales de  fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX: la entronización de la ciudad de Buenos Aires como Capital y centro económico de la república, gracias al Puerto y su Aduana; la organización del Ejercito Nacional bautizado en la Campaña del Desierto y la llamada Guerra de la Triple Alianza, nombres de fantasía que encubrían el segundo genocidio sufrido en nuestras tierras; y la afirmación formal de varias igualdades: la del acceso a la educación publica, el mito del guardapolvos blanco, y la de la igualdad formal ante la ley y ante la urna,  el Código Penal y la Ley del (supuesto) Sufragio Universal (que solo era para los varones con Libreta de Enrolamiento  o sea, dejando fuera del padrón electoral a la mitad femenina de la población y al cuarto inmigrante de argentinos).  Así nació el primer momento del Mito Liberal.  Y con él, la legislación antiobrera, represora de toda oposición al capitalismo dominante y la práctica de la tortura como método permanente de disciplinamiento social y castigo riguroso al que se rebela y se para en la dignidad del reclamo.

    Apuntemos, al paso, dos fechas: 1902 y 1930.   En 1902 se sanciona la llamada Ley de Residencias que sancionaba el destierro de todo inmigrante indeseable por sus convicciones ideológicas y prácticas políticas con el agravante que se resolvía por vía administrativa y no judicial y que el expulsado del país se debían ir dejando familia y bienes en la Argentina.  La ley se mantuvo en rigor hasta 1957, aunque el Dr. Zamorano explica que rápidamente se renovó en  otras leyes que enfilaron hacia la 17401 de 1971 y la Antisubversiva de 1974 que simultáneamente permitían la expulsión de “extranjeros” (como si en la Argentina,la palabra extranjeros no fuera un verdadero significante vacío dado la inmensa mayoría de pobladores que provienen de inmigrantes lejanos o cercanos).  En 1930, junto con el primer Golpe de Estado del 6 de setiembre, fin del primer mito liberal, se crea la División Especial de Lucha contra el Comunismo en el seno de la Policía Federal (la policía de la ciudad de Buenos Aires que era por entonces territorio federal como sede del gobierno nacional) y al interior de esa División Especial, el comisario Lugones fue el primero en utilizar un instrumento rural para el manejo de los rebaños vacunos en la tortura humana: la picana eléctrica, uno de los “inventos argentinos” de mayor uso nacional e internacional.

    De paso, digamos que el comisario Lugones era hijo del escritor Leopoldo Lugones, aquel que escribiera el Manifiesto de Ayacucho, texto literario que proclamaba la “era de la espada”, convocando a los infinitos golpes de Estado que seguirían por cincuenta años en toda nuestra América y fue el padre de Susana, la Piri, militante montonera que fuera torturada con la picana eléctrica creada por su padre hasta la muerte.

    La lógica de los golpes de Estado, cada vez más rencor, más odio, cada vez más presos y más torturas desembocó en el Terrorismo de Estado que nos asoló primero como acción paramilitar y parapolicial, la Triple Alianza o la Alianza Anticomunista Argentina con sus acciones brutales que recuperaban lo más perverso de la tradición de la Inquisición y de la División Especial; y la Triple A no era otra cosa que el ingreso a una acción más extendida, planificada, organizada y ejecutada por el Estado en su conjunto.  Se sabe: treinta mil desaparecidos, miles y miles de presos políticos que estuvieron primero desaparecidos y luego encerrados sin juicio en cárceles varias, millones de exiliados internos y cientos de miles de exiliados fuera del país.  Todos ellos sufrieron formas varias de la tortura.  Y de casi todas ellas, la Justicia argentina lo consideró probado.

     

    Qué podía haber entre la tortura inquisitorial y la de los centros clandestinos de la dictadura de Videla?   Me costó tiempo entenderlo y fue con el cuerpo y con el alma que lo  logré entender.  En abril de 1976 un grupo de tareas secuestró a Iris Pereyra y su hijo Floreal Avellaneda, de quince años.  Buscaban al padre de Floreal, delegado sindical y comunista de la empresa metalúrgica Tensa, cuya comisión interna de delegados fue diezmada por al represión. La madre fue salvajemente torturada y llevada primero al centro clandestino de Campo de Mayo, principal espacio militar de la Argentina (de allí partió la caravana que perpetró el primer golpe de estado, el seis de setiembre de 1930) y luego trasladada al Penal de Olmos.  Cuando llegó, con cuarenta años escasos, la bautizaron “la vieja” por el estado catastrófico que en pocos meses habían convertido su cuerpo.  Pero su hijo Floreal apareció flotando en el Río de la Plata, en la ensenada de Montevideo, la capital de Uruguay.  Identificado por la Policía Científica, la pericia medica indicó que su muerte había sido producto de la introducción violenta de un palo en el ano. Los inquisidores, allá por el siglo XVI decían que eso era “empalamiento” y los historiadores decían que no se aplicaba desde hacía varios siglos antes que San Martín desalojara la sede de Lima, Perú.

    En los centros clandestinos, y de eso puedo dar fe personalmente, los torturadores gustaban decir que jugaban con la muerte de los prisioneros porque ellos eran “Dios”, igual que la Inquisición.  Recordemos que el Santo Oficio comenzó persiguiendo judíos por todo el Reino y el Continente europeo cuando los Reyes Católicos en el mismo año de 1492 tomaron Granada, invadieron nuestra América y expulsaron a los judios. Seguían el rastro por Portugal, colonia del Brasil y luego el Virreinato del Río de la Plata. A poco de andar empezaron a perseguir “afrancesados”, o sea los que se inspiraban en Rousseau y Voltaire para cuestionar la inhumanidad de los católicos imperiales.  Su primer discurso fue el racismo, los indios no tenían alma (al menos hasta que el Vaticano así lo reconoció como si alguien necesitara su palabra abyecta) y por eso, sub humanos, no humanos, infra humanos, podían ser masacrados en carne y alma.  Destruidos físicamente e impedidos de sostener su cultura. Gracia da que los neo fascistas se llamen a sí mismos como renovadores cuando no son más que repetidores del discurso de Torquemada.  Luego, con la República, el segundo genocidio adoptó el discurso del “progreso”, había que exterminar a los indios porque se oponían al progreso. Y en nombre del progreso, se persiguió a anarquista, socialistas, comunistas desde el segundo año del siglo XX hasta finales de la segunda guerra mundial   Sería la ideología de la guerra fría, el anticomunismo, el discurso de todos los golpes, desde el del 30 hasta el del 76, pasando por el 43, 55, 62 y el del 66.    Y a cada discurso nuevas formas de tortura, aunque igual que los discursos, nunca del todo nuevas.  Nunca lo nuevo borró lo viejo sino que lo descubría, lo potenciaba y se superponían los tres discursos principales con cientos de relatos parciales y complementarios. Siempre para borrar la humanidad del ser torturado y por eso pasible de masacrar sus carnes y su alma.  Con picanas eléctricas, con submarinos secos y húmedos, con azotes y simulacros de fusilamientos, con la tortura insoportable de escuchar como torturan a otro ser humano, al hijo de meses o el padre septuagenario, que la imaginación del torturador es invencible, siempre va por más.

     

    En octubre de 1976 fui secuestrado por un grupo de tareas de la Inteligencia de la Policía de la provincia de Santa Fe.  Fui llevado a un centro clandestino, La Cuarta, que funcionaba dentro de una seccional de la Policía provincial en la esquina de Bv. Zavalla y Tucumán de la ciudad de Santa Fe, exactamente a la vuelta de la casa de Primera Junta y Bv. Zavalla donde había vivido toda mi vida.  En mi barrio, podríamos decir.  Frente a mi escuela primaria.  Con los mismos olores con que me había criado.  En aquella oportunidad estuve unos cuarenta días en condiciones sub humanas, sin cambiarme nunca de ropa, sin cama, colchón o cobija, sin baño, con alguna pobre comida por día, y tomando agua cuando los guardias querían. Aproximadamente en noviembre de 1976, cerca del 20 de noviembre (día de la soberanía nacional en memoria de la batalla de Vuelta de Obligado de Rosas contra la escuadra francesa), falleció Alicia López Rodriguez de Garraham.

    Con Alicia compartimos muchas charlas aunque no recuerdo palabra alguna.  En el juicio donde se condenó a un comisario por su muerte se determinó que murió por desgarro vaginal múltiple, tirada en el patio del centro clandestino donde estábamos todos encerrados.  Casi todas las tardes, un grupo de tareas ingresaba al centro; nos ponían de cara a la pared y se llevaban para la tortura o la muerte a los que tocaban el hombro.  No me llevaron nunca y durante muchos años dije que “en esa oportunidad” no me habían torturado.  En realidad trataba de destacar que en noviembre de 1977, luego de ser liberado desde la Cárcel de Coronda en abril del mismo año; había vuelto a ser capturado, llevado a La Cuarta y esa vez sí torturado físicamente casi hasta la muerte.  Clavos en una madera que me obligaban a apretar con las rodillas, golpes en el hígado casi hasta que reviente y simulacros de fusilamiento con balas de guerra. Sobreviví de un modo tan novelesco que en una novela lo conté: Los laberintos de la memoria[2]  Pero, ¡por qué durante años no me reconocí como víctima de las torturas que el Estado reconocería como tales en la sentencia del juicio oral de 2009, fallo confirmado por la Corte Suprema de la Nación?

    Fijense; en el fallo dice “ el12 de octubre de 1976, José Ernesto Schulman, fue detenido en su casa sita en calle Güemes n° 5554 de esta ciudad, en momentos en que se encontraba junto a Graciela Roselló –su esposa en ese momento- y su compañero de militancia Hernán Gurvich. El operativo realizado en su vivienda estuvo a cargo de personas vestidas de civil, entre las cuales se encontraba el imputado Ramos, siendo Schulman interrogado y al mismo tiempo sometido a golpes durante dos o tres horas, luego fue encapuchado y trasladado en un auto a la Seccional Cuarta, donde fue alojado en una celda que describe de gran tamaño. Reconoció que estaba en la Comisaría Cuarta por la cercanía a su domicilio paterno, asimismo por escuchar el bandoneón de un vecino músico, y la campana de la escuela que se encuentra enfrente; en dicha dependencia policial el 1° de noviembre fue sometido a un interrogatorio, en tanto el día 10 u 11 de noviembre, fue trasladado a la Guardia de Infantería Reforzada y posteriormente el 5 de enero de 1977a la cárcel de Coronda, siendo liberado en el mes de abril de dicho año.  Asimismo se encuentra probado que Schulman fue nuevamente detenido el día 22 de noviembre de 1977 cuando iba a encontrarse con un compañero de militancia de apellido Perussini, en un bar situado en el club Gimnasia y Esgrima de Ciudadela, siendo trasladado en un Fiat 600 blanco, encapuchado, a la Comisaría Cuarta, en donde fue golpeado reiteradas veces, además de realizarle un simulacro de fusilamiento. Asimismo el día 23 de noviembre de 1977 en la referida dependencia policial se presentó una persona que dijo ser empleado judicial, y que pretendía que firmara un papel, en el cual se responsabilizaba de una bomba en plaza España, y que el manifestó que no podía hacerlo porque en esa fecha estaba preso en Coronda, tras lo cual lo amenazó que si no firmaba iba a “volver con los muchachos”, aclarando que un compañero que también se encontraba allí, el Mono Maulín, fue quien le dijo que ese hombre se llamaba Víctor Brusa.”  Por qué? Porque más allá de la tipificación legal, se ha construido culturalmente la noción que solo es tortura la barbarie que sufrió Floreal Avellaneda, o la aplicación de la picana eléctrica en el cuerpo humano.  Porque el poder no solo ha construido la noción deshumanizada de los llamados a ser torturados, sino que hasta pretende establecer qué cosa se puede considerar tortura y qué cosa no.

     

    En el 2010, en ocasión del reconocimiento judicial del ya nombrado sitio La Cuarta, con motivos de un segundo juicio oral, este por el asesinato de Alicia López, en el mismo espacio físico donde yo había estado secuestrado me encontré con un grupo de adolescentes y jóvenes encerrado en similares condiciones inhumanas que las que Alicia y nosotros habíamos sufrido.

    En sucesivos informes de las procuraciones de control del sistema penitenciario no se ha dudado en calificar estas condiciones de un verdadero sistema de la indignidad, dado que la obligación de supervivir en tales condiciones configura el delito de tortura, sin dudas. Porque no hay mayor problema en hablar de nuestras torturas del pasado siempre que no involucre a los torturados del presente y siempre que se refiera a la tortura “dura”, a la destrucción física por medio de la picana eléctrica, la “parrilla” (un elástico metálico de una cama por donde se transmite electricidad, una picana del tamaño del cuerpo), el submarino (hundir la cabeza en un balde con agua o con orina, o con mierda humana) o el submarino seco (encerrar la cabeza en una bolsa plástica que impida respirar), o el apalamiento, o…, y la lista sería casi  interminable (los organismos de derechos humanos palestinos e israelíes han identificado ciento “técnicas” de tortura directa).

    En ese punto también la dictadura militar de Videla y Martínez de Hoz también dio saltos de calidad.  Desde la Inquisición, pasando por todas las instituciones estatales que aplicaron tortura durante dos siglos en la Argentina, las condiciones de encierro eran humillantes, degradantes y causaban dolor, perdida de la autoestima y arrasamiento de la personalidad a favor del torturador.  Pero, y en todo, la dictadura Martínez de Hoz Videla, puso un pero distintivo, la constitución de centros clandestinos de detención, tortura y exterminio colocó el tema en otro terreno, el que en los juicios contra los autores del delito de genocidio se consideró que el mero estar alojado en dichos sitios, constituía tortura.

    Pues la tortura es todo acto que cause dolor o sufrimiento como también lo dice la legislación internacional y nacional. (aquí el también es intencional, puesto que la tortura existe antes que la ley que la sancione y seguirá siendo tortura por más que la ley diga lo contrario, como pretenden los EE.UU. o Israel con sus Cortes Supremas inhumanas y violadoras de los derechos humanos de las personas) La tortura es un crimen del derecho internacional. Puede configurar un delito de lesa humanidad o un crimen de guerra. (A los fines de este trabajo acotamos la tortura como delito de lesa humanidad ).

    El artículo 7 del Estatuto de Roma, celebrado en el ámbito de Naciones Unidas el 17 de julio de 1998, establece que la tortura es un crimen de lesa humanidad y específicamente en el apartado 2 define: e) Por «tortura» se entenderá causar intencionalmente dolor o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, a una persona que el acusado tenga bajo su custodia o control; sin embargo, no se entenderá por tortura el dolor o los sufrimientos que se deriven únicamente de sanciones lícitas o que sean consecuencia normal o fortuita de ellas.   Ya la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 (ONU) prohíbe la aplicación de Torturas con el siguiente texto: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.”  Luego el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ONU, 1966) (artículo 7) establece que: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. …” y la Convención Americana sobre Derechos Humanos (OEA, 1969) con lenguaje similar (artículo 5) ordena que: […] 2. Nadie debe ser sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. …”.

    La Convención contra la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1984 -e incorporada al derecho argentino mediante la ley 23.338  del 30/7/1986- y con jerarquía constitucional desde 1994 (cf. Art. 75 inc. 22 CN), establece en su Artículo I: «A los efectos de la presente convención, se entenderá por el término «tortura» todo acto por el cual se inflijan intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a éstas»   Asimismo en el ámbito de la Organización de Estados Americanos (OEA), fue aprobada  la  «CONVENCION INTERAMERICANA PARA PREVENIR Y SANCIONAR LA TORTURA» incorporada al derecho interno por ley 23.562 del 29 de septiembre de 1988 la que  en similares términos define y condena a la tortura.   Los crímenes de lesa humanidad no son prescriptibles, es decir que la persecución penal respecto de los responsables de la comisión de este tipo de delito del derecho internacional – entre otros, la tortura – no tiene límite temporal para su juzgamiento.  Rige también la prohibición de amnistiarlos o de sustraerlos de su juzgamiento por medio de legislación dictada a ese fin.

    La tortura fue prohibida en nuestro país desde el comienzo mismo de nuestra vida constitucional mediante el artículo 18 de la Constitución Nacional. (“…Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes…”).   La ley 14.616 (1958) que incorporó los artículos 144 bis y 144 ter al Código Penal. (Ley vigente el momento de comisión de los delitos del terrorismo de estado en la Argentina, por lo tanto la ley aplicable.)

    Artículo 144 bis: Será reprimido con prisión o reclusión de uno a cinco años e inhabilitación especial por doble tiempo: […] 3. El funcionario público que impusiere a los presos que guarde, severidades, vejaciones, o apremios ilegales. Si concurriere alguna de las circunstancias enumeradas en los incs. 1, 2, 3 y 5 del art. 142, la pena privativa de la libertad será reclusión o prisión de dos a seis años. Artículo 144 ter: Será reprimido con reclusión o prisión de tres a diez años e inhabilitación absoluta y perpetua, el funcionario público que impusiere, a los presos que guarde, cualquier especie de tormento. Esta regulación legal fue modificada por la ley 23.097, en 1984, a poco de restablecida la democracia, que sustituyó el texto del artículo 144 ter por el siguiente: ARTICULO 144 ter: 1. Será reprimido con reclusión o prisión de ocho a veinticinco años e inhabilitación absoluta y perpetua el funcionario público que impusiere a personas, legítima o ilegítimamente privadas de su libertad, cualquier clase de tortura. Es indiferente que la víctima se encuentre jurídicamente a cargo del funcionario, bastando que éste tenga sobre aquélla poder de hecho. Igual pena se impondrá a particulares que ejecutaren los hechos descritos. 2. Si con motivo u ocasión de la tortura resultare la muerte de la víctima, la pena privativa de libertad será de reclusión o prisión perpetua. Si se causare alguna de las lesiones previstas en el artículo 91, la pena privativa de libertad será de reclusión o prisión de diez a veinticinco años. 3. Por tortura se entenderá no solamente los tormentos físicos, sino también la imposición de  sufrimientos psíquicos, cuando éstos tengan gravedad suficiente.” El Código Penal vigente al momento de los hechos era más benigno que la redacción actual.   Los juicios contra los responsables del genocidio sufrido por el pueblo argentino entre diciembre de 1973 (comienzo del accionar de la Alianza Anticomunista Argentina, según sentencia judicial) y finales de 1982, se hicieron con todas las garantías procesales y el derecho de defensa (que habían negado a los treinta mil desaparecidos y decenas de miles de presos políticos).  En un proceso de sucesivos debates y reconocimientos se llegó a reconocer los siguientes puntos

     

    1  Las condiciones de detención en los CENTRO CLANDESTINOS DE DETENCIÓN configuran el delito de tortura.

    Los detenidos desaparecidos privados de la libertad en los CENTRO CLANDESTINOS DE DETENCIÓN fueron víctimas de diversas formas de violencia tanto física como psíquica, que configuran el delito de tortura.  .En la causa 13/84 la Cámara Federal había sostenido que: “Asimismo, durante el secuestro, se imponía a los cautivos condiciones inhumanas de vida, que comprendían a muchos el déficit casi total de alimentación, el alojamiento en lugares insalubres, en los que no podían sustraerse a percibir los lamentos o ruidos que se producían al torturarse a otros cautivos y el permanente anuncio, a través de hechos y de palabras de que se encontraban absolutamente desprotegidos y exclusivamente a merced de sus secuestradores. Todo ello debía seguramente crear en la víctima una sensación de pánico cuya magnitud no es fácil comprender ni imaginar, pero que, en sí, constituye un horroroso tormento”.

     Sin embargo en la causa 13 no se estableció que todo DETENIDO DESAPARECIDO por el solo hecho de estar privado de su libertad en un CENTRO CLANDESTINO DE DETENCIÓN era víctima de tortura. Luego, la Cámara Federal admitió la posibilidad de que la mera detención en las condiciones reinantes en un CENTRO CLANDESTINO DE DETENCIÓN configurara torturas, pero condicionó tal determinación a que se acreditarían los sufrimientos padecidos y su gravedad (Juzgados de instrucción, Cámara de Apelaciones y Tribunales del interior).  En decisiones recientes se ha avanzado en tal sentido, al considerar que las condiciones generales de detención, en su conjunto, configuraban el delito de tortura.

    Todo el conjunto abyecto de condiciones de vida y muerte a que se sometiera a los cautivos, si son analizados desde sus objetivos, efectos, grado de crueldad, sistematicidad y conjunto, han confluido a generar el delito de imposición de tormentos de una manera central, al menos conjunta con la figura de la detención ilegal, y de ningún modo accesoria o tangencial a ésta… Tales tratos están incluidos en la prohibición jurídica internacional de la tortura, los tratos crueles, inhumanos y degradantes y encuadran en el delito de imposición de tormentos que expresamente castiga al funcionario que impusiere «cualquier especie de tormento»(art. 144 ter. primer párrafo del Código Penal, según la ley 14.616)

    Entonces, a partir del cambio jurisprudencial reseñado, no es necesario probar que una persona fue sometida a aplicación de corriente eléctrica en el cuerpo para determinar que fue víctima del delito de tortura.  Basta con probar que la persona estuvo privada de la libertad en un CENTRO CLÁNDESTION DE DETENCIÓN para que pueda enrostrarse el delito de tortura a todos a aquellos funcionarios público del CENTRO CLÁNDESTION DE DETENCIÓN.

     

     

    Conductas fueron calificadas como torturas en la jurisprudencia argentina.

     

    1   Sometimiento a realizar ejercicio físico: En las condiciones físicas en las que se encontraban los DETENIDO DESAPARECIDO (débiles por la deficiente alimentación, lesionados por los diversos golpes y por aplicación de picana, etc.) la imposición de realizar ejercicios físicos fue calificada en los tribunales argentinos como tortura. (Auto de procesamiento del 23 de mayo de 2006, causa nro. 14.216/03, caratulada “Suárez Mason Carlos y otros sobre privación ilegal de la libertad” del Juzgado de Instrucción Criminal y Correccional Federal nro. 3. La cita completa es la siguiente: “Dentro de las alternativas generales y sistemáticas de castigo ideadas en el centro también estaba el llamado “orden cerrado” (una práctica habitual así denominada, destinada al entrenamiento físico y disciplinario de los integrantes de las fuerzas armadas y de seguridad, no necesariamente punitiva), que consistía en compeler a los secuestrados a efectuar variados ejercicios físicos del mismo estilo disciplinario-castrense hasta el límite de sus fuerzas, sin contemplación alguna respecto de las escasas energías que tenían quienes vivían en un contexto pleno de carencias, especialmente alimentarias y de descanso. En las condiciones en las cuales se encontraban los cautivos: débiles por la deficiente alimentación, lesionados por los diversos golpes y por aplicación de picana; claramente tales ejercicios lejos de pretender el entrenamiento de los cautivos, representaban otro de los mecanismos de tortura que integraba el listado de métodos de igual especie creados con el auxilio de la fecunda imaginación de los guardias, captores y demás responsables de los hechos bajo estudio.”

     

    2  Sustitución de la identidad: “La deliberada sustitución del nombre por una matrícula mixta de números y letras esconde tras de sí la finalidad de hacer perder a quien lo padece su identificación, su individualidad, su pasado, su futuro y su pertenencia a un núcleo básico familiar y social” ( del auto de procesamiento del 23 de mayo de 2006, causa nro. 14.216/03, caratulada “Suárez Mason Carlos y otros sobre privación ilegal de la libertad” del Juzgado de Instrucción Criminal y Correccional Federal nro 3).

     

    3   Tabicamiento, la prohibición del habla o la imposibilidad de escuchar:  También puede configurar tortura cuando son aplicadas en forma generalizada y sistematizada: “[…] los secuestrados tenían además vedado el empleo del habla, tenían prohibido comunicarse entre ellos o hacerlo con los guardias del centro clandestino de detención. Esta situación generaba un total estado de aislamiento que, en el marco de un nulo contacto con el mundo exterior, afectaba psicológicamente a las víctimas, menguaba sensiblemente la capacidad de resistencia a las infrahumanas condiciones de vida existentes y eliminaba la posibilidad de brindarse recíprocamente ánimo frente al infierno que padecían, so riesgo de ser severamente penados con brutales castigos”.

     

    4  Engrillamiento: “El engrillamiento implicaba la sujeción de los detenidos con cadenas y/o candados de un modo tal que les impedía, en la mayoría de los casos, ponerse de pie plenamente, así como recostarse de manera completa. En tales condiciones, además, eran víctimas absolutamente pasivas de golpes, insultos y humillaciones continuos, al reducírselos a una postura física de total vulnerabilidad frente a sus captores, que graficaba de un modo cruel su situación de inferioridad e indefensión, al tiempo que los iba deteriorando progresivamente en su movilidad, todo lo cual connota claramente otra característica que obliga a considerar al trato dado a los secuestrados como un tormento, esta vez a través de la llamada tortura de posición” (Idem anterior).

     

    5  Simulacros de fusilamiento: La práctica de hacer sentir a los detenidos la posibilidad permanente de perder su vida, ya sea mediante simulacros de fusilamientos o por otros medios, también fue considerada torturas.  Ya en la causa 13/84 se había sostenido que las condiciones de detención incluían “el permanente anuncio, a través de hechos y de palabras de que se encontraban absolutamente desprotegidos y exclusivamente a merced de sus secuestradores”.  Resoluciones más recientes establecieron: “La intimidación constante a los cautivos implicaba un sufrimiento mental que obra como un componente más en el concepto de la tortura y, por cierto, esa intimidación es justamente uno de los más habituales objetivos que persigue el torturador devastando toda capacidad de resistencia” (Idem. Anterior; Suarez Mason)

     

    6   La tortura de terceras personas como tortura psicológica: Respecto de la práctica de utilizar la tortura de terceras personas como forma de sufrimiento psicológico, jurisprudencia reciente ha sostenido: “Dentro de este esquema generalizado de infundir terror paralizante a las víctimas a través de la amenaza permanente de ser torturado, esa forma particularmente perversa de tortura psicológica consistente en escuchar o ver sesiones de torturas de seres queridos. […] Este terror constante generado por dichas circunstancias […] constituye en sí mismo, dadas las circunstancias antes señaladas, una tortura mental” (también del auto de procesamiento de Suarez Mason y otros)

     

    7   Condiciones deficientes de alimentación, de higiene y de sanidad: La deficiente alimentación y las pésimas condiciones higiénicas y sanitarias a las que fueron sometidos los detenidos también fueron valoradas como otra modalidad de castigo: “[…] el desprecio calculado por las condiciones alimentarias […], higiénicas y sanitarias guardaba exacta relación de medio a fin con el objetivo general de cosificación de los recluidos, a quienes se les proveía de las condiciones indispensables simplemente para mantenerlos con una línea de vida, y negarles de este modo la posibilidad de morir por alguna de estas razones, como una cabal muestra de hasta dónde llegaba el poder absoluto sobre sus cuerpos y sus existencia”(Idem anterior).

     

    8  Exposición en desnudez:

    La exposición en desnudez de los cautivos significó, por un lado, un símbolo más de vulnerabilidad y sometimiento y, simultáneamente, la expresión de un castigo basado en la humillación y ridiculización […]. Pasear desnudo a un cautivo, compelerlo a ejecutar alguna actividad desprovisto de ropas, implicó reducirlo aún más a su parte sufriente. Por otro lado, testimoniaba los deseos ocultos y lujuriosos de sus captores, implicando además, toda una simbología en la cual los secuestrados aparecían desnudos frente a los kapos. En definitiva, en un proceso tan simple como apremiante, unos quedaban reducidos a su categoría sexual primaria como meros objetos y otros, elevados al lugar de observadores “superiores” e invasivos del pudor de la víctima […] La sistemática exposición en desnudez de los secuestrados, configuró permanentes humillaciones, vejación y sometimiento a tratos degradantes por parte de los cautivos …

     

    9  Abuso Sexual

    Considerar el abuso sexual – tanto a hombres como mujeres- como una forma más de sometimiento y de intento de destrucción identitaria de los y las detenidos/as desaparecidos/as llevó un largo camino.    La primera vez que en un juicio contra genocidas se incluyó el delito sexual como parte de un plan sistemático de tortura contra las mujeres detenidas ilegalmente, fue en abril de 2010 cuando el Tribunal Oral Federal de Santa Fe condenó al ex agente de inteligencia del Ejército Argentino, Horacio Barcos, a quince años de prisión por secuestro, privación ilegal de la libertad y torturas. Allí fue planteado que “la violencia sexual cometida en los centros clandestinos de detención de la dictadura fueron parte del plan sistemático de represión ilegal, y por lo tanto constituyen delitos de lesa humanidad, imprescriptibles”. El Tribunal señaló que “los abusos sexuales y la violación sufrida por la víctima durante su cautiverio (…) constituyen una forma más de tormento y por ende corresponde encuadrar tales hechos en dicha figura penal, constitutiva de crímenes contra la humanidad”.    A marzo de 2017 Según informó la Procuraduría de Crímenes Contra la Humanidad se contabilizaron 19 sentencias que condujeron a la condena de 79 imputados por crímenes de violencia sexual contra detenidas en el marco del terrorismo de Estado.

     

    10  Asistencia espiritual a la víctima de tortura como acto de tortura: En la condena al sacerdote Christian Von Wernich, el Tribunal Oral Federal de La Plata estimó que el consejo que éste daba a las víctimas a fin de que cooperaran era  una conducta prohibida por la prohibición de tortura, especialmente, por su condición de cura: “es tan torturador el que enchufa el cable en la pared como el que enciende la radio para que no se escuchen los gritos, el que pasa la picana por los genitales de la víctima, o el que llega después a “aconsejarle” que hable para no ser torturado nuevamente […] cuando el que llega después a dar esos consejos, es además un sacerdote que se maneja con autoridad ante los carceleros entrando y saliendo a su antojo de las celdas, no es un torturador cualquiera, es uno calificado”  (TOF 1, La Plata, Christian Federico Von Wernich, Noviembre 2007).

     

    11   Presencia de personal judicial durante el interrogatorio:

    Las conductas constitutivas de apremios que nos ocupan, implicaron un plus de violencia psíquica por la frustración de las expectativas de quienes se encontraban privados de su libertad ilegítimamente, de obtener de funcionarios judiciales el resguardo de sus derechos (fin inmediato de Poder Judicial), al contrario, la mortificación ha sido mayúscula cuando la respuesta fue la continuación del sometimiento indigno, y todo ello orientado a cumplir con el plan sistemático de represión estatal que hacen que estos delitos sean de lesa humanidad.” (…) “Su presencia como representante de la justicia, producía el primer desmoronamiento psíquico de los detenidos al comprobar que la presencia de una autoridad judicial no era más que otro integrante del plan de destrucción, o como dijera la testigo Abdolatif “la patota de saco y corbata”. Para obtener el cometido y las firmas necesarias en las actas, no sólo se negaba a tomar las denuncias de torturas de las víctimas, que en muchos casos como ya se dijo eran evidentes, sino que las amenazaba con volver a ellas. Asimismo se burlaba de la situación que detentaban, lo que de por sí ya era degradante” (Tribunal Oral en lo Criminal de la Provincia de Santa Fe, causa Nº 03/08, caratulada “Brusa, Víctor Hermes – Colombini, Héctor Romeo – Ramos Campagnolo, Eduardo Alberto -Perizzotti, Juan Calixto – Aebi, María Eva -Facino, Mario José S/ Inf. art. 144 ter, 1er. párrafo de la Ley N° 14.616; arts. 144 bis incs. 1° y 2° y 142 inc. 1° último párrafo de la Ley N° 23.077 y art. 55 del C. P», Sentencia del 15 de febrero de 2010).   A pesar de tantas precisiones, permitanme decirles que hay algo de la tortura es innarrable e inescuchable. Dice Ana Arendt en la Condición Humana[3]: “En efecto, la sensación más intensa que conocemos, intensa hasta el punto de borrar todas las otras experiencias, es decir la experiencia del dolor físico agudo, es al mismo tiempo la más privada y la menos comunicable de todas.  quizás no es solo la única experiencia que somos incapaces de transformar en un aspecto adecuado para la presentación publica, sino que además nos quita nuestra sensación de la realidad a tal extremo que la podemos olvidar más rápida y fácilmente que cualquier otra cosa. Parece que no exista puente entre la subjetividad más radical, en la que yo no soy “reconocible” y el mundo exterior de la vida. Dicho con otras palabras, el dolor, verdadera experiencia entre la vida como “ser entre los hombres” (inter homines esse) y la muerte es tan subjetivo y alejado del mundo de las cosas  y de los hombres que no puede asumir una apariencia en absoluto”

    Recuerden uds. que la tortura es otro modo de nombrar el dolor agudo, y por ello, en un punto innombrable.  Que el torturador no se salga con la suya, que el torturado no sea una y otra vez victimizado por los que (no) escuchan o (no) le creen, es un deber de humanismo. Y de política, puesto que sin castigo a los torturadores, la tortura será más y más extendida, y más cruel. De hecho, la sociedad argentina, desde 1983 se divide entre los que le creen a los torturadores y a los genocidas y los que le creemos a los torturados y los sobrevivientes del Terrorismo de Estado. Cada uno elige el sitio donde se para a mirar la vida y desde allí elige memoria, verdad y justicia u olvido, falsedades e impunidad.

    Llegué al centro clandestino La Cuarta el 12 de octubre de 1976; el 20 llegó Alicia López y la alojaron en una pequeña celda (le decíamos la tumba) justo al lado de mi celda. Dicen que le alcancé mi comida porque se caía de la debilidad y no podía caminar los cuatro metros que la separaban del baño. Dicen que le celebramos su cumpleaños cantando en silencio cuando los guardias se alojaron.  Dicen que hablábamos mucho y hasta nos contamos un poema de Jorge Luis Borges, Facundo Quiroga va en carroza a la muerte. Dicen que murió en el patio del Centro Clandestino, al que daba mi celda, un 20 de noviembre por desgarro vaginal causado por violación múltiple (fallo condenatorio del comisario Fascino por la muerte de Alicia). Dicen que era maestra rural y profesora de literatura. Dicen y dicen porque de ella solo tuve un recuerdo vago, una mujer que caía en el breve trayecto que había entre su celda,  la mía casi, y el baño. Y nunca pude recordar nada más.   Es cierto, la tortura es imborrable e imposible de contar y cada cual elige a quien le cree: al torturador o al torturado.

     

     

     

     

    José Ernesto Schulman y Sabrina Nair Dentone

    José redactó en primera persona y narró sus experiencias,

    Sabrina aportó sus conocimientos jurídicos y experiencia en los juicios

    contra los genocidas

    [1] http://www.saij.gob.ar/doctrina/dacf130247-zaffaroni-crimen_estado_como_objeto.htm

    [2] http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/investig/schulman/laberint00.htm

     

    [3] La Condición Humana, pagina 60. Editorial Paidos, 2009, primera edición, en ingles, 1958.