Cristina Guerra volvió al lugar donde la mantuvieron desaparecida durante la dictadura. Eligió quedar para siempre en Mansión Seré, con los que no volvieron.


Hace unos seis años, escribí una lineas que titule ” Iris no baila sola  .

Tenía una foto maravillosa de Iris bailando en la Plaza de Mayo entre sus compañeros, festejando como correponde la sentencia condenatoria de Astiz y el Tigre Acosta, acaso de los dos más notorios asesinos, violadores seriales, ladrones, torturadores, traidores a la patria, cipayos del Imperialismo yankee, contumaces negadores de la verdad de nuestras y nuestros compañeros en los juicios y en la vida.

iris-bailando1

 

Lo que no puse entonces, es que Iris bailaba con su hermana, su amiga, su camarada, su otra mitad militante de la verdad, Cristina Guerra, sobreviviente del Centro Clándestino de la Aeronautica en Morón conocido como Mansión Seré.

Cristina era en aquellos años de plomo, militante de la Federaciòn Juvenil Comunista de Moròn y como muchos otros compañeros de aquel regional de la Fede, fue perseguida, apresada, torturada y mantenida desaparecida por los grupos de tareas que operaban en la zona bajo mando unificado.

Cristina sobreviviò solo para defender la verdad de sus compañeros que no volvieron.  Apenas liberada comenzó su lucha solidaria. Con el fin de la dictadura aumentò su compromiso y cuando la lucha de clases cuestionó el dominio neoliberal, con la movilizaciòn popular que tumó a De la Rùa y cuestionó severamente el continuismo de Duhalde, se puso al frente de la lucha por recuperar el sitio como espacio de Memoria y conquistar lo nunca soñado, el juicio y castigo a los culpables de su desaparición forzada y de todos los que no volvieron.

Cristina hizo de esta causa de memoria, verdad y justicia la razón de su vida.  Y la milito con la pasión con que siempre defendiò su identidad comunista, aùn por fuera de la instituciòn partido, a veces, y dentro de la institución partido la  mayor parte del tiempo.

La primera vez que declarò en un juicio por lo sufrido, allà por el 2008, dijo ante el Tribunal Oral que ella es de la Fede. O sea, ni era de la Fede, ni fue de la Fede. Es de la Fede, porque de la Fede se es o no se es. Nunca se fue, porque el que se fue no es.  Sencillo, no?

Se fue poco antes de la sentencia, en el 2014, pero como dijo su abogado el compañero de la Liga Pedro Dinani, ella no necesitaba conocer la sentencia porque habìa construido con garra, paciencia y mucha inteligencia polìtica, la coaliciòn de fuerzas sociales y políticas capaz, en las condiciones generales de la sociedad del 2014, de derrotar la red de impunidad de la Aeronaútica.

Dejò un breve testamento.  Pidió que sus cenizas fueran esparcidas en el mismo espacio donde se esparcieron las cenizas de los compañeros que fueron sus compañeros en el Centro Clàndestino.  Como la última deuda que debía pagar con los que no volvieron.  Volvió con los que no volvieron pero ella siempre trajo al presente de la realidad.

Y tambièn dijo que cuando la recuerden, cuando la despidamos, cantemos el himno de los pueblos del mundo, ese que hace cien años cantaban los que conquistaron el cielo por asalto.

Arriba los pobres del mundo

de pie los esclavos sin pan

Viva Cristina Guerra, carajo

 

 

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