• Hace treinta años, un grupo de tareas del Ejercito asesinaba a un Obispo. Se llamaba Enrique Angelelli, era cordobés y había llegado a La Rioja en 1968.

    Primera pregunta: ¿por qué se mata a un Obispo?, sobre todo si el gobierno que lo manda matar se dice católico.  La respuesta no se puede encontrar sólo en las acciones del Pelado, un religioso de largo compromiso social que en 1962 había amonestado a los patrones de Eveready con una sentencia profética: “si estas injusticias continúan algún día estaremos juntos en el mismo paredón Uds. los patrones y nosotros los curas. Ustedes por no haber sabido practicar la justicia social. Nosotros por no haber sabido defenderla” y vaya si el Pelado intentó defenderla.  Tampoco por lo que ocurría en una Iglesia sacudida por los cambios internos y los reclamos de afuera.  A Angelelli lo mataron como a los otros 32 riojanos desaparecidos y/o asesinados, por ser parte de una Rioja que resiste que contaba entonces con tres torrentes convergentes, la de la Iglesia Popular de Angelelli,  la del Partido Comunista y el movimiento obrero y la de una cultura de izquierda, simbolizada en Alipio Paoletti y su diario “El Independiente” que habían instalado un nivel de alternativa política intolerable para la vieja oligarquía riojana, socia menor de la rosca de poder nacional y el imperialismo.

    El crimen de Angelelli sigue impune gracias al silencio de la Iglesia y la complicidad del peronismo riojano, que ha sido gobierno desde 1983.

    Segunda pregunta: ¿por qué, entonces, los homenajes y los gestos de Bergoglio y de Kirchner?

    La Iglesia institución, la de entonces y la de ahora, ha sido implacable con Angelelli, negó su crimen, y sobre todo su obra, desarticularon meticulosamente cada espacio religioso que pretendiera continuar el camino del Pelado de caminar con un oído en el Evangelio y el otro en el Pueblo.

    El cambio de ritual, entonces, se explica en las necesidades de Bergoglio de limpiar su pasado complaciente con la dictadura y de no quedar fuera del clima de “los treinta años del Golpe” que impulsa Kirchner como parte de su estrategia de construir una nueva hegemonía política al interior del Pejota y el bloque de Poder. Para ello necesita descalificar los dos partidos que le precedieron en el gobierno, el militar y el radical, y el discurso de reivindicación de las víctimas del terrorismo de Estado le viene de perillas, sobre todo si los gestos son vacios.

    El mismo Juan Pablo Feinman, un filosofo que hace del Portantiero de Kirchner, tiene que reclamar[1] que “si se honra a Angelelli, que se honre su causa”, o sea que hay que “optar por los pobres” si el homenaje es verdadero; pero resulta  que los  pobres riojanos siguen igual, o aún peor, que al comienzo de esta historia.

    La principal industria sigue siendo el empleo público y su Producción equivale al 0.53% del total nacional, superando sólo a Catamarca;  su población sigue sumergida en la pobreza en un 51%, y casi la mitad de ellos está en la indigencia.   Cómo si no hubiera estado gobernada por quien fuera el Presidente de la Nación, cómo si no hubiera recibido toda clase de subsidios y favores (sólo por Aportes Transitorios de la Nación, llegaron 859,87 millones de dólares, unos doce dólares por día por riojano mayor de quince años durante los 3.650 días menemistas).

    La Rioja no tuvo espacio en el modelo agro exportador (1880/1945), sólo aportó sus árboles para los durmientes ferroviarios y recibió desiertos a cambio; ni en el capitalismo distributivo (1945/1975), para 1970 el cuarenta por ciento de su población había emigrado en busca de trabajo y estudios; cierto que medró con las migajas del saqueo menemista pero en la etapa kirchnerista ha vuelto ha quedar sin un lugar en el modelo y vuelta a vivir del Tesoro Nacional: sólo un 5,1% de los ingresos son recursos propios y un 58,3% sigue viniendo de la Nación.

    ¿No será ésta la razón más poderosa del cambio de camiseta de tantos ultramenemistas hoy convertidos en “progresistas” de palabra y gestos pero continuadores imperturbables de un menemismo sin Menem?

    ¿No es la alianza de Kirchner con estos menemistas reciclados la prueba de su distancia con La Rioja que resiste, esa que no participó en los actos oficiales, que construyó su propia agenda de homenajes y reclamos contra la impunidad y que construye un Congreso popular en Defensa de la Educación Pública para este fin de semana?


    [1] Pagina12, domingo 6/8/06


  • “toda vez, que de una manera u otra

    aflora la cuestión de la lengua, significa que

    se está imponiendo una serie de otros problemas:

    la formación y ampliación de la clase dirigente,

    la necesidad de establecer relaciones más intimas y seguras

    entre los grupos dirigentes y la masa popular nacional,

    es decir de reorganizar la hegemonía cultural

    Antonio Gramsci

    Lo que estaba oculto ha sido revelado mil veces en los diarios, las revistas y toda clase de publicaciones gráficas. La materia censurada es ahora motivo de producciones especiales por parte de los grandes multimedios para la televisión y el cine, donde todos denostan el genocidio y sus consecuencias. El presidente se abraza a las Madres de la Plaza y fulmina, en el discurso, a los terroristas de Estado. La derecha se escandaliza y responde airada y brutalmente. Una parte del movimiento de derechos humanos y de la izquierda se pliega al discurso oficial de que éste, es un gobierno que “asume la agenda de los derechos humanos” y se prestaron a las maniobras de cooptación de la conmemoración del Treinta Aniversario al que pretendían transformar en un acto cuasi oficialista; mientras otra parte de los “organismos” y la mayoría del movimiento popular, no sin dudas y preguntas, rechaza la oferta de cooptación y defiende un enfoque de autonomía.

    La conmemoración del treinta aniversario del golpe de estado de marzo de 1976 (de ahora en adelante el Golpe) viene ocupando un espacio más que destacado en la agenda política y ha dado lugar a toda clase de disputas entre el bloque de poder y el movimiento popular, entre las fracciones del bloque de poder entre sí y también entre los distintos sectores que  componemos el campo de lo popular. Trataremos aquí de dar cuenta de algunas de las batallas que se libran en el terreno ideológico/cultural, y particularmente acerca de la cuestión del significado histórico del Golpe (la lucha por re/significarlo, mejor dicho).

    Para ello, prestaremos atención a la escritura del Prologo al Nunca Más hecha por Ernesto Sábato en 1984 y su reescritura, por el Dr. Eduardo Duhalde de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, en 2006. No es un problema baladí, y casi todos se dan cuenta de ello.  Se sabe que quien domina la historia, estará en mejores condiciones de disputar el presente y así podrá incidir de mejor modo en el diseño del futuro. Quisiera dejar tres constancias previas que considero tienen importancia metodológica al momento de analizar las acciones y los dichos de unos y otros: primero, el renacimiento de la esperanza revolucionaria como horizonte posible para los pueblos de Nuestra América; segundo, el cambio de hegemonía al interior del bloque de dominación local y tercero que la construcción de la memoria es siempre resultado de confrontaciones culturales donde cada sector pugna por imponer recuerdos y olvidos, o dicho de otro modos, que la memoria es el resultado de exitosas operaciones del olvido.

    Estamos en medio de una gran batalla de ideas, de esas que condensan años de acumulación de fuerzas y condicionan periodos históricos que pueden ser prolongados.  La “solución final” que el capitalismo encontró al desafío socialista de la clase obrera y los pueblos oprimidos de casi todo el mundo, que comenzó en la Rusia zarista de principios del siglo pasado, se ha mostrado ineficaz, incapaz de cumplir sus propias promesas y, sobre todo, impotente para resolver los problemas de una humanidad que los ve convertirse en insolubles y amenazantes para la supervivencia de la civilización.  Una vez más se discute sobre la superación de los límites del capitalismo y los caminos para construir una sociedad más humana, donde desaparezcan todas las formas de explotación y de la dominación.

    La supervivencia (término que oculta infinitos renaceres y refundaciones) de la revolución Cubana, la maduración del proceso venezolano en definiciones anticapitalistas y las promesas que encierra el proceso boliviano dan carnadura morena y americana a la cuestión de la alternativa al capitalismo neoliberal. Cuba, Venezuela y Bolivia no son más que la cara visible de un movimiento de resistencia al neoliberalismo que volteó, con sus luchas no institucionales, 16 presidentes en los últimos años. La resistencia del pueblo argentino contra los gobiernos “democráticos” de Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde se inscribe en ese proceso profundo que promete marcar todo el siglo XXI con la huella de Segunda y Definitiva Independencia, como gustaba decir el Comandante Guevara.

    Proponemos pensar que la vuelta de tuerca que tiene la lucha contra la impunidad histórica (así sea en el plano simbólico) es una de las consecuencias de esa lucha popular que arrancó en la lucha contra el accionar de la Triple A y los preparativos golpistas, que se prolongó -dentro y fuera de los centros de detención- con la defensa de la vida y la identidad de las víctimas, que soportó la traición miserable de Alfonsín y el golpe demoledor que sobre los procesos judiciales y las esperanzas de Verdad y Justicia, causaron las leyes y decretos de impunidad.

    Quisiera resaltar, antes de internarme en otros territorios de la cuestión,  y no por razones de orgullo militante sino por criterio metodológico (“la historia es la historia de la lucha de clases”, Marx y Engels dixit) que sin esta resistencia y esta lucha, no hubieran sido “necesarias” las maniobras pergeñadas para frustrar, corromper o cooptar el movimiento y la causa de los derechos humanos en la Argentina.

    Una lucha –que como el golpe- cumple treinta años y comienza a dar frutos: el reconocimiento de vastos sectores sociales sobre el terrorismo de Estado sufrido por la militancia y  la justicia de nuestros reclamos de castigo a los genocidas así como algunos pasos muy puntuales en el reconocimiento simbólico, pero no por ello menos importante, del papel jugado por los sobrevivientes, los organismos y todos los que han luchado contra la mentira y la impunidad por parte del Estado.

    Reconocimiento bien ganado por cierto, y que no por estar al servicio de acciones perversas (como trataremos de demostrar, los gestos oficiales son parte de una estrategia de recomposición del Poder y de constitución de nuevas hegemonías funcionales a la supervivencia del capitalismo) dejan de ser justos y de causar efectos morales resarcitorios en muchos de los que logran la “mínima recompensa” de testimoniar sus padeceres en sede judicial o transmitir sus vivencias y recuerdos a la joven generación, que sí les cree lo que lucharon y resistieron, lo que soportaron y siguen soportando como mandato imborrable de recordar y dar testimonio. A ese reconocimiento nos sumamos y los intentos de utilización de nuestras conquistas no nos harán perder de vista que son eso, conquistas.

    Si la huida de De la Rúa en helicóptero de la Casa Rosada, simbolizaba la crisis de dominación que se vivía en el país a finales de 2001 (“vengo a recomponer el Poder”, dijo Duhalde el 1/01/02), resultado del fracaso del menemismo como forma específica de organizar entre nosotros el modelo neoliberal y la subordinación a las estrategias imperialistas luego de la caída del “Socialismo real”, el acto del 25 de mayo  de 2006 (que  quiso anticiparse al 24 de marzo y no pudo ser) marca la recomposición del Poder en la Argentina, cierto que no por desaparición de los problemas y procesos de crisis de representatividad que llevaron al Diciembre de Rebeldía, pero sí por reorganización de la hegemonía al interior del bloque de poder y por la falta de esto mismo, es decir de una hegemonía política, al interior del bloque popular, carencia que impide su constitución en fuerza alternativa capaz de acumular en los momentos de crisis del Poder, haciéndole pagar costos políticos que acerquen el momento del desafío y la disputa plena por su conquista.  La ausencia de alternativa política verdadera es pues la ventaja comparativa más poderosa de la burguesía argentina, impune de todas las impunidades.

    El bloque de Poder tiene una larga historia entre nosotros. Se constituyó a finales del siglo XIX mediante la triple alianza de la burguesía porteña con los dueños de la tierra y el imperialismo inglés.  Ese bloque ha sufrido éxodos y ha aceptado incorporaciones. Los yanquis reemplazaron a los ingleses a mediados del siglo XX y en varias oportunidades, el Irigoyenismo en 1916 y el primer Peronismo en 1945, sectores que amenazaban la continuidad del sistema fueron convocados e integrados de modo subalterno a la rosca dominante. De hecho, desde el treinta en adelante, los militares constituyeron el verdadero Partido del Orden y la Defensa del Estado Capitalista que sabía retirarse a tiempo cuando se veía amenazado: elecciones de 1945, (Perón), 1957 (Frondizi), 1962 (Illia), 1973 (Cámpora y luego Perón y luego Isabel) y 1983 (Alfonsín y sucesivos Menem, De la Rúa, Duhalde y Kirchner).

    La alternancia entre militares y civiles, gobiernos constitucionales y dictaduras militares, constituyó el  mecanismo principal de estabilidad de la dominación desde 1930 hasta 1983.  La alternancia entre radicales y peronistas, lo  ha sido desde el restablecimiento de la democracia representativa hasta diciembre de 2001.  Si uno presta atención al discurso de acceso al gobierno comprobará que cada uno de ellos cabalga sobre el punto más flojo de la gestión anterior y cómo ésta es percibida (percepción que es construida por el sistema comunicacional) por el sentido común popular.  Así Alfonsín atacó a la dictadura recitando el preámbulo de la Constitución Nacional, Menem lo atacó a éste con las promesas de justicia social que se intuían en las consignas de Salariazo y Revolución Productiva; De la Rúa levantó la bandera de la corrupción, Duhalde se hizo dueño de la promesa de recomponer el Poder y Kirchner debió hacerse cargo de las promesas incumplidas de De la Rúa de terminar con el menemismo luego del trauma para el Poder que significaban las Asambleas Populares, los movimientos piqueteros y el auge del reclamo de cambios.

    Aunque diga todo lo contrario, Kirchner viene a ser el De la Rúa que no fue, el que acaso soñó ser Chacho Álvarez para materializar sus teorías de Tercera Vía lubricadas en el ahora olvidado Consenso de Buenos Aires[1] y que tampoco fue por razones que exceden el articulo pero que se pueden resumir en la idea de la inescindibilidad del capitalismo y la imposibilidad de reformarlo de a poquito: hoy la corrupción, mañana la calidad institucional….y algún día algo de lucha contra la pobreza (nunca contra los ricos, nunca la redistribución de la riqueza).

    Realizadas las tareas de reconversión neoliberal del capitalismo, en la etapa actual se busca darle estabilidad a esos cambios naturalizando la herencia social y apostando a un escenario de “confrontación” entre un bloque, en el gobierno, de supuesta centroizquierda, encabezado por el Partido Justicialista, y otro de supuesta centro derecha, al que ahora quieren ponerle la jefatura de Lavagna, el padre de la fase actual de la economía, en donde el Gobierno defienda este rumbo de estabilidad del capitalismo de quienes quieran retornar a la etapa del neoliberalismo fundamentalista.

    En la interpretación del significado histórico del Golpe se verifican las grandes líneas historiográficas: la tradición liberal que la piensa como un desvío del recto camino que viene de Mayo, pasa por Caseros, se amplía con la Ley Saenz Peña y se retoma con Alfonsín; la tradición nacionalista de derecha (que venía de lejos y empalmó con el fascismo a principios de los `20) que de uno u otro modo lo reivindica o al menos lo justifica como “exceso” o “efectos no queridos” de una acción necesaria y justa, la tradición nacionalista/revisionista de orientación peronista que ha resurgido con Kirchner/Duhalde (el historiador a cargo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación) que propone el eje binario pueblo/antipueblo como articulador de la historia nacional y los golpes del ´55 y el ´76 como ejecutados contra el peronismo. A estos enfoques, que obviamente hemos esquematizado al máximo y que admiten infinitos matices y combinaciones, en el tema que tratamos pueden sumarse otras dos interpretaciones: la del marxismo no dogmático que lo piensa como la resultante de tres procesos: a) de la lucha de clases a nivel internacional, digo del diseño que los EE.UU. hacen del final de la Guerra Fría a partir de la Crisis del Petróleo (´73) y la derrota de Vietnam, de allí surge la decisión de emprender el Terrorismo de Estado país por país donde fueran desafiados; b) de la lucha de clases a nivel nacional, como modo de frustrar el proceso de acumulación de fuerzas que se venía desplegando desde 1955 en adelante, estimulado por la Revolución Cubana, Guevara y el Mayo Francés, también como un aprendizaje de anteriores golpes: por ello: desaparición forzada de miles para cortar la red de militantes e impedir el reclamo por los presos políticos y  c) como el modo de resolver la disputa al interior del bloque de poder entre los partidarios del relanzamiento del modelo distribucionista más o menos keynessiano más o menos peronista y los que propugnaban el neoliberalismo que luego conocimos. Y también una interpretación más, no suficientemente sistematizada, pero no por ellos menos potente: la mirada de los familiares de las víctimas que lo piensan como un evento producido al puro fin de hacerles daños a sus seres queridos; una mirada que a pesar del tiempo y los esfuerzos realizados por salir del lugar de la víctima inocente, una y otra vez vuelve a la mirada inicial de los familiares sorprendidos de que “alguien que no estaba en nada” haya sufrido represión.

    Kirchner encontró en el discurso sobre los derechos humanos el modo de diferenciarse de la claudicación menemista en todos los terrenos (también en el simbólico: los indultos, el homenaje al almirante gorila Rojas, la prostitución de la política con las María Julia y los Bussi como aliados confiables del peronismo, etc.); de la defección radical de la causa de los derechos humanos (el Punto Final de Alfonsín y la matanza del Puente de Corrientes ordenada por el “progre” Freddy Storani desde el gobierno de la Alianza UCR-Frepaso) al mismo tiempo que finge hacerse cargo de las demandas de las fuerzas que realmente resistieron los años de Menem y De la Rúa, de quienes protagonizaron luchas que nunca apoyó desde su cargo de gobernador de una provincia petrolera, con cuya privatización estuvo seriamente comprometido[2]. Su identificación con las Madres y las Abuelas, con Hebe y la Carlotto más precisamente, busca legitimidad ante las capas medias urbanas que siempre vieron con simpatía  o al menos con respeto la lucha de los familiares (sobre todo de las madres de las víctimas, porque se sabe: una madre es capaz de cualquier cosa por su hijo...

    El filosofo Andreas Huyssen propone como tesis central de su reflexión sobre la relación entre el olvido y la memora[3] que “la memoria pública no puede funcionar sin el olvido” y al analizar el caso argentino de lucha contra el olvido, plantea como central en la deslegitimación del Terrorismo de Estado a la escritura del Nunca Más, junto con la realización del Juicio a las Juntas que naturalmente lo continuó, “pero a largo plazo, el éxito del discurso de derechos humanos desde 1985  sacrificó la precisión histórica. ¿De qué forma? En el plano narrativo, Nunca Más estableció la figura del desaparecido como víctima inocente del terror de Estado. Esta estrategia “se olvida” de la dimensión política de la insurgencia izquierdista que la dictadura militar trató de erradicar”.  Y aún más, “…convirtiendo  los 30.000 desaparecidos en víctimas pasivas, borra la historia política del conflicto junto con las filiaciones políticas individuales.  La figura del desaparecido se transforma en una idée reçue, un cliché de memoria social que al final puede convertirse en la forma de olvidar de la propia memoria…Las protestas de las Madres de la Plaza de Mayo durante la dictadura consolidaron los derechos de familia y parentesco contra el discurso del Estado creando de esta forma, un “espacio de Antigona”…Como resultado, en Argentina, la figura purificada de la víctima inocente apolítica fue ganando fuerza. Política e historia fueron con frecuencia reducidas al lenguaje de la familia y las emociones…

    Al convocar al filósofo, por lo interesante y provocadoras que son sus posturas sobre la cuestión, no puedo dejar de marcar que en el texto analizado subyace una cierta “naturalización” del proceso de construcción de la memoria por medio del olvido, que no comparto. Por el contrario, como tesis central sostengo que estas acciones de memoria y olvido selectivo, como son la escritura y reescritura del Prologo del Nunca Más, constituyen acciones de constitución de hegemonía cultural que deben sobreponerse a otras construcciones hegemónicas y superar los intentos de resistencia por parte de la izquierda dando crédito al planteo de Alfredo Grande que “la subjetividad es el decantado identificatorio de la lucha de clases”[4].

    Si el Nunca Más se constituyó en la base de la “historia oficial” sobre el Golpe de Estado, es altamente significativa la polémica abierta sobre el Prólogo a la nueva edición “treinta aniversario”, preparada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, encabezada por el Dr. Eduardo Duhalde quien reescribió el Prólogo en paralelo y polémica con el original de la Co.Na.De.P., fruto de la  pluma del escritor Ernesto Sábato, convertido por esa acción en una especie de figura sagrada del progresismo de cuño liberal.  Prologar es la acción de presentar un texto, de contextualizarlo e interpretarlo, de darle sentido.  Si los leemos desde la perspectiva que defendemos en el articulo (que la disputa por la resignificación del Treinta Aniversario constituyen operaciones ideológicas culturales propias de una acción de constitución de nuevas hegemonías), podremos pensar el texto de Sábato en disputa con el discurso dictatorial, como  parte del proceso de sustitución de la hegemonía militar por la del bipartidismo encabezado entonces por la Unión Cívica Radical, con el consiguiente cambio de discurso del autoritarismo fascista al posibilismo democratista y el del Dr. Eduardo Duhalde como parte de la instalación de una nueva hegemonía al interior del Partido Justicialista y por ende del bloque de poder, del triunfalismo neoliberal a una variante criolla de la Tercera Vía, el supuesto sitio equidistante del capitalismo neoliberal y el capitalismo distributivo, entre Milton Friedman y Lord Keyness..

    Comienza Sábato su escrito del siguiente modo: “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países… Así aconteció en Italia… Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para  combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en  juicio; No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos” y en estas pocas palabra convalidaba la teoría de los dos demonios; teoría  que el gobierno radical venía instalando como historia oficial, tal como se aprecia en el decreto 157 del 13 de diciembre de 1983 en donde toman como punto de partida de la historia del Golpe a la amnistía para presos políticos del 25 de mayo de 1973, relatan luego la aparición de grupos violentos vinculados a “la existencia de intereses externos que seleccionaron nuestro país para medir fuerzas” en una clara alusión a la Guerra Fría  y dando pábulo a las teorías sobre la intervención del “comunismo internacional” tan caras a los genocidas, para seguir con un “Que la acción represiva antes aludida, si bien permitió suprimir los efectos visibles de la acción violenta y condujo a la eliminación física de buena parte de los seguidores de la cúpula terrorista y de algunos integrantes de ésta, sin perjuicio de haberse extendido a sectores de la población ajenos a aquella actividad, vino a funcionar como obstáculo para el enjuiciamiento, dentro de los marcos legales de los máximos responsables del estado de cosas…” por lo que se termina ordenando la persecución penal de dirigentes Montoneros y del E.R.P.

    En ambos textos, la idea del “desvío” aparece nítida: no es la defensa del capitalismo lo que se cuestiona, para nada, es que –dice Sábato- había otra manera de “derrotar” la guerrilla (recuérdense las declaraciones de Ricardo Balbín acerca de la “guerrilla fabril”, o sean los miles de delegados y militantes sindicales antiburocráticos que gestaron la oleada de luchas que va del Córdobazo (mayo del 69) al Rodrigazo (julio de 1975) y que serían efectivamente masacrados por el Terrorismo de Estado); pero se optó por el camino de la ilegalidad y con ello se saboteó el derecho del Estado a juzgar los jefes guerrilleros tal cómo se había hecho en Italia o España…, lástima que Sábato olvidó mencionar las operaciones de la CIA encaminadas a impedir el acuerdo comunistas / demócrata cristianos en Italia y las acciones del G.A.P. (un grupo de tareas terrorista de Estado) amparado por el Partido Socialista Obrero Español.

    Y termina Sábato su prologo con una reflexión que ha sido velada por el impacto emotivo del Nunca Más, pero que tiene su miga: Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras,  sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Únicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado. Es un discurso plenamente funcional al de Alfonsín de que con la democracia, la representativa, formal y restringida que es la única que admiten como posible, se resolverán todos los problemas; otra vez la idea implícita del relato liberal de nuestra historia: teníamos un destino de grandeza que fue interrupto por una manga de violentos de uno y otro signo, pero ahora que recuperamos la democracia, ya verán, nos decían.  Las teorías de los dos demonios y de la supuesta transición a la democracia eran la base de la propuesta de “reconciliación nacional” de Alfonsín, en aras de la cual había que posponer los reclamos sectoriales, incluido el de Verdad y Justicia para las víctimas del Terrorismo de Estado ya que las violaciones a los derechos humanos siempre estaban atrás, en la historia, nunca más en el presente que por reconocer el pasado se veía límpido y casto.

    La historia, se sabe, fue un poco distinta a la imaginada por el progresismo radical: la claudicación de Semana Santa fue el preludio para la subordinación total al ideario neoliberal que necesitaba de un converso como Menem para ir a fondo y realizar, de una vez por todas, el proyecto de país por el que se cometió el acto represivo.  Siguiendo la lógica de Marx sobre la plusvalía, que solo se realiza cuando el bien es transado y con ello cobra valor de cambio, el Terrorismo de Estado debió esperar para su plena realización como proyecto social el retorno del peronismo al gobierno. Así cómo la plusvalía tiene un espacio de gestación, la producción, y otro de realización, la transacción mercantil, la fase neoliberal del capitalismo argentino tuvo un momento fundacional, el Golpe,  y otro de despliegue, el gobierno de Menem[5]

    Esta es acaso la razón más poderosa para desmentir la operación cultural en curso que pretende para el peronismo, a secas, sin diferenciar entre los sectores populares combativos y revolucionarios, por cierto nunca hegemónicos en el movimiento, y los sectores de derecha y ultra derecha que auspiciaron la represión y armaron la Triple A casi dos años antes del golpe.  Se calcula que entre el 20 de junio de 1973, fecha de la Masacre de Ezeiza y el 24 de marzo de 1976   hubo entre 1.500 y 2.000 víctimas del secuestro con torturas, algunos de los cuales fueron seguidos de desaparición forzosa o muerte, para no citar la conformación de la Triple A en tiempos de Perón (y todo indica, bajo su orientación directa) o el decreto de Isabel / Lastiri ordenando el aniquilamiento de la subversión[6].

    Sin embargo, a contrapelo de cualquier documentación histórica, asumido el gobierno por octava vez en sesenta y  dos años (tres veces Perón, una Cámpora, dos Menem, una Duhalde y ésta de Kirchner) el gobierno comenzó a construir una interpretación de la historia basada en el brulote de Alberto Fernández: “los muertos siempre los ponemos nosotros”, afirmación que viene del periodo menemista, y si entonces sirvió para justificar la “reconciliación obligatoria”  hoy se blande en pro de otra reconciliación, supuesto fruto de que “Las exigencias de verdad, justicia y memoria están hoy instaladas como demandas centrales de vastos sectores sociales. Como lo afirmaban las Madres de Plaza de Mayo ya bajo la dictadura militar, cuando planteaban los dilemas de la verdadera reconciliación nacional, “el silencio no será una respuesta ni el tiempo cerrará las heridas”[7].

    Como cualquier operación de constitución de hegemonía, el nuevo Prologo del Nunca Más busca descalificar a los otros dos competidores históricos en el bloque de poder: el partido radical y el partido militar.  Contra éstos últimos blande el peso de la descalificación social sobre el Terrorismo de Estado, sobre los primeros descarga el desprestigio de la política de claudicación basada en la teoría de los Dos Demonios: ·Es preciso dejar claramente establecido -porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes- que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares, frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado que son irrenunciables. Por otra parte, el terrorismo de Estado fue desencadenado de manera masiva y sistemática por la Junta Militar a partir del 24 de marzo de 1976, cuando no existían desafíos estratégicos de seguridad para el statu quo, porque la guerrilla ya había sido derrotada militarmente. La dictadura se propuso imponer un sistema económico de tipo neoliberal y arrasar con las conquistas sociales de muchas décadas, que la resistencia popular impedía fueran conculcadas.·[8]

    Préstese atención al cuidado que se pone para dejar fuera del Terrorismo de Estado al gobierno peronista de Perón / Isabel / López Rega / Lastiri así cómo se deja abierta la posibilidad de que otra podría ser la actitud si hubieran “desafíos estratégicos de seguridad”.  Pero el texto no se contenta con saldar cuentas con radicales y militares, también intenta apropiarse de la lucha popular contra la impunidad y aún más, instalar el precedente para la reconciliación que reclamaban las Madres: que el Estado asuma la agenda de derechos humanos.

    El nuevo Prólogo empieza con una afirmación de peso, casi temeraria a nuestro modo de ver: Nuestro país está viviendo un momento histórico en el ámbito de los derechos humanos, treinta años después del golpe de Estado que instauró la más sangrienta dictadura militar de nuestra historia. Esta circunstancia excepcional es el resultado de la confluencia entre la decisión política del gobierno nacional, que ha hecho de los derechos humanos el pilar fundamental de las políticas públicas, y las inclaudicables exigencias de verdad, justicia y memoria mantenidas por nuestro pueblo a lo largo de las últimas tres décadas…” y continúa “…Por ello, recordar el pasado reciente con la reedición  del NUNCA MÁS este año del 30 Aniversario del golpe de Estado de 1976 tiene un significado particular cuando, a instancias del Poder Ejecutivo, el Congreso ha anulado las leyes de impunidad y una Corte Suprema renovada las ha declarado inconstitucionales y ha confirmado el carácter imprescriptible de los crímenes de lesa humanidad. Reafirmar el valor de la ética y de los derechos humanos en la profunda crisis heredada de la dictadura militar y de las políticas neoliberales no es una retórica declaración de principios en la Argentina posterior a los estallidos sociales de diciembre de 2001. Se trata de afianzar la ética de la responsabilidad en todos los órdenes de la actividad pública y la única manera de otorgar a las políticas públicas un contenido de justicia real y concreta. Hace dos años, el 24 de marzo de 2004, se firmó en el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) el Acuerdo para establecer el Espacio de la Memoria entre el Gobierno Nacional y el de la Ciudad Autónoma de  Buenos Aires, que puso fin de manera simbólica a cualquier intento de justificación de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado.

    El Dr. Carlos Zamorano, compañero de largas luchas en el espacio de los derechos humanos y asesor del bloque nacional de Izquierda Unida al momento de los debates parlamentarios que culminaron en la anulación de las leyes, y por ende protagonista y testigo privilegiado de los hechos, en una carta al Dr. Mattarollo, funcionario de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación que le había solicitado opinara sobre la disputa acerca de los Prólogos, luego de reconocer la pertinencia de un nuevo Prólogo, cuestión que La Nación del 19/05/06 había cuestionado, escribe lo siguiente…….”solamente debo expresar mi incoincidencia con la afirmación en el nuevo “Prólogo” que “el gobierno ha hecho de los derechos humanos el pilar fundamental”.  Recordaré aquí que tenemos 65.000 presos (que por las reformas de la “ola Blumberg” recepcionada por el Gobierno permanecerán mucho mayor tiempo en cautiverio draconicano), 2.000 casos de “gatillo fácil” con resultado fatal durante el periodo 1984/2006, alrededor de 5.000 resistentes afectados a procesos judiciales (sin apoyo gubernamental al proyecto de amnistía que está en Diputados), 200.000 personas viven en casas tomadas en Buenos Aires (aplicándoseles a muchísimas de ellas el Art. 181 del Código Penal por “usurpación”). Y  porqué no consignarlo: el 75% de los ingresos del Estado se deben a la recaudación por tributos indirectos al consumo (de los pobres) por lo que lucen flacos los bienes acopiados para aplicar a la realización de los derechos humanos impostergables….

    Y prosigue…“Aquello de que “a instancias del Ejecutivo, el Congreso anuló las leyes de impunidad” tampoco me persuade, por cuanto en la audiencia que mantuvieron los Organismos de derechos humanos con el Presidente (03/06/2003) cuando se le solicitó que envíe un proyecto de anulación al Congreso, el Dr. Kirchner sostuvo que ello era tarea “de la Corte Suprema”.  En vísperas del 12/08/03, fecha de la anulación por Diputados, los Organismos sostuvieron una entrevista muy movida con el presidente de la Cámara, diputado Caamaño, anunciándole que traerían a la puerta 20.000 personas (y efectivamente cumplieron el día 12 de agosto), audiencia que correspondería reconstruir en detalle con los protagonistas si ambicionamos hacer la historia más aproximada, ya que lo del 20/08/03 (votación en el Senado) parecía una etapa irreversible. Lo que habría que reconstruir es el paso de los legisladores oficialistas desde su original teoría de la “inoponibilidad” de las excusas absolutorias, a la lisa y llana “nulidad” de las normas inconstitucionales, eslabón este último logrado por el impulso popular con una buena actitud del Gobierno, modificatoria de su anterior, en medio de la movilización de masas”.

    La respuesta de Zamorano tiene la virtud de concentrarse en las dos cuestiones centrales en debate  hoy en el movimiento de derechos humanos: ¿cuál es la verdadera conducta del Gobierno Kirchner en cuanto a la lucha contra la impunidad, llamesmole histórica, de los Genocidas responsables del Terrorismo de Estado y cuánto de cierto hay en la afirmación de que “éste es un gobierno respetuoso de los derechos humanos”?

    Veamos lo que dice sobre el primer punto, el compañero Carlos Slepoy, uno de los principales impulsores del Juicio de Madrid [9]Es el momento de pasar a una nueva etapa si no se quiere que el paso del tiempo, la atomización de los procesos, la carencia de medios, la distracción de muchos jueces y fiscales en otros múltiples asuntos, la resistencia o vacilación de otros muchos, la presión de genocidas e impunidores, hagan languidecer las causas y al final del camino nos encontremos con que, nuevamente, sólo unos pocos de los responsables son alcanzados por la acción de la Justicia. El Gobierno y los órganos rectores del Poder Judicial deben diseñar un sistema nacional de enjuiciamiento que concentre las causas y dote de medios y personal suficiente a los juzgados y tribunales que se designen para acometer este desafío histórico. Como en Nuremberg, deben existir jueces y fiscales con plena y exclusiva dedicación y los mismos deben ser intransigentes en la persecución del crimen. Todo juez y fiscal debe serlo en cualquier caso. Mucho más cuando se deben juzgar crímenes contra la humanidad. Total imparcialidad por tanto, y todas las garantías del Estado de Derecho en el juzgamiento de los presuntos criminales y en la aplicación de la ley, pero absoluta determinación en la investigación y penalización de quienes resulten culpables.” Y los números parecen darle la razón, si la Co:Na.Dep. acumuló unas 9.000 denuncias en 1984, y si la Fiscalía de la Causa 13, en que se enjuició a la Junta de Comandantes en Jefe que asumieron sucesivamente el Gobierno Militar, seleccionó unos 600 casos para presentar y el Jurado utilizó unos 70 para la sentencia condenatoria; si entre 1984 y 1987 se llegó a procesar unos 1.500  represores, la situación de nuestros días dista del panorama que pretende pintar la Secretaría de Derechos Humanos que machaconamente insiste en su consigna publicitaria: “Los delitos del terrorismo de Estado, son crímenes de Lesa Humanidad y por eso están siendo juzgados” al tiempo que se menean mediáticamente los pasos conquistados como graciosas concesiones de un gobierno que ha  terminado con la impunidad, solo hay dos juicios orales en desarrollo, el que se libra contra Echekolatz en La Plata y el que juzga a Simón en Comodoro Py,  unos quinientos  represores están encausados y solo doscientos cuatro de ellos[10] esperan que pase el tiempo necesario para reclamar la “libertad condicional” por falta de condena, en cómodas residencias familiares o sitios militares.  La estrategia defensiva aparece transparente: chicanear jurídicamente todo lo que se pueda, apelar y apelar para que pase el tiempo sin sentencia y puedan ampararse en el Pacto de San José de Costa Rica que establece un tiempo máximo de dos años para las prisiones preventivas (que pueden prolongarse un año más), apostando a que la Cámara de Casación siga ignorando el  carácter excepcional de los crímenes de lesa humanidad.

    Por su parte, la compañera Hebe de Bonafini, entrevistada por el periodista Martín Piqué de Pagina 12, explica su adhesión al gobierno nacional, no en actos de gobierno sino en  “lo que dijo con respecto a nuestros hijos. Que eran sus compañeros. Para mi eso fue muy fuerte. Que el Presidente diga que nuestros hijos fueron sus compañeros es más fuerte que decir que nosotras somos sus madres. Fue mucho más reivindicativo”. Una vez más conviene destacar el derecho que tiene Bonafini a sentirse reconfortada por el reconocimiento presidencial, derecho que no convendría extenderlo a una supuesta representación de todos los familiares (“nuestros hijos”, dice Hebe como si  hablara en nombre de todas las madres y todos los padres de las víctimas), ni darle a todos sus dichos fuerza de verdad en virtud de sus méritos históricos.  Acaso el secreto del dilema del apoyo a Kirchner esté en la misma entrevista donde se despacha contra los piqueteros (“no estoy de acuerdo con que haya piquetes todos los días y a cada rato y cada cinco minutos. Nadie está de acuerdo con eso. La gente está molesta….”), contra la izquierda (“Salen a atacar al Presidente. Y es la izquierda que no saca votos….una izquierda que no saca votos no puede atacar todo el tiempo”) al tiempo que defiende a Kirchner (“es la primera vez que tengo la foto de un presidente argentino en mi despacho”) y aclara por qué (“Este presidente hizo cosas que no hizo nadie. El acto en la Escuela de Mecánica de la Armada.  Los acuerdos con Chávez como el de los buques” )

    Ante el asombro, no disimulado, del cronista que le dice “Eso es sentido común, pero se supone que Ud. expresa otros sectores” Hebe confiesa “También tengo sentido común” acaso sin sospechar que el concepto es bastante más complejo que lo que el sentido común interpreta.  Por ejemplo, para el filosofo italiano Antonio Gramsci, “el sentido común es la concepción del mundo difundida en una época histórica en la masa popular”[11], concepción del mundo de los explotadores/dominadores (que en la Argentina son al tiempo los genocidas, los represores que gozan de la infinita impunidad contra la que tanto ha luchado la compañera Hebe) difundido en nociones sencillas de apariencia caótica y casual pero que expresan en la cotidianidad los valores culturales dominantes de un momento dado, un sentido común que en la tradición marxista se articula con el conformismo, con un sentido de la “normalidad” de lo que siempre fue; “normalidad” de los desaparecidos contra la que luchó Hebe en los duros días de la dictadura, “normalidad” del nosepuede castigar a los culpables del alfonsinismo contra la que luchó Hebe en los tristes días de la Semana Santa de 1987, “normalidad” de los indultos menemistas, de las privatizaciones y subordinación al FMI, planes de hambre y desocupación, contra los que también luchó Hebe y tantos otros.

    ¿No será justamente este lugar de la “normalidad” desde donde Hebe apoya al gobierno nacional?. ¿No será que a pesar de todo lo dicho y todo lo hecho, no ha podido salir de su lugar de “madre”.  Ella dice: más que lo que hizo, valoro lo que dijo de nuestros hijos.  Cómo si sus hijos, las víctimas del terrorismo de Estado, fueran de ella y no de todos; cómo si fueran una propiedad personal y no colectiva; cómo si el terrorismo de Estado se hubiera hecho para hacerle daño a ella y las otras víctimas directas y no para instalar un modelo de país que perjudicó/perjudica a todos los sectores populares y que en tanto siga vigente, siguen intactas las consecuencias del acto fundacional terrorista, es decir del golpe del ´76.

    Estela Carlotto, de históricas diferencias con Hebe Bonafini, en los días de debate  por el acto del 24 de marzo, dijo algo más que ilustrativo del verdadero pensar de algunos familiares: “habiendo tantos días en el año para hablar del hambre y la desocupación, por qué tienen que hacerlo el 24 de marzo?” sugiriendo que en esa fecha sólo debiera hablarse del pasado y de las víctimas, y si fueran “víctimas inocentes” mejor.  Acaso no fuera tan casual que ambas coincidieran luego en participar de los “festejos” del 25 de Mayo, cómo si hubiera algo que festejar entre nosotros.  Es una de las limitaciones de la izquierda que tanto ellas critican: mirar la realidad desde el ombligo con lo que, se sabe, no se ve la realidad sino el ombligo, es decir lo que individualmente “me conviene” o aparenta convenirme porque en el caso de Hebe la supuesta amistad de Kirchner con su hijo de Bonafini no está al servicio de la lucha por hacer realidad los sueños del compañero/desaparecido/Bonafini, sino para legitimar los sueños de reelección del Presidente que más pagó de deuda externa al Fondo Monetario Internacional, del que ha continuado el “milagro” de hambrear y empobrecer a la mitad de los argentinos al tiempo que mantiene 26 mil millones de dólares en las reservas del Banco Central a la espera de seguir “honrando” la deuda externa.

    Y no solo se violan los derechos humanos en un sentido social, examinemos un informe de noviembre de 2004 del Comité contra la Tortura, encargado de controlar el cumplimiento de la Convención contra la Tortura y otros tratos o Penas Crueles Inhumanas o Degradantes, sobre la Argentina.  En el inciso D. Motivos de preocupación dice “El  Comité expresa su preocupación por lo siguiente: a) Las numerosas alegaciones de tortura y malos tratos cometidas de manera generalizada y habitual por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, tanto en las provincias como en la Capital Federal; b) La desproporción entre el elevado numero de denuncias por actos de tortura y malos tratos y las mínimas condenas dictadas por dichas causas, así como los retrasos injustificables en la investigación de casos de tortura, todo a lo cual contribuye a la impunidad existente en esta materia; c) la práctica reiterada por parte de funcionarios judiciales de realizar una calificación errónea de los hechos, asimilando el delito de tortura a tipos penales de menor gravedad (por ejemplo, apremios ilegales), sancionados con penas inferiores, cuando en realidad merecerían la calificación de tortura…f) Los informes de arrestos y detenciones de niños por debajo de la edad de responsabilidad penal, la mayoría “niños de la calle”  y mendigos, en comisarías de policía donde llegan a estar detenidos, junto a adultos, y  sobre las supuestas torturas y malos tratos padecidos por éstos, que en algunos casos le produjeron la muerte; g) Las alegaciones de torturas y malos tratos que padecen otros grupos vulnerables, como por ejemplo los miembros de comunidades indígenas, minorías sexuales y mujeres; h) El hacinamiento y las malas condiciones materiales que prevalecen en lo establecimientos penitenciarios, en  particular, la falta de higiene, de alimentación adecuada y de cuidados médicos apropiados, que podrían equivaler  a tratos inhumanos y degradantes; i) El elevado número de presos en prisión preventiva, que en el sistema penitenciario bonaerense alcanza un 78%, según el Estado parte;…k) Las presuntas represalias, intimidaciones y amenazas recibidas por quienes denuncian actos de tortura y malos tratos… Solo se puede agregar a este cuadro de violaciones contemporáneas de los derechos humanos en su acepción “clásica” que en 2005 fue el primer año desde 1983 en que los muertos en las cárceles, luego de motines o acciones de represalia de grupos de presos contra otros, con la complicidad de las autoridades penales, superó a la muerte en las calles por gatillo fácil y que como marcaba Zamorano, el “efecto Blumberg” en las cárceles es un crecimiento explosivo de la población carcelaria.  Según el penalista Baigun[12] el endurecimiento de las penas no ha tenido ningún efecto disuasorio sobre los delincuentes y un efecto caótico en el Código Penal que cumple eficazmente el mandato de criminalizar la pobreza como lo muestran los datos económico/sociales de la población carcelaria bonaerense: En la Provincia hay casi 31.000 personas presas.25.000 duermen en 39 cárceles superpobladas y unas 5.800 en las comisarías, a pesar de que este año la Corte

    Suprema de Justicia obligó a desalojarlas. Un dato que estremece: nueve de cada diez son pobres. Hace sólo 5 años, antes de que la llamada política de «mano dura» restringiera hasta la asfixia las excarcelaciones de las personas imputadas, había diez mil presos menos. Este salto geométrico tiene otras consecuencias: el 75 por ciento de los presos bonaerenses está procesado sin condena en primera instancia, es decir que la Justicia no determinó aún si son culpables del delito del que se los acusa. Y eso no es todo: según las últimas estadísticas difundidas por la Procuración General provincial, un 28 por ciento de las sentencias dictadas en relación a las personas detenidas son «absoluciones o sobreseimientos». Es decir que tres de cada diez presos termina siendo declarado inocente. Cerca de 9.000 personas[13].El Comité contra la Tortura, de la ONU, completa su informe con una recomendación para “que el Estado parte adopte todas las medidas necesarias para impedir los actos de tortura y malos tratos que se cometen en el territorio de la Republica Argentina” y realiza veinte recomendaciones puntuales, la primera de ellas dice: “tome medidas enérgicas para eliminar la impunidad de los presuntos responsables de actos de tortura y malos tratos; realice investigaciones prontas, imparciales y exhaustivas; enjuicie y de ser el caso, condene a los autores de torturas y tratos inhumanos con penas adecuadas, indemnizando adecuadamente a las víctimas” y es que solo un 0,2% de los casos de tortura llega a la instancia de condena.

    Hace muchos años, el compañero Tomás Borge, entonces Ministro del Interior del Gobierno revolucionario Sandnista de Nicaragua, reflexionaba que: “la condición fundamental para la existencia de la democracia es la independencia nacional. La dependencia origina la necesidad de la represión interna.  No hay pueblo que se resigne a la dependencia. La dependencia origina descontento, la dependencia es responsable de no solo de lesiones a la dignidad de un país, sino de la explotación de ese país. Para poder mantener la dependencia frente a un pueblo que no se resigna a ella, hay que crear mecanismos antidemocráticos. La falta de democracia es consustancial con la dependencia y la democracia es consustancial con la independencia”.

    Por ello, el principal indicador que debería examinarse al reflexionar seriamente sobre la afirmación oficial de que los derechos humanos tienen centralidad en las políticas públicas, es el de la distribución de la riqueza y prestar más atención al Ministro de Economía que al Secretario de Derechos Humanos porque el mantenimiento de un patrón injusto del reparto de la riqueza, cada vez más injusto en verdad, confirma la continuidad de un modelo capitalista que consolida la pobreza y la exclusión social; es por eso que siguen siendo necesarios los Planes de asistencia a los desocupados y la formidable red de asistencialismo y clientelismo construida por un Partido Justicialista que corrompe todo lo que puede y reprime a lo que se le rebela.  Así el germen de la represión está siempre latente y los estallidos de furia, como el asesinato de Lucas Ivarrola en Moreno, no son más que la superficie de enormes icebergs que acechan en lo profundo de la sociedad o como dijo la Jueza Mirta Guarino: si los responsables del crimen actuaron “como un grupo de tareas” de los que funcionaban durante la dictadura militar…no basta con bajar cuadros o con

    condenar los crímenes del pasado, hay que tomar medidas no sólo judiciales sino también sociales para defender el Estado de derecho en el que queremos vivir[14]”.

    En todo caso, sólo nos resta decir que nadie puede defender lo que no tiene, y si el Nunca Más, ya sea en la versión alfonsinista o en la kirchnerista, pretenden llevar la mirada hacía atrás, para que no vuelvan a suceder hechos del pasado que no queremos que se repitan, nosotros preferimos convocar a conquistar lo que nunca hemos tenido, verdaderos derechos humanos para todos; es como parte de esa batalla liberadora, imprescindible para conquistar un futuro que no sea la mera repetición del presente trágico que sufrimos es  que necesitamos terminar con la impunidad histórica y la impunidad cotidiana y contemporanea.

    La histórica tiene un carácter estructural y sistémico, y cómo un sombrío cordón negro recorre nuestra historia nacional desde el exterminio de los pueblos originarios por parte de una Conquista Española, que desde el principio contaba con la justificación cultural de la Inquisición y la presente, la de los culpables de la masacre de Cromañon, a la que se la quiere presentar como “catastrofe natural”, o la de los ejecutores del gatillo fácil y la pura represión política ordenada por los que vuelven a hablar de “excesos[15]”, como describió Kirchner las torturas a los pobladores de Las Heras, para justificar sus propias violaciones a los derechos humanos.

    He aquí, al final de tantas vueltas, el destino de los gestos y los Prólogos, de las cooptaciones y las corrupciones, de los discursos y las lagrimas de cocodrilo por los compañeros desaparecidos: la simple y pura justificación de la continuidad del capitalismo argentino que seguirá violando derechos humanos hasta el final, hasta nuestra Segunda y Definitiva Independencia que será el comienzo de una nueva historia donde entonces sí el Nunca Más sea verdadero, un Nunca Más al hambre y la tortura, a la discriminación y la pobreza, a todas las formas de la explotación y de la dominación porque el verdadero Nunca Más será el Socialismo del siglo XXI..

    José Ernesto Schulman,


    [1] el Consenso de Buenos Aires se firmó en diciembre de 1997 entre algunos de los principales dirigentes del progresismo, que gustaban presentarse como nueva  o verdadera izquierda para diferenciarse de los jurasicos dogmáticos partidarios de Fidel y la Revolución Cubana; ellos eran: Marco Aurelio, luego asesor de Lula para el Mercosur; Jorge Castañeda, luego Canciller de Fox en México y el propio Chacho Alvarez.  Intentaba, igual que la Tercera Vía de los países centrales encontrar un punto equidistante entre un capitalismo bueno, el keynessiano, con Estado de Bienestar incluido; y el malo, neoliberal, con un Estado bobo y corrupto.  El fracaso de todos los participantes en la gestión gubernamental (primero en Argentina, luego en Brasil) no impidió que en octubre de 2003 se firmara con el mismo nombre un fastuoso acuerdo de intenciones entre Brasil y Argentina sobre el Mercosur que la mega crisis sufrida luego por el acuerdo, los volvió a dejar en ridículo

    [2] su actual secretario privado, Parrili, fue el miembro informante del bloque menemista sobre la privatización de Y.P.F., y ahora funge de progresista!!!

    [3] Andreas Huyssen. Resistencia a la memoria: los usos y abusos del olvido público, ponencia presentada al XXVII Congreso Brasilero de Ciencias de la Comunicación. agosto 2004

    [4] Subjetividad del oprimido en Cuadernos de Cultura Nº2. En un panel que compartimos, Alfredo señaló que en mi libro “La parte o el todo. Un mapa para la historia de la lucha de clases”  había cambiado la cita por “decantado histórico”, error que aquí  subsano –así sea tardíamente- aunque releyendo sus texto, creo que el predicado histórico no le vendría mal a la definición ya que la constitución de la subjetividad sólo es entendible en su dimensión de proceso histórico, y no como resultado instantáneo de sucesos puntuales

    [5] “en el mercado, decíamos, es donde se realiza la plusvalía –bajo la forma de “ganancia”- pero en la producción es donde se produce la plusvalía.  Eduardo Gruner. Estudio Introductorio a Las luchas de clases en Francia de Karl Marx. Editorial Luxemburg

    [6] Sergio Bufano. Peronismo: victima o victimario? en La Ciudad Futura

    [7] Prologo a la reedición Treinta Aniversario del Nunca Más

    [8] idem

    [9] Pagina 12 del 10 de abril de 2006, Juzgar el genocidio

    [10] Pagina 12, 02/01/06

    [11] Cuadernos de la Cárcel. Tomo III. Pag. 327

    [12] Clarín, 11/11/04

    [13] Clarín, 21/08/05

    [14] Pagina 12,  29/06/0


  • 1.        Pudo haber tomado nota de las denuncias efectuadas en 1984 ante la Co.Na.De.P. contra el accionar represivo desplegado por la asociación ilícita de la Seccional Cuarta de Policía (Facino), el grupo de Tareas conformado por la Policía Provincial (Ramos y otros) y el Juzgado Federal Número Uno (Brusa, Monti) bajo la dirección y supervisión del Area Militar 212 (Rolón y cadena de mandos) y haber iniciado las causas penales correspondientes.   Pero no lo hizo.

    2.        Pudo haber tomado nota de las denuncias efectuadas en 1992 sobre la responsabilidad de Brusa en el sistema represivo y anular la propuesta de Menem, con el aval de los senadores peronistas santafesinos Rubeo y Gurdulich de Correa, de elevarlo a Juez Federal de la Nación. Pero no lo hizo y el Senado de la Nación lo designó Juez Federal a cargo del Juzgado Federal Número Uno de Santa Fe.

    3.        Pudo haber tomado nota de las acusaciones vertidas en el Jury de destitución de Brusa en el 2000 donde se brindaron elementos de prueba más que suficientes para iniciar la Causa o al menos expulsar de la Muncipalidad de Santa Fe al Curro Ramos de su cargo público, separar de su cargo de Jefe de Comuna a Facino, todos ellos afiliados y candidatos del Partido Político que gobierna la provincia desde 1983 y la nación desde 2002, el Partido Justicialista.   Pero no lo hizo y todos siguieron en sus cargos.

    4.        Pudo haber aceptado el pedido de extradición realizado en setiembre de 2001 por el Juez Baltazar Garzón, a cargo de la Causa por Genocidio en Argentina que lleva adelante la Audiencia Nacional de Madrid Número Cinco.   Pero no lo hizo.

    5.        Pudo haber iniciado sin más trámite el Juicio correspondiente en los casos en que se niega la extradición, tal como dicta el Tratado de extradición entre la República Argentina y el Reino de España. No lo hizo y tuvimos que ser las víctimas y los organismos de Derechos Humanos quienes exigiéramos tal tramite y forzáramos la resistencia a abrir la Causa en Santa Fe.

    6.        Pudo haber creado condiciones de estructura logística para el trabajo de la fiscalía, pero no lo hizo y a cuatro años de haberse iniciado la causa, hay un fiscal add hoc dado que los «verdaderos» fiscales se «excusaron» de querellar al Dr. Brusa, y que para más que trabaja bajo la figura de «carga pública» (sin sueldo ni cargo oficial), sin personal a su cargo ni mayores capacidades técnicas a pesar de que el mismo fiscal add hocc, al momento de aceptar la tarea impuesta, destacó tal situación ante el Dr. Crouc, funcionario de la Procuración General de la Nación a cargo de los juicios por derechos humanos. Pero no lo hizo y la causa sigue con Fiscal Add hocc, sin sueldo ni estructura mínima.

    7.        Pudo haber enviado los proyectos reglamentarios de los Tratados Internacionales firmados por la Argentina, elevados a rango constitucional por la Reforma Constitucional de 1994, pero que la demora en su reglamentación se convierte en excusa jurídica para no aplicar la figura de Genocidio en las causas abiertas y permitiendo chicanas y juegos sucios como el de la defensa de los represores y la Cámara Federal de Rosario, quienes se aferran a un supuesto error formal en el proceso para intentar descalificar la figura de asociación ilícita, una tenue insinuación de lo que realmente ocurrió y fue probado en el Juicio a las Juntas de Comandantes: un plan de exterminio, sistemáticamente llevado a cabo por las fuerzas represivas integradas y articuladas de modo tal que la simple participación de los acusados en el Genocidio debería convertirlo en responsable solidario del conjunto de las acciones cometidas y no tratar la causa como una mera cuestión penal donde hay que probar cada hecho cual si fueran el robo de una bicicleta cometido hace treinta años.   Y ni siquiera así, porque en la Causa se han denunciado varios crimenes y la desaparición forzada de Alicia López Rodriguez de Garraham sin que se lograra que se considerara la denuncia como parte de la cuestión principal a dilucidar, abriendose causas derivadas como si la investigación del paradero de Alicia no fuera una cuestión principal.   Pero no lo hizo, y así las causas, todas no sólo la de Santa Fe, languidecen y corren peligro de garantizar la impunidad para la mayoría de los represores.

    8.        Pudo haber impulsado la renovación de la Cámara Federal de Rosario, convertida n una maquina de impunidad, tal como hizo en su momento con la Corte Suprema de Justicia.   Pero no lo hizo, y hoy corremos peligro de que su accionar liquide la causa o la reduzca a su mínima expresión.

    9.        En una causa como la de Santa Fe, donde se juzga al ex titular del Juzgado en el mismo juzgado que Brusa presidía, era imprescindible una acción enérgica a fin de impedir que la misma caiga en manos de sus socios ideológicos y de negocios.   El jueguito de los defensores, los conjueces y la Cámara, consiste en que pase el tiempo y que llegue la hora, ahora sí, de apelar a las garantías del Pacto de San José de Costa Rica, para salir en libertad por el tiempo encerrados (¿) sin condena, y seguir pateando el juicio para las calendas griegas.   Pero no lo hizo.

    10.     Por todo lo expuesto, adherimos a la propuesta del Dr. Carlos Slepoy, uno de los principales impulsores del Juicio de Madrid quien en nota periodística [1] manifestara lo siguiente: «Es el momento de pasar a una nueva etapa si no se quiere que el paso del tiempo, la atomización de los procesos, la carencia de medios, la distracción de muchos jueces y fiscales en otros múltiples asuntos, la resistencia o vacilación de otros muchos, la presión de genocidas e impunidores, hagan languidecer las causas y al final del camino nos encontremos con que, nuevamente, sólo unos pocos de los responsables son alcanzados por la acción de la Justicia. El Gobierno y los órganos rectores del Poder Judicial deben diseñar un sistema nacional de enjuiciamiento que concentre las causas y dote de medios y personal suficiente a los juzgados y tribunales que se designen para acometer este desafío histórico. Como en Nuremberg, deben existir jueces y fiscales con plena y exclusiva dedicación y los mismos deben ser intransigentes en la persecución del crimen. Todo juez y fiscal debe serlo en cualquier caso. Mucho más cuando se deben juzgar crímenes contra la humanidad. Total imparcialidad por tanto, y todas las garantías del Estado de Derecho en el juzgamiento de los presuntos criminales y en la aplicación de la ley, pero absoluta determinación en la investigación y penalización de quienes resulten culpables.»


  • Publicado en Rosario 12 como columna de opinión el 4 de junio  de 2006

    Por José Ernesto Schulman*

    En un grotesco escrito fechado el 24 de mayo, justo un día antes del
    aniversario de la Revolución de Mayo de 1810, la Cámara Federal de
    Rosario separó al Juez Rodriguez de la Causa contra los represores que
    actuaron en Santa Fe en el período dictatorial y que luego fueron
    Jueces, Jefes de Comuna y dirigentes del Partido Justicialista: Víctor
    Brusa, Mario Facino, Eduardo Ramos y otros cómplices.

    La Cámara de la Impunidad intenta machacar su decisión de fin de año
    2005, en la que descalificó la acusación de asociación ilícita por
    motivos formales, que ahora se ve, es lo que quiere erradicar del
    juicio: la idea de que la represión no fue un exceso sino un plan
    nacional, planificado, organizado y ejecutado por un conjunto de hombres
    y mujeres abocados a tal propósito terrorista en una gigantesca
    asociación ilícita de la que los represores santafesinos constituyen una
    mínima parte, cierto y por ello hay que juzgar a quienes inspiraron,
    alentaron y sobre todo se beneficiaron del modelo capitalista neoliberal
    impuesto a sangre y fuego. Pero estos hombres fueron una parte de la
    asociación ilícita debidamente probada en lo que va de las acciones
    judiciales.

    Conviene recordar que este juicio tiene antecedentes de larga,
    larguísima data: la denuncia por torturas contra José Schulman en
    noviembre de 1977, las constancias en la Conadep y el Nunca Más de
    Moulin, Viola y otros sobre los hechos de la Cuarta incluyendo la
    desaparición forzada de Alicia López, las denuncias de Patricia Isasa
    ante Garzón y el Jury de Enjuiciamiento que destituyó a Brusa en el 2000.

    La Cámara dice defender los derechos a proceso justo de los asesinos y
    torturadores, ¿y de los derechos de loa asesinados, torturados,
    detenidos ilegalmente y/o despojados de sus bienes, quién se ocupa?

    La pretensión de descalificar el juicio por un supuesto error procesal
    del juez Rodríguez, que éste estaba enmendando de acuerdo a derecho con
    la ampliación de indagatoria en un trámite que se repite diariamente en
    los juzgados federales de todo el país es inaceptable.

    Sólo la acción enérgica y unida de las víctimas junto a los
    organizaciones de derechos humanos y las fuerzas populares comprometidas
    con la lucha contra la impunidad podrá romper esta enésima maniobra
    dilatoria de los impunadores.

    Por nuestra parte, llevaremos este reclamo al máximo nivel
    institucional: Secretaría de Derechos Humanos, Procuración General de la
    Nación, Comisión de Derechos Humanos del Congreso Nacional y la misma
    Corte Suprema de Justicia.

    Exigiremos la remoción inmediata de los componentes de esta Cámara de la
    Impunidad y la revocatoria de tan arbitraria decisión, pero sobre todo,
    impulsaremos la movilización popular contra la impunidad de ayer y de
    hoy, con la misma bandera de siempre: Juicio y Castigo para todos los
    culpables!!!


  •  

    «El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo le es dado al historiador

    perfectamente convencido de que ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence.

    Y ese enemigo no ha cesado de vencer»

    En medio de una polémica con Andrés Rivera sobre el peronismo, el historiador Norberto Galasso ha afirmado textualmente lo siguiente: «Y la libertad?, me dirá usted. ¿Y los derechos humanos? (Quiero creer que se refiere a la libertad y los derechos humanos para las mayorías populares, ¿no es cierto?). De cualquier modo, conozco el argumento: Ingalinella, la Sección Especial y también el obrero Aguirre, ¿se acuerda?, en Tucumán. Pero quien alguna vez leyó marxismo -aunque sea solamente el Manifiesto- sabe que cuando la lucha de clases se agudiza aparece indefectiblemente la violencia. Lo lamentamos, pero es así. Ambos bandos en lucha la ejercen. Y por un Ingalinella que cae, en un lado, caen 27 fusilados en junio del 56, por el otro. Y por las torturas al estudiante Bravo -ya ve que no me hago el tonto y lo ayudo en sus recuerdos- están los 380 muertos del 16 de junio del 1955…» y aun más: «…De ahí que los trabajadores tengan sus propios mártires -entre los que no figura Ingalinella, aunque nadie pueda justificar su asesinato, y aunque fuera el mejor intencionado y más idealista de todos los hombres- sino Di Pascuale, Vallese, Mussi, Retamar, Alberte, Santillán, Hilda Guerrero, Pessano y tantos otros. »

    Construye Galasso un silogismo: a): el pueblo es peronista, b): el peronismo es popular y antioligárquico, c): las víctimas del terrorismo de estado sólo son los peronistas y por ende, d): los que no son peronistas no solo son víctimas del terrorismo de estado (Ingalinella no es un mártir de los trabajadores, afirma Galasso), sino que sus victimarios, por el solo hecho de torturar o asesinar a un no peronista se convierten en militantes populares. Razonamiento absurdo, que extendido al genocidio de los 70, transformaría a los grupos de tareas que operaban contra la izquierda no peronista (digamos, para ser claros, los militantes del PRT/ERP, del PC y de las decenas de organizaciones que entonces se reivindicaban marxistas del más variado modo, todas ellas respetables), casi en milicias populares.

    Será por eso que el ex jefe político de Galasso, el también historiador Abelardo Ramos, terminara sus días como embajador del presidente Menem, electo -si no me equivoco- en las listas y con el apoyo casi total del pejota. La infamia se potencia si pensamos en nuestro Juan Ingalinella, al que de nuevo pretenden desaparecer -ahora del acervo de la memoria popular- comunista rosarino, de enorme raigambre entre los humildes desde los días en que se cortaba la calle Santa Fe, frente a la vieja Facultad de Medicina rosarina, para realizar asambleas donde él descollaba por la firmeza en la defensa de los derecho estudiantiles, estudios que sólo completó cuando la dirección partidaria lo envió a Córdoba para que dedicara tiempo a la carrera. Ya médico, Inga instala su consultorio en la calle Saavedra (en pleno barrio Sur) y comienza a construir la leyenda del médico al servicio del pueblo, que no solo receta sino que explica, convence, convoca a la lucha unitaria por el pan y la vida.

    Por eso, lo secuestró la policía brava santafesina, por eso lo torturaron hasta la muerte y aterrorizados por la previsible respuesta popular, lo tiraron al Río Paraná, que lo cobijó para siempre, en junio de 1955. Pero no contaban con la enorme movilización popular que se desarrollaría en su ciudad, su provincia, el país todo y aun el mundo. Por Inga se movilizaron los obreros peronistas de los Talleres Ferroviarios de Pérez y los médicos de todo el mundo (¡una huelga mundial de médicos contra el secuestro de un comunista!).

    Y, con orgullo lo reivindicó, su partido, el Partido Comunista encabezado por el inolvidable Florindo Moretti, aquel campesino y ferroviario que meses después, ya dado el golpe gorila de setiembre de 1955, propondría transformar la huelga rosarina contra el golpe en una insurrección armada, e hizo todo lo que pudo para esa opción.

    ¿Gorilas, Ingalinella, Moretti?

    ¿De qué habla Galasso?

    Fruto de aquella extraordinaria movilización se conquistó en 1956 el primer juicio al terrorismo de estado en la Argentina en el que fueron condenados los comisarios Lombilla y Amoresano (indultados por Onganía una década después). El abogado del caso, Guillermo Kehoe, fue asesinado en 1964 en la escalinata de los Tribunales rosarinos. ¿Tampoco él es un mártir popular, compañero Galasso? Seguro que para usted no, porque cuando nombra a los compañeros Mussi y Retamar, lo ha borrado a nuestro Nestor Méndez, que marchaba y murió junto con ellos, por el simple dato de su identidad comunista.

    Y, por último, si de lecturas marxistas se trata, le recomiendo que vuelva a leer las primeras líneas del Manifiesto, esas que dicen que la historia es la historia de la lucha de clases (insisto, de la lucha de clases) y si usted optara por la clase de los proletarios, es decir, de los desposeídos, de los cabecitas negras, de los piqueteros, de las mujeres golpeadas, de los pueblos originarios ninguneados, de los anarquistas, de los socialistas, de los comunistas, de los peronistas, podrá sentirlos a todos ellos como hermanos caídos en la misma lucha y entonces se dejará de discriminar entre los militantes populares que lucharon hasta el fin, como pudieron, como supieron, en el tiempo en que les tocó morir. Como ocurrió con los treinta mil, con todos ellos, Galasso, que no recuerdo que pidieran el carné partidario en la mesa de torturas. Mártires populares como Tito Messiez, Alberto Cafaratti, Inés Olleros, Teresa Israel y los más de cien comunistas que continúan desaparecidos físicamente sí, pero a los que defenderemos de sus intentos de volver a hacerlos desaparecer negándoles el derecho de formar filas con todos los compañeros desaparecidos.

    ¿Y sabe por qué Galasso?   porque con los jirones de sus recuerdos estamos construyendo una bandera para que vaya al frente de todos nosotros cuando nos decidamos a terminar con la impunidad de sus desaparecedores con la lucha popular.Inga

  • Conjuro para encontrar a Floreal Avellaneda

    In memorian

     

    Dos veces

    (dos noches)

    he cruzado el río buscando tus huesos.

     

    Dos veces

    (dos rayos)

    creí encontrarte,

    pero no eras tu

    el compañero desaparecido.

     

    Dos ojos

    (tu mirada)

    me han sostenido

    Pero, te pido,

    no exageres la espera.

    Ya no soporto

    tu quieta exigencia inalterable.

     

    ¿Por qué me miras niño sonriente?

    Para poder dormir

    es que huelo aguardiente.

    Para poder vengarte

    es que sueño despierto.

     

    ¿Por qué me miras niño doliente?

    ¿Estás viniendo a mi lado?

    Para poder encontrarte

    daremos vuelta el suelo y el cielo.

    ¿

    Por qué me mirás niño sangrante?

    ¿Ves tu madre a mi lado?

    Para  poder acunarte

    ha esperado dos siglos

    en estos años duros.

     

    Solo una cosa  te pido ahora:

    No me mires más.

    Vuelve a casa  de una vez

    Para plantar bandera y empuñar la espada.

     

    Es hora de barrer  la mierda del río

    dos veces.

    De aquí para allá

    y de allá para acá.

     

    Para volverte y  borrarte,

    para borrarte y tenerte.

    Colonia del Sacramento

    a mitad de camino entre 

    Buenos Aires y Montevideo

    a las 3 de la nada

    al final de 2005 .


  • Tenía, y la sonrisa lo delataba, la misma confianza en el triunfo de los de abajo con que toda una generación desafío al poder en los ’60 (que se sabe, llegaron hasta los días en que la Triple A inauguró el Terrorismo de Estado en su versión más sistemática).La misma confianza que depositaba en los compañeros, en todos, no importa qué partido o fuerza fuera la que referenciaba al compañero. Manuel practicaba cotidianamente el concepto de partido con que Carlos Marx y Federico Engels fundaron la tradición comunista con el eterno Manifiesto de 1848: todos los que están contra el capitalismo, todos los que –de uno u otro modo- luchan contra él, sin claudicaciones aunque no exento de errores, somos parte de la misma parte, del mismo partido, somos compañeros.

    Aunque somos casi de la misma generación, aunque los dos nacimos en la provincia de Santa Fe y militamos en este gran partido anticapitalista durante los ’60 largos, aunque recibimos una parte del plomo con que el Poder castigó nuestros sueños de libertad (ahora pienso en Louise Michell, la heroína de la Comuna de París que enfrentó el Tribunal Militar con estas palabras: he participado libre y concientemente en la Comuna; a los que luchan por la libertad ustedes le pagan con plomo y vengo a reclamar el pedazo de plomo que me corresponde…), no lo conocí hasta finales de los ’90.  Yo andaba por Santa Fe, el por Rosario; yo militaba en la Fede y él en el Comando Guevara; yo pasé por Coronda y la Cuarta y al quedar en “libertad” (¿) me mudé a Rosario y él, que había conocido todo eso ya en la anterior dictadura (la de Onganía, Levingston y Lanusse, la que hoy parece casi blanda al lado de la de Videla pero que mataba y torturaba compañeros sin asco) optó por el exilio en México.

    Así que cuando lo conocí, lo conocí editor.  Pero no empresario editor, militante editor, corrector de textos editor, tipógrafo editor, cargador de bultos de papel editor, propagandista oral de los libros editor. Como dije antes, militante editor. Todavía está por estimarse cuántos libros ha editado Manuel entre Rosario y Buenos Aires, entre Arroyito y Avellaneda (nunca entre Fisherton y Palermo), y deben ser muchisimos. Dice Fidel que ésta es una batalla de ideas, y agrego yo: pero las ideas que no se difunden no participan en esta batalla y ese era uno de los roles que Manuel asumió en los ’90: demostrar que se pueden editar libros de pensamiento crítico, básicamente de marxismo en todas sus interpretaciones y tendencias, que la misma concepción de partido aplicaba a su labor editorial.  El listado de los autores que editó dará cuenta de ese pluralismo que nunca fue eclecticismo ni oportunismo. Y sería bueno, que todos ellos rindieran uno de los mejores homenajes, que imagino, se podría hacer a Manuel (hay muchos modos y todos buenos, no quiero demonizar ninguno): una gran feria del libro de izquierda, con todos los que él edito y los nuevos porque si algo no querría Manuel es que nadie se congele.

    Sabía decir que sus libros eran economicos pero dignos, toda una definición: productos esteticamente bellos, lo mejor posible editados y presentados pero nunca lujosos, de esos que derrochan satines y brillos en las tapas o apelan a tipos de letra super grandes para disimular la brevedad del texto que esconde la brevedad del pensamiento. Los libros de Manuel, digo los que él edito y los que él escribió no eran así sino todo lo contrario: sólidos, coherentes, defendiendo ideas y principios más allá de las coincidencias o disidencias que se podrá encontrar en una labor comparativa de su obra (de nuevo, la suya y la editada)

    En la contratapa de uno de los libros que Manuel me editó dice el Obispo Metodista Federico Pagura, refiriéndose a Tito Martín, que su vida mostraba “que al menos había en esta tierra un hombre nuevo, de esos que soñaban el Che y el Obispo Angelelli; y que si había uno, ¿por qué no soñar que algún día, todos los hombres serán como Tito?”, digo, como Manuel. ¿Y si después de tantas búsquedas y extravíos comprendiéramos que el Socialismo no es otra cosa que un mundo de hombres nuevos; un mundo donde todos los hombres serán como Manuel, como Tito, como el Che o como Rodolfo Walsh?. ¿No serán estos hombres nuevos realmente existentes su mejor programa y atractivo?.  A lo mejor sí, y entonces como el Cid Campeador, que atemorizaba y derrotaba moros aún después de muerto, Manuel seguirá ganándole batallas a Galtieri y a Martínez de Hoz, a Carlos Menem y a Cavallo, a Chacho Alvarez y Eduardo Sigal; seguirá ganándoles batallas a la muerte y entonces volverá en una plaza para los niños, o en una imprenta o una librería para los que tienen algo que decir, o se hará ametralladora para los milicianos de Colombia o los que defienden la Revolución en Cuba.

    Y estará bien, porque todo eso era Manuel.  Plaza, imprenta, fusil; disfrute, pensamiento crítico, militancia. Manuel Suarez, editor.

    Militante editor.


  • Uno

    Una discusión sobre el perfil que debería asumir la Liga Argentina por los derechos del Hombre (la Liga) no puede hacerse de un modo ahistórico, descontextualizado, sino todo lo contrario. Es necesario aclarar primero el escenario mundial, las estrategias imperialistas predominantes (que marcan las tendencias de desarrollo del escenario y las luchas mundiales), vincularlo al cuadro de situación político/social/económico y cultural en que se desarrolla la lucha de clases en la Argentina y prestar especial atención al estado del sujeto social, sus organizaciones, formas de lucha y niveles de conciencia política o subjetividad.

    Sin analizar todas estas cuestiones, desde la perspectiva del proyecto comunista de gestación de poder popular y construcción de alternativa política por el camino de la doble confluencia de las fuerzas de izquierda y centro izquierda entre sí con las organizaciones y fuerzas sociales, que deberán también incrementar su nivel de articulación y compromiso político, digo, sin todos estos análisis previos y algunos más como la misma historia política del así llamado movimiento de  los derechos humanos de la Argentina, cualquier discusión corre el peligro de la abstracción y el carácter especulativo de la misma.

    Este guión no pretende cubrir, ni mucho menos agotar todos estos aspectos, sino contribuir a desplegar una discusión que transcurre entre nosotros desde hace tiempo, y que ahora queremos darle cauce orgánico y sentido práctico.

    Dos

    La escena mundial está caracterizada por dos procesos en curso: por un lado la ofensiva generalizada de los EE.UU. por instalar un nuevo modelo de dominación mundial, una cuasi dictadura terrorista mundial, que avasalle los pueblos, desconozca los derechos conquistados, garantice la super explotación de los trabajadores y el libre acceso a los mercados y las materias primas de insumo crítico, ofensiva que no repara en casi nada;  y por el otro un nuevo momento de resistencia global y mundial que se expresa en la propia resistencia a la instalación de este cuasi gobierno mundial, donde destacan los  pueblos arabes y del llamado Medio Oriente, y especialmente en las luchas de los pueblos de América Latina que han impuesto con sus luchas organizadas y también con los estallidos sociales una situación de crisis de gobernabilidad latente en toda la región como lo muestran la nueva rebelión popular en Bolivia, la persistencia de la insurgencia y el movimiento popular Colombiano a pesar de la intervención militar norteamericana, la situación en Ecuador, Nicaragua y la debilidad creciente de los gobiernos de Tercera Vía, como el de Brasil.

    Desde el agotamiento del ciclo de dominación surgido con la caída del Muro de Berlín y la implosión de los países socialistas de Europa del Este, comenzando por la URSS, y la imposición del neoliberalismo fundamentalista en todos los países del mundo como modelo de desarrollo económico obligatorio y monitoreado por el FMI, el Bco. Mundial y demás organizaciones internacionales (que abandonaron el marco jurídico producto del fin de la 2º Guerra Mundial y adoptaron, adoptan, en realidad, proceso en curso, una nueva normativa resultante del modo en que terminó la Tercera Guerra Mundial o Guerra Fría); desde que ese tiempo de triunfalismo burgués y expansionismo imperialista, acogido con alegría por los mismos que serían sometidos, el Imperialismo yanqui, única super potencia sobreviviente y con clara hegemonía militar sobre el mundo, se orienta a auto eregirse en gendarme del mundo y a impulsar acuerdos regionales funcionales a dicha política: las reuniones del Comando Sur, de los ministros de defensa, las propias reuniones de los mandatarios como la que se prepara en Mar del Plata no escapan a esa lógica.

    A veces, y con motivos didácticos, se ha sintetizado esta estrategia en la dupla de Alca+Plan Colombia aunque por supuesto que es mucha más compleja y trabajada: legitimar la democracia representativa y el sistema político actual como el único posible, cooptar los partidos antes populistas o liberales para sus planes, reformular las FFAA y el sistema represivo que se ha achicado pero profesionalizado, se ha integrado en todas sus partes: militares, policías federales, policías provinciales, gendarmería, prefectura, y también el impresionante sistema de vigilancia privada, llena de genocidas y oficiales retirados.  Nos costó mucho entender que el imperialismo, la política de expansión, ocupación y dominación de otros pueblos y naciones, fue la política permanente del capitalismo; también ha costado mucho aceptar que tras la máscara de la recuperación democrática del continente y la Cruzada pro Democracia Representativa (base de una de las estrategias principales de la guerra cultural librada contra la URSS y el socialismo, la llamada lucha por los derechos humanos de Carter y sus acólitos) se escondía el rostro terrible del terrorista de estado que hoy asoma por detrás de los trajes de los políticos y los académicos mediaticos.

    El terrorismo de estado mundial, impulsado por los EE.UU., avalado por casi todos los grandes países capitalistas y consentido por el resto, es hoy el  peligro principal que amenaza  a todo aquel que quiera incrementar sus niveles de autodeterminación o conquistar algún grado de justicia para los pueblos.

    Tres

    De aquí surge una conclusión general y muy importantes para nuestra labor:   el rumbo hacia una dictadura civil, hacia el incremento de la violación de los dd.hh. en el país, en todos los terrenos (tanto los vinculados a las garantías individuales como los sociales), es una tendencia universal y regional, que a veces se esconde –por razones instrumentales, tácticas- con ficciones de progresismo o tercera vía como las que implementan Lagos y Lula, cuyo destino es el fracaso o la asunción franca y abierta del neoliberalismo puro.

    Eso nos lleva a una mirada sobre la Liga y demás organismos y movimientos de lucha por la vigencia de los dd.hh. como organizaciones necesarias, es más, casi imprescindibles, al campo popular y a todo proyecto de acumulación de fuerzas para la revolución.

    La Liga y también el recién creado Movimiento contra el Terrorismo Imperial. Por la verdad y la Justicia. Capitulo Argentino, también la Correpi y otras organizaciones que conciben la labor en pro de los DD.HH. como confrontación con las políticas imperialistas y neoliberales.

    Quiero decir que no es solo un problema histórico, ético y moral de restablecer a pleno una organización como la Liga que es, sin duda, patrimonio histórico del movimiento popular y la cultura revolucionaria argentina; es eso y mucho más que eso, se trata de aportar a construir las aptitudes y atributos imprescindibles del movimiento popular, que la lucha de clases real nos impone.

    La otra conclusión es que se equivocan los que apuestan a seguir recostándose en los pliegues de las instituciones y proyectos generados desde la lógica de aquella política de dd.hh. de Billy Carter y que también implementó entre nosotros Alfonsín y la corte de posibilistas que se le sumaron.

    No es con Human Rights Watch que hay que vincularse, es el Movimiento contra el Terrorismo, el Tribunal Hemisférico y el Observatorio Mundial que propicia el Encuentro de La Habana del que fuimos parte, los que tienen perspectiva y función popular.

    Se impone, pues, revisar la política de relaciones internacionales del partido y la liga en este terreno: con la izquierda y los revolucionarios, de modo permanente y con sentido estratégico; con la centro izquierda y el progresismo, por razones tácticas y por actividades puntuales.  <


  • Charla de Presentación de la Catedra Antonio Gramsci, a cargo de de José Ernesto Schulman, de la Escuela Nacional de Cuadros: «Alberto Cafaratti», del Partido Comunista Argentino, en la Facultad de Ciencias de la Educación de Paraná, Provincia de Entre Ríos.

    Sabrán ustedes que Gramsci reflexionó mucho sobre el sentido común.

    Entre nosotros, el sentido común es que si un compañero viene al interior a dar una charla, se supone que llega desde Buenos aires, así que corresponde que les diga que soy santafesino, vivo en Rosario y he venido muchas veces a Paraná, sobre todo en primavera por razones que los de mi edad recordarán y podrán contarles de los famosos picnics de primavera en que se mezclaban santafesinos y paranaenses.

    Es cierto que se podría empezar la Cátedra cualquier mes, cualquier estación del año. También es cierto que pocos meses son tan propicios para comenzar a estudiar Gramsci como es septiembre, así que voy a iniciarla con cinco postales de septiembre y voy a tratar de fundamentar para qué nos puede ser necesario el pensamiento de Antonio Gramsci.

    La primer postal que les propongo es la del desfile militar desde Campo de Mayo a la Casa Rosada del 6 de septiembre de 1930.

    Sin oposición popular cayó el Gobierno de Irigoyen y comenzó en la Argentina el largo ciclo de golpes de estado cuyo último episodio, y seguro el más feroz, fue el genocidio, si no iniciado, generalizado, por el golpe del 24 de marzo de 1976.

    La izquierda argentina ha sufrido mucho en el ciclo de golpes de estado y no siempre se es conciente que fue de dos maneras: sufrió porque hemos sido objeto de la represión de todos los golpes, el del ‘30, el del ‘43, el del ‘55, el del ‘58, el del ‘62, el del ‘66 y especialmente el de 1976.

    Padeció porque fue objeto de la represión y fue sujeto de la confusión.

    La izquierda argentina concluyó confundiendo al ciclo de golpes con un «empate histórico» entre la democracia y el autoritarismo y terminó perdiendo de vista lo que estaba detrás de todo eso, que era una relación permanente de dominación basada en la alternancia entre civiles y militares.

    Alternancia que alimentaba toda clase de contradicciones y disputas al interior del bloque de poder; que muchas veces reflejaban pujas al interior del imperialismo yanqui y de éste con el europeo (no olvidemos que hemos sido colonia de España y neo/colonia de Inglaterra primero y los EE.UU. después) con las consiguientes tensiones, pero era una alternancia que jamás perdió el sentido principal de mantener en funcionamiento al capitalismo argentino.

    Uno de los grandes aportes de Gramsci es superar una visión simplista, meramente instrumental del Estado; es superar una visión limitada del Estado y proponerse pensarlo no sólo como una institución sino como un complejo de relaciones sociales de dominación en donde siempre hay coalición y consenso, apoyos populares y represión, donde siempre hay un Darío Santillán y un Maxi Kosteki asesinados en el Puente Pueyrredón y donde también hay elecciones en abril, donde al «malo» de Menem, se le opone el «bueno» de Kirchner.

    El Estado en la Argentina ha sido siempre una determinada proporción de consenso y represión. Gramsci nos hubiera servido mucho para entender que detrás del ciclo de los golpes de estado había una relación permanente de dominación.

    La segunda imagen que me viene a la memoria en septiembre es la del Palacio de la Moneda en Santiago de Chile, bombardeado, en llamas y Salvador Allende combatiendo con ametralladora en mano a los militares que lo asaltaban. Aunque entonces no lo sabíamos el golpe del ‘73 en Chile marcaba el límite, el punto de contención a una oleada de ofensivas populares que había arrancado el 1ero. de enero del ‘59 cuando Fidel, Camilo y el Che entraron a La Habana; que había atravesado Centro América obligando a la invasión yanqui a Santo Domingo en 1964 para impedir una segunda Cuba y que había terminado con el asesinato de Ernesto Che Guevara en la sierra boliviana el 8 de octubre del ‘67; que había renacido y se había relanzado el 29 de mayo del ‘69 desde el Cordobazo argentino que se desparramó por toda América Latina y que comenzó a terminarse con el golpe de estado del ‘73 en Chile. Acción destructiva de la oleada revolucionaria que fuera completada con el autogolpe de Bordaberry, ’73, en Uruguay y el golpe de Videla, ’76, en la Argentina.

    La generación del Cordobazo, la que protagonizó las grandes luchas populares y que luego sufrió la represión, constituyó su sentido común, su horizonte, su modo de pensar en ese clima político de ofensiva popular. Esa generación estaba preparada, estábamos preparados para la victoria y no para la derrota y por eso sufrimos tanto la derrota, la tortura, el asesinato, la traición y el quiebre.

    Ese sentimiento de ser parte de una generación victoriosa tenía por lo menos dos costados en la Argentina: un costado en la Juventud Peronista que nutría su optimismo en la convicción de ser parte de una movimiento popular mayoritario y de seguir a un líder que hasta entonces parecía invencible. Perón había sido desplazado del gobierno en 1955 y 18 años después en 1973 regresó a la Argentina. Varios millones de argentinos concurrieron a Ezeiza a recibirlo.

    El otro costado de convicción de victoria estaba en la tradición marxista. Tenía su raíz en el hecho históricamente visible para todos en aquellos días, de que el mundo cambiaba aceleradamente a favor del socialismo. El General Perón, al que nadie podrá adjudicarle simpatía por el marxismo, sabía explicar esto con un mapa, se ponía frente a él y decía que cuando era chico el sector ocupado por los rojos era pequeño y cuando fue mayor el espacio ocupado por los rojos comprendía medio planeta. Esa sensación de pertenecer a un movimiento que estaba cambiando la historia de la humanidad era un aliciente poderosísimo. Y dramáticamente demoledor resultó en la subjetividad de la juventud argentina la percepción brutal de la derrotas: la propia, en los actos de terrorismo de estado, y la no menos propia con la implosión del «socialismo real» sin que un solo comunista soviético cayera en su defensa, como si los veinte millones de vidas ofrendadas para derrotar al fascismo hubieran sido en vano.

    La tercer postal es casi obvia: Gramsci es el gran pensador de la derrota. El nace en 1891. En 1913 se incorpora a la Juventud Socialista, escribe textos románticos espectaculares. Se inclina hacia el filósofo Benedetto Croce. En política se hace más o menos liberal. Cuando estalla la Primera Guerra Mundial se espanta de que los liberales asuman la defensa cada uno del gobierno de su país y enfrenten a los pueblos unos contra otros.

    Entonces se encamina hacia el marxismo. Se acerca a las posiciones de Lenin en el movimiento socialista. Participa activamente en la lucha obrera; cree ir a la victoria con la insurrección obrera en Turín en 1920 y sufre la derrota por parte de Mussolini en 1922.

    Sólo cinco años después del triunfo de la Revolución Socialista de Octubre en Rusia ya Mussolini era Jefe del Gobierno de Italia y sólo tres años antes había sido director del periódico Avanti, el órgano del Partido Socialista, el mismo partido al que pertenecía Gramsci.

    La derrota : Jorge Obeid, el jefe de la Regional II de Montoneros, gobernador de Menem. Eso es la derrota.

    Mussolini, el director del periódico socialista, es el jefe del fascismo. Esa es la derrota.

    Por eso Gramsci va a dedicar buena parte de su reflexión a pensar la derrota y a pensarla en términos culturales muy profundos, filosóficos.

    Pensando en cómo se sostenía la voluntad de lucha de la generación que creía ir a la victoria, él dice:« cuando no se tiene la iniciativa en la lucha y cuando la lucha misma termina por identificarse con una serie de derrotas, el determinismo mecánico se convierte en una fuerza formidable de resistencia moral, de cohesión, de perseverancia paciente y obstinada..

    Determinismo es pensar que los hechos sociales están predeterminados con anticipación por sus causas económicas y el aditamento de mecánico tiene que ver con un pensamiento vulgar según el cual el hecho económico determina el hecho social, cultural o político de un modo lineal y directo, cuestión que Gramsci jamás aceptó; lo combatió y superó.

    Se pone en el lugar del derrotado optimista y dice: «he sido vencido momentáneamente, pero la fuerza de las cosas trabajan para mí y a la larga… venceremos.»

    » La voluntad real, entonces, continúa Gramsci, se disfraza de fe en cierta racionalidad de la historia, en una forma empírica y primitiva de fatalismo, como que todo estuviera determinado, que aparece como un sustituto de predeterminación de la providencia de las religiones convencionales. Es menester poner de relieve que el fatalismo no es la forma en que los débiles se resisten a una voluntad activa.

    Y concluye: «es necesario siempre demostrar la inutilidad del determinismo mecánico que es explicable como filosofía ingenua de la masa como tal, elemento intrínseco que da fuerza. Pero cuando es elevado a filosofía reflexiva y coherente por los intelectuales se convierte en causa de imbecil autosuficiencia de fragilidad.»

    Gramsci está describiendo a la generación del ‘20. La misma descripción moral y filosófica valdría para buena parte de la generación del ‘70 y creo que está en la base de la pregunta que siempre nos hacen: cómo pudo ser que tanta gente que participaba en la lucha, se diera vuelta a la primera dificultad. Esta reflexión de Gramsci es de gran utilidad para pensar nuestra propia historia. Cuando se tiene fe en el triunfo irreversible, la derrota es una catástrofe y termina convirtiéndose, ya lo decía Gramsci sobre el modo de pensar la Revolución Francesa de 1789, en una historia de monstruos: una teratología [Estudio de las anomalías del organismo] que es el modo en que pretende contarse la historia de la Revolución en el siglo XX. Cuando se piensa que a la historia se la construye, la derrota es un momento de aprendizajes, no de culpas y claudicaciones.

    Esa es la diferencia que termina explicando la continuidad de algunos militantes de los ‘70 y el quiebre de otros. Digo, una cosa es Tito Martín, Rogelio De Leonardi o el Chango Zamorano y otra bien distinta son Jorge Obeid, Eduardo Sigal o Rodolfo Galimberti.

    Otra postal que se me ocurre es la del 11 de septiembre de 2001, el atentado o autoatentado a las Torres Gemelas en Nueva York.

    ¿Qué es lo que está atrás de las torres cayéndose? Lo que está detrás es el fin de la fiesta de la burguesía.

    La Catedral de Notre Dame en Paris es uno de los edificios más hermosos de Europa, edificada por la burguesía parisina para festejar el exterminio de la Comuna de Paris en 1871, para festejar los 30.000 asesinados de la comuna parisina, esa fue la fiesta de la burguesía parisina a fines del siglo XIX.

    La burguesía norteamericana festejó la caída de la Unión Soviética con una fiesta de diez años; durante toda la década del ‘90 celebro el fin de la historia, el fin de las ideologías, el crecimiento económico perpetuo, la omnipotencia y todos los elementos que nosotros conocimos como una partecita de esa fiesta: con la fiesta menemista, que era parte de la fiesta de la burguesía alemana, norteamericana, francesa…que construyó un mundo sin competencia, desaparecido ya cualquier agrupamiento estatal no capitalista o que por lo menos no esté subordinado a los Estados Unidos.

    El mundo que construyeron Reagan y Bush padre es este mundo de guerra, injusticia, hambre, SIDA; un mundo que no se puede sustentar, un mundo que no puede mantener el nivel de consumo actual. Sí Estados Unidos usara su propia reserva de energía no podría mantenerse más de algunos pocos años y eso tiene que ver con la guerra de Irak y algunas otras guerras. Pero el agua tampoco alcanza y nadie sabe que va a pasar en el planeta cuando de los 6000 millones que somos lleguemos a 11 o12 mil millones, en no mucho más de 20 o 30 años.

    El mundo que puso en marcha el triunfo del capitalismo es un mundo insustentable y su expresión es esta crisis que se ha desatado a nivel internacional de un modo torpe. La elite belicista y fascista pretende resolverlo con una gran guerra que es la desatada contra los pueblos del mundo de la cual ya llevan cobradas sus victimas en Afganistán y que piensan seguir en América con Colombia y Cuba.

    Parte de ese plan es extraer hasta el último centilitro de sangre de América Latina, por medio del ALCA, y dominar militarmente a los pueblos con el Plan Colombia, que está en marcha y que en estos días pretenden realizar un ejercicio militar conjunto del ejercito de los Estados Unidos y quince ejércitos americanos en el campamento El Plumerillo, donde San Martín organizó el Ejercito Libertador. En 1915 Rosa Luxemburgo escribió un manifiesto que termina con una frase: Socialismo o barbarie. A finales del siglo XX y comienzos del XXI la barbarie está entre nosotros. El punto es que si los pueblos del mundo no se ponen en movimiento la barbarie terminara por destruir la vida humana.

    La última postal ocurrió ayer mismo, 11 de septiembre de 2003 y está en los diarios de hoy: El presidente de la Unión Europea, el exponente político más importante de la democracia sofisticada del Primer Mundo ha admitido sus simpatías por el fascismo, se ha declarado admirador de Mussolini, ha dicho «que era un buen hombre y que no mató a nadie», lo dice Clarín. ¿Es un error de Berlusconi, un exabrupto, una provocación? Para nada, Berlusconi está proponiendo un camino de salida ante la crisis: volver a Mussolini y está repitiendo lo que dice Bush: «volver al fascismo».

    Desde está perspectiva, múltiple y actual, nosotros proponemos estudiar a Antonio Gramsci, el gran derrotado de la historia, el antihéroe por excelencia, que intentó una revolución y lo derrotaron, fue elegido diputado y lo metieron preso, su mujer y sus dos hijos quedaron fuera de Italia y pasó 11 años preso sin verlos.

    Se enfermó de niño y en la cárcel esa enfermedad le produce trastornos neurológicos con alteraciones nerviosas gravísimas. Durante el juicio el fiscal dijo textualmente: «hay que impedir que este cerebro funcione», y pidió la pena de 22 años.

    Tratemos de ponernos en su lugar, de imaginarnos en su celda en la cual permanecerá hasta su muerte, con breves intervalos de internación hospitalaria y crisis nerviosas.

    Está encerrado y el mundo por el cual luchó se cae a pedazos.

    La Revolución italiana no sólo no triunfó sino que se convirtió en su antagónico. No son los Consejos Obreros sino los grupos fascistas organizados primero por los oligarcas y los terratenientes y después toda la burguesía para reprimir a los obreros industriales, en especial a los de la Fiat de Turín, los que gobiernan.

    La revolución de la cual él había hablado y esperado tanto (que no es la rusa sino la húngara y la alemana porque se cumplía la predicción de Marx de que la revolución sería europea simultánea y en los países centrales) ha cesado: la revolución húngara ha sido derrotada y la revolución alemana traicionada por la socialdemocracia, uno de sus jefes es el que ordena el asesinato de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknet. Deberían saberlo los que concurren a los cursos y seminarios de la Fundación Ebhert, que ha «convertido» a miles de ex-izquierdistas a las sucesivas variantes de lo que hoy es la Tercera Vía en Europa y el Consenso de Buenos Aires en América Latina.

    Pero además el socialismo que sobrevivía, el ruso, empieza a tener dificultades enormes; es lo que se conoce después como stalinismo.

    Gramsci sobrevive malamente y ni siquiera muere heroicamente, ni siquiera fue fusilado como nuestro Alberto Caffarati, tampoco aplastado su cráneo como el de Rosa Luxemburgo, no lo hizo con un arma en la mano como Rodolfo Walsh, ni dando miedo a sus asesinos como el Comandante Guevara: él murió en la cama y se sabe que así no mueren los héroes.

    Ese hombre que es la imagen del derrotado en todos los aspectos, que muere a los 46 años luego de once años de encierro; en la soledad de la cárcel, durante no más de 5 o 6 años escribe 2848 páginas de cuadernos escolares y en esos cuadernos produce la reflexión más profunda que se haya escrito jamás sobre la derrota, sobre la dominación, sobre el papel de los intelectuales.

    ¿Porqué, entonces, estudiar a Gramsci en esta primavera? Porque todo saber es poder y el saber sobre el poder es el más poderoso y subversivo de los saberes.

    Hay en la producción de Gramsci dos etapas bastante diferenciadas que pretenden a veces ser enfrentadas; ellas son: la etapa en la cárcel y la previa a ella. Esa producción arranca con un texto formidable «La rebelión contra El Capital» donde propone, provocadoramente, que el libro que escribió Marx había sido apropiado por una capa de intelectuales, a los que Lenin descalificaría como «economicistas», que habían transformado al marxismo en una especie de saber como un privilegio, un dogma.

    En 1919 funda El Orden Nuevo que es una simple revista que se funda antes que el Partido Comunista. Tiene una característica que en América Latina va a reproducir la revista El Amauta, que combina crítica cultural con análisis político.

    El Orden Nuevo, algo así como el sueño dorado de todo periodista de izquierda: luego de su fundación se constituye un movimiento en Turín, que son los consejos de fábrica, que no son ni el partido ni el sindicato, sino una organización del conjunto de los trabajadores que disputa la dirección de la empresa. Y en pocos meses incorporan a cerca de ciento cincuenta mil obreros industriales, en primer lugar a los de la Fiat de Turín, la fábrica más grande de occidente en ese entonces. Los obreros deciden que El Orden Nuevo sea su periódico produciéndose una simbiosis entre ese movimiento y esa revista.

    El movimiento de los consejos de fábrica se extiende, los obreros hacen huelgas para que se reconozcan sus derechos, la huelga se transforma en una insurrección y la insurrección es derrotada. En 1921 Gramsci funda el Partido Comunista, en 1925 lo eligen diputado y en 1926 lo ponen preso.

    Las notas que escribió Gramsci en la cárcel eran dispersas con las que se conformaron los libros. En las Notas sobre Benedetto Croce y el materialismo dialéctico, Gramsci advierte que hay que tomar de un autor sólo lo que haya editado, sólo hay que considerar lo que un autor ha revisado y estudiado.

    Lo demás (correspondencia, por ejemplo) debe ser tomado con mucha distancia. Está es hoy una cuestión indirecta con Engels, quien había editado los tres tomos que Marx dejó en borrador, ya que Marx en realidad sólo había editado el tomo I. Hay que tomar esta consideración metodológica de Gramsci sobre el propio Gramsci y tener cuidado con todos los textos escritos sobre él, porque Gramsci no autorizó la publicación de ninguno.

    En 1964 José Aricó por primera vez en le mundo traduce a Gramsci en un idioma que no es el italiano. Aricó era militante de la Juventud Comunista de Córdoba desde 1962

    En los años 1964/65 constituyó el grupo Pasado y Presente y poco después se van de un Partido que primero los impulsa al encuentro con Gramsci y luego los pretende silenciar. Constituyen una escuela de marxismo, que no sólo difundió a Gramsci, también era un grupo afín al Comandante Guevara con quien colaboraron en su experiencia boliviana.

    Pero en el exilio Aricó, Portantiero y otros sufrieron una transformación tal que los llevo a ser los principales impulsores del posibilismo radical en 1983.

    En 1962 Pancho Aricó había escrito: «Gramsci fue por sobre todo un hombre de partido, interesado en el nuevo orden del Estado Socialista, del logro de la hegemonía del proletariado en la sociedad moderna y el papel que deben jugar los intelectuales en este nuevo estado, en esta nueva sociedad. Ante todo y sobre todo fue un político practico y por ello mal podríamos comprender en toda su magnitud las reflexiones gramscianas, si las apartáramos de su condición de militante y dirigente de la clase obrera italiana.»

    Eso es certero, lo que articula y da sentido a la obra de Gramsci es este carácter militante, este carácter comunista no sólo en el sentido de pertenencia institucional, aunque no está de más recordar que Gramsci fundó el Partido Comunista Italiano y que también integró el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.

    Gramsci reflexiona sobre el porqué del fracaso de la revolución en Italia, Hungría y Alemania y lo primero es que tal interrogante no se puede responder al modo tradicional de la izquierda (que todavía persiste, al menos entre nosotros).

    La primera pregunta en una reunión de la izquierda argentina sobre el fracaso de una huelga, de una sublavacion popular como la de diciembre 2001 o de una revolución es ¿Quién es el traidor?.

    Ese es el método «científico» y se aplica en vastos espacios en esta izquierda. Encontrado el traidor se propone reemplazarlo y se resuelve el problema. Lo mismo ocurría en los años ‘20, pero Gramsci se rebela contra ese modo simplista de resolver las cuestiones teóricas y dice algo así como: La derrota no está ni en el Partido Comunista ni en la Socialdemocracia, la causa de la derrota está en el modo en que se ha luchado por la revolución. Se quiso luchar por la revolución del mismo modo que en Rusia y éste es el error. Porque en Occidente, entre el poder y el movimiento popular, hay un conjunto de construcciones, que si no las tomamos previamente, no podemos ir a la lucha por el poder. (no estoy citando, sino dando cuenta de su pensamiento con mis palabras)

    Utilizó una metáfora militar. (El está escribiendo en la cárcel y tiene que pasar todo por la censura y además escribe antes de la II Guerra Mundial por lo tanto la última guerra conocida es la 1º Guerra Mundial, donde se cambia la estrategia militar de la carga de caballería a la guerra de trincheras; la carga de caballería es un destacamento que va al frente y puede ocupar la plaza enemiga, sólo pelea la caballería. La guerra de trinchera implica el conjunto de la sociedad; hay que alimentar a millones de hombres y acumular mucha energía para dar un pequeño paso).

    La metáfora no es ingenua, él dice que la Revolución Rusa se hizo por un movimiento típico de la guerra de movimiento, un asalto al poder. Se apoya en Lenin, que muchas veces había escrito: que en Rusia había sido más fácil comenzar la revolución pero que iba a ser más difícil terminarla que en Occidente. Pensaban que en Rusia se iba a dar el inicio de la revolución pero las batallas decisivas se iban a dar en Francia, en Alemania donde estaba el mayor desarrollo económico y cultural.

    La idea de la trinchera lleva a un proceso de complejización de la cuestión del poder. El poder entonces no es ya «el zar», «el emperador», «el rey y su ejercito» sino que el poder es un conjunto de relaciones que se extienden por toda la sociedad. Define al estado de varias maneras, una: consenso más cohesión; otra: sociedad civil más sociedad política.

    Una de las banalizaciones que se ha hecho de Gramsci es transformar la sociedad civil en algo bueno y la sociedad política es mala.

    Lo que Gramsci dijo es que el estado es la sociedad política (o sea lo que comúnmente se entiende por institución estatal) y la sociedad civil.

    El concepto de hegemonía no se puede comenzar a discutir sino se vinculan estos dos conceptos anteriores a la reflexión más profunda de Gramsci. Con este concepto que empieza a incorporar a las clases que no sólo dominan, también dirigen; no sólo aplastan, también convencen; no sólo reprimen, también seducen.

    Ese es el concepto de hegemonía. No sólo lo matan a Darío y a Maxi en el Puente Pueyrredón, también llaman a votar por Reutemann a los mismos inundados de Santa Fe.

    Gramsci vincula por eso guerra de movimiento, guerra de posiciones, hegemonía, dominación, dirección, sentido común, todo eso y otras cosas más, sólo se pueden pensar en términos históricos. Si lo presentamos de modo secuencial (yo lo presenté de modo conceptual) empieza [el lector] a pensar: porque fracasó la insurrección de Turín y dice que fue porque los campesinos no lo apoyaron ¿por qué no lo apoyaron? Porque en Roma vive el Papa y se sabe que la religión es «el opio de los pueblos» y tiene mucha importancia.

    Gramsci dice: «sino se entiende la cuestión vaticana no se puede entender el fracaso de la insurrección de los obreros de la Fiat.»

    Esta planteando que todo esto es una construcción histórica, es una gran orientación metodológica. No se trata de autojustificarnos mirando la historia, pero si no tenemos una mirada histórica, de cómo se construyó la hegemonía cultural, no la podemos superar.

    Cuando Marx analiza el capítulo de acumulación originaria del capital, capitulo XXIV del Tomo Uno de El Capital, después de haber explicado que el capital es una relación social, dice que quien ejerce la dominación económica bajo la forma de capital, no sólo consigue recuperar el dinero invertido sino que lo incrementa y para eso debe haber una reproducción de las condiciones sociales en que ese producto se realizó.

    En realidad dice: la acumulación originaria del capital se realiza por mecanismos extraeconómicos. El capital nació chorreando sangre y barro de los pueblos americanos exterminados por el invasor colonial español, de los pueblos africanos explotados y esclavizados por los europeos, de los pueblos asiáticos transformados en sirvientes por el imperialismo europeo.

    El tema de los mecanismos extraeconómicos a veces se pasa de largo y tiene como orientación metodológica una importancia principal.

    Porque se dice fácil: «en la Argentina la cultura de izquierda es débil». ¿Pero dónde están los 30.000 desparecidos, la picana, la tortura, el terror y la muerte? ¿O es que acaso la cultura dominante en la Argentina se impuso por razones culturales?, ¿se impuso porque Grondona y Neustadt eran más inteligentes que Agustín Tosco y Rene Salamanca? No, se impuso porque la Triple A y el ejército tenían mayor poder de fuego que el movimiento popular.

    No se trata de autojustificarnos o de justificar todo, sí de pensar, en términos reales, cómo se construye la hegemonía.

    La imagen de Gramsci que se da en las universidades es la de un Gramsci dedicado a los problemas culturales, un constructor de los consensos, entendidos estos como acuerdos tomados libre y democráticamente.

    Ocurrió con Gramsci lo que él había analizado respecto de Maquiavelo, cuya obra es utilizada aún por los enemigos históricos dado el valor metodológico que encierra, más allá de las intenciones de Maquiavelo.

    Gramsci dice: «¿para quién escribe El Príncipe, Maquiavelo?». Para los que no son príncipes; los que son príncipes son educados como príncipes y no necesitan del libro de un extraño que le diga cómo gobernar. Maquiavelo escribe El Príncipe para los que no son príncipes y por eso la metáfora va a ser El Nuevo Príncipe, que es el partido que el pueblo, los trabajadores se construyen.

    Dice Gramsci: » El príncipe moderno, el mito-príncipe, no puede ser una persona real, un individuo concreto; sólo puede ser un organismo, un elemento de sociedad complejo en el cual comience a concretarse una voluntad colectiva, reconocida y afirmada parcialmente en la acción. Ese organismo ya ha sido dado por el desarrollo histórico y es el partido político.

    Gramsci agrega:»el maquiavelismo, al igual que la política de la filosofía de la praxis, ha servido para mejorar la técnica política tradicional de los grupos dirigentes conservadores, pero esto no debe enmascarar su carácter esencialmente revolucionario.»

    Y eso vale estrictamente para el Gramsci que nosotros reivindicamos

    Se lo ha pretendido usar para justificar la claudicación del «progresismo» ante el altar de la democracia representativa, so pretexto de la comprensión de la categoría hegemonía; se lo ha querido usar para borrar el carácter principal de las relaciones sociales de producción sobre el conjunto de la vida social como elemento [objeto] económico, so pretexto de su lucha contra el determinismo mecánico; se lo ha querido usar para abjurar de la organización revolucionaria so pretexto del rol de los intelectuales, la lucha al interior de la sociedad civil, la construcción de contrahegemonía y de una voluntad popular transormadora; y también se ha intentado borrar la política del centro de la lucha de clases, so pretexto de la importancia de lo cultural; pero todos estos pasos han sido en vano.

    Pasado el furor de la moda con que irrumpió en la universidad de la pos dictadura (que algunos denominan democracia, así sin apellido, y por lo tanto falsa), a la vista del fracaso estentóreo de la llamada «transición democrática» y de lo revelador que ha sido el paso de los «progresistas» por el gobierno de la Alianza, Gramsci vuelve a aparecer, ante propios y extraños, en su inalterable carácter revolucionario de la tradición comunista, de la misma fibra que su amado Lenin y con una increíble coincidencia filosófica con alguien que él no podía conocer y que tampoco lo conoció a él: nuestro comandante Ernesto Che Guevara, por su concepción del hombre nuevo y del papel de la voluntad en la transformación de las correlaciones de fuerza; éste trajo la filosofía del sardo muerto en la década del ’30, a la luminosa década del ‘70.

    Es nuestra tarea hacerlo praxis en este nuevo siglo.

    La cátedra, humildemente, tratará de aportar a ello.


    Preguntas de los participantes:

    P: ¿Cuáles son las principales categorías que aporta Gramsci al marxismo?

    R. Intentemos presentar un esbozo de un mapa conceptual del pensamiento gramsciano. La secuencia sería: 1) Traducción; 2) guerra de movimientos/guerra de posición; 3) Sociedad civil/sociedad política; 4) Estado como conjunto de relaciones de dominación: concenso + coerción; 5) Sentido común; 6) Importancia de los intelectuales y de la lucha cultural; 7) de un modo central: el concepto de Hegemonía; 8) la construcción de una voluntad popular colectiva, bloque histórico; 9) el Partido como el Nuevo Principe y 10) la importancia de la voluntad para modificar la «realidad».

    Claro es, que la idea es abordar el conjunto de estas herramientas, en su inter/relación y su vínculo con la realidad nacional, a lo largo de la Cátedra que hoy inauguramos. Quisiera, sin embargo, decir algunas pocas cosas sobre estas categorías.

    Lo primero es prestar atención al carácter sinfónico del pensamiento de Antonio Gramsci: no se pueden leer las categorías como estructuras de análisis autónomas, sino como notas de una sinfonía que adquieren sentido y vitalidad en su relación y en su conjunto. En realidad, la única posibilidad de burlar el sentido de su pensamiento es fragmentándolo, sacándolo de contexto y todos los procedimientos típicos del positivismo aplicado a las ciencias sociales.

    Al reflexionar sobre las causas de la derrota italiana, Gramsci dirá algo muy llamativo: no conocíamos suficientemente nuestro país. Para él, traducir, es aplicar las categorías del marxismo a la realidad históricamente constituida y por ello, para él, se disipan las distancias entre política e historia, filosofía e historia, marxismo e historia dado que solo en su devenir son comprensibles las categorías y las «leyes» del marxismo.

    De esa traducción surge una diferencia fundamental entre la Rusia de los zares, en la que triunfó la revolución, y la Italia de la tardía unificación nacional y el Vaticano. Aquí dirá él: todo será más difícil porque el poder se extiende en una red de organizaciones sociales donde el pueblo participa y cree estar ejecutando su propia voluntad, cuando en realidad son como trincheras, como una telaraña; agregaría yo: donde la cultura dominante, el sentido común, los límites que el sistema admite para la lucha popular, encarnan en una «sociedad civil» que deberá «tomarse» en una guerra de movimientos en la que se irá resolviendo la cuestión de la organización autónoma de los trabajadores, la sustitución del sentido común, reaccionario, por un «buen sentido» para lo cual resulta decisivo la lucha en el plano cultural, a la que no se limita a lo artístico cultural como pretende la burguesía, y los intelectuales orgánicos de la clase.

    Desde esta concepción se vuelve a pensar toda la teoría de partido para concebirlo como el constructor de una voluntad popular, de un bloque histórico, para lo cual el partido en sí es en cierto modo desde el principio, o mejor dicho, un germen de esa voluntad colectiva.

    Voluntad, subjetividad, militante, creación popular, términos todos que fueron revalorizados luego de las derrotas de los ‘90, la local contra el menemismo, y la internacional, del «socialismo real» contra el capitalismo global que recién entonces pudo desplegar en todas sus dimensiones la globalización neoliberal que aún sufrimos.

    P. Si el Partido Comunista alguna vez prohibió a Gramsci, ¿cómo se explica esta cátedra?

    R. El Partido Comunista Argentino fue el primer partido en el mundo que tradujo a Gramsci.

    La expulsión del grupo Pasado y Presente de Aricó, fue una tragedia para el Partido Comunista y clausuró una etapa de renovación al principio de los años ‘60.

    Si se hubiera profundizado y empalmado con una lectura correcta de la Revolución Cubana, hubiera permitido al PC renovarse en serio; por el contrario el dogmatismo que imperaba entonces expulsó al grupo de Aricó y clausuró la lectura de Gramsci. Los comunistas constituían por esa época una corriente política muy importante y su pérdida de renovación cultural le impidió jugar el papel que debía jugar y eso tiene que ver con que otros tuvieron que asumir papeles para los cuales no estaban preparados, y tiene que ver con la derrota de los ‘70, y tiene que ver con todos nosotros, no solamente los que estábamos en el PC. Fue una verdadera desgracia, y no solo para los comunistas.

    Pero Gramsci también tiene que ver con la recuperación del PC; todos cuentan el episodio de los ‘60, de lo que no se habla es que el viraje del PC en 1986, tiene que ver o se basó, entre otras cosas, en al recuperación del pensamiento de Guevara, Mariátegui y Gramsci.

    Ya en 1984/85, Ariel Bignami publicaba en Cuadernos de Cultura artículos de reivindicación de Gramsci, o tiene que ver con que en el año 2000 la Escuela del partido renació con el logotipo de la imagen de Gramsci y hacemos esfuerzos para pensar la realidad desde estos paradigmas.

    P. ¿Por qué tantos militantes de los ’70 son hoy funcionarios del gobierno o defensores del posibilismo más derechista?

    Ayer participé en un debate sobre los ‘70. Vinieron compañeros que estuvieron en la Cárcel de Coronda. Se hizo una reflexión. La pregunta fue: ¿Qué nos pasó para llegar a ésta situación? Traté de explicar cómo en los años ‘60, ‘70 se constituyó lo que podríamos llamar el sentido común de la izquierda, en ese clima de ofensiva revolucionaria mundial; en ese clima donde la clase obrera peronista era la columna vertebral del movimiento peronista se hizo sencillo adoptar el campo de los humildes y soñar con la victoria.

    No se hace un genocidio porque sí. Nadie se levanta una mañana y decide matar 30.000 tipos. Nadie le dice a un oficial del ejército que atraviese a un bebé de tres meses con la bayoneta o que le ponga la ametralladora en la vagina a una mujer y tire o que haga violar a dos presos entre sí (estoy provocando a propósito) porque no estamos hablando de cosas «normales».

    Así nomás no se llega al «terrorismo de estado» porque sí. Se necesita un contexto internacional y un cierto clima interno. La burguesía argentina, la que sigue en el gobierno, un día dijo vamos a hacer eso y llegaron a esa decisión porque tenían pánico de perder el poder, porque temían al movimiento popular, porque temían que esa oleada, que estaba por Chile, por Perú, que venía de Cuba, que recorría América Latina, se les metiera en el patio de la casa. Puede ser, miradas las cosas desde la perspectiva histórica que fueran tan exagerados como lo éramos nosotros en nuestras posibilidades de triunfar. Pero eso es fácil decirlo ahora. Pero una vez que tomaron la decisión y la aplicaron se produjeron transformaciones profundas.

    Pensando en la derrota de la Comuna de París en 1871 Federico Engels escribe en una carta: «Lo más grave de una derrota es que los pueblos olvidan las razones por las cuales lucharon».

    Una parte de la radicalización que hubo en la Argentina se originó en una capa de la juventud urbana de la mediana y pequeña burguesía comercial industrial; lo que se llama o se llamaba, la intelectualidad progresista nacional revolucionaria; que sacó conclusiones terminantes de la derrota: que no valía la pena intentarlo más. Y buena parte de los que participaron se pasaron al posibilismo. No como Gramsci que en el pozo más profundo se puso a pensar cómo iba a ganarle la partida a Mussolini

    Dice Gramsci: «El realismo político «excesivo», y por consiguiente superficial y mecánico, conduce frecuentemente a afirmar que el hombre de Estado debe operar en el ámbito de la realidad efectiva, no interesarse por el deber ser sino, únicamente, por el ser, lo cual significa que el hombre de Estado no debe tener perspectivas más allá de su propia nariz» También dice: «El político de acción es un creador, un suscitador, más no crea de la nada, ni se mueve en el turbio vacío de los deseos y los sueños, se basa en la realidad efectiva.

    ¿Pero qué cosa es la realidad efectiva? Es quizá algo estático e inmóvil y no sobre todo una relación de fuerza en continuo movimiento y cambio de equilibrio? Aplicar la voluntad a la creación de un nuevo equilibrio de las fuerzas realmente existentes y operantes, fundándose sobre aquellas para desafiar al poder. Si algo es definitivo en Gramsci es que el sujeto de la historia es el pueblo y establece una relación entre sindicato, partido y pueblo, donde todo debe estar al servicio del protagonismo popular, lo llama «la construcción de una voluntad nacional».

    Pienso que esa voluntad nacional, este sujeto pueblo, estuvo afectado en los ‘60 y ‘70 por diversos problemas que tenía la izquierda. Confusión de la tarea que había que cumplir, por lo tanto, el tipo de agrupamiento que había que construir.

    Lo que tendría que haber hecho el PC, y no hizo, es haber impulsado el agrupamiento consecuente de todas las fuerzas que estaban comprometidas con el proyecto socialista, no para encerrarse en una especie de ghetto de los esclarecidos, sino para gestar, desde este núcleo, una unidad popular mucho más amplia. Ese emprendimiento, que no fue asumido por ningún proyecto de los que actuaban, estaba dificultado por la visión que Montoneros tenía del peronismo, al que consideraba movimiento de liberación nacional en sí, y ellos se consideraban la fracción de izquierda de ese movimiento, reclamando al resto de la izquierda apoyo en su lucha contra la derecha del movimiento. Era una dificultad que excedía al PC. Si bien es cierto que el PC no hizo mayores esfuerzos para agruparse y unirse con la izquierda. La otra dificultad, desde la perspectiva gramsciana, fue que tampoco Santucho pasaría muy bien un análisis de su iniciativa. Lejos estaba el PRT de promover la construcción de una voluntad nacional popular transformadora.