La escritura y reescritura del Prologo al Nunca Más: disputas por la hegemonía cultural.


“toda vez, que de una manera u otra

aflora la cuestión de la lengua, significa que

se está imponiendo una serie de otros problemas:

la formación y ampliación de la clase dirigente,

la necesidad de establecer relaciones más intimas y seguras

entre los grupos dirigentes y la masa popular nacional,

es decir de reorganizar la hegemonía cultural

Antonio Gramsci

Lo que estaba oculto ha sido revelado mil veces en los diarios, las revistas y toda clase de publicaciones gráficas. La materia censurada es ahora motivo de producciones especiales por parte de los grandes multimedios para la televisión y el cine, donde todos denostan el genocidio y sus consecuencias. El presidente se abraza a las Madres de la Plaza y fulmina, en el discurso, a los terroristas de Estado. La derecha se escandaliza y responde airada y brutalmente. Una parte del movimiento de derechos humanos y de la izquierda se pliega al discurso oficial de que éste, es un gobierno que “asume la agenda de los derechos humanos” y se prestaron a las maniobras de cooptación de la conmemoración del Treinta Aniversario al que pretendían transformar en un acto cuasi oficialista; mientras otra parte de los “organismos” y la mayoría del movimiento popular, no sin dudas y preguntas, rechaza la oferta de cooptación y defiende un enfoque de autonomía.

La conmemoración del treinta aniversario del golpe de estado de marzo de 1976 (de ahora en adelante el Golpe) viene ocupando un espacio más que destacado en la agenda política y ha dado lugar a toda clase de disputas entre el bloque de poder y el movimiento popular, entre las fracciones del bloque de poder entre sí y también entre los distintos sectores que  componemos el campo de lo popular. Trataremos aquí de dar cuenta de algunas de las batallas que se libran en el terreno ideológico/cultural, y particularmente acerca de la cuestión del significado histórico del Golpe (la lucha por re/significarlo, mejor dicho).

Para ello, prestaremos atención a la escritura del Prologo al Nunca Más hecha por Ernesto Sábato en 1984 y su reescritura, por el Dr. Eduardo Duhalde de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, en 2006. No es un problema baladí, y casi todos se dan cuenta de ello.  Se sabe que quien domina la historia, estará en mejores condiciones de disputar el presente y así podrá incidir de mejor modo en el diseño del futuro. Quisiera dejar tres constancias previas que considero tienen importancia metodológica al momento de analizar las acciones y los dichos de unos y otros: primero, el renacimiento de la esperanza revolucionaria como horizonte posible para los pueblos de Nuestra América; segundo, el cambio de hegemonía al interior del bloque de dominación local y tercero que la construcción de la memoria es siempre resultado de confrontaciones culturales donde cada sector pugna por imponer recuerdos y olvidos, o dicho de otro modos, que la memoria es el resultado de exitosas operaciones del olvido.

Estamos en medio de una gran batalla de ideas, de esas que condensan años de acumulación de fuerzas y condicionan periodos históricos que pueden ser prolongados.  La “solución final” que el capitalismo encontró al desafío socialista de la clase obrera y los pueblos oprimidos de casi todo el mundo, que comenzó en la Rusia zarista de principios del siglo pasado, se ha mostrado ineficaz, incapaz de cumplir sus propias promesas y, sobre todo, impotente para resolver los problemas de una humanidad que los ve convertirse en insolubles y amenazantes para la supervivencia de la civilización.  Una vez más se discute sobre la superación de los límites del capitalismo y los caminos para construir una sociedad más humana, donde desaparezcan todas las formas de explotación y de la dominación.

La supervivencia (término que oculta infinitos renaceres y refundaciones) de la revolución Cubana, la maduración del proceso venezolano en definiciones anticapitalistas y las promesas que encierra el proceso boliviano dan carnadura morena y americana a la cuestión de la alternativa al capitalismo neoliberal. Cuba, Venezuela y Bolivia no son más que la cara visible de un movimiento de resistencia al neoliberalismo que volteó, con sus luchas no institucionales, 16 presidentes en los últimos años. La resistencia del pueblo argentino contra los gobiernos “democráticos” de Alfonsín, Menem, De la Rúa y Duhalde se inscribe en ese proceso profundo que promete marcar todo el siglo XXI con la huella de Segunda y Definitiva Independencia, como gustaba decir el Comandante Guevara.

Proponemos pensar que la vuelta de tuerca que tiene la lucha contra la impunidad histórica (así sea en el plano simbólico) es una de las consecuencias de esa lucha popular que arrancó en la lucha contra el accionar de la Triple A y los preparativos golpistas, que se prolongó -dentro y fuera de los centros de detención- con la defensa de la vida y la identidad de las víctimas, que soportó la traición miserable de Alfonsín y el golpe demoledor que sobre los procesos judiciales y las esperanzas de Verdad y Justicia, causaron las leyes y decretos de impunidad.

Quisiera resaltar, antes de internarme en otros territorios de la cuestión,  y no por razones de orgullo militante sino por criterio metodológico (“la historia es la historia de la lucha de clases”, Marx y Engels dixit) que sin esta resistencia y esta lucha, no hubieran sido “necesarias” las maniobras pergeñadas para frustrar, corromper o cooptar el movimiento y la causa de los derechos humanos en la Argentina.

Una lucha –que como el golpe- cumple treinta años y comienza a dar frutos: el reconocimiento de vastos sectores sociales sobre el terrorismo de Estado sufrido por la militancia y  la justicia de nuestros reclamos de castigo a los genocidas así como algunos pasos muy puntuales en el reconocimiento simbólico, pero no por ello menos importante, del papel jugado por los sobrevivientes, los organismos y todos los que han luchado contra la mentira y la impunidad por parte del Estado.

Reconocimiento bien ganado por cierto, y que no por estar al servicio de acciones perversas (como trataremos de demostrar, los gestos oficiales son parte de una estrategia de recomposición del Poder y de constitución de nuevas hegemonías funcionales a la supervivencia del capitalismo) dejan de ser justos y de causar efectos morales resarcitorios en muchos de los que logran la “mínima recompensa” de testimoniar sus padeceres en sede judicial o transmitir sus vivencias y recuerdos a la joven generación, que sí les cree lo que lucharon y resistieron, lo que soportaron y siguen soportando como mandato imborrable de recordar y dar testimonio. A ese reconocimiento nos sumamos y los intentos de utilización de nuestras conquistas no nos harán perder de vista que son eso, conquistas.

Si la huida de De la Rúa en helicóptero de la Casa Rosada, simbolizaba la crisis de dominación que se vivía en el país a finales de 2001 (“vengo a recomponer el Poder”, dijo Duhalde el 1/01/02), resultado del fracaso del menemismo como forma específica de organizar entre nosotros el modelo neoliberal y la subordinación a las estrategias imperialistas luego de la caída del “Socialismo real”, el acto del 25 de mayo  de 2006 (que  quiso anticiparse al 24 de marzo y no pudo ser) marca la recomposición del Poder en la Argentina, cierto que no por desaparición de los problemas y procesos de crisis de representatividad que llevaron al Diciembre de Rebeldía, pero sí por reorganización de la hegemonía al interior del bloque de poder y por la falta de esto mismo, es decir de una hegemonía política, al interior del bloque popular, carencia que impide su constitución en fuerza alternativa capaz de acumular en los momentos de crisis del Poder, haciéndole pagar costos políticos que acerquen el momento del desafío y la disputa plena por su conquista.  La ausencia de alternativa política verdadera es pues la ventaja comparativa más poderosa de la burguesía argentina, impune de todas las impunidades.

El bloque de Poder tiene una larga historia entre nosotros. Se constituyó a finales del siglo XIX mediante la triple alianza de la burguesía porteña con los dueños de la tierra y el imperialismo inglés.  Ese bloque ha sufrido éxodos y ha aceptado incorporaciones. Los yanquis reemplazaron a los ingleses a mediados del siglo XX y en varias oportunidades, el Irigoyenismo en 1916 y el primer Peronismo en 1945, sectores que amenazaban la continuidad del sistema fueron convocados e integrados de modo subalterno a la rosca dominante. De hecho, desde el treinta en adelante, los militares constituyeron el verdadero Partido del Orden y la Defensa del Estado Capitalista que sabía retirarse a tiempo cuando se veía amenazado: elecciones de 1945, (Perón), 1957 (Frondizi), 1962 (Illia), 1973 (Cámpora y luego Perón y luego Isabel) y 1983 (Alfonsín y sucesivos Menem, De la Rúa, Duhalde y Kirchner).

La alternancia entre militares y civiles, gobiernos constitucionales y dictaduras militares, constituyó el  mecanismo principal de estabilidad de la dominación desde 1930 hasta 1983.  La alternancia entre radicales y peronistas, lo  ha sido desde el restablecimiento de la democracia representativa hasta diciembre de 2001.  Si uno presta atención al discurso de acceso al gobierno comprobará que cada uno de ellos cabalga sobre el punto más flojo de la gestión anterior y cómo ésta es percibida (percepción que es construida por el sistema comunicacional) por el sentido común popular.  Así Alfonsín atacó a la dictadura recitando el preámbulo de la Constitución Nacional, Menem lo atacó a éste con las promesas de justicia social que se intuían en las consignas de Salariazo y Revolución Productiva; De la Rúa levantó la bandera de la corrupción, Duhalde se hizo dueño de la promesa de recomponer el Poder y Kirchner debió hacerse cargo de las promesas incumplidas de De la Rúa de terminar con el menemismo luego del trauma para el Poder que significaban las Asambleas Populares, los movimientos piqueteros y el auge del reclamo de cambios.

Aunque diga todo lo contrario, Kirchner viene a ser el De la Rúa que no fue, el que acaso soñó ser Chacho Álvarez para materializar sus teorías de Tercera Vía lubricadas en el ahora olvidado Consenso de Buenos Aires[1] y que tampoco fue por razones que exceden el articulo pero que se pueden resumir en la idea de la inescindibilidad del capitalismo y la imposibilidad de reformarlo de a poquito: hoy la corrupción, mañana la calidad institucional….y algún día algo de lucha contra la pobreza (nunca contra los ricos, nunca la redistribución de la riqueza).

Realizadas las tareas de reconversión neoliberal del capitalismo, en la etapa actual se busca darle estabilidad a esos cambios naturalizando la herencia social y apostando a un escenario de “confrontación” entre un bloque, en el gobierno, de supuesta centroizquierda, encabezado por el Partido Justicialista, y otro de supuesta centro derecha, al que ahora quieren ponerle la jefatura de Lavagna, el padre de la fase actual de la economía, en donde el Gobierno defienda este rumbo de estabilidad del capitalismo de quienes quieran retornar a la etapa del neoliberalismo fundamentalista.

En la interpretación del significado histórico del Golpe se verifican las grandes líneas historiográficas: la tradición liberal que la piensa como un desvío del recto camino que viene de Mayo, pasa por Caseros, se amplía con la Ley Saenz Peña y se retoma con Alfonsín; la tradición nacionalista de derecha (que venía de lejos y empalmó con el fascismo a principios de los `20) que de uno u otro modo lo reivindica o al menos lo justifica como “exceso” o “efectos no queridos” de una acción necesaria y justa, la tradición nacionalista/revisionista de orientación peronista que ha resurgido con Kirchner/Duhalde (el historiador a cargo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación) que propone el eje binario pueblo/antipueblo como articulador de la historia nacional y los golpes del ´55 y el ´76 como ejecutados contra el peronismo. A estos enfoques, que obviamente hemos esquematizado al máximo y que admiten infinitos matices y combinaciones, en el tema que tratamos pueden sumarse otras dos interpretaciones: la del marxismo no dogmático que lo piensa como la resultante de tres procesos: a) de la lucha de clases a nivel internacional, digo del diseño que los EE.UU. hacen del final de la Guerra Fría a partir de la Crisis del Petróleo (´73) y la derrota de Vietnam, de allí surge la decisión de emprender el Terrorismo de Estado país por país donde fueran desafiados; b) de la lucha de clases a nivel nacional, como modo de frustrar el proceso de acumulación de fuerzas que se venía desplegando desde 1955 en adelante, estimulado por la Revolución Cubana, Guevara y el Mayo Francés, también como un aprendizaje de anteriores golpes: por ello: desaparición forzada de miles para cortar la red de militantes e impedir el reclamo por los presos políticos y  c) como el modo de resolver la disputa al interior del bloque de poder entre los partidarios del relanzamiento del modelo distribucionista más o menos keynessiano más o menos peronista y los que propugnaban el neoliberalismo que luego conocimos. Y también una interpretación más, no suficientemente sistematizada, pero no por ellos menos potente: la mirada de los familiares de las víctimas que lo piensan como un evento producido al puro fin de hacerles daños a sus seres queridos; una mirada que a pesar del tiempo y los esfuerzos realizados por salir del lugar de la víctima inocente, una y otra vez vuelve a la mirada inicial de los familiares sorprendidos de que “alguien que no estaba en nada” haya sufrido represión.

Kirchner encontró en el discurso sobre los derechos humanos el modo de diferenciarse de la claudicación menemista en todos los terrenos (también en el simbólico: los indultos, el homenaje al almirante gorila Rojas, la prostitución de la política con las María Julia y los Bussi como aliados confiables del peronismo, etc.); de la defección radical de la causa de los derechos humanos (el Punto Final de Alfonsín y la matanza del Puente de Corrientes ordenada por el “progre” Freddy Storani desde el gobierno de la Alianza UCR-Frepaso) al mismo tiempo que finge hacerse cargo de las demandas de las fuerzas que realmente resistieron los años de Menem y De la Rúa, de quienes protagonizaron luchas que nunca apoyó desde su cargo de gobernador de una provincia petrolera, con cuya privatización estuvo seriamente comprometido[2]. Su identificación con las Madres y las Abuelas, con Hebe y la Carlotto más precisamente, busca legitimidad ante las capas medias urbanas que siempre vieron con simpatía  o al menos con respeto la lucha de los familiares (sobre todo de las madres de las víctimas, porque se sabe: una madre es capaz de cualquier cosa por su hijo...

El filosofo Andreas Huyssen propone como tesis central de su reflexión sobre la relación entre el olvido y la memora[3] que “la memoria pública no puede funcionar sin el olvido” y al analizar el caso argentino de lucha contra el olvido, plantea como central en la deslegitimación del Terrorismo de Estado a la escritura del Nunca Más, junto con la realización del Juicio a las Juntas que naturalmente lo continuó, “pero a largo plazo, el éxito del discurso de derechos humanos desde 1985  sacrificó la precisión histórica. ¿De qué forma? En el plano narrativo, Nunca Más estableció la figura del desaparecido como víctima inocente del terror de Estado. Esta estrategia “se olvida” de la dimensión política de la insurgencia izquierdista que la dictadura militar trató de erradicar”.  Y aún más, “…convirtiendo  los 30.000 desaparecidos en víctimas pasivas, borra la historia política del conflicto junto con las filiaciones políticas individuales.  La figura del desaparecido se transforma en una idée reçue, un cliché de memoria social que al final puede convertirse en la forma de olvidar de la propia memoria…Las protestas de las Madres de la Plaza de Mayo durante la dictadura consolidaron los derechos de familia y parentesco contra el discurso del Estado creando de esta forma, un “espacio de Antigona”…Como resultado, en Argentina, la figura purificada de la víctima inocente apolítica fue ganando fuerza. Política e historia fueron con frecuencia reducidas al lenguaje de la familia y las emociones…

Al convocar al filósofo, por lo interesante y provocadoras que son sus posturas sobre la cuestión, no puedo dejar de marcar que en el texto analizado subyace una cierta “naturalización” del proceso de construcción de la memoria por medio del olvido, que no comparto. Por el contrario, como tesis central sostengo que estas acciones de memoria y olvido selectivo, como son la escritura y reescritura del Prologo del Nunca Más, constituyen acciones de constitución de hegemonía cultural que deben sobreponerse a otras construcciones hegemónicas y superar los intentos de resistencia por parte de la izquierda dando crédito al planteo de Alfredo Grande que “la subjetividad es el decantado identificatorio de la lucha de clases”[4].

Si el Nunca Más se constituyó en la base de la “historia oficial” sobre el Golpe de Estado, es altamente significativa la polémica abierta sobre el Prólogo a la nueva edición “treinta aniversario”, preparada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, encabezada por el Dr. Eduardo Duhalde quien reescribió el Prólogo en paralelo y polémica con el original de la Co.Na.De.P., fruto de la  pluma del escritor Ernesto Sábato, convertido por esa acción en una especie de figura sagrada del progresismo de cuño liberal.  Prologar es la acción de presentar un texto, de contextualizarlo e interpretarlo, de darle sentido.  Si los leemos desde la perspectiva que defendemos en el articulo (que la disputa por la resignificación del Treinta Aniversario constituyen operaciones ideológicas culturales propias de una acción de constitución de nuevas hegemonías), podremos pensar el texto de Sábato en disputa con el discurso dictatorial, como  parte del proceso de sustitución de la hegemonía militar por la del bipartidismo encabezado entonces por la Unión Cívica Radical, con el consiguiente cambio de discurso del autoritarismo fascista al posibilismo democratista y el del Dr. Eduardo Duhalde como parte de la instalación de una nueva hegemonía al interior del Partido Justicialista y por ende del bloque de poder, del triunfalismo neoliberal a una variante criolla de la Tercera Vía, el supuesto sitio equidistante del capitalismo neoliberal y el capitalismo distributivo, entre Milton Friedman y Lord Keyness..

Comienza Sábato su escrito del siguiente modo: “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países… Así aconteció en Italia… Pero esa nación no abandonó en ningún momento los principios del derecho para  combatirlo, y lo hizo con absoluta eficacia, mediante los tribunales ordinarios, ofreciendo a los acusados todas las garantías de la defensa en  juicio; No fue de esta manera en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos” y en estas pocas palabra convalidaba la teoría de los dos demonios; teoría  que el gobierno radical venía instalando como historia oficial, tal como se aprecia en el decreto 157 del 13 de diciembre de 1983 en donde toman como punto de partida de la historia del Golpe a la amnistía para presos políticos del 25 de mayo de 1973, relatan luego la aparición de grupos violentos vinculados a “la existencia de intereses externos que seleccionaron nuestro país para medir fuerzas” en una clara alusión a la Guerra Fría  y dando pábulo a las teorías sobre la intervención del “comunismo internacional” tan caras a los genocidas, para seguir con un “Que la acción represiva antes aludida, si bien permitió suprimir los efectos visibles de la acción violenta y condujo a la eliminación física de buena parte de los seguidores de la cúpula terrorista y de algunos integrantes de ésta, sin perjuicio de haberse extendido a sectores de la población ajenos a aquella actividad, vino a funcionar como obstáculo para el enjuiciamiento, dentro de los marcos legales de los máximos responsables del estado de cosas…” por lo que se termina ordenando la persecución penal de dirigentes Montoneros y del E.R.P.

En ambos textos, la idea del “desvío” aparece nítida: no es la defensa del capitalismo lo que se cuestiona, para nada, es que –dice Sábato- había otra manera de “derrotar” la guerrilla (recuérdense las declaraciones de Ricardo Balbín acerca de la “guerrilla fabril”, o sean los miles de delegados y militantes sindicales antiburocráticos que gestaron la oleada de luchas que va del Córdobazo (mayo del 69) al Rodrigazo (julio de 1975) y que serían efectivamente masacrados por el Terrorismo de Estado); pero se optó por el camino de la ilegalidad y con ello se saboteó el derecho del Estado a juzgar los jefes guerrilleros tal cómo se había hecho en Italia o España…, lástima que Sábato olvidó mencionar las operaciones de la CIA encaminadas a impedir el acuerdo comunistas / demócrata cristianos en Italia y las acciones del G.A.P. (un grupo de tareas terrorista de Estado) amparado por el Partido Socialista Obrero Español.

Y termina Sábato su prologo con una reflexión que ha sido velada por el impacto emotivo del Nunca Más, pero que tiene su miga: Las grandes calamidades son siempre aleccionadoras,  sin duda el más terrible drama que en toda su historia sufrió la Nación durante el periodo que duró la dictadura militar iniciada en marzo de 1976 servirá para hacernos comprender que únicamente la democracia es capaz de preservar a un pueblo de semejante horror, que sólo ella puede mantener y salvar los sagrados y esenciales derechos de la criatura humana. Únicamente así podremos estar seguros de que NUNCA MÁS en nuestra patria se repetirán hechos que nos han hecho trágicamente famosos en el mundo civilizado. Es un discurso plenamente funcional al de Alfonsín de que con la democracia, la representativa, formal y restringida que es la única que admiten como posible, se resolverán todos los problemas; otra vez la idea implícita del relato liberal de nuestra historia: teníamos un destino de grandeza que fue interrupto por una manga de violentos de uno y otro signo, pero ahora que recuperamos la democracia, ya verán, nos decían.  Las teorías de los dos demonios y de la supuesta transición a la democracia eran la base de la propuesta de “reconciliación nacional” de Alfonsín, en aras de la cual había que posponer los reclamos sectoriales, incluido el de Verdad y Justicia para las víctimas del Terrorismo de Estado ya que las violaciones a los derechos humanos siempre estaban atrás, en la historia, nunca más en el presente que por reconocer el pasado se veía límpido y casto.

La historia, se sabe, fue un poco distinta a la imaginada por el progresismo radical: la claudicación de Semana Santa fue el preludio para la subordinación total al ideario neoliberal que necesitaba de un converso como Menem para ir a fondo y realizar, de una vez por todas, el proyecto de país por el que se cometió el acto represivo.  Siguiendo la lógica de Marx sobre la plusvalía, que solo se realiza cuando el bien es transado y con ello cobra valor de cambio, el Terrorismo de Estado debió esperar para su plena realización como proyecto social el retorno del peronismo al gobierno. Así cómo la plusvalía tiene un espacio de gestación, la producción, y otro de realización, la transacción mercantil, la fase neoliberal del capitalismo argentino tuvo un momento fundacional, el Golpe,  y otro de despliegue, el gobierno de Menem[5]

Esta es acaso la razón más poderosa para desmentir la operación cultural en curso que pretende para el peronismo, a secas, sin diferenciar entre los sectores populares combativos y revolucionarios, por cierto nunca hegemónicos en el movimiento, y los sectores de derecha y ultra derecha que auspiciaron la represión y armaron la Triple A casi dos años antes del golpe.  Se calcula que entre el 20 de junio de 1973, fecha de la Masacre de Ezeiza y el 24 de marzo de 1976   hubo entre 1.500 y 2.000 víctimas del secuestro con torturas, algunos de los cuales fueron seguidos de desaparición forzosa o muerte, para no citar la conformación de la Triple A en tiempos de Perón (y todo indica, bajo su orientación directa) o el decreto de Isabel / Lastiri ordenando el aniquilamiento de la subversión[6].

Sin embargo, a contrapelo de cualquier documentación histórica, asumido el gobierno por octava vez en sesenta y  dos años (tres veces Perón, una Cámpora, dos Menem, una Duhalde y ésta de Kirchner) el gobierno comenzó a construir una interpretación de la historia basada en el brulote de Alberto Fernández: “los muertos siempre los ponemos nosotros”, afirmación que viene del periodo menemista, y si entonces sirvió para justificar la “reconciliación obligatoria”  hoy se blande en pro de otra reconciliación, supuesto fruto de que “Las exigencias de verdad, justicia y memoria están hoy instaladas como demandas centrales de vastos sectores sociales. Como lo afirmaban las Madres de Plaza de Mayo ya bajo la dictadura militar, cuando planteaban los dilemas de la verdadera reconciliación nacional, “el silencio no será una respuesta ni el tiempo cerrará las heridas”[7].

Como cualquier operación de constitución de hegemonía, el nuevo Prologo del Nunca Más busca descalificar a los otros dos competidores históricos en el bloque de poder: el partido radical y el partido militar.  Contra éstos últimos blande el peso de la descalificación social sobre el Terrorismo de Estado, sobre los primeros descarga el desprestigio de la política de claudicación basada en la teoría de los Dos Demonios: ·Es preciso dejar claramente establecido -porque lo requiere la construcción del futuro sobre bases firmes- que es inaceptable pretender justificar el terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares, frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado que son irrenunciables. Por otra parte, el terrorismo de Estado fue desencadenado de manera masiva y sistemática por la Junta Militar a partir del 24 de marzo de 1976, cuando no existían desafíos estratégicos de seguridad para el statu quo, porque la guerrilla ya había sido derrotada militarmente. La dictadura se propuso imponer un sistema económico de tipo neoliberal y arrasar con las conquistas sociales de muchas décadas, que la resistencia popular impedía fueran conculcadas.·[8]

Préstese atención al cuidado que se pone para dejar fuera del Terrorismo de Estado al gobierno peronista de Perón / Isabel / López Rega / Lastiri así cómo se deja abierta la posibilidad de que otra podría ser la actitud si hubieran “desafíos estratégicos de seguridad”.  Pero el texto no se contenta con saldar cuentas con radicales y militares, también intenta apropiarse de la lucha popular contra la impunidad y aún más, instalar el precedente para la reconciliación que reclamaban las Madres: que el Estado asuma la agenda de derechos humanos.

El nuevo Prólogo empieza con una afirmación de peso, casi temeraria a nuestro modo de ver: Nuestro país está viviendo un momento histórico en el ámbito de los derechos humanos, treinta años después del golpe de Estado que instauró la más sangrienta dictadura militar de nuestra historia. Esta circunstancia excepcional es el resultado de la confluencia entre la decisión política del gobierno nacional, que ha hecho de los derechos humanos el pilar fundamental de las políticas públicas, y las inclaudicables exigencias de verdad, justicia y memoria mantenidas por nuestro pueblo a lo largo de las últimas tres décadas…” y continúa “…Por ello, recordar el pasado reciente con la reedición  del NUNCA MÁS este año del 30 Aniversario del golpe de Estado de 1976 tiene un significado particular cuando, a instancias del Poder Ejecutivo, el Congreso ha anulado las leyes de impunidad y una Corte Suprema renovada las ha declarado inconstitucionales y ha confirmado el carácter imprescriptible de los crímenes de lesa humanidad. Reafirmar el valor de la ética y de los derechos humanos en la profunda crisis heredada de la dictadura militar y de las políticas neoliberales no es una retórica declaración de principios en la Argentina posterior a los estallidos sociales de diciembre de 2001. Se trata de afianzar la ética de la responsabilidad en todos los órdenes de la actividad pública y la única manera de otorgar a las políticas públicas un contenido de justicia real y concreta. Hace dos años, el 24 de marzo de 2004, se firmó en el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) el Acuerdo para establecer el Espacio de la Memoria entre el Gobierno Nacional y el de la Ciudad Autónoma de  Buenos Aires, que puso fin de manera simbólica a cualquier intento de justificación de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el terrorismo de Estado.

El Dr. Carlos Zamorano, compañero de largas luchas en el espacio de los derechos humanos y asesor del bloque nacional de Izquierda Unida al momento de los debates parlamentarios que culminaron en la anulación de las leyes, y por ende protagonista y testigo privilegiado de los hechos, en una carta al Dr. Mattarollo, funcionario de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación que le había solicitado opinara sobre la disputa acerca de los Prólogos, luego de reconocer la pertinencia de un nuevo Prólogo, cuestión que La Nación del 19/05/06 había cuestionado, escribe lo siguiente…….”solamente debo expresar mi incoincidencia con la afirmación en el nuevo “Prólogo” que “el gobierno ha hecho de los derechos humanos el pilar fundamental”.  Recordaré aquí que tenemos 65.000 presos (que por las reformas de la “ola Blumberg” recepcionada por el Gobierno permanecerán mucho mayor tiempo en cautiverio draconicano), 2.000 casos de “gatillo fácil” con resultado fatal durante el periodo 1984/2006, alrededor de 5.000 resistentes afectados a procesos judiciales (sin apoyo gubernamental al proyecto de amnistía que está en Diputados), 200.000 personas viven en casas tomadas en Buenos Aires (aplicándoseles a muchísimas de ellas el Art. 181 del Código Penal por “usurpación”). Y  porqué no consignarlo: el 75% de los ingresos del Estado se deben a la recaudación por tributos indirectos al consumo (de los pobres) por lo que lucen flacos los bienes acopiados para aplicar a la realización de los derechos humanos impostergables….

Y prosigue…“Aquello de que “a instancias del Ejecutivo, el Congreso anuló las leyes de impunidad” tampoco me persuade, por cuanto en la audiencia que mantuvieron los Organismos de derechos humanos con el Presidente (03/06/2003) cuando se le solicitó que envíe un proyecto de anulación al Congreso, el Dr. Kirchner sostuvo que ello era tarea “de la Corte Suprema”.  En vísperas del 12/08/03, fecha de la anulación por Diputados, los Organismos sostuvieron una entrevista muy movida con el presidente de la Cámara, diputado Caamaño, anunciándole que traerían a la puerta 20.000 personas (y efectivamente cumplieron el día 12 de agosto), audiencia que correspondería reconstruir en detalle con los protagonistas si ambicionamos hacer la historia más aproximada, ya que lo del 20/08/03 (votación en el Senado) parecía una etapa irreversible. Lo que habría que reconstruir es el paso de los legisladores oficialistas desde su original teoría de la “inoponibilidad” de las excusas absolutorias, a la lisa y llana “nulidad” de las normas inconstitucionales, eslabón este último logrado por el impulso popular con una buena actitud del Gobierno, modificatoria de su anterior, en medio de la movilización de masas”.

La respuesta de Zamorano tiene la virtud de concentrarse en las dos cuestiones centrales en debate  hoy en el movimiento de derechos humanos: ¿cuál es la verdadera conducta del Gobierno Kirchner en cuanto a la lucha contra la impunidad, llamesmole histórica, de los Genocidas responsables del Terrorismo de Estado y cuánto de cierto hay en la afirmación de que “éste es un gobierno respetuoso de los derechos humanos”?

Veamos lo que dice sobre el primer punto, el compañero Carlos Slepoy, uno de los principales impulsores del Juicio de Madrid [9]Es el momento de pasar a una nueva etapa si no se quiere que el paso del tiempo, la atomización de los procesos, la carencia de medios, la distracción de muchos jueces y fiscales en otros múltiples asuntos, la resistencia o vacilación de otros muchos, la presión de genocidas e impunidores, hagan languidecer las causas y al final del camino nos encontremos con que, nuevamente, sólo unos pocos de los responsables son alcanzados por la acción de la Justicia. El Gobierno y los órganos rectores del Poder Judicial deben diseñar un sistema nacional de enjuiciamiento que concentre las causas y dote de medios y personal suficiente a los juzgados y tribunales que se designen para acometer este desafío histórico. Como en Nuremberg, deben existir jueces y fiscales con plena y exclusiva dedicación y los mismos deben ser intransigentes en la persecución del crimen. Todo juez y fiscal debe serlo en cualquier caso. Mucho más cuando se deben juzgar crímenes contra la humanidad. Total imparcialidad por tanto, y todas las garantías del Estado de Derecho en el juzgamiento de los presuntos criminales y en la aplicación de la ley, pero absoluta determinación en la investigación y penalización de quienes resulten culpables.” Y los números parecen darle la razón, si la Co:Na.Dep. acumuló unas 9.000 denuncias en 1984, y si la Fiscalía de la Causa 13, en que se enjuició a la Junta de Comandantes en Jefe que asumieron sucesivamente el Gobierno Militar, seleccionó unos 600 casos para presentar y el Jurado utilizó unos 70 para la sentencia condenatoria; si entre 1984 y 1987 se llegó a procesar unos 1.500  represores, la situación de nuestros días dista del panorama que pretende pintar la Secretaría de Derechos Humanos que machaconamente insiste en su consigna publicitaria: “Los delitos del terrorismo de Estado, son crímenes de Lesa Humanidad y por eso están siendo juzgados” al tiempo que se menean mediáticamente los pasos conquistados como graciosas concesiones de un gobierno que ha  terminado con la impunidad, solo hay dos juicios orales en desarrollo, el que se libra contra Echekolatz en La Plata y el que juzga a Simón en Comodoro Py,  unos quinientos  represores están encausados y solo doscientos cuatro de ellos[10] esperan que pase el tiempo necesario para reclamar la “libertad condicional” por falta de condena, en cómodas residencias familiares o sitios militares.  La estrategia defensiva aparece transparente: chicanear jurídicamente todo lo que se pueda, apelar y apelar para que pase el tiempo sin sentencia y puedan ampararse en el Pacto de San José de Costa Rica que establece un tiempo máximo de dos años para las prisiones preventivas (que pueden prolongarse un año más), apostando a que la Cámara de Casación siga ignorando el  carácter excepcional de los crímenes de lesa humanidad.

Por su parte, la compañera Hebe de Bonafini, entrevistada por el periodista Martín Piqué de Pagina 12, explica su adhesión al gobierno nacional, no en actos de gobierno sino en  “lo que dijo con respecto a nuestros hijos. Que eran sus compañeros. Para mi eso fue muy fuerte. Que el Presidente diga que nuestros hijos fueron sus compañeros es más fuerte que decir que nosotras somos sus madres. Fue mucho más reivindicativo”. Una vez más conviene destacar el derecho que tiene Bonafini a sentirse reconfortada por el reconocimiento presidencial, derecho que no convendría extenderlo a una supuesta representación de todos los familiares (“nuestros hijos”, dice Hebe como si  hablara en nombre de todas las madres y todos los padres de las víctimas), ni darle a todos sus dichos fuerza de verdad en virtud de sus méritos históricos.  Acaso el secreto del dilema del apoyo a Kirchner esté en la misma entrevista donde se despacha contra los piqueteros (“no estoy de acuerdo con que haya piquetes todos los días y a cada rato y cada cinco minutos. Nadie está de acuerdo con eso. La gente está molesta….”), contra la izquierda (“Salen a atacar al Presidente. Y es la izquierda que no saca votos….una izquierda que no saca votos no puede atacar todo el tiempo”) al tiempo que defiende a Kirchner (“es la primera vez que tengo la foto de un presidente argentino en mi despacho”) y aclara por qué (“Este presidente hizo cosas que no hizo nadie. El acto en la Escuela de Mecánica de la Armada.  Los acuerdos con Chávez como el de los buques” )

Ante el asombro, no disimulado, del cronista que le dice “Eso es sentido común, pero se supone que Ud. expresa otros sectores” Hebe confiesa “También tengo sentido común” acaso sin sospechar que el concepto es bastante más complejo que lo que el sentido común interpreta.  Por ejemplo, para el filosofo italiano Antonio Gramsci, “el sentido común es la concepción del mundo difundida en una época histórica en la masa popular”[11], concepción del mundo de los explotadores/dominadores (que en la Argentina son al tiempo los genocidas, los represores que gozan de la infinita impunidad contra la que tanto ha luchado la compañera Hebe) difundido en nociones sencillas de apariencia caótica y casual pero que expresan en la cotidianidad los valores culturales dominantes de un momento dado, un sentido común que en la tradición marxista se articula con el conformismo, con un sentido de la “normalidad” de lo que siempre fue; “normalidad” de los desaparecidos contra la que luchó Hebe en los duros días de la dictadura, “normalidad” del nosepuede castigar a los culpables del alfonsinismo contra la que luchó Hebe en los tristes días de la Semana Santa de 1987, “normalidad” de los indultos menemistas, de las privatizaciones y subordinación al FMI, planes de hambre y desocupación, contra los que también luchó Hebe y tantos otros.

¿No será justamente este lugar de la “normalidad” desde donde Hebe apoya al gobierno nacional?. ¿No será que a pesar de todo lo dicho y todo lo hecho, no ha podido salir de su lugar de “madre”.  Ella dice: más que lo que hizo, valoro lo que dijo de nuestros hijos.  Cómo si sus hijos, las víctimas del terrorismo de Estado, fueran de ella y no de todos; cómo si fueran una propiedad personal y no colectiva; cómo si el terrorismo de Estado se hubiera hecho para hacerle daño a ella y las otras víctimas directas y no para instalar un modelo de país que perjudicó/perjudica a todos los sectores populares y que en tanto siga vigente, siguen intactas las consecuencias del acto fundacional terrorista, es decir del golpe del ´76.

Estela Carlotto, de históricas diferencias con Hebe Bonafini, en los días de debate  por el acto del 24 de marzo, dijo algo más que ilustrativo del verdadero pensar de algunos familiares: “habiendo tantos días en el año para hablar del hambre y la desocupación, por qué tienen que hacerlo el 24 de marzo?” sugiriendo que en esa fecha sólo debiera hablarse del pasado y de las víctimas, y si fueran “víctimas inocentes” mejor.  Acaso no fuera tan casual que ambas coincidieran luego en participar de los “festejos” del 25 de Mayo, cómo si hubiera algo que festejar entre nosotros.  Es una de las limitaciones de la izquierda que tanto ellas critican: mirar la realidad desde el ombligo con lo que, se sabe, no se ve la realidad sino el ombligo, es decir lo que individualmente “me conviene” o aparenta convenirme porque en el caso de Hebe la supuesta amistad de Kirchner con su hijo de Bonafini no está al servicio de la lucha por hacer realidad los sueños del compañero/desaparecido/Bonafini, sino para legitimar los sueños de reelección del Presidente que más pagó de deuda externa al Fondo Monetario Internacional, del que ha continuado el “milagro” de hambrear y empobrecer a la mitad de los argentinos al tiempo que mantiene 26 mil millones de dólares en las reservas del Banco Central a la espera de seguir “honrando” la deuda externa.

Y no solo se violan los derechos humanos en un sentido social, examinemos un informe de noviembre de 2004 del Comité contra la Tortura, encargado de controlar el cumplimiento de la Convención contra la Tortura y otros tratos o Penas Crueles Inhumanas o Degradantes, sobre la Argentina.  En el inciso D. Motivos de preocupación dice “El  Comité expresa su preocupación por lo siguiente: a) Las numerosas alegaciones de tortura y malos tratos cometidas de manera generalizada y habitual por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, tanto en las provincias como en la Capital Federal; b) La desproporción entre el elevado numero de denuncias por actos de tortura y malos tratos y las mínimas condenas dictadas por dichas causas, así como los retrasos injustificables en la investigación de casos de tortura, todo a lo cual contribuye a la impunidad existente en esta materia; c) la práctica reiterada por parte de funcionarios judiciales de realizar una calificación errónea de los hechos, asimilando el delito de tortura a tipos penales de menor gravedad (por ejemplo, apremios ilegales), sancionados con penas inferiores, cuando en realidad merecerían la calificación de tortura…f) Los informes de arrestos y detenciones de niños por debajo de la edad de responsabilidad penal, la mayoría “niños de la calle”  y mendigos, en comisarías de policía donde llegan a estar detenidos, junto a adultos, y  sobre las supuestas torturas y malos tratos padecidos por éstos, que en algunos casos le produjeron la muerte; g) Las alegaciones de torturas y malos tratos que padecen otros grupos vulnerables, como por ejemplo los miembros de comunidades indígenas, minorías sexuales y mujeres; h) El hacinamiento y las malas condiciones materiales que prevalecen en lo establecimientos penitenciarios, en  particular, la falta de higiene, de alimentación adecuada y de cuidados médicos apropiados, que podrían equivaler  a tratos inhumanos y degradantes; i) El elevado número de presos en prisión preventiva, que en el sistema penitenciario bonaerense alcanza un 78%, según el Estado parte;…k) Las presuntas represalias, intimidaciones y amenazas recibidas por quienes denuncian actos de tortura y malos tratos… Solo se puede agregar a este cuadro de violaciones contemporáneas de los derechos humanos en su acepción “clásica” que en 2005 fue el primer año desde 1983 en que los muertos en las cárceles, luego de motines o acciones de represalia de grupos de presos contra otros, con la complicidad de las autoridades penales, superó a la muerte en las calles por gatillo fácil y que como marcaba Zamorano, el “efecto Blumberg” en las cárceles es un crecimiento explosivo de la población carcelaria.  Según el penalista Baigun[12] el endurecimiento de las penas no ha tenido ningún efecto disuasorio sobre los delincuentes y un efecto caótico en el Código Penal que cumple eficazmente el mandato de criminalizar la pobreza como lo muestran los datos económico/sociales de la población carcelaria bonaerense: En la Provincia hay casi 31.000 personas presas.25.000 duermen en 39 cárceles superpobladas y unas 5.800 en las comisarías, a pesar de que este año la Corte

Suprema de Justicia obligó a desalojarlas. Un dato que estremece: nueve de cada diez son pobres. Hace sólo 5 años, antes de que la llamada política de “mano dura” restringiera hasta la asfixia las excarcelaciones de las personas imputadas, había diez mil presos menos. Este salto geométrico tiene otras consecuencias: el 75 por ciento de los presos bonaerenses está procesado sin condena en primera instancia, es decir que la Justicia no determinó aún si son culpables del delito del que se los acusa. Y eso no es todo: según las últimas estadísticas difundidas por la Procuración General provincial, un 28 por ciento de las sentencias dictadas en relación a las personas detenidas son “absoluciones o sobreseimientos”. Es decir que tres de cada diez presos termina siendo declarado inocente. Cerca de 9.000 personas[13].El Comité contra la Tortura, de la ONU, completa su informe con una recomendación para “que el Estado parte adopte todas las medidas necesarias para impedir los actos de tortura y malos tratos que se cometen en el territorio de la Republica Argentina” y realiza veinte recomendaciones puntuales, la primera de ellas dice: “tome medidas enérgicas para eliminar la impunidad de los presuntos responsables de actos de tortura y malos tratos; realice investigaciones prontas, imparciales y exhaustivas; enjuicie y de ser el caso, condene a los autores de torturas y tratos inhumanos con penas adecuadas, indemnizando adecuadamente a las víctimas” y es que solo un 0,2% de los casos de tortura llega a la instancia de condena.

Hace muchos años, el compañero Tomás Borge, entonces Ministro del Interior del Gobierno revolucionario Sandnista de Nicaragua, reflexionaba que: “la condición fundamental para la existencia de la democracia es la independencia nacional. La dependencia origina la necesidad de la represión interna.  No hay pueblo que se resigne a la dependencia. La dependencia origina descontento, la dependencia es responsable de no solo de lesiones a la dignidad de un país, sino de la explotación de ese país. Para poder mantener la dependencia frente a un pueblo que no se resigna a ella, hay que crear mecanismos antidemocráticos. La falta de democracia es consustancial con la dependencia y la democracia es consustancial con la independencia”.

Por ello, el principal indicador que debería examinarse al reflexionar seriamente sobre la afirmación oficial de que los derechos humanos tienen centralidad en las políticas públicas, es el de la distribución de la riqueza y prestar más atención al Ministro de Economía que al Secretario de Derechos Humanos porque el mantenimiento de un patrón injusto del reparto de la riqueza, cada vez más injusto en verdad, confirma la continuidad de un modelo capitalista que consolida la pobreza y la exclusión social; es por eso que siguen siendo necesarios los Planes de asistencia a los desocupados y la formidable red de asistencialismo y clientelismo construida por un Partido Justicialista que corrompe todo lo que puede y reprime a lo que se le rebela.  Así el germen de la represión está siempre latente y los estallidos de furia, como el asesinato de Lucas Ivarrola en Moreno, no son más que la superficie de enormes icebergs que acechan en lo profundo de la sociedad o como dijo la Jueza Mirta Guarino: si los responsables del crimen actuaron “como un grupo de tareas” de los que funcionaban durante la dictadura militar…no basta con bajar cuadros o con

condenar los crímenes del pasado, hay que tomar medidas no sólo judiciales sino también sociales para defender el Estado de derecho en el que queremos vivir[14]”.

En todo caso, sólo nos resta decir que nadie puede defender lo que no tiene, y si el Nunca Más, ya sea en la versión alfonsinista o en la kirchnerista, pretenden llevar la mirada hacía atrás, para que no vuelvan a suceder hechos del pasado que no queremos que se repitan, nosotros preferimos convocar a conquistar lo que nunca hemos tenido, verdaderos derechos humanos para todos; es como parte de esa batalla liberadora, imprescindible para conquistar un futuro que no sea la mera repetición del presente trágico que sufrimos es  que necesitamos terminar con la impunidad histórica y la impunidad cotidiana y contemporanea.

La histórica tiene un carácter estructural y sistémico, y cómo un sombrío cordón negro recorre nuestra historia nacional desde el exterminio de los pueblos originarios por parte de una Conquista Española, que desde el principio contaba con la justificación cultural de la Inquisición y la presente, la de los culpables de la masacre de Cromañon, a la que se la quiere presentar como “catastrofe natural”, o la de los ejecutores del gatillo fácil y la pura represión política ordenada por los que vuelven a hablar de “excesos[15]”, como describió Kirchner las torturas a los pobladores de Las Heras, para justificar sus propias violaciones a los derechos humanos.

He aquí, al final de tantas vueltas, el destino de los gestos y los Prólogos, de las cooptaciones y las corrupciones, de los discursos y las lagrimas de cocodrilo por los compañeros desaparecidos: la simple y pura justificación de la continuidad del capitalismo argentino que seguirá violando derechos humanos hasta el final, hasta nuestra Segunda y Definitiva Independencia que será el comienzo de una nueva historia donde entonces sí el Nunca Más sea verdadero, un Nunca Más al hambre y la tortura, a la discriminación y la pobreza, a todas las formas de la explotación y de la dominación porque el verdadero Nunca Más será el Socialismo del siglo XXI..

José Ernesto Schulman,


[1] el Consenso de Buenos Aires se firmó en diciembre de 1997 entre algunos de los principales dirigentes del progresismo, que gustaban presentarse como nueva  o verdadera izquierda para diferenciarse de los jurasicos dogmáticos partidarios de Fidel y la Revolución Cubana; ellos eran: Marco Aurelio, luego asesor de Lula para el Mercosur; Jorge Castañeda, luego Canciller de Fox en México y el propio Chacho Alvarez.  Intentaba, igual que la Tercera Vía de los países centrales encontrar un punto equidistante entre un capitalismo bueno, el keynessiano, con Estado de Bienestar incluido; y el malo, neoliberal, con un Estado bobo y corrupto.  El fracaso de todos los participantes en la gestión gubernamental (primero en Argentina, luego en Brasil) no impidió que en octubre de 2003 se firmara con el mismo nombre un fastuoso acuerdo de intenciones entre Brasil y Argentina sobre el Mercosur que la mega crisis sufrida luego por el acuerdo, los volvió a dejar en ridículo

[2] su actual secretario privado, Parrili, fue el miembro informante del bloque menemista sobre la privatización de Y.P.F., y ahora funge de progresista!!!

[3] Andreas Huyssen. Resistencia a la memoria: los usos y abusos del olvido público, ponencia presentada al XXVII Congreso Brasilero de Ciencias de la Comunicación. agosto 2004

[4] Subjetividad del oprimido en Cuadernos de Cultura Nº2. En un panel que compartimos, Alfredo señaló que en mi libro “La parte o el todo. Un mapa para la historia de la lucha de clases”  había cambiado la cita por “decantado histórico”, error que aquí  subsano –así sea tardíamente- aunque releyendo sus texto, creo que el predicado histórico no le vendría mal a la definición ya que la constitución de la subjetividad sólo es entendible en su dimensión de proceso histórico, y no como resultado instantáneo de sucesos puntuales

[5] “en el mercado, decíamos, es donde se realiza la plusvalía –bajo la forma de “ganancia”- pero en la producción es donde se produce la plusvalía.  Eduardo Gruner. Estudio Introductorio a Las luchas de clases en Francia de Karl Marx. Editorial Luxemburg

[6] Sergio Bufano. Peronismo: victima o victimario? en La Ciudad Futura

[7] Prologo a la reedición Treinta Aniversario del Nunca Más

[8] idem

[9] Pagina 12 del 10 de abril de 2006, Juzgar el genocidio

[10] Pagina 12, 02/01/06

[11] Cuadernos de la Cárcel. Tomo III. Pag. 327

[12] Clarín, 11/11/04

[13] Clarín, 21/08/05

[14] Pagina 12,  29/06/0

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