La memoria y el olvido


Texto leído en un panel sobre la memoria convocado por la Catedra Libre de DDHH de la Fac. de Medicina de la UBA que dirige Adolfo Pérez Esquivel el 18 de octubre de 2008

Solo una cosa no existe y es el olvido escribió Jorge Luis Borges dando cuenta de una percepción bastante generalizada.  Lo que ocurrió se recuerda, y los hechos que conmocionan en el amor y el terror son memoria. No se olvidan.

Solo una cosa no existe y es el olvido.

La memoria pareciera entonces ser la norma y en todo caso el olvido la excepción.

Pues bien, yo quisiera comenzar planteando una relación más compleja entre el olvido y la memoria, al menos en el plano social.

La memoria y el olvido son construcciones sociales, históricas, y cada acción de construcción de memoria como cada operación del olvido se inscriben, lo sepan o no los actores, en un proyecto político, en un imaginario de futuro que siempre tiene en la base la perspectiva de clase, de pertenencia a un grupo social, nacional, étnico, religioso o de opción sexual.

Digo que no hay nada ingenuo ni inocente en el terreno de la disputa por la memoria y al menos en el caso del terrorismo de Estado en la Argentina, cada pedacito de memoria conquistada es el resultado de acciones de resistencia.  La memoria que tenemos es lo que salvamos de las sucesivas operaciones de olvido.  Y esa batalla no es pasado sino presente y sobre todo futuro.

Si la memoria es lo queda luego de las operaciones del olvido, la batalla por la memoria no es una batalla por el pasado sino por el futuro, porque quien puede significar y re significar el pasado, domina el presente y puede diseñar el futuro.

Si algún pañuelo blanco avala el pago de la deuda externa, no solo se legitima una acción política del presente, en ese mismo acto se está escribiendo de otro modo el pasado y condicionando el futuro.  ¿O es que alguno de los treinta mil compañeros fue victimizado para que su recuerdo legitime el pago de cerca de veinte mil millones de dólares en nombre de los derechos humanos?

Hoy se disputa qué memoria tendremos del Terrorismo de Estado, ¿se incluirán a las Tres A en las fuerzas represoras?, ¿se vinculará la remodelación del capitalismo con la tortura? ¿alguien dará cuenta de los oficiales del Comando Sur del Ejercito de los EE.UU. que adiestraban militares argentinos en la escuela de Panamá pero también en Vietnam y otros escenarios de la guerra fría?

Una de las peculiaridades del Genocidio de los 70, ya que nosotros sufrimos tres genocidios, contra los pueblos originarios en el siglo XVI, para organizar el estado nación capitalista a finales del siglo XIX y el último –y esto de último es un deseo y un desafío para todos nosotros-

digo, una de las peculiaridades del Genocidio de los 70 es que al tiempo que se perpetraba se construía el olvido.  Porque la derecha tenía memoria de la lucha histórica de nuestro pueblo por los presos políticos de la Ley de Residencia, la 4144 de 1902, de los de la dictadura del 30, de los presos de las huelgas salvajes bajo el primer gobierno de Perón, de los presos de la Fusiladora y del Plan Conintes, de los presos de la 17401 de represión al comunismo y de todas las luchas por los presos de Trelew y el Cordobazo, es que decidieron que esta vez no habría presos políticos, ni muertos, no habría colas de familiares en las cárceles ni entierros de los militantes populares.  Habría desaparecidos que es el modo de nombrar desde el olvido a la muerte.

Es que el OLVIDO se empezó a construir antes que la memoria.  Y si bien la memoria tuvo gestos fundacionales aún en esos días trágicos, y yo voy a mencionar sólo la Carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar y la inscripción en el sótano de la Esma del compañero Ernesto, conviene repasar la historia del olvido.

Los desaparecidos, la negación sistemática de los habeas corpus y la infamia de los que sabiendo negaban todo, como la jerarquía de la Iglesia y los dueños de Clarín y La Nación, y luego la auto amnistía.  Eso en dictadura.

Pero el OLVIDO  se siguió construyendo en democracia. Bahh, en democradura como dice Galeano con más precisión científica.  Primero, la construcción de la figura de las víctimas inocentes, o sea, la negación de la identidad política de las víctimas con lo cual también se borraba la historia de las luchas de los 70 y el sentido contrarrevolucionario del Terrorismo de Estado.  parece inocente hablar de víctimas inocentes pero no hay nada más perverso que robarle la identidad a los compañeros.

Dice Ernesto que cuando comprendió que o lo mataban o lo liberaban escribió en la pared su nombre y el de su cultura política.  El escribió pece como otros hubieran escrito Jotape o dibujado la estrella guevarista.  Hablar de víctimas inocentes es romper la última línea de resistencia de los presos, eso que llevaba a gritar La vida por Perón en la tortura o a escribir Pece en una pared de la Esma.

Y luego de la teoría de los dos demonios y las víctimas inocentes (claro que si hay víctimas demoniacas habrá otras inocentes, que cada cual se coloque en el espacio que prefiera, pero yo como ex preso político jamás aceptaré la ofensa de que estuve preso por no haber hecho nada, en todo caso ahora pienso que hubiera podido hacer más y mejor las cosas); luego vinieron las leyes de punto final, de olvido y los decretos de indulto.

Parecía que el olvido había triunfado.  Y es bueno recordar que las derrotas nuestras nunca son definitivas.

La memoria resistió los 90 porque había resistido desde el primer día.  Desde el primer torturado que gritó su identidad frente los asesinos.  Desde la carta de Rodolfo Walsh, esa que luego de pasar revista a todas las perversiones les dice  que la peor de las perversiones es el plan económico de Martínez de Hoz, digo la deuda externa, los bajos salarios, la concentración de la riqueza y la extranjerización de todo.

Fue en los 90, en medio de la más pesada derrota, esa que se sufre porque el enemigo logra ganar la mente y los corazones de los nuestros, del pueblo, de muchos militantes que se venden por cuatro monedas, que la MEMORIA recuperó la identidad de los compañeros y la dimensión política de la tragedia.  Así fue que se peleó contra Menem y la Alianza, y así se logró el reconocimiento social que creó las condiciones para reabrir los juicios y echar los marinos de la Esma.

Pero la pelea no terminó.

En estas semanas los defensores del Olvido duro, los que sueñan con el monumento a Videla, los que como Bussi piensan en la ingratitud de quienes ellos salvaron de la Revolución para que ahora los abandonen a su suerte o mala suerte.

Digo, en estos días arremeten con la causa Rucci y Larrabure, como modo de reinstalar la idea de la guerra sucia, de los dos demonios y arrancar sino la amnistía, el empantanamiento de los juicios para que todos mueran como Pinochet, acusados pero libres del castigo de la Justicia.

Y el problema es que la memoria tiene que librar varias batallas al mismo tiempo.  Contra la derecha dura que quiere el oropel para Videla pero también contra el “progresismo”  que lee el Nunca Más pero poniéndolo frente a sus ojos de modo tal que el digno libro prologado primero por Ernesto Sábato y después por Luis Duhalde les impide ver a Jorge Julio López.

Nos hablan del Nunca Más y no lo ven a Julio López.  No es paradójico?  López desapareció en el primer juicio donde se falló que hubo genocidio. O sea que se reconoció la verdad. O sea que la memoria se recuperó de tantos golpes, y en ese momento se comienza a construir el olvido de la nueva desaparición.  Que se perdió el viejito…..Que se fue a tomar té con la tía…..

Es que si algunos quieren negar el pasado, otros quieren negar el presente.  Algunos nos dicen que basta de revolver el pasado y otros nos quieren convencer que sólo se trata de mirar el pasado y de homenajear los desaparecidos de ayer pero sin nombrar a Julio López ni a los presos paraguayos en huelga de hambre, mientras cierran los oídos a la macarteada feroz de Aníbal Fernández en el caso del tren y cierran los ojos a la llamada Ley Antiterrorista que es el modo actual de la 17401 y la 20840.

Queremos una memoria compartida, que no mire al pasado sino que ilumine el presente.  No somos arqueólogos del terror ni antropólogos de la picana.

Acaso alguno de nosotros llevamos en el cuerpo las marcas del horror, pero nos negamos al mandato represor de que sigamos atemorizando.  Por eso la memoria compartida es memoria de las luchas y las construcciones populares.  del Gallego Soto y el Gringo Tosco.  del Roby santucho y el Negro Quieto. del obispo Angelelli y la abogada de la Liga Teresa Israel.

La memoria compartida es recordar que alguna vez nuestro pueblo pudo desafiar el poder y si pudo alguna vez, podrá otra vez.

Porque no derrotaron a la Cuba de Fidel (¿y cuántos de los nuestros cayeron con el grito de Patria o Muerte?) y por América Latina la memoria de los pueblos anda de fiesta con la revolución bolivariana de Venezuela, con la Bolivia que recupera quinientos años de lucha en un minuto, con el Ecuador que no deja de sorprendernos y con cada una de las luchas.

Los que se creían los dueños de la vida y la muerte están sorprendidos.  No entienden qué pasó

¿Cómo fue posible que los vencidos vencieran?, se preguntan.

Es que si hay una dignidad que el vencedor no conoce, y de vuelta cito a Borges, hay una sabiduría que solo los nobles de espíritu pueden acceder y que ellos jamás podrán entender.

La memoria es más larga que la traición.

Eso. La memoria, es más larga que la traición. Y por eso venceremos.

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