• Canción de cuna para despertar a un negrito de Nicolás Guillén.

    del Cancionero para Akira

    También viví en Cuba, unos seis meses en 1990.  En Cuba hay una inmensa cantidad de afro descendientes, aunque mejor sería decir que son descendientes de las y los esclavos que los españoles llevaron a la Isla para cultivar las plantaciones de azúcar y tabaco luego que se quedaran sin mano de obra por exterminio de los  pueblos originarios.  Aunque de  un modo mínimo pudimos acercarnos a esa cultura totalmente desconocida para los argentinos.

    El autor de este poema que se canta como canción de cuna era un cubano descendiente de esclavos negros, y para colmo era comunista.  Por eso, antes del triunfo de Fidel, Nicolás tuvo que vivir lejos de donde había nacido y crecido y algún tiempo vivió en Argentina donde mucha gente lo quiso.   Cuando Fidel, Camilo y el Che entraron a La Habana en un bonito jeep al frente de cientos de miles de cubanos, entre ellos miles de hijos de esclavos por generaciones, Nicolás estaba en Buenos Aires y desde aquí se fue a sostener la revolución que sería para ellas y ellos, las y los negritos de esta canción

    Dórmiti, mi nengre,
    mi nengre bonito…

    E. Ballagas

    Una paloma
    cantando pasa:
    —¡Upa, mi negro,
    que el sol abrasa!
    Ya nadie duerme,
    ni está en su casa;
    ni el cocodrilo,
    ni la yaguaza,
    ni la culebra,
    ni la torcaza…
    Coco, cacao,
    cacho, cachaza,
    ¡upa, mi negro,
    que el sol abrasa!

    Negrazo, venga
    con su negraza.
    ¡Aire con aire,
    que el sol abrasa!
    Mire la gente,
    llamando pasa;
    gente en la calle,
    gente en la plaza;
    ya nadie queda
    que esté en su casa…
    Coco, cacao,
    cacho, cachaza,
    ¡upa, mi negro,
    que el sol abrasa!

    Negrón, negrito,
    ciruela y pasa,
    salga y despierte,
    que el sol abrasa,
    diga despierto
    lo que le pasa…
    ¡Que muera el amo,
    muera en la brasa!
    Ya nadie duerme,
    ni está en su casa:
    ¡coco, cacao,
    cacho, cachaza,
    upa, mi negro,
    que el sol abrasa!

  • El niño de la estrella (una canción para Ernestito Guevara)

    del Cancionero para Akira

    Esta es una canción para un niño rosarino. 

    El niño Ernesto Guevara nació en Rosario, en un edificio que está en la esquina de la calle Entre Ríos y Urquiza. 

    Pero no creció allí, su familia vivía en Misiones y nació en Rosario en el viaje que hacían a la Capital Federal. 

    Luego se fueron a Córdoba, a un pueblo que se llama Alta Gracia y luego a la ciudad de Buenos Aires, donde estudiaba medicina y jugaba al rugby. 

    El niño Ernesto Guevara alcanzó, cuando adulto, la más alta estatura humana que un ser jamás haya alcanzado jamás entre nosotros. 

    Su apego incondicional al respeto de los valores en los que creía, su desprendimiento de los egoísmos y miradas mesquinas, lo terminaron convirtiendo en el Che, seguramente un tipo de ser humano que anticipa y prefigura lo que serán las mujeres y los hombres cuando desaparezcan instituciones tan absuradas como la esclavitud, la plusvalía, el Estado Opresor y las diferencias en contra de las mujeres, de los indios y negros, de los pobres  y discapacitados. 

    Cuando se cumpla la sencilla consigna de Todo para todos, es muy posible  que todos sean como el Che.

    Ojalá lo puedas vivir

    El niño Ernesto Guevara, como tiene su mantel

    quiere que todos lo tengan para que coman con él.

    El niño Ernesto Guevara, como tiene que estudiar

    quiere que todos estudien para aprender a mirar.

    Nadie le dice de «tú», todos le dicen de «che»

    pero miren que atrevido el no tratarlo de Usted,

    Al niño Ernesto Guevara, al que todos llaman «Che».

    El niño Ernesto Guevara es bueno como el que más,

    y no pierde su ternura aunque se vaya a enojar.

    ¡Qué niño tan aplicado cuando se pone a soñar…!

    sueña que todos trabajan y que tienen casa y pan.

    Nadie le dice de «tú», todos le dicen de «che»

    pero miren que atrevido, el no tratarlo de Usted

    al niño Ernesto Guevara, al que todos llaman «Che».

    El niño Ernesto Guevara a veces se pone mal,

    tiene tos y se levanta para volver a empezar.

    El piensa como otros niños que una Patria es un lugar,

    donde todos son felices jugando de igual a igual.

    ¿De dónde vino ese niño? Dicen que vino del sur

    con una estrella encendida para que se haga la luz.

    Nadie le dice Señor, como suele suceder,

    y al niño poco le importa que no lo traten de Usted.

    Prefiere ser «Che» Guevara,

    o ser simplemente el «Che».

    (2) Marita Londra – El niño de la estrella – YouTube

  • Canción (mapuche) para despertar a un niño

    del Cancionero para Akira

    Canción de cuna para dormir un niño

    Canción mapuche

    Akira vive en un país que llamamos Argentina

    Es un bello país, inmenso y con todos los paisajes

    Pero antes que vinieran los europeos en estos territorios

    Vivían otros pueblos que en su mayoría siguen viviendo

    Aunque pocos los vens

    Esta es una canción para dormir un niño mapuche

    Los mapuche (sin s) viven en el sur desde hace unos quince mil años

    Que es más o menos la mayor antigüedad de vida humana en nuestros territorios

    (También en la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy al norte, hay rastros culturales de quince mil años

    Cuando yo era chico nos decían que “por suerte” en la Argentina no hay indios

    Pero era mentira.  Hubo indios antes, durante y después de la Colonia Española.

    Y hay indios desde que se organizó la Republica que los ignoró y trató de hacer invisible

    Esta es una canción para que sepas que existen

    Y los busques.

    Cuando los encuentres, si la aprendiste, se las pondrás cantar…

    Version original

    Ngümay ta püñen may Ngümay ta püñen may

    Küpangün ngürü may Küpangün ngürü may

    Xapi ta püñen may

    Umawtumün ngürü may

    Xapi ta püñen may

    Umawtumün ngürü may

    Küpay ta ngürü may

    Umawtumün ngürü may Umawtumün püñen may

    Xapi ta püñen may Xapi ta püñen may

    Xapi ta püñen may Xapi ta püñen may

    Xapi ta püñen may

    Version con la fonética del español

    Gumayta puñén may, gumayta puñén may

    kupangue guru may, kupangue guru may

    tra pita puñén may,

    amutungué guru may

    tra pita puñén may,

    amutungué guru may

    kupaytá guru may,

    amutugué guru may ma

    umutungué puñén may,

    tra pita puñén may, tra pita puñén may,

    tra pita puñén may

    Lloran los niños Lloran los niños

    Vinieron los zorros Vinieron los zorros

    Los niños tienen miedo

    Duérmanse zorros

    Los niños tienen miedo

    Váyanse zorros

    Vinieron los zorros

    Duérmanse zorros

    Duérmanse niños

    Los niños tienen miedo Los niños tienen miedo

    Los niños tienen miedo Los niños tienen miedo

    Lloran los niños, lloran los niños

    vinieron los zorros, vinieron los zorros.

    duerma mi niño que los zorros ya se van

    váyanse zorros, váyanse… que los niños tienen miedo

    duerma mi niño que los zorros ya se van

    duerma mi niño que los zorros ya se van

  • Cartas y canciones para Akira                                        Número Uno: «Canción de cuna para despertar a un hijo»de Piero

    Cancionero para Akira.

    Piero letra y música 1974

    https://www.youtube.com/watch?v=WQaPeblCuIM

     

    Esta canción la aprendí en la Cárcel de Coronda, un pueblito costero, a mitad de camino entre Rosario y Santa Fe.  A esa cárcel llegué luego de estar desde el 13 de octubre hasta primeros días de diciembre en un lugar horrible, una comisaría de barrio transformada en un centro clandestino, y luego hasta primeros días de enero del 77 en otro depósito de presos políticos.  Antes nos habían puesto una bomba en la casa de tu bisabuela paterna y todo porque tu bisabuelo Mauricio nos inculcó desde muy niños que en la vida hay que defender la verdad, a los débiles y luchar siempre para que todas y todos tengan iguales derechos.  Tu bisabuelo, tu abuelo, tus dos tíos abuelos que se fueron antes que tu llegues, elegimos ser comunistas para luchar por esos principios y sufrimos, toda la vida, todo tipo de persecuciones pero también de reconocimientos, de experiencias de vida deslumbrantes y maravillosas que si tuviera mil veces que elegir, volvería a elegir esta vida y ninguna otra.

    Aunque Piero había escrito esta canción en 1974, cuando  yo tenía veintidós años; cuando llegué a la Cárcel de Coronda, Pabellón seis, celda individual pero habitada veintitrés horas por día por dos personas y no por una, yo ni sabía que existía, como sabía muy poco sobre cualquier música que no fuera el folklore y algo de los Beatles.  Como en la Cárcel no nos dejaban tener nada, ni libros, ni radio, ni televisión ni cine ni nada, para entretenernos y ejercitar la memoria memorizábamos canciones de modo tal que entre todos los presos de un pabellón podíamos guardar una discoteca completa.

    De la canción lo que más me gusta es cuando dice Yo sé que te esperan dolores y penas.  Que vivir es duro y se es feliz apenas. Pero con tu ayuda y la de otros más, Haremos que al fin se pueda respirar.

    Amén. 

    Que viene del hebreo y quiere decir así sea

    Canción de cuna para despertar a un hijo

    Te estoy esperando, no demores mucho
    Porque hay tantas cosas que hacer en el mundo
    Despierte mi niño, despierte mi Sol
    Despierte pedazo de mi corazón

    Yo sé que te esperan dolores y penas
    Que vivir es duro y se es feliz apenas
    Pero con tu ayuda y la de otros más
    Haremos que al fin se pueda respirar

    Te tengo guardado en un cajón la risa
    En otro, ternura y en otro caricias
    Y uno está vacío para que después
    Lo llene la dicha de verte nacer

    Asómate al mundo y empezá a crecer
    Porque ya no hay mucho tiempo que perder
    Despierte mi niño, despierte mi Sol
    Despierte pedazo de mi corazón

  • Romance para la niña mala, una canción cubana para el Cancionero de Akira

    Este es un cancionero para mi nieta Akira Sofía. Son canciones para la infancia que siempre me han gustado, algunas se las canté a su padre Javier , a su tío Ernesto o a su tía Mariana; pero a todas le he escrito una presentación para que cuando Akira aprenda a leer no solo aprenda canciones sino también algo sobre su abuelo, su familia paterna y nuestra historia como pueblo.

    Cancionero para Akira

    Esta es una canción sobre una niña cubana que vivía hace unos ochenta años.   Digamos casi que cuando yo estaba por nacer. Como Akira ahora.

    La canta un cubano Pedro Ferrer y la escribió su tío a mediados de los cuarenta del siglo pasado

    Cuba es una isla con forma de caimán y los caimanes son unos animalitos muy bonitos, como unos sapos largos y con una larga cola.

    En esos años Cuba estaba todavía esperando que “la justicia rompa su marcha en el pueblo” y había mucha pero mucha gente pobre que vivía de cortar una caña de la que saca el azúcar, pero entre los pobres, los más pobres eran los negros, y entre los negros, las mujeres y entre las mujeres, las más débiles eran las niñas.

    Y la niña de esta canción, a la que muchos le decían que era mala era la única que jugaba con la única niña negra que había en el curso de la escuela.  A veces la llama Luisa, a veces la llama hermana.

    En la canción hay algunas palabras cubanas como guardarraya, que es un caminito en un cañaveral (de azúcar) que separa propiedades y campos, habla de una fruta muy dulce que es la guayaba con la que se hace un dulce como de membrillo y se nombra a Martí que es como San Martín para nosotros, y acaso un poquito más.

    Martí predicaba mucho la ética del afecto, de la bondad, de hacer bien a las y los amigos. Y por eso la canción termina con algo parecido a

    Cuando se premie el cariño y los deberes del alma

    Cuando se entienda la risa y se le cante a la gracia

    Cuando la justicia rompa entre mi pueblo su marcha

    Y el tierno botón de un niño

    Sea una flor y una esperanza

    Habrá que  poner al pecho de mi niña una medalla

    Y una medalla como esa es la única que hay que buscar en la vida.  Todas las demás son máscaras de mala gente, y nosotros no somos eso.

    Un vecino del ingenio
    Dice que Dorita es mala
    Para probarlo me cuenta
    Que es arisca y malcriada
    Y que cien veces al día
    Todo el batey la regaña.

    Que a la hija de un colono
    Le dio ayer una pedrada
    Y que a la del mayoral
    Le puso roja la cara
    Quien sabe por qué razones
    Por nosotros ignoradas.

    Que si la visten de limpio
    Al poco rato su bata
    O está sucia o está rota,
    Que anda siempre despeinada
    Que no estudia la lección
    Y nunca sabe la tabla.

    Que el sábado y el domingo
    Se pierde en las guardarrayas
    Persiguiendo tomeguines
    O recogiendo guayabas.

    Y yo pregunto, vecino
    Vecino de mala entraña
    ¿Quién puede decir que sea
    Por esto mi niña mala?
    Si hubieras visto lo íntimo
    De su vida y de su alma
    Como lo ha visto el maestro
    Qué diferente pensaras.

    Verdad que siempre está ausente
    Pero si viene no falta
    Entre sus manitas breves
    Un ramo de rosas blancas
    Para poner al Martí
    Que tengo en mitad del aula.

    Con quien no tenga merienda
    Parte a gusto su naranja,
    Si cantamos al salir
    Se oye su voz la más alta
    Su voz que es limpia y alegre
    Como arpegio de guitarra.

    Y cuando explico aritmética
    Le parece tan abstracta
    Que de flores y banderas
    Me llena toda la página.

    Y prefiere en los recreos
    Cuando juegan a las casas
    Jugar con Luisa, la única
    Niña negra de mi aula.
    A veces le llama Luisa,
    A veces le dice hermana.

    Y cuentan los que la vieron
    Que en aquella tarde amarga
    En que no vino el maestro
    Era la que más lloraba.

    Cuando se premie el cariño
    Y lo rebelde del alma
    Cuando se entienda la risa
    Y se le cante a la gracia
    Cuando la injusticia rompa
    Entre mi pueblo su marcha
    Y el tierno botón de un niño
    Sea una flor en la esperanza
    Habrá que ponerle al pecho
    De mi niña una medalla
    Aunque el batey malicioso
    Me le dé tan mala fama
    Y tú, mi pobre vecino,
    No entiendas una palabra.

  • Un viaje al corazón del pueblo mapuche

    (en la Patagonia Argentina)

    ]


     

    No es este un texto teórico sino un intento de volcar los sentimientos que despertó en nosotros visitar a la dirección del Parlamento Mapuche de la Provincia de Río Negro (Fernanda Neculman Torres y Orlando Carriqueo), ser recibidos en la comunidad de Isabel Huala y conocer algunos de sus integrantes, visitar en su lugar de encierro a las tres presas políticas mapuches que quedan en Bariloche (Celeste Huenumil, la cuarta, está en prisión domiciliaria en Carmen de Patagones): la Machi Betiana Colhuan, Romina Rosas y Luciana Jaramillo para luego acercarnos a El Bolsón donde nos encontramos con Romina  y sus compañeros de la Comunidad de Quemquentreu (donde en noviembre de 2021 asesinaron a Elías Garay, crimen por el cual –con el auspicio de la abogada de la Liga , Andrea Reile- se ha logrado una primera condena para luego ser recibidos por Soraya Maicoño y conocer su familia recorriendo una zona que sus antepasados habitan desde hace por lo menos cinco mil años.   También participamos en una reunión de autoridades de la comunidad con el Director de parques nacionales de Bariloche, Horacio Paradella, entre otras estuvieron allí María Nahuel (la mamá de la machi), Isabel Huala y Mauro Millán en la que se agendó la fecha para inspeccionar los terrenos en el Lago Guillelmo que intervendrían en el acuerdo en construcción que cerraría el conflicto de larga data entre Parques Nacionales y la comunidad mapuche.

    Desde la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado el primero de agosto de 2017, la causa del pueblo mapuche atrajo la atención de más y más sectores populares y de los defensores de los derechos humanos en particular.  Desde entonces pensé en una gira como esta, ir hasta donde ellos viven, escucharlas y escucharlos, verlos en sus contextos, donde ellos quieren construir sus proyectos de vida.  Algo de eso pude hacer en este recorrido de siete días junto con Marta Remón y Fernando Rule, de Mendoza, y asistidos todo el tiempo por Andrea de la Liga Patagónica.

    “No digas que sos mapuche, te van a matar”.  Mensaje de una mujer a Isabel Huala en medio de una marcha.

    Si bien los pueblos mapuche/tehuelche habitan los territorios que hoy son Argentina y Chile, sobre todo de este lado de la cordillería, la identidad, la cultura, la lengua, sus derechos fueron aplastados por sucesivos actos genocidas y la prolongación cultural en el plano de la subjetividad y la identidad.  Desde hace años sostenemos que los pueblos originarios sufrieron tres genocidios sucesivos: el primero, el de la Conquista Europea, invasión militar estatal de los reinos de España y Portugal; luego, casi al fin del dominio colonial clásico se produjeron tres operaciones genocidas contra el pueblo guaraní, masacrado en la bautizada Guerra de la Triple Alianza por los nuevos estados “independientes”, la destrucción del Gran Chaco en su dimensión humana pero también vegetal y animal y la más conocida como la Conquista del Desierto, la batalla final contra los pueblos al sur del Río Colorado, hostigados y asesinados por años.  Por ello el actual movimiento es un  movimiento joven, de rebeldía y resistencia a siglos de sometimiento y como todo movimiento joven tiene los atributos de la fuerza y la limitación de estar ensayando modos eficaces de conquistar sus derechos, entre ellos, el tan elemental de hablar su lengua y vestir sus vestidos.  Y de tomar decisiones familiares nada fáciles: asistir o no asistir al sistema educativo formal que tratará de borrar su incipiente identidad pero es imprescindible para avanzar culturalmente.  En la misma casa de Isabel, su hija por ahora no va al secundario y una de sus nueras estudia por internet un curso universitario de gestión cultural que la pone en contacto con las doctrinas anticoloniales y otras formas del pensamiento crítico.

    La cuestión de la educación fue uno de los temas más abordados con Fernanda y Orlando, del Parlamento Mapuche de Río Negro, provincia donde hay una ley de educación bilingüe desde el 2012 y se considera un derecho exigible desde el 2006; sin embargo en toda la provincia hay un puñado de escuelas que se pueden contar con las dos manos. Una vez más, la democracia liberal es “campeona” en proclamar y reconocer derechos que no cumple, y como nos enseñó Eduardo Barcesat, un derecho no cumplido ni siquiera es una promesa, no es nada.  Sin exagerar para nada en la hipocresía del estado provincial, en ningún momento se piensa la educación bilingüe para toda la población (que los hispano parlantes aprenda mapusugun y que los niños mapuche dominen las dos lenguas que van a necesitar en su vida, la propia, el mapusugun y la del estado argentino, el castellano); no hay ningún instituto oficial que sistematice las experiencias pedagógicas de la enseñanza del mapusugun y mucho menos una política de prestigio de la profesión de enseñar esa lengua y la cultura mapuche. 

    Como en la cuestión de las tierras ancestrales (recordar la reforma de 1994 que reconocía sin ambages el derecho de los pueblos a esas tierras, las y los  mapuches sienten que casi todo es mentira, engaño, doble discurso, desprecio, subestimación y odio racial.

    El encierro de las cuatro mujeres mapuche y la persecución a los compañeros que prefirieron mantenerse libres y no entregarse a una justicia de clase y xenófoba, es acaso la prueba más contundente.  Reconocidas como presas arbitrarias por el Presidente de la Nación, siguen encerradas en una sola casa con sus niños, en condiciones cada vez más precarias, a la espera de la firma de un acuerdo que se viene gestionando desde principios de año y donde cada paso ha sido consecuencia de su voluntad generosa y su infinita paciencia transformadora.

    Pero sobre todo eso hablaremos en la próxima nota

  • La aparición de un tarro de dulce de leche en el CCDYT La Cuarta de Santa Fe nada menos que en octubre de 1977

    Mi papá se fue a vivir a Santa Fe en 1944.

    Después de aquel primer trabajo en los frigoríficos de Berisso, tuvo que andar un tiempo en la Patagonia para escapar de la policía que lo buscaba por un “carnero”, al que “alguien” le había roto la cabeza, con una llave inglesa, durante la huelga de 1934.

    Cuando volvió a Buenos Aires, mi padre trabajó para un tío que tenía una fábrica de válvulas de radio cuyo nombre, B y E, aludía a sus presuntas propiedades. El secreto del nombre era muy simple: buenas y económicas.

    Como obrero de esa empresa participó en la fundación de la primera organización sindical de los metalúrgicos, pero luego de una huelga derrotada, su tío le ofreció trabajo en una nueva empresa en Rosario: un negocio de venta de productos de elec­tricidad y radio.

    Estuvo un tiempo en Rosario, allí conoció a mi mamá, y cuando le propusieron encabezar una sucursal de la empresa en Santa Fe, se casaron y allí fueron.

    Compraron una casa frente al Mercado de Abasto, en Primera Junta y Boulevard Zavalla, en lo que entonces eran las afueras de la ciudad, casa que consiguió muy barata por dos razones. La primera, obviamente, era su ubicación: el Mercado de Abasto en aquella época era el lugar donde llegaban los quinteros de la zona. Y llegaban con carros a tracción a sangre y eso quería decir bosta, meada de caballos, ruido y mugre todo el día.

    Y toda la noche, porque el mercado abría a las cuatro de la madrugada y los caballos, digo los carros, llegaban a media noche o un poco más tarde. Dependía de qué zona de quintas vinieran.

    La otra razón era la más comentada por mi papá: el dueño anterior la había perdido jugando a las cartas, y para mi viejo, moral proletaria y bolchevique, el hecho de que alguien se jugara la casa a las cartas era sencillamente incomprensible.

    Pero la casa tenía algunas ventajas muy apreciadas por noso­tros; era muy grande, tenía muchas habitaciones y un fondo muy amplio con árboles frutales y todo. Había hasta un olivo, que soportaba nuestras subidas a la siesta y también una vid que daba una uvita chiquita y no muy dulce pero que en verano comíamos con ganas. Cuando vino mi abuelo de Lituania, puso un gallinero en el fondo y el lugar se convirtió casi en una quinta.

    El fondo daba a otra casa, y de la otra casa se pasaba a los fon­dos de una comisaría: la seccional Sexta que, en los setenta, pasó a llamarse la Cuarta. Frente a la Cuarta estaba la escuela Vicente López y Planes, la número Cinco como le decíamos nosotros, la escuela a la que fuimos los tres hermanos.

    Todos en turno mañana porque a la tarde teníamos que ir al Shule, la otra escuela para la familia. El Shule era una escuela de la colectividad judeo progresista, donde supuestamente estudiábamos el ídish, pero que en realidad funcionaba como un club de juegos y descubrimientos de un montón de cosas que en la escuela oficial no teníamos: la ciencia, los nazis, la historia europea, la revolución rusa, los adelantos científicos, el teatro, el cine, club, los amigos.

    La Escuela Popular Israelita I. L. Peretz era en realidad nuestra segunda casa, una especie de familia grandota que nos cobijaba y en el seno de la cual teníamos una intensa vida social. Y una forma­ción política nada despreciable. Seguro que no fue por casualidad que más de sesenta compañeros del movimiento judeo progresista argentino pasaron por las cárceles y campos de la dictadura. Y un puñado de ellos quedó desaparecido.

    A la vuelta de la casa vivía un músico profesional, un bando­neonista bastante bueno, que practicaba casi todas las tardes una música que nosotros escuchábamos en silencio desde el fondo de nuestra casa, en un alto de nuestros juegos de cowboys o de Tarzán.

    He tenido que dar este largo rodeo para que se entienda por qué en la mañana del 13 de octubre de 1976, después de dormir mi primera noche de preso en el suelo, ya que en la celda no había absolutamente nada más que nosotros mismos, los sonidos fueron como un mapa que me fueron llevando de la mano hasta saber exactamente dónde estaba.

    A la mañana, temprano, la campanada de entrada a clases y después, al medio día, la de salida del turno mañana de la escuela López y Planes. Después de comer, la entrada del turno tarde y a la hora de la merienda, la de la salida. Y aquella campanada era inconfundible para nosotros, sonaba distinta a todas.

    A media mañana, el sonido del bandoneón y luego los ruidos de los preparativos para almorzar en las casas de los vecinos.

    Todo me era particularmente familiar y cuando vi a aquel agente retacón, ya viejo y gordito, que era el mismo que nos corría cuando jugábamos a la pelota en la calle, y que más de una vez me había llevado de las orejas a mi casa, ya no dudé más.

    Estaba en la Cuarta, a los fondos de la casa donde había vivido toda mi vida hasta el 24 de marzo de 1976.

    Claro que era otra Cuarta, bastante distinta a la que yo había conocido en mi infancia.

    En los años del Terrorismo de Estado, la seccional Cuarta de la policía provincial, ubicada en la ochava de Boulevard Zavalla y Tucumán, fue uno de los lugares donde los grupos de tareas depositaban su caza diaria.

    Allí llegaban los que como yo habían sido detenidos en alla­namientos, o los levantados de una esquina, o los arrancados de sus lugares de trabajo o estudio. O los atrapados en un enfrenta­miento.

    En la Cuarta estuve unos sesenta días, que me parecieron una eternidad.

    Llegué allí el 13 de octubre de 1976, así que el primer 17 de octubre bajo la dictadura, lo pasé tras las rejas. Ahora, la fecha puede parecer inofensiva o intrascendente; pero por aquellos años cada aniversario era una jornada de lucha para los sectores más combativos y de izquierda del peronismo.

    Ese día conocí al comisario de la Cuarta, luego intendente pe­ronista de un pueblito cercano a Santa Fe, San José del Rincón.

    Yo estaba sentado con la espalda contra la reja que daba al patio cuando cayó el hombre, con uniforme resplandeciente y enormes botas recién lustradas. Se había preparado para celebrar el día como corresponde.

    Verdugueó primero a las chicas que estaban en las “tumbas” de los calabozos laterales, y luego se vino a charlar a nuestra celda, que era más grande y daba al patio central de la comisaría.

    Se hizo el interesado en el estado de salud, y nos preguntó si nos faltaba algo que él pudiera resolver, que para eso estaba allí.

    Pero venía por otra cosa.

    Con la mayor ingenuidad, un flaco de Reconquista, le preguntó si había ocurrido algún hecho relacionado con el 17 de octubre, y el comisario aprovechó para tirarnos un discurso triunfalista: que todo había terminado para nosotros, que nos fuéramos preparando para adaptarnos al nuevo país, o sino, desaparecer.

    Y pisando fuerte cerca de las rejas con sus botas relucientes, dijo algo que no olvidé a pesar de los años:

    Le hemos puesto la bota en la nuca, y no se la vamos a aflojar hasta que no se rindan incondicionalmente, hasta que nos pidan por favor colaborar con nosotros.

    Mario José Facino, luego intendente de Rincón, electo por dos veces en las listas del Partido Justicialista era, por aquellos oscuros días, el jefe de la seccional Cuarta, convertida en un campo de detención ilegal, de concentración y tortura a los presos políticos. Un caso paradigmático del verdadero sentido de la democracia representativa pactada entre los militares y los políticos de los grandes partidos que heredaron la dictadura y la continuaron –al menos en lo esencial del proyecto que la inspiró– hasta hoy.

    Mario José Facino, responsable de un antro de perversión.

    Allí se comía una sola vez al día: un plato de sopa, a veces con fideos; o un plato de guiso, a veces con carne. Ahora me causa gracia pero los hijos de puta nunca se equivocaban: cuando había sopa, daban tenedor, cuando había carne –y era bastante dura–, daban cuchara.

    Sin embargo no tengo, como tienen otros compañeros que pasaron por la misma experiencia, recuerdos de hambre en la Cuarta. Tengo sí con las comidas de allí, dos o tres recuerdos bastante fuertes.

    Uno es de un domingo, creo que el último domingo de octubre del 76, en que los canas empezaron a hacer desde temprano un asado de carpincho.

    Una de las pocas cosas que hacían con gusto era cocinar, y comer, y tomar vino por supuesto. Me rectifico, lo que más les gustaba era mortificarnos, torturarnos psicológicamente, en paté­tico ejercicio de la pequeña cuota de poder que la patota les había entregado sobre nosotros. Los señores de la vida y de la muerte eran así. No sólo podían matarnos cuando se les cantaba, también podían entregarnos a otros por un ratito, o para siempre.

    Los agentes eran los mismos que antes del golpe de Estado, y casi todos se prendían al juego de “gastarnos”, amenazarnos, hacernos pequeñas maldades como la de aquel domingo. Había otros que eran distintos; poquitos, pero que vale la pena rescatar, y lo haremos en su momento.

    Primero comieron ellos hasta cansarse. El carpincho era bas­tante grande y habían preparado también una ensalada de porotos con picante. Cuando nos ofrecieron comida no lo podíamos creer. Hasta sal y pimienta tenía la ensalada, y buen condimento el car­pincho. Para cada uno un plato y un tenedor. Parecía una fiesta y nos creímos el cuento de que al menos un día podíamos comer bien, total los de la patota no se iban a enterar.

    Como ya dije, en la celda no había nada, y para tomar agua o ir al baño había que pedir a los agentes que nos sacaran de la celda o nos trajeran agua. Por lo común, era una verdugueada chiquita: una hora de espera, o a veces menos, y te sacaban al baño.

    Salvo que estuviera la patota; en ese caso tampoco nadie hacía el menor gesto que te pudiera poner de relieve.

    No dudes, lector, que vos también hubieras preferido mearte encima a exponerte a que te vieran los de la patota.

    Así que apenas terminamos de comer empezamos a pedir agua y que nos llevaran al baño. No nos sacaban desde que nos habíamos despertado, y eso que nos despertábamos bien temprano, con la luz, a eso de las seis o seis y media de la mañana.

    La sed nos empezó a torturar y nos dimos cuenta de la razón de tanta generosidad. Los hijos de puta nos habían dado comida salada para luego no dejarnos tomar agua por horas, y que nos cagáramos de sed. Con las horas la boca nos quemaba y los labios se iban secando.

    La sensación de sed es más desesperante que la de hambre, que al fin de cuentas al cabo de algunas horas empieza a aflojar hasta desaparecer. La sed iba en aumento, cada vez era más ho­rrible. Nos tuvieron así hasta el cambio de guardia a las ocho de la noche, cuando los tipos de la guardia nocturna, sin saber nada, simplemente nos sacaron al baño antes de dormir.

    Los hijos de puta se fueron tranquilamente, como quien ha cometido una pequeña hazaña. Seguro que se sentían de lo más vivos. Y lo más escalofriante es que no creo que nadie les haya dado la idea, se les había ocurrido a ellos solitos.

    Por entonces, todavía no había leído a Foucault y su teoría del micro poder, pero la primera vez que lo hice, instantáneamente, me acordé de aquellos pequeños y crueles miserables que abusaban de nosotros con patética crueldad.

    Ahora los puedo imaginar: salen en grupo de la Cuarta, rién­dose de su hazaña para volver a sus pobres hogares y a sus vidas vacías después de actuar como poderosos señores con los presos políticos allí encerrados.

    Creen que es su minuto de fortaleza, ni siquiera se dan cuenta que aunque espontáneo y secreto, el procedimiento ha sido previsto –y estimulado por todos los medios posibles– por los verdaderos dueños del poder.

    Y que no eran más que insignificantes piezas de un mecanismo de dominación del que, ellos, sí que no podrían salir nunca.

    El otro recuerdo es aún más sórdido.

    A los pocos días de llegar a la Cuarta, trajeron a una compa­ñera.

    En realidad no la vimos hasta unas horas después, porque cuando la patota traía a algún secuestrado nuevo, nos obligaban a voltearnos contra la pared, con la amenaza de que el que mira es boleta.

    A la muchacha la pusieron en una “tumba” de las del costado, a la derecha de nuestra celda grande, que daba al patio. En aque­llos días no supe cómo se llamaba y por años traté de averiguar quién era aquella mujer. Sólo hace muy poco conocí su nombre por una investigación de un periodista santafesino, publicada en Rosario/12. Se llamaba Alicia López de Rodríguez, era del norte de la provincia, compañera de un dirigente de las Ligas Agrarias. Aún continúa desaparecida.

    Lo que sí recordaba era que ella sufría de diabetes, como mi papá. Y que por eso necesitaba comer cada tres horas, y que como recibía la misma comida que nosotros (es decir una ración cada veinticuatro horas), caía desmayada en su celda, y las com­pañeras vecinas comenzaban a gritar pidiendo a la guardia que la reanimasen. Cuando eso ocurría, toda la población de presos y presas actuaba al unísono reclamando que le dieran de comer, y pedían a los guardias que le acercaran uno de los bocados que los prisioneros habían guardado para ella. Sufrió Alicia varios días esa tortura extrema de agonizar y revivir constantemente, hasta que la vinieron a buscar. Y no regresó más.

    El momento en que la patota venía a buscar a algún compañero era muy fuerte. Muy denso.

    La patota desplegaba toda su parafernalia. Los mismos guar­dias se asustaban, y cuando ellos llegaban no hacía falta verlos, se notaba enseguida por el modo en que los locales se movían y hasta cambiaban el trato con nosotros, eliminando hasta la menor partícula de humanismo que se les hubiera colado contra su volun­tad. Los tipos realizaban un verdadero ritual de muerte: nos ponían contra la pared y al que tocaban el hombro se tenía que dar vuelta e ir con ellos. Y si lo llevaban sin capucha se sabía que era a la muerte, porque el que los veía cara a cara no podía sobrevivir.

    El momento era horrible por muchas razones, una de las ma­yores era que cada uno aguardaba en silencio que la muerte no le tocara el hombro, y no se podía disimular el alivio que se llevaran a otro. Pero el alivio duraba un segundo.

    Cuando la patota se iba, el silencio se iba haciendo cada vez más pesado, hasta que se notaba en los huevos. Ese silencio era tan intenso que lentamente nos íbamos dando vuelta para descubrir quién era el que ya no estaba. La pena por el compañero perdido era formidable. Empezábamos a hablarnos, buscando convencer­nos de que a lo mejor esa vez sería distinto y el compañero o la compañera iba a volver, o que a lo mejor la encontraríamos en la guardia o en la cárcel. Pero todos sabíamos que eran fantasías. Que si te llevaba la patota sin capucha, no volvías. Que era el fin.

    El tercer recuerdo que relaciona la comida con aquel encierro es un poco más grato. Un día cayó preso un muchacho que resultó ser odontólogo. La patota había caído en la casa equivocada. Él había alquilado un departamentito hacía muy poco y los Servicios tenían fichado que en ese lugar vivía algún militante o colaborador de un partido de izquierda.

    Cayeron, se dieron cuenta de que el que buscaban se les había escapado, y de rabia nomás trajeron a este hombre, que no sabía muy bien de qué se trataba todo aquello. Era una buena persona, enseguida comprendió en su verdadera magnitud y significado lo que sucedía. Y trató de comportarse en la Cuarta con la mayor dignidad.

    Salió rápido. En 1979 acudí a él para que atendiera gratis a un compañero de la Fede; se puso a disposición nuestra, a pesar de que ya era muy consciente en que líos se metía.

    Como estaba “legal”, le permitieron recibir comida y lo pri­mero que le llegó fue una lata de dulce de leche, que compartió con todos nosotros. Era una de esas latas de exportación Marimyl con un producto extraordinariamente bueno, o será que la alegría de volver a comer algo normal le dio esa dimensión.

    ¿O habrá sido porque aquella lata de dulce de leche fue una de las primeras cosas que pudimos compartir entre los presos, aparte del aliento que nos dábamos para no aflojar?

     

    del libro “Los laberintos de la memoria”, primera edición del 2002, cuya tercera edición se puede bajar del blog Crónicas del Nuevo Siglo

  • Nunca más el silencio.  Sobre un cuadro de Carlos Alonso y la cancelación que práctica el progresismo berreta .

    1. Carlos Alonso es acaso el artista plástico más importante de la Argentina. De hoy y de toda la historia. Carlos Alonso fue afiliado y militante comunista. En 1977 desaparecieron su hija Paloma de 21 años. Antes había pintado al Che. En 1979 pintaria el horror como ninguno.  La dictadura practico toda forma de terror para silenciar una generación.  Hoy el Imperio practica formas aún más perversas.   A los dirigentes populares los pinta como ladrones (corruptos en el lenguaje mediático).   Pero no solo.  Con su poder mediático construye imágenes falsas con fotos verdaderas.   Es contradictorio que muchos hablen de Lawfare pero se suman a las operaciones de exterminio político.  Al que le quepa el sayo que se lo ponga.
  • Una mirada desde el Sur profundo: la guerra por Ucrania y nuestras guerras

    Un amigo italiano, estudiamos juntos en Moscú en 1970, me pide desde hace unas semanas una opinión sobre la guerra que desde hace un año azota el centro de Europa, nada menos. Aquí va.

    ¿Que vemos desde el Sur?

    En primer lugar que el capitalismo como sistema mundo, el sistema mundial capitalista o la Civilización Capitalista, que se preparó en Europa durante algunos siglos para asaltar el mundo pero que finalmente lo hizo esclavizando América y África “el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros, desde los pies hasta la cabeza” tal como Carlos Marx lo describió en  uno de sus textos más brillantes y completos: la acumulación originaria del Capital, capítulo XXI del famoso libro; ese capitalismo que pasó por una etapa de preparación y acumulación previa o proto capitalismo para luego acceder al poder político en los EEUU, GB y Francia y así, desde el centro de Occidente, conquistar militar y comercialmente el resto del mundo; ese mundo ha entrado irreversiblemente en su etapa de decadencia, y en su decadencia vuelve al origen, al carácter pirata del capital, a los negocios “ilegales” y también a las guerras (que no solo de Ucrania viven los mercaderes de la muerte).  Sobre el tema de la decadencia del sistema capitalista y el fascismo trabajó hasta su último día Jorge Beinstein, uno de los pensadores críticos más importantes de fines del siglo XX…[i]

    La decadencia del capitalismo como sistema se expresa en diversos fenómenos universales: el quiebre de la convivencia entra la civilización humana y la casa planeta (Covid19, incendios, cambio climático, sequias, inundaciones, agotamiento de hidrocarburos, etc etc); el fin del largo ciclo de cierta armonía entre el capitalismo y  la forma democrática liberal, formal, patriarcal, racista y elitista, de aquí surgen dos fenómenos más: el declive de las democracias liberales en todo el mundo y el crecimiento acelerado de grupos de ultra derecha, fundamentalistas, de tolerancia cero hacia los débiles y diferentes que bien pueden llamarse como fascistas del siglo XXI.   No tengo dudas que es el fin de un largo ciclo iniciado en 1789, con la Revolución Francesa, potenciado con la formación de la ONU y la declaración de los derechos humanos en 1947 que hizo ilusionar a muchas y muchos con que era posible unir el agua y el aceite.  El capitalismo y la democracia son incompatibles por naturaleza.

    De este proceso de decadencia surge el agotamiento del ciclo de dominación unipolar ejercido por los EEUU desde la caída del Muro de Berlín hasta estos días. Algunos creen que la guerra de Ucrania o de Rusia contra la OTAN o como quieran llamarla, es el fin del principio de este proceso que podría llevar a algo así como un mundo multipolar donde la hegemonía esté en disputa y no haya un claro hegemón imperial como durante casi todo el siglo XX (acaso entre 1945 1990 hubo formas de paridad?).   Los desafíos a la hegemonía imperial de EEUU vino de diversos espacios: los gobiernos progresista de América Latina de comienzos del siglo XXI, los movimientos árabes nacionalistas que se solidarizan con Palestina y han cuestionado su rol en Irán, Siria y otros lugares.   Pero sin lugar a dudas, el principal desafío es el crecimiento económico de China que paso a paso se acerca a superar a los EEUU en varios rubros y desde diversos parámetros.   Si miramos con una perspectiva histórica larga, los EEUU en un momento apostaron a que China tape a la URSS y la debilite.   No pensaban que en un momento China recuperaría autonomía para el desarrollo económico y los amenazaría como ahora, sobre todo en lo tecnológico, lo central para que crezca la plusvalía extraordinaria que vulnera la tasa media de ganancia, que tiene una tendencia decreciente prevista ya por Marx y que está en el fondo de todas las crisis y todas las guerras.

    Trump encarnaba un sector del Imperio que piensa que la globalización neoliberal está agotada y que se trata de volver al crecimiento propio y al saqueo abierto y brutal.  Biden accedió al gobierno con la bandera de volver a ocupar el rol hegemónico global.   Lejos de subestimar u olvidar su zona propia, el continente americano, los EEUU se lanzan a destruir los países que los desafían y muestran, al mundo, que la rebeldía y la autonomía es posible.   Por eso la GUERRA INFINITA CONTRA CUBA[ii] y la que ya lleva décadas contra Venezuela[iii] y Nicaragua.   Esa guerra, invisible para Europa, consentida y apoyada por la mayoría de las fuerzas políticas por acción u omisión, ha llevado a estos países a vivir en condiciones de guerra.    Cuba no pudo comprar ni siquiera jeringuillas para las vacunas que ellos mismos produjeron.  Venezuela recibe hoy 500 millones de dólares por exportaciones estatales cuando antes del bloque recibía 4500 millones de dólares.  Hay cálculos rigurosos sobre los efectos económicos, sociales y humanos de esta guerra de quinta dimensión.  Aunque sea un ejército invisible, toda América sufre una invasión militar invisible que nadie registra ni siquiera muchos de sus víctimas.  ¿Quiénes son?    Los miles de trolls, los miles de comunicadores, jueces, fiscales, policías, académicos y sobre todo “políticos” y “funcionarios estatales”.  Entonces, desde el Sur, desde el continente que no renuncia a la esperanza revolucionaria, que mantiene la bandera del socialismo del siglo XXI, aunque sea deshilachada y hasta girones de aquellas banderas gloriosas de Fidel, Chávez, Evo y Daniel.  Patria o Muerte.

    La guerra de Ucrania, de Rusia contra la OTAN es uno de los resultados decisivos de estos momentos que he tratado de marcar:  el proceso de decadencia del capitalismo global; el temor de los EEUU de perder su rol de súper potencia única hegemónica a manos de China; una consecuencia lejana en el tiempo de la gran derrota estratégica de los pueblos de todo el mundo que fue la caída de la Unión Soviética y el proceso de disgregaciones y derechizaciones diversas que sufrieron las repúblicas y/o regiones que abrevaban de la idea del socialismo estatalista, el Comecon y el Pacto de Varsovia.

    En la primera etapa pos soviética, la dirigencia rusa creía y aspiraba a ser reconocida como pares por la de Occidente.  Fue entonces que creyó en la promesa que si disolvía el Pacto de Varsovia, la OTAN no crecería, no la amenazaría y mucho menos sumaría los países que hasta entonces constituían la periferia soviética.  Por el contrario, la OTAN fue cercando a la Rusia de Putin, capitalista al modo oriental con gran peso del estado y con nulas tradiciones democráticas liberales.   Para la vieja Rusia, Putin encarnó el espíritu de Pedro el Grande o de José Stalin que llevaron a la gloria a los rusos.  Por razones que son difíciles de comprender, Putin decidió una guerra preventiva que le asegure terrenos de tapón entre sus defensas y las fronteras de la OTAN, creyendo seguramente que haría algo así como una bliktzkrieg rusa contemporánea.  Los EE.UU.  creyeron encontrar la oportunidad dorada de destruir totalmente al nunca olvidado enemigo ruso, aunque este hace más de treinta años que no entraña ningún desafío ideológico sino más bien geopolítico, importante pero distinto al Chino que de algún manera propone otro modo de organizar la vida de los pueblos, que ellos llaman socialismo mientras siguen exhibiendo banderas rojas y rostros de Mao.

    ¿Y los derechos humanos?

    Los derechos humanos no existen en una actividad humana donde es legítimo y esperable que unos seres humanos quiten la vida a otros hombres y mujeres.  Cualquier intento de “humanizar” el asesinato de seres humanos huele a hipocresía.  A demagogia nacionalista que es la más ruinosa en épocas de guerra.

    Ante esta guerra la única política humanista es pedir que cese la guerra.  Que actúen los diplomáticos y que se deje de apostar al aniquilamiento del enemigo.  ¿Será posible?  Solo si los EEUU llegan a la conclusión que se equivocaron, que no pueden aniquilar a la Rusia y que los europeos recuperen un mínimo de dignidad y dejen de destruir Europa a favor de los negocios de los EEUU.  Los rusos saben que mucho más lejos no  podrán ir, aspiran a quedarse con todo lo que conquistaron pero deberán conformarse con condiciones razonablemente firmes de que la OTAN no será su frontera.

    La crisis del capitalismo se vuelve contra su originario.

    La destrucción de la naturaleza, de la distancia entre el mundo animal y las plantaciones humanas ha traído la pandemia y promete nuevas.  La pandemia liquido fuerzas económicas casi como una guerra.   Se jodieron los pobres del mundo.

    Las provocaciones e invasiones entre Rusia y Ucrania, con el siguiente involucramiento de la OTAN y toda la Europa blanca y democrática, desataron una guerra económica contra Rusia primero pero luego una serie incontrolable de efectos sobre el precio de los alimentos y el comercio internacional.   De nuevo se jodieron los pobres del mundo.

    Hace ciento diez años, cuando nacía la Primera Guerra Mundial y los  pueblos abrazaban y apoyaban cada cual a su gobierno y su burguesía, un exiliado ruso pensó distinto y propuso que de esa crisis surgiera un nuevo mundo, que fuera al fin el gobierno de los de abajo, de los que no habían gobernado nunca, de los que nunca ganan nada con ninguna guerra.

    Ojalá que los rusos y los europeos recuperen la memoria de aquellos días, de aquel Lenin que no podrán destruir ni mil guerras frías, ni mil campañas de fake news, y ni siquiera la guerra de Rusia contra Ucrania.


    [i]

    [ii] Según la investigadora cubana Magda Arias Rivera, desde el comienzo del bloqueo los daños equivalen “147 mil 853 millones de dólares y el valor en oro de su costo para Cuba ha sido de un billón 377 mil millones. Afecta a todos los sectores de la economía, impide el acceso a materiales, productos y servicios del mercado internacional, y causa daños al sector privado y a terceros países por su carácter extraterritorial”.  https://www.clacso.org/el-bloqueo-estadounidense-contra-cuba-una-actualizacion/

    2.

    [iii] https://sures.org.ve/la-tortura-economica-de-ee-uu-contra-venezuela/    Los ingresos en dólares del país cayeron de 56 mil millones en 2013 a 743 millones de 2020. Visto en perspectiva, en siete años Venezuela perdió 99 de cada 100 dólares que ingresaban al país. El bloqueo financiero funcionó