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    Hablan de imputar los niños, reivindican la mano dura y el Servicio Penitenciario Federal “suicida” personas en Ezeiza como si todo estuviera permitido

     

    ¿Cuándo se implantó la Pena de Muerte en la Argentina?

     

    Hace unos meses denunciamos la muerte de Florencia Cuellar como parte de una metodología de “control penitenciario” que aplica el Servicio Penitenciario Federal en las cárceles de Ezeiza. No logramos siquiera que nos reciba el ex Jefe del Servicio, Víctor Hortel, luego renunciante tras las “fugas” de los represores del Hospital Militar y del grupo de los trece del Penal.

    Ante el regreso de Alejandro Marambio, alertamos sobre una verdadera “emergencia penitenciaria” y sobre los nefastos antecedentes de quien había convalidado las prácticas de torturas y asesinatos durante su anterior gestión, caracterizada además por la hostilidad manifiesta contra los organismos de derechos humanos y de control penitenciario en general.

    En estas semanas, el clima se ha enrarecido vertiginosamente y de discutir los modos de evitar que la cárcel reproduzca la secuencia que lleva a las personas a delinquir se pasó a una repugnante catarata de discursos de victimización de la niñez y la adolescencia de las barriadas populares y pobres, la reivindicación lisa y llana de la mano dura y hasta de la justicia por mano propia.

    Así como la sanción de la Ley Antiterrorista cambió el sentido que la sociedad asigna a las palabras terroristas (que dejó de referir a los genocidas que perpetraron el Terrorismo de Estado contra el pueblo para volver a estigmatizar a luchadores populares), tanto discurso de mano dura y victimización de los pobres no podía dejar de tener consecuencias en un Cuerpo Militarizado como el Servicio Penitenciario Federal donde la cultura represora, clasista, elitista, sexista y machista sigue predominando ampliamente.

    Los dos nuevos “suicidios” de Mario Ortíz y Matías Cejas se parecen demasiado a las escenas armadas por la Dictadura para asesinar compañeros en las Cárceles como se pudo demostrar en el Juicio contra Olivera y De Marchi en San Juan por el caso de Alberto Carvajal que parece calcado al de Ortíz, Cejas y todos los demás asesinatos cometidos en estos meses. La madre de Mario Ortiz afirmó “Mario había declarado contra el Servicio por la muerte de ese muchacho. Y me decía que desde la fuga les venían pegando seguido”

    Mientras algunos hablan de encerrar a los niños, otros implantan de hecho la pena de muerte ante la mirada pasiva de Marambio y del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos que ni siquiera ha dicho una palabra de aliento para los familiares de las víctimas.

    Es imperioso abrir un debate entre las fuerzas democráticas para parar esta oleada de abusos y crímenes, es imprescindible reformar profundamente el Servicio Penitenciario Federal; ya es hora que la Dictadura se vaya de las Cárceles Argentinas porque si dejamos que la tortura campee en las Cárceles y las Seccionales de Policía todo lo conseguido en materia de respeto a los derechos humanos, de Memoria Verdad y Justicia, de Juicio y Castigo a los Terroristas de Estado, está en peligro.

  • Lanzamiento de la Campaña Ford Genocida

    Lanzamiento de la campaña «Ford Genocida»

     

     

     

    El miércoles 11 de septiembre, en la Casa de Nazaret de la Iglesia de Santa Cruz, se realizó el lanzamiento de la Campaña «Ford Genocida”.

    En la actividad, hablaron la antropóloga e integrante de la Liga Argentina por los Derecho del Hombre Nuria Giniger, el Coordinador Nacional del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, Pastor Arturo Blatesky, los investigadores de la UBA y de la Oficina de Derechos Humanos de la Comisión Nacional de Valores, Walter Bosisio y Bruno Napoli, el ex delegado e integrante de la Comisión de trabajadores de Ford de los 70 Carlos Propato y coordinó Antonio Fernández, de la comisión por la Memoria de Campo de Mayo.

    Con esta iniciativa, pusimos sobre la mesa el vínculo orgánico entre grandes empresas y el terrorismo de Estado y con ello, poder comprender las causas del genocidio y conocer que sus perpetradores directos no solo son los milicos. La lucha por la memoria, la verdad y la justicia requiere que la participación de las grandes empresas en el terrorismo de Estado sea difundida y debatida popularmente.

    ¿Por qué Ford? Ford es una empresa emblemática, como símbolo del capitalismo, de la sociedad de consumo, y por tanto, como símbolo de la impunidad. Como dijeron los compañeros en las intervenciones, Ford tuvo trabajadores esclavos provenientes de campos de concentración durante el nazismo, produjo los vehículos del ejército nazi y armó una Fundación para disputar ideológicamente aquello que no podía resolver solo represivamente. Así actuó Ford también cuando secuestró a compañeros delegados de la planta de Pacheco y produjo los Falcon Verdes durante el terrorismo de Estado.

    E la actividad también se planteó que las causas contra empresas y empresarios que están en marcha, la de Ford requiere que se redoblen los esfuerzos ya que hay tres procesados. Como en todas las causas, pero en estas contra empresas aún más, la participación popular es central para que lleguen a ser condenados los responsables.

    Sin embargo, las empresas por sí mismas no pueden ser juzgadas por crímenes de lesa humanidad, nuestro código penal solo juzga personas, no empresas. Y es por ello que es necesario que aquello que el poder judicial es incapaz de resolver, el pueblo encuentre la forma de avanzar. De esta forma, la campaña «Ford Genocida» tiene como propósito finalizar con un Juicio Popular Ético.

    De esta manera, se lanzó la campaña «Ford Genocida» con el compromiso asumido por las organizaciones que participaron de difundir las calcomanías de la Campaña, organizar un seminario específico sobre la memoria de los trabajadores de Ford, editar un material con las intervenciones del Encuentro sobre Empresas y Terrorismo de Estado (realizado en la ex ESMA en 2011 y en el cual se aportaron muchos testimonios de trabajadores y especialistas en estas temáticas) e impulsar todas las iniciativas tendientes a difundir y debatir el rol de las empresas en el Genocidio.

  • Denunciamos una nueva maniobra judicial para perpetuar la impunidad de los asesinos de Floreal Avellaneda

    Denunciamos una nueva maniobra judicial para perpetuar la impunidad de los asesinos de Floreal Avellaneda por parte de los representantes del Ministerio Público de la Defensa que, literalmente, sabotearon la audiencia de ayer con su renuncia en medio del debate.

    Exigimos del Ministerio Público de la Defensa una sanción ejemplar para los abogados Grosso y Tripaldi, ejecutores de una de las maniobras más viles y perversas en defensa de los asesinos Aneto, Harsich y Fragni por quienes la Cámara Nacional de Casación había ordenado una audiencia judicial a fin de volver a discutir nuestra demanda de considerarlos responsables, junto a García y los ex Generales Riveros y Verplaetsen –ya condenados- del crímen de Floreal.

    Solicitamos el pronto cumplimiento con la resolución de la Cámara Nacional de Casación y que de una vez por todas se castigue a todos los asesinos del Negrito Avellaneda

     

    En el día de ayer, 11 de setiembre de 2013, debía realizarse la audiencia fijada por Casación al revocar la absolución parcial de los imputados Fragni, Harsich y Aneto del cargo de homicidio y ordenar una nueva sentencia luego de escuchar los alegatos de todas las partes.

    Al momento de comenzar la audiencia los abogados del Ministerio Público renunciaron a defender los imputados Harsich y Fragni con insólitos argumentos jurídicos de ilegalidad del proceso judicial, sumándose al discurso fascista de los represores y sus más conspicuos defensores cuya voz es amplificada por el diario La Nación sistemáticamente y una provocación que no pensamos dejar pasar: invocar la ética de la lucha por los derechos humanos para frustrar el debate que podía deparar la condena de los asesinos de Floreal Avellaneda, una de las causas paradigmáticas para la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, para el partido político en el que militaba Floreal, el Partido Comunista y para todos los luchadores por la Verdad, la Memoria y la Justicia que siempre han considerado el crimen de un militante de quince años, denunciado por el mismísimo Rodolfo Walsh en su carta del 23 de marzo de 1977 a la Junta de Comandantes en Jefe, como una de las causas paradigmáticas de la lucha contra la impunidad.

    Ofende más la provocación de los Dres. Grosso y Tripaldi, en tanto la Liga Argentina por los Derechos del Hombre recibe cotidianamente denuncias y reclamos de cientos y cientos de presos sociales que se ven privados de toda colaboración por los abogados de un Ministerio Público de la Defensa que dedica sus mejores esfuerzos a construir sofisticadas teorías jurídicas para impugnar todo lo conquistado por la sociedad argentina en estos largos años de lucha.

    La conducta de Tripaldi y Grosso fue descalificada por el Tribunal Oral de San Martín y mereció un apercibimiento, amen de remitir los antecedentes a ese Ministerio Publico del cual esperamos un castigo ejemplar y una clara afirmación de que la defensa técnica de los represores no puede inscribirse en la misma estrategia de impunidad que organiza la fuga de los condenados Olivera y De Marchi del Hospital Militar o sabotea las causas judiciales hasta que los imputados mueren sin condena.    Como hizo el compañero abogado Julio Viaggio, militante histórico de la Liga, en abril de 1976 al presentar el recurso de Habeas Corpus por Floreal y su madre Iris, reiteramos nuestro compromiso de luchar contra la impunidad de los asesinos del Negrito no importa cuales sean las circunstancias ni las condiciones adversas que nos impongan.

     

    Justicia para Floreal Avellaneda y los treinta mil compañeros desaparecidos.

    Pronta confirmación por Casación y la Corte Suprema de las condenas a los represores que siguen alegando “presunción de inocencia” aún después de ser condenados.

    Aparición con vida de Julio López, Luciano Arruga y todos los desaparecidos de la democracia

    Basta de gatillo fácil y  tortura en sede policial o carcelaria

    Contra la baja de la edad de la imputabilidad y todo discurso discriminatorio y represivo contra los niños y los adolescentes, contra los pobres y los hermanos inmigrantes, contra las mujeres y los que luchan contra las injusticias sociales en procura de conquistar o defender derechos humanos.

    Basta de impunidad en la Argentina, basta de acciones estatales en defensa de la impunidad

     

     

     

     

    Construir Memoria es hacernos cargo de las banderas por las que luchaban Floreal y los treinta mil compañeros desaparecidos: luchemos por conquistar todos los derechos para todos.

    Ni uno menos.

     LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE

  • El agujerito…una historia real de la resistencia en Orletti

    Cuando despertó, aturdido por la sirena del tren, todo era oscuro y sucio frente a sus ojos.

    El derecho no lo pudo abrir, pero con el izquierdo apenas si pudo divisar una ligera claridad que entraba por debajo de la capucha y activaba su pupila.

    Ver no veía, pero de a poco empezó a sentir los golpes en la espalda, las quemaduras en los huevos y un corte profundo en la ingle.

    Se enderezó como pudo y apoyó la cabeza contra la pared sobre la que lo habían tirado y se sintió un poco mejor.

    Preguntó si había alguien con él y como no contestaron, se puso a pensar en su hermana, la única que estaba en la casa cuando lo chuparon y rogó al Dios que no existía, que no se la hubieran llevado; volvió a repetir lo que había gritado con desesperación a los hombres armados que irrumpieron como salvajes por delante y por detrás de la vieja casa con jardín al fondo: ella no tiene nada que ver, ella no tiene nada que ver.

    Alcanzó a decirlo dos veces antes que un culatazo lo dejará medio desmayado y le pusieran una remera como capucha, le ataran las manos con un alambre con púas y a patadas lo subieran al auto.

    Anduvieron por varios lados; paraban, bajaban y volvían a subir pero entre la capucha y lo mareado que estaba no alcanzaba a entender lo que decían.

    Finalmente, subieron el auto a la vereda, esperaron que se levantara una cortina metálica y entraron el auto a un garaje o algo así.

    Lo bajaron a patadas en el culo y a patadas en la espalda lo llevaron al primer piso para darle el primer tratamiento.

    Pegaban y preguntaban por todo, pero poco a poco se fue dando cuenta que estaban detrás de los dólares que había traído el Leandro de Europa, y que debían llegar a Montevideo para aportar al sustento de los familiares de los presos y preservar lo poquito que quedaba de la organización.

    Entonces se quedó tranquilo porque ellos ya sabían que había sido el Leandro el que entró al país en un vuelo de Panam, pero él no sabía donde se había escondido el cumpa, así que por más que pegaran o el aflojara….no le podrían sacar nada importante.

    Pasaron las horas y trajeron a un compañero que tiraron al lado suyo.

    Al rato trajeron a otro y mucho después entre ellos comenzaron a intercambiar palabras que él no entendía del todo porque hablaban de un modo que él nunca había escuchado.

    Los dejo acordar entre ellos lo que necesitaban arreglar y se animó a preguntarles de donde eran, pero no le respondieron.

    Así paso una noche y un día y otra noche.

    Lo volvieron  a llevar con los torturadores, y lo volvieron a tirar a lo que ya era su lugar en el mundo.

    Entonces fue que lo dejaron con las manos libres y se pudo acomodar mucho mejor.

    Miró por debajo de la capucha y vio que los dos compañeros ya no estaban

    Se bajo del todo la capucha y pudo ver que la sala era pequeña, sucia y con manchas de grasa de auto y de sangre por todos lados.

    Entonces fue que lo vio.

    A unos dos metros de donde él estaba, a un metro y medio de altura, había un agujerito en la pared que lo llamaba a mirar por él.

    Pero la primer vez no se animó.

    Se volvió a poner la capucha y se durmió con la cabeza recostada contra el hombro.

    La tercera vez que lo regresaron de la tortura se decidió.

    Se arrastró hasta donde estaba el agujerito y se acomodó para poder mirar por él.

    El susto fue mayúsculo puesto que al mirar al otro lado se encontró con un ojo que lo miraba y casi instantáneamente empezaron los gritos y los tiros que perforaban la pared a unos cuarenta centímetros de su cabeza.

    Se dejó caer y apoyó la cabeza contra el suelo.

    Calculó que sería por octubre de 1976, faltaban dos días para el cumpleaños de su hermana.

    Ya tenía quince años y el no bailaría el vals en su fiesta; si hubiera fiesta.

    Fue cuando su hermana cumplió cuarenta y cinco años que se decidió.

    Tenía que volver a Orletti, ya era hora de enfrentar su historia y acomodar los datos que le daban vuelta como flechas encendidas que vuelan por el cielo, nunca se sabe bien donde llegarán.

    Hacía poco que habían recuperado el lugar.

    Después de la fuga lo habían clausurado y luego de la dictadura lo habían usado para diferentes empresas.

    El último que lo alquiló había sido un hijo de puta que puso un taller textil clandestino a metros de donde los habían tenido secuestrados.

    La metáfora perfecta se dijo: los secuestraron para que vuelva el trabajo esclavo y en el mismo lugar habían instalado un centro de trabajo esclavo.

    Otra que el tiempo circular, se dijo.

    Pero él tenía una obsesión.

    La misma que lo había acompañado en todos esos años de encierro, destierro, regreso y búsqueda de la verdad para todos y para uno mismo.

    Debía encontrar el agujerito que nadie había más había visto y era como la prueba de que su historia era verdadera.

    No es que no le creyeran, ahora les creían, pero era él el que no se creía a si mismo, o sea que no se acordaba bien si lo vivió o lo soñó o lo escuchó en alguno de los lugares donde compartió encierro con otras y otros compañeros de modo tal que nunca sabía bien si lo había vivido o se lo habían contado.

    Como decía el tipo ese de la película, no sabía si tenía el recuerdo de lo ocurrido o el recuerdo del recuerdo de lo que vivió.

    Que no es lo mismo, aunque suene parecido.

    Hizo toda la rutina como si no fuera él.

    Agradeció las palabras de los trabajadores del sitio que lo recibieron.

    Recorrió sin mirar la planta de abajo, donde había entrado el auto, recordó el foso donde tiraban lo que choreaban y subió a la planta alta.

    Buscó donde lo habían tenido esos días y empezó a palpar centímetro por centímetro la pared pero no encontró nada.

    Se desanimó y una sombra de tristeza le cubrió los ojos como si fuera más importante encontrar el agujerito que cualquier otra cosa en el mundo.

    Ya había declarado en el Juzgado que los dos compañeros que pasaron unas horas con él debían ser los cubanos secuestrados porque en el 89 había viajado a Cuba y recién allí se dio cuenta que lo que hablaban esos dos cuerpos martirizados era en cubano.

    Ya había descripto cada uno de los miserables torturadores y a más de uno lo habían identificado por su testimonio  pero él solo quería encontrar el agujerito.

    Se tomó un maté y se fue.

    Pero a los tres días volvió y empezó a revisar de nuevo, con una lupa y decidido a no irse hasta encontrarlo.

    Había agarrado un papel y ensayado dibujar cien veces la disposición de los cuerpos sobre la pared.

    Tardó.

    Tardó como tres horas pero al fin lo encontró.

    Lo habían tapado con un bollito de papel y habían pintado encima pero lo encontró.

    Hizo un gesto de victoria y se fue.

    A la semana lo llamaron del Centro y la sorpresa fue mayor que la esperada.

    El papelito no era un papelito cualquiera sino un pedazo de un informe de la Dipba sobre el Leandro.

    El pedacito que faltaba en el informe que habían encontrado cuando recuperaron los archivos de la Dirección de Inteligencia de la Provincia de Buenos Aires y formaron la Comisión Provincial de la Memoria.

    El papelito que explicaba porqué sabían tanto del Leandro, y del Alberto, y de la Nora, y de la Andrea y de él mismo.

    El papelito que cerraba el circuito entre Anibal Gordon, la Triple A y el Estado Argetnino y terminaba con la ficción de que Orletti era un extravío de unos loquitos puestos a robar subversivos en vez de la verdad que ahora sabían de que era el lugar operativo del  Operativo Cóndor pactado por Pinochet con Stroessner, Videla, los brasileros y los yanquis.

    El papelito era más que un papelito, era la confirmación de la participación del Estado en los crímenes de la Triple A, en el secuestro de los cubanos y del hijo de Juan Gelman.

    El papelito era el enlace entre todas la partes de Orletti.

    Entre la habitación grande y la chica.

    Entre el baño y la cocina.

    Entre el dueño y la Side.

    Entre el Ejercito y la Marina.

    Entre la Ford y la Banca Roberts, entre Martínez de Hoz y Alcides López Aufranc.

    El papelito que tapaba el agujerito contenía la respuesta a todas las preguntas y acaso la principal: el agujerito no era fruto de sus delirios sino del tiro en la pared cuando él miró por el agujerito.

    Sin el papelito, por el agujero se podía ver del otro lado de la pared que es como decir del otro lado de la vida.

    Miró por primera vez y vio una habitación vacía pero parpadeó dos veces y volvió a ver lo que no vio aquella vez del 76, cuando otro ojo le tapó la visión.

    Ahora si podía ver lo que había querido ver.

    De un lado los represores y del otro los compañeros.

    De un lado la omnipotencia del que se cree impune para siempre y del otro la dignidad del que no tiene otra cosa que defender que su identidad.

    No somos iguales, se dijo.

    Que no.

    Nunca fuimos iguales.

    No eran iguales.

    De un lado del agujerito unos, del otro, los otros.

    Y así será.

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  • guerra-siria-060513Una vez más, el Imperio pretende justificar sus guerras imperiales con el discurso de “llevar” derechos humanos, paz y democracia a los pueblos que bombardea y asesina como ya hizo en Iraq, Afganistán y Libia, para nombrar solo las invasiones recientes de la región.

     

    Nos pronunciamos contra la invasión norteamericana a Siria; denunciamos el intento de utilizar la bandera de los derechos humanos para violar el derecho a la vida, a la paz, a la autodeterminación de los pueblos y de ese modo liquidar los débiles derechos humanos del pueblo sirio afectados por una guerra civil inducida y por los límites democráticos del régimen sirio.

    .

    Como si la burla de portar el premio Nóbel de la Paz por parte de Barak Obama no fuera suficiente agravio para los pueblos -y para otros compañeros que lo recibieron por sus méritos reales (nuestros Adolfo Pérez Esquivel y Rigoberta Menchu)- el presidente de los EE.UU. se dispone a bombardear Siria a pesar del “abandono” de muchos de sus aliados occidentales y árabes y del propio procedimiento de la ONU para esclarecer el ataque con armas químicas que causara la masacre de Ghuta, en los suburbios de Damasco.

    Desde la guerra de los Balcanes, en los 90, cuando creían en el “fin de la historia” y en su condición de amo indiscutido y discrecional del mundo, el Imperio Yanque ha ido demoliendo pieza a pieza los elementos del derecho internacional conquistados por los pueblos en las condiciones del relativo empate de fuerzas que se gestó en los años 60 y 70, con los procesos de descolonización y luchas de masas que desafiaban el poder imperial. Fue en ocasión del cincuenta aniversario de la OTAN que auto proclamaron el supuesto derecho de los EE.UU. a atacar, asesinar, invadir, bombardear a quien sea y donde sea. Con toda desfachatez, y ante la parálisis tolerante de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, una vez más declaran que bombardearán Siria no importa lo que digan las Naciones Unidas.

    Celebramos y apoyamos las declaraciones por la paz de nuestra Cancillería y de los organismos de integración regional latinoamericanas, pero no alcanza. Hace falta instalar un debate que construya un gran movimiento popular universal de condena y aislamiento de Obama y sus planes asesinos.

    Así se frenaron las ambiciones imperiales en Vietnam en los 70 y en El Salvador en los 80;  sólo los pueblos rebelados contra la prepotencia imperial frenarán la dinámica de guerra que lleva a la catástrofe humanitaria universal. Hoy la defensa de los derechos humanos tiene nombre y apellido: No al ataque norteamericano a Siria

     

    Liga Argentina por los Derechos del Hombre

    CORRIENTES 1785- 2ºC  (1042)  Buenos Aires República Argentina

    www.laladh.wordpress.com

    Tel./Fax:011-54-43713939

    Asociación Civil fundada el 20 de diciembre de 1937.

    Miembro fundador de la Federación Internacional por los Derechos del Hombre, organismo no gubernamental con asiento permanente en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y acreditado ante el Consejo de Europa.

     guerra-siria-060513

  • Lo que está en crisis es el sistema penitenciario.   Declaración de la Ladh ante la asunción de Marambio

    carcel.toreuEs hora de una reforma profunda que transforme las Cárceles en sitios humanizados para cumplir los objetivos de reinserción social proclamados constitucionalmente y dejen de ser territorios de la tortura, la corrupción,  el hacinamiento, la explotación de mano de obra barata para toda clase de ilícitos.

    Las dos fugas (la de los represores del Hospital Militar y la de la Cárcel de Ezeiza) demuestran la continuidad de un Poder, el  del Servicio Penitenciario Federal, que un 22 de agosto de 1972 fue funcional a la Masacre de Trelew, y que hoy reafirma -que más allá de “buenas intenciones”, “discursos humanitarios” y “gestos reformistas”-  la máquina de destruir humanidades que se gestó hace doscientos años,  y que se potencio brutalmente con la dictadura militar, sigue vigente.

    Ante la reasunción del Dr. Alejandro Marambio nos vemos en la obligación de alertar sobre la necesidad que el mismo no repita las principales características de su gestión anterior, ya denunciadas minuciosamente por la Comisión Provincial de la Memoria y el Grupo de Estudios sobre Sistema Penal y Derechos Humanos del Instituto Gino Germani de la Facultad de Ciencias Sociales que se podrían resumir en la tolerancia ilimitada hacia el accionar del Servicio Penitenciario Federal.

    Como dice la CPM “Durante su gestión murieron al menos 180 personas privadas de la libertad, según los registros de la Procuración Penitenciaria de la Nación. Además este organismo realizó 600 denuncias penales por torturas en las cárceles bajo su dirección. La investigación publicada con el título «Cuerpos castigados» (de la PPN) da cuenta de una encuesta aplicada al 10% de la población encarcelada en 2007: el 64% había padecido agresiones físicas durante la detención. En el seguimiento y actualización de esos datos durante 2009-2010 las personas entrevistadas víctimas de agresiones físicas ascendieron a un 76%.”

    A las denuncias ya efectuadas, que acompañamos y reafirmamos, queremos sumar la denuncia puntual que Marambio evidenció una clara animadversión hacia los organismos de derechos humanos en general y hacia nuestra Liga Argentina por los Derechos del Hombre en particular.  Quisiéramos recordar que la Liga está comprometida con la situación carcelaria desde su fundación en 1937 y que nuestra presencia en las cárceles con los paquetes solidarios es histórica.

    Desde 1983 se habilitó un mecanismo de visitas especiales, a cargo de la Liga, para los compañeros y amigos de los presos por razones sociales y políticas que fue respetado por todos los gobiernos constitucionales, En el año 2008, el Dr. Marambio comenzó a poner trabas y más trabas hasta terminar clausurando lo que se consideraba un derecho adquirido por el campo popular, y de la cual, la Liga era el instrumento tal como lo entendieron  cientos de organismos y personalidades sociales que reclamaron, en vano, que se respete este derecho por medio de una carta en noviembre del mismo año. En el año 2010, cuando ya se había restablecido el mecanismo histórico, ocurrió un hecho gravísimo cual fue la prohibición de entrada para un militante histórico de la Liga en sanción por el tenor de un escrito periodístico que denunciaba diversas violaciones a los derechos humanos. El hecho evidenciaba una política de ocultamiento y falseamiento de la realidad que apuntó contra otros actores sociales, incluida la misma Procuración Penitenciaria Federal.

    Es por todo ello, que la designación del Dr. Alejandro Marambio no genera expectativas favorables y nos lleva a proponer la realización de un debate nacional que construya el programa de cambios necesarios entre los que aspiramos a que la proclamación de derechos y garantías, las mismas resoluciones de la Asamblea del Año 1813, dejen de ser promesas incumplidas y se conviertan en conquistas reales,

     

    Liga Argentina por los Derechos del Hombre

    CORRIENTES 1785- 2ºC  (1042)  Buenos Aires República Argentina 

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  • Lanzamiento de la Campaña contra «Ford Genocida»

    El once de setiembre, fecha simbólica para los pueblos de Nuestra América si la hay, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, junto al Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, la Comisión de Trabajadores de Ford de los 70, la Comisión por la Memoria de Campo de Mayo y todos los que quieran ser parte de ella, lanza la Campaña «Ford Genocida».

    La Ford jugó un rol de suma importancia en la planificación, la ejecución y el «aprovechamiento» del Terrorismo de Estado que hoy estamos comenzando a juzgar y condenar.

    Vamos por el juzgamiento de todos los actores del Genocidio, incluyendo en un lugar decisivo a las empresas trasnacionales y nacionales; a los grupos económicos y organizaciones empresariales que fueron parte de la Dictadura.

    Pero Ford no se hizo Genocida en el 76.
    Su historia es una historia de rascismo, innovación en la super explotación de los trabajadores y de compromiso con los sectores más agresivos y fascistas del Imperialismo en cada etapa histórica: hoy apoyan todas las acciones de la llamada «guerra contra el terrorismo» como ayer apoyaron el regimen de Hitler, manteniendo sus fabricas en la Alemania Nazi durante la Segunda Guerra Mundial y explotando mano de obra esclava que le proporcionaban los Campos de Exterminio.

    Su historia de horror ha sido encubierta por una vasta campaña de falsedades que propalan sus agencias de publicidad y la Fundación Ford que pretende apoyar el movimiento de derechos humanos y otros emprendimientos populares con el único fin de encubrir el rostro Genocida de la Ford

    La Campaña comienza con un panel en la Iglesia Santa Cruz, Carlos Calvo 3121 a las 18 hs. e irá escalando peldaños hasta lograr lo que la Justicia Argentina no se anima: constituir un Tribunal Etico contra el rol Genocida de la Ford.

    Vamos por la Ford, vamos por todos los genocidas.

    Hablan Arturo Blatesky del Movimiento Ecumenico por los Derechos Hum,anos; Carlos Propatto por los trabajadores de Ford de los 70, Nuria Giniger por la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y un representante de la Comisión Nacional de Valores….

    te esperamos

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  • Así como algunos pretenden que el movimiento obrero nació en el 45, otros insinúan que el de derechos humanos nació en el 76 y que los juicios comenzaron en el 2003. Es que la historia no deja de ser contada del modo que importa a los que ganan, y como se sabe, eso solo quiere decir que hay otra historia.

     

    Lo primero que surge al pensar el caso del secuestro de los soldados conscriptos Luis Steimberg y Luis García es que fueron desaparecidos por su condición política, por militar en la Federación Juvenil Comunista; y tanto es así que el 13 de agosto de 1976 el General Bignone otorgó licencia hasta la baja a tres conscriptos detenidos y torturados por error ya que los buscados eran Steimberg, García y Mario Vicente Molfino.  Steimberg y García habían sido secuestrados horas antes de la “disculpa” del General Bignone y Molfino desaparecería el 21 de febrero del 77.

     

    Lo segundo que surge al examinar los 28 cuerpos que hoy tiene la causa es que la familia, Sara y Jaime, el Partido y la Juventud Comunista y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre actuaron desde el mismo momento de su secuestro con decisión temeraria e iniciativa creadora.  Por aquellos días por las calles de Morón aparecieron pegados en las paredes carteles de papel escritos a mano pidiendo la aparición con vida de los Luises.  Se actuó desde el mismo agosto de 1976 y para finales de la dictadura la causa había avanzado tanto que en 1984 el General Bignone fue convocado a declarar y detenido por la desaparición de los Luises. El juez interviniente de tan digna gestión judicial se llamaba Carlos Olivari y el General Bignone estuvo en prisión hasta que la claudicación alfonsinista clausuró los juicios con las leyes de Punto Final y Obediencia Debida en 1987. Repito, el último dictador, el General Bignone fue preso por la acción combinada de los familiares de Steimberg y García, el Partido Comunista y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. El abogado que actuó en la causa se llama Horacio Rebón. La misma suerte corrió el Vice Almirante Chamorro, ex jefe de la Esma por la desaparición de Inés Ollero, también militante de la Fede; a lo mejor por esa razón –por su identidad comunista- es que no hay películas ni documentales que cuenten la lucha por encarcelar a Bignone y Chamorro veinte años antes del supuesto comienzo de los juicios y de la lucha por la impunidad. Pero si vamos a luchar por la Verdad, la Memoria y la Justicia; que sea toda la verdad, toda la memoria y justicia para todos.

     

    Lo tercero que surge, y esto se lo debemos a un militar extraordinario (en el sentido literal del término), el marino José Luis D´Andrea Mohr es que la desaparición de soldados conscriptos en las tres armas constituyó una más de las prácticas sistemáticas que constituyeron el plan de exterminio llevado adelante por el Estado Argentino.  Para finales de la dictadura D ´Andrea Mohr había registrado 129 compañeros detenidos desaparecidos.  Tras el llamado a prestar declaración a los soldados conscriptos de aquellos años, y gracias a la generosa contribución de cientos de ellos, se sabe que el número de componentes del “batallón perdido” supera los doscientos y la lista sigue creciendo. También se sabe con todo rigor el procedimiento seguido por los grupos de tareas: a) labor de inteligencia para detectar los “subversivos” “infiltrados” en las FF.AA.; b) detención sin orden judicial seguida de tormentos, torturas, privación ilegal de la libertad seguida de ejecución extrajudicial que era oculta por el procedimiento de arrojar el cuerpo al mar; y c) toda la operación se enmascaraba con un acta de denuncia de la deserción del soldado conscripto con lo cual no solo se ocultaba la verdad sino que se falseaba la realidad para injuriar a la víctima.  Se necesitaron más de treinta años para que se modificarán los expedientes militares por decisión de la Ministro Nilda Garré quien ordenó cambiar la rotulación de desertor por la de detenido desaparecido.  En 2010 se colocó una placa recordatoria en el Colegio Militar en memoria de los compañeros Steimberg y García; pero el juicio oral que debió realizarse en 1984, en la causa en que fue detenido el último dictador militar Bignone, sigue esperando turno en la larga lista de causas judiciales frenadas una y otra vez por la oscura trama de quienes sostienen la impunidad de los secuestradores de los compañeros que hacían el servicio militar obligatorio

     

     

    para incitar a la lectura de un libro imprescindible, reproduzco la ficha que José Luis D¨ Andrea Mohr confeccionó sobre Luis Steimberg para “El escuadrón perdido”

     

     

     

     

     

     

     

    Steimberg, Luis Pablo

    El Escuadrón Perdido, por José Luis D’Andrea Mohr.

    Nació: 2 de febrero de 1954
    Desapareció: 10 de agosto de 1976
    Unidad: Colegio militar de la Nación
    Director: General Reynaldo Benito BIGNONE
    Jefe de Agrupación Tropas: Teniente coronel Rodolfo G. RIOS
    Jefe de Compañía: Teniente primero Alberto Federico TORRES
    Actuante: Suboficial principal Guillermo Roque GOMEZ
    Juez militar 21: Coronel Alberto MARTINEZ
    Secretario: Suboficial principal Sergio Roal GIMENEZ
    Comandante de Zona de secuestro: General Carlos G. SUAREZ MASON
    Comandante Subzona de secuestro: Brigadier Rodolfo FAJARDO
    Comandante de Zona CCD: General Santiago Omar RIVEROS

    Entrevista de Jaime Steimberg con el sargento Ibáñez

    Luis Pablo STEIMBERG fue incorporado en marzo de 1976 como soldado conscripto del Colegio Militar de la Nación. Lo destinaron a la Agrupación Tropas, Compañía Comando, cuyo jefe, teniente primero Alberto Federico TORRES, le firmó una orden de salida permanente para tener franco todos los días desde las seis de la tarde hasta diana del día siguiente, por «razones de estudio».

    Los meses transcurrieron normalmente hasta que, el 10 de agosto de 1976, salió de su casa en Morón a las ocho y media de la noche para encontrarse con otro conscripto del Colegio Militar, Mario V. MOLFINO, en el bar La Paz, de Corrientes y Montevideo. Según testigos -uno de ellos recogió de la calle los documentos de Luis y los entregó al padre-, el conscripto vestido de civil fue introducido a la fuerza en un automóvil por un grupo de personas armadas que aguardaban desde mucho antes en la esquina de la casa de la familia STEIMBERG.

    El padre de Luis hizo de inmediato la denuncia en la Comisaría de Morón y dio aviso del episodio en el Colegio Militar. Sin embargo, dos días después del secuestro se presentó en su casa una comisión policial numerosa y fuertemente armada bajo las órdenes del mismo oficial que recibiera la denuncia del señor STEIMBERG: buscaban al «desertor». El padre recurrió telefónicamente al general BIGNONE, quien ordenó al policía suspender el operativo.

    Desde entonces los padres de Luis hicieron lo imposible por encontrar respuesta a lo ocurrido, pero todo fue infructuoso. El testimonio judicial posterior de un soldado del Colegio Militar -coincidente con otros tres- aportó datos esclarecedores de la suerte corrida por Luis Pablo. El soldado declaró que fue detenido dentro de ese instituto y, vendado y esposado, fue llevado al centro clandestino de detención «El Campito», en Campo de Mayo. Lo torturaron con golpes y aplicaciones de picana eléctrica en los genitales y las orejas. Su interrogador quería saber de su amistad con STEIMBERG y exigía detalles de una conversación política mantenida por los dos soldados con cadetes en la enfermería del Colegio Militar. Entre los cadetes recordó a uno de cuarto año de apellido PETERSEN. Según el interrogador, esa charla había sido el «factor desencadenante», dada la afiliación de STEIMBERG al Partido Comunista.
    Cuando el torturado fue devuelto al galpón de cuarenta metros de largo por treinta de ancho fue nuevamente encadenado al alambre y pudo correr la venda. Vio el lugar atestado de personas de ambos sexos encadenadas como él a alambres paralelos que iban de lado a lado de la construcción y la cubrían por completo. Los prisioneros yacían sobre colchonetas mugrientas. El testigo habló de los quejidos, los gritos, los ladridos de perros y el ruido de helicópteros y aviones del cercano Batallón de Aviación de Ejército 601, y reconoció a Luis Pablo STEIMBERG en un muchacho de civil, muy lastimado y al que una mujer que oficiaba de enfermera le decía que no tomara agua porque lo habían picaneado.

    El soldado, que años después brindó ese testimonio, fue liberado en el despacho de BIGNONE, en el Colegio Militar de la Nación, y fue el propio general-director quien le dijo: «En esta lucha sucia y apátrida usted ha pagado las consecuencias de los culpables». Igual suerte corrieron otros conscriptos «erróneamente» torturados: fueron liberados en el propio despacho del general BIGNONE, quien les pidió disculpas, los hizo afeitar e higienizar, les pagó sandwiches y gaseosas y los licenció hasta la baja.
    Mientras tanto, los padres de Luis Pablo se reunían con otros familiares de desaparecidos en la iglesia de Haedo. El templo no hacía diferencias para quienes, como los STEIMBERG, eran judíos y comunistas, pero sí la Fuerza Aérea responsable del Area 160 (Morón). Rodearon la manzana de la iglesia en ocasión de una misa por Luis Pablo, que pese a ello no fue interrumpida.

    Año 1984. En el pasillo del tribunal aguardaban dos hombres desde una hora antes. Vieron acercarse a pasos ligeros al individuo canoso y alto, acompañado por el doctor Jaime Lucas LENNON. Los señores Jaime STEIMBERG y Wenceslao GARCIA interceptaron el rumbo del general Reynaldo Benito BIGNONE y de su defensor y ex ministro de Justicia del Proceso.

    -¡Usted nos conoce! -bramó Jaime STEIMBERG, y BIGNONE palideció sin atinar a dar respuesta alguna.
    -¡Allí se encontrará con la justicia! -STEIMBERG señaló la puerta del despacho del juez Carlos OLIVERI y el ex dictador, obediente, cruzó a través del marco de la puerta de madera oscura que abriera LENNON. Dentro del salón alcanzó a dar tres pasos y se desmayó sobre un sillón de cuero. Afuera aguardaban los padres de dos soldados desaparecidos del Colegio Militar: Luis Pablo STEIMBERG y Luis Daniel GARCIA. Los querellantes habían recorrido un calvario de ocho años desde el secuestro de sus hijos, acusados de desertores por los secuestradores.

    Reynaldo Benito BIGNONE salió del despacho del juez OLIVERI incomunicado y con prisión preventiva por «privación ¡legal de la libertad». Cinco meses después la Suprema Corte de Justicia dictaminó que la causa era de jurisdicción y competencia militares. Se hizo cargo entonces el juez militar N’ 21, coronel Alberto MARTINEZ, quien sobreseyó a todos los implicados en los secuestros.

    Entre decenas de declaraciones tomadas por el juez Carlos A. OLIVERI desde el 11 de abril de 1977 por la causa «STEIMBERG, Luis Pablo y otro s/privación ilegal de la libertad», la del capellán castrense Norberto Eugenio MARTINA resulta muy ilustrativo.
    Así contestó el sacerdote católico, bajo juramento, el interrogatorio del doctor OLIVERI, el 29 de septiembre de 1983:

    «Que desde el año 1970 se encuentra destinado por el Vicariato castrense en el Colegio Militar de la Nación, sito en El Palomar, Pcia. de Buenos Aires encontrándose actualmente en dicho lugar. Que su función en el Colegio es la asistencia espiritual de todo el personal, incluso de los agentes civiles, como asimismo por supuesto de los cadetes y soldados. Que dentro de esa asistencia se comprende el servicio religioso, catequesis y charlas grupales de soldados o cadetes, en las cuales se les habla sobre la familia, o por ejemplo de la bandera cuando deben jurarla, o por ejemplo sobre su misión allí en cuanto a que si bien dejaron su familia es importante su misión allí como soldados. A preguntas de S.S. respecto de quién era director del Colegio Militar de la Nación en el año 1976 refiere que era el Gral. Bignone.

    «Respecto del 24 de marzo de 1976 recuerda que participó de un servicio religioso en Caseros, donde se encontraban en ese momento los soldados, por el cambio de Gobierno. A preguntas refiere que en dicho lugar no cumplían instrucción, que desconoce qué hacían pero era por el cambio de Gobierno. Que allí precisamente les celebró una misa. A preguntas de S.S. refiere que no tiene conocimiento que dentro del Colegio Militar se hubieran formado grupos de tareas a los efectos de realizar procedimientos antisubversivos. Que los soldados son apoyo para el funcionamiento del Instituto y no se los instruye como unidad de combate. Que no tiene conocimiento de que se los instruyera o adoctrinara como dijera para el combate. A preguntas de S.S. refiere que vive en el Colegio Militar, come y duerme allí, y en oportunidades come con soldados o conscriptos u oficialidad. A preguntas de S.S. refiere que frente al Colegio Militar había un puesto caminero pero hace años fue destruido. Acota que era policía caminera de la provincia de Buenos Aires, pero no había personal del Colegio. Que ignora que en el mismo se hubieran producido detenciones. Que no puede precisar la fecha de demolición del mismo.

    «A preguntas de S.S. refiere que tuvo conocimiento de la deserción de conscriptos, pero nunca se habló de ellos como que hubieran desaparecido. A preguntas de S.S. refiere que nunca trató con soldados u oficiales el tema de la desaparición de esos soldados.

    «Que desconoce que los soldados fueran adoctrinados en la lucha contra la subversión. Que tiene conocimiento que se diera de baja a cadetes pero ignora los motivos. A preguntas de S.S. refiere que recuerda que ZAMBONI y GASPIO fueron dados de baja pero ignora los motivos.

    «Que desconoce la existencia en el Colegio de un grupo llamado “FALANGE DE FE”. Que es la primera vez que escucha ese nombre. A preguntas de S.S. refiere que según tiene conocimiento nunca hubo en el Colegio un colectivo color celeste, que quiere aclarar que había unidades militares que sí pintaban colectivos con colores civiles para evitar ser atacados en la época del 76/77.

    «A preguntas de S.S. y exhibidas las fotografías de fs. 415, refiere que recuerda el nombre de Luis Pablo STEIMBERG y también recuerda su cara como perteneciente a la sección electrónica. Que en este acto recuerda también al querellante Jaime STEIMBERG como haber concurrido en alguna oportunidad al Colegio Militar pero desconoce el motivo por el que concurría. Que respecto del soldado GARCIA refiere que recuerda su cara. Que precisamente de ellos se habló que faltaban al Colegio y luego se los declaró desertores. Insiste que nunca sintió de ellos que estuvieran desaparecidos, ni tampoco tuvo dudas de que fueran desertores. A preguntas de S.S. refiere que el deponente tenía instrucción de que cualquier persona que se interesaba por algún desaparecido se lo derivara a monseñor GRASSELLI, y luego éste lo derivaría a monseñor TORTOLO, en ese momento Vicario. Que en este momento monseñor GRASSELLI es secretario del Vicario monseñor MEDINA.

    «A preguntas de S.S. refiere que el director del Colegio Militar Gral. BIGNONE tenía charlas con los cadetes o soldados, pero desconoce que se los adoctrinara contra la subversión.

    «Que a preguntas de S.S. refiere que en el caso de los desertores si eran capturados eran detenidos en calabozos, y el dicente concurría a verlos para prestarle asistencia espiritual.

    «Acota que generalmente las deserciones se producían por problemas económicos o de amores; que no tiene conocimiento que a ningún desertor se lo considerara desaparecido. Es la primera noticia que tiene de la desaparición de GARCIA y STEIMBERG, los consideraba desertores. A preguntas de S.S. refiere que no recuerda el nombre MOLFINO, no lo recuerda y desconoce su deserción por lo tanto. Que nunca recibió comentario alguno, ni lo escuchó, ni de los soldados ni de la oficialidad, de que aquellos jóvenes hubieran sido secuestrados.

    «A preguntas de S.S. refiere que en el Colegio Militar no se acepta el comunismo, pero no tiene conocimiento de que se ordenara nada contra un comunista.»

    Mientras los soldados STEIMBERG, GARCIA y MOLFINO eran torturados y después asesinados, el capellán MARTINA compartía techo y pan con los verdugos. Como si el capítulo del Sermón de la Montaña del ejemplar de su Evangelio hubiese sido sustituido por Mi lucha.

    MARTINA es hoy ordinario castrense, máxima autoridad militar-religiosa, ubicada a años luz del Cristo de su crucifijo.

    De STEIMBERG y MOLFINO no se supo más que lo ya narrado. La confesión de un suboficial del Ejército (el sargento IBAÑEZ, a quien ya nos referimos en el caso de Ernesto Mario PARADA) permitió establecer que GARCIA fue arrojado al mar desde una aeronave militar. Los tres integran el escuadrón perdido.

     

     

     

  • El Ingeniero Blaquier y sus llamaditas telefónicas.

    20 de julio de 1976

    Nunca se supo bien si aquel día de 1969, un veinte de julio, los yankees llegaron a la Luna como todos creímos o fue una ficción como se dijo después.  Veinte de julio de 1969 vendria a ser unos dos meses casi redondos desde el Cordobazo, ese tajo que partió la historia y nuestra generación.

    Dicen que el tipo era odontólogo o algo así y se le ocurrió decretar que cada veinte de julio sería el día del amigo por no se que boludez del Neil Amstrong,  la Nasa y la gente empezó a reunirse en esa fecha en las pizzerías, los bares y hasta las casas donde había lugar.

    El Ingeniero también le daba importancia a la fecha y en su mansión compartida con la Nelly, hija de los antiguos dueños del Ingenio Azucarero más grande de la Argentina en aquel lejano e incomprensible norte jujeño, lleno de indios y collas, solían realizar gloriosas veladas donde mostraban la colección de objetos de arte que ya comenzaban a acaparar y que sería una de las obsesiones de la Nelly por toda la vida, incluso después que se separara del Ingeniero.

    A lo mejor por eso, cuando en la reunión del Directorio se decidió dar un escarmiento a los osados obreros que pretendían que se los respetara como seres humanos y se cumplieran las leyes laborales y sociales, él pensó que lo mejor sería empezar el próximo veinte de julio: tendría la ventaja de que los propios tipos se juntarían en el sindicato y en los pobres clubes de barrio para tomar un vino y entonces el operativo sería mucho más efectivo.

    Para él, era muy fácil organizar todo: en Villa Libertador General San Martín todo era de la empresa. La tierra. Las casas. La policía y hasta la planta de energía eléctrica le pertenecía así que con unas llamadas pondría todo en marcha.

    Organizado como era, pensó en sumar una llamadita a su amigo el Obispo para que en Guerrero, al lado de las instalaciones turísticas de la provincia, pudiera contar con la Casa del Obispo para que los muchachos del Ejercito pudieran interrogar tranquilos a los subversivos y decidir a quienes limpiaban y a quienes blanqueaban en la cárcel de Jujuy.

    Primero habló con el Jefe del Destacamento Militar, después con el gerente del Ingenio para que disponga de los camiones y a la hora acordada cortara la energía eléctrica para que la oscuridad sea la señal para el asalto de los grupos de tarea y paralicen cualquier intención de escapar de los que quería atrapar y al final habló con el Obispo que se puso a total disposición, que las donaciones del Ingeniero no se hacían desear en ninguna de las colectas.

    Durante siete días se repitió la secuencia: los camiones de la empresa cargados de milicos arrasando un pueblo a oscuras que despertaba al otro día sacando cuentas de los que faltaban.  Pero el único que sabía las cifras exactas era él: cuatrocientos cuatro los secuestrados y cincuenta y cinco los que no volverían más.

    Fue en agosto que en Buenos Aires se encontró con su viejo amigo, el Jefe del Ejercito Don Jorge Rafael y le agradeció con delicadeza el nivel de colaboración que habían logrado. Así debemos actuar siempre dijo el valiente varón, mientras llevaba una copa de champan rosado a la boca.

     

    28 de julio de 2011

    En el 2012, cuando visité Villa Libertador General San Martín por primera vez y me llevaron al campito donde un año antes había ocurrido el enfrentamiento que dejo cuatro muertos (de 17, 21, 22 y 37 años respectivamente) tuve la misma sensación que veinte años antes había tenido al conocer los campos de Anillaco por los que mataron al Obispo Angelelli: asombro, congoja y bronca. Porque se veían tan poca cosa, tan miserables, tan descartables que no podía creer que por tan poca cosa hubieran matado a un Obispo en el 76 y que cuatro jóvenes perdieran la vida en el 2011. Pero es que en Villa Libertador General San Martín la dictadura no terminó y el Ingeniero sigue siendo dueño de la vida y de la tierra de todas y de todos.

    No hay, literalmente, un centímetro cuadrado de tierra en el pueblo que no pertenezca al Ingeniero y él sigue mandando sobre casi todos.  Dicen que el conflicto empezó por que nadie del municipio reclamó el cumplimiento de un acuerdo por el cual ese lote se destinaba a formar un  barrio popular del que lo primero que construyeron fue la comisaria. Todo un símbolo, no?. El viejo hospital del pueblo, que Perón obligó al Ingenio que sostenga con su abultada caja, ya casi no funciona porque un oportuno llamado del Ingeniero a Videla hizo que brotara un decreto que liberaba al Ingenio de semejante carga, faltaba más dijo el General a su viejo amigo cuando este se quejó de la prepotencia estatal, no tiene remedios ni gasas y cuando un Juez le pidió que diga si Olga Aredes se murió por el efecto del bagazo de azúcar, el director del hospital dijo que no sabía pero no porque supiera que no era así sino, y es lo más trágico, porque no podía hacer prueba alguna por carecer de instrumentos y materiales específicos.

    Todos los 27 de julio, desde hacía algunos años, se hacía la gran marcha por la Noche del Apagón y el pueblo se llenaba de porteños que marchaban desde Calilegua hasta la Plaza donde por años Olga había dado la vuelta sola. Y al otro día fue el enfrentamiento. Los pobladores habían armado tristes remedos de carpas y la policía había acordonado el terreno. Pero más que una piedra va y una puteada viene, las cosas no iban a mayores hasta que apareció el Coronel Ferro, jefe de seguridad del Ingenio y se puso en la propia fila de los policías.  Si miran la foto con cuidado van a ver que tiene un celular en la mano. Dicen los que estaban allí, que cuando se armó el quilombo, el tipo comenzó a hablar con alguien por el celular y que después empezó a los gritos provocando a los manifestantes hasta que uno tiró con una vieja escopeta deportiva tan mal que pasó como a cinco metros de la fila; pero fue entonces que el Coronel Ferro dio la orden y los policías comenzaron a tirar casi a quemarropa contra los pobres sin uniforme. Cuando murieron los cuatro pobres pobladores, tres sin uniforme y uno con uniforme pero los cuatro iguales por el color de la piel y lo triste de mirada, el Coronel volvió a cargar el celular y habló con su jefe, el Ingeniero, para decirle que la misión estaba cumplida.

    8 de agosto de 2012

    “La situación por la que atraviesa el proceso de juzgamiento de los crímenes del terrorismo de Estado cometidos en la provincia de Jujuy se traduce en trámites cuya cronicidad resulta absolutamente inadmisible. En efecto, la existencia de una única causa elevada a juicio oral, cuyo objeto es la participación de un solo imputado (Luciano Benjamín Menéndez) respecto de una sola víctima, y la escasa cantidad de procesados (10), cuando existen desde hace años requerimientos fiscales con relación a la participación de, al menos, 70 imputados (sin incluir los aproximadamente 20 que ya han fallecido) en los casos de 158 víctimas, revela claramente la irritante inacción del juzgado a cargo del juez Olivera Pastor o, lo que es más grave aún, una deliberada obstrucción al avance de los procesos, a partir de una sistemática negativa a implementar estrategias de investigación razonables y funcionales al principio básicos de celeridad procesal. Esta situación se explica claramente a partir de una continua desmembración sustancial de las causas, implementada desde el juzgado de instrucción, pese a los reiterados planteos de acumulación efectuados desde la fiscalía en consonancia con la experiencia adquirida en otras jurisdicciones con resultados contundentes”.. Procuración General de la Nación Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las causas por violaciones a los  Derechos Humanos cometidas durante el terrorismo de Estado…Informe de abril de 2011

    ¿ Cuanto le costaba ese fantoche sentado en el Juzgado Federal de Jujuy?  No se acordaba, le tenía que preguntar al contador se dijo, mientras volvía a putear porque nadie le atendía en el teléfono que llamaba. Y con eso que hasta un poema le escribió a la presidenta y sus amigos le habían asegurado que nada le debía preocupar. Que hasta que no hubiera una condena seguirían los negocios y los viajes compartidos. Por eso no entendía por qué carajos habían sacado a Olivera Pastor que tan bien resolvía todos los problemas y aseguraba que nadie lo molestara a él ni a ninguno de los muchachos.  Pero después de esas marchas, el cagón se las tomó y lo dejó a él expuesto a cualquier cosa.  Por dos veces había zafado de pedo de tener que declarar en la capital de su provincia. En una pretextó que habían atacado su auto blindado, de acá lo iban a atacar si era el mismo que usaba Uribe para zafar de los guerrilleros de la Farc, esos que seguro andaban por los montes de la Quebrada con tanto Monto en el gobierno y tanto guerrillero libre hablando boludeces por los diarios. Después tuvo que inventar que estaba enfermo y que no podía viajar a Jujuy; él, que estaba más sano que cualquiera y que todavía se podía coger dos locas al mismo tiempo si se le ocurría pero así eran las cosas. Y ahí estaba, otra vez frente a un teléfono; bueno, este no era un teléfono sino un sistema de teleconferencia, pero más o menos era lo mismo. Y el nuevo Juez que preguntaba las mismas boludeces que había dicho la vieja esa, la viuda del intendente que se les quedó en la tortura, y qué culpa tenía él que el tipo fuera flojito?, ahora todo se la querían cobrar a él cuando todos habían cobrado su cheque por treinta años. Los radicales y los peronistas, los jueces y los camaristas, los abogados y los fiscales. Todos habían cobrado y ahora todos se hacían los pelotudos.

    ¿Qué si yo puse los camiones de la empresa para secuestrar a los trabajadores? Pero, por favor, si yo soy un empresario, un industrial, y un amante del arte que nunca comulgó con las atrocidades que hacían los militares y bien que eso me trajo problemas. Nunca supe de los camiones, ni del corte de la energía eléctrica ni mucho menos del destino de los que dicen que están desaparecidos. Por favor, qué voy a saber yo de toda esta historia?

    20 de julio de 2013

    Marina Vilte era de aquí. De Purmamarca, un pueblito de la quebrada de Humahuaca famoso por el Cerro de Siete Colores. Y esta es la plaza. La única del pueblo. Alrededor de la plaza hay decenas de puestos de venta de artesanías. Algunas reales y otras importadas de China. Pero los vendedores y las vendedoras no son chinas; son collas. Gente del pueblo, de las sierras. Gente sencilla que no se mete mucho en problemas ni en debates filosóficos complejos.

    Y en los puestos hay turistas. Muchos. De Jujuy y de la Capital Federal (que aquí nadie dice Ciudad Autónoma y todo eso). Y también de Europa que la Quebrada es una de las maravillas de la humanidad según la Unesco y eso cuenta.

    En la plaza hay un equipo de sonido y frente al equipo de sonido desfilan las murgas. Una de Flores y  otra de Mar del Plata. Pero también de Jujuy y hasta de Purmamarca. Decenas y decenas de muchachas y muchachos disfrazados de murgueros, con bombos e instrumentos de música que dan la vuelta a la plaza y entran por el medio. Como corresponde. Cantan a la memoria y a la lucha. Cantan. Que ya es mucho.

    Primero habla la hermana de Marina y vuelve a contar la historia del 20 de julio del 76, habla de Marina y de que era coplera, agarra una caja y canta. Una copla que dice algo así que si tomamos vino nos lleva la policía y si comemos coca nos lleva la gendarmería. La gente aplaude. Toda. Los murgueros y los turistas. Los vendedores y los del pueblo.

    Me piden que diga algo. Pienso. Digo que somos gente de fortuna. Que podemos ir a cualquier lado del país y a cara descubierta honrar a Marina y a todos los compañeros desaparecidos. Y que no importa lo que se piense de nosotros, nadie, en ningún lado del país permitiría que alguien se pare en una plaza a decir que admira la Ingeniero por lo bien que supo armar la Noche de Apagón. O el modo que se burló de la Justicia, y aún se burla. Que hay una dignidad que el vencedor no conoce, y que eso lo aprendí de Jorge Luis Borges.

    Y que también hay una felicidad que ellos no conocen ni imaginan, que es la de estar un veinte de julio en la plaza de Purmamarca para honrar a Marina y los compañeros del pueblo, a mis hermanos de Tumbaya y a todos los desaparecidos de Jujuy, de Argentina y de nuestra América.

    Hace frio. Hablo poco. Me abrazo a la hermana de Marina y pienso que le prometí a Tomás escribir un cuento sobre el Ingeniero. Y que uno de estos días me tengo que poner a escribirlo. Porque cuantos más conozcan la historia, más cerca del final estaremos.

    blaquier