• «Escribir recuerdos es sanador»

    Reivindica a la literatura como un remedio para exorcizar las huellas de la dictadura y «llenar los agujeros» que deja el horror. Ficción, «deudas» familiares y la lucha política.

    Una bomba destrozó su casa rosarina en 1975, la dictadura lo secuestró dos veces, y entre las sesiones de picana y torneos de patadas que armaban sus captores para que aprendiera buenas costumbres, casi se muere en un centro clandestino de detención. Los genocidas veían a José Schulman como una figurita difícil. En plena caza de brujas rojas, no podían privarse de tener a uno de los principales miembros de la Juventud Comunista de Santa Fe. Pero el tipo, empecinado, sobrevivió. Es secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre –el organismo de Derechos Humanos más antiguo del país–, querellante histórico en la causa Triple A, impulsor de la investigación por la responsabilidad de la empresa Acindar en la matanza de Villa Constitución, y declarante permanente en decenas de audiencias por juicios de lesa humanidad. Pero su herramienta de pelea es la literatura. Cuentos, relatos y poesía. Como los que están en su último libro, Un vaso de agua. Realidad ficcionada, porque «hay cosas del horror tan íntimas e indecibles, que no se pueden describir en un ensayo periodístico o histórico. Eso, la ficción lo resuelve.»

    –La ficción regala licencias…
    –Hay dos frases que me enseñaron eso. Una de Augusto Roa Bastos en el libro Vigilia del Almirante: «Con los documentos verdaderos se escribe la historia falsa, sólo la ficción puede contar la verdad.» La otra es del español Jorge Semprún, que pasó por los campos de concentración nazis: «No se puede vivir sin recordar, pero es imposible estar todo el tiempo recordando.»
    –¿Para qué escribe, y qué le dio la escritura?
    –Primero es importante decir por qué lo hago. Empecé a escribir en medio de la peor crisis depresiva de mi vida, cuando en 1999 detuvieron a Víctor Brusa, el funcionario judicial que me había torturado, y lo liberaron al otro día. Me di cuenta de que volcar recuerdos en un papel era sanador, y me permitía recuperar las cosas que me había arrancado la dictadura.
    –¿Cuáles?
    –Buena parte de la juventud. La dictadura nos robó eso, vivir con plenitud, con alegría. ¿Quién podía sostener el deseo cuando te vuelan tu casa o te torturan tirado en un camastro?
    –El primer cuento del libro, que se titula igual, habla de aquella bomba y de su madre sola, esperando ayuda después de la explosión. ¿Cómo lo recuerda?
    –Militaba en la Liga y en el PC santafesino, y ya tenía señales de que la cosa empeoraba. El 5 de diciembre de 1975, la bomba reventó mi casa familiar, a las 3 de la mañana. El cuento responde a una deuda que yo tenía con mi vieja, sentí mucha culpa pensando en ella.
    –¿Por qué?
    –Porque ella no había decidido luchar por la revolución, como sus hijos. Y tuvo que soportar cosas terribles. Todavía la recuerdo de madrugada, en el medio de las esquirlas. Se sentó en la vereda, y no se acercó un solo vecino para ayudarla. La imagen me vino a la cabeza en estos días, a raíz de los linchamientos. Parece que ahora descubrieron que hay gente de derecha.
    –Uno de sus textos dice que los militares «veían a las chicas como incubadoras vivientes”.
    –Hay algo del horror que es inenarrable. Lo que uno hace con la ficción es bordearlo, inventar, llenar agujeros por no entender o no conocer ciertas cosas. Escribir es como invocar un conjuro que me saca el dolor.  «


  • hmbre

    El que acaba de finalizar es el cuarto viaje de la Liga al Paraguay en los últimos años.

    El primero fue en el 2009 para realizar en conjunto con los compañeros de La Comuna un seminario sobre la Operación Cóndor en el edificio del Congreso de la Nación (por cierto, el edificio fue donado por Taiwán y así lo recuerda una placa en la entrada, algo bastante simbólico de la situación colonial del país guaraní). Por entonces gobernaba Lugo pero el Poder Judicial Stronerista seguía intacto y ya los Seis Campesinos apresados por la Argentina con engaños (el embajador los invitó a gozar del país de los derechos humanos para luego apresarlos en la oficina donde tramitaban el asilo político) para entregarlos en bandeja para la ejecución judicial que ha cargado una condena de treinta y cinco años sobre los hermanos campesinos. Hemos tratado de visitarlos en cada ocasión que tuvimos. Seguimos aprendiendo de ellos y del conjunto del movimiento campesino, popular y de las fuerzas políticas de izquierda con las que hemos ido tejiendo relaciones fraternales.[1]

    El segundo viaje fue en abril del 2013 para participar en la frustrada Audiencia preliminar (una especie de juicio corto que en un par de días sella el destino de los acusados) de los Campesinos de Curuguaty, emboscados, torturados, asesinados y apresados en una maniobra policial/judicial que tenía en la mira la ejecución congresal del presidente Lugo en un Juicio Político donde la acusación se permitió afirmar que “dado que los acontecimientos eran de publico conocimiento, no hacían falta demostrarlos”. Si así liquidaron un presidente constitucional, la increíble sucesión de aberraciones jurídicas que rodean al caso Curuguaty no llaman la atención. Allí le dimos a Rubén Villalba y sus compañeros de lucha un primer abrazo: fue en la propia sala de audiencias frente a soldados con armas largas que custodiaban campesinos, mujeres y bebés. En la lectura de la “prueba” se mencionaron rollos de papel higiénico, tapitas de gaseosas y otros elementos tan peligrosos como esos.

    El tercer viaje fue en noviembre pasado para participar en una Misión Internacional de Observación de los Derechos Humanos en Paraguay. En 48hs recorrimos 1200 kms. por los territorios ocupados militarmente, que “casualmente” son los de mayor desarrollo de los cultivos de soja transgénica (Paraguay es el cuarto mayor país exportador sojero del mundo), de producción ganadera (sexto mayor país exportador de carne vacuna del mundo) y de marihuana (solo México produce más que Paraguay), todos cultivos que no requieren de grandes cantidades de labores agrícolas y por eso impulsan de manera sistemática el proceso de extinción del campesinado paraguayo y el asesinato o la ejecución judicial de los dirigentes campesinos que pretenden frenar el proceso “modernizador”. Cálculos diversos ponen en más de ciento cincuenta lideres campesinos los asesinados desde el final de la Dictadura de Stroessner en 1989. En los últimos años la secuencia represiva pasó de las incriminaciones masivas pero que no generaban condenas judiciales al asesinato calificado y la persecución puntual sobre los dirigentes como los que se conocen como los del Caso Cecilia o los del Caso Curuguaty.[2] En esa vasta zona del Chaco Paraguayo que se extiende desde la frontera con Brasil al este y la frontera boliviana al norte se concentran las mayores acciones de resistencia campesina y de represión estatal. Una vasta zona fue militarizada por Cartes y por allí andan los asesores yankees que se alojan en las bases militares que se van instalando en el Paraguay. Allí también opera el Ejercito del Pueblo Paraguayo, un grupo de lucha armada que por ahora no cuenta con demasiados vínculos con el movimiento campesino y popular de resistencia y que sirve de excusa para criminalizar a todas y todos los que de un modo u otro resisten el plan Cartes. En esa zona están las tierras de Marina Kue, cedidas a la Marina Paraguaya en su momento, usurpadas por un “prócer” del Partido Colorado (base de la dictadura Stronerista y ahora del gobierno de Cartes) que intentaban ser visualizadas como publicas por los campesinos cuando fueron masacrados por el Operativo de junio de 2012, que terminaría llevándose puesto a Lugo.[3]

    En este cuarto viaje compartimos los preparativos y realización de la tercera Huelga General en la Historia del Paraguay (las otras dos son de 1958 y 1994), participamos en el Festival de Apertura, en los actos de Inicio (a las 0 hs del día miércoles 26 de marzo), en el piquete del Frente Guazú que cortó un importante acceso de Asunción desde las cinco a las ocho de la mañana, compartimos con los abogados de Codehupy la guardia contra probables arrestos y luego los actos de cierre en pleno centro de Asunción. Volvimos a entrar a Tacumbú para solidarizarnos con la huelga de hambre de los compañeros de Curuguaty y conversar largamente con los Seis Campesinos de la causa Cecilia. Fueron cuatro días muy intensos durante los cuales pude conversar con decenas de dirigentes sociales, políticos y hasta con ex miembros del anterior gobierno que mucho aportaron a entender la realidad paraguaya y comprometerme aún más con sus justas causas.[4]

    Intentaré sistematizar mis aprendizajes en cuatro breves notas que pretenden inducir a la investigación y el conocimiento para incrementar la imprescindible solidaridad

     

    uno. En Paraguay no hay Justicia. No hay Estado de Derecho ni siquiera la ficción burguesa que reina en casi toda América Latina.

    Paraguay pagó muy caro sus intentos de desarrollo autónomo entre 1816/1875 (inicio del gobierno del Dr. Gaspar Rodríguez de Francia y finales del Genocidio perpetrado por la Triple Alianza brasilera, argentina y uruguaya). Devastada por la guerra fue luego saqueada por los gobiernos impuestos que primero vendieron la tierra pública a los pocos que podían comprarla gestando una matriz de propiedad de la tierra que todavía se mantiene: el 4,1% de las propiedades concentran el 88,12% de la superficie agrícola mientras el restante 95,9% de las fincas (menores a 100has) solo posee el 11, 88% del territorio (Censo Agropecuario Nacional 2008). La Comisión Nacional de la Verdad determinó que la inmensa mayoría de las tierras privadas son “mal habidas” puesto que fueron obtenidas con el concurso de la Dictadura Stronerista principalmente. La impunidad en Paraguay es básicamente la estructura de la propiedad agraria.

    En los años 30 fue llevada a guerrear con Bolivia de la mano de las petroleras que disputaban el Chaco Paraguayo. Ganó la guerra pero perdió el futuro. Los dictadores Morinigo entre 1940 y 1948 y Stroessner por treinta y cinco años sellaron la dominación y dejaron a Paraguay fuera de la tradición del liberalismo burgués que formateó las republicas de la región. La frase “lo que es de conocimiento publico no necesita probarse” inscripta en la acusación contra Lugo resume la tradición stronerista que preside el Poder Judicial: ninguna de las llamadas garantías procesales funciona en Paraguay y basta examinar el caso de los Seis Campesinos (condenados por la simple delación de un supuesto infiltrado en el partido Patria Libre que hasta tuvo que retractarse varias veces porque se confundía con las fechas y decía haber escuchado preparativos para un secuestro meses después que se había realizado) o el de Marina Kue en el que los asesinados y torturados son los campesinos pero los fiscales, militares y oficiales de inteligencia que prepararon la masacre son los que acusan y condenan, para hacerse una idea de lo que hablamos. Constitución hay, simplemente que nadie le hace ningún caso.

    En los últimos meses se utiliza las siguientes figuras del Código Penal para perseguir a los campesinos: art. 142 “invasión de inmueble ajeno”, art. 216 “intervenciones peligrosas en el transito terrestre” a los que se suman los que reprimen “perturbación de la paz publica” “amenaza de hechos punibles” “resistencia a la autoridad” “coacción agravada” y principalmente el de “asociación criminal” que por el monto de la pena prevista es el que más limitaciones pone al accionar de las y los defensores de los derechos humanos.

     

    dos. En Paraguay los campesinos siguen siendo el sujeto social principal de la historia. Y hoy están amenazados de extinción.

    Liquidados los intentos industrializadores de Gaspar Francia, durante casi todo el siglo XX Paraguay fue ahogado por el latifundio y las dictaduras. El 55% de la población no tiene para comprar una canasta básica de alimentos y más del 30% de la población está por debajo de la línea de la pobreza según la Cepal/2012. Y casi todos ellos son campesinos o de origen campesino.

    Permítanme citar extensamente a un pensador inglés extraordinario: John Berger quien en el epilogo de Porca Tierra explica (y yo comparto) las razones de un proceso histórico universal propio del desarrollo de la civilización capitalista:   “La agricultura no requiere necesariamente la existencia de campesinos. El campesino británico fue aniquilado (salvo en ciertas zonas de Irlanda y Escocia) hace más de un siglo. En Estados Unidos no ha habido campesinos en la historia moderna porque el índice de desarrollo económico basado en el intercambio monetario fue demasiado rápido y demasiado total. En Francia, en la actualidad cada año abandonan el campo unos 150.000 campesinos. Los planificadores económicos de la CEE prevén la eliminación sistemática del campesinado para el final del siglo, si no antes. Por razones de orden político a corto plazo no utilizan la palabra eliminación, sino el término modernización. La modernización entraña la desaparición de los pequeños campesinos (la mayoría) y la transformación de la minoría restante en unos seres totalmente diferentes desde el punto de vista social y económico. El desembolso de capital con vistas a una mecanización y fertilización intensiva, el tamaño necesario de la granja que ha de producir exclusivamente para el mercado, la especialización en diferentes productos de las zonas agrícolas, todo ello significa que la familia campesina deja de ser una unidad productiva y que, en su lugar, el campesino pasa a depender de los intereses que le financian y le compran la producción. La presión económica, imprescindible para el desarrollo de este plan, la proporciona la caída del valor en el mercado de los productos agrícolas. En Francia hoy, el poder adquisitivo del precio de un saco de trigo es tres veces menor que hace cincuenta años. La persuasión ideológica la proporcionan todas las promesas de la sociedad de consumo. Un campesino intacto era la única clase social con una resistencia interna hacia el consumismo. Desintegrando las sociedades campesinas se amplía el mercado.   En gran parte del Tercer Mundo, los sistemas de tenencia de la tierra (en muchas zonas de América Latina un uno por cien de los propietarios posee el sesenta por ciento de la tierra cultivable y el cien por cien de la más productiva), la imposición de monocultivos para el beneficio de las empresas capitalistas, la marginalización de las granjas de subsistencia y, sólo y únicamente debido a ello, el ascenso de la población, hacen que cada vez más y más campesinos se vean reducidos a un estado de pobreza tal que, sin tierra, sin semillas, sin esperanza, pierden toda su identidad social previa. Muchos de estos ex campesinos se aventuran en las ciudades, en donde forman una masa compuesta por millones de personas; una masa, como no la había habido nunca antes, de vagabundos estáticos; una masa de sirvientes desempleados. Sirvientes en el sentido de que esperan en los suburbios, arrancados de su pasado, excluidos de los beneficios del progreso, abandonados por la tradición sin nadie a quien servir. Engels y la mayoría de los marxistas del siglo XX predijeron la desaparición del campesinado frente a la mayor rentabilidad de la agricultura capitalista. El modo de producción capitalista aboliría la producción del pequeño campesinado «como la máquina de vapor aplasta a la carretilla». Estas profecías subestimaban la resistencia de la economía campesina y sobrevaloraban el atractivo que podría tener la agricultura para el capital. Por un lado, la familia campesina podía sobrevivir sin beneficios (la contabilidad de los costos no se puede aplicar a su economía); y por el otro, para el capital, la tierra, a diferencia de otros productos, no es infinitamente reproducible, y la inversión en la producción agrícola termina enfrentándose a algún imperativo y produce menores ingresos. El campesino ha sobrevivido más tiempo del que le habían pronosticado. Pero durante los últimos veinte años, el capital monopolista, mediante sus empresas multinacionales, ha creado una nueva estructura del todo rentable, la «agribusiness», por medio de la cual controla el mercado, aunque no necesariamente la producción, y el procesado, empaquetado y venta de todo tipo de productos alimenticios. La penetración de este mercado en todos los rincones de la tierra está acabando con el campesinado. En los países desarrollados mediante una conversión más o menos planificada; en los países subdesarrollados de forma catastrófica. Anteriormente, las ciudades dependían del campo para el alimento, y los campesinos se veían obligados, de una manera o de otra, a separarse de su llamado «excedente». No falta mucho para que todo el mundo rural dependa de las ciudades incluso para el alimento que requiere su población. Cuando suceda esto, si llega a suceder realmente, los campesinos habrán dejado de existir.” [5]

    Como afirmé más arriba en Paraguay este proceso histórico universal se potencia por la mafia de la droga, de la soja y de los ganaderos. Todos ellos se ven “molestos” por la presencia de los campesinos, y se dedican a asesinar, criminalizar, encarcelar y condenar a los dirigentes campesinos. El que no quiera verlo deberá mirar a otro lado.

     

    tres. La “anomalía” del gobierno de Lugo y lo “original” del de Cartes

    No importan las limitaciones y falencias que tuvo, el gobierno de Lugo fue una verdadera anomalía en la historia de dictaduras y continuidades democráticas funcionales al “continuismo” que se vivieron desde 1989 en adelante. Según un ex Ministro de su gobierno, Lugo estaba apoyado en tres pilares que lo sostenían y explicaban:

    • el movimiento campesino, social y popular que impuso la (débil) coalición electoral que lo llevó al triunfo, pero que no lo sostenía en sus tímidos aprontes reformistas y que lo terminó traicionando del modo más brutal (fue su aliado del Partido Liberal el que sostuvo el proceso de golpe constitucional y lo reemplazó en el gobierno.
    • los procesos de transformación en curso en América Latina que generaron formas estatales de integración no tradicionales como el Alba y las promesas (incumplidas) de crear un Banco del Sur o generar una nueva estrategia de Defensa que reemplace la doctrina de Seguridad Nacional reciclada bajo la mascara de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo.
    • una corriente militar progresista que gestó un inédito Ministerio de Defensa, popular y nacionalista, antimperialista y partidario de la unidad popular.

    La táctica imperial fue transparente y debería ser anotada por el movimiento popular latinoamericano: presionó a Lugo de todas las maneras posibles (legales, comunicacionales, económicas y hasta con maniobras de inteligencia) para que no “sintonizara” con el movimiento popular de modo tal que lo desalentara y desmovilizara mediante la incorporación a la función publica de decenas de dirigentes sociales; neutralizó todo lo que pudo la integración con  latinoamérica y se aprovecho del oportunismo económico de los principales “socios comerciales” Brasil y Argentina que siguieron sometiendo al Paraguay a “relaciones no equitativas”, o sea que ejercieron formas coloniales de dominación sobre la electricidad y otras riquezas paraguayas como la tierra que usufructúan productores brasileros y argentinos; y cuando se vio con fuerzas para forzar la renuncia del Ministro de Defensa desde la Embajada norteamericana los días de Lugo estaban contados. Claro que para liquidarlo acudieron a la Masacre de Curuguaty como una clara señal que no iban por Lugo sino por los campesinos y la izquierda revolucionaria.

    El golpe preparó la llegada de Cartes que expresa la continuidad del Stronerismo pero intenta cumplir las tareas inconclusas que el capital internacional reclama: privatizaciones, más y más concesiones para arrebatar el agua y la energía eléctrica y transformar todo  en una inmensa huerta de soja, marihuana y crianza de vacas.

    En su camino neoliberal, Cartes no solo arremete contra el pueblo, también tropieza con sectores del poder, de la vieja mafia colorada y otros sectores burgueses.

     

    cuatro. la huelga de hambre de Curuguaty y la tercera huelga general

    Permítanme una confesión personal: no me atraen las huelgas de hambre. En mis lecturas adolescentes aprendí de los guerrilleros rusos antifascistas y del Comandante Guevara que un hombre comprometido con el cambio social debe cuidar su vida y ponerla al servicio de los demás. Hacer lo que haya que hacer en beneficio de la humanidad, no importan las circunstancias, era el modo de definir el heroísmo de Julius Fucik, aquel de “por la alegría he ido al combate, por la alegría muero, que jamás la tristeza sea asociada a mi nombre”.

    Permítanme una segunda confesión personal: cuando los Seis Campesinos estaban presos en la Cárcel de Marcos Paz (periodo de tiempo carcelario que la Justicia Paraguay califica de “estadía en un hotel”), vivía aquellos días con angustia y tristeza. Con mucho temor por los compañeros y mucha impotencia.

    Pero en este viaje a Paraguay; en las conversaciones con Carlos Luis Casabianca, inveterado veterano de cárceles y exilios, aprendí que en las condiciones extremas de un país en que no existe el Estado de Derecho, la huelga de hambre es casi siempre el único recurso.

    A diferencia de Argentina, tanto la lucha armada contra la injusticia como la huelga de hambre en la Cárcel son parte de la cultura política popular aceptada con bastante naturalidad por casi todos los luchadores sociales y políticos.

    La masacre de Curuguaty, los presos de Curuguaty, la aberración jurídica de Curuguaty, el encierro infame de los campesinos de Curuguaty precedió al golpe contra Lugo y durante meses y meses nombrarlos era casi un acto de heroísmo por el grado de descalificación que el sistema había logrado sobre ellos. Casi tanto como la que montó sobre los Seis Campesinos de la causa Cecilia.

    Pero los presos de Curuguaty resistieron. Encabezados por su jefe político, el comunista Rubén Villada; alentados por sus familiares dirigidos por una extraordinaria campesina de nombre Martina (que nos visitó en Argentina el año pasado), rodeados por buena parte del movimiento de derechos humanos: el Serpaj Paraguay, la Codehupy, la Comuna y sus equipos jurídicos, sostenidos de todas las maneras posibles (incluidas las políticas pero mucho más por la ternura) de la Articulación Curuguaty y su referente más popular, el Pollo Fabricio, resistieron y pasaron a la ofensiva. Luego de innumerables vejámenes, encerrados en la Cárcel más sórdida del Paraguay y seguro que una de las más sórdidas de América Latina (más que las Colombianas, que no es poco).

    Hay una relación intima, oculta pero innegable entre la resistencia de los presos de Tacumbú (y ahora nombro a todos los presos políticos de Tacumbú) y la resistencia popular a las leyes privatizadoras de Cartes. No es casualidad entonces que del conjunto de consignas que convocaban la huelga general sobresalgan dos: la anulación de la Ley APP (alianza entre lo publico y lo privado, les suena?) y la solución del caso Curuguaty (no solo la libertad de los compañeros, sino la recuperación de las tierras de Marina Kue para el pueblo).

    Y son esas dos consignas las que le dan a esta tercera huelga general un significado histórico especial.

    No soy adivino, ni mucho menos experto conocedor de la realidad paraguaya pero me animaría a decir que en el largo ciclo histórico: frustración de la experiencia autonómica de Gaspar Francia, genocidio argentino brasilero del pueblo paraguayo a finales del siglo XIX, la larga noche de las dictaduras de Morinigo Stroessner, la farsa continuista con mascaras democráticas, la anomalía Lugo y su derrota; la huelga general marca un punto de recuperación de aquella frustración y vuelve a poner en marcha el reloj de la acumulación de fuerzas.

    Que avance o no dependerá de la fuerza y la inteligencia del movimiento popular y de muchos otros factores (vitalidad del proceso latinoamericano, disputas al interior del bloque de Poder, hegemonías en el movimiento popular, etc.) pero algo tengo claro de mis viajes a Paraguay: solo la ética puede fundar una política liberadora y no hay política de liberación que no se haga cargo de los presos políticos, la actitud hacia ellos es un barómetro eficaz de la verdadera subjetividad popular;  el primer derecho de los pueblos es a la autodeterminación y ese es el primer derecho a defender de manera solidaria: luchar por la libertad de los presos políticos paraguayos no es solo un deber ético y moral, es una acción de autodefensa para todos los pueblos de América Latina porque de las muchas verdades guevaristas hay una que atravesó todas las pruebas y es aquella que él envía sus hijos como despedida y que sigue siendo la estrategia política más realista y eficaz de todas: “…y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.”

    [1] https://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2009/12/13/cuatro-fotos-del-paraguay/

    [2] https://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2013/11/15/la-dignidad-se-aloja-en-el-sotano-del-penal-paraguayo-de-tacumbu/

    [3] http://www.codehupy.org/index.php?option=com_content&view=article&id=241:-informe-preliminar-de-la-mision-de-observacion-internacional-de-la-situacion-de-los-derechos-humanos-en-paraguay&catid=8:estatutos

    [4] complementé las conversaciones con la lectura de tres libros: “Reflexiones políticas desde la Cárcel” de Agustín Rodríguez, uno de los Seis Campesinos; “Clandestino y bajo el agua” de Carlos Luis Casabianca, presidente del Partido Comunista Paraguayo y activo luchador cotidiano a sus 86 bien llevados años que además fue mi generoso anfitrión y el “Informe de Derechos Humanos sobre el caso Marina Kue” de la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay.

    [5] http://soria-goig.com/despoblacion/despo_03.htm

  • El cumpleaños de Iris Avellaneda y la cuestión Milani

    Desde hace algunos años, Iris festeja su cumpleaños en la Minga de Morón, esa gran acción popular, cultural y política, contra el olvido y la impunidad que se desarrolla el domingo previo a cada 24 de marzo.

    En el 2009, cuando todavía no arrancaba el Juicio Oral contra los Generales Riveros y Verplaetsen, el asesino Aneto y el resto de los imputados en la causa del Negrito Floreal, la Dirección de Derechos Humanos de Morón tuvo el decoro de pasar un video sobre la vida del Negrito y permitir que Iris le hable a la multitud desde el escenario principal.

    Cuando se apagaron las luces y comenzó a proyectarse el video de Floreal, un silencio sobrecogedor se produjo en ese inmenso campo y cuando Iris comenzó a hablarles; como habla Iris, sencillo, con dulzura de madre y contundencia guevarista, se produjo el “milagro”. Los miles de jovenes se engancharon con Iris como si ella fuera una artista famosa. Ese día nos convencimos que habíamos vencido.  El Negrito había salido del pequeño espacio de nuestra memoria para comenzar a convertirse en un mito de la resistencia popular. Y con eso que todavía faltaba el juicio, el aguante de la noche previa al comienzo, los cuatro meses con la sala llena y la gente en la calle, y los alegatos y la sentencia. Todavía faltaba que Floreal volviera a su escuela y se hiciera libro, y que los niños de  la Escuela Policía Federal de Avellaneda decidieran cambiar su nombre por el de Floreal Avellaneda y muchas otras cosas que ocurren casi a diario con el Negrito peleándole al olvido y la impunidad.

    Iris, como el resto de sus compañeros de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre es una mujer agradecida. Por eso tenemos con los compañeros de Morón, de la dirección de Derechos Humanos, del Municipio, del Consejo Deliberante, etc. , una relación muy especial, fraterna, respetuosa, de gente que se sabe distinta pero que camina junta hacia el mismo objetivo.

    Respetuosa y fraterna sí, pero no menos respetuosa de nuestros principios y proyecto político. Por eso, este año Iris levantó un pequeño cartel hecho a mano por los HIJOS de la zona Oeste que decía: “Fuera Milani Genocida”. Un verbo, un nombre propio y un calificativo que condensan la posición de la Liga en estos días, porque el Fuera Milani Genocida podría haber sido también Fuera Berni Represor o Fuera Granados Manodura.  El Fuera expresa una posición activa de la Liga. No somos gente de media palabra. Cuando dijimos Apoyamos los Juicios contra los Genocidas no nos quedamos mirando o leyendo lo que otros hacían sino que con alma y vida nos metimos en todos los juicios que nos dio y nos da el cuero, que no son pocos. Y cuando supimos que un Militar acusado por sobrevivientes y familiares de victimas del Terrorismo de Estado de haber participado en el Genocidio de manera actica y conciente, no fuimos ni somos de los que nos “lamentamos” o “preguntamos los porqué de tal decisión”; no, nosotros luchamos para que se vaya Milani.

    Con Iris decimos Fuera Milani Genocida.

    Porque hay que echarlo y porque Milani debe ser juzgado con todas las garantías procesales (las mismas que él le negó al soldado Ledo) y condenado por sus crímenes, que son los de un Estado que lo protegió por cuarenta años y que ahora lo sigue protegiendo

    Y no nos equivocamos porque, una vez más, las conductas actuales de aquellos que participaron en el Genocidio, confirman la matriz ideológica que los conformó como asesinos. Desde que asumió Milani no ha dejado de producir actos institucionales de adaptación del Ejercito a la estrategia global del Imperialismo Norteamericano para la región: instalar el eje de la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo como centrales de la labor de las fuerzas de “Seguridad” o para decirlo en nuestros términos, del “aparato armado del Estado”.  En enero firmó un acuerdo con el Comando Sur del Ejercito de Estados Unidos para comprar material rodante para las tropas que se van instalando en la frontera como “refuerzo” de la Gendarmería y policías provinciales, supuestamente para la lucha contra los narcos que no dejan de crecer y ocupar territorios para la mafia. En febrero su cómplice Berni (también militar, pero no del arma de Inteligencia sino Medico Militar) participó en la reunión de la OEA para planificar la lucha contra “el terrorismo” y todo el tiempo se promueve el debate sobre si es o no es necesario sumar a las fuerzas armadas al combate contra los narcos.

    Con la designación de Milani comenzó una secuencia de claudicaciones y regresiones que van arrasando con el progresismo kirchnerista. Que Mariotto sea el que proponga liquidar el derecho de huelga de los trabajadores de la educación da una idea de todo lo que cambió en estos meses. El pedido de una ley que limite el derecho a cortar las calles y las rutas por parte de los que no tienen otra manera de resistir la injusticia y los atropellos, hecho desde la más alta figura del Poder Ejecutivo confirma que no estamos ante cambios parciales o coyunturales sino ante una regresión en forma de las políticas de derechos humanos.  Y es ante esa regresión que nos plantamos y llamamos a resistir.  Fuera Milani Genocida dijo Iris en la Minga de Morón.

    Libertad a Esteche y Lescano, los dirigentes de Quebracho presos por repudiar el asesinato de Fuentealba, agregamos nosotros. Fuera Berni, Granados y todos los que predican mano dura para los niños y pobres y represión para los que luchan. Anulación de la condena a prisión perpetua para los petroleros de Las Heras que luchaban por aumento salarial en el 2006 y tomaron una comisaria para liberar sus dirigentes. Derogación de la Ley Antiterrorista 26734 (en su última versión de 2011, hubo otra de 2007, ambas propuestas por los Kirchner) y abandono de todo ámbito de coordinación continental de lucha “antiterrorista” que sirven de fundamento a la activa política de expulsiones del país de compañeros latinoamericanos como los Seis Campesinos Paraguayos que fueron condenados a treinta y cinco años de prisión por la Justicia Stronerista en el 2009. Respeto a los ambitos autonomos de construcción de memoria: No a la disolución del Instituto Espacio para la Memoria que propugna el acuerdo Cristina Macri de fin de año. Y muchas más cuestiones que resumimos en nuestro proclama del 75º aniversario de la Liga.[1]

    No es la hora de “lamentarnos” o “aconsejar” a los Milani, Berni, Granados o Mariotto que reflexionen y cambien sus posturas. No somos tan ingenuos para creer que alguien hace lo que no quiere o no está convencido. Desde 1937 aprendimos a decir tortura a la tortura y presos políticos a los presos políticos. Y a resistir. Siempre. Contra quien sea y en las condiciones que sean.

    Y esa es la lección política y ética de Iris con su Fuera Milani Genocida.

    Es un llamado a RESISTIR las políticas represoras y violadoras de los derechos humanos.

    A resistir como ella resistió la impunidad de sus torturadores y asesinos de su hijo.

    Eso es lo que aprendimos en estos años.

    Contra los violadores de los derechos humanos no vale lloriquear o lamentarse, y mucho menos llamarlos a que dejen de ser lo que son.

    La única política ética es la de resistir.

    Y la Liga seguirá el camino de su historia que hoy renueva Iris.

    Por el Negrito Floreal y por el viejo Floreal, por Teresa y por Freddy, por Julio y por todas y todos los que hicieron de la ética la manera de hacer política de derechos humanos

    dirección nacional de la Liga

    Imagen

    [1] https://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2012/12/08/en-su-setenta-y-cinco-aniversario-la-ladh-al-valorar-su-historia-de-lucha-como-parte-de-todas-las-luchas-por-la-conquista-de-todos-los-derechos-humanos-para-todos-propone-y-se-compromete-a-luchar/

  • Un nuevo 24 de marzo; otra política de memoria, seguridad y control social, otra política de derechos humanos.

    Si cada 24 de marzo es ocasión para el balance de la lucha contra la impunidad y para pensar la vigencia de los derechos humanos, este del 2014 viene cargado de presagios negativos. La designación de Milani al frente del Ejercito, el ascenso de Berni en el área de “seguridad”, la designación de Granados en el mismo puesto en la provincia de Buenos Aires, los acuerdos para que los yanquis del FBI y la DEA “entrenen” “supervisen” las Policías de Santa Fe, Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y otras;  y el acuerdo del Gobierno Nacional con Macri para disolver el Instituto Espacio para la Memoria e instalar contra viento y marea un Museo en el ex edificio Casinos de Oficiales de la Esma son los emergentes de un proceso más contradictorio y profundo que amenaza con banalizar lo conquistado y abrir un nuevo ciclo represivo en forma[1].

    El primero de esos hechos graves fue la designación de Milani como Jefe del Ejercito a pesar de su probada participación en el Operativo Independencia, en el secuestro de un soldado desaparecido y en los maltratos hacia otros presos políticos en La Rioja. La ratificación de Milani como Jefe y su ascenso a General de la Nación  tiene por lo menos tres efectos muy negativos, en desarrollo:

    a)                      Golpea la base misma de los juicios: la credibilidad del testimonio de los sobrevivientes y de los familiares.  Al equiparar a Milani con sus víctimas se ha dado un paso atrás para los la continuidad de los juicios y se ha regalado en bandeja un argumento de peso para que una futura y distinta Corte Suprema interrumpa o aún modifique el proceso de juicio y castigo. Con esa postura el oficialismo y sus aliados progresistas  se colocaron del lado de la derecha nostálgica de la impunidad. Desde 1983, el punto de ¿a quién creer: a la víctima o al victimario? ha sido el parte agua entre golpistas y partidarios de la ampliación de la “democracia representativa”

    b)                      Se viene legitimando, incluso en el discurso del Ministro Rossi, el accionar militar contra el narcotráfico, eje de la estrategia norteamericana de adecuación de las fuerzas armadas latinoamericanas para sus designios. Es francamente absurdo el argumento que la Inteligencia Militar y las Patrullas del Ejercito en zonas “calientes” del combate contra los narcos, solo será de “apoyo” para la Gendarmería u otras fuerzas que por tradición, encuadre institucional y cultura son subordinadas al Ejercito y no sus mandantes.  También  frena el proceso de debate y construcción de una nueva doctrina militar para América Latina que se había comenzado en tiempos de Garré y que había “congelado” la gestión de Puricelli; con Milani en la Jefatura del Ejercito,  la creación de la Universidad y otras acciones similares son patéticas, si se toma en cuenta que han vuelto a dar clases en el Ministerio de Defensa “expertos” del Comando Sur, o que el actual Jefe de Gabinete fue el que firmó el acuerdo para que la Cuarta Flota se instale en el Chaco, muy cerca del famoso objetivo yanqui de la Triple Frontera (frustrado por la resistencia popular que condicionó al gobierno nacional a desandar lo avanzado por Capitanich).

    c)                      Con todo desparpajo se viene reinstalando la labor de Inteligencia sobre el movimiento popular que excedería largamente al Proyecto X, defendido en su momento por la propia Ministra Garré y que ahora cuenta con un nutrido grupo de Personal de Inteligencia en la conducción del Ejercito y se sabe que un oficial de Inteligencia no deja nunca de reportar al mandante último, o sea la CIA.

    Hemos llamado la atención más de una vez sobre la modificación del aparato armado del estado en la Argentina como resultado del fracaso de la Dictadura Militar y las nuevas tendencias universales en el tema. Ha sido el mismo Capitanich quien ha descripto en estos días el crecimiento inusitado del aparato armado del estado en la Argentina, en paralelo al proceso de integración latinoamericana que borraría (se supone) las históricas hipótesis de conflicto de los militares nacionalistas: Chile y Brasil.  Son nada menos que cuatrocientos mil si sumamos las fuerzas del Ejercito, la Armada, la Aeronáutica, la Gendarmería Nacional, la Prefectura Nacional, la Policía Federal, la Policía Aeronáutica, las policías provinciales y los integrantes armados de las agencias privadas de seguridad que por ley deben ser dirigidas por ex integrantes de las fuerzas de seguridad; y el Ministro no ha sumado los miles y miles de agentes de los Servicios de Inteligencia del Estado y de las Fuerzas Militares, Policiales, etc.

    No son menos que en épocas de la dictadura militar, son muchos más, mejor armados, mejor estrenados y con el capital acumulado de inteligencia en un largo ciclo que arranca en 1930 con la creación de la Sección Especial de Lucha contra el Comunismo, corazón de la Inteligencia como arma que jugó el rol principal en la lucha por desmantelar las organizaciones político militares.  Es interesante como al analizar la resolución judicial sobre el grupo mafioso Los Monos de Rosario, el compañero Carlos del Frade llega a conclusiones semejantes a las nuestras: “en la vida cotidiana, en las calles del Gran Rosario, los integrantes de la Policía Federal, de la provincial y de Prefectura, trabajan juntos, tal como lo hacían en la dictadura cuando conformaban lo que llamaban “fuerzas conjuntas”. Esa matriz se ha reciclado para generar mucho dinero de forma ilegal a partir del dominio de los territorios como bien marca Vienna.   Hecho que, por otra parte, vuelve a señalar lo repetido hasta el hartazgo desde estas columnas: no hay ausencia del Estado, existe una clara presencia corrupta de parte del Estado a través de sus fuerzas de seguridad. La histórica resolución del doctor Juan Carlos Vienna así lo demuestra.” [2]

    El otro hecho de significación cualitativa es el ascenso del Coronel Berni a la conducción real del Ministerio de Seguridad y acaso algo más. Berni, un militar que tuvo asiento en el Sur Patagónico, fue uno de los principales operadores políticos para desmontar la movilización piquetera del 2001/2003 y de allí fue ascendiendo. Portavoz de un discurso grosero de exaltación de la mano dura, de la represión, de la lucha contra la izquierda[3] saboteó y enfrentó los esfuerzos de Garré por “democratizar” las fuerzas de seguridad y luego de su caída se ha transformado en el verdadero jefe del enorme dispositivo de hombres armados por el Estado (nos referimos a la Gendarmería Nacional, la Prefectura Nacional, la Policía Federal, las Policías Provinciales con las que ha tejido acuerdos políticos institucionales, la Policía Aeronáutica y el temible Servicio Penitenciario Federal que mantiene el status militarizado que le impuso la dictadura). Es la confluencia de ese espacio represivo con las mafias delincuenciales que manejan la droga, la prostitución y la venta de autos robados con los punteros políticos que genera aquello que algunos denominan la “zona gris” (Javier Auyero, 2013) que ocupa el espacio de poder en el territorio. Es esa “zona gris” lo que explica el cambio casi mecánico que sufre el voto popular cuando los punteros cambian de camiseta (lo que se observó en el proceso electoral último en el Gran Buenos Aires donde la “compra” de un intendente trajo casi invariablemente los votos del territorio desmintiendo en los hechos la construcción política de aquellos que alardeaban de penetración territorial en los sectores más postergados).

    ¿Cómo leen las fuerzas del estado armadas la designación de un troglodita como Granados o las declaraciones de Berni contra los que cortan calles y la izquierda en general?   Como un guiño a sus prácticas represoras: el gatillo fácil, la tortura en sede policial y penitenciaria, la represión a la protesta social que se promete cada día de un modo más desembozado.  ¿Tiene acaso otra interpretación la competencia entre Massa e Iribarne por ver quien estigmatiza más a los niños y adolescentes pobres como futuros delincuentes?     ¿Y las sucesivas renuncias en la conducción del Servicio Penitenciario Federal, luego de una interminable seguidilla de falsas “fugas” (que incluyeron connotados represores como el que se fue del Hospital Militar?)    ¿No es obvio que es cuasi una rendición del kirchnerismo ante la mafia que maneja las Cárceles Federales y Provinciales.?

    En febrero del 2014, varios funcionarios nacionales encabezados por Berni participaron de las sesiones del Comité Interamericano contra el Terrorismo (CICTE) de la Organización de los Estados Americanos (OEA)[4] inaugurado por un discurso del secretario general adjunto de la OEA donde este afirmó “Los líderes de nuestros Estados Miembros han dejado claro en sus palabras y acciones que el terrorismo debilita los pilares que esta Organización defiende y promueve”. Es coherente, un gobierno que desde Néstor Kirchner viene aprobando leyes contra el terrorismo ahora da un paso más y acepta la conducción de los yankees en los temas de defensa y seguridad. Digo, para los que nos decían que la Ley no tenía efectos prácticos, esperemos al menos que asuman su responsabilidad y propongan derogar la Ley y retirar la Argentina de toda articulación hegemonizada por los yankees con el cuento de la lucha antiterrorista o contra el narcotráfico. Y eso vale para peronistas, radicales y socialistas, que fue Binner quien acaba de volver de reunirse con la DEA y acordar el ingreso de la DEA y el FBI (o sea la CIA) al territorio provincial.

    Lo que comenzó con una “picardía” política: abandonar la “transversalidad” política de los primeros años del kirchnerismo para consolidar la alianza con los barones del conurbano ha terminado del peor modo: no fue el kirchnerismo el que cambió la hegemonía en el territorio sino que esa hegemonía (la  “zona gris”[5]) se fortaleció, se impone al proyecto nacional y ha legitimado la cultura represora de un modo feroz.   Esa cultura represora ha llegado al punto de volver a tener presos políticos con condena judicial en firme, y nada menos que al jefe político de una organización política de izquierda de larga trayectoria como es Quebracho.  Alguna vez se dijo que la actitud hacia los presos políticos es el umbral, el límite de la subjetividad de un militante popular, y de manera especial, de un militante por los derechos humanos. Por si hiciera falta aclararlo, no es que avalemos o asumamos la estrategia y la táctica política de Quebracho, sino que mantenemos incólume la tradición más prístina de la Liga: defendemos y nos solidarizamos con todos y todas las que luchan contra el capitalismo, del modo que fuera.

    Y el tercer hecho gravísimo que conforma la nueva tendencia regresiva en el terreno de los derechos humanos es el acuerdo del gobierno nacional con Macri para disolver el Instituto Espacio para la Memoria,  transferir los edificios que hoy son Centros de Memoria a Nación y construir dos museos de memoria en la Esma: uno en el Casino y otro en el Cuatro Columnas. El gobierno ha decidido monopolizar el capital simbólico de la memoria, usurpar para sí lo que es construcción plural y colectiva. Puesto ante la opción de acordar con los organismos autónomos que conformamos el Consejo Directivo del IEM o acordar con la derecha explícita, eligió la segunda opción dinamitando los puentes del dialogo que paciente y generosamente habíamos construido en estos últimos meses. Las consecuencias todavía son inciertas pero el daño es indudable, el movimiento de derechos humanos ha quedado más dividido: una parte cada vez  más funcional a los caprichos del gobierno de turno y otra parte que –no sin dificultades ni confusiones- procura mantener la autonomía y las banderas históricas de la lucha por la memoria, la verdad y la Justicia.

    Qué molestaba del IEM? Pues, nada menos que la autonomía. El hecho indiscutible que el IEM mantuvo su política bajo los gobiernos de Ibarra y Telerman como bajo el de Macri. Y es esa autonomía que tanto molesta al gobierno nacional, la mejor defensa de las políticas públicas de memoria que gestamos entre todos y que ahora, al transformarse en políticas de gobierno, son tan transitorias como los gobiernos. El IEM mantuvo la misma política de memoria bajo los gobiernos de Telerman, Ibarra y Macri. Para que se entienda bien el significado de la disolución del IEM, el próximo director de los Museos de la Esma los designará el próximo presidente: Massa, Scioli, Macri?..Para el caso es igual.

    La situación es pues muy contradictoria. Por un lado se configura una tendencia regresiva que comienza a actuar dentro de este gobierno casi como un anticipo de un posible triunfo de un gobierno peronista clásico con más vínculos con los yanquis pero por el otro, los efectos de diez años de ampliación de derechos, de juicio y castigo a los represores, de vinculaciones muy fuertes con América Latina en movimiento no han dejado de impactar en un movimiento popular que está en condiciones de asumir las enseñanzas de estos días: solo con cambios más y más profundos se puede avanzar en un proceso de conquista de derechos para todos y el sujeto de ese proceso no puede ser otro que el pueblo mismo. Las ilusiones en que una fracción de la burguesía nacional, un grupo de entusiastas “amigos del pueblo” o el propio aparato del Estado conquisten derechos para el pueblo terminan siempre en las frustraciones más dolorosas. La secuencia Milani, Berni, Granados, usurpación de la Esma, lo confirman.

    José Ernesto Schulman

    es secretario de la

    Liga Argentina por los Derechos del Hombre

    y publica en Cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com


    [1] la represión no dejó de ejercerse sobre los luchadores y los pobres pero hasta ahora era algo “vergonzante” para el poder ejecutivo nacional que pretendía era responsabilidad de las provincias. Hablamos de una ofensiva general y sostenida por la Presidenta tal como anuncia en sus últimos discursos cargados de amenazas a los docentes en huelga y los que cortan calles o rutas.

    [5] el concepto es de Javier Auyero y está desarrollado en su último libro: La Zona Gris : VIOLENCIA COLECTIVA Y POLITICA PARTIDARIA EN LA ARGENTINA CONTENPORANEA y refiere a la alianza entre punteros políticos, policías y fuerzas de seguridad con las mafias delictivas, en primer lugar de la droga y la prostitución.


  • Acto Publico en el auditorio de ATE Nacional, Belgrano2527, CABA, el jueves 13 de marzo a las 18hs

    La Triple A: el terrorismo de Estado bajo apariencia constitucional.
    La historia de lo que fue y de cómo luchamos contra laimpunidad de sus responsables

    miguelvilla


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    Imagen

     

    En 1970, el gran dirigente obrero cordobés Agustín Tosco, quien también fuera directivo de nuestra Liga Argentina por los Derechos del Hombre, en un Congreso en Defensa de la Educación Popular convocado en Tucumán por Francisco Isauro Arancibia (maestro y dirigente sindical asesinado por la dictadura en la misma noche del 24 de marzo de 1976) diría que “Nuestra concepción es humanista y, por lo tanto revolucionaria, y trae este tipo de solidaridad al Congreso Nacional de Educación.    Acepto que si bien en sus definiciones específicas sólo deben participar los compañeros docentes, el gran concepto que va a permitir que se resuelvan los problemas de los compañeros docentes, los problemas que ellos tienen, los problemas espirituales al contemplar como padecen los niños, la solución no va a estar -es necesario recordarlo- en la lucha que se entable en el medio, sino en la lucha del pueblo argentino, de todos sus sectores postergados, y en la medida que sepamos darnos la mano. En la medida que nos brindemos solidaridad y combatividad”

     

    Aquella Reforma Educativa, impulsada por el Ministro Astigueta de Onganía fue resistida y solo pudo aplicarse parcialmente. Fue Menem, su ministra Decibe y los intelectuales que colaboraron con ella (Tedesco, Filmus y Cía.) quien logró el viejo objetivo de desarticular el sistema de educación construido a finales del siglo XIX, incompleto, parcial, conductista y poco estimulador del pensamiento crítico pero eficaz en lograr la incorporación de millones de niños al sistema educativo y garantizar un piso cultural acorde a la época.

     

    La reforma neoliberal, impuesta por el Banco Mundial, se basaba en criterios mercantilistas y de «eficacia”industrial como si educar fuera similar a producir clavos o churros.  La Reforma de los 90 puso el foco en destruir el sistema de formación docente y en promover un nuevo sentido común donde no importaba lo que se aprendía o cómo sino cumplir objetivos macro, igual que imponía el FMI sobre la economía. La idea del presentismo  es ajena a los criterios históricos de la educación en la Argentina y resulta la metáfora perfecta de lo que el neoliberalismo espera de la educación: fingir que se educa con números de presencias y porcentajes del presupuesto.

     

    En momentos que un proceso de ajuste feroz se abate sobre el pueblo, pretender limitar el reclamo salarial es directamente funcional a la tasa de ganancia de los grupos económicos que han hecho de la producción de soja transgénica, la minería a cielo abierto, el armado de autos con partes importadas y el aprovechamiento de las ventajas de la integración económica su modo de empoderarse.

     

    La lucha en común por el aumento salarial, debería unirse al reclamo contra las aulas containers y la inscripción online en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y para continuar un debate sobre el modo de lograr que la educación aporte a forjar ciudadanos comprometidos con la Memoria, la Verdad, la Justicia y la lucha por la conquista de todos los derechos para todos. Una educación liberadora como soñaban Marina Vilte, Francisco Isauro Arancibia y los miles y miles de estudiantes, maestros, profesores y científicos exterminados por el Terrorismo de Estado que luchaban por los mismos objetivos que hoy reclaman los trabajadores de la educación en la Argentina. Y junto con ellos la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Ahora y siempre.

     

    DIRECCION NACIONAL DE LA LIGA

    Buenos Aires, 4 de marzo de 2014

     

     


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    Aunque parezca una noticia de la pagina de economía, la devaluación en curso y la correspondiente inflación afecta de un modo directo el acceso a los derechos humanos y debiera ser materia de debate de los organismos de derechos humanos y de tantas secretarías y direcciones de derechos humanos de carácter nacional y provincial.

     

    La enorme distancia entre el aumento de los precios de los artículos de consumo popular y los ingresos de la inmensa mayoría de la población (salarios, jubilaciones, pensiones, subsidios, etc.) afecta de un modo directo el derecho a la salud, la alimentación, la vivienda, la educación, el trabajo digno y bien retribuido, la seguridad social, y el acceso a la cultura tanto como productor o espectador.

     

    Los vuelven letra muerta.

     

    Como bien dijera el Juez Carlos Rosanzky en relación al cuidado de la niñez: “la Argentina es campeona en la firma de pactos y convenios de protección de la infancia, pero también es la campeona mundial del incumplimiento”

     

    Con la mega devaluación muchos derechos económicos sociales, muchos de ellos conquistados en la década kirchnerista, quedan virtualmente anulados.

     

    Igual que con el arribo de Milani a la conducción del Ejercito, la regresión no esperó al 2015, el futuro es hoy.

     

    En diciembre pasado, el economista Claudio Katz daba algunas claves para entender el proceso devaluatorio que superen las tonterías de los economistas neoliberales pero también de los heterodoxos como Kicillof que nos han hundido en este pantano:  “Argentina es una economía agro-exportadora asentada en la extraordinaria fertilidad de la tierra. Este ventajoso acervo de recursos naturales constituye una maldición bajo el capitalismo, puesto que establece un alto piso de renta comparativa para cualquier otra inversión. Ninguna actividad ofrece un nivel de rendimiento semejante al agro. Esta asimetría determinó la preeminencia inicial de la ganadería y los cereales y su reemplazo actual por la soja.

     

    La inversión industrial no pudo competir durante la centuria pasada con el latifundio terrateniente y no logra rivalizar en la actualidad con los Pools de Siembra. Un sector primario que ofrecía escasas ofertas de trabajo a los chacareros se ha tornado expulsivo del empleo, en la era de la siembra directa. La aglomeración en villas miserias que generaba el éxodo rural del interior ha devenido en informalidad laboral masiva. Los distintos proyectos de industrialización que se implementaron desde la segunda mitad del siglo XX apuntaron a contrarrestar esta tendencia a la primarización estructural.

     

    Pero todos afrontaron el mismo límite que impone la elevada renta agroexportadora al estrecho beneficio fabril. Como la fertilidad natural de la tierra asegura costos muy inferiores al promedio mundial, la vieja tentación de privilegiar el agro invariablemente se renueva. Esa jerarquización agroexportadora reapareció con fuerza en las últimas décadas de modernización de la producción (agroquímicos, modificaciones genéticas, maquinaria de última generación) y aumento de la demanda internacional (por especulación financiera, compras de China-India y agro-combustibles).

     

    Este escenario volvió a disuadir el tibio intento kirchnerista de sostener la actividad fabril, más allá de alguna sustitución de importaciones. Los capitalistas sojeros mantuvieron su renta y el estado se quedó sin los ingresos necesarios para desenvolver un modelo productivo. Esta preeminencia de la agro-exportación genera, además, una fuerte afluencia de dólares que socava la estabilidad cambiaria. Esa oferta encarece la producción local y recrea las quejas empresarias contra la “vigencia de una paridad semejante a la convertibilidad”. Estos desequilibrios estructurales volvieron a descolocar a la política económica y han impuesto el terrible correctivo devaluatorio en curso.”[1]

     

    En mi aporte al debate sobre la democratización de la democracia[2] decía:  “Cuarta propuesta de democratización de democratización de la Democracia
    Y una última propuesta, para abrir el debate sobre un programa posible de democratización radical de la Argentina, volvamos ya a la distribución de la renta nacional del cincuenta por ciento para los asalariados y el cincuenta por ciento para los empresarios.  Así solo sea en homenaje a Cámpora y a Perón, a los que lucharon desde el cincuenta y cinco hasta el 75 por conquistarlo y que fueron reprimidos por seguir luchando para seguir cambiando la matriz distributiva del ingreso.

     

    Pero empecemos ya por el fifty fifty como dicen algunos estudiosos.
    Cincuenta por ciento de la renta nacional para los trabajadores, que son como diez millones y cincuenta por ciento de la renta nacional para los empresarios, que son algunos “menos”.  Eso no sería el socialismo ni mucho menos, pero democratizaría bastante la sociedad. Con plata en el bolsillo, los trabajadores organizados podrían aprovechar las posibilidades que abre la nueva Ley de Comunicaciones para construir sus propios medios de comunicación.  Con dinero en casa, muchos podrían acceder a la televisión digital e internet por banda ancha para adquirir la ciudadanía tecnológica del nuevo siglo, así como con las jubilaciones, el aguinaldo y los convenios colectivos de los cincuenta y sesenta nuestros padres accedieron al teléfono, el cine, las vacaciones en Mar del Plata y las sierras de Córdoba,  las heladeras y las radios.

     

     

     

    Sin democratizar la distribución de la riqueza todo debate sobre la democracia es estéril, formal y hasta hipocritica; seguramente por eso que en este país se habla de tantas cosas menos de la democracia.

     

    No hace tanto que Fidel Castro fundamentaba que nadie puede defender lo que no tiene; por eso nosotros preferimos definirnos como luchadores por los derechos humanos y no como defensores de los derechos humanos; parece una cuestión semántica pero es una cuestión política.

     

    El progresismo, y cada vez menos, a lo máximo que puede llegar es a convocar a “defender” la democracia, nunca a conquistar la verdadera y desarrollarla hasta su transformación en el imperio de los derechos humanos, todos para todos. Y a doscientos años del Mayo independentista, frustrado y traicionado tantas veces, es hora de conquistar la verdadera democracia, esa que será parte indisoluble de la verdadera independencia, de la Segunda y Definitiva Independencia de nuestros pueblos que para ser deberá volver a pensarse como una batalla en toda nuestra América contra la dominación imperial yankee y sus aliados nativos tal como la pensaron los héroes de Mayo y aquel rosarino, boliviano, cubano y americano que nos convoca desde su ejemplo a luchar por la Segunda y Definitiva Independencia porque esa gran humanidad ha dicho basta y en su marcha de gigantes ya no se detendrá…

     

    Hoy, como ayer, esta batalla por la Independencia tiene en la bandera de la conquista de la democracia verdadera, una de sus divisas centrales.  Si en los ochenta, los sandinistas provocaban el debate afirmando que quien quiera democracia verdadera deberá luchar contra la dependencia, no viene mal hoy en día afirmar que quien quiera la Segunda y Definitiva Independencia deberá luchar por la Democracia Verdadera, Cotidiana, con Protagonismo popular en la gestión de todas las cosas en todos los terrenos sociales para que los hombres y las mujeres sean los verdaderos protagonistas de la historia y no protagonistas privilegiados de un drama actuado por otros pero que los afecta de un modo decisivo”.

     


    [1]  La versión completa de este texto puede consultarse en Katz Claudio, “La Economía desde la Izquierda I (Coyuntura y ciclo) y II (Modelo y propuestas), http://www.geocities.com/economistas_de_izquierda/

    la navidad de JuanitoLaguna 1961

  • El cumpleaños de Rodolfo Walsh y la cuestión Milani.            Una vez más sobre la ética y la política

    “No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial

    ni «becarios» que vivan al amparo del presupuesto,

    ejerciendo una libertad entre comillas”

    Ernesto Guevara

     

    En 1927, encerrado en una mazmorra fascista por aquello de “debemos impedir que este cerebro funcione” –lo alegado por el fiscal en el juicio-, Antonio Gramsci, corso, intelectual comunista y revolucionario de tiempo completo, se pregunta las razones de la derrota y casi en la más rigurosa soledad elabora un conjunto de ideas que dejarían en ridículo la pretensión de acabar con su producción intelectual. Luego de varios intentos, decide articular sus reflexiones alrededor de un personaje muy popular en Italia, que había vivido cuatro siglos antes: Nicolás Maquiavelo. En “El Príncipe” había desplegado un conjunto de reglas y consejos para que el “populacho”, los que no nacieron para la política y desconocían casi todo de ella, pueda actuar con una “voluntad colectiva” y conquistar los objetivos anhelados. Para ello distingue entre la ética y la política. No descarta ni descalifica la ética, como la vulgata ha pretendido durante siglos y aún intenta, con aquella invención de que “el fin justifica los medios”, afirmación que el nunca suscribió y que por el contrario, es opuesta a su pensamiento. Lo que sí explicó Maquiavelo  es que no alcanzaba con la ética, que hacía falta eficacia en la lucha política.  Gramsci va a partir de allí;  contextualiza el concepto diciendo que en 1527 solo había una ética que era la religiosa, dictada desde Roma por el Papa y que las acciones políticas no solo tenían que ser “éticas” (en el sentido religioso predominante) sino eficaces.  La acción política debe alcanzar los objetivos proclamados y para ello propone constituir al pueblo en un “nuevo príncipe”, otro modo de nombrar (todo lo que escribía era revisado por la censura) a la fuerza organizada para la lucha política que en 1927 tenía como principal exponente al Partido Bolchevique, modelado por Lenin en la Rusia de principios del siglo XX.   Y que la ética debía contextualizarse en las tareas históricas que marcaba la vigencia de la lucha por el triunfo de la revolución socialista iniciada en noviembre del 17; es decir, no pensar la ética  en función del “plan divino” que supuestamente daría a cada hombre un lugar en la historia, su destino, sino desde la perspectiva que el hombre forja la historia con conciencia, organización y disciplina.  Luchar por el cambio social desde proyectos colectivos inspirados en el bien común representaba para Gramsci la ética de su época y no el estricto cumplimiento de las bulas y encíclicas papales[1].  Algunos años más tarde, Julius Fucik,  periodista checo antifascista, afirmaría que héroe era aquel que hacía lo que había que hacer en aras de la revolución, no importa las circunstancias.  Desde entonces, para los revolucionarios y los humanistas en general, ético es hacer lo que hay que hacer en aras de defender y potenciar la humanidad de los seres. O sea, construir el hombre nuevo.

    Pero la historia resultó mucho más contradictoria y paradójica de lo que todos imaginaban. En el camino de luchas por abrir paso a la revolución socialista mundial se fue reconfigurando la ética religiosa y para el tiempo de la muerte de Gramsci (lo mantuvieron en la cárcel hasta pocos días antes de su deceso en 1937), la ética comunista mutó en una ética referencial al supuesto centro de la Revolución, la Unión Soviética y los Partidos Comunistas. A ellos  se adjudicó la propiedad de la infalibilidad y la invencibilidad; se reclamó subordinación de las conductas humanas a sus deseos, en aras de una supuesta “razón de estado revolucionaria” que recuperó de un modo trágico aquella versión deformada del Maquiavelo original. Era ético lo que era funcional a su mantenimiento y crecimiento, no importando otro razonamiento. Con la consolidación del stalinismo reapareció la pretensión instrumentalista de que la causa obliga al “sacrificio” de hacer lo que no corresponde; el fin justifica los medios,  en el lenguaje popular.  Y esa ética invadió todo, hasta las fuerzas supuestamente antagónicas del centro de la revolución mundial. El asesinato del poeta salvadoreño Roque Dalton por parte de un jefe del Ejercito Revolucionario del Pueblo de El Salvador (en castigo por su planteo de unidad de los revolucionarios) ilustra la magnitud de la deformación sufrida. La incidencia de tal concepción ética sobre el movimiento político que asumió la conducción de la mayor gesta humana: el intento de terminar con el capitalismo en el siglo XX, ha sido analizado al detalle y no es este el lugar de repasar aquella trayectoria – que terminó en el vaciado político del mundo socialista real facilitando su derrota-.

    Para finales del siglo XX, consumada la debacle del llamado mundo socialista, aquello de las “melladas armas del capitalismo”[2] trepó al más descarnado posibilismo que encontró en la llamada Tercera Vía[3] , un modo brutal de expresión.  Ya no se trataba de buscar un camino intermedio entre el socialismo estatalista y el capitalismo (que para muchos era el Capitalismo de Bienestar, del cual el primer peronismo fue una de sus expresiones más acabadas), sino entre el capitalismo neoliberal en alza y el capitalismo de bienestar en declive. Un economistas británico le puso letra, Anthony Guiddens y tres estadistas: Tony Blair, laborista de Inglaterra, Massimo D Alema, ex comunista italiano y Bill Clinton, demócrata yanqui lo lanzaron al mundo.  Entre nosotros, primero fue el dirigente peronista Eduardo Alberto Duhalde, quien lo  hizo circular con la ayuda de Antonio Cafiero, en los primeros 90 y luego la posta la tomó el grupo hegemónico del Frente Grande con Chacho Álvarez y Eduardo Sigal a la cabeza. Pocos recuerdan que con el apoyo de buena parte de la dirigencia del P.T. de Brasil, el Partido Socialista de Chile y muchas otras fuerzas  “progresistas” generaron en 1997 el llamado “Consenso de Buenos Aires”, verdadero catalogo de claudicaciones programáticas que sirvió de base a las plataformas electorales de lo que hoy se llama el  “progresismo”[4].  La hipótesis de este articulo es que las huellas de aquel realismo de la razón de estado del siglo XX y de este posibilismo de renunciar al cambio verdadero y buscar un lugar intermedio entre el fundamentalismo de mercado y la regulación estatal del capital, han modelado a toda una generación de luchadores democráticos.  Muchos de ellos han accedido a cargos de gobierno y son cautivos de aquel cepo ideológico, que puede llegar a frustrar las intenciones más valiosas y osadas.   El caso es  que, una vez más, postergan la “ética” en aras de la “política” y las palabras las pongo entre comillas porque pretendo condensar en dos términos un campo de cuestiones conceptuales e históricas bastante amplio.  Digamos, para entendernos, que por ética en este texto, entiendo los principios filosóficos e ideológicos, la coherencia entre lo proclamado y lo actuado y el respeto por las luchas libertarias que nos precedieron y prepararon nuestro presente; y por “política” entenderé el conjunto de acciones desplegadas desde el gobierno y desde las fuerzas políticas que se piensan desde la correlación de fuerzas y no desde el objetivo revolucionario;  como diría Gramsci, desde el “ser” antes que desde “el deber ser” o al decir de Guevara, que al momento de calcular la correlación de fuerzas no incorporan en el cálculo la transformación que la voluntad humana, organizada colectivamente, puede producir en la realidad social. El progresismo de Tercera Vía (que impugna a la izquierda por no aprender de sus errores en el pasado) estaría, paradójicamente, cautiva de una consideración “ahistórica” de la realidad. Se toman decisiones en función de un eterno presente, en el que la política encuentra necesariamente su justificación en lo “urgente” y en la “coyuntura” y aún más, en aras de la superación posmoderna del dogmatismo anquilosado de los setenta, se asumen como propias las categorías del “marxismo de estado”, convertido en un discurso justificatorio de la acción gubernamental y no “la guía para la acción revolucionaria”. Aunque algunos de ellos no lo sepan la subordinación de los intereses de clase a la geopolítica o al proyecto político del gobierno no es otra cosa que la vieja “razón de estado” y la eterna postergación del asalto revolucionario no es otra cosa que la eterna espera (imposible de concretar por cierto) de la maduración de las condiciones subjetivas como resultado de la práctica y los cambios en la estructura económico social. En una conversación con argentinos, en la década del 60, el Comandante Guevara contestó el argumento de que las condiciones no estaban creadas con un simple “bueno, pero algo pueden hacer uds. no”[5]

    Casi en coincidencia con el cumpleaños número ochenta y siete de Rodolfo Walsh, el referente de Carta Abierta y del Kirchnerismo, Ricardo Forster ha publicado un articulo en Pagina 12 donde reivindica, de un modo que sorprende por su descarnada franqueza lindante en el sincericidio, su condición posibilista, partidario de la tercera vía y de subordinación de la ética a la política. Veamos lo que dice, sucintamente, y con breves comentarios porque el texto no esconde casi nada.

    “No somos los jóvenes revolucionarios de los ’70 que pensábamos la política como instrumento para la creación de una nueva sociedad y que soñábamos –bajo la lógica de lo absoluto e innegociable– tomar el cielo por asalto llevando adelante nuestros ideales blindados e implacables con nuestras debilidades y/o contradicciones; tampoco somos, por suerte, los escépticos contempladores de una sociedad devastada que parecía haberse tragado ideales y posibilidades de habitar la política desde la perspectiva de una incidencia efectiva sobre una realidad viscosa; tampoco somos, estrictamente, aquellos intelectuales que, con nuestras revistas a cuestas y a contracorriente de las hegemonías culturales de los ’90, insistíamos con la crítica del mundo sabiendo de la corrosión de nuestras propias tradiciones político-intelectuales”… ”; ”… tampoco somos, después de diez años de kirchnerismo, los portadores de los mismos entusiasmos que, principalmente, nos conmovieron desde el 2008, pero tenemos (tengo) la certeza de seguir viviendo los mejores años de la democracia argentina, años de profunda reparación no sólo del país sino, fundamentalmente, de nosotros mismos, de nuestra manera de estar en la escena nacional y de repensar muchas cosas…”

    Lo que se dice un intelectual de tercera vía sin complejos: no somos más revolucionarios ni  menemistas, aunque tampoco somos tan entusiastas como en el 2008, lo dice él;  solo llamaría la atención hacia el hecho de que Forster considera, al proceso abierto en 1983, como los años de la “democracia argentina”, asumiendo la mirada liberal que se contenta con una democracia formal, minimalista, sin sustancia social ni económica. Claro que para esa operación necesita estigmatizar el pensamiento revolucionario de los setenta, renunciando a lo que nunca fue ni hizo. Resulta pertinente, en honor a la generación del setenta recordar las palabras de Marx sobre la derrota de la Comuna de1871 enfrentando a sus detractores, de los cuales Forster se asume como heredero: “La canalla burguesa de Versalles planteó esta alternativa a los parisienses: aceptar el reto y lanzarse a la lucha o retirarse sin combate. En el segundo caso, la desmoralización de la clase obrera habría sido un infortunio mucho más grave que la pérdida de un determinado número de “combatientes” (Carlos Marx).

    “…Inclusive ha posibilitado un salto cualitativo para los propios movimientos de derechos humanos, que han visto cómo se concretaban sus demandas cuando nada parecía abrir esa posibilidad en un país dominado por la impunidad y el cinismo. Se pasó de lo testimonial a una política de Estado. Y se lo hizo tanto para reparar una deuda con la memoria de los desaparecidos como para dotar de legitimidad ética a una reconstrucción de la política y de la sociedad…”

    Aquí, el filosofo Forster se carga setenta y seis años de historia del movimiento de derechos humanos de la Argentina en un azote teórico: “se pasó de lo testimonial a una política de Estado”. Como para el escriba a sueldo del gobierno, lo “testimonial” es sinónimo de impotencia debería él contestar si fue inútil la huelga general de los trabajadores contra la sanción de la ley 4144 en 1902, la Solidaridad con las luchas de los obreros rurales de Santa Cruz reprimidos por el Ejercito o del norte santafecino aplastados por «Los Cardenales» de La Forestal en los primeros años de la decada del  20 del siglo pasado, las grandes marchas contra el asesinato judicial de Sacco y Vanzetti en agosto de 1922, la defensa de los cientos y cientos de presos políticos de la dictadura de Uriburu y Justo  de la cual surgió la Liga Argentina por los Derechos del Hombre en diciembre de 1937, de nuevo la defensa de los presos de la dictadura del 43, del 55, del 62 y del 66.

    No se donde estaba ud. y la tradición en que ud. se inspira y no voy a apelar al golpe bajo de nombrar a Juan Ingalinella asesinado por la policía Peronista de Rosario días antes del Golpe Gorila del 55,  ni recordarle a José López Rega y la Triple A.

    Golpes bajos no, Forster; no me venga con que setenta y seis años de historia de luchas son “testimoniales” porque me obliga a recordarle a Teresa Israel, abogada comunista de la Liga Argentina por los Derechos del Homber desaparecida por la dictadura en marzo de 1977 o a Freddy Rojas asesinado por Bussi al amparo de su democracia bipartidista en diciembre de 1987.

    Golpes bajos no,  Forster , y no hable de lo que sabe poco o nada.  Ud. idealiza las políticas publicas de derechos humanos, que no superaron nunca las de memoria, que allí están Julio López, el gatillo fácil, la tortura en sede policial y las cárceles, para dejarlo en ridículo.

    Cierto es que hoy no estamos solos, pero nunca estuvimos solos. Hay una historia de la lucha de los derechos humanos que Ud. desaparece con ese peyorativo calificativo de testimonial que nos pretende colocar en el lugar de los que decimos pero no hacemos. La ética sería la pasividad y la política lo activo. Pues sepa Ud. que los juicios se hacen porque más de dos mil quinientos sobrevivientes del Terrorismo de Estado salimos de ese lugar de “víctimas pasivas” para asumirnos como acusadores, como activos herederos y portadores de las banderas y la palabra de los que no están. Sepa Ud. que cuando testimoniamos no solo hablamos por nosotros, estamos recibiendo y pasando a la sociedad “el testigo” que recibimos de los desaparecidos y sepa Ud., que si le contesto, es simplemente porque hay miles que no pueden hacerlo y que mejor que yo pondrían en su lugar a quien se atreve a proclamar orgulloso que “no somos los jóvenes revolucionarios de los 70

    Y finalmente Forster va al grano: qué hacer con la designación de un militar que ha participado activamente en el Plan de Exterminio, nada menos que en el Operativo Independencia desplegado en Tucumán: “Milani, su ascenso y su nombramiento tienen que ver directamente con estas preocupaciones y con estas contradicciones, nuestras y del proyecto. Lo inmediato, no sé si lo más sencillo, es responder bajo la exclusiva demanda de los principios y de la actividad crítica y, claro, desprendernos de las exigencias de la razón política a la hora de rechazar a quien, supuestamente, está manchado por los crímenes de la dictadura (no es difícil hacer lo que hace el CELS, y eso independientemente de que admire y valore su enorme trabajo en defensa de los derechos humanos, porque su lógica es otra y su manera de colocarse ante las demandas de la feroz disputa política es inversamente proporcional a la nuestra, que no somos una ONG ni un centro de investigaciones que se deben a sus fundamentos normativos y a sus protocolos. Nosotros somos un extraño y algo extravagante colectivo político que navega por aguas tormentosas y para nada cristalinas y que debe asumir posiciones sabiendo que, del otro lado, hay un enemigo dispuesto a aprovechar absolutamente todo lo que digamos y hagamos, pero sabiendo también que no se contribuye a avanzar bajo la lógica de la complacencia y el seguidismo acrítico. Esta tensión nos atormenta y nos enriquece).Un difícil y a veces imposible equilibrio entre las demandas implacables de la lucha política y las demandas, distintas y complementarias, que nacen del ámbito de las ideas y de los dispositivos éticos”

    Y lo resuelve sin vacilaciones a favor de “la política” en detrimento de “la ética”, pero como no encuentra argumento alguno para defender su posición apela  a la fe. Como en las viejas religiones (incluido el comunismo ruso post Lenin) todo es cuestión de fe: ud. cree o no cree en el Jefe. Si cree es revolucionario, buehh, en este caso es algo así como “progresista”; y si no, es “funcional” a la derecha. Léanlo uds. mismos: De la misma manera, y de eso estoy convencido, de que no se trata de una involución del Gobierno ni de un cuestionamiento a la política de derechos humanos que ha sido y sigue siendo extraordinaria, única en el mundo (por eso mismo no se la puede debilitar ni supeditar a “otras” exigencias de la hora, pero tampoco se puede cuestionar, corriendo por izquierda, a quienes han encabezado un proceso de reparación que sigue avanzando sin dejar de lado a los responsables civiles y eclesiásticos –recuerdo la condena a Von Wernich y el procesamiento de Blaquier–). Sigo teniendo una confianza última y profunda en quien lidera el proyecto, al mismo tiempo que reconozco las grandes dificultades que nos seguirán desafiando en estos dos años.”

    Cuando dice yo le creo a Cristina, está diciendo que él le cree a Milani y no a la dos veces Madre del compañero desaparecido Alberto Agapito Ledo (Madre porque es la mamá de Ledo y Madre porque preside Madres de Plaza de Mayo de La Rioja desde hace décadas) y no se siquiera si Forster sabe que al decir que no le cree a Ledo está dinamitando toda la base jurídica, política y ética con la que construimos estos diez años de juicios contra los genocidas que es, justamente ,“creerles” a los sobrevivientes y familiares de los desaparecidos

    La Corte Suprema en 1983 al considerar la condena a la Junta de Comandantes afirmó algo así: dado el carácter clandestino del Plan de Exterminio ejecutado por la Dictadura, el testimonio de los sobrevivientes adquiere carácter “necesario” y la convergencia de varios de ellos sobre un hecho  o persona, adquiere carácter de prueba. Me parece que ud., que tanto valora los juicios por delitos de lesa humanidad, ni siquiera se ha tomado el trabajo de entender esta anomalía jurídica de condenar a terroristas de Estado a más de treinta años de los hechos.

    Lea un poco Forster, le evitará algún que otro ridículo como el que bien explica el compañero Jorge Perea (profesor de historia y catamarqueño) en una breve reflexión:   Desde 1983, existe una suerte de pacto ético muy frágil y precario, que ha sido fundamental para señalar al territorio que separa a «demócratas» de los «progolpistas», para el Nosotros que lucha por la memoria y la justicia, las narraciones de los sobrevivientes de los campos de exterminio son verdad (fragmentaria) sobre lo pasado. Con la aprobación en la Cámara de Senadores del pliego de Milani se iguala en jerarquías las palabras de las víctimas y los victimarios, en la espera de que el aparato judicial medie entre las versiones y consagre una nueva y única verdad con fuerza de dogma. El pusilánime Milani, que «nada recuerda», que «recién supo del horror en 1983», «porque era muy joven», es el antepenúltimo ejemplar de una casta de militares bañada en sangre, ejemplo de lo mucho que falta para que lo viejo perezca y lo nuevo termine de nacer.”

    Por si no lo entendió Forster, Ud. es el que ha quedado del lado de la derecha golpista, no los que impugnamos desde la ética el ascenso de Milani; es que el anteponer el “ser” al “deber ser” (vio que yo también puedo hablar en  difícil si quiero, lo que demuestra que “hablar difícil” no es prueba de ninguna sabiduría) siempre termina del lado del Poder; porque el ser no es otra cosa que el resultado de modelación de la realidad por parte del Poder, y es por razones política (no solo éticas) que uno debe rebelarse al Poder y no “adaptarse” como Ud. propone.

    Piense en Rodolfo Walsh. En su gesto final y sublime. Aislado,perseguido, sufriendo por el asesinato de su hija Rodolfo Walsh realiza el análisis más riguroso de la nueva realidad creada por el Poder con la aplicación del Terrorismo de Estado, pero ni siquiera en esas condiciones se deja vencer por el “realismo”. Para Rodolfo las cosas no son lo que parecen. “Parece” que lo más importante sea el terror, pero lo más importante es el proyecto de cambios en la economía. Ud. dirá que era un marxista dogmático. Puede ser, no conozco tanto el pensamiento de Walsh.  Pero lea un párrafo de su carta: Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.”

    Alguna vez, su compañera de aquellos días, Lilia Ferreyra, me contó en detalle cómo Rodolfo escribió la carta.   Cómo trabajó arduamente para escribir los primeros cuatro ítems (dedicados a denunciar todas las formas del horror que utilizaba la dictadura) y al pensar que estaba lista, él mismo se dijo que “así”, solo hablando del horror, no servía. Que había que explicar la razón material, el interés económico, el sentido estratégico del Plan de Extermino. Y que fue entonces que escribió el ítem cinco sobre el plan económico. Y se fue, con la carta en un bolsillo y una 22 en el otro en busca de su destino. Ud. se congratula por no ser como aquellos jóvenes revolucionarios de los 70 y tiene todo su derecho. Pero entonces no hable de Walsh. No sea obsceno.

    Por el contrario, a mi me gusta soñar con que puedo, algún día que todavía me quedan chances y me sobra voluntad, acercarme de algún modo al sendero que nos dejó marcado Rodolfo Walsh, ese de la ética que –y de ello estoy seguro- es el que nos llevará a la victoria.

    Así de sencillo, hay que regirse por la ética, siempre;  porque es el único camino para la eficacia política de un proyecto transformador de la vida.

    El realismo siempre termina en la bancarrota de los proyectos transformadores y en la claudicación ética de sus escribas.


    [1]   Gramsci y la formación política de los revolucionarios. Schulman. 2000. https://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2000/01/10/gramsci-y-la-formacion-politica-de-los-revolucionarios/

    [2] Ernesto Guevara en su carta sobre el hombre nuevo y el socialismo al periódico Marcha.

    [4] La responsabilidad del progresismo en la crisis argentina. Schulman. 2001. https://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2001/05/10/la-responsabilidad-del-progresismo-en-la-crisis-argentina/

    [5] presente en la conversación y gran difusor del pensamiento guevarista era el compañero Lisandro Viale, rosarino, dirigente de la UCRI, del P.I. y luego animador de cuanta iniciativa de unidad de izquierdas hubiera en el país y América Latina.


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    América Latina no puede mirar complaciente el avance del fascismo paraguayo que terminará agrediendo todas las formas de integración y los pasos en la superación de la impunidad y el neoliberalismo

     

    Desde su asunción como “presidente”, heredero del golpe de Estado contra Lugo que alguna vez fuera repudiado por todos los gobiernos y fuerzas políticas de la región, Cartés no ha dejado de huir hacia el pasado dictatorial stroessnista del que proviene su Partido Colorado.

     

    Modificó la Ley de Seguridad Nacional, militarizó vastas zonas del país, judicializó la protesta social y procede a ejecuciones judiciales que no respetan ni en lo más mínimo los parámetros jurídicos reconocidos universalmente.

     

    En la noche del dos de enero atropelló a los manifestantes que protestaban por los aumentos del costo del transporte público y el estado patético de la “flota” de colectivos.  Jóvenes mujeres y hombres, niños y gente de edad enfrentaron  con firmeza la represión y fueron encarcelados por las bandas armadas del estado paraguayo.

     

    Nuestra solidaridad con todas y todos, especialmente con el compañero Fabricio Arnella, dirigente juvenil comunista y miembro de la Coordinadora por los presos de Curuguaty a quien recibimos en la Argentina en el Instituto Espacio para la Memoria y en la sede de la ex ESMA; y con quien compartimos la Misión Internacional de Observación de los Derechos Humanos en Paraguay realizada en noviembre pasado que presagiaba los vientos de odio que hoy recorren el hermano país.

     

    Desde la Liga Argentina por los Derechos del Hombre exigimos la inmediata libertad de todos los presos por luchar contra el aumento del boleto urbano del transporte de pasajeros; también de todos y todas las presos políticos ya condenados o con proceso fraudulento como los hermanos de la Causa Curuguaty o de la Causa Cecilia; y reclamamos del Mercosur, del Unasur, de la Celac y todas las Cancillerías de la región una firme exigencia al Paraguay de que respete los cánones vigentes de respeto a los derechos humanos con la convicción que no habrá integración latinoamericana verdadera sobre la base de la convalidación de las violaciones a los derechos humanos.

     

    Buenos Aires, 4 de enero de 2014

    Graciela Rosenblum, Iris Avellaneda y José Schulman

    dirección nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre