El cumpleaños de Rodolfo Walsh y la cuestión Milani. Una vez más sobre la ética y la política


“No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial

ni “becarios” que vivan al amparo del presupuesto,

ejerciendo una libertad entre comillas”

Ernesto Guevara

 

En 1927, encerrado en una mazmorra fascista por aquello de “debemos impedir que este cerebro funcione” –lo alegado por el fiscal en el juicio-, Antonio Gramsci, corso, intelectual comunista y revolucionario de tiempo completo, se pregunta las razones de la derrota y casi en la más rigurosa soledad elabora un conjunto de ideas que dejarían en ridículo la pretensión de acabar con su producción intelectual. Luego de varios intentos, decide articular sus reflexiones alrededor de un personaje muy popular en Italia, que había vivido cuatro siglos antes: Nicolás Maquiavelo. En “El Príncipe” había desplegado un conjunto de reglas y consejos para que el “populacho”, los que no nacieron para la política y desconocían casi todo de ella, pueda actuar con una “voluntad colectiva” y conquistar los objetivos anhelados. Para ello distingue entre la ética y la política. No descarta ni descalifica la ética, como la vulgata ha pretendido durante siglos y aún intenta, con aquella invención de que “el fin justifica los medios”, afirmación que el nunca suscribió y que por el contrario, es opuesta a su pensamiento. Lo que sí explicó Maquiavelo  es que no alcanzaba con la ética, que hacía falta eficacia en la lucha política.  Gramsci va a partir de allí;  contextualiza el concepto diciendo que en 1527 solo había una ética que era la religiosa, dictada desde Roma por el Papa y que las acciones políticas no solo tenían que ser “éticas” (en el sentido religioso predominante) sino eficaces.  La acción política debe alcanzar los objetivos proclamados y para ello propone constituir al pueblo en un “nuevo príncipe”, otro modo de nombrar (todo lo que escribía era revisado por la censura) a la fuerza organizada para la lucha política que en 1927 tenía como principal exponente al Partido Bolchevique, modelado por Lenin en la Rusia de principios del siglo XX.   Y que la ética debía contextualizarse en las tareas históricas que marcaba la vigencia de la lucha por el triunfo de la revolución socialista iniciada en noviembre del 17; es decir, no pensar la ética  en función del “plan divino” que supuestamente daría a cada hombre un lugar en la historia, su destino, sino desde la perspectiva que el hombre forja la historia con conciencia, organización y disciplina.  Luchar por el cambio social desde proyectos colectivos inspirados en el bien común representaba para Gramsci la ética de su época y no el estricto cumplimiento de las bulas y encíclicas papales[1].  Algunos años más tarde, Julius Fucik,  periodista checo antifascista, afirmaría que héroe era aquel que hacía lo que había que hacer en aras de la revolución, no importa las circunstancias.  Desde entonces, para los revolucionarios y los humanistas en general, ético es hacer lo que hay que hacer en aras de defender y potenciar la humanidad de los seres. O sea, construir el hombre nuevo.

Pero la historia resultó mucho más contradictoria y paradójica de lo que todos imaginaban. En el camino de luchas por abrir paso a la revolución socialista mundial se fue reconfigurando la ética religiosa y para el tiempo de la muerte de Gramsci (lo mantuvieron en la cárcel hasta pocos días antes de su deceso en 1937), la ética comunista mutó en una ética referencial al supuesto centro de la Revolución, la Unión Soviética y los Partidos Comunistas. A ellos  se adjudicó la propiedad de la infalibilidad y la invencibilidad; se reclamó subordinación de las conductas humanas a sus deseos, en aras de una supuesta “razón de estado revolucionaria” que recuperó de un modo trágico aquella versión deformada del Maquiavelo original. Era ético lo que era funcional a su mantenimiento y crecimiento, no importando otro razonamiento. Con la consolidación del stalinismo reapareció la pretensión instrumentalista de que la causa obliga al “sacrificio” de hacer lo que no corresponde; el fin justifica los medios,  en el lenguaje popular.  Y esa ética invadió todo, hasta las fuerzas supuestamente antagónicas del centro de la revolución mundial. El asesinato del poeta salvadoreño Roque Dalton por parte de un jefe del Ejercito Revolucionario del Pueblo de El Salvador (en castigo por su planteo de unidad de los revolucionarios) ilustra la magnitud de la deformación sufrida. La incidencia de tal concepción ética sobre el movimiento político que asumió la conducción de la mayor gesta humana: el intento de terminar con el capitalismo en el siglo XX, ha sido analizado al detalle y no es este el lugar de repasar aquella trayectoria – que terminó en el vaciado político del mundo socialista real facilitando su derrota-.

Para finales del siglo XX, consumada la debacle del llamado mundo socialista, aquello de las “melladas armas del capitalismo”[2] trepó al más descarnado posibilismo que encontró en la llamada Tercera Vía[3] , un modo brutal de expresión.  Ya no se trataba de buscar un camino intermedio entre el socialismo estatalista y el capitalismo (que para muchos era el Capitalismo de Bienestar, del cual el primer peronismo fue una de sus expresiones más acabadas), sino entre el capitalismo neoliberal en alza y el capitalismo de bienestar en declive. Un economistas británico le puso letra, Anthony Guiddens y tres estadistas: Tony Blair, laborista de Inglaterra, Massimo D Alema, ex comunista italiano y Bill Clinton, demócrata yanqui lo lanzaron al mundo.  Entre nosotros, primero fue el dirigente peronista Eduardo Alberto Duhalde, quien lo  hizo circular con la ayuda de Antonio Cafiero, en los primeros 90 y luego la posta la tomó el grupo hegemónico del Frente Grande con Chacho Álvarez y Eduardo Sigal a la cabeza. Pocos recuerdan que con el apoyo de buena parte de la dirigencia del P.T. de Brasil, el Partido Socialista de Chile y muchas otras fuerzas  “progresistas” generaron en 1997 el llamado “Consenso de Buenos Aires”, verdadero catalogo de claudicaciones programáticas que sirvió de base a las plataformas electorales de lo que hoy se llama el  “progresismo”[4].  La hipótesis de este articulo es que las huellas de aquel realismo de la razón de estado del siglo XX y de este posibilismo de renunciar al cambio verdadero y buscar un lugar intermedio entre el fundamentalismo de mercado y la regulación estatal del capital, han modelado a toda una generación de luchadores democráticos.  Muchos de ellos han accedido a cargos de gobierno y son cautivos de aquel cepo ideológico, que puede llegar a frustrar las intenciones más valiosas y osadas.   El caso es  que, una vez más, postergan la “ética” en aras de la “política” y las palabras las pongo entre comillas porque pretendo condensar en dos términos un campo de cuestiones conceptuales e históricas bastante amplio.  Digamos, para entendernos, que por ética en este texto, entiendo los principios filosóficos e ideológicos, la coherencia entre lo proclamado y lo actuado y el respeto por las luchas libertarias que nos precedieron y prepararon nuestro presente; y por “política” entenderé el conjunto de acciones desplegadas desde el gobierno y desde las fuerzas políticas que se piensan desde la correlación de fuerzas y no desde el objetivo revolucionario;  como diría Gramsci, desde el “ser” antes que desde “el deber ser” o al decir de Guevara, que al momento de calcular la correlación de fuerzas no incorporan en el cálculo la transformación que la voluntad humana, organizada colectivamente, puede producir en la realidad social. El progresismo de Tercera Vía (que impugna a la izquierda por no aprender de sus errores en el pasado) estaría, paradójicamente, cautiva de una consideración “ahistórica” de la realidad. Se toman decisiones en función de un eterno presente, en el que la política encuentra necesariamente su justificación en lo “urgente” y en la “coyuntura” y aún más, en aras de la superación posmoderna del dogmatismo anquilosado de los setenta, se asumen como propias las categorías del “marxismo de estado”, convertido en un discurso justificatorio de la acción gubernamental y no “la guía para la acción revolucionaria”. Aunque algunos de ellos no lo sepan la subordinación de los intereses de clase a la geopolítica o al proyecto político del gobierno no es otra cosa que la vieja “razón de estado” y la eterna postergación del asalto revolucionario no es otra cosa que la eterna espera (imposible de concretar por cierto) de la maduración de las condiciones subjetivas como resultado de la práctica y los cambios en la estructura económico social. En una conversación con argentinos, en la década del 60, el Comandante Guevara contestó el argumento de que las condiciones no estaban creadas con un simple “bueno, pero algo pueden hacer uds. no”[5]

Casi en coincidencia con el cumpleaños número ochenta y siete de Rodolfo Walsh, el referente de Carta Abierta y del Kirchnerismo, Ricardo Forster ha publicado un articulo en Pagina 12 donde reivindica, de un modo que sorprende por su descarnada franqueza lindante en el sincericidio, su condición posibilista, partidario de la tercera vía y de subordinación de la ética a la política. Veamos lo que dice, sucintamente, y con breves comentarios porque el texto no esconde casi nada.

“No somos los jóvenes revolucionarios de los ’70 que pensábamos la política como instrumento para la creación de una nueva sociedad y que soñábamos –bajo la lógica de lo absoluto e innegociable– tomar el cielo por asalto llevando adelante nuestros ideales blindados e implacables con nuestras debilidades y/o contradicciones; tampoco somos, por suerte, los escépticos contempladores de una sociedad devastada que parecía haberse tragado ideales y posibilidades de habitar la política desde la perspectiva de una incidencia efectiva sobre una realidad viscosa; tampoco somos, estrictamente, aquellos intelectuales que, con nuestras revistas a cuestas y a contracorriente de las hegemonías culturales de los ’90, insistíamos con la crítica del mundo sabiendo de la corrosión de nuestras propias tradiciones político-intelectuales”… ”; ”… tampoco somos, después de diez años de kirchnerismo, los portadores de los mismos entusiasmos que, principalmente, nos conmovieron desde el 2008, pero tenemos (tengo) la certeza de seguir viviendo los mejores años de la democracia argentina, años de profunda reparación no sólo del país sino, fundamentalmente, de nosotros mismos, de nuestra manera de estar en la escena nacional y de repensar muchas cosas…”

Lo que se dice un intelectual de tercera vía sin complejos: no somos más revolucionarios ni  menemistas, aunque tampoco somos tan entusiastas como en el 2008, lo dice él;  solo llamaría la atención hacia el hecho de que Forster considera, al proceso abierto en 1983, como los años de la “democracia argentina”, asumiendo la mirada liberal que se contenta con una democracia formal, minimalista, sin sustancia social ni económica. Claro que para esa operación necesita estigmatizar el pensamiento revolucionario de los setenta, renunciando a lo que nunca fue ni hizo. Resulta pertinente, en honor a la generación del setenta recordar las palabras de Marx sobre la derrota de la Comuna de1871 enfrentando a sus detractores, de los cuales Forster se asume como heredero: “La canalla burguesa de Versalles planteó esta alternativa a los parisienses: aceptar el reto y lanzarse a la lucha o retirarse sin combate. En el segundo caso, la desmoralización de la clase obrera habría sido un infortunio mucho más grave que la pérdida de un determinado número de “combatientes” (Carlos Marx).

“…Inclusive ha posibilitado un salto cualitativo para los propios movimientos de derechos humanos, que han visto cómo se concretaban sus demandas cuando nada parecía abrir esa posibilidad en un país dominado por la impunidad y el cinismo. Se pasó de lo testimonial a una política de Estado. Y se lo hizo tanto para reparar una deuda con la memoria de los desaparecidos como para dotar de legitimidad ética a una reconstrucción de la política y de la sociedad…”

Aquí, el filosofo Forster se carga setenta y seis años de historia del movimiento de derechos humanos de la Argentina en un azote teórico: “se pasó de lo testimonial a una política de Estado”. Como para el escriba a sueldo del gobierno, lo “testimonial” es sinónimo de impotencia debería él contestar si fue inútil la huelga general de los trabajadores contra la sanción de la ley 4144 en 1902, la Solidaridad con las luchas de los obreros rurales de Santa Cruz reprimidos por el Ejercito o del norte santafecino aplastados por “Los Cardenales” de La Forestal en los primeros años de la decada del  20 del siglo pasado, las grandes marchas contra el asesinato judicial de Sacco y Vanzetti en agosto de 1922, la defensa de los cientos y cientos de presos políticos de la dictadura de Uriburu y Justo  de la cual surgió la Liga Argentina por los Derechos del Hombre en diciembre de 1937, de nuevo la defensa de los presos de la dictadura del 43, del 55, del 62 y del 66.

No se donde estaba ud. y la tradición en que ud. se inspira y no voy a apelar al golpe bajo de nombrar a Juan Ingalinella asesinado por la policía Peronista de Rosario días antes del Golpe Gorila del 55,  ni recordarle a José López Rega y la Triple A.

Golpes bajos no, Forster; no me venga con que setenta y seis años de historia de luchas son “testimoniales” porque me obliga a recordarle a Teresa Israel, abogada comunista de la Liga Argentina por los Derechos del Homber desaparecida por la dictadura en marzo de 1977 o a Freddy Rojas asesinado por Bussi al amparo de su democracia bipartidista en diciembre de 1987.

Golpes bajos no,  Forster , y no hable de lo que sabe poco o nada.  Ud. idealiza las políticas publicas de derechos humanos, que no superaron nunca las de memoria, que allí están Julio López, el gatillo fácil, la tortura en sede policial y las cárceles, para dejarlo en ridículo.

Cierto es que hoy no estamos solos, pero nunca estuvimos solos. Hay una historia de la lucha de los derechos humanos que Ud. desaparece con ese peyorativo calificativo de testimonial que nos pretende colocar en el lugar de los que decimos pero no hacemos. La ética sería la pasividad y la política lo activo. Pues sepa Ud. que los juicios se hacen porque más de dos mil quinientos sobrevivientes del Terrorismo de Estado salimos de ese lugar de “víctimas pasivas” para asumirnos como acusadores, como activos herederos y portadores de las banderas y la palabra de los que no están. Sepa Ud. que cuando testimoniamos no solo hablamos por nosotros, estamos recibiendo y pasando a la sociedad “el testigo” que recibimos de los desaparecidos y sepa Ud., que si le contesto, es simplemente porque hay miles que no pueden hacerlo y que mejor que yo pondrían en su lugar a quien se atreve a proclamar orgulloso que “no somos los jóvenes revolucionarios de los 70

Y finalmente Forster va al grano: qué hacer con la designación de un militar que ha participado activamente en el Plan de Exterminio, nada menos que en el Operativo Independencia desplegado en Tucumán: “Milani, su ascenso y su nombramiento tienen que ver directamente con estas preocupaciones y con estas contradicciones, nuestras y del proyecto. Lo inmediato, no sé si lo más sencillo, es responder bajo la exclusiva demanda de los principios y de la actividad crítica y, claro, desprendernos de las exigencias de la razón política a la hora de rechazar a quien, supuestamente, está manchado por los crímenes de la dictadura (no es difícil hacer lo que hace el CELS, y eso independientemente de que admire y valore su enorme trabajo en defensa de los derechos humanos, porque su lógica es otra y su manera de colocarse ante las demandas de la feroz disputa política es inversamente proporcional a la nuestra, que no somos una ONG ni un centro de investigaciones que se deben a sus fundamentos normativos y a sus protocolos. Nosotros somos un extraño y algo extravagante colectivo político que navega por aguas tormentosas y para nada cristalinas y que debe asumir posiciones sabiendo que, del otro lado, hay un enemigo dispuesto a aprovechar absolutamente todo lo que digamos y hagamos, pero sabiendo también que no se contribuye a avanzar bajo la lógica de la complacencia y el seguidismo acrítico. Esta tensión nos atormenta y nos enriquece).Un difícil y a veces imposible equilibrio entre las demandas implacables de la lucha política y las demandas, distintas y complementarias, que nacen del ámbito de las ideas y de los dispositivos éticos”

Y lo resuelve sin vacilaciones a favor de “la política” en detrimento de “la ética”, pero como no encuentra argumento alguno para defender su posición apela  a la fe. Como en las viejas religiones (incluido el comunismo ruso post Lenin) todo es cuestión de fe: ud. cree o no cree en el Jefe. Si cree es revolucionario, buehh, en este caso es algo así como “progresista”; y si no, es “funcional” a la derecha. Léanlo uds. mismos: De la misma manera, y de eso estoy convencido, de que no se trata de una involución del Gobierno ni de un cuestionamiento a la política de derechos humanos que ha sido y sigue siendo extraordinaria, única en el mundo (por eso mismo no se la puede debilitar ni supeditar a “otras” exigencias de la hora, pero tampoco se puede cuestionar, corriendo por izquierda, a quienes han encabezado un proceso de reparación que sigue avanzando sin dejar de lado a los responsables civiles y eclesiásticos –recuerdo la condena a Von Wernich y el procesamiento de Blaquier–). Sigo teniendo una confianza última y profunda en quien lidera el proyecto, al mismo tiempo que reconozco las grandes dificultades que nos seguirán desafiando en estos dos años.”

Cuando dice yo le creo a Cristina, está diciendo que él le cree a Milani y no a la dos veces Madre del compañero desaparecido Alberto Agapito Ledo (Madre porque es la mamá de Ledo y Madre porque preside Madres de Plaza de Mayo de La Rioja desde hace décadas) y no se siquiera si Forster sabe que al decir que no le cree a Ledo está dinamitando toda la base jurídica, política y ética con la que construimos estos diez años de juicios contra los genocidas que es, justamente ,“creerles” a los sobrevivientes y familiares de los desaparecidos

La Corte Suprema en 1983 al considerar la condena a la Junta de Comandantes afirmó algo así: dado el carácter clandestino del Plan de Exterminio ejecutado por la Dictadura, el testimonio de los sobrevivientes adquiere carácter “necesario” y la convergencia de varios de ellos sobre un hecho  o persona, adquiere carácter de prueba. Me parece que ud., que tanto valora los juicios por delitos de lesa humanidad, ni siquiera se ha tomado el trabajo de entender esta anomalía jurídica de condenar a terroristas de Estado a más de treinta años de los hechos.

Lea un poco Forster, le evitará algún que otro ridículo como el que bien explica el compañero Jorge Perea (profesor de historia y catamarqueño) en una breve reflexión:   Desde 1983, existe una suerte de pacto ético muy frágil y precario, que ha sido fundamental para señalar al territorio que separa a “demócratas” de los “progolpistas”, para el Nosotros que lucha por la memoria y la justicia, las narraciones de los sobrevivientes de los campos de exterminio son verdad (fragmentaria) sobre lo pasado. Con la aprobación en la Cámara de Senadores del pliego de Milani se iguala en jerarquías las palabras de las víctimas y los victimarios, en la espera de que el aparato judicial medie entre las versiones y consagre una nueva y única verdad con fuerza de dogma. El pusilánime Milani, que “nada recuerda”, que “recién supo del horror en 1983”, “porque era muy joven”, es el antepenúltimo ejemplar de una casta de militares bañada en sangre, ejemplo de lo mucho que falta para que lo viejo perezca y lo nuevo termine de nacer.”

Por si no lo entendió Forster, Ud. es el que ha quedado del lado de la derecha golpista, no los que impugnamos desde la ética el ascenso de Milani; es que el anteponer el “ser” al “deber ser” (vio que yo también puedo hablar en  difícil si quiero, lo que demuestra que “hablar difícil” no es prueba de ninguna sabiduría) siempre termina del lado del Poder; porque el ser no es otra cosa que el resultado de modelación de la realidad por parte del Poder, y es por razones política (no solo éticas) que uno debe rebelarse al Poder y no “adaptarse” como Ud. propone.

Piense en Rodolfo Walsh. En su gesto final y sublime. Aislado,perseguido, sufriendo por el asesinato de su hija Rodolfo Walsh realiza el análisis más riguroso de la nueva realidad creada por el Poder con la aplicación del Terrorismo de Estado, pero ni siquiera en esas condiciones se deja vencer por el “realismo”. Para Rodolfo las cosas no son lo que parecen. “Parece” que lo más importante sea el terror, pero lo más importante es el proyecto de cambios en la economía. Ud. dirá que era un marxista dogmático. Puede ser, no conozco tanto el pensamiento de Walsh.  Pero lea un párrafo de su carta: Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.”

Alguna vez, su compañera de aquellos días, Lilia Ferreyra, me contó en detalle cómo Rodolfo escribió la carta.   Cómo trabajó arduamente para escribir los primeros cuatro ítems (dedicados a denunciar todas las formas del horror que utilizaba la dictadura) y al pensar que estaba lista, él mismo se dijo que “así”, solo hablando del horror, no servía. Que había que explicar la razón material, el interés económico, el sentido estratégico del Plan de Extermino. Y que fue entonces que escribió el ítem cinco sobre el plan económico. Y se fue, con la carta en un bolsillo y una 22 en el otro en busca de su destino. Ud. se congratula por no ser como aquellos jóvenes revolucionarios de los 70 y tiene todo su derecho. Pero entonces no hable de Walsh. No sea obsceno.

Por el contrario, a mi me gusta soñar con que puedo, algún día que todavía me quedan chances y me sobra voluntad, acercarme de algún modo al sendero que nos dejó marcado Rodolfo Walsh, ese de la ética que –y de ello estoy seguro- es el que nos llevará a la victoria.

Así de sencillo, hay que regirse por la ética, siempre;  porque es el único camino para la eficacia política de un proyecto transformador de la vida.

El realismo siempre termina en la bancarrota de los proyectos transformadores y en la claudicación ética de sus escribas.


[1]   Gramsci y la formación política de los revolucionarios. Schulman. 2000. https://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2000/01/10/gramsci-y-la-formacion-politica-de-los-revolucionarios/

[2] Ernesto Guevara en su carta sobre el hombre nuevo y el socialismo al periódico Marcha.

[4] La responsabilidad del progresismo en la crisis argentina. Schulman. 2001. https://cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com/2001/05/10/la-responsabilidad-del-progresismo-en-la-crisis-argentina/

[5] presente en la conversación y gran difusor del pensamiento guevarista era el compañero Lisandro Viale, rosarino, dirigente de la UCRI, del P.I. y luego animador de cuanta iniciativa de unidad de izquierdas hubiera en el país y América Latina.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. JOSE LUIS ROTGER SANCHEZ dice:

    POR FAVOR MUCHACHOS Y MUHACHAS, ESTO ES MUY SIMPLE. DESDE HACE MESES EL CRISTINISMO NO TIENE RUMBO. NO SABE QUE HACER. LA CRISIS DEL SISTEMA CAPITALISTA MUNDIAL SE LO ESTA LLEVANDO PUESTO. HAY VACIO DE GOBIERNO. CON PICOS DE VACIO DE PODER. ESE VACIO DE PODER ESTA EN DISPUTA. Y ESTO OCURRE PORQUE DESDE UN BONAPARTISMO, QUE ES INVIABLE A ESTA ALTURA DEL PROCESO DE CONCENTRACION Y CENTRALIZACION DEL SISTEMA CAPITALISTA, NO SE PUEDE ENCORSETAR EL CONFLICTO DE LA LUCHA DE CLASES. DE AHI QUE EN LA MEDIDA QUE ESTA NO TIENE CAUCE, EXPLOTA CON FORMAS DE GUERRA CIVIL COMO EN CORDOBA Y TUCUMAN. EN ARGENTINA DESDE EL 55 VIVIMOS EN UNA GUERRA CIVIL APRETUJADA, CONTENIDA. NOS BOMBARDEARON IMPUNEMENTE ESAS FUERZAS ARMADAS DE MATRIZ OLIGARQUICA, DEL PLAN CONINTES, DE LA MILITARIZACION DE BANCARIOS Y FERROVIARIOS. EN RESPUESTA LOS TRABAJADORES REORGANIZAMOS EN LA CLANDESTINIDAD NUESTROS SINDICATOS. DESARROLLAMOS UN PLAN DE LUCHA, DE DOBLE PODER, OCUPAMOS Y PUSIMOS A FUNCIONAR BAJO NUESTRO CONTROL MILES DE FABRICAS EN TODO EL PAIS. RETOMAMOS LA SUSTANCIA DE LO QUE SIGNIFICO PARA LOS TRABAJADORES EL PERONISMO Y LO SINTETIZAMOS EN NUESTROS PROGRAMAS DE LA FALDA, HUERTA GRANDE, DEL 1º DE MAYO. PROGRAMAS DE DOBLE PODER PROPUESTOS POR LOS TRABAJADORES COMO PROGRAMAS DE GOBIERNO AL CONJUNTO DE LA SOCIEDAD. SOBRE ESTA PROGRAMATICA DE DOBLE PODER DE LOS TRABAJADORES SE SUSTENTARON LOS LEVANTAMIENTOS OBREROS Y POPULARES DE LOS AÑOS 60 Y 70. A INTERRUMPIR ESE PROCESO VINO LA DICTADURA CIVICO-MILITAR GENOCIDA. CON LA ETAPA DE LA CGT DE UBALDINI, RECOMPUSIMOS ESA PROGRAMATICA EN LOS 26 PUNTOS. QUE RECONOCIA EN EL NO PAGO DE LA DEUDA EXTERNA UNO DE SUS PUNTOS MAS IMPORTANTES. LA RESISTENCIA POPULAR DE LA CGT Y LA CTA JUNTO CON LOS MOVIMIENTOS PIQUETEROS ENFRENTANDO LA DESOCUPACION, EL HAMBRE Y LA MISERIA, FUERON EL ARIETE DE LA REBELION POPULAR DEL 2001, QUE EN EJERCICIO DEL DOBLE PODER, DESTITUYO POR PRIMERA VEZ UN GOBIERNO EN ARGENTINA SIN QUE MEDIE UN GOLPE MILITAR. POR ESO ES QUE EN MEDIO DE LA REVUELTA SALARIAL DE LAS POLICIAS, CARTA ABIERTA PLANTEO LA NECESIDAD DE DECLARAR EL ESTADO DE SITIO. PARA ELLOS ERA LA UNICA MANERA DE CONTENER ESE DOBLE PODER, CON FORMAS DE GUERRA CIVIL QUE SE ESTABA DESATANDO UNA VEZ MAS. COMO CONSECUENCIA SI LAS FUERZAS DE POLICIA ESTAN EN CONFLICTO, LA UNICA MANERA DE HACERLO EFECTIVO ES CON LAS FUERZAS ARMADAS. ENTONCES CREEN QUE TENIENDO UN JEFE DE EJERCITO QUE LES OBEDEZCA RESUELVEN LA SITUACION. EL PODER MILITAR SE CONSTRUYE SOBRE LA BASE DE TENER EL PODER ECONOMICO, SOCIAL Y POLITICO. EL PODER ECONOMICO ESTA EN MANOS DE LAS CORPORACIONES MULTINACIONALES EXTRANJERAS CON LA COMPLICIDAD ANTINACIONAL Y ANTIPOPULAR DE LOS GOBIERNOS NACIONAL Y PROVINCIALES, QUE PARA LLEVAR ADELANTE SUS PLANES DE SAQUEO DE NUESTRAS MATERIAS PRIMAS NECESITAN DE UN OBEDIENTE APARATO REPRESIVO. A ESTA ESTRUCTURA DEL PROCESO RESPONDE EL ASCENSO DE MILANI Y SU RATIFICACION COMO JEFE DEL EJERCITO, QUE ES LA UNICA ESTRUCTURA REPRESIVA QUE CUENTA CON UN DESPLIEGUE TERRITORIAL Y CON UN MANDO CENTRALIZADO NACIONAL. EL ASCENSO Y RATIFICACION DE MILANI ES PARA TRATAR DE CONTENER ESE PROCESO DE DOBLE PODER, QUE MAS TEMPRANO QUE TARDE VA A VOLVER A IRRUMPIR Y CADA VEZ CON MAYOR VIOLENCIA.

  2. Omar Barberis dice:

    Forster carece de chances de comprender la dimensión de lo que aplaudió.

    Detrás de la farragosa prosa, solo se esconde un plumífero más, de los tantos que han brotado, pendiente de su chequecito mensual. el de las 30 monedas

    Que lo disfrute.

    La historia es impiadosa con los cobardes. Solo son hojarasca que barre una brisa. Ni siquiera un viento. Apénas una brisa. No pesan tanto.

    No pesan nada

    Yo, elegí quedarme junto a la familia Ledo.

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