• Los presos políticos, primera aproximación con el análisis de tres casos.  Crónicas colombianas para argentinos escritas para la Red Eco Alternativo

      Colombia es el país de América Latina con más presos políticos.

    Los organismos de derechos humanos hablan de unos nueve mil quinientos, pero el gobierno reconoce que bajo el delito de rebelión, o alguno de los delitos conexos, tiene preso a más de diez mil personas.

    Es que la primera condición para pensar Colombia es dejar de lado los clichés conocidos por nosotros sobre las dictaduras argentinas o sudamericanas. Es que en Colombia sí que hubo y hay insurgencia armada por más de cincuenta años y eso ha generado varios escenarios simultáneos de la lucha de clases que provocan diversos tipos de enfrentamientos y diversos tipos de presos políticos. Aunque todos ellos lo están por oponerse al régimen de explotación y dominación capitalista que ha hecho de este enorme y rico país uno de los más injustos y violentos del continente.

    De lejos, desde  la butaca de un avión como diría Silvio, se dice fácil “conflicto armado” pero deberíamos reconocer que no sabemos mucho del tema. En Colombia ha habido por años (ahora hay una tregua unilateral decretada por las FARC/EP) combates grandes y chicos, enfrentamientos cotidianos que deparan víctimas y prisioneros de guerra.

    Cuando la guerrilla ha retenido esos prisioneros, ha sido acusada de “secuestradores” que violan los derechos humanos, como si los maquis franceses o los ejércitos aliados que enfrentaron al Ejército alemán de Hitler no retuvieran enormes cantidades de prisioneros de guerra en campos de prisioneros, especialmente diseñados para tal cometido.

    De manera sistemática la guerrilla propuso canjear los prisioneros de guerra, como se estila en cualquier conflicto bélico, pero el estado colombiano se opuso siempre y hasta atacó con bombas los campamentos donde los soldados del estado se encontraban retenidos para lucrar con su muerte.

    Desde hace tiempo que las FARC/EP no retienen a ningún militar. El último que devolvió, sin recibir ninguna contraparte, fue un General que apareció en territorio guerrillero de bermudas y acompañado de su contadora personal (¿).

    Pero el Ejército sí que retiene a los guerrilleros capturados, les abre causa individual como si no existiera conflicto social ni político ni armado alguno y los condena, generalmente por el delito de rebelión agravado por alguna de los delitos conexos como secuestro. Generalmente a la condena original se le suman otras, producto de falsas acusaciones de los “desertores” que por plata o por miedo pueden afirmar que llueve de abajo para arriba o que el espíritu de Marulanda fue el que voló las torres de New York. Lo que se les pida ellos dicen, y eso se considera prueba suficiente para condenar a los guerrilleros, o los acusados de guerrilleros, como veremos más adelante. Por este camino muchos combatientes terminan acumulando condenas de 25 o más años.

    Durante muchos años los guerrilleros no contaban con asesoría jurídica suficiente, dado que bajo la dictadura de Uribe, tal acción se tornó casi suicida para los abogados y aún hoy lo que pueden hacer los abogados es muy poco. La causa se sustancia sin aviso al abogado que de repente es convocado a una audiencia pública y oral donde se entera de las acusaciones y de las supuestas pruebas en el acto mismo del juicio, por lo que su intervención es casi formal.

    Muchos de ellos caen prisioneros con heridas de guerra o convalecientes de operaciones quirúrgicas realizadas por la medicina guerrillera, y son sometidos a las más infamantes condiciones de negación de servicios de medicina. Lo mismo pasa cuando contraen graves enfermedades como el Sida, diversos tipos de Cáncer o tuberculosis.

    Carlos Andrés Bustos Cortez decidió aprovechar la tregua unilateral de la Farc para salir a dar un paseo en diciembre del 2014. Llevaba consigo una pistola de calibre 22 (o sea que no llevaba su arma guerrillera) y fue atacado por una patrulla militar a balazos. Uno de ellos le atravesó el cuerpo desde la cintura hasta el cuello, destrozando diversos tejidos y afectando diversos órganos. Pero no fue todo. Cuando cayó al suelo los soldados lo patearon de un modo tan brutal que le destrozaron diversos huesos de modo tal que quedó en silla de ruedas. Ni siquiera se puede cambiar ni asear de manera autónoma, y solo la solidaridad de sus compañeros lo ha sostenido vivo, hasta ahora. Está preso en la cárcel de Coiba Picaleña, cerca de Ibague, capital del Tolima, un departamento paradigmático para ambas partes porque en el Tolima está la vereda de Marquetalia donde Manuel Marulanda comenzó la resistencia campesina a principios de los sesenta (una vereda es un poblado campesino que no es pueblo puesto que las viviendas y huertas se encuentran alejadas unas de otras por algunos cientos de metros, en esas zona se cultiva café y por cierto dicen que es uno de los mejores de Colombia) . En la cárcel reciben agua dos veces al día por espacio de unos veinte minutos, en una zona donde generalmente hace unos treinta grados de temperatura o más; no tienen acceso al baño por lo que tienen que defecar y orinar en bolsas plásticas que tiran por detrás de un muro para no convivir con su propia mierda todo el día. Y tampoco tienen atención médica. El estado colombiano creó una especie de Empresa de Servicios Médicos para los internos, pero la empresa quebró por los robos de los funcionarios y hoy prácticamente no brinda servicio alguno. Leyeron bien. Los presos colombianos, no solo los políticos casi no reciben atención médica alguna, aunque los que pueden se pagan una Prepaga médica y entonces luego de un engorroso trámite, son llevados a atención particular. Pero eso no corre para los guerrilleros cuya familia ha quedado muy lejos y la estigmatización hace que pocos se quieran comprometer de manera directa con ellos. En una reunión con familiares de presos políticos que mantuve en Ibague el día 11 de octubre, su hermano me confió que teme por su vida, a pesar de que mantiene el espíritu y la moral de combate en forma.

    En la misma reunión conocí a una mujer campesina, María Rubiela Rubio Gualteros, habitante de una vereda por donde pasaban los guerrilleros, el Ejército y los paramilitares. A todos atendía más o menos del mismo modo siguiendo una estrategia de sobrevivencia campesina muy extendida. Si pedían agua o comida, les daba y trataba de no malquistarse con nadie. Pero un día, uno de sus hijos se fue para la guerrilla de las FARC/EP que en la zona tiene varias generaciones de campesinos en sus filas. Recuerden que estamos cerca de Marquetalia y hasta viejitos que pelearon con las primeras autodefensas campesinas previas a las Farc se encuentran todavía. Y entonces comenzó la persecución. El ejército llegaba a su casa disfrazado con el uniforme de las Farc y con un supuesto prisionero encapuchado pidiéndole ayuda en nombre de un comandante guerrillero de la zona. Ella los zamarreaba diciéndoles que no sean pendejo y que los conocía demasiado para que la engañen. Pero un día cayeron con una orden judicial de detención y la llevaron a ella y su compañero (que no es el padre de su hijo guerrillero) para la cárcel. Ella pasó cuatro años y su compañero todavía está preso. La farsa judicial se consumó con un supuesto desertor que dijo haber escuchado que ella era colaboradora de la guerrilla. Por su parte, toda la vereda se ofreció a testimoniar la verdad, pero los jueces no quisieron escuchar su testimonio y bajo la figura de sospecha (leyeron bien, se condena no por convicción sino por sospecha) la condenaron a ocho años. Cuando el guerrillero se enteró de la detención de su madre comenzó a buscar contacto con la familia y él también cayó preso, condenado como todos bajo el cargo de rebelión. En su caso, los vecinos se hicieron cargo de sus otros dos hijos, y la acompañaron todo el tiempo hasta que salió libre a los cuatro años. Pero el Ejército había entregado su finca y todas sus propiedades a los paramilitares de la zona. Ahora ella es una de las más animosas militantes de la Comisión de Familiares de Presos Políticos del Tolima, su compañero y su hijo siguen presos en las brutales condiciones que soportan todos los de la cárcel de Coiba Picaleña. Establecer la cifra de presos políticos no es fácil en Colombia, este caso de “falso positivo jurídico” es muy repetido. Cientos y miles de campesinos están presos por el único delito de no haber colaborado como el Ejército pretendía con delaciones o falsas acusaciones. En realidad no es cierto que estén presos por no haber hecho nada, están presos porque han mantenido la dignidad campesina de no acusar en vano a sus vecinos. Pero aún hay otro tipo de presos, los acusados de favorecer con su prédica o su pensamiento a la insurgencia.

    Miguel Ángel Beltrán Villegas es docente universitario, investiga el conflicto social y armado en Colombia y por eso fue acusado de propaganda subversiva y encerrado por

    dos años  y deportado

    El fiscal no tuvo empacho en decir que Miguel Ángel no usaba armas pero pensaba. Y que había que encerrarlo.

    Miguel Ángel  se asiló en Argentina y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre fue una de las organizaciones que lo ayudó. Por su nivel académico consiguió un puesto en el Instituto Gino Germani de la Facultad de Sociales de la UBA y llegó a dirigir su revista Cuadernos de Marte

    Finalmente la “Justicia” Colombiana falló declarando su inocencia entre otras cosas, porque las pruebas eran inconsistencias ya que «habían perdido la cadena de custodia».

    Sin embargo mientras vivía en Argentina, en 2013 le fue aplicada una «sanción disciplinar» por la Procuraduría General de la Nación en cabeza de Alejandro Ordóñez (el mismo personaje que implementó la destitución y sanción a Piedad Córdoba) basada en el contenido de sus investigaciones y la «apología al terrorismo» que hacía a través de ellas.

    La sanción apuntaba a su destitución como docente de la universidad nacional y la inhabilitación para ejercer cargos públicos por más de 10 años que finalmente fue efectuada por el Rector de la UNAL.

    No obstante, en diciembre de 2014 mientras preparaba la apelación sobre el mencionado caso y a escasos días de su presentación, el caso por el que estuvo detenido durante 2 años (entre 2009 y 2011), fue reabierto con orden de captura y condena a 100 meses de prisión,

    Hoy está en un sector de la Cárcel Modelo que es de máxima seguridad, el ENRON; donde no puede leer ni escribir ni recibir visitas que no sean las familiares

    De todo esto trató el Foro Nacional por los Presos Políticos Colombianos que en su instalación contó con la intervención de la ex Senadora Piedad Córdoba, del senador Iván Ruiz y del profesor Zuviría, intelectual marxista de talla, miembro de la Comisión de Verdad Histórica de la Mesa de Diálogos de La Habana. Pero el Foro exige una nota especial que nos permita algún tipo de sistematización de la problemática, central en el proceso de acuerdos hacia la paz.

  • La “locomotora minera” en La Guajira, la empresa Cerrejón, los waayú y un genocidio no tan silencioso Crónicas colombianas para argentinos escritas para la Red Eco Alternativo.

    laguajira

    En el extremo norte de América del Sur, casi en el medio del Mar Caribe y con las Antillas a una  hora de avión, está La Guajira Colombiana. Territorio ancestral de los waayú que como viven allí mucho antes de la República de Colombia y de la República Bolivariana de Venezuela, no reconocen fronteras y consideran como territorio propio a una extensa zona del lado colombiano y del lado venezolano.

    Estuve en La Guajira Colombiana dos días, el sábado tres y el domingo cuatro de octubre para ser parte del Jurado del Tribunal Popular contra las Trasnacionales en La Guajira convocado por un amplio espectro de organismos de derechos humanos y fuerzas políticas o sociales comprometidas con la causa ambiental, de los derechos humanos y de la soberanía nacional.

    Porque todo eso está en juego en La Guajira, y mucho más.

    Aunque nosotros llegamos para las dos audiencias del Tribunal, compañeros de las diversas organizaciones recorrieron el departamento por semanas, y eso quiere decir que convivieron con sus habitantes en las humildes viviendas de los waayú, casi sin agua y bajo un sol que levanta la temperatura arriba de los 30 grados.  Y a los paramilitares y el Ejército que de una manera abierta actúan coordinadamente para controlar la región y atacar la revolución bolivariana venezolana que la frontera está a pocos kilómetros, tan cerca como el lago Maracaibo que de un lado es colombiano y del otro venezolano.

    La capital de La Guajira es Riohacha, una encantadora ciudad caribeña de unos 150 mil habitantes, muchos de los cuales han sido “corridos” por la minera de sus antiguos territorios ancestrales, hoy transformados en asiento de la producción de carbón.  El sábado viajamos de Riohacha a Barranca, una de las localidades más paradigmáticas del drama de los waayú.

    El camino es de montaña, montaña verde diría yo para entender que no son las sierras cordobesas ni mucho menos la Cordillera de los Andes, sino algo más parecido a una combinación de sierras con la selva misionera (con perdón de los geógrafos) y se van recorriendo pequeños poblados con pequeños negocios al aire libre, sin puertas, que venden comidas regionales y toda clase de productos contrabandeados de Venezuela.  La primer imagen impactante de Colombia fue la exposición en la ruta de cientos y miles de bidones de 30 litros de combustible, apilados como en exposición, no solo a la vista de todos sino protegidos los contrabandistas por el Ejército Colombiano que hasta cinco tanques puso ese día para proteger el combustible traído a precio vil desde Venezuela y de paso presionar a las comunidades para que no vayan a Riohacha al tribunal popular contra el Cerrejón, amo y señor de todo el territorio.

    Cerrejón es una mina de carbón, hoy la más grande del mundo a cielo abierto,  propiedad de un grupo trasnacional que en su web oficial dice: “Cerrejón es una empresa perteneciente en tres partes iguales a BHP Billiton plc (Australia), Anglo American  (Sudáfrica) y Glencore  (Suiza). El carbón de Cerrejón abastece el sector de generación de energía eléctrica, principalmente en el mercado del Océano Atlántico, en Norte América, Europa  y América Latina, con participaciones menores en el Pacífico.  BHP Billiton. Compañía australo – inglesa. Su portafolio de negocios es diversificado e incluye la extracción de mineral de hierro, petróleo, carbón y productos especiales (diamantes, etc.). Anglo American. Compañía sudafricano -inglesa. Tiene operaciones mineras alrededor del mundo, principalmente en Sudáfrica, Australia y el continente americano. Su portafolio de negocios se concentra en carbón y los metales básicos: cobre y mineral de hierro entre otros.  Glencore. Una de las compañías diversificadas de recursos naturales más grandes del mundo. Produce y comercializa más de 90 materias primas estructuradas en tres segmentos de negocio diferentes: metales y minerales, productos de energía y productos agrícolas.” www.cerrejon.com

    Cerrejón llegó en 1977, renovó sus permisos de extracción de carbón en 1981 y en 1986, contando ahora con una concesión hasta 2034 para llevarse el carbón casi sin pagar impuesto alguno.  Cierto que paga algunas regalías, pero como recibe toda clase de subsidios el resultado tiende a cero como denunció el dirigente de Marcha Patriótica, David  Flores en el Tribunal.  Tomó como año el 2009 para mostrar que había pagado regalías por 1.93 billones de pesos colombianos (3000 colombianos a un dólar, aproximadamente) pero había recibido subsidios por 1.44 billones de pesos.

    En treinta años Cerrejón se ha robado millones y millones de dólares a cuenta del carbón de los colombianos, casi sin pagar regalías ni impuestos y produciendo un daño casi inconmensurable e irreversible sobre La Guajira y la población más vulnerable: los waayú y los afrocolombianos que habitan la región desde la época de los quilombos, aquellas poblaciones rebeldes construidas por los esclavos fugados del español colonialista o sus herederos.

    En Barranca nos esperaban decenas de waayú y afrocolombianos que no solo desafiaron la empresa, que controla todo, sino a los paramilitares que desde hace años se mueven libremente por la región.  Uno de los más famosos de ellos, Kiko Gómez nació en Barranca y pudimos ver carteles con su imagen abrazando niños como si estuviera en campaña electoral. Dice la web las2orillas.co: “Juan Francisco Gómez Cerchar, alias ‘Kiko’, arrestado por seis homicidios en octubre de 2013, cuando ejercía el cargo de Gobernador del departamento de La Guajira, inició su carrera criminal a comienzos de los años 90, cuando se incorporó a las primeras bandas paramilitares que llegaron a esa zona del país en alianza con traficantes de armas, drogas ilícitas y gasolina venezolana.”

    Se entiende?  Un paramilitar que llega a gobernador de la mano de Cerrejón.  No es de extrañar que la catedral de Riohacha esté forrada en mármol donado por los paramilitares.  Bienvenidos a La Guajira Colombiana.

    En el alegato de la fiscal, la ex senadora de la Nación Gloria Inés Ramírez resumió las jornadas de Barranca y Riohacha donde decenas de pobladores, dirigentes campesinos y sindicales, autoridades de los waayú y expertos en medio ambiente, salud y economía brindaron testimonio en tres o cuatro acusaciones centrales que intentaremos resumir a nuestro modo.

    La producción del carbón daña seriamente la salud de los mineros, de los pobladores y modificó el medio ambiente de un modo drástico hasta el extremo de haber cambiado el curso del Río Rancherías para “chuparse” el agua para la mina y secar el curso del río que ha sostenido la vida de la región por miles de años.

    El polvillo del carbón arruina los sembrados, enferma el ganado y tal como denunciaran los dirigentes sindicales modifica los genes de quienes están expuestos al polvillo según un estudio de la Universidad de Córdoba (Colombia) avalado por otras instituciones universitarias de Colombia y de todo el mundo que han verificado con estudios comparativos (se estudiaron cien trabajadores de la mina y otros cien pobladores alejados de las minas) hasta catorce tipos distintos de cáncer que atacan en primer lugar a los niños de la región.

    Pero los niños no solo mueren por el polvillo, les falta e l agua y la comida.   Según cifras oficiales, hay 37 000 niños desnutridos.  Veamos un informe de un diario local:  “Son tales las carencias nutricionales de los habitantes de la región, que los adultos también muestran signos de desnutrición crónica.  Según cifras del DANE, entre el 2008 y el 2013, en La Guajira murieron 4.151 niños: 278 por falta de comida, 2.671 por enfermedades que pudieron haberse tratado y 1.202 que no alcanzaron a nacer. Eso quiere decir que en los últimos seis años, en promedio, mueren dos niños al día por abandono. Solo en el Hospital Nuestra Señora de los Remedios, de Riohacha, 14 niños murieron por las consecuencias propias de la falta de alimento entre enero y abril de este año.   El año pasado, 23 menores murieron a raíz de la deshidratación y la malnutrición, mientras que durante el primer semestre del 2014, se reportaron 15 casos. Las cifras, sin embargo, pueden ser mayores, ya que la Superintendencia de Salud estima un subregistro debido a que las comunidades prefieren enterrar a los niños cerca de sus terrenos.  Esta situación se ve favorecida por la pobre red hospitalaria. La Guajira solo cuenta con centros médicos de primer y segundo nivel de atención, es decir, que prestan servicios de medicina general y algunas especialidades básicas. Además, cerca de las rancherías no hay puntos de salud para atender a las comunidades indígenas que tienen acceso limitado a las cabeceras urbanas” www.semana.com

    Las autoridades de los waayú denunciaron que hay localidades que reciben agua cada ocho días, y que antes de Cerrejón el río era su medio de vida: allí pescaban, nadaban y tomaban el agua para beber y asearse.  David Flores acusó de que hay 333 localidades en toda Colombia que no reciben ni una gota de agua, y que no es un problema de sequía como dice el gobierno, son las consecuencias de la minería a cielo abierto que solo en Cerrejón gasta 17 mil mts cúbicos de agua para lavar los medios de transporte del carbón y otra cantidad similar para producirlo, y eso por día.

    Agua hay, pero no para los niños ni los waayú, ni los afrocolombianos..

    Y en La Guajira comencé a entender el significado colombiano del desplazado.  Se calcula que hay cinco millones por el conflicto.  Yo conocí algunos en Riohacha.  Fueron arrancados de sus territorios ancestrales por la violencia o el engaño.  Un waayú me explicó que para ellos la palabra era sagrada, que no firmaban documento ni pagarés, bastaba la palabra; y que los de Cerrejón los habían engañado de manera cruel. Varias veces.  Y habían sobornado y corrompido algunos jefes de ellos.  Que la partida de sobornos figura en los balances de la empresa.  Y que desplazados de sus tierras no solo están confundidos y extraviados, temen por sus territorios sagrados, por sus cementerios, por sus plantas medicinales o para enamorar.

    Cerrejón es una minera.  Ergo, una empresa capitalista que tiene gerentes y trabajadores.  Unos doce mil entre los propios, estables, “en blanco”, que suman unos cinco mil y los precarios, tercerizados que suman otros siete mil.  Y no solo problemas de salud tienen los trabajadores.  Sometidos a un régimen casi militar de trabajo , en palabras de Marcelo Chalreo, uno de los integrantes del jurado, abogado brasilero de larga experiencia en el tema, Cerrejón viola una y cada una de las disposiciones de la OIT sobre el derecho a sindicalización y las más elementales condiciones de trabajo.

    El Tribunal Popular sesionó el domingo cuatro en Riohacha en una cancha de básquet techada que no tenía electricidad por lo que el calor era agobiante.  Hasta allí llegaron decenas de waayú que volvieron a dar su testimonio, casi todos en su lengua.  En el comienzo Piedad Córdoba hizo una apertura que requeriría de toda una nota por la profundidad del análisis de los dolores de Colombia y de sus reflexiones políticas tendiendo a generar conciencia que solo el pueblo salvara al pueblo.  Llamando a leer a Lenin y a Gramsci para prepararse para luchar por el poder.  Verla hablarle a su gente, a los waayú y los afro, es todo un espectáculo.  Yo la había visto entrevistar a Timochenko en La Habana para Telesur y verla allí fue todo un impacto.

    Me tocó a mí dar a conocer la sentencia que fue la de dar por probadas las acusaciones contra Cerrejón, convocar a fortalecer la organización y la lucha de las comunidades afectadas y constituir un espacio nacional e internacional de seguimiento de las resoluciones.

    Es que como se dijo en el Tribunal, en La Guajira no solo está en juego la supervivencia de los waayú y los afro, toda Colombia está amenazada y es más, si persiste este modelo suicidad de extracción de minerales, la humanidad no tiene futuro.  La avaricia del capitalismo nos puede llevar a la muerte.  En sus más diversas maneras, todas la cuales se pueden ver a simple vista en La Guajira Colombiana, territorio de los waayú y asiento de Cerrejón.

    Pero en el Tribunal se mostró otra cara de La Guajira.  La de los ancianos resistiendo.  Y la de los jóvenes que rompen con el miedo y el mandato de trabajar para Cerrejón o los narco contrabandistas y se rebelan.  Aprenden su lengua y su cultura.  Se aferran a su s territorios y levantan su voz como pocas veces antes en los últimos años.  Hay esperanza, a pesar de todo.

  • Comunicado del Tribunal Popular de La Guajira Colombiana:  “Por la defensa del agua, la tierra y el aire, por la paz y la vida, no más minería irresponsable en La…

    Los días 3 y 4 de octubre de 2015, nos dimos cita en el enigmático, hermoso y olvidado departamento de La Guajira, hombres, mujeres y niños/as provenientes de diversas partes del país y del mundo, para acompañar a las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas que desarrollaron el Tribunal Popular contra las Transnacionales en La Guajira.
    Las comunidades del departamento, cansadas ya de tantos años de violaciones contra sus derechos levantaron la voz y decidieron hablar sobre todos los atropellos de los que han sido víctimas por parte de la transnacional Cerrejón, “dueña” de una de las minas de carbón a cielo abierto más grandes en América.
    El 3 de octubre se trabajó en las comunidades con el apoyo de voluntarios provenientes de Bogotá, Antioquia y Atlántico, quienes desarrollaron 4 talleres: salud, DDHH, niñez y potabilización de agua, con el ánimo de dar herramientas para construir una realidad diferente a la que han estado sometidos por décadas, y la cual se ha visto profundizada en estos últimos años. Los talleres contaron con el acompañamiento de personalidades del ámbito político y académico, nacional e internacional como la exsenadora Gloria Inés Ramírez; el vocero nacional de Marcha Patriótica, David Flórez; el abogado argentino José Shulman, entre otros. La cara de alegría y esperanza en estos pueblos, olvidados por el Estado y atropellados por las transnacionales con el silencio cómplice de las autoridades, cuando llegamos a realizar la acción humanitaria y de verificación, EVIDENCIA QUE ESTÁN A LA ESPERA QUE SE LES MIRE Y AYUDE URGENTEMENTE.
    El 4 de octubre sesionó en el coliseo Jhon Medina Toro de la ciudad de Riohacha, el Tribunal Popular, el cual contó con la participación de representantes y autoridades indígenas y afro de las comunidades, igualmente con participación de delegaciones de toda la región Caribe y demás participantes que asistieron al escenario. La instalación estuvo a cargo de una representante de la comunidad indígena Wayuu y una representante de las comunidades afro, acompañados de la senadora del pueblo, Piedad Córdoba, de 4 magistrados internacionales, abogados, exsenadores, voceros de movimientos sociales y plataformas nacionales como Marcha Patriótica y la Cumbre Agraria, Étnica y Popular. También se recibieron mensajes de apoyo y saludo al espacio por parte de la delegación de paz de las FARC EP y del senador Iván Cepeda Castro.
    El pueblo, cansado de tanta burla por parte de las autoridades, citó a la transnacional Cerrejón a este juicio popular, pero la silla quedó vacía porque el Cerrejón, desconociendo la autoridad del pueblo, nunca llegó.
    Quienes fungían como fiscales presentaron la imputación de cargos contra esta transnacional, enumerando diversos hechos que apuntaban a solicitar una sentencia condenatoria; es así como la fiscalía decidió, entre otras cosas, acusar al Cerrejón y solicitar a los magistrados que ordenaran su salida del país por el daño cometido contra este.
    Como peritos expertos intervinieron representantes de la Universidad de La Guajira y de Sintracarbón, exponiendo las consecuencias de los proyectos de desviación de ríos y afluentes, y los efectos genotóxicos en trabajadores mineros, entre estos los del Cerrejón.
    Dieron su testimonio las poblaciones de Oreganal, Palmarito, Saraita, Media Luna, Marcelo Rancho, Las Casitas, Roche Viejo, Jamiche, Chancleta y Patilla, Manantial y Bahía Portete. Todos estos testimonios reflejaron una realidad que el Estado con su silencio cómplice ha tratado de ocultar: más allá de las condiciones climáticas propias de la región, los sufrimientos y padecimientos del pueblo guajiro se deben a la explotación indiscriminada de nuestros bienes naturales por parte del Cerrejón, trayendo como consecuencia contaminación ambiental, despojos, enfermedades, mortandad infantil, etc.
    Contaminación ambiental debido al polvillo que encuentran diariamente en sus casas, en sus cuerpos de agua y en el aire, lo que a su vez trae como consecuencias enfermedades como pulmonía, ronchas, ardor en la vista, etc., además de muertes principalmente de niños y ancianos. Cínicamente, las historias clínicas son manipuladas con el objetivo de no mostrar causas reales de las enfermedades y muertes.
    El despojo se da sobre la falacia de que “el indio no es dueño de esas tierras, por lo que tienen que salir de ahí”, produciendo el desarraigo de sus creencias y tradiciones, tirándolos a la pobreza y a engrosar los cordones de miseria del país.
    La transnacional Cerrejón y el Estado niegan a las comunidades que el polvillo del carbón las esté afectando, además el Cerrejón, a través de su servicio médico, no entrega diagnóstico escrito o manipula las historias clínicas.
    Consideraciones de los magistrados. Sentido del fallo:
    Los magistrados internacionales, investidos de la autoridad que les dio el mismo pueblo guajiro para juzgar, con base en las pruebas presentadas por quienes tenían la investidura de fiscales, de los testimonios de las comunidades y los dictámenes de los peritos, consideraron lo siguiente:
    En primera medida, el Tribunal Popular es un espacio legítimo pues el pueblo guajiro ha estado frente a la ausencia o negación de justicia y reparación por más de 30 años.
    Por todas las consecuencias relatadas por las comunidades y las pruebas presentadas, se considera que en Colombia hay Terrorismo de Estado al servicio de las transnacionales, que la violencia no ha sido aislada sino que es el modo de defender las riquezas que le han quitado al pueblo, sometiéndolo a la indignidad; por lo anterior, se dice que para hablar de derechos humanos hay que acabar con la violencia contra la gente, terminar de una vez por todas con el paramilitarismo que ha sido auspiciado en ocasiones por empresas transnacionales, como lo demuestran los distintos testimonios dados en procesos judiciales.
    Se considera probado que el Cerrejón y el Estado son solidariamente responsables del conjunto de violaciones a los DDHH que se han presentado, motivo por el cual se emite un fallo CONDENATORIO en contra de la transnacional Cerrejón y el Estado Colombiano, por la grave crisis humanitaria que atraviesa el pueblo guajiro. Se exhorta a la movilización popular; también se exige entregar parte de los activos de la empresa a trabajadores para garantizar sus derechos laborales y la suspensión inmediata de todas las actividades de extracción en La Guajira. Se propuso la creación de un comité político internacional, para acompañar la determinación de la sentencia y lograr una articulación suficiente que muestre a nivel internacional las violaciones de derechos humanos que día a día se dan en La Guajira.
    El pueblo guajiro hace un fraterno llamado a los contratistas y trabajadores del Cerrejón, como colombianos que son, a que se pongan la mano en el pecho y no atenten en contra de su propio pueblo, del mismo modo EXIGEN Y RECUERDAN a los políticos departamentales y al Presidente Juan Manuel Santos que en época de campaña los buscaron para prometer soluciones a sus problemáticas y que al día de hoy no han cumplido ninguna de sus promesas, por el contrario funcionan a favor de las transnacionales.
    El Tribunal Popular contra las Transnacionales arrojó un fallo condenatorio, por lo tanto el pueblo guajiro, colombiano, latinoamericano y del mundo, hace un llamado urgente a mirar la realidad de este departamento y a luchar por la paz con justicia social: una paz con contenido, llena de educación, salud, armonía con la naturaleza, de respeto por la vida.
    Esta paz, la de Colombia, es la paz de Latinoamérica, el continente y el mundo. Nunca más permitamos tantos atropellos contra nuestros hermanos, uniéndonos todos a la pelea contra la transnacional Cerrejón para que sea expulsada de Colombia. Del mismo modo, hacemos un llamado a organizarnos para realizar réplicas de tribunales populares en otros departamentos que se han visto afectados por el hambre de dinero de estos depredadores de nuestros bienes naturales.
    Porque la Colombia profunda se cansó de tanta ignominia, ya empezó a levantarse del largo letargo de décadas y comenzó a construir el país que soñamos, ese que es de todos y para todos, en armonía con la naturaleza.
    Fuera transnacionales de La Guajira, fuera de Colombia.
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  • Me voy para Colombia….

    Desde hace años, la Liga tiene un compromiso muy especial con la lucha por los derechos humanos en Colombia. Y no es un problema teórico para nosotros.

    Nuestro compromiso fue creciendo con cada viaje de las y los compañeros. Puede ser que me olvide de alguno pero un abogado histórico de la Liga, el Dr. Héctor Trajtemberg fue uno de los primeros en ser parte de una Caravana de Juristas por la paz y los derechos humanos en Colombia, fue Guadalupe Godoy la que participó en el inicio de la campaña Larga Vida a las Mariposas en Bogotá que nos provocó un impacto formidable al comprender las terribles condiciones de las cárceles colombianas y el régimen de torturas sistémicas que se aplican a los presos políticos, luego fue Graciela Rosenblum a un gran evento por la paz que reunió a miles de campesinos y que hasta contó con Obispos y Comandantes guerrilleros en la tribuna. Me tocó a mi participar en tres eventos por la Paz en Colombia: el de Buenos Aires en 2011, el de Porto Alegre en 2013 y el de Montevideo en 2015, amén de uno que se frustró en Caracas en el 2011, que nada ha sido fácil en este camino presidido por la idea que no hay camino para la paz sino que la paz es el camino.

    Y en el 2012 tuve la enorme suerte de llegar a territorio colombiano, a la mismísima Bogotá para acompañar la fundación de Marcha Patriótica, un doble proceso de articulación de miles de grupos y movimientos sociales: de lo local hacia lo nacional, desde lo social a lo político.

    La Liga ha sido el hogar de muchas y muchos colombianos en Buenos Aires. Ellas y ellos nos enamoraron de ese pueblo maravilloso, que en las más difíciles condiciones ha sabido mantener la dignidad y la alegría. La patria de Camilo y Marulanda, de García Marquez y el vallenato.

    Me voy para Colombia invitado por la Fundación Lazos de Dignidad y el movimiento social y político Marcha Patriótica. Si todo sale como se planificó estaré en La Guajira para acompañar el Tribunal Ético contra la Mina Cerrejón, la más grande del mundo a cielo abierto, que se ha robado nada menos que un río y está matando (literalmente, no como metáfora) a los wáyuu, antiguos pobladores del lugar. Pensamos estar en encuentros por la memoria y visitar alguno de los 71 presos políticos que tienen enfermedades terminales y espero darle a alguno de ellos un abrazo argentino de agradecimiento por haber sostenido la esperanza en estos años duros de frustraciones y travestismos políticos. Y el quince estaré en un Foro Nacional por los Presos Políticos junto a actores decisivos del proceso de paz como Piedad Córdoba y algunos de los que construyeron los acuerdos jurídicos.

    Pero se sabe que Macondo está en Colombia y que toda Colombia es Macondo por lo que todo puede suceder y a todo vamos dispuestos.

    No como decisión personal sino colectiva. No en busca de placeres o sabores exóticos sino para aprender y seguir un camino que la Liga lleva recorrido desde hace casi 78 años. En Paraguay me contaban que bajo Stroessner eran abogadas de la Liga las que llegaban a defender los presos políticos. En Guatemala me encontré en el Archivo Histórico de la Policía Nacional con personas cuyos familiares habían salvado la vida por la Liga. En España no ha habido ciudad donde no apareciera un argentino sobreviviente al genocidio que valorara lo que la Liga había hecho por ellos.

    No somos locos ni audaces, ni súper valientes o que se yo.

    Somos herederos de Teresa Israel y Freddy Rojas. Somos discípulos de Iris y de Floreal, de Edith y del Chango Zamorano, de abogados que construyeron buena parte del edificio de memoria, verdad y justicia como Alberto Pedroncini, Eduardo Barcesat, Beinusz Szmukler, Tate Baigún, Adolfo Trumper, Julio Viaggio, Beatriz Rajland, Matilde Scaletzky y tantas otras y otros que no alcanzaría el papel para nombrarlos.

    Y pretendemos vivo un valor cultural de pueblo argentino y de la Patria Grande, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

    Colombia, allí vamos.

    foroguajira

  • La Habana en el centro de la historia: una mirada desde la historia de la visita de Francisco y del acuerdo entre las Farc y el gobierno de Santos

    Los pueblos de Colombia y de Cuba han obtenido victorias resonantes: amenazados de exterminio por décadas han debido ser reconocidos como sujetos de derecho;  algunos pocos de los cuáles han sido reconocidos en estos días: los cubanos a vivir desbloqueados y los colombianos a vivir sin el ataque constante de un estado terrorista.

    Avanza el reconocimiento al derecho a la autodeterminación de los pueblos y ahora la batalla de ideas pasa al centro de la escena; y para ella, ambos pueblos cuentan con fuerzas comunistas y de izquierda vivas y renovadas en su ideario y modo de relacionarse con el pueblo.

    Todo está en disputa y el horizonte de la victoria sigue sostenido por la mirada del Che y el ejemplo inmortal de Camilo y Marulanda, entre otros miles de héroes patriotas de la Patria Grande.

    Para asombro de casi todas las derechas y buena parte del “progresismo” y de las izquierdas sectarias que nunca protagonizaron revolución alguna (más que las de café), ni el Partido Comunista de Cuba ni las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia desaparecieron con la caída del Muro de Berlín (1989) ni con el largo período de triunfalismo y de venganzas contra los revolucionarios de todo el mundo que sobrevino en la década infame universal de los 90 del siglo XX cuando el Neoliberalismo arrasó el nivel de vida de los pueblos y desató el periodo de guerras de ocupación imperial más nefasto de la era posterior a Nuremberg y la derrota de Hitler, Mussolini y el Emperador Hirohito (1945).

    A la hora de pensar los acuerdos entre el gobierno de Cuba y el de los EE.UU. y el del gobierno de Colombia y las fuerzas insurgentes de las FARC, con la clara intervención del Papa Francisco, jesuita y argentino que antes fue el Cardenal Bergoglio, activo opositor al gobierno de los Kirchner, lo primero que se requiere es una mirada de proceso histórico, único modo de saber si los acuerdos se inscriben en una secuencia de derrotas y retrocesos, de claudicaciones y traiciones o de resistencias y de avances.

    Nunca como en estos casos la cultura neoliberal de lo instantáneo, la mirada liviana y micro que la Academia ha impuesto en estos nuevos años de “apagón cultural” neoliberal (en la Argentina se llamó así a los ataques dictatoriales contra la cultura entre 1975/82).

    Como ejemplo de manipulación desvergonzada está el articulo de Marcelo Cantelmi publicado en Clarín del 26/09/2015 bajo el titulo: “Gira papal, Cuba, las FARC e Irán, entre otros deshielos” donde pretende equiparar la gira papal y la firma del acuerdo entre Timochenko y Santos como una claudicación total, un nuevo muro de Berlín, ahora latinoamericano y definitivo.

    Nada más lejos de la verdad, nada más miserable por parte de un periodista que se proclama independiente y veraz. Que va, mentiroso, amanuense de los yanquis, sirviente a sueldo de las derechas de América Latina pero como Fukuyama, aquel analista de la CIA que se hizo famoso por la predicción de la muerte de las ideologías (la misma muerte que imploró Francisco en la Plaza de la Revolución, aunque en él se entiende el pedido de milagros divinos), su destino no es otro que el del papelón histórico.
    Desde esta humilde trinchera de la batalla de ideas apuesto a que en cinco años, solo en cinco años, podremos ver que las fuerzas humanistas, patriotas y revolucionarias de Cuba y de Colombia, que son multicolor, plurales, diversas y en permanente renovación de sus principios e ideas, seguirán vivas peleando por la continuidad de aquella gesta revolucionaria de Fidel, Camilo y el Che entrando a La Habana el 1 de enero de 1959 y los colombianos estarán luchando por construir una paz verdadera, resolviendo las causas profundas e inamovibles del conflicto social y político que por más de sesenta años se libró en parte en las arenas militares y ahora, puede, y el puede es casi un sueño histórico, librarse en los escenarios de la lucha campesina, contra el modelo extrativista, en las aulas de la universidad y los talleres y fabricas que ahora sí podrán ser escenarios de la lucha de clases en el terreno de la política entendida como construcción de poder popular contra los asesinos y ladrones de la tierra.

    Nada será fácil, pero ¿cuántas veces los miserables gusanos cubanos brindaron por la segura muerte de Fidel y la Revolución?

    Todavía recordamos las brutales palabras de Santos al brindar por el asesinato del Comandante Alfonso Cano, dijo él que ese día era el más feliz de su vida.  Qué dirá del día que le tuvo que dar la mano al Comandante que lo reemplazó?  También dirá que es el más feliz de su vida?  Lo dudo.

    Nadie dice que el rumbo de los procesos de Cuba y de Colombia están predestinados a la victoria; para nada y será muy difícil abrir paso a las transformaciones revolucionarias que terminen con la explotación y las diferencias sociales, culturales e individuales.

    Pero estos días de La Habana constituyen un estimulo ético maravillo para los pueblos, no se dieron por vencidos ni claudicaron; no bajaron la cabeza ante el poderoso ni asumieron el credo del “no se puede” que infecta la cultura democrática y humanista de América Latina desde el genocidio de los 70 y el triunfo civilizatorio del capitalismo neoliberal en los 90.

    Cuenta Cortazar en su inmortal “Reunión” que luego de desembarcar del Granma, y de superar con gran dificultad el ataque militar de recepción, al llegar a la Sierra Maestra y encontrarse con Raúl y el Che, preguntó cuantos fusiles quedaban y con el puñado que tenían, dijo, entonces ya ganamos.

    Que digan lo que quieran los Cantelmi y los Altamira del continente, la lucha de los pueblos de Cuba y de Colombia siguen vivos y siguen vivas las fuerzas revolucionarias que sostuvieron la bandera de la resistencia al final de la historia y que nos enseñan que solo el revolucionario que se reinventa a diario, mantiene la ortodoxia revolucionaria de luchar contra el capitalismo, en las condiciones que sean y con la correlación de fuerzas que sean.

    Si algo se confirmó en La Habana de Francisco y de Santos que Bolívar y San Martín, Sandino y el Che siguen cabalgando con la bandera de la dignidad y la libertad para nuestros pueblos.

    Seamos dignos de ellos, lo demás no importa mucho

    .Manuel-Santos-Rodrigo-Londono-Timochenko_4961686

  • Diecisiete instantes de una primavera……….el comienzo del cuento sobre el Ciego y la Mechi

      “Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto.

    Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.

    Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al verse. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. “

    Julio Cortazar, “Rayuela”

    La Mechi

    A veces, en esas largas noches de guardia en el Hospital, cuando se quedaba sola y podía prepararse unos mates, se ponía a pensar si la vida pudo haberse disparado por otro sendero que el que había tomado.

    A la distancia, doble distancia, geográfica y del tiempo, podía ver mejor cómo se habían ido encadenando los acontecimientos para llevarlos a aquella esquina rosarina en donde todo cambió.

    Pero entonces, entre el 72 y el 75 todo había sido tan rápido, vertiginoso, que no había sido fácil para nadie adivinar lo que se les venía encima.

    Ella era santafecina, pero para estudiar Medicina había tenido que irse a vivir a Rosario, que para nosotros, es como irse a otra provincia porque una cosa es de San Lorenzo a Villa Constitución y otra de Santa Fe a San Justo, porque para el norte, digamos por la zona de Vera a La Gallareta, ya es otra provincia. No dos, sino tres provincias conviven bajo el nombre de una, pero de eso qué se iba a entender en La Habana si no lo entendían en Buenos Aires; que no podían entender que una santafecina mirara extrañada si alguien le preguntaba si era rosarina.

    Claro que no, santafecina y de Unión, diría ella.

    A lo mejor todo empezó con el viejo, peronista, sindicalista -pero de los de antes, no como la caterva de burócratas que ella conoció de cerca en Villa Constitución muchos años después- que lo metieron en cana en el 55 a pesar de que había quedado discapacitado y ella se agarraba a sus pantalones para que no lo lleven.

    Y él la miraba con ternura, con tristeza y con una dignidad que ella no olvidaría jamás.

    Nunca fue demasiado pobre, pero tampoco nunca vivió en el centro ni fue a la Inmaculada ni a los otros colegios de las niñas bien santafecinas; las que jugaban al tenis en el Lawn Tenis de la Costanera y se bañaban en la pileta del Jockey para no mezclarse con los negros en el Parque del Sur o las playas de Guadalupe.

    Por eso, por ser hija de peronista y de trabajadores, le pareció bien la idea de ayudar a los más pobres y acompañar a los chicos que iban a la Iglesia del padre Catena en el barrio Santa Rosa de Lima aunque no era la única voz que escuchaba porque, si vamos a ser precisos, me escribió una vez, y era obsesiva como pocas con los detalles, que con el primero que habló de política en serio no era ni peronista, ni cristiano, ni siquiera pobre; aun más, cuando ella lo conoció, él ya había abandonado familia y estudios para proletarizarse,  o sea, abandonar el hogar paterno e irse a vivir como y con los obreros, trabajando en una fabrica metalúrgica y viviendo en una villa miseria.

    Era hijo de un escribano que había sido presidente de Unión para finales de los cincuenta y tenía un destino de escritorios, paseos con niñas bien de la sociedad y una casa en la costanera para criar los hijos de una chica bonita que le esperaba sin falta; pero se rebeló y eligió jugarse por el pueblo.

    ¿Acaso fue su muerte lo que la conmovió tan profundamente para llevarla en un solo movimiento a esa esquina de Entre Ríos y Santa Fe, a metros de la Facultad de Humanidades, esa tarde de mayo de 1975?

    Tenía ojos azules y ella no sabía que le gustaba más, si las promesas de la revolución cercana o esos ojos que la miraban de cerca.

    Su muerte en Trelew, fusilado por los marinos en la Cárcel después de la fuga frustrada, fue la señal que no entendí, se dijo sacudida por el recuerdo y se puso a pensar en esos días santafecinos cuando llegó el cuerpo de Jorge Alejandro Ulla al aeropuerto, de noche, en un avión militar y los hijoeputa de los policías hicieron un cordón tan cerrado que en un momento, hasta la mamá de Jorge quedó afuera y hubo que putear y pelearse para que la dejen acercarse a ver su cadáver.

    Pero fue en Rosario, cuando empezó a estudiar Medicina que encontró a la Fede y nunca dejo de pertenecerle, de amarle, de pelearse con todos para ser mejores comunistas.

    Y fue en la Fede de Rosario que lo conoció al Ciego.

    El Ciego

    No sabría decir desde cuando usaba lentes. Cuando yo lo conocí, él ya usaba unos con cristales gruesos, de esos que parecían culo de botella, pero decían los que le conocían de muy niño que eso no le había impedido ser muy travieso desde muy pequeño: la madre temblaba al llevarlo al jardín porque sabía que dos por tres, las maestras vendrían con cuentos y quejas.

    En la casa mucho no se hablaba de política y ni el papá ni el segundo compañero de su mamá se metían mucho en los líos en que él se metería.

    A lo mejor, fue ese espíritu irreverente que traía de la cuna lo que lo llevó a acercarse a ese compañero de banco con el que empezaron a colocar carteles contra la dictadura de Onganía por los pasillos y en el baño y hasta llegaron a cortarle las mangas al saco de un profesor facho en un recreo, pero con tanta mala suerte de que el celador entró justo cuando ellos estaban adentro, y los castigó con un montón de amonestaciones que los dejó al borde de la expulsión.

    El celador era de la C.N.U.[1], una organización de la derecha extremista alojada en el peronismo, que sería una de las bases operativas de la Triple A pocos años más tarde.

    El estudiante era hijo de un medico del P.R.T.[2] pero no sería a la Juventud Guevarista que él se incorporaría sino a la Fede, aunque eso sería un poco más tarde, pero el episodio le dio cierto “prestigio” en el colegio Nacional y provocó que los compañeros de la Fede, la Laurita y el Oso primero que nadie, se le acerquen y comiencen a invitarlo a peñas y todo tipo de actividades.

    De hecho, en una casa de estudiantes de la Facultad de Ingeniería, cerca del Monumento a la Bandera, funcionaba algo así como un club de amigos, todo muy informal, pero fue a ese grupo el primero al que se incorporó aunque de un modo un poco extraño. Casi no hablaba, escuchaba atentamente y de vez en cuando se dejaba hacer el amor por una compañera bastante mayor que él que prácticamente lo instaló en su casa hasta que algunos de la Fede de la zona centro de Rosario decidieran rescatarlo, afiliarlo y darle tareas súper exigentes como para que no tenga tiempo de nada, y menos de acostarse con la compañera mayor, tareas de acción, como las que él pedía.

    Creo que fue por el 72 que lo pusieron  al frente del grupo operativo de la Fede que estuvo en la toma del barrio Tablada, barrio con memoria si los hay porque allí fue que la Resistencia Peronista se hizo fuerte en el 55, fuerte se hizo el Partido y otras fuerzas de izquierda bajo la dictadura de Onganía y eso explica que después, poco después que él se fuera a Cuba, La Tablada fuera arrasada por Díaz Bessone y el Segundo  Cuerpo.

    Pero en el 72, no pudieron con los compañeros.  Tres días, setenta y dos horas contadas por minuto, resistieron los vecinos, y con ellos la Fede y al frente del grupo el Ciego que desde ese momento se las arregló para formarse en lo que entonces se llamaba autodefensa aunque él y muchos otros, pensaban en golpear y avanzar, soñaba, en esas noches previas a conocer a la Mechi, con ofensivas victoriosas y banderas al viento acariciándole la cara.

  • Carta de despedida a una revolucionaria argentina que murió en La Habana.  final  de mi cuento  «17 instantes de una primavera»

    Ahora que no está, que se fue con el Ciego porque no podía vivir ya sin él, puedo confesar algo.

    Yo amaba a esta mujer pero no como mujer, digo, no como la amaba el Ciego sino de otra manera.

    No se como explicarlo, o no se si tiene explicación.

    Yo la amaba desde el cinco de diciembre de 1975, cuando la noche que un grupo de tareas voló la casa de mi vieja, la Mechi que estaba parando en la casa de su mamá, a solo tres o cuatro cuadras de mi casa, se apareció en batón a la madrugada aquella y no dijo nada.

    Yo la amaba desde aquellas noches en el bar de Oscarcito, en la calle Mendoza y nomeacuerdo, en aquellos días terribles del 74 y el 75, llenos de pasión y debates, de ilusiones y temores.

    La amaba cuando discutía incansablemente cada uno de mis argumentos y los destruía con aquel estilo de los setenta que hoy causaría espanto a los muchachos progres de hoy que proclaman la moderación y el estilo light para todo debate como la regla, como si discutir ¿como  mierda se para a la Triple A? cuando tenés tres chicos de la Fede amenazados de muerte bajo tu responsabilidad, pueda hacerse con ese estilo afrancesado o suizo que se supone posmoderno, aunque supongo que los comunistas parisinos discutiendo como volar la Comandancia de la SS en París también discutirían a los gritos, con pasión y desacato a la tradición y la ortodoxia.

    Empecemos por allí.

    Yo amaba la obstinada, consecuente, rigurosa conducta polémica de la Mechi desde siempre.

    Desde las reuniones del Comité Provincial de la Fede de principios de los setenta hasta aquella noche de vino y guitarra cuando comenzaba el XVI Congreso y nos volvíamos a ver después de un siglo de cárceles y exilios, bombas y estudios, militancia clandestina allá y acá, pero desde una identidad inalterable e indiscutida.

    Nosotros éramos de la Fede siempre. Cuando estábamos de acuerdo con el Pelado o el Patricio, y cuando nos enojábamos hasta la exasperación.

    La Mechi discutía todo, a todos, siempre.

    Su primer amor había sido un compañero que militaba en el E.R.P. y fue asesinado en la masacre de Trelew y su primer maestro en la política un cura tercemundista de Santa Fe así que estaba como vacunada contra el sectarismo que nos caracterizaba a casi todos.

    Y con los años se volvió más y más tolerante con las diferencias y más intransigente con los dogmaticos, con los sectarios, con los burócratas de allá y de acá a los que odiaba casi con tanta pasión como odiaba al enemigo, aunque nunca perdía la distancia, ese cálculo imprescindible que se hace en la primera asamblea de estudiantes de medicina de rosario para saber con quien aliarse para que no gane la derecha hasta en aquellos seminarios del Che que ella fue de las primeras en impulsar con la Claudia y la Emilia y un montón de guevaristas de los noventa, de esas que aprendieron en los riñones que si salíamos del abismo de la caída del Muro y del triunfo de Menem y todos los que como Menem gobernaban casi toda América Latina, era construyendo una guerrilla de la cultura, de los valores, de los principios.

    Por eso podía ir y volver entre La Habana y Rosario con tanta facilidad, sin sentirse extranjera en ningún lado aunque yo para hincharle los ovarios, solía provocarla diciendo que no podía entender la política argentina porque se había cubanizado y el peronismo es impenetrable para el pensamiento martianoguevarista.

    Bueno, el peronismo es impenetrable para cualquier pensamiento, pero esa es otra historia, diría la Mechi.

    Pero no era cierto de que no entendiera.

    Tenía una rara capacidad de entender la política cubana, la revolución, los debates comunistas de allá y  tomar partido, porque la Mechi siempre tomaba partido no importa lo que se discutiera y podía entender la política argentina y los debates de la izquierda y también tomar partido, aún en los debates del partido.

    Pero la verdad, yo amaba a la Mechi por cómo ella amaba al Ciego.

    No es que yo envidiara al Ciego, a ver si nos entendemos, yo envidiaba a la Mechi por haber podido amar al Ciego como ella lo amaba, y por como el Ciego la había amado. Desde cuando estaba escondido en la casa de Gracielita, en la Santa Fe del 75, y tenía que organizar toda una conspiración contra la disciplina partidaria para verla un rato y a las apuradas.

    El Ciego también era de la Fede, pero distinto.

    Cómo decirlo para que me entiendan ahora? Si digo que era más milico, ¿se entenderá que quiero decir que era más disciplinado, más acostumbrado a conducir y cumplir ordenes?.   El Ciego sí que era rosarino, y del centro. Iba a una escuela secundaria de las mejores de Rosario y allí conoció a un compañero del E.R.P. que hizo quilombo en clase y fue entonces que empezó todo.

    Porque a partir de ese episodio, pequeño, casi intrascendente casi una aventura estudiantil, él comenzó a interesarse, a discutir, a preguntar. Se hizo amigo de un grupo de la fede de la zona centro, un bancario, unos estudiantes, la Laurita, el Oso, el Osvaldo, la casa esa cerca del Monumento y esa otra casa de una señora muy señora que un tiempo lo adoptó pero no como hijo hasta que los de la fede de la zona decidieron afiliarlo, darles tareas y arrancarlo prácticamente de aquella casa y aquella señora mayor, compañera por supuesto pero que no pensaba en el Ciego precisamente como compañero.

    Yo no se bien cuánto tiempo vivieron juntos antes de que el Ciego haga lo que tenía que hacer en aquella marcha de las juventudes políticas en aquel mayo del 75.

    Una vez se lo pregunté a la Mechi y me contestó con un poema de Ho Chi Minh, “”Un solo día en la cárcel equivale a mil años”: mucha razón tenía el antiguo refrán. Cuatro meses de vida (nada tiene de humano) han dejado en mi cuerpo la huella de diez años” decía el vietnamita.

    Y esa vez la entendí.

    ¿Cuánto dura un orgasmo?  No me interesa, creo que a nadie le interesa, porque ese instante de amor dura más que una vida sin amor.

    La relación tiempo/amor fue todo un problema en aquellos setenta.

    ¿Cómo convencer a la dirección del partido y de la fede que ese amor de apenas algunos días, semanas, meses, no se bien cuanto pero seguro que no mucho, era un amor para toda la vida, irrepetible, incomparable?  Y ahí apareció la Mechi más adorable: testaruda como una mula, llena de argumentos teóricos, científicos, poéticos, inventados o tomados de los más preclaros pensadores…No se como lo hizo, pero lo hizo y allí se fue para La Habana.  Sola con el Ciego.  Bueno, se podría decir al revés,  se fue con el Ciego a vivir el sueño de toda nuestra generación: vivir en Cuba, en la Isla de la Libertad y en la ciudad más amada por todos los que en esos años pasarían por la Esma o Campo de Mayo, por la Cárcel de Coronda o la de Resistencia, por los que andaban con nombre falso escondidos entre las paredes de las ciudades sitiadas por todo un Ejercito en Operaciones para quienes, el Malecón de La Habana se nos figuraba como la Meca o la Tierra Prometida para los religiosos.

    Y ahora que no está, uno se da cuenta que le dijo la mitad de las cosas que quería decirle; aunque creo que nos conocíamos tanto que ella entendió los dos gestos de amor que le regalé en el final de su vida.

    El primero fue haber escrito, como pude, con lo que sabía y ella me contó a medias y nunca del todo nada, la historia del Ciego y al hacerlo, la suya;  y el segundo fue muy poquito antes de que se vuelva por última vez a La Habana. Fue un domingo que le dije que dejara a su Marianita con la madre, se pusiera linda y saliéramos a pasear por Buenos Aires. Y allí fuimos por la zona de Congreso a tomarnos un cafecito en un bar con mesitas en la vereda, ese que está justo frente al Congreso pero del otro lado de la plaza, que parece calcado a esos barcitos de París donde uno imagina que escribía Cortázar tomando café con la Maga. Y después fuimos al cine. Y después fuimos a cenar y yo no pregunté nada sobre el maldito cáncer y ella no dijo nada del último estudio del laboratorio y durante horas pasamos revista a nuestras vidas para concluir con un aprobado, de que no habíamos vivido al pedo y que hasta habíamos vivido de un modo interesante

    De qué hablamos? Pucha…No me acuerdo bien pero debimos hablar de los de la fede de Santa Fe y de Rosario, del Ciego y del Kali, de Gracielita y de las que vinieron después, de nuestros enamoramientos y peleas con Patricio y el Partido, de los debates de política y de cine que nos entretenían desde hacía cuatro décadas hasta que sin decirnos adiós ni nada, nos abrazamos y nos fuimos cada uno por su lado sabiendo que era la última vez.

    Casi no nos escribimos ni nos hablamos. Cuando la internaron no me dio el coraje de hablarle y una sola vez le escribí y me contesto. Esperen que guardo el mensaje que me mandó por el correo electrónico y si lo encuentro se los muestro

     

    ”Querido José:  Dice el refrán que no esta “muerto quien pelea” y de eso estén bien  seguros que lo hare, que por encima de todo voy a librar una batalla ardua ,difícil pero con la misma voluntad de vencer que siempre he tenido. Así que no me estén enterrando antes de tiempo que de peores he salido!!! Lo mas complicado es poder comenzar el tratamiento porque las dificultades de la deglución me limitan, pero buscaremos la forma para resolver. Gracias por vuestro apoyo y la solidaridad, por tenerlos cerca de mi corazón.  Te abraza y los abraza. Mechi. La Habana.  Abril del 2009. Año del Cincuenta Aniversario del Triunfo de la Revolución Cubana”.

     

     No le contesté porque cada vez que me sentaba a la maquina lloraba como lloro ahora, así que ahora que puedo te lo digo: gracias compañera, hermana, mujer amada pero no deseada, madre, revolucionaria y guerrillera del alma, de la cultura y la conciencia. Comunista ejemplar.

    Mechi, te quiero mucho.

    Hasta siempre.


  • La reveladora impunidad de Montesanti al momento de su derrota

    A la suspensión dictada por el Consejo Superior de la Universidad del Sur y de la declaración en rebeldía por parte del Juez Ramos Padilla se suma ahora el inicio del proceso de destitución votado en el Consejo de la Magistratura en el día de ayer. Luego de tantos años de lucha, de la cual la Liga Argentina por los Derechos del Hombre fue el único organismo de derechos humanos que se hizo cargo de la denuncia de las y los compañeros de Bahía Blanca (empezando por nuestros compañeros Alberto Rodríguez y Dante Patrignani) corresponden dos cosas cómo mínimo: una es celebrar como corresponde esta derrota del fascismo argentino y la otra es preguntarnos sobre la larga historia de su impunidad que es la de tantas y tantos perpetradores de graves violaciones de derechos humanos que siguen pretextando “presunción de inocencia” a lo que es simple, perversa, cínica y descarada impunidad para sus crímenes, una impunidad que garantiza el Estado, el Poder Económico, el sistema comunicacional y las “fuerzas vivas” de la sociedad en general.
    Si la impunidad jurídica es la falta de castigo a los delitos cometidos, se puede afirmar que la impunidad de Montesanti, abogado, profesor universitario, juez e integrante de la Cámara Federal de Bahía Blanca es mucho más que eso: es la confirmación de que no solo la Justicia (así, con mayúscula como si fuera un ente independiente autónomo) sino la Universidad, la Opinión Publica (de vuelta, con mayúscula como “a Justicia”) y la sociedad bahiense tiene un doble rasero para medir a las personas y que ese doble rasero es ideológico en el peor sentido del término: una mirada distorsionada de la realidad, condicionada por el interés económico y social de preservar privilegios y posiciones ganadas a fuerza de actos violentos ilegales que vienen de larga data: el exterminio de los pueblos originarios, la dominación “legal” o “dictatorial” del siglo XX que desembocó en el Terrorismo de Estado de la Alianza Anticomunista Argentina (ahora sí, con mayúsculas como corresponde a una institución) y de las Fuerzas Armadas.

    Montesanti fue parte de la ultraderecha universitaria que en su paranoia anticomunista se abrazó a los grupos de ultraderecha fascista que comenzó a atacar a las fuerzas comunistas y de izquierda en los primeros años de la década de los 60 del siglo pasado (espantados por el crecimiento de las luchas nacionales y el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959).

    Los testimonios sobre su participación en las acciones de los grupos que atacaban a los estudiantes que protestaban por el asesinato del Watu Cilleruelo, los vínculos nunca desmentidos con los más altos jefes militares que perpetraron el Genocidio en la zona, el diploma que ostentaba en su estudio con orgullo de su pertenencia a un supuesto (otra vez la paranoia disparatada) Congreso Anticomunista Mundial, su repugnante empleo como Personal Civil de Inteligencia durante aquellos años de plomo y las incontables denuncias sobre el maltrato diario a que sometía a trabajadores judiciales y estudiantes universitarios no fueron nunca óbice para su indetenible ascenso hasta uno de los más altos que la carrera judicial le permitía aspirar: presidente de la Cámara Federal de Bahía Blanca, cargo que adornaba con el de Docente Universitario (sí, con mayúsculas, como a él le gustaba poner en el Curriculum Vitae en que ocultaba su costado miserable de buchón de los asesinos y amigo de los torturadores).

    Fue en el año 2002 que un compañero de luchas e ideas del Watu Cilleruelo, Alberto Rodriguez, denunció en una asamblea universitaria lo que casi todos sabían: que Montesanti era un fascista que había colaborado con los crímenes de la Triple A y con el copamiento de la Universidad del Sur por la ultraderecha cavernícola de Remus Tetu; y fue en el 2007 que en un juicio oral y público toda Bahía Blanca pudo enterarse de casi todo lo que ahora se utiliza como razón de la suspensión en la Universidad y el comienzo de los procesos judiciales y de destitución como Juez de la Nación. Tal como personalmente lo afirmamos públicamente a pesar de sus agravios, amenazas y burlas. Que repitió cuando logró que el Consejo de la Magistratura rechazara el pedido de juicio político que habíamos acompañado.

    Fue en el 2010 que otro compañero del Watu, Dante Patrignani, docente de la Universidad del Sur, pidió el fin de su impunidad ante el Consejo de la Magistratura y ante el Consejo Superior de la Universidad del Sur. A los cinco años respondieron. Por qué tardaron tanto ante lo obvio?

    La pregunta es sencilla: por qué la Universidad no consideró necesario apartarlo de las aulas, por qué el Consejo de la Magistratura del Poder Judicial Federal no consideró justo apartarlo de su posición de magistrado y por qué las Fuerzas Vivas de Bahía Blanca (y otra vez, con mayúsculas) no consideraron vergonzante seguir tratándolo como uno de los suyos, como uno de los mejores vecinos y ciudadanos?

    Porque aceptar que Montesanti es lo que es implicaba aceptar que la Universidad del Sur fue (al menos hasta ahora) cómplice por acción u omisión de los crímenes que sufrieron los estudiantes universitarios; y no solo la larga lista de estudiantes asesinados, desaparecidos, encarcelados, torturados y perseguidos. También el conjunto de estudiantes que por casi cuarenta años han debido estudiar en un ambiente donde la intolerancia tenía premio y lo diferente era catalogado de abominable. Como pensaba Montesanti el día que mataron al Watu.

    Porque aceptar que Montesanti es lo que es implicaba aceptar que la inmensa mayoría de los miembros del Poder Judicial (que muy pocas veces tiene algo que ver con la Justicia) compartían el odio de clase contra los insurgentes de los 70. Porque todos ellos se habían formado al calor de los fuegos de la intolerancia que prendieron la ley 4140 de 1902 o la ley de seguridad nacional de 1910; o de los innumerables decretos de facto que la Corte Suprema le daba carácter de ley en los sucesivos golpes de Estado de 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. Curioso no?, se presentaban y presentan como los custodios del principio liberal de que nada legal puede surgir de un acto ilegal pero ampararon (y amparan) toda clase de actos ilegales con cobertura legal. No por nada el mismo Zaffaroni afirma que el origen último de todo orden jurídico es un genocidio anterior que es oculto bajo la maraña de disfraces y máscaras que la ideología provee como si todo el año fuera carnaval.

    La justificación ideológica fue cambiando. Al indio se lo mataba en nombre del progreso y a los anarquistas, socialistas y comunistas en nombre del orden y la identidad nacional. Pero sería la “guerra fría” que el “mundo occidental” libró contra todo aquel que se rebelara contra el capitalismo desde la Comuna de París de 1871 hasta la implosión de la Unión Soviética en 1991 la gran excusa ideológica para perseguir a los peronistas, guevaristas, comunistas, cristianos y a todos los que persiguieron los grupos de tareas, los Servicios de Inteligencia y la derecha fascista entre 1955 y finales de la dictadura.

    El pináculo de la mirada ideológica fue aquel exabrupto que pretendía el fin de las ideologías y de la historia al final del “socialismo real”. Montesanti, ingenuo e ignorante como todo buen fascista, se lo creyó y por una década vivió creído de su impunidad perpetua, pero nadie para el viento y la historia se vengó de todos ellos.

    Del General Videla que murió cagando en un baño de la Cárcel de Marcos Paz.

    Del ángel rubio, el oficial de la Marina que raptó a las Madres de la Santa Cruz, ese Astiz que vivirá hasta su último día encerrado.

    Y también de este miserable Juez y Docente Universitario que en su hora de prueba mostró que no tiene el coraje de enfrentar con dignidad la condena ética y judicial por los actos que cometió. No por su ideología que nadie condena a los fascistas, se condena lo que los fascistas hicieron y hacen.

    La ideología atraviesa toda sociedad y mucho más una como la nuestra que fue reorganizada radicalmente por la picana y la capucha.

    Una vez compartí con un sobreviviente de la Escuelita de Famailla (primer centro clandestino en Tucumán, en una escuela para pobres que querían dejar de serlo). El me contó que pudo ver a algunos compañeros porque había hecho una pequeña rasgadura a la capucha y por esa mínima ventanita alcanzó a reconocer algunos rostros.

    Mi sueño es que la caída de Montesanti funcione como aquella pequeña rasgadura en la máscara de la ideología que impide a tantas y tantos ver la verdadera cara del Juez y Docente, esa que asustaba a los estudiantes y da asco a los que respetan la dignidad y la humanidad de los seres.

    Amén.

  • La responsabilidad política del asesinato de Maximiliano Kostecky y Darío Santillán debe ser juzgada y castigada.

    «Ningún crimen de estado se comete sin ensayar un discurso justificante”

    Dr. Raúl Zaffaroni. 2013

    El 26 de junio de 2002, en medio de un operativo represivo diseñado, organizado y ejecutado por fuerzas estatales, fueron asesinados Maximiliano Kostecky y Darío Santillán; heridos de gravedad decenas de compañeros y agredidos de diversos modos cientos de ellos. Que los muertos solo fueran dos no fue “efecto de la crisis” (como pretendía Clarín con su titular de tapa) sino un resultado casual ayudado por un infinito número de acciones solidarias de los más diversos sectores, empezando por los propios militantes que -como Darío intentó con Maximiliano- se ayudaron unos a otros en tan difícil situación.
    Desde el inicio, se presentaron demandas penales contra los autores materiales (dos de ellos serían finalmente los únicos condenados) y contra los autores intelectuales de la masacre. Lo que hoy algunos “progresistas” pretenden presentar como un “montaje mediático desestabilizador”, en aquellos días casi nadie lo ponían en duda: el hecho más que evidente de que había sido el gobierno del Senador Nacional Eduardo Duhalde (en funciones presidenciales como resultado de la crisis de gobernabilidad desatada en diciembre de 2001 a la que pretendían poner fin “a lo guapo”) el primer responsable de las acciones que llevaron a la escena de la Estación Ferroviaria de la localidad de Avellaneda (hoy Estación Maxi y Darío, ya que allí fueron asesinados de un modo cruel) y al Operativo Represivo que bien pudo haber matado muchos más.
    No quiero cansar con citas pero cualquier lector inquieto que acceda a Internet puede recorrer los diarios de junio de aquel año para confirmar lo que digo (particularmente Pagina 12 que todavía jugaba al “periodismo independiente”, crítico de la impunidad y el neoliberalismo.
    La masacre del Puente Pueyrredón es un Crimen de Estado y como tal la responsabilidad de las máximas autoridades del momento es indiscutible.
    En un texto indispensable, “El crimen de estado como objeto de la criminología”, editado por Infojus y disponible en Internet1, dice el Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni: “El crimen de Estado es un delito altamente organizado y jerarquizado, quizá la manifestación de la criminalidad organizada por excelencia” y más adelante afirma que “Ningún crimen de estado se comete sin ensayar un discurso justificante” .
    ¿Cuál sería la opción alternativa a que el crimen de Maxi y Darío fue un crimen de Estado?
    Pues, nada menos que pensar que Franchiotti organizó por su cuenta un operativo represivo que fue preparado con suficiente anticipación como para que desalojaran un hospital (el Fiorito) para recibir los heridos; que el mismo Franchiotti pusiera en marcha un operativo conjunto de fuerzas federales (la Federal, la Gendarmería y la Prefectura) y provinciales y que él mismo, a lo máximo ayudado por algún amigo o camarada de armas espiara a los militantes del movimiento piquetero en la Asamblea de Guernica y luego montara una leyenda para justificar el Operativo, la represión y hasta el asesinato de alguno por “exceso “ o “daño colateral”: los piqueteros escalarían la violencia hacia un “golpe de estado” que volteara el gobierno nacional.
    Franchiotti además debía tener la capacidad de ordenar al gobierno nacional que presente una denuncia penal contra los piqueteros equiparando la lucha popular con una acción golpista desesestabilizadora de un gobierno democrático como el surgido de las ruinas de la Alianza (les suena?, el viejo truco de la desestabilización usado para un lavado y para un fregado por quienes ayer acusaron y hoy son acusados de lo mismo)
    El mismo Zaffaroni en el articulo teórico dice algo muy pertinente: “La idea ingenua y simplista del crimen de Estado como producto psicopatico no pasa de ser un vano intento de calmar la alarma ante la revelación de que alguien análogo a uno mismo pueda cometer semejante atrocidades”.
    Hasta ahora el Poder Judicial (el Juez Lijo y los sucesivos fiscales que tuvieron a cargo la investigación por delegación del juez) y la “opinión publica” han preferido simular creer este conjunto de falacias groseras y evidentes para cualquier observador de los hechos del 2002, han negado en los hechos que lo que ocurrió fue un Crimen de Estado y han preferido creer que Franchiotti actuó por su cuenta y al margen de todo plan operativo que tenía entre sus objetivos la muerte de algunos de los militantes o estaba concebida de modo tal que era esperable ese resultado fatal.
    Es interesante el modo en que el Tribunal Oral Número Uno de San Martín reflexionó al momento de condenar al General Santiago Omar Riveros por el asesinato de Floreal Avellaneda (Floreal murió en 1976 y Riveros fue condenado en 2009); dijo algo más o menos así: puede ser que el General no supiera que Floreal Avellaneda iba a morir en la sesión de torturas a la que fue sometido pero no podía ignorar que al poner en marcha un operativo masivo y sistemático de secuestro y torturas de militantes populares una proporción importante de estos moriría en ese proceso.
    De igual modo podemos afirmar que quienes pusieron en marcha el Operativo Represivo, y lo justificaron ideologicamente de modo tal de estigmatizar las víctimas y naturalizar la violación de los derechos humanos, podrían no saber que morirían Maxi y Darío pero no podían ignorar la alta probabilidad de que en esa jornada del 26 de junio de 2002 murieran compañeros dado el tipo de Operativo puesto en marcha y las ordenes emitidas por una cadena no formal de mando: de Duhalde a Rodríguez y de este a Franchiotti apoyándose en la doble condición de ocupar posiciones claves en el Estado: presidente, segundo jefe de la SIDE y jefe policial por un lado y de pertenecer todos a una misma corriente política que se definía por el anticomunismo y la virulencia en la lucha contra todo aquel que se rebelara contra el orden capitalista.
    Eran, de algún modo, los continuadores del Plan de Exterminio que comenzó Isabel Perón y López Rega con la Triple A, continuó Videla con las Fuerzas Armadas en Operaciones y pretendían reactivar estos oscuros caudillos del sur bonaerense, con fuertes vínculos con la mafia, el narcotráfico y la Bonaerense desde mucho tiempo atrás.
    Que Duhalde, Rodríguez y Franchiotti fueron parte de la Operación del 26 de junio no quedan muchas dudas.
    Lo mismo vale para Juanjo Alvarez, Secretario de Seguridad Interior de la Nación, Luis Genoud, Ministro de Seguridad y Justicia de la Pcia. De Buenos Aires con mando sobre la Bonaerense, Alfredo Atanasof, jefe de Gabinete de Nación e impulsor de la campaña contra los piqueteros o Jorge Matzkin y Jorge Vanossi, dos radicales que habían llegado al gobierno de Duhalde y fueron los redactores de la denuncia penal contra los piqueteros que el gobierno anuncia con euforia en los momentos en que todavía no se había revelado que Franchiotti había sido el asesino y los medios hablaban de enfrentamientos entre los compañeros
    Y hemos dejado para el final a dos personajes que hoy compiten por el cargo de gobernador de la Provincia de Buenos Aires, no porque creamos que tengan especiales responsabilidades sino porque permiten visualizar lo que la impunidad causa a la democracia: que dos políticos imputados de un crimen de Estado puedan postularse y ganar las elecciones.
    Y el voto no es bill de inmunidad, mucho menos de inocencia.
    También Patti, antes de ser juzgado por sus delitos de lesa humanidad, ganaba elecciones.
    La impunidad es lo contrario a la presunción de inocencia puesto que la inhibe y descarga toda el peso de la sospecha sobre quien no fue investigado ni juzgado, como Felipe Solá y Anibal Fernández, dos candidatos en carrera de ser electo gobernador de la provincia de Buenos Aires.
    Felipe Solá era al momento del crimen nada menos que Gobernador de la provincia de Buenos Aires (el mismo cargo que ostentaba al momento de la desaparición forzada de Julio López en 2006) y como tal cabeza de la cadena de mandos a la que respondían los condenados como autores materiales del crimen. Pero era más, en el 2002 era parte del grupo reducido de funcionarios que rodeaban a Duhalde y tomaban las decisiones trascendentes.
    Anibal Fernández era al momento del crimen, Secretario General de la Presidencia ejercida por Eduardo Duhalde y como tal partícipe del diseño de las políticas de estigmatización, descalificación y represión del movimiento piquetero que no dejaba de movilizarse y luchar por acceder a condiciones mínimas de supervivencia en medio de la más cruda crisis de alimentación, vivienda, salud, educación, transporte, en general una crisis de todas las variables de la vida social.
    Claro que no encuentran actas del Gobierno u ordenes escritas del Presidente al Servicio de Inteligencia y de estos a las fuerzas de “seguridad”, Policía Bonaerense, la Gendarmería, la Prefectura y la Federal que participaron en el Operativo.
    Así no suceden los crímenes de Estado y ofenden la inteligencia quienes “pìden” tales pruebas.
    Fue la investigadora norteamericana norteamericana Patrice Mc Sherry en su libro “Los estados depredadores. La Operación Cóndor y la guerra encubierta en América Latina”, 2009, LOM Ediciones, la que demostró que los Estados que desplegaron acciones de terrorismo (terrorismo de Estado), generaron a su interior espacios estatales clandestinos que no respetaban ni las propias leyes estatales, no aferrándose a las normas que emanaban del propio poder y generando un estilo de accionar particular que construía sus propios sistemas de legitimación y de transmisión de ordenes y directivas. Y fue de ese modo que se organizó y perpetró el crimen de Avellaneda.
    Utilizando canales clandestinos que en principio unen a Duhalde con el segundo de la Side, Oscar Rodríguez, con Luis Genoud, hombre fuerte de la derecha peronista del sur bonaerense y con Franchiotti, el policía que les respondía desde hacía mucho tiempo.
    Pero nada sabemos con exactitud porque el Estado nunca investigó, y la impunidad tiene efectos, vela la verdad, la pone en dudas y nada es seguro aunque todo sea más que posible..
    Es la impunidad que el Estado en todas sus formas de administración (el Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial) ha garantizado, el que impide que sepamos con precisión el modo en que se encubrió y ejecutó la Operación del 26 de junio de 2002, pero que Felipe Solá y Anibal Fernández estaban allí es lo indiscutible.
    Como es indiscutible el rol de Anibal Fernández de emisor del discurso de justificación del Operativo: los piqueteros son golpistas y hay que preservar la democracia sea como sea, era el mensaje de sus intervenciones antes y después de la Masacre, tanto que Pagina 12 del 29 de junio le llama la atención de que después de la aparición del material gráfico que revelaba el asesinato a sangre fría de Maximiliano y Darío, el resto del gobierno ya había cambiado el discurso, como siempre Anibal sobreactuaba su papel.
    Decía Pagina 12 a siete días de la Masacre: “Aníbal Fernández, secretario general de la Presidencia, quizás no tuvo tiempo para procesar el cambio de discurso oficial que produjo la evidencia periodística, gracias a la cual pudo desentrañarse que la policía fue la culpable de las muertes, tal como Página/12 viene sosteniendo desde el día en que se produjeron los asesinatos” y luego lo cita textualmente. “No hubo provocación; hubo una vocación formal de que sucediera lo que sucedió, así se planteó. Yo lo sé hace 20 días y hace 20 días (los piqueteros) vienen diciendo ‘vamos por un 19 y 20 de diciembre”. Repetía, sabiendo que mentía, los inventos de la SIDE y los agentes provocadores como el inefable Hadad, el periodista todo terreno para justificar crímenes de Estado y violaciones de derechos humanos.
    Casi nadie cambia, y las conductas de Hadad y Fernández ante la represión en la Panamericana a los trabajadores de la línea 60 lo confirman.
    Faltaría terminar con una reflexión de Daniel Feierstein sobre los Genocidios que es aplicable a este caso: el genocidio se realiza simbólicamente en las acciones de falseamiento y ocultamiento de los hechos de modo tal que todo parezca que no ocurrió o que ocurrió casualmente o por obra de un grupo de locos o malvados individuales. La poderosa voluntad de silenciar las responsabilidades políticas del crimen de Maximiliano y Darío por parte de las dos fracciones de la burguesía y el Imperio que domina estos lares, por ocultar el hecho y salvar a Anibal Fernández y a Felipe Solá es un modo más de confirmar el carácter estratégico de aquel crimen de Estado, y por ende, la importancia trascendente de esclarecerlo hasta las últimas instancias, tal como el ex presidente Néstor Kirchner le prometió a Alberto Santillán en los primeros días de su mandato. Pero como tantas otras promesas, las palabras fueron por un lado y los hechos por otro.
    Por todo ello, nosotros seguiremos sosteniendo la causa judicial radicada ante el Juez Lijo y promoveremos un amplio movimiento de esclarecimiento de los hechos. No es solo un deber ético, es una cuestión de defender la democracia de la repetición de hechos como aquellos que hoy asoman en el crecimiento de la tortura, el gatillo fácil, la destrucción de las humanidades en las cárceles estatales y en el creciente accionar represivo contra los que luchan, accionar que, oh casualidad, es justificado con pasión por el mismo Anibal Fernández2, aunque ahora Felipe Solá considere que toda represión es poca y reclame más y más mano dura. Aunque parezcan que pelean solo están dirimiendo el rol que cada uno jugará en un drama que ya lleva muchos años de acción. Es tiempo de terminar con la impunidad de los crímenes de Estado. De todos ellos