• Del discurso de la preocupación republicana a la práctica de “me cago en la Constitución, y qué?”

     

    En menos de un mes, el Macrismo en el Gobierno (y por Macrismo llamaré ahora al vasto conglomerado de fuerzas de derecha que van mucho más allá de la Alianza Cambiemos) ha producido cambios formidable en el terreno de la economía y el orden institucional.
    Absolutamente todos ellos de carácter regresivo y de derechas.
    Se confirma así que la designación del Gabinete con altos ejecutivos de los principales Grupos Económicos que –al menos desde el Genocidio- dominan las relaciones económicas y sociales de los argentinos definía sin dudas el carácter de clase y la alineación subordinada al Imperio norteamericano del gobierno.
    Muchos lo han dicho: una colosal transferencia de ingresos con la mega devaluación y la quita de retenciones e impuestos a los ricos, acompañada de un alza colosal de los precios se ha consumado en pocos meses. Igual que a principios del 2014 con la devaluación de Cristina/Kicillof pero sin ninguna de las medidas paliativas que caracterizaron al Kirchnerismo.
    Como una cirugía mayor sin anestesia.
    Aprovechando el estupor de algunos y la complicidad de otros, el Macrismo ha producido un festival de Decretos de Necesidad y Urgencia que van desde la pretensión de completar la Corte Suprema a modificar la Ley de Medios y otras leyes.
    Pero no son solo los funcionarios macristas los que ejecutan estas acciones. También los miembros del Poder Judicial y de las llamadas Fuerzas de Seguridad. Es que la catástrofe del 2001, las luchas populares, el modo en que Néstor Kirchner pensó en construir gobernabilidad, el avance de los Juicios contra los Terroristas de Estado, el acercamiento de Argentina a América Latina y sus procesos más avanzados, el despliegue de nuevas fuerzas sociales y políticas consustanciadas con estas políticas y procesos condicionó, durante un tiempo, a una derecha que desde 1930 ha apoyado la vulneración de la Constitución Nacional con su rostro republicano y su ropaje legalista. Si hasta Clarín escribía notas sobre Echecolatz y los 24 de Marzo.
    Lo hemos dicho varias veces, expuesta en su impotencia en el 2001, derrotada electoralmente en los primeros años del siglo, aislada regionalmente por el desarrollo de la integración latinoamericana, la derecha simuló retirarse de la escena y emprendió un largo camino de recomposición de su ideario y mística. En el centro de ese proceso estuvo la instalación de la idea de la inseguridad vinculada a la presencia de jóvenes pobres en las barriadas populares y la supuesta falta de acción de las Policías por el “garantismo” que a su vez derivaba del ansia de venganza contra los patriotas militares que nos salvaron del Comunismo Internacional. La reivindicación de todas las formas de la violencia institucional y de todas las formas de estigmatización de los pobres y de quienes se ponían de su lado, ha sido la viga maestra para cambiar el clima social y permitir el triunfo del Macrismo.
    Pero su triunfo está potenciando lo más ruin y podrido del sentido común de los argentinos, esa famosas identidad nacional que forjaron Roca, Uriburu, Videla, Menem y ahora Macri.
    A ellos les habla el Macrismo cuando echa trabajadores con el fundamento de que “no permitirá que los ñoquis se roben el dinero de los contribuyentes”; o cuando reprime a los trabajadores de Cresta Roja porque hay “que terminar con el despropósito de la ocupación callejera con la protesta social” o cuando liquida la Ley de Medios porque algunos funcionarios de Sabatella utilizaban el cargo más para sus propósitos políticos que para desplegar la Ley no solo en un sentido restrictivo (contra Clarín) sino sobre todo en su sentido constructivo de contribuir a una red de medios alternativos y verdaderamente autónomos (que si se hubiera formado hoy estaría liderando la batalla cultural contra el Macrismo)
    La decisión del Tribunal Superior de Justicia de la ciudad de Buenos Aires tiene esa impronta. Permite a la Policía que actúa en la ciudad, ahora unificada, que detenga por unos minutos a los transeúntes para verificar su documentación con el mismo discurso de la Dictadura: los que tienen documentos y no tienen deudas con la Justicia, ¿en que los puede molestar que alguien les pida el DNI?
    Los miembros del Tribunal serán más o menos instruidos, no lo podría asegurar, pero seguro que conocen el articulo 13 de la Constitución ciudadana que es un verdadero despliegue de derechos individuales contra el autoritarismo policial y administrativo que prohíbe de manera terminante la práctica por ellos autorizada. Puntualmente en sus incisos dos, cinco y once dice : 2. Los documentos que acrediten identidad personal no pueden ser retenidos.; 5. Se prohíben las declaraciones de detenidos ante la autoridad policial y 11. En materia contravencional no rige la detención preventiva. En caso de hecho que produzca daño o peligro que hiciere necesaria la aprehensión, la persona debe ser conducida directa e inmediatamente ante el juez competente.
    Me importa resaltar lo siguiente: no es que el Tribunal pretenda, por ahora, modificar la Constitución ciudadana, no le hace falta. Sabe que con mensajes de este tipo las Policías y todas las derechas locales incrementarán su labor de discriminación y estigmatización para justificar la violencia institucional y la represión lisa y llana, cuando sea conveniente y necesaria.
    Una policía que tiene en su ADN las acciones de desaparición forzada de personas de la época dictatorial y todas las prácticas vejatorias de las personas del periodo de vigencia de los Códigos Contravencionales que desde la Colonia hasta aquí han permitido a un simple policía actuar como Juez y Verdugo de los pobres, las mujeres y los débiles.
    Es en la batalla contra estos avances reaccionarios y represivos que se juega hoy la batalla por Memoria, Verdad y Justicia, y nuestra condición de luchadores por los derechos humanos.
  • Jorge Sigal asumió como funcionario macrista y mató a Bolita, aquel militante de la Fede que estudió en Moscú

    Al funcionario Jorge Sigal no lo conozco. He leído que es un periodista de Perfil y que ha aceptado con entusiasmo la tarea proclamada por su jefe Hernán Lombardi de “desarmar el Ministerio de Propaganda”, lo que parecería significar que cumplirá la “tarea sucia” de echar periodistas y trabajadores de la Cultura del Canal Público y Radio Nacional golpeando lo que acaso fuera el costado más positivo de la gestión kirchnerista: un cuestionamiento al Poder en el plano simbólico que por no llegar a modificar las relaciones de dominación en el terreno de la economía y los aparatos estatales de Justicia y Seguridad terminó como ya sabemos. La tarea que le han dado no es menor en el plan de instalación del modelo macrista, lo que induce a pensar en la gran confianza que el Poder Real y la Embajada de los EE.UU., que monitorea cada paso de Macri, tienen en el periodista Jorge Sigal, casi ignoto para el gran publico. Razones habrá, las desconozco.

    Yo conocía al militante de la Federación Juvenil Comunista, Jorge Sigal, al que le decían Bolita. Lo conocí en 1969 en las reuniones que la Fede organizaba para impulsar la resistencia estudiantil al Onganiato, “la dictadura de los Monopolios” como caracterizaba al gobierno dictatorial surgido en 1966, el partido en el que ambos militábamos. Había protagonizado algunas acciones creativas de organización y lucha en la Capital Federal por lo que había cobrado cierta fama entre nosotros. Yo venía de la ciudad de Santa Fe y todo me era muy lejano: la Capital Federal, la calle Corrientes, los códigos culturales de quienes formaban parte de las capas medias porteñas, tan lejanas de todo lo que yo conocía en aquella Santa Fe. Bolita era hijo de un medico comunista y se movía como pez en el agua en ese ambiente. Era visto como alguien exitoso. Luego viajamos juntos a Moscú, de julio de 1970 a junio del 71. Como parte de una política de formación política de los militantes que era regla en todo el movimiento popular argentino y uno de los puntos valorables de aquellas experiencias que proclamaban (la vida mostró que con suerte diversa) superar el capitalismo y marchar al socialismo. Nosotros íbamos a Moscú como otros iban a La Habana, o a Pekín, a Belgrado o a Argel y algún otro destino que prefiero no recordar ahora. El ahora funcionario Sigal tiene un alzhéimer selectivo: olvida lo que quiere e inventa lo que le parece. En su libro “El día que mate a mi padre” hace diversas referencias a ese viaje y a esa experiencia, que por involucrarme, siento que debo decir algunas palabras. Muy pocas.

    Por cierto, en un suburbio de Moscú funcionaba una Escuela de Formación Política. Sus orígenes se remontan a la Segunda Guerra Mundial. Como casi todos deberían saber, la horda nazi fascista alemana cruzó la frontera de la URSS y arremetió recta hacia Moscú. Llegó tan cerca que se puso a tiro de cañón. La defensa de Moscú es algo que cualquier demócrata (liberal, progresista o revolucionario) debería celebrar. Su caída hubiera significado la posible victoria del eje Alemania, Italia Japón y acaso la instalación de una dictadura fascista global cuyas consecuencias son hoy imposibles de calcular. La escuela adonde nosotros llegamos se había organizado para formar a los militantes del Komsomol en la lucha guerrillera que desplegaban detrás de las líneas alemanas; una de aquellas compañeras adquirió cierta fama por su arrojo en el combate y la dignidad con que enfrentó la tortura y la muerte. Se llamaba Zoya Kosmodemiánskaya pero su apodo era Tania y solo unos pocos años antes de nuestra llegada a Moscú, una joven revolucionaria argentina, de origen alemán, Tamara Bunke, había tomado su nombre para ir a pelear junto al Che a Bolivia. Tania la guerrillera, tal como se la conoce.

    “Detalles” Sigal, de aquella escuela, que olvidó mencionar. Esa tradición de combate se mantuvo. Aún contra la burocratización del estado soviético y de buena parte del movimiento comunista internacional, o de los importantes grados de dogmatización que sufría el movimiento revolucionario. Solo diré por ahora que no todos tuvieron la suerte de Jorge Sigal de atravesar sin daños ni perjuicios los tiempos de la Triple A y la dictadura de Videla. El cordobés Alberto Cafaratti murió fusilado poco antes del Golpe en la Córdoba del General Menéndez. Había asumido tareas de dirección del Sindicato de Luz y Fuerza de Córdoba a la muerte de su amigo y compañero de luchas, Agustín Tosco. El guatemalteco Pedrito, jefe de la delegación de la Juventud Patriótica Guatemalteca, murió en la tortura en 1984. Era parte de la dirección de su partido, integrado a la URNG, un intento unitario de resistir con las armas la larga dictadura iniciada en el 1954 con el Golpe contra Arbenz, en medio del cual un joven medico argentino se transformó en el Che. Otra guatemalteca, Anahí, se sumó a la lucha armada y debió exiliarse por largos años. Otros dos guatemaltecos fueron asesinados por la dictadura. Una chilena, Marina, fue asesinada en Lota, una población minera arrasada por Pinochet en el 73. Varios colombianos murieron en la montaña y dos de los mexicanos, el Chui y el Juanito, cayeron en las luchas de los 70 (1).

    Es que más allá del frío moscovita (y si, en Moscú nieva y hace frío en invierno Sigal, y el “socialismo soviético” no lo pudo resolver, es verdad) o de los cuidados “excesivos” de aquellas “Mamas” de los dormitorios colectivos o las aulas, que no eran otras que mujeres sobrevivientes de los campos de concentración que en vez de recibir un “subsidio” ocupaban un puesto de trabajo de relativo valor productivo y que ahora parece haber molestado al implacable Sigal, en esa Escuela del Komsomol convivían miles de jóvenes comunistas de todo el mundo que no soñaban con un cargo en el gabinete derechista de un millonario posmoderno hijo de la cultura yankee sino con tomar el cielo por asalto y darlo vuelta. Cierto es que no lo lograron. Cierto es que cometimos toda clase de errores que evidenciaban los límites de nuestra cultura política. En eso ud. tiene razón funcionario Sigal. Pero sabe que, no cometimos el peor de los errores, el único que hubiera sido imperdonable: no miramos la vida desde el costado del camino. Intentamos cambiarla y pusimos en ese empeño todo lo que teníamos. Y no nos arrepentimos. Solo decimos que la próxima vez habrá que hacerlo mejor.

    Pero eso a Ud. no le interesa y a mi no me interesa discutir eso con Ud. Para participar en esa discusión hay que ganarse el derecho, y Ud. lo ha perdido. Con Bolita hubiera discutido cualquier cosa, como de hecho recuerdo haber discutido toda clase de temas; pero con el funcionario Sigal no corresponde. De las tantas cosas que no dice el funcionario Sigal es que en Moscú podíamos leer lo que queríamos y que estudiábamos a Marx, Engels y Lenin sin manuales ni filtros (fue más tarde que me di cuenta que las lecturas debieron incluir otros autores, pero no menos). Seguro que Ud. no lo recuerda, o capaz que ni lo leyó porque no estaba entre las lecturas recomendadas, pero discutiendo las consecuencias de la caída de la Comuna de París de 1871, Federico Engels decía que lo más doloroso de las derrotas es que los pueblos olvidan las razones por las cuales lucharon y Carlos Marx escribió que “la canalla burguesa de Versalles puso a los parisinos ante la alternativa de cesar la lucha o sucumbir sin combate. En el segundo caso, la desmoralización de la clase obrera hubiese sido una desgracia enormemente mayor que la caída de número de cualquiera de jefes”

    El funcionario Sigal dice que él le escribió a Patricio Echegaray su discurso de octubre de 1984, en el primer acto de homenaje al Che. Puede ser, no pongo en duda su palabra, será Echegaray el que aclare la cuestión, lo que puedo decir es que yo sigo acordando con la parte central del discurso, esa en que se dice: “la lucha del pueblo argentino, de sus organizaciones sociales, políticas, incluidas las que eligieron el camino de la lucha armada para abrir paso a la liberación fue una lucha justa y la discusión debe esclarecer cuales fueron las causas que impidieron el triunfo. Y no arrepentirse de haber luchado.” Esa fue la penúltima vez que nos vimos, Sigal. Ud. seguro que no lo recuerda pero yo militaba en Villa Constitución junto a Carlos Sosa y Alberto Piccinini y el viejo Tito Martín (y esa sería la tercera y definitiva escuela de formación política que tuve, la segunda había sido el centro clandestino La Cuarta y la Cárcel de Coronda, entre el 76 y el 77, donde aprendí que el heroísmo podía ser un acto cotidiano de muchos) fui al acto de Rosario y estaba tan asombrado, como Ud. dice que lo está ahora, por el viraje comunista. Pero contento. Creo que fue lo mejor que hicimos en nuestra larga historia. La última vez que nos vimos fue arriba de un colectivo hace como diez años en Buenos Aires, donde ahora vivo. Alguna vez pensé: que raro que no lo he vuelto a cruzar en ningún lado. Ahora entiendo Sigal, yo esperaba cruzarme con el compañero Bolita en alguna marcha del 24 de Marzo y Ud. soñaba con el cargo que Macri acaba de ordenarle. Que lo disfrute Sigal. Yo pondré a Bolita entre los compañeros queridos que cayeron en el combate. Murió de posibilismo y arrepentimiento. Una enfermedad tan mortal como cualquier otra para un militante.

    (1) La información sobre los compañeros asesinados y perseguidos me la facilitó Anahí, mi hermana guatemalteca, que sigue construyendo sueños y esperanzas en la tierra maya.  El grupo de estudiantes de América Latina no pasaba los 30, de ellos al menos seis fueron asesinados y tres más encarcelados y torturados por aquel periodo.

  • Mi Despedida a la Mechi

    El 14 de diciembre de 2009 falleció en La Habana, Mercedes Alifano, medica argentina y cubana, rosarina y revolucionaria como el Che

    Ahora que no está, que se fue con el Ciego porque no podía vivir ya sin él, puedo confesar algo.
    Yo amaba a esta mujer pero no como mujer, digo, no como la amaba el Ciego sino de otra manera.
    No se como explicarlo, o no se si tiene explicación.
    Yo la amaba desde el cinco de diciembre de 1975, cuando la noche que un grupo de tareas voló la casa de mi vieja, la Mechi que estaba parando en la casa de su mamá, a solo tres o cuatro cuadras de mi casa, se apareció en batón a la madrugada aquella y no dijo nada.
    Yo la amaba desde aquellas noches en el bar de Oscarcito, en la calle Mendoza y nomeacuerdo, en aquellos días terribles del 74 y el 75, llenos de pasión y debates, de ilusiones y temores.
    La amaba cuando discutía incansablemente cada uno de mis argumentos y los destruía con aquel estilo de los setenta que hoy causaría espanto a los muchachos progres de hoy que proclaman la moderación y el estilo light para todo debate como la regla, como si discutir ¿como mierda se para a la Triple A? cuando tenés tres chicos de la Fede amenazados de muerte bajo tu responsabilidad, pueda hacerse con ese estilo afrancesado o suizo que se supone posmoderno, aunque supongo que los comunistas parisinos discutiendo como volar la Comandancia de la SS en París también discutirían a los gritos, con pasión y desacato a la tradición y la ortodoxia.
    Empecemos por allí.
    Yo amaba la obstinada, consecuente, rigurosa conducta polémica de la Mechi desde siempre.
    Desde las reuniones del Comité Provincial de la Fede de principios de los setenta hasta aquella noche de vino y guitarra cuando comenzaba el XVI Congreso y nos volvíamos a ver después de un siglo de cárceles y exilios, bombas y estudios, militancia clandestina allá y acá, pero desde una identidad inalterable e indiscutida.
    Nosotros éramos de la Fede siempre. Cuando estábamos de acuerdo con el Pelado o el Patricio, y cuando nos enojábamos hasta la exasperación.
    La Mechi discutía todo, a todos, siempre.
    Su primer amor había sido un compañero que militaba en el E.R.P. y fue asesinado en la masacre de Trelew y su primer maestro en la política un cura tercemundista de Santa Fe así que estaba como vacunada contra el sectarismo que nos caracterizaba a casi todos.
    Y con los años se volvió más y más tolerante con las diferencias y más intransigente con los dogmaticos, con los sectarios, con los burócratas de allá y de acá a los que odiaba casi con tanta pasión como odiaba al enemigo, aunque nunca perdía la distancia, ese cálculo imprescindible que se hace en la primera asamblea de estudiantes de medicina de rosario para saber con quien aliarse para que no gane la derecha hasta en aquellos seminarios del Che que ella fue de las primeras en impulsar con la Claudia y la Emilia y un montón de guevaristas de los noventa, de esas que aprendieron en los riñones que si salíamos del abismo de la caída del Muro y del triunfo de Menem y todos los que como Menem gobernaban casi toda América Latina, era construyendo una guerrilla de la cultura, de los valores, de los principios.
    Por eso podía ir y volver entre La Habana y Rosario con tanta facilidad, sin sentirse extranjera en ningún lado aunque yo para hincharle los ovarios, solía provocarla diciendo que no podía entender la política argentina porque se había cubanizado y el peronismo es impenetrable para el pensamiento martianoguevarista.
    Bueno, el peronismo es impenetrable para cualquier pensamiento, pero esa es otra historia, diría la Mechi.
    Pero no era cierto de que no entendiera.
    Tenía una rara capacidad de entender la política cubana, la revolución, los debates comunistas de allá y tomar partido, porque la Mechi siempre tomaba partido no importa lo que se discutiera y podía entender la política argentina y los debates de la izquierda y también tomar partido, aún en los debates del partido.
    Pero la verdad, yo amaba a la Mechi por cómo ella amaba al Ciego.
    No es que yo envidiara al Ciego, a ver si nos entendemos, yo envidiaba a la Mechi por haber podido amar al Ciego como ella lo amaba, y por como el Ciego la había amado. Desde cuando estaba escondido en la casa de Gracielita, en la Santa Fe del 75, y tenía que organizar toda una conspiración contra la disciplina partidaria para verla un rato y a las apuradas.
    El Ciego también era de la Fede, pero distinto.
    Cómo decirlo para que me entiendan ahora? Si digo que era más milico, ¿se entenderá que quiero decir que era más disciplinado, más acostumbrado a conducir y cumplir ordenes?. El Ciego sí que era rosarino, y del centro. Iba a una escuela secundaria de las mejores de Rosario y allí conoció a un compañero del E.R.P. que hizo quilombo en clase y fue entonces que empezó todo.
    Porque a partir de ese episodio, pequeño, casi intrascendente casi una aventura estudiantil, él comenzó a interesarse, a discutir, a preguntar. Se hizo amigo de un grupo de la fede de la zona centro, un bancario, unos estudiantes, la Laurita, el Oso, el Osvaldo, la casa esa cerca del Monumento y esa otra casa de una señora muy señora que un tiempo lo adoptó pero no como hijo hasta que los de la fede de la zona decidieron afiliarlo, darles tareas y arrancarlo prácticamente de aquella casa y aquella señora mayor, compañera por supuesto pero que no pensaba en el Ciego precisamente como compañero.
    Yo no se bien cuánto tiempo vivieron juntos antes de que el Ciego haga lo que tenía que hacer en aquella marcha de las juventudes políticas en aquel mayo del 75.
    Una vez se lo pregunté a la Mechi y me contestó con un poema de Ho Chi Minh, “”Un solo día en la cárcel equivale a mil años”: mucha razón tenía el antiguo refrán. Cuatro meses de vida (nada tiene de humano) han dejado en mi cuerpo la huella de diez años” decía el vietnamita.
    Y esa vez la entendí.
    ¿Cuánto dura un orgasmo? No me interesa, creo que a nadie le interesa, porque ese instante de amor dura más que una vida sin amor.
    La relación tiempo/amor fue todo un problema en aquellos setenta.
    ¿Cómo convencer a la dirección del partido y de la fede que ese amor de apenas algunos días, semanas, meses, no se bien cuanto pero seguro que no mucho, era un amor para toda la vida, irrepetible, incomparable? Y ahí apareció la Mechi más adorable: testaruda como una mula, llena de argumentos teóricos, científicos, poéticos, inventados o tomados de los más preclaros pensadores…No se como lo hizo, pero lo hizo y allí se fue para La Habana. Sola con el Ciego. Bueno, se podría decir al revés, se fue con el Ciego a vivir el sueño de toda nuestra generación: vivir en Cuba, en la Isla de la Libertad y en la ciudad más amada por todos los que en esos años pasarían por la Esma o Campo de Mayo, por la Cárcel de Coronda o la de Resistencia, por los que andaban con nombre falso escondidos entre las paredes de las ciudades sitiadas por todo un Ejercito en Operaciones para quienes, el Malecón de La Habana se nos figuraba como la Meca o la Tierra Prometida para los religiosos.
    Y ahora que no está, uno se da cuenta que le dijo la mitad de las cosas que quería decirle; aunque creo que nos conocíamos tanto que ella entendió los dos gestos de amor que le regalé en el final de su vida.
    El primero fue haber escrito, como pude, con lo que sabía y ella me contó a medias y nunca del todo nada, la historia del Ciego y al hacerlo, la suya; y el segundo fue muy poquito antes de que se vuelva por última vez a La Habana. Fue un domingo que le dije que dejara a su Marianita con la madre, se pusiera linda y saliéramos a pasear por Buenos Aires. Y allí fuimos por la zona de Congreso a tomarnos un cafecito en un bar con mesitas en la vereda, ese que está justo frente al Congreso pero del otro lado de la plaza, que parece calcado a esos barcitos de París donde uno imagina que escribía Cortázar tomando café con la Maga. Y después fuimos al cine. Y después fuimos a cenar y yo no pregunté nada sobre el maldito cáncer y ella no dijo nada del último estudio del laboratorio y durante horas pasamos revista a nuestras vidas para concluir con un aprobado, de que no habíamos vivido al pedo y que hasta habíamos vivido de un modo interesante
    De qué hablamos? Pucha…No me acuerdo bien pero debimos hablar de los de la fede de Santa Fe y de Rosario, del Ciego y del Kali, de Gracielita y de las que vinieron después, de nuestros enamoramientos y peleas con Patricio y el Partido, de los debates de política y de cine que nos entretenían desde hacía cuatro décadas hasta que sin decirnos adiós ni nada, nos abrazamos y nos fuimos cada uno por su lado sabiendo que era la última vez.
    Casi no nos escribimos ni nos hablamos. Cuando la internaron no me dio el coraje de hablarle y una sola vez le escribí y me contesto. Esperen que guardo el mensaje que me mandó por el correo electrónico y si lo encuentro se los muestro…
    ”Querido José: Dice el refrán que no esta “muerto quien pelea” y de eso estén bien seguros que lo hare, que por encima de todo voy a librar una batalla ardua ,difícil pero con la misma voluntad de vencer que siempre he tenido. Así que no me estén enterrando antes de tiempo que de peores he salido!!! Lo mas complicado es poder comenzar el tratamiento porque las dificultades de la deglución me limitan, pero buscaremos la forma para resolver. Gracias por vuestro apoyo y la solidaridad, por tenerlos cerca de mi corazón. Te abraza y los abraza. Mechi. La Habana. Abril del 2009. Año del Cincuenta Aniversario del Triunfo de la Revolución Cubana”.
    No le contesté porque cada vez que me sentaba a la maquina lloraba como lloro ahora, así que ahora que puedo te lo digo: gracias compañera, hermana, mujer amada pero no deseada, madre, revolucionaria y guerrillera del alma, de la cultura y la conciencia. Comunista ejemplar.
    Mechi, te quiero mucho.
    Hasta siempre.

    Buenos Aires, 14 de diciembre del 2011

     

  • El gabinete del Ingeniero Macri como reivindicación histórica de Carlos Marx

    Así como el primer ministro designado por María Eugenia en Provincia fue el de Seguridad, el último de Mauricio será el de Trabajo, todavía pendiente.
    De los nombres conocidos resalta mucho más su pasado empresarial que político o académico.
    Más que repasar los apellidos de los Ministros conviene enumerar las empresas (grandes, integrantes de trasnacionales con fuertes vínculos con el Imperio de cuya fortaleza militar dependen en gran medida para mantener sus posiciones de dominación neo coloniales sobre gran parte de los pueblos).
    Aranguren viene de Shell (una de las Siete Hermanas que han dominado el petróleo desde fines del siglo XIX).
    Prat – Gay de la Banca Morgan cuyo nombre de pirata no es mera casualidad, han sido los banqueros de las guerras y las dictaduras del siglo XX.
    Buryaile de la “nueva” burguesía agraria, sojera y rentista, integrada a los negocios trasnacionales de Cargill, La Continental y el resto del conglomerado agro industrial exportador.
    Malcorra fue alta ejecutiva de IBM y Telecom (una empresa española que se robó ENTEL la vieja telefónica estatal).
    Avelluto de una editorial trasnacional, Random House que hoy es dueña de Grijalbo, Plaza y Janes y mucho pero mucho más.
    Lombardi se formó en el negocio turístico/inmobiliario, Torres de Manantiales de Mar del Plata, nada menos.
    • Santos  del grupo Macri, o sea del papá de Mauricio, Franco, uno de los empresarios nativos más ricos y poderosos de la región.

    Como se puede leer en medio de comunicación, el resto del gabinete son los cuadros políticos del PRO que encarnan su alianza estratégica con el Estado de Israel (por ahora Bergman, y puede haber más designaciones) o provienen de las fundaciones y ONG creadas por el mundo empresarial en acuerdo con los organismos internacionales y los grupos económicos que dominan la región y el mundo.
    Aunque la Biblia dice algo así como que por los frutos lo reconoceréis, en este caso nadie podría enojarse si decimos que los antecedentes son la prueba más que suficiente sobre el carácter de clase y la orientación política en lo nacional y lo internacional (esa conducta que los hindúes en lucha contra el colonialismo inglés bautizaron como cipaya, propia de los que se ponen del lado del extranjero que domina, coloniza y explota)
    Si algo está en disputa en la Argentina son las palabras, ese territorio de significación y resignificacíón de nuestra historia, la reciente y la pasada.
    En los noventa, tras la derrota de las experiencias post capitalistas de Europa del Este y la ofensiva generalizada y exitosa del capitalismo (que lo primero que hizo fue cambiarse el nombre por el de “globalización” y que aún en el campo popular lo rebautizaron con el menos doloroso “neoliberalismo”) se decretó la muerte del marxismo y la extinción de sus principales conceptos: la historia es la historia de la lucha de clases, el capitalismo se basa en la apropiación por parte del burgués del trabajo no retribuido de los asalariados o que el Estado es un instrumento de clase con funciones económicas, políticas, represivas y de articulación de consensos
    El concepto marxista sobre el Estado recoge diversos aportes. El de sus fundadores Marx y Engels, el de Lenin obviamente pero también el de Gramsci, Mao, Mariategui y tantos otros. En los últimos años García Liñera ha sistematizado y sintetizado esos aportes de un modo muy didáctico.
    Pero quisiera recordar que fue en la obra fundacional, el Manifiesto Comunista de 1847, en el capitulo uno que Marx y Engels estamparon una frase contundente que despertó odios y descalificaciones por más de 150 años. Ellos escribieron textualmente: “El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.”
    El menosprecio por esa verdad de Perogrullo ha sido fatal para las luchas de los pueblos en general y del argentino en particular, la ilusión de que el Estado es algo así como una herramienta neutra que se puede usar para un barrido como para un fregado está en la base de las frustraciones de los ciclos de lucha que nos aproximaron a la victoria, pero que hasta ahora, nunca se concretaron.
    Y particularmente en la frustración de este ciclo abierto con la movilización popular de diciembre de 2001 y que estas elecciones, y este gobierno de los monopolios y las embajadas, amenaza con obturar y revertir.
    Y es cierto que a la idea original de “junta que administra los negocios” luego Lenin, Gramsci y otros la completaron con la idea de que es un instrumento de dominación de unas clases sobre las subalternas y de que el estado moderno combina la represión con el consenso y en ese sentido no es solo un aparato militarizado sino que construye capacidades de construcción de imaginarios, ilusiones, sueños y sobre todo consensos que consigan lo que en estos días hemos visto casi con asombro: que los pobres y los menos favorecidos adhieran con entusiasmo a las ideas y propuestas de aquellos que los dominan y explotan de modo tal que la pobreza de unos es la riqueza de los otros.
    Pero todos deberemos reconocer que pocos han hecho más que el Ingeniero Macri con la designación de su gabinete para darle la razón al viejo Marx y aquel Manifiesto pensado para las luchas democráticas de fines del siglo XIX y que aparece vital y lleno de certezas para las luchas por el socialismo del siglo XXI, ese que hará que el ciclo de avances y retrocesos culmine en un verdadero proceso de poder popular, aquel que diga que es el pueblo el que construye su historia, recupera sus recursos y riquezas y de ese modo comienza el largo, larguisimo, proceso de transformación del Estado en otra cosa que esta “junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa”

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  • La memoria en disputa

    En tanto proceso de resignificación de la historia reciente, y por ello de diagnóstico eficaz sobre las causas de la tragedia que ha sufrido nuestro pueblo y de sus largas consecuencias en todos los planos de la vida social, la memoria siempre es materia de disputas y de enconadas batallas por su dominio.

    Lo fue en los días del genocidio, durante los largos años de dura impunidad, aún durante estos años de avances significativos en Memoria, Verdad y Justicia y no hay ninguna duda que será uno de los espacios importantes de disputa en el periodo de gobierno que se abre en Argentina.

    Hace unos días un grupo de dirigentes de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre al llamar a cerrar el paso de Macri, decíamos: no somos indiferentes ante el peligro de una derecha explicita y amiga de los genocidas; por ello vamos a luchar contra el ascenso de Macri y de todos sus cómplices (que ya ganaron varias provincias) que han dicho que los derechos humanos son un curro y llamado a terminar con la “revancha”.

    El macrismo no oculta sus relaciones con los nostálgicos del Terrorismo de Estado, los que insistirán en clausurar los juicios y obturar la memoria sobre todo ahora que estamos llegando a poner en el banquillo de los acusados a los empresarios y directorios de las Multinacionales que –articulados por el gobierno de los EE.UU., su Comando Sur y sus estrategias de contrainsurgencia aplicadas en toda Nuestra América-gestaron el Genocidio y sueñan con volver a ser únicos amos y señores de nuestras riquezas y soberanía. Por eso defenderemos los juicios y los espacios de memoria conquistados, no porque los idealicemos sino porque son la plataforma para construir una identidad nacional que se vincule a los sueños incumplidos de nuestros treintamil. Porque cada condena les duele y cada nieto recuperado dice más sobre la historia reciente que las mil mentiras de los represores y sus escribas.

    Aún antes del acto electoral grupos de acción que actúan encubiertos agraviaron sitios de memoria como Mansión Seré y la Esma mientras algunos condenados como el ex Juez Federal Víctor Brusa provocaba pidiendo fiscalizar para Macri (a sabiendas que su condición de condenado se lo impedía) y no pasaron más de 24 horas para que La Nación presente su proclama de impunidad, la misma que ha sostenido todos estos años con una coherencia y constancia digna de mejor causa pero ahora potenciada por dos hechos: uno es más que obvio, el resultado electoral envalentona a todo el espacio comprometido con la impunidad para los represores pero aún más con los empresarios, políticos, intelectuales y religiosos que fueron parte orgánica y fundamental del Genocidio y la otra es el “mensaje” que el Papa Francisco envía por medio de Graciela Fernández Meijide (la misma que cuestiona la cifra de desaparecidos en la Argentina y clama por la reconciliación sin verdad ni justicia): “hay que curar las heridas pero sin dejar de mirar las cicatrices” habría dicho Francisco para luego completar con “»el que está probado que cometió crímenes tiene que cumplir su condena». Al mismo tiempo expresa su enorme preocupación por aquellas personas detenidas por delitos de lesa humanidad que pasan muchos años de prisión sin procesos ni condenas. Todas las herramientas que posee el Código Procesal, explica, deben ser cumplidas estrictamente para evitar cualquier tipo de tentación de venganza.”

    Conviene recordar que en el 2013 según publicó Infojus el 21/8/13, Ricardo López Murphy “ hhabló en una reunión de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia. El ex ministro de Economía y Defensa de De la Rúa afirmó que entre 1976 y 1983 “hubo una guerra” y aconsejó a los familiares de represores que soliciten el arresto domiciliario de los condenados, para eludir la prisión. Organismos de DD.HH. repudiaron sus dichos”.     Y conviene asumir que dicha estrategia se viene aplicando con buenos resultados para la impunidad, según un informe reciente del Ministerio Publico: entre 2006 y la actualidad fueron imputadas 2166 personas. De todas ellas, 1065 están detenidas (49 por ciento), 753 está en libertad (35 por ciento), 59 están prófugas (3 por ciento), y los fallecidos suman 280 (13 por ciento, de los cuales 227 fallecieron impunes). En nueve casos no hay datos. Entre los detenidos, 587 están alojados en dependencias penitenciarias, 441 permanecen en arresto domiciliario, 13 en recintos de fuerzas de seguridad, 7 en hospitales y sobre 17 no hay datos. O sea, sobre 2166 imputados (es decir que se consideró que había suficiente prueba sobre su compromiso con el Genocidio para que haya investigación judicial y mas que probable juicio oral, solo 587 están presos y buena parte de ellos en el pabellón de Marcos Paz, que algunos consideran un lugar de privilegio. O sea, solo un 27% de los imputados (algunos ya están procesados, juzgados y condenados más de una vez) no está libre, en su casa o en unidad hospitalaria o militar.

    Esta estrategia de impunidad en marcha cuenta con el acuerdo de la Corte Suprema y su presidente Lorenzetti que se ha transformado en un referente enorme de la derecha liberal y pro yanqui que se referencia en Macri y sus amigos. Las referencias de La Nación a Montesanti y Hoof muestran lo que les duele el avance de nuestra lucha contra la derecha fascista anidada en el Poder Judicial desde los años del Terrorismo de Estado del que formaron parte orgánica e importante.
    Una vez más reivindicamos el rol jugado por nuestros compañeros de Bahía Blanca en hacer visible, acusar y sostener la batalla contra la impunidad de Montesanti, batalla que no abandonaremos hasta verlo fuera de la Universidad del Sur, del Poder Judicial y entre rejas.

    La memoria está en disputa y la disputa crecerá en estos meses y años, pero conviene partir de la realidad para librar la batalla en forma, y ganarla. Porque más de una vez la derecha ha utilizado la estrategia del tero: pone el grito en un lado y el huevo en otro. Aunque en estos días es razonable pensar que gritarán mucho y pondrán muchos huevos.

    La respuesta de los trabajadores periodistas y gráficos del Diario La Nación es ejemplar, estimulante y muestra que el campo de los que no estamos dispuestos a regalar nada es muy amplio y diverso, como plural ha sido la lucha por la memoria, la verdad y la justicia.

    En aras de esa pluralidad, en los días que restan del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y de Daniel Scioli es pertinente que el movimiento de derechos humanos reclame la anulación de algunos instrumentos legales y jurídicos, que en manos del gobierno de Macri, Vidal, Larreta, De la Sota y quienes los apoyan/presionan como los grupos económicos y los medios de comunicación, auspiciados todos por la Embajada de los EEUU, pueden ser de enorme peligro para los derechos humanos y la democracia.

    A mero listado tentativo proponemos la derogación de las leyes antiterroristas (tuvo varias versiones, hay que derogar todas ellas), la desmilitarización del Servicio Penitenciario Federal y la disolución de todas las policías locales (incluyendo la Metropolitana) que ampliaron al extremo la peligrosidad de la Bonaerense o duplicaron la Federal en la ciudad autónoma, la puesta en marcha del Instrumento de aplicación de la Convención contra la Tortura, la transformación de todos los espacios de memoria en Espacios de gestión publica (no meramente gubernamental) con autonomía política y autarquía administrativa siguiendo el camino recorrido por el Instituto Espacio para la Memoria de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que articulaba organismos de derechos humanos con representantes estatales de modo tal que nadie pueda ignorar la lucha histórica por Verdad Memoria y Justicia de los organismos, las víctimas, los familiares y el movimiento popular.

    Sabemos que hay muchas más medidas que se podrían tomar (para limitar la tortura y el gatillo fácil, el poder de la corporación judicial y las mafias entrelazadas con las policías, o terminar con los Servicios de Espionaje o los acuerdos militares con Israel) pero insistimos en que lo nuestro es más una propuesta de acción para el movimiento popular que un listado riguroso de medidas a tomar antes del 10 de diciembre.

    Y también sabemos que habrá los que dirán que ya es tarde o inútil.
    Son los mismos que sostuvieron el límite de lo posible como marco de toda su actuación en estos años. Lo real es que lo posible se fue reduciendo tanto que llegamos a este punto que nadie imaginaba.
    Es hora de volver a pedir lo imposible para luchar por lo legitimo.
    Por la verdad, la memoria y la justicia para todas y todos los víctimas de crímenes de Estado de ayer y de hoy.
    Y por todos los derechos para todos. Que es lo menos que nos merecemos

    Liga Argentina por los Derechos del Hombre

     

    .

  • Cristian Ritondo, nuevo Ministro de Seguridad de la Pcia. de Buenos Aires

    De la Masacre del Puente Pueyrredón a dirigir la “mejor policía del mundo”.

    Del gabinete de Duhalde al de la Vidal pasando por el de Macri para confirmar que la “nueva derecha” es mucho más continuidad de la derecha peronista y procesista de los 90 , que fruto de las ONG y los globos amarillos

    Cristian Ritondo empezó su carrera política como puntero peronista en el barrio de Mataderos en pleno menemismo. El jefe de gobierno de la Capital Federal (todavía lo nombraba el presidente de la Nación) era el inefable Grosso (el de las escuelas shopping y tantos otros aportes al imaginario neoliberal) que lo llevó a su lado como secretario de la Juventud de la ciudad.

    Su inclinación por las cuestiones de “la seguridad” son muy tempranas y se vincula a la Side de la mano de Miguel Ángel Toma, ex secretario de Seguridad Interior durante el menemismo y ex jefe de la Side durante la gestión de Duhalde .

    Ritondo es ascendido al cargo de vice Ministro del Interior de Duhalde entre el 2001 y el 2003, bajo la gestión de Matzkin, uno de los personajes claves en el armado de la Operación Masacre del Puente Pueyrredón , en junio de 2002, que terminó con la vida de Darío y Maxi.

    Como explicamos en otro articulo ( https://cronicasdelnuevosiglo.com/2015/09/04/la-responsabilidad-politica-del-asesinato-de-maximiliano-kostecky-y-dario-santillan-debe-ser-juzgada-y-castigada/) “el crimen de Estado es un delito altamente organizado y jerarquizado, quizá la manifestación de la criminalidad organizada por excelencia” y por ello en la investigación reabierta a fines del año pasado a instancias de los familiares de Darío Santillán y con el apoyo de un amplio espacio de organizaciones y fuerzas populares a las que la Apdh La Matanza y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre prestamos respaldo jurídico, figuran todos los funcionarios del gobierno de Duhalde, por ejemplo dos de los candidatos a gobernador en las últimas elecciones: Felipe Solá y Aníbal Fernández y también el entonces vice ministro del interior, Cristian Ritondo dado que si algo está bastante probado es que hubo un operativo conjunto de fuerzas nacionales y provinciales de las llamadas de “seguridad” y que generalmente son las que perpetran los crímenes más horrendos. El operativo fue responsabilidad directa del Ministerio del Interior donde revistaba Ritondo; la hipótesis de que fue el Segundo de la Side, Rodríguez, el enlace entre Duhalde y Franchiotti no hace más que aumentar las sospechas sobre el papel del ex Side y funcionario de Duhalde en junio de 2002.

    La responsabilidad puntual de Ritondo, así como la de todos los implicados, se revelará en la investigación judicial (si es que finalmente tal investigación avanza y revela la trama oculta del crimen de Estado de junio de 2002), pero sus comienzos en la Side, su presencia en el gabinete de Duhalde y su posterior recorrido en el Pro hasta llegar al lugar de Ministro de Seguridad como primer ministro designado por la Vidal (lo que es toda una definición de prioridades y programa real de gobierno) nos dicen mucho más del Pro que los ríos de tinta que se han escrito tratando de convencernos de que “una nueva derecha” ha surgido en la Argentina, tan civilizada y virginal como la imagen de la gobernadora.

    El fracaso del operativo montado el 26 de junio de 2002 sepultó los sueños de Duhalde y abrió un tiempo político que pareciera estar terminando.

    Durante un largo periodo la derecha se inhibió de decir lo que pensaba y de actuar como quería. No pudiendo reivindicar el terrorismo de Estado ni defender la impunidad, se concentraron en instalar una idea de la seguridad que vincularon a los delitos menores resultado de las prohibiciones de actuar que el “galantismo” impuso a las fuerzas de Seguridad, en primer lugar a la Bonaerense, según ellos.

    Despatarrados por el estallido del ideario neoliberal en diciembre de 2001, se vieron obligados a un largo rodeo: sobredimensionar los delitos que afectan la propiedad y la integridad física de los ciudadanos de modo tal que se instale como primaria la necesidad de “seguridad” para tratar de instalar una “respuesta” que se podría resumir –siguiendo a uno de los principales intelectuales orgánicos del status quo, el inveterado Mariano Grondona- en la secuencia: policía indefensa por efecto del discurso de los derechos humanos que los inhibe y facilita la labor de una delincuencia alimentada por la inmigración regional, los pobres y los jóvenes; los cuales en caso de ser detenidos son liberados por una justicia esterilizada por el “garantismo” que sólo es para los delincuentes porque no se aplica a los militares y policías “presos políticos” que de ser juzgados, y siempre recalcan el condicional “de ser”, deberían serlo al mismo tiempo que los “subversivos” que están en el gobierno y los organismos de derechos humanos.

    Con ese catalogo alimentaron el fenómeno Blumberg, al comienzo del kirchnerismo (que se plegó claudicante ante tal chantaje y facilitó los votos para consumar regresiones jurídicas tales como las reformas al Código Penal, que lo caotizó irreversiblemente) y la oleada punitivista que no dejó de crecer de la mano de Scioli, Granados, Casal y toda la derecha que le exigía más y más. Agarrados a esa idea como al hilo de Ariadna, fueron remontando la cuesta y recomponiendo ideas y fuerzas.

    La llegada de Ritondo al Ministerio de Seguridad no puede menos que presagiar que se potencien los peores aspectos de las políticas punitivas, estigmatizadoras y represivas del gobierno de Scioli (implementadas por el dúo Granados Casal) que le ganaron la calificación de “colapso de los derechos humanos” por la Comisión Provincial de la Memoria. Políticas de tortura en sede policial y condiciones perversas en las Cárceles, políticas de armado de causas y gatillo fácil como las que costaron la vida de Luciano Arruga pero también de Lucas Cabello en la Boca por la Metropolitana.

    Algunos dirán más de lo mismo. Otros diremos que la impunidad es siempre la madre de nuevas y más graves violaciones a los derechos humanos. El caso de Cristian Ritondo es un nuevo ejemplo de ello.KOSTEKI.2

  • La verdadera historia del chofer de la patota que resultó boxeador y violador serial.   publicada en Rosario 12

    SANTA FE › A PROPOSITO DE LA RECIENTE DETENCION EN SANTA FE DE VICTOR CABRERA

    Sindicado chofer de la Patota

    Cabrera acaba de ser detenido e imputado por graves violaciones a los derechos humanos como integrante de la banda del Curro Ramos. Una de sus víctimas, José Schulman, reconstruye su historia a través del testimonio revelador de las hijas del represor.

     Por José Ernesto Schulman

    N. y V. son dos muchachas santafecinas. Son de la generación nacida en los «años del lobo» y hace unos meses se comunicaron conmigo. El motivo es sorprendente: su padre fue miembro del grupo de tareas que dos veces me secuestró, la primera en octubre de 1976 y la segunda en 1977. Como fue probado en tres juicios orales, las dos veces fui retenido en La Cuarta, uno de los tantos CCDTE; en la segunda, además de las torturas clásicas y el simulacro de fusilamiento, fui sometido a golpes en el hígado (para destruirlo) que casi me matan. Me salvé porque, por razones que aún ignoramos, en aquella madrugada, el grupo de tareas fue detenido por «Robos y Hurtos», para ser sometidos a juicio por robos y condenados a «privación de libertad» hasta 1982. Aquella vez presenté denuncia por apremios ilegales ante un juez provincial, un médico forense certificó la golpiza pero fueron declarados «inocentes» de mis tormentos. Sería recién en 2009 cuando llegaría la condena para dos del grupo de tareas: el ex juez federal Víctor Brusa y el oficial de Inteligencia Provincial Eduardo «Curro» Ramos.

    Luego de algunos mensajes por las redes sociales, nos encontramos en Santa Fe. El núcleo del relato de las hermanas fue que el represor repetía en la casa la conducta que asumía en sus labores como miembro de la Patota: violencia familiar, maltrato psicológico a la madre y las hijas incluyendo escenas de horror como las que dicen haber presenciado: le ponía el pañuelo de las Madres a su mujer para violarla. La menor dice percibir que ella fue concebida en tal ceremonia, o sea que se siente fruto de una violación. La madre dice que por golpes perdió un bebé en 1976. Igual que en la Cuarta golpeaba y violaba.

    Poco después que en 1982 el represor saliera de aquella «detención» (casi siempre en comisarías donde realizaban asados, peñas y hasta orgías con prostitutas), la madre se fue de la casa con una de las hijas y hace unos años, la mayor consiguió de un juez la guarda de su hermana menor, que ahora vive con la madre.

    Me contaron que el padre les explicaba que los disfraces que usaba para salir (pelucas, por ejemplo) eran requerimientos laborales y al revelarles yo que un modo de comprometer a todos con las torturas era permitirles robar en los allanamientos, recordaron que desde muy niñas recibían collares y joyas de regalo paterno, que él decía haber encontrado por ahí, comprendiendo entonces que sistemáticamente llevaba el producto de los robos al hogar para fingir ser un buen padre. Yo tenía el recuerdo de que las dos veces, su padre había actuado como chofer de la patota; pero al contarme las muchachas que tenía guantes de boxeo, le apodaban «el boxeador» y hasta practicaba de manera amateur, no pude dejar de relacionarlo con aquel que, estando yo desnudo y encapuchado, me demolió a golpes que me arrojaban de un lado a otro de la habitación de torturas, como relaté en 2002 en el libro «Los laberintos de la Memoria» y ratifiqué en los juicios de 2009 y 2010. Las muchachas manifestaron que no sabían nada del «trabajo» paterno, más allá de que trabajaba en Inteligencia de la Policía provincial y que recién al escucharnos a Patricia Isasa y a mí en un programa de televisión nombrar a su padre, la madre comenzó a relacionar «nuestro» relato con sus vivencias personales. Dicen que puestas a buscar por Internet encontraron mis escritos y que literalmente «se leyeron todo» y descubrieron la otra cara de la luna. Manifestaron una y otra vez que se sentían avergonzadas de lo que su padre «nos» había hecho y se las notaba muy conmovidas por estar al lado mío. Casi todo el tiempo se agarraron de las manos para darse fuerza.

    Por mi parte, les aclaré que nada tenía contra los hijos de mis represores y que de ningún modo les podía adjudicar culpa en lo ocurrido. Ellas dijeron que de algún modo -ni siquiera yo tengo muy claro en que se acercan y en que se alejan del lugar de las víctimas del terrorismo de estado- se sentían también victimas del padre y de la situación vivida. Próximas a mí y el resto de las víctimas de su padre a pesar del terror que le tenían. Relataron golpizas y amenazas que continuaron todos estos años y dijeron desear su captura y condena. Puntualmente, preguntaron cuántos años le correspondería si era juzgado y condenado, les dije que no menos de veinte años, considerando que formaban parte del mismo grupo que el oficial Ramos cuya condena convalidada por la Corte Suprema alcanza los 24 años.

    El chofer que era boxeador y violador serial siguió libre por muchos meses más debido a la desidia de la Justicia Federal de Rosario (la sentencia del 2009 ordenó investigar a todos los acusados), pero finalmente cayó preso.

    Víctor Cabrera está detenido y procesado por delitos de lesa humanidad y nadie evitará ya su juicio y castigo aunque hayan pasado casi cuarenta años de los hechos relatados. Sus hijas siguieron en contacto conmigo y siguieron contándome detalles del horror que vivieron bajo su dominio. Varias veces me agradecieron lo que ellas entienden mi aporte a la lucha por la verdad y la justicia en este caso y se comprometieron a sumarse a la lucha contra la impunidad porque consideran que también fueron víctimas del horror que desató el genocidio. Esperaron ansiosas la captura del chofer/boxeador/violador y celebraron su captura como una verdadera victoria familiar en lo que constituye un acto de ruptura con el mandato social de «amar al padre» que confirma la profundidad del impacto en la subjetividad social de la lucha por la verdad y aquello de que «el Derecho genera verdad» (Foucault).

    Por mi parte, primero sentí más pena por ellas que resentimiento o bronca y no puedo negar que si el Comandante Tomás Borge afirmó que «nuestra venganza será que tu hijo vaya a la escuela», el repudio de las hijas al torturador no deja de constituir una especie de reparación simbólica que se potencia en tanto y en cuanto, mis tres hijos, como casi todos los hijos y familiares de las víctimas sobrevivientes o no del Terrorismo de Estado, han sido parte de la lucha y se sienten herederos de nuestras banderas. Eso pensaba yo, en la distancia entre los hijos de unos y de otros. Pero cuando mi hija se enteró del caso y de la relación de las muchachas conmigo, me dijo (para mi asombro) que admiraba a las muchachas por su integridad y valentía. Ni una gota de resentimiento o deseos de venganza. Es que nosotros no somos como ellos, me dije emocionado; y esa es nuestra victoria más trascendente.

    jose.schulman@gmail.com

  • Contra Macri y sus secuaces, por todos los derechos para todos sea quien sea quien gobierne

    En la presentación del libro del Negrito en la muestra de la Liga para la Noche de los Museos, Iris desarrolló el pensamiento colectivo de todos nosotros.

    Dijo «No vamos a permitir que Macri nos robe los juicios»

    Queremos decir que no somos indiferentes ante el peligro de una derecha explicita y amiga de los genocidas, que vamos a luchar contra el ascenso de Macri y de todos sus cómplices que ya ganaron.

    Pero nosotros hablamos a nombre propio.

    Dijo Iris  que no  «nos robe» los juicios.

    Porque los juicios son mucho más nuestros que de los oportunistas que se subieron a la ola de los DD.HH.  cuando el pueblo venció la impunidad y que combinaron el apoyo a los Juicios con la indiferencia ante la desaparición de Julio López o el asesinato de Luciano Arruga, la mano dura de las Policías y la Gendarmería, la perversión contra los privados de su libertad en cárceles y comisarias o la represión lisa y llana contra los trabajadores y la izquierda.

    No confundir, luchamos contra Macri y haremos lo que haya que hacer para que no gane, pero si vencemos y Scioli llega al gobierno, combatiremos las políticas de mano dura, represión y estigmatización de los Berni, Casal, Granados o Barbieri que fueron anticipados como ministros.

    Somos claros: No no es indiferente quien gane el ballotage, pero no transformamos la necesidad en virtud.

    No todos votamos contra Macri por las mismas razones.

    Y estaría bueno que todos nos respetemos en la tarea común de derrotarlo.

    Porque si ganamos, nosotros estaremos del otro lado del mostrador de los Berni y  Granados.

    Junto a los que sufren violaciones a los derechos humanos no importa quien sea el violador.

    Y lo decimos ahora porque hay demasiados que callaron cuando desapareció Julio López o cuando apareció sin vida el cuerpo de Luciano Arruga y sería bueno que así como nosotros acompañamos a los que no quieren a Macri Presidente, luego nos acompañen a los que no queremos que maten a los chicos, torturen a los pobres o estigmaticen a los hermanos de la Patria Grande que viven con nosotros.  A los que exigimos que deroguen la Ley Antiterrorista, respeten la organización autonoma de los trabajadores y el pueblo y se termine con el modelo extrativista de la minería a cielo abierto y la soja transgénica que extranjeriza la riqueza nacional y destruye la Pacha Mama.

    A los que están con el «control de responsabilidad ante la derecha»  les decimos que llevamos 78 años contra todas las derechas y siempre ponemos el filo de nuestra acción contra la forma más peligrosa y agresiva.

    Y por eso votaremos Scioli contra Macri.

    Sin dudas ni vacilaciones.

    Pero resistiremos cualquier violación a los derechos humanos sea quien sea el que gane.

    Porque toda violación a los derechos humanos es un acto de derecha, no importa la careta que el gobernante se ponga o el discurso justificador que haga.

    Contra Macri, contra los nostalgicos de la impunidad y los amantes de la mano dura, la estigmatización de los hermanos de la patria grande y los jovenes pobres, contra los que sueñan con arrodillarse nuevamente ante el altar de Wall Street y Washington.

    Contra Macri, por todos los derechos para todos.

    Y sea quien sea quien gobierne, por todos los derechos para todos

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    Iris Avellaneda, Graciela Rosenblum y José Schulman,

    militantes comunistas de la causa de los derechos humanos,

    dirigentes de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.

  • Solía escribir con el dedo grande en el aire….se llamaba Carlos Luis Casabianca y se nos fue esta madrugada al cielo de los revolucionarios

    Algunos datos biográficos

    Nació el 3 de mayo de 1927 en Asunción.

    Hijo de Carlos Casabianca, escribano, y de María Luisa Rodríguez, tiene 4 hermanos: Rafael, Raúl, Gladys y Gloria. Cursó el bachillerato en el Colegio Nacional de la Capital, de 1940 a 1946, y luego se recibió de Abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción, en 1954, el mismo año en que Stroessner tomó el poder.

    Alguna vez me contó que se enteró del golpe saliendo del Teatro Municipal de una función y que su vida tomó un giro irreversible, su condición de abogado estaría puesta al servicio de la lucha incansablemente.

    Antes, había sido delegado estudiantil en varios periodos, tanto en el Centro Estudiantil “23 de Octubre” como en la Facultad de Derecho.   Por este motivo fue perseguido, preso y torturado en repetidas oportunidades.  Algunas de sus vivencias las cuenta en Clandestino y bajo agua, escrito luego del golpe contra Lugo muy enojado por las afirmaciones del presidente depuesto que el pueblo paraguayo no tenía coraje para enfrentar el golpe.  No se lo perdonó nunca, lo despreciaba con toda su dignidad revolucionaria y escribió algunas de las acciones heroicas que él conoció (y protagonizó)

    Desde muy joven fue miembro del Partido Revolucionario Febrerista, como toda su familia. En su vida universitaria se integró a la corriente interna “Bloque de Izquierda Liberación” del PRF, que actuaba en alianza con el Partido Comunista Paraguayo en la lucha por las reivindicaciones populares, por la paz y el socialismo, contra la tiranía tanto del General Morínigo como del General Stroessner.  Allí conoció a Esther Ballestrini de Careaga, una de las Madres secuestradas por Astiz de la Iglesia Santa Cruz de la que tenía un recuerdo imborrable y conmovedor.  Por su iniciativa, la foto de Esther estaba en el salón del comité central del partido en Asunción.  En la casa de Esther, ya exiliada en Paraguay, fue su casamiento con su gran amor, la poeta Carmen Soler, con quien compartío exilios, persecusiones pero también alegrías y victorias.

    Fue en la militancia política y en la lucha antidictatorial que conoció a Carmen Soler, con quien se unió en 1957, ya en el destierro en Buenos Aires; donde ella falleció en 1985 después de haber luchado apasionadamente por la liberación de nuestro pueblo y de nuestra patria. Con Carmen, Carlos Luis volvió a Paraguay a la lucha clandestina, en varias oportunidades durante años. Ambos ya militaban en las combativas y reprimidas fuerzas del Partido Comunista.

    Después de la caída del tirano Stroessner, Carlos Luis Casabianca se radicó definitivamente en el Paraguay, ocupó diversos puestos de lucha: miembro del Comité Central del Partido Comunista, Director de su periódico “Adelante!”, miembro de la Comisión de Verdad y Justicia del Paraguay, actualmente es Presidente del Partido Comunista Paraguayo.

    La mayor parte del tiempo que vivió fuera del Paraguay estuvo en la Argentina promoviendo la solidaridad con su pueblo en lucha, por la libertad de los presos. Con la misma inquietud vivió y luchó desde el Uruguay, el Chile de Allende, la Unión Soviética, Cuba y Suecia.

    Trabajo como periodista, abogado, vendedor de libros, obrero de la construcción y docente en la Universidad de Estocolmo, entre otros empleos.

    Era amigos de los campesinos más sencillos hasta de generales y altos funcionarios que lo respetaban más allá de las diferencias abismales en política e ideología.

    Mantuvo la coherencia hasta el final en la práctica y la reflexión teorica.

    Una carta de Carlos Luis de junio de este año

    Comparto con los lectores una carta de junio de este año, ya gravemente enfermo donde  luego de leer un texto mio sobre el asesinato de Darío Santillán y Maximiliano Kostecky hace profundas consideraciones que valen como un legado teorico imprescindible para todos los revolucionarios de Nuestra América

    Querido camarada:
     eso en  junio del2002.
     El mes de junio trae recuerdos de luchas y represiones, de movilizaciones populares y masacres.
     Me acuerdo que una de las consignas que más se agitaba en esos días en Plaza de Mayo y en muchas partes.
     Era una consigna que abordaba una parte del problema del poder, el central de todo proceso revolucionario que es el problema del poder. La otra parte era qué poder lo reemplazaría, con qué política. Porque para el sector consciente no se trataba de un cambio de hombres, de guardias, sino de un cambio de política, de clases sociales en el poder, la caída de minorías capitalistas nativas funcionales al imperialismo y la toma del gobierno y del poder por clases y capas revolucionarias. Esta consigna clave es la que faltaba, como perspectiva no muy lejana, como meta relativamente cercana.
     El 15 y el 22 de junio del 2012  son fechas de triste memoria en el Paraguay: Masacre de Marina – kue con el asesinato de 11 campesinos componentes de la movilización por la recuperación de tierras malhabidas en tiempos de la tiranía de Stroessner, y la muerte de 6 policías de las fuerzas represivas (poder de facto contrarrevolucionario que operaba bajo el gobierno de Lugo).
      
     La masacre fue la provocación que detonó el golpe norteamericano «parlamentario» denunciado por nuestro Partido y por el General Luis Bareiro Spaini. El golpe del Vice-Pte. títere fue contra el proceso patriótico, democrático y popular, impulsado desde abajo.
     La consigna de fondo era ahogar el proceso, no sólo cambiarlo a Lugo por otro que pudiera seguir el mismo camino transformador.
     Los norteamericanos y la oligarquía tenían claro que el problema central era el problema del poder y que no era una cuestión de cambio de hombres en el poder.
     Ahora creo que vamos teniendo más claridad, aunque no la suficiente, porque hay todavía gente -dentro mismo del movimiento popular- que piensa en cambio de hombres o de equipos gobernantes y no de políticas. O sea, que la correlación de fuerzas no da todavía para un cambio de políticas, «de rumbo».
     Hay que tomar en cuenta que Paraguay Pyahurä, en este sentido, colectivamente, pareciera que tienen mejor posición que los comunistas paraguayos, porque nosotros todavía no planteamos con la firmeza y consecuencia que debiéramos la necesidad de un cambio de políticas, con la necesaria comprensión y convencimiento de que hace falta un  proceso de destrucción del viejo poder reaccionario y contrarrevolucionario, y su reemplazo por un nuevo poder, orientado hacia la democracia, el antimperialismo y el socialismo.
     Paraguay Pyahurä plantea la renuncia de Horacio Cartes y la formación  de una Junta Patriótica de democratización.
     Si esta consigna se aproxima a una justa política, habría que precisar que en realidad se trata del derrocamiento del gobierno de Cartes, y su reemplazo por un nuevo poder, con una nueva política, por un Paraguay nuevo y mejor.
     Este tema tiene que ser materia de discusión. Aquí en realidad expongo lo que a mi parecer es la línea del Paqrtido, semejante a la línea de Paraguay Pyahurä, aunque no igual, ya que somos independientes, y tenemos una trayectoria diferente, distinta, convergente, coincidente.  
     Pienso en voz alta, entre camaradas, en este caso argentinos y paraguayos.
    Fraternalmente, Carlos Luis
    Foto1142
    Foto de Carlos Luis frente a la Tercera, también conocida como el Panteón de los vivos porque allí encerraban por decadas a los militantes comunistas.  También estuvo preso allí