La “locomotora minera” en La Guajira, la empresa Cerrejón, los waayú y un genocidio no tan silencioso Crónicas colombianas para argentinos escritas para la Red Eco Alternativo.


laguajira

En el extremo norte de América del Sur, casi en el medio del Mar Caribe y con las Antillas a una  hora de avión, está La Guajira Colombiana. Territorio ancestral de los waayú que como viven allí mucho antes de la República de Colombia y de la República Bolivariana de Venezuela, no reconocen fronteras y consideran como territorio propio a una extensa zona del lado colombiano y del lado venezolano.

Estuve en La Guajira Colombiana dos días, el sábado tres y el domingo cuatro de octubre para ser parte del Jurado del Tribunal Popular contra las Trasnacionales en La Guajira convocado por un amplio espectro de organismos de derechos humanos y fuerzas políticas o sociales comprometidas con la causa ambiental, de los derechos humanos y de la soberanía nacional.

Porque todo eso está en juego en La Guajira, y mucho más.

Aunque nosotros llegamos para las dos audiencias del Tribunal, compañeros de las diversas organizaciones recorrieron el departamento por semanas, y eso quiere decir que convivieron con sus habitantes en las humildes viviendas de los waayú, casi sin agua y bajo un sol que levanta la temperatura arriba de los 30 grados.  Y a los paramilitares y el Ejército que de una manera abierta actúan coordinadamente para controlar la región y atacar la revolución bolivariana venezolana que la frontera está a pocos kilómetros, tan cerca como el lago Maracaibo que de un lado es colombiano y del otro venezolano.

La capital de La Guajira es Riohacha, una encantadora ciudad caribeña de unos 150 mil habitantes, muchos de los cuales han sido “corridos” por la minera de sus antiguos territorios ancestrales, hoy transformados en asiento de la producción de carbón.  El sábado viajamos de Riohacha a Barranca, una de las localidades más paradigmáticas del drama de los waayú.

El camino es de montaña, montaña verde diría yo para entender que no son las sierras cordobesas ni mucho menos la Cordillera de los Andes, sino algo más parecido a una combinación de sierras con la selva misionera (con perdón de los geógrafos) y se van recorriendo pequeños poblados con pequeños negocios al aire libre, sin puertas, que venden comidas regionales y toda clase de productos contrabandeados de Venezuela.  La primer imagen impactante de Colombia fue la exposición en la ruta de cientos y miles de bidones de 30 litros de combustible, apilados como en exposición, no solo a la vista de todos sino protegidos los contrabandistas por el Ejército Colombiano que hasta cinco tanques puso ese día para proteger el combustible traído a precio vil desde Venezuela y de paso presionar a las comunidades para que no vayan a Riohacha al tribunal popular contra el Cerrejón, amo y señor de todo el territorio.

Cerrejón es una mina de carbón, hoy la más grande del mundo a cielo abierto,  propiedad de un grupo trasnacional que en su web oficial dice: “Cerrejón es una empresa perteneciente en tres partes iguales a BHP Billiton plc (Australia), Anglo American  (Sudáfrica) y Glencore  (Suiza). El carbón de Cerrejón abastece el sector de generación de energía eléctrica, principalmente en el mercado del Océano Atlántico, en Norte América, Europa  y América Latina, con participaciones menores en el Pacífico.  BHP Billiton. Compañía australo – inglesa. Su portafolio de negocios es diversificado e incluye la extracción de mineral de hierro, petróleo, carbón y productos especiales (diamantes, etc.). Anglo American. Compañía sudafricano -inglesa. Tiene operaciones mineras alrededor del mundo, principalmente en Sudáfrica, Australia y el continente americano. Su portafolio de negocios se concentra en carbón y los metales básicos: cobre y mineral de hierro entre otros.  Glencore. Una de las compañías diversificadas de recursos naturales más grandes del mundo. Produce y comercializa más de 90 materias primas estructuradas en tres segmentos de negocio diferentes: metales y minerales, productos de energía y productos agrícolas.” www.cerrejon.com

Cerrejón llegó en 1977, renovó sus permisos de extracción de carbón en 1981 y en 1986, contando ahora con una concesión hasta 2034 para llevarse el carbón casi sin pagar impuesto alguno.  Cierto que paga algunas regalías, pero como recibe toda clase de subsidios el resultado tiende a cero como denunció el dirigente de Marcha Patriótica, David  Flores en el Tribunal.  Tomó como año el 2009 para mostrar que había pagado regalías por 1.93 billones de pesos colombianos (3000 colombianos a un dólar, aproximadamente) pero había recibido subsidios por 1.44 billones de pesos.

En treinta años Cerrejón se ha robado millones y millones de dólares a cuenta del carbón de los colombianos, casi sin pagar regalías ni impuestos y produciendo un daño casi inconmensurable e irreversible sobre La Guajira y la población más vulnerable: los waayú y los afrocolombianos que habitan la región desde la época de los quilombos, aquellas poblaciones rebeldes construidas por los esclavos fugados del español colonialista o sus herederos.

En Barranca nos esperaban decenas de waayú y afrocolombianos que no solo desafiaron la empresa, que controla todo, sino a los paramilitares que desde hace años se mueven libremente por la región.  Uno de los más famosos de ellos, Kiko Gómez nació en Barranca y pudimos ver carteles con su imagen abrazando niños como si estuviera en campaña electoral. Dice la web las2orillas.co: “Juan Francisco Gómez Cerchar, alias ‘Kiko’, arrestado por seis homicidios en octubre de 2013, cuando ejercía el cargo de Gobernador del departamento de La Guajira, inició su carrera criminal a comienzos de los años 90, cuando se incorporó a las primeras bandas paramilitares que llegaron a esa zona del país en alianza con traficantes de armas, drogas ilícitas y gasolina venezolana.”

Se entiende?  Un paramilitar que llega a gobernador de la mano de Cerrejón.  No es de extrañar que la catedral de Riohacha esté forrada en mármol donado por los paramilitares.  Bienvenidos a La Guajira Colombiana.

En el alegato de la fiscal, la ex senadora de la Nación Gloria Inés Ramírez resumió las jornadas de Barranca y Riohacha donde decenas de pobladores, dirigentes campesinos y sindicales, autoridades de los waayú y expertos en medio ambiente, salud y economía brindaron testimonio en tres o cuatro acusaciones centrales que intentaremos resumir a nuestro modo.

La producción del carbón daña seriamente la salud de los mineros, de los pobladores y modificó el medio ambiente de un modo drástico hasta el extremo de haber cambiado el curso del Río Rancherías para “chuparse” el agua para la mina y secar el curso del río que ha sostenido la vida de la región por miles de años.

El polvillo del carbón arruina los sembrados, enferma el ganado y tal como denunciaran los dirigentes sindicales modifica los genes de quienes están expuestos al polvillo según un estudio de la Universidad de Córdoba (Colombia) avalado por otras instituciones universitarias de Colombia y de todo el mundo que han verificado con estudios comparativos (se estudiaron cien trabajadores de la mina y otros cien pobladores alejados de las minas) hasta catorce tipos distintos de cáncer que atacan en primer lugar a los niños de la región.

Pero los niños no solo mueren por el polvillo, les falta e l agua y la comida.   Según cifras oficiales, hay 37 000 niños desnutridos.  Veamos un informe de un diario local:  “Son tales las carencias nutricionales de los habitantes de la región, que los adultos también muestran signos de desnutrición crónica.  Según cifras del DANE, entre el 2008 y el 2013, en La Guajira murieron 4.151 niños: 278 por falta de comida, 2.671 por enfermedades que pudieron haberse tratado y 1.202 que no alcanzaron a nacer. Eso quiere decir que en los últimos seis años, en promedio, mueren dos niños al día por abandono. Solo en el Hospital Nuestra Señora de los Remedios, de Riohacha, 14 niños murieron por las consecuencias propias de la falta de alimento entre enero y abril de este año.   El año pasado, 23 menores murieron a raíz de la deshidratación y la malnutrición, mientras que durante el primer semestre del 2014, se reportaron 15 casos. Las cifras, sin embargo, pueden ser mayores, ya que la Superintendencia de Salud estima un subregistro debido a que las comunidades prefieren enterrar a los niños cerca de sus terrenos.  Esta situación se ve favorecida por la pobre red hospitalaria. La Guajira solo cuenta con centros médicos de primer y segundo nivel de atención, es decir, que prestan servicios de medicina general y algunas especialidades básicas. Además, cerca de las rancherías no hay puntos de salud para atender a las comunidades indígenas que tienen acceso limitado a las cabeceras urbanas” www.semana.com

Las autoridades de los waayú denunciaron que hay localidades que reciben agua cada ocho días, y que antes de Cerrejón el río era su medio de vida: allí pescaban, nadaban y tomaban el agua para beber y asearse.  David Flores acusó de que hay 333 localidades en toda Colombia que no reciben ni una gota de agua, y que no es un problema de sequía como dice el gobierno, son las consecuencias de la minería a cielo abierto que solo en Cerrejón gasta 17 mil mts cúbicos de agua para lavar los medios de transporte del carbón y otra cantidad similar para producirlo, y eso por día.

Agua hay, pero no para los niños ni los waayú, ni los afrocolombianos..

Y en La Guajira comencé a entender el significado colombiano del desplazado.  Se calcula que hay cinco millones por el conflicto.  Yo conocí algunos en Riohacha.  Fueron arrancados de sus territorios ancestrales por la violencia o el engaño.  Un waayú me explicó que para ellos la palabra era sagrada, que no firmaban documento ni pagarés, bastaba la palabra; y que los de Cerrejón los habían engañado de manera cruel. Varias veces.  Y habían sobornado y corrompido algunos jefes de ellos.  Que la partida de sobornos figura en los balances de la empresa.  Y que desplazados de sus tierras no solo están confundidos y extraviados, temen por sus territorios sagrados, por sus cementerios, por sus plantas medicinales o para enamorar.

Cerrejón es una minera.  Ergo, una empresa capitalista que tiene gerentes y trabajadores.  Unos doce mil entre los propios, estables, “en blanco”, que suman unos cinco mil y los precarios, tercerizados que suman otros siete mil.  Y no solo problemas de salud tienen los trabajadores.  Sometidos a un régimen casi militar de trabajo , en palabras de Marcelo Chalreo, uno de los integrantes del jurado, abogado brasilero de larga experiencia en el tema, Cerrejón viola una y cada una de las disposiciones de la OIT sobre el derecho a sindicalización y las más elementales condiciones de trabajo.

El Tribunal Popular sesionó el domingo cuatro en Riohacha en una cancha de básquet techada que no tenía electricidad por lo que el calor era agobiante.  Hasta allí llegaron decenas de waayú que volvieron a dar su testimonio, casi todos en su lengua.  En el comienzo Piedad Córdoba hizo una apertura que requeriría de toda una nota por la profundidad del análisis de los dolores de Colombia y de sus reflexiones políticas tendiendo a generar conciencia que solo el pueblo salvara al pueblo.  Llamando a leer a Lenin y a Gramsci para prepararse para luchar por el poder.  Verla hablarle a su gente, a los waayú y los afro, es todo un espectáculo.  Yo la había visto entrevistar a Timochenko en La Habana para Telesur y verla allí fue todo un impacto.

Me tocó a mí dar a conocer la sentencia que fue la de dar por probadas las acusaciones contra Cerrejón, convocar a fortalecer la organización y la lucha de las comunidades afectadas y constituir un espacio nacional e internacional de seguimiento de las resoluciones.

Es que como se dijo en el Tribunal, en La Guajira no solo está en juego la supervivencia de los waayú y los afro, toda Colombia está amenazada y es más, si persiste este modelo suicidad de extracción de minerales, la humanidad no tiene futuro.  La avaricia del capitalismo nos puede llevar a la muerte.  En sus más diversas maneras, todas la cuales se pueden ver a simple vista en La Guajira Colombiana, territorio de los waayú y asiento de Cerrejón.

Pero en el Tribunal se mostró otra cara de La Guajira.  La de los ancianos resistiendo.  Y la de los jóvenes que rompen con el miedo y el mandato de trabajar para Cerrejón o los narco contrabandistas y se rebelan.  Aprenden su lengua y su cultura.  Se aferran a su s territorios y levantan su voz como pocas veces antes en los últimos años.  Hay esperanza, a pesar de todo.

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