• «O estás con los torturados o con los torturadores». Conversaciones con Ainara Lestxundi del periodico Gara («nosotros» en vasco)

    José Ernesto Schulman
    Secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre

    Secuestrado y desaparecido en dos ocasiones por los militares argentinos y torturado, José Schulman, secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, afirma en entrevista a GARA que ante la tortura no cabe equidistancias y que «o estás con los torturados o los torturados». Se pregunta qué beneficio puede obtener una persona en decir que durante su detención la agredieron sexualmente o le sometieron a la «picana». Remarca con la autoridad que le confiere su propia experiencia que «una sociedad debe discutir abiertamente si va a vivir con tortura o sin tortura. Hay algo duro que debemos reconocer: una sociedad que admite la tortura se convierte en una sociedad torturadora y se deshumaniza».

    Ainara Lertxundi|Donostia|2018/02/25 08:50 Eguneratua: 08:53
    Schulman

    José Ernesto Schulman (Juan Karlos RUIZ/ARGAZKI PRESS)

    «El ciudadano podría pensar qué gana una persona con decir que la torturaron. No es muy elegante ir al trabajo y decir que le han metido un palo en el culo o le han pasado electricidad por el pene»

    «Una sociedad que admite la tortura se deshumaniza. Nosotros no queremos acabar con ella para que no haya más torturados, sino para no que no haya más torturadores»

    «Cuando en el País Vasco haya condiciones más humanas, que las habrá, una parte se les deberá a esas 4.000 personas que han tenido la valentía de reconocer que las torturaron»

    «Lo primero que requiere un torturado es que se le crea; no hay mayor tortura que no le crean a un torturado

    «La tortura es por definición un delito de Estado y los delitos de Estado siempre tienen un discurso de justificación»

    ¿Cuál es el estado actual de las políticas de memoria, justicia y reparación? ¿Han variado tras el ascenso de Mauricio Macri al Gobierno?
    El Gobierno de Macri encarna de una manera directa el proyecto político y económico de quienes perpetraron el golpe de Estado en 1976. Es un gobierno del núcleo más concentrado de los empresarios, que siempre fueron un poder real en Argentina. Muchos de ellos son descendientes directos de los que se apoderaron de la Patagonia con la campaña del desierto y otros son familiares directos de empresarios que compartieron con los militares la idea de erradicar la lucha popular con el terrorismo de Estado. Aplastaron un país, una historia, y fundaron las bases para una Argentina distinta que, paradójicamente, ha tenido su momento de mayor realización con dos gobiernos civiles.

    A veces cuesta entender que la Argentina de hoy se basa en la tortura, en la picana eléctrica, en la capucha, en los desaparecidos. Una vez le preguntaron al exministro de Videla Roberto Alemman, quien fue juzgado en la causa de la ESMA por participar en sesiones de tortura, por qué razón la dictadura militar no había privatizado las empresas. Alemman, que es un exponente fiel de la oligarquía argentina, dijo «usted no entiende nada: nosotros matamos a los guerrilleros, liquidamos el movimiento sindical, aplastamos la insurgencia, cualquier podría privatizarlas después». Ese «cualquiera» necesita de algunos atributos.

    Carlos Menem, que llevó el neoliberalismo a la locura, lo hizo en nombre del peronismo, o sea, con la legitimidad de una causa histórica que había generado condiciones de vida favorables al pueblo y Macri lo hace desde una fuerza que le llega desde dos caminos. Expresa de un modo directo el imperialismo norteamericano. No quisiera exagerar pero que creo que jamás en la historia argentina hubo un presidente que expresara de un modo tan directo y sin matices los intereses del imperio norteamericano. Aun los militares mantenían disputas con EEUU porque ambos países producen cereales, soja, petróleo y ese ha sido un problema durante mucho tiempo. La fuerza de Macri es Trump, es el Comando Sur, son las multinacionales. Y Macri también expresa el odio contra todo lo popular.

    ¿Estamos frente a un revisionismo histórico? El propio Macri llegó a poner en duda la cifra de 30.000 desaparecidos.
    Estamos marchando hacia un Estado criminal, ya no solo policial, el cual ya lo han instalado. Nunca hubo tantas personas con armas en todo el territorio argentino como ahora. En época de la dictadura había 100.000 efectivos, hoy la Policía bonaerense tiene 90.000; la Policía de la Ciudad de Buenos Aires, 40.000; la Gendarmería, 35.000; la Prefectura, 20.000; tenemos además 40.000 agentes privados con armas. Todo esto arroja una cifra de 250.000 personas con armas. Si las situamos sobre el mapa de Argentina, te darás cuenta de que están donde están los pobres y las riquezas; eso es un Estado policial. Ellos pretenden que además sea un Estado asesino porque han dicho públicamente que la Policía tiene el principio de la verdad; al policía se le cree porque es policía. Quieren instalar como en Norteamérica la idea de que la Policía tiene el derecho de hacer lo que quiera. Pero, tienen un problema que somos nosotros; no solo como Liga sino como movimiento de derechos humanos.

    En 2017 hicimos una marcha de unas 350.000 personas en Buenos Aires y unas 600.000 en todo el país el 24 de marzo. Hicimos la mayor marcha de la historia de Argentina en contra del 2×1 el 10 de abril de 2017, cuando el 3% de la población salió a la calle; hicimos cuatro marchas nacionales por Santiago Maldonado con una hostilidad creciente del Estado y el 10 de diciembre hicimos otra marca con motivo del Día de la Resistencia. Cuando se pregunta si uno quiere que los genocidas sigan presos, la mayoría está con nosotros. El macrismo no termina de entender este fenómeno. Ahora estamos en una pelea límite contra la prisión domiciliaria concedida a Etchecolatz.

    En la actualidad, la mitad de las personas privadas de libertad por delitos de lesa humanidad está en su casa; no es casualidad, es un plan. Si ellos consiguen que la domiciliaria de Etchecolatz se naturalice, seguirán avanzando; nosotros logramos que vuelva a la cárcel –nos proponemos que lo haga antes del 24 de marzo–. Hay intentos negacionistas por parte de Macri, pero desde el punto de vista real, las cuestiones de memoria no han tenido un cambio importante.

    Muchos ex centros clandestinos de detención y exterminio son hoy día lugares de memoria; hay una política de llevar las cuestiones de derechos humanos a los colegios que se sigue haciendo y el viernes 16 se inauguró una escuela de secundaria con el nombre de Floreal Avellaneda, a quien con 15 años torturaron para que revelara la ubicación de su padre, un dirigente sindical, y a quien mataron introduciéndole un palo por el culo. Luego tiraron su cuerpo al río de La Plata. Apareció en el puerto de Montevideo, lo rescataron eidentificaron y cuando verificaron que era él, el cuerpo fue secuestrado por el Ejército uruguayo. Su madre es integrante de la Liga, tenía 46 años cuando llegó a la cárcel y le pusieron de sobrenombre «la vieja» porque tras 40 días en un campo de concentración, su nivel de destrucción física era tan grande que la gente pensaba que tenía 80 años.

    Hoy la sociedad vasca se enfrenta a un dilema ético: ¿Qué se hace con la verdad? Hay un informe y ya todos saben que aquí se torturó. Cada habitante de este país tendrá que decidir qué hace con este informe sobre la tortura: si lo niega, lo ignora, lo banaliza o si es coherente, dirá «toda investigación judicial que estuvo cruzado por la tortura, es inválida». Nada legal puede surgir de algo ilegal. Son cuatro palabritas que hasta cualquier juez español las puede aprender.

    ¿Qué secuelas deja la tortura en la sociedad a largo plazo?
    La tortura dura tres generaciones. Puedes convivir con ella más o menos, pero la tortura deja rastros imperecederos y lo más probable es que esos rastros se transmitan a una o dos generaciones. Lo primero que requiere un torturado es que se le crea; no hay mayor tortura que no le crean a un torturado. Quienes imaginan que alguien miente con la tortura, deberían acercarse un poco a este fenómeno. Yo fui secuestrado dos veces y torturado por un grupo de tareas en el que había un empleado judicial que llegó a ser juez federal. Uno de los torturadores, Curro Ramos, está preso, tenía mi edad, 22 años. En una entrevista muchos años después, el periodista le preguntó sobre mi caso con fechas, datos… y dijo «sí, lo conozco, pero todos ellos están adiestrados para decir que fueron torturados». Lo más interesante es que en el juicio dijo lo mismo. Me temo que no haya mucha originalidad con el «manual de ETA».

    Ellos sí saben que los primeros minutos de un detenido son los más difíciles porque le acosa el terror de que lo torturen, asume la responsabilidad de cuidar la información y no dañar a sus compañeros. Ellos hacen una ofensiva feroz tratando de quebrar la resistencia del detenido. Esos primeros minutos son claves. En general, si uno consigue mantenerse firme en los primeros minutos, luego es más fácil y, al revés. El manual es al revés: es que hay que torturar mucho en los primeros minutos porque de eso depende el interrogatorio posterior. Los que tienen un manual es la policía. El ciudadano de a pie podría pensar qué gana una persona con decir que la torturaron. Nadie nos ha dado dinero por decirlo. No es muy elegante ir al trabajo y decir que te han metido un palo en el culo o me pasaron electricidad por el pene. No le veo la gracia.

    Una sociedad debe discutir abiertamente si va a vivir con tortura o sin tortura. Hay algo duro que debemos reconocer: una sociedad que admite la tortura se convierte en una sociedad torturadora y se deshumaniza. Nosotros no queremos terminar con la tortura solo para que no haya más torturados sino para que no haya más torturadores porque es mucho menos humano el torturador que el torturado. El torturador, los que mandan y quienes lo consienten lo pierden todo con la tortura.

    ¿Como sociedad cómo podemos contribuir a la reparación de los torturados?
    Reconocerlo. Que se les diga «te creemos y estamos contigo». La tortura desafía e interpela a la sociedad. Nadie puede decir que no toma partido; o estás con los torturados o con los torturadores. Es así. Aníbal Ponce, un filósofo argentino, hablaba de la responsabilidad de la inteligencia; cuando uno sabe algo, ya no tiene opción y que ése era el dilema de los intelectuales. Una sociedad que sabe que se tortura y no hace nada, es una contradicción en sí misma. La cuestión principal es a quién se le cree y que cada persona se pregunte a sí misma a quién le cree; si al torturador o al torturado. ¿Quién bombardeó Gernika, los rusos o los alemanes? La tortura es uno de esos fenómenos límites que no admite neutralidad.

    En el «caso Maldonado», desde instancias gubernamentales se llegó a decir que estaba en Chile, justificaciones falsas que recuerdan a las que se daban a los familiares de desaparecidos.
    Estamos sufriendo lo que se llama la post-verdad, que es una mentira tan desfachatada que aun a nosotros nos sorprende. Hablando de manuales, recupera el de Goebbels que decía «miente miente miente que algo quedará». Eso es lo que están haciendo hoy en día con el monopolio de la televisión, los diarios e internet. Construyen verdades inexistentes y destruyen la real. Nosotros aprendimos, comprobamos y creemos que la verdad vence. Ellos pueden por un tiempo engañar, confundir pero, desde nuestra experiencia durante los juicios, la verdad una vez y otra sale a flote, abriéndose paso. A veces tarda más o menos. Hemos hecho de la defensa de la verdad el centro de nuestra ética y de nuestra fuerza política porque cuando uno mantiene la verdad y actúa en consonancia y mantiene la coherencia, lo que gana es credibilidad. El movimiento de derechos humanos en Argentina ha ganado credibilidad y la defendemos. Creemos que esa es nuestra estrategia secreta.

    Como superviviente de una generación, secuestrado en dos ocasiones y torturado, ¿cómo recuerda a aquellos jóvenes y compañeros de militancia? ¿Qué perdió Argentina con la desaparición de aquella generación?
    dasfdCreo que esa generación era generosa, creía que la felicidad se podía conquistar por un proyecto colectivo, de superación del capitalismo. Me cuesta pensarla en pasado, la tengo muy presente. Los siento presentes. Creo que esa es una anomalía de Argentina. Al enemigo le cuesta mucho entender que en Argentina los desaparecidos están presentes. La condición de sobreviviente es difícil.

    Porque uno se llega a preguntar por qué él o ella ha sobrevivido y el resto no…
    Nadie sabe por qué sobrevivimos. Durante mucho tiempo estuve buscando esa respuesta. En un momento en el que estaba muy mal, una sicóloga me daba un libro por semana para leer. Más o menos, me leí toda la biblioteca sobre memoria. Hay un libro de Jorge Semprún, que estuvo en un campo de concentración nazi. El libro se titula “La escritura de la vida”, en el que dice que no se puede vivir sin recordar pero si solo recuerdas, no vives. En el desenlace de la historia, él vuelve al campo y cuenta de lo que se acuerda, de cómo el prisionero que le tomó los datos le preguntó su oficio y le dijo; estudiante de Filosofía. Cuando dice eso, uno de los alemanes presentes pide parar las grabaciones para la televisión y le dice que había revisado los archivos y en ellos aparece otra cosa. El prisioneros, que sabía que a los estudiantes de Filosofía los mataban, le puso como oficio estucador, que es quien recupera los tapices y eso le salvó. Lo que Semprún está diciendo es que nadie sabe muy por qué te salvaste y que seguro que te salvó alguien que hizo algo que vos no sabes. Eso más o menos me acomodó. Cumplo con el compromiso de hablar por los que no tienen voz; lo vivo bien.

    ¿Qué otra reflexión le gustaría trasladar a la sociedad vasca?
    Para nosotros la causa del pueblo vasco siempre ha sido una causa amable, que amamos. En la medida en que estudiamos la Historia, le asignamos mayor responsabilidad de nuestra desgracia a la burguesía española y al Reino de España. Como diría Joan Manuel Serrat, hay algo personal entre ellos y nosotros. Cuando nos invadieron en 1492, nos llevaron la Inquisición, el franquismo fomentó la derecha en Argentina y formó militares fascistas, cuando vinieron las privatizaciones las grandes empresas españolas se quedaron con todo… Apostamos por la democratización de España y porque cada pueblo decida cómo quiere vivir; eso es un principio natural para nosotros. Como Liga consideramos que el principal derecho es el derecho a la autodeterminación de los pueblos, ya sea vasco, catalán, palestino, kurdo, armenio, mapuche… El jueves estuvimos en Gernika, un lugar clave para la Historia. Los vascos podrían pensar un poquito también sobre Gernika, sobre cómo el franquismo dijo que los de Gernika mentían.

    En los juicios aprendimos una cosa; teníamos la idea de que la dictadura negaba la información, pero después aprendimos que era algo más, que falseaba. Los que falsean son ellos, no los compañeros; ellos dicen la verdad hasta por razones vitales. Le puedes tomar declaración a un torturado veinte veces y en todas te va a decir exactamente lo mismo. Cuando empieza a testimoniar, recuerda, y recordar es vivir. Es casi imposible que alguien mienta sobre estos temas. A la compañera Iris Avellaneda le preguntaron si podía recordar cuántas veces la violaron. ¿Qué interés tiene eso? El delito es violar, no hay un delito por violar tres veces y otro por violar dos veces. ¿Qué ganaría ella con decir tres en vez de dos?

    Quisiera dar un gran abrazo a los compañeros que dieron su testimonio en este informe [del Instituto Vasco de Criminología]; una felicitación por la valentía y mi deseo de que los vascos entiendan que les deben mucho a estas personas. Cuando en el País Vasco haya condiciones más humanas, que las habrá, una parte de eso se lo deberán a estas 4.000 personas. Estoy seguro de que en un futuro se las reconocerá y se dirá que tuvieron la valentía de decirlo, ¡y tanto que ayudaron!

  • La querida presencia del Negrito, el Ciego y el Teniente Marcelo.   A treinta años de la muerte del Ciego, un colegio se pone el nombre del Negrito y Marcelo levanta su puño en alto.

    El no quería morir así. Si hay que morir, pensaba, que fuera con el fusil en mano defendiendo la Revolución Cubana, su segunda patria, o en una marcha popular en su Rosario añorado.  Pero no así, así, encerrado en una camioneta aplastado por un camión.

    El Ciego había vuelto de nunca se fue del todo para pelear por la Revolución en un país donde ni la reforma más chiquita nos perdonan.

    El 22 de febrero de 1987, a la salida del tunel Santa Fe Paraná, del lado de Paraná, un absurdo accidente vial se lo llevó.

    El Negrito tampoco había pensado en morir de modo alguno.  Mucho menos en manos de un grupo de tareas del Ejercito Argentino que lo torturó hasta la muerte y navegó, ya memoria, por el Río de la Plata hasta aparecer del lado uruguayo, cerca de Montevideo.

    No se conocían pero el Marcelo, antes de ir a pelear a El Salvador, conoció los padres del Negrito y luego, cuando el Ciego lo entrenó para pelear por la liberación americana en el paísito centroamericano, el Marcelo le habló del Negrito y de ese modo tan genuino  de la generación del 70, de la Fede de los 70, de ser y no solo parecer.

    Hace treinta años moría el Ciego y van a ser como cuarenta y dos que mataban al Negrito, pero están, siempre están.  El Marcelo y el Ciego están con su jefe, el Compañero Patricio, a quien apreciaban y respetaban como lo que era, el Jefe que encabeza todas las peleas y deja todo en cada batalla.

    Hoy el Negrito se hace escuela en Escobar, la número 27 según los papeles, la Negrito Avellaneda según los chicos y chicas que eligieron transformar su nombre en pizarrones y risas, en cantos y laboratorios.

    La mejor forma de vengarnos de sus asesinos y de los amigos de sus asesinos y de los perdonadores de sus asesinos y de los herederos de sus asesinos y de los jueces de mierda que encubren y de los yankees imperio que siempre estuvieron y están detrás de todo. También de la muerte del Negrito, del Ciego y del Marcelo.

    Patria o Muerte gritaron y fue vida.

    Hace nueve años, cuando el Negrito volvió a la escuela donde estudió y los niños le mandaron mensajes en globos de colores, yo escribí esto, como profecía que hoy se cumple:

    Y estos chicos, los de ahora, han dicho que no es justa tu muerte. Que no la bancan ni la soportan, que no quieren que se repita y que no quieren que los responsables de tu muerte, digo también la desaparición de los 30.000 compañeros que no están, queden sin castigo.
    Que sean condenados como Riveros y que vayan presos.

    Pero que también tengan que ver globos rojos volando al cielo de los compañeros, porque esa foto es la que no imaginaron nunca y es la que más le duele.
    Porque cada globo rojo que vuela al cielo de los compañeros es una señal clara para los del cielo y para los de abajo.
    Para mí es transparente.
    Cada globo rojo con cartitas de alumnos de tu escuela dice que cuando nadie se acuerde de los represores, cuando nadie sepa ya el nombre del General de la Nación Santiago Omar Riveros ni tampoco el del otro General Fernando Verplaetsen, cuando ni polvo quede del hueso de tus míseros asesinos, todavía en la Argentina se acordarán de vos, el Negrito Avellaneda, y habrá plazas y habrá escuelas con tu nombre.
    Y por las calles polvorientas de algún barrio pobre de la zona norte del Gran Buenos Aires, un niño correrá con un globo rojo en la mano y una remera que diga tu nombre en el pecho, que viene ser el lugar del corazón.

    O sea, el Negrito Vive

     

  • Tortura en el país Vasco: informes, sentencias y negaciones.     La voz de los torturados se abre paso entre la mentira franquista que sostiene Madrid.

    primer crónica

    Si en alguna región del mundo la tortura ha sido una practica sistemática de dominación, control social, castigo individual y colectivo, ese lugar, sin dudas es el país Vasco.

    Allí, en los años en que la Inquisición estrenaba sus practicas destructoras de lo humano, el Juez Pierre de Lancre juzgó a un grupo de mujeres, las brujas de Zugarrramundi, a las que condeno a ochenta de ellas a la hoguera. Era el año del Señor de 1609 y las persecuciones recién comenzaban. La Santa Iglesia no permitía que los saberes populares, transmitidos de generación en generación por las mujeres que cocinaban, curaban , traían niños a la vida y sabían de hierbas y frutos, compitieran con los dogmas religiosos.

    Fue en nombre de esos mismos valores que el Generalísimo Francisco Franco se levantó contra la Republica Española y bombardeo, con aviones alemanes e italianos, la localidad de Gernika, donde funcionaban las Juntas y los nobles vascos juraban ante el roble histórico. El franquismo siguió torturando por los siguientes cuarenta años. A los republicanos, a los rojos, a los nacionalistas, a las mujeres y los jóvenes, a todo el que se enfrentara con la dictadura franquista que para someter el pueblo vasco prohibió hasta hablar el Euskera y pulverizo cada acto de resistencia.

    Desde siempre las victimas, desde las brujas de Zugarramundi hasta los periodistas de los medios de comunicación cerrados por el Juez Baltazar Garzòn en nombre de la doctrina de lucha contra el terrorismo etarra que mandaba acusar a todo aquel que levantara la voz contra el centralismo españolista de “cómplices del terrorismo”, han dicho su verdad. La verdad. Y desde siempre los torturadores han mentido. Desde los Inquisidores hasta el Juez Baltazar Garzòn.

    En diciembre del año pasado, un informe del Instituto Vasco de Criminología del gobierno vasco, en manos del PNV una fuerza nacionalista de centro derecha, confirmó que entre 1960 y el 2014 se cometieron 4113 casos de torturas, comprobados y certificados por dicha institución siguiendo las metodologías de la Unión Europea y la ONU. Por primera vez, un ámbito gubernamental reconoce lo que las y los compañeras y compañeros dijeron siempre: el Estado Español, sus fuerzas de seguridad y represión, sus policías y servicios de inteligencia, sus jueces y funcionarios judiciales, las y los intelectuales y periodistas que le han servido desde Gernika hasta ahora, se confabularon para torturar a los que luchan, y para callar su voz. Para decir una y otra vez que mienten. Dijeron que a Gernika la bombardearon los rojos y dicen que los compañeros se auto infringen heridas para “ofender” al Estado y sus instituciones.

    Por eso fuimos a Donosti (San Sebastian) por tres días: del quince al diecisiete de febrero; durante los cuales participamos en dos actos públicos: uno en la Universidad Publica Vasca en Donosti y el otro en la plaza de Irún. En el acto académico, compartí tribuna con la Dra. Laura Pego, una de las autoras del Informe Gubernamental y el compañero Eugenio Etxeveste, de Euskal Memoria, militante que sufrió en carne propia las torturas, la cárcel y el destierro (más de veinte años de prisiones y destierros). En el acto de Irún, convocado por Kalera Kalera, con el compañero Antton Lope, vocero de la plataforma de izquierda para la libertad de los presos y el fin de la tortura.

    En las poco más de setenta y dos horas que pasé en el país Vasco hubo tiempo para visitar Gernika y conversar con Iñaki Egaña, historiador que acaba de publicar El desarme, la vía vasca, miembro de la Fundación Eukal Memoria;; con las compañeras Patricia Velez y Urtzi Urraskin de la Asociación de Familiares y Amigos de Presos y Exiliados Políticos Vascos (quedan uno 299 presos y unos 400 exiliados), con los camaradas Asier Altuna y Rufi Etxeverrìa del partido de izquierda Sortu (gestor de una fuerza, EH Bildu, que logró cerca del 25% de los votos en elecciones regionales), con los compañeros de Egiari Zor Fundakua, una fundación para acompañar a las víctimas de la tortura, Ainara Esteran y Taxto Arriabalaga y con otras y otros militantes de Irun, Gernka y Donosti gracias a los cuales comencé a entender algo de esta historia que pienso contar como conté lo que vi en Colombia, Paraguay, Guatemala y Chile en estos años.

    Comienzo con dos historias recientes: una es la de Sara Majarenas y la otra es de Alfredo Remirez.

    Sara lleva más de diez años presa y en el 2016 le pidió la separación a su pareja quien estaba a cargo de la niña de ambos de poco más de dos años. El hombre, en un acto de violencia de genero brutal, acuchilló a la niña, la dio por muerta y se entregó a la policía. La niña sobrevivió pero ni en esas circunstancias la “Justicia” permitió la libertad de Sara quien para protegen a la niña tuvo que aceptar internarse en un centro penitencial para mujeres con niños pequeños. El movimiento de mujeres y feminista ha considerado que Sara sufre una revictimizaciòn en su condición de mujer victima de la violencia de genero.

    Alfredo Remirez acaba de ser condenado a un año de prisión a cumplir en efectivo. Su delito?, haber puesto un twitter de repudio a las derechas contando con una sentencia en suspenso por haber llevado a una fiesta de su pueblo un cartel hecho con una foto de su amigo. Como el lo cuenta: “En 2005, yo y otro compañero de mi cuadrilla de fiestas del pueblo hicimos dos muñecos de cartón a tamaño real con las fotos de dos presos del pueblo para denunciar la dispersión como medida cruel contra los presos, sus familiares y amigos. En 2009 fuimos juzgados por ello y nos cayó una condena de un año de cárcel y seis más de inhabilitación”. Ahora, desde noviembre de 2017 está en una cárcel del Estado.

    Brujas, twitters, condenas, informes.

    A todo argumento y prueba, la derecha española, y sus alcahuetes mediáticas, repiten como loros: mienten, mienten, mienten.

    Hemos viajado al país Vasco a decir que nosotros les creemos, que los compañeros no mienten y que lucharemos junto a ellos para el juicio y el castigo a los culpables, y la libertad de todas y todos los presos políticos, vascos y de todo el mundo

     

    para leer el Informe del Instituto Vasco de Criminología:  http://www.deia.com/2017/12/18/politica/euskadi/el-gobierno-vasco-censa-4113-casos-de-torturas-en-euskadi-entre-1960-y-2014-que-afectan-a-3417-personas-

    para leer el texto de Schulman sobre la tortura y el paìs vasco: https://cronicasdelnuevosiglo.com/2017/10/09/tortura-la-humillacion-del-cuerpo-y-del-alma/

    para leer algunas reperscusiones mediaticas de las acciones en que participamos.

    https://www.berria.eus/paperekoa/1947/010/001/2018-02-18/gizarteak_erabaki_behar_du_torturatzaileari_edo_torturatuari_sinesten_dion.htm

    https://www.naiz.eus/eu/actualidad/noticia/20180216/schulman-en-donostia-en-la-tortura-la-verdad-es-invencible

    http://www.eitb.eus/es/noticias/politica/detalle/5409431/kalera-kalera-pide-reconocimiento-reparacion-personas-torturadas/

    y esta es la derecha franquista y anti populista……..http://www.elmundo.es/pais-vasco/2018/02/17/5a888c12ca474165278b4598.html

  • El proceso post dictatorial cubano y su justicia transicional resultó ser el más efectivo del mundo: garantizó juicio y castigo a los asesinos, reparación moral y política a las víctimas, respeto a las banderas y sueños de las víctimas y la no repetición de los brutales crímenes de Batista: veinte mil asesinatos y otros tantos torturados de diversos modos.

     

     

    Ahora que el heredero Massot de los criminales Massot de la Nueva Provincia de Bahía Blanca, el grupo económico más fascista de la Argentina comprometido hasta la medula en el accionar de  la Triple A y de las bandas de la Marina y el V Cuerpo del Ejercito en la ciudad sureña, ha vuelto a proponer la impunidad absoluta (y luego seguramente el monumento nacional a la picana eléctrica, la Capucha y el centro clandestino) se habla mucho de justicia transicional, modelos de memoria, verdad y justicia en Sudáfrica, Argentina y otros países del sur americano, pero nadie habla de Cuba.

     

    El propio presidente de los EE.UU. John Fitzgeral Kennedy decía esto sobre la dictadura de Batista en 1960:  “Hace dos años, en septiembre de 1958, un grupo de rebeldes barbudos bajó de las montañas de la Sierra Maestra de Cuba y empezó su larga marcha hacia La Habana, una marcha que derrocó finalmente a la dictadura brutal, sangrienta y despótica de Fulgencio Batista […]. Nuestro fracaso más desastroso fue la decisión de darle estatura y apoyo a una de las más sangrientas y represivas dictaduras en la larga historia de la represión latinoamericana. Fulgencio Batista asesinó a 20.000 cubanos en 7 años –una proporción más grande de la población cubana que la proporción de norteamericanos que murieron en las dos guerras mundiales y transformó la democrática Cuba en un Estado policíaco total, destruyendo cada libertad individual”.  http://bohemia.cu/old/dictadura-batista/

     

    Cierto es que poco después aprobaría la invasión a Playa Girón y los Yankees comenzarían una larga guerra silenciosa (o no tanto) que todavía no terminó contra los revolucionarios cubanos que ha causado miles de muertes y miseria para el pueblo cubano, pero esa es otra historia.

     

    En los primeros años de la Revolución Fidel y el gobierno revolucionario resolvieron simultáneamente las políticas que cumplieron ampliamente con los requerimientos de una justicia transicional: memoria, verdad, justicia, reparación en su sentido más profundo y sobre todo crear las condiciones para la no repetición.

     

    Y ya van casi sesenta años de no repetición.

     

    Si comparamos con la situación de Sudáfrica, Chile, Guatemala o la propia Argentina, donde en ninguno de esos países se castigó al Poder Real que gestionó el Genocidio, ni se garantizó la reparación verdadera que implica cortar con la continuidad jurídica que ha permitido que el Derecho no sea otra cosa que la legitimación de un Genocidio anterior.  Y lo sigue siendo

     

    La tierra que le robaron a los pueblos originarios sigue en mano de los Menéndez Betty, de los Braun, de los Martínez de Hoz, de los Bullrich.

    Eso es impunidad.

     

    Las empresas que crecieron al amparo de las dictaduras de 1930, de 1943, de 1955, de 1962, de 1966 y de 1976 siguen dominando la riqueza nacional.  Y pienso en Mercedes Benz, en Ford, en Acindar, en Papel Prensa, en Loma Negra, en Ledesma, en el Citi Bank y toda la banca extranjera y toda la nacional privada.

    Eso es impunidad.

     

    Los actuales jueces federales, casi en su totalidad, ingresaron al servicio en estos años de post dictadura impune y han hecho suya la consigna de la continuidad jurídica del despojo y el privilegio.  Estos son los jueces que hoy arrasan con el Estado de Derecho y todos los Pactos y Convenios de protección de derechos que se han vuelto papel mojado.

    Eso es impunidad.

     

    Hoy, y para no hacer relatos históricos extensos, para nada está garantizado el derecho a la salud, la educación, la seguridad social, el turismo, la vivienda y el empleo digno.

    Eso es impunidad

     

    En cambio en Cuba los asesinos fueron juzgados, condenados y sus mandantes perdieron todo el Poder que tenían.  Se fueron a Miami para no ser pueblo y basura son en los EE.UU.   Pero no volvieron a dominar más.

    Eso es Justicia.

     

    En cambio en Cuba, la tierra, las empresas, el transporte, los medios de transmisión de valores culturales y de comunicación, el sistema educativo, de salud, de deportes y de cultura, todo está al servicio del pueblo.

    Eso es Justicia.

     

    Cuando murió Videla, su muerte indigna fue rechazada hasta en el pueblo que lo vio nacer y no aceptó ser deposito pasivo de esos despojos.

     

    Cuando murió Fidel millones y millones y millones en Cuba y en el Caribe, en América y en Asia, en Vietnam y en Francia, en España y en Palestina, en todo el mundo gritaron con orgullo YO SOY FIDEL

    Y eso es Justicia.

  • La violencia en la historia de la violación de los derechos humanos

    “Hay muchas formas de matar. Se puede clavar al otro un cuchillo en el vientre,

    quitarle el pan, no curarlo de una enfermedad, confinarlo en una casa inhabitable,

     masacrarlo de trabajo, empujarlo al suicidio, obligarle a ir a la guerra, etc.

    Sólo pocas de estas formas de matar

    están prohibidas en nuestro Estado”. Bertol Brecht

     

     

    Así como el Poder siempre ha exigido que no haya historia, también pretende que es el pueblo el que rompe la “paz social” que habría caracterizado la historia nacional por ellos contada.  Nada más lejos de la verdad.

    Recordemos aquello de Rodolfo Walsh “Nuestras clases dominantes han procurado siempre  que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.»

    Conviene insistir en que el territorio que habitamos, los pueblos que hemos vivido aquí desde hace unos quince mil años (en la Quebrada de Humahuaca hay culturas de ese tiempo, al sur del río Colorado de unos doce mil) hemos sido objeto de diversos y sucesivos procesos sociales de genocidio[1]: la llamada Conquista de América por parte del  Imperio Español, la consiguiente dominación colonial de carácter terrorista militar, los ataques militares contra los pueblos originarios sobrevivientes en los dos procesos de finales del siglo XIX: la llamada Conquista del Desierto, al sur del río Colorado  y la llamada Guerra de la Triple Alianza, contra la nación guaraní en  Paraguay,  procesos de enorme crueldad basados en la desestimación de la humanidad de los pueblos originarios, los esclavos africanos y los criollos pobres que no se subordinaban a la oligarquía porteña y sus aliados del interior.

    Así llegamos al siglo XX. Entonces llevábamos unos trescientos cincuenta años de guerras, torturas y toda clase de formas de violencia contra nosotros, es decir, contra los indio, los paraguayos y los criollos pobres.

    Y a los dos años de comenzar el siglo se inauguró la legislación represiva y anticomunista, la Ley 4144 sancionada en 1902 y vigente hasta 1985, sin interrupciones.  La 4144 permitía la expulsión administrativa (sin proceso judicial) de los inmigrantes que los Servicios de Espionaje y las Policías consideraban anarquistas, “comunistas libertarios” que era el modo de designar a los subversivos de aquellos tiempos.

    Desde entonces hemos sufrido cárceles, torturas, desapariciones y fusilamientos.  Desde 1930 en adelante, los militares asaltaron con violencia la Casa Rosada y lo repitieron en 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. Y cada vez, como en un espiral de violencias, más torturas, más presos, más muertes hasta llegar al paroxismo de la Triple A, los Centros Clandestinos y los treintamil.  ¿De qué historia de democracia, derechos humanos y paz social nos hablan los herederos de Roca y Uriburu, de Massot, Blaquier, Peña, Bullrich y demás genocidas de ayer y de hoy?

    En la llamada democracia post dictadura, “democraduras” en el lenguaje de Galeano o gobiernos autoritarios con máscaras democráticas como entiendo al de Cambiemos, hubo intentos de nuevos golpes de Estado y rebeliones armadas como la de los Carapintadas o la de Rico en la Semana Santa de 1987 para luego estabilizarse una combinación de formas legales y democráticas (constitucionales) con la presencia permanente de las policías y su gatillo fácil, sus métodos de torturas aprendidos con la Inquisición y “mejorados” con cada dictadura y los jueces cómplices de todo eso.

    ¿Les parece algo nuevo o que un izquierdista defensor de los derechos humanos denuncia?.   En el 2013, a cien años de la Asamblea del año XIII que decretó la disolución de la Inquisición y aún más, la destrucción publica de los elementos de tortura, la titular del Ministerio Público de la Defensa Stella Maris Martínez afirmó dos verdades contundentes:  “la tortura hoy es un crimen y sin embargo se sigue aplicando. Es una realidad cotidiana en lugares de encierro, como método de disciplinamiento, como un régimen de terror y de castigos preventivos. Todo lugar donde haya personas privadas de libertad debe ser sometida a un control permanente del afuera, y esto no ocurre” y aún más:  “los jueces no investigan lo poco que se denuncia en términos de tortura, porque siguen sosteniendo esa postura que entiende que los policías y los guardias dicen la verdad y los presos mienten. Los jueces, al mirar para otro lado se convierten en cómplices, y esta tolerancia judicial perversa obedece a lo que ocurre en la sociedad que no repudia fuerte y sostenidamente la tortura”.

    Con la llegada de Cambiemos al gobierno (se podría decir que el Poder lo tuvieron siempre) la violencia ha pegado un salto impresionante: creció la violencia cotidiana contra la sociedad por la agresión económica y los despojos de todo tipo que sufrimos sobre nuestros derechos y conquistas, creció la violencia psicológica por parte de un ejercito de lenguaraces encargados de insultarnos minuto a minuto desde el más sofisticado y poderoso aparato de propaganda jamás imaginado por nadie y creció la violencia física de las fuerzas que el estado arma y permite torturar, disparar, y asesinar como a Santiago Maldonado y a Rafael Nahuel, o encerrar como a Facundo Jones Huala, a Milagro Sala y a tantos otros como Luis D Elia, Fernando Esteche o Carlos Zannini. Como en un ciclo acelerado, la larga marcha asesina que los gobiernos militares recorrieron de 1930 a 1976, Cambiemos la está recorriendo en el breve tiempo que va desde las elecciones de fines del 2015 hasta la represión militarizada de este Diciembre de violencia institucional superlativa.

    Nunca hubo en la Argentina, y mucho menos hay ahora, una confrontación en el plano militar en la que se puedan reconocer dos oponentes de aproximada (al menos) dimensiones y fuerzas.  Siempre desde el Ejecito Colonial Español arrasando aldeas mapuches hasta la Gendarmería arrasando Cushamen ha sido igual: un proceso represivo de exterminio al cual, algunas veces, se le ha opuesto algún tipo de resistencia más o menos eficaz, pobremente armada.

    Sin embargo, el pueblo, los pobres, los indios, los obreros, las mujeres indias, obreras y estudiantes, las y los estudiantes, se han rebelado una y otra vez, de una y otra manera hasta derrotar todos los intentos coloniales y neocoloniales.

    No necesitaron ley o reglamento alguno, se sabe que no hay ley alguna que pueda convalidar la violación a los derechos humanos, y mucho menos la violencia del Estado contra las personas.

    Desde el mismo Derecho, desde las concepciones no positivistas (iusnaturalismo) se afirma que no puede separarse en el derecho lo formal del contenido moral (de justicia) de sus disposiciones. Una de las tesis del iusnaturalismo es que la ley injusta no es ley: lex injusta non est lex.

    Su formulación proviene de San Agustín (siglo IV y V) “si verdaderamente en algún punto [la ley positiva] resulta discordante con la ley natural, ya no será ley sino una corrupción [corruptio] de la ley” (Suma Teológica I-II, q. 95, a. 2 c); “toda ley se ordena al bien común de los hombres y en esa medida tiene fuerza y carácter de ley, y en la medida en que se aparta de ese fin carece de fuerza obligatoria” (Suma Teológica I-II, q. 96, a. 6 c); las leyes injustas “son más violencia que leyes […] y por eso no obligan en el foro de la conciencia” (Suma Teológica I-II, q. 96, a. 4, c); “la ley tiránica que no es conforme a la razón, no es pura y simplemente [simpliciter] ley, sino más bien una cierta perversión [perversitas] de la ley” (Suma Teológica I-II, q. 92, a1, ad. 4).

    Es en ese derecho natural que se basa San Martín en su guerra contra el Colonialismo Español desde su Ejercito Libertador. Había también en esa época, voces que estimulaban la negociación claudicante pero San Martín, Belgrano, Moreno, Monteagudo, Gaspar Francia, Bolívar, Artigas, O Higgins desestimaron el camino de la conciliación y fueron de frente contra la violencia colonial. Y así lo ha hecho nuestro pueblo una y otra vez, honrando un derecho que más bien es un deber.

    En 1948, al finalizar la Segunda Guerra Mundial con la derrota de la alianza de la Alemania de Hitler, la  Italia de Mussolini y el Japón imperial (más el apoyo de la España de Franco), al proclamarse la Declaración de los derechos humanos, en el preámbulo se estampa: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”

    Para nosotros, nacidos once años antes de dicha declaración, los derechos humanos son las necesidades de los pueblos por las que debemos luchar, precisamente para conseguir su reconocimiento por parte de los poderosos. La jornada de ocho horas, el derecho al descanso, el derecho de huelga, el derecho al voto para todas y todos, los derechos para las personas GLTTB, la abolición de la tortura, el derecho a la defensa en juicio, la abolición de la monarquía y el reconocimiento formal de la igualdad ante la ley (ya que nunca fue el reconocimiento real de la igualdad, o sea la abolición de las barreras de poder y propiedad que impiden el acceso universal y real de todas a los derechos proclamado), no fueron regalo de las autoridades, sino producto de la lucha. Mucha sangre y sufrimiento fueron necesarios para que el pueblo conquistara esos derechos.

    Ese derecho fue asumido por nuestro pueblo a lo largo de toda la historia y vanos son los intentos de descalificar las luchas actuales como terroristas, narco terroristas o canalladas similares.  San Martín no era terrorista, tampoco Moreno, Monteagudo, Gaspar Francia, Artigas o Bolívar.  Mucho menos los obreros de la Patagonia Rebelde o las huelgas de la Forestal, los estudiantes de la Reforma Universitaria o los campesinos del Grito de Alcorta. No eran terroristas los que gestaron la Revolución del Parque o fundaron el Partido Socialista. Ni los que resistieron a las dictaduras de 1930 y todas las sucesivas. Tampoco Santiago Pampillón, Agustín Tosco, Roberto Santucho o el Negro Quieto. Eran patriotas que lucharon, cada uno al modo que entendía adecuado a su tiempo y circunstancias. Porque nadie lucha de otro modo que con las ideas y métodos de su tiempo.  Algunos triunfan y otros no, pero todos cumplen con el deber humano de ser dignos, no como los torturadores o asesinos.

    Terroristas son los que crearon los centros clandestinos y desaparecieron miles de compañeros, y terrorista es el gobierno de Cambiemos el que al violentar el orden jurídico interno y desconocer el internacional, se coloca en el terreno de lo ilegal y lo ilegitimo, contra el cual rebelarse es más que un derecho, es un deber.

    Cambiemos viene demoliendo el único resto de la democracia en la Argentina, que era su formalidad jurídica y la igualdad formal, en dos años ha instalado de facto varias categorías de argentinos: población sobrante, población execrable, población indigna y población criminal actuando en consecuencia de modo tal que la democracia Argentina solo existe como proyecto liberador, como práctica popular de construcción de poder, como sueño irredento que viene de San Martín y que se hace carne en Fidel y la única revolución triunfante que pervive en Occidente.

    Cuándo nos preguntan por la democracia podemos contestar con Fidel: “Nosotros vemos el cuadro de esta América Latina: cuando más se habla de democracia, más barrios marginales surgen, más decenas de millones de personas viven en esos barrios marginales, más decenas de personas son analfabetas, más decenas de decenas de millones de personas están sin empleo, más decenas y decenas de millones de personas están sin asistencia médica. Y con las medidas del Fondo Monetario Internacional y otras instituciones similares, esta situación, en vez de mejorar en algún sentido, empeora cada vez más, y tenemos países en América Latina donde el 10 por ciento de la población recibe más del 50 por ciento de la renta nacional. ¿Cómo se puede hablar de democracia en esas condiciones?[2]”.3

    “La democracia para mí significa que los gobiernos, primero estén íntimamente vinculados con el pueblo, emergen del pueblo, tengan el apoyo del pueblo, y se consagren enteramente a trabajar y a luchar por el pueblo y por los intereses del pueblo. Para mí democracia implica la defensa de los derechos de los ciudadanos, entre ellos, el derecho a la independencia, el derecho a la libertad, el derecho a la dignidad nacional, el derecho al honor; para mí democracia significa la fraternidad entre los hombres, la igualdad verdadera entre los hombres, la igualdad de oportunidades para todos los hombres, para cada ser humano que nazca, para cada inteligencia que exista”.24

    Para todos los hombres y mujeres, todos los derechos.

    Para todos, todo.

     

     

     

     

     

    [1] entendemos como tales al exterminio de un grupo nacional para reorganizar radicalmente la sociedad pre existente mediante la imposición de una nueva identidad cultural en reemplazo de la originaria.

    [2] Según Infobae: El INDEC reveló que la brecha entre el ingreso familiar promedio del 10% más pobre de los hogares y el 10% más rico llegó a 21,8 veces en el primer trimestre de 2017. Además, el 10% más rico de las familias concentra un nivel de ingresos superior al alcanzado por el 60% de la población de menores ingresos.1

  • Recuerdos navideños

    Como nací en un hogar de orìgen judeo europeo, aunque no eran religiosos, no le dabamos a la navidad mayor importancia.

    Mi primer experiencia «religiosa» fue por 1969 cuando entramos a la Iglesia de Santa Rosa de Lima en Santa Fe para participar en una misa por los caídos y los presos políticos que prosiguió con una colosal marcha del silencio hasta el centro.

    La segunda vez fue la Navidad de 1970 que lo pasè en Moscú cuando no había Mac Donalds y las estatuas de Lenin no tenían vergueza de haber nacido en Rusia.  En una ciudad que casí no registraba el acontecimiento religioso, un grupo de latino americanos reunidos para estudiar teoría revolucionaria adornaron un pino y tomaron abundante vodca y coñac ruso para no olvidar que nuestros pueblos confíán en un Jesús nacido en Palestina que dedicó su vida a luchar contra el Imperio Romano y por la fraternidad y dignidad de los hombres y las mujeres.

    El tercer recuerdo que tengo fue el de la Navidad de 1976, luego de pasar cincuenta dìas en el Centro Clándestino La Cuarta nos llevaron a la Guardia de Infanterìa Reforzada (seguía en Santa Fe) donde nos amontonaron a decenas en una cuadra (esperando el traslado al penal de Coronda) y allì pudimos celebrar juntos la Noche Buena del 76: conseguimos persmiso para el ingreso de frutas y sobornamos a un guardia que nos vendìo alcohol con el cual preparamos algo asì como un clericò clandestino. A la hora de los brindis yo jurè por la Revolucòn Socialista y algunos se enojaron conmigo, creìan que la conducta ante el enemigo iba a modificar su suerte.  Error que se ha repetido infinidad de veces.

    Digo porque es un poco ingenuo «quejarse» de que el gobierno de Cambiemos reprime y bastardea el Estado de Derecho siguiendo el mismo libreto que lleva a Trump a arrasar los pocos derechos sociales del pueblo norteamericano y a pretender disolver en el aire podrido de sus delirios toda la estructura jurìdica e institucional construida por los pueblos tras la victoria sobre el nazi fascismo en 1945.,

    En esta Navidad corresponde luchar por la libertad de los presos y comenzar a pensar en los modos de superar en las calles, en los espacios insitucionales y en todos los espacios de disputa social que existan a un enemigo cruel y perverso que por obtener votos cree que tiene derecho a usar las botas.  Hace un montòn de años el poeta mayor de la izquierda argentina, Armando Tejada Gomez lo decía muy lindo:

    Es esta la lucha, es esta la suerte de los siglos.

    De un lado el jardinero, del otro el asesino.

    El hierro serà el hierro.

    Pero el lirio es el lirio.

     

  • Genocidios.  Mi nuevo libro.

    En los últimos cuatro años, gracias a mi organización , la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, tuve oportunidad de recorrer con cierto detalle los territorios sometidos a las más crueles violaciones a los derechos de los pueblos en Paraguay, Colombia, Guatemala y Palestina.  También fui parte de los juicios contra los genocidas de Argentina y adquirí la costumbre de reflexionar sobre lo visto, vivido y experimentado durante estos viajes y luchas.  Sobre Palestina escribí, en base a dichas crónicas, un libro que ha tenido mucha vida, ha recorrido casi todo el país y también quedó en la Cárceles de Colombia y en la tenebrosa Tacumbú de Asunción del Paraguay.

    Ahora, me he decidido a publicar una larga serie de textos sobre Colombia, Guatemala, Paraguay, Chile y Argentina, muy diversos y muy iguales, todos hablan del largo genocidio americano que comenzó con el golpe de Guatemala en 1954, contra Jacobo Arbens y que creíamos finalizado para fines del siglo pasado para darnos cuenta que nada vuelve como nada se puede entender sin aquella operación genocida que quebró las relaciones sociales, económicas y las culturas populares de resistencia.

    No adhiero a las teorías del retorno a las dictaduras de los 70, nada vuelve igual; el libro, al reflexionar sobre lo ocurrido intenta aportar algunas ideas a definir este nuevo estadío americano justo entre el cruce del fin de dos ciclos: uno largo y otro corto.

    El largo corresponde al iniciado en 1789 con la revolución Francesa y el largo intento de compatibilizar de algún modo el capitalismo con los derechos humanos y la democracia; ese ciclo se fue agotando, y encontró la oportunidad de morir con la derrota de la Unión Soviética en la Guerra Fría en 1991, proclamó su fin con el Acta Patriótica del 2001 para explicitar la contradicción insalvable entre capitalismo y derechos humanos y democracia con el acceso de una pleyade de empresarios brutales, ambiciosos, crueles como los viejos dictadores latinoamericanos: Trump, Temer, Macri, por ahora aunque hay varios que se preparan para sumarse a  la banda de imperialistas  y cipayos que hoy gobiernan en América.

    El corto corresponde al breve periodo histórico en que en una serie de países coincidieron en el gobierno fuerzas que procuraron terminar con la impunidad, aflojar o cortar la dependencia con los centros imperiales, desplegaron políticas de ampliación del consumo y de derechos populares y sociales.  Los golpes de estado, no importa que con máscara democrática, en Honduras, Paraguay, Brasil y Ecuador.  La derrota electoral en Argentina, la transformación de la Unasur y otros ámbitos de integración latinoamericana, menos el Alba y los ámbitos caribeños, en meros instrumentos de la OEA, nos hablan de los nuevos horribles vientos que nos cruzan en América Latina.

    La desaparición de Santiago es el paso más audaz y peligroso en un recorrido (anticipado en la Tercera Muerte del Mito Liberal, que integra este libro) que va desde las democracias formales a gobiernos crecientemente autoritarios que utilizan máscaras democraticas cada vez más minimalistas e insustanciales, instrumentales de la dominación neocolonial en curso

    El libro es un dialogo con esta realidad desafiante y con los protagonistas de las grandes luchas que han cruzado este continente en estos años y por ello se han sumado con reflexiones propias y muy valiosas tres intelectuales militantes de la generación que sostiene lo principal de estas peleas: July Henriquez de Colombia, abogada, dirigente de la Fundación Lazos de Dignidad y activa luchadora por el cumplimiento de las promesas inscritas en el acuerdo de Paz para los presos y defensores de los derechos humanos; Fabricio Arnella, joven paraguayo animador principal de la lucha solidaria con los campesinos de Curuguaty y los Seis Campesinos presos en Tacumbú, el Pollo Fabricio es miembro destacado del Comité Central del Partido Comunista Paraguayo, el partido de Casabianca y Maidana y la argentina es mi compañera y amiga Malena Silveyra, socióloga, animadora de toda clase de proyectos de investigación sobre los juicios contra los genocidas y protagonista de una experiencia de acercamiento de los estudiantes universitarios a los juicios que la hace especialmente preparada para reflexionar sobre mis aportes y la de July y Fabricio.

    Como todos mis libros se hizo a pulmón, entre amigos y compañeros.  Con imprenteros militantes, ilustradores y correctores que hacen su trabajo militante, por el gusto de hacerlo, no por dinero.

    Los que quieran adquirirlo de manera directa, pueden preguntar detalles en este blog o de modo privado por las redes sociales.

     

     

     

    No


  • Los organismos de derechos humanos nos sumamos al reclamo y movilización de las y los trabajadores contra una reforma previsional que es un despojo a jubilados, pensionados, titulares de asignación universal con el objetivo explícito de pagar la deuda externa y la  fuga de capitales que propicia y aprovechan los sectores económicos que hoy nos gobiernan.  Estaremos junto a ellos en las calles este lunes 18 de diciembre.
    Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora
    Hijos. Capital.     
     Asamblea Permanente por los Derechos Humanos
    Apdh La Matanza.  
    Liga Argentina por los Derechos del Hombre.
    Buena Memoria. 
     Fundación memoria histórica y social Argentina. 
     Movimiento Ecumenico por los Derechos Humanos.
     .  
      Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.

    memoria verdad y justicia zona Norte

  • Para los derechos humanos, revolución

    ¿Se pueden sacar algunas conclusiones de la lucha de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (de aquí en adelante, la Liga) desde 1937 en defensa de los presos políticos, los perseguidos y torturados de todos los gobiernos, los espacios democráticos y los valores humanistas, en general? Intentemos.

    Un intento de periodización.  En pos del mito de que “la lucha por los derechos humanos nació en 1976” (o un poco antes), los historiadores, académicos y algunos militantes de derechos humanos, borran la fundación de la Liga en 1937, y con ello, toda la historia previa de generosa lucha obrera y popular. Propongo tres grandes periodos históricos de lucha por los derechos humanos en el país: el primero, de 1902 a 1937; el segundo desde 1937 a 1975 y el tercero desde esa fecha hasta ahora mismo. Ubico el nacimiento de la lucha por los derechos humanos en 1902 (convencionalmente, porque en realidad San Martín, Moreno, Monteagudo, Castelli y Belgrano son los fundadores de la tradición popular nacional y humanista) tras la sanción de  la Ley 4144, una ley represiva nítidamente burguesa; los obreros nucleadas en la FORA convocaron a una huelga general en su repudio.  Es de esa lucha obrera, y también de la de campesinos pobres arrendatarios (1912, Grito de Alcorta), habitantes de conventillos (huelga de 1902) y estudiantes universitarios (Reforma Universitaria de 1918, en Córdoba) que surgirán comisiones por los presos políticos en los sindicatos, en los centros de estudiantes, en el anarquismo, el socialismo y el comunismo. La más notoria de ellas fue el Socorro Rojo Internacional que alcanzó músculo y presencia importante. Luego del golpe de 1930, del antifascismo y la lucha por las libertades públicas contra el autoritarismo de Uriburu y Justo, nació la Liga como una expresión de frente único antidictatorial y antifascista. Socialistas, radicales, comunistas y demócrata progresistas la conforman. Nombres llamados a ser históricos la integran: Frondizi, Lisandro de la Torre, Bravo, Sánchez Viamonte, Alcira de la Peña, Ezequiel Martínez Estrada y muchos más. Durante las siguientes dictaduras surgidas de los golpes de 1930, 1943, 1955, 1962 y 1966, la Liga actuó con centralidad en el terreno de la defensa de los presos. De todos los presos, desde los anarquistas hasta los primeros guerrilleros peronistas de Taco Ralo. Desde Juan Ingalinella (desaparecido en 1955) a Felipe Vallese (desaparecido en 1964). Fue para finales de los sesenta, que surgieron nuevas organizaciones solidarias con los presos políticos, de la mano de la nueva izquierda peronista y guevarista, fundamentalmente.  De ellas fue la Gremial de Abogados la que logró cierta preponderancia y pagó muy caro su compromiso con Trelew, Villa Constitución y las victimas de la Alianza Anticomunista Argentina creada por los gobiernos de Perón, Isabelita y López Rega. Numerosos abogados de la Gremial fueron asesinados o desaparecidos. En vísperas del Golpe del 24 de marzo de 1976, nacen la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos y el Servicio Paz y Justicia.  Luego vendrían las Madres y las asociaciones de familiares de víctimas.

    Fortalezas y límites de la lucha por la Memoria. Desde entonces el centro de la lucha por los derechos humanos fue la impugnación del genocidio. Con esa lucha se logró el proceso de Memoria, Verdad y Justicia al que contribuimos y siempre celebramos.  Ese fue su gran aporte. Difícil de exagerar en su importancia dado que la aporía argentina es justamente la presencia cotidiana y real de los desaparecidos en la vida política argentina. Cada vez que salen a la calle conmueven la sociedad como en mayo del 2017 en que abortaron el proyecto “Impunidad de la Corte Suprema”, el Dos por Uno. Pero también su límite casi infranqueable.  La mirada de la realidad desde la perspectiva de la posición de víctima resultó fatal en el momento de relacionamiento con el Alfonsinismo, el Frente Grande y sobre todo con el Kirchnerismo. Satisfechas las principales demandas relativas a la cuestión de Memoria, Verdad y Justicia se fue perdiendo la distancia imprescindible frente al Estado, cualquier Estado, que permite la defensa irrestricta y permanente de todos los derechos para todos. Por ese camino se fue idealizando el “orden institucional”, la “división de poderes”, las “garantías y pactos internacionales”, las leyes y reglamentos y hasta el mismo Código Penal y el Poder Judicial.  Y al entrar a una nueva etapa, de  tránsito desde la democracia formal hacia un autoritarismo con máscara democrática (que algunos simplemente denominan como de perdida del Estado de Derecho, lo que  para los fines didácticos sería casi lo mismo) los límites del “legalismo”, las ilusiones en la CIDH, la CPI y la ONU conspiran contra la contundencia del reclamo no sólo de respeto al proceso de conquistas logradas sino, y sobre todo, para enfrentar un proyecto político, económico, social, militar y geoestratégico de reorganización capitalista neocolonial con arrasamiento de todo derecho popular. Es notoria la incompatibilidad del capitalismo con los derechos humanos y la transformación del capitalismo argentino, es decir nacional, en una porción subordinada del mundo dominado por el Imperialismo norteamericano, potencia global única desde finales del siglo pasado.  La perspectiva antimperialista es la única teóricamente aceptable, éticamente sostenible y políticamente eficaz. Es la mejor herencia de los comunistas, la de Victorio Codovilla, la de Rodolfo Ghioldi y el centro del pensamiento de Patricio Echegaray. Ahora sí que tenemos que ser una Patria Grande y pensarnos como sujeto pueblo que defienda en toda la región sus derechos como uno solo, y reaccionar con solidaridad inquebrantable ante el ataque del Imperialismo a cualquiera de nosotros. Defender las conquistas en Cuba, Bolivia y Venezuela no es sólo una cuestión de dignidad sino de inteligencia práctica. Son ellos los que nos acompañan en el reclamo por Milagro, por Santiago, por nosotros mismos. La perspectiva antimperialista resulta en el mundo y en la Argentina de hoy el modo más realista de luchar contra la subordinación nacional, la súper explotación de los recursos naturales, la expoliación y la dominación. ¿Se puede luchar por la libertad de Milagro o por Justicia para Santiago sin luchar contra los Blaquier o los Benetton?  Y denunciar el proyecto extrativista de Benetton y el usufructo desaforado del azúcar por parte de Blaquier, ¿puede tener otro sentido que la denuncia del capitalismo que ellos sostienen?.  Es hora de llamar a las cosas por su nombre, al pan pan y al vino vino; y a la lucha por los derechos humanos, lucha contra el orden vigente, contra el sistema capitalista mundial y el modo capitalista argentino vigente.  Claro que las palabras no son mágicas y decir lo correcto no resolverá los problemas de legitimidad social que nuestra causa ha sufrido por la acción del Terrorismo de Estado y sus efectos a largo plazo, por las llamadas “democracias neoliberales” y aún de las “democracias progresistas”.  Pero será un paso para que nadie se aproveche impunemente de nuestras luchas. Para que no volvamos a luchar, con el heroísmo con el que luchamos en los ’80, para que  gobierne Alfonsín. Para que no volvamos a luchar, con la valentía que luchamos contra el menemismo en los ’90,  para que Chacho Álvarez nos entregue a los De la Rúa, los Cavallo y las Bullrich de la Alianza. Y para que no volvamos a luchar por profundizar un proceso progresista y terminar en el infierno dantesco del Macrismo que justifica sus peores crímenes, incluido el de Santiago Maldonado, en los supuestos actos de corrupción del kirchnerismo. Claro que no convalidamos ningún acto de persecución (como los sufridos por Milagro, Boudou o De Vido)  pero es  hora de poner la lucha por los derechos del pueblo en una nueva senda. Aquella que nos marcaran San Martín y Monteagudo al señalar el dominio imperial español como el enemigo a combatir.  La Liga, a poco de crearse, fue parte de un Congreso contra el racismo y el antisemitismo realizado en 1938 en Buenos Aires, es decir contra el fascismo en alza. Fue parte de los esfuerzos universales por frenar la agresión imperialista del Eje Alemán, Japonés e italiano. Ese era el modo de ser antimperialista en aquellos años.  Y continuamos siendo antimperialistas año tras año, período histórico tras período histórico. Con los pueblos victoriosos, por mucho o poco tiempo, como el de Cuba, Viet Nam, Nicaragua, Venezuela ó Bolivia. Y en los momentos de las derrotas profundas, como la de Chile en el 73 ó la ininterrumpida del pueblo palestino desde 1948. Hemos sido sostenedores de la causa de la Patria Grande en los años de gloria de la integración latinoamericana y seguimos sosteniendo la causa de la unidad de los pueblos, ahora que todo lo sólido parece desvanecerse  en el aire.  Por eso es que la primera enseñanza de tantos años de lucha es que no hay lucha por los derechos humanos verdadera y con posibilidades de éxito que no se sostenga en el antimperialismo consecuente y el internacionalismo humanista. Y eso haremos. A los ochenta años de aquellas luchas, con la carga de legitimidad social nacional e internacional que ganamos, la Liga está llamada a convocar a la unidad de las fuerzas humanistas de la Patria Grande, a los luchadores por la liberación nacional y la revolución social del siglo XXI. A unirnos en una corriente antimperialista para enfrentar la oleada reaccionaria y represiva y para volver a colgar un horizonte socialista en el cielo de nuestra América, el mismo cielo de San Martín y Bolívar, de Allende y el Che, de Chávez y de Fidel. Una corriente antimperialista que tenga la dignidad humana como bandera.