• Historia del ocultamiento de una desapareción por parte del Juzgado Federal de Santa Fe, y de cómo el Pejota Santafecino funcionó como guarida para los represores.

    El próximo martes, 15 de junio, acaso semioculto por el fervor mundialista, comenzará en Santa Fe el juicio oral por el asesinato de Alicia López Rodriguez de Garraham, una maestra del norte santafecino, secuestrada en la ciudad de Santa Fe en octubre de 1976, torturada y violada salvajemente en la Casita y “depositada” en la secccional Cuarta de Policía, un conocido Centro Clándestino de Detención y Torturas, ubicado en Bv. Zavalla y Tucumán, cuyo jefe al momento del crimen, el Comisario Mario Facino, es el único acusado de su asesinato, como si el ya condenado policía (recibió condena de 20 años en el juicio Brusa concluido el 23 de diciembre de 2009) no fuera parte de una cadena de mandos policial, militar y estatal que lo tenían a él como subordinado y como jefe.

    Pero la historia de este juicio tiene algunas particularidades que se suman a las clásicas limitaciones que tiene la Justicia Argentina al momento de pretender juzgar un Genocidio con las melladas armas jurídicas de un Código Penal vestusto y pensado para otras lógicas criminales.

    En la primera etapa pos dictatorial, allá por 1984, numerosos militantes que habían pasado por el circuito santafecino represivo (La Cuarta, la Casita, la Guardia, Coronda o Devoto) reconocieron a la Cuarta como uno de los más de quinientos centros clandestinos por los cuales transcurrió el Terrorismo de Estado, también se dejó constancia ante la Conadep de la desaparición de Alicia López y de la “particular” articulación entre el Area Militar 212 (Santa Fe), los grupos de tareas de la llamada Inteligencia de la Policía Provincial, la seccional Cuarta y el Juzgado Federal Número Uno.

    Cómo casi todos saben, los pocos intentos de avanzar judicialmente en aquellos años fueron sepultados por la decisión alfonsinista de imponer las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que luego fueran remachadas por los indultos menemistas.

    Sin embargo, ni la lucha contra la impunidad ni la labor de denuncias cesó un instante.  Puntualmente, en 1992 la decisión del Senado de la Nación de designar Juez Federal de la Nación al torturador Víctor Brusa , colaborador primero y secretario después del Juez Mantaras durante la dictadura y activo protagonista de la represión más cruel y perversa, desató una larga serie de presentaciones ante la Audiencia Nacional Número Cinco de Madrid y de denuncias periodísticas (conviene homenajear a quienes fueron siempre los más receptores de nuestras denuncias: el suplemento Rosario 12 de Pagina) hasta lograr que en setiembre de 2001, se pidiera la extradición de un grupo de represores (casi exactamente los que serían condenados en el 2009) que fuera rechazada por el gobierno de la Alianza con la firma de De la Rúa y su ministro de Defensa Jaunarena, pero que nos daría pie para apelar ante el Procurador General de la Nación al cumplimiento del Pacto de Extradición entre el Reino de España y la Argentina, que obliga al país denegante del pedido a abrir una causa judicial, lo que logramos con la decisión del Juez Cavallo de diciembre de 2001 de abrir una causa y luego remitirla a la ciudad de Santa Fe, donde llegó en mayo de 2002 para que el Juez Rodriguez se sumara a quienes venían declarando la inconstitucionalidad de las leyes de impunidad, por lo que decidió abrir lo que luego sería la causa Brusa.

    Fue entonces que un grupo de sobrevivientes, Almada, Córdoba, Pintos y yo mismo, al momento de declarar en sede judicial nombramos que entre octubre y noviembre de 1976, una mujer menuda, muy debilitada, golpeada y violada, que se caía al salir de su estrecha celda para ir al baño y se desmayaba de hambre en su “tumba”, había estado entre nosotros.  En una pequeña celda que llamabamos “tumba” que estaba pared por pared con la mia, más grande y sin puerta maciza, que daba a algo así como un patio, la cocina y el baño.

    Aunque me costó, y me cuesta mucho, sostener su recuerdo los compañeros me han confirmado que con Alicia hablabamos (como se hablaba en los centros clandestinos: cuando no te veían los represores, a medias palabras y con la ayuda de alguna canción o alguna poesía); asi celebramos su cumpleaños y fue Alicia la que le explicó a Graciela Rosello el 1º de noviembre de 1976, por entonces mi esposa y luego madre de dos de mis hijos, que estaba en la Cuarta, que yo mismo estaba al lado de su celda y que ella era la que era, Alicia López, maestra del norte santafecino que había buscado refugio en la ciudad de Santa Fe cuando apresaron a su marido, abogado de las Ligas.

    En abril de 1999, Rosario 12 publicó una nota con foto que me permitió ordenar los recuerdos y ponerle nombre a ese recuerdo obsesivo que me perseguía: una mujer que se caía en el pasillo que iba al baño y que me miraba como clamando ayuda.

    Sin embargo, a pesar de nuestro testimonio, el Dr. Reinaldo Rodriguez, Juez Federal que había reemplazado al Dr. Víctor Brusa cuando éste fuera destituido por el Consejo de la Magistratura en el 2000, al momento de dar por cumplimentada la instrucción en diciembre de 2005 (tomese nota que entre el momento de la decisión de Rodriguez y la condena a los represores pasaron exactamente cuatro años!) el caso de Alicia no estaba en las acusaciones que se hacía a los represores.

    Grande fue mi sorpresa cuando al entrevistarlo, junto a un grupo de ex presos políticos y querellantes, al preguntarsele sobre el ocultamiento de la desaparición (entonces no estaba claro que había sido asesinada en la Cuarta) de Alicia,  el Juez Rodriguez respondió que “se había olvidado de sumar el caso al auto de elevación”

    Se había olvidado de una desaparecida!.

    De la única desaparecida denunciada por lo que la causa sería solo por privación ilegitima de la libertad, tormentos y torturas, como finalmente resultó el juicio oral que culminó en diciembre, como si fueran crimenes aislados, cometidos por gente diversa y no el resultado esperado de un plan de exterminio elaborado previamente con la participacióno de todo el Estado y el estimulo del imperialismo norteamericano y sus agencias  (por ejemplo, el jefe de Inteligencia del area 212, que debió ser juzgado y falleción antes del Juicio contra Brusa, estudió en la Escuela de Panamá, el centro más importante de formación de genocidas que tuvieron los yankees en la decada del 70).

    Según consta en el expediente, en marzo de 2005 realizamos una presentación judicial pidiendo la ampliación de la indagatoria a Facino por Alicia, así como luego pedimos la misma acción judicial por nuestra calificación de Genocidio de los crimenes cometidos; ninguno de nuestros pedidos fue cumplido, ni siquiera contestado y ni siquiera tomado en cuenta ya que al abrirse una nueva causa judicial por Alicia López (mismos represores, mismos sobrevivintes, mismos acusados, mismos testigos, mismo lugar del crimen, mismas pruebas pero otra causa judicial, así se construye la impunidad desde la Justicia) ni siquiera mencionan los pedidos reiterados de ampliación de indagatoria.

    Y aún más, al elevarse finalmente la causa a juicio oral, el Juez Corti avaló el criterio excluyente que había sostenido el Juez Rodriguez y así fue que en la causa Brusa, contra todo criterio jurídico y de verdad histórica, no se trató el caso Alicia López.

    Como si Alicia no hubiera pasado por la Cuarta cuando estaba Facino de Jefe, el Curro Ramos iba a torturar y el Dr. Brusa tomaba declaraciones como si eso fuera el Palacio de Justicia de Bruselas, como si su desaparición o asesinato fuera un hecho ajeno a lo que se discutió en la causa Brusa.

    En los largos años de impunidad han fallecido algunos de los represores que fueran acusados en la causa Alicia: Nestor Correa, oficial de inteligencia que fuera visto por el compañero Almada (también fallecido) arrastrando a Alicia, el Coronel Juan Rolon que era el Jefe del Area militar 212, por esa razón no estuvieron en el banquillo de acusados en la causa Brusa, ni lo estarán ahora; pero el caso Alicia López habilita una serie de preguntas sobre la impunidad santafecina.

    Algunas de ellas las formuló el compañero Coco Pedraza, ex preso político, de identidad peronista actualmente Director Provincial de Investigación y Reconstrucción de la Memoria Histórica,  en febrero de este año al momento de publicarse la lista de agentes civiles del 601 (en cursiva sus preguntas, en normal mis acotaciones):

    Por qué se confeccionó en el despacho del general Trimarco en 1983 la lista de diputados nacionales encabezada por Sobrino Aranda ?

    Vernet, hombre de la UOM, sería el primer gobernador pos dictadura, encargado de garantizar la impunidad del Poder Económico, de los Medios de comunicación y la Justicia

    Por qué se incorporaron legisladores nacionales y provinciales (dos del norte y dos de Santa Fe), que habían integrado los Grupos de Tareas y las filas de PCI ?

    Y por qué se permitiría luego que el Curro Ramos y Mario Facino, a pesar de todas las denuncias en su contra, se afiliaran al Pejota y luego se candidatearan y hasta Facino ganara la presidencia de la Comuna de Rincón, para luego compartir boleta con el “Tigre” Cavallero, ex Socialista y ahora supuesto progresista, en las elecciones de 1995 o con Luis Rubeo en el 97?, y todo esto después que  desde 1992 yo mismo lo denuncié como Jefe de la Cuarta y responsable del Centro Clandestino ante la Audiencia Nacional de Madrid y ante cada camara, microfono o diario que aceptara mi denuncia.

    Por qué se dio vía libre, durante el ministerio de Caíto Cevallo, para robarse los archivos Conadep en los Tribunales de Rosario ?

    En octubre de 1984, un grupo de tareas se robó el equivalente a una habitación llena de archivos, entre ellos todo lo referente a Martínes de Hoz, Acindar y el Operativo Represivo de 1975, tal como lo documento en mi libro “Tito Martín, el Villazo y la verdadera historia de Acindar?  Ahh, el caso sigue impune, como el compromiso de Acindar y otras Grandes Empresas del Cordón Industrial rosarino en la represión y los planes de reconversión que cambiaron drasticamente la región, hasta hoy mismo.

    Por qué se incorporaron a la Defensoría del Pueblo de la provincia a por lo menos dos PCI ?  Por qué se permitió reciclarse en la administración pública y en la policía a un sinnúmero de agentes de inteligencia ?  Por qué se incorporaron a funciones de gobierno a represores como los tenientes coroneles Riegé y Bernhardt y al genocida Nicolás Correa, que llegaron a manejar la policía en democracia… ?

    Porque nunca se cortó la continuidad de una cultura represora que tiene raíz histórica en aquella Policía de los Cardenales que en la decada del 20 la Provincia permitió armar a La Forestal para que aplaste la rebelión de los obreros y mensues y que se mostró sobreviviente a tantos años de “transición democrática” con el asesinato del Pocho Leprati, Graciela Acosta y todos los compañeros que Reutemann mandó asesinar en diciembre de 2001

    Por qué se promovió a Brusa como juez federal, que rearmó la justicia a gusto y paladar ?

    En el juicio a Brusa denunciamos que fue Reutemann quien vence la resistencia interna y sostiene a Brusa contra mis denuncias, años después el fraude electrónico contra el Socialismo Popular, convalidado por Brusa, daría una de las posibles respuestas a la pregunta que todavía ningún Juez se animó a hacerle a Reutemann

    Por qué se dio un abultado apoyo publicitario a grupos mediáticos apologéticos del terrorismo de Estado… ?

    Algunas de estas preguntitas se irán resolviendo en estos juicios, otras habrá que contestarlas en la lucha social contra el continuismo de una dictadura que en la provincia tiene mil rostros, pero que ahora, a pesar de todo lo que hizo, se tendrá que enfrentar al de Alicia López.

    Ese rostro que no soportaban en el juicio contra Brusa y pretendían borrar su foto de la sala, como borraron su vida de nuestra historia; pero ni una cosa ni la otra la pudieron.

    Cómo escribí en aquellos días

     

     

    Pero te temen.

    Será entonces

    que no les duele

    tu ausencia

    sino la dura

    presencia

    de tu ausencia

    Porque hay

    presencias vacías

    y hay ausencias

    que acusan

    con más fuerza

    que un grito.

    Y eso eres,

    ahora comprendo,

    el grito

    indómito

    de aquellos

    que creyeron borrar

    y los hicieron

    sueños

    de esos que nunca morirán.

     


  • 27 de marzo de 2005

    UNA NUEVA INDAGATORIA PARA EL ACUSADO TORTURADOR MARIO FACINO

    El hombre que tiene las respuestas

    Es el ex jefe de la Comisaría 4º de Santa Fe. Quieren que el juez le pregunte por Alicia López, que desapareció de ese lugar

    Por Juan Carlos Tizziani


    Alicia López de Rodríguez, maestra desaparecida en la dictadura. Mario Facino, ex comisario.
    «Si le imputan desaparición forzada de personas (a Facino), su situación se complicaría más».

    Un querellante en la causa que investiga el terrorismo de estado en Santa Fe pedirá al juez federal Reynaldo Rodríguez una nueva indagatoria del ex jefe de la comisaría 4º y hoy presidente comunal de San José del Rincón, Mario Facino, para que explique el destino final de una joven maestra desaparecida, Alicia López de Rodríguez, quien sufrió los peores suplicios en las celdas de la 4¬ y quedó al borde de la muerte, según el relato de sobrevivientes del centro clandestino. «Facino tiene que decirnos qué pasó con Alicia, a quién se la entregó y dónde la llevaron», dijo José Schulman, que presentará el escrito judicial el martes próximo, en los Tribunales Federales. Schulman estuvo detenido dos veces en la 4º: la primera, desde el 12 de octubre hasta mediados de noviembre de 1976, donde vio a una joven que sufría desmayos por su diabetes, pero recién asoció aquel recuerdo con el rostro de mujer cuando Rosario/12 publicó una foto de Alicia hace seis años, el 4 de abril de 1999, con un relato del horror. «Ahí la reconocí, supe quién era», comentó. La memoria persiste a pesar de los silencios y el olvido: el nombre de ella ni siquiera figura en las listas de los docentes desaparecidos.

    Alicia era la esposa del abogado Luis Juan Rodríguez, militante de las Ligas Agrarias en los `70 y hoy juez penal de Sentencia Nº 3 de Santa Fe. El 21 de octubre de 1976 a la medianoche, un grupo de tareas allanó la casa del matrimonio, en Sargento Cabral 1345, en el barrio Candioti. Lo buscaban a él que ya estaba preso en la cárcel de Rawson. Pero se la llevaron a ella. «Era personal de las Fuerzas Armadas», denunció después la madre de Alicia, Lucía Delia Garrahan de López en un recurso de hábeas corpus. Una definición certera de la patota: ya se sabe que en Santa Fe operaba el Ejército, y más concretamente el Destacamento de Inteligencia Militar 122.

    Después del operativo, Alicia apareció en la seccional 4º que estaba a cargo de Facino, pero bajo el control operacional del Ejército. Por lo menos cinco testigos la vieron en los calabozos y dijeron haber hablado con ella: Raúl Pintos y Alejandro Faustino Córdoba -que dejaron su testimonio ante la Conadep, en 1984‑, Eduardo Almada -que declaró en la causa que instruye el juez Rodríguez, el 29 de abril de 2003‑ y ahora Schulman. El quinto sería un ex policía de apellido Vázquez que trabajó como chofer de la seccional 4º y que le dijo a Córdoba -con quien se encontró en la cárcel de Coronda‑ que «estaba seguro de que la habían matado».

    Schulman dijo que el martes insistirá con una presentación que ya hizo en agosto de 2003 y que el juez Rodríguez aceptó en parte. «Quedan algunos temas pendientes que son muy importantes y uno de ellos es la imputación a Facino por la desaparición forzada de Alicia López a quien yo ví con vida en la seccional 4º en los últimos días de octubre de 1976», relató. «También la vio el compañero Almada, según lo ratificó en este juicio y estamos preparando una lista de detenidos que pasaron por la 4º a fines de octubre de 1976 que es la fecha estimada que desapareció Alicia López», explicó.

    «Vamos a pedirle al juez que amplíe la indagatoria de Facino y el auto de procesamiento para que además de los delitos que le imputó (supuesta privación ilegítima de la libertad agravada, vejaciones, apremios ilegales, coacción, tormentos y asociación ilícita) incluya la desaparición forzada de personas, con lo cual la situación de Facino se complicaría muchísimo más», advirtió Schulman.

    ‑¿En qué circunstancias vio Alicia López en la seccional 4º? -se le preguntó.

    ‑Yo fui detenido el 12 de octubre de 1976 por la patota del (fallecido ex jefe de Inteligencia de la Policía de la provincia, comisario Carlos Osmar) Rebechi y (Eduardo) Ramos. Estuve en una celda que daba al patio de la seccional 4º hasta mediados de noviembre que me trasladaron a la Guardia de Infantería. A fines de octubre, apareció en una celda muy pequeña, a la que nosotros llamábamos ‘La tumba’ que estaba a la derecha de la celda grande que daba al patio, una compañera que me llamó mucho la atención porque se desmayaba de un modo continuo. Eso nos preocupó mucho. Entonces, hablando a los gritos, de noche, le preguntamos que le pasaba y ella nos dijo que era diabética, que necesitaba comer cada tres horas y como en la seccional 4º daban de comer una vez al día una comida poco proteica, una sopa de mierda con fideos, una cosa muy mala, entonces le bajaba el nivel de glucosa y se caía. ¿Por qué me quedó ese recuerdo? Porque mi papá había muerto poco antes de diabetes y yo crecí en un hogar donde teníamos absolutamente claro lo que significan los golpes de glucosa, la insulina, el azúcar, así que me quedó grabada esa imagen. Durante mucho tiempo seguí sin saber quién era esa mujer hasta que Rosario 12 publicó (el 5 de abril de 1999) una foto de Alicia. Ahí la reconocí. Y todo concordaba: las circunstancias, las fechas.

    «Alicia fue secuestrada el 21 de octubre de 1976, así que todo encaja exactamente en este cuadro, entonces es elemental preguntarle a Facino quién se la llevó. En su testimonio, Almada, dice haber reconocido a (Nicolás) Correa, pero yo no lo recuerdo. No me topé con Correa. A mi de trató el otro grupo de Rebechi y Ramos. Por eso pedimos la indagatoria de Facino -dijo Schulman. Y agregó que «lo que sí estoy seguro es que yo vi a Facino el 17 de octubre de 1976 en la 4º. Que él era el jefe de la comisaría, no tengo dudas. Y que allí también vi a Alicia López hacia finales de octubre de 1976, que ella se desmayaba por la baja del azúcar y después desapareció. Ahora, Facino tiene que decirnos qué pasó con Alicia, a quién se la entregó y dónde la llevaron», agregó.

    Otros dos sobrevivientes de la 4º, Raúl Pintos y Alejandro Faustino Córdoba, también son testigos del ensañamiento. Rosario/12 ya publicó sus testimonios («El martirio de Alicia», 23 de marzo de 1997 y «Detrás de las paredes», 5 de abril de 1999).

    «En la comisaría 4º había una tal Alicia, que era esposa de un abogado, que fue torturada y violada, que estaba en muy malas condiciones físicas», declaró Pintos ante la Conadep, en 1984. El relato de Córdoba es coincidente. Los dos mencionan a Schulman y a otros detenidos, entre ellos Pablo Núñez, de Reconquista.

    TESTIMONIOS DE SOBREVIVIENTES DE LA COMISARIA 4ª DE FACINO

    Los que volvieron del horror

    Por estos días el intendente de San José del Rincón, Mario José Facino, está en el ojo de la tormenta. Mandó a patotear a HIJOS y Madres organizadores de un escrache en su contra y quedó firme la decisión judicial en España de procesarlo por genocidio y terrorismo de Estado. Aquí, recuerdos de su gestión al frente de la comisaría 4ª en Santa Fe durante la dictadura.

    Por Juan Carlos Tizziani

    Desde Santa Fe

    Mónica Martínez de Viola contó su historia ante la Conadep el 7 de setiembre de 1984. En estos catorce años nunca aceptó hablar con la prensa, pero rompió el silencio con Rosario/12 para contar cómo sobrevivió en la seccional 4ª a fines del ’76, cuando Mario José Facino era el jefe de la comisaría. Su relato se hilvana con el de Aníbal Sánchez y Julio Niemes, dos de sus compañeros en el circuito del terror. Los otros testimonios, entre ellos el de su marido Rubén Viola -fallecido hace un año- y Carlos Etchegoy, pueden encontrarse en el Nunca Más. La marca de aquellos días sigue tan abierta como que hoy -y lo dicen- su vida se divide entre un antes y un después de la 4ª. No son los únicos, por allí pasaron muchos otros que hablaron y seguirán hablando para ponerle palabras a la ignominia.

    Celdas /subtítulo

    «En la seccional 4ª nos tenían en celdas muy pequeñas», dijo la señora Martínez. «Yo estaba con Alba Acosta de Azulay y en las otras, mi marido Rubén Viola, Carlos Etchegoy, Julio Niemes y Aníbal Sánchez. Los seis estuvimos juntos», dijo. El grupo recorrió el circuito represivo de Santa Fe: la Policía Federal, el Servicio de Informaciones (en San Martín y Obispo Gelabert) hasta llegar a una casona que está a sólo dos cuadras de la Casa de Gobierno, frente al convento de San Francisco. Fue Mónica la que reconoció el lugar, una ex sede de la Unión de Docentes Argentinos, por los carteles que habían quedado y los ruidos que se filtraban de la calle. «Estabamos tabicados, esposados, pero las vendas se corren y nos arreglabámos para ver. Era una casa vacía, sin muebles, no había nadie, sólo nosotros y dos guardias armados que nos custodiaban», afirmó. Hoy cree que en esos diez días del secuestro, alguien decidía su destino: la vida o la muerte.

    Después los llevaron a la seccional 4ª. «A Facino nunca lo vi, no lo conocí. Pero es imposible que no supiera lo que sucedía ahí, es imposible. Vivíamos en condiciones infrahumanas. El era responsable de lo que estaba pasando», expresó Mónica. «Prácticamente no nos alimentaban. La comida era mínima, casi siempre un mondongo hervido y sucio. Alba que estaba conmigo no lo podía soportar, lo vomitaba. Entonces dejó de comer. Vomitaba en la celda y no nos dejaban limpiar. Bueno, a mi no me hacía mal, soy una persona sana y no sufría del estómago. Entonces ella me daba su comida y yo comía el doble. Me propuse que no me iban a matar, por lo menos de hambre. Ella salió piel y huesos, practicamente no se podía sostener. A los muchachos les pasó lo mismo, los tenían que llevar porque casi no caminaban…»

    -¿Qué piensa hoy, después de 23 años?

    -Creo que Facino es absolutamente responsable de lo que pasaba en la 4ª. Era el comisario. Es imposible que no supiera la cantidad de gente que había y pasaba por allí, el estado en que estábamos y el tipo de atención que recibíamos, nos moríamos de hambre, de calor. No nos cambiamos de ropa durante dos meses y cuando llegamos a la Guardia de Infantería la tuvimos que tirar por el olor y el estado en que estaba.

    Régimen /subtítulo

    Aníbal Sánchez trabaja hoy como maestro en Villa Ana, en el norte santafesino. Tiene 46 años. Cayó en Rafaela el 3 de noviembre de 1976 y recorrió el mismo circuito represivo de Santa Fe: lo torturaron en el Servicio de Informaciones; permaneció secuestrado durante diez días, encapuchado y esposado -junto a Niemes, Etchegoy, Viola, Martínez y Acosta de Azulay- en la ex sede de la UDA. Más tarde lo trasladan a la comisaría de Facino. «Nos llevaron a los seis. Era el 3 de diciembre cuando llegamos a la 4ª, siempre en calidad de desaparecidos», recordó en un diálogo con Rosario/12. «En la 4ª nos tenían en una celda chiquita, de a dos. Yo estaba con Julio Niemes, nos sacaban una vez por día para ir al baño… si tenías otra necesidad debías arreglartela dentro de la celda. Nos daban de comer una sola vez por día, un ‘sancocho’ con algunos huesos… Adelgazamos cualquier cantidad».

    Sánchez tiene muy fresco aún el ciclo que comenzaba después de la medianoche: «los movimientos eran incesantes, entraba y salía gente, se escuchaban gritos, ruidos de armas, de vehículos…».

    -¿Lo vio alguna vez al comisario Facino?

    -No me acuerdo de él. Por eso le digo la fecha: estuve en la 4ª desde el 3 de diciembre de 1976 hasta el 6 de enero de 1977. Había mucha gente, pero no recuerdo nombres, sé que llevaron heridos. Después, volví a la comisaría 4ª en mayo del `77, cuando me sacaron de (la cárcel) de Coronda, junto con un correntino, un muchacho que era de Goya, de apellido Fernández. Ahí sí vinimos para la tortura. Nos golpearon a la entrada, a la noche nos encapuchaban para llevarnos a la delegación de la Policía Federal, nos torturaban y después nos traían. Generalmente hacían ese operativo durante dos o tres días, nosotros estuvimos diez días para reponernos y volver a Coronda. Era tal la golpiza que sufrimos que nos dejaron en la 4ª.

    -¿Usted lo vio a Brusa?

    -Yo no lo vi en la tortura, porque estaba encapuchado. Pero de la tortura, directamente nos llevaban a otra oficina de la 4ª, donde nos tomaba declaración.

    -¿En una habitación lo torturaban y en la otra Brusa tomaba las declaraciones?

    -Sí, sí.

    Rehenes /subtítulo

    Julio Niemes vive en Reconquista. Su relato es coincidente con el de Aníbal Sánchez, aunque él fue detenido antes: el 12 de octubre de 1976. Pasó por los mismos lugares hasta que el 5 de enero de 1977 -ya legalizado- lo llevaron al penal de Coronda. «La seccional 4ª era un centro clandestino, vivíamos esposados de pies y manos, creo que éramos rehenes, estaban decidiendo que íban a hacer con nosotros. Porque si pasaban tres o cuatro días y no te reconocían eras ‘boleta’». Niemes dijo que en esos meses del ’76 no lo vio a Facino, pero no tiene dudas sobre su responsabilidad, como jefe de la comisaría.

    En cambio recuerda bien a otro personaje que se cruzó en su vida, tiempo después, en 1977: Víctor Brusa. «Te interrogaba, participaba, hacía preguntar, a veces era tan descarado que el mismo preguntaba. Recuerdo un día que llega tarde y la patota le pregunta que le había pasado: ‘se me rompió el auto’ en tal lugar, le contestó. Y da la casualidad que cuando nos tomaban declaración, sonó el teléfono. Estaba (el juez) Mántaras; Brusa escribía lo que declaraba, mejor dicho me preguntaba si era cierto lo que había dicho en la tortura. Sonó el teléfono y lo llaman: `bueno, vos sabés que no pude ir porque se me rompió el auto’, dijo. En esas situaciones se agudiza el oído, entonces alcancé a escuchar que era la voz de él. Cuando estaba en la tortura oigo que un tipo llega tarde porque se le rompe el auto, y después escucho exactamente la misma voz. Además hubo compañeros que lo vieron», relató Niemes.

    Violada /subtítulo

    Liliana tenía 20 años en 1976 cuando la llevaron a la seccional 4ª Su apellido no importa, sólo lo sabe quien la recuerda: «Encontré a esa chica en un baño de la comisaría, se estaba lavando una herida. Ya la conocía. En realidad todos nos hablábamos aunque no nos conociéramos, pero yo sabía quien era ella… Le pregunté que le pasaba, me dijo que tenía una pierna muy lastimada. Ella no lo demostraba, pero después gente de la 4ª me dijo que a esa chica la habían violado. Ella se veía mal, no tenía ganas de hablar», contó Mónica Martínez. «Nosotros estábamos en celditas muy chiquitas, donde apenas entraban dos personas acostadas. Después había un patio central rodeado de otras celdas, pero eso era a la vuelta, nosotros estábamos en esas cuatro celditas, aislados del resto de la 4ª, solo podíamos hablar detrás de las puertas, por las ventanillas».

    Docente /subtítulo

    Alicia López de Rodríguez era docente. Estaba casada con un abogado de las Ligas Agrarias y vivía con su suegra en el barrio Candioti de Santa Fe, cuando los parapoliciales la detuvieron el 22 de octubre de 1976. La casa de calle Sargento Cabral 1345 fue rodeada por los hombres de civil, en un despliegue que alertó a los vecinos: alguien llamó entonces al Comando Radioeléctrico, pero los de uniforme no hicieron nada. Hubo una «breve charla» con los asaltantes y los policías se retiraron, contó después su esposo cuando denunció el caso ante la Conadep, en el ’84. El marido de Alicia no fue testigo del secuestro: había sido detenido en el Chaco y estaba preso en Rawson cuando capturaron a su mujer.

    La patota se llevó a Alicia y muchos dijeron haberla visto, martirizada, al borde de la muerte en la comisaría 4ª, en Zavalla y Tucumán.

    Alejandro Faustino Córdoba -detenido en Reconquista- también recordó a Alicia. Era octubre del ’76. «La señora fue trasladada a la seccional 4ª luego de haber sido torturada por espacio de doce horas, luego de lo cual la trajeron envuelta en una frazada. Fue violada por personal de la comisaría en el calabozo y la dejaron abandonada, en muy malas condiciones físicas, por espacio de uno o dos días. Después, ella comenzó a contarme quién era. Me dijo que era la esposa de un abogado de las Ligas Agrarias de Resistencia, flaco, alto, rengo, con anteojos, que estaba preso en Rawson. Y que reconoció durante el interrogatorio la risa de un primo suyo que ella siempre supuso que era de los servicios», dijo Córdoba en su relato a la Conadep.

    VICTOR BRUSA, JUEZ FEDERAL DE SANTA FE
    La justicia cómplice Desde hace más de quince años Víctor Brusa viene siendo denunciado por haber realizado interrogatorios en los centros clandestinos de detención. Eso no le impidió, hasta ahora, continuar con su ascendente carrera judicial.   CARLOS ERNESTO RODRÍGUEZ  Periodico de las Madres de Plaza de Mayo


    «Cuando nos toman las declaraciones indagatorias en la seccional cuarta, en presencia del juez federal (Fernando) Mántaras y los secretarios Monti y (Víctor) Brusa, nos encontrábamos descalzos, mojados y con signos de haber recibido apremios de todo tipo. Como ignorando nuestro estado nos preguntaban si habíamos sido objeto de malos tratos y ante nuestra respuesta afirmativa respondieron que la habíamos sacado liviana». Las declaraciones de los ex detenidos Rubén Maulin y Juan Carlos Pratto ante la ex Conadep señalaron, sin lugar a dudas, al actual juez federal de Santa Fe, Víctor Brusa, como partícipe de los crímenes de la dictadura militar. Sin embargo, aunque su nombre ya figuraba en todos los registros oficiales, Brusa fue nombrado juez, en 1992, y aún hoy se mantiene en el cargo, a pesar del pedido internacional de búsqueda y captura ordenado por el juez español Baltasar Garzón, bajo el cargo de «presenciar y avalar actos de tortura durante la dictadura militar en la Argentina».

    Rubén Viola, quien estaba detenido en la cárcel de Coronda y fue llevado a la comisaría cuarta, recordó ante la Conadep que allí fue «nuevamente torturado para obtener información» y luego obligado a firmar una declaración. Cuando fue interrogado personalmente por Brusa, el detenido Viola mencionó ante el entonces secretario del juzgado que lo habían torturado. La única respuesta de Brusa fue reirse y aconsejarle que «no insistiera en eso porque lo podrían tratar peor aun».

    Anatilde Bugna de Perassolo estuvo secuestrada en el centro clandestino de detención conocido como «La Casita». Todavía no se pudo determinar exactamente el lugar donde estaba ubicado, aunque se presume que era en las afueras de la localidad santafecina de Santo Tomé, quizás en Sauce Viejo, cerca del río Salado. «Me llevan a una sala muy amplia, casi sin muebles. Estaba el escribiente y Brusa tomaba declaración (…) tenía en la mano toda la declaración que había hecho con la Patota», declaró Anatilde, quien presentó su denuncia ante Garzón.

    El testimonio que tenía Brusa le había sido arrancado a Anatilde Bugna bajo la tortura, en la sede de la Guardia de Infantería Reforzada de Santa Fe. Cuando lo vio a Brussa en «La Casita», ella se alegró por un momento, ya que lo conocía desde sus tiempos de estudiante en la Facultad de Derecho. «Cuando entra Brusa yo estaba chocha, lo saludé. No me escupió porque no pudo.’Yo no te conozco, no sé quien sos’, me dijo». La actitud del hoy juez federal llegaba a ser francamente intimidatoria. Anatilde recordó que Brusa «estuvo todo el tiempo dando vueltas alrededor mío. Se cagaba de risa, por supuesto, y practicaba golpes de karate. Nos amedrentaba con eso. Me tiraba patadas que pasaban por acá, por acá», sostuvo Anatilde mientras señala con su mano lo cerca de su cabeza que pasaban los golpes.

    Patricia Isasa tenía 16 años cuando cayó detenida en la Guardia de Infantería Reforzada y quedó en manos de La Patota. Militante de la Unión de Estudiantes Secundarios, era delegada de su curso en la Escuela Industrial. Lo recuerda muy bien a Brussa. «Cuando se supo que era elsecretario del juez hubo grandes expectativas. Se decía: ‘finalmente viene alguien a escucharnos’. Creíamos ingenuamente que alguien de la Justicia venía a hacer justicia. La desilusión fue grande porque él se burlaba cuando las chicas le contaban que habían sido torturadas. Se burlaba de todo, tenía una actitud sobradora, patotera. No solo tomaba declaraciones en lo que fue un campo clandestino de detención, sino que además su actitud era cómplice con nuestros represores. Tomaba declaraciones en las oficinas de Perizzotti, o sea que era uno más del grupo» de torturadores.

    La Patota con la que trabajaba Brusa ha sido identificada por los ex detenidos y está también acusada a nivel internacional. Entre ellos figuran el ex jefe del Area 211, coronel Juan Orlando Rolón; el ex carcelero de la Guardia de Infantería Reforzada Juan Calixto Perizzotti; el ex subjefe de Drogas Peligrosas de Santa Fe hasta hace poco tiempo, designado durante la etapa de gobiernos constitucionales, Héctor Romeo «Pollo» Colombini; el actual presidente de la comuna santafecina de Rincón, Mario Facino; el ex agente de inteligencia y ahora empleado de la Municipalidad de Santa Fe, Eduardo Alberto «Curro» Ramos y la ex carcelera María Eva Aevis.

    José Ernesto Schulman ratificó recientenemente ante la Comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura, que el hoy juez federal Brusa intentó en 1977 hacerle firmar una declaración que lo autoincriminaba y que le había sido arrancada bajo tortura. «Yo acuso al doctor Víctor Brusa de ser partícipe consciente en el monstruoso sistema de destrucción de seres humanos» que funcionó durante la dictadura militar. El ex detenido relató la odisea que le tocó vivir: «El 5 de diciembre de 1975 sufrí un atentado terrorista que destruyó la vivienda familiar donde dormía. El 12 de octubre de 1976 fui detenido en mi nueva casa junto a quien entonces era mi compañera, Graciela Roselló, y un amigo del trabajo, Hernán Gurvich, para ser mantenido secuestrado en la seccional cuarta de Policía, luego en la Guardia de Infantería Reforzada y más tarde en la cárcel de Coronda, donde fui liberado en abril de 1977. En noviembre de ese año fui secuestrado en la calle, frente al cementerio santafesino, para volver a ser alojado en la seccional cuarta, donde fui sometido a torturas y simulacros de fusilamiento. Allí conocí a Víctor Brusa».

    Schulman precisó que el doctor Brusa «no sólo legitimaba con su presencia todo el operativo sino que muchas veces presionaba, chantajeaba, amenazaba como uno más de La Patota, que por cierto siempre tenía un represor bueno que aconsejaba decir todo para no sufrir». Schulman fue secuestrado por primera vez por Juan Eduardo González, Víctor Hugo Cabrera y por el «Curro» Ramos, todos ex integrantes del Servicio de Inteligencia de la policía. Todos estaban bajo las órdenes de Carlos Osmar Rebechi.

    En la comisaría cuarta había una cruel manera de elegir a los que iban a ser asesinados. «Venía La Patota a elegir a sus víctimas en un procedimiento macabro. Todos estábamos con la mirada fija en la pared de la celda, de espaldas a los guardias. Ellos te tocaban el hombro con la mano y si te dabas vuelta le veías la cara. Cuando los habías visto, eras hombre muerto», aseguró Schulman. Cuando le preguntaron si Brusa les pegaba, respondió: «No lo sé, estaba encapuchado cuando me torturaban». De todos modos, lo esencial es que «sin la complicidad de jueces como Mántaras y el personal judicial como Brusa, el sistema no podría haber actuado tan eficazmente».

    «Los hechos no ocurrieron», fue la respuesta de Brusa cuando lo interrogó el Consejo de la Magistratura, que ahora está analizando su posible destitución. El juez consideró «falaces» e «indemostrables» las acusaciones en su contra. Brusa dijo «no recordar» si había estadoalguna vez en la comisaría cuarta de Santa Fe o en la Guardia de Infantería Reforzada (GIR), como si se tratara de detalles superfluos, fácilmente olvidables. En el caso está incorporada la desgrabación de un programa radial en el cual Brusa reconoció que estuvo en la GIR.

    El pliego confirmando a Brusa como juez federal de Santa Fe llegó al Senado el 18 de junio de 1992. La propuesta estaba avalada por las firmas del presidente Carlos Menem y del entonces ministro de Justicia León Arslanián, el mismo que alguna vez había condenado a los ex comandantes. Los únicos legisladores que se opusieron a la designación fueron los diputados Alfredo Bravo, Oscar Alende, Pedro García y Juan Pablo Cafiero. Los demás se callaron la boca y algunos, como Luis Rubeo y Liliana Gurdulich, asumieron el padrinazgo político de Brusa. La represión en la Argentina, como el nazismo, nunca podría haber sido posible sin la complicidad de la dirigencia política y de los jueces cómplices, como Brusa.

    13  11  2005   Rosario 12

    «Me dijo que se llamaba Alicia y que estábamos en la comisaría 4ª»

    Así recuerda Graciela Roselló su primer encuentro en cautiverio durante la dictadura con Alicia López, desaparecida.

    Por Alicia Simeoni

    Otro testimonio se sumará el próximo 1º de diciembre para probar que Alicia López de Rodríguez, militante de las Ligas Agrarias en los años ’70 estuvo detenida en la comisaría 4ª de Santa Fe a pocos meses de que comenzó la dictadura militar. En este caso el recuerdo de los terribles días de octubre de 1976 serán llevados por Graciela Roselló, secuestrada en la capital provincial cuando era militante de la Federación Juvenil Comunista y trasladada a declarar a la comisaría a cargo de quien hoy es el presidente comunal de San José del Rincón, el ex comisario Mario Facino. «Me contó que era maestra, del norte provincial, que estaba con su esposo en las Ligas Agrarias y que sufría desmayos a causa de su diabetes y de que no tenía ni los medicamentos ni la alimentación necesaria», dice Graciela Roselló quien vive en Rosario desde hace muchos años y es dirigente de la Asociación Bancaria. Sobre el responsable de la tenebrosa comisaría 4ª Mario Facino existe el pedido de uno de los querellantes, José Schulman, para que el juez Federal Reynaldo Rodríguez le tome una nueva indagatoria y responda sobre el destino de la maestra Alicia López a quien no se vio con vida fuera de la seccional y se sabe, según diversos testimonios, que allí sufrió los peores tormentos.

    Graciela Roselló se presentará ante el juzgado Federal Nº 1 y aportará su testimonio en la causa en la que se trata de establecer cual fue el destino de la joven maestra llamada Alicia López de Rodríguez, oriunda del norte santafesino y a quien vio a través de las rejas de las puertas de la ‘tumba’ en la que cada una estaba en la comisaría 4ª de la capital provincial. Roselló fue secuestrada el 11 de octubre de 1976 en su casa de Santa Fe cuando tenía 20 años. Allí vivía con quien era su esposo José Schulman y con ellos estaba otro joven, Hernán Gurvich, los tres militantes de la Federación Juvenil Comunista que fueron sacados de la vivienda en autos separados. Roselló fue llevada a la comisaría 2ª y hacia fines de octubre fue a buscarla «la carcelera» -como ella misma llama a María Eva Aebis quien se presentó con el comisario Villalba de la Guardia de Infantería Reforzada-para ser trasladada hasta la 4ª, junto a Hernán Gurvich, y adonde ingresó encapuchada. Cuando se la dejó en la pequeña celda estaba aterrorizada, se sacó la capucha y se asomó a la reja. En la ‘tumba’ de enfrente había una chica: «Enseguida me preguntó como me llamaba yo y me dijo que ella era Alicia y que estábamos en la 4ª».

    A Graciela le llamó la atención algo de luz que entraba en el lugar. «Esa claridad debe venir del patio de mi suegra, la Flora» le contó a Alicia con la explicación de que la casa lindante con la comisaría era la paterna de su esposo José Schulman y que había sido arrasada el 24 de marzo de 1976 por la policía. Enseguida Alicia reaccionó–«¿entonces vos sos la esposa de José?», preguntó y le cóntó que él también estaba allí, en otra celda de la 4ª. Así empezó a hablar en vos alta y hacer de enlace para que el matrimonio se comunicara. «José, me debés estar envidiando porque desde acá veo a tu esposa…», recuerda Graciela que decía Alicia López.

    «Vuelvo a hablar con Alicia y me cuenta que es del norte, que su marido es abogado y que trabajan en las Ligas Agrarias…También me contó que era diabética y que estaba sufriendo desmayos por la falta de la medicación y de alimentación adecuada. Estuve 22 horas en la 4ta. y de ahí me llevaron de nuevo a la 2ª, después a la 1ª y entonces a la Guardia de Infantería Reforzada». Roselló preguntó por ella en las celdas de la Guardia pero nadie la había visto, «siempre pensé que había quedado en libertad pero no fue así». Alicia López de Rodríguez era esposa del abogado Luis Juan Rodríguez militante de las Ligas Agrarias en los ’70 y hoy juez penal de Sentencia Nº 3 de Santa Fe, como informa Rosario/12 en su edición del domingo 27 de marzo con la firma de Juan Carlos Tizziani.

    En ese mismo material y en otros anteriores se da cuenta de que un grupo de tareas allanó la casa del matrimonio López-Rodríguez en el barrio Candioti buscando al abogado Luis Juan Rodríguez quien ya estaba preso en la cárcel de Rawson. En ese ‘operativo’ se la llevaron a ella que apareció en la seccional 4º a cargo del hoy presidente comunal de San José del Rincón, Mario Facino. El testimonio que prestará Graciela Roselló ante la Justicia Federal aportará en la causa que investiga que pasó con Alicia López y se sumará a otros que en los últimos días de octubre la vieron con vida en la tenebrosa seccional 4ª. Desde allí hasta ahora sólo hay oscuridad.

    Graciela Roselló también recuerda que mientras hablaba con Alicia veía de manera oblicua a otra de las cuatro ‘tumbas’ que había en la 4ª y que allí estaba un joven «era Pablo, de Reconquista», dice buceando en todos sus recuerdos. Alicia López de Rodríguez estuvo en la cuarto y la espera es porque Facino explique qué pasó con ell

    22  03  2006  Rosario 12

    Treinta años tuvieron que pasar para plantarse frente a la cuarta

    La seccional policial de Santa Fe fue escrachada como unos de los eslabones más denunciados del circuito represivo de la dictadura. Hablaron sobrevivientes y recordaron a los ausentes.

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    Treinta años tuvieron que pasar para que unos 200 santafesinos se planten -por primera vez- frente a la comisaría 4ª y escriban sobre la calzada: «Centro de torturas». Agiten una bandera con un mensaje para el barrio: «Vecinos: acá se torturaba y mataba a jóvenes argentinos. Nunca más». Y rodeen la esquina trágica, bulevar Zavalla y Tucumán, con fotos de desaparecidos, una al lado de la otra. Treinta años tuvieron que pasar para el escrache a unos de los eslabones más denunciados del circuito represivo de la dictadura. «Venimos a denunciar el genocidio», dijo un sobreviviente de la 4ª, José Schulman, querellante en el juicio a los represores de Santa Fe y uno de los oradores del acto de ayer. En frente estaban las Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos, Hijos, rodeados por militantes de partidos políticos y expresiones sociales y universitarias.

    «Veo muchos rostros de jóvenes», comentó después otra de las resistentes de la memoria, Graciela Abdolatif. Un espejo donde mirarse «cuando teníamos 18 y 19 años y recordar a los compañeros que no están». Mencionó a uno: Orlando Navarro. «Le decíamos ‘Navarrito’. No sé si está su foto aquí, pero sí se que está en estas malditas paredes y en la memoria de muchos», dijo Graciela. Su voz contenía la emoción.

    «Estudiábamos en la Facultad de Derecho. ‘Navarrito», era petisito, morocho, negrito, pero con un calor humano inmenso y una convicción que seguramente lo aferró a la vida hasta su último aliento». Abdolatif dijo que reencontró con la memoria de su compañero en el libro que publicaron los ex presos de la cárcel de Coronda: Del otro lado de la mirilla. «Allí supe que él estuvo acá, en la comisaría 4ª. Eramos compañeros que queríamos un país distinto, solidario, justo, que se igualara el pobre al rico», reflexionó.

    «Navarrito hablaba muy bien, siempre era uno de los principales oradores. En los primeros tiempos militó en la ‘Fede’ (como se llamaba a la Federación Juvenil Comunista) y después pasó al Faudi, que respondía al Partido Comunista Revolucionario (PCR), una escisión del PC. Le gustaba mucho cantar. Era uno de los primeros en agarrar la guitarra y cantar después de las asambleas en el comedor universitario. Y fue a él, en esta seccional, donde lo quebraron y le rompieron las manos para que ya no pueda tocar su guitarra. Después, le troncharon la vida».

    «En el nombre de Navarrito, rindo mi homenaje a todos los compañeros que cayeron en ese tiempo, que hoy no están de cuerpo presente, pero que viven en nuestra memoria. Ese es nuestro compromiso», finalizó Graciela.

    Schulman recordó el caso de Alicia López de Rodríguez, una de las desaparecidas en la 4ª que hoy investiga la Justicia Federal. «Es inexplicable que el juez (Reynaldo Rodríguez) pretenda separar el caso de Alicia López de este juicio en Santa Fe», en el que están detenidos ocho represores, entre ellos dos ex jefes del Destacamento de Inteligencia Militar 122, el teniente coronel Manuel Domingo Marcellini y el suboficial del Ejército, Nicolás Correa.

    «A Alicia la secuestraron en la comisaría 4ª, que estaba bajo la responsabilidad de (Mario) Facino y ahora se sabe, que la llevó Correa», dijo Schulman. «No hay ninguna razón jurídica para que no sea el punto principal de la causa. Es el mismo lugar físico, el mismo grupo represor, los mismos testigos. Francamente, no se sostiene (el desdoble de la causa), así que en ese punto no vamos a ceder y apelaremos a todas las instancias jurídicas que sean necesarias, incluso a la Corte Suprema de la Nación. No vamos a aceptar que haya juicio oral y público a los represores de Santa Fe sin que se discuta la desaparición de Alicia López de Rodríguez», concluyó Schulman.

    4 DE JUNIO 2006  Rosario 12

    Resistir la impunidad

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    Por José Ernesto Schulman*

    En un grotesco escrito fechado el 24 de mayo, justo un día antes del aniversario de la Revolución de Mayo de 1810, la Cámara Federal de Rosario separó al Juez Rodriguez de la Causa contra los represores que actuaron en Santa Fe en el período dictatorial y que luego fueron Jueces, Jefes de Comuna y dirigentes del Partido Justicialista: Víctor Brusa, Mario Facino, Eduardo Ramos y otros cómplices.

    La Cámara de la Impunidad intenta machacar su decisión de fin de año 2005, en la que descalificó la acusación de asociación ilícita por motivos formales, que ahora se ve, es lo que quiere erradicar del juicio: la idea de que la represión no fue un exceso sino un plan nacional, planificado, organizado y ejecutado por un conjunto de hombres y mujeres abocados a tal propósito terrorista en una gigantesca asociación ilícita de la que los represores santafesinos constituyen una mínima parte, cierto y por ello hay que juzgar a quienes inspiraron, alentaron y sobre todo se beneficiaron del modelo capitalista neoliberal impuesto a sangre y fuego. Pero estos hombres fueron una parte de la asociación ilícita debidamente probada en lo que va de las acciones judiciales.

    Conviene recordar que este juicio tiene antecedentes de larga, larguísima data: la denuncia por torturas contra José Schulman en noviembre de 1977, las constancias en la Conadep y el Nunca Más de Moulin, Viola y otros sobre los hechos de la Cuarta incluyendo la desaparición forzada de Alicia López, las denuncias de Patricia Isasa ante Garzón y el Jury de Enjuiciamiento que destituyó a Brusa en el 2000.

    La Cámara dice defender los derechos a proceso justo de los asesinos y torturadores, ¿y de los derechos de loa asesinados, torturados, detenidos ilegalmente y/o despojados de sus bienes, quién se ocupa?

    La pretensión de descalificar el juicio por un supuesto error procesal del juez Rodríguez, que éste estaba enmendando de acuerdo a derecho con la ampliación de indagatoria en un trámite que se repite diariamente en los juzgados federales de todo el país es inaceptable.

    Sólo la acción enérgica y unida de las víctimas junto a los organizaciones de derechos humanos y las fuerzas populares comprometidas con la lucha contra la impunidad podrá romper esta enésima maniobra dilatoria de los impunadores.

    Por nuestra parte, llevaremos este reclamo al máximo nivel institucional: Secretaría de Derechos Humanos, Procuración General de la Nación, Comisión de Derechos Humanos del Congreso Nacional y la misma Corte Suprema de Justicia.

    Exigiremos la remoción inmediata de los componentes de esta Cámara de la Impunidad y la revocatoria de tan arbitraria decisión, pero sobre todo, impulsaremos la movilización popular contra la impunidad de ayer y de hoy, con la misma bandera de siempre: Juicio y Castigo para todos los culpables!!!

    * Militante de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, querellante en la causa Brusa.

    11   10  2006   Rosario 12

    PIDEN AMPLIACION DE INDAGATORIA POR GENOCIDIO

    Marcellini, Brusa y compañía

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    Uno de los querellantes en las causas por violaciones a los derechos humanos, José Schulman pidió ayer al juez federal Reinaldo Rodríguez que impute y amplíe la indagatoria por «genocidio» y «asociación ilícita» a ocho represores presos en Santa Fe, entre ellos el ex jefe del Destacamento de Inteligencia Militar, coronel Domingo Manuel Marcellini, el ex suboficial Nicolás Correa y el ex juez federal Víctor Brusa.

    Schulman presentó el escrito en los Tribunales Federales con el abogado de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, José Rodolfo Iparraguirre, y acompañado por las Madres de Plaza de Mayo y militantes de otros organismos de derechos humanos. «Pedimos que se indague a los represores por genocidio en base al fallo histórico de la causa Echecolatz. Es un pedido que tiene consideraciones jurídicas contundentes porque el hecho real que hubo en la Argentina fue un genocidio y no se puede llegar a la verdad y menos a la justicia si se acepta fragmentar ese hecho real, único, ‘ese plan de exterminio’, en innumerables causas que van haciendo perder el sentido de las acciones cometidas».

    «En el caso de Santa Fe, nuestro pedido apunta a resolver una cuestión que hemos discutido en los últimos dos años que es la desaparición forzada de (la docente) Alicia López que se pretende hacer un juicio aparte y para nosotros no tiene ninguna razonabilidad, porque la desaparición de Alicia López de la que fui testigo visual, directo, ocurrió a finales de octubre de 1976 en la comisaría 4º, cuando el jefe de la comisaría era (el comisario Mario) Facino. Los testigos somos nosotros. Entonces no tiene ningún sentido que haya otra causa», explicó.

    «Además, hay un tercer aspecto, esta presentación forma parte de una campaña nacional que hemos decidido los organismos de derechos humanos que nos agrupamos en Memoria, Verdad y Justicia de presentarnos en todo el país para llevar el pedido de ampliación de indagatoria por genocidio que creemos que es la causa fundamental del secuestro de (Jorge Julio) López y creemos que es un modo de decirle que estamos con él para mantener firme la causa por genocidio, la lucha por la verdad y la justicia en la Argentina», apuntó. Hace un mes, Schulman había pedido al juez Rodríguez que amplíe la indagatoria de los represores para imputarlos por asociación ilícita. «Pero hasta ahora no hemos tenido respuestas y esto es grave», dijo el querellante.

    10  FEBRERO 2008

    LO QUE NO FUE A JUICIO ORAL EN LA CAUSA BRUSA POR DERECHOS HUMANOS

    «Hay falta de compromiso en el foro»

    Lo dijo Graciela Roselló, dirigente de CTA y ex detenida en Santa Fe durante la última dictadura. Es testigo en la causa por la que se investiga la desaparición de Alicia López. También opinó para Rosario/12 José Schulman dirigente de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y querellante.

    Final del formulario

    Por Alicia Simeoni

    La desaparición forzada de quien fue militante de las Ligas Agrarias, Alicia López de Rodríguez, la responsabilidad del entonces coronel Juan Orlando Rolón en los crímenes de la dictadura -con lo que se puede seguir la cadena de mandos militares para que no sean juzgados sólo quienes picaneaban o apretaban el gatillo- y la asociación ilícita son los crímenes que no fueron elevados a juicio oral en la conocida como causa Brusa a pesar de que fueron denunciados en el transcurso de la etapa de instrucción. Una testigo y un querellante que vieron a López con vida en la tétrica comisaría 4ª de la capital provincial al frente de la que estaba el ex comisario Mario Facino, opinan sobre «lo que quedó en el tintero». Graciela Roselló, actual secretaria adjunta de la seccional Rosario de la Asociación Bancaria y secretaria gremial de la CTA Rosario y José Schulman, secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, opinan sobre las faltas y también sobre las excusaciones de los conjueces designados para integrar el Tribunal Oral. «Es una especie de manifiesto público de falta de compromiso con los derechos humanos que a la vez revela el verdadero carácter del foro santafesino», dijo Roselló quien el viernes fue recibida por la vicegobernadora Griselda Tessio. El próximo miércoles, a las 12, en la presidencia del Senado, Tessio recibirá a querellantes y testigos de la causa.

    Graciela Roselló estuvo detenida en 1976 en Santa Fe cuando tenía 20 años y militaba en la Federación Juvenil Comunista. Fue llevada en desgarrador periplo por las seccionales segunda, primera, vuelta a la segunda y de allí a la 4ta. que estaba a cargo del comisario Mario José Facino, quien luego, en democracia, fue intendente de San José del Rincón por la lista de PJ.

    Roselló es testigo en la causa por la que se investiga la desaparición de Alicia López y por supuesto tiene opinión formada sobre la elevación a juicio del expediente Brusa. «A pesar de varios recortes me parece bueno ese hecho. Se trata de un triunfo de las organizaciones de derechos humanos, de los querellantes y testigos y de la sociedad civil comprometida en que se esclarezcan estos hechos, pero no puedo dejar de marcar la preocupación porque quedaron afuera denuncias que se efectuaron durante la etapa de instrucción y que aportaban los datos para una veraz demostración sobre que en la 4ta. hubo desaparición forzada de personas. Creo que esto y la actitud de excusación que adoptan todos los conjueces sorteados para integrar el Tribunal Federal Oral es una especie de manifiesto público de ausencia de compromiso con los derechos humanos que a la vez revela el verdadero carácter del foro santafesino».

    Roselló que ayer por la mañana fue recibida por la vicegobernadora Griselda Tessio a quien le expresó su preocupación por «lo que queda afuera del proceso oral» dijo que se trata de «un escándalo jurídico y una denegatoria de Justicia». Por otra parte acordó con la presidenta del Senado en que se reunirá con querellantes y testigos de la causa que se conoce con el nombre del ex juez, que era secretario judicial durante la dictadura militar, Víctor Hermes Brusa. Esa reunión será en Santa Fe el próximo miércoles 13 en horas del mediodía.

    Tanto Roselló como José Schulman, querellante en la causa y secretario nacional de la Liga por los Derechos del Hombre es importante la difusión social de qué implica la situación jurídica que se describe, también la movilización, no sólo de quienes están contenidos en las organizaciones de derechos humanos sino también de los militantes políticos, sociales, sindicales. A la vez se plantean realizar una presentación ante la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario para pedir «que se ponga orden en la presentación» y llegar al procurador general de la Nación Esteban Righi para «expresar los temores que tenemos en tanto todo indica que la fiscal Susana Tripichio no se está preparando para el caso».

    Alicia López de Rodríguez era militante de las Ligas Agrarias y estaba casada con el abogado José Luis Rodríguez, hoy juez de la provincia en los Tribunales santafesinos. En 1976 «tendría alrededor de 25 años» dijo a Rosario/12 Roselló quien la vio en la 4ta. cuando fue llevada al interrogatorio hacia el que la condujo la carcelera María Eva Aebis «esa de expresiones soeces que se refería a monseñor (Vicente) Zaspe como ‘el pollerudo», recuerda. Cuando llegué me llevaron a una celda y para ver tuve que estirarme hasta una mirilla…. Enfrente, por un espacio similar, Alicia López se me presentaba. En las 24 horas que estuve allí varias veces me dijo que se sentía mal, que era diabética y que no le suministraban insulina ni le daban atención médica. Nunca más supe de ella, me llevaron a la Guardia de Infantería Reforzada, cerca del Parque Sur, que era casi el paso siguiente y obligado. Esperé que con ella hicieran lo mismo. Nadie volvió a saber de Alicia ni en ese ni en ningún otro lugar».

    José Schulman, querellante en la causa, quien también estuvo detenido en la 4ª. detalló los crímenes que no elevó a juicio oral el magistrado Leandro Corti -hoy secretario de Asuntos Penitenciarios- cuando dio por concluida la etapa de Instrucción. En primer término mencionó la desaparición forzada de Alicia López de Rodríguez, un caso donde él testimonió junto a Roselló y a Carlos Almada. En segundo término señaló que se dejó fuera la responsabilidad del entonces jefe del Area Militar, coronel Juan Orlando Rolón, «indispensable para tirar de la cadena de mandos militares e impedir que sólo sean juzgados los que manejaban la picana y apretaban el gatillo y además la asociación ilícita entre los criminales, un escalón conceptual que permitiría acercarnos a la verdad de lo que ocurrió: un genocidio, planificado por un conglomerado de militares, políticos y empresarios alentados y conducidos por el imperialismo norteamericano, tal como se probó en la causa Operación Cóndor».

    Schulman recuerda a quienes se excusaron de integrar el Tribunal Oral, entre ellos a los conjueces José María Escobar Cello y María Ivón Vella y más recientemente Eduardo Espósito, Guillermo Zenklusen y Silvia Doldán de Lazzarini. Ninguno de ellos quiso ser conjuez en la causa por la que se investigan crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar en la ciudad de Santa Fe. Entonces el secretario nacional de la LADH dice que la realización del juicio y la obtención de condena «dependerá de la movilización popular, de la presión de los organismos de derechos humanos y de las fuerzas democráticas». También espera que el gobierno de Hermes Binner dé señales «que lo diferencien de sus antecesores en el cargo».

    9 DE MARZO 2008

    SANTA FE

    Facino es el primer represor de Santa Fe bajo cargo de «homicidio»

    La figura es novedosa para las causas de Terrorismo de Estado en la capital provincial. Un comisario que se «recicló» en la democracia.

    Final del formulario

    Desde Santa Fe

    El ex presidente comunal de San José del Rincón, Mario José Facino se convirtió ayer en el primer preso por delitos de lesa humanidad sobre el que pesa el cargo de «homicidio» en una de las causas del terrorismo de estado en Santa Fe. El juez federal Nº 1 Reinaldo Rodríguez, lo procesó por supuesta «privación ilegítima de la libertad, tormentos, encubrimiento y homicidio» y embargó sus bienes por 450 mil pesos en un proceso que investiga el destino final de un joven docente desaparecida, Alicia López de Rodríguez, quien estuvo detenida y sufrió los peores suplicios en una celda de la seccional 4ª cuando Facino era el jefe de la comisaría, según el relato de varios sobrevivientes. López fue secuestrada por un grupo de tareas el 21 de octubre de 1976.

    El diario electrónico Notife.com informó ayer que el juez Rodríguez procesó a Facino «por entender que fue responsable de la desaparición de la profesora Alicia López. Y por primera vez imputó el delito de homicidio a un represor» en las causas que investigan el terrorismo de Estado en Santa Fe.

    Facino ya está preso -con arresto domiciliario- en otra causa de la represión ilegal fue elevada a juicio oral y público a fines de enero último y en la que están imputados otros seis detenidos por delitos de lesa humanidad: el ex jefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122, coronel Domingo Manuel Marcellini; el ex juez federal Víctor Brusa y cuatro ex policías santafesinos: los ex comisarios Juan Calixto Perizzotti y Héctor Romeo Colombini, el ex oficial de inteligencia Eduardo Ramos y la ex carcelera María Eva Aebi.

    Alicia López era la esposa del abogado Luis Juan Rodríguez, ex militante de las Ligas Agrarias en los `70 y hoy juez penal de Sentencia Nº 3 de Santa Fe. El 21 de octubre de 1976 a la medianoche, un grupo de tareas allanó la casa del matrimonio, en Sargento Cabral 1345, en el barrio Candioti. Lo buscaban a él que ya estaba preso en la cárcel de Rawson. Pero se la llevaron a ella. «Era personal de las Fuerzas Armadas», denunció después la madre de Alicia, Lucía Delia Garrahan de López en un recurso de hábeas corpus. Una definición certera de la patota: ya se sabe que en Santa Fe operaba el Ejército, y más concretamente el Destacamento de Inteligencia Militar 122.

    Después del operativo, Alicia apareció en la comisaría 4ª que estaba a cargo de Facino, pero bajo el control operacional del Ejército. Y varios testigos la vieron en los calabozos y dijeron haber hablado con ella: Raúl Pintos y Alejandro Faustino Córdoba (que ya habían dejado su testimonio ante la Conadep, en 1984 y después lo ratificaron ante la justicia), Eduardo Almada (que declaró en la causa que instruye el juez Rodríguez, el 29 de abril de 2003, antes de su fallecimiento), José Schulman y la ex esposa de éste, Graciela Roselló (que también declararon en la investigación). Y un ex policía de apellido Vázquez, que era el chofer de Facino en la comisaría 4ª y le dijo a Córdoba �con quien se encontró en la cárcel de Coronda� que «estaba seguro de que la habían matado».

    Córdoba volvió a denunciar los suplicios de Alicia López ante el juez Rodríguez, en mayo de 2005. «En octubre de 1976 -dijo en un escrito que presentó ante el magistrado- trasladan a Pintos a la celda grande (de la comisaría 4ª) y en su lugar colocan a una persona a quien en un primer momento no pudimos identificar ni por su sexo, por la llevaban alzada y tapada con una frazada. La llevaba en brazos un oficial de Policía que ingresó con ella a la celda y al cabo de unos minutos salió solo y cerró la puerta. Unos días después se asomó por la ventanilla de la puerta, tomada de unos barros. Era una compañera, menudita, bajita, que dijo llamarse Alicia López, casada con Rodríguez, abogado de las ligas Agrarias del Chaco que ese momento estaba detenido en la cárcel de Rawson. Dijo que el policía que la había llevado a la celda la había violado en ese mismo lugar», relató Córdoba.

    Hace tres, en marzo de 2005, otro de los sobrevivientes de la comisaría 4ª relató a Rosario/12 su encuentro con Alicia. «Yo fui detenido el 12 de octubre de 1976 por la patota del (fallecido ex jefe de Inteligencia de la Policía de la provincia, comisario Carlos Osmar) Rebechi y (Eduardo) Ramos», recordó José Schulman. «Estuve en una celda que daba al patio de la seccional 4º hasta mediados de noviembre que me trasladaron a la Guardia de Infantería. A fines de octubre, apareció en una celda muy pequeña, a la que nosotros llamábamos ‘La tumba’ que estaba a la derecha de la celda grande que daba al patio, una compañera que me llamó mucho la atención porque se desmayaba de un modo continuo. Eso nos preocupó mucho. Entonces, hablando a los gritos, de noche, le preguntamos qué le pasaba y ella nos dijo que era diabética, que necesitaba comer cada tres horas y como en la seccional 4º daban de comer una vez al día una comida poco proteica, una sopa de mierda con fideos, le bajaba el nivel de glucosa y se caía», concluyó Schulman.

    17 MARZO 2008

    LA HISTORIA DE UNA MUJER DESAPARECIDA DURANTE LA DICTADURA EN SANTA FE

    Alicia, la descendiente del Brigadier

    Militante de las Ligas Agrarias, Alicia López -descendiente directa de quien fuera gobernador de la provincia, Estanislao López- fue secuestrada por una patota civil el 21 de octubre de 1976 en Santa Fe. Por este caso, el represor Facino acaba de ser procesado por la justicia.

    Final del formulario

    Por Alicia Simeoni

    «Era una mujer mínima, apenas superaba el metro 50 de altura y los 40 kilos de peso, hablaba poco pero se expresaba mucho por escrito y tenía la capacidad de ser necesaria y pasar desapercibida». Una síntesis apretada y muy significativa que María Isabel Rodríguez, la hija mayor de la militante de las Ligas Agrarias Chaqueñas, Alicia López, ensaya con la voluntad común de algunos de quienes la conocieron para que no la desaparezcan otra vez. Muy poco se contó sobre Alicia López, víctima del represor Mario José Facino cuando estaba al frente de la tétrica comisaría 4ª de la ciudad de Santa Fe. Ahora acaba de ser procesado por el juez federal Reinaldo Rodríguez como responsable de supuesta privación ilegítima de la libertad, tormentos, encubrimientos y homicidio sobre Alicia López quien fue secuestrada con la violencia propia de las patotas civiles el 21 de octubre de 1976. Más de un año antes habían detenido a su esposo, Luis Juan Rodríguez, hoy juez provincial en la capital santafesina y así quedaban tres niños atravesados por la ausencia de la madre, a quien no volverían a ver, y del padre que estuvo siete años a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y la mayor parte del tiempo en el penal de Rawson. Esta es la primera vez que tres de sus familiares más directos la recuerdan en forma pública, quien fue su esposo, su hija mayor y la cuñada que crió a sus hijos. Alicia López ensayó una de las formas más interesantes de comunicación popular. Lo hizo en la provincia del Chaco a través del periódico El campesino, donde los obreros del algodón planteaban sus posturas y aunque Alicia editaba las notas ellos podían reconocerse en esos escritos. Una forma también de aprovechar de una publicación la posibilidad que brinda para la organización de los diversos sectores. Pero también tenía pasión por la literatura y cuando trabajaba como docente en escuelas medias se esforzaba por elevar el nivel de comprensión y conocimiento de un medio difícil y que no había tenido buenas posibilidades como el agrario chaqueño.

    Alicia fue una militante consecuente, que deseaba una sociedad más justa y por eso fue secuestrada y asesinada cuando sus tres pequeños hijos tenían 7 (María Isabel), 5 (Cecilia) y 3 años (Luis Estanislao). Su desaparición fue denunciada por José Schulman, hoy presidente de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre ante el juez español Baltasar Garzón (ver aparte).

    Alicia y Luis Juan se fueron desde Santa Fe al Chaco para trabajar junto al obispo Italo Distéfano. El ya era abogado y ella se recibió por ese tiempo de profesora de letras. El primer destino fue Tres Isletas, una localidad a 50 kilómetros de Presidencia Roque Saénz Peña donde nació María Isabel. Los dos venían del catolicismo, y justamente Distéfano y la Iglesia Católica eran en Chaco la caja de resonancia de los padecimientos y angustias de los sectores campesinos que trabajaban en las distintas tareas relacionadas con el sector algodonero.

    Luis Rodríguez contó a este diario que el obispo Distéfano lo había llamado a colaborar y así se relacionaron con las Ligas Agrarias, uno de los movimientos sociales más importantes y con fuerte inserción entre el sector de base que lo componía. Alicia daba clases en el secundario y hacía profundos esfuerzos por elevar las posibilidades educativas de sus alumnos, despojados de muchísimos derechos.

    El juez Luis Juan Rodríguez recuerda que no era fácil en una sociedad agraria y con muchas necesidades hacer conocer los pensamientos más avanzados. «Ella -dice- tenía mucha iniciativa… Recuerdo que utilizaba un poema de Jorge Luis Borges con los alumnos de los primeros años del secundario». Se refiere a «El general Quiroga va en coche al muere»: El madrejón desnudo ya sin una sed/ y una luna perdida en el frío del alba/ y el campo muerto de hambre, pobre como una araña…»

    «Alicia no quería nada extraño, quería más justicia, que el mundo fuera mejor. Deseaba todo aquello en lo que piensan las personas con ideas de transformación y cambio», relató a Rosario/12 quien fue su esposo y padre de sus tres hijos, María Isabel, Cecilia y Luis Estanislao. Alicia López era descendiente directa de quien fuera gobernador de la provincia, el brigadier Estanislao López.

    Cuando en abril de 1975 detuvieron a Luis Rodríguez lo llevaron a la alcaidía de Resistencia y en enero de 1976 lo trasladaron al penal de Rawson. Alicia quedó sola en Sáenz Peña con los tres niños.

    María Isabel Rodríguez, su cuñada y homónima de la hija mayor, cuenta que trajeron a Alicia con los chicos a la ciudad de Santa Fe. Esta mujer que ahora tiene 70 años y es hermana de Luis Juan Rodríguez se interrumpe acongojada cuando habla con este diario y recuerda la terrible noche en que Alicia fue secuestrada. En esos días todos vivían en su casa y como no había lugar para que durmieran allí, Alicia lo hacía en la casa de sus suegros, cercana, con el niño menor, de tres años, Luis Estanislao.

    Una patota de civil, hombres jóvenes de jeans y zapatillas, rodearon la casa de María Isabel Rodríguez que estaba casada con Alan López. Cuando comprobaron que la militante de las Ligas no estaba allí fueron hasta la vivienda de los suegros: «Buscaron hasta debajo de la cuna del niño, Alicia no tenía nada y allí se la llevaron, primero creíamos que al Tiro Federal, después nos enteramos que estaba en la 4ª».

    María Isabel contaba con una cierta solvencia económica y llevó adelante la crianza de sus tres hijos y de los tres de Alicia y Luis: María Isabel de 7, Cecilia de 5 y Luis Estanislao de 3 cuando su madre fue secuestrada.

    Alan Rodríguez, cuñado de Alicia, había sacado a pasear a los perros ese 21 de octubre de 1976 cuando la patota llegó al lugar. Uno de esos hombres apuntó al pecho de María Isabel, vestida con camisón, porque creía que era Alicia, y le sacó el seguro al arma.

    «A Alicia alguien la entregó», comenta la hermana del juez Rodríguez, porque cuando fueron a buscarla a la casa de sus suegros ella identificó a una de las personas y le dijo: «¿Qué hacés vos acá?».

    El juez Rodríguez que trazó una semblanza de quien fue su mujer contó que ella tenía una salud muy delicada, sus defensas estaban bajas casi siempre y de allí que era frecuente que contrajera procesos infecciosos.

    «La deben haber sometido a tantas torturas que no lo pudo soportar», dice su cuñada que también aclara que ella no estaba de acuerdo con el pensamiento de su hermano Luis Juan ni de Alicia «pero no podía ser que los persiguieran y mataran por pensar distinto o por el terrible ‘algo habrán hecho’». Parece grande el mérito de esta mujer que recibió rechazos, cuestionamientos y abandonos de una parte de la pacata, indiferente y tradicionalista sociedad santafesina.

    María Isabel Rodríguez recuerda que trataron de mover todas las relaciones por la vida de su hermano que ya estaba en Rawson y por Alicia, entre ellos al obispo Distéfano «que me contestó que ya no tenía nada que ver con las Ligas… Nunca nos habló, ni siquiera por teléfono para confortarnos espiritualmente», dice.

    La hija mayor del matrimonio Rodríguez, María Isabel, hoy abogada, era muy pequeña. Tenía siete años pero los dos últimos los había vivido en el medio del terror de la detención de su padre. Y cuenta -antes lo había hecho su padre Luis- que las Ligas Agrarias Chaqueñas, una organización que todavía perdura, tenía un periódico de circulación interna llamado El campesino del cual su madre era editora. «En esa publicación muchas cosas las escribían los mismos campesinos, la mayoría con poca instrucción… Cuentan que mi madre tenía la habilidad de tomar sus notas, corregirlas y redactarlas de tal forma que los que las habían escrito se reconocían en ellas y podían decir ‘la hemos hecho nosotros mismos’. Tenía esa capacidad de ser necesaria y pasar desapercibida al mismo tiempo. Era una mujer de estatura baja, pesaría unos 40 kilos, hablaba poco, todos los que la recuerdan, y yo misma, digo de ella que era de pocas palabras. Pero se expresaba mucho por escrito. Su voz me ha llegado a través de largas cartas en las que se explayaba y contaba su mirada de la realidad. Ella tenía 30 años cuando fue secuestrada y yo 7. Fue tanta la violencia de su muerte, que hoy otra vez el papel prensa parece hacerla desapercibida detrás de ese ‘nosotros’ de las víctimas de la dictadura. Quizás ella levanta su voz mínima a través mío, que igual que ella, me expreso mejor por escrito y por carta».

    Un día en la Cuarta

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    Por Alicia Simeoni

    Graciela Roselló fue sacada de su casa en noviembre de 1976. Cuando la llevaron a declarar a la fortaleza del asesino Facino en la seccional 4ª fue encerrada en una celda. Debía estirarse, estar en puntas de pie para ver por la mirilla. En la celda de enfrente la voz de una mujer la hizo sentir menos sola: «Soy Alicia López, de las Ligas Agrarias». Roselló, hoy dirigente de la seccional Rosario de la Asociación Bancaria y secretaria gremial de la CTA Rosario militaba en la Juventud Comunista. Tenía 20 años cuando la fueron a buscar y recuerda �así lo declaró como testigo ante la Justicia�, que Alicia le señaló en varias oportunidades durante ese día que se sentía descompuesta, que estaba enferma y no recibía la atención ni los medicamentos que necesitaba. Después de declarar ante Facino, Roselló fue llevada a la Guardia de Infantería Reforzada. «Allí la esperé todos los días, pensé que la iban a trasladar porque era un sitio de paso casi obligado, pero nunca llegó. Ni allí ni a ningún otro sitio. La mataron en la 4º. Justamente la razón por la que ahora el juez Reinaldo Rodríguez procesó al comisario represor Facino. Hay que rescatar su memoria y pensamiento, que no la hagan desaparecer otra vez».

    El ritual de la muerte

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    Por José Ernesto Schulman *

    A los pocos días de llegar a la Cuarta, trajeron a una compañera. En realidad no la vimos hasta unas horas después, porque cuando la patota traía a algún secuestrado nuevo nos obligaban a voltearnos contra la pared, con la amenaza de que el que mira es boleta. A la muchacha la pusieron en una «tumba» de las del costado, a la derecha de nuestra celda grande que daba al patio. En aquellos días no supe cómo se llamaba y por años traté de averiguar quién era aquella mujer. Sólo hace muy poquito conocí su nombre por una investigación de un periodista santafesino publicada en Rosario/12. Se llamaba Alicia López de Rodríguez, era del norte de la provincia, compañera de un dirigente de las Ligas Agrarias y aún continúa desaparecida.

    Lo que sí me acordaba era de que sufría de diabetes, igual que mi papá.

    Y que por eso necesitaba comer cada tres horas y que como recibía la misma comida que nosotros (es decir una ración cada veinticuatro horas) caía desmayada en su celda y las compañeras vecinas comenzaban a gritar pidiendo a la guardia que la reanimen. Cuando eso ocurría, toda la población de presos y presas, actuaba al unísono reclamando que le dieran de comer, pidiendo a los guardias que le acerquen un bocado que se había guardado para ella. Sufrió varios días esa tortura extrema de agonizar y revivir constantemente, hasta que la vinieron a buscar. Y no regresó más.

    El momento en que la patota venía a buscar a algún compañero era muy fuerte. La patota desplegaba toda su parafernalia. Los guardias mismos se asustaban, y cuando ellos llegaban no hacía falta verlos, se notaba enseguida por el modo en que los locales se movían y hasta cambiaban el trato con nosotros eliminando hasta la menor partícula de humanismo que se les hubiera colado contra su voluntad. Los tipos realizaban un verdadero ritual de muerte: nos ponían contra la pared y al que tocaban el hombro se tenía que dar vuelta e ir con ellos. Y si lo llevaban sin capucha se sabía que era a la muerte, porque el que los veía no podía sobrevivir.

    El momento era horrible por muchas razones una de las mayores era que cada uno aguardaba en silencio que la muerte no le tocara el hombro, y no se podía disimular el alivio que se llevaran a otro. Pero el alivio duraba un segundo.

    Cuando la patota se iba, el silencio se iba haciendo cada vez más pesado hasta que se notaba en los huevos. Ese silencio era tan fuerte que lentamente nos íbamos dando vuelta para descubrir quién era el que ya no estaba. La pena por el compañero perdido era formidable. Nos empezábamos a hablar buscando convencernos de que a lo mejor esa vez sería distinto y el compañero o la compañera volvería, o que a lo mejor la encontraríamos en la Guardia o en la cárcel. Pero todos sabíamos que eran fantasías. Que si te llevaba la patota sin capucha, no volvías. Que era el fin.

    * Fragmento de su libro «Los laberintos de la memoria».

    RECONOCIMIENTO DE SOBREVIVIENTES

    En La Cuarta

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    El secretario nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, José Schulman, participará hoy, junto a otros sobrevivientes, del reconocimiento del Centro Clandestino La Cuarta en la ciudad de Santa Fe, en el marco de la investigación sobre la desaparición de Alicia López.

    Debido a la insistencia en la denuncia, finalmente se ha puesto en marcha la investigación de la desaparición de Alicia López Rodríguez de Garraham, ocurrida a finales de 1976 en la Seccional Cuarta de Policía de la Provincia de Santa Fe, entonces bajo la jefatura de Mario Facino, luego electo Jefe Comunal de Rincón en las listas del Partido Justicialista y hoy acusado por la desaparición forzada de Alicia, equiparada con homicidio a los fines judiciales.

    Hoy se realizará una importante acción judicial: el reconocimiento por parte de un grupo de sobrevivientes de La Cuarta, que compartieron el encierro con Alicia, de lo que fuera un Centro Clandestino de Detención Tortura Tormento y Exterminio (así lo calificó la CONADEP en 1984) y que hoy continúa siendo asiento de una seccional policial, «como si nada hubiera ocurrido en ese lugar, ubicado a menos de veinte metros de una Escuela Publica Primaria, así se naturaliza la impunidad», señaló la Liga.

    En el reconocimiento participará José Schulman, secretario nacional de la entidad, militante santafesino de los 70 quien denunció la desaparición de Alicia en el libro Los laberintos de la Memoria y presentó reiterados escritos judiciales, en su calidad de querellante reclamando la investigación que hoy avanza y que «debería haber sido central en la causa contra Brusa, Ramos, Facino y demás represores que se ha elevado a Juicio Oral en las condiciones mínimas que impusieron los miembros de la Cámara Federal de Rosario (sin acusar al Jefe del Area Militar, Rolón, sin adjudicarles asociación ilícita a los represores, separando el caso Alicia López)».

    La Liga de Santa Fe, junto a organizaciones juveniles sociales y políticas, participó en mayo de 2006 en el escrache de La Cuarta, acción que permitió amplificar la denuncia sobre el secuestro de Alicia.

    4 DE ABRIL 2008

    TESTIMONIO DEL EX POLICIA RAUL OSCAR GOMEZ

    Aquella chica «menudita»

    La justicia federal sumó ayer el testimonio de otro ex policía que reconoció haber visto con vida a Alicia López, en octubre de 1976, en la 4ª. En la causa ya declaró el chofer del ex jefe de la comisaría, Mario Facino. Pero ayer participó del reconocimiento judicial, Raúl Oscar Gómez, quien revistó en las filas policiales hasta diciembre de 1976. El estaba alojado en la comisaría 4ª bajo un sumario interno, así que tenía libertad para moverse en el lugar y hasta le acercaba comida a las personas detenidas que «tenían signos de haber sido torturadas». Una de ellas era Alicia López, a quien recordó como «una chica menudita, cabello castaño».

    «Han pasado muchos años, pero me estoy acordando», dijo Gómez a Rosario/12. «En ese tiempo cayó detenido Schulman al que yo conocía y hoy volví a encontrarme con él después de tantos años. Me acuerdo de él, charlábamos y le llevé un mensaje a su familia». «Yo le mandaba pan a Alicia por medio de él», comentó Schulman. «Y yo le alcanzaba la comida», agregó Gómez.

    -Entonces, ¿usted vio a Alicia López con vida?

    -Sí, la he visto. Ahora, hilvanando todo, me acuerdo que era una chica menudita, media rubicieta, cabello castaño. Han pasado muchos años, pero me estoy acordando.

    -¿Qué hacía en la Cuarta?

    -Yo estaba alojado en esa época por un sumario, junto con tres compañeros. Pero estaba libre, andaba por todos lados y veía lo que pasaba, la gente que entraba y salía. La mayoría de las veces (los integrantes del grupo de tareas) operaban de noche, traían o sacaban a la gente de noche. Un día me levanto y vi que él (Schulman) no estaba más. Y después de tantos años nos volvemos a encontrar.

    -¿A quién puede reconocer de esa época?

    -Facino era el comisario de la Cuarta.

    -¿Se acuerda de algunos militares?

    -De vista los conocía, pero no por nombres.

    El día en que los sobrevivientes volvieron al escenario del horror

    José Schulman, Graciela Roselló y Vilma Canciani participaron ayer del reconocimiento judicial de la comisaría 4ª, el centro clandestino más emblemático de Santa Fe durante la dictadura.

    Por Juan Carlos Tizziani

    Treinta dos años tuvieron que pasar para un reconocimiento judicial de la comisaría 4ª, el centro clandestino de detención más emblemático de Santa Fe, durante la dictadura. En 1984, la Conadep había avanzado en una primera reconstrucción del martirio con testimonios y fotos. Pero recién ayer, la justicia federal convocó a siete sobrevivientes para que vuelvan al escenario del horror y atestigüen en una causa que investiga el destino final de Alicia López una docente y militante de las Ligas Agrarias desaparecida en octubre de 1976 y en la que ex jefe de la 4ª, Mario Facino, fue procesado por «homicidio, privación ilegal de la libertad, tormentos y encubrimiento». Cuatro testigos respondieron a la cita: José Schulman, Graciela Roselló, Vilma Canciani y el ex policía Raúl Oscar Gómez y seguramente los otros tres, Alejandro Faustino Córdoba, Raúl Pinto y Alcides Schneider, lo harán en las próximas horas. Schulman y Roselló identificaron las celdas donde estuvieron secuestrados y vieron agonizar a Alicia López en una de «Las tumbas», como llamaban a los calabozos. Canciani no alcanzó a cruzarse con ella porque la trasladaron una semana antes, pero Gómez confirmó que le llevaba comida como a otras personas que tenían «signos evidentes de haber sido torturadas». «La Cuarta era el centro más terrorífico», dijo Roselló.

    El reconocimiento tuvo dos etapas. Una, en la sede del Juzgado Federal, donde los testigos señalaron el itinerario del secuestro sobre un plano de la comisaría. Y otra, ya en la Cuarta, donde volvieron a recorrer los mismos lugares por donde pasaron hace 32 años. En las afueras, los acompañaron militantes de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, las Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos y dos diputados del ARI, Alicia Gutiérrez y Antonio Riestra, entre otros.

    Schulman identificó la celda donde estuvo detenido durante «más de dos meses y también los calabozos más pequeños que llamaban ‘tumbas’, donde estaba Alicia López. El baño, donde la veía pasar. Y una cocina, reciclada ahora en oficina».

    «El reconocimiento fue muy exitoso», explicó Schulman. «La celda donde yo estaba está igual, es un poco más chica de lo que yo recordaba: éramos un montón, igual que ahora, que hay ocho personas y sigue igual. La celda grande que estaba al costado está ahora tapiada, se nota claramente que levantaron una pared. Y el lugar donde estaba Alicia es exactamente el que yo recordaba. La tumba de Alicia, estaba contigua a la pared de mi celda. Por eso hablábamos. El baño está en el mismo lugar, nada más que reformado, pero sigue siendo una basura indignante, sucio, repugnante, inhumano. Y lo que era la cocina ahora es una oficinita», agregó.

    Las vivencias se mezclaron. «Tenemos la sensación de haber logrado un triunfo y en esto desde la Liga Argentina por los Derechos del Hombre hicimos bastante para que Alicia no desapareciera nuevamente. Lo denunciamos todas las veces que pudimos, hicimos innumerables presentaciones como querellantes y exigimos que el caso de Alicia no se perdiera en los papeles. Así que por un lado está una sensación que por fin se está investigando y de algún modo Alicia aparece, vuelve, tiene sentido para la gente. Y después, una sensación de agobio por la impunidad de los que la secuestraron en aquellos días, por esta increíble impunidad de años y años que taparon este caso», dijo Schulman.

    Vilma Canciani también revivió sus recuerdos. Ella nunca había declarado en una causa del terrorismo de estado hasta que apareció una prueba de su detención: su nombre figura en los libros de guardia de la Cuarta, igual que los de Schulman y de Alejandro Faustino Córdoba. «Fue algo muy difícil. Me cuesta mucho recordar ese momento. Lo que viví hoy fue horrible. Me pareció algo terrible que uno haya estado ahí, ahora tenían colchones, en esa época no había nada, no había luz. Así que era muy difícil reconocer cuál eran las dimensiones, la ubicación. No es lo mismo tener un recuerdo, que verlo, y volver a vivirlo», dijo Vilma.

    Graciela Roselló también reconoció la celda donde estuvo ella y «la de enfrente, donde estaba Alicia López. Recordé cómo nos hablábamos, había un ventiluz que ahora está tapado. A mi me entraron por una cochera y un portón y no los podía encontrar. Entonces, pude reconocer que pusieron una pared que aislaba ese patio por donde me entraron hasta las celdas. El Juzgado tomó nota que ahí había algo que me impedía ese paso que yo tenía en la memoria. Entonces, dimos la vuelta y encontré el famoso portón. Quería encontrar ese portón y hacer el mismo recorrido de nuevo, pero no lo pude hacer porque en el medio para llegar hasta la celda en alguno de estos 30 años levantaron una pared».

    «Lo importante es el reconocimiento de la Cuarta, que todo eso sirva para condenar a todos los autores del asesinato de Alicia López por que las pruebas revelan que fue un crimen, que la dejaron morir. Y creo que se hará justicia. La condena para Facino me parece bien, pero también hay otros autores, también está (el ex jefe del Area 212, coronel Juan Orlando) Rolón como responsable intelectual. Yo, como testigo, como militante de esos años y los de ahora, sigo pidiendo la figura de asociación ilícita, porque acá en Santa Fe como en todo el país hubo una asociación ilícita, genocidio y terrorismo de estado», dijo Graciela. Ya la voz le temblaba, pero hizo el último esfuerzo para evitar el llanto. Vilma la abrazó.

    La Cuarta deberá ser un lugar para la memoria»

    6 de abril 2008

    Lo dijeron los sobrevivientes que después de 32 años visitaron la comisaría de Santa Fe que funcionó como uno centro clandestino en la última dictadura militar.

    Por Juan Carlos Tizziani

    Desde Santa Fe

    Los sobrevivientes de la comisaría 4ª que esta semana participaron en el primer reconocimiento judicial en 32 años del centro clandestino de detención que operó allí durante la dictadura, plantearon también el debate que viene. «Ya no se puede admitir que la Cuarta sea un lugar más de la policía de la provincia, debe ser convertida en un sitio de la Memoria, como la Esma o El Olimpo», dijo José Schulman. Graciela Roselló coincidió: «La Cuarta fue el centro de interrogatorios y torturas más grande de Santa Fe, el más terrorífico. Entonces, sería muy bueno que pueda ser un espacio de memoria permanente para que esto no vuelva a suceder nunca más». El mensaje tiene destinatario: el gobierno de Hermes Binner.

    Schulman y Roselló volvieron el jueves al recorrer el espanto, donde identificaron los calabozos en los que estuvieron en octubre de 1976 y vieron agonizante a Alicia López, la docente y militante de las Ligas Agrarias que desapareció poco después. La justicia investiga el destino final de Alicia en una causa en la que ya está procesado el ex jefe de la 4ª, Mario Facino por «homicidio, privación ilegal de la libertad, tormentos y encubrimiento». En el reconocimiento participó también otra sobreviviente de la 4ª, Vilma Cancian, que no se cruzó con Alicia porque la trasladaron una semana antes a la Guardia de Infantería Reforzada (ver aparte) y el ex policía Raúl Oscar Gómez, que recuerda a la maestra desaparecida como «una chica menudita, cabello castaño» a la que solía llevarle pan.

    «Ahora es necesario discutir que la sociedad santafesina ya no puede seguir admitiendo que la Cuarta sea un lugar más de la Policía, debe ser convertida en un sitio de la Memoria, como la Esma o El Olimpo», dijo Schulman. «La Cuarta es posiblemente el sitio más emblemático de Santa Fe y es hora que el gobierno provincial lo desafecte como unidad de la Policía, que es la fuerza que en su momento perpetró el genocidio y colaboró en la desaparición de Alicia López, y pase a ser un sitio de la memoria para que se recuerde lo que ocurrió, para educar en derechos humanos y para capacitar. Así que me parece que este pequeño paso judicial ahora debe ser tomado por el gobierno de la provincia y convertirlo en una iniciativa. Santa Fe merece tener un espacio para la memoria», insistió.

    Roselló coincidió con la propuesta. «Sería muy bueno que este lugar se convierta en un espacio de la memoria como la Esma, salvando la distancia porque la Esma es el lugar más emblemático y simbólico del país. La Cuarta fue el centro de interrogatorio y tortura más grande de la ciudad. Sabemos que en los alrededores estuvo la famosa ‘Casita’ (un chupadero clandestino de la dictadura que aún no fue localizado) y había otros lugares como la Guardia de Infantería Reforzada, pero éste era el centro más terrorifíco. Entonces, es necesario que sea un espacio de Memoria permanente para que esto no vuelva a ocurrir nunca más y que podamos vivir con las distintas ideas y distintas posiciones, en democracia», agregó Graciela.

    Schulman planteó también los tiempos de la justicia. «¿Por qué el reconocimiento judicial de la Cuarta no se hizo antes?», preguntó Rosario/12. -«Por qué no se hizo en el año 2002 cuando logramos que se abriera la causa (por el terrorismo de estado en Santa Fe) y lo primero que yo dije y acá tengo la copia: ‘En este lugar secuestraron a Alicia López’. Y sin embargo en el auto de procesamiento (del ex jefe del Destacamento de Inteligencia Militar, coronel Domingo Manuel Marcellini y del juez Víctor Brusa, entre otros) el caso de Alicia López no figuró nunca. Y después de mucho insistir y de una nota de Rosario/12 que fue tapa (el 27 de marzo de 2005) abrieron una causa en paralelo. Sí, debió haberse mucho antes. Creo que por este camino el nivel de justicia que podamos lograr es muy bajo, muy poco. En Santa Fe, se cometieron muchísimos crímenes. Ya llevamos cinco años desde la reapertura de las causas y todavía no tenemos ni un solo juicio oral y ni un solo condenados, así que a este ritmo jamás llegaremos a juzgar a los que están hoy condenados», expresó.

    «Nosotros, venimos planteando desde la Liga Argentina por los Derechos del Hombre que es urgente modificar el procedimiento, el enfoque doctrinario, que se deben abrir causas que unifiquen las denuncias. Es evidente, que hay que abrir una causa por el Area Militar Santa Fe (el Area 212 que comandaba el coronel Juan Orlando Rolón) y juzgar a todos los represores por todos los crímenes. Porque nosotros, por casualidad, vimos a Alicia López en la Cuarta. Pero no puede ser que aquellos casos de los desaparecidos y compañeros que asesinaron y sobre los cuales no hay testigos directos queden sin juzgar. Nos parece un criterio perverso que no compartimos y lo vamos a resistir y a luchar por otro tipo de enfoque».

    «Acá debe entender que así no hay justicia, por este camino no hay justicia, aún cuando estemos dando un pasito en el caso de Alicia. Pero en la mirada global sobre el tema, con esta mora, con esta lentitud y yo estaba pensando que si hay 60 causas abiertas, con que haya cinco o seis que me involucren voy a pasar los próximos diez años de mi vida diciendo lo mismo y no puede ser», apuntó Schulman.

    -El ex policía Raúl Oscar Gómez reconoció haberlo visto en la Cuarta a usted y a Alicia López.

    -Gómez me conocía de antes, porque habíamos compartido la militancia. En su momento, él no sólo que trató de aminorar las condiciones en la que estábamos, sino que se atrevió a informar a mi familia que yo estaba secuestrado en la Cuarta. Creo que es un testimonio importantísimo, que confirma lo que hemos denunciado por 20 o 30 años, que Facino era el jefe de esta seccional y que él dirigía este accionar en coordinación con los Servicios de Inteligencia, con el Area Militar, todo lo que ya hemos dicho -finalizó Schulman.

    6 de abril 2008

    En el Libro de Guardia

    Vilma Cancian nunca antes había declarado ante la justicia hasta que el juez federal Reinaldo Rodríguez descubrió que su nombre figuraba en el libro de guardia de la comisaría 4ª, entre los detenidos en 1976. La llamó a atestiguar y en el Juzgado se encontró también con una declaración que había hecho ante la Conadep, en 1984. «Fui secuestrada el 6 de octubre de 1976 y trasladada a La Casita, un centro de torturas (en las afueras de Santa Fe que aún no fue localizado). Y dos días después, me llevaron a la Cuarta», recordó en un diálogo con Rosario/12. Llegó a la comisaría con las piernas destrozadas por la tortura. «Estuve en los calabozos, en uno muy pequeño, con mucho frío, sin nada para dormir, con mi propia ropa. Lo que recuerdo es que sentía frío y de noche a veces dormía parada o sentada sobre los zapatos. Eran las condiciones de un calabozo». Vilma estuvo en la Cuarta hasta el 19 de octubre de 1976, cuando la trasladaron a la Guardia de Infantería Reforzada. No se cruzó con Alicia López, a quien un grupo de tareas secuestró el 20 de octubre a la medianoche, pero sospecha que los dos operativos pueden estar vinculados. «Estuve en los mismos calabozos en los que aparentemente estuvo ella después. Es una prueba que cuando nos trasladaron a los cuatro que estábamos en los calabozos de la 4ª, después lo ocuparon con otras personas, entre ellas Alicia». Vilma fue llevada a la Guardia de Infantería Reforzada junto con Nidia Patiño, ya fallecida y Raúl Caminotto. «Con Nidia seguimos en Villa Devoto, ella salió en libertad y hace un tiempo falleció en un accidente». Entonces, la Cuarta era un paso, previo o posterior, al centro de torturas.

    -Claro. Antes estuve en La Casita y después en la Guardia de Infantería Reforzada. «-¿Y cuando usted llegó a la comisaría con signos de tortura, ¿el comisario Facino hizo algo?» -No, nada.


  • Otra provocación del Poder Judicial en la provincia de Santa Fe: dieron permiso al torturador Ramos, condenado en diciembre por monstruosos crímenes de lesa humanidad, a que salga tres veces por semana como si fuera un estudiante de Letras más.

    Eduardo Curro Ramos, tal como se probó en el juicio oral realizado en Santa Fe el año pasado, con sentencia el día 22 de diciembre, fue uno de los más perversos torturadores que actuaron en el circuito santafecino: la Cuarta, la Casita, la Guardia y el destino final.

    En ese circuito fueron victimizadas cientos de compañeros y compañeras, casi todas ellas sometidas a delitos de violencia sexual cometidos por el propio Ramos quien llegó a decir en la audiencia publica, ante la denuncia de una compañera, que él sabía que “tenía fantasías sexuales con él”  Como se sabe, Silvia Suppo fue violada y luego obligada a abortar por orden de uno de los condenados en el mismo juicio.

    A pesar de que en la sentencia se reconoció el carácter sistemático de los delitos de lesa humanidad y su inscripción en un plan de exterminio, que para nosotros es Genocidio a pesar de que el Tribunal se negó a reconocer lo obvio, ahora se le da al torturador Ramos un trato diferencial, especial, que no reciben los presos sociales que pasan meses y años gestionando permiso para estudiar.

    Desconociendo la peligrosidad manifiesta de Ramos y el carácter especial de los delitos por él cometidos, que llevó en su momento al Tribunal Oral Federal de La Plata a decir en una sentencia que quienes los hubieran cometido, no pueden pasar ni un solo día fuera de la cárcel, el Tribunal a cargo de la sentencia acaba de otorgarle derecho a salir tres veces por semana para “estudiar letras”, toda una provocación contra las víctimas y la sociedad toda.

    Si a esta decisión en la ciudad de Santa Fe, vinculamos la tomada en la ciudad de Rosario de liberar al Ciego Lofiego y el resto de la pandilla (de simil función que Ramos) DENUNCIAMOS  que el Poder Judicial Federal que actúa en la provincia de Santa Fe está reaccionando ante nuestros avances, sentencias favorables en las tres audiencias orales finalizadas: causa Brusa y Barco en Santa Fe, causa Quinta Funes en Rosario, con acciones de apariencia judicial y claro contenido político de provocación contra los luchadores contra la impunidad.

    La Liga Argentina por los Derechos del Hombre, que conquistó el rol de querellante en los próximos juicios: el de Facino por la desaparición de Alicia López en Santa Fe (comienza el 14 de junio) y el de Feced en Rosario (comienza el 21 de julio) no retrocederá ante estas provocaciones judiciales ni se dejará provocar: seguiremos actuando para construir un bloque social y político que derrote la impunidad con unidad popular, movilización y sereno accionar judicial.

    Por el juicio y castigo a todos los genocidas, por justicia para todos los compañeros

    Por la aparición con vida de Julio López y el esclarecimiento de todas las amenazas y provocaciones contra los luchadores contra la impunidad

    Por un Bicentenario sin impunidad, todos los derechos para todos


    LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE


  • Conferencia en Homenaje al Watu Cilleruelo, a los 35 años de su asesinato un tres de abril, dictada en la Universidad del Sur, Bahía Blanca.

    Para Analia y  toda la Fede del Watu

    Contra la creencia general, que Borges inscribió en un poema bastante conocido, tanto que se ha repetido en un acto oficial en estos días, la memoria no precede al olvido, sino todo lo contrario.

    Borges escribió “Sólo una cosa no existe, y es el olvido”.

    Y eso refleja una idea, bastante extendida, de que todo se recuerda y que el olvido es como una excepción.

    Más allá de la genialidad literaria y poética de Borges, en realidad es al revés. Se construye el olvido, y la característica principal del terrorismo de Estado en la Argentina fue que construyó el olvido al tiempo que asesinaba y desaparecía compañeros.

    De hecho, la “muerte argentina”, como se conoce en el exterior a la desaparición sistemática de compañeros, nuestros desaparecidos, implicaba construir el olvido al momento de desaparecerlos.

    Y por eso vale tanto construir la memoria, porque la memoria no es automática.

    La memoria es el resultado de la resistencia contra el olvido y por eso valoro mucho estos actos de resistencia como el que han producido hoy en memoria del Watu Cilleruelo, de manera plural, con todos los que quisieron participar.

    Hace un rato la compañera de Madres recordaba cuando iba a Capital y alguien le dijo que en el local de la Liga se reunían los familiares de las víctimas de la dictadura y ahí empezó a encontrarse con las otras madres y se fue incorporando a la lucha organizada… Hace muchos años que practicamos esta resistencia y el recuerdo de las compañeras lo confirma, nos honra y compromete con el Watu, pero también con el Negrito García y con todas las víctimas de la Triple A de Bahía Blanca y de la Argentina..

    Me parece a mí que se puede hablar del terrorismo de Estado, en cualquier lugar y en cualquier momento, pero posiblemente no haya mejor lugar ni mejor momento para hablar del terrorismo de Estado, de la Triple A como el rostro oculto del terrorismo de Estado, en Bahía Blanca y en abril.

    A metros de donde lo asesinaron al Watu, en los pasillos del rectorado de la Universidad del Sur y a horas de un nuevo aniversario, el aniversario 35, si no me fallan las matemáticas de aquel día en que la patota del rector asesinaba al Watu..

    Es como que las cosas se buscan y se encuentran.

    Y esta es la fecha adecuada y el lugar justo para reflexionar qué fue la Triple A y qué significó, y por qué sigue oculta. Digamos, de todo lo oculto del terrorismo de Estado, lo más oculto es la Triple A.

    Así que me parece el momento adecuado y el lugar para pensar juntos algunas cosas que nosotros, en todo caso, hemos aprendido en nuestra lucha contra la impunidad y contra la impunidad de los que perpetraron los crímenes de la Triple A en particular.

    Siguiendo con esta primera reflexión sobre el olvido y la memoria, yo los insto a leer algunos de los pensadores de la llamada Escuela de Frankfurt, una de las corrientes del marxismo del siglo XX, sobre todo a Walter Benjamin y a Thomas Adorno.

    Benjamin escribe sus Tesis sobre la Historia, en 1940, poco después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial con la sublevación franquista en España (1936) , pero a los siete años del nombramiento de Hitler como canciller en Alemania y del Incendio del Reichstag que ya muestra un dominio pleno del fascismo… Él es judío y está huyendo de ese espanto… Y él escribe, lo voy a citar de memoria, porque no lo traje escrito. Él dice algo así como: “La memoria no es recordar exactamente lo que ocurrió, sino que la memoria es lo que destella en el momento de peligro”. Miren que frase poética y fuerte.

    Lo que destella, lo nos conmueve, en el momento de peligro, eso es la memoria.

    ¿Qué memoria de la Triple A? La que nos golpea hoy.

    Entonces creo que corresponde pensar primero cuál es el peligro. Nosotros tenemos que pensar en el momento de peligro.

    ¿Qué momento de peligro? Bueno, sin ninguna duda, como se dijo de una u otra manera durante todo el acto. El peligro es que hoy nos enfrentamos en América Latina y en Argentina es a un intento por revertir los tímidos, pequeños, iniciales pero maravillosos pasos que los pueblos latinoamericanos han dado para derrotar lo que se construyó sobre la sangre de Watu Cilleruello.

    Por eso podemos arrancar la reflexión sobre el peligro actual pensando lo que pasó en el ’75. Nosotros hemos discutido muchísimo en los juicios, nos hemos peleado con mucha gente y vamos ganando la pelea de que acá hay que hablar de genocidio, no en el sentido de que genocidio es una colección grande de muertes, que es una convención vulgar del término… Si matan a una persona es homicidio, si matan a cinco es homicidio múltiple, si matan a ciento cuarenta y siete muchachas y muchachos  en  Cromagnon es una masacre, y entonces si matan a treinta mil es un genocidio.

    No va por ese lado, no es por la matemática. El genocidio es la eliminación de un grupo nacional para reorganizar un país. Y por eso hubo genocidio en la Argentina.

    Porque a Watu no lo mataron por matar, como ya se explicó hoy, y yo voy a insistir con el mismo enfoque, sino que el asesinato de Watu se inscribió en una operación para reorganizar el país. Y esa operación se inscribe en una operación aún más amplia, que era derrotar la ola revolucionaria que desató la Revolución Cubana en 1959, que los yanquis creían haber aplastado con el asesinato del Comandante Guevara, en La Higuera, en Bolivia, entre el 7 y el 8 de octubre del ’67, que sin embargo, todos sabrán, poco después comprobarían que esa ola seguía creciendo  en la Argentina con el Cordobazo del 29 de mayo del ’69, con el triunfo de la Unidad Popular en Chile en el ’70, con la creación del Frente Amplio en Uruguay, con el triunfo de Velasco Alvarado en el Perú y con una interminable serie de luchas populares, armadas y no, que abren un proceso de cambios antiimperialistas, inspirado en la Revolución cubana, a los cuales el imperialismo norteamericano, que había aprendido en Vietnam que las guerras no se ganan con las armas solamente, sino con un proyecto político, se decide a destruir con lo que ahora nosotros podemos entender, que es una operación contrainsurgente continental, que no tiene nada de nacional, ni de genuina, ni de propia, sino que está construida con una concepción americana, y que está dirigida por el Comando Sur del Ejército de Estados Unidos.

    Eso es lo que logramos comenzar a revertir con las grandes luchas contra el neoliberalismo de los ’90, con el triunfo del proceso venezolano, luego el proceso ecuatoriano y luego con la maravilla del proceso boliviano, que deberíamos estudiar mucho más, me parece a mí.

    No olvidemos que nuestros próceres, ya que nos acercamos al bicentenario de la Revolución de Mayo, estudiaron en la Universidad de Chuquisaca, que era la única que existía, que estaba en la actual ciudad de Sucre en Bolivia. Nosotros tenemos que superar esa limitación cultural que tienen muchos argentinos de creer que la Argentina es el país más culto de América del Sur y que los bolivianos son una especie de hermanos menores subdesarrollados, cuando es todo lo contrario. Bolivia siempre fue un centro cultural mucho más importante que la Argentina, desde siempre, y hoy, por supuesto que es, posiblemente la avanzada de la cultura política en América del Sur y en América Latina.

    Entonces, nosotros queremos reflexionar sobre la Triple A desde este peligro.

    Y es un peligro muy concreto que tenemos los que luchamos por la memoria, verdad y justicia, que enfrentamos… enfrentamos una reacción, yo diría merecida, no desmedida, merecida, esperada, absolutamente coherente, por parte del poder real en la Argentina que siente que los juicios han ido mucho más allá de lo que todos imaginaron.

    En estos días estoy un poco molesto con la intelectualidad argentina porque tiene una tendencia, casi genética, a ser dogmática, a no pensar, a no reflexionar sobre la práctica, dogmatismo que le viene del eurocentrismo en que fue educada, en esa supuesta superioridad que tienen los intelectuales orgánicos del Poder pero también los del campo popular. Hay muy pocos intelectuales que escriban sobre los juicios, que reflexionen sobre lo que ocurre en los juicios. Es un acontecimiento cultural impresionante. Ustedes piensen que muchísimo del pensamiento crítico contemporáneo sobre la dominación se construyó pensando el juicio de Eichmann, reflexionando sobre qué carajo era ese alemán fascista que se mostraba como un burócrata del horror en el juicio que se hace en Israel contra él.

    Los juicios han perforado los límites que la derecha, el poder pensaba… y empiezan a superar límites que ni nosotros soñábamos, y que seguro no soñaron nuestros desaparecidos.

    Nosotros, y voy a hablar ahora como Liga Argentina por los Derechos del Hombre, el año pasado fuimos protagonistas principales de dos juicios en donde logramos la condena a prisión perpetua de dos generales de la Nación,  el general Santiago Omar Riveros y el general Fernando Verplaetzen, y un juez federal,  que se llama Víctor Brusa, y que antes habíamos logrado destituirlo en el 2000.

    Eso no estaba en los cálculos del poder.

    Y resulta que Riveros había sido miembro de la Junta Interamericana de Defensa. Entonces, este carácter americano del plan lo vamos pudiendo demostrar. Ya no es que los de la Liga hablamos pelotudeces: detrás de Videla estaban los yanquis; no,  vamos al juicio por el Negrito Avellaneda y demostramos que él era miembro de la Junta Interamericana de Defensa. Y se nos murieron Correa y  los militares del juicio de Santa Fe, porque los represores santafesinos habían estudiado todos en la Escuela de Panamá que si no también lo hubiéramos mostrado a todos los que miran los juicios, que no son solos los que los siguen por internet.

    Y los juicios ponen a prueba los conceptos que se han vertido sobre lo que pasó en la Argentina.  Entre otras cosas sobre el sujeto victimizado, que ahora una parte de ese sujeto, justamente los sobrevivientes al genocidio, se presenta en los juicios para hablar por ellos y por los que no están, que como todos sabíamos siempre los que estuvimos presos,  era un sujeto plural, de diversas tradiciones político culturales, de diversas referencias, etcétera.

    ¿Cuál es el problema de la derecha con los juicios?

    Ustedes dirán: “¿cuál es el problema?”. Si los tipos siguen teniendo el petróleo, el gas, todo lo que se apropiaron del Golpe para acá, pasando por Menem y los 90.

    Los juicios les hacen perder legitimidad. Ese es el punto.

    Kissinger escribió una vez: “un imperio no se construye tomando té”. Hay que tener legitimidad para ser imperialista. Los soldados romanos marchaban orgullosos a la conquista de las Galias. Los yanquis no consiguen encontrar veinte voluntarios para ir a pelear a Afganistán, solo mercenarios. Eso habla de la decadencia yankee como potencia global, no porque los podamos vencer hoy sino porque perdieron legitimidad imperial.

    Y el poder en la Argentina necesita resolver cosas muy serias como es sacar a la Argentina de la integración latinoamericana; hacer revertir los pequeños pasos que logramos y que se produjeron en medio de la gran crisis que tuvo en el poder en 2001-2002, y para eso necesitan legitimidad.

    Y resultan que cada vez que proponen un buen cuadro de la derecha, vos decís “¡pum! Este fue facho”. Y lo tienen que bajar.

    Y si se lograra demostrar la apropiación por Ernestina Noble de sus hijos… y aquí quiero ser  cuidadoso, yo digo hay que ser serio en las acusaciones; hay mucha gente que no es seria con el tema de derechos humanos. No está probado que los hijos de Noble sean apropiados. Nosotros por lo menos no lo afirmamos.

    Pero si se demostrara, ustedes imaginen el golpe para la legitimidad para una de las mujeres más poderosas de la Argentina. Y bueno, nosotros queremos ir contra Acindar, contra Martínez de Hoz, y nosotros estamos pacientemente esperando la caída del indulto a Martínez de Hoz y el inicio del juicio oral por el Plan Cóndor. Nosotros somos parte de los querellantes en la causa Cóndor. Nosotros hemos pedido, humildemente, que lo traigan a declarar a Kissinger, un pedido que en realidad hizo  el Dr. Alberto Pedroncini, octogenario abogado histórico de la Liga, de los derechos humanos.

    Y necesitan legitimidad también para enfrentar la crisis del capitalismo mundial; contra los que pensaban muchos, Argentina sigue estando en el mundo, y no puede zafar de esa crisis, y si no que le pregunten ahora a los que comercializan la soja, porque los chinos dijeron si no bajan el precio, no se la compramos, por lo tanto si no hay un porcentaje menor de tóxicos, no se la compramos, y es que todos tratan de posicionarse ante la crisis.

    Para enfrentar la crisis en profundidad ellos necesitan volver a un neoliberalismo sin pudor, sin vueltas. La matriz de la distribución de la riqueza en la Argentina es neoliberal, pero hay como un pudor en la Argentina, les cuesta ir a fondo con las medidas que tiran ellos, necesitan una cosa más enérgica, más pura. Y para eso necesitan legitimidad, y los juicios le afectan esa legitimidad. A veces los compañeros decían: “y ustedes para qué pierden tiempo en pelotudeces, veinte años para llevar a un tipo a juicio…”. Bueno, parece que las pelotudeces que nosotros hacíamos resultaron importantes.

    ¿Por qué? Porque están molestando al poder mismo. Claro, como se dijo hoy, y yo estoy de acuerdo, una vez dicho que el peligro ese, esta derecha que tiene ánimos de venganza, la discusión es cómo se enfrenta a la derecha, y eso me remite al ’75, como en un túnel del tiempo. Es lo que discutíamos en el ’75. Es decir, cómo enfrentamos a la derecha, cómo impedimos cada avance. Y yo creo que también se puede aprender de lo que nos pasó, del asesinato del Watu y el Negrito, de cómo pasó la derecha entonces..

    Antes de seguir… ¿Qué fue y qué hizo la Triple A?

    Voy a tratar de ser muy concreto. Y voy a leer documentos oficiales.

    Les voy a leer el dictamen del doctor Taiano, fiscal de la causa Triple A, que lleva adelante el juez Oyarbide. Este dictamen tiene la fuerza, como decía Foucault, de que el derecho genera verdad. Ya no es un documento de la Liga… Este es un dictamen de un fiscal, que el juez ha considerado pertinente, que es una cosa medio lenta, que a nosotros no nos gusta, pero fíjense lo que dice el fiscal. Lo voy a leer: “En el año 1973 la Argentina regresó a la vida democrática y se verificó un incremento en el nivel de protesta de los trabajadores. Así con el fin de morigerar dichos reclamos, a principios de 1974, el gobierno propició un acuerdo entre los sindicatos obreros, representados por la CGT, los empresarios del gobierno (…)”, “(…) comisiones internas controladas por los propios trabajadores que se estaban emancipando de la dirigencia burocrática sindical tradicional, que presenciaba el deterioro su espacio de poder”. “Simultáneamente, desde el gobierno, en colaboración con diversos actores provenientes de la dirigencia gremial, agrupaciones de derecha y de grupos pertenecientes a distintas fuerzas de seguridad, se consolidó un brutal y sistemático aparato represivo, que con el nombre de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), buscó aplastar los conflictos sociales. Esta organización, digitada desde el Ministerio de Bienestar Social de la Nación, fue uno de los mecanismos empleados para disciplinar a la sociedad”. No para matar a Watu, para disciplinar a la sociedad. Esto lo agrego yo. “A esos fines no se dudó en arremeter contra todas aquellas expresiones democráticas que manifestaran su disconformidad, procedente de cualquier sector, tales como representantes villeros, de la cultura, peronistas, comunistas, radicales, o bien perpetradas contra locales partidarios, etcétera”. Respecto de la conformación de la Triple A, cita a Ignacio González Jansen, que: “la federación que agrupó a los diversos núcleos de la derecha peronista: CNU, Juventud Peronista de la República Argentina (JPRA), Alianza Nacionalista Argentina, Comando de Organización, Juventud Sindical Peronista, Agrupación 20 de Noviembre y Agrupación 17 de Octubre, fue impulsada por los nacionalistas de derecha, que actuaban en todos los grupos, de los que en algunos casos eran fundadores. El ministro López Rega promovió la organización, financió y armó la fuerza de choque que constituyeron la Triple A, pero la mayor parte de los recursos humanos fueron proporcionados por esa federación de grupos de actuación fascista, activos militantes de Tacuara, de la Guardia Restauradora Nacionalista, de la CNU, del Comando de Organización, que compartieron con la escoria de la Policía Federal a las órdenes de Juan Ramón Morales y Rodolfo Almirón la siniestra acción (…)”.

    Y después dice, como corresponde en un escrito judicial (para poder accionar contra un grupo uno tiene que demostrara que sus acciones eran sistemáticas, no ocasionales), el modus operandi de la Triple A.  Fíjense: “Los pasos seguidos por la organización consistían en: difundir sus amenazas, lo cual instalaba el terror y provocaba el aislamiento de su víctima, luego ejecutaba la brutal condena, y finalmente exhibía sus cuerpos torturados, destrozados como una inconfundible marca registrada”. Y todo esto hemos logrado que lo diga un fiscal.

    Voy a citar ahora a la investigadora Inés Izaguirre, que acaba de publicar un importante libro sobre el genocidio en Argentina, que construyó un cuadro sobre las acciones de asesinatos y desapariciones y que ella los ordenó temporalmente en tres períodos: desde la muerte de Rucci hasta el comienzo del gobierno de Perón (25 de septiembre de 1973 – 11 de octubre de 1973); el gobierno del general Juan Domingo Perón hasta su muerte (12 de octubre de 1973 – 30 de junio de 1974), ustedes deberían saber que Perón murió el 1 de julio; y el tercer período es desde la muerte de Perón hasta el 24 de marzo. Y los datos que ella sistematizó son los siguientes: primer período: cuatro muertos, un secuestrado y un secuestrado liberado. Total de víctimas: cinco. Segundo período: 56 muertes, que equivale al 5,4% de las muertes, quince desaparecidos, que equivale al 2%. Total de víctimas: 71. Porcentaje: 3,9%. Asesinatos después de la muerte de Perón hasta el 24 de marzo: 979. Equivalen al 94,6% de las muertes producidas por la Triple A. Desaparecidos: 737. Equivalen al 98% de las desapariciones. Y secuestrados liberados: 54, que no dice acá a qué equivale.

    Entonces, tenemos un total identificado de 1035 ejecuciones sumarias, asesinatos, como el de Watu, como el del Negrito García; 752 compañeros que fueron secuestrados y continúan desaparecidos, y 54 compañeros que fueron secuestrados y liberados. Y ella no incorporara, que nosotros sí con la investigación del compañero Carlos Zamorano, un abogado histórico de la Liga, que calcula unos 2800 presos que permanecieron un tiempo prolongado a disposición del PEN durante el período que transcurre más o menos durante la muerte de Perón y el 24 de marzo.

    Digo… ¿de qué hablamos cuando hablamos de la Triple A? Estamos hablando de eso: 1787 víctimas, entre asesinatos y desaparecidos, y unos 3000 compañeros puestos a disposición del PEN, que muchos de ellos siguieron su ruta, y algunos salieron en el ’82. Conozco algunos compañeros que entraron en el ’74 con el PEN y salieron cuando se fue Galtieri.

    Hay aquí un tema para reflexionar, que yo lo llamo la paradoja de lo oculto y de lo visible. ¿Por qué razón la Triple A exhibe la muerte y los golpistas la esconden?

    Aquí está presente la madre del Negrito García, así que me da un poco de pudor, pero ¿ustedes pueden imaginar una escena en la que en un puente aparece colgado un compañero? Trato de ser lo más escueto posible. ¿Alguien puede imaginar el horror que eso provoca? Ya no hablemos de Watu asesinado acá.

    ¿Alguien puede imaginar lo que es el cadáver del diputado de la Unión Cívica Radical, Rodríguez Araya, rosarino, con los testículos cosidos en la boca?

    ¿Por qué se hace eso? ¿Por qué le pegan sesenta tiros en la cabeza a Carlos Banylis, dirigente del transporte de la zona oeste de la provincia de Buenos Aires, delante de la mujer y los tres hijos? ¡Sesenta tiros!

    Entonces, me parece a mí que está claro, que es lo que tenemos que pensar en términos actuales, que la Triple A es un intento de paralizar por el horror las luchas sociales que todavía se mantenían, que todavía el aliento del período de auge de las luchas populares, del ’69 al ’75, no había terminado…

    De hecho, las primeras acciones de la Triple A, están articuladas con el golpe de Estado contra el gobierno popular de Córdoba de Obregón Cano y con la invasión militar a Villa Constitución, en la provincia de Santa Fe, fenómenos que ocurrieron en enero del ’74 y marzo del ’75, que son acciones pensadas para ocupar territorialmente aquellos lugares donde el movimiento popular estaba más fuerte.

    Hay un hombre que ha pensado mucho los temas de la dominación, que es interesante leerlo, que es Michel Foucault. Analizando hechos sucedidos en el siglo XVII, Foucault escribe: “el papel del pueblo es ambiguo. Se le llama como espectador. Se deposita en ocasiones durante varios días los cadáveres de los ajusticiados, bien en evidencia, cerca de los lugares de sus crímenes. Es preciso no sólo que la gente sepa, sino que vea con sus propios ojos, porque es preciso que se atemorice. Pero también porque el pueblo debe ser el testigo, como el fiador del castigo, y porque debe hasta cierto punto tomar parte en él…”.

    No está escribiendo Foucault sobre Cilleruelo, sino sobre el modo en que se producen los ajusticiamientos en Europa en el siglo XVII-XVIII.   Nos da que pensar.

    Por alguna razón matan y exhiben.

    No sólo por demostración de impunidad. Eso es una parte de la película. Lo más profundo es que nosotros debemos pensar que las cosas pueden empezar de muchas maneras.  Contra el sentido común, las cosas no son sólo una cosa. Los fenómenos sociales, los hechos, los actos humanos al mismo tiempo son varias cosas.

    Y las ejecuciones exhibidas son una manera de disciplinamiento social.

    Una vez que se quiebra la resistencia y que se consigue conquistar el control absoluto de la sociedad con el golpe de Estado, va a cambiar la forma de operar del horror. Ya no se lo va a exhibir, sino que se lo va a ocultar. Porque lo que se va a buscar es impedir la protesta y empezar a construir el olvido.

    Por eso digo qué tan equivocado estaba Borges cuando dice eso de que no existe el olvido. Cuando la gente más sencilla dice: bueno, yo no sabía mucho qué pasaba, no es todo que mienten. Efectivamente se construye una situación social en donde se genera, como dice Foucault, esta especie de compromiso con la represión.

    Yo les voy a contar un caso personal: mi mamá vivía en Primera Junta y Boulevard Zavalla en la ciudad de Santa Fe desde 1944 y el 5 de diciembre del ’75 pusieron una bomba que voló nuestra casa. Los vecinos dijeron “por algo será”. La vieja había vivido cuarenta años. No hubo un vecino que le trajera un vaso de agua.

    Es decir: cómo se construye una escena en la cual se hace al espectador del crimen, paralizado por el horror, involuntario cómplice.

    Y este me parece a mí que es el sentido profundo de la exhibición de los cuerpos con la Triple A.

    Vamos a ver ahora cómo esta paradoja se invierte, y lo que se ocultó, por la lucha del movimiento de los derechos humanos, y de todos y de todas, se hace visible en un proceso complejo, un proceso contradictorio, en el cual primero para que se pudiera hacer visible, se tuvo que adaptar la figura de las víctimas inocentes, palabra para nada inocente, porque si hubo víctimas inocentes, es que hay víctimas que no son inocentes. Y sin embargo el movimiento popular tuvo que transcurrir por ese camino.

    Mi mamá cuando escribía cartas para que me liberen escribía: “mi hijo es inocente”, decía la vieja. Pero todo debe contextualizarse, hay que superar las miradas simplistas, vulgares sobre todos estos temas.

    Y como me dijo una vez un filósofo cubano, a mi parecer de lo más serio que hay en América Latina, que se llama Fernando Martínez Heredia: “la gente lucha en las condiciones en que vive, como puede y como sabe”. Nadie lucha con ideas que no tiene o con ideas que va a haber cuarenta años después. No es una cosa posibilista de decir: se hace lo que se pueda. No. Es que uno lucha en las condiciones históricas, sociales y culturales que le tocaron, en el escenario de la lucha de clases que se construyó en un proceso histórico que uno puede cambiar por mera voluntad.  No puede escaparse de ese escenario.

    Pero nosotros estamos ahora ante una paradoja inversa, de lo que en su momento fue lo más exhibido, de lo que hay más pruebas, porque nosotros podemos dar el nombre del asesino de Watu: el Moncho Argibay. Digo, por ejemplo, de Teresa Israel nosotros no sabemos nada, para dar un caso de una abogada de la Liga desaparecida por defender presos políticos. Ahora sabemos que estuvo en el Atlético, pero quién la llevó no sabemos.  En cambio, sobre los casos de la Triple A hay bastantes pruebas: hay fotos, hay diarios, hay certificados de defunción.

    Y sin embargo ahora se ha invertido la paradoja. Lo que antes era visible ahora está oculto y lo que antes era oculto ahora está visible.

    Nosotros hemos logrado la condena a Riveros, a Echecolatz, a Von Wernich, a Brusa, a Bignone y no logramos arrancar con la causa Triple A.

    ¿Por qué? Porque la causa Triple A, además de esta paradoja que dije, tiene el problema y la virtud (porque en la vida, todo lo que es un problema es una virtud; en la lucha política cuando un problema se supera, es una gran causa, un gran logro) de que la discusión sobre la Triple A cuestiona los dos relatos hegemónicos en la cultura política argentina de la Academia (me refiero a la universidad) de los dos partidos más importantes de la Argentina: la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista.

    ¿Por qué lo cuestiona a la Unión Cívica Radical? Porque ha construido un relato sobre el terrorismo de Estado que se basa en el concepto liberal que los derechos humanos se violan en las dictaduras militares y se respetan en los gobiernos civiles.

    Que la dictadura fue un desvío del largo camino que arranca en Caseros y llega a la Ley Sáenz Peña, y que luego la Argentina se encamina por la democracia, y que por alguna “extraña casualidad”, hubo “algunos pequeños desvíos” en 1930, 1943, 1955, 1962, 1966, 1976, pero “Nunca Más”. Si, como dice Sábato, en el prólogo del libro, se terminó.

    Y entonces si vos lo encaras: resulta que había un gobierno constitucional, y no es que hubo un compañero al que le pegaron. Fueron mil setecientos ochenta y siete las víctimas fatales. En menos de un año, ya es una cifra considerable. Y si vos agarrás las declaraciones del doctor Ricardo Balbín que, para los más jóvenes les cuento que era el jefe real del radicalismo (Alfonsín nunca le pudo ganar la interna hasta que Balbín se murió), lo vas a ver avalando los crímenes más horrendos de la Triple A.  Resulta que la Triple A tiene que ver mucho con la universidad y con la Misión Ivanissevich. El último rector antes de la Misión Ivanissevich en la UBA, se lo impuso como un acuerdo entre la Juventud Comunista y la Juventud Peronista, ese acuerdo lo llevan a la FUBA que lo aprueba y lo imponen a Laguzzi como rector. Le ponen una bomba a Laguzzi y muere el bebé de cuatro meses. Durante diez días, Laguzzi estaba en el hospital y cuando sale renuncia. ¿Qué dice el doctor Balbín, el presidente de la fuerza más democrática de la Argentina, según ellos? Dice: “pero este doctor Laguzzi no resolvió los problemas de la insurgencia en la universidad”. El radicalismo tiene muchas dificultades si hablamos de la Triple A.

    Y más dificultades tiene el Partido Justicialista como tal, porque el relato que construyó en un momento el peronismo, y el diputado Verón lo dice en la primera sesión cuando se reanudan las actividades parlamentarias: “Acá todos hablan, pero los muertos lo ponemos nosotros”. Que es lo que dice Menem cuando va a dar el Indulto: “yo estuve preso, los muertos los pusimos nosotros, los muertos son todos peronistas, y por lo tanto yo tengo derecho a dar el Indulto”. Pero lo mismo dicen ahora otros compañeros: la idea de que hubo una única cultura de la resistencia. Este relato binario, lineal, simplista, muy poco serio, que explica la historia argentina entre unitarios y federales, rosistas y antirrosistas, pueblo/antipueblo, peronismo/antiperonismo. La cosa no fue así.

    Y este relato tiene una enorme dificultad si discutimos sobre la Triple A, porque efectivamente las primeras víctimas de la Triple A son casi todos peronistas. Ortega Peña, del bloque unipersonal, que nunca transó con la cultura del Pejota que acribillaba a balazos.

    O JulioTroxler Prófugo, sobreviviente de la masacre de los basurales de José León Suárez, fíjense que paradoja más provocadora: Troxler se salva de la Libertadora y lo mata la Triple A.

    La Triple A ilumina qué es el peronismo, no porque sean sinónimos sino en el sentido de que el peronismo nunca fue otra cosa que un movimiento político de carácter burgués que tuvo siempre una hegemonía vinculada al proyecto de una burguesía nacional, y como dice José Pablo Feinmann, uno de los intelectuales más destacados del kirchnerismo: “el peronismo fue estatista con Perón resistente en la Libertadora y fascista en el ‘74”.

    Eso no cuestiona que haya compañeros luchadores del peronismo. ¿Cuestiona que esos compañeros hayan construido un proyecto revolucionario en los ’70 y que hayan construido fuerza política con una masa crítica con capacidad de movilización que atemoriza al poder?  Para nada.

    ¿Cuestiona que la identidad principal de las víctimas de la Triple A y el terrorismo de Estado haya sido peronista? Para nada.

    Lo que cuestiona es que el peronismo alguna vez fuera un movimiento de liberación nacional, al cual la izquierda no peronista debía apoyar. Cuestión que ha sido el centro del debate en el ’75 y que es el centro del debate hoy. No se trata de negar la existencia de lo obvio. Hay que superar esa cultura de división de la izquierda, del campo popular.

    Pero la Triple A lo que cuestiona es la noción de que el peronismo era en sí el movimiento de liberación nacional y de que la izquierda no peronista debía apoyarla. Debate que se vuelve a instalar, a mi modo de ver sorprendentemente. Hay que superar esa discusión y pensar en términos de construir una nueva identidad. Lo que los compañeros tienen que entender es que no se pueden quedar en un proyecto que no pretende superar el capitalismo. Ese es el punto.

    Y la Triple A ayuda a entender mucho eso. El hecho que haya de un lado peronistas asesinos y del otro peronistas asesinados, ayuda a entender que hay contradicciones al interior del peronismo. Y que la hegemonía en ese momento estuvo cuestionada. Y la respuesta  fue, en buena medida, la Triple A.

    Pero Perón, pese a todo, la hegemonía nunca la perdió

    Y aquí vale contar una anécdota sobre una entrevista entre la dirección de la Juventud Peronista de las Regionales y el General.  Los compañeros le dicen que han llegado a su casa con treinta mil compañeros y Perón una y diez veces les agradece que hayan llegado con tres mil compañeros hasta que alguno se cansa y le dice: General, son treinta mil los compañeros que vinieron hasta aquí a decirle que está lleno de gorilas el gobierno popular, y el General le contesta, treinta mil no, tres ml trajeron ustedes, los otros veintisiete mil son míos.  Y era verdad, ni Perón ni la burguesía jamás perdieron la hegemonía en el peronismo.

    En todo caso, cuando se van produciendo los cambios en el peronismo, tiene que ver con lo que la burguesía va necesitando en cada momento.

    ¿Y por qué hay hoy un conflicto hoy al interior del PJ? Porque hay un desajuste entre lo que hace la hegemonía formal y lo que quiere la burguesía que en realidad sostiene al PJ. “No más concesiones, se terminó el momento en que había que recuperar el poder, basta de joder con Chávez, basta de pelotudeces”.

    Entonces, para discutir más a fondo lo del ’75, la pregunta es si vamos a construir una nueva identidad, que tendrá, como yo digo en esos actos de patria o muerte, que tendrá el rostro de todos los rostros de los compañeros y será como un arco iris porque tendrá todos los colores de todas las banderas de todos los compañeros, o volvemos a la idea equivocada de los compañeros de la JP del ’74 cuando nos decían: “apóyennos, para la interna…”.

    Yo por lo menos, ya la viví. Estoy preparado para cometer nuevos errores, pero no los mismos. Lo que yo aprendí en la lucha contra la Triple A quiero transmitírselo a los jóvenes, primero que al fascismo hay que enfrentarlo, que no hay retroceso contra el fascismo, que no hay concesiones con la derecha, y que hay que tener iniciativa de ofensiva, no de defensiva.

    Por eso, no sé quién dijo algo hoy, nosotros no queremos ningún plan de protección de testigos. Es una actitud de defensiva, yo no quiero que me proteja nadie. Yo quiero terminar con la impunidad en Argentina. Porque un plan de protección de testigos, implica que va a haber asesinos sueltos y que me tienen que cuidar a mí porque yo declaré. Qué me van a tener que cuidar… ¿Y cuánto tiempo me van a cuidar…?

    ¿Y cuánto tiempo la van a cuidar a la mamá del Negrito García que se presenta la semana que viene…? ¿Y hasta cuándo…?

    Entonces, cuando llevamos el debate al terreno práctico, la discusión cambia; ya no es un problema técnico, a ver ¿cómo cuidamos a los testigos?. Hay que terminar con la impunidad; esa es una discusión de ofensiva. No sé si lo vamos a lograr, pero bueno… La política no es que uno plantea las cosas que va a lograr, simplemente…

    Hay que decir que hay que terminar con la impunidad en la Argentina.

    Y los primeros que deberían proponérselo son los que están en el gobierno, porque los que están sentados en los juicios, yo los he escuchado… Miren: el único tipo que testimonió que habló con el jefe de la Cuarta, fui yo por alguna razón que no puedo terminar de recordar, porque el 17 de octubre del ’77 estaba secuestrado en un centro clandestino, el jefe del centro clandestino se acerca a mí, no me acuerdo para qué carajo, y emprende un diálogo esotérico en el que el tipo me termina diciendo que estaba con las botas y hace un gesto en el suelo como que habían aplastado al peronismo.

    Y esa escena me quedó grabada, la escribí ochocientas veces antes del juicio.

    La cuento en el juicio y el tipo se vuelve loco, porque el tipo dice, en las palabras finales: “yo quiero decir de que Schulman no tiene derecho a reivindicar el 17 de octubre, si él es comunista y yo soy peronista”. ¿Y qué es lo que dice Facino? Una es ésa: que Schulman es comunista como si con eso ya me hubiera descalificado para hablar, fíjense que fuerte es el discurso del anticomunismo que el represor sigue creyendo que identificándome ya me descalifica y después dice: “Acá el culpable es el doctor Duhalde, que cambió el prólogo al Nunca Más”. Porque el prólogo de Sábato comienza diciendo “acá un hubo un terrorismo de izquierda y que para combatirlo los militares se excedieron y generaron un terrorismo más malo todavía que el de izquierda”. Y Duhalde, un intelectual al que respeto mucho,, escribió un nuevo prólogo en el 2006, y más allá de que dice cosas con las que no estoy de acuerdo, sacó la teoría de los dos demonios. Y Facino dice: ése es el problema. Yo lo llamé al secretario de derechos humanos del gobierno nacional para saludarlo, no es que uno sea oposición por gusto, sistemática y automáticamente; después están los límites, las dificultades y entonces uno crítica y exige, pero si un facho lo ataca, uno lo saluda.

    La otra pregunta, siguiendo con esto de lo oculto y lo visible, sería ¿por qué tenían que atemorizar?.

    Hay una fuerza que los está cuestionando, y eso es lo fundamental a recuperar en la memoria. Hay un ciclo de acumulación de fuerzas (’55-’75) en el cual se construye un proyecto político de transformaciones populares, proyectos sindicales, de política armada, etc. a los cuales el poder teme, se siente desafiado, interpelado.

    Ese sentimiento de interpelación lo tenía el imperialismo norteamericano. Si hay una imagen que voy a tener el día que me vaya va a ser esa de cuando vi en televisión el helicóptero bajando en la embajada de Estados Unidos en Saigón para llevarse al último asesino colgado de una soga.

    Entonces, cuando uno dice: el imperialismo tenía una sensación de que tenía un problema…está diciendo que había perdido la guerra de Vietnam. Y eso, en términos histórico-universales no había pasado jamás. El Imperio Romano jamás perdió una guerra. Y que el imperialismo norteamericano haya perdido una guerra, provocó una conmoción universal. Los últimos cuatro minutos de “Apocalipsis Now” sirven para pensar la historia argentina. No se puede derrotar a los vietnamitas cumpliendo las leyes. Hay que salir a matar a lo bestia. “Basta de manuales de la segunda guerra”: terrorismo de Estado en todo el mundo.

    Yo quería poner atención en que el ciclo de luchas en la Argentina no se entiende sin la Revolución cubana. No se entiende sin la entrada de Fidel, Camilo y el Che a La Habana el primero de enero del 59. La Revolución cubana produce una oleada revolucionaria que es respondida por el imperialismo norteamericano que podríamos simbolizar en el Plan Cóndor, que aplasta esa oleada revolucionaria, pero no a Cuba. Cuba resiste cuando se aplasta a toda América Latina, y Cuba demuestra que se puede vivir de otra manera que la que dicen los yanquis, es la inspiradora de los cambios antineoliberales, cuando el neoliberalismo se agota…

    Cuba es, siguiendo el proceso en conjunto, en términos químicos, la catalizadora de los movimientos que en América Latina se lanzan a la lucha. Cuando ese desafío se constituye, el imperialismo responde con dictaduras, el terrorismo de Estado, el genocidio… 400.000 asesinatos que hubo en ese momento en América Latina, de los cuales 30.000 son argentinos.

    El imperialismo construye el neoliberalismo, una sociedad más injusta, más cruel, dilapidadora de los recursos naturales… Pero Cuba resiste.

    Y cuando el proceso neoliberal se agota, y como dijo Fidel, el ejemplo más notorio es Argentina porque era el alumno más brillante del neoliberalismo y que se hace pedazos, cuando estalla la convertibilidad en el 2001, Cuba vuelve a inspirar, ya no desde la lucha armada sino desde la práctica de una salida de la crisis que no destruya las conquistas sociales,  a Venezuela, a Ecuador, a Bolivia, a los pueblos uruguayo y brasileros y latinoamericanos, y se pone en marcha un proceso de transformación (por eso hoy hay que pensar hoy no en clave de Triple A, sino en términos de Uno América, una ONG que son una banda de fascistas que son los que bancaron el golpe en Honduras y hay una articulación intelectual con la Fundación Libertad, que funciona en Rosario, que está adherida a la Internacional Liberal, de la cual el PP de España es el más importante, que están inspirando esta especie de oleada derechista que reclama liquidar los pasos dados)…

    Pero sigamos con las preguntas sobre la Triple A, ya sabemos a quien reprimen y por qué, bueno, ¿pero quién actúa? La Policía Federal y los grupos de derecha.

    La Policía Federal como expresión de un Estado represor  que se organizó desde la Campaña del Desierto, y que en 1930, la Policía de Buenos Aires pasa a ser Policía Federal y que organiza una sección de lucha contra el comunismo, que no luchó sólo contra el comunismo.

    Marx y Engels, en el Manifiesto Comunista, dicen que son comunistas todos los que luchan contra el capitalismo, no sólo los que tienen un carnet, lo lamento por los que piensen así. Y el capitalismo en la Argentina siempre pensó como Marx y Engels, no es que pregunta: a ver qué carnet tenés vos… Todos los que luchan contra el capitalismo son comunistas.

    Les voy a leer el documento secreto del Partido Justicialista de 1974 que da fundamento doctrinario a la Triple A. El documento fue publicado por el diario La Opinión en 1973, luego de la muerte de Rucci. “Este estado de guerra que se nos impone no puede ser eludido y nos obliga no solamente a asumir nuestra defensa, sino también a atacar al enemigo (los grupos marxistas y terroristas y subversivos) en todos los frentes…”.

    Fíjense que no dijo: a los compañeros de la Juventud Peronista… “Los grupos que en cada lugar actúan invocan­do adhesión al pero­nismo y al Gral. Perón, deberán definirse públicamente en esta situación de guerra contra los grupos marxistas y deberán partici­par activa­mente en las acciones que se planifiquen para llevar adelante esta lucha”. Y entre otras medidas ilegales, el documento define la creación de un sistema de inteligencia “al servicio de esta lucha que estará vinculado a organismos a crearse…”, que no puede ser otro que la Triple A.

    No es que tenga animadversión contra nadie, estoy leyendo el documento oficial, publicado por el diario La Opinión. Por eso primero intenté demostrar con cifras que la masacre no se produce durante el gobierno de Perón, sino después, porque Perón va a intentar gobernar con cierto margen de contacto con el movimiento popular, y por lo tanto que el accionar de la Triple A sean medidos. Por eso ustedes vieron que las cifras que di, sólo el 2% de las acciones se dan antes de la muerte de Perón.

    Después todo un costado muy interesante que es para pensar la derecha.

    Voy a empezar al revés. Ahora estamos en el Bicentenario. La Argentina nunca tuvo un proyecto nacional. Los patriotas de Mayo no alcanzaron a construir un proyecto nacional. Nadie dice, no conozco a ningún autor que lo diga, que en 1810 empezó el nacionalismo en la Argentina. Hubo un proceso, por supuesto, de liberación del colonialismo español, pero que rápidamente es sofocado.

    Y el nacionalismo en Argentina, como corriente política, literaria y cultural, va a nacer reaccionaria. “Lo que me revienta”, dice Cané, “es el populacho canalla vociferando en la calle”. Y propone, lo que él dice la “deliciosa” ley de expulsión.

    Acá no estamos en la India, en China. Después ya fue al revés: hubo un nacionalismo que nació de derecha y que de su interior surgieron corrientes que viraron a la izquierda.

    Pero otra vez el mismo sentido, la misma relación entre lo principal y lo secundario, lo principal nunca fue la memoria y el olvido lo secundario. En Argentina lo principal del nacionalismo no fue el carácter antiimperialista, sino que fue la excepción.

    Nosotros hemos celebrado y celebramos, y yo los exhorto que lean a grandes nacionalistas como Hernández Arregui, Puiggrós o Cooke, como tantos otros. Pero el nacionalismo argentino nace como reacción a la inmigración…

    Ayer fuimos al Museo del Puerto y allí hay información sobre la inmigración a Bahía Blanca… Los tipos querían blancos, ricos, no pobres, torpes, idiotas, discapacitados. Y de repente se encuentran, voy a volver a citar a Cané, “con la marea”.

    Cae una bandada de brutos, gallegos, italianos, judíos, rusos, polacos, cagados de hambre, que para colmo venían de la revolución democrático-burguesa de 1848 o de la insurrección obrera de 1871 en París, y que para colmo eran anarquistas, socialistas, marxistas.

    El nacionalismo no nació defendiendo la causa de Mayo; ojala hubiera sido así. No me quieran vender otra cosa. El nacionalismo nació de la oligarquía que después, estando en el poder, construye el nacionalismo. Y otra cosa que aprendí el otro día fue que en 1930 visita la Argentina, Marinetti, fundador del futurismo italiano, que es una corriente de renovación de la vanguardia cultural, que tiene como valores principales… Las vanguardias culturales en el siglo XX surgen vinculadas a las vanguardias políticas. Y esto es tan así, para no hacer un análisis simplista, que cuando el futurismo llega a Rusia, va a ser encabezado por Maiacovsky (que junto con Eiseinstein, también futurista, va a ser uno de los principales intelectuales de la Revolución rusa).

    Pero en Italia, el futurismo va a estar al lado del fascismo. El futurismo italiano va a tener como valores: el trabajo, el odio a la mediocridad burguesa y la exaltación del valor. Marinetti viene dos veces a la Argentina, primero como pintor y después como representante de Mussolini. Hay que pensar que Mussolini era italiano y la primera colectividad en Argentina era italiana. Y la segunda era española, Franco era español, y no todos eran republicanos como nosotros queremos hacernos el bocho a veces, la mayoría eran fascistas y franquistas.

    Nada es casualidad. El pensamiento fascista se construyó.

    Hay un cuento de Eduardo Rosenzvaig, que encuentra las cartas del cónsul argentino en Alemania que niega el permiso de regreso a judíos comunistas argentinos que quieren salvarse del nazismo. Y el ministro de relaciones exteriores es nada menos que Lamas, que fue Premio Nobel de la Paz, por su papel en resolver el conflicto entre Bolivia y Paraguay en la Guerra del Chaco. Lo que quiero decir es que la cultura del nacionalismo de derecha tiene arraigo en la Argentina.

    Y por eso que en 1918 en la huelga de los trabajadores metalúrgicos de la fábrica Vasena, el ejército se ve rebasado y el nacionalismo de derecha funda la Liga Patriótica. ¿Y qué es la Liga Patriótica? Es como la Triple A pero en 1918.

    Son cajetillas con armas que van a matar obreros y judíos. Y no los matan porque eran judíos, sino por “judeo-comunistas”. Y la funda Manuel Carlés, que era un intelectual de la oligarquía y afiliado a la Unión Cívica (que luego sería el radicalismo actual). Ustedes saben que “tirar manteca al techo” viene efectivamente de que tiraban manteca al techo en los cabarets de París. Y “llevar la vaca atada” era de cuando llevaban la vaca atada a Europa. No son expresiones simbólicas, son reales de una oligarquía que se apodera de la renta agraria diferencial, de la Pampa húmeda.

    La lucha por justicia para Watu es una lucha ética, y por sólo eso sería correcto emprenderla. Es una lucha por la resignificación de la historia, y eso tiene un valor estratégico. Pero sobre todo, la lucha por justicia para Watu es una lucha para deslegitimar a La Nueva Provincia, es una lucha para deslegitimar al poder real en Bahía. Y es por eso que no quieren el juicio. Si algo expresa al nacionalismo de derecha en la Argentina, es La Nueva Provincia.

    Yo quería terminar con esto: ¿por qué tiene sentido estaba batalla y nosotros llevamos a cabo este acto?

    Foucault tenía razón: el derecho genera verdad. Y nosotros hemos aprendido, humildemente, a utilizar nuestra verdad, sostenida por treinta años, relegitimada por el derecho, para hacer más potente nuestro discurso.

    Y nosotros dijimos treinta años: al Negrito Avellaneda lo secuestraron en su casa, lo llevaron a Villa Martelli y lo mataron en Campo de Mayo. Pero después viene el Juicio contra Riveros y entonces vamos a un acto impresionante, en el que los niños de una escuela, la llevan a Iris Avellaneda para que les hable del Negrito, y después del acto los niños la rodean y le piden que le firmen el libro.

    Iris luchó treinta años en un silencio parecido a la soledad.

    Y me han contado que estos días, niños con problemas educativos, se llevan el libro, se lo leen en una noche y las madres no entienden nada. Niños que tienen dificultades para leer. Pero no en cualquier lugar: Vicente López. La Zona Norte del Gran Buenos Aires es la mayor concentración fabril de la Argentina en los ’70 y en los 2000.

    Y ahí está calando el mito del niño mártir, del joven comunista asesinado por la dictadura, pero no como fuerza política, lo está instalando la CTA, el SUTEBA, la Comisión Provincial de la Memoria, la Comisión de Campo de Mayo.

    Y esto no lo podríamos haber hecho sin el juicio, porque la verdad legitimada por el derecho es otra cosa. La memoria si no hay justicia, no hay memoria.

    La memoria si no es acompañada de justicia, es conmemoración, es nostalgia.

    La memoria necesita de algún grado de castigo a los culpables, algo necesitamos conquistar.

    Vuelvo al comienzo: hay un compañero de la Juventud Comunista, que está sentado aquí,  que hace muchos años me preguntó para qué mierda perdía tiempos en los juicios, cuando comenzaba lo de Brusa.

    Y siempre lo tuve presente: ¿para qué mierda estoy sentado en un tribunal?

    ¿Está bien que esté en el juicio?

    Y es que aprendimos que esta lucha no es sólo que la hacemos porque es ética, porque está bien hacerlo, por las Madres, por la hermana de Watu, por el Watu.

    Es una forma de construcción de poder popular, y honestamente nos viene saliendo mejor que otras.

    Uno puede recuperar capacidad de legitimar el discurso, de golpear al poder. Por estas razones y mucha más vale la pena luchar por Watu, por el Negrito García, por todos los compañeros.

    Termino con esto: yo escribí un cuento que dice: “sólo los globos rojos llegan al cielo del Negrito”. Y una compañera dijo: pero yo veo globos de todos los colores. Porque cuando el acto del Negrito, los chicos con las maestras tiraron globos al cielo. Y yo digo: no, yo vi sólo globos rojos. Y el tema es que en cielo de los desaparecidos tienen que estar todos los colores. Y tiene que estar el globo rojo de la Fede. Y tiene que estar el globo rojo de la Juventud Guevarista. Y tiene que estar el globo azul y blanco de la Juventud Peronista – Montoneros. Y tiene que estar el globo amarillo de los compañeros de la militancia cristiana.

    Y eso es lo que tenemos que hacer: con todos los colores, construir una nueva identidad en la Argentina.

    Algo que supere las viejas disputas, que las supere en términos hegelianos, no que las niegue en términos bastardos, que las recupere, que las resignifique, que las potencie, que las reviva, que hagan que tengan sentido.

    No puede ser que alguien haya sostenido una identidad cien años para sostenerla nomás. No, tiene que ser para que crezca algo. Como dijo Fidel al disolver el 26 de Julio: disolvemos el 26 de Julio para que nazca algo más grande que nosotros mismos.

    Que es lo que nosotros queremos, y creo que los juicios pueden servir para eso, que es para reivindicar esta historia plural, y que sirva para crear algo más grande, más plural que nosotros mismos.

    Algo que realmente pueda representar a todos los desaparecidos, al Watu, al Negrito, y a todos los compañeros, incluyendo a los de Bahía Blanca por supuesto.


  • Seminario sobre la Operación Cóndor y sus proyecciones actuales,

    22 y 23 de abril

    Más de veinte panelistas y doscientos participantes en el salón Rojo de la Intendencia Municipal de Montevideo ratificaron la decisión de luchar contra todas las impunidades y enfrentar los intentos derechistas de revertir el proceso de cambios antiimperialistas que impulsan nuestros pueblos.  Organizaron conjuntamente la Comisión por la Memoria de Uruguay, la Comuna de Paraguay y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre de la Argentina que decidieron llevar el seminario por toda la geografía que sufrió la Operación Cóndor

    “Es hora de barrer la mierda del río
    dos veces.
    De aquí para allá
    y de allá para acá.
    Para volverte y borrarte,
    para borrarte y tenerte.”
    “Conjuro para encontrar
    a Floreal Avellaneda” de J.E.S.

    Uno. El Cóndor atacó Uruguay con furia y tuvo en el conjunto del genocidio cometido, un peso específico muy alto.

    No hay dominación que no se constituya bajo un mito fundacional y el uruguayo tiene que ver con aquella mirada valorativa que era la Suiza Latinoamericana, la que no sufría golpes de Estado y respetaba la ley por encima de cualquier otro país latinoamericano. Tan fuerte es ese mito que la propia dictadura uruguaya, más extendida en el tiempo que la argentina, auto construyó una imagen “blanda” que ha sido difundida aún por una parte de sus víctimas. Lejos de esa mirada, el bloque de Poder uruguayo, del cual formaba parte el imperialismo yankee, decidió incorporarse activamente a la operación continental de contrainsurgencia impulsada por el Gobierno de los EE.UU. y sus agencias de inteligencia que sembró de horror y muerte el territorio latinoamericano en la década del 70 y al hacerlo aportó algunas “originalidades”: fue el propio presidente constitucional quién decide encabezar el proceso golpista que masifica el Terrorismo de Estado que había empezado bastante antes; organizaron un sistema de control social explícito que abarcaba casi el total de la población y alcanzó el record de presos políticos por habitante imponiendo una división de la población en tercios. una enorme parte en las cárceles, una parte aún mayor en el exilio y el resto de la población sometida al terror organizado de un modo industrial.
    En ese proceso, del cual no pensamos dar cuenta en estas breves líneas, el peso de la acción de la CIA, de los servicios brasileros, chilenos y argentinos, la importancia de la detención clandestina, la tortura y ejecución sumaria en territorio argentino, el rol del Centro Clandestino Orletti en el barrio de Floresta de la Capital Federal de la Argentina, el traslado de prisioneros de Uruguay a Argentina y de Argentina a Uruguay, los vuelos y viajes fluviales, las operaciones de enmascaramiento de crímenes argentinos en territorio uruguayo y de crímenes uruguayos en territorio argentino, todo lo que nos lleva a pensar en la Operación Cóndor, tuvo una importancia fundamental, tanta que no es posible hablar del terrorismo de Estado en Uruguay sin tomar muy en cuenta la Operación Cóndor. Y aún más, si en algún lado queda claro que Cóndor fue una más de las operaciones clandestinas de articulación de las dictaduras bajo el mando de la CIA es en Uruguay: desde el agente norteamericano de la CIA Dan Mitrione que figuraba como funcionario de la Agencia del Desarrollo Internacional de EE.UU. (USAID) en realidad conducía, desde 1962, la transformación de las fuerzas represivas en el sofisticado aparato de aniquilamiento en que convertirían en esos años, hasta el robo del cadáver de nuestro Floreal Avellaneda, reconocido por la dictadura en 1976 pero desaparecido desde entonces de su fosa en el Cementerio Norte de Montevideo.
    De todo ello se habló en el Seminario, como para no olvidar que había cuerpos que iban y venían por el Río de la Plata y que no habrá ley ni claudicación ética que pueda borrar su sombra en el viento, en el río y en nosotros.

    Dos. Un debate entre pares: sobrevivientes del terrorismo de Estado, profesores universitarios y ensayistas, dirigentes sindicales y políticos, senadores y diputados, militantes de organismos de derechos humanos, todos ellos luchadores consecuentes contra la impunidad.

    El Seminario dio la palabra a algunos que no siempre son escuchados en estos debates sobre la historia y los derechos humanos. A los sobrevivientes del terrorismo de Estado de tres países arrasados por las dictaduras y el Cóndor, para no nombrar más que uno hablemos de Luis Casabianca, miembro de la generación de comunistas aniquilados por Stroessner, que resistió todas las persecuciones y hoy es miembro de la Comisión de Verdad y Justicia de su país. A los dirigentes sindicales como Marcelo Abdala del secretariado del PIT CNT, la Central única de los trabajadores de Uruguay y también a los dirigentes políticos como Felipe Michelini, Eduardo Lorier y Patricio Echegaray aportando a superar las falsas barreras sembradas por el neoliberalismo que pretendió levantar un muro de separación entre las luchas por los derechos humanos y las luchas obreras y de confrontación política con la dominación.
    Pero en estas breves líneas quisiéramos reflejar la legitimidad de algunos de los participantes en el debate, de aquellos compañeros que conforman las tres organizaciones de derechos humanas hermanas que sostienen esta campaña de esclarecimiento sobre el Cóndor y predican la articulación de una fuerza claramente antiimperialista en el terreno de los derechos humanos. Uno es Derlis Villagra, de la Comuna del Paraguay que contó en el seminario que en ocasión del regreso al Paraguay de uno de los represores más feroces, y ante le hecho de que se refugió en el Hospital Militar él recordó que justamente ahí había nacido porque su madre era una presa política, bárbaramente torturada a pesar de estar embarazada de él y que fue llevada a parir entre militares crueles, los mismos que habían matado a su marido, el papá de Derlis, en una operación conjunta con los argentinos en la misma ciudad de Buenos Aires donde se había refugiado del terror paraguayo para ser víctima del Cóndor. Y la otra anécdota es aún más significativa: una de las fundadoras de la Comisión de la Memoria de Uruguay es Mirta, fue presa política y tiene el hermano desaparecido en la Argentina, ella nos trajo de regalo cartas originales de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre del periodo dictatorial que dan cuenta de una relación entre pares, argentinos y uruguayos, en la lucha contra la impunidad; hasta ahí un episodio más de la historia de la Liga y de la resistencia de los compañeros uruguayos a todas las dictaduras, pero cuando Graciela, la presidenta de la Liga, vio la carta confesó que había sido ella, o Edith, la compañera que a sus casi ochenta sigue siendo la primera cara que se ve al entrar a la oficina de la Liga de Corrientes y Callao, quien había escrito la carta que firmaba el secretario de entonces y fue enviada en papel ultra delgado a Ginebra, donde estaba exilada Mirta.
    Por eso el debate juntó a gente tan distinta y tan igual, como los militantes de la Liga, la Comuna o la Comisión de la Memoria, que son sobrevivientes, abogados, docentes o simplemente seres humanos que valoran la humanidad de su ser y por eso luchan, justamente, por los derechos humanos, por todos los derechos humanos para todos.

    Tres. La ley de caducidad que prolonga la estrategia de impunidad de la dictadura de Uruguay es éticamente insostenible, legalmente indefendible y políticamente funcional a la derecha, por eso, de uno u otro modo, más temprano que tarde, será anulada.

    El Seminario, que fue planificado y organizado por meses, terminó realizándose en medio de debates muy álgidos sobre la impunidad y la memoria en el Uruguay. Solo vamos a citar a algunos de los uruguayos que allí participaron. Dice La República en su crónica del seminario (www.diariolarepublica.com).   El diputado Felipe Michelini aseguró ayer que «no habrá reconciliación posible» entre el pueblo uruguayo si las Fuerzas Armadas (FFAA) no piden «perdón» en forma «explícita», por las sistemáticas violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura cívico ¬militar. Michelini saludó la concreción de un debate entre distintos actores sociales sobre las reminiscencias del Plan Cóndor en el actual contexto socio¬político de la región, puesto que «generalmente» el tema se circunscribe a las violaciones de los derechos humanos, pero no se lo ubica en su «real» proyección política.
    El Plan Cóndor «no llegó de casualidad» sino que «fue la plataforma de sustento de las políticas neoliberales» implantadas en la región, al influjo de los intereses estratégicos de Estados Unidos y «funcional a las elites privilegiadas», las cuales se aprovecharon de esas políticas incluso hasta «20 años después» del retorno de la democracia, expresó Michelini. Los sectores privilegiados promovieron durante esos años una «estrategia de control» de la sociedad al «servicio del neoliberalismo», aprovechándose de los procesos para «la acumulación de más poder, más dinero y más capital».
    En este sentido, «honrar a las víctimas» de la represión significa «desenmascarar las complicidades que permitieron que esas cosas pasaran» y «terminar con la idea de los dos demonios». «Los temas de memoria vinculados al presente son centrales a un proyecto político», por el cual se promueva la «redistribución» de la riqueza. «Un proyecto de izquierda que no recuerde permanentemente estas cosas corre el riesgo de perder la memoria de su pueblo», dijo Michelini. En este sentido, «es equivocado pretender construir reconciliaciones sin leer la historia una y mil veces», ya que se debe «recordar» que las FFAA «violaron su norma más sagrada: no levantar las armas contra su pueblo». Por lo tanto, «si no hay un pedido específico, explícito (…) de perdón» por parte de las FFAA «no habrá reconciliación posible», expresó Michelini.

    Según el mismo diario La República, para Eduardo Lorier, «nunca podrá haber perdón porque jamás hubo confesión ni arrepentimiento» el secretario general del Partido Comunista del Uruguay habló además de las próximas fechas y los eventos populares que se llevarán a cabo, vaticinando que en ellos se fijarán «las pautas de las justas» reivindicaciones y «de la lucha popular». Así enumeró los actos del próximo 1º de mayo «y el del 20 de mayo, que deberá ser, y seguro lo será, más grande que nunca», dijo sobre el día en que se realiza la marcha del silencio en reclamo de verdad y justicia sobre los desaparecidos. Lorier subrayó la necesidad de «anular por la vía legislativa la ley de caducidad».

    Y así se pronunciaron Lille Caruso, referente de la Comisión por la Memoria, Ignacio Martínez, escritor y miembro de la Comisión de Cultura del PIT CNT que mostró en hegemonía cultural neoliberal uno de los frutos de la impunidad, Samuel Blixin, investigador de esta temática que abrió el seminario junto con Stella Calloni en un panel de excelencia sin par que mostró el rostro terrorista de Obama continuador sin matices del Cóndor, Ana Juanche del Serpaj Uruguay que analizó los nuevos modos de criminalización de la juventud y la infancia al relacionar la impunidad con la exclusión actual y los investigadores Roger Rodríguez, que insistió en que no estaba contestada la primera, sencilla y fundamental pregunta de “donde están?”, Clara Aldrighi, historiadora que mostró con documentos el papel de la CIA en el Uruguay y todo el Cóndor y ÁlvaroRico, quien está al frente de un proyecto presidencial de esclarecimiento histórico de los hechos.
    Y cada uno de los estudiantes, ex presos políticos, militantes sindicales y políticos que pasaron por el Seminario y sintieron que nada está perdido y mucho menos cerrado. Cómo dijo alguno de los investigadores uruguayos, no sabemos por qué vía, si la judicial interna o por alguna resolución internacional, por iniciativa oficial o por presión popular, pero de lo que estamos seguros que la Ley de Caducidad está moralmente derrotada y no podrá seguir amparando la impunidad. Por las dudas, en la convocatoria del PIT CNT para el Primero de Mayo se habla de luchar contra la impunidad.

    Se entiende, no hay ley que pueda parar el viento.


  • La cuestión de la hegemonía cultural del neoliberalismo

    al Sur de Nuestra América en el siglo XXI.

    Ponencia al Seminario de Montevideo de abril de 2010

    Uno.

    La hegemonía cultural neoliberal se gestó en el periodo de despliegue del Terrorismo de Estado no por medios intelectuales, sino con técnicas de dominación basados en la violencia extrema destinada a exterminar el sujeto social que sostenía y producía la cultura de rebeldía y libertad, pero también para horrorizar el conjunto social, que así, modificó “a palos” el sentido común que luego, en los 90, se desplegó plenamente.

    A doscientos años de las luchas por la independencia del colonialismo español, nos animamos a afirmar que la Argentina es mucho más fruto de las transformaciones integrales que impuso el Terrorismo de Estado que heredera de la causa de Mayo.

    Es la nuestra una sociedad post genocidio, y esto se expresa en el modelo de reproducción ampliada del capital (reprimarización de la economía, sojizacion del agro, extranjerización de la tierra y de los grandes negocios que tienen libre disponibilidad de sus ganancias y aún siguen cobrando la “eterna” deuda externa), en el modo de dominación (una democracia “delegativa” basada en un bipartidismo aggiornado que mantiene al pueblo lejos de las decisiones) y acaso más que todo, en el “sentido común[1]” dominante que se mantiene por un poderoso monopolio informático que se ha transformado en uno de los puntales centrales del Poder y herramienta importantisima de la estrategia imperial de contraofensiva en curso.

    Dos

    Nuestra América es hija de una violación, la Conquista Imperial Europea, y de sucesivos Genocidios, concebidos como el exterminio de un grupo nacional para reorganizar radicalmente las relaciones sociales y el Estado.

    La Operación Cóndor es uno más de los muchos episodios del Terrorismo de Estado de los 70 y éste, el resultado de una larga historia de violaciones graves y masivas de los derechos humanos producidas por un Estado represor, autoritario, clasista, racista y sexista que ya para el primer centenario (1910) había acumulado una batería de leyes represivas: la 4144 de 1902 y la de Seguridad Nacional del mismo año del Centenario, que se celebró bajo Estado de Sitio, y que ya se preparaba para las primeras matanzas “republicanas”: la Semana Trágica en la ciudad de Buenos Aires en 1918, la Patagonia Rebelde y la represión a los obreros de La Forestal (norte santafecino) de 1920 y 1921 presagiando la primera dictadura militar, la del 30, que se repitió en el 43, en el 55, en el 62, en el 66 y como se sabe en el 76.

    El último informe de las Naciones Unidas (Comité de Derechos Humanos, 98º periodo de sesiones, Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, doc. ccpr/c/arg/co/4 de marzo de 2010) sobre la situación de los derechos humanos en la Argentina da cuenta de la continuidad del carácter represor de este Estado: gatillo fácil, tortura en sede policial y en cárceles, desconocimiento de derechos a los pueblos originarios, negación de la personería gremial a la Central de Trabajadores de la Argentina (C.T.A.), facultades autoritarias a las Policías, deterioro del sistema de salud mental y aún da cuenta de problemas más severos como la falta de respuesta a la desaparición forzada del compañero Julio López y la ausencia de un plan estatal que permita cumplir en tiempo y forma al compromiso de juzgar los crímenes del Terrorismo de Estado.

    Los obstáculos que muestra la misma Causa por la Operación Cóndor dan cuenta de la dificultad que se encuentra al pretender juzgar el genocidio con instrumentos jurídicos que no se ajustan al fenómeno que se debe investigar y condenar tal como lo exigió por más de treinta años el movimiento de derechos humanos, el movimiento popular y las fuerzas sociales y políticas comprometidas con la lucha contra la impunidad que lograron la anulación de las leyes en el 2003, el reinicio de los juicios en el 2005 y la ruptura de algunos frenos importantes en el 2009 que hoy nos permiten decir que al fin comenzaron los juicios por las causas más emblemáticas: Esma, Campo de Mayo, Vesubio, Orletti y en una extensión mayor del país, no solo La Plata y la ciudad de Buenos Aires sino en la provincia de Santa Fe, Tucumán, Córdoba, Formosa, etc. previéndose igual impulso para este año.

    En esta compleja dinámica impunidad/lucha por la Justicia, a pesar de todos los obstáculos y limitaciones, se ha cruzado un límite imaginario que el Poder se había impuesto, lo que ha desatado una campaña mediática y política de reclamos de impunidad que, por ahora, son minoritarios y no consiguen cambiar la tendencia a más juicios; aunque sigan siendo fragmentados y dispersos, lo que posibilita que el tiempo juegue a favor de los genocidas que se siguen muriendo sin condena en su inmensa mayoría  (menos de cien condenas para más de 1.600 imputados judicialmente, para no hablar de los miles de empresarios, políticos, embajadores e intelectuales que fueron parte activa del Plan Cóndor y el Genocidio en general)

    Tres

    Cada uno de estos actos genocidas (y por ende de reorganización radical social que traen nuevas formas de ejercer la hegemonía cultural) fueron anticipados, preparados y justificados por un discurso (que no sólo es lo que se dice, sino también lo que se prohíbe decir, lo que se estimula hacer y lo que se castiga hacer).

    El discurso de los 70 fue el del anticomunismo tal como lo reconocieron los generales Bussi y Menéndez en ocasión de ejercer su derecho a hablar en  las primeras audiencias del segundo juicio que se lleva adelante en Tucumán.  Bussi afirmó “Fue una guerra declarada por un gobierno constitucional, en pleno ejercicio de sus facultades para eliminar al marxismo-leninismo y Menéndez, por su parte leyó “No quiero prestarme al juego de los terroristas que ayer ponían bombas y asesinaban a traición para transformar el país en comunista y hoy pretenden ser y haber sido pacíficos ciudadanos democráticos. Quieren usurpar el poder para cambiar nuestro estilo de vida”.

    Contra la pretensión dictatorial, ni las acciones represoras ni las medidas económicas sociales implementadas tendrían algo de nacional: eran parte de una vasta operación doble: de aplastamiento de la oleada liberadora iniciada por la victoria de la Revolución Cubana en 1959 y que todavía a mediados de los setenta mantenía la llama de la esperanza prendida y por otro lado, de reformulación profunda del sistema capitalista mundial para superar la crisis energética de 1973 (que entre otros resultados colaterales liberó una masa de capitales sobre los que se montó la deuda externa del Tercer Mundo) y el desafío de los pueblos que por entonces transitaban por caminos de superación del capitalismo.

    Y toda esa vasta obra, como ahora reconocen los Generales Bussi y Menéndez tenía un único discurso justificatorio: aplastar el marxismo leninismo, impedir que el comunismo se apodere del país, defender el ser nacional, etc. etc. lo que los llevaba a considerar marxistas leninistas y comunistas a todos los que no encajaran en sus planes militares y proyectos económicos no importa que militaran en el peronismo o en la izquierda guevarista, que fueran obreros, sacerdotes, maestras o escritores, comunistas, trotskistas, socialistas, radicales o independientes. Para las dictaduras del Cóndor, y en eso paradójicamente se acercaban más a Carlos Marx y Federico Engels de lo que ellos jamás imaginaron, comunistas eran todos los que se oponían al capitalismo, del modo que sea.

    Y los argentinos hasta lo escribieron detalladamente:  si uno revisa el “Plan del Ejercito (contribuyente al Plan de seguridad nacional)” firmado por Videla en febrero de 1976, precisamente en el anexo 2 de Inteligencia, se describe al grupo a eliminar según su identidad política y forma de organización social haciendo una caracterización minuciosa de la “determinación del oponente” y de la “caracterización del oponente” conformando un larguísimo listado totalmente heterodoxo de casi todas las organizaciones sociales, sindicales, culturales, religiosas y políticas del campo popular que anticipan la identidad de los treinta mil compañeros. De hecho, honrados estamos que nuestra Liga figurara en dicho listado

    Cuatro

    La Operación Cóndor expresa la superación de una contradicción formal entre un discurso nacionalista, cuasi xenófobo, con el que se forjaron los Ejércitos Nacionales y la subordinación a una estrategia contrarevolucionaria continental diseñada por los EE.UU. y aplicada por diversas agencias estatales yanquis.  La resignificación de la identidad nacional desde la perspectiva de la Guerra Fría y el anticomunismo lo hizo posible.

    Así, mientras los revolucionarios habían disuelto la Internacional Comunista al final de la Segunda Guerra Mundial, en “aras de la paz mundial” como explicaba el mismo Stalin, la burguesía alcanzaba niveles de articulación estatal bajo la nueva hegemonía norteamericana que tempranamente en la Guerra Fría organizó los Ejércitos en las sombras que actuaron contra los países del así llamado campo socialista anticipando una espiral de acciones clandestinas y operaciones de contrainsurgencia que luego de Vietnam desembocarían en la Operación Cóndor que hoy tratamos, en el plano militar, pero que se expresaron en todos los planos institucionales internacionales: así la ONU se transformó en un cuasi estado mundial, la OTAN en su Ministerio de Guerras o de Colonias, la Unesco en su Ministerio de Educación y el Fondo Monetario en una especie de súper ministerio de economía mundial desde donde se impondría el Consenso de Washington para “valorizar”[2] el capitalismo local y subordinarlo aún más a los grandes grupos económicos trasnacionales y la financiarización de la economía.

    En medio del triunfalismo de los 90 llegaron a soñar con la desaparición de los estados nacionales y aún algún sociólogo de izquierda habló de la desaparición del Imperio como expresión de dominación territorial[3], es llamativo hoy como las estrategias de agresión a los movimientos populares y los gobiernos latinoamericanos que ejercen, al menos, una cuota de autonomía en cualquiera de los terrenos de la política estatal, se repiten como calco de México a Chile, de Brasil a Ecuador.

    Si en algún terreno la globalización ha sido exitosa es en el terreno del discurso y el pensamiento de la derecha latinoamericana que repite el mismo libreto en todas partes, explicitando en el Bicentenario, su impotencia para pensar un futuro para Nuestra América.

    A diferencia de los exaltados discursos del progreso indefinido de 1910, hoy la derecha solo puede hacer pronósticos agoreros y apocalípticos.

    Cinco

    El nuevo discurso de la derecha tras el agotamiento del modelo de capitalismo que gestó el Terrorismo de Estado y el surgimiento de un nuevo momento en el movimiento de liberación latinoamericano, el empoderamiento del sujeto pueblo, el surgimiento de gobiernos no subordinados al Imperio y aún antiimperialistas e incluso formas de integración no compatible con los deseos imperiales es el de descalificar a toda transgresión como “populista” dándole a esta categoría un sentido nuevo, más equiparable al modo peyorativo con que los genocidas acusaban a todos los que luchaban en los 70 de “subversivos marxistas leninistas” que del sentido sociológico que tenía en los sesenta.

    En el 2007 se realizó en la ciudad de Rosario un Seminario convocado por la Fundación Libertad y auspiciado por la Internacional Liberal del Partido Popular de España y buena parte de la derecha europea donde figuras como Vargas Llosa y José María Aznar vanguardizaron la demonización de Fidel, Chávez, Correa, Ortega, Evo y aún de Lula, Tabaré y Cristina.  En el mismo año se fundo la ONG Uno América que actuó abierta y peligrosamente en ocasión del golpe “blanco” de Honduras de 2009.

    Así, se viene configurando de modo nuevo la cara pública de la operación continental de contrainsurgencia que impulsan los mismos que ordenaron y organizaron la Operación Cóndor: el Imperialismo norteamericano y los grupos nativos de poder a ellos subordinados, que se hicieron con las posiciones principales de la economía con el terrorismo de Estado y aún las mantienen.

    Si la Operación Cóndor tenía una práctica sistemática que se expresaba en la secuencia de intercambio de información, intercambio de prisioneros y llegaba a la realización de operaciones clandestinas multinacionales para “eliminar” opositores, así la actual Operación de desestabilización de los procesos populares tiene un punto fuerte en la predica de los medios de comunicación contra cualquiera que ellos consideren su oponente, más allá aún de nuestra opinión y del balance objetivo de su gestión como lo muestran el odio casi irracional contra la presidenta argentina a la cual el informe ONU demuestra como parte de una secuencia que no ha sido interrumpida en lo esencial, en el núcleo duro y fundamental del Estado como instrumento de dominación.

    Tras la hegemonía cultural lograda por medio de la tortura, simbolizada en el asesinato de Rodolfo Walsh en la esquina de San Juan y Entre Ríos  para llevar su cadáver cual un trofeo de guerra a la ESMA; tras la “domesticación” del pensamiento crítico por parte de los subsidios de las ONG y la cooptación por parte de los proyectos “progresistas” del tipo que encabezaron Alfonsín y De la Rúa en la Argentina, hay hoy una intelectualidad dispuesta a servir de base de apoyo a esta Operación de Contrainsurgencia que por ahora es fundamentalmente mediática (aunque no olvidamos Honduras o la masacre de Pando en Bolivia) pero que tiene toda la ferocidad que presagian malos tiempos para las democracias latinoamericanas si no se radicalizan y enfrentan decididamente estos desafíos

    Seis

    La cuestión de los derechos humanos se ha transformado hoy en un territorio de disputa entre el Imperio y las fuerzas consecuentemente democráticas de América Latina.  Pretendiendo repetir el éxito que tuvieran en los 80 para desestabilizar la Unión Soviética y el socialismo europeo de estado, la operación de contrainsurgencia pretende golpear a los procesos de construcción pos capitalista o aún de autonomías relativas desde el terreno de los derechos humanos, desde una óptica dogmáticamente liberal y formal.

    Así, hoy se ha lanzado una verdadera guerra cultural contra la Revolución Cubana y los procesos de cambios más profundos como Venezuela y Bolivia que debe ser enfrentada por los movimientos de derechos humanos por razones de memoria, por razones de sentido y por una cuestión de futuro.

    Por razones de memoria, porque si hablamos de reivindicar a los desaparecidos, a nuestros 30 000 y a los 400 000 asesinados por la Contrainsurgencia en América Latina en los 70, todos ellos ocupaban un espacio común, más allá de las formas de lucha que ejercieran, que no era otro que el de la construcción de alternativas políticas anticapitalistas que se inspiraban y estimulaban en la Revolución Cubana, en cuyo nombre, miles de ellos fueron al combate desde la Quebrada del Yuro hasta el Palacio de la Moneda

    Por razones de sentido, porque está en disputa la propia noción de los derechos humanos como aquellas necesidades humanas, históricamente condicionados y socialmente reconocidos en un proceso secuencial que pasa por la visualización, el reconocimiento, la inscripción en la ley y la lucha por hacerla efectiva por medio de las luchas sociales; concepto que hace a la integralidad de las necesidades humanas, de libertad sí pero también de educación, vivienda, trabajo digno y salud, derechos económicos sociales y políticos culturales, necesidades que son sociales y por ello solo asequibles por medio de la lucha colectiva por otro concepto que nos retrotrae al inicio del ciclo histórico que hoy muestra su decadencia: la Revolución Francesa y el Capitalismo que sólo reconocen como derechos aquellos individuales que se pueden satisfacer por medio del consumo, y por ende del enriquecimiento, fruto de la explotación del hombre por el hombre.

    El derecho a la autodeterminación de los pueblos es uno de los derechos fundamentales de nuestra concepción y acaso el más odiado por el imperio; defender el derecho de cada pueblo a labrar su futuro es hoy una tarea práctica, que reivindica el bicentenario y que tiene un contenido antifascista y antiimperialista evidente

    Y por una cuestión de futuro. Por que tenemos que impedir que la parábola vuelva al punto de partida y de nuevo se piense en otro genocidio para reorganizar radicalmente las sociedades latinoamericanas que no quieren más estar al margen de la historia.

    Es la hora de los pueblos, y el movimiento de derechos humanos tiene que estar de su lado

    José Ernesto Schulman

    Secretario de la

    Liga Argentina por los Derechos del Hombre


    [1] Utilizamos aquí el concepto de sentido común que construyó Gramsci en sus Cuadernos: la ideología de las clases dominantes “naturalizada” para las clases subalternas de modo tal que crean ser sus propias ideas y concepciones.

    [2] En el sentido marxista de lograr la reproducción ampliada del capital aumentando su valor.

    [3] Toni Negri, en su obra Imperio que llegó a concitar la atención de amplios sectores de la militancia antineoliberal y contra la globalización monopolista del capitalismo


  • galeria_ferroviariasPara Sabrina, que sostiene

    la rebeldía contra

    la mediocridad

    como un acto de belleza


    Larkin dijo el  Oscarcito y el Curro, un torturador que se creía un intelectual porque podía leer de corrido, preguntó al jueztorturador de quién habla este?.

    Es que Oscarcito estaba explicando cómo había llegado él hasta la Guardia y arrancó de que él era ferroviario; cómo si todos pudieran entender que en los setenta ser ferroviario era algo bastante más que trabajar en una empresa de transportes de pasajeros, de vacas y de trigo.

    El viejo Tito me contaba que para conquistar muchachas en los bailes de pueblo, él tiraba el carnet de conductor de locomotoras al piso para que alguno lo levantara, lo llevara al escenario y el animador del baile llamara al titular del preciado carnet así las chicas le prestaban atención mientras las madres le decían mira vos un ferroviario, y maquinista, este muchacho si que debe ser buena persona y que Larkin había sido un gringo que había llegado con uno de los primeros planes privatizadores, allá por los finales de los cincuenta y que para pararlo hubo que hacer una huelga de la puta madre, 41 días duró la huelga aunque en Laguna Paiva había durado más y había sido más dura.

    Fue en el 61 y los talleres de Laguna Paiva eran uno de los centros principales de la resistencia, así que cuando llegaron los telegramas de despido para más cien compañeros, la gente salió a la calle, pero no solo los ferroviarios sino también sus mujeres, y los niños, y las maestras de los niños y los tipos que le vendían carne y verduras a las mujeres de los ferroviarios y los tenderos y los almaceneros porque -eso decían en el 61 antes de que al  Oscarcito lo metan preso para que Menem pudiera privatizar los ferrocarriles después-, si cerraban los talleres el pueblo se moriría.

    No me acuerdo a los cuantos días, pero como a la mitad de la huelga, largaron un convoy ferroviario de Santa Fe para el norte y pasó por la estación de Paiva pero a los ciento cincuenta metros una multitud se enfrentó al tren.

    ¿Viste esa película italiana en que los campesinos marchan con las banderas al viento y paran a los milicos?, así mismo, la gente con carteles y banderas, los peronistas y los comunistas y también los radicales a pesar de que Frondizi había sido radical antes de ser desarrollista o sea forro del imperio que le daba ordenes de levantar las vías para vender más autos y más nafta y más hormigón armado y cagar todo el interior profundo de un país continente que, sin trenes, cómo harían para verse y encontrarse los que jamás comprarían autos yankees para andar por las rutas asfaltadas con el hormigón de amalita fortabat?

    Por entonces Oscarcito iba a la primaria pero el viejo era ferroviario y los vecinos y los tíos y los papás de los amigos también, porque en Paiva casi todos eran ferroviarios o habían sido y por eso todos soñaban con las maquinas de vapor y la campana del taller.

    Le costó al Oscarcito entrar al ferrocarril pero al final lo logró y cuando lo hizo prácticamente al mismo tiempo se afilió a la Fede y de ahí fue que nos conocimos.

    No porque yo fuera ferroviario, que va, sino porque yo faltaba a las clases de matemáticas de la facultad de profesorado  para tomarme el tren al medio día; me encantaba eso, el tren a Paiva, un viejo tren con asientos de madera que cruzaba los campos a todo vapor atravesando pueblitos de quinteros y empleados públicos para llegar en menos de una hora a Paiva y encontrarme con Oscarcito y los otros compañeros de la Fede.

    En el restaurante que estaba justo frente al portón principal  yo lo esperaba al Oscarcito, y al René que era el hermano y al Omar, y al Juancarlos que ya estaba en el partido pero era de nuestra edad y…ya no me acuerdo mucho de los nombres pero eran un grupo grande porque siempre había habido comunistas en el taller; sobre todo desde el 61 porque en esa marcha en que pararon al tren, los comunistas fueron los que llevaban las molotov con que la gente prendió fuego al tren y la foto del vagón ardiendo recorrió el país para orgullo de algunos y remordimiento de otros.

    No es que se haya publicado en algún lado, no es que nadie los haya denunciado, no es que se haya abierto una causa judicial o algo así, pero todos sabían que los que llevaban las molo eran los del pece y entonces los que querían ir más lejos se acercaban al Gomitolo y los otros compañeros, verdaderos personajes que parecían escapados de una película de Einsestein por la cultura obrera y comunista que portaban.

    Y amigos de los peronistas, aunque no de todos; de los de la burocracia sindical no pero de los otros que si porque eran más parecidos unos con otros que los que ellos querían reconocer.

    Eso es lo que aprendió Oscarcito y todos nosotros, en el 76, cuando los milicos empezaron a echar gente, pero no cualquiera sino a los que podrían organizar la resistencia o sea a los comunistas y los peronistas que no arreglaban con la intervención del taller y entonces fue que me mandaron a Paiva con un papel escondido en el bolsillo de atrás del vaquero, doblado como en mil pedacitos por si me paraban los milicos en el camino y era un petitorio para juntar firmas para que los reincorporen porque un ferroviario fuera de los talleres era como un contrasentido, como que lloviera para arriba o el sol saliera del oeste.

    Yo seguía viéndome con el Oscarcito aunque ya no era en Paiva sino en Santa Fe, se tomaba el tren y se venía a casa; la última vez, me acuerdo bien, el Oscarcito se bajó en la estación de Guadalupe, al norte de la ciudad,  y yo lo esperaba sentado en un banco de la estación, nos sentamos y charlamos hasta que pasó el tren que iba de regreso  y el Oscarcito se subió y se fue y todo bien.

    Y yo me fui caminando tranquilo, contento casi, a encontrarme con Gracielita que ya vivíamos juntos y teníamos a la mechi en el departamento.

    Pero a los dos días me secuestraron a mi, y a la semana al Oscarcito.

    Y en los días siguientes a un maestro rural, un campesino y un hachero de la zona rural que estaba entre Santa Fe y Paiva, esa que yo veía tan linda cuando viajaba en tren soñando con que haríamos de esa campiña como los rusos con los koljoses que eran como cooperativas agrarias socialistas para bajarme en la estación de Laguna Paiva, cruzarme al restaurante y tomar vino con soda hasta que sonaba la campana y se venía el Oscarcito y  los compañeros.

    A él no lo llevaron a la Cuarta pero lo hicieron mierda igual o peor en la sede de la SIDE en Obispo Gelabert y San Martín, en el centro, para el lado del Paraninfo de la Universidad, cerca de la casa del Julio y del Comedor Universitario. De allí lo llevaron a la Guardia de Infantería Reforzada y allí nos encontramos.

    Charlábamos mucho y jugábamos al ajedrez y nos leíamos los pedacitos de diario que llegaban y algunas otras cosas que conseguíamos y me acuerdo bien que una noche, medio asustado el Oscarcito que no era fácil eso, me contó que una mujer policía, la María Eva, al bajar ese medio día a ayudar a la cocina, que había tantos presos que tenían que pedir ayuda para repartir la comida y los dos nos anotamos como para hacer algo y matar el tiempo, la mina le puso una cuarentaycinco en la cabeza y le dijo que rezara porque iba a gatillar para después y al no salir la bala, reírse y dejarlo ir.

    Se reía el Oscarcito cada vez que encontrábamos uno de la Fede, juaha juah decía, mira quién está y no se sabía si lo gozaba o se entristecía por encontrar a los compas en la Guardia.

    A mi me llevaron primero a Coronda pero a él lo largaron después.

    En el 78 lo largaron. Y ahí empezó la odisea.

    Cuando salí, les pedí un certificado y no me lo quisieron dar, dijo Oscarcito en el juicio; y para qué quería el certificado le preguntó el fiscal, extrañado de que alguien liberado por los torturadores volviera al Comando del Área Militar y después a la Guardia de Infantería Reforzada una y otra vez buscando un certificado.

    Cómo que para qué le contestó el Oscarcito extrañado, para volver al ferrocarril porque los hijosdeputa no me querían dejar volver al trabajo.  El Estado que me torturó me volvía a torturar impidiéndome volver al taller, eso dijo exactamente en el juicio.

    Y claro, para un ferroviario no poder volver al taller era una tortura.

    Revictimización le dicen a la experiencia de volver a vivir la tortura en el momento de testimoniar.

    Para el Oscarcito la tortura era no poder volver a ser ferroviario o sea a ser él, volver a portar la identidad proletaria que le daba historia y sentido a su vida.  Porque, qué haría fuera del taller, sin el humo de la caldera y la campana que daba la hora de salida?

    Algo hizo, pero triste, como si siguiera en la puta celda de Coronda, sin estar en el taller no podía estar feliz y por eso fue de los primeros que exigió la reincorporación cuando se terminó la dictadura y de los últimos en irse cuando la privatización del turco que amenazaba con ramal que para ramal que cierra y entonces fue otra vez la tortura hasta esa mañana de octubre del 2009 en que se paró ante el tribunal y les dijo que para eso habían hecho el golpe, para que los ferroviarios sean golondrinas yirando por todo el país porque para él no habrá justicia hasta que lo dejen volver al taller, o sea que vuelva a haber talleres y vagones, y locomotoras tocando la bocina y campanas sonando en las estaciones, aunque ya no sea joven y se le note que ya pasó los cincuenta.

    Será por eso que ese día, después de declarar,  en vez de irse a la Central Atómica donde ahora enseña a soldar a los jóvenes que salen de las escuelas técnicas sin saber un carajo, me dijo que nos quedáramos un rato en la mesa del bar que está frente a la estación de Santa Fe y yo como un boludo que me quería ir sin darme cuenta que estábamos empezando de nuevo, como en el 73 me bajaba del tren y nos tomábamos un vino, justo en el restaurante que estaba frente al taller.

    Así que cuando me di cuenta dejé para otro día no se lo que tenía que hacer y por dos horas volvimos a planear como se podía organizar la lucha por el salario y el sindicato, porque para eso habíamos hecho el juicio, para empezar todo de nuevo.

    Y soñar con un país para todos, donde los ferroviarios sean eso, ferroviarios, y no taxistas, plomeros o jubilados de la esperanza.

  • La bomba que me seguía…

    Ahora casi nadie se acuerda de las bombas.

    Y está bien, porque las bombas hacían mierda las cosas y está bueno recordar los compañeros, los desaparecidos, los asesinados, los caídos en combate, los que sobrevivieron pese a todo y dieron testimonio para llegar hasta aquí.

    Pero en el 74 y sobre todo en el 75, los fachos de la Triple A se pasaban las noches poniendo bombas.

    En diciembre del 75, la situación en Santa Fe estaba recontraencarijanada porque se superponían varias dinámicas: la de la resistencia popular a la derechización del gobierno de Isabel y el plan económico de ajuste de su Ministro Rodríguez, la del despliegue de las acciones de la Triple A en todo el país, que después de la muerte de Perón se habían largado a una carrera de muerte y terror y como si fuera poco, el conflicto provincial entre el vicegobernador y el gobernador, uno de la Unión Obrera Metalúrgica y el otro del Desarrollismo, el partido de Frondizi y de Noble, el dueño de Clarín.

    En medio de ese quilombo nosotros queríamos mantener la democracia, sin darnos cuenta que cada vez quedábamos más solos en ese intento. Los de la Jotape, después del paso a la clandestinidad de los Montos ya no aportaban mucho, los de la Juventud Guevarista nunca se habían sumado a la Coordinadora de Juventudes Políticas y los de la Juventud Sindical Peronista se lanzaban contra nosotros como perros de presa.

    A mi me pusieron una bomba en diciembre.  Justo la noche en que Gracielita festejaba en el Industrial el fin de sus estudios secundarios.  Los tipos esperaron que yo llegara, estacionara el pequeño NSU y me acostara junto a mis hermanos para poner un caño que hizo mierda la casa de mis viejos.

    Después me persiguieron desde el 24 de marzo hasta que en octubre me agarraron. Pasé por la Cuarta, por la Guardia, por Coronda y para aquella Semana Santa del 77 me largaron.  No hubo muchos festejos pero fui a un picnic de la Fede y arreglé con Julio que iría a cenar a su casa.

    El también se había casado hacía poco y cómo se había mudado cuando yo estaba en cana, no conocía el departamento.

    A Julio lo conocía desde hacía unos años.

    Cómo yo había estudiado en el Comercial Domingo G. Silva, tenía muchos amigos y compañeros de la Fede en la Facultad de Económicas aparte de que un hermano estudiaba allí.

    Será por eso que estaba muy cerca de ese grupo de la Fede, al cual se incorporó Julio, llegado de San Juan, con estudios secundarios casi exóticos para nosotros tales como haber cursado en el Liceo Militar, que por entonces era un modo de hacer la secundaria para después no tener que hacer la colimba.

    Por un tiempo, Julio vivió en una casa de la Fede que estaba cerca de la Facultad de derecho y a mi, que vivía en mi casa junto a mis viejos, me encantaba ir a esas casas que eran comité político, peña folklórico, lugar de citas y encuentros con mujeres, ateneos de debate y centros de formación política, y algunas cosas más como restaurantes de comidas rápidas y vino barato o deposito de palos y molotov para ir preparados a las marchas contra la dictadura de Onganía y los fachos de la Juventud Sindical después.

    Después, cuando Julio se recibió de Contador Publico lo pusieron al frente de una oficina del Instituto Movilizador y me inventó una changa para que tuviera unos pesos.

    No me acuerdo mucho qué hacíamos, sólo que había que hacer balance mensual y nos autorizaban un almuerzo pago por la empresa, así que la rutina era trabajar lo más rápido posible para después internarnos en el sauna de Monzón (sauna de verdad eh, no prostíbulo disimulado como fueron después), matarnos con los baños para bajar unos kilos y después comer pizza y cerveza a lo bestia, pero sin complejos.

    Por entonces él era de Racing y yo de Colón (yo lo sigo siendo, no tengo tan claro si él se mantiene fiel a la Academia de Avellaneda o se mudó a la Academia rosarina) y no tuvimos mejor idea que ir a la cancha de Unión pensando que el equipo de Avellaneda le ganaría a los tatengues para sufrir una de las victorias más contundentes de Unión en toda su, breve, historia en primera.

    Pero estábamos acostumbrados a perder.

    Las elecciones estudiantiles, las sindicales, las nacionales.

    Por eso cuando vino la represión cómo que no nos llamó demasiado la atención y las dos veces que me secuestraron y me llevaron a la Cuarta, fue el Julio con su Citroen el que llevaba a la madre de Gracielita a recorrer las seccionales a ver si estaba en alguna.

    A lo mejor por eso fue uno de los pocos que me invitó a conocer la casa cuando salí en libertad la primera vez, para la semana santa del 77, y de nuevo comimos y tomamos como en aquellos días del sauna de monzón.

    Hasta puedo decir el menú sin temor a equivocarme: carne al horno con papas y cebollas con vino de la cooperativa del padre de julio, vino sanjuanino hecho por los mismos productores.

    Todo estuvo bueno y yo me fui tranquilo a la casa donde estaba viviendo con Graciela pero cuando lo volví a encontrar me contó que la tarde siguiente a la cena, una patota entró al edificio y reventó el departamento de al lado del suyo.

    Nunca supimos si los boludos de la banda del Curro se habían equivocado o era el modo de advertirnos que nos tenían bien controlados.

    Por las dudas Julio se mudó de departamento y a mi me volvieron a secuestrar en noviembre.

    Ninguno de los dos “aprendió” la lección de la bomba que me seguía a todas partes.

    Yo seguí militando y me volvieron a chupar, y el Julio volvió a agarrar el Citroen y salió a buscarme.


  • No es lo mismo “cuidar” los testigos,

    que sostener una estrategia eficaz de lucha contra la impunidad

    El solo hecho que se haya instalado como posible la hipótesis de que el asesinato de Silvia Suppo pueda haber sido obra de un grupo de tareas o un crimen por encargo a un sicario revela el agotamiento de una estrategia equivocada: la de pensar la seguridad de los testigos en los juicios por delitos de lesa humanidad desde la lógica de la lucha contra los narcotraficantes: custodia personalizada, entrega de celulares del tipo “antipánico”, para no hablar de los ridículos consejos del Director del Programa Nacional de Protección a Testigos e Imputados de cambiarse la cara mediante una operación de cirugía plástica.

    Juzgar el Genocidio no es tarea fácil y los problemas surgidos en el proceso de intentarlo sin una estrategia estatal unificada e integral, revelan al menos dos cuestiones: una es la poca voluntad política de enfrentar a los organizadores, impulsores, financiadores y beneficiarios del Terrorismo de Estado, el mismísimo Bloque de Poder Histórico –con su componente extranjero incluido, el imperialismo norteamericano primero pero también el europeo- que han sostenido la impunidad estos treinta y cuatro años y que son los primeros en enojarse y resistir todo avance contra su legitimidad social por un lado y por el otro es la incomprensión del fenómeno social a investigar para castigar a los responsables.

    La falta de correspondencia entre el objeto a investigar: un Genocidio, planificado estatalmente como parte de una operación continental de contrainsurgencia de vasto alcance, y el instrumento jurídico con que se pretende abarcarlo es más que evidente en el penoso hecho de la fragmentación de las causas, la dispersión de las responsabilidades y el tratamiento, en muchos casos, de los crímenes de lesa humanidad cometidos como simples faltas al código penal.

    De este modo mas allà de las voluntades e intenciones en juego, la estrategia jurídica objetivamente propicia la impunidad.

    Algo de eso estaba planteado en el fallo del Tribunal Oral Federal Número Uno de La Plata contra Echecolatz que fue tapado por el secuestro de Julio López: discutir socialmente que así no hay justicia y que hacía falta otro enfoque jurídico, capaz de juzgar rápidamente al inmenso grupo de represores, intelectuales, políticos, empresarios, embajadores, etc. que perpetraron el Genocidio.

    Es esa incomprensión del fenómeno a tratar, esta verdadera crisis de percepción que afecta a los miembros de la Corte Suprema de Justicia, a los legisladores y al propio Gobierno Nacional, lo que está en la base de la crisis que sufrió el proceso judicial en diciembre de 2008 cuando la Cámara de Casación decidió liberar un selecto grupo de represores por las demoras en juzgarlos que la propia Justicia toleraba y/o fomentaba; y que ahora aflora de nuevo en la crisis de percepción sobre el tema de los testigos.

    No se trata de pensar “como proteger los testigos”, como si fuera un grupo de minusválidos en peligro, sino de derrotar la impunidad.

    El enfoque de “proteger los testigos” presupone convivir con la impunidad y pensar que con medidas técnicas, por otro lado imposibles de implementar masivamente dado el número de testigos que ya han testimoniado o han sido ofrecidos en los juicios orales realizados, en desarrollo o en preparación, se podrá resolver el problema.

    El posibilismo del progresismo ha llegado a un punto muerto: no se anima a plantear el juicio a castigo a todos los culpables, porque presiente que eso lo llevaría a un enfrentamiento a fondo con el Poder real, y no sabe como resolver el problema de haber asumido como propios los juicios y no poder garantizar nada a los militantes que sostienen los juicios.

    Decimos simplemente ¿donde está Julio López? y todo el discurso triunfalista del “gobierno de los derechos humanos” se viene abajo.

    Y ahora Silvia Suppo.

    Y mañana quién?

    Si Eduardo Duhalde se anima a proponer un plebiscito para terminar con los juicios es porque sabe que el Poder real está jugado a esa opción.

    Ahora no hay vuelta atrás: o vamos a fondo con los juicios para imponer el castigo a los genocidas o será el retorno de una derecha heredera de Videla, acaso con nuevos modales pero con los mismos instintos crueles y perversos.

    Cada uno ocupará en esta lucha el lugar que el mismo decida.

    Los habrá quienes privilegiarán sus posiciones de gobierno o la calma de los despachos y habrá una multitud plural y diversa que sostendrá la lucha hasta el final.-

    Como hizo Silvia con su testimonio contra Perizzotti y la banda de Brusa, Ramos y el resto de los asesinos que ella contribuyó a condenar.

    LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE