Seis Tesis sobre la Operación Cóndor y su proyección actual. Ponencia al Seminario de Montevideo de abril de 2010


La cuestión de la hegemonía cultural del neoliberalismo

al Sur de Nuestra América en el siglo XXI.

Ponencia al Seminario de Montevideo de abril de 2010

Uno.

La hegemonía cultural neoliberal se gestó en el periodo de despliegue del Terrorismo de Estado no por medios intelectuales, sino con técnicas de dominación basados en la violencia extrema destinada a exterminar el sujeto social que sostenía y producía la cultura de rebeldía y libertad, pero también para horrorizar el conjunto social, que así, modificó “a palos” el sentido común que luego, en los 90, se desplegó plenamente.

A doscientos años de las luchas por la independencia del colonialismo español, nos animamos a afirmar que la Argentina es mucho más fruto de las transformaciones integrales que impuso el Terrorismo de Estado que heredera de la causa de Mayo.

Es la nuestra una sociedad post genocidio, y esto se expresa en el modelo de reproducción ampliada del capital (reprimarización de la economía, sojizacion del agro, extranjerización de la tierra y de los grandes negocios que tienen libre disponibilidad de sus ganancias y aún siguen cobrando la “eterna” deuda externa), en el modo de dominación (una democracia “delegativa” basada en un bipartidismo aggiornado que mantiene al pueblo lejos de las decisiones) y acaso más que todo, en el “sentido común[1]” dominante que se mantiene por un poderoso monopolio informático que se ha transformado en uno de los puntales centrales del Poder y herramienta importantisima de la estrategia imperial de contraofensiva en curso.

Dos

Nuestra América es hija de una violación, la Conquista Imperial Europea, y de sucesivos Genocidios, concebidos como el exterminio de un grupo nacional para reorganizar radicalmente las relaciones sociales y el Estado.

La Operación Cóndor es uno más de los muchos episodios del Terrorismo de Estado de los 70 y éste, el resultado de una larga historia de violaciones graves y masivas de los derechos humanos producidas por un Estado represor, autoritario, clasista, racista y sexista que ya para el primer centenario (1910) había acumulado una batería de leyes represivas: la 4144 de 1902 y la de Seguridad Nacional del mismo año del Centenario, que se celebró bajo Estado de Sitio, y que ya se preparaba para las primeras matanzas “republicanas”: la Semana Trágica en la ciudad de Buenos Aires en 1918, la Patagonia Rebelde y la represión a los obreros de La Forestal (norte santafecino) de 1920 y 1921 presagiando la primera dictadura militar, la del 30, que se repitió en el 43, en el 55, en el 62, en el 66 y como se sabe en el 76.

El último informe de las Naciones Unidas (Comité de Derechos Humanos, 98º periodo de sesiones, Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, doc. ccpr/c/arg/co/4 de marzo de 2010) sobre la situación de los derechos humanos en la Argentina da cuenta de la continuidad del carácter represor de este Estado: gatillo fácil, tortura en sede policial y en cárceles, desconocimiento de derechos a los pueblos originarios, negación de la personería gremial a la Central de Trabajadores de la Argentina (C.T.A.), facultades autoritarias a las Policías, deterioro del sistema de salud mental y aún da cuenta de problemas más severos como la falta de respuesta a la desaparición forzada del compañero Julio López y la ausencia de un plan estatal que permita cumplir en tiempo y forma al compromiso de juzgar los crímenes del Terrorismo de Estado.

Los obstáculos que muestra la misma Causa por la Operación Cóndor dan cuenta de la dificultad que se encuentra al pretender juzgar el genocidio con instrumentos jurídicos que no se ajustan al fenómeno que se debe investigar y condenar tal como lo exigió por más de treinta años el movimiento de derechos humanos, el movimiento popular y las fuerzas sociales y políticas comprometidas con la lucha contra la impunidad que lograron la anulación de las leyes en el 2003, el reinicio de los juicios en el 2005 y la ruptura de algunos frenos importantes en el 2009 que hoy nos permiten decir que al fin comenzaron los juicios por las causas más emblemáticas: Esma, Campo de Mayo, Vesubio, Orletti y en una extensión mayor del país, no solo La Plata y la ciudad de Buenos Aires sino en la provincia de Santa Fe, Tucumán, Córdoba, Formosa, etc. previéndose igual impulso para este año.

En esta compleja dinámica impunidad/lucha por la Justicia, a pesar de todos los obstáculos y limitaciones, se ha cruzado un límite imaginario que el Poder se había impuesto, lo que ha desatado una campaña mediática y política de reclamos de impunidad que, por ahora, son minoritarios y no consiguen cambiar la tendencia a más juicios; aunque sigan siendo fragmentados y dispersos, lo que posibilita que el tiempo juegue a favor de los genocidas que se siguen muriendo sin condena en su inmensa mayoría  (menos de cien condenas para más de 1.600 imputados judicialmente, para no hablar de los miles de empresarios, políticos, embajadores e intelectuales que fueron parte activa del Plan Cóndor y el Genocidio en general)

Tres

Cada uno de estos actos genocidas (y por ende de reorganización radical social que traen nuevas formas de ejercer la hegemonía cultural) fueron anticipados, preparados y justificados por un discurso (que no sólo es lo que se dice, sino también lo que se prohíbe decir, lo que se estimula hacer y lo que se castiga hacer).

El discurso de los 70 fue el del anticomunismo tal como lo reconocieron los generales Bussi y Menéndez en ocasión de ejercer su derecho a hablar en  las primeras audiencias del segundo juicio que se lleva adelante en Tucumán.  Bussi afirmó “Fue una guerra declarada por un gobierno constitucional, en pleno ejercicio de sus facultades para eliminar al marxismo-leninismo y Menéndez, por su parte leyó “No quiero prestarme al juego de los terroristas que ayer ponían bombas y asesinaban a traición para transformar el país en comunista y hoy pretenden ser y haber sido pacíficos ciudadanos democráticos. Quieren usurpar el poder para cambiar nuestro estilo de vida”.

Contra la pretensión dictatorial, ni las acciones represoras ni las medidas económicas sociales implementadas tendrían algo de nacional: eran parte de una vasta operación doble: de aplastamiento de la oleada liberadora iniciada por la victoria de la Revolución Cubana en 1959 y que todavía a mediados de los setenta mantenía la llama de la esperanza prendida y por otro lado, de reformulación profunda del sistema capitalista mundial para superar la crisis energética de 1973 (que entre otros resultados colaterales liberó una masa de capitales sobre los que se montó la deuda externa del Tercer Mundo) y el desafío de los pueblos que por entonces transitaban por caminos de superación del capitalismo.

Y toda esa vasta obra, como ahora reconocen los Generales Bussi y Menéndez tenía un único discurso justificatorio: aplastar el marxismo leninismo, impedir que el comunismo se apodere del país, defender el ser nacional, etc. etc. lo que los llevaba a considerar marxistas leninistas y comunistas a todos los que no encajaran en sus planes militares y proyectos económicos no importa que militaran en el peronismo o en la izquierda guevarista, que fueran obreros, sacerdotes, maestras o escritores, comunistas, trotskistas, socialistas, radicales o independientes. Para las dictaduras del Cóndor, y en eso paradójicamente se acercaban más a Carlos Marx y Federico Engels de lo que ellos jamás imaginaron, comunistas eran todos los que se oponían al capitalismo, del modo que sea.

Y los argentinos hasta lo escribieron detalladamente:  si uno revisa el “Plan del Ejercito (contribuyente al Plan de seguridad nacional)” firmado por Videla en febrero de 1976, precisamente en el anexo 2 de Inteligencia, se describe al grupo a eliminar según su identidad política y forma de organización social haciendo una caracterización minuciosa de la “determinación del oponente” y de la “caracterización del oponente” conformando un larguísimo listado totalmente heterodoxo de casi todas las organizaciones sociales, sindicales, culturales, religiosas y políticas del campo popular que anticipan la identidad de los treinta mil compañeros. De hecho, honrados estamos que nuestra Liga figurara en dicho listado

Cuatro

La Operación Cóndor expresa la superación de una contradicción formal entre un discurso nacionalista, cuasi xenófobo, con el que se forjaron los Ejércitos Nacionales y la subordinación a una estrategia contrarevolucionaria continental diseñada por los EE.UU. y aplicada por diversas agencias estatales yanquis.  La resignificación de la identidad nacional desde la perspectiva de la Guerra Fría y el anticomunismo lo hizo posible.

Así, mientras los revolucionarios habían disuelto la Internacional Comunista al final de la Segunda Guerra Mundial, en “aras de la paz mundial” como explicaba el mismo Stalin, la burguesía alcanzaba niveles de articulación estatal bajo la nueva hegemonía norteamericana que tempranamente en la Guerra Fría organizó los Ejércitos en las sombras que actuaron contra los países del así llamado campo socialista anticipando una espiral de acciones clandestinas y operaciones de contrainsurgencia que luego de Vietnam desembocarían en la Operación Cóndor que hoy tratamos, en el plano militar, pero que se expresaron en todos los planos institucionales internacionales: así la ONU se transformó en un cuasi estado mundial, la OTAN en su Ministerio de Guerras o de Colonias, la Unesco en su Ministerio de Educación y el Fondo Monetario en una especie de súper ministerio de economía mundial desde donde se impondría el Consenso de Washington para “valorizar”[2] el capitalismo local y subordinarlo aún más a los grandes grupos económicos trasnacionales y la financiarización de la economía.

En medio del triunfalismo de los 90 llegaron a soñar con la desaparición de los estados nacionales y aún algún sociólogo de izquierda habló de la desaparición del Imperio como expresión de dominación territorial[3], es llamativo hoy como las estrategias de agresión a los movimientos populares y los gobiernos latinoamericanos que ejercen, al menos, una cuota de autonomía en cualquiera de los terrenos de la política estatal, se repiten como calco de México a Chile, de Brasil a Ecuador.

Si en algún terreno la globalización ha sido exitosa es en el terreno del discurso y el pensamiento de la derecha latinoamericana que repite el mismo libreto en todas partes, explicitando en el Bicentenario, su impotencia para pensar un futuro para Nuestra América.

A diferencia de los exaltados discursos del progreso indefinido de 1910, hoy la derecha solo puede hacer pronósticos agoreros y apocalípticos.

Cinco

El nuevo discurso de la derecha tras el agotamiento del modelo de capitalismo que gestó el Terrorismo de Estado y el surgimiento de un nuevo momento en el movimiento de liberación latinoamericano, el empoderamiento del sujeto pueblo, el surgimiento de gobiernos no subordinados al Imperio y aún antiimperialistas e incluso formas de integración no compatible con los deseos imperiales es el de descalificar a toda transgresión como “populista” dándole a esta categoría un sentido nuevo, más equiparable al modo peyorativo con que los genocidas acusaban a todos los que luchaban en los 70 de “subversivos marxistas leninistas” que del sentido sociológico que tenía en los sesenta.

En el 2007 se realizó en la ciudad de Rosario un Seminario convocado por la Fundación Libertad y auspiciado por la Internacional Liberal del Partido Popular de España y buena parte de la derecha europea donde figuras como Vargas Llosa y José María Aznar vanguardizaron la demonización de Fidel, Chávez, Correa, Ortega, Evo y aún de Lula, Tabaré y Cristina.  En el mismo año se fundo la ONG Uno América que actuó abierta y peligrosamente en ocasión del golpe “blanco” de Honduras de 2009.

Así, se viene configurando de modo nuevo la cara pública de la operación continental de contrainsurgencia que impulsan los mismos que ordenaron y organizaron la Operación Cóndor: el Imperialismo norteamericano y los grupos nativos de poder a ellos subordinados, que se hicieron con las posiciones principales de la economía con el terrorismo de Estado y aún las mantienen.

Si la Operación Cóndor tenía una práctica sistemática que se expresaba en la secuencia de intercambio de información, intercambio de prisioneros y llegaba a la realización de operaciones clandestinas multinacionales para “eliminar” opositores, así la actual Operación de desestabilización de los procesos populares tiene un punto fuerte en la predica de los medios de comunicación contra cualquiera que ellos consideren su oponente, más allá aún de nuestra opinión y del balance objetivo de su gestión como lo muestran el odio casi irracional contra la presidenta argentina a la cual el informe ONU demuestra como parte de una secuencia que no ha sido interrumpida en lo esencial, en el núcleo duro y fundamental del Estado como instrumento de dominación.

Tras la hegemonía cultural lograda por medio de la tortura, simbolizada en el asesinato de Rodolfo Walsh en la esquina de San Juan y Entre Ríos  para llevar su cadáver cual un trofeo de guerra a la ESMA; tras la “domesticación” del pensamiento crítico por parte de los subsidios de las ONG y la cooptación por parte de los proyectos “progresistas” del tipo que encabezaron Alfonsín y De la Rúa en la Argentina, hay hoy una intelectualidad dispuesta a servir de base de apoyo a esta Operación de Contrainsurgencia que por ahora es fundamentalmente mediática (aunque no olvidamos Honduras o la masacre de Pando en Bolivia) pero que tiene toda la ferocidad que presagian malos tiempos para las democracias latinoamericanas si no se radicalizan y enfrentan decididamente estos desafíos

Seis

La cuestión de los derechos humanos se ha transformado hoy en un territorio de disputa entre el Imperio y las fuerzas consecuentemente democráticas de América Latina.  Pretendiendo repetir el éxito que tuvieran en los 80 para desestabilizar la Unión Soviética y el socialismo europeo de estado, la operación de contrainsurgencia pretende golpear a los procesos de construcción pos capitalista o aún de autonomías relativas desde el terreno de los derechos humanos, desde una óptica dogmáticamente liberal y formal.

Así, hoy se ha lanzado una verdadera guerra cultural contra la Revolución Cubana y los procesos de cambios más profundos como Venezuela y Bolivia que debe ser enfrentada por los movimientos de derechos humanos por razones de memoria, por razones de sentido y por una cuestión de futuro.

Por razones de memoria, porque si hablamos de reivindicar a los desaparecidos, a nuestros 30 000 y a los 400 000 asesinados por la Contrainsurgencia en América Latina en los 70, todos ellos ocupaban un espacio común, más allá de las formas de lucha que ejercieran, que no era otro que el de la construcción de alternativas políticas anticapitalistas que se inspiraban y estimulaban en la Revolución Cubana, en cuyo nombre, miles de ellos fueron al combate desde la Quebrada del Yuro hasta el Palacio de la Moneda

Por razones de sentido, porque está en disputa la propia noción de los derechos humanos como aquellas necesidades humanas, históricamente condicionados y socialmente reconocidos en un proceso secuencial que pasa por la visualización, el reconocimiento, la inscripción en la ley y la lucha por hacerla efectiva por medio de las luchas sociales; concepto que hace a la integralidad de las necesidades humanas, de libertad sí pero también de educación, vivienda, trabajo digno y salud, derechos económicos sociales y políticos culturales, necesidades que son sociales y por ello solo asequibles por medio de la lucha colectiva por otro concepto que nos retrotrae al inicio del ciclo histórico que hoy muestra su decadencia: la Revolución Francesa y el Capitalismo que sólo reconocen como derechos aquellos individuales que se pueden satisfacer por medio del consumo, y por ende del enriquecimiento, fruto de la explotación del hombre por el hombre.

El derecho a la autodeterminación de los pueblos es uno de los derechos fundamentales de nuestra concepción y acaso el más odiado por el imperio; defender el derecho de cada pueblo a labrar su futuro es hoy una tarea práctica, que reivindica el bicentenario y que tiene un contenido antifascista y antiimperialista evidente

Y por una cuestión de futuro. Por que tenemos que impedir que la parábola vuelva al punto de partida y de nuevo se piense en otro genocidio para reorganizar radicalmente las sociedades latinoamericanas que no quieren más estar al margen de la historia.

Es la hora de los pueblos, y el movimiento de derechos humanos tiene que estar de su lado

José Ernesto Schulman

Secretario de la

Liga Argentina por los Derechos del Hombre


[1] Utilizamos aquí el concepto de sentido común que construyó Gramsci en sus Cuadernos: la ideología de las clases dominantes “naturalizada” para las clases subalternas de modo tal que crean ser sus propias ideas y concepciones.

[2] En el sentido marxista de lograr la reproducción ampliada del capital aumentando su valor.

[3] Toni Negri, en su obra Imperio que llegó a concitar la atención de amplios sectores de la militancia antineoliberal y contra la globalización monopolista del capitalismo

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