• Falleció Eduardo Rosenzvaig, militante
    de las causas populares toda su vida, escritor, docente y uno de esos hombres
    que hacen creíble la profecía guevarista del hombre nuevo.

    ¿Y ahora, quién hará
    rasgaduras en la capucha de la dominación cultural capitalista?

    Dice la presentación que la Editorial Cartago preparó para la reedición de su obra “La Oruga sobre el Pizarrón. Isauro Arancibia, maestro”, acaso su obra cumbre por la perfecta combinación de rigor histórico y creación literaria –su particular modo de crear textos de gran belleza estética al tiempo que destruía uno a uno los mitos y mentiras del discurso oficial en todos los terrenos- que Eduardo era escritor, profesor de la Universidad Nacional de Tucumán donde dirigía el Instituto de Investigaciones sobre Cultural Popular, que había escrito más de cuarenta libros y trescientos artículos publicados en todo el mundo, que había ganado innumerables premios nacionales e internacionales –aunque el amaba sobre todo sus dos Casa de las Américas de Cuba- y que practicaba la educación popular allí donde estuviera.

    Pasar revista a su vasta obra es tarea imposible para estas breves notas de homenaje. Acaso tenía razón el personaje de “Sostiene Pereyra” que encargaba las notas necrológicas de grandes escritores cuando aún estaba con vida dado la envergadura que la tarea tiene y la limitación que nos trae el dolor, la emoción y esa incomoda sensación de malestar por estar escribiendo cómodamente sentado mientras él….como decía Rodolfo Walsh de la muerte del Che, pero intentaremos contar algo de lo que muchos pretenderán ocultar y algunas vivencias de mi relación con él por años.

    Habría que empezar diciendo que Eduardo Rosenzvaig era comunista, y no solo en aquella dimensión de los noventa que el gran Saramago definió como “comunistas silvestres”, para nombrar a quienes se mantenían en sus ideales pero no reconocía organización política que los contenga.  Eduardo fue militante de la Fede y del Partido, participó en la Brigada del Café en los ochenta (aquella  quijotada de la Fede de comprometer cientos de jóvenes con la Revolución Sandinista, de la cual –por mero ejemplo- emergió Marcelo Feito que sería el Teniente Rodolfo en la guerrilla salvadoreña hasta su muerte temprana en las cercanías de Chalatenango) y hace unos años, en un viaje memorable a San Miguel (del cual, él escribió un cuento, «El  que publicó en uno de sus libros) preguntado por la fecha
    y las razones de su alejamiento del partido, contestó con frescura que nunca se había ido y ahí nomás se comprometió a escribir regularmente para las publicaciones partidarias, cosa que hizo por años.

    Fue parte de la militancia comunista tucumana que tuvo que resistir el Operativo Independencia y los gobiernos militares y civiles de Bussi, y acaso fue uno de los que más indagó en las razones de esa paradoja casi única en la Argentina: el jefe militar del Terrorismo de Estado, electo gobernador por la democracia.  La clave, decía, está en la muerte de Freddy Rojas, ese joven militante de la Fede y de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, asesinado por la custodia de Bussi en los inicios de su campaña electoral en pro de la primera gobernación.  Que fuera un joven comunista quien encabezara la manifestación, da cuenta de la cobardía y la complicidad de los partidos Justicialista y Radical, responsables de la impunidad de los ochenta y los noventa, y del ascenso de Bussi a la silla del gobernador.

    Era especialista en crear imágenes literarias muy contundentes para explicar procesos muy complejos.  Ahora recuerdo cuatro que comparto.

    La valija de los judios

    Decía que para entender la incorporación de intelectuales progresistas y con formación rigurosa a la elaboración y aplicación de la nefasta Ley de Educación de Menem (hace falta recordar a Daniel Filmus, a Juan Carlos Tedesco, a Susana Decibe o a Cecilia Braslavsky) había que pensar en la valija de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial.  En efecto, en todas las fotos de los traslados de los judíos hacia los campos de concentración y exterminio, se los ve con características valijas de cartón que abrazan contra el cuerpo. ¿Por qué no se resistían, como si hicieron al final en el Ghetto de Varsovia, preguntaba Eduardo?. Porque los nazis les decían que pongan sus objetos de valor en una valija y las lleven con ellos; y entonces, los judios pensaban que si se molestaban en asegurar que preservaran sus objetos de
    valor nada malo les podía pasar.  Cual fue su error, pensar que los nazis podían tener buenos sentimientos y no sospechar que era una estrategia de dominación.

    ¿Cómo capturaron a la intelectualidad progresista para el proyecto del Banco Mundial, preguntaba Eduardo? Haciendoles creer que les interesaba la “educación popular” de Freyre o las teorías avanzadas pedagogicas de las que les permitían escribir y parlotear mientras se aprobaban en toda América Latina leyes neoliberales de Educación. También aquí hubo quienes pensaron que los Menem y sus mandantes imperiales podían tener buenos sentimientos y propositos.  Habían perdido la perspectiva de clase y por ende la política.
    Con sus más y sus menos, Eduardo nunca la perdió.  Fue inflexible con la Ley Federal de Educación y quienes la permitieron, pero cuando –cambiadas las circunstancias- los mismos que lo habían apartado de la Ctera, lo convocaron de nuevo, allí fue con sus textos y su palabra esclarecedora.

    Peores que Judas

    En La Rioja, en una conmemoración del martirio del Obispo Angelelli, dijo que los represores argentinos eran peor que el Judas que entregó a Jesus a los romanos, pues aquel –al menos- se suicidó de vergüenza por el repudio que el pueblo judio hizo de su acción.  Aquí, decía Eduardo, los militares ni se suicidaron ni se arrepentieron, siguen prometiendo que lo harían de nuevo si hiciera falta, y si pudieran, agrego yo.  

    La izquierda revolucionaria y el peronismo

    En uno de sus cuentos, Eduardo se preguntaba: ¿es que acaso la lucha de los anarquista, los socialistas y comunistas, desplegadas desde 1890 hasta 1945, han sido vanas, prescindibles, innombrables?, para nada, se contestaba, sin ellas no existiría el peronismo; ni Perón hubiera virado a las políticas del primer peronismo ni la burguesía lo hubiera permitido si no sintieran el aliento del comunismo en la
    nuca; del mismo modo se podría explicar la aparición del kirchnerismo como respuesta, creativa, de ruptura con el menemismo y la Alianza, que la burguesía asume ante el fracaso de sus políticas.

    La razgadura en la capucha

    No se si Eduardo escribió alguna vez esto que contó en un acto del Partido Comunista de Tucumán de homenaje a los asesinados y desaparecidos comunistas en la región.  Resulta que uno de los primeros sobrevivientes de la Escuelita de Famaillá fue un militante de la Juventud Comunista muy amigo de Eduardo que, por supuesto, va a buscar cobijo en su casa al momento de que lo liberan.  Eduardo
    estaba estrenando la paternidad y habló mucho del contraste entre el aparecido de la muerte y la nueva vida que venía con su bebé. Y recordaba nitidamente que el liberado le contó que la capucha estaba tan gastada que con una uña le pudo hacer una ranurita por donde miraba los rostros de los asesinos y podía describir el espanto de aquel lugar.

    Entonces, dijo Eduardo, muy emocianado, nosotros tenemos que hacer lo mismo: hacer rajaduras en la capucha de la dominación cultural que la dictadura y el neoliberalismo han construido en la Argentina.  Se dice facil, pero verdad, memoria y justicia son conceptos en disputa, y nosotros –nos convocaba, nos convoca- tenemos que hacer nuestra tarea con paciencia y persistencia, para hacer un agujerito, luego una ranura y luego destruir las capuchas de la dominación cultural.

    Eduardo Rosenzvaig vivirá en su obra, arma temible para los defensores del olvido y la impunidad.  Cada vez que volteemos un
    mito y repongamos lo realmente ocurrido en la historia de nuestro pueblo, la sonrisa y la boina de Eduardo estará con nosotros como él finaliza su biografía de Isauro Arancibia, ¿su final?

     “Cuando oyó las frenadas, algo lo empujó y se vio niño cazando tordos. Su madre que le acariciaba la cabeza. Vas a ser un buen
    maestro, le decía. Si mamá. ¿Llevas compás?. Si mamá. ¿Y el tiralineas?. Si mamá. Castelli también tenía madre cuando comandaba hombres libres en el Altiplano. ¡Saltá! le gritó a Arturo.  ¡Saltá Arturito por el amor de Dios, andate con mamá, decile que tengo el compás y el tiralineas, saltá! Pateaban las puertas. Belgrano murió de un vomito de sangre porque amaba a su pueblo, el lo amaba, amaba la vida ¡carajo!, como Moreno cuando vio el mar, y desde chico decidió dormir con la cabeza hacia el lado que iba, apuntó la escopeta a la puerta, en esta estación me bajo, en las grandes alamedas con olor a verde, y entonces disparó como los hombres de los textos escolares, mamá ya soy maestro, ¡soy un maestro!, fue como una luz enorme, como si se hubiera hecho de día”[1]

     

    José Ernesto Schulman

    9 de octubre de 2011

     


    [1] “La oruga sobre el pizarrón. Isauro Arancibia, maestro.” Ed. Cartago 2010. pag 127


  • Presentación de “¿Y si hubiera un cielo?” por  Gabriela Yocco, poeta, profesora de Literatura, titular del curso del Programa Flacso para estudiantes extranjeros “Lenguaje en acción: palabra y paisaje urbano en la Literatura Argentina”, parte de su obra se puede leer en http://puertas-adentro.blogspot.com

    ¿Y si hubiera un cielo?, pregunta, se pregunta, nos pregunta José Schulman. Pregunta retórica y no, sin dudas circular, insistente.  Pregunta que se comienza a construir respuesta posible desde ese rostro celeste que ríe estrepitosamente en la tapa del libro, que sigue construyéndose en el fragmento del poema a Alicia López de la contratapa.  Que juega o conjuega-conjuga la esperanza, la victoria, la tristeza… pero siempre, siempre el retorno a la risa eternamente joven de la tapa. Juga y conjuga con el pie de la tapa: “Relatos y poemas…”. Terrorismo de Estado e Impunidad parecen un cachetazo a esa mismísima risa. Como también la palabra asesinato al pie de las palabras a Alicia. Pero no. Sí es un cachetazo, un llamado a despertarse, a atreverse a recorrer este libro como quien recorre un campo minado. Donde las lágrimas, la tristeza, la risa, la esperanza –la esperanza siempre- son las que van atravesando cada una de las páginas en las que José logra ese delicado equilibrio entre texto poético y dialogal, entre la ficción y el testimonio.

    Insisto, un campo minado. Porque es necesario destruir, sacar de cómodos y tranquilizadores ejes, para construir nuevo y distinto. Porque es necesario sacudirnos la costumbre como una araña (parafraseando  a Cortázar).

    Los mejores libros, creo, son lo que pueden apreciarse como una unidad. En este caso, el libro de José está armado como un tembladeral de personajes- sujetos, que dialogan con el narrador, con nosotros lectores, con las ilustraciones. Un entramado de voces que, queda dicho, comienza desde aún antes de abrir el texto.

    Campo minado, remolino o huracán con algunos ejes o centros que pueden identificarse. La Cuarta, no como el espacio de la tortura, sino como deconstrucción de ese espacio para convertirlo en espacio simbólico y a la vez concreto de resistencia, de dignidad. De victoria. La Cuarta como uno de los motores narrativos del texto, como un paradójico punto de partida para, precisamente, la construcción de ese cielo augurado en el título del libro.

    Porque, si es que hay un cielo posible, la única tarea válida es su construcción. Ladrillo por ladrillo, José demuele cárceles, impunidades, olvidos, para incrustar de un modo irrefutable cada nombre en el sitio que le corresponde en la historia. La historia de los relatos, de los poemas; la historia de una generación y de un pueblo que se marca indeleble como contracara de esa otra historia que trataron de vendernos en vano los mercaderes de la ideología.

    Construir, entonces, ese cielo es otro gran motor narrativo del libro. Y si se construye un cielo, el soberano acto creador también es poblarlo. Así aparecen y se reiteran nombres, presencias, que a fragmentos, relato a relato, construyen seres tan vivos que uno los siente palpitar al lado. Anécdotas que juegan con los siempre laberintos de la memoria schulmaniana y que cuestionan una y otra vez el sentido positivista de “verdad”. La verdad pasa a ser esa construcción azarosa a veces, otras deliberadamente obsesiva, que llena huecos con ficción, con lo que podría haber sido. Y quién puede discutir que ese “poder ser” sea más o menos real que lo que los documentos –te cito a vos, José, que citás a Roa Bastos- puedan testimoniar.

    Testimoniar. Recurro a María Moliner: “Testimoniar: testificar”, “Testificar: Afirmar o referir alguien una cosa asegurando su veracidad como testigo de ella”. Relatos testimoniales, testificaciones en juicios. El enorme desafío de una literatura de testimonio en el siglo XXI, después de tanta distorsión y panfleto.

    Con ademán de mediocampista, José evita los escabrosos lugares comunes y tentadores del género. Cuando casi advertimos en ciernes un “golpe bajo”, irrumpe la poesía. Cuando se asoma el “sermón político”, aparecen los compañeros –con una u otra militancia- como  rumorosa hermandad.

    De entre todas las presencias del libro, la de Oscarcito, el ferroviario, es insistente. Muchas otras lo son: Alicia, la Mechi y el Ciego, los Floreal, etc. Pero Oscarcito retorna y crece y a veces logra transformar ese cielo en construcción en un largo tren para todos.

    Y la Mechi y el Ciego, nuevamente, como en los maravillosos “Diecisiete instantes de una primavera”, exorcizados, sacados de cualquier muerte posible para siempre en las palabras de José.  Ese instante de la felicidad….Para quien fue la niña de la foto

     


     

    Donde está la foto,

    ¿en la escena o en el ojo?

     

    El ojo que mira la pareja

    ¿ve la escena o ve la foto?.

     

    Hay una pareja

    en un banco, que se mira;

    ¿ven al auto saliendo

    del túnel?.

     

    Y la niña

    que flota en sus rodillas

    cuando mira sus padres,

    ¿Lo ve a Marcelo?

    al Negrito,

    al Comandante

    Guevara?.

     

    ¿Y donde estaba yo?

    cuando el ojo

    que miraba el lente

    vio al banco de la

    plaza habanera?.

     

    Y ahora,

    que miro la foto

    de la escena que vio

    el ojo que pasó por

    la lente,

    ¿seré mirado por ellos?.

     

    Que pena no haber

    estado en aquella plaza,

    pero más pena

    sería, que no me

    vieran…

     

    Ahora.

     

    Que miro una foto

    de la Mechi y el Ciego

    cuando la felicidad

    parecía más que un

    instante.

     

    Y el mundo era,

    todavía,

    inexorablemente nuestro.

    Una vez, en una entrevista, le preguntaron a Borges si conocía poetas felices. Sin dudarlo respondió que no. Argumentó que la felicidad es un canto en sí misma, pero que en cambio el dolor demanda ser transformado en otra cosa. Cantar al dolor es convertirlo en eso, en canto. Y el canto, lo sabemos, esa una de las formas más elementales y ancestrales de manifestación de la alegría. A José le debemos que cada vez que una historia nos roce el llanto terminemos con el latido más fuerte, con la intensidad de un fabuloso e incontenible brazo en alto.

    ¿Y si hubiera un cielo? No hay respuesta y a la vez la hay. Está el deseo de ese cielo de los compañeros, nuestro. Pero también está el deseo concretado en este cielo que José les-nos construye.  Se impone leer el poema que cierra el libro.  ¿Y si hubiera un cielo? En diciembre de 2010 dictaron en Córdoba la primera sentencia contra Videla.   Pensando en los que no están,  me hice esta pregunta

    Digo,

    ¿y si hubiera nomas un cielo?

    un lugar donde están los que no están

    los treintamil y los que murieron peleando

    contra la impunidad en estos treintaypico de años,

    cuatrocientos y nosecuantos meses

    y un montonazo de días, horas y segundos

    de la puta impunidad

    Digo,

    ya se que es difícil

    pero si al final de cuentas

    hubiera un cielo

    donde estén el Roby y Agustín

    el Paco y Rodolfo y el Negrito

    y la Adriana y el viejo Floreal

    Digo,

    yo no creo que lo haya

    porque quinientos años de ciencia

    y los telescopios y eso del

    materialismo dialéctico y el antidhuring

    pero, si al fin de cuentas hubiera un cielo,

    que fiesta que tendrán hoy los compañeros!

    que pedo de vino barato,

    como el clandestino

    que alegría que tendrán

    los que vencieron la muerte

    viendo al muerto de Videla temblar ante la sentencia

    después de tanto alardear y amenazar

    mostrándose al fin en su desnuda imagen asesina

    Digo,

    como decía Armando,

    si no existiera el cielo para todos,

    al menos,

    debería haber un cielo para los compañeros,

    pucha, ¿que les cuesta?,

    al menos

    para que esta noche brindemos juntos

    y soñemos que estamos allá y que están acá

    que no se fueron nunca

    o que no nos salvamos

    que seguimos juntos

    y juntos derrotamos….

    Digo,

    ya se que no del todo ni integralmente

    y todo eso que bien lo se

    que mariano y formosa

    y la villa de soldatti

    y el Julio y todo lo demás

    pero Videla se fue para la cárcel

    y nosotros estamos aquí,

    y en el cielo de los compañeros,

    celebrando

    y eso solo merecería

    que, de verdad,

    hubiera un cielo

    donde estén el Roby y Agustín

    el Paco y Rodolfo y el Negrito

    y la Adriana y el viejo Floreal

    abrazados,

    como hermanos,

    como los pedacitos rotos

    del recuerdo

    vueltos a juntar

    hecho memoria

    Así, las personas-personajes del libro, sumados a las personas-personajes de las dedicatorias, son convocados a habitar ese cielo. No quedamos fuera. Cada lector tiene también espacio allí. Entramos, por prepotencia de trabajo –diría Arlt- en  ese cielo que a puñetazo de tinta construye José Schulman.


  • Repudiamos la detención del compañero Rubén Sobrero y de sus compañeros ferroviarios como un nuevo intento de criminalizar la protesta socialy reinstalar un discurso de equiparación del reclamo de derechos humanos con acciones terroristas

     

    En la mañana de hoy fueron detenidos un grupo de activistas ferroviarios por orden judicial.  La medida se sustenta en la hipótesis de que los sindicalistas son los responsables de la quema de los vagones ferroviarios de mayo pasado y no fue tomada por el Juez que venía investigando sino por el subrogante quien decretó la incomunicación de los detenidos mientras deja trascender que habrían instigado la acción y hasta sobornado a un ciudadano para que la realice.

     

    Los compañeros ferroviarios de Sobrero han mantenido medidas de fuerza durante todo el día, a contrapelo de la burocracia sindical, que todavía debe dar cuenta de su responsabilidad en el asesinato de Mariano Ferreyra y de sus turbios negocios con los privatizadores del Ferrocarril que se mantienen ya por años.

     

    A pocas semanas de la tragedia de Flores, donde se evidenció la crisis estructural que afecta al sistema de transporte ferroviario, la lucha de los trabajadores ferroviarios por condiciones dignas de trabajo y por el cese de la privatización menemista de los ferrocarriles debe ser valorada por la sociedad toda como un aporte valioso a la democracia y a la seguridad de la ciudadanía.

     

    Nos sumamos a las voces de protesta por la detención de los compañeros y exigimos su inmediata libertad así como el repudio de todas las fuerzas democráticas al discurso de equiparación de la protesta social con el terrorismo, discurso peligrosamente cercano a la Doctrina de la Guerra contra el Terrorismo que proclamó el gobierno de los EE.UU. en septiembre de 2001.

     

    LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE

     


  • La derecha está de fiestas. Desde el “descubrimiento” mediático del supuesto fraude perpetrado con los dineros estatales gestionados por la Fundación de la Asociación Madres, pareciera que una olla podrida se ha entreabierto y por allí se filtran los malos olores de los “derechos humanos”, como gustan decir los analfabetos políticos alimentados a Radio 10, TN y La Razón (vocero gratuito de Clarín). Con los escándalos denunciados en la Fundación y en el Inadi, con los resultados a la vista de la Causa Noble (cierto que no definitivos, pero con una contundencia que no es poca) han creído encontrar el clima propicio para reposicionar su discurso sobre los derechos humanos de un modo que no lo lograban desde los años del menemismo, cuando alentaban descaradamente la impunidad, la reconciliación entre torturadores y torturados y descalificaban a cualquiera que no aceptara aquellos parámetros. Despatarrados por el estallido del ideario neoliberal en diciembre de 2001, se vieron obligados a un largo rodeo: sobredimensionar los delitos que afectan la propiedad y la integridad física de los ciudadanos de modo tal que se instale como primaria la necesidad de “seguridad” para tratar de instalar una “respuesta” que se podría resumir –siguiendo a uno de los principales intelectuales orgánicos del status quo, el inveterado Mariano Grondona- en la secuencia: policía indefensa por efecto del discurso de los derechos humanos que los inhibe y facilita la labor de una delincuencia alimentada por la inmigración regional, los pobres y los jóvenes; los cuales en caso de ser detenidos son liberados por una justicia esterilizada por el “garantismo” que sólo es para los delincuentes porque no se aplica a los militares y policías “presos políticos” que de ser juzgados, y siempre recalcan el condicional “de ser”, deberían serlo al mismo tiempo que los “subversivos” que están en el gobierno y los organismos de derechos humanos.[1] Con ese catalogo alimentaron el fenómeno Blumberg, al comienzo del kirchnerismo (que se plegó claudicante ante tal chantaje y facilitó los votos para consumar regresiones jurídicas tales como las reformas al Código Penal, que lo caotizó irreversiblemente) y la oleada derechista del 2008 contra los intentos de gravar -en parte- las extraordinarias ganancias provenientes de la venta de la soja transgénica, que terminó reivindicando el genocidio y pidiendo –Susana dixit- “terminar con los derechos humanos”

    De eso se trata ahora: de “terminar con los derechos humanos” instalando en el imaginario social la imagen de organismos de derechos humanos hundidos en el barro de la corrupción, disputando por dinero (pretendiendo convalidar una de las acusaciones reiteradas por los genocidas en los juicios: “que todo se hace para ´cobrar reparaciones económicas por parte de los testigos, familiares, sobrevivientes, etc.”), vendiendo su alma al Diablo (que vendría a ser el gobierno de los Kirchner, “lleno de Montoneros”, etc.) al punto tal de  perseguir a dos “pobres angelitos”, adoptados por la “virtuosa” señora de Herrera, como pago político por los favores monetarios recibidos del gobierno.  Y así sigue el discurso en varias formas y niveles de agresividad; algunos mostrando su congoja por lo que les “han hecho a las Madres” y otros directamente descalificando a todos y a toda la lucha por los derechos humanos. Y aún más, el periodista Alfredo Leuco muestra el ancho de espada en el juego de truco que nos proponen; dice en Perfil del domingo 17 de julio: “Otros creen que llegó la hora de reformular las entidades humanitarias o fundar otras que rescaten la honestidad intelectual y de la otra, que no se casen con ningún dirigente y que peleen por los derechos humanos de todos”. Conviene tomar nota de la campaña y no subestimar ningún peligro: ni el de la descalificación de los luchadores por los derechos humanos, ni el de la deslegitimación de los juicios contra el Terrorismo de Estado, ni el de la disputa misma del movimiento de derechos humanos; pero para todas y para cada una de estas disputas se requiere un diagnóstico correcto y una mirada precisa sobre la etapa y las tareas del movimiento de derechos humanos lo que exige pensar desde el lugar de la lucha por los derechos humanos superando cualquier tentación a la lógica de la “razón de estado”, que tanto daño hizo a los proceso de transformación revolucionaria del siglo XX. Nada puede justificar la corrupción, el robo o la mentira y sólo la verdad es revolucionaria, ética y digna de ser herramienta de la lucha por los derechos humanos.

    La lucha por los derechos humanos (término muy del siglo XX, más precisamente del periodo post bélico de los 50) tiene una larga historia en la Argentina.  Con un movimiento socialista y obrero nacido en la década del noventa del siglo XIX, la represión y la resistencia constituyen parte imborrable de nuestra historia nacional.  Ya en 1902 los trabajadores organizados protagonizaron una de las primeras huelgas generales[2] en protesta por la sanción de la ley 4144 llamada “de residencia” porque permitía expulsar del país a los inmigrantes indeseables, aquellos que luchaban contra el capitalismo desde el anarquismo, el socialismo y otras culturas.  En aquellos primeros años la respuesta estatal a los reclamos y las luchas no era otra que la represión y por ende, la solidaridad con los presos, material y política, uno de los componentes naturales de las organizaciones obreras y populares que destacaban fuerzas para tales tareas, generalmente con la forma de comisiones de solidaridad apoyándose en los propios familiares de los represaliados.  En ese periodo jugó un rol trascendente el Socorro Rojo Internacional, una organización humanitaria fundada por la Tercera Internacional Comunista que tuvo fuerte base en el país.  Fue después del golpe del treinta,  cuando la represión se generalizó y amplió el objetivo, que se fueron constituyendo comisiones plurales de abogados defensores de presos políticos. En 1937, esos esfuerzos maduraron en la creación de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (la Liga), auspiciada por un amplísimo marco de referentes políticos e intelectuales que iban de Arturo Frondizi a Deodoro Roca y de Alcira de la Peña a Lisandro de la Torre. Poco antes[3], se había fundado la Asociación de Abogados de Buenos Aires, organización gremial de los profesionales del derecho comprometidos con la lucha democrática y los derechos humanos. La Liga entendió siempre que su actividad de defensa de los presos políticos, las garantías constitucionales, los espacios y la cultura democrática, exigían plena autonomía del gobierno, de los poderes estatales, económicos y aún de los partidos políticos, a pesar de que mantenía con todos estos sectores relaciones de unidad y/o colaboración si las circunstancias y las definiciones así lo permitían.

    No era la única, había organizaciones específicas de los anarquistas y de otras culturas políticas, pero sí era la mayor y la que perduró a través de décadas signadas por los golpes de estado que la condenaron a la ilegalidad y la clandestinidad las más de las veces.   Nunca fue gratuita ni cómoda la autonomía, requirió firmeza cuando la “política pública de derechos humanos” no era otra que la represión y alguna vez dijimos que se podría escribir la historia de la Liga con la enumeración  de los allanamientos a sus locales y los edictos de prohibición de sus actividades[4].  En 1975 su nombre figuraba en  la lista de objetivos a destruir por las Fuerzas Armadas en el anexo II del llamado Plan del Ejercito (contribuyente al Plan de Seguridad Nacional) como Prioridad Uno, Oponente Activo[5], por lo que la desaparición forzada de sus abogados Baldomero Valera y Teresa Israel o la prisión de los también abogados Carlos Zamorano, Luis Tomasevich, Luis Reinaudi,  Salomón Gerchunof y Angel Bustelo entre muchos otros militantes represaliados, no resultaron casuales, sino recta aplicación de la directiva en cuestión. En los documentos desclasificados de la diplomacia yankee de aquellos días[6] se distingue entre las organizaciones que luchan por los derechos humanos para mejorar el sistema capitalista y las que no, poniendo como ejemplo de ello a la Liga, indicando un rumbo de hostilidad que no ha variado desde el poder; cuestión de la que estamos orgullosos: nada queremos del Imperio y sus fundaciones. Nuestra idea de la autonomía es en primer lugar del Imperios y sus fundaciones, de las agencias encubiertas de la CIA que disfrazadas de ONG reparten fondos por el mundo en procura de sostener un concepto de los derechos humanos que sea funcional a la estrategia de la “guerra contra el terrorismo”.

    Y también requirió de mucha serenidad, reflexión y sensatez al momento de actuar bajo gobiernos constitucionales que tuvieron diversos  niveles de compromiso con la causa de los derechos humanos, o al menos con la memoria del terrorismo de Estado. Conviene aclarar que durante casi todo el siglo XX la represión o el “ninguneo” fue la norma y el respeto y la consideración la excepción, que en todo caso se potenciaba por la situación de casi absoluta soledad en que se debatía la Liga en el espacio de los derechos humanos.

    Así fue hasta finales de los cincuenta en que el surgimiento de nuevas fuerzas políticas al interior del peronismo y al influjo de la Revolución Cubana generaron otras organizaciones, trágica y lamentablemente exterminadas por la represión y olvidadas por casi todos, incluso por algunos de quienes se reclaman herederos políticos de aquellas tradiciones, sobre todo el ERP y los Montoneros, quienes tuvieron respectivas  organizaciones de solidaridad con los presos y defensa de los espacios democráticos. Poco antes del golpe y durante la dictadura surgieron un conjunto de organizaciones, tanto de afectados familiarmente como de entidades que agruparon militantes políticos, religiosos y sociales que transformaron los organismos de derechos humanos en eficaces espacios para desplegar luchas de resistencia contra la dictadura. Con todos ellos tuvo relaciones la Liga, y muchas veces colaboró en su gestión y desarrollo, aunque algunos tengan corta memoria de aquellos días en que el local de Corrientes y Callao albergaba a tantos y tantas.

    Es con Alfonsín que aparece de un modo nuevo la idea de legitimar y reconocer la lucha por los derechos humanos.  Como toda acción gubernamental progresista de una administración reformista, fue una concesión a las luchas y reclamos y al mismo tiempo una acción que buscaba cooptar para si los desafíos gestados en los años de resistencia a la dictadura. Bien se la puede pensar como una acción de construcción de hegemonía cultural y política coherente con el discurso electoral de contraponerse con el autoritarismo dictatorial.  Fue después de la presentación del informe conocido como Nunca Más que comenzó de verdad la historia de las llamadas “políticas públicas de derechos humanos” y de las Secretarías correspondientes, que no han dejado de expandir sus funciones, plantilla e influencia.  Es en democracia que el debate sobre autonomía se pone al rojo vivo, y no solo bajo los gobiernos “amigos” como el de Alfonsín o los Kirchner, también ocurrió con Menem, que puso a una sobreviviente de la Esma como Ministra de Educación y Cultura, Susana Decibe y con De la Rúa, que contaba con el apoyo de Graciela Fernández Meijide, quien había sido protagonista no menor de la Conadep y la lucha de los organismos en los ochenta.

    Pero, a no dudarlo, es con los Kirchner que el tema cambia de calidad a partir de las valiosas definiciones, gestos y actos políticos oficiales en respaldo de la lucha histórica de los organismos de derechos humanos (como el impulso a la bancada justicialista para que acompañe el reclamo de la izquierda de anular las leyes de impunidad, la modificación de la composición de la Corte Suprema, la orden de retirar el cuadro de los genocidas del Colegio Militar, el apoyo político a los juicios, etc.,) y del posicionamiento de algunos referentes y organismos, en primer lugar de quien hasta ahí había sido el paradigma de “la autonomía” y la distancia con el gobierno, la justicia y todo “lo institucional”: la Asociación Madres Plaza de Mayo y su titular, la compañera Hebe Bonafini quién decidió interrumpir la tradicional Marcha de la Resistencia[7] (los 10 de diciembre de cada año) dando a entender que se había alcanzado lo anhelado por años.   A partir de allí, se produce un acercamiento  inédito entre el gobierno nacional y  las Madres y algunos organismos de los así llamados “afectados”[8] al punto tal que se naturaliza su presencia en los actos oficiales y la participación de innumerables militantes provenientes de organismos de derechos humanos en reparticiones estatales.  Algunos organismos y algunos compañeros disminuyen su compromiso con la defensa de los derechos humanos en tiempo presente; y no solo en una dimensión amplia, de integralidad de los derechos humanos digamos en el respaldo a las luchas salariales, contra la desocupación y el hacinamiento habitacional, sino en cuestiones muy puntuales y contundentes para cualquier defensor de los derechos humanos como fue la desaparición de Julio López y Luciano Arruga o la represión a los trabajadores de Las Heras en Santa Cruz y otros lugares del país.  Los acontecimientos de finales del 2010: el asesinato de los López en Colonia Primavera en Formosa, la represión a los ocupantes del Parque Indoamericano y el crimen del joven militante político Mariano Ferreyra, pusieron en evidencia un movimiento de derechos humanos dividido por la posición ante la represión actual, lo que es un modo de decir también sobre la noción de memoria.  Una memoria del pasado para iluminar el presente, como gusta repetir Adolfo Pérez Esquivel; o una memoria del pasado que oculte el presente. La memoria del Terrorismo del Estado, de la resistencia y de la lucha contra la impunidad, es también territorio de disputas culturales, y no solo con los nostálgicos del Genocidio.

    Hace poco, en un acto realizado en la ex Esma[9] de debate sobre el caso Papel Prensa en el marco de un ciclo sobre Terrorismo de Estado y Empresas, organizado por la Liga, y en presencia del sub secretario de derechos humanos de la Nación, Luis Alen, dijimos textualmente: “Lo que hemos tratado de demostrar en base al análisis concreto de los cuatro casos analizados, Acindar, Ford, Mercedes Benz y Papel Prensa, que esas primeras medidas que denunciaba Walsh estaban al servicio de un proceso de reformulación integral del capitalismo que fundó una nueva Argentina que no conocía ni imaginábamos y que esa nueva Argentina sigue en pie, al menos en sus cimientos profundos y sistémicos, y es allí donde debe ponerse la mirada, para llevar a juicio a los grupos económicos que impulsaron, legitimaron, sostuvieron y se beneficiaron del Terrorismo de Estado y a eso nos comprometemos un conjunto de organizaciones de derechos humanos entre las que se cuentan la Liga, el Serpaj, la Apdh, la Asociación de Ex Desaparecidos  y muchas más; pero sobre todo para poner en el horizonte de la nueva generación que tan magníficamente se incorpora a la lucha, la consigna de la Segunda y Definitiva Independencia.   Por ello nosotros ponemos el derecho a la autodeterminación de los pueblos al frente de nuestro programa de lucha por los derechos humanos a nivel americano; del mismo modo que defendemos –en toda circunstancia- el derecho de los pueblos a luchar por los derechos humanos, por todos los derechos para todos, por todo lo que le corresponde por derecho y por historia, y consideramos el derecho a luchar por los derechos humanos  como el primero de los derechos, aquel que como un termómetro señala la dimensión verdadera de la causa humanitaria, y es por ello, permítannos que lo digamos en este lugar tan simbólico, que nosotros seguimos entendiendo como desde hace setenta y tres años que el rol de los organismos de derechos humanos fue, es y será siempre el de esclarecer, difundir y contribuir a organizar la lucha popular por el acceso a sus derechos, con plena autonomía de todos los poderes, del Poder Judicial y del Poder Económico, del Poder Mediático pero también de los gobiernos de turno, por más simpáticos o cercanos que algunos de estos poderes sean o parezcan ser, porque sin autonomía verdadera –que no es indiferencia, que no es  neutralidad, que no es  apoliticismo- sino un pensar desde el lugar de los derechos humanos – los organismos pueden perder el rumbo y  perder eficacia al momento de aportar a conquistar la democracia verdadera, esa que tanto necesitamos, ahora y siempre.”

    Quisiera insistir en el concepto de que la autonomía, al menos en nuestra comprensión, nada tiene que ver con la indiferencia, la neutralidad, la prescindencia del compromiso o el apoliticismo.  En estos años de administración kirchnerista hemos asumido una serie de conductas procurando adoptarnos a los nuevos tiempos, desafíos y oportunidades. En un breve recuento digamos que por vez primera en más de setenta años gestionamos nuestra personería jurídica para obtener el rol de querellantes en los juicios contra los represores, y que una vez logrado ese rol, en acuerdos varios (sobresale el de Justicia Ya! en la Capital y La Plata, pero no es el único, ya que en el interior del país existen otros) hemos participado en catorce juicios orales donde se condenó a cerca del cincuenta por ciento de los represores condenados en el país, unos doscientos veinte en total. Aceptamos la designación hecha por respectivas leyes y actas institucionales y nos incorporamos al directorio (u ámbito similar) del Instituto Espacio para la Memoria de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, del Ente Público Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los DDHH (Ex ESMA) y del Consejo de Gestión del Parque de la Memoria, Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado.  También  hemos asumido posturas activas de apoyo a diversos proyectos de ley como el de retenciones a las exportaciones agropecuarias conocido como la resolución 125, frustrado por la resistencia de la derecha y sectores del movimiento agrario comprometidos con el modelo sojero; el de Servicios de Comunicación Audiovisual que derogó una ley de la dictadura (de las que hay tantas en vigencia, como la de entidades financieras cuyo proyecto de derogación apoyamos) y mucho más. Tenemos también una mirada muy valorativa sobre el proceso de los juicios al terrorismo de Estado, al tiempo que mantenemos exigencias jurídicas y políticas como el de la unificación por centro clandestino, la calificación de Genocidio y sobre todo la investigación y castigo del rol de los grupos empresarios y los gobiernos extranjeros como el de los EE.UU. en la gestación, sostenimiento y beneficio del genocidio perpetrado. Pero, junto con todas estas políticas, que implican un posicionamiento coherente y razonado de impulsar las medidas y propuestas positivas que surjan del poder ejecutivo o legislativo, no hemos dejado de denunciar la persistencia del gatillo fácil y la práctica de tortura en sede policial y las cárceles, la lógica represora que se mantiene en todo el sistema de seguridad, la cultura de victimizar a un sector social que se manifiesta en el proyecto de baja de la edad para la imputación de delitos, la ausencia de políticas que amparen el derecho a la interrupción del embarazo, la custodia de los derechos sobre la tierra de los pueblos originarios y así de seguido como lo manifestamos sin vacilaciones en la triste secuencia de crímenes contra el pueblo: Mariano Ferreyra, los López de Colonia Primavera de Formosa y los hechos del Parque Indoamericano. Es más, ante los llamados de la nueva Ministra de Seguridad a discutir consensos sobre la “seguridad democrática” nos negamos a discutir el “cómo” debe ser la represión, puesto que nuestro rol es demandar del Estado el cumplimiento de los derechos humanos, garantizando su vigencia y el pleno acceso de todos a todos los derechos inscriptos en la Constitución Nacional, las Convenciones y Pactos Internacionales y los que surgen del devenir de las luchas populares. Siempre estaremos del lado del pueblo, acompañando sus luchas y demandas al Estado, que consideramos nuestras.

    Creo que lo que está verdaderamente está en debate, al discutirse la cuestión de la autonomía de los organismos de derechos humanos, es la misma concepción de los derechos humanos.  ¿De qué hablamos cuando hablamos de derechos humanos?, ¿quién es el responsable de respetarlos, quién de defenderlos y luchar por su conquista y acceso para todos y sobre todo:  ¿Por qué solo el Estado puede violarlos?

    Los derechos humanos no son “esencias” místicas de la naturaleza humana ni mucho menos concesiones graciosas del poder inscriptas en la Ley; no, para nada, son hitos del largo camino de lucha de la sociedad contra el poder omnímodo del Estado, de las clases subalternas contra las clases dominantes que han modelado el Estado y el Derecho en su beneficio y para la continuidad de su dominación y en su contenido actual se resumen casi todas las tradiciones y culturas políticas de Occidente.

    • El Cristianismo primitivo y la Iglesia del Pueblo que propusieron la igualdad de todos los hombres al postular que todos somos Hijos de Dios y por ello, hermanos que debemos amarnos y poner la otra mejilla cuando somos agraviados y no responder con el Ojo por Ojo de la Ley del Talión.
    • El Liberalismo, que desde la Carta Magna que los británicos arrancaron a su Graciosa Majestad en 1215 iniciaron un largo camino que pasa por la Revolución Francesa y llega a la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 proclamada por los vencedores de la gesta antifascista en las Naciones Unidas de entonces.
    • El Comunismo que desde 1848 intenta superar la formalidad de la igualdad proclamada por la burguesía, expresada en la concepción de igualdad de oportunidades –no importa que algunos tengan millones de dólares y otros centavos- conquistando una real igualdad basada en el pleno acceso a los medios de producción, a los medios de comunicación, la cultura y la educación y en general a todos los derechos proclamados, pero no cumplidos, por el orden jurídico internacional y nacional.
    • Y aún debemos reconocer el impacto en la noción actual de los derechos humanos de la cultura de los Pueblos Originarios, sobre todo en el avance que tiene la propuesta de reconocerle derechos a la Pachamama, cesando las agresiones ambientales que –por ejemplo- el modelo sojero y extrativista de la Argentina, ocasionan cotidianamente.
    • Desde otra perspectiva, se ha avanzado en una mayor comprensión del derecho a la pluralidad de opciones sexuales, la igualdad entre los sexos y el derecho a elegir el genero, y más en general la tolerancia ante las diferencias nacionales y de todo tipo.

    Digamos también, que en el fondo de la discusión en curso entre nosotros, está presente la verdadera interpretación que tengamos de los hechos del Terrorismo de Estado: una mirada individualista de lo ocurrido, pensar que algo nos pasó individualmente y no como parte de un proyecto colectivo de transformación social, históricamente constituido, da paso a la noción de “afectados” y habilita una perspectiva sobre la reparación que puede agotarse en el castigo a los responsables directos del dolor ocasionado a la víctima (y por extensión y perversidad de la desaparición, a los familiares de los compañeros desaparecidos);  desde allí puede construirse una mirada simplista sobre los juicios y la fantasía de que con el castigo a los culpables de los hechos que sufrieron “mis familiares” o “yo mismo”, o aún menos, con la mera descalificación social de los represores sostenida en el discurso gubernamental, se puede clausurar la lucha por los derechos humanos, dado que se habría cumplido el sueño de justicia para los afectados.  Y si eso fuera así, los organismos podrían correrse del lugar de reclamantes para pasar al lugar de gestionar la labor estatal; dicho sencillamente, dejar de reclamar el acceso universal a una vivienda digna para todos, la interrupción de los desalojos rurales y de los pueblos originarios, el apoyo a las luchas contra los desalojos y por la vivienda, se libren estas luchas del modo que se libren que no somos Dios para juzgar como el pueblo defiende sus derechos, para pasar a administrar dineros del Estado destinados a planes de vivienda, adjudicando a esa acción el  rol fundamental en la solución del problema, invirtiendo la lógica histórica del accionar de los organismos que siempre fueron –y deben seguir siendo- reclamantes del Estado y no eslabones de la cadena administrativa de respuesta a las demandas..

    En esa confusión de roles, es que se generan espacios para que algunos perpetren los actos denunciados en la Fundación Madres (que deberán ser investigados de un modo imparcial y hasta llegar a la verdad) y se crean las condiciones para la vertiginosa ofensiva de la derecha por detener la lucha contra la impunidad y por una democracia verdadera, que no se agote en el voto ni mucho menos en la delegación de la soberanía popular; sino que se piense a si misma como poder popular, como organización de los más, que no pueden ser  pensados como objeto de la “bondad” o la “generosidad estatal”, sino como activos constructores de su historia; único camino para que los derechos humanos sean realidad para todos que podría ser el otro nombre del sueño eterno de los pueblos de conquistar la libertad. Para todo ello, la autonomía de los organismos de derechos humanos es condición sine qua non.


    [1] ver la nota de La Nación del 15 agosto de 2010 donde algunos de los que juzgaron la Junta de Comandantes despliegan este discurso

    [2] Nicolas Iñigo Carrera, “La estrategia de la clase obrera. 1936” Pimsa. La Rosa Blindada. 2000

    [3] La AABA se fundó el 26 de junio de 1934

    [6] Oliver Reboursin, investigación sobre la historia de la Liga, ,material inédito todavía.

    [7] la Marcha se sigue realizando convocada por un conjunto de organismos encabezados por Madres Línea Fundadora, pero ya sin la participación de la Asociación Madres y de Hebe.

    [8] el término es insuficiente y tiende a confusión, cómo si sólo los familiares –y sólo algunos familiares- de los desaparecidos hubieran sido afectados y no todo el pueblo argentino que sufrió un despojo incalculable en riquezas materiales y valores culturales, amén de la destrucción del capital humano (factor subjetivo diría el Comandante Guevara) que representaban los miles y miles de cuadros políticos frustrados por el Genocidio.


  • En el salón de actos de la sede histórica de la UOM de Villa Constitución, con la presencia del dirigente máximo del Villazo, Alberto Piccinini, del actual secretario de la UOM, Juan Actis, del dirigente comunista Alberto González, de la secretaria de la CTA local Cristina Monterrubianesi, de los concejales del Moviento de Unidad Villense Piru Pieretti (electo)  y Angelica Monzón (en funciones) y una multitud de jovenes, militantes sociales y políticos se realizó el acto de homenaje a Carlos Sosa a tres  meses de su fallecimiento.  José Schulman participó a nombre de la Comisión Política del Partido Comunista y la dirección nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, y en su carácter de compañero de luchas y reflexiones de Carlos Sosa durante cerca de treinta años

     

    El acto se convirtió en un homenaje a las luchas obreras y populares, en un reconocimiento del aporte de los comunistas a las mismas y en una reflexión colectiva sobre las perspectivas del movimiento obrero y popular de Villa Constitución….

     

     

    para escuchar el audio:  http://www.ivoox.com/homenaje-a-carlos-sosa-audios-mp3_rf_801111_1.html

     

     

     

     

     

     


  • Así como no hay violación de los derechos humanos que no tenga un discurso justificatorio, cada agravio a la condición humana agravia a la humanidad entera y deja rastros más que perceptibles en el tramado de la vida social.

    Si bien es cierto que nadie  reivindicó el secuestro de Julio López, ni su justificación; ha habido en estos cinco años silencios que han sido discursos y discursos que han pretendido adjudicar a su secuestro una especie de “pago” que la sociedad ha debido hacer por avanzar en los juicios, asumiendo un signo fatalista para su pensamiento que generalmente rechazan en el análisis de otros asuntos.

    A cinco años de su secuestro y desaparición forzada afirmamos rotundamente que el crimen pudo haberse evitado y que pudo haberse esclarecido. Jamás aceptaremos que la impunidad es fatal e inevitable; la lucha del movimiento de derechos humanos –en toda su diversidad y enorme amplitud- demostraron que no hay obstáculo que no se pueda remover si de conquistar Justicia se trata para las víctimas del Terrorismo de Estado u otros agravios del aparato estatal.

    No hubo, ni hay, un plan de protección a los testigos, querellantes, abogados y demás fuerzas que intervienen en los juicios contra los genocidas (así lo acaba de afirmar –abril 2011- el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos Américo Incalcaterra en un informe demoledor donde afirma:  Al momento de la desaparición de López «Argentina no estaba preparada», para hacer frente a esa situación. Además, el Estado no se encontraba en condiciones de proteger a la enorme cantidad de testigos de crímenes de lesa humanidad en ese entonces. «Sólo contaba con un pequeño plan nacional de protección de testigos de alto riesgo en casos de crimen organizado y tráfico de drogas», agrega el informe. Al año siguiente, Néstor Kirchner amplió el mandato del Programa Nacional de Protección de Testigos e Imputados (PNPT) -que viene a funcionar como el padre del sistema- reconociendo el problema. Pero no lo solucionó.»La falta de coordinación entre las varias instituciones se ha documentado ampliamente», añade el informe. Es que en Argentina funcionan cuatro programas de protección (el PNPT, el PVJ, el PNNA y el CAVTE) con objetivos casi calcados que confunden a jueces y testigos que no saben a dónde y a quién recurrir en cada caso. Lo cierto es que al margen del revuelto de gramajo que significan los mandatos de estos programas, la mayoría de las personas entrevistadas considera que las medidas de protección «no son adecuadas para testigos en juicios de derechos humanos», dice el informe.[1]

    Por nuestra parte quisiéramos traer al debate lo que planteamos al momento del asesinato de la compañera Silvia Suppo en marzo de 2010: “El solo hecho que se haya instalado como posible la hipótesis de que el asesinato de Silvia Suppo pueda haber sido obra de un grupo de tareas o un crimen por encargo a un sicario revela el agotamiento de una estrategia equivocada: la de pensar la seguridad de los testigos en los juicios por delitos de lesa humanidad desde la lógica de la lucha contra los narcotraficantes: custodia personalizada, entrega de celulares del tipo “antipánico”, para no hablar de los ridículos consejos del Director del Programa Nacional de Protección a Testigos e Imputados de cambiarse la cara mediante una operación de cirugía plástica….. El enfoque de “proteger los testigos” presupone convivir con la impunidad y pensar que con medidas técnicas, por otro lado imposibles de implementar masivamente dado el número de testigos que ya han testimoniado o han sido ofrecidos en los juicios orales realizados, en desarrollo o en preparación, se podrá resolver el problema”.

    Se trata, agregamos ahora, de pensar la protección en forma integral y de un modo “tradicional”: quién puede estar interesado en impedir el desarrollo de los juicios?  y ejercer acciones preventivas sobre ese grupo de ex represores, civiles involucrados en el genocidio que temen ser imputados, grupos económicos favorecidos por el Terrorismo de Estado, etc.  No en balde, el único caso de amenazas esclarecido, el del accionar de La Hermandad de la ciudad de Reconquista, Provincia de Santa Fe, se resolvió investigando los posibles agresores, como manda el abc del manual de la investigación. Para ello, el gobierno debe superar el límite cultural que implica asimilar la impunidad estatal con la presunción de inocencia; como bien demostrara Mario Wainfield en el debate sobre Patti no son para nada valores similares: la presunción de inocencia es una garantía constitucional de los derechos humanos, la impunidad que gozan los perpetradores del genocidio es una acción estatal que busca proteger la violación de los derechos humanos y es por naturaleza, contraria a derecho como la decisión de la Sala II de Casación de sacar los Generales asesinos de la cárcel.  Bajo la fachada de la “normalidad” procesal se defiende la impunidad en todas sus formas, es hora de terminar con ella y encarar el proceso de los juicios desde una estrategia estatal unificada que garantice la continuidad del proceso hasta sus últimas consecuencias que no pueden ser otras que juzgar al Poder Económico y al Imperialismo Yanqui que lo organizaron y se beneficiaron de él.

    Al momento de hablar de la desaparición de Julio López no todos nombran otra desaparición, ocurrida en aquellos días, y es justamente la del debate propuesto por el fallo del Tribunal Oral Federal Número Uno de La Plata quien al atender que la normativa vigente no daba cuenta de lo realmente ocurrido y por ello considerar  los delitos cometidos por Etchecolatz “realizados en el marco de un genocidio”  proponía un debate sobre todos los temas atinentes a la tarea de juzgar, treinta y cinco años después, a un genocidio, tarea nunca antes acometida por tribunales nacionales en el país donde el genocidio se perpetró.

    La falta de un debate en forma, la ausencia de una estrategia estatal unificada que de cuenta del “contrato social” de juzgar el Genocidio que reconoce el Dr.: Lorenzetti desde la presidencia de la Corte Suprema de Justicia, han derivado en un proceso judicial que avanza a ciegas, enfrentando reiteradamente los mismos escollos, sometiendo a los testigos a la dura tarea de enfrentar sus represores con la palabra una y otra vez, sin salir de la fragmentación que la Justicia impuso a las causas por negarse a pensar el Terrorismo de Estado tal como este se cometió: centralizado y estructurado desde la Comandancia de los Cuerpos del Ejercito que organizaban zonas, áreas y centros clandestinos de exterminio.  Para no alargar, digamos que a pesar de todos los avances –que hemos celebrado más de una vez- a ocho años de la anulación de las leyes de la impunidad, solo hay tres fallos confirmados por la Corte Suprema, los otros catorce o quince, que afectan a unos doscientos veinte represores, esperan su turno en las sucesivas instancias donde los abogados defensores (muchos de ellos del Ministerio Público de Defensa o sea pagados por el Estado y a su orden) de los represores reiteran pedidos de nulidad con la complacencia de una parte del Poder Judicial, como se acaba de verificar en el fallo de la Sala II de la Cámara Nacional de Casación que envió a sus confortables domicilios a los asesinos Generales Santiago Omar Riveros y Reinaldo Bignone.

    Pero, acaso más que en la esfera judicial, los rastros de la desaparición de Julio López se verifican en la persistencia de una cultura represora que a fines del año pasado pasó por una seguidilla de crímenes: Mariano Ferreyra, los López de Formosa y las víctimas del Parque Indoamericano o que ahora mismo, se adivina en el horroso crimen de la niña Candelaria. La ilusión de que las Policías Bravas y los Servicios de Inteligencia, las Agencias estatales y privadas de seguridad, que han proliferado de una manera notable en el país (se dice que la cifra de empleados de las agencias privadas de seguridad se acerca a los cuatrocientos mil) se “auto limitarán” a sus sucios negocios si el Poder no los molesta, es eso: pura ilusión.

     

    Si la impunidad para los crímenes del Terrorismo de Estado da cuenta de la persistencia en el tiempo de la matriz estructural de un modelo capitalista impuesto a sangre y fuego (que hoy se expresa en su costado “extractivista”: producción irracional de soja transgénica, extracción de petróleo, gas y minerales destinados a la exportación, etc.); la impunidad de la desaparición de Julio López da cuenta de todo lo que nos falta para conquistar una democracia verdadera; abrir el debate sobre los caminos para lograrla, entre todos los que se sienten convocados por los vientos independentistas que hoy recorren América Latina, es uno de los modos de recordarlo, homenajearlo y luchar por el juicio y castigo a sus desaparecedores, cómplices y encubridores.

    Por la conquista de una democracia verdadera, donde el pueblo sea constructor de su liberación y se cumpla con la resolución de la Asamblea de 1813, aquella que ordenó terminar con la tortura, el esclavismo y los privilegios de casta

    Por todos los derechos para todos

    Sin López no hay Nunca Más!

     

    Liga Argentina por los Derechos del Hombre

    CORRIENTES 1785- 2ºC (1042) Buenos Aires República Argentina

    Tel./Fax:011-54-43713939

     

    Asociación Civil fundada el 20 de diciembre de 1937.

    Miembro fundador de la Federación Internacional por los Derechos del Hombre, organismo no gubernamental con asiento permanente en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas

    y acreditado ante el Consejo de Europa.

     


  • Con mucho brillo, la empresa símbolo del capitalismo alemán de hoy y del nazismo de los 30/40, ha celebrado los sesenta años de su presencia en la Argentina. Con la asistencia de la Presidenta de la Nación, se ha hablado mucho de cifras de producción de autos y camiones, de nuevos modelos y del gran adelanto que la empresa trajo para la zona donde está ubicada. Quisiéramos llamar la atención sobre tres hechos puntuales que no fueron mencionados ni en el acto oficial de la empresa, ni en los discursos de las autoridades nacionales, ni en los medios llamados opositores, ni en los medios llamados “militantes” u “oficialistas”: el papel de Jorge Antonio, colaborador directo –sobre todo en los asuntos económicos financieros- del mismo General Juan Domingo Perón en la fundación de la Mercedes Benz “Argentina” en el año 1951; la contratación del nazi Adolf Eichman por parte de la empresa como operario –con pleno conocimiento de su verdadera identidad- en 1959 y el rol de la empresa en los años del Terrorismo de Estado.

    “Eichman vino con un grupo de 16  alemanes», recordaba Jorge Antonio, mano derecha del Presidente Perón, quien en  1951 fundó Mercedes Benz Argentina, «Daimler me pidió darle un puesto de trabajo porque eran técnicos. Lo conocía bajo su nombre verdadero, pero no me interesaba».  Antonio compró como testaferro  de Daimler-Benz y otras empresas 60 sociedades anónimas en la minería, el agro, inmobiliaria, con dinero que fue escondido durante la segunda guerra mundial en Suiza y que con maniobras financieras fraudulentas lograba volver el  capital otra vez al circuito productivo del consorcio.

    ¿Nunca se había preguntado si administraba dinero nazi? «Con nosotros, los alemanes hicieron mucho dinero», contestó Antonio con una sonrisa, «si Usted lo llama lavado de dinero? Yo quería una fábrica de camiones y la conseguí».

    En  1955 los militares derrocaron a Perón.  Antonio fue encarcelado, su imperio intervenido e incautada toda la contabilidad. Investigaron la procedencia del capital invertido. Los jueces dictaron en su sentencia de 1957 la expropiación de sus empresas sin indemnización: «Resulta pues evidente que la interdicta [empresa] al no haber podido demostrar la existencia de la radicación del capital alemán, trata de restarle importancia a la cuestión, cuando la misma es uno de los puntos fundamentales».   Daimler-Benz y su accionista mayoritario, el Deutsche Bank, reaccionaron. No querían perder «su» capital y se acordaron de un viejo amigo: William Mosetti. Él había vuelto después de la Guerra a Socony-Vacuum (transformada en Mobil Overseas Oil Company), cuando Daimler-Benz lo contrata, vivía en Leopoldville, Congo Belga. De ahí, lo mandaron a Buenos Aires. Y Mosetti hizo un buen trabajo. En 1959, el tribunal de apelación juzgó a favor de los alemanes. A pesar que Daimler-Benz no podía explicar el origen de sus inversiones en Argentina, esta omisión no fue – según los jueces – tan grave para legitimar la expropiación. La empresa fue condenada a pagar una multa y la fábrica de camiones abrió otra vez sus puertas. Contrataron mano de obra, entre ellos Ricardo Klement alias Adolf Eichman. El 29 de Abril de 1960, la asamblea de los accionistas de Mercedes Benz Argentina nombró a Mosetti como director General. Y doce días mas tarde Ricardo Klement no volvió a su casa. Había dicho a su mujer que tenía una reunión importante afuera de Buenos Aires. Pero como no volvió en la noche, a la mañana siguiente la mujer, desesperaba, se fue a la fábrica de Mercedes Benz y sus camaradas hicieron una «operación de búsqueda semi oficial», como lo dice un memorando de Hanns-Martín Schleyer, ex oficial de la SS y director de Daimler-Benz. El 23 de mayo, el primer ministro David Ben Gurion declaró en la Knesset que Adolf Eichman se encontraba en detención israelí. No dijo cómo llegó a Israel ni mucho menos, cómo había llegado a la Argentina y por qué había sido contratado por una empresa alemana que conocía su verdadera identidad.

    En el ciclo que la Liga Argentina por los Derechos del Hombre realizó en la Esma sobre Terrorismo de Estado y Poder Económico se trató el caso Mercedes Benz; en el mismo, con el testimonio de compañeros que habían sido trabajadores de la empresa y víctimas del Terrorismo de Estado se probó que –al menos- la empresa colaboró en la desaparición de catorce trabajadores mediante la entrega de las famosas listas de militantes que caracterizaron la relación entre las grandes empresas y el plan de exterminio y la apropiación de cuatro niños (una de ellas recuperada); que la empresa proporcionó a la dictadura camiones, carriers y todo tipo de instrumental necesario para la optimización del transporte de tropas y grupos de tareas durante aquellos años, que financió puntualmente acciones de los grupos de tareas afectados directamente al accionar dentro de la empresa y que se benefició –como todo el bloque de Poder- de los cambios estructurales que la dictadura impuso, y la democracia consintió. Por ejemplo: una de las abogadas que representa a las familias y los sobrevivientes, aseguró que está probada la complicidad del gerente de la planta de González Catán, Alejandro Tomás Tasselkraut. “Tenemos probado que Tasselkraut entregó una lista para eliminar a 17 trabajadores”.
    En el Juicio por la Verdad de La Plata, Tasselkraut reconoció ante el juez Leopoldo Schiffrin que la productividad de la empresa había caído un 30 por ciento por los conflictos sindicales pero que “después de un tiempo prudente esas cosas no volvieron a pasar”. “Milagros no hay”, dijo y esa fue la frase que hizo famosa la operación de disciplinamiento empresarial.

    Por todo ello, la mera “celebración” del sesenta aniversario de la empresa va a contrapelo de la construcción de Memoria, Verdad y Justicia en que el pueblo argentino está empeñado y más bien se inscribe en los planes empresariales de “naturalizar” su historia, de modo tal que los procesos de concentración del capital, monopolización del mercado y generación de ganancias monopolistas se despeguen del secuestro de los compañeros, el robo de los niños, las alianzas con la dictadura militar y todo aquello que hicieron para conquistar la posición de privilegio que hoy ostentan y celebran.  Pero se equivocan al considerar que han logrado su objetivo, la lucha contra la impunidad seguirá adelante y más temprano que tarde también los grupos económicos como la Mercedes Benz y el Imperialismo alemán deberán rendir cuentas por los crímenes de allá y acá.


  • Video de la intervención en el acto realizado en la ex Esma para discutir el despojo sufrido por el Club Atletico San Lorenzo y las consecuencias más generales del accionar del Terrorismo de Estado y el neoliberalismo sobre el juego como deporte popular y los clubes de barrio como construcción colectiva histórica……

     

    Hasta ahora, el movimiento de derechos humanos se había concentrado en denunciar los usos que la dictadura hizo del futbol, el mundial 78 especialmente, pero se había detenido poco a pensar al fútbol y los clubes deportivos como víctimas del Genocidio, o sea de la reorganización radical de la sociedad, que incluyo el ataque sistemático a los clubes de barrio – y a algunos grandes pero que conservaban identidad popular y sensibilidad social- y la transformación del futbol en una más de las actividades de especulación financiera que alimentan la reproducción capitalista ampliada pero que liquidaron el costado lúdico, festivo, colectivo y creativo de un deporte que es de lejos el más nacional y popular de los deportes en la Argentina.

     

    He aquí un primer intento de pensar el tema desde la persepctiva de los derechos humanos que tiene la LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE……

     

    http://youtu.be/X8vSVLeZEvo


  • El año que luchamos sin contar con el Toto Zimerman

    En un poema sobre el Che decía Silvio Rodriguez que nuestro primer deber sería impedir que lo pongan en un lugar sagrado, es decir, inmaculado, eterero, sin contradicciones ni pasión, sin errores ni temores.

    Es decir lejos de la enorme humanidad que caracterizaba al Toto.

    Qué decir entonces en este primer aniversario de su ausencia física?

    Cómo no ofenderlo con frases vacías y gestos rituales?

    Cómo ser coherentes con su herencia teorica y práctica?

    He aquí un desafío de los que gustaba afrontar el Toto

    Se me ocurre entonces que nuestro homenaje podría tener dos partes: un rescate de su legado conceptual, de sus aportes teóricos a la lucha por los derechos humanos en la Argentina post dictatorial, algo que a veces quedaba oculto tras su practica avasallante y formidable, ya se sabe de su papel en Budge, de la creación de la Correpi en el 92, de la cantidad de fallos contra policías asesinos que logró, de su labor de liegislador por Izquierda Unidad, de su aporte a la recuperación del Pozo de Banfield y de tantas y tantas otras batallas que lo contaron como animador incansable.

    Y un balance de sus compañeros de la dirección nacional de la Liga de la que formaba parte al momento de su deceso, una dirección recompuesta en diciembre de 2005 con su aporte y que hoy puede hacer balance de lo actuado en un gesto que estamos seguros el apreciaría como apreciaba la coherencia y el esfuerzo de cada un por decir lo que pensamos y actuar en consecuencia.

    A mi me parece que el Toto aportó de un modo fundamental a un nuevo pensamiento de los derechos humanos en la Argentina, a una nueva doctrina de los derechos humanos que todavía no terminó de nacer pero que seguro que cuando madure tendrá las huellas de su pensamiento y de su acción.  Una doctrina que se aparte de los vicios de culto a lo jurídico y lo legal, de estatalismo para hablar en terminos academicos para designar la deformación –tan extendida en el movimiento popular argentino- de pensar todas las reivinidicaciones sociales en relación con lo que el Estado puede o no puede hacer.  Creo, sincera y profundamente, que el ¨Toto aportó a restablecer una concepción correcta del Estado entre los luchadores por los derechos humanos.  Una concepción del Estado que reivindica lo mejor de la tradición marxista, el Estado es el consejo de negocios de la burguesía como Clase, al decir de Carlos Marx, el Estado es siempre un organo de dominación de una clase sobre la sociedad, repetiría Lenin en visperas del Octubre Rojo y el Estado es un sistema de relaciones de dominación que combina la coercción con la construcción de consenso diría Antonio Gramsci.

    Y de allí la posición doctrinaria y práctica de Toto en la visiíon de que los temas jurídicos son siempre conflictos políticos y por ende, requieren de acciones populares extra jurídicas para avanzar o como él decía que el abogado es solo una parte y no la más importante, en la lucha por la verdad y la justicia.

    O su visión de que entre el movimiento popular y el Estado debe haber una relación de autonomía y exigencia, nunca de compromiso y menos de tolerancia.

    He aquí, acaso, el nudo teórico de la crisis que atravieza al movimiento de derechos humanos en la Argentina, tironeado por quienes quieren subordinarlo a un gobierno de discurso y gestos de respeto a los derechos humanso y una práctica de tolerancia con la impunidad histórica y actual.  La desaparición de Julio López, el asesinato de Febres, la exigua cantidad de fallos contra el Terrorismo de Estado, que se cuentan con los dedos de una mano, la práctica cotidiana de la tortura en sede policial y del «gatillo fácil», la judiicialización de la protesta social y la represión calificada a los que luchan son una parte de la lista contundente de violaciones actuales a los derechos humanos, para no hablar de los 25 bebés que mueren diariamente según la Unicef por causas evitables o del escandalo de la desnutrición infantil y de los ancianos en el país del boom sojero y la exportación de la leche y la carne por millones de dólares.

    Si no confiar en el Estado, digo en los jueces y políticos del sistema, en los punteros y comuncadores, en quién confiar entonces?  Pues en la fuerza del pueblo organizado, en la capacidad popular de gestionar poder.  En la creación de poder popular desde la lucha misma contra el acto represivo.