• Tapa 2La masacre de Trelew figura por derecho propio entre las paginas más significativas de la historia del Terrorismo de Estado en la Argentina. El asesinato de un grupo de compañeros fugados de la cárcel de Rawson, recapturados y fusilados a mansalva por la Marina es lo suficientemente conocido como para que yo vuelva a contarlo; pero hay algunos datos sobre la participación de los militantes comunistas de la zona en los hechos, y de la conducta de la dirección nacional del Partido Comunista, que son poco conocidos y estimo de interés socializar dicha información.

    Elvio Ángel Bell

    Al atardecer del cinco de noviembre de 1976, en pleno centro de Trelew, Elvio Ángel Bell fue secuestrado por un grupo de tareas. Con él fue secuestrado su hijo Pablo de apenas 8 meses quien fuera abandonado en el campo por los secuestradores y salvado de una muerte segura por dos trabajadores rurales que lo llevaron con sus familiares, por esa acción fueron castigados por la dictadura.

    Ángel había nacido en Entre Ríos, vivido en Buenos Aires, era un militante comunista y uno más de los tantos que en los comienzos de los sesenta veían en la Patagonia una posibilidad de trabajo y desarrollo individual.  Era maestro pero en Rawson trabajó en el rubro textil, destacándose rápidamente en la actividad social y política hasta ocupar un lugar en la dirección zonal del Partido Comunista.

    Cuando la dictadura militar fascista de Onganía (impuesta en 1966) se vio acosada por las luchas obreras y populares: Cordobazo, Rosariazo, Marcha del Hambre, crecimiento de la C.G.T. de los Argentinos, etc. y pasa a una represión masiva decide transformar una vieja cárcel de Rawson en un campo de concentración de militantes populares y revolucionarios.  Allí llegan entre otros Agustín Tosco, Roberto Quieto y Roberto Santucho, figuras principales del sindicalismo clasista, la izquierda peronista que se agrupaba en Montoneros y del Partido Revolucionario de los Trabajadores/Ejercito Revolucionario del Pueblo, respectivamente.

    La dictadura confiaba en que la distancia (y el control casi absoluto sobre la comunicación y el transporte) alcanzaría para hacer de la cárcel una prisión de aislamiento absoluto.  Pero la historia fue distinta, los familiares de los presos políticos comenzaron a viajar (entre ellos iban los abogados y militantes de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre) y a relacionarse con el movimiento popular de Rawson que asumió con toda dignidad la tarea que éstos le plantearon: visitar a los compañeros en los periodos donde no llegarán familiares para garantizar la comunicación entre las organizaciones revolucionarias y los prisioneros. El establecimiento penitenciario contemplaba la figura de “representante” de la familia y esa rendija legal fue la que aprovecharon los compañeros.  Sabemos que al menos durante un tiempo, Ángel Bell asumió el rol de “representar” la familia de Santucho y visitaba al dirigente revolucionario en la cárcel cada jueves que se necesitaba.  Justamente los jueves, día de visita en Trelew, día de marcha de las Madres años después.

    Junto a Mario Amaya y otros dirigentes populares, Ángel impulsó y formó parte de la Comisión de Solidaridad con los Presos Políticos que se constituyó y actuó en toda la zona: Puerto Madrin, Rawson y Trelew.  Tanto molestaba la Comisión que tres meses después de la fuga y de la masacre, los grupos de tareas asaltan la población y se llevan detenidos a la Capital Federal a un grupo de compañeros entre los que se cuentan Bell y Amaya tal como lo relata Tomás Eloy Martínez en su La Pasión según Trelew y lo recordaba en La Nación del siguiente modo: luego de repasar los hechos del 22 de agosto destaca que hay otro hecho que ha caído en el injusto olvido y Es el alzamiento de toda la población de Trelew contra el poder militar que el 11 de octubre arrestó a dieciséis vecinos de la ciudad y los trasladó al penal de Villa Devoto sin explicación alguna. Los habitantes decidieron declararse en estado de comuna y rebeldía para exigir que les devolvieran sus presos. Las manifestaciones duraron tres días y no se acallaron hasta que regresó el último””

    ….Fui testigo de la rebelión popular con que los habitantes respondieron al allanamiento de un centenar de casas y a la detención de dieciséis ciudadanos de todos los signos políticos, en su mayoría apoderados de los presos. Hubo una huelga general, desautorizada por el sindicalismo, afín entonces al gobierno militar. Dos manifestaciones salieron de la plaza principal hacia los barrios más pobres, donde se movilizaron otras siete mil personas. Los abastecimientos, la limpieza, la medicina y hasta las canciones fueron socializadas por aquellos buenos burgueses que sólo querían vivir en paz y a espaldas de la política.”

    “Un triste amanecer tuvo la zona el miércoles pasado cuando la población de Trelew, Rawson y Puerto Madrin pudo observar y en muchos casos sufrir en carne propia un operativo ordenado por el Comando del Quinto Cuerpo de Ejército, con sede en Bahía Blanca, que realizó allanamientos, detuvo ciudadanos y ciudadanas de la zona y paralizó prácticamente la actividad de la región, produciendo alarma y temor en el pueblo que no acertaba a explicarse las razones por lo ocurrido”, expresaba el diario El Chubut en la edición del 13 de octubre de 1972.

    Un comunicado militar argumentaba que el operativo se había ejecutado para “garantizar el orden y la seguridad pública perturbada por el accionar de elementos vinculados con actividades subversivas”. Por más que dieron vuelta armarios, roperos y bibliotecas en la búsqueda de algún arma no se toparon con nada que oliera a pólvora. Como prueba del “delito”, a Encarnación Díaz, –profesora de literatura y actriz– le confiscaron el libro En la colonia penitenciaria, de Franz Kafka, un “autor oscuro”, según lo calificó el jefe del operativo.[1]

    Liberado por la lucha popular, como el resto de los compañeros, Ángel vuelve a Rawson y retoma la militancia social y política hasta la fatídica tarde de aquel noviembre del 76 en que la dictadura le cobró los años de militancia, y seguramente, aquellas mateadas con Santucho en la cárcel de Rawson en las vísperas de casi todo.

    Nuestra Palabra

    Desde su fundación en 1918, el Partido Comunista sostuvo en cualquier circunstancia un medio de prensa, casi siempre un semanario, algunas pocas un diario.  Para 1972, bajo la dictadura y la vigencia de la Ley 17401 “de represión a las actividades comunistas”, que castigaba el pensar distinto y podía condenar por la sola tenencia de un periódico comunista, ese medio era Nuestra Palabra; en la más profunda clandestinidad el Partido Comunista distribuía algunas decenas de miles de ejemplares del semanario.

    En su archivo encontramos dos documentos relacionados con la masacre de Trelew: uno es la declaración del Comité Central partidario y la otra es una crónica, muy poca conocida, de los hechos contada por los sobrevivientes.

    El 29 de agosto Nuestra Palabra publica un documento titulado “La gravedad de la hora exige la unidad  democrática y antimperialista” que comienza con el siguiente párrafo: “La terrible y fría matanza de Trelew, su repercusión nacional y mundial y sus consecuencias, confirman que el país ha sido llevado al borde del caos por la dictadura instaurada el 28 de junio de 1966” para luego sostener que “El Partido Comunista condena indignadamente la inaudita matanza de Trelew y se suma al clamor nacional que exige una investigación exhaustiva de lo sucedido, con participación del cuerpo de abogados y de instituciones políticas y gremiales representativas. El pueblo quiere una relación clara, coherente y veraz de la tragedia de Trelew” y sigue “El Partido Comunista expresa también, una vez más su solidaridad con los presos políticos y gremiales, reclama su libertad inmediata y el cese de torturas medievales; exige el cierre de cárceles bajo jurisdicción militar (barco “Granaderos”, Resistencia y Rawson); reafirma su lucha intransigente contra toda legislación represiva y contra deportaciones; y considera que el derecho de asilo es una importante conquista cuya vigencia es vital para preservar el porvenir de la democracia en la América Latina.” y hace un llamado a la unidad de acción para anular “la 17.401  y demás leyes represivas, de proscripciones y persecuciones  del delito de pensar, organizarse y de luchar por una Argentina independiente y una democracia avanzada!”

    Convencido que los planes imperiales apuntaban a reproducir el modelo dictatorial brasilero alerta sobre un nuevo golpe de estado que reemplace a Onganía: “Tras los oscuros y siniestros sucesos de Trelew, se mueven fuerzas reaccionarias que sueñan con una dictadura ultragorila, a la brasileña.  Suponen que así podrán detener el auge de las justas y nobles luchas obreras y populares por pan y liberta, por un gobierno auténticamente democrático y antimperialista”

    Y polemiza con las organizaciones que proponen la lucha armada como el camino del triunfo ofreciendo una estrategia de lucha de masas y unidad amplia (a la que hemos calificado de cultura política de “frente democrático nacional” y criticado en otros trabajos, sobre todo en el “El viraje del Partido Comunista”, basado en dos conferencias dictadas en un ciclo del Archivo General de la Nación en el 2000 y publicadas en el semanario comunista de la época Propuestas,  que se puede consultar en www.cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com) que no deja de contener una propuesta de ejercicio de violencia política de masas: “El camino de la liberación nacional y social que puede ser recorrido únicamente con unidad de acción democrática y antimperialista, que dará cohesión y potencia a la acción de masas.  Organizar, coordinar, estimular la creatividad de la clase obrera y del pueblo, formar organismos de autodefensa de masas, tal es la exigencia de la hora. Es una utopía peligrosa y dañina suponer que la acción de masas pueden ser sustituidas por atentados individuales o acciones de grupo, por audaces que sean”

    Sobre este punto, solo llamo la atención a la respuesta de Agustín Tosco a la invitación de Roberto Santucho a sumarse a la fuga: quién cordialmente le dijo algo así como que era un dirigente de masas y confiaba en salir en libertad por la lucha política y de masas, enfoque que sostiene en el discurso que pronuncia al llegar a Córdoba, liberado: “Quiero agradecer profundamente esta solidaridad. La solidaridad de Córdoba, la solidaridad de Rawson y Trelew, la solidaridad de toda la clase obrera que me ha arrancado a mí de las garras de la dictadura, como antes ha arrancado a otros compañeros y como arrancará hasta el último prisionero. Quiero aquí como ha sido norma de, conducta militante rendir un gran homenaje a todos los Compañeros caídos en esta heroica lucha por la Liberación Nacional y Social”.

    El documento descalifica la maniobra en marcha de la dictadura de construir un Gran Acuerdo Nacional con las dos fuerzas políticas tradicionales que sostienen el sistema político argentino (ayer y hoy): el peronismo y el radicalismo, entonces dirigidas por el mismo Perón y Balbín: “Ni “La Hora de los Pueblos”, por haber nacido bajo el auspicio del fracasado Gran Acuerdo Nacional, ni “Frecilina”, por su composición y carencia del programa, reúnen los requisitos necesarios para un frente de liberación nacional” y propone fortalecer el Encuentro Nacional de los Argentinos, el ENA, un agrupamiento impulsado por el Partido Comunista con la participación de dirigentes de todas las fuerzas políticas y sociales, incluidos los peronistas y radicales, de la que formaban parte personalidades como el mismo Tosco o Ricardo Molinas, en marcha hacia un frente antimperialista y concluye con una advertencia que tras el triunfo de la salida negociada entre Perón y la dictadura, que llevó al propio Perón al gobierno luego del breve interregno de Cámpora y la masacre de Ezeiza, tomaría dimensión impensada cuatro años más tarde, un 24 de marzo de 1976: “Estamos pisando un terreno de definiciones para el destino de nuestro país. La experiencia histórica dice que no hay situaciones sin salida. O salida reaccionaria o salida democrática avanzada. La dispersión de fuerzas puede facilitar la primera. La unidad de acción asegura la victoria popular” en un lenguaje típico de la cultura de frente democrático nacional donde todavía se confiaba en la participación de amplios sectores del llamado progresismo radical y peronista, como expresión política de la llamada burguesía nacional, pero a esos debates hemos dedicado otras notas, aquí solo queríamos recuperar para la memoria un documento poco conocido así como de la denuncia de los hechos que el periódico publica el 26 de setiembre de 1972 a poco menos de un mes de la masacre, anotándose entre los primeros medios en hacerlo.

    La nota periodística comienza así: “El 8 de setiembre, los abogados Mario A. Hernandez, Rodolfo Ortega Peña, Luis Eduardo Duhalde, Gustavo Roca, Roberto Cinigaglia y César Quirós entregaron al periodismo un documento sobre el crimen perpetrado el 22 de agosto en la base aeronaval de Trelew, donde fueron asesinados dieciséis presos políticos y resultaron gravemente heridos otros tres; el documento incluye los testimonios de los tres sobrevivientes del crimen sin nombre” y a continuación publica en extenso la denuncia de Ricardo René Haidar, Alberto Camps y Maria Berger al que se puede acceder en numerosas publicaciones y paginas on line.

    En Trelew, hay una esquina donde se cruzan dos calles que es como decir que se encuentra condensada esta parte de la historia que traté de destacar.

    Las calles Mario Amaya y Ángel Bell se encuentran en un punto de Trelew, como si quieran volver a ponerse de acuerdo para organizar la visita a los presos del penal, la huelga en repudio a la masacre y la construcción de esa fuerza que todavía nos hace falta para hacer realidad los sueños de los que murieron y vivieron en Trelew, y todavía esperan que el cruce de calles anuncie la anhelada unidad de la izquierda en todas sus expresiones y formas de expresión.


    [1] La mañana en que una pueblada despertó a Trelew, Mariela Mulhall


  • cropped-jose-alicia2.jpg.

    A Eduardo Rozensvaig

    que en una mañana tucumana

    me explicó la diferencia entre

    la venganza y la vindicación

     

     

    Uno.18 de marzo de 1977. 23 hs.

    Se bajó con mucho cuidado de no pisar al cumpa que dormía en la cucheta de abajo. Caminó lentamente desde la cama cucheta hasta la pileta empotrada al lado de la puerta metálica, hermética, verde, con una ventanita al medio -que al abrirse parecía una bandejita donde le pasaban la comida- y una mirilla que se operaba desde afuera, para que el guardia controle. Por eso le gustaba la noche.  Porque por un rato quedaba solo y podía hacer lo que le cantaba los huevos. Bañarse como un duque, por ejemplo. Con un jarrito, el mismo que usaba para tomar el maté cocido y también la sopa o el agua coloreada con la vitamina C con gusto a naranja que le sacaba el gusto a mierda que tenía la que salía de la canilla.  Comenzó a tirarse agua encima del cuerpo. Una vez, y otra.  Y otra. Y otra.  Ya comenzaba a calmar el calor, esa pegajosa sensación de su­ciedad que le subía desde los mugrientos colchones sin sábanas y a calmar las picaduras de los mosquitos.  El decía que no le importaban los mosquitos, pero picaban los hijo ´eputa y no había con que darle.  A veces, muy pocas, tenían pedacitos de espiral y por un rato el humo verde, con ese olor tan familiar que le hacía recordar las tardes en Guadalupe de hacía un siglo cuando todos iban a la playa y se quedaban hasta la noche escuchando la radio que transmitía a Colón y tomaban mate y comían torta que llevaba la vieja y él salía a caminar con esa chica que tanto le gustaba y que daba vueltas en darle el primer beso, justo allí bajo la luna santafesina.. Un cañonazo de luz, que cruzó la celda, lo trajo de vuelta a la Cárcel de Coronda y le hizo recuperar los reflejos de preso: se quedó duro como en el juego de la mancha venenosa y se recostó lentamente contra la pared, entre la piletita y la cucheta, tratando de quedar detrás de la almohada del Moncho. Desde la muralla, los gendarmes se entretenían apuntando con los reflectores hacia las ventanas, de aburridos nomás, que nadie podría escaparse de la puta cárcel. Enfocaban el cañonazo de luz por la ventanilla y lo movían lentamente por las paredes. Iluminaron un pedazo de pared y la esquina superior de la cama, justo donde estaban colgados los pantalones y la toalla que enseguida usaría para acostarse en bolas, mojado y solo tapado con ella, pero la luz no lo rozó. Lo consideró una pequeña victoria y se decidió a continuar con lo suyo.  Se subió lentamente a la cucheta y se desparramó en la cama. Por unos minutos, estaría fresco y podría soñar.  Era tan obsesivo que programaba los sueños.  Se quedaba quietito con los ojos cerrados y se ponía a pensar hasta que lo que pensaba lo soñaba y lo que soñaba lo pensaba y no sabía si soñaba o pensaba. Ya está, hoy soñaría que estaba libre. Y no solo eso. Soñaría que todos los mal paridos que lo habían torturado en la Cuarta, el Curro Ramos Hijo ´eputa Torturador y el Víctor Brusa Secretario del Juez Aterrorizador, primeros que nadie, estaban presos. Y que sufrían como animales asustados, porque sin la picana y sin la cuarentaycinco, que el Curro Ramos Hijoeputa Torturador llevaba bajo la remera sobre la raya del culo, y sin la absoluta impunidad que le daba el Poder Judicial que pertenecía al Brusa antes secretario y ahora Juez Federal Aterrorizador, eran dos cagones de mierda que no se bancaban nada. Y no solo eso. Soñaría que la misma tarde en que los metían presos vendría a su encuentro una mujer.  Una extraña mujer que lo desearía con ansia, que lo amaría, que lo besaría con pasión y que luego se subiría para cabalgarlo hasta estallar en orgasmos increíbles…… y sí, como uds. imaginaban, se despertó justo justo cuando la mujer del sueño estaba por acabar arriba suyo. Se dio vuelta en la cama solitaria, acomodó la erección como pudo y se dijo a si mismo que estaba bien. Que no debía quejarse por la interrupción porque hasta los sue­ños deben tener límites, y ese era un sueño como que demasiado imposible.

     

    Dos    3 de enero de 1977. 18 hs.

    No era fácil sobrevivir en Coronda. Bueno, sobrevivir física­mente si. Casi no pegaban, casi no torturaban, al menos físicamente, di­gamos la tortura que casi todos habían sufrido en el recorrido desde la detención a la Cuarta, desde la Cuarta a la Casita o a la Guardia de Infantería.  Aclaremos, cierto es que no te pasaban la picana por los testí­culos, ni te hundían la cabeza en un balde de mierda ni te molían a piñas, pero no era fácil. Coronda era una cárcel “modelo”.  Modelo de cárcel yanqui, de esas en que los presos trabajan y se recuperan mediante el trabajo. ¿Cómo era eso de que “el trabajo libera”? No, no era de los yanquis, era de Hitler y ahora me acuerdo que estaba escrito en letras de hierro en un arco a la entrada de Auschwitz. Como los presos comunes trabajaban, estaban todo el día fuera de la celda y entonces éstas eran de cuatro por uno, con una piletita y baño, para que pudieran mear y hacer sus necesidades de noche y lavarse la cara a la mañana.  Pero no era el caso.  A nosotros no nos dejaban trabajar, ni leer, ni estudiar, ni hacer gimnasia, ni siquiera masturbarte en paz.  Todo, absolutamente todo estaba prohibido. Es difícil imaginar­se el absoluto en cualquier cosa, y más difícil es pensar que te lo prohíban todo. Pero a ver, probemos, pensá en algo que te gustaría hacer si estuvieras preso y veamos. ¿Ver televisión?, no.  ¿Leer libros de historia, o novelas?, no.  ¿Escribir o recibir cartas?, no.  ¿Hacer manualidades, tipo tejer o bordar o dibujar o pintar?; bueno nada de eso. ¿Hacer gimnasia o caminar en la celda? Tampoco. Los tipos te metían 23 horas por día en esa tumba con ventana a la muralla, una hora estaba reservada a los recreos y te prohibían hacer cualquier cosa que a vos se te ocurra.  Así que lo único que quedaba era el cerebro, pero el cerebro tenia una contra: ¿cuánta información estaba disponible?  A ver hagamos otra prueba, agarrá un papel y anota todos los te­mas que sin ninguna ayuda, pero ninguna eh, de los cuales vos podrías hablar y conversar, informar y transmitir conocimientos a otros. Parecen muchos, pero ahora pensá que con eso tenés que arre­glarte tres meses, o seis meses, o cincuenta y seis meses o ciento ochenta y nueve meses o quien sabe cuántos porque justamente uno de los pilares del proceso destructivo es que vos no supieras nunca cuánto faltaba para irte.  Pareciera mejor no tener ni causa ni condena: no tenés plazo de cárcel; pero tampoco tenés fecha de salida. Esa que te permita des­contar de uno por uno los días pasados y achicar la cuenta.  Y si nada es seguro, todo es probable; y cuando estás en poder del enemigo, lo probable es temible. Así que, nada de trabajo y la única opción era estar sólo u acom­pañado; pero en ese caso tendrías que pensar que con ese compañero, que no dejaba de ser un desconocido (al menos cuando se juntaran en la celda el primer día), compartirías hasta la ultima de tus intimidades dado que no te sacarían ni al baño y hasta tendrías que cagar delante de él y verlo cagar a él, obvio. La historia de cada uno es lo que te tenía que salvar, lo que eras, lo que sabias, en lo que creías y lo que amabas. Y ahí estaba una de mis problemas. Yo tenía historia y sabía porque estaba allí. Eso estaba bien, y te daba mucha tranquilidad, más que por entonces todavía practicaba ese optimismo histórico, que luego se mostró erróneo, ingenuo, casi ridículo, pero que entonces era el más pode­roso soporte. ¿Vos sabes lo que es hablar de la Revolución Rusa en una tarde de domingo en Coronda, por la radio de la cárcel, es decir por el sistema de reproducción de las voces que los presos practicaban en la ventana repitiendo casi en susurros lo que escuchaban del vecino y así hasta dar vuelta al pabellón? ¿O lo que se siente cuando un compañero de otra organización te pide que le des un curso de filosofía marxista, o cuando se celebra el aniversario de la revolución cubana, el 1º de enero de 1977, y uno pensaba en la Isla de Pinos, ahora la Isla de la Juventud donde Fidel estuvo después de la derrota del Moncada, ¿y si también Coronda se convierte en una escuela para los niños pobres de la zona, para esos que recolectaban frutilla desde muy chiquitos? Pero no todas eran buenas, el macartismo estaba siempre dando vueltas, apenas rascabas un poquito la piel aparecía y volvían los debates: si la Unión Democrática del 45, si la ayuda al Che en Bo­livia…Y además, la angustia por la compañera presa, la propia, aquella con quien me había casado en junio del 76 y ya en octubre habíamos caído en cana y con esa angustia había llegado a Coronda.  Con el temor de que jamás saldría y jamás podría amarla como corresponde; con el temor de la violen y que la hagan mierda física o psíquicamente, o que me maten en algún traslado o me desaparezcan al dejarme en libertad.  Digo que empezó a aparecer un problema personal entre los represores y yo, ya no sólo una cuestión de clase, de política, de justicia social y solidaridad. También un problema estrictamente personal, de mis derechos a la alegría y la felicidad, al placer y el gozo. Algo que habían se­pultado con la primera patada en la puerta de la calle Güemes y con la primera piña bien puesta en los riñones, como para que no haya dudas de lo que me esperaba. Fue entonces que empecé a soñar con mujeres apasionadas que me amaban, que me deseaban y me satisfacían en todos mis deseos.  Sueños de preso, se entiende.

     

    Tres  2 de Abril de 2005

    Hacía como quince días que no veía a la flaca. La deseaba como nunca. La había visto el domingo pero no se concretó nada; es que era la Marcha de la Resistencia y no hubo forma de salirse ni de hacer nada. Además él estaba con sus hijos, y eso no ocurría tan seguido. Se acordó de “Angelito”, esa obra de teatro del Tito Cossa donde el protagonista cuenta al público que conoció a la mujer más hermosa de su vida en una marcha y que hizo el amor con ella en medio de la calle. En “Angelito”, la mujer estaba vestida de rojo y la escena de amor coincidía con el asalto al Palacio de Invierno porteño, es decir a la Casa Rosada. El se conformaba con algo menos, con tenerla allí en medio de la marcha contra la desocupación y la miseria que aplasta todo, ese bombardeocontinuo y tardío de la dictadura que había fingido retirarse y sin embargo… Se imaginó la escena. Levantarla en sus brazos, despojarla de todo y amarla ahí en medio de la dignidad que se levanta contra el espanto de la impunidad y la indiferencia disfrazada de neutralidad.  Pero resistió la tentación, siguió caminando hasta el final o mejor dicho hasta llegar a la Plaza de Mayo y de allí se fue a comer con sus hijos.  Tuvo que esperar tres días hasta encontrarla.  Antes había pasado por el ritual de devolver los hijos a la madre y comerse los reproches de siempre y los reclamos silenciosos de los que no se resignaban a esa familia por minutos.  Parecía un sueño: toda vestida de celeste, desde las zapatillas hasta la remera pasando por un jean lavado pegado al cuerpo que lo excitó apenas la vio. Como siempre, no podían esperar a nada y con el primer beso desaparecía todo lo que no fuera ella misma.  El recordó que así fue la primera vez, cuando estaba tan asusta­do que ni se animó a decirle que la quería y ella lo condujo como a un niño de la mano hasta que al despedirse él se animo a besarla y pareció que era la primera vez para los dos.  Esta vez fue igual. Ella se recostó sobre él, se sacó la remera y el corpiño. El se pegó a la piel, parecía que el fuego estallaba en su piel y ….sonó el teléfono. Puteó pero ella le dijo que atienda. Saltó como pudo por encima de la mujer, y levantó el tubo.  Era de Santa Fe, de LT0, la radio universitaria que una tarde de setiembre del 73, todavía se acordaba, había anunciado que una co­lumna oficialista marchaba sobre la Santiago capturada por Pinochet y él se había puesto a llorar de alegría en la puerta del Paraninfo de la Universidad pegando puñetazos al aire creyendo que la historia seguía siendo de ellos y no de los fachos. Esa misma radio, otra voz seguro porque aquella locutora moro­cha y hermosa ahora era una Madre de la Plaza sin micrófono desde hacía 30 años, así que la voz femenina que le habla no podía ser esa, era otra la que le preguntaba que opinaba sobre la detención del Curro Ramos y del ex Juez Federal Brusa y él que no puede creerlo y le dice no joda, no se jode con eso, que cómo van a estar presos Brusa y el Curro, que los sueños no existen. Y repitió no jodan, che!  Y de nuevo se puso a llorar, como si siguiera en la tumba con ventana a la muralla y sobre la cama no hubiera otra cosa que la humedad de su propio cuerpo, bañado a jarrito a hurtadillas de los gendarmes y su rayo de luz, soñando que estaba libre, al lado de una mujer deseada y que los torturadores estaban presos, derrumbados en su miserable cobardía sin saber si pensaba en lo soñado o soñaba lo que pensaba.

     

     


  • En la Argentina, igual que ocurrió en casi toda Latinoamerica tras los procesos de “transición a la democracia”,  el centro de gravedad del aparato estatal de seguridad, que detenta el monopolio del uso de la fuerza, se ha trasladado a las fuerzas policiales y las otrora fuerzas para militares como Gendarmería y Prefectura Nacional, desnaturalizando su función formal para transformarse en las reales fuerzas armadas del Estado.

     

    Eso explica el desplazamiento de estas fuerzas, supuestamente creadas para la defensa de las fronteras nacionales, a toda la geografía argentina y su compromiso con tareas cada vez más ambiciosas resueltas por los MInisterios correspóndientes.

     

    Se les ha permitido demasiados excesos, incluido el diseño de un proyecto de Inteligencia interior, el «Proyecto X»,  y ahora se recoge una provocación montada en reclamos de mejoras salariales y de mejores condiciones de trabajo y de vivienda que procura instalar la confrontación «legitimos reclamos vs instituciones de la Constitucion»
    Al repudiar cualquier intento desestabilizador, desde la Liga Argentina por los Derechos del Hombre insistimos en la necesidad de erradicar de todas las fuerzas armadas y de seguridad estatales (y también las agencias privadas) a todo personal vinculado con el terrorismo de Estado, el Gatillo fácil, el trafico de drogas y seres humanos y los episodios de represión a las luchas sociales

     

    Es imperioso establecer una fuerte conducción política sobre todas estas fuerzas mientras se abre un debate sobre los caminos para erradicar la cultura represora y la influencia de las doctrinas imperialistas de seguridad como las que hace pocos días han propagandizado funcionarios norteamericanos desde la misma sede del Ministerio de Defensa.

     

    Contra los nostálgicos del «poder militar», más y mejor democracia

     

    Liga Argentina por los Derechos del Hombre

    CORRIENTES 1785- 2ºC  (1042)  Buenos Aires República Argentina

    www.laladh.wordpress.com

    Tel./Fax:011-54-43713939

    Asociación Civil fundada el 20 de diciembre de 1937. 

    Miembro fundador de la Federación Internacional por los Derechos del Hombre, organismo no gubernamental con asiento permanente en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y acreditado ante el Consejo de Europa.

     


  • El próximo jueves a las 19 hs en la U.T.N. de Villa Dominico, en el Salón de Usos Múltiples algunos amigos y compañeros de Graciela Carmen Pane la recordarán.

    Yo quiero por esta red social contarles a todos porque me parece importante participarlos.

    Graciela era la nieta de Arturo Rocha, co-fundador del Sindicato de Papeleros, amigo de Perón. Graciela era la hija de Ermelinda Rocha, obrera y ama de casa, pobre y comunista.

    Desde jovencita le preocupó la gente, y ya en la universidad se sumo a la entonces Federación Juvenil Comunista y desde el Centro de Estudiantes se dedicó a mimeografiar los apuntes para los alumnos.  Además de seguir estudiando, se puso a pintar a favor del ingreso para todos, del boleto estudiantil, se casó con otro futuro ingeniero, se embarazó y apostó aún mas fuertemente a la vida, con su militancia estudiantil, sus poesías y su piano. No la paró ni siquiera la detención en la Brigada Avellaneda- Lanús.

    Días después ya liberada, al salir de la U.T.N. la siguieron, la secuestraron y después de dos días de torturas y vejámenes,  apareció su cuerpo en Ezeiza.

    Eso fue el 4 de octubre de 1975, a manos de la Triple A.

    Ella, tal su origen peronista-comunista, nunca supo de gorilismo alguno y si en cambio dejo testimonio escrito de lo mucho que le preocupaba la división entre la izquierda del país. Soñaba con construir proyectos populares amplios porque sabia que el enemigo es poderoso. Y que cuando la derecha más recalcitrante se ve amenazada sabe construir alianzas.

    Estos tiempos son tiempos de definiciones, o se está con el pueblo todo o se está contra él. Y esto no quiere decir que se es cristinista o no se es nada.. Esto quiere decir que mas que nunca se debe resguardar el proceso democrático y no permitir ningún tipo de ataque a la investidura presidencial porque esta fue impuesta por la gente. Sea cual fuera el origen de tu sentir político, si sos democrático/a en tu vida diaria querrás ver la continuidad dé las urnas, de la fiesta de la elección, del premio o castigo de todo un pueblo a través del voto.

    A todos y a todas las que piensen que el no olvido es la única justicia posible, les pido me acompañen, la acompañen a mi hermana desde el recuerdo.

    La justicia aun no llega y es muy probable que nunca llegue para ella, sin embargo hay otro tipo de justicia aún mayor que meter preso a un genocida, que es la de la visibilidad de todo un pueblo hacia sus 30000 almas. Esos muchachos y chicas que soñaban una patria mejor.  Los que empuñaron un arma, equivocados o no, pero movidos por un sueño libertario y los que como mi hermana Graciela, solo empuñaron los libros, las poesías y la música de la vida.

    Que viva por siempre su figura nítida, genuina, cristalina, frágil y bondadosa, que no la olvidemos nunca para que el nunca mas tenga real sentido.

    Los espero a todos, los que militan  y los que no, los que me conocen de la docencia, los que me conocen de la vida artística, los que me conocen simplemente de la vida misma.

    A todos los amigos de buen corazón, de madera sana, de sueños y convicciones socialistas y reparadores.

    Los espero, los necesito y los necesita la memoria de Graciela y la de todos los demás, como siempre.

    Lina

     

    La insoportable impunidad del crimen de Gracieal Pane

    Militante comunista, Graciela Pane tenía 23 años y estaba embarazada cuando fue asesinada por la Triple A, en octubre de 1975.Se dice fácil. En octubre de 1975., en medio de un verdadero baño de sangre, de una multitud de crímenes, secuestros y atentados con bombas de todo tipo, un grupo de tareas secuestró a Graciela Panne de las puertas de su casa en Sarandí, la torturó con saña a pesar de su embarazo, la asesinó y la arrojó en las inmediaciones de las piletas de Ezeiza. Graciela era estudiante de ingeniería química de la Facultad Regional Avellaneda de la Universidad Tecnológica Nacional, delegada de su curso, militante del Centro de Estudiantes y de la Federación Juvenil Comunista.
    En su momento, la denuncia hecha ante la policía provincial y el Juzgado de Instrucción Nº 5 de Lomas de Zamora, a cargo del doctor Mario Moldes, quedó en la nada. Por entonces, también se abrió una causa federal contra los responsables de la Triple A, pero tampoco prosperó. Luego vino la dictadura y recién al retirarse los militares, alguien se acordó de que López Rega estaba en un exilio dorado en los EE.UU. y lo trajeron, pero al morir éste, la causa volvió al sueño de la injusticia.
    Recién fue a finales de 2006 que al ser capturados en España los jefes policiales Morales y Almirón, el juez Oyarbide «encontró» en un armario de su despacho la causa dormida desde 1975, fue entonces que los familiares de Graciela, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y el Partido Comunista nos presentamos ante el juez a reclamar que incorpore su caso a la causa. Fue entonces que los defensores de los represores adujeron caducidad de ésta porque consideraban que matar a una muchacha embarazada, como parte de un plan de exterminio de una cultura política de rebeldía y resistencia al capitalismo, no constituye un «crimen de lesa humanidad», luego de eso, el camarista doctor Freiler creyó estar inhibido de actuar por haber presentado en algún momento un  escrito sobre no se qué cuestión de la causa…. y ese aparente “equívoco” demoró la causa otros catorce meses, hasta que sí, la Cámara Federal de Buenos Aires votó dos a uno que eran crímenes de lesa humanidad y que correspondía investigar.
    Fue entonces que el fiscal Taiano se tomó todo el tiempo del mundo para elaborar un dictamen que presentó a finales del 2008 consintiendo investigar. Pero igual la causa sigue inmóvil. Paro. Yo no se cómo contar estas chicanas jurídicas absolutamente delirantes e inentendibles para cualquiera que no pertenezca al mundo de los Tribunales Federales, así que opto por algo parecido a la ironía para decir que estoy harto, harto hasta al hartazgo, de la hipocresía y la falsedad de los que convalidan la impunidad con caras de «yo no fui ni lo volveré a hacer».
    Lo único que  puedo decir, con vergüenza ajena y bronca propia, que pasados ya los treinta y cuatro años del asesinato de Graciela, el doctor Oyarbide sigue negándose a investigar, o sea: a llamar a los profesores y autoridades universitarias que la amenazaron, a los que la detuvieron en la sede policial días antes de su asesinato, a convocar a los compañeros de Graciela a testimoniar una vez más sobre quiénes pudieron haberla asesinado. Porque Graciela estaba ahí, vivita y coleando, con un ser en sus entrañas y un poema en su  mirada, con sus temores y sus alegrías -como todos los de esa época-, y la mataron. Y su crimen está impune.

    Eso es lo único que tengo claro de toda esta historia. También tengo un par de hipótesis de por qué tanto obstáculo en investigar la Triple A: la primera es que mantener invisible a Graciela y los otros compañeros permite sostener el relato liberal de que sólo se violan los derechos humanos en gobiernos dictatoriales y se sabe que al momento de los crímenes funcionaban (bueno, es un decir) todos los poderes e instituciones constitucionales que auspiciaban, convalidaban o permitían el festín del horror que por cierto era mucho más visible antes del golpe dado que buscaban aterrorizar con la imagen de Graciela/embarazada/muerta.

    Y la segunda hipótesis es que investigar de verdad la Triple A obligaría a llegar hasta algunos de los pilares del poder permanente: la Policía Federal, los servicios de Inteligencia del Estado y las Fuerzas Armadas, la burocracia sindical, la derecha universitaria y el nacionalismo profascista, todos los cuales mantienen vigencia y actuación al día de hoy reciclados y maquillados de democráticos y hasta de progresistas como algunos dirigentes sindicales de entonces. O como dijo Tomada al negar el derecho de la CTA a la personería gremial: no se cambia así nomás un sistema de sesenta años. Y también  se algo más: que el único modo de lograr Verdad, Justicia y Castigo a los culpables es el de la movilización y la lucha. De que nadie mire a otro lado cuando los ojos de Graciela nos miran -ojos que sólo veían la tele en blanco y negro como canta su hermana Lina- y que todos entendamos de una vez por todas que la lucha contra la impunidad no sólo es una cuestión ética y de compromiso con las víctimas: el golpe en Honduras y las bases yanquis en Colombia, las bravuconadas de la derecha fascista y los avances de la represión estatal nos dicen que debiera ser una cuestión de sentido común ciudadano y democrático. Por casi veinte meses, desde la masacre de Ezeiza al golpe del 24 de marzo, intentamos enconada y casi desesperadamente frenar el terror y defender los espacios democráticos.
    Entonces no lo logramos porque algunos entendieron que el terror de derecha ajustaría cuentas con la izquierda saldando los debates que no podían ganar en el movimiento popular y otros creyeron que no se debía criticar a un gobierno débil porque facilitarían el golpe. No fue ni es así. El único modo de enfrentar la derecha es enfrentar todo acto de derecha y toda violación de los derechos humanos, sea que los cometa la derecha profascista o el progresismo de tercera vía, porque sea cual sea el discurso que lo justifique, la represión al movimiento popular y el macartismo sólo fortalecen a la derecha. La impunidad genera más impunidad y el juicio y el castigo es el único modo de construir una Argentina donde matar a una muchacha de 23 años, estudiante de ingeniería en la UTN y embarazada de tres meses sea visto como un acto de locura de gente malvada y no el comprensible resultado de la decisión política de un grupo de Poder de sostener sus privilegios.

    José Ernesto Schulman,

    Todavía soy…

    (fragmento de un poema deGraciela Pane)

    No se…
    si soy niña o anciana
    o soy ambas.
    Provengo
    de un sueño mestizo de/ razas
    de un sueño cansado de ser siempre un/
    sueño…
    Y yo
    que soy niña y anciana
    lo tomo, lo llevo/
    conmigo
    lo mezo y lo acallo
    (Ansiosa la niña y/
    escéptica la anciana)
    El trino continuo se/
    eleva
    travieso, me huye
    lo celo, lo apremio, lo/ logro…
    vuelve la esperanza.


  • En una esquina de la Plaza de San Fernando, invitando al acto en conmemoración del sexto aniversario de la desaparición del compañero Julio López, que se realizó en la noche del miércoles 26 de setiembre, un grupo de artistas pegó unos carteles de papel invitando al evento. En uno de ellos se leía: «Por Julio López no hay cacerolas» y es cierto. Pero en más de un sentido.

    En primer lugar es cierto que los caceroleros tardíos, estos que mezclan el reclamo de comprar libremente dólares con un odio visceral, casi irracional, contra el peronismo y la Sra. Presidenta de la Nación, no solo que no preguntan por Julio López sino que permiten, acaso algunos ni se enteran, que grupejos y personajes de neto corte fascista se paseen entre sus cacerolas.

    Como a la derecha le ha costado mucho rehacerse de la gran derrota del 2001, de ese Diciembre insurgente que cuestionó hasta los huesos el esqueleto del neoliberalismo, y por lo tanto, la estructura de la impunidad; tuvo que acudir a un largo rodeo que arrancó de la inseguridad, se prolongó en el cuestionamiento al supuesto exceso garantista para con Blumberg primero y las cacerolas ahora, mostrar a flor de piel su racismo, su xenofobía y su odio a los que luchamos por verdad, memoria y justicia.

    Entre tantas puteadas y reclamos no hay un solo reclamo democratizador ni en procura de justicia social para los argentinos. Sería iluso esperar que los caceroleros tardíos reclamen por Julio López.

    Y los que no cacerolearon?

    Digo, los legisladores y funcionarios que marcharon el 24 de marzo contra el terrorismo de Estado e hicieron reuniones solemnes del Congreso y las Legislaturas, ¿por qué no una sesión especial el 18 de setiembre a los seis años del secuestro de Julio?

    O es que hay desaparecidos de primera y de segunda?

    Y los que marchan exigiendo Juicio y Castigo, los que reclaman contra el impuesto a las ganancias de los trabajadores, los que han defendido la salud y la educación en manos del estado, de calidad y gratuita, ¿por que tampoco ellos marcharon?

    El silencio sobre Julio López reproduce hoy el silencio sobre los treinta mil desaparecidos y presagia, advierte, convoca, irrita, sobre la tercera desaparición de Julio López.

    La primera en octubre del 76 por un grupo de tareas que controlaba el Jefe de la Bonaerense de entonces, la segunda en setiembre del 2006 por un grupo de tareas desconocido pero que muchos piensan que tenía relaciones o era parte de la misma Bonaerense.

    Y la tercera es ahora.

    Delante de tus ojos.

    Merced al silencio de muchos que no debieran callar porque saben perfectamente que sin Julio López no hay Nunca Más, y sin Nunca Más no hay democracia y sin democracia ninguno de los sueños cultivados en estos diez años podrá tener perspectiva.

    Esta noche en San Fernando, en su Plaza, hubo un digno acto por Julio López, acaso no demasiado grande, cien jóvenes cantando y bailando, pensando y discutiendo.

    En la esquina un cartel decía que no hay cacerolas por Julio López.

    ¿Y si el próximo 18, en cada plaza de todo el país, caceroleamos por Julio López y Luciano Arruga, exigiendo que ya es hora de terminar con el gatillo facil y con la tortura en sede policial, que ya basta de destruir seres humanos en eso que llaman establecimiento penitenciario y que es más parecido a un centro clandestino que a otra cosa; que ya es hora de terminar el mandato de Echecolatz sobre la Bonaerense y de limpiarla de sus socios y émulos, de los que siguieron su camino reproduciendo una y otra vez la tortura y el miedo?.

    Ya basta de la segunda desaparición de Julio López; y para ello hay que frustrar la tercera, esa que lo esconde bajo la alfombra de los pasos dados, y prolonga el largo silencio que su ausencia ha generado entre nosotros.


  • DECLARACION DE ORGANISMOS DE DERECHOS HUMANOS DE LA ARGENTINA SOBRE EL ABANDONO Y DESPROTECCION DE                 LAS Y LOS NIÑOS POBRES DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES Y LA DESTRUCCION SISTEMATICA DE LAS ORGANIZACIONES SOCIALES DEDICADAS A SU ACOMPAÑAMIENTO Y DEFENSA

    Al Sr. Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Sr. Daniel Scioli

    C/c para su conocimiento a la Sra. Presidenta de la Nación Dra. Cristina Fernández

    Los organismos de Derechos Humanos abajo firmantes nos dirigimos a las autoridades máximas de la Provincia de Buenos Aires y de nuestra Nación, a fin de denunciar la política discriminatoria y destructora que se está llevando adelante en dicha provincia contra las niñas y los niños más pobres de nuestro pueblo y sus familias, cuyas consecuencias no habrán de ser otras que una pauperización, precarización y degradación aún más terribles de sus ya inhumanas condiciones y expectativas de vida.

    Quienes trabajan en la protección y defensa de estas niñas y niños, las y los más vulnerables, discriminados y reprimidos de nuestra sociedad, nos vienen advirtiendo desde hace largo tiempo, que lo que está haciendo el gobierno de la provincia es atentar contra la continuidad de políticas de Estado implementadas desde hace décadas a través de los programas de Hogares y Centros de Día de la Secretaría de Niñez y Adolescencia, y Programas UDI: Jardines Maternales Comunitarios, Casas de Niños, Centros Juveniles entre otros, no pocos de ellos dependientes del Ministerio de Desarrollo Social.

    Los organismos de Derechos Humanos que firmamos esta declaración acompañamos a estas organizaciones sociales o incluso llevamos adelante con enorme esfuerzo programas propios de defensa y promoción de los niños más pobres, sus madres y familias –donde las hubiera- y nos consta la veracidad de lo que estos cientos de organizaciones sociales denuncian desde hace tanto, sin recibir ningún tipo de atención y mucho menos respuesta por parte de las autoridades: Los expedientes muchas veces vegetan eternamente en cajones burocráticos mientras los responsables de firmarlos nos hacen perder el tiempo con dilaciones y mentiras; pedidos de ampliación de becas o de las imprescindibles plantas funcionales de docentes de los jardines comunitarios permaneces suspendidos en un espacio sin tiempo mientras vemos angustiados como pasan los diversos ministros y funcionarios responsables del desastroso estado en el que se encuentra hoy la educación -ante todo preescolar-, la salud y la situación familiar y social en general de las y los niños y niñas más pobres-.

    Lo más inconcebible de esta realidad es, que demuestra un desinterés y un desprecio flagrante hacia la Convención sobre los Derechos del Niño, la cual prioriza el interés superior del niño por sobre cualquier otro, y es parte de la Constitución Nacional, que el estado argentino se comprometió delante de la comunidad internacional a cumplir.

    Quién mira por un momento con ojos y corazón sinceros y conoce lo que sucede por ejemplo en el conurbano bonaerense, sin duda advertirá inmediatamente, que si en muchos de los barrios más pobres hay niños que hoy gozan –aunque sea muy precariamente- de algunos de sus derechos es, ante todo, porque existen infinidad de organizaciones comunitarias solidarias y de Derechos Humanos, que desde hace muchos años se dedican a la protección, la defensa y la promoción de los niños y las niñas más pobres y sus familias. Que en el presente sean justamente estas organizaciones y programas comunitarios solidarios, a quienes se les esté negando cada vez más abiertamente el apoyo del gobierno provincial, es aberrante, ante todo, porque se contradice de un modo flagrante a la letra y el espíritu de las leyes 26061 (nacional) y 13298 (provincial), las cuáles otorgan un rol fundamental a las organizaciones de la propia comunidad, las cuales el Estado debiera con todos sus medios fomentar, apoyar y sostener.

    Por todo ello exigimos ser recibidos en lo inmediato por el Sr. Gobernador Daniel Scioli y le pedimos una entrevista a la Sra Presidenta Dra. Cristina Fernández a fin de encontrar a la brevedad un camino para implementar aquellas medidas imprescindibles que solucionen la gravísima situación actual, y se respete y defienda efectivamente la dignidad y los derechos de las y los hijos de nuestro pueblo.

    ASOCIACION DE EX DETENIDOS-DESAPARECIDOS – Margarita Cruz
    ASOCIACION VORWÄRTS – Osvaldo Bayer
    LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE – Graciela Rosenblum
    MOVIMIENTO ECUMENICO POR LOS DERECHOS HUMANOS – Arturo Blatezky
    SERVICIO DE PAZ Y JUSTICIA – Adolfo Pérez Esquivel

    Recibimos adhesiones de organizaciones que trabajan con niños a
    informedh@gmail.com


  • De las muchas funciones que los juicios conquistados por la larga lucha popular contra la impunidad tienen (reparación para las víctimas y familiares, señalamiento de las responsabilidades sociales en la catástrofe que provocó el terrorismo de Estado, resignificacíón de la historia nacional reciente y del papel del Imperialismo yankee, las clases dominantes nativas, sus partidos políticos e intelectuales en los hechos juzgados, etc.), una que viene siendo subestimada por muchos intelectuales[i], es lo que nos dicen sobre la generación del 70. Sobre las razones que la llevaron a la lucha, sobre el modo en que asumió la frustración del sueño de conquistar una Patria Socialista y del modo como enfrentó la dura prueba de la represión desplegada por un sofisticado mecanismo de destrucción de subjetividades del cual conocía muy poco. Un mecanismo preparado durante décadas de represión al comunismo –entendido como el partido de todos los que resistían la dominación capitalista no importa que tuvieran identidad peronista, guevarista, maoísta o se pensara cristiano verdadero o heredero de Hipólito Yrigoyen- y que se nutrió de las últimas “novedades” de la Guerra de Argelia y de Vietnam para pegar un salto de calidad que lo convirtió en genocida.

    Ya hemos dado cuenta de la dura lucha contra todas las formas de la impunidad: la biológica, que busca la clausura de las causas por el fallecimiento de los imputados por medio de sucesivas demoras que el Poder Judicial tolera; la del Poder, que preserva a los dueños de las empresas que prepararon, legitimaron y se beneficiaron del genocidio para que ni un solo empresario responda por sus crímenes (Carlos Blaquier, dueño de Ledesma, por solo ejemplo, declara por tele conferencia desde Buenos Aires y no lo exponen al repudio popular ) y la de los condenados que logran condiciones excepcionales de cumplimiento de la pena (casi la mitad en su casa o establecimiento especial), ahora deberíamos empezar por decir que un rol más que destacado jugaron y juegan en esta lucha los compañeros que fueron víctimas del terrorismo de Estado, que pasaron por los centros clandestinos y las cárceles, que fueron sometidos a todo tipo de torturas y penurias y que luego fueron tratados como escoria por la sociedad de los 80; este solo hecho, sumado a que más de dos mil quinientos compañeros han dado su testimonio oral en estos juicios, en un escenario difícil como es una sala donde tiene a pocos metros de él a quienes fueron sus torturadores y carceleros y a pesar de que estamos próximos al sexto aniversario de  la desaparición forzada de Julio López, todavía desaparecido y todavía impune, nos permiten trazar una primera imagen de la generación de los 70: sumada a la lucha en los 60, apresada y sometida a finales de los 70, ignorada rigurosamente hasta por el progresismo que solo hablaba de los que no están y de las Madres, se sostuvo o recuperó su identidad y su dignidad militante a impulso de la lucha popular que sepultó el ciclo neoliberal en la Argentina y se presentó como acusador (ya no como “víctima derrotada”), cuando la historia le dio la oportunidad que no tuvo en los 70.

    “Por algo será ”decían y tenían razón. Porque entre los presos y secuestrados, entre los torturados y desaparecidos, entre los asesinados y exiliados no hubo “inocentes” ni “perejiles”; cada uno de los miles y miles de compañeros que fueron victimizados lo fueron por su compromiso con la causa de la transformación revolucionaria de la sociedad; porque no convalidaban el orden burgués de los 60/70 (esa sociedad del fifty/fifty que ahora nos pretenden imponer como horizonte cuando fue el muro que se quería derribar) y de un modo u otro trataron de cambiar. Algunos con las armas en las manos y otros no. Algunos, muchos pero no todos ni tantos como se quiere imponer desde la nueva “historia oficial”, desde una identidad peronistas que no reconocía al pejota ni liderazgos omnímodos y que por eso se  fue de la Plaza dándole la espalda a Perón y luchó codo a codo con el resto de la izquierda contra Isabel y la Triple A. Y otros desde las viejas y nuevas identidades de la izquierda marxista, desde las variadas formas de existencia de la cultura comunista y guevarista de la época pero también desde el compromiso con la Iglesia de los pobres o el nacionalismo democrático y popular revolucionario. Basta escuchar los testimonios en los juicios para convencerse que la Generación del 70 era plural en todos los sentidos: por identidad política y cultural, por practicar diversas formas de lucha y por pertenencia a diversas organizaciones políticas y sociales; cierto, pero de un pluralismo que se reconocía en la Revolución Cubana, Fidel y el Che, que se había vinculado con la Unidad Popular de Chile y su líder Salvador Allende; un pluralismo de izquierda que de un modo diverso pensaba en la Patria Socialista, no importa las múltiples caras que esa Patria asumía para cada quien. Conviene entonces anotar un primer mito que se derrumba en los juicios: que el golpe se hizo contra el peronismo, quien habría aportado la sangre derramada en exclusividad; nada más mentiroso que decir que el Golpe fue contra el gobierno de Isabel y su obra burguesa.

    La segunda cuestión que surge de los testimonios es que si bien es cierto que nadie pensaba en la magnitud ni perversidad de la represión (¿quien imaginaba que se llevarían a los niños de los padres que no encontraran -nuestro Negrito Floreal- o que desaparecerían a las  madres que reclamaran por sus hijos -las compañeras de la Santa Cruz-) la generación del 70 resistió en los centros clandestinos y las cárceles. Resistió como se resiste siempre. Como pudo. Como supo. Con las herramientas culturales y políticas que tenía a su alcance. Con los valores que se construyeron por años y años de luchar contra la represión de gobiernos civiles y militares. Los comunistas aferrados al ejemplo de Ingalinella y los peronistas al de Felipe Vallese (uno en el 55 y el otro en el 62 pero los dos torturados hasta morir en sede policial y desaparecidos sus cadáveres, como presagio terrible de los “desaparecidos”) y los guevaristas inspirados en la fuga del Roby Santucho de la Cárcel de Trelew y los cristianos animados  por el ejemplo de Mujica. Cada cultura política había acumulado ejemplos éticos de lo que había que hacer frente al enemigo. Y en lo fundamental, lo hizo. Resistió. Sobrevivió. Preservó su identidad como un tesoro no negociable. Algunos de un modo que recuerda al Julius Fucik de “Reportaje al pie del patíbulo” y otros de un modo que recuerdan al Leopold Trepper de la “Orquesta Roja”.  ¿Recuerdan?  Julius Fucik es periodista y dirigente comunista checo, apresado por los nazis y condenado a muerte consigue escribir un diario donde relata la grandeza moral de los compañeros detenidos y la bajeza putrefacta de casi todos los carceleros. Pero incluso en esa obra “heroica”, Fucik cuenta que a él lo entregó un compañero que había sido héroe en la Guerra Civil española y que había sido preso y torturado varias veces. Pero esa vez no resistió. Y no  lo condena. Lo cuenta y lo comprende aunque convoca a resistir y resistir y termina llamando a que nunca la tristeza se asocie a su nombre.  Nosotros, los de la generación del Cordobazo que pasamos por los centros y las cárceles sabíamos ese libro casi de memoria. Lo recitábamos en la “radio/ventana” de la Cárcel de Coronda y nos dábamos animo. Pero también conocíamos la Orquesta Roja; de hecho la volví a leer en la GIR de Santa Fe al salir de cincuenta días de encierro en un centro clandestino, esperando ser llevado a Coronda.  Los protagonistas de la Orquesta Roja no son solo comunistas; son demócratas y humanistas de diverso signo pero complotados contra el dominio nazi, articulados con la Inteligencia soviética. Atrapado el jefe de la Orquesta, Leopold Trepper, que sí es comunista, decide fingir que colabora con el enemigo para engañarlo y preservar el “juego” de espionaje en el que está embarcado. Tiene éxito y sobrevive, pero al llegar a Moscú no le creen y pasa 10 años en una cárcel. El libro enseña que se puede engañar al enemigo pero no es fácil; y que aún así se corre el riesgo  de que te traten como traidor, o sea que hay que ser muy valiente para meterse en semejante juego con el enemigo. Y algunos lo asumieron.

    En los juicios aparecen todas las formas de resistencia y todos los resultados. El que quiso preservar información y dijo algunas mentiras y el que no pudo resistir y le arrancaron algunos datos. Y esas conductas son transversales a todas las fuerzas, lo que nos lleva a superar las miradas inquisidoras de “negro o blanco” en el modo de resistir y se da de narices con el mito que se construyó en los 80: desaparecieron los mejores, lo que era un modo de decir que sobrevivieron los peores, “los que cantaron, los que compraron su vida entregando otra a cambio”, etc., pero la historia mostró que esos supuestos “quebrados” fueron los que sostuvieron más que nadie la lucha por el Juicio y Castigo y con sus testimonios permitieron lograr condenas jamás soñadas por nadie. Hubo diversas y contradictorias conductas, pero de modo alguno, la delación política y la claudicación fueron conductas extendidas en la generación del 70. Todo lo contrario, como generación resistieron y salvaron la llamita de la revolución de modo tal que pudo transmitirse de mano en mano hasta llegar a estos días en que miles y miles la asumen como propia y honran, entiendo que con justicia, a una generación que intentó, más que ninguna otra, tomar el cielo por asalto.

    ¿Y los comunistas? ¿Fueron tan “cómplices” de la dictadura como afirmaban los “sabios” y “sabias” de los derechos humanos, la academia y la política? ¿Cómplices como repiten cual loritos ignorantes, políticos y funcionarios que no sufrieron jamás persecución alguna de nadie y apoyaron casi todas las administraciones incluidas las de Menem y De la Rúa? ¿O por ser los “verdaderos” marxistas leninistas, tuvieron actitudes excepcionales, heroicas e incomparables con la del resto de los compañeros? Ni lo uno, ni lo otro.  Los testimonios confirman que fuimos parte de esa generación, aportando valores propios y sufriendo los límites de una cultura que hacía del sacrificio militante una constante y que no se permitía el derecho a equivocarse o a vacilar. El Che Guevara, al ser apresado, grita “No me maten, soy el Che” en una actitud poco guevarista dirán estos supuestos custodios de la pureza comunista. Es que el héroe perfecto no existe, por suerte. Existieron compañeros que cumplieron dignamente con sus deberes militantes e hicieron lo que debían hacer sin importar las circunstancias. Por eso los honramos pero no les faltamos el respeto transformándolos en Dios[ii]. Cada uno de ellos tenía valores, aún el que no estuvo a la altura del desafío y todos tenían limites y defectos, aún el más “heroico” de todos. Discutir quien “calló más tiempo” es una estupidez típica de la cultura de la autoproclamación de vanguardia que los comunistas abandonamos en el XVI Congreso. Sobre todo, cuando la practican quienes se apropian de la sangre derramada, como si fuera propiedad privada. No es esa la discusión necesaria. La discusión necesaria es cómo se forman los valores que hacen de una generación capaz de enfrentar y de derrotar, el miedo y la soledad de una detención o una sesión de tortura. Y aún más, como clamaba el Che, capaz de asaltar las posiciones de los que sostienen el Poder. Y eso no se resuelve haciendo gárgaras de comunismo invencible sino practicando la solidaridad con todos y cada uno de los compañeros que luchan y/o sufren represión. Sin importar la identidad política o lo que opinemos sobre su modo de actuar. Por eso, en su momento estuvimos con los compañeros de Taco Ralo y La Tablada y en estos años nos jugamos por Julio López, los Qom de Formosa, Mariano Ferreyra y con cada uno de los asesinados y represaliados por una democracia de tanta memoria y alguna justicia, pero que no liquidó la cultura represora de sus “fuerzas de seguridad”.  Por eso, repudiamos y despreciamos tanto a los que pretenden justificar por izquierda la ley antiterrorista, una ley que castiga con fruición imperialista la solidaridad. No solo porque le dieron el voto a Obama y los fascistas de acá y allá, sino porque con su voto apuñalaron por la espalda la cultura de la resistencia y ensuciaron la tradición revolucionaria. Porque para que una generación se transforme en protagonista de una revolución verdadera no basta con que adhiera a causas nobles, debe forjarse en la solidaridad militante con todas y todos los que sufren por el capitalismo, todos los días y por un largo periodo hasta que la solidaridad con los que luchan se incorpore al corazón y la identidad militante. Y aunque en la lucha política no hay garantías -como nos enseñaba Fucik-, es el camino más seguro para estar a la altura de la generación del 70 e ir aún más lejos. Llevar sus banderas a la victoria superando sus límites, que es lo que merecen con toda justicia. Incluidos los “nuestros” porque “Cierto es que no somos más que nadie, pero ¿desde cuando la sangre comunista vale menos que otras?”[iii]. Ni menos ni más, la misma sangre de todos los compañeros, la misma historia de luchas, victorias y frustraciones. Pueblo que lucha y sueña con la revolución. Eso fuimos, eso queremos ser y eso seremos.


    [i] Hannah Arhendt escribió su obra cumbre observando un juicio contra un jerarca nazi: “ Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad  del mal”

    [ii] del poema de Vicente Huidobro sobre el Che que termina con “desde hoy nuestro deber es defenderte de ser Dios”, citado por Roque Dalton, Vicente Feliu e innumerables ensayistas como clave de la actitud hacia los “héroes” revolucionarios.

    [iii] dicho por una compañera correntina en un acto de homenaje a nuestros mártires, allá por el 2005.


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    Uno. Desmitificar el concepto  y pensarlo como territorio de disputas

    El pensamiento hegemónico sobre la cuestión de los derechos humanos pretende “naturalizar” la conceptualización naturalista o positivista de la cuestión (o son genéticos, “esenciales” a la condición humana o son cedidos por el legislador con forma de Ley o Convenio y/o Pacto y garantizado por el Juez) con el doble objetivo de “cosificarlos” (ajenos a la lucha social, extraños a la voluntad popular) y de negar que por razones conceptuales e históricas, la cuestión de los derechos humanos son un territorio en disputa.  Esa disputa se da en todos los terrenos, cierto que el académico e intelectual, pero también y especialmente, en la propia dinámica de la acción social conocida como movimiento de derechos humanos. Es a los militantes entonces a quienes primero interesa aclarar la cuestión. Como en cualquier orden de la vida social, desmitificar, des velar, aclarar, comprender, etc. es una condición imprescindible para la eficacia en la lucha; aunque, y esta es una contradicción que genera una tensión entre el saber y el hacer, la comprensión solo se puede resolver en el terreno de la práctica. A ese pensar actuando, a ese actuar pensando, Gramsci prefería calificar como “praxis” y es a esa praxis, vuestra praxis como militantes por los derechos humanos, es a la que apelamos como principal atributo en este curso.  Se puede pensar la cuestión de los derechos humanos como territorio en disputa desde dos perspectivas (que a su vez se articulan y condicionan permanentemente): una conceptual y otra histórica.  Desde el punto de vista conceptual, el territorio de los derechos humanos es receptáculo de todas las tradiciones culturales y política de Occidente, incluyendo las culturas de los pueblos originarios, resaltando el pensamiento del cristianismo primitivo, del liberalismo, del democratismo popular y patriota y del socialismo. Desde el punto de vista histórico, los avances y retrocesos de la cuestión de los derechos humanos, resulta del condensado histórico de la confrontación entre la tendencia a la dominación y la resistencia, tanto de imperios sobre naciones, como de clases dominantes sobre clases subalternas y viceversa.  Insistimos, a manera de resumen de este punto: los derechos humanos no son “esencias” místicas de la naturaleza humana ni mucho menos concesiones graciosas del poder inscriptas en la Ley; no, para nada, son hitos del largo camino de lucha de la sociedad contra el poder omnímodo del Estado, de las clases subalternas contra las clases dominantes que han modelado el Estado y el Derecho en su beneficio y para la continuidad de su dominación y en su contenido actual se resumen casi todas las tradiciones y culturas políticas de Occidente. No se puede entender qué cosa son los derechos humanos al margen de la lucha real de los pueblos y las clases por conquistarlos, y a lo largo de la historia nacional, regional y universal.

     

    Dos.  Receptáculo de todas las tradiciones culturales de Occidente

     

    a) El Cristianismo primitivo y la Iglesia del Pueblo que propusieron la igualdad de todos los hombres al postular que todos somos Hijos de Dios y por ello, hermanos que debemos amarnos y ayudarnos.  Es este concepto de la fraternidad el origen más remoto del nuestro de SOLIDARIDAD, base de la ética y la conducta política de un organismo de derechos humanos.  Desde la cooptación del Cristianismo por el Poder Imperial la tradición cristiana se bifurcó en un pensamiento y una práctica desde el Poder y otra desde el Pueblo y la Resistencia. La Teología de la Liberación y el Cristianismo Revolucionario, marcaron una perspectiva para pensar los derechos humanos que inspiró e inspira a millones de latinoamericanos.

    b) El Liberalismo, que desde la Carta Magna que los británicos arrancaron a su Graciosa Majestad en 1215, inició un largo camino reclamando la igualdad formal, igualdad ante la Ley, igualdad de oportunidades (en círculo concéntricos crecientes: primero para los burgueses varones, luego para más y más sectores hasta llegar al concepto de ciudadano moderno que formalmente “iguala” a todos en el voto, en el guardapolvo blanco de la escuela, de la cama del hospital, en la vidriera del Shopping o en el muro de Facebook) que pasa por la Revolución Francesa y llega a la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 de las naciente Naciones Unidas (ONU) proclamada por los vencedores del fascismo en la Segunda Guerra Mundial.  El liberalismo ha inspirado y condicionado, al menos hasta la aparición de la Revolución Socialista en Cuba y los procesos democratizadores y anti neoliberales de Venezuela, Bolivia  y Ecuador, a todas las Constituciones y cuerpos jurídicos de América Latina, desde los años de la organización de las Republicas, tras la Primera Independencia (principios del siglo XIX) hasta nuestros días (por razones de tiempo, prescindimos de valorar la Revolución Mexicana y su proyección continental, tanto como las razones por las que NO influyó en el sur de América).

    c) El Comunismo, que desde 1848 propone superar la formalidad de la igualdad proclamada por la burguesía, expresada en la concepción de igualdad de oportunidades –no importa que algunos tengan millones de dólares y otros centavos- conquistando una real igualdad basada en el pleno acceso a los medios de producción, a los medios de comunicación, la cultura y la educación y en general a todos los derechos proclamados, pero no cumplidos, por el orden jurídico internacional y nacional. En la Argentina, al menos, la primer ley reconociendo derechos laborales se debe a los parlamentarios socialistas aunque de un modo muy paradójico (para ambos sujetos) fue el Peronismo quien introdujo en su Reforma Constitucional de 1949 un formidable cuestionamiento al mito liberal en que se funda la Constitución Nacional de 1853 y valiosos conceptos acerca de los derechos económicos sociales, por los que había clamado el socialismo por sesenta años.

    d) Y aún debemos reconocer el impacto en la noción actual de los derechos humanos de la cultura de los Pueblos Originarios, sobre todo en el avance que tiene la propuesta de reconocer los derechos de la Pachamama, resistiendo las agresiones ambientales que –por ejemplo- el modelo sojero y extractivista, ocasionan cotidianamente a nuestros pueblos.  Hay, entre el renacer de la cultura de los pueblos originarios y el crecimiento de la conciencia de salvaguardia del medio ambiente, una relación virtuosa.

    e) Desde otra perspectiva, se ha avanzado en una mayor comprensión del derecho a la pluralidad de opciones sexuales, la igualdad entre los sexos y el derecho a elegir el genero, y más en general la tolerancia ante las diferencias de todo tipo que abundan en la vida de las personas y en el modo de relacionarse entre sí de estas. A veces se olvida que el modelo de familia monogámica, patriarcal y machista no es para nada “natural” sino impuesto por los invasores europeos en el comienzo de la Conquista y que para cada modelo de desarrollo capitalista se perfila, ¿necesita? un modelo de familia, sexualidad, relaciones interpersonales, lugar donde colocar el deseo, etc. funcional al mismo. Así se pueden seguir los cambios en este tema que impusieron los sucesivos modos de desarrollo capitalista que ha sufrido América Latina.

     

    Tres. Condensado histórico de la lucha entre las naciones opresoras y las oprimidas, entre las clases subalternas y las clases oprimidas, entre la dominación y la libertad

     

    Es fundamental para nosotros consignar que ninguna de estas tradiciones culturales ha surgido en un ambiente académico, aséptico, “tranquilo”, sino en medio de las contradicciones sociales de un largo proceso histórico: Jesús encarnó la resistencia al Imperio Romano; la Carta Magna de 1512, el reclamo de un nuevo sujeto social, la proto burguesía, de recortar el poder cuasi absoluto de la Monarquía; el Manifiesto Comunista, al proletariado que la burguesía triunfante en sucesivas batallas por la “libertad”: la Revolución Francesa, la Independencia de las Colonias Inglesas del norte de América, había creado; el ideario de genero recupera resistencias invisibles por siglos y el pensamiento de los pueblos originarios es el fruto de una estrategia de resistencia comenzada al momento de la invasión colonial española, hace más de quinientos años.   La conquista europea de América impone el clima cultural opresivo característico de la época de la lucha contra el islamismo, la guerra contra el infiel institucionalizada por la Inquisición marcará el clima de la colonia, estigmatizando al indio, al africano esclavo y aún al criollo pobre. Bolívar, San Martín, Moreno, Monteagudo, Belgrano, Artigas, Sucre –cada uno a su modo- expresan un esfuerzo por “traducir” la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (Francia, 1789) a las condiciones americanas de la época, pero son derrotados y la primera independencia se frustra.  Las repúblicas burguesas americanas del siglo XIX y el siglo XX expresarán sucesivamente la proclamación del ideario liberal en las condiciones de la periferia capitalista: ni siquiera la burguesía es nacional, la subordinación al centro imperial marca toda la vida social, empezando por las condiciones de funcionamiento de la ciudadanía. Así como no conocimos la verdadera independencia nacional hasta el triunfo de la Revolución Cubana (1959), todavía está pendiente la conquista de una democracia verdadera y de las frustraciones del siglo XX (derrota de los intentos pos capitalistas de la URSS y otros) aprendimos que así como no habrá democracia verdadera sin la Segunda y Definitiva Independencia de nuestros pueblos; tampoco habrá Liberación Nacional y Social consistente si no es “creación heroica de los pueblos”, fruto del protagonismo popular y de la más amplia democracia no solo en las grandes decisiones nacionales sino en la gestión de lo público, cotidianamente.   El capitalismo americano pasó por diversos modos de existencia: el agro exportador, el de estímulos al mercado interno, el de sustitución de importaciones con desarrollo basado en la inversión extranjera y el neoliberalismo.  Cada uno de estos modos de desarrollo capitalista condicionó la vigencia (o mejor dicho: la no vigencia, no acceso, no goce) de los derechos humanos. En general: durante casi todo el siglo XX se apeló a un mecanismo de alternancia entre gobiernos civiles y militares que transformaron al liberalismo como doctrina y a la democracia representativa (el pueblo no gobierna ni delibera si no es a través de sus representantes dice la Constitución Nacional de la Argentina) y por ello formal, restringida y “amigable” con la vigencia de leyes represivas y un Estado Represor, en el objeto del deseo más preciado popular . En general, el movimiento de resistencia a la represión abierta, en gobiernos militares o de pleno dominio de estos de la escena política e institucional, tenía y tiene dificultades para pensarse y pensar la cuestión de los derechos humanos en periodos de “democracia formal”por más que verbalmente denuncie la represión y la falta de vigencia plena de los derechos económicos sociales.  Superar el liberalismo, aquella ilusión desmovilizadora de que los derechos los “otorga” el legislador estimulado por el gobernante y los “garantiza” el Poder Judicial, sigue siendo la gran tarea pendiente en el movimiento de derechos humanos que a veces no percibe que es su propia lucha la que impulsa el proceso socio histórico que permite que una necesidad humana sea visualizada como tal, como necesidad social, que luego la misma lucha logre que sea reconocida socialmente como un derecho que podrá –o no- conquistar su inscripción en la Ley, lo que abrirá a su vez el periodo de luchas populares para acceder al goce de lo proclamado.  El actual proceso de debates sobre la educación pública en Chile nos parece que ejemplifica lo que enunciamos: la educación como “servicio” y por ello, Mercancía, se había naturalizado por obra del Pinochetismo y la Concertación; es la lucha de los estudiantes lo que logra su resignificacíón como necesidad primero y como derecho luego; veremos ahora si se logra su reconocimiento legal; pero ya se incorporó –en el imaginario social- como un derecho humano.  De paso, el ejemplo de la educación chilena, que fue pública, gratuita y de calidad con Allende y la Unidad Popular, ayuda a comprender que así como se conquistan, los derechos humanos se pueden perder en la lucha social, y que nada es para siempre.

     

    Cuatro. El genocidio de los 70 y el Acta Patriótica o del fin del mito liberal

     

    En una mirada panorámica, tomando a la Revolución Cubana de 1959 como punto de quiebre de la historia americana, se puede pensar en una primera oleada de luchas independentistas y por los derechos humanos que va creciendo en los 60, alcanza picos muy altos con la instalación del Comandante Guevara en Bolivia (1965/67), el triunfo de la Unidad Popular en Chile (1970), el ciclo de luchas iniciado por el Cordobazo en Argentina (1969), la aparición de gobiernos militares “nacionalistas”(al modo del que había triunfado en Egipto con Nasser tiempo atrás) en Perú, Ecuador y hasta por un breve periodo en Bolivia, etc.(1973) que configuran en su conjunto un desafío al poder omnímodo del Imperio Yanqui sobre la región y de la vigencia del sistema capitalista como modo civilizatorio: a ese desafío se le contestó con el ciclo de Golpes de Estado (Brasil, Uruguay, Chile, Argentina, y la continuidad del régimen en Paraguay, Guatemala, Honduras, etc. etc.) que deparan una “década” de genocidio sobre nuestra América: al menos cuatrocientos mil víctimas de esa verdadera guerra no declarada contra los pueblos.   Es en esas condiciones que se conforma el movimiento de derechos humanos vigente hoy en la región, con sus magníficos atributos de valentía y dignidad, y con sus límites culturales de pensarse muchas veces desde la posición de víctimas más que de luchadores por la vigencia plena de los derechos humanos, conquista política que obliga a pensar en la construcción de los atributos populares para lograrla: la construcción de una fuerza popular democrática y anticapitalista, una alternativa política comprometida con la lucha por los derechos humanos tanto en su perspectiva antirepresiva como en su dimensión social.   la contraofensiva imperialista sobre nuestros pueblos y nuestros cuerpos era parte de una batalla aún más ambiciosa: revertir todo cambio habido durante el siglo XX; terminar con lo que quedaba de las revoluciones y procesos post capitalistas en la Unión Soviética y el llamado “campo socialista”. Conviene anotar que fue en pro de esa batalla por la supervivencia del capitalismo, que el Imperio se puso la “máscara” de defensor de los Derechos Humanos (doctrina Cárter, Patrice Derean, en su primer formato “amigable” con los luchadores por los DD.HH. de América Latina, años 1977/809. Desde entonces, el Imperio mantiene una línea de acción política hacia el movimiento de derechos humanos que se funda en el concepto aquel del Documento Santa Fe: “hay dos tipos de organismos de derechos humanos: los que buscan “mejorar” el capitalismo, y los que buscan destruirlo; ayudaremos a los primeros a prevalecer sobre los segundos”. Y buena parte de esa “ayuda” se canaliza por las Fundaciones y el complejo sistema de subsidios que se otorgan a los luchadores por los derechos humanos de modo tal que, tarde o temprano, de modo parcial o total, de un modo u otro, influyen en su pensar y acción, en su conducta ante los problemas que el Imperio plantea como centrales: hoy, sin duda, cuestionar los procesos de transformación que se viven en nuestra América desde la perspectiva de la “calidad institucional” y de la comparación con su modelo de democracia y de vigencia de los derechos humanos que se compagina con la idea de igualdad de oportunidades y por ello, requiere de más y más capitalismo. Todo esto, desde el más burdo “doble discurso”, continuidad de la doctrina Kirkpatrick (1980) que afirmaba que había gobiernos autoritarios (las dictaduras militares amigas), a quienes había que ayudar en su lucha contra la subversión, y gobiernos absolutistas, funcionales al comunismo, a los que había que derrotar.  Con Reagan, esos primeros intentos se convirtieron en una ofensiva total, “roll back”, pero al lograrlo, a finales de los 80, el capitalismo mostró que el orden jurídico internacional surgido en la posguerra, incluida la Declaración de los Derechos del Hombre de 1948, la Convención de prevención y castigo del delito de Genocidio del mismo año y los numerosos pactos y convenios acerca de los derechos económicos, culturales y sociales así como el llamado Estado del Bienestar (la aceptación por parte del Estado de una serie de roles, funciones y tareas que aseguraban derechos humanos elementales en el siglo XX como el de la salud, la vivienda,la educación, condiciones humanas de trabajo, etc.) no eran inmanentes de la Naturaleza del capitalismo, sino concesiones pensadas desde una lógica de disputa con el socialismo, en el marco de la Guerra Fría; tanto es así que desaparecido éste como sistema estatal, comenzó un raid de desmantelamiento del Estado de Bienestar que en estos días se verifica en el virtual “remate” de Grecia por un lado y en la desarticulación del sistema jurídico internacional y de la noción mismo del carácter democrático del capitalismo, siendo el Acta Patriótica del 2011, el instrumento más simbólico de esta ofensiva que tiene en la Cárcel de Guantánamo y en la legalización de la tortura en Israel algunos de los símbolos más contundentes. Pero la “lucha contra el terrorismo” (y sus engendros jurídicos: las leyes antiterroristas, por ejemplo) tiene una consecuencia paradójica en nuestro terreno: la burguesía mundial ha abandonado la bandera de los derechos humanos, puede pretender utilizarla de manera grotesca como el caso de los EE.UU. pero no tiene nada que ofrecer a los luchadores por los derechos humanos, ni siquiera la promesa de la Justicia Universal de los 90, abandonada por el temor a que se vuelva en su contra, y permite aspirar a un nuevo ciclo histórico en el que la lucha por los derechos humanos sea claramente la bandera de los que luchan contra el capitalismo completando el ciclo histórico: el Capitalismo que nació con la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (1789), será vencido por un amplio sujeto mundial que –entre otras- levanta hoy la insignia de la dignidad humana como acta de acusación y propuesta de unidad para la lucha.

     

    Cinco. La oportunidad de conquistar todos los derechos para todos

     

    Ganada la batalla contra el olvido y la impunidad absoluta por algunos pueblos de América, el tema de la memoria se instala en el centro de muchos debates. Cuentan que el dirigente derechista francés Sarkozy realizó su campaña electoral recitando el testamento político de Guy Moquet, máximo héroe de la Juventud Comunista Francesa, ejecutado por los nazis. Quiero decir que la memoria, aún de los hechos más horrorosos como el Holocausto, puede usarse para todo tipo de propósitos políticos. ¿Será la memoria insumo de la legitimación de un nuevo ciclo capitalista en la región, post neoliberal de palabra, pero tan represor y violador de los derechos humanos como los anteriores ciclos?.    Dependerá de la lucha popular, y hay ahí un rol fundamental a jugar por el movimiento de derechos humanos. Entendemos los juicios contra los genocidas como parte de una acción más abarcativa: la batalla por imponer una noción del Terrorismo de Estado que se aparte de las simplificaciones tales como “dictadura militar”, “acciones inhumanas”, etc. y se entienda que lo que nos pasó fue la decisión política de un bloque social de poder que aún continúa vigente en la Argentina y en casi toda América. Y que la vigencia plena de los derechos humanos no depende tanto de cuántos convenios se firmen, ni de cuantas Cortes Internacionales se instalen (y saludaremos y trataremos de aprovechar todos los Convenios y todas las Cortes) sino de la derrota definitiva de ese bloque de Poder cuya historia se remonta a la Conquista de Nuestra América. La lucha por una democracia verdadera es inseparable de la Segunda y definitiva Independencia tanto como la integración latinoamericana y la Independencia de nuestros pueblos es parte de la misma lucha por los derechos humanos. Acaso sea esa una de las lecciones de las luchas por la dignidad humana en el siglo XX   Entre nosotros se dice: Memoria, Verdad y Justicia como si fuera un talismán, cuando al interior de cada concepto se abre un espacio de disputas y de disputas antagónicas: ¿Qué Memoria? ¿Qué Verdad? y ¿Qué Justicia?. Nuestro planteo jurídico de aplicación de la Convención de prevención y castigo del delito de Genocidio no es solo una cuestión jurídica, sino uno de los ejes de la campaña por instalar nuestra perspectiva de la memoria, la verdad y la justicia. Un concepto de genocidio que apunta a la práctica social de dominación, a la idea de que el genocidio es la eliminación de un grupo nacional para la reorganización radical de una sociedad; y que por ende, la reparación que buscamos no es solo el castigo de los torturadores y asesinos, sino de quienes los armaron, impulsaron, legitimaron y sobre todo, de quienes se beneficiaron con “la reorganización radical”.  La reparación que buscamos no es solo el castigo a “todos” los responsables del Genocidio, sino la reversión de todos los actos fundados en él, fundantes del orden neoliberal que floreció en los 90 y aún no termina de desaparecer de nuestras vidas.  De ahí la vigencia de una consigna, originada en la Revolución Mexicana, que nosotros asumimos hoy como bandera: “todos los derechos para todos”, lo que equivale a decir que el socialismo es el otro nombre de la vigencia plena de los derechos humanos en el siglo XXI


    [1] Conferencia dictada en el marco del Curso a distancia organizado por la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y el Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales en el 2012 y que se incorporó al programa permanente del PLED, siendo su próximo dictado a partir de marzo de 2013

     


  • Imagen Repudiamos la represión a los trabajadores que luchan por sus derechos en Salta y  Córdoba por parte de las fuerzas policiales.  Exigimos que el poder político de cada provincia y los ámbitos estatales nacionales correspondientes asuman la responsabilidad de garantizar el derecho obrero y popular a expresarse, protestar, organizarse y luchar contra las injusticias cotidianas. Alertamos sobre el crecimiento de una tendencia a criminalizar las luchas y judicializar las protestas sociales por parte de los gobiernos de Salta, Formosa, Córdoba y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ante el silencio y la pasividad del gobierno nacional quien es responsable del cumplimiento de las leyes, disposiciones constitucionales y pactos internacionales que garantizan los derechos ciudadanos que hoy son avasallados en la Argentina.  La vida confirma una y otra vez lo que advertimos hace seis años: Sin Julio López, no hay Nunca Más.  La impunidad de ayer alimenta la represión de nuestros días.

     

    Los últimos disparos de bala de goma fueron contra los trabajadores tabacaleros del Ingenio San Martín del Tabacal  que reclamaban por aumentos salariales y contra los despidos de sus compañeros; pero pocos días antes habían sido aporreados los trabajadores estatales de Córdoba y casi en simultaneo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se pretendía legalizar la delación macartista contra los trabajadores de la educación que impulsen un pensamiento críticos en sus educandos y busquen ampliar la perspectiva cultural en las aulas.  Los últimos hechos borraron de los medios la vergüenza de las fotos que ilustran sobre la tortura en las cárceles y seccionales policiales de casi todo el país.

    No son hechos aislados ni casuales; ni tampoco se pueden atribuir exclusivamente a los gobiernos provinciales “feudales” y/o “derechistas”: las prácticas represivas y discriminatorias nunca cesaron del todo en ningún lugar de la geografía nacional  dado que hay una cultura represiva que no ha sido erradicada, persiste falta de conducción política de las fuerzas armadas (y no solo hablamos de las policías provinciales, también de la Federal, la Gendarmería y Prefectura, el Servicio Penitenciario y las Agencias Privadas que constituyen en su conjunto un enorme conjunto de personas armadas y con permiso para agredir a los ciudadanos argentinos) que presagia y prepara un salto en la limitación de los espacios democráticos que tanto le costó al pueblo argentino conquistar en su lucha contra la dictadura primero y contra los gobiernos neoliberales después.

    Entendemos que no alcanza con repudiar los hechos puntuales: el movimiento de derechos humanos, el movimiento sindical y social, todas las organizaciones sociales y todas las fuerzas políticas que no desean que tal tendencia se concrete y genere una nueva frustración, deben abocarse a un debate sobre los caminos para terminar de una vez por todas con la represión y la persecución a los que luchan, empezando por exigir, en cada caso, que asuman responsabilidad sobre los hechos represivos las autoridades políticas que formalmente “conducen” las fuerzas de seguridad.

    Lo primero, entendemos, es terminar con esta situación de grosera impunidad en que nadie responde por nada y el resto mira para otro lado como si la garantía de los derechos humanos de cada uno de los habitantes del suelo argentino no fuera la primera responsabilidad de todo gobernante, funcionario o legislador sea del ámbito que sea.

    A casi seis años de la desaparición forzada de Julio López nos unimos a las voces que ayer y hoy dicen que sin Julio López no hay Nunca más.