• 09.06.2013 |

    «una federación fascista»

    Hay entre los crímenes de la dictadura y los cometidos por la Triple A una diferencia fundamental: si los primeros procuraban ser ocultos, los segundos se hicieron a cara descubierta, con obscena exhibición de los cadáveres.

    Paradójicamente, a pesar de los enormes avances en hacer visible lo oculto de los crímenes de la dictadura, y juzgarlos y condenarlos en una buena medida, los crímenes de la Triple A (como la definiera el fiscal Taiano en su dictamen:  «… una federación que agrupó a los diversos núcleos de la derecha peronista… El ministro López Rega promovió la organización, financió y armó la fuerza de choque que constituyeron la Triple A, pero la mayor parte de los recursos humanos fueron proporcionados por esa federación de grupos de actuación fascista”) siguen impunes, y por ello, invisibles.
    Pretenden ahora que la Triple A era sólo un pequeño grupo lopezreguista con un mínimo accionar acotado a Buenos Aires. Pretenden consumar la impunidad judicial histórica: en 1975 se abrió una causa que nunca avanzó mucho; con el golpe de Estado, la causa entró en una larga hibernación de la que salió en 1986 con la detención de López Rega en Estados Unidos, pero volvió a los cajones judiciales con su muerte en 1989, para volver a renacer con la detención de los federales Morales y Almirón el 23 de diciembre de 2006 y volver a desfallecer con sus muertes en  2007 y 2009, respectivamente.
    Han hecho todo lo posible para demorar la causa, ignorar las denuncias, rechazar los pedidos de prueba, y en los últimos meses, ante el apercibimiento recibido  por el juez Norberto Oyarbide, siguieron dos caminos: a) el “desguace” de la causa, enviando a juzgados del interior todos los casos posibles, y b) el procesamiento de un grupo de la JPRA y del periódico fascista El Caudillo por el delito de “asociación ilícita”, pero no por los atentados terroristas, torturas y asesinatos sufridos por los compañeros.
    Quieren ignorar a la Triple A como organización nacional para no asumir la historia previa y la responsabilidad estatal en promover, financiar y sostener su accionar, y con ello borrar un momento trascendente en la consolidación de la cultura represiva en el aparato estatal.
    La invisibilidad de la Triple A, su impunidad jurídica, la manifiesta indiferencia del gobierno al tema es funcional a esta sobrevida de la represión y la tortura; y una amenaza real de que de un modo u otro, aquella federación de grupos fascistas vuelva a constituirse.

    (*) Secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y querellante en la causa Triple A.

     

    09.06.2013 | Una investigación descubre decenas de crímenes hasta hoy ocultos, cometidos entre 1973 y 1976. Piden que el juez Oyarbide agilice una causa abierta

    La Alianza Anticomunista Argentina de José López Rega sigue matando

    Organismos de Derechos Humanos solicitaron que la querella avance. La justicia podría sumar atentados que están saliendo a la luz gracias a una minuciosa tarea de recopilación del periodista Sergio Bufano y la politóloga Lucrecia Teixido.

     

     

    Un profundo trabajo de recopilación que preparan el investigador y periodista Sergio Bufano y la politóloga Lucrecia Teixido, con el objetivo de presentarlo antes de fin de año, descubre atentados, secuestros, torturas y crímenes hasta hoy desconocidos, perpetrados por la Alianza Anticomunista Argentina (AAA) incluso antes del intento por asesinar al ex senador radical Hipólito Solari Yrigoyen, primer operativo firmado por los mercenarios de José López Rega.
    La investigación de Bufano, militante marxista en los setenta, exiliado en México y editor de la revista-libro Lucha Armada en la Argentina, tiene una particularidad: no profundiza en el acostumbrado período en que suele ponerse la lupa cada vez que se habla de la Triple A. Es decir, a partir de la bomba en el auto de Solari, en noviembre de 1973. Sino que arranca mucho antes, en el día después de la Masacre de Ezeiza, el 20 de junio de ese año. Y se extiende hasta el 23 de marzo de 1976, horas previas al golpe de Estado.
    Durante casi tres años, antes y después de la muerte de Juan Perón el 1 de julio de 1974, las bandas de la derecha que salieron a cazar indiscriminadamente a militantes de la Tendencia, gobernadores camporistas, representantes sindicales y sobre todo miembros de organizaciones armadas, eligieron otras denominaciones.
    Como, por ejemplo, «Comando Libertadores de América» o «Comando Teniente Duarte Ardoy». Pero «las etiquetas no importan –dice Bufano–, eran los hombres de la Triple A que todavía no se habían presentado en sociedad. La aparición del general Jorge Osinde en el palco de Ezeiza marcó el inicio de la escalada. A partir de ese momento, la violencia parapolicial y paraestatal se hizo incontrolable.»
    El escritor comenzó su recopilación de a poco, en pleno exilio azteca, cuando se topó por causalidad con una lista escalofriante de atentados y fusilamientos elaborada por la Latin American Studies y publicada por la Universidad Autónoma de México en 1978. Lo movió el interés por investigar, pero además, su drama personal: en diciembre de 1974, matones del Sindicato del Plástico secuestraron a su hermano Miguel, delegado sindical en la empresa Mi Luz. Fue un viernes. El domingo a la madrugada su cuerpo apareció tirado en un basural. Días antes, le había dicho a Sergio que los hombres de Jorge Triaca lo estaban buscando.

    La causa de Oyarbide. En la actualidad, la única causa abierta por los crímenes del grupo es tramitada por el juez federal Norberto Oyarbide. Pero además de estar paralizada, toma sólo algunos casos, y no los desarrollados por Bufano ni otros sueltos mencionados en procesos de lesa humanidad vinculados a hechos posteriores al golpe de Estado.
    La querella fue presentada por los doctores Liliana Mazea y Pedro Dinani, en representación de José Schulman, secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre; familiares de los militantes asesinados Graciela Pane y Carlos Banylis; y sobrevivientes como Carlos Zamorano, entre otros. El escrito, reabierto en 2006 después de varios intentos por llevar a juicio oral a varios genocidas, pide la imputación por delitos de homicidio, tormentos y privación ilegítima de la libertad para ocho detenidos. Y en los últimos meses recibió el apoyo de HIJOS, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, a través de Lita Boitano.
    Salpica a ex funcionarios de aquella época, personajes del sindicalismo, matones de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), figuras de la Juventud Sindical Peronista que en la actualidad dan vueltas entre nosotros, y hoy viejos apaleadores de la entonces Juventud Peronista de la República Argentina, Jotaperra liderada por Julio Yessi, uno de los procesados.
    El proceso sufrió varios cortes e interrupciones. En 2007, el juez decretó la prisión preventiva del ex comisario Juan Ramón Morales (fallecido impune ese año), el ex policía Miguel Rovira (no está más entre nosotros desde 2010), Rodolfo Almirón (nos dejó en 2009) y María Estela Martínez, todavía viva y libre en España.
    En 2008, el fiscal federal Eduardo Taiano elaboró un dictamen donde adoptó como propias las denuncias de alrededor de 600 casos, entre asesinatos, atentados, torturas y secuestros. Lo que motivó que ese año, la Cámara Federal de Apelaciones en lo Penal, integrada por Eduardo Freiler, Horacio Cattani y Eduardo Farah, confirmara los delitos como imprescriptibles.
    Sin embargo, algunos casos fueron quitados de la investigación original en 2009 y remitidos a distintos juicios de lesa humanidad. Hasta fines del año pasado, cuando Oyarbide ordenó detener y tomar indagatoria a los imputados Jorge Héctor Conti, Carlos Alejandro Gustavo Villone, Rodolfo Alberto Roballos, Carlos Jorge Duarte, Raúl Ricardo Arias, Norberto Cozzani y Rubén Arturo Pascuzzi, además del mencionado Yessi.
    La Liga y distintos organismos de Derechos Humanos acaban de reiterar el pedido al juez para que agilice el expediente. Y si Oyarbide lo requiere, podría incorporar el material aportado por Bufano, en su gran mayoría totalmente inédito.

    A la caza de Enrique Grynberg. Uno de los atentados más importantes que reflota Bufano, tan desconocido como emblemático, es el que sufrió Enrique Grynberg, militante de la JP de 34 años asesinado el 26 de septiembre de 1973. Desconocido porque, más allá de algunos de sus amigos, y de su compañera, Isabel Morera, injustamente muy pocos lo recuerdan. Y emblemático debido a que el crimen se produjo un día después de que José Ignacio Rucci terminara cosido a balazos cuando salía de su domicilio en Flores. Esa caída de Grynberg fue el bautismo de una serie de venganzas de la derecha por la eliminación del metalúrgico.
    «El asesinato de Rucci lo cambia a Perón –dice José Pablo Feinmann en el tomo 2 de Peronismo, Filosofía Política de una persistencia argentina–. Cambia las prioridades que tan prolijamente había enunciado. Convoca una reunión urgente del Consejo Superior Justicialista. Este Consejo estaba integrado por personajes insospechables de cualquier tipo de zurdismo. Eran Lorenzo Miguel, Jorge Camus, Humberto Martiarena, Norma Kennedy y Julio Yessi. A este individuo no lo hemos mencionado. Era un pelele de López Rega y lo habían puesto al frente de una presunta agrupación juvenil que inventaron para demostrar que había muchas expresiones de la juventud peronista. La de Yessi llevó por nombre Juventud Peronista de la República Argentina. La Tendencia la bautizó: la jotaperra.»

    Muy por el contrario de celebrar la operación que terminó con la vida del secretario general de la UOM, pretexto que inventó la derecha para matarlo, Grynberg condenó el crimen que después terminó asumiendo Montoneros, y mostró su desacuerdo con esa metodología.
    Aquel 26 de septiembre, alguien tocó el portero eléctrico de su departamento, que no andaba muy bien. Enrique creyó escuchar la voz de su padre, bajó tres pisos por escalera, se asomó al frente de la vivienda y recibió nueve disparos de cuatro personas que lo esperaban en la vereda. Las armas eran calibre 22 y cuarenta y cinco.
    El caso es uno de los tantos que desempolva Bufano, e integra la investigación que lleva a cabo con Teixido, su mujer. Y que la justicia podría incorporar a la causa de la Triple A, si lo decide. «


  •  Reflexiones sobre el pase de Puricelli de Defensa a Seguridad

    En su discurso del 25 de Mayo, la Presidenta Cristina Fernandez de Kirchner, resaltando la colaboración entre militantes y militares hizo una referencia histórica que vale la pena considerar. Cito: “Quiero que tomemos ese ejemplo, cómo se volcó el pueblo solidario y también algo maravilloso que me llenó el corazón y que fue ver trabajar a miles y miles de jóvenes de la política, de las iglesias junto a los hombres de las Fuerzas Armadas, porque ¿saben qué? Yo estoy segura que quienes pergeñaron ese golpe terrible del 24 de marzo de 1976, quisieron tender un río de sangre que separara al pueblo de las Fuerzas Armadas.”[1]

    Las “Fuerzas Armadas” al momento del golpe del 24 de marzo de 1976 habían cometido, sucesivamente los golpes de estado de 1966 (el de Onganía contra el presidente Illia), el de 1962 contra el presidente Frondizi, el de 1955 contra el presidente Perón, el de 1943 contra el presidente Castillo y el de 1930 contra el presidente Irigoyen. Si un río de sangre separó al pueblo de las Fuerzas Armadas, ese río no nació en 1976, sino antes, bastante antes. Acaso desde la desmovilización del Ejercito Libertador de San Martín, ese que no portaba la bandera nacional sino la divisa de la Unidad Americana, como Bolívar, cuya derrota es imprescindible de pensar al momento de entender la fragmentación del sueño de la Patria Grande que unía a ambos gigantes de la lucha anticolonialista.

    Estas Fuerzas Armadas no son herederas de San Martín y Belgrano, sino de Mitre y Roca, los jefes del exterminio de los pueblos originarios que habían sobrevivido al genocidio europeo originario: el de la Conquista Imperial de Nuestra América. Hacia finales del siglo XIX culminó un largo periodo de luchas internas entre las distintas elites regionales y la porteña con el triunfo de esta última, ya aliada firmemente al Imperio Británico, y la definitiva organización del estado capitalista argentino.  Esto se logró con la transformación de Buenos Aires en la capital nacional, el control del Puerto y con él de la Aduana, principal fuente de ingresos por ese tiempo; la sanción de un conjunto de Códigos  y Leyes que dieron estructura jurídica burguesa a la Nación y la construcción de un relato histórico, un mito fundacional burgués,  que incluía la idea de que el Ejercito Genocida de los pueblos originarios en la Guerra de la Triple Alianza (masacraron a dos de cada tres paraguayos –guaraníes- varones) y de la Campaña del Desierto, era la continuación de aquel otro, popular, rebelde y revolucionario de Güemes, Belgrano, Monteagudo y San Martín.

    Contradiciendo su reivindicación del revisionismo histórico, la Presidenta Cristina asume acríticamente el núcleo duro del relato liberal sobre la historia nacional que siempre intentó trazar una línea de continuidad entre la Revolución de Mayo,  Caseros (la derrota de Rosas a cargo de Urquiza), la ley Sáenz Peña de 1912 y una vida pacífica y en democracia interrumpida ocasionalmente por algunos episodios menores, digamos los golpes del 30, 43, 55, 62, 66 y el marzo de 1976. Entre el Ejercito de Videla operando en Tucumán en 1975 en el marco de la Operación Independencia ordenada por el gobierno de Isabel Perón en su momento y el de San Martín.

    Esa no es nuestra historia, nuestra historia es la historia de la represión española contra los pueblos originarios, los esclavos y todo el que se rebelara contra el orden Colonial, tarea para lo cual contaron con la Inquisición, ese aparato de inteligencia militar, grupos de tarea para la tortura y la ejecución de disidentes que España trajo a América muy temprano.  Nuestra historia es la historia de las masacres del Ejercito contra los pueblos originarios y la represión de los obreros de la Patagonia Rebelde o la Semana Trágica hasta que el Estado Nacional organizó un Aparato Jurídico Represivo y un Aparato Policial de control y represión a los rebeldes. Digo, la ley 4144 de 1902, la de Seguridad Nacional de 1910 y la formación de la Sección Especial de lucha contra el Comunismo al interior de la Policía Federal. Leyes y Secciones que con distintos nombres prepararon y antecedieron la labor de 1976, que por cierto no surgió de la nada. Nada surge de la nada.

    Pero dejemos la historia y concentremosno en otra cuestión, acaso más importante: la supuesta transformación de las Fuerzas Armadas en una fuerza amiga del pueblo y su servicio, cuestión que se probaría con la participación militar en las labores de auxilio tras la catástrofe social de La Plata (que llueva es natural, que haya inundaciones y muertes, es un fenómeno social).

    Claro que estas Fuerzas Armadas no son las de 1976. Pero no solo por la voluntad transformadora del Gobierno de los Kirchner. No lo son porque el propio Imperio presionó para reformular los Ejércitos de la Región en los 90, en el pico del fundamentalismo privatizador, buscaron reemplazar los Ejércitos de Reclutas por fuerzas profesionales. Fue Menem el que dio el paso de gigantes al transformar las Fuerzas Armadas en lo que son hoy: una fuerza pequeña, de voluntarios asalariados y con centro en las misiones internacionales de paz de la ONU (todavía formamos parte de la fuerza de ocupación militar en Haití, por ejemplo). Las Fuerzas Armadas se han achicado, pero no el aparato armado del estado, en su lugar han crecido exponencialmente la Gendarmería Nacional, la Prefectura Nacional, la Policía Federal y las Policías Provinciales y hasta ha surgido un nuevo aparato armado del que se sabe muy poco: los efectivos de las agencias privadas de seguridad, dirigidas por militares o policías en retiro y bajo la influencia del Mossad y la CIA.

    La presencia en las rutas y las calles de la Gendarmería Nacional forma parte del paisaje del siglo XXI y parecen invisibles puesto que casi nadie habla de ellas.

    Pero veamos lo que dice un reconocido investigador del tema y al que nadie considera un “opositor” del gobierno nacional, Horacio Verbitsky. Solo tomaremos dos notas de setiembre de 2012 en el que se considera la labor del Ministro de Defensa, ahora promovido a Ministro de Seguridad y un curso de instrucción donde se defendió la doctrina de la lucha antiterrorista de los EE.UU. en el mismo Ministerio de Defensa argentino.[2]

    Bajo la conducción de Puricelli, el Ministerio de Defensa ha permitido la reaparición de las tendencias militares a la autonomía, la intervención en cuestiones políticas y hasta cierta solapada reivindicación del terrorismo de Estado.

    Desde que asumió como ministro de Defensa, en diciembre de 2010, Arturo Puricelli fue reacio al deslinde entre el terrorismo de Estado y las Fuerzas Armadas integradas al sistema institucional que marcaron los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, y sus ministros José Pampuro y Nilda Garré. Puricelli no ha tenido reparo en criticar ante personal del ministerio los juicios por violaciones a los derechos humanos porque “algo había que hacer para pararlos. Yo los conozco, en Ezeiza quisieron matar a Perón”. Coherente con esta línea de pensamiento, impuso a una dependencia de Ejército el nombre de General Ernesto Fatigatti (un empresario quebrado, ex vicepresidente de la Cruzada de Solidaridad de Isabel Martínez). Tampoco se preocupó por mantener apartadas a las Fuerzas Armadas de cualquier injerencia indebida en cuestiones que la ley les veda. Así, puso a trabajar en el proyecto de submarino nuclear al vicealmirante retirado Benito Rótolo, ex subjefe de Estado Mayor durante la gestión de Jorge Godoy, a quien el juez federal Daniel Rafecas procesó por su participación en la actividad “sistemática y generalizada” de espionaje ilegal a políticos, periodistas y militantes de organizaciones sociales desde diversas bases de la Armada. Entre sus asesores designó al Profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Católica Argentina, Fabián Calle, un entusiasta de la contrainsurgencia “para hacer frente a grupos, organizaciones y redes armadas que recurran a tácticas y estrategias guerrilleras y/o terroristas”… Su equipo de colaboradores está plagado de familiares e incluye al hermano, dos hijos, un sobrino y sus respectivas parejas. Su primer vocero fue un suboficial de la Armada en actividad, novio de su hija y colaborador del diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, cuya conducta durante el terrorismo de Estado es investigada por la Justicia por el asesinato de dos delegados. Debió alejarlo cuando el vocero firmó un mensaje de felicitación al diario La Nación celebrando “su trayectoria”.

    La actividad más regular de Puricelli son los viajes al exterior, siempre con demasiados acompañantes. Entre los oficiales retirados que actúan como asesores (según el artículo 62 de la ley orgánica) confirmó al almirante Joaquín Stella, el jefe de Estado Mayor de la Armada relevado por Kirchner en 2003, quien durante la crisis de fin de siglo presentó un plan al ministro de Defensa Horacio Jaunarena por el cual se movilizarían miles de efectivos militares en apoyo de la Policía y la Gendarmería, bajo las órdenes de un comandante operacional de las Fuerzas Armadas. En cambio decidió prescindir del general Juan Jaime Cesio, despojado de su grado por la dictadura por haber denunciado la comisión de “delitos aberrantes, como el secuestro, la tortura y el asesinato de miles de personas” y privilegiar “su condición de ciudadano sobre la de militar”, al asistir a una movilización por los derechos humanos.”

    Y el mismo día denuncia que en el Ministerio de Defensa se dictan cursos de lucha antiterrorista por parte de instructores yanquis:  “El Brigadier Mayor (R) Richard Goetze, uno de los especialistas estadounidenses en Seguridad Nacional, Guerra No Convencional y Operaciones de Información, que durante toda la semana pasada entrenaron a tres docenas de funcionarios civiles del ministerio de Defensa, fue agregado militar en la Argentina durante los peores años del terrorismo de Estado. Este dato esencial fue omitido en el curriculum del instructor que el ministerio de Defensa distribuyó a los participantes en el curso pero sí figura entre las biografías que la Fuerza Aérea de Estados Unidos suministra sobre su personal. Allí se constata que en julio de 1976 llegó a Buenos Aires como agregado militar a la embajada de su país, donde permaneció hasta julio de 1978. Aquí reunió dos agregadurías: la de la Fuerza Aérea y la del Pentágono. Esos fueron los años más intensos en la represión clandestina organizada por el gobierno militar. Según el cálculo realizado por la Conadep en su informe Nunca Más, entre 1976 y 1978 se produjeron el 93 por ciento por ciento del total de las desapariciones de personas y los aviones de las distintas fuerzas fueron utilizados para arrojar prisioneros al mar. Si este antecedente hubiera sido difundido, los civiles asistentes al curso podrían haber enriquecido el diálogo con la explicación en primera persona del brigadier Goetze sobre aquellos años del terrorismo de Estado. Quien hoy dirige el Grupo Militar en la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, el coronel Patrick D. Hall, también tiene una historia interesante que los cursantes no conocen: Hall estaba asignado en Caracas cuando el presidente Hugo Chávez denunció la injerencia militar estadounidense en la política de su país. Hay otros componentes engañosos de esta historia, que reflejan los modos de conducción del ministro Arturo Puricelli. El secretario de Estrategia y Asuntos Militares Oscar Cuattromo dijo en la sesión inaugural que luego de leer la nota del domingo “Welcome back, boys” quería dejar en claro que el curso estaba en línea con la política del gobierno nacional desde 2003 y dentro de las leyes vigentes. Es decir, aquellas que separan la Defensa Nacional de la Seguridad Interior. Luego solicitó que se acercara el subsecretario de Formación, pero Carlos Pérez Rasetti prefirió permanecer en las gradas del anfiteatro del salón Roca del ministerio. “No hace falta”, se excusó, mientras las pantallas gigantes reflejaban el desconcierto de Cuattromo ante su gesto de distancia. Por más que un comunicado oficial haya minimizado la gravedad del curso, su divulgación lo convirtió en una mancha venenosa con la que nadie quiere contaminarse, porque más allá de las palabras tranquilizadoras implica una regresión inocultable en la política oficial hacia las Fuerzas Armadas. Los instructores suministraron abundante material para justificar estos temores a la extralimitación castrense que propone el Pentágono.”

    Cinco días después de la reflexión sobre “el río de sangre”, la Presidenta Cristina Fernandez mueve al Ministro Puricelli de Defensa a Seguridad; es decir, lo lleva al verdadero Comando del Aparato Militar del Estado en estos días. De las investigaciones sobre el Proyecto X ni una palabra. Sobre el descubrimiento de un Oficial de Inteligencia de la Policía Federal actuando sobre el movimiento popular en estos días ni una palabra. Sobre la brutal represión en Castelli, Chaco, setenta heridos, dos muertos incluido un niño de dos años, ni una palabra.

    Conviene para cerrar, una breve referencia a una cuestión teórica que adquiere inusitada vigencia en la Argentina y es la cuestión de la batalla cultural. Y es que algunos, de buena intención y no tenemos razones para dudar de nadie de sus intenciones, mucho menos de la Presidenta Cristina Fernandez, creen que la hegemonía cultural se resuelve en el terreno cultural. Con gestos como el descuelgue del cuadro de Videla del Colegio Militar o la entrada a la Esma. Con reconocimientos como el que merecidamente han recibido algunas de las víctimas y algunos de los que lucharon contra la impunidad (algunas y algunos, no todos; que la discriminación macartista sigue vivita y coleando). Y he ahí el problema. La hegemonía cultural que logró la cultura represiva y egoísta, la preeminencia del “sálvese quien pueda” en detrimento de la idea del proyecto colectivo transformador de la realidad mediante la lucha popular, no se logró por medios culturales.

    No es que Alfredo Martínez de Hoz le ganó un debate a Agustín Tosco o a Rodolfo Walsh; digamos en el estadio de Boca o en el Luna Park; no fue así la cosa. A Rodolfo Walsh lo balearon en la esquina de Entre Ríos y San Juan y fue llevado a la Esma; y Agustín Tosco murió bajo el gobierno de Isabel, víctima de una enfermedad que no pudo tratar debidamente por la clandestinidad que lo obligaba la represión militar y el accionar de la Alianza Anticomunista.

    No es con gestos y cursos de derechos humanos que cambiará la Bonaerense o la Formoseña o la Chaqueña o la Santafecina; es con políticas efectivas de conducción política democrática (y me permito dudar de la voluntad democrática y transformadora de Puricelli), con una clara decisión de no reprimir, de no torturar, de no someter a tratos indignos e inhumanos a ninguna persona en condiciones de encierro policial o carcelario, con la firme voluntad de expulsar de la fuerza a toda persona comprometida con el Terrorismo de Estado, la Violencia Institucional, el tráfico de Drogas, la prostitución, el armado de causas contra inocentes y por supuesto la represión lisa y llana a los que luchan. Solo así se cerrará el río de sangre que hay entre los hombres armados por el Estado y el pueblo. Solo así se fortalecerá la democracia y se podrá aspirar a que el Nunca Más no sea solo un deseo. Y si llegamos hasta aquí; hasta este Juicio y Castigo ejemplar contra tantos genocidas, tenemos las condiciones para lograrlo, es de la unidad popular y de la voluntad política transformadora que depende todo. Acaso en primer lugar, conquistar la democracia verdadera que nos merecemos desde la frustración de la Revolución de Mayo. Una democracia verdadera para la Segunda y Definitiva Independencia que necesitamos para toda Nuestra América


  • el 18 de agosto de 1992, el diario La Capital de Rosario publicó mi denuncia que el candidato a Juez Federal de la Nación del Pejota Santafecino era un torturador; los Señores Senadores se cagaron en la denuncia y lo hicieron Juez Federal; en 1999 junto a otros compañeros lo denunciamos en España ante la Audiencia Nacional Nº 5 de Madrid que en el 2001 pidió su extradición, rechazada por De la Rúa; en 2002 pedimos que se abra un juicio penal en Argentina y lo logramos (antes de que caigan las leyes!!!!), en el 2005 lo indagaron y detuvieron; en el 2009 lo condenaron a 21 años de prisión en cárcel común y hoy, 30 de mayo de 2013, luego de veintiunaño de luchas, 249 meses,  unos 7560 días y otras 7560 noches, la Cortes Suprema ha rechazado todos los recursos y la sentencia está firme…..en memoria de Alicia Lopez y todos los que no llegaron hasta aquí, mi puño izquierdo en alto para unirse a la V de mis compañeras y compañeros de la Cuarta, de la Guardia de Infanteria, de Coronda y de todas las luchas: al Mono, al Negro, a las Patricia y la Stella, a la Chile y a todas y todos…salud compañeros y camaradas, que nosotros vencimos, esta vez, en esta batalla, al menos, vencimos y vale la pena celebrarlo

  • Contra la represión de la policía chaqueña

    .Declaración de la Liga ante los actos represivos ocurridos en la provincia del Chaco
    Contra la represión de la policía chaqueña a los pobladores y trabajadores en la zona de Castelli en la que perdieron la vida Florentín Díaz y su pequeño hijo.
    Una vez más insistimos en que los problemas económico sociales no se resuelven con represión y que con estos actos se renueva una cultura represora que se funda en la Conquista Colonial, se mantuvo durante todo el siglo XX y se potenció durante el periodo del terrorismo de Estado. El exterminio de la experiencia de las Ligas Agrarias y la Masacre de Margarita Belen fueron acaso los puntos más altos de la represión que hoy estamos juzgando.
    Ordenado por el vice gobernador Basileff Ivanoff, el operativo policial tuvo características brutales -más de setenta heridos- y en el intento de salvar a su hijo, Florentín Díaz montó en su moto y fue arrollado por una camioneta, perdiendo la vida y la de su hijo de dos años.
    La decisión de la Legislatura Chaqueña de postergar su posicionamiento y el discurso provocador del Ministro de Gobierno que quiere negar la represión y culpar a Díaz de la muerte de su hijo ratifican la persistencia de una cultura represora que no se resuelve con gestos de memoria, como los que se hicieron con motivo de la conmemoración de la masacre de Margarita Belén, sino con un cambio verdadero en el modo que el Estado debe asumir los conflictos sociales: resolviendo los reclamos populares y no reprimiendo.
    Es hora que el Gobierno Nacional, en función de la coherencia que se reclama a quien se proclama ser un gobierno de los derechos humanos, y en cumplimiento de los Pactos Internacionales de los que el Gobierno es custodio y garantía de cumplimiento en todo el territorio nacional, de claras señales de repudio a estos actos y dicte claras reglas que prohíban estrictamente la represión a los que reclaman en todo el territorio nacional, no importa si el gobierno local es “amigo” u “opositor”.
    La represión en el Borda, el ataque al hijo de Félix Díaz, los actos represivos del Chaco y Tierra del Fuego de estas horas dan cuenta de una realidad que con sus más y sus menos se repite en todo el territorio nacional haciendo de la batalla contra la represión policial, la tortura en cualquier lugar de encierro, el armado de causas y la ejecución extrajudicial sumaria conocida como la muerte por “gatillo fácil” sean la agenda real de los que luchamos por la plena vigencia de los derechos humanos en la Argentina y el mejor modo de homenajear a las víctimas del Terrorismo de Estado, muchos de los cuales, luchaban por reivindicaciones similares a las que levantan los reprimidos del Chaco y el resto del país.


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    Forum espanhol_640 

    Presentación al Foro por la Paz en Colombia a realizar en Porto Alegre,

    en  mayo de 2013, a nombre de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre

     por José Ernesto Schulman

     que publica en cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com

     

    in memoriam de Juan Camilo Lizarazo,

     preso político asesinado

    con los “guantes blancos”

    de la negación de atención medica

    en abril de este año

     

     

    Cuatro ideas para el debate

     

           de qué paz hablamos? de la pax romana o de la que surge de la vigencia de los ddhh

     

           la naturaleza del conflicto y la imposibilidad de equiparar el Ejercito y las fuerzas estatales con las insurgentes por definición y por derecho internacional

     

           la experiencia argentina contra la teoría de los dos demonios y la pretensión de igualar víctimas y victimarios, opresores y rebeldes

     

           la paz en Colombia, una causa americana

     

     

     

    uno

    Que la paz es un derecho humano casi es una obviedad pero no es tan obvio que cosa se entiende por la paz; de hecho, desde el nacimiento de la tradición cultural donde se afirma la civilización capitalista se discuten dos conceptos de paz: la pax romana y la paz  de Jesús concebida como la plenitud de las posibilidades vitales que se expresa en el shalom.

    La primera es la paz de los vencedores, la paz de los cementerios, la paz impuesta por la fuerza que convalida la injusticia y consagra la impunidad; esa paz que es la que pretende el Imperio y buena parte de los dueños del Poder en Colombia, es estéril y encubridora de un conflicto histórico, real y por ello, imposible de descartar o ignorar y que resurgirá de un modo u otro, más temprano que tarde.

    La segunda, heredera y continuadora del discurso fundacional del primer cristianismo, es la idea que la paz es el modo en que se realizan los derechos populares y la dignidad humana. En el Evangelio de Juan (14,27) se narra que Jesús al despedirse le dice a su pueblo  “La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.”  donde “el mundo”  es el Imperio Romano y su paz, la que no es cristiana, es la pax romana, la paz sin justicia ni derechos humanos; es otra paz la que propone Jesús definida por su rechazo a los ricos y su proclamación de la igualdad entre las personas en una civilización donde muy pocos eran considerados iguales.

    Por eso la primer discusión es qué tipo de paz queremos para Colombia: la pax romana o la que proponía Jesús.  La paz que consagre la impunidad y la dominación política, económica y ambiental de los pueblos de Colombia por parte del Gran Capital o la paz que termine con la violación sistemática y masiva de los derechos humanos por parte del Ejercito y el aparato estatal de seguridad, incluyendo en un lugar destacado al sistema penitenciario, pero también de los paramilitares –no importa el nombre que asuman al renacer una y otra vez, cada vez más crueles y perversos.

    Y si descartáramos todo fundamento ético o filosófico, valdría recordar que todos los intentos de imponer la pax romana en Colombia han fracasado una y otra vez por la obstinada resistencia del pueblo y la fuerza telúrica del conflicto ya ancestral para que nosotros vengamos a decir que estamos por la paz como un camino para la libertad y la felicidad del pueblo, la paz como modo de hacer realidad los sueños independentistas de Bolívar y San Martín, de Allende y el Comandante Guevara, de Gaitán y Marulanda, de todos y cada uno de los miles y miles de colombianos y colombianas de las más variadas formas de pensar y de actuar que han bregado de todos los modos posibles para terminar con el conflicto armado y para terminar con las causas que originaron y alimentan este conflicto

    dos

    Decía Hegel que cuando un fenómeno finaliza se ponen a prueba los conceptos que intentaron dar cuenta de su naturaleza;  por eso, al comenzar el proceso de conversaciones enfiladas a terminar el conflicto se vuelva una y otra vez a discutir la naturaleza del mismo y a su inicio.  La derecha, en Colombia y en todo América Latina, tiene una misma explicación para todos los conflictos sociales (armados o no, prolongados o de corta duración): todo se originó en la intención de “imponer un régimen extraño al ser nacional”, a una “agresión subversiva comunista”, enmarcada en la guerra fría y justamente fue el fin de la guerra fría por implosión de la Unión Soviética y el llamado campo socialista, el que originó el discurso del “narco terrorismo” y la “degeneración” de la insurgencia que muchos progresistas, por ignorancia u oportunismo, repetían como loritos en los años duros de la ofensiva de Uribe y el Comando Sur del Ejercito de los EE.UU., al cual nunca hay que obviar en la discusión sobre la paz en Colombia puesto que sin su participación desde el comienzo mismo del conflicto, hace rato que la paz sería realidad.

    Precisamente fue el fracaso de tantos planes de aniquilamiento de la insurgencia el que obligó a un cambio discursivo, a una versión específica de la “teoría de los dos demonios” con que se pretendió justificar por vía de los excesos o efectos colaterales no deseados lo que en verdad fue y es un plan de aniquilación sistemático estatal

    Como casi todos saben el conflicto se originó por la acción asesina de la oligarquía colombiana que al ejecutar a Jorge Eliecer Gaitán en 1948 no solo precipitó el Bogotazo sino una serie de enfrentamientos por la tierra que derivaron en una interminable serie de confrontaciones armadas que han pasado por toda clase de contingencias, de cambios en la correlación de fuerzas para uno u otro lado, pero no desaparecieron nunca ni siquiera cuando el Imperio del norte, embriagado por la borrachera exitista de sus guerras contra el terrorismo del siglo XXI, acumuló millones de dólares y agencias que lograron exterminar uno a uno a casi todos los miembros de la dirección nacional insurgente. Ignoraban lo que el sacerdote colombiano Camilo Torres había interpretado en 1965:  entrevistado por la revista Marcha brindó su interpretación del surgimiento de las FARC que a la distancia nos resultan convincentes y coherentes con el pensamiento crítico de la época y de las nuevas ideas que crecían en la Iglesia Latinoamericana: “Las guerrillas en Colombia son mucho más que un problema policial o un problema político. Son un problema social que toca las raíces mismas del país. Por eso no sirven las calificaciones morales para condenar la lucha guerrillera. Es lo mismo que el ejército: no podemos aprobarlo o condenarlo con calificaciones morales abstractas. Hay que ver a qué fines sirven unos y otros, guerrillas y ejércitos. Cuando todos los canales de ascenso social parecían cerrados para el campesinado y la estructura opresora de la sociedad colombiana inconmovible, las guerrillas vinieron a abrir, bien o mal nuevos canales de ascenso, y a través de su existencia decenas y cientos de miles de campesinos adquirieron conciencia de seres humanos capaces de decidir en la historia de Colombia, por primera vez. Quienes en nombre de la conservación social condenan el fenómeno, deben antes explicar por qué las viejas estructuras no pudieron satisfacer esa necesidad.

    En los años 60, la Revolución Cubana, con su accionar liberador puso más de manifiesto el carácter reaccionario y deshumanizante de la dependencia de los pueblos hacia los Estados Unidos abriendo o profundizando todo tipo de debates, incluido el de la violencia. Pretender pensar aquellos años, y sus consecuencias mediatas al margen de aquellas discusiones no solo es metodológicamente incorrecto, sino básicamente erróneo. La propia Iglesia de Roma, conmovida por las tensiones desatadas convoca a un Concilio: el Vaticano II que transcurrió en cuatro sesiones realizadas entre 1960 a 1965, iniciada por un Papa y concluido por otro que en 1967 da a conocer la encíclica Popolurum Progressium donde estampa una frase que hoy causaría espanto en el Vaticano del siglo XXI (y también en las jerarquías eclesiales argentinas y colombianas):  “la violencia originaria, raíz y principio de todas las demás violencias sociales, es la llamada violencia estructural, la injusticia de las estructuras sociales, sancionada por un orden legal injusto y orden cultural ideologizado, que como tales constituyen la institucionalización de la injusticia”.

    Préstese atención al concepto de que “la violencia originaria, raíz y principio de todas las demás violencias sociales, es  la llamada violencia estructural” lo que no pocos interpretaron como un asumir la posición desarrollada por Carlos Marx en colaboración con Federico Engels a fines del siglo XIX que se podría resumir en la sentencia contenida en el Antidhuring:  ”el poder, la violencia, no es más que el medio, mientras que la ventaja económica es el fin”, sabiéndose que los fundadores del comunismo como corriente política y pensamiento filosófico sostenían que para conquistar la igualdad real, ya no la formal proclamada por la Revolución Francesa de 1789 en su Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, reivindicaban la lucha de clases hasta logar el poder popular que acabe con las condiciones materiales que permiten “la ventaja económica” y por ende “el poder, la violencia” como medio de sostenimiento.

    Conviene recordar que el derecho a la rebelión popular es acaso el primero de los derechos de los pueblos consagrados en el mismo prologo de la declaración de la ONU del 48 cuando dice
    “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión” tal como lo recoge la sentencia del Sentencia Tribunal Ético contra la colonización y ocupación israelí de Palestina recién finalizado en la ciudad de Buenos Aires que en su apartado 15) considera “Que en ningún caso puede considerarse de igual modo la violencia del opresor con la del oprimido. Mientras la primera obedece a un plan sistemático de dominación y aniquilación ejecutado desde estructuras del Estado israelí  en contra de la población palestina, a los efectos de beneficiarse de sus padecimientos, la ejercida por el pueblo cuyo territorio es ocupado por una potencia militar refiere a la impotencia y  la desesperación ante las injusticias padecidas, y debe considerarse en el marco de la apelación al supremo recurso de resistencia a la opresión, legitimado por el preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

    Concluimos entonces que la paz no puede construirse sobre la base de la equiparación de los bandos en pugna puesto que eso liquida la historia real del conflicto e impide la conquista de Verdad y Justicia, bandera histórica de los pueblos de Nuestra América en los últimos cincuenta años, que hoy comienza a conquistarse en buena parte de la región.

    tres

    Permítannos transmitir nuestra experiencia en la lucha contra la equiparación de los torturados y los torturadores, entre los opresores y los oprimidos, entre los que ejercieron la violencia para sostener el régimen bárbaro de explotación  y expoliación que sufrimos desde la conquista militar europea de nuestra América, prometo que intentaré ser breve en el relato histórico, pero considero importante considerar nuestra experiencia en uno de los pocos terrenos donde de un modo verdadero hemos avanzado, y con firmeza y profundidad.

    En la Argentina, fueron los partidarios de Raúl Alfonsín los que sentaron las bases de la supuesta teoría: primero con dos decretos presidenciales por los que se ordenaba la captura de los jefes de las organizaciones guerrilleras PRT/ERP y Montoneros por un lado y de la Junta de Comandantes en Jefe por el otro (decretos 157/158) que luego el afamado escritor Ernesto Sábato, el mismo que se había entrevistado con el dictador Videla sin reclamar por la vida de ninguno de los cientos de intelectuales desaparecidos, estampara con cierto brillo literario en el Prologo del Nunca Más: “Durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada  por un terror que provenía tanto de la extrema derecha como de la extrema izquierda” para continuar  ”a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24/03/1976  contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a los miles de seres humanos”.

    El discurso fue un justificativo ético y teórico para la claudicación moral y política de Alfonsín ante los genocidas que se alzaron en la Semana Santa de 1987 y obtuvieron las leyes de Punto Final y de Olvido que clausuraron la vía jurídica del reclamo, impunidad que  se pretendió remachar con los indultos presidenciales hacia los pocos condenados por el Juicio a la Junta. Vinieron entonces casi quince años de dura impunidad en que el discurso de los dos demonios se convirtió en hegemónico mientras se descalificaba a las víctimas que no se subordinaban al mandato de los aparentes vencedores y seguían reivindicando su identidad política revolucionaria y no abjuraban del pasado militante. Debe quedar claro que como parte de la resistencia al menemismo y las “relaciones carnales” con el imperialismo yanqui, hubo que combatir hasta derrotar la teoría de los dos demonios en los dos terrenos donde se había impuesto: el político cultural, que afectaba la resignificacíón del pasado reciente y el  jurídico.

    Esa batalla cultural, que se dio en términos clásicos de las disputas culturales, no se resolvió en el terreno cultural sino en el terreno de la lucha de calles. Fue el Diciembre Popular Insurreccional contra De la Rúa, la Alianza con el FrePaSo (que expresaba la continuidad del posibilismo intelectual que había abrazado la teoría de los dos demonios) el que generó las condiciones –con el descalabro del neoliberalismo en el plano teórico y del gobierno de De la Rúa en el plano práctico- para la superación de la equiparación de victimas y victimarios.  Fue en el proceso de los juicios conquistados que se fue probando (y no solo con el testimonio de los sobrevivientes sino con documentos secretos de la Junta Militar que se iban consiguiendo) el Plan de Exterminio largamente preparado por una Doctrina de Seguridad Nacional que desde 1968 (mucho antes que comenzara cualquier forma de lucha armada de las organizaciones populares) ya preveía el aniquilamiento de los militantes, la tortura y la desaparición de los compañeros.   Esos avances fueron reflejados en dos documentos oficiales claves: el prologo que el entonces Secretario de Derechos Humanos de la Nación, Dr. Eduardo Luis Duhalde escribiera para la reedición del Nunca Más, como parte de la conmemoración del treinta aniversario del 24 de marzo y el dictamen que el entonces Procurador General de la Nación Dr. Esteban Righi firmara en noviembre de 2007.

    Decía Duhalde: “es inaceptable pretender justificar el Terrorismo de Estado como una suerte de juego de violencias contrapuestas, como si fuera posible buscar una simetría justificatoria en la acción de particulares frente al apartamiento de los fines propios de la Nación y del Estado que son irrenunciables. Por otra parte el terrorismo de Estado fue desencadenado de manera masiva y sistemática por la Junta Militar a partir del 24 de marzo de 1976 cuando no existían desafíos estratégicos de seguridad para el status quo porque la guerrilla ya había sido derrotada militarmente. La dictadura se propuso imponer un sistema económico de tipo neoliberal y arrasar con las conquistas sociales de muchas décadas, que la resistencia popular impedía fueran conculdas”.

    Y agregaba Righi desde la perspectiva jurídica y la aplicación del Derecho Internacional:  al hacer suyo un dictamen de los Dres. Pablo Parenti y Jorge Auat de la Unidad Fiscal por Delitos de Lesa Humanidad al analizar la causa abierta en la ciudad de Rosario por la muerte en 1975 del Tnte. Coronel Argentino Larrabure, atribuido al Ejercito Revolucionario del Pueblo  ” Estos antecedentes demuestran que el elemento de contexto, que distingue los delitos comunes de los crímenes contra la humanidad según la práctica existente hasta la década de 1970, se apoya en que los actos forman parte de una política del Estado.    Ello se desprende con claridad de la circunstancia de que los hechos a los que se aplicó esta categoría de delitos en todos los casos fueron crímenes cometidos a gran escala y con la participación o la tolerancia del Estado. En suma, los actos fueron cometidos por funcionarios del Estado o por agentes no estatales actuando de conformidad con la política de un Estado.” para agregar luego “Es claro que las categorías jurídicas pueden modificarse, pueden variar su alcance y también sus fundamentos. En cierta medida ello ha sucedido con la categoría de los crímenes contra la humanidad, especialmente a partir de la jurisprudencia de los tribunales ad hoc, pues se observa una tendencia a ampliarla hacia actores no estatales que, sin embargo, tienen un gran poder lesivo y pueden actuar a gran escala desplazando al poder del Estado. Uno de los supuestos que se han aceptado es el caso de organizaciones que ejercen de Facto el poder en determinado territorio y, por ello, reemplazan de hecho al Estado. En este sentido puede citarse la definición de la categoría que realiza Alicia Gil Gil: “[s]on crímenes contra la humanidad los atentados contra los bienes jurídicos individuales fundamentales cometidos como parte de un ataque generalizado o sistemático realizado con la participación o tolerancia del poder político de iure o de Facto” con la aclaración necesaria de Para Ambos y Wirth: “[e]n la actualidad no existe duda de que la entidad que opera tras la política no tiene que ser un Estado en el sentido del Derecho público internacional. Es suficiente con que sea una organización que ejerza de Facto un poder en un territorio dado”.

    Pero agregan, luego de mencionar la jurisprudencia del Tribunal ad hoc para la ex Yugoslavia, que en la categoría de los crímenes contra la humanidad “[…] no están comprendidas organizaciones que, siendo capaces de ejercer cierto poder, no son la autoridad de Facto sobre un territorio, en virtud de que existe una entidad mas elevada o mas poderosa que la domina. La autoridad en cuestión es más bien la que ejerce la autoridad más alta de Facto en el territorio y puede, dentro de ciertos límites, dominar a todos los que tienen poder y a todos los individuos. Así, una organización criminal en un Estado que todavía ejerce el poder sobre el territorio (por ejemplo, mediante las fuerzas policíacas normales) donde está activa la organización, no entraría dentro de la categoría de la entidad que se oculta tras la política. Si tal organización, según sus planes, comete múltiples delitos, esto, como tal, no hará que tales crímenes lleguen a ser crímenes contra la humanidad, En relación con los últimos desarrollo de la figura debe decirse que la necesidad de un vínculo entre los actos y un contexto determinado fue expresamente contemplada en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional al momento de tipificarse la figura de los “crímenes de lesa  humanidad”.

    En el artículo 7  del Estatuto se entiende por “crimen de lesa humanidad” cualquier acto de los enumerados en el párrafo 1 de esa norma (asesinato, tortura, desaparición forzada de personas, etc.) “cuando se cometa como parte de un ataque generalizado o sistemático contra una población civil y con conocimiento de dicho ataque”. Este es el particular contexto requerido para que cierta conducta pueda ser considerada un crimen de lesa humanidad.  Ahora bien, el Estatuto introduce el llamado policía elementl al disponer que por ”’ataque contra la población civil’ se entenderá una línea de conducta que implique la comisión múltiple de actos mencionados en el párrafo 1 contra una población civil, de conformidad con la política de un Estado o de una organización de cometer esos actos o para promover esa política”. Tal como se ha visto en este apartado la figura de los crímenes contra la humanidad aparece asociada a la criminalidad de Estado.

    Traduzco, para la derecha colombiana y algunos despistados del movimiento popular que pretenden juzgar a los insurrectos como si fueran la otra cara de la misma moneda de la ignominia; para lograrlo primero deberían ignorar el prologo de la declaración universal de los ddhh que declara como derecho de los pueblos el alzarse en armas contra la opresión, segundo deberían colocarse a contrapelo de toda la jurisprudencia de la CIDH y la Corte que han anclado en los Estados el peso de la  pero aún si pretendieran utilizar el Convenio de Roma y sentencias sobre Ruanda y Yugoeslavia deberían demostrar lo siguiente: a) que las fuerzas insurgentes tenían dominio territorial exclusivo y absoluto sobre regiones geográficas del estado colombiano, y que eso fuera aceptado por el otro poder en competencia, el mismo estado colombiano; b) que la violación de los derechos humanos constituyera una práctica sistemática, masiva y planificada por parte de la insurgencia; y  ni aún el más delirante de los observadores podría probar tales hechos.

    Concluyendo este apartado decimos que la paz es inconcebible sin un proceso de juicio y castigo de los crimenes del Estado y sus organizacones formales e informales, digo, incluidos todas las formas de existencia de los paramilitares; no hacerlo consagraría la impunidad y dejaría una bomba de tiempo que, me temo, estallará mucho más temprano que tarde en las manos de aquellos que pretendan ya no la paz verdadera sino también su versión claudicante de paz a todo precio, la pax romana contra la cual hace dos mil años se rebeló un tal Jesús de Galilea, un carpintero que muere todos los meses en el Cauca, en las calles de Calí o en la Cárcel La Picaleña de Ibagué en el departamento del Tolima donde mataron a nuestro hermano Juan Camilo Lizarazo por el metodo salvaje de tratar “secuelas de evento cerebro vascular (hemiplejia izquierda)” con ansioliticos.

    Como pretender curar el cáncer con aspirinas, como pretender resolver un conflicto de más de sesenta años con una paz sin solución a los problemas populares. Aunque duras, las metaforas medicas conservan su fuerza argumental y por ello acudimos a ellas en esta ocasión

    cuarto.

    Dice Jorge Beinstein que la caotización del mundo periférico capitalista es una de las tendencias que trae la declinación decadente del imperio como civilización capitalista;  lo que en los ochenta llamábamos la Libanización de los países en conflicto hoy aparece como un objetivo explicito y el resultado de una acción deliberada y planificada por el Imperio.

    El conflicto colombiano en su versión más brutal y extendida es el sueño imperial para toda nuestra América.

    Si Cuba y el Alba representan la tendencia a superar la crisis por el camino de la verdadera independencia, liberación nacional y desarrollo sustentable; Uribe y los paras representan el  otro polo de la ecuación americana en disputa. La discusión entre los dos modos de entender la paz en Colombia no es una discusión “nacional”, en el sentido estrecho del término, sino claramente una discusión regional sobre el futuro de Nuestra América: liberación o dependencia decíamos en los 70; continuidad del capitalismo depredador y sus consecuencias caoticas y catastróficas o la Segunda y Defintiva Independencia, decimos ahora.

    Cuando se dice que Colombia es el Israel de América Latina no solo se alude a la participación del Mossad en el conflicto o la presencia de capitales sionistas en la región, se indica que el Imperio busca transformar a Colombia en el gendarme displinador de nuestra América.  Por eso las bases militares, por eso la ayuda militar yanqui a todo lo que sea guerra y por eso hay que deducir que el Imperio saboteará toda forma de paz o presionará severamente para que si es sea una pax romana, lo que ya dijimos que no es paz sino dominación con resignación popular

    La paz en Colombia es una cuestión histórica, ética, moral, política, económica pero también una obligación legal para los gobiernos de la región puesto que luego del largo periodo de dominación terrorista y neoliberal, de esta región surgieron los reclamos para que la violación de los derechos humanos no sea una cuestión meramente nacional sino universal, y tuvimos éxito en esa batalla.  Por eso la Causa por Genocidio cometido en Argentina que se abrió en la Audiencia Nacional Número Cinco de Madrid en España y su consecuencia más impactante en su momento: la detención de Pinochet en Londres, nada menos que en Londres, y a su hijo mimado, Pinochet.

    Y  por eso no solo los pueblos sino también  los gobiernos de la región, en primer lugar  los intengrantes de Unasur, deben actuar con pasión por una paz verdadera.  Y por qué los del Unasur?

    Porque aceptaron que Colombia se uniera y hasta pusieron a su canciller al frente del organismo regional con el discurso justificador que así se lo condicionaba para que se sume al ciclo democrático y progresista que vivimos en la región.

    Porque en la declaración fundacional del Unasur, en su compromiso democrático se declara compromiso con los ddhh y su plena vigencia como causa común, tanto que es motivo de exclusión la violación de los mismos como ocurrió con Paraguay en el caso del golpe contra Lugo.

    Leo solo el prologo del acta fundacional para fundar la pretensión que exponemos: “La Unión de Naciones Suramericanas tiene como objetivo construir, de manera participativa y consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político, las políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, el financiamiento y el medio ambiente, entre otros, con miras a eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los Estados”

    Resalto: “otorgando prioridad al diálogo político” para lograr “eliminar la desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación ciudadana, fortalecer la democracia” y porque el logro de esos objetivos se asume como un objetivo regional,  explicitando que se busca superar la división impuesta por la oligarquía al momento de la derrota del sueño independentista de nuestros Bolivar y San Martín.

    Porque en la lucha por la segunda y definitiva independencia es imperiosa la unidad de los pueblos, esa que soñó Bolivar al convocar el congreso anfictiónico de 1826 en Panamá y renovó Hugo Chávez en el siglo XXI y porque la unidad popular latinoamericana implica pensar en términos de región y no de país, en términos estratégicos y no coyunturales; y para todo ello, para la democracia verdadera y la liberación definitiva, hace falta paz verdadera en Colombia.

    “No se angustien ni se acobarden” nos dijo Jesús al despedirse,

    “¡Ánimo! Que para los hombres de coraje se han hecho las empresas” decía el General San Martín cuando convocaba a declarar la independencia nacional argentina

    Y me gusta pensar que en todo eso pensaba nuestro comandante Guevara cuando desafiaba al Imperio en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1964  “Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado, que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más. Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron.”

    “Porque esta gran humanidad ha dicho «¡Basta!» y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez, inútilmente. Ahora, en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera e irrenunciable independencia.»


  •  

    Hemos venido a rendir homenaje a una víctima del Terrorismo de Estado, a un joven militante comunista que sostuvo hasta el final el compromiso de su generación, nuestra generación, de luchar por la Revolución Socialista.

     

    Hemos venido a rendir homenaje a Floreal Avellaneda, cuyo cuerpo apareció flotando en la ensenada de Montevideo hace unos 37 años y hemos venido a rendir homenaje a su Padre y a su Madre, a su familia, a su Partido, el Partido Comunista que lo formó y se formó en su ejemplo, y hemos venido a rendir homenaje a todos los que lucharon para lograr la condena a los Generales Riveros y Verplaetsen y los demás reos.

     

    Pero hemos venido también a reflexionar sobre lo que le pasó a  Floreal y sobre el modo en que los vencidos, vencimos.

     

     

     

    Si por un segundo, hagamos un ejercicio de imaginación, solo contáramos con la información que nos proporciona el caso del Negrito: su secuestro, su tortura, su asesinato, el intento de desaparecer el cadáver tirándolo el río, su reconocimiento por la Policía Científica Uruguaya y el robo del cadáver por parte del estado uruguayo; si solo supiéramos de la tragedia de nuestros pueblos por su caso, podríamos decir con convicción que lo que sufrimos no fue ninguna acción nacionalista/ patriota en aras de salvar los valores nacionales de la conspiración mundial comunista; sino todo lo contrario, que fuimos víctimas de una operación continental de contrainsurgencia, diseñada y supervisada por el gobierno de los Estados Unidos de Norte América y ejecutada por las dictaduras militares cipayas articuladas  institucionalmente para este plan,  que les sirvieron y se sirvieron de esta acción para reorganizar radicalmente el país a favor de los grupos económicos más subordinados al capital internacional, los grupos más concentrados y más voraces.

     

    ¿Pruebas? El Gral. Riveros representaba el país ante la Junta Interamericana de Defensa, verdadero Cdo Operacional Continental; el Ejercito Uruguayo completó lo que el Argentino dejó incompleto y hasta ahora ni los militares argentinos dijeron la verdad sobre el final de Floreal ni el Estado Uruguayo nos devolvió el cuerpo del Negrito a pesar de que hemos ido una y otra vez a buscarlo, en el 84, en los 90 y varias veces en los últimos años.

     

     

     

    A los argentinos nos cuesta pensar en términos latinoamericanos, nos han enseñado que la Revolución de Mayo era una gesta nacional cuando la verdad histórica es que San Martín llevaba al frente del Ejercito Libertador la divisa de la Unidad Americana, la misma que levantó Felipe Varela al intentar frenar el genocidio del pueblo paraguayo por el Ejercito Nacional, el que reemplazó al disuelto de San Martín.

     

    Y tampoco nos enseñaron que la Revolución de Mayo sufrió una contrarrevolución mundial, fruto directo de la derrota de Napoleón en Waterloo y de la venganza monárquica contra todo intento independentista. Igual que ayer la Revolución no triunfó en los 70 casi por las mismas razones por que no triunfó la Guerra Independentista de Artigas, Moreno, San Martín o Belgrano. 

     

    Por la correlación de fuerza, cierto.

     

    Por los errores y límites propios, también. pero sobre todo porque mientras el enemigo imperial actuaba con un plan y una coordinación continental nosotros ni podíamos resolver la unidad de las fuerzas al interior de cada país, nos equivocamos más de una vez en las alianzas y sobre todo no acertamos a construir una fuerza continental, esa con que soñó Bolívar al convocar el Congreso Anfictiónico de 1826 en Panamá, propuesta que recuperó el Comandante Chávez en los 90 y que a mi me suena como una convocatoria a la unidad popular, a no quedarnos en la integración estatal regional, que por cierto valoramos, sino a construir una verdadera Unidad Popular Latinoamericana por la Liberación Nacional y Social, por la verdadera independencia; unidad que tendrá como bandera la gesta de Bolívar y San Martín, de Salvador Allende y el Che,  el rostro de los Treintamil y el Negrito, y la eterna inspiración de los comandantes Fidel Castro y Hugo Chávez.

     

    Es hora de completar la tarea inconclusa, es hora de superar el provincialismo del siglo XIX y las soberbia autosuficiente de las vanguardias auto proclamadas del siglo XX.

     

    Es la hora de la unidad latinoamericana contra el Imperio.

     

     

     

    En el año 2009, en el primero de los juicios por lo ocurrido en la jurisdicción a cargo de Institutos Militares, logramos condenar a los responsables del secuestro de Iris y sus padecimientos y del asesinato de Floreal.

     

    ¿Cómo llegamos allí?.  ¿Cómo llegamos a ese edificio de la ex ruta ocho que por semanas y meses se convirtió en una caja de resonancia de todas las voces y todas las banderas de lucha?.

     

    Porque hubo un abogado comunista y de la Liga, el Dr. Julio Viaggio que presentó el habeas corpus en el 76 y luego gestionó el reconocimiento del cuerpo en Montevideo. Cierto.

     

    Porque hubo tías y hermanas que no se quebraron y  lucharon, siempre. Por supuesto.

     

    Porque hubo un organismo de derechos humanos que por entonces ya tenía cuarenta años de experiencia en confrontar dictaduras que es la Liga. Seguro.

     

    Porque hubo un partido, el Partido Comunista que no abandonó a sus afiliados. Ni los abandona.

     

    Y porque la causa de Floreal fue de todos.

     

    Fue de Rodolfo Walsh que lo nombró en su carta a la Junta. Fue de las Madres y de la Apdh, del Medh y de Familiares, de todas y de todos como fue cada uno de los compañeros asesinados o desaparecidos, torturados o encarcelados. Porque hubo huelgas y marchas y porque nunca cesó la lucha. Y eso es lo que no entendieron los genocidas que todavía no entienden porque llegan al banquillo de acusados.

     

    Porque la lucha no cesó nunca.  Cuando Floreal escupe en la cara al torturador que le pregunta donde se refugia su padre, es que la lucha no había cesado. Cuando Iris sale de la Cárcel y sigue luchando, cuando las tías recorren cada sitio posible buscándolo, es que la lucha no había cesado.

     

    Y los milicos debieran saber que la batalla no termina hasta que no cesa por completo la resistencia del oponente; y aquí nunca dejamos de resistir. Nunca dejamos de resistir. 

     

    ¿Y saben qué? por todas estas razones y porque nunca estuvimos solos. 

     

    Siempre estuvo al lado nuestro la solidaridad internacional de muchos pueblos. De los que nos recibían en el exilio. De los que nos apoyaban en las denuncias.  Y vale hacer hoy, porque casi nunca se dice: porque hubo un pueblo que sostuvo su Revolución para que no perdiéramos la esperanza. Porque la Isla de la Libertad nunca capituló y porque su embajada se jugó por nosotros a pesar de que sus funcionarios eran secuestrados y desaparecidos.  los vencidos vencimos por muchas razones entre las que está la solidaridad internacional. Porque muchos entendieron que si la represión era continental y articulada hacía falta enfrentarla de manera solidaria y unida.

     

     

     

    Y por eso, lo decimos acá y mañana lo diremos en Montevideo adonde viajará Graciela a decirlo: la impunidad de los represores uruguayos nos ofende como americanos  y como luchadores contra la impunidad, nos ofende como argentinos y como hermanos del pueblo uruguayo y nos comprometemos a luchar con todas las fuerzas para derrotarla. Para que los genocidas uruguayos vayan a la cárcel y la memoria no sea un objeto de cambio. Si Viglietti nos enseñó en los 70 a borrar las fronteras no van a ser los límites estatales los que nos frenen.

     

    Y no crean que solo es un problema ético, y lo es.  No podríamos celebrar la condena de Riveros y Verplaetsen mientras sus pares uruguayos caminan por las calles.

     

    Y no crean que solo es un problema de memoria o de reparación para las víctimas. Y por supuesto que lo es.

     

    Lo haremos porque estamos convencidos que la Patria Grande, Nuestra América decía Martí, necesita de la Segunda y definitiva independencia, esa que soñaban los que lucharon desde siempre. Porque –permítanme decirlo- la ruptura de la dominación imperialista, el fin de la dominación burguesa que es el modo en que se expresa, la revolución socialista de liberación nacional, porque solo el socialismo puede conquistar la liberación nacional, no es un lujo que nos daremos si algunos quieren después de resolver la impunidad y la pobreza; la revolución no es un lujo pequeñoburgués que se inicia luego que se resuelven los problemas del pueblo.

     

    Esa es la gran ilusión que nos ha frustrado doscientos años.

     

    La ilusión de Alberdi en la Constitución liberal o la de Irigoyen en el régimen electoral ampliado.

     

    La revolución, la segunda y definitiva independencia es el modo de resolver la impunidad y la violencia institucional, la desigualdad social y la concentración de la riqueza, el accionar de los grupos oligopólicos y todos los dolores que aún nos quedan, como decía en 1918 el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria. Y fíjense que cité la Reforma Universitaria y no el Manifiesto Comunista.

     

    Y si el Comandante Tomás Borge supo decir que no habrá democracia verdadera sin liberación nacional, cuando llamaba a no pagar la deuda externa que todavía seguimos pagando y que es una de las causales del blanqueo de capitales de estos días; en nombre de la Liga, de nuestros 75 años de compromiso con los derechos humanos, venimos a decir que sin democracia verdadera no habrá ni integración latinoamericana ni muchos menos la Segunda Independencia.

     

    Y para esa lucha cuenten con nosotros

     

    Y cuenten con Floreal. Con el Negrito y con el viejo que todavía nos guían

     

    Porque cuando nadie se acuerde de los generales Rivero y Verplaetsen, cuando no quede ni polvo del polvo de sus huesos, por una calle de las barriadas pobres del oeste o el norte del conurbano, un niño correrá tras una pelota con una remera roja que diga en su corazón: el Negrito Vive y nosotros, los vencidos, venceremos.

     

    Una y mil veces, venceremos con el Negrito en el corazón.

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  • La cuestión no es describir los males, el desafío es construir un diagnóstico que haga victoriosa la lucha por erradicarlo

    Acerca de la “violencia institucional” y los debates en el campo popular

     

     

    Como una Hidra contemporánea, la cuestión de los derechos humanos en la Argentina tiene más de una imagen, y muchas de ellas contrapuestas.  Avanzan los juicios contra muchos de los ejecutores del Genocidio (al que lentamente se lo empieza a reconocer judicialmente), se condenó a miembros de la Patota Sindical de la Unión Ferroviaria y a algunos de sus dirigentes por el crimen de Mariano Ferreyra en un fallo casi inédito y aunque de un modo algo inconsulto y bastante improvisado, se abrió un proceso de cambios en el sistema de administración de justicia que pone en cuestión algunos de los valores culturales en que éste se ha fundado desde el nacimiento de la Patria y que se potenciaron en los días de la complicidad judicial con el Terrorismo de Estado: su carácter discrecional, elitista, clasista, lenta y ajena para los pobres que pueblan las fatídicas cárceles casi sin pasar por juicio alguno como hemos denunciado recientemente.

    Pero en estos mismos días, la improvisación total en el sistema de emergencias ante situaciones límites, la continuidad de un patrón urbano totalmente dominado por el interés de los empresarios y el estilo despectivo de gobernar de Macri y Bruera transformaron un evento natural (que llueva mucho en época de cambio climático no debería sorprender a nadie) en una catástrofe social de proporciones, que todavía continúa por la falta de políticas públicas de reparación a la altura de los daños sufridos por la población.  Los familiares de la Masacre de Once siguen esperando el cambio de política de transporte que se prometió hace un año y fiscales, jueces y testigos del caso “Candela” sufren agresiones de todo tipo, que llegaron a la muerte de uno de ellos, ratificando que si algo es impune en la Argentina es la Maldita Bonaerense, la misma que alguna vez fue calificada como la mejor policía del mundo.

    Y como si todo esto fuera poco, ayer mismo volvieron a atacar a un familiar del compañero Félix Díaz, cacique de una comunidad Qom que ha sido agredida sistemáticamente en los últimos años;  a pesar de que no hace todavía un mes que el propio Secretario de Derechos Humanos de la Nación, el Dr. Martín Fresneda viajó a la provincia de Formosa para cumplir con una exigencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (resolución de la CIDH de abril de 2011 que instaba a garantizar la vida y la seguridad de la comunidad La Primavera) de modo tal que se firmó un acuerdo entre la Nación y la Provincia por el cual se acordó acoplar la Gendarmería Nacional a las labores de la Policía Provincial. Por lo que se ve, sin resultado alguno en la prevención de las agresiones que sufren los Díaz.

    Casi en el mismo momento, en salones del Congreso Nacional y en carpas colocadas en Plaza Congreso,  un numeroso grupo de Legisladores nacionales y provinciales, funcionarios judiciales, gubernamentales y algunos pocos representantes de organismos de derechos humanos, concluían un encuentro sobre la violencia institucional donde se instaba a superar el desafío de conquistar una “democracia sin violencia institucional”.   .

    Podríamos acordar con muchas de las afirmaciones vertidas en el Encuentro Nacional contra la Violencia Institucional, pero nos queda una pregunta sin contestar: ¿ por qué razón los legisladores y ministros allí presentes (la lista es impresionante así como el “prestigio” progresista que casi todos portan) no formulan ninguna autocrítica por las políticas de seguridad “progresista” que esta “democracia representativa”, que para nosotros sigue siendo restringida, formal y subordinada al poder de los ricos y poderosos de la Argentina,  ha desplegado a nivel nacional y provincial?.

    ¿Por qué se sigue apelando al artilugio de simular que se está empezando otra vez, como si la tan mentada transición a la democracia –que ya cumplió ¡treinta años!- comenzará cada vez que alguién promete conquistar lo que falta, como si tuvieramos democracia plena y verdadera, solo que tiene un pequeño defecto, un problemita, algo que la “complete” de una vez por todas?

    ¿ Y por qué a diez años de vigencia de un proyecto con centralidad en los derechos humanos, como se afirma,  el propio presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez  reconoce que  “En los últimos 12 años murieron 1.893 personas en hechos de violencia institucional con participación de integrantes de Fuerzas de seguridad y el 49% de estas personas murió por disparos efectuados por policías que estaban en servicio” y admitió  que “es necesario promover desde el Estado las políticas sociales que permitan la superación de las condiciones de exclusión que sufren los sectores más humildes, que son los más vulnerables a la violencia institucional y sobre quienes esta impacta con más fuerza” concluyendo que  “La respuesta a la violencia institucional debe darse desde la política. O ponemos el oído en las demandas populares y convertimos las frustraciones en realizaciones; o criminalizamos el dolor y la respuesta es la represión, la impotencia cuando no hay razones. Y después de 30 años de democracia, no podemos hacer de la represión la respuesta a los reclamos de la sociedad”

    La persistencia de las prácticas de tortura en sede policial y en los penales, el armado de causas judiciales para incriminar a los pobres y “resolver” las investigaciones incluyendo la ejecución extrajudicial sumaria que nuestro compañero León “Toto” Zimerman bautizara “Gatillo fácil” está largamente probado y comprobado por toda clase de instituciones populares como la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos y el Servicio Paz y Justicia, entes públicos como la Comisión Provincial de la Memoria de la Provincia de Buenos Aires o ámbitos especializados del sistema internacional de protección de derechos humanos,todos los cuales han emitido infinidad de informes y adevertencias.

    Afirmar que el fenómeno represivo llamado violencia institucional existe no es la noticia ni el desafío; el desafío es elaborar un diagnóstico veraz que de explicación a la persistencia de conductas que la misma Asamblea del Año 13 había prohibido: la esclavitud, la tortura, la preeminencia de la Iglesia en la moral y la ética publica y la falta de respeto a los pueblos originarios; y luego de contar con el diagnóstico veraz, elaborar una estrategia de lucha para terminar con el flagelo de una vez por todas.

    El Dr. Martín Fresneda, en el encuentro citado, ensayó una explicación: “las fuerzas de seguridad no van a reprimir donde las autoridades políticas no las envían” entendemos que lo dijo en relación a los hechos del Borda, enfoque con el que coincidimos pero  que si se traslada a los hechos de Formosa, Santa Fe, Córdoba, Neuquén o la Provincia de Buenos Aires, para no agotar la lista de ejemplos similares, se podría coincidir en que la responsabilidad de la violencia institucional está en las autoridades provinciales de casi todo el país.  Algo de eso habrá querido decir el Diputado Nacional Andrés Larroque con su popular afirmación de que el gobierno de Santa Fe encarnaba un “narcosocialismo”,  acaso sin saber que los gobiernos peronistas santafecinos desde 1983 en adelante se conformaron en acuerdo con los mandos del Segundo Cuerpo del Ejercito (empezando por el de Vernet) y que todos ellos pactaron la continuidad de la rosca judicial y policial.   El “compañero” Jorge Obeid, antiguo jefe de la Juventudes Peronista Regional II, vinculada a Montoneros, tenía como subsecretario de Seguridad a un represor como Reinhardt y éste al mismísimo torturador Nicolás Correa, comprobado asesino de Alicia López en la Cuarta de Santa Fe, muerto sin condena por la complicidad judicial que recién en 2010 condenó al ex Comisario Mario Facino, devenido Jefe Comunal de Rincón por el Partido Justicialista de Santa Fe.

    Y ese es uno de los puntos imprescindibles del diagnóstico: hay violencia institucional porque por acción u omisión, por que no se quiso o no se pudo (la reforma Arslanian, por ejemplo) persiste la cultura represora con que se fundó el Ejercito Nacional, masacrando indios al sur del Río Colorado y al norte del Pilcomayo, la Policía Federal, que cuenta con una sección especial de lucha contrainsurgente desde 1930 (aquella primera se llamaba “de lucha contra el comunismo” aunque para ellos los comunistas siempre fueron y son los que luchan contra el capitalismo, no importa como se piensen a si mismos), las fuerzas de frontera que hoy ocupan el territorio nacional como la Gendarmería (que en 1947 masacró impunemente a los Pilagá en Rincón Bomba, Formosa) o la Prefectura, las cuales  formaron parte armónica de las “fuerzas conjuntas” que aplicaron el Plan de Exterminio (probado desde el juicio a la Junta de 1984 y en cada Juicio celebrado en estos años para condenar a los 404 represores juzgados).

    Pero volvamos a la idea del Secretario de Derechos Humanos de la Nación: “las fuerzas de seguridad no van a reprimir donde las autoridades políticas no las envían” que nosotros proponemos entender como la existencia de una alianza permanente entre los jefes políticos y los mandos policiales en cada instancia de mando: provincial regional, local. Pero hay que decir que desde hace años, este no es un matrimonio de dos sino de tres: puesto que en cada instancia ambos grupos, el de políticos y el de mandos policiales, está íntimamente relacionado con los empresarios mafiosos, puesto que la venta de drogas, el trafico y comercio de mujeres y niñas, la venta de armas y de autos robados, la delimitación de “zonas liberadas” a cargo de rentistas no son hechos aberrantes pero casuales sino un negocio estable, que requiere de inversiones, profesionales, garantías y contactos en el poder para poder subsistir, y esta última idea nos lleva a ampliar la “familia” a un cuarto actor que son los funcionarios judiciales que avalan y participan de todo el negocio, como más de una vez se ha probado y el caso del ex Jefe de Policía de Santa Fe, Hugo Tognoli, lo muestra sin velos.

    Por ello el segundo punto del diagnóstico es que hay violencia institucional porque la Argentina post dictadura muestra un entramado de dominación territorial a cargo de un sujeto socio político plural relativamente “nuevo”, fruto de los cambios impuestos por Martínez de Hoz/Videla y desplegados por Cavallo/Menem/De la Rúa, que es esta verdadera rosca mafiosa de punteros y dirigentes políticos, empresarios del delito, bandas y grupos de tareas, jueces y funcionarios judiciales y los comunicadores y medios que participan del negocio o lo legitiman de modo tal que al difundirlo difunden discursos de justificación de la “mano dura” que en su momento, de la mano de Blumberg, logró cambios brutales en el Código Penal que legitima toda la falta de equidad que todos denuncian.

    Sin asumir que somos una sociedad post genocidio y que no solo la clase obrera y las capas medias cambiaron sustancialmente, sino –acaso más que ninguna otra clase- la burguesía hoy es una clase mafiosa, de la cual Ernestina, Magneto y Cía. son solo la punta del iceberg, es imposible entender la persistencia de la tortura y el gatillo fácil en la Argentina.

    Cuando se nombra a Formosa o a Córdoba, a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o a Neuquén, los funcionarios y legisladores nacionales del oficialismo ensayan dos discursos que vale la pena examinar al momento de debatir sobre la persistencia de la violencia institucional: uno es el discurso del “federalismo” y el otro es el de la “gobernabilidad”.  Según el primero, el gobierno nacional nada podría hacer en las provincias que no le son “fieles”, las que llegado el caso son casi todas por una razón u otra, de modo tal que deberíamos esperar que sean ganadas por fuerzas políticas afines al gobierno (y que además se sumen a su política de derechos humanos); lo que es absurdo desde todo punto de vista incluido el jurídico, dado que el Estado Nacional es garante del cumplimiento de innumerables pactos y convenios internacionales de salvaguardia de los derechos humanos por lo que no puede esquivar su responsabilidad frente a los gobiernos provinciales que gozan de una autonomía más que relativa, pero nunca del permiso para torturar o matar sin juicio previo ni condena. El segundo discurso, el de la “gobernabilidad” es el de los que se dice en privado, como explicación para los “amigos” que no entienden que “la correlación de fuerzas” no permite hacer todo lo que uno quiera y que para poder gobernar se necesita de acuerdos con personajes como Insfran de Formosa u Otaeche de Merlo en el Gran Buenos Aires (ejemplo de toda una serie de barones de la política, prototipos del puntero político/mafioso/socio de la Bonaerense y de las bandas delictivas).  Desde 1983, los progresistas que pasaron por el Gobierno (Alfonsín, Chacho Álvarez, para nombrar los dos más notables y respetados por los organismos de derechos humanos) hicieron del “posibilismo” la base conceptual de su estrategia de “transición” (interminable) a la democracia. Y así les fue. Es que si uno se junta con los amigos de los torturadores, no puede esperar que la tortura se termine, y así de seguido. Hay temas que admiten pasos intermedios y toda clase de “jugadas” tácticas, pero no es el caso de los temas de violación de derechos humanos pues estos se violan o no se violan y no hay espacio para hacer como que avanzamos y no hacerlo.

    La derecha feroz no perdona los amagos y la persistencia de las prácticas de violación de los derechos humanos esmerila la fuerza popular que debería sostener la lucha hasta el final. Es esa dinámica –tantas veces sufrida- la que aspiramos a evitar; no es la nuestra una crítica que pueda debilitar el gobierno o la democracia, sino –entendemos- todo lo contrario, el camino más recto y sencillo de fortalecer la administración nacional y el orden constitucional.

    Digamos también que hubo una ausencia en el Encuentro que también hace parte del diagnóstico.  La ausencia es el homenaje a todos los que lucharon en todos estos años contra el Gatillo Fácil empezando por los que denunciaron y desbarataron la maniobra de inculpar a los chicos de Budge, acaso una de las primeras grandes luchas contra el Gatillo Fácil. Entre tantas palabras y homenajes, que no se haya nombrado ni una sola vez al Toto  Zimerman ni a la primera Correpi da cuenta de un diagnóstico equivocado: de que la violencia institucional se resuelve con leyes y decretos, con “voluntad política” y gestos oficiales, subestimando el único camino, la única fuerza que puede confrontar y derrotar la violencia institucional que es el camino de la unidad popular para lucha y la fuerza de la organización autónoma de las víctimas y familiares y del conjunto del movimiento popular. Y es que la lucha contra la violencia institucional, como lo mostró la movilización contra los represores del Borda o los juicios contra los genocidas propone otro escenario y otra coalición de fuerzas que las que se constituyen alrededor de una urna. De un lado los que defienden y se benefician de la tortura y el gatillo fácil; del otro, los que la sufren  y no están dispuestos a convivir con ella.

    Seguro que deberíamos contar con todos los que estuvieron en el Encuentro Nacional del Congreso, pero treinta años de “democracia” nos dicen que con esas fuerzas no alcanza, que hace falta una unidad popular verdadera y sin exclusiones, sin cálculos electoralistas ni oportunistas porque el enemigo verdadero es grande y pérfido; y porque sin ganar esta batalla la democracia argentina seguirá siendo  un remedo de la verdadera y porque sin democracia verdadera, ahora lo sabemos más que en los siglos XIX y XX, no habrá liberación nacional. No hay Patria, donde hay tortura; sigue la Colonia, así de sencillo.

     

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  • Cuando los niños juegan a ser Dios

    Para Ema y Violeta

    mis amigas más pequeñas

    “Preguntaron a un proletario en el tribunal

    qué fórmula elegía para su

    juramento: la religiosa o la laica.

    «No tengo trabajo», contestó.”

    Bertol Brecht

     

     

     

    Dicen que en un pueblo de montaña,

    pero verde que te quiero verde,

    montaña verde que se recuesta en un río

    largo como el lagarto bilingüe

    que nace brasilero y muere porteño.

     

    Dicen,

    digo

     

    que una maestra como las de antes

    de las que juegan con los niños

    y los quieren no importa lo que sean

     

    una maestra como la que yo encontré

    cincuenta años después

    que me enseñara a cantar el himno guerrillero

    y me besó en la frente, de nuevo

     

    una maestra de las que enseñan

    como si no enseñaran

    les dijo a los niños, un día de otoño

    en medio del verde que te quiero verde,

    que ese día jugarían a ser Dios

    y que cada uno podría pedir que se haga real

    el sueño más loco, ese que ni se atreven a soñar

     

    y dicen,

    Digo

     

    que el primer niño la miro fijo

    y le pidió que vuelva la madre muerta

    y el otro le pidió que vuelva la madre

    que se había ido, dejándolos solos

    y que hubo una niña,

    que solo le pidió

    volver a recordar la madre

    porque se le había olvidado

    en los cinco años que no estaba

     

    y dicen,

    Digo

     

    que el siguiente niño la miro altivo

    y le pidió trabajo para el papá

    que estaba harto de bolsas y cajitas

    y el otro dijo que quería veinte pesos

    para poner carne al guiso que

    desde Navidad solo fideos y fideos

     

    y dicen,

    Digo

     

    que el último que habló,

    los demás no se animaron,

    primero pidió una cama para dormir solito,

    sin sus seis hermanos con él

    y que después pensó y pidió

    una casa nueva para su familia

    que no sea el rancho de siempre

    y al final, como si hubiera encontrado

    en el aire la solución

    de todo

    los ojos le brillaron cuando

    dicen que dijo,

    le cambio todo

    por trabajo para papá

     

    y dicen,

    Digo

     

    que aquella maestra

    que había recortado con amor figuras

    de juguetes y caballitos blancos

    de una cocina y de cinco pelotas,

    para repartir al final del juego

     

    comprendió que había aprendido

    la lección que solo Dios te puede dar

    y que el viejo alemán

    le copió hace un siglo

     

    antes de jugar y de cantar

    antes de bailar y de reír

     

    los niños necesitan una mamá

    y un papá que tengan

    trabajo y casa

     

    una cama con un oso en lugar

    de almohada

    y un trabajo de esos

    que los niños sueñen con tener

    cuando sean grandes

     

    dicen

    Digo

     

    Que cuando los niños juegan a ser Dios

    son más niños que nunca

    porque al darles la posibilidad

    de cumplir cualquier deseo

    se muestran en su fulminante inocencia


  • Foto0675Invitado por el Presidente del Tribunal Oral en lo Penal Número Uno de La Matanza, Dr. Alfredo Drochi, el secretario nacional de la Liga, José Ernesto Schulman, visitó en el día de hoy la Unidad 39 Ituzaingó del Sistema Penal provincial, pudiendo recorrer la cocina, diversas instalaciones y conversar libremente con un grupo de reclusos por lo cual agradecemos al Director del Penal, el personal penitenciario y especialmente al Juez Alfredo Drochi.

    Como un breve resumen, y adelanto del informe que la Liga elevará a la Comisión contra la Tortura de la Comisión Provincial de la Memoria de la Provincia de Buenos Aires, podríamos señalar lo siguiente

     

    a)      Es evidente la aplicación de un ajuste presupuestario que limita seriamente la provisión de alimentos para la población penal.  Según sus autoridades, y los documentos que mostraron, desde hace más de un año que no se compra ni pollo ni huevos, hace pocos días estuvo interrumpido el suministro de carne vacuna por cinco días y el suministro bajó en solo seis meses de un promedio de 500 grms. por interno (considérese que se cuenta la carne con hueso a granel) a 350 grms. luego y a 180 grms en estos días lo que sumado a que la Cámara de Conservación de Vegetales está averiada (no produce frio por una perdida de gas en su cañería) hace que la comida se reduzca a una sopa o guiso con muy poca carne, batatas y fideos, condimentado por tomates en conserva o en salsa; sin vegetales frescos ni fruta. De esta manera, la alimentación de la población penal queda librada a la provisión de alimentos que puedan llevar sus familiares, en el caso de los que viven cerca y tengan capacidad económica de ayuda

     

    b)      No existe un sistema medico efectivo, ya que las guardias medicas de 24hs. no se cumplen diariamente, sino cuando vienen los médicos del Servicio de Salud; y cuando no vienen, solo hay un enfermero para los casi 700 internos y el personal penitenciario.

     

    c)      En la pizarra del director del penal se confirma lo que la Liga ha denunciado sistemáticamente junto a otros organismos de derechos humanos y entidades especializadas: la mayoría de los internos no tiene condena (en este caso son 444 sobre  658) y la mayoría de los condenados han pasado por los llamados “pactos” o “juicios abreviados” que no son exactamente juicios, procesos donde se ponga a debate la inocencia o culpabilidad del acusado, sino simplemente son “negociaciones” sobre el monto de la pena, que a tenor de lo escuchado en el día de hoy semejan más “contratos de adhesión” que “acuerdos libremente concertados” dado que la inmensa mayoría de los condenados no tuvo una defensa profesional ni adecuada ni comprometida con la verdad.

     

    d)     En Ituzaingó también actúan a voluntad las llamadas Iglesias Evangélicas, que no tienen relación con ninguna de las Iglesias provenientes de la tradición luterana, sino que son más bien “grupos de acción” que disciplinan a los internos mediante prácticas culturales que impulsan la resignación y el sometimiento del débil al poderoso, y no la conformación de una identidad democrática verdadera, que para ser tal, tiene que estar basada en un pensamiento crítico y culto.

     

    Por todo lo expuesto, en base a lo que pudimos comprobar por nuestra propia cuenta, se confirman los diagnósticos que hablan de un verdadero colapso del sistema penitenciario provincial, que excede en mucho lo que pueda o no pueda hacer el personal y/o dirección de uno u otro penal, debiendo ser ésta, la situación de los ciudadanos pobres, alojados en cárceles para pobres y por ello construidas y sostenidas con mínimo presupuesto, una de las preocupaciones centrales de una reforma judicial que deberá remover la corrupción y cultura represiva que han sostenido este sistema desde siempre, que se potenció de un modo extremo en los años del Terrorismo de Estado y que –paradójicamente- no ha dejado de crecer en los años de vigencia de las normas constitucionales para la elección de las autoridades y otros aspectos importantes de la vida social, pero que todavía esperan el momento de su aplicación para otros muchos aspectos, que como el del sistema penitenciario, o la persistencia de prácticas represivas y violatorias de los derechos humanos por parte de las fuerzas policiales y de seguridad.

    La Liga Argentina por los Derechos del Hombre seguirá haciendo esfuerzos por estar al lado de los que sufren la falta de justicia y la violación de sus derechos, dentro y fuera de las instituciones penales, sea quien sea el responsable de tales violaciones a la dignidad humana