• curroSi algo está en disputa en la Argentina son las palabras, ese territorio de significación y resignificacíón de nuestra historia, la reciente y la pasada. Uno de los efectos más ocultos del genocidio sufrido por nuestro pueblo es la desaparición de algunas palabras por algunos años y la posibilidad que tiene la derecha de disputar y resignificar cada una de las palabras que fueron bandera y construcción popular.La impunidad, falta de castigo según la Real Academia Española, fue la acusación con que sostuvimos treinta años de lucha contra los torturadores, asesinos, desaparecedores y los organizadores, legitimadores y beneficiarios de los crímenes horrendos cometidos por el Estado Argentino (y por Estado entendemos no  solo las fuerzas autorizadas a matar, sino también los operadores judiciales y demás funcionarios que administraban cárceles, cementerios, hospitales, etc. que participaron en el plan de exterminio) hoy pretende ser un agravio que sufren los poderosos, los que siempre ejercieron el dominio sobre los bienes y los habitantes de la Nación.Conviene entonces, traer a colación un simple caso de impunidad de los crímenes del Terrorismo de Estado que asombra por la desfachatez con que se la perpetua.

    En los años del Terrorismo de Estado, un grupo de tareas reportaba a Inteligencia de la Policía Provincial de Santa Fe aunque se encuadraba en el accionar más integral controlado por el II Cuerpo del Ejercito. En la ciudad de Santa Fe, el grupo estaba dirigido por Osmar Rebechi y compuesto por Eduardo “Curro” Ramos, Juan Eduardo González y Víctor Cabrera. Todos ellos fueron denunciados en 1999 ante la Audiencia Nacional Número Cinco de Madrid y en el Jury de destitución del entonces Juez Federal Víctor Hermes Brusa (el 31 de marzo del 2000 el Consejo de la Magistratura destituyó por vez primera a un Juez Federal, era Brusa). La misma denuncia se reiteró en mayo de 2002 en los inicios de la causa judicial que culminaría (¡Ohh, el poder de Brusa para frenar la causa judicial con la complicidad de jueces, conjueces y abogados santafecinos!) recién en diciembre de 2009 con la condena del mencionado ex Juez Federal y un grupo de represores donde figuraba Eduardo Ramos, pero solo Ramos,  ya Rebechi había fallecido impune y de los otros ni noticias. La sentencia fue confirmada por la Corte Suprema y está firme.  ¿Por qué razón nadie nos escuchó cuando decíamos sus nombres?   Nadie lo sabe, pero en el juicio oral, una y otra vez los sobrevivientes de La Cuarta que habían sido torturados por el Grupo de Tareas volvían a enumerar el total de los nombres de modo tal que en la sentencia se ordenó a la fiscalía que “investigara” las denuncias (que habían sido receptadas en sede judicial ¡en el 2002!).

    La espera del accionar judicial se hizo penosa y estéril, hasta que hace algunos años recibí por una vía, que por ahora no podemos revelar, información detallada que suministramos a la fiscalía insistiendo en que cumplan su función y soliciten la indagatoria de los torturadores (por un segundo, les ruego que piensen en otros accionares fiscales y comparen para saber de qué hablamos cuando hablamos de impunidad, ¿si?) hasta que en ¡abril de 2014! el fiscal Walter Rodríguez le pide al Juez Federal de Rosario Carlos Vera Barros que cumpla el viejo pedido de los sobrevivientes;  en el grupo de tareas había cuatro torturadores, no uno, ¿tan difícil es entender eso?.  El juez rosarino, no contestó y el fiscal Rodríguez reiteró el pedido de indagatoria en otras dos ocasiones, la última el 4 de febrero pasado. Todavía no contestó. No tiene apuro. El lector atento preguntará: ¿y  por qué un fiscal de Santa Fe se dirige a un Juez de Rosario?, pues porque en su momento como nadie quería juzgar a Brusa, se despedazó la causa y una parte fue a parar al despacho de Vera Barros, que parece ignorar que la tiene en algún cajón.

    El grupo de tareas me secuestró dos veces, en octubre de 1976 y en noviembre de 1977. La segunda vez casi me mata. Literalmente. Entre otras acciones, durante horas alguien me golpeaba sistemáticamente en el hígado para reventarlo. A pesar de mi peso y altura, volaba por la habitación de la Cuarta como una almohada. Al salir, un medico forense constató las lesiones y advirtió que había estado a muy poco de perder el hígado. Hace poco, alguien muy allegado a uno de los torturadores impunes me contó que en su juventud ( o sea en 1977), el hombre era boxeador y volvía a su casa con joyas y relojes de regalo para su familia (el botín de guerra, decían los de la patota en sus payasadas).  Pero el juez Vera Barros estima que no se ha conformado la prueba suficiente.  No para condenarlos, no para llevarlos a juicio oral, no; ni siquiera considera suficiente el testimonio de veinticinco sobrevivientes para llamarlo a indagatoria.  De este tipo de impunidad no se habla en algunos medios. Por ello es nuestro el deber de defender la memoria y vencer la impunidad. Como siempre.


  • El ocho de marzo de 1977,  Teresa Israel abogada comunista y militante de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre era secuestrada y sumergida en el circuito del terrorismo de Estado que desapareció a treinta mil compañeras  y compañeros de la más diversas manera de pensar, actuar y organizarse, pero todas y todos comprometidos con los sueños populares de liberación nacional y algún modo de vivir por fuera del capitalismo. Teresa pasó a ser, hasta hoy, una más de nuestros treinta mil desaparecidos.

    Teresa formaba parte de un grupo de esos treinta mil que hoy queremos recordar con particular interés: el de los profesionales del Derecho que en vez de poner su saber al servicio de los poderosos y represores, lo pusieron en la defensa de los derechos del pueblo y pusieron el cuerpo cuando llegó el momento de las bombas, los secuestros y detenciones ilegales. En el juicio oral por los crímenes cometidos en el circuito represivo conocido como ABO (Atlético Banco Olimpo), la sobreviviente Ana María Careaga testimonió haber visto a Teresa a quien pudo reconocer por ser la abogada defensora de su cuñado desaparecido.

    El próximo catorce de marzo desde las 17hs. nos convocamos en el Centro Cultural que lleva su nombre, en la esquina de Humahuaca y Acuña de Figueroa, donde su mamá Clarita daba apoyo escolar a los niños del barrio y hoy se siguen desarrollando actividades de educación y cultura popular. Nos encontraremos para rendirle homenaje, celebrar su vida y valorar su legado, que aspiramos a convertir en bandera de las nuevas generaciones que buscan Patria y Dignidad en el marco de la Patria Grande liberada.

    Para que cuando nadie se acuerde del nombre de los genocidas Videla y Suarez Mason, cuando ni polvo quede de los huesos del Turco Julián y los torturadores de Teresa, las niñas y los niños del barrio de Almagro sigan creciendo con el ejemplo luminoso de su lucha y la de cada uno de los treinta mil compañeros que seguirán vivos mientras vivan en sus corazones. 

    Así lo soñó Teresa, así lo estamos haciendo.

     

    CENTRO CULTURAL TERESA ISRAEL

    LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE

    Buenos Aires, febrero de 2015


  • descarga

       La Liga Argentina por los Derechos del Hombre acompañará a Ernesto De Marco, sobreviviente del Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio que funcionara en la ESMA en su declaración testimonial en el marco de la Causa ESMA II que se lleva a cabo desde hace más de dos años en Comodoro PyEn la mañana del Jueves 19 prestará declaración testimonial en la causa que tramita por ante el TOF n° 1 de la Ciudad de Buenos Aires el militante Ernesto De Marco, quien fuera secuestrado por quienes se identificaron como integrantes de la Policia Federal en marzo de 1978 en una pizzería del centro de la ciudad junto otros dos compañeros que militaban como él en el Partido Comunista.

    De Marco, pudo saber recién treinta años después de su secuestro y cautiverio ilegal, que había estado en la ESMA, gracias al trabajo del equipo de conservadores del Instituto Espacio para la Memoria (IEM), que en el año 2008 lograron dar con una inscripción, «De Marco PC«,  en el tanque de agua de la sección de “capuchita” en el más emblemático de los campos de concentración que la dictadura sembró a lo largo de toda la ciudad.

    Acompañarán al militante integrantes de la dirección y el equipo jurídico de la Liga, organismo que denunció el hallazgo junto con el referido IEM y que asumió la representación de la querella respectiva de De Marco por ante el Juzgado de Instrucción del Juez Torres en 2010, así como militantes actuales del Partido y la Juventud Comunista.

    De Marco, que fuera secuestrado a principios de 1978 junto con otros dos integrantes del Partido Comunista de nombre Ernesto Zarica y Julio Guevara, -ambos delegados gremiales de la Empresa estatal de correos ENCOTEL- cuando estaban preparando una reunión para reclamar aumento salarial para los trabajadores. Los militantes fueron llevados a la Comisaría 1era. sita en la calle Lavalle, aunque después De Marco fue trasladado a la ESMA donde sufrió un cautiverio de alrededor de diez días en el que fue sometido a distintos tormentos tales como el simulacro de fusilamiento  para ser finalmente liberado con evidentes signos de haber sido torturado en la localidad bonaerense de General Pacheco.

    El caso de De Marco y el hallazgo de la inscripción hecha aparentemente con un clavo en las instalaciones de la ESMA, dan cuenta del grave estado de impunidad que reinó durante muchos años y prueba que pasaron por el terrible CCDTyE muchísimos más compañeros que los que los registros oficiales y testimonios de víctimas sobrevivientes pueden dar cuenta.

    A la hora de valorar la incorporación de su testimonio oral en esta nueva etapa del juicio, De Marco puso de relieve la importancia de su citación para referirse al hecho de su secuestro y de hablar sobre los hechos relativos al secuestro de sus dos compañeros que fueron llevados con él, a la vez de señalar que la marca hizo en el sector “capuchita” del casino de oficiales de la ESMA tuvo que ver con su necesidad de señalar: “quien era y de que partido era” ante la presunción de que perdería la vida.

    Bs. As. 18 de febrero de 2015

     


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    Al tomar conocimiento de las maniobras judiciales y extrajudiciales por las cuales el Gral. Milani agrede a los familiares del compañero Ledo, amenaza a las abogadas Reinoso y monta una provocación que procura privarlas de su matricula profesional como modo de amedrentar a quien se atreva a cuestionar la impunidad que lo protege, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre se solidariza con la familia Ledo y con las compañeras abogadas María Elisa y Viviana Reinoso en primer lugar

    En segundo lugar se dirige a la Procuración General de la Nación y su Unidad Fiscal para Delitos de Lesa Humanidad a fin de que de manera urgente provean las acciones necesarias para que los fiscales abocados a las causas donde se investigan los crímenes de Milani y sus cómplices dejen de actuar  como parte de la defensa y se aboquen de verdad,  a la persecución penal de los acusados de los horrendos crímenes por los que está acusado el Gral. Milani

    En tercer lugar solicitamos del Ministro de Defensa, Agustín Rossi que tome las medidas correspondientes, que le incumben por su cargo y  responsabilidad a los fines de que el Gral. Milani deje de utilizar su cargo, los agentes de Inteligencia Militar y el presupuesto que le provee el Ministerio a su cargo, para montar operaciones de provocación contra los familiares de las víctimas de delitos de lesa humanidad y las abogadas defensoras de los derechos humanos de la provincia de La Rioja.

    Del mismo modo, corresponde a la titular de la Defensoría Pública, Dra. Stella Maris Martínez, instruir al defensor público actuante para que cese de realizar chicanas jurídicas tendientes a perpetuar la impunidad de un Estado que desde hace casi cuarenta años está en mora con la familia Ledo y el pueblo riojano.

    Está en manos del Ministro Rossi, de la Procuradora General de la Nación Carbó y de la titular de la Defensoría Publica Martínez demostrar que son ajenos a las  maniobras de impunidad que ejecuta el Gral. Milani desde el alto cargo militar que el Congreso de la Nación a propuesta del Poder Ejecutivo, le ha confiado.

    No estamos dispuestos a regalar cuarenta años de lucha contra la impunidad por supuestos beneficios políticos de contar con un militar de esta calaña al frente del Ejercito.  Un represor que no solo no se arrepiente sino que sigue agraviando y amenazando a las víctimas, sus familiares y abogados defensores de los derechos humanos.  No es poco lo que hace el Gral. Milani por la impunidad de sus pares, y la de él mismo

    Respaldamos totalmente la denuncia de los familiares de Ledo cuando dicen  que el jefe del Ejército, Teniente General César Milani, hostiga a sus abogadas defensoras con el objetivo de sacarlas de la causa que se tramita en Tucumán por la desaparición del soldado Alberto Agapito Ledo, en la que Milani es uno de los principales involucrados.     Graciela Ledo, hermano del soldado, señaló que el defensor oficial ad hoc, Adolfo Bertini, por orden de Milani, presentó una denuncia penal «contra nuestras abogadas Viviana y María Elisa Reinoso, para que tengan temor y se retiren del caso. La denuncia es por el presunto hostigamiento a un testigo favorable a Milani que no tiene nada que ver con la realidad con sus falsedades y con todo esto van dilatando la causa». «Milani se siente muy fuerte y muy poderoso. Ya nos amenazaron con las llamadas telefónicas y ahora con nuestras abogadas, pero nuestras abogadas no tienen miedo. Esto también tiene que ver con dilatar la causa, porque los jueces, teniendo todos los elementos y las pruebas no lo están llamando a indagatoria, se lo está protegiendo», agregó la hermana del soldado.  Relató además que el lunes las abogadas fueron a Tucumán y «se enteraron que el fiscal había pedido una semana de licencia, y el defensor de Milani recusó al fiscal reemplazante y le piden urgente el expediente, y no sabemos cuál es el objetivo, nos extraña mucho esta actitud».  «Para nosotros, -apuntó Graciela Ledo- Milani es una persona protegida y goza de total impunidad de los tres poderes: del Ejecutivo que lo propone, del Legislativo que le aprueba los pliegos y del Poder Judicial permitiendo todas sus cuestiones y que no procede», destacó.   También denunció que las causas en La Rioja contra el jefe del Ejército están paralizadas. «Las cuatro causas; dos de Ramón Alfredo Olivera, la causa de Plutarco Schaller y de Verónica Matta, no se mueven por que no les asignan fiscal; el fiscal federal Enrique Salman se inhibió y después no designaron otro fiscal”

     

     


  • pedrito

    para Rosa, Luis y Francisco

    en memoria de Pedrito

     

    Es extraño como los olores pueden ordenar la memoria y los afectos.

    En el centro clandestino La Cuarta, un compañero se salvó de otra paliza por el mal olor de sus zapatillas.  Resulta que como no lo dejaron ir al baño por varios días terminó cagando en una de sus zapatillas pensando en limpiarla la primera vez que accediera al agua; pero lo llamaron al rato para “interrogarlo” y por más que quisieran los tipos no se bancaron el olor a mierda que él despedía y lo despacharon en mucho menos tiempo de lo que habían pensado.  Y con ello se salvó de algunos cientos de kilovatios, patadas y otras delicias de la Inteligencia en acción.

    Fue cuando el Mono me contó eso que caí en la cuenta que el olor es una categoría política.

    Hay olor a pobre, hay olor a indio, y también olor a viejo.

    Hace unos años tuve un encuentro con estudiantes de un colegio secundario de la zona de Liniers, muy cerca de la cancha de Vélez Sarfield.  El tema era la diversidad cultural y yo les conté la historia de la dominación americana por parte de los españoles, los ingleses y los yankees, y de la construcción de la discriminación contra los que se busca doblegar, dominar. Costó bastante pero al final logré establecer un dialogo bastante sincero con los muchachos y muchachas. Reconocieron que les molestaban los migrantes de los países vecinos, particularmente los bolivianos. Y de los jóvenes bolivianos les molestaba el olor a ser humano. Es decir, el olor de las personas que no usan desodorante ni perfumes como la mayoría de los argentinos, sean pobres o ricos.

    Por eso en nuestra memoria los olores ordenan imágenes y recuerdos, placeres y dolores  y es que los olores no son neutrales. Como casi todo en la vida.

     

    Hoy al salir de casa, en la verdulería del boliviano Andrés había un cajón de papayas maduras. Y para mi, desde hace unas semanas, el olor de la papaya me lleva a Guatemala. A su mercado frente a la catedral y a la mesa de Rosa en el desayuno. La papaya me hace pensar en esas mujeres vestidas con sus ropas, las que ellas mismas hilan y cosen, multicolores y hermosas. En la selva y la cultura maya. En la gloria de aquella civilización que en el siglo VII creó una ciudad de 80 mil habitantes donde hoy solo hay selva y construyó un calendario más preciso que cualquier otro de la antigüedad. Pero la papaya, dulce y cremosa, me remite a la tragedia guatemalteca, esa que casi no conocemos por esa manía argentina de ser los mejores y los más grandes del mundo. En el futbol, en el teatro y hasta en el sufrimiento por el terrorismo de Estado. El justo orgullo por las conquistas en la lucha por la verdad, la memoria y la justicia a veces se transforman en un nacionalismo de pacotilla que  puede llegar a ignorar los otros genocidios y que de tanto mirar al pasado no puede ver el presente. Digo, no ven a los más de 9500 presos políticos colombianos ni a los perseguidos/estigmatizados/asesinados de Paraguay, Honduras o Guatemala.  Los procesos genocidas que se perpetúan en la impunidad y se continúan en el asesinato selectivo y constante de los dirigentes populares que pretenden cuestionar el dominio omnímodo de un bloque social que contiene a los viejos oligarcas y las más modernas empresas transnacionales junto a los militares e intelectuales que sostuvieron aquellos años del lobo.

     

    En Guatemala perpetraron un Genocidio.  Destruyeron varios grupos de modo tal que la sociedad toda perdió su identidad en formación. Esa que se intentó democrática y plural en el corto periodo que va desde la destitución del Dictador Ubico y el comienzo de la Revolución en Octubre de 1944 hasta el Golpe de Estado organizado y protagonizado por la CIA y los grupos fascistas en 1954 contra Jacobo Arbenz quien había intentado la Reforma Agraria, la legalización de los partidos políticos (incluido el comunista Partido Guatemalteco del Trabajo), el fin de la servidumbre y el trabajo obligatorio de los indios en las plantaciones de café, tabaco y banana, la autonomía de la Universidad San Carlos y algunas otras pocas reformas democráticas y anticolonialistas desde una mirada lejana y desde el siglo XXI. Pero en los cincuenta, la combinación del racismo brutal heredado de la Inquisición Española y el predominio del pensamiento anticomunista en la versión patológica y paranoica que generó el Macartismo en los EE.UU. de los años del comienzo de la Guerra Fría, generó una mirada sobre Arbenz y sus pocos amigos comunistas desproporcionada y que disparó la preparación del segundo golpe en forma que preparó la CIA (el 1º fue en Irán en 1953 para voltear el Primer Ministro  Mohamed Mossadeq) articulando todo tipo de medidas: económicas, diplomáticas, militares y de acción psicológica que contó con radios clandestinas (como la que luego montarían contra la Cuba revolucionaria) y una invasión armada de mercenarios sostenidos por la CIA en un formato que se consolodiría en un «clásico» para la CIA.  El primero en asumir el gobierno dictatorial fue el fascistal Coronel Carlos Castillo Armas que volteó todas las reformas democráticas y lanzó la persecusión contra comunistas y partidarios de Arbenz, gobernó desde julio de 1954 a julio de 1957 fecha en que fue asesinado para que el Coronel Luis Arturo González López asumiera el gobierno hasta octubre del mismo año en que asumió el Coronel Guillermo Flores Avendaño hasta marzo del siguiente año en que asumió un General, José Miguel Ramón Ydigoras Fuentes que duró hasta marzo de 1963 en que otro golpe lo desplazó por Alfredo Enrique Peralta Azurdia que solo gobernó hasta que en julio otro Golpe llamó a “elecciones” para que un civil Julio Cesar Méndez Montenegro, luego de firmar un Pacto Secreto de subordinación al Ejercito, asumiera hasta 1970 en que lo reemplazó otro General, Carlos Arana Osorio hasta 1974 para dejar paso al General Kjell Eugenio Laugerud García que duró hasta 1978 en que otro General, Fernando Romeo Lucas García lo hace hasta que en 1982 asume el más brutal de los genocidas, acaso el más conocido por sus masacres, el General Efraín Ríos Montt que aunque solo gobierna 16 meses ejecuta las más extendidas y masivas masacres contra la insurgencia y los pueblos mayas (20 mil asesinatos o desapariciones forzadas, 324 masacres, 600 comunidades de pueblos originarios destruidas y unos 90 mil refugiados internos que se suman al millón de desplazados. Ríos Montt fue desplazado por otro golpe de estado que puso a Oscar Humberto Mejía Victores quien sancionó una nueva Constitución y llamó a elecciones para que ganara un democristiano, Virginio Cerezo en 1986 y diera comienzo a la “transición” hacia el convenio de paz que se firmaría en 1997.   Si pensamos que los españoles aplastaron la cultura maya y que la Independencia de 1821 agravaría las condiciones de vida de los pueblos originarios al abolir algunas “capitulaciones reales” que daban un mínimo pero real espacio de autonomía en los pueblos de indios; y si desde 1871 en adelante solo habrá gobiernos autoritarios, racistas hasta el paroxismo comprenderemos la extrema importancia que tienen esos diez años que los guatemaltecos llaman la Revolución: entre 1944 y 1954; y si pensamos que lo primero que hace Castillo Armas, el hombre de la CIA para el golpe es anular la Reforma Agraria que había afectado la United Fruit Company (cuyo presidente era hermano del vicepresidente de los EE.UU.), la autonomía de la Universidad San Carlos y anular el derecho al voto a los analfabetos que eran al menos dos tercios de los pueblos originarios, nos estaríamos acercándonos al meollo de la cuestión.

     

    En Guatemala hubo un Genocidio. Doscientos mil muertos. Cuarenta y cinco mil desaparecidos. Se exterminó la insurgencia en varias oleadas represivas cada vez más brutales y masivas.  La primera oleada aplastó la sublevación armada de las Fuerzas Armadas Rebelde conformada por militares partidarios de la Revolución del 44 con apoyo comunista; luego se aplastó el movimiento social a finales de los 70 y la nueva ofensiva guerrillera de 1981/1982 del Ejercito Guerrillero de los Pobres y de la Organización Revolucionaria del Pueblo.   También  se aplastó casi hasta la desaparición del Partido Guatemalteco del Trabajo (comunistas), de la Organización Revolucionaria del Pueblo (ORPA) y del Ejercito Guerrillero de los Pobres quienes en 1982, en el momento de cénit de la lucha guerrillera se habían agrupado en la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca.  Se aniquiló el movimiento sindical, estudiantil y campesino de modo tal que algunas organizaciones actuales como la Asociación de Estudiantes Universitario (AEU) portan el nombre de lo que fueran organizaciones de combate, cuyos dirigentes fueron asesinados como el caso más notorio de Oliverio Castañeda de León (1978), pero no tienen relación alguna con aquella lucha. El método de de enfrentar el desafío revolucionario fue el del exterminio total.  En 1965, solo dos años después del comienzo de las acciones de resistencia armada impulsadas por las Fuerzas Armadas Rebeldes creadas en 1963 por oficiales partidarios de Arbenz en acuerdo con los comunistas, el Ejercito secuestró el Comité Central completo del PGT y lo asesinó: 28 compañeros.  Ese fue el estilo hasta el final. Secuestro del Comité Central Confederal de la Central de los Trabajadores y todos asesinados. Ocho de los diez primeros organizadores de Famdegua (organismo similar a Madres o a Familiares de Argentina) asesinados de manera salvaje, todos torturados incluidos niños de tres años que aparecían con los dedos mutilados. La dimensión del exterminio de la izquierda no se puede separar de la subordinación económica, política y cultural de las elites guatemaltecas a los EE.UU. y de la visión anticomunista paranoica que prima allí en los cincuenta.  El Genocido es incomprensible sin pensar el  impacto del triunfo de la Revolución Cubana y el fracaso de la invasión de Playa Girón en los sesenta.  Y para nada es casualidad que Ríos Montt aparezca en 1982 ,solo tres años después del triunfo de la Revolución Sandinista en la cercana Nicaragua.   Solo desde la dimensión continental de la Operación de Contrainsurgencia se puede entender el Genocidio en toda América Latina y también en Guatemala.  Un genocidio que posiblemente comenzó justamente con el golpe contra Arbenz en 1954 y prosiguió hasta el fin del conflicto armado en la misma Guatemala en 1997 cuando los yankees se creen que la victoria en la Guerra Fría ha eliminado el comunismo, las ideologías y hasta el campo de las reformas socialdemócratas. Igual que el Paraguay de Stroessner, el máximo orgullo de los militares y las elites chiapinas era proclamarse campeones del anticomunismo. Valga pues, una mirada de reconocimiento y valoración hacia todos los que sostuvieron el ideal revolucionario en Guatemala en condiciones tan extremas pero valga un reconocimiento especial a esos pocos cientos de militantes del Partido Guatemalteco del Trabajo que mantuvieron la bandera del comunismo en alto a pesar de la histeria anticomunista.  Recordemos por ahora al fundador del Partido, José Manuel Fortuny y el nombrado Oliverio Castañeda de León, militante de la Juventud Patriótica Guatemalteca.

     

    En Guatemala hubo un genocidio. Doscientos mil muertos y cuarenta y cinco mil desaparecidos. Pero de ellos, tres de cada cuatro pertenecían a los pueblos originarios. En Guatemala hubo dos genocidios si se quiere decir de esta manera: uno, el mismo que se extendió hasta la Patagonia chilena y argentina en el sur del continente, contra todos aquellos que proponían superar el capitalismo y constituían un escollo serio al nuevo modelo de desarrollo capitalista que se buscaba imponer desde Washington y las oligarquías locales; y otro un Genocidio étnico, una limpieza racial que buscaba completar lo que el Español no terminó en el siglo XV: liquidar los pueblos mayas, borrarlos del mapa social y geográfico. Porque molestaban  para el despliegue de algunos emprendimientos mineros, enérgeticos o agrarios (molestía que persiste y explica el nivel de represión hacia los pueblos originarios de estos días), pero sobre todo por racismo, por la intolerancia hacia el  llevada a la locura de asesinar miles y miles de mujeres, de partir las cabezas de los niños para que corra la sangre como agua hacia el mar, de esclavizar mujeres como esclavas sexuales por años o niños como sirvientes. Sin ese componente racista no se puede entender la decisión de exterminar toda comunidad que hubiera entrado o que ellos pensaran que había entrado en relación con la insurgencia.

     

    Digo, no puedo entender el genocidio guatemalteco sin pensar en el olor.  En eso que molesta a los estudiantes del colegio de Liniers de los compañeros bolivianos.  Si en un barrio limítrofe de la Capital Federal, un grupo de estudiantes se molesta por el olor de los hermanos bolivianos, qué les pasaría a los ladinos guatemaltecos al ver las mujeres mayas con sus polleras de colores? Por eso, escribí estas líneas inspirado en el olor de la papaya que trajo mi verdulero boliviano. Y no puedo terminar sin recordar a mi hermano guatemalteco asesinado en 1984 con quien estudié en Moscú en 1970, a su memoria dedico estas líneas que buscan convencer que hay mucho que aprender del genocidio guatemalteco. En memoria de Pedrito.

     Dicen que debajo de esa bandera

    dentro de ese pequeño cajón,

    están los huesos de Pedro.

    Dicen 

    que su hija menor, 

    que creció sin conocer la historia

    tomó la bandera de su padre

    y la puso sobre la caja de madera

    donde reposan 

    los huesos de Pedro.

    Dicen 

    que cuando lo atraparon

    manoteo su 38 y opuso resistencia

    cumpliendo con aquella promesa

    de una tarde de nieve 

    cerca de la Plaza Roja

    doce años antes de aquel instantes

     Entonces,

    gritó seremos como el Che

    o al menos,

    corregí yo, como el Che

    quería que fueramos

    Dicen 

    que lo mataron 

    a los veinticuatro días:

    o sea, el 29 de marzo 

    de 1984

    Así escribieron los militares

    guatemaltecos

    tan prolijos como todo

    militar latinoamericano

    en eso de asesinar 

    militantes

    Dicen y dicen

    porque yo no lo vi más

    desde aquella tarde de nieve

    No lo vi

    cuando cruzaba fronteras

    con nombre falso

    y bigote recortado

    No lo vi

    cuando entró a su

    Guatemala

    y se puso a pelear

    justo cuando aquí

    caían dictadores y volaban 

    Allendes por el cielo

    No lo vi 

    cuando  volvió a cambiar de nombre

    tantas veces que ni él se acordaba quien era

    Pero ahora recuerdo

    que aquel 29 de marzo de 1984

    me tomé un par de vinos 

    con el Tito, el Carlos y el Tato

    que eran buenos 

    en eso de ponerle al pueblo

    uniforme de pueblo,

    y salir a pasear con las banderas

    en alto.

    Banderas como esas

    que la niña de Guatemala

    criada en el país de los gringos

    dobló con amor

    para poner sobre la caja 

    de los huesos de su padre

    Mi amigo guatemalteco

    perdido en la noche, 

    que recuerda la culpa de estar vivo

    y no ser, como él,

    un puñado de huesos

    dentro de una caja

    bajo una bandera


  • KOSTEKI.2

    «tal vez no registraron en el hospital público las huellas dactilares,
    es un tema que ha sido más hospitalario que otra cosa»
    Ricardo Casal, Ministro de Justicia de la Provincia de Buenos Aires
    sobre el caso Luciano Arruga

    “estas personas, cuando salen a robar, dejan un tendal en la ciudad. La laxitud judicial
    así se lo permite. Generan delitos que son rápidamente excarcelables y,
    mientras esperan un juicio que nunca llega, siguen cometiendo delitos.»
    Sergio Berni, Secretario de Seguridad de la Nación
    sobre los migrantes pobres de la Patria Grande

    «Es importante el tema de la puerta giratoria: habrá prisión preventiva
    de acuerdo a la importancia del hecho, a la conmoción social que cause
    y también se tendrá en cuenta la reincidencia del autor»,
    Cristina Kirchner. Presidenta de la Nación
    pronunciándose contra el garantismo jurídico

    Para los cultores del “realismo” en la lucha política, aquellos cultores del respeto irrestricto de la “correlación de fuerzas” hasta reducir el accionar del movimiento social y político a la búsqueda de lo “posible” de alcanzar, nunca más de lo posible porque sería descabellado y terminaría “haciendo el juego a la derecha”, son días difíciles y ciertamente incómodos.

    Luego de diez años de Juicios contra los perpetradores del Genocidio y de construcción de políticas públicas de Memoria y de auto erigirse en el modelo de respeto a los derechos humanos, la parte mayoritaria de la fuerza política en el gobierno comienza a asumir sin culpas ni complejos el discurso por medio del cual la derecha clásica y nostálgica resistió esas políticas de Juicios y Memoria hasta lograr instalar en la agenda social su propia secuencia de la historia reciente.

    Para quienes luchamos por la verdad, la memoria y la Justicia desde siempre (al menos desde 1937 los militantes de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre) la secuencia histórica que defendimos en los juicios ha sido la de injusticia social / resistencia popular y generación de proyectos colectivos de transformación revolucionaria / represión genocida y reorganización profunda y sistémica del tejido social y de la estructura económica, la cultura y el resto de la vida social. Somos una sociedad post genocidio y la impunidad mantenida por décadas, la injusticia social derivada del dominio resultante de aquel genocidio en las condiciones de débil recuperación de los proyectos colectivos abrió espacios por los cuales un nuevo sujeto social de múltiples caras y cuerpos, fruto de la fusión de las mafias de la droga y la trata con altos sectores de las Policías y Fuerzas de seguridad más empresarios y políticos, ha ocupado vastos territorios geográficos y culturales instalando nuevas lógicas de supervivencia y de relacionamiento entre los habitantes pobres de la periferia de las grandes y ricas urbes alimentadas a soja transgénica y corrupción.

    La derecha, en cambio, construyó otro relato en el que la secuencia es: la inseguridad es el resultado de la acción delincuencial, la misma está facilitada por el “garantismo judicial” (la “puerta giratoria”) que es el resultado de la decisión de los Montoneros en el gobierno de practicar la venganza contra quienes los vencieron en los 70; ese falso garantismo solo enjuicia a una de las partes (si hay juicios que sea contra todos, dice La Nación con persistencia) y ata las manos de la Policía que así perdió terreno contra la delincuencia, engordada por los extranjeros que vienen a robar porque aquí es jauja para ellos.

    Inhibida por la crisis estructural y casi total de finales del siglo XX, asustada por la irrupción popular en el diciembre de 2001, fracasado su intento de cortar el ciclo de luchas populares con el asesinato de Kosteki y Santillán en junio del 2002, la derecha se vio inhibida de desplegar su discurso por un largo periodo.  Resistió los juicios todo lo que pudo, pero fue vencida y como bien decía Foucault “el derecho genera verdad” y esa verdad vino a ratificar nuestro relato y no el de ellos. Pero no abandonaron la pelea. Se agarraron al hilo de la llamada inseguridad y tiraron de ella hasta desenrollar todo un nuevo discurso de la derecha que no dejó de tener efectos sociales muy tangibles a pesar de que desde el gobierno se decía y hacía (por un largo periodo) otra cosa.

    Es que la batalla cultural no es solo un descubrimiento de Fidel Castro o Hugo Chávez, es uno de los modos principales con que el bloque social que sostiene el capitalismo como civilización mundial, regional y nacional, defiende el status quo profundo, ese que se dirime en el carácter de la propiedad y del Estado, aquellas cuestiones que llevaron a Juan Gelman a recordar a Lenin en un poema suyo memorable donde estampó: todo es ilusión, menos el poder.

    Y es su poder el que han defendido y defienden.

    Ese que no cambió en lo fundamental a pesar de todo lo que pasó en diez años, y claro que pasó mucho más de lo que casi todos imaginábamos.

    Pero no cambió el poder y parece que sigue siendo cierto aquella verdad de que quien domina en el terreno de la economía domina en el terreno de las ideas. O para ser más precisos, tiende a dominar si no le oponemos una resistencia en forma.

    Qué hacer ante la apariencia de un péndulo que pareciera haber tocado su cenit y comienza su descenso cada vez con más fuerza y velocidad?

    Lo primero es trazar una correcta línea divisoria. De un lado los que quieren Patria y del otro los que quieren Colonia. Como en el tema de los buitres, o de la Deuda Externa en su conjunto.

    De un lado los que quieren Memoria, Verdad y Justicia y del otro los que quieren Olvido, Falsedad e Impunidad que ya es hora de acelerar los juicios antes que se mueran impunes los viejos asesinos y de juzgar al poder económico y al Imperialismo Yanqui que impulsaron y se beneficiaron del Genocidio

    De un lado los que queremos ampliación de derechos e integración de los pueblos de la Patria Grande por el camino de la solidaridad irrestricta entre los que luchamos por el mismo sueño independentista de Bolívar, San Martín, Sandino, Guevara y Chávez; y del otro los que construyen un nuevo enemigo del “progreso” y de la “seguridad” estigmatizando a los migrantes, descalificando el garantismo jurídico y propiciando más mano dura que –deberían admitirlo sin ambages. es el camino directo para más Julio López, más Luciano Arruga y más causas armadas contra los pibes pobres de las barriadas populares.

    Y que los de este lado defiendan sus verdades y principios sin asumir el discurso de la derecha clásica, porque es el comienzo de la derrota en todas las líneas, aunque en las urnas parezca que ganemos.

    Hace muchos años que aprendimos que la victoria y la derrota son algo más relativos de lo que parece. Porque Raúl Sendic, el revolucionario uruguayo enterrado por años en un pozo, saliendo indemne de su suplicio es mucho más victorioso que el funcionario progresista que asume el discurso de la derecha para conservar su cargo.

    Nunca las cosas fueron fáciles para los que quieren humanidad para los seres.

    Estos tiempos son excepcionalmente difíciles y requieren lo más difícil de todo: que sigamos siendo nosotros mismos, no importa las condiciones adversas que vengan. Como nos lo enseñaron los treintamil que prefirieron seguir siendo ellos mismos a traicionarse y vivir una vida que no era la suya. Ser nosotros mismos es hoy la táctica más realista y posible, y la más eficaz de todas.


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    La Liga Argentina por los Derechos del Hombre expresa su más enérgico repudio a la larga trama de complicidades estatales que permitieron el secuestro, la tortura seguida de muerte y el ocultamiento del cadáver de Luciano Arruga por más de cinco años y ocho meses al tiempo que se solidariza con sus familiares, amigos y fuerzas sociales y políticas que han luchado todos estos años por la aparición con vida de Luciano y el fin de las criminales metodologías policiales que estigmatizan, persiguen y asesinan niñas y niños, adolescentes y jóvenes pobres con la complicidad de amplios espacios estatales.

     

    Como dijo su hermana Vanesa: “Encontramos a Luciano, ahora queremos saber la verdad”.

     

    La verdad sobre los episodios de detención ilegal y torturas que sufrió Luciano; la verdad sobre los hechos de aquel 31 de enero y sobre todos estos largos años de ocultamiento de la verdad por parte del Estado en todas sus dimensiones: municipal, provincial y nacional que cada cual tiene mucho que explicar y rendir cuentas sobre este caso y sobre una metodología de represión sistemática, masiva y selectiva sobre la porción pobre de la juventud de las barriadas populares.

     

    Porque no solo se trata de Luciano sino de decenas y cientos de casos similares. Porque todavía seguimos buscando a Julio López desaparecido por luchar por la Verdad, la Memoria y la Justicia que permitió conquistar los Juicios contra los genocidas de ayer.  Porque faltan Gabriel Blanco y siguen impunes los crímenes de Formosa contra el pueblo Qom, los del Parque Indoamericano o los últimos hechos de Lugano.

     

    La aparición del cuerpo sin vida de Luciano pone en evidencia indiscutible la continuidad de una metodología de dominación que hoy tiene como sujetos principales de ejecución a las fuerzas del Estado que portan armas (la Bonaerense, la Federal, la Gendarmería, la Prefectura, el Servicio Penitenciario Federal, todas las policías provinciales y las agencias de seguridad privada), buena parte del Sistema Judicial (particularmente los Servicios provinciales de Justicia) los que actúan articulados con las mafias delictivas que trafican drogas y seres humanos y los punteros políticos que controlan zonas enteras de la Argentina del mismo modo que los narcos controlan espacios territoriales de Colombia o Paraguay.

     

    La subestimación de estos temas por parte de las administraciones nacional y provinciales, las ingenuas ilusiones de resolver las continuidades del Genocidio con “protocolos” o “cursos educativos sobre los derechos humanos” tiene su parte de responsabilidad en este tema que amenaza con caotizar zonas enteras del país (como ya ocurre con barrios enteros de la ciudad de Rosario).

     

    Cuando secuestraron a Julio López (en setiembre de 2006) y muchos dijimos “Sin Julio López no hay Nunca Más”, nos trataron de exagerados y opositores sistemáticos.

     

    Cuando alertamos sobre el discurso represor que se despliega desde la Secretaría de Seguridad de la Nación, Antonio Berni, desde el Ministerio de Seguridad de la Provincia, Alejandro Granados, o sobre los proyectos de limitación del derecho popular a luchar por sus derechos, proyecto Kunkel/Conti a partir del discurso presidencial del 1º de marzo; no faltó quien prefirió seguir mirando el pasado y solazarse con los pasos que entre todos conseguimos dar en la lucha por recuperar los bebes robados por la dictadura o las condenas a algunos de los represores tratando de tapar el sol con las manos. O evitar mirar el presente atados al pasado.

     

    Ya es hora de abrir un debate nacional sobre el modo de terminar con la violencia institucional que es el nombre culto de las prácticas de Tortura en sede policial, penal y sitios de encierro; el armado de causas judiciales como método de “reclutar” delincuentes a las ordenes de los grupos mafiosos policiales; la ejecución sumaria y extra judicial de los jóvenes  (práctica bautizada como “gatillo fácil” por nuestro compañero Toto Zimerman); las acciones de estigmatización, intimidación y manoseo que ejercen cotidianamente las fuerzas estatales que ocupan vastas zonas del país.

     

    Es nuestro compromiso con Luciano, con su familia y con todas las víctimas de todas estas prácticas.

     

    dirección nacional de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre


  • iris-bailando1Cristina Guerra fue una de esas luchadoras de toda la vida.

    Digo, de las que peleaban antes de caer en cana; de las que resistieron en los Centros y circuitos clandestinos y de las que no aceptaron nunca ni la impunidad, ni la mentira y mucho menos el abandono de las banderas y sueños revolucionarios de su generación.

    Militante de la Juventud Comunista, enfermera, solidaria siempre, cayó en manos de los represores del Circuito Oeste y sobrevivió, pero no para lamerse las heridas mientras se justifica la complacencia con el injusto orden social, sino para vivir cada día con la misma pasión y enjundia revolucionaria del primer día.

    Gritona, calentona, la conocí en el local de la Liga un día que se reunían los sobrevivientes de Mansión Seré preparándose para testimoniar en su juicio.

    Solo contaré dos anécdotas que la pintan entera: de cuando declaró en el juicio oral y de cuando condenaron a los represores de la Esma

    Cuando llegó al primero juicio por Mansión Seré, Cristina se había retirado de la organización comunista y militaba en un movimiento piquetero; pero cuando habló en el juicio afirmó sin vacilaciones que había sido, era y sería toda la vida militante de la Juventud Comunista, de la Fede como se decía en los 70.

    Y cumplió.

    En sus pocas disposiciones necrófilas pidió que su feretro sea cubierto por las banderas de la Liga y del Partido Comunista; y que cantáramos La Internacional al momento de su viaje final.

    Y así lo hicimos.  Hay foto.

    También hay otra foto, de cuando bailó en la calle, frente a los Tribunales de Comodoro Py con su hermana Iris Avellaneda.

    Entonces escribí:

    Iris no danza sola

    No danza sola ni triste.

    En 1987, Sting, un maravilloso artista inglés, escribió una hermosa canción  dedicada a las madres que luchan contra la impunidad. Ellas bailan solas tituló a la canción porque creía, como muchos, que las madres estaban solas en su lucha. Pero no era así. Nunca ni para ninguna. Y mucho menos para Iris que no conoció la militancia por el dolor sino que conoció el dolor por la militancia. Larga, inclaudicable militancia revolucionaria por los derechos de todos y por la revolución socialista. Que eso era lo que soñaba el Negrito Avellaneda y casi todos los treinta mil. Y por eso Iris nunca estuvo sola, nunca bailo sola. No estuvo sola en el Campito de Campo de Mayo ni el penal de Olmos. No estuvo sola cuando salió ni cuando fue a Montevideo a buscar el cuerpo destrozado de su hijo. Y no estuvo sola en ninguno de los largos años de impunidad, como no estuvo sola aquel día de la condena contra Riveros y Verplaetsen.

    Otro grupo de represores, doce esta vez, han sido condenados a perpetua. Entre ellos nada menos que el ángel de la muerte, el símbolo más poderoso de la perversión fascista de la derecha argentina. Puede que alguno de ellos también se beneficie de las dadivas judiciales argentinas. No digo que sea seguro, pero digo que no es imposible. Pero ninguno podrá hacer lo que hizo Iris esa noche de octubre porteño. Bailar un chámame de festejos con su compañera de luchas, la Cristina que sobrevivió a la Aeronáutica en la Mansión Seré y que tampoco baila sola. Es que los que bailan solos no derrotan la impunidad. La victoria llegó de la mano de las que como Iris o Cristina o Taty o la Adriana o tantas y tantos de tantos y tantas organizaciones de derechos humanos, sindicales, sociales y políticos, saben que para la lucha como para el baile, siempre es mejor estar acompañado.

    Iris y Cristina  no bailan solas.

    Nunca estuvieron solas.

    Por eso vencerán.


  • Cuando niño, el once de setiembre tenía sabor a triunfo: no solo era feriado y no había clases sino que era el día del maestro, de Sarmiento, de la causa de la razón contra la ignorancia, de la Civilización contra la Barbarie.

    Eso duró hasta mi adolescencia en que comencé a dudar de la sabiduría y hombría de bien del maestro sanjuanino (“no ahorre sangre de indio” comenzaba a hacer ruido en mi despertar ciudadano comprometido con las causas libertarias) y cambió totalmente de sentido desde aquel 1973 en que el sueño del Socialismo en Libertad, por la vía electoral y respetando todas las reglas de la democracia representativa ( o sea, burguesa, formal, clasista y siempre frágil por voluntad del Poder real) desapareció junto con el derrumbe de La Moneda bajo las bombas pinochetistas.  Por qué se quedó Salvador en la casa de gobierno hasta su muerte?  Fue muchos años después que Eduardo Rosenzvaig resolvería el enigma con el ejemplo del maestro tucumano Isauro Francisco Arancibia: “es que hay veces en la vida en que hay que quedarse”.  Fucik lo había dicho unos años antes: héroe es el que hace lo que hay hacer en aras de la humanidad, no importan las circunstancias.  Lo que había que hacer era marcar el camino de la resistencia y las circunstancias que no debían importar era que estaban bombardeando y aseguraban asesinar al Compañero Presidente. Y muchos de nosotros entendimos el mensaje y, con toda la humildad que corresponde, procuramos resistir todo lo que pudimos cuando nos tocó el turno de quedarnos y hacer lo que había que hacer: luchar por la libertad de todas y de todos los secuestrados y presos políticos.

    En los ochenta, entendimos el significado histórico del once de setiembre de 1973 que era mucho más que el comienzo de un golpe de estado en un país donde los militares se decían “constitucionalistas”, era el comienzo de un ciclo de dominación continental en base al Terrorismo de Estado y la constitución de las condiciones para cambiar el modo de reproducción ampliada del capitalismo que mucho después llamaríamos neoliberalismo como si se pudiera vincular el ideario de la Revolución Francesa con el horror de Víctor Jara asesinado en el Estadio Nacional.

    Pero al inicio del nuevo siglo, la fecha pegó otro viraje y pasó a ser para los medios de comunicación el día del comienzo de la guerra contra el terrorismo mundial. El día en que el imperio recuperó un enemigo capaz de justificar el Acta Patriótica que renegaba de la Declaración de la Independencia de las trece colonias británicas en el norte de las Américas. El “Acta Patriótica” es el nuevo dogma burgués y se abre paso por los medios y las bocas más inesperadas. En la Argentina de los diez años de juicios, es Sergio Berni quien predica el odio al extranjero y la intolerancia hacia los que luchan, los terroristas del 2001, los indios del siglo XIX a los que detestaba Sarmiento.

    Mañana se conmemoraran las tres fechas en un solo día y cada uno deberá elegir cual de los once de setiembre vive. El de la constitución de la dominación cultural burguesa en la Argentina, el de la consumación del Golpe de Estado que inició un nuevo ciclo burgués en América Latina y el mundo o el de la fecha de comienzo de la era de la globalización sin otra súper potencia que frene a los yankees.

    Aunque también se puede pensar desde esta perspectiva y ver un mismo ciclo civilizatorio, el burgués, que atraviesa por diversas etapas y que se pone diversas mascaras según la ocasión.

    En todo caso, yo elijo estar del lado de los indios, de los patriotas chilenos y de los inmigrantes árabes perseguidos en todo el mundo por portación de facciones.

    Lo que no se pudo ni se puede ni se podrá es intentar estar de los dos lados. Con Sarmiento y con los indios, con Salvador Allende y con Pinochet o con los pueblos encarcelados en Guantánamo y el Pentágono.

    Aunque sea once de Setiembre, la historia sigue siendo la historia de la lucha de clases, de proyectos de vida, de posiciones éticas y de la distancia entre el decir y el hacer.

     

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