• Cada 24 de marzo es una oportunidad, y una exigencia, de pensar el balance de la lucha dada en procura de la vigencia de los derechos humanos. Sin lugar a dudas que este ha sido un año de grandes triunfos contra la impunidad de los que ejecutaron el plan sistemático con que se desplegó el Terrorismo de Estado en los 70 (comenzó con la Masacre de Ezeiza, siguió con la Triple A y se multiplicó con el Golpe de Estado).

    Los juicios no solo traen una brizna de justicia, no solo constituyen un modo de reparación moral y ético para las víctimas directas, sus familiares y el conjunto de las fuerzas que lucharon por más de treinta años contra la impunidad, sino que golpean la legitimidad cultural de un bloque político/social/empresarial/internacional que estuvo en el Poder antes del Golpe, que lo impulsó, legitimó  y se benefició de él.

    He ahí una de las razones más poderosas para el odio de los grandes medios, las embajadas imperiales, los grandes grupos económicos y sus intelectuales/políticos contra el proceso de cambios que se vive en la Argentina, más allá de las simplificaciones del tipo oficialismo/populista vs. oposición/republicana u otras construcciones simbólicas como las que pintan de un solo color al campo de los agredidos y cuentan una historia que excluye a buena parte de los que luchamos contra  el Golpe, contra la Dictadura y contra la impunidad todos estos años.

    Una vez más afirmamos que valoramos los Juicios habidos, más allá de sus límites –que denunciamos y combatimos cotidianamente- porque son los juicios que todos juntos conquistamos, porque nadie nos regaló ni nos regalará nada y porque si llegamos hasta aquí, hasta el punto en que los supuestos vencedores (o al menos algunos de sus jefes principales) han sido condenados penalmente o están en el banquillo de los acusados, nos hemos ganado el derecho a nuevas batallas por la verdad, la memoria y la justicia; puntualmente desde la Liga nos concentraremos en juzgar a los empresarios como Alfredo Martínez de Hoz, Magnetto y quienes componían los directorios de la Ford, de Ledesma, de la Fiat, de la Mercedes Benz, del City Bank y todos los que entonces impulsaron la liquidación de los derechos laborales y sociales, la privatización de casi todo y gestaron una Deuda Externa, tan ilegitima y sangrienta como la dictadura que la contrajo.

    Al ir por el juicio y castigo a los empresarios nos proponemos instalar en la agenda social una concepción de la reparación que no solo asuma el necesario castigo por los delitos cometidos contra los compañeros como seres humanos sino por el castigo por los delitos económicos sociales cometidos contra el conjunto del pueblo argentino: vamos por la recuperación de todo los que nos robaron durante la dictadura y su continuación putativa: el menemismo neoliberal.

    Durante este año de luchas hemos vivido una paradoja en dos sentidos y direcciones: los que se creyeron vencedores contra el pueblo en un enfrentamiento desigual y cruel, están siendo juzgados en la más absoluta soledad política; pero la democracia que supuestamente vino para negarlos asumió muchos  de sus relatos y concepciones al momento de considerar las necesidades populares y las luchas por asumirlas como derechos que el Estado debe garantizar.

    El asesinato de Mariano Ferreyra por una patota sindical protegida por la Policía Federal, los ataques salvajes de la Policía de Formosa contra la comunidad qom y la muerte de los López, la represión de la Policía Metropolitana y la Federal contra los ocupantes del Indoamericano, la persistencia de la tortura en las cárceles como denuncian los videos sobre la cárcel de Mendoza, la continuidad de la desaparición forzada de Julio López y Luciano Arruga y otras agresiones contra luchadores contra la impunidad y testigos en las causas contra el genocidio, el gatillo fácil y la complicidad con la trata de seres humanos, el trafico de drogas y los grandes delitos por parte de casi todas las policías del país, la vuelta de la Gendarmería a las rutas y la continuidad de la presencia militar argentina en la ocupación de Haití, las propuestas de bajar la edad para imputar penalmente a los niños,  son solo una parte de los hechos que confirman la vigencia de una cultura represora en las fuerzas de seguridad, en los medios de comunicación, y en no pocos legisladores, funcionarios y aún gobernantes municipales, provinciales y aún nacionales.

    Rechazamos la lógica represora y afirmamos que donde hay una necesidad hay un derecho por lo que el Estado debe preocuparse por garantizar su acceso y no reprimir a quienes reclaman por su vigencia. Nos negamos a discutir “el mejor modo de reprimir” porque rechazamos todos los modos, incluidos los supuestamente democráticos o consensuados.

    Creemos que la memoria debe iluminar el presente y estimular la lucha contra la impunidad de ayer y las acciones que genera una cultura represora que está en el fondo de las raíces del Terrorismo de Estado, que llegó a estas tierras con el Invasor Imperial Español y se potenció desde el Estado dando lugar  a un edificio jurídico represor al que hay que comenzar a desmontar anulando ya la Ley Antiterrorista basada en la misma lógica con que hoy el Imperialismo ataca militarmente Libia, como antes hizo con Afganistán e Irak, y antes lo había hecho con Granada, Panamá, Santo Domingo y la misma Operación Cóndor que agrupó a las dictaduras contra los pueblos.

    Al luchar por todos los derechos para el pueblo argentino, nos sumamos a las luchas que hoy libran los pueblos latinoamericanos contra el intervencionismo yanquee, en apoyo de los procesos de cambios que desde Cuba a Bolivia hoy recorren, una vez más, el territorio de San Martín, Bolívar, Sandino, Allende y el Che.  El mismo territorio por el que caminaban nuestros hermanos desaparecidos, cuya lucha revive en los pueblos para ir a la victoria.

     

    Liga Argentina por los Derechos del Hombre

    CORRIENTES 1785- 2ºC (1042)  Buenos Aires República Argentina

    Tel./Fax:011-54-43713939

     

    Asociación Civil fundada el 20 de diciembre de 1937.

    Miembro fundador de la Federación Internacional por los Derechos del Hombre, organismo no gubernamental con asiento permanente en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y acreditado ante el Consejo de Europa.


  • Honor a David Viñas, eterno luchador por la belleza y el pensamiento libre, ejemplar luchador por los derechos humanos!

     

    Desde la Liga Argentina por los Derechos del Hombre queremos despedir al amigo, al compañero de luchas contra la impunidad y las violaciones a los derechos humanos de todo tipo, al luchador incansable contra el discurso justificador de la dominación y la represión, al padre de dos compañeros secuestrados que continúan desaparecidos y que ahora, seguro, tratarán de abrazarlo allí donde David vaya.

     

    Nos unió con David largos años de iniciativas comunes y esfuerzos compartidos, la última de las acciones comunes fue un ciclo de charlas que él impulsó bajo el nombre de José Carlos Mariategui.  Nos pidió hacerlo en nuestro pequeño salón de actos, dijo que era por el pasado común de luchas aunque todos sospechamos que lo que lo motivaba era esa esquina de Corrientes y Callao adonde asoma el saloncito de la Liga, que era para él como el centro del universo. Corrientes y Callao, nada menos.

     

    En esta hora de dolor, preferimos recordarlo con esa mirada picara y ese comentario irónico, que no dejaba a nadie fuera de la crítica, ni mucho menos a él mismo.

     

    Con el compromiso de luchar por siempre por todos los Derechos para Todos, le decimos un Hasta la Victoria, Siempre, David Viñas


  • Jorge Winter, Olivier Reboursin, Carlos Sosa y Nuria Giniger

    En el marco de las actividades previstas a 35 años del golpe militar.

    Debaten el rol de los grupos económicos en la dictadura.

    Publicado el 10 de Marzo de 2011 por Tiempo Argentino.

    Por Gimena Fuertes
    La Liga por los Derechos Humanos y el Instituto Espacio para la Memoria repasaron ayer en la ex ESMA lo ocurrido en Acindar. El ciclo continuará con Papel Prensa, Ford y Mercedes Benz.

    La Liga por los Derechos Humanos del Hombre y el Instituto Espacio para la Memoria inauguraron ayer el ciclo Empresas y terrorismo de Estado cuyo objetivo es mostrar la vinculación, participación o complicidad que tuvieron los grandes grupos económicos durante la dictadura y su “rol en la planificación e imposición de un modelo de país funcional a sus intereses”.
    Durante la jornada, que se llevó a cabo en la ex ESMA, dio su testimonio Carlos Sosa, militante de Villa Constitución y víctima de la represión militar y de la Policía Federal, que en marzo de 1975 reprimió las tareas solidarias en el barrio, lindante a la siderúrgica Acindar, cuyo presidente en ese momento era José Alfredo Martínez de Hoz. “Alguna vez los trabajadores hemos ganado, eso permitió que hubiera elecciones y ganara la lista marrón, encabezada por (Alberto) Piccinini. Eso duró tres meses porque el 20 de marzo vino el golpe fascista con la policía, que ya había reprimido en La Forestal”, recordó Carlos Sosa, ferroviario y vecino de Villa Constitución.
    También participó del foro el abogado Olivier Roboursim, quien elaboró la presentación judicial sobre el caso Acindar realizada el 10 de diciembre pasado. “La presentación la construimos a través de los testimonios de Alberto Piccinini, Carlos Sosa, Juan Actis sobre cómo fue el operativo represivo del 20 de marzo, llamado Serpiente Roja del Paraná. Dieron cuenta de cómo la empresa prestó sus espacios y fue el primer centro clandestino que funcionó en la Argentina”, detalló el abogado.
    Por su parte, Nuria Giniger, investigadora del CONICET sobre el disciplinamiento en Acindar, y una de las organizadoras de la jornada, explicó a Tiempo Argentino que el caso de la sidergúrgica es paradigmático porque “además del financiamiento a la dictadura también puso en juego la organización de trabajo para marcar a delegados y activistas”. Inauguraron la jornada los abogados Eduardo Barcesat y  Beinuz Schmukler con un homenaje a la militante comunista abogada de presos políticos Graciela Israel y a su colega Julio Viaggio, que da nombre al ciclo que continuará con las jornadas sobre la complicidad de las empresas Mercedes Benz, Papel Prensa y Ford. <

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    CICLO DE DEBATES SOBRE LOS GRUPOS ECONOMICOS Y LA DICTADURA

    La complicidad empresarial

    En el marco de las actividades por el 35º aniversario del último golpe militar, empezó, en la ex ESMA, un debate sobre el papel que jugaron Acindar, Mercedes Benz, Ford y Ledesma en el andamiaje represivo del Estado.

    ¿Qué rol tuvieron las empresas durante la dictadura? Esta es la pregunta que ayer, con un panel sobre Acindar, comenzó a ser abordada en el ex predio de la ESMA, como parte de un ciclo en el que se hablará sobre el poder económico y su responsabilidad en el terrorismo de Estado.

    El ciclo, que fue lanzado en el marco de las actividades por el 35º aniversario del golpe del ’76, tiene como idea central que se sienten a contar la historia ex trabajadores de grandes empresas, acompañados por investigadores. Está prevista una charla por mes. Los próximos casos serán los de la Mercedes Benz, el ingenio Ledesma y la Ford. “Para el primer encuentro elegimos hablar de Villa Constitución porque es paradigmático: (José Alfredo) Martínez de Hoz pasó de dirigir Acindar a ser ministro de Economía de (Jorge Rafael) Videla”, señaló anoche, minutos antes de que se abriera el debate, Graciela Rosenblum, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, que organiza la actividad, con el auspicio del Instituto Espacio para la Memoria.

    Carlos Sosa fue invitado para la mesa de inauguración. En los ’70, Sosa fue ferroviario y como parte de su militancia sindical integró el comité de huelga de Villa Constitución. A su lado se ubicó el abogado Olivier Reboursin, patrocinante de la denuncia penal contra Martínez de Hoz y Acindar, presentada en diciembre por la Liga junto a la UOM local. El abogado valoró la apertura de los juicios que, dijo, “son el nuevo campo de batalla, no sólo para sentar en el banquillo a los acusados, sino también para discutir cómo reparar los daños que se produjeron en lo cultural y político”.

    Jorge Winter, antropólogo y autor de una investigación sobre las luchas de Villa Constitución, completó el panel. Winter contó que conoció aquella experiencia sindical como estudiante universitario, cuando durante un conflicto a principios de los setenta viajó para llevar a los huelguistas la solidaridad de sus compañeros de facultad. Su historia personal quedaría desde entonces ligada a la de los trabajadores de la villa. “En el ’75 ya había caído preso, y estando detenido hice buena amistad con los que cayeron después.” Con la recuperación de la democracia participó en la edición de una serie de fascículos sobre el movimiento obrero y años más tarde, ya por el 2000, armó su investigación.

    “En la villa se discutía no sólo el salario, sino los métodos de producción y la gestión”, recordó. “Para la empresa, eso implicaba que le sacaran de las manos uno de los pilares que hacen a la explotación del trabajo”, apuntó. “Por eso la represión fue sin escrúpulos. Ahora se habla del carácter cívico-militar del golpe de Estado, para decir que hubo consenso social. Pero ojo, porque este consenso fue construido por el poder, el golpe fue empresarial-militar, se hizo con el apoyo de la partidocracia, de la oligarquía de la Sociedad Rural. ‘La civilidad’ eran los sectores dominantes que disputaban el proyecto de país, ése es el sentido en el que fue cívico-militar.”

    Si bien en muchas de las grandes empresas que apoyaron al golpe funcionaron centros clandestinos de detención y hay causas judiciales que avanzan sobre el tema, el ciclo, dijeron sus organizadores, tiene la intención de hacer foco sobre otro aspecto del vínculo con la dictadura, el del plan económico. “Es decir que queremos hablar sobre quiénes fueron los reales beneficiarios de la dictadura y de la consolidación del neoliberalismo en la Argentina. La intención es poder pensar todo el largo proceso que empezó en la década del 60, tuvo su pico con el gobierno militar y se completó durante los mandatos de (Raúl) Alfonsín y (Carlos) Menem”, apuntó Rosenblum.

    Los encuentros llevarán el nombre de “Julio Viaggio”, en homenaje al abogado de la Liga. Antes del panel, ayer se recordó también a Teresa Israel, también abogada, secuestrada y desaparecida en 1977.

    Durante todo el mes de marzo en el predio de la ex ESMA habrá actividades especiales por el nuevo aniversario del golpe. En las salas 2 y 3 del edificio de las cuatro columnas se montó la muestra plástica Cuentas Pendientes, Arte contemporáneo y problemáticas de género, donde exponen Diana Schufer, Silvia Young y Claudia Contreras. Hoy, a las 19, comenzará un ciclo de cine-arte, con la proyección de Los magníficos Amberson, de Orson Welles. Mañana, a las 21, habrá una mesa redonda sobre música contemporánea y dictadura, mientras que el sábado, a las 19, se proyectará Campesinos, peligro de extinción, un documental sobre las dificultades de los habitantes del Chaco para acceder al derecho a la tierra


  • Por delitos previos a la dictadura

    Avanza la causa contra Martínez de Hoz y ACINDAR

    Publicado el 5 de Marzo de 2011

    Por Hernán Cocchi
    Oyarbide recibió los detalles del operativo Serpiente Roja del Paraná. Buscan unificar las denuncias contra el ex ministro de Videla.
     

    Mientras los juicios contra los represores de la última dictadura militar avanzan en todo el país, la justicia comienza a investigar el accionar de las empresas privadas que se beneficiaron con los crímenes de lesa humanidad cometidos antes y durante el gobierno militar. Papel Prensa y ACINDAR son la cabeza de playa de esta nueva etapa en el reclamo. El juez federal Marcelo Martínez De Giorgi aceptó remitir una denuncia contra el ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, la ex vicepresidenta María Estela Martínez de Perón y la totalidad del directorio de ACINDAR a su par Norberto Oyarbide. Alberto Piccinini, Carlos Sosa, Juan Actis y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH) pidieron en diciembre que se investigue el operativo represivo Serpiente Roja del Paraná, realizado en marzo de 1975 por fuerzas militares, policiales y parapoliciales. Según el escrito presentado por los abogados de la LADH y los dirigentes metalúrgicos de la localidad santafesina Villa Constitución, los principales ejecutivos de la siderúrgica fueron cómplices de asesinatos y torturas cometidos dentro de la empresa.
    A pedido de los querellantes, el magistrado remitió la documentación a Oyarbide, quien tiene a su cargo la investigación sobre la Triple A y otra denuncia contra Martínez de Hoz (quien antes de asumir como ministro de Economía de Videla formaba parte del directorio de ACINDAR),  acusado del secuestro del empresario Federico Guttheim y su hijo Miguel, en 1976. El objetivo es integrar los expedientes e intentar que la justicia dictamine sobre el accionar terrorista del Estado previo al golpe del 24 de marzo de 1976 y su vinculación con los principales grupos de poder que luego apoyaron al gobierno militar. La denuncia fue anticipada por Tiempo Argentino el 29 de diciembre de 2010.
    Los represores del Operativo Serpiente Roja del Paraná revistaban en la Policía Federal y la provincial, en el grupo paramilitar Guardia Rural, en la Prefectura Naval, en la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), en la Gendarmería, en el Ministerio de Bienestar Social, en la Triple A y en las tres armas. Para el entonces delegado Juan Actis, la represión fue “una prueba piloto” de lo que vendría un año más tarde.  <


  • Vos sabes cuántos grados hace en invierno en la Patagonia?

    Pues imagínate que yo estuve seis noches en una celda sin techo, en el invierno del 77, nada menos que en Puerto Madrin, cuando todavía no era el producto turístico para los que tienen dólares o euros que multiplican por cuatro o por cinco y se compran todo como si fueran aquellos hacendados que arrasaban con todo al principio del siglo.

    Entonces Puerto Madrin era como una extensión de Rawson y de Trelew, o sea de la Base y de la Cárcel.

    Porque vos sabes de la fuga, no?, pero seguro que no sabes de Angelito Bell.

    El tipo se acomodó en el asiento del bar del tren que unía Rosario con Buenos Aires, se tomó otro sorbo de la ginebra que había pedido, sin hielo y que sea de la importada y etiqueta negra le había dicho al mozo ferroviario que le dijo que si y trajo una bols cualunque, y me dijo porque vos sabes que yo lo conocí a Angelito Bell?

    Si había tren a Buenos Aires, la charla debió ser antes que Menem liquidará todo o sea por los finales de los 80, cuando yo vivía en Rosario cerca del Parque Independencia y viajaba seguido a Buenos Aires por la militancia; me gustaba el tren porque podías hacer lo que estaba haciendo, sentarme en el bar, mirar por la ventanilla y repasar los papeles, pero esta vez no porque el tipo se sentó y empezó a charlar hasta que descubrimos que los dos éramos de la Fede, digo de la Fede de los setenta, aunque por la ilegalidad y por que él había vivido en Buenos Aires y yo en Santa Fe, no nos conocíamos aunque si teníamos un montón de compañeros conocidos por ambos y aunque yo no lo había conocido personalmente a Angel Bell sí sabía quien era por una investigación que había hecho sobre los comunistas y la fuga de Trelew (Angel Bell, los comunistas y algunos documentos poco conocidos sobre la masacre de Trelew, en este mismo blog.)

    Me convencí de que nada impediría que me cuente la historia así que acomodé los papeles en la carpeta que tenía sobre la mochila y yo también pedí una ginebra, pero con hielo le dije al compañero gastronómico que, por supuesto, me trajo lo que se le cantó, esta vez sí que una importada y sin hielo.

    Enzo llegó a Puerto Madrin a finales del 74.

    Había estudiado derecho en Buenos Aires y allí se había incorporado a la Fede, pero no era de abogado que iba a trabajar al sur, sino de tendero, junto a su compañera con la que habían decidido casarse para el viaje.

    En esa época, la Patagonia seguía siendo casi un desierto, como lo habían dejado los estancieros genocidas de los pueblos originarios todavía antes que exterminarán a los anarquistas, comunistas y socialistas inmigrantes que los desafiaron con la gran huelga de Santa Cruz que el Ejercito, con el apoyo de Irigoyen (oh! los mitos argentinos: los radicales no serán muy progresistas en economía pero respetan los derechos humanos, nos decían en los 70).

    Puso una tienda en el centro de Puerto Madrin y comenzó  a relacionarse con todo el mundo, o al menos con los que se movían por allí.

    Sin sorpresa, porque conocía bastante como funcionaba el pece, a los pocos días cayó por su negocio un sencillo maestro de Trelew que le planteó retomar la militancia, lo enganchó con los pocos comunistas que había en el pueblo y le dio como tarea “atender” políticamente, pero de un modo totalmente clandestino, al dueño de uno de los pocos hoteles y a un brigadier retirado del que se hizo amigo pronto.

    A pesar de estar a setenta kilómetros de distancia, Trelew era el punto de contacto para él que por entonces no había internet, ni celulares, que solo había un teléfono cerca de su negocio, y era público así que hablar ahí era como publicar un aviso en el diario del pueblo, igual se comunicaba con los compañeros de Trelew y coordinaban las acciones.  El iba a Trelew a volantear las empresas y Angelito y los otros venían a Puerto Madrin a hacer lo mismo.

    De Angel se hizo amigo porque también él se dedicaba a las telas y todo eso, un tipo especial, también había llegado del norte (para los de la Patagonia, todos los que venían del otro lado del Río Colorado, venían del “norte”) y se había convertido en el animador principal del partido en toda la región.

    Enzo tenía experiencia política de la Fede de Buenos Aires, y hasta había conocido la brutalidad de la cana en aquel intento de hacer una Marcha del Hambre en Buenos Aires. Qué loco, bajo una dictadura feroz, que se preparaba para la masacre de Trelew, el pece había impulsado una Marcha del Hambre en el centro mismo del país, anunciándola públicamente, desafiando a una dictadura que estaba desgastada pero todavía podía controlar la calle y casi sin tirar tiros. Además, la Marcha que había sido convocada por un conjunto de fuerzas, que llegaban al mismo Perón, se había ido desgajando y casi que habían quedado los comunistas solos y cobraron como para guardar.  A Francisco lo agarraron cerca de la Facultad de Derecho y casi le parten la cabeza con un bastón, decí que la Fede tenía todo bastante organizado que lo sacaron, lo metieron en un auto y lo cosió un medico de verdad aunque en el altillo de una chica de sociales que lo cuidó después, casi que lo enamora.

    Bueno, eso no pongas me dice Enzo que ya sabe que yo estoy escribiendo mis laberintos de la memoria y que piensa que a lo mejor conviene resguardar algunos aspectos de la historia por lo del mito militante de los setenta, aunque no le creo, aunque él se empecina ahora en contarme la relación del radical Amaya con el comunista Bell y cómo ambos, cosa inimaginable ahora –creo-, se hicieron amigos del comandante Roby Santucho cuando estaba en la cárcel y lo ayudaban de todas las maneras posibles, incluso algunas de las que todavía no se puede hablar pero algún día….

    Yo le hablé de la Cuarta, de Alicia y del increíble cúmulo de casualidades que me habían llevado de aquella noche del 77 a esa mesa de nostalgia en un tren que iba ya pasando por San Nicolás, que todavía no había ni Virgen ni un carajo solo Somisa y la lucha de los metalúrgicos para que no la privaticen.

    ¿Y por qué me habrán llevado a mi?, dijo Enzo, ¿quién sabe? le dije, ¿quien sabe por que te salvaste, quien sabe por que lo chuparon a Angel?, esa es la impunidad, no saber lo que pasó aún para los que la pasaron, le dije.

    Era por junio o julio del 77 yo tenía una tienda en el centro de Puerto Madrin, justo enfrente de una fabrica de chocolates regionales, y al lado de otras dos tiendas, todos éramos amigos, nos ayudábamos y compartíamos el tiempo muerto que había entre cliente y cliente que eso no era la calle Florida, ni mucho menos.

    Aunque yo había llegado a la Patagonia en la primavera camporista, cortita, demasiado cortita para el hambre de libertad que teníamos entonces, en uno de esos breves periodos de casi legalidad del partido, casi no me había dado a conocer y había cumplido rigurosamente las normas de la clandestinidad.  Visitaba dos personas que eran muy importantes para el partido de la zona: uno era un comerciante que aportaba bastante para las finanzas que entonces cada regional se mantenía por su cuenta y el otro un militar retirado.

    Al comerciante, que era dueño de un hotel importante, lo visitaba muy de vez en cuando y siempre con una buena leyenda: reservar habitación para algún viajante de comercio o algún amigo que llegaba a Puerto Madrin, la prensa se la dejaba en un sobre marrón, de esos grandes, viste?, y nunca tuvimos problemas. Y si hablábamos, lo hacíamos en el bar del Hotel,  a la vista de todos que es el mejor modo de ocultarse, no?.

    Y con el brigadier retirado era aún más cuidadoso, una vez cada quince días, siempre el mismo día y a la misma hora, entraba por la puerta de servicios de su casa, por el fondo que daba a una callejuela desierta, y nos veíamos en un cuarto de trabajo que el hombre tenía, como un tallercito de carpintero que era su hobby, y ahí charlábamos; siempre con mucho cuidado porque esa era la directiva que tenía: tratar de convencerlo que el camino de la dictadura no solo era criminal sino suicida para las Fuerzas Armadas, que se subordinaban cada vez más a los yanquis y que se hundirían en una crisis que ni imaginaban, y que nos de información sobre la base que después del 22 de agosto era más impenetrable que nunca para la izquierda y nosotros necesitábamos saber qué pasaba allí.

    Y sobre las acciones de propaganda, después que lo chuparon a Angelito, en noviembre del 76 se habían ido espaciando hasta que casi no se hacían, así que no se…

    Bueno, dijo, mientras agarraba el vaso mío porque la ginebra de él se había terminado y además, me dijo como si yo hubiera dicho algo, la tuya es mejor, había habido antes un episodio, por abril se habían llevado a un albañil que estaba haciendo un arreglo en el negocio de al lado, y no se sabía nada de él.

    Pero nunca me dijeron por qué.

    Digo, nunca me dijeron porque me chuparon aquella noche de viernes en Puerto Madrín.

    Era un viernes a la noche, o un jueves no me acuerdo bien, y nos habíamos ido al boliche con Eduardo, que era el dueño de la fabrica de chocolates que estaba enfrente del boliche mío, y nos pasamos un rato largo jugando al ajedrez, y tomando ginebra.

    O tomando ginebra y jugando al ajedrez que en esa zona hacía un frio como para tomar, y Enzo paró y le dijo al mozo que trajera dos pero de las que me había traído a mi, o sea sin hielo, le dijo como si fuera un chiste pero no creo que el tipo lo entendiera.

    Cuando terminamos el ajedrez y la ginebra hicimos lo de siempre: subimos a mi auto, y yo lo llevaba a Eduardo a su casa que estaba en la esquina de Roque Sáenz Peña al 100 pero al 300, o sea dos cuadras antes de llegar, Eduardo vio el auto de un amigo que estaba estacionado y dijo que necesitaba hablar con él así que se bajó y yo me quedé esperándolo.

    Me bajé para ver si venía y ahí fue cuando una banda de locos con pelucas, gorritos, cuarentaycinco en mano y todos gritando que me van a matar si me muevo cayeron encima mío, me cagaron a palos y me subieron a mi auto.

    Me tiraron en el asiento de atrás y me iban dando piñas cuando el más joven dijo a la Base pero el más viejo, no a este boludo no, primero llevémoslo a la seccional a ver… y me pegaron una piña que ya no me acuerdo más.

    Lo que si me acuerdo era de la celda, porque no era de las que estaban en la parte del frente de la comisaría, que era la única del pueblo y por eso estaba en el centro y todos alguna vez habíamos hecho un tramite, sino en la parte de atrás, como en una zona lejos de las miradas y con una particularidad muy importante: la celda solo tres paredes: al frente y arriba tenía rejas.

    Y entonces Enzo me miró y me preguntó: vos entendés lo que te digo?, que no tenía techo, la comisaría, en invierno, en la Patagonia, o sea que de noche, que se yo, 8 o 10 grados bajo cero y sin nada.

    Viste.

    Porque en las películas los tipos cuando te largan dicen contodo y el preso agarra el mono y en la frazada pone la ropa y los paquetitos de galletitas y que se yo, todo lo que tenga, pero cuando te agarran en la calle vos andas sin nada, de pedo una campera y así tirado en el suelo por una semana, tiritando toda la noche que solo si a la mañana había sol aflojaba un poco

    Y ahí fue cuando yo pensé que el Enzo se volvió loco, porque se levantó, dejó la ginebra y se bajó los pantalones para mostrarme que llevaba calzoncillos largos, y con eso que no era invierno, del frio que pasé me dijo, uso calzoncillos largos en Buenos Aires y en la época que sea y bajó la vista y se quedó un rato mirando el vaso.

    Cuando volvió al tren, me dijo que no era el frio ni el hambre lo que más le había  dolido sino que en la celda, eso se dio cuenta recién a la mañana siguiente había dos chilenos muy pobres, me parece que trabajaban de albañil o algo así, y los hombres estos, buena gente que se las había arreglado para tener un mate y un termo que de vez en cuando conseguían que le pongan agua y entonces tomábamos mate, pero no sabían quien era Salvador Allende.

    Y en esa puta celda sin techo, cagado de frio y de hambre, angustiado por no saber quien me había cantado y sabiendo que Angelito no había vuelto del secuestro de noviembre, en esa puta celda, yo pensaba en el pobre de Allende, muerto por defender el derecho de los chilenos a caminar como se les cante por las grandes Alamedas e ignorado totalmente por estos dos pobres buena gente pero que ni sabían de aquella campaña de Salvador y Neruda recorriendo la Patagonia chilena, parando en cada pueblo para que pablo recite un poema y salvador se despierte de golpe, baje del auto sin saber ni el nombre del pueblito y en un segundo encienda una llama de esperanza en el cambio, en las elecciones y en la vía democrática al socialismo porque en Chile se puede lo que no se puede en…. decía Allende mirando a los ojos de los mineros y sus mujeres.

    Pero no de estos que anda a saber donde estaban que no sabían de Allende.

    Y yo pensaba, puta, si ni a Allende lo recuerdan estos dos pobres diablos, quién carajo se acordara de Angelito y de Amaya, no digamos del Roby y de los dieciséis fusilados.

    Cuatro días pensé eso, hasta que al quinto, cagado de hambre y de frio, medio dormido y medio despierto todo el día, un guardia se acercó a la celda sin techo y me llamó diciéndome que si no contaba a nadie me decía algo y entonces fue que me dio un paquete que estaba dentro de esos sobres marrones que yo usaba para mandarle la prensa al dueño del hotel pero en el sobre no estaba el periódico del partido sino una tableta gigante de chocolate en rama que me había mandado Eduardo, el que tenía la fabrica justo enfrente del boliche mío de telas y tejidos en el centro de Puerto Madrin.

    Eduardo que no tenía idea de Angelito ni de Amaya, mucho menos del Roby y me temo que tampoco del compañero Presidente, se había acordado de mi y apelando a sus relaciones y su convincente ingenuidad, me hizo llegar los tres días siguientes que pasé en aquella celda sin techo, todas las mañanas a eso de las 11, cuando el sol aflojaba un poquito el frio, una barra gigante de chocolate en rama que compartía con los chilenos que me daban mate amargo, y así entre mate y mate, les conté que había habido un chileno que quería el cobre y la tierra para todos, que bailaba cuecas y comía curanto, y que colocado en un trance histórico decidió pagar con su vida la lealtad del pueblo.

    El sexto día, me sacaron de la celda de los chilenos, me quedé sin el mate, pero me pasaron a una que tenía puerta y techo, todo un lujo a esa altura; a la nochecita me llevaron a la guardia, me pintaron los dedos, me dijeron que ya habían averiguado los antecedentes y que un abogado me estaba esperando para llevarme.

    Esa noche, en la casa de Eduardo, le conté esta historia a los amigos de entonces, gente que hasta ahí ni sabía quien yo era y que al saberlo decidió seguir jugando ajedrez en el boliche de siempre, lo que no es poco.

    A la mañana siguiente, locuras de la época, me acerqué a la comisaría con un sobre marrón que tenía una tableta gigante de chocolate para el chileno, pero me dijeron que ya no estaba.

    Nunca más lo volví a ver



  • Nuestra Fany, la de los militantes de todas las convicciones y causas nobles, cumple cien años de vida intensa y fecunda. Si Bertol Brecht decía que los hombres que luchan toda la vida son indispensables, ¿cuánto más indispensable es una mujer que ha luchado por un lapso de tiempo que equivale al de dos o tres vidas?

    Fany lleva encima todas las batallas del siglo XX. Las ganadas y las perdidas.  Los triunfos en San Petersuburgo, Pekín y La Habana; en Sofía, Praga y Berlín o sea los de la Revolución de Octubre en la Rusia Zarista del 17, en la China milenaria de 1949 y en nuestra Cuba del 1º de Enero de 1959 y todos los que se lograron al fin de la Segunda Guerra Mundial y un poco más…. Pero también carga con las dolorosas derrotas, porque todas las derrotas son dolorosas aunque algunas tengan ese tinte prístino de la dignidad como la de la España Republicana donde Fany aportó a las Brigadas Internacionales y otros el pesado fardo de haber caído sin pena y sin gloria como aquellas de las que no se conoce un solo mártir, en algunas ni siquiera un herido, porque nadie resistió la caída de los gobiernos burocratizados, alejados de los pueblos y dedicados a competir con el capitalismo en el consumismo y la carrera armamentista.

    Y cuando tantos se apartaron del camino diciendo que ya basta, que habían sido engañados o que el mundo sería siempre igual y que no valía la pena o que lamentaban haber dedicado algún tiempo a la lucha revolucionaria, allí estaba Fany para marcarnos el rumbo de la renovación de los ideales y que como decía tan bellamente Roque Dalton, si el partido no es lo que yo quiero, habría que empezar de nuevo.  Y de nuevo empezó Fany que ya tenía setenta y fue de las primeras en asumir el viraje del Partido Comunista y la inquebrantable decisión de sostener la revolución más querida y más cercana.

    Fany conocía esos versos “si cae Madrid, no digo que va a caer, pero si cae Madrid….” y sabía que si caía Cuba la profesia de Silvio sería realidad y le cortarían el badajo a todos ellos, y a nosotros también.  Hace unos años, en una actividad educativa para jóvenes militantes de la Fede, compartimos con Fany un encuentro donde mapa en mano nos mostró los peligros de la ofensiva yanqui y las oportunidades para la resistencia.

    Al finalizar la charla, se prestó a un mano a mano y los compañeros preguntaron sobre su vida y su lucha.  Uno de ellos le preguntó si había conocido al Che y ella contestó dulcemente: Era tan lindo.  No por nada le son tan queridos los versos de Nazim Hikmet, ese que le dice a su amada que el socialismo será como el color de sus ojos.

    Una vez, todavía antes del período especial, preguntaron en Cuba que sabía la gente sencilla sobre el comunismo y el socialismo. Sobre el comunismo no hubo muchas respuestas pero sobre el socialismo hubo muchas, acaso la más inteligente fue la de una campesina que dijo que el socialismo será cuando todos los hombres sean como el Che.  Fijense que no dijo que el socialismo será cuando todos los hombres tengan buena casa y acaso auto y hasta una computadora y seguro que internet; sino que dijo cuando todos los hombres sean como el Che.

    Yo no se cómo será el socialismo en la Argentina, pero seguro que si todos los militantes nos inspiramos en Fany, en su convicción miiltante, en su cultura política antifascista y socialista, en su voluntad unitaria y su apertura de pensamiento, seguro que la izquierda argentina sería un poquito mejor de lo que es, y estaríamos más cerca del horizonte.


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    No hace mucho, en una discusión sobre la pena a solicitar contra un grupo de represores, un fiscal dijo algo que me pareció muy inteligente: después del cuarto círculo del infierno ya no hay matices; quería decir que traspasado un límite, el límite del horror, de la participación en el Terrorismo de Estado que sufrimos entre 1974 y 1982, no correspondía establecer diferencias en la responsabilidad penal de los represores y  a todos debía condenarse por el máximo establecido en el Código Penal.

    Pero hoy, luego de escuchar lo que aquí se denuncia, debo confesar que estábamos errados:  los argentinos, que tanto sufrimos por la aplicación del plan sistemático que pergeñó la Junta Militar -que hasta dimos nacimiento a una nueva categoría de la perversión humana, que bien ganado tiene el derecho a figurar como una de las causas para ir a parar al Infierno descripto por Dante en la Divina Comedia, “la desaparición forzada de personas”, los desaparecidos como se dice llanamente, la “muerte argentina” como la bautizaron en Europa a finales de los 70-  conocimos el primero, acaso el segundo o el tercero de los Círculos del Infierno; pero el pueblo colombiano vive desde hace décadas en el Noveno Círculo, ese que para el Dante no arde sino que está cubierto de hielo, porque el fuego arde y se consume; el hielo congela y transforma en eterno el sufrimiento.

    Al acercarnos, siquiera intelectualmente, y quiero decir que la Liga Argentina por los Derechos del Hombre –en cuyo nombre hablo- ha estado más de una vez en suelo colombiano, junto a los que  luchan por los derechos humanos; digo, al aproximarnos a la realidad colombiana, al repasar la cifra de ejecutados, exiliados, desaparecidos, desplazados, etc. uno no puede dejar de expresar una sensación de agobio, de desmesura, de algo casi inimaginable -siquiera para nosotros- que sobrevivimos al Terrorismo de Estado, que lo resistimos y en alguna medida, en algún sentido, así sea simbólico, lo vencimos.  Permítanme, en nombre de mi organización y de todos los humanistas de la Argentina, asumir esta dimensión del horror, este genocidio permanente y cínico que se hace con el ropaje lustroso de la democracia representativa y hasta invocando al libertador Bolívar a veces; asumirla decía, como un momento de reconocimiento y solidaridad, como homenaje y compromiso.

    Nosotros, que tanta solidaridad recibimos de tantos  pueblos, estamos obligados más que nadie a ser mucho más solidarios y a ser mucho más eficaces en la solidaridad; a ser más inteligentes y más audaces para contribuir a terminar con el Genocidio y construir una paz duradera, verdadera, que requiere de la base firme de la verdad y la justicia, porque la impunidad es el triunfo de la muerte y la justicia de la vida.   ¡Verdad y justicia para todos y todas las colombianas victimizados en tantos años, honra a ellos!.

     

    La paz, un camino en dirección contraria al sentido de época.

    Se trata, nos convocan, de pensar los caminos de un dialogo que fecunde paz. Y lo primero que uno advierte es que es un desafío al sentido común, al pensamiento “realista” y “posibilista” (en el peor sentido de estos términos, el de dar por inmodificable la correlación de fuerzas y la Tendencia de Epoca) porque si algo va quedando claro de este mundo post guerra fría y post crisis de los vencedores de la guerra fría; en este mundo que combina toda clase de crisis: económicas, alimentarias, medio ambientales que confluyen en una crisis de dominación imperial sin precedentes en siglos, es que América Latina se convierte -cada día que pasa- en el lugar elegido por el imperialismo norteamericano para librar su batalla final.

    El levantamiento del pueblo egipcio es acaso la noticia más importante de la segunda década del siglo nuevo.  Cuestiona el status quo de un lugar clave para el Imperio como Medio Oriente y llena de esperanzas la causa del pueblo palestino y toda la gran nación árabe; pero así como Vietnam tuvo mucho más que ver con la tragedia latinoamericana que lo que normalmente se acostumbra pensar, el ciclo de rebeliones árabes -que ya tumbó al gobierno de Túnez y al de Egipto-, (recordemos que antes que alumbraran los nuevos gobiernos progresistas de América Latina, los pueblos tumbaron nueve presidentes en una seguidilla de rebeliones antineoliberales a la cual también aportamos los argentinos con nuestro Diciembre de 2001), puede originar un proceso de cambios similares (si no en la forma , sí en el sentido de perdida de capacidad de hegemonía por parte de los EE.UU.) que paradójicamente, refuercen la obstinación yankee en mantener América Latina como “su” patio trasero, incluso abandonando las “buenas maneras” de las “democracias restringidas” que tuvo que aceptar cuando se agotaron las dictaduras militares; que para eso volvió la Cuarta Flota, reemplazan la base perdida en Ecuador con un despliegue colosal en Colombia y mayor presencia militar en todos lados, como se evidenció aquí mismo con el avión yanqui que venía a “adiestrar” nuestra Policía, como si después de tantos años de Terrorismo de Estado y tantos años de “gatillo fácil” en democracia, los Federales o la Bonaerense necesitaran adiestramiento para reprimir o ejercer el control social sobre los pobres y los jóvenes.

    Pero nada nos debe desanimar, que estamos celebrando doscientos años de una gesta independentista emprendida cuando en Europa ya había triunfado la Restauración, se destruían las copias de la Declaraciónde los Derechos del Hombre y del Ciudadano y por las capitales del viejo Mundo, el culto y decrépito Viejo Mundo, repartían coronas reales a bajo costo. Animo, que nuestro San Martín nos sigue arengando que  para hombres de coraje se han hecho estas empresas.

    Y coraje, dignidad, honor y causas nobles no nos faltan.

    La victoria y la derrota son más relativas que lo que el Poder cree

    En la Argentina se están juzgando (algunos de) los crímenes del Terrorismo de Estado perpetrados durante la última dictadura militar, y hay causas abiertas por los cometidos en el periodo constitucional que desemboca en el 24 de marzo.

    Es un hecho histórico, porque rompe la impunidad que los anteriores genocidios gozaron y porque al lograr niveles de justicia, se fortalece la Memoria y se logran mayores valores de verdad. Los juicios son una experiencia casi inedita que generan un sinnúmero de novedades jurídicas; pues es una de las pocas veces en la historia universal del Derecho, que se juzga al Poder y sus acciones;  al considerarlos “delitos de lesa humanidad” son imprescriptibles y se libra toda una batalla jurídica por la tipificación de los delitos que es en sí una batalla cultural enorme por la resignificación de la historia.

    Genocidio decimos nosotros para apuntar a que la perversión y el horror tenían un propósito: eliminar el grupo nacional que era incompatible con el modelo de país que portaban las ametralladoras y la picana eléctrica. El grupo nacional a exterminar fue detallado minuciosamente en el anexo II de Inteligencia de “El Plan del Ejército (Contribuyente al Plan de Seguridad Nacional)” elaborado antes del 24 de marzo que enumera las organizaciones a “exterminar”: un largo listado de fuerzas insurgentes, políticas, sindicales, religiosas, educativas, etc. Allí estaban todos los componentes del campo popular no importa su identidad cultural o forma de lucha. Los peronistas y los comunistas, los pacifistas y los que practicaban la lucha armada. De paso, que nuestra Liga figure en aquella lista es un “reconocimiento”, que nos honra, a una posición de principios: siempre al lado de los que sufren represión estatal, contra toda violación de los derechos humanos. Genocidio para eliminar un grupo nacional y reorganizar radicalmente el país como efectivamente ocurrió. Por ahora el Poder Judicial se niega a esta calificación a pesar de que en 1948 la Argentina firmó la Convención de Prevención y Castigo del Delito de Genocidio, que lo ratificó por Ley especial en 1958 y que en 1994 la Reforma Constitucional dio preeminencia a los Pactos y Convenciones Internacionales con lo cual el Convenio tiene plena ejecutividad y solo prejuicios ideológicos frenan su aplicación aunque el Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata haya declarado su vigencia en tres oportunidades fallando que los delitos fueron cometidos “en el marco de un genocidio” y algún fiscal se haya sumado al reclamo en un juicio de Buenos Aires.

    Cierto que los juicios admiten múltiples abordajes pero yo quisiera comenzar por consignar el asombro de los altos Jefes Militares ante lo nunca imaginado: habiéndose pensado como vencedores están en el lugar de los acusados; acostumbrados a no dar cuenta de nada a nadie deben responder las preguntas de la fiscalía y los abogados querellantes de los organismos de derechos humanos que ellos desprecian y detestan; y para más, se ven condenados por la veracidad que los tribunales otorgan a la palabra de los sobrevivientes de cárcels y desapariciones, a quienes ellos consideraban sub humanos y por ello pasibles de toda clase de agravios, torturas o sometimientos (desde el juicio a la Junta de Comandantes Militares  se reconoce el testimonio de los sobrevivientes  prueba necesaria y suficiente contra un Genocidio cometido en las sombras, sin dejar rastros ni siquiera cuerpos enterrados. La voz de los sobrevivientes, en cuyas palabras quien quiera podrá escuchar la voz de los desaparecidos, es el principal arma que la sociedad tiene para probar el Genocidio se ha dicho; y no es poca cosa si de reivindicar una generación se trata.

    Recurrentemente los altos Jefes Militares, entre ellos los ex Generales de la Nación Videla, Menendez, Riveros y  Bussi, expresan su desconcierto ante la contradicción entre la victoria militar y la derrota política.  Lejos del arrepentimiento o la comprensión de lo sucedido recurren a teorías conspirativas y prometen continuar la guerra contra el comunismo internacional (nombre que le dan a la “subversiónl” de ayer y de hoy) al que consideran enquistado en el Gobierno Nacional, aunque uno a uno se encaminan hacia lugares de detención o mueren en la soledad política más absoluta, sin que ni siquiera sus partidarios se animen a reivindicarlos, tan distinto al brillo fúnebre que acompañó el final del dictador Pinochet en Chile. Están aprendiendo en carne propia que la victoria y la derrota son más relativos que los rígidos parámetros militares que aprendieron en sus academias o en la Escuela de las Américas del Comando Sur del Ejercito de los Estados Unidos.

    Refiere Carlos Marx en El Capital que los historiadores de aquella época, finales del siglo XIX, herederos de la Revolución Francesa, afirmaban campantes “hubo historia, ya no la hay”, anticipándose 150 años al mediocre escriba yanqui que pretendía clausurada la historia y otras “vulgatas” que sonaban como música  festiva en los oídos de la burguesía triunfante en la Guerra Fría a nivel mundial y administradora del Consenso de Washington entre nosotros.

    En los años que ejercieron el poder total, los militares argentinos proclamaron una y mil veces que su victoria era total y fantaseaban con la eternidad. Un marino fanfarrón[2] soñaba con ser Perón y un General alcohólico[3] convocaba asados multitudinarios para formar el tercer Movimiento Histórico que herede al peronismo y al radicalismo. En su triunfalismo, extendieron sus acciones a Centroamérica y colaboraron con las fuerzas represivas de El Salvador y la Contra Nicaragüense.

    ¿Y cómo fue entonces que llegamos a estos juicios se preguntarán muchos?

    Acaso porque en el primer centro clandestino, que paradójicamente antes fue una Escuela para pobres que la dictadura transformó en una maquina de exterminar pobres que soñaban con dejar de serlo, la Escuelita de Famaillá en Tucumán, un compañero soportó la tortura y alentó a sus compañeros y alguno sobrevivió y comenzó a romper el mito de las desapariciones.  Porque en alguna mesa de torturas, un compañero sostuvo su identidad con su sangre, y le escupió en la cara al torturador.  Porque las Madres de los desaparecidos comenzaron a organizarse y manifestar. Porque había organismos de derechos humanos que ya existían y pelearon y porque hubo abogados y habeas corpus y solicitadas y cartas y rondas y pintadas clándestinas y puertas solidarias y abrazos y pañuelos y donde menos lo esperaban los milicos, nació la Resistencia. En la Argentina el olvido se construyó antes que la memoria y la impunidad mucho antes que la Justicia; por eso los desaparecidos, las capuchas, los disfraces, los centros clandestinos y la subordinación del Poder Judicial. Pero los genocidas olvidaron una regla de oro de la ciencia militar, mientras hay resistencia el enemigo no está derrotado y en la Argentina nunca cesó la resistencia: dentro y fuera de los centros clandestinos, dentro y fuera de la Argentina, por medios clandestinos y utilizando resquicios legales.  Nunca cesó la resistencia. Nunca.

    Los militares decretaron la auto amnistía en 1982 cuando comprendieron que con Malvinas habían agotado su tiempo histórico. Pero nadie se la concedió. El clamor era tan grande que en 1985 se logró el Juicio a la Junta de Comandantes, la Causa 13, que abrió un camino de Justicia.  Los militares y la derecha civil chantajearon, se sublevaron, el gobierno de Alfonsín claudicó y casi todo lo construido entre 1976 y 1987 en el terreno judicial se perdió. Otra vez sonaron voces triunfalistas, Menem fue más allá y se propuso borrar los pedacitos de memoria conquistados e insinuó la reconciliación nacional entre torturados y torturadores, entre secuestrados y familiares de desaparecidos, entre apropiadores de niños nacidos en cautiverio y las abuelas que los buscaban. No lo escuchamos y durante más de quince años luchamos contra las Leyes del Olvido y el Punto Final, contra los Decretos de Amnistía a los condenados en el Juicio a la Junta, contra el intento de transformar la Escuela de Mecánica de la Armada, donde había funcionado uno de los Centros de Exterminio más grande del país (junto con Campo de Mayo, uno de la Marina, el otro del Ejercito, ocho mil compañeros que pasaron por allí entre ambos) en un Monumento a la Unidad Nacional y ya que está en un emprendimiento inmobiliario, que siempre se puede robar algo más piensa el ladrón.

    Quisiera marcar algo, que por tan obvio a veces se olvida: todo el tiempo, las consignas y la estrategia de lucha contra la impunidad se basaron en violentar las reglas de la política “realista”. Cuando los sobrevivientes ya habían contado de los vuelos de la muerte y del sentido estricto de la palabra “traslados”[4], el movimiento popular levantó consignas como “con vida los llevaron, con vida los queremos” y  “aparición con vida y castigo a los culpables”.   Cuando se clausuraron los juicios penales se inventaron “juicios por la verdad” y se hicieron denuncias tan osadas como la que abrió la causa por la Operación Cóndor contra los gobernantes de todas las dictaduras militares del Cono  Sur. En medio de la impunidad más cerrada cientos de sobrevivientes reconstruyeron con paciencia de orfebre los Trabajos de Recopilación de Datos, TRD, juntando los pedacitos de memoria salvados por los sobrevivientes mediante una mirada por debajo de la capucha o una voz grabada en su cerebro en la sala de torturas y reconocida en la sala de espera de un odontólogo o en la cola de un banco. Como un enorme rompecabezas, sin ayuda del Estado que había decretado la impunidad y pretendía tapar con dinero el agujero de la infamia, se reconstruyeron los datos que todavía hoy constituyen el insumo fundamental para los juicios. Porque si algo tiene que estar claro, es que nadie nos regaló nada en cuanto a los juicios.  Los juicios que tenemos los valoramos por algunas de las razones que ya dije y por otras más, pero sobre todo porque son los juicios que nosotros mismos supimos conseguir en los más de treinta años de lucha contra la impunidad; años de lucha que fueron reconocidos y asumidos por el actual gobierno nacional al descolgar los cuadros de los dictadores, modificar la Corte Suprema y respaldar la búsqueda de Justicia por parte del movimiento popular.

    Pero no se confundan, si algún paradigma guió la lucha contra la impunidad fue el de la locura y no el de la “correcta” operación política ingeniosa de adaptación al mandato del dominante.

    El primer diputado de la izquierda que presentó el proyecto de anulación de las leyes se llamaba Floreal Gorini y su propuesta, y las de quienes lo acompañaron y continuaron, durante años eran catalogadas como propuestas “testimoniales”, condenadas a no tener quórum. Y así fue.  Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis años presentando el proyecto de anulación de las leyes sin quórum, como un gesto digno pero intrascendente.  Pero vino la rebelión popular de diciembre de 2001 y apareció el quórum y se anularon las leyes y luego la Corte Suprema cambió su composición y cambió su opinión sobre las leyes de la impunidad.

    Vencidos vencimos decía el romano Plauto dos siglos antes de Cristo. Pero es que acaso, la cuestión de la victoria y la derrota debiera considerarse de un modo más complejo que el balance de sangres y cuerpos, de bombas y bombarderos. Si algo aprendimos en esta lucha, es que la justeza y la dignidad de la causa tiene en la perspectiva historica una dimensión que el opresor jamás alcanza a mensurar. Hay una dignidad que el vencedor no conoce escribió nuestro Jorge Luis Borges en unos de sus poemas históricos más conjeturales. Ni conoce, ni intuye, ni imagina: la de Uds., la de los pueblos, la de todos los que luchan por la paz y la justicia, contra la muerte y el olvido, que vendrían a ser dos formas de nombrar lo mismo.

    No hay nada que nos identifique más que ser victimas del mismo genocidio.

    ¿Qué éramos antes de la invasión española que algunos llaman Conquista y otros Descubrimiento de América?  Un conjunto de pueblos, con muy diversos estadios de desarrollo cultural y científico, con diversos modos de organización social, aunque prevalecían los modos comunitarios y la identificación con la naturaleza que los llevaba a preservar el medio ambiente como nunca después.

    Fue el genocidio europeo contra los pueblos originarios el que gestó la identidad americana;  seguíamos siendo muy distintos, acaso más que antes, pero ahora teníamos un elemento unificador que era la decisión del genocida de exterminarnos en parte y esclavizarnos, someternos y devastar nuestra cultura. Porque esa noción la aprendimos en carne propia: es el represor el que nos reúne en el grupo a exterminar, no somos nosotros los que nos incluimos; ellos tratan de generarnos culpa por nuestro sufrimiento: “te reprimimos por que resistes, te torturamos porque no colaboras, te matamos porque no te pasas de bando, sufres porque apoyan a los insurgentes”. Es una operación cultural de dominación y de división.

    Por eso nosotros, por regla, siempre estamos del lado de los que resisten y de los que luchan, incluso cuando íntimamente nos parezca que sus formas y modos de hacerlo no son los más eficaces o aún son erróneos. Pero nunca apoyamos al dominador, al discriminador y mucho menos al asesino y torturador.  Llevamos setenta y tres años de esta conducta y la mantendremos cueste lo que cueste. Cuando hay gobiernos que favorecen la lucha, mejor, y cuando hay dictaduras feroces, también.

    Comenzamos a ser americanos cuando la conquista española y fuimos más americanos cuando la gesta independentista anunciada por el pueblo haitiano, que derrotó al colonialismo francés en 1892 aunque casi nadie lo registre y se hable impropiamente del bicentenario, y desplegada por San Martín, Bolívar, Artigas, O Higgins y tantos otros en 1810.  Hubo en la gesta revolucionaria, al menos en sus mejores hombres: San Martín, Castelli, Belgrano entre los nuestros, intención de juzgar los crímenes de los españoles y de hecho el general San Martín funda la tradición nacional de juzgar los crímenes de lesa humanidad en base al derecho consuetudinario en una decisión que hoy mismo reivindicamos contra tanto escriba leguleyo que pretende impunidad para los represores. Pero, finalmente, pese a esos esfuerzos, el genocidio español quedó impune, los pueblos originarios sin recuperar sus tierras y la propiedad territorial en manos de los que formarían la naciente burguesía criolla, rápidamente entrelazada y subordinada con los empresarios ingleses tan bien defendidos por la  Royal Navy. Y fue el poder de esa oligarquía con olor a bosta la que frustró la independencia nacional.

    La impunidad no solo dejó sin castigo el crimen de unos cincuenta millones de hermanos, contando solo los de los primeros años, digo sin hablar de los que morían en las minas de Potosí o las plantaciones de yerba maté de Misiones, sino que creo las condiciones materiales para la frustración de la revolución de Mayo. La impunidad no es una cuestión jurídica y mucho menos un problema personal de las víctimas, sus familiares, amigos o compañeros de militancia. La impunidad ha sido hasta ahora el principal mecanismo del poder para garantizar su continuidad como Poder; allí donde el Poder es fraude electoral, para consumarlo; y allí donde es guerra abierta contra el pueblo como en Colombia para seguir con los crímenes.

    La impunidad del Genocidio español no solo frustró el Mayo sino que permitió la Guerra de la Triple Alianza y la llamada Campaña del Desierto, a finales del siglo XIX, Segundo Genocidio que exterminó la Nación Guaraní, liquidó la resistencia del interior a la hegemonía del Puerto de Buenos Aires sobre la Nación y “limpió” la pampa húmeda y la Patagonia de “indeseables” pueblos para montar el país agro exportador que todavía predomina en la vida económica. Ayer ovejas y vacas, luego trigo y maíz, ahora soja transgénica forrajera; pero siempre el mismo sujeto beneficiario, la burguesía agraria que surgió de los dos genocidios, el español y el del naciente estado argentino. Y la impunidad del Segundo Genocidio es el que permitió la constitución de un estado represor que ha oscilado entre el golpe de estado y los ciclos de vigencia constitucional.  Que al menos aquí, todavía no conocemos la democracia verdadera.

    Es en la historia del estado represor del siglo XX que se explica el Terrorismo de Estado de los setenta y en la impunidad del mismo, el triunfo de Menem y el neoliberalismo de los noventa.

    Fue después de su derrota en Vietnam que los yanquis organizaron la gran operación continental terrorista que tapó casi todo el mapa de dictaduras militares y desplegó una metodología de exterminio que parece una sola, como se parecen nuestros Vuelos de la Muerte con las Fosas descubiertas en 2010 en Macarena,  Colombia.  Leyendo los dos fallos del Tribunal Permanente de los Pueblos sobre el Genocidio que se viene cometiendo en Colombia desde hace décadas a veces uno se pierde en la geografía: ¿cuál Coca Cola manda matar, la de aquí o la de allá?; ¿cuál grupo paramilitar asesina, corta los testículos y los cose en la boca, la Triple A o la Autodefensa Unida?; ¿ qué político llama a exterminar la subversión Isabelita o Uribe?, ¿qué empresa apoya el Terrorismo de Estado, la siderúrgica Acindar de Argentina o la fruticultora  Chiquita Brands de Colombia?.  Por eso somos (o debieramos ser)  más  latinoamericanos que nunca, hermanos como nos querían San Martín, Bolivar, José Martí, Salvador Allende y el Che Guevara

    Cierto es que en ambos países el Terrorismo de Estado no nació en los setenta pero sí pegó un salto de calidad que nos obliga a cortar de una vez su reproducción ampliada, pues ni aquí ni allá la próxima oleada será menor o igual, será mayor y más perversa.  Esa es la lógica de la historia del Terrorismo de Estado, o lo derrotamos o sencillamente nos termina exterminando. Insistimos, la impunidad no es solo una cuestión jurídica con implicancias éticas o morales; es el límite del cambio social, es el gran reaseguro del status quo y con ello, del mantenimiento de las condiciones que originaron el conflicto social y volverá a hacerlo una y otra vez porque se pueden matar miles, decenas de miles, cientos de miles, pero no se puede matar a todos los obreros y todos los campesinos, y de sus condiciones de vida y de trabajo, del medio ambiente que les permitan tener surgirán las condiciones para la lucha y para la respuesta represiva.

    Si se quiere terminar con la espiral de violencia no alcanza con la voluntad de paz ni con todos los “sacrificios” , y habrá que hacer muchos seguramente para lograr la paz en Colombia; hará falta cortar con la impunidad, no se si con toda y de modo absoluto, pero si con la cultura de la impunidad.  No están todos ni mucho menos, pero Videla en el banquillo de los acusados en un hecho cultural de proporciones.  Los dioses están siendo juzgados por los mortales. Y si sentáramos a los dueños de la Ford y de Acindar, a los banqueros que crearon la deuda externa, mucho mejor.  En eso está la Liga y no está sola por supuesto. Y con la justicia vendrá la memoria y con ella la verdad.

    Un gran poeta español, Gabriel Celaya escribió sobre la muerte de Federico García Lorca:              Que no murió. Le mataron .Contra la cal de una tapia luminosa
    me lo dejaron clavado.  -”Por vuestros padres- decía-. Y lo dejaron clavado diez pólvoras  asombradas y una bruta voz de mando.
    Todavía en España, yo mismo lo escuché en Granada, hay quienes dicen que Federico murió. Aquí nadie se atreve a desmentir que a Rodolfo Walsh lo mataron.  Que no murió, lo mataron. E ahí la diferencia entre la impunidad y la justicia, entre el olvido y la memoria, entre la decadencia de la vieja Europa y la esperanza latinoamericana.

    ¡Vamos, para que nadie diga que ni uno solo de los cientos de miles de compañeros colombianos, murió; que todos digan que los mataron, que sepamos quién los mató y que vayan presos de una vez por todas!.

    Ese sería un buen camino, creemos nosotros, para construir la paz.


    [1] secretario de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, ex preso político, ha publicado cuatro libros y dictado cursos de historia y de derechos humanos para el movimiento popular, partidos de izquierda y la universidad.

    [2] el Almirante Emilio Eduardo Massera coqueteó con esa idea por años, utilizó la Esma como base de operaciones política y llegó a fundar un diario con ese objetivo

    [3] el General Leopoldo Fortunato Galtieri, poco antes de Malvinas, organizó un famoso asado multidinario en Victorica, La Pampa, donde agrupó dirigentes políticos de los partidos tradicionales que colaboraron con la dictadura en cargos municipales y ministeriales. Un socialista llegó a ser embajador en Portugal, Américo Ghioldi.

    [4] los represores decían “traslados” a la ejecución sumaria y el entierro clándestino o a los “vuelos de la muerte” que tiraban los cuerpos drogados pero vivos al mar desde la altura de un avión.


  • La Liga Argentina por los Derechos del Hombre denuncia que se pretende ascender a Fiscal General al Dr. Alberto Gentili, quien pretendió querellar a dirigentes sociales y políticos por financiar desde Argentina a las F.A.R.C. Colombianas desde la Ufidro. Así se “legitimaria” el Plan Colombia en la Justicia y se premiaría un discipulo de Torquemada.

    Según informaciones con que contamos, se estaría por consumar la designación del Dr. Alberto Adrián María Gentili como Fiscal General ante los Tribunales Orales en lo Criminal Federal de San Martín. En mayo de 2010 quedó primero en el orden de mérito general del Concurso Número 65 del Ministerio Público Fiscal de la Nación a pesar de los antecedentes con que cuenta, que detallaremos una vez más y que el Procurador General de la Nación, Dr. Esteban Righi conoce perfectamente, pues fue justamente él quien lo ha venido protegiendo todos estos años de los escandalos políticos macartistas y convivencia con los narcotraficantes en que se ha mezclado Gentili.

    En junio de 2007 llegó a nuestras manos, de trabajadores de la  Unidad de Apoyo para la Investigación de Delitos Complejos en Materia de Drogas (Ufidro) cuya identidad hemos preservado para prevenir en lo posible de las persecusiones del Dr. Gentili y sus colaboradores, copia del expediente que se había abierto contra un grupo de dirigentes sociales y politícos entre los que destacaban Adolfo Perez Esquivel, Hebe Bonafini, Patricio Echegaray entre otros.  Se los acusaba de ser parte de una estructura de financiamiento de las Fuerzas Armadas de Colombia (F.A.RC.) en base a un informe entregado por el Dr. Gustavo Demarchi (hoy procesado por su participación en los crimenes de la Triple A desde su lugar dirigente de Concentración Nacional Universitaria (C.N.U.) que el Dr. Alberto Adler dio por valido y abrió el Legajo de Actuación Administrativa 104/2007 titulado “Fiscalía General de Mar del Plata, actividades de narcoterrorismo FARC” para luego elevarlo al Dr. Alberto Gentili quien abrió a su vez un expediente en el que consta que seis despues de abierto el expediente de Mar del Plata, el 26 de marzo de 2007, se libró un “alerta de seguridad” a los aeropuertos de todo el país. En el expediente de Mar del Plata se consignaban diez años de seguimiento sobre un representante de las Fuerzas Armadas de Colombia, que había ingresado legalmente al país y que desarrollaba actividades tan “subversivas” como dar Conferencias Públicas en universidades, sindicatos o entrevistas periodisticas a medios radiales y gráficos comerciales.  Resaltaba por lo rídiculo el informe presencial de un agente infiltrado en una actividad en la Universidad de las Madres que detallaba dichos y detalles de los asistentes como en un informe de los que se presentan como prueba en los Juicios contra los represores del periodo del Terrorismo de Estado.

    En su momento hicimos una denuncia pública (que recogió en varias ediciones Pagina 12 y otros diarios[2])  y envíamos una carta al entonces Presidente de la Nación, puesto que más allá de los delitos cometidos (violación del deber de funcionario de denuncia de los delitos cometidos: el expediente recogía información que las leyes de Defensa Nacional, de Seguridad Interior y de Inteligencia Nacional establecen como prohibida para los uniformados, y vulneraron el sistema de derechos y garantías establecidos en la Constitución para los compañeros acusados), estabamos ante un hecho político que contradecía la anunciada política de integración regional y promoción de la paz para Colombia.

    En enero de 2008, junto a los compañeros Patricio Echegaray, Eduardo Soarez y Herman Schiller, involucrados en las denuncias de la Ufidro, la Liga realizó una denuncia penal contra Gentili y las maniobras de espionaje político. Como suele ocurrir en estos casos tanto Gentili como Righi comenzaron negando todo para luego abrirse una investigación interna, producirse la renuncia de Gentili y finalmente la disolución de la UFIDRO.  La denuncia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre había sido probada y en el camino se incorporaron otras denuncias vinculadas a la convivencia del Fiscal con los abogados de los narcotraficantes que supuestamente su Unidad debía investigar (concretamente una “fiesta” por el “día de la primavera” en la residencia del abogado Virgolini, a cargo de numerosas defensas de personas acusadas de narcotráfico).

    Cualquiera supondría que el destino político de Gentili estaba sellado, pero estabamos equivocados; por razones poderosas que debería investigar el Gobierno Nacional, Gentili fue ratificado en su cargo de Fiscal General de Lomas de Zamora, pero con destino en San Isidro “para estar más cerca de su casa” (no es un chiste, consta en el pedido que formuló a Righi y este aceptó, como tantos otros pedidos).   Tuvo a su cargo la investigación del caso Febres (el marino que terminaría “suicidandose” el día previo a la sentencia; en otro pedido a Righi habla de la dictadura como la dictadura lo hacía: la ardua pero necesaria labor de analizar y entrecruzar extensos listados de llamados, certificar los objetos procesales de las causas otrora seguidas al occiso por delitos cometidos durante la vigencia del proceso de reorganizacion nacional y la de escrutar indicios…

    De esa fiscalía saldriá uno de sus colaboradores para un cargo que dificilmente se considere un aporte a la política de derechos humanos que el gobierno nacional proclama: Horacio “Toto” García renunció al trabajo al lado de Gentili para pasar a ser jefe de asesores del Ministro de Seguridad Montenegro del Gobierno de la Ciudad.  Casualidades dirá el Dr. Gentili, vulneración del principio de presunción de inocencia.  Vale. Pero cuántas casualidades!: el iniciador de la causa por las FARC, el Dr. Gustavo Demarchi, ex Jefe de la CNU Mar del Plata, procesado, profugo por meses y hoy preso por delitos de lesa humanidad; su colaborador en la fiscalía de Vicente López, Horacio García, pasa a ser jefe de Gabinete de Montenegro; el organizador de sus fiestas de la primavera, el Dr. Virgolini, un abogado del narcotráfico….

    ¿A nadie le parece llamativo, no debiera haberse hecho alguna consideración sobre estos ítems el jurado presidido por el Dr. Esteban Righi?  O será que “alguién” se preocupa por la carrera del amigo de la D.E.A y con tantos contactos en los organismos internacionales como el GAFI (el mismo que viene imponiendo leyes antiterroristas en todo el mundo, incluido nuestro país)

    De paso, y para terminar que todo tiene que ver con todo, ¿sabe la Señora Presidente del país, que el organismo gubernamental encargado de aplicar la Ley Antiterrorista Argentina en el terreno financiero, la Unidad de Información Financiera,  ha ordenado cotejar cada transacción financiera importante[3] con un listado unificado de terroristas[4] a la que se accede desde su web; pero la sorpresa es que al linkear se entra a la lista de “terroristas” del gobierno de los EE.UU. donde sí está el objeto del deseo persecutorio del Dr. Gentili con que empezó toda esta historia: las FARC de Colombia[5] .Casualidades, dirá Gentili. Quién sabe, decimos nosotros. Lo cierto es que la Ley Antiterrorista está vivita y coleando, se emplea y para aplicar esa ley bien vale tener Fiscales Generales como el Dr. Alberto Adrian María Gentili.

     

    LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE


    [1] en 1941, Bertol Brecht escribió un clásico: El irresistible ascenso del Sr. Uy sobre la responsabilidad de la sociedad alemana en el ascenso de Adolf Hitler

    [2] en www.pagina12.com.ar de los días 21, 22 y 23 de julio del 2007; 14 de enero, 17 y 24 de febrero y  1º de marzo de 2008; 18 de mayo de 2010 constan nuestras denuncias y detalles de lo denunciado

    [3]“ h) Personas incluidas en el listado de terroristas: los Sujetos Obligados deben prestar especial atención cuando la donación o aporte o su tentativa involucre a personas incluidas en el listado de terroristas o fondos, bienes u otros activos, que sean de propiedad o controlados (directa o indirectamente) por personas incluidas en el listado de terroristas, debiendo cumplimentar a tales efectos lo establecido por la resolución UNIDAD DE INFORMACION FINANCIERA vigente en la materia”. resolución de la Unidad Información Financiera Lunes 31 de enero de 2011 Primera Sección BOLETIN OFICIAL Nº 32.081 11

    [4] www.abogados.com.ar del 4/02/2011



  • «Considerando: 1º Que la presente causa se ha iniciado por la presentación efectuada en forma conjunta por Sara de Castiñeiras, Iris Pereyra de Avellaneda , Floreal Avellaneda, Juan Manuel Castiñeiras y Ana María Astudillo….. en representación de la Liga Argentina por los Derechos Humanos , quienes solicitaron la declaración de la inconstitucionalidad del decreto 1002/89, mediante el cual el Poder Ejecutivo Nacional indultó entre otros, a Santiago Omar Riveros, por los hechos a él imputados en la ex causa 85 de la Cámara Federal de Apelaciones de San Martín (fs. 1/6)….»

    Así comienza el fallo con el que la Corte Suprema de Justicia anuló el indulto presidencial a uno de los máximos responsables del Genocio cometido en la Argentina, el General Omar Riveros, quien estuvo al frente de Institutos Militares y por ello de Campo Mayo, asiento de uno de los mayores centros de exterminio bajo la dictadura. Llamativamente, ¿o no?, ningún medio gráfico, ninguno de los numerosos análisis realizados en estas horas, han destacado el parrafo precedente que da cuenta de algo que se pretende ocultar: el fallo es una conquista del movimiento de derechos humanos, del movimiento popular en general y de las organizaciones que puntualmente lo promovieron.

    Es uno de los resultados de una larga lucha caracterizada por la consecuencia y la perseverencia; una lucha construida desde definiciones teóricas y filosoficas contudentes que hoy día pueden parecer cuasi normales pero que en su momento (no casualmente los indultos se dictaron en el fatídico año de 1989, en las vísperas de la larga década de los 90) eran objeto de burlas e ironías como las que se proporcionan a los desvariados y los que no pueden reconocer la realidad en nombre de un posibilismo y un realismo que hoy pretende adueñarse de nuestra lucha para consolidar nuevos mitos posibilistas. Empecemos por el principio, los indultos de Menem fueron la culminación de una estrategia de impunidad iniciada en el momento mismo del acto represivo, y por eso los Falcon sin chapa, y por eso las capuchas, y por eso los centros clandestinos, y por eso la negación de Justicia que realizaban todos los que rechazaban Habeas Corpus, y por eso los desaparecidos, y por eso…… Cuando los milicos comprendieron que el tiempo infinito prometido se acababa aceleradamente después de Malvinas, se autoamnistiaron y procuraron hacer desaparecer la mayor parte de la prueba sobre los desaparecidos. Luego vino Alfonsín con su ficción de justicia (sólo los Jefes y por algunos casos) y su traición desembozada cuando la marea de la lucha popular amenazaba romper los límites acordados con los represores y el Poder real. Es en esa perspectiva de continuidad cívico militar de impunidad: desaparecidos, autoamnistía, Felices Pascuas, Indultos, que se ubican los decretos hoy anulados.

    Y otra línea de continuidad: resistencia en los centros de tortura y detención, organización de la lucha por la aparición con vida y la Libertad, los habeas corpus, las solicitadas, las Madres en la Plaza, las marchas contra la impunidad, la negativa a la resignación, la búsqueda de caminos políticos, legislativos y jurídicos con toda creatividad y audacia, entre los que debe destacarse el primer pedido legislativo de anulación de las normas de impunidad impulsado por el diputado comunista Floreal Gorini, conducta que luego mantuvo a nombre de Izquierda Unida la compañera Patricia Walsh, es la que debe considerarse al analizarse el resultado de hoy, incluido por supuesto el Diciembre Popular de 2001 y el descalabro en que entró el ideario neoliberal y su sistema de dominación que provocó en su rearticulación una nueva composición de la Corte Suprema y un cambio notorio en el lenguaje y la doctrina jurídica aceptada como «normal» que sostiene la anulación: no hay razón jurídica alguna que justifique la violación de los Pactos y los Tratados Internacionales que condenan los crímenes de lesa humanidad cuyo castigo deberá privilegiarse por encima de otros valores. Celebramos el fallo, celebramos la lógica que se aplica y «sólo» pedimos que se aplique rigurosamente y de una manera universal, para todos los genocidas, para todas las violaciones de los derechos humanos. Con una audacia intelectual que bien podría utilizar para reformar las FF.AA. la ministra Nilda Garré ha afirmado que con este acto se terminó con el último resquicio de la impunidad en la Argentina; por su parte una caterva de dolidos derechistas que van de Menem hasta López Murphy claman por la seguridad jurídica amenazada por la modificación de una anterior proclama de la Corte legitimando los indultos. Entre estas dos posiciones deberemos construir nuestro discurso y nuestra práctica de lucha contra todas las formas vigentes de la impunidad (el 99% de los genocidas libres, como para comenzar; el hambre de los chicos en el país de las vacas, como para bajar a tierra los discursos) afirmados en una convicción que surge de esta larga batalla ganada: no hay política más exitosa que la de la ética y la coherencia, si la mantenemos con dignidad y humildad por el tiempo necesario, si sabemos juntar tras un objetivo a todo lo que se puede unir en pro de una lucha.

    Se podrá decir, en disenso con mis enfoques, que sólo se trata de un represor que ni siquiera estaba condenado y al cual dificilmente se lo encierre alguna vez en cárcel común; puede ser pero es que no estamos hablando de Riveros, ni siquiera de Videla y los otros. Estamos hablando de símbolos y de gestos. Del valor que tiene para las grandes masas el Derecho (que crea verdad con sus fallos, dice Foucault) y así lo perciben los revolucionarios de América que han celebrado el fallo como victoria propia y así lo lamenta la derecha de todo pelaje que sabe que una victoria prepara la siguiente, aunque entre una y otra pasen años y años. Es que ellos, por mero ejemplo, conocen bien a una de las personas que pidió la anulación del Indulto, ellos saben bien que no pudieron quebrar a Iris Avellaneda ni con la tortura de su hijo, que debieron soportar su testimonio en el Juicio a la Junta y la vieron caminar por más de treinta años junto a Floreal y todos los otros. Ellos saben que gente como Iris no se sentarán a leer el fallo al lado del camino, sino que seguirán hasta el final. Hasta que vayan todos presos y el sueño de los nuestros se haga tan real.