• Historia de un poema para el Negrito Avellaneda.

    Historia de Un poema para el Negrito Avellaneda.

    Para Iris y Lille, madres coraje de mi edad madura.

    Conocí a los papas del Negrito, Floreal e Iris en el 2005. Estábamos en el momento mas duro de la impunidad. Los juicios se habían reabierto en el país, pero la Cámara Federal de San Martín era un reducto de la impunidad dura. Todo el proceso de instrucción de las causas había sido traumático en demasía: habían tomado cada victima como caso aislado y abierto miles de causas que no cerraban en ningún lado. Pero como si eso fuera poco, del otro lado del Rio de la Plata, a pesar de que había asumido un gobierno del Frente Amplio, el pacto de impunidad con los militares, firmado por la dirección de Tupamaros y la cúpula militar en el Club Naval, se mantenía imperturbable. Habíamos llegado a tener una entrevista con quien se consideraba la mano derecha de Tabare Vasquez pero ni siquiera se había comprometido a comparar los adn de los cuerpos recuperados con el adn familiar de los Avellaneda. De la entrevista salí puteando como pocas veces.
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    Lille fue quien se puso al hombro la búsqueda del cuerpo robado por el Ejercito Uruguayo en 1976. Recuerden que a Floreal lo secuestran, lo torturan, lo asesinan en Campo de Mayo y lo arrojan al Río de la Plata de modo tal que su cuerpo navega por el río hasta llegar a la dársena del Puerto de Montevideo. Allí lo recogen y entierran como NN en el tubular del cementerio Norte de Montevideo para desenterrarlo cuando el compañero abogado Julio Viaggio mete un pedido de identificación del cuerpo en Argentina y logra que lo identifiquen en Montevideo. Pero el cadáver de Floreal nunca volvió al Cementerio Norte, desapareció. Como los treinta mil.

    Lille puso en acción toda la red de compañeros y compañeras que había construido desde que mataron a su compañero y ella se puso al frente del reclamo por las víctimas de la dictadura uruguaya. Entonces, un día me habla por teléfono con ese tono imperativo que pone cuando está en juego la dignidad humana y me dijo tenes que tomar el buquebus de media noche, mañana te necesito porque creo que encontré al Negrito. Aclaro, no es que
    e me preguntó si podía o quería ir a Montevideo ese día de finales de diciembre de 2005, me dijo simplemente que al medio día me esperaba en Montevideo. Y ya.

    Uno de los abogados, Jorge Brioso, me facilitó copia del expediente en papel, y allí fui yo para Buquebus en un taxi que cuando veía manifestantes, su conductor clamaba por la vuelta de los militares. Y yo que empezaba a decir, quien me metió en este lio.
    Me senté en uno de los sillones pegado al ventanal, era medianoche de verano, y al lado mio se sentó un joven que me contó, el primero, que había ganado un premio por recuperar archivos que se creían perdidos de una Naviera que pertenecía a Pinochet. Luego, al escuchar el motivo de mi viaje, dijo pará pará. Se levantó y volvió con una botella de whisky y dos vasos (había ganado un premio en dolares, recuerden) y me dijo, ahora puedo escuchar esta historia.

    El buque bus llegaba a Colonia y uno se sube a un bus que te lleva a Montevideo. Lille vive en un barrio cerca de la entrada por lo que me bajé antes de la estación. Luego hicimos un largo recorrido por domicilios de antropologos, fotógrafos y todo tipo de compañeros. En todos lados miramos fotos de cuerpos hallados en el río, hinchados hasta parecer todos iguales y ninguno diferente al Negrito. Pero por una razón u otra íbamos descartando. La fecha, un dato, el sexo. Lo único que recuerdo es que mire todo el día fotos de seres humanos hundidos en la historia, en el agua, en el olvido; y que cada uno de ellos nos hacía llorar como nunca antes.

    Cambien fuimos al Cementerio Norte para entender que los NN uruguayos son colocados en tubos de hormigón para que circule el aire y sus cuerpos se descompongan más rápido y puedan ser echados a las fosas colectivas. Del destino de Floreal no había registro alguno. Ni de su ingreso ni de su egreso. Como decía el hijo de puta de Videla, simplemente estaba desaparecido.

    A media noche emprendí el regreso, ahora con una maleta de fotos de muertos y ahogados, o torturados hasta la muerte y echados al río, quien lo podría saber. El colectivo me llevo a Colonia, allí luego de una larga espera burocrática, me subí al Buque bus y me senté en el mismo lugar de la ida. Pedí una cerveza, agarré las servilletas y de un tirón escribí un Conjuro para encontrar a Floreal Avellaneda. Dicen que si lo repetimos un millón de veces, Floreal volverá, cruzando el río dos veces, para volverte y borrarte, para borrarte y tenerte

  • La historia la hacen los pueblos, los Derechos solo se conquistan con la lucha organizada

    Editorial del programa A ligar mí amor, programa radial de la Liga Argentina por los Derechos Humanos

    La historia la hacen los pueblos, no los virus.

    La pandemia del COVID-19 ha desatado una crisis civilizatoria de dimensiones universales.

    Por todos lados se discute y se hacen pronósticos de cuál será la sociedad que emergerá de está crisis.

    Creo que hay que esquivar cualquier tentación fatalista, catastrofista, de creer que la muerte la pandemia o la guerra por sí sola producen cambios sociales de magnitudes revolucionarias.

    Nunca fue así. Cada derecho que conquistó la humanidad ha sido resultado de la lucha organizada de pueblos, de proyectos políticos, de ideas, de cultura y de mucha fuerza puesta por los hombres y las mujeres organizados con una apuesta clara a conquistar un derecho.

    Quisiera decir que de la experiencia de nuestra lucha contra el terrorismo de estado, de la supervivencia en los centros clandestinos y en las cárceles, de lo que aprendimos en los juicios en estos años, creo que se pueden extraer algunas conclusiones útiles para esta etapa.

    La primera es que nadie se salva solo.

    No hay posibilidad alguna de enfrentar una pandemia como un fenómeno individual sino como lo que es: un fenómeno social, resultado del ciclo productivista que destruye al medio ambiente y la destrucción del aparato de salud pública por parte de los gobiernos capitalistas.

    La segunda conclusión es que sobrevivir a una pandemia, sobrevivir al terrorismo de estado nunca fue ni es solo no morir.

    Es también emerger de la crisis y superar los encierros conservando la identidad previa que teníamos y que queremos mantener.

    No sabemos muy bien cómo será la Argentina que sobrevenga al fin de la pandemia, que en algún momento terminará. Pero creemos que los organismos de derechos humanos y los luchadores por los derechos humanos podemos aportar bastante a ese país que estamos deseando que aparezca.

    Y aportar es afirmarnos en nuestras certezas, nuestras convicciones, en nuestros principios.

    Así como durante la dictadura el mayor aporte de los sobrevivientes fue defender su identidad en la mesa de torturas, en los encierros, en los largos exilios o en los largos destierros, ahora también se trata de que los organismos de derechos humanos también preservemos el derecho de las personas a pensar y organizarse y a criticar y a ejercer sus derechos aún en las condiciones tan especiales de la pandemia.

    Por eso en estos días la Liga ha denunciado en Mendoza, en Río Negro, en Córdoba y en todos los lugares que hizo falta, los hechos que la policía la gendarmería o cualquier fuerza siga cometiendo contra los derechos de las personas.

    Somos una organización que ha sobrevivido 82 años largos, y esa supervivencia nunca ha sido solo el transcurrir del tiempo sino el aferrarnos a los principios y a lo que creemos.

    Creemos que las personas hacen la historia, creemos que todos y todas tenemos Derechos y en la lucha por esos derechos construimos la vida.

    MALVINAS

    Podemos intentar pensar la cuestión Malvinas desde la perspectiva de los derechos humanos.
    En primer lugar Malvinas -ese estigma colonial que tiene la argentina- nos lleva al primer derecho de los pueblos, que es el derecho a la autodeterminación, el derecho a la soberanía sobre su territorio, el derecho a decidir por sí y solo ante sí el destino de sus habitantes y de sus territorios.
    Malvinas nos obliga a pensar en términos de una relación de Colonia y potencia imperial, pero desde esa relación también podemos mirar lo fundamental de la Argentina: Malvinas es una colonia pero también buena parte de la Argentina está colonizada.
    Desde la conquista española, desde la re-conquista americana, desde el momento inglés de dominio y sobre todo desde el período que comenzó en 1976, siguió con Menem y se potenció con Macri. Lo primero que hay que decir es que necesitamos recuperar las Malvinas y necesitamos recuperar la argentina. Una segunda perspectiva sobre Malvinas es que aquella causa ‘anticolonial’ fue casi sin lugar a dudas una sucia herramienta política de una miserable dictadura genocida. Por eso los militares que fueron a Malvinas torturaron a soldados, se entregaron sin pelear y mostraron una vez más que las Fuerzas Armadas Argentinas no están preparadas para ningunas doctrina, ninguna hipótesis, ningún peligro real sobre argentina.

    Una vez más en estos tiempos los Servicios de Inteligencia han demostrado que no sirven para ninguna otra cosa que operaciones políticas contra el pueblo, contra dirigentes políticos, al servicio de potencias extranjeras, de los EEUU e Israel. La argentina sigue teniendo un vasto sistema de informaciones, agencias y todo tipo de espías pagos por el Estado que sin embargo en estos meses no tuvieron la menor capacidad de anticipar que en el mundo había un peligro epidémico y la Argentina desde principio de año debía prepararse para enfrentarlo. No es un reproche a las nuevas autoridades: hemos reconocido en la gestión de Caamaño una de las intenciones más democráticas y valientes de este gobierno, pero conviene marcar a fuego que el país necesita reformularse completamente y liberar cada uno de los territorios (geográficos, sociales, políticos y estatales) del dominio imperial. Nuestro mensaje para este 2 de abril es que necesitamos, queremos, estamos dispuestos a luchar por recuperar Malvinas y estamos dispuestos a luchar y hacer de argentina patria libre como querían todos los grandes patriotas que nos precedieron en la lucha desde San Martín hasta el Che Guevara


  • Presos políticos en el 44 aniversario del Golpe de Estado.  La vergüenza que el progresismo quisiera barrer bajo la alfombra

    Desde la retirada de la dictadura militar, cada 24 de marzo es ocasión para el repudio, la memoria, el reclamo de Justicia y también motivo para el balance, para la reflexión sobre el estado de los derechos humanos; tanto en su perspectiva de “consecuencias no resueltas del genocidio” como de nuevas formas de violación a lo que los argentinos han conquistado como “derechos” en largas luchas populares, en las calles y en distintos ámbitos del Estado.

    Este 24 de marzo adquiere un carácter muy especial. Luego de cuatro largos años de gobierno macrista en el que se desplegó la tercera etapa de implementación del modelo neoliberal[1], un nuevo gobierno que se proclama contrario a este modelo de acumulación se  enfrenta con una situación de crisis económica y política, inédita desde la crisis de 2001.

    Cuando el 24 de marzo de 2018, en nombre de la Liga Argentina por los Derechos Humanos,  y en mi condición reconocida de militante comunista, grité desde el escenario de la Plaza de Mayo aquel “Macri basura vos sos la dictadura”[2]   no estaba solamente dando lugar a la bronca y la voluntad de confrontar de la militancia,  sino sosteniendo en el escenario mayor de la lucha política en la Argentina, la Plaza de Mayo, una discusión conceptual muy profunda que hoy se extiende y corporiza alrededor de la cuestión de los presos políticos: ¿son presos políticos o están arbitrariamente detenidos?; un gobierno que llega por el resultado de elecciones más o menos libres, ¿es de por sí democrático y condición suficiente para que no haya violaciones a los derechos humanos? ¿O puede haber presos políticos, torturas y toda clase de violaciones (el uso de la palabra violaciones no es ingenuo, resalta que continúan las violaciones a las mujeres, travestis, disidencias) en las condiciones de plena vigencia de las leyes, las instituciones y con un gobierno que se proclama defensor de valores democráticos?

    La cuestión, entonces, parece abarcar otros temas que la mera discusión sobre los caminos jurídicos o no jurídicos para liberar a Milagro Sala, Amado Boudou, Luis D Elia, Facundo Jones Huala y otros cuarenta compañeras y compañeros hacinados en las cárceles de Ezeiza, Jujuy o Chile, se trata de discutir sobre el modelo de dominación macrista, la ofensiva imperialista en curso y la estrategia más eficaz para enfrentar y derrotar a las derechas reales, no las que imaginan los intelectuales de pensamiento becario que hoy dominan los medios que fungen oficialistas con honrosas y pocas excepciones.

    Nada de “inconductas de algunos”, un Genocidio planificado, integrado a una Operación Continental de Dominación imperialista, con el resultado no revertido de un Capitalismo Colonizado

    Corresponde comenzar por lo obvio, lo que no debe olvidarse nunca, pero se dice fácil Memoria, Verdad y Justicia. La memoria se construye en la disputa por el sentido común. En lucha contra la mentira, la falsedad, la fakenews y el lawfare.

    Pero estas disputas no se expresan linealmente entre los genocidas y sus víctimas, entre los sectores populares y la derecha, o entre el movimiento popular y el bloque de poder. En toda reconstrucción de la historia del terror hay distintos sentidos que dan cuenta, no solo de los modos de entender el pasado, sino sobre todo los modos de comprender el presente y de articular la fuerza en función de proyectos a futuros. La memoria es combate nunca es placidez 

    Cuando en París el presidente hablo de una ley contra el negacionismo dijimos ¿Cual verdad se va a blindar?: ¿Dictadura?, ¿Terrorismo de Estado? ¿Dictadura cívico militar, empresarial, clerical, pro yankee?, ¿Genocidio?

    ¿Negar cual verdad sería negacionismo?  ¿No decir que Isabel sancionó la Ley 20840 de lucha contra la subversión, utilizada para abrir causa judicial a cientos de presos políticos (de modo tal que la sola constatación de esa causal fue suficiente para que el Estado reconozca el carácter de preso político) será delito? 

    ¿O negar el papel de la CIA, vuelto a confirmar en estos días con el descubrimiento que una empresa Suiza que supervisaba las comunicaciones de los Servicios de Inteligencia comprometidos en la Operación Cóndor?  ¿No decir que fue el gobierno de los EE.UU. quien supervisó y articuló el golpe de estado con el mundo occidental y cristiano?

    A poco de andar, la pretensión de constituir verdad oficial sobre la memoria, la verdad y la justicia se muestra ofensiva y estéril.  No nos calló la dictadura, no nos calló Menem, no nos va a callar nadie.

    Lo hemos dicho mil veces[3].

    1. Fue una contrarrevolución preventiva, y por eso la magnitud del terror. No fue igual que en ocasión de los golpes de 1930, 1943, 1955, 1962 o 1966;  fue más parecido a la Conquista del siglo XVI o la Campaña del Desierto y la Guerra de la Triple Alianza de 1870. Tuvo la furia y la pasión de los que ven amenazados su dominación de clase, su régimen político, sus privilegios seculares. Porque había una revolución incubándose.

    2. Fue parte de una Operación Continental de reorganización de la dominación Colonial por parte del gobierno, las agencias de inteligencia y las corporaciones económicas de los EE.UU. que tras la Segunda Guerra Mundial y comenzada la Guerra Fría largaron una seguidilla de golpes de Estado: Guatemala en 1954, Paraguay 1954, Brasil 1966, Chile 1973, Uruguay 1974 que con el de Argentina en 1976 culminan la dominación completa del continente americano.  Claro que hubo Plan Cóndor pero mucho más que eso, fue la reacción de un Imperio ante desafíos revolucionarios en el mundo (derrota en Viet Nam y triunfos electorales en Chile, avances en Uruguay, el ejemplo del Che en Bolivia, etc.) y se sabe, toda perspectiva de triunfo revolucionario desata la furia criminal y  borra todo rastro del orden jurídico o los límites morales religiosos. 

    3. Y todo el terror puesto al servicio de la conformación de un nuevo modelo de extracción de plusvalía propiciando la renta financiera de un modo nuevo (la deuda externa como instrumento imperial de dominación al decir de Fidel Castro) y un concentración de la riqueza que rompió los aparentes equilibrios de una distribución de la renta nacional que se acercaba al 50/50 es decir, el cincuenta por ciento para los millones de trabajadores y el otro cincuenta para el  puñado de empresarios y grupos económicos, pero eso les parecía poco, demasiado poco. Como diría Rodolfo, “En la política económica de ese Gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes, sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.”  No se mata una generación por placer, sino para imponer un cambio integral del país. Del poder económico, de los valores culturales, de las costumbres, hasta del modo de jugar al futbol

    Esa vieja costumbre de tener presos políticos en la Argentina

    En ocasión de exponer frente al presidente Fernández[4] , sostuve que no es cierto que no haya parámetros internacionales sobre qué cosa es un preso político, cité que en la Asamblea Legislativa de la Unión Europea de 2009, resolución 3000 se establece que una persona privada de su libertad es un preso político si se da alguna, varias o todas estas condiciones:

    1-La detención ha sido efectuada violando alguna de las garantías fundamentales establecidas en el Convenio Europeo de Derechos Humanos o cualquiera de sus protocolos. En particular, libertad de pensamiento, conciencia, religión, libertad de expresión o información, libertad de reunión o asociación.

    2-La detención ha sido impuesta por razones puramente políticas sin conexión con ningún delito tipificado.

    3- Por motivos políticos, la duración de la detención o sus condiciones son claramente desproporcionadas con respecto al delito del que se ha declarado culpable o se sospecha que fue cometido.

    4-Por motivos políticos, el sujeto es detenido de manera discriminatoria en comparación con otras personas.

    5-La detención es el resultado de procedimientos que fueron claramente injustos y esto pudiese estar relacionado con los motivos políticos de las autoridades.

    O dicho de un modo coloquial y sencillo, todo preso es un preso político cuando su condición de perseguido político origina o modifica el procedimiento judicial o la misma norma jurídica. Digamos para entendernos, violar la presunción de inocencia y encerrarlos aunque no tengan sentencia firme en los días que corren o ser perseguidos por una montaña de instrumentos jurídicos construidos en épocas “democráticas”  y dictatoriales,

    Se sabe que con la Conquista Militar Colonial Europea que destruyó, sofocó y subordinó los pueblos originarios que poblaban estos territorios llegó la Inquisición que comenzó persiguiendo judíos conversos, heréticos de diverso signo para luego arremeter contra los afrancesados que difundían las ideas del liberalismo naciente con la Revolución Francesa. La sede regional de la Inquisición estaba en Lima y fue nuestro gran José de San Martín quien la destruyó y dio por finalizadas sus funciones.  Antes, aunque sin resultados sólidos, la Asamblea del año 1813 había ordenado el fin de la esclavitud (ley de vientres) y de la tortura (destrucción en plaza pública de todo instrumento de tortura).

    Fueron esos los primeros presos políticos junto con los hermanos que se levantaron con Túpac Amaru y fueron encerrados por años en las mazmorras del Imperio Español, eso sí, con sentencia judicial en forma.

    ¿Y cómo considerar a los mapuches encerrados por Roca en la Isla Martín García luego de la Campaña del Desierto, a las niñas y los niños esclavizados por la oligarquía porteña como sirvientes familiares u obreros de los nuevos obrajes, talleres o frigoríficos? 

    El viejo orden colonial fue finalmente destruido pero para principios del siglo XX, la Republica articulada por la Constitución de 1853 que había proclamado la igualdad formal de los varones blancos propietarios (ni mujeres, ni indios, ni inmigrantes pobres eran sujetos de ciudadanía) se ve sorprendida por el comienzo de protestas y luchas sociales de aquellos que habían traído para suplir a los pobladores originarios asesinados y exterminados en el sur y el noreste del país.

    La noción moderna del preso político podría considerarse iniciada con la sanción de ley 4144 de 1902, aquella invención de Miguel Cané que podría considerarse la base del edificio jurídico represivo del siglo XX.

    A partir de ahí, la existencia de presos políticos se convirtió en situación reiterada en distintas coyunturas. En 1910, en ocasión del Centenario de la Revolución de Mayo se sancionó la emergencia de seguridad y se suspendieron las garantías constitucionales. En 1930 se creó la Sección Especial de lucha contra el comunismo  que, con distintos nombres, sobrevivirá hasta hoy como una agencia especializada en combatir a los militantes anticapitalistas sin importar el nombre que se les asignen o que auto asuman. Los golpes de Estado de 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976 todos sumaron miles y miles de presos políticos aunque la figura de “detenido a disposición del Poder Ejecutivo” se masificó recién con los gobiernos de Isabel Perón y el ciclo dictatorial encabezado por Videla.

    La ley símbolo de la dictadura de Onganía fue la 17401(sancionada en 1967) de persecución de las actividades comunistas, que instauró por vez primera el delito de pensar ya que bastaba con la caracterización de los Servicios de Inteligencia para perder el trabajo o ser encerrado, claro que con causa judicial y fallo judicial.  De aquella época es el Camarón, una Cámara Federal única y especial para fallar en casos de persecución política. La ley característica de la última dictadura militar no es patrimonio de Videla y los genocidas, sino por el contrario, fue sancionada por el democráticamente electo Congreso de la Nación, con hegemonía del peronismo y el Radicalismo. La puesta en marcha de la ley 20840 contra las “actividades subversivas” sancionada en noviembre de 1974 (Juan Domingo Perón había muerto en junio y la derecha peronista viraba hacia la ultra derecha fascista de la Triple A) se abrieron infinitos causas judiciales, tantas que la sola constatación de que un ciudadano había sido objeto de esa persecución judicial servía como prueba para que el Estado argentino considerara cumplidos los requisitos para la adjudicación de la reparación económica para los presos políticos de la dictadura.

    Terminada la última dictadura se instauró un ciclo que ya lleva más de 35 años sin golpes militares. Sin embargo, el ejercicio del voto popular no evitó la existencia de presos político en la Argentina. En los primeros años de democracia quedaron detenidos un conjunto de presos políticos que el gobierno de Alfonsín seguía considerando subversivos y a los que se les iniciaron causas judiciales conforme el decreto presidencial 157. Hubo que luchar mucho, incluidas huelgas de hambre de los compañeros, para liberarlos.  Claro, la memoria de la lucha democrática la tienen los que luchamos por todas y todos los presos políticos, siempre, aunque algunos ni se dieran por enterados. 

    Presos políticos hubieron con Alfonsín, con Menem y también con Néstor Kirchner y Cristina Fernández.  Seis campesinos paraguayos fueron atrapados en Buenos Aires, a pesar de las promesas de garantías a refugiados políticos prometidas por el Embajador Argentino en Asunción, el señor Roma, entregados a la Justicia fascista de Paraguay y condenados a treinta y cinco años de condena bajo absurdas acusaciones nunca probadas y un discurso antiterrorista básico: amigos de Raúl Reyes, extensión de las Farc en Paraguay, etc.  Están presos desde 2006 y tienen nombre, se llaman Agustín Acosta, Arístides Vera, Basiliano Cardozo, Gustavo Lezcano, Roque Rodríguez y Simeón Bordón. Fueron extraditados en noviembre de 2008 bajo la presidencia de Cristina Kirchner. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio

    Los presos del macrismo, el lawfare como nuevo modelo de dominación colonial

    La memoria es para todos. O al menos para todos los que se preocupan por aprender de la historia de las luchas sociales. Y la lucha por la libertad de los presos políticos en Argentina y América no ha sido una tradición menor en la región. El Imperialismo y sus agencias estudiaron muy rigurosamente los modos de construcción de la memoria y los modos en que se resistió al olvido. Tomaron nota de que Fidel Castro, salido de la Cárcel de la Isla de Pinos, se convirtió en el máximo líder de la nación cubana, para siempre. Tomaron nota que unos tres mil ex presos políticos argentinos testimoniaron en los juicios contra los genocidas, y que por una acordada de la Corte Suprema, su palabra sobre los hechos, cometidos de modo clandestino por un Estado Terrorista, adquirieron carácter de verdad (claro que bajo ciertas circunstancias) y que, en general, en la América Latina post dictatorial, el sello de ex preso político se asemejaba al de “luchador por la democracia y la igualdad” “ciudadano digno de respeto” y otros similares. 

    El Lawfare no es solo la subordinación total del aparato judicial a un plan de dominación imperial pensado, articulado y ejecutado por las agencias especiales de los EE.UU. para la región. Es también, y por sobre todo, un plan de contrainsurgencia por el camino de invalidar a los dirigentes populares en su condición de militantes de una causa popular de mejoría de las condiciones de vida de la población, de mejora de las capacidades del Estado Nacional  para encarar algunos problemas sociales, culturales o políticos, de integración de los países en una lógica que se aparte de los mandatos brutales de alineación automática de Trump y la Cía.  Así Lula no es quien intentó dar un plato de comida a cada brasilero, es el ladrón de un departamento. Así Glass no es el vice de Correa en el mejor esfuerzo, frustrado cierto, de tener un gobierno del pueblo en Ecuador. Y Milagro no es una dirigente social que construyó un espacio social para los más pobres de Jujuy, Amado no es el que recuperó las jubilaciones de las AFJP, Julio no es gestor de un plan de obras, ni Luis es quien tempranamente organizó a los desocupados y busco su dignidad.  Todas y todos son ladrones, corruptos y en algunos casos, corruptos y violentos.

    Negar el carácter político de estos presos es convalidar el sentido profundo y estratégico del Plan de Copamiento del Poder judicial por parte del macrismo, como lo calificamos en la denuncia hecha en mayo de 2019 en Lima ante el Dr. García Sayán, relator especial de las Naciones Unidas para la autonomía de abogados y magistrados, denuncia que este remitiera a Macri para fines de su mandato, Avruj pretendiera negar y el nuevo secretario de derechos humanos, compañero Horacio Pietragalla, pidiera que se investigue y se dé curso.

    Como dijera el propio Fontevechia en su diario Perfil: “Si hubo lawfare hay presos políticos”[5] , porque si no hay presos políticos, ¿qué es lo que hubo?: ¿excesos de un Poder Judicial siempre dispuesto a complacer el gobierno de turno?, ¿o simple aprovechamiento político de delitos verdaderos de delincuentes verdaderos?  Es usted el que debe responder Presidente Fernández, pues es su gobierno el que no da respuestas a aquella pregunta que nos hicimos cuando se constituyó el Frente de Todos con personajes tan siniestros como Massa o Sola, viejos colaboradores de la Embajada de los EE.UU.: ¿se echó a Macri para salvar algún modo de neoliberalismo atenuado con políticas sociales focalizadas o vamos a derrotar el macrismo en camino a la liberación verdadera, nacional, social, popular y democrática?

    En aquella ocasión en que pudimos decirle de frente lo que pensamos, terminé mi alocución con las siguientes palabras: “los presos políticos son un problema, no se pueden ocultar bajo la alfombra”. 

    Han transcurrido casi dos meses, los presos políticos existen, son un sujeto político y detrás de ellos se agrupa lo mejor de la democracia argentina. A veces parece que somos pocos y a veces parece que nos condenamos al ostracismo pero como dijo el compañero Dady Brieva en el acto de Avellaneda por los presos políticos: alguno debe decir que las vacas no vuelan, porque si no Clarín, TN, Macri y hasta algún despistado político dirán que las vacas vuelan o sea que  no hay presos políticos y saben qué, las vacas no vuelan, los presos son políticos. Y con presos  políticos no hay democracia.

    16 de marzo de 2020


    [1] Consideramos que la primera etapa de implementación del neoliberalismo en la argentina se sitúa durante el proceso genocida. Es a través del despliegue del aniquilamiento y el terror que se construyen las condiciones de posibilidad de las reformas estructurales necesarias para el cambio en el modelo de acumulación. Finalizada la dictadura, el primer gobierno democrático no logró profundizar el proceso de transformación estructural ni en la esfera económica ni en la política y sería el siguiente gobierno encabezado por Carlos Menem el que lograría su instalación hasta el estallido de la crisis de 2001. Luego de más de una década de disputa con la hegemonía neoliberal, el gobierno de cambiemos recompone creativamente el modelo, profundizando tanto en sus aspectos culturales como económicos.

    [2]https://www.clarin.com/politica/dia-memoria-miles-personas-llegan-plaza-mayo-unico-acto_0_SytMJMNqz.html

    [3] En 2017 publiqué un libro sobre el tema al que remito “Genocidios” con el aporte de July Henríquez de Colombia, Malena Silveyra de Argentina y Fabricio Arnella de Paraguay

    [4] https://www.youtube.com/watch?v=zKUPoeCVen0&t=3s

    [5] https://www.perfil.com/noticias/columnistas/si-hay-lawfare-hay-presos-politicos.phtml


  • Seminario virtual de derechos humanos, desde la perspectiva de la Liga Argentina por los Derechos Humanos

    En los últimos años dicté un Seminario de derechos humanos para el pos grado de Criminología de la Universidad Nacional de Quilmes. Aunque la Unqui tiene portal educativo propio, yo fui guardando todos los contenidos en un blog propio. Allí están las siete unidades, cada una con un video de mi clase (unos cuarenta min utos), la bibliografía digitalizada y hasta un pequeño cuestionario orientativo de las lecturas.

    Lo pongo a disposición en el link que adjunto: https://seminarioddhh.wordpress.com/ y si arman grupos de lectura y debate, desde la Liga podemos acompañar con tutores o coordinadores del estudio.

    Solo le pedimos que nos avisen y compartan con nosotros las impresiones y resultados

  • Guido Fioravanti: el hombre que nadie podía comprar.

    El seis de setiembre, una columna militar se desplazó desde Campo de Mayo hasta la Casa Rosada, casi en un paseo primaveral.
    El gobierno de Irigoyen cayó casi sin resistencias populares, anticipando la suerte de diversos gobiernos electos por el voto popular, que afectaron algunos intereses del Poder Real pero que no construyeron fuerza política para sostener los pasos dados, e ir más lejos.
    Comenzaba la “decada infame” donde los militares se probarían en el gobierno y la Corte Suprema de Justicia inventaría el principio de la “continuidad jurídica” para hacer legal lo que surgía de un golpe de mano, de un acto ilegal por definición.
    Es en esos años que los comunistas, separados del viejo Partido Socialista (1896) el seis de enero de 1918, darán un salto de gigantes en su inserción social forjando la mayor red de organizaciones revolucionarias al interior de las grandes empresas que antes hubo y nunca volvería a haber[1], según la investigación del historiador Hernán Camarero.
    Según él, desde fines del siglo XIX y hasta la llegada del peronismo al poder, el movimiento obrero argentino fue protagonista de luchas trascendentales. En aquellos años, este sector se retroalimentó de diversas corrientes políticas que moldearon su ideología e influyeron en su grado de radicalización. Dentro de ese bagaje de ideas que aportaron el anarquismo, el socialismo y el sindicalismo, están también las que animó el comunismo en la primera mitad del siglo XX. Teniendo presente tal contexto histórico, el historiador Hernán Camarero se propone responder básicamente dos preguntas: ¿cuándo y por qué el Partido Comunista de la Argentina se convirtió en una corriente con peso en el movimiento obrero local? ¿Cómo logró esa inserción?
    Camarero estudió el PCA entre 1920 y 1935 y su inserción en la clase obrera, particularmente en el naciente proletariado industrial. El eje de su investigación se coloca en el denominado mundo del trabajo y, en este caso, busca analizar por un lado, la influencia comunista en las luchas obreras por mejoras materiales y en la construcción de herramientas sindicales y, por otro lado, el rol del PCA en la denominada cultura obrera, es decir, aquellas construcciones que si bien parten de lo político, apuntan a la instrucción, la recreación y la sociabilidad de los trabajadores.
    Camarero expone dos hipótesis relacionadas entre sí. En primer lugar, afirma que la inserción del PCA en la clase obrera argentina durante el período de entreguerras fue genuina y que la influencia obtenida fue relativamente inmune a los vaivenes del partido siguiendo los cambios ideológicos del comunismo a nivel internacional (la táctica del frente único, la estrategia de clase contra clase, la adopción del frente popular). Esto se debería a que no fue la estrategia política emanada desde la Internacional Comunista lo que posibilitó su inserción en la clase obrera, sino más bien el tipo de práctica y de intervención militante que le permitió, además, sobrevivir tanto a la represión externa como a las crisis y rupturas internas.
    Un tipo de práctica que privilegiaba la defensa incondicional de los derechos e intereses de los trabajadores y el contacto directo de los militantes comunistas con los trabajadores no solo en el lugar de trabajo, también en el lugar de vivienda y en los centros de cultura y deporte que dan origen a una verdadera sub cultura comunista en la cultura obrera en proceso de gestación (que el peronismo interceptaría y cambiaría de dirección)
    En segundo lugar, Camarero afirma que existía en la Capital Federal y en el Gran Buenos Aires un contexto propicio para la aceptación de las ideas comunistas debido al crecimiento numérico de los trabajadores industriales, a una fuerte presencia inmigratoria y a una precarización laboral tal que hacía de este sector social un terreno fértil para la concientización y organización.
    Atendiendo a los dos aspectos del mundo del trabajo que analiza el autor (la lucha sindical y la cultura obrera) la atención debe dirigerse hacia dos direcciones: la empresa y la vida social de los trabajadores. Para Camarero la inserción del PCA en el proletariado industrial y la táctica organizativa utilizada para ello, con la llamada estructura celular y los periódicos editados para ámbitos fabriles es la más eficaz de las que confrontan en la época. Describe aquellos sindicatos fundados o impulsados por el PCA y otros ámbitos gremiales en los que el comunismo debió disputar con otras corrientes ideológicas. Una virtud de la investigación es la reconstrucción de conflictos en que tuvo peso el PCA hasta ahora escasamente tratados: conflicto petrolero de Comodoro Rivadavia (1932), las huelgas de la carne con la figura del dirigente comunista Peter o las victoriosas luchas de la construcción (1935/1936). La experiencia de una central sindical propia, la CUSC (Comité de Unidad Sindical Clasista) en disputa con la naciente CGT también tiene un lugar preponderante en el relato. Camarero analiza la inserción del PCA a nivel de la cultura obrera. Resulta atractivo el relato sobre cómo el comunismo impulsaba diversas actividades para la instrucción y el tiempo libre del obrero. En este sentido, se analizan aquellos emprendimientos culturales como las bibliotecas obreras o los intentos de formar escuelas propias, la política pensada hacia los niños o el rol de los intelectuales y artistas de la organización generando así, según el autor, una subcultura propia dentro de la cultura obrera en general. Paralelamente, se describe una política partidaria que buscaba insertarse (mediante las secciones idiomáticas o las publicaciones en otras lenguas) en aquel sector obrero proveniente de la inmigración, acorde a una visión cosmopolita de la organización.
    Guido Fioravanti simboliza de un modo contundente esa etapa comunista. Su ascenso a dirigente de los obreros de la construcción hasta llegar a la gran huelga de 1936, y su detención y expulsión del país en virtud de la Ley 4144.
    Todo el drama del comunismo argentino previo a Perón se puede entender en Fioravanti, y también el heroismo. Confinado a las cárceles fascistas de Mussolini (en la isla de Lipari), apenás liberado por el avance de las tropas aliadas, se incorpora a la guerrila comunista y luego de la guerra será electo cinco veces seguidas Alcalde de Udine. En 1932 ya había sido expulsado, pero cuando estaba en alta mar a bordo del “Chaco”, un decreto de indulto lo salvó del destierro y lo volvió a Buenos Aires para seguir luchando y organizar la gran huelga de 1936[2].
    Pero en su segundo intento, la dictadura tuvo éxito y el sindicato fue descabezado.
    Es bueno recordarlo, la historia del ascenso del peronismo a la conducción de la clase obrera no se alimenta solo de aciertos y políticas distributivas; tampoco solo de errores y confusiones comunistas sobre la relación entre la formación del frenta antifascista a nivel mundial y la defensa de los trabajadores; también está llena de crimenes y expulsiones como la que sufrió Guido Fioravanti del cual Andres Rivera escribió este relato que comparto convencido que solo la ficción puede contar la verdad, y mejor que los documentos verdaderos
    “Con documentos verdaderos
    se escribe la historia falsa
    solo la ficción puede contar la verdad”
    Roa Bastos
    “Vigilia del almirante”

    El hombre que nadie pudo comprar…
    Vivíamos, mis padres y yo, en una de esas viejas casas de Buenos Aires, que Buenos Aires conservó, allá, a fines de la década del 30, y del siglo XX. Vivíamos, probablemente, en el corazón de Villa Crespo: Tres Arroyos y Warnes. (Digresión: demoré mucho en saber que Warnes fue mucho más que un mero nombre de una mera calle. Demoré años y años en saber que los Warnes fueron cuerpos e inteligencias e intrepidez en las luchas por la emancipación latinoamericana). Vivíamos en una casa de inquilinato: pieza, cocina y baño compartido. Alguien llegaba, a fin de mes, hasta ese patio con parra y galería alta, a cobrar los alquileres. Los habitantes de ese inquilinato eran trabajadores de la madera (carpinteros, lustradores de muebles); metalúrgicos (hacedores de elásticos, cabeceras y pies de camas); obreros del vestido, como mi padre, que integraba, por aquellos remotos días, lo que él llamaba, con un dejo de orgullo, taller organizado. Mi padre era, por aquellos remotos días,
    secretario de la FOV (Federación Obrera del Vestido), y trabajaba, desde que llegó a este país desde la Polonia antisemita de los príncipes y coroneles, en talleres organizados. Quiero decir: trabajadores que se afiliaban voluntariamente al Sindicato; que elegían, sin presiones y tras arduos debates, en la sede del Sindicato, a su delegado; y que pagaban, voluntariamente, un peso o dos de cotización mensual. (Digresión: con una buena porción de lo recaudado, se pagaba al empleado del Sindicato, un todo terreno, lejos, por convicción y tarea, de la formalidad burocrática). Dije, entonces, que en esa pieza de inquilinato, había una hermosa mesa cuadrada (regalo de un tío materno), y seis sillas, y la cama matrimonial, y la mía, de chico de diez años, y algún ropero, en cuyos espejos yo era, a veces, Sandokán y, a veces, Tremal-Naik. Mis lecturas del Tit-Bits y El Tony eran atentas, profusas y voraces.
    Alrededor de esa mesa se sentaban los responsables sindicales del Partido Comunista argentino, el más incondicionalmente estalinista de América del Sur. Entre ellos estaban Guido Fioravanti, secretario general de la FONC (Federación Nacional de Obreros de la Construcción), y mi padre. Guido Fioravanti era bajo y flaco. Músculo puro. Una cara pequeña, de piel, huesos y una barba rubia de dos días. Ojos verdes y furiosos. Manos encaladas. Guido Fioravanti bajaba del andamio para asistir a esas reuniones, para atender, hasta las primeras horas de la madrugada, sus tareas gremiales. Y yo, un chico de diez años o algo así, asistía, mudo, a esas citas vehementes, y después, cuando ingresaron a mi recuerdo, épicas. Mi madre, silenciosa, repartía sándwiches de milanesa y vasos de vino. Aquellos hombres duros y sanos siempre tenían hambre.
    Mi padre me contó, antes de enmudecer, antes de decidir que no tenía nada que decirle al mundo, que Guido Fioravanti había nacido en un poblado de Italia llamado San Giorgio. Y que Guido Fioravanti no tenía mujer o amante conocida. Que Guido Fioravanti dormía en una pieza de soltero, con piso de baldosas. Que Guido Fioravanti era un orador fogoso y un organizador nato. Y que la policía estuvo rastreándolo, noche y día, día y noche, durante la huelga de los trabajadores de la construcción, allá por 1936 o 1937, que sacudió a Buenos Aires como ningún otro episodio social o político que se recuerde.
    Mi padre me contó, antes de callar, antes de que en sus ojos se instalase una súplica indescifrable, que a Guido Fioravanti y a otros militantes obreros se les aplicó la ley de residencia 4144, y fueron despachados a la Italia fascista de Benito Mussolini. (Digresión: los embarcaron con lo puesto. No, no eran dueños de casas ni departamentos. No, no eran dueños de autos. No, no tenían custodios pagos. No, no vestían ropas valuadas en miles de dólares. No transaban. No había coima que los comprase. No eran gordos).
    A fines de 1964, recibí una tarjeta con una orla negra, que aún conservo, y que se reproduce enGuido . Y en ella se lee:
    E deceduto a Napoli il 24 luglio 1964 alle ore 12,30, dopo il consapevole martirio di malattia inesorabile che ne colpì il corpo ma non ne piegò l´animo GUIDO FIORAVANTI di anni 63 che con vero disinteresse e assoluta dedizione lottò per realizzare nel mondo la libertà e la giustizia sociale affrontando fin dalla prima giovinezza esilio carcere persecuzione.
    La tarjeta contiene unas líneas más. La última es ésta: “Porto San Giorgio, 25 luglio 1964″.
    Amarillentos recortes periodísticos, fotos, tarjetas, la lenta, bella reelaboración de la memoria. Y una escritura que nos alcanza a dar la estatura de esos hombres y de esos hechos que, tal vez, vuelvan a ser presente. .
    Semblanza de Guido Fioravanti en “Los que no mueren” de Andres Rivera, 1959
    -Querés decir que lo abandonamos?
    -Si, porque era muy poco lo que podían hacer por él. Ustedes lo dejaron solo a Demetrio porque era muy poco lo que podían hacer por él.
    Me muevo dentro del ángulo de luz blanda que dibuja la ventana de la cocina. No es la primera vez que escucho esas palabras. Hace muchos años, veinte probablemente, mi madre las pronunció, esas u otras, pero que significaban lo mismo. Se las dijo a mi padre, inmovilizado en un sillón de ruedas. “No vienen más tus amigos; no se acuerdan más de vos. Te dejaron solo”. Mi padre armó lentamente un cigarrillo sin que le temblaran las manos, sin desperdiciar una hebra de tabaco, y lo encendió. Su rostro sin sangre sonreía. “Están muy ocupados, mujer. Tienen que cambiar el mundo”. Mi madre dejo de coser: “No me digas: ¿Con qué…cambiar el mundo?. ¡Pero a vos que te parta un rayo!”.
    A mi padre lo trajeron con las piernas rotas, una tarde de octubre, las casas bajas del barrio y el baldío envueltos en un frío y cristalino perfume, negros contra el crepúsculo. Varios hombres lo bajaron de un mateo, en brazos y él estaba blanco como la leche. Mi madre salió a su encuentro –y si nos sostuvimos sin sucumbir a la miseria fue porque ella no se atemorizó- y lo acarició con una serenidad y una dulzura contenidas, y yo sé que mi padre , en su dolor, se sintió aliviado.
    Los hombres lo dejaron en su lecho y él presentó a mi madre a uno de ellos. “Mujer, este es Guido Fioravanti, secretario del sindicato”. Y el hombre que se llamaba Guido Fioravanti dijo “ Pedro, señora, se cayó del andamio…Usted sabe como es el oficio”. Mi madre había estado esperando esto toda su vida. “Si que lo sé”.
    El hombre que se llamaba Guido Fioravanti se dirigió a mi padre: “Toma, viejo, para los primeros tiempos” y dejó en la mesa un puñado de arrugados billetes. “Adiós viejo. Adiós, señora, mayor gusto. Pronto nos va a tener por aquí. Vamos muchachos”
    Y el hombre que se llamaba Guido Fioravanti se fue. “Ese es Guido Fioravanti, mujer, y nunca conocí a nadie igual”. Y yo, jamás escuché en labios de mi padre, una alabanza semejante. Mi madre se empleó de costurera y yo me dormí, muchas noches, arrullado por el pedaleo de la maquina de coser y las narraciones de mi padre, que me describía países extraños, montañas, expediciones y selvas de fabula mientras armaba pausadamente sus cigarrillos y pausadamente los fumaba, gozando de sus fantasías, observando sus manos encaladas, sin temblores, trabajando con el librillo de papel y el tabaco, escuchando a mi madre: “No se acuerdan más de vos. Te dejaron solo. No han vuelto tus amigos”
    Mi padre no se inmutaba: “No mujer. Lo que ocurre es que están haciendo cosas, arreglando el mundo”.
    Guido Fioravanti volvió. Volvió una tarde de sábado con una botella de Chianti y una bolsa de tabaco para mi padre y cincuenta pesos para nosotros. Abandonó, largo tiempo, sus manos de dedos cortos entre las de mi padre, como si no tuviera otra cosa qué hacer en el mundo, y los dos hombres se miraron a los ojos, y carraspearon, y la cara flaca y el corte audaz de la mandíbula de Fioravanti temblaron, y yo puedo afirmar que nunca supe de un hombre tan duro como ése. Estaba allí, estrechando los hombros de mi padre con sus brazos nudosos, y su cuerpo diminuto e inquebrantable hervía. Y hasta mi madre, desengañada de todo, convino que Fioravanti no era igual a los demás.
    Los hombres hablaron mucho y bebieron el Chianti y comieron las empanadas que frió mi madre y que Fioravanti elogió en términos que a ella le provocaron una corta sonrisa, acontecimiento que se acercaba a lo milagroso.
    Los vecinos cruzaron el largo patio y saludaron: “Qué tal Guido?” y se dijeron entre si: “Es Fioravanti, el secretario de los albañiles, el de la huelga de los noventa días”. Y el respondió a los saludos y preguntó por la familia de cada uno y se sirvió uvas que ellos le ofrecieron y el humo de los Avanti inundó el caserón.
    Mi padre era feliz escuchando la voz metálica de Fioravanti, viéndolo apurar los vasos de Chianti, rodeado de hombres que lo comprendían, que tenían noción de lo que era un andamio, un encofrado, una mezcladora y que se aguantaron tres meses sin doblar la frente ante los patrones.
    Yo estaba entre ellos aspirando el perfume de los jazmines, de ropa tendida, de las empanadas dorándose al fuego, del vino en los vasos. Uno de los hombres gritó: “Vamos a cambiar el mundo , eh Guido” “Claro que lo vamos a cambiar “afirmó Guido. “Pronto, muy pronto”. Los hombres aprobaron eso, levantaron las copas, se golpearon amistosamente las espaldas.
    Y por fin Fioravanti se despidió “Chau viejo, hasta pronto”. Y no dijo más y fue bastante para mi padre. Rato después, señalando hacia la puerta de calle, mi padre exclamó: “Ese es Guido Fioravanti, un hombre como no conocí otro”
    Mi madre limpió la mesa, los vasos, los platos, acomodó las sillas, barrió el patio y comentó: “Si, es un buen hombre”.
    Fioravanti no regresó. Guido Fioravanti fue expulsado del país, lo enviaron a una prisión de Mussolini. De eso informaba el diario que sostenía entre sus manos mi padre y que se le deslizó entre los dedos hasta caer al suelo.
    Yo crecí, entré a la fabrica, y mi padre se quedó sin sus amigos –pocos- que como Fioravanti estaban arreglando el mundo. Pero mi madre no repitió jamás aquellas palabras
    “Te dejaron solo”. Mi padre esperó la muere como la esperan los hombres de una pieza: sin quejas, sin estridencias –o lo que es lo mismo- con una resignación altiva y casi inverosímil
    y dos relatos más de Para ellos, el paraiso, de Andres Rivera, 2002
    QUÉ PRECIO TIENE UN NOMBRE?
    Estoy, aquí, en un camarote o calabozo, de dos por dos y medio, tirado en una roñosa cucheta, vestido, el cigarrillo en la mano, roja la brasa del cigarrillo, y sobre mí, encendida, una lámpara que ellos rodearon con tiras de metal. Idiotas: creen que trasladan a suicidas.
    Sé quién soy.
    Soy un tipo que llegó, joven, y tan tierno que, ahora, hoy, no me reconozco en esa estampa de víctima de algún estrago arrasador de la Naturaleza que pisa las maderas y piedras del puerto de Buenos Aires.
    Nací en un país que tiene montañas, poca tierra, ríos y mares, iglesias muchas, y curas muchos, y campesinos a los que les gusta el vino: lo toman hasta que no pueden más; hasta que despiertan, en la madrugada, con la boca seca, y no saben sobre qué mesa han caído sus caras, y, entonces putean, los labios apretados en la madrugada fría.
    Les dijeron a los cultivadores de uva, a los pastores y pescadores de mi país, a los guardabosques, a los operarios de Fiat, que no habían perdido la guerra. Eso le dijeron a mi hermano mayor, muy mayor, cuando volvió a casa.
    Le dijeron que era un guerrero victorioso. Eso le dijeron. Pero cuando abrió la puerta de casa, todo seguía en su lugar. Y mi hermano mayor, muy mayor, evocó esos minutos que, él y otros, vivieron en la estación de tren, cuando escuchaban hasta pronto adiós . Nada cambió: ni chicos ni árboles, ni hermanas, ni madre y perros y noches. Hasta pronto adiós . No habían cambiado los asombros y certezas en albergues de luces rosadas y tibias, y mujeres de ubres blancas y, tal vez, perfumadas, que murmuraban palabras indolentes, lánguidas, y, también, necesarias.
    Nada había cambiado: los patrones eran los patrones. Más viejos, quizá. O más maduros, quizá. O en camino a eso. Patrones, siempre.
    ¿Con qué llegué a Buenos Aires?
    Llegué con mi esqueleto, con poca carne en el esqueleto, y escuché, y no me extrañó, un idioma que no era el mío, y que era veloz, sonoro, acentuado, y no necesité un espejo para mirarme la cara, yo, que no pasaba de ser un pendejo, y que pisaba, receloso, las piedras de Buenos Aires. De los Apeninos a los Andes . Y al carajo.
    Fui, por años, dirigente sindical de los obreros de la construcción. Joda: los otros son como vos, y te eligen para que pongas la cara por ellos, y vos, que sos uno de ellos, la ponés.
    Nunca me sonó bien eso de dirigente sindical de los obreros de la construcción.
    No, no me sonó bien.
    Pero tenés que poner la jeta. Y la puse.
    ¿Por qué vos, y no otro?
    ¿Por qué?
    Y, ahora, soy un tipo que se llama Guido Fioravanti, y que los patrones de este desgraciado país, envían, como un saludo, a la bestia de la Romagna.
    Ahora, fumo. Es bueno fumar en la oscuridad que huele a hombre solo.
    ¿Y a qué huele la oscuridad de lo que sea, en la que fuma un hombre solo?
    Cuando camino la tabla del andamio; cuando, a veces, miro hacia abajo, tampoco río. La tabla del andamio es blanca. Blanca de cal. Encalada. Y yo la piso, yo, un dirigente de los obreros de la construcción, de los albañiles, de esos hombres que se hacen un gorro con dos puntas, de hojas de diario, y que tampoco miran hacia abajo, hacia las baldosas de las veredas y los adoquines de las calles que, desde arriba, son algo más que el vacío.
    Cuando el andamio se afloja, cuando se cortan las sogas y las bridas que sostienen el andamio, y el mundo gira más rápido que cualquier cosa que uno conozca, y ventanas, paredes, roldanas, compañeros de trabajo se esfuman, se angostan, y uno no alcanza a tomarse de lo que sea, la sangre huye del cuerpo, y ya está. Es lo de siempre: quedás tirado sobre las baldosas de la vereda o los adoquines de la calle, y llega la ambulancia, y el médico se inclina sobre vos, y te toma el pulso, pone sus dedos, con la suavidad de un adolescente, aquí y allá, y detrás de la sangre que corre, y dice quebraduras múltiples . O dice, sin quitarte los ojos de encima, del cuerpo que cortó el aire durante una eternidad, no hay nada que se pueda hacer .
    Soy el dirigente de una legión de subrepticios inválidos.
    Soy el dirigente de un destacamento de hombres muertos.
    Y ése que tiene los huesos rotos soy yo.
    Ese que murió, soy yo.
    Yo, dirigente sindical de los obreros de la construcción.
    Yo, Guido Fioravanti.
    ¿Qué vieron en mí los lisiados que serán, los muertos de los días que llegan, los albañiles, para elegirme como el hombre que debía ser su voz y sus deseos en las horas de trabajo y en los días salvajes de paro?
    Soy igual a cualquiera de ellos, incluidos los que se hundieron en el vacío cuando el andamio o una cornisa desaparecieron debajo de sus pies, y tengo, como cualquiera de ellos, dos brazos, dos piernas, una cabeza, ojos, labios, pelo. Todavía los tengo.
    Vos leíste las leyes , dicen.
    A vos no te pueden engañar , dicen.
    Vos les discutís mano a mano , dicen.
    Vos no aflojás , dicen.
    Si no vos, ¿quién? , dicen.
    Si no soy yo, habrá otro, entre nosotros, al que podamos decirle es tu turno . Y te elegimos , podemos decirle, porque sos uno de los nuestros .
    Eso contesto a los miles de bocas negras, a los ojos que no veo, a las cabezas rígidas y a los oídos que me escuchan, allá, abajo, en el calor agrio de las tribunas, y que esperan de mí la promesa de la victoria y el salario de cada día.
    ¿Y yo? Yo apelo a la escasa, puntual lengua del explotado.
    ¿Y si les digo asalten los palacios de los que todo lo tienen ?
    ¿Y si les digo cambien el mundo ? Sólo van a escuchar no aflojen .
    Sólo van a escuchar aguanten . Eso les digo yo, Guido Fioravanti.
    HACERSE LA AMÉRICA
    Los paisanos, los tíos, los primos lejanos, los conocidos, los que nacieron con uno en la misma región, en el mismo paisaje, en la misma aldea fundada hace siglos por el paso de las legiones romanas, volvían de la América -de la Argentina, ¿comprenden?-, y contaban fábulas nunca oídas antes.
    Calles empedradas con lingotes de oro.
    Contaban que había más vacas en una sola de las provincias argentinas que en todas las estrechas lenguas de tierra europeas conquistadas por las legiones romanas. Vacas y vacas y vacas.
    Y trigo, y más pan del que hubiera podido comer la familia desde los bisabuelos para acá. Había pan en esa tierra, decían, desde la creación del mundo.
    Trabajaron, decían, en mercados cuyos dueños eran paisanos. Y pronunciaban las indispensables palabras españolas para pedir y pagar un vaso de vino, el boleto del tranvía, un par de alpargatas.
    Guido Fioravanti escuchaba cómo nacía una leyenda en la boca de los viajeros, de los que regresaban para invertir, en la compra de animales y granjas, el dinero ganado después del mar y del horizonte.
    País extraño ése, el de los argentinos, sin reyes ni príncipes.
    Pero, ¿y los que callaban? ¿Los como lejanos, como distraídos, los que aprendieron que los antojos no se cotizan en la Bolsa de Comercio?
    Coincidían, a veces, los eufóricos y los que callaban.
    País de vacas. Muchas. Y de pan. Mucho.
    País de estancias, de hombres orgullosos de sus apellidos, y del coraje y de la impunidad que emanaban de sus apellidos como una gracia divina y perpetua.
    Un país extraño, que atraía a los ingleses ricos. Habían intentado ocuparlo, los ingleses, a comienzos del siglo XIX, con fusiles y música de gaitas. Y las familias orgullosas de sus apellidos, y sus mujeres, que tomaban mate a las cinco de la tarde, y que, sumisas a los mandatos de Dios, enardecían a sus hombres con docilidades obscenas, y, también, los negros esclavos, combatieron a esos gangosos herejes en la desolación de calles de barro, y casas con paredes de piedra, que recibió, doscientos años y pico atrás, el nombre de Buenos Aires.
    Los ingleses aceptaron la derrota y, buenos jugadores de naipes, trazaron vías de trocha angosta y trocha ancha para sus trenes, y construyeron un hospital para reposar de sus fatigas y dolencias, y para los gerentes y capataces que apostaron, en la partida de naipes, a la mano ganadora. Y a los que eran menos ricos, a los que sabían trabajar y callar, y ser ordenados, y recordar cómo era Gales, y cómo su idioma, se les deparó la Patagonia. Otro país, la Patagonia, en el Sur, en el confín del mundo, al que bautizaron, un manchón aquí y otro allá entre la uniformidad silenciosa de lagos, bosques y piedra, con nombres recios y venerables.
    -¿Saben qué es un conventillo? -preguntaron los que callaban.
    Los otros miraron a los que callaban.
    Y uno de los que callaban dijo, sin sonreír:
    -Sobran las putas, ahí, en los conventillos.
    -Se duerme de a dos o tres por cama… Nunca se enfrían las camas -informaron los que callaban.
    Guido Fioravanti, hombre de muchas preguntas, escuchó.
    ¿Y los domingos?
    Los domingos, como en el paese : spaghetti y canzonetas. Uno limpiaba la salsa roja de los spaghetti con pan. Allá, en Buenos Aires, lo llaman pan francés. Cruje, la cáscara del pan francés. Y uno toma vino. Y come queso. Los mejores quesos de Italia. Y de Francia. Sobran las vacas, allá, en la pampa de los criollos. Y por las calles de Buenos Aires pasan tamberos, que arrean cuatro o cinco vacas, y tiran de las ubres de las vacas, y te llenan, con leche tibia y espumosa, una jarra o dos. Y pagás una nada.
    No se conoce el hambre.
    Pronto voy a comprar una casa, allá, con quinta y una higuera.
    ¿Acá, en la Italia?
    Acá, nada más que mujeres… Soy un indiano que está de visita, y al que le gustan las mujeres intrépidas.
    América, sépanlo, paisanos, es Argentina.
    Argentina es Buenos Aires. Gran país, Buenos Aires.
    País de hombres blancos, la Argentina. Decentes. Republicanos, eso sí. Y católicos. Y conservadores todos.
    Hay, también, un Hospital Italiano.
    Hay, también, un hospital para los judíos. Y un hospital para los alemanes. Y cementerios para italianos, para alemanes, para judíos. Y otro para los criollos muy ricos y muy orgullosos, con monumentos que valen millones de liras. Es como un paseo al que pocos visitan.
    No, no conocimos criollos pobres. Los criollos montan a caballo.
    No hay italianos pobres -¿somos pobres nosotros, acaso?-, ni alemanes pobres, ni judíos pobres.
    Los ingleses nunca fueron pobres. Ni siquiera los pobres.
    Y todos, ingleses, criollos, italianos, judíos, españoles, comen asado. Carne a la parrilla. Cruda, la carne. O en una cruz. Y encienden leños, y la asan.
    Guido Fioravanti, hombre de muchas preguntas, escuchó: Argentina es joven.
    Argentina no tiene recuerdos.
    Argentina es rica.
    Argentina es interminable

    (1) . Hernán Camarero: A la conquista de la clase obrera. Los comunistas y el mundo del trabajo en la Argentina 1920 935. Siglo XXI Editores. 2007
    [2] al lector interesado en textos con mayor rigor le recomiendo “Ley 4144: ley de residencia extranjera” de Carlos Zamorano o “La estrategia de la clase obrera” de Nicolás Iñigo Carrera a quienes le debo mi aproximación al tema, tanto por sus escritos como por sus pacientes explicaciones personales que han tenido por años conmig

  • Negar el carácter ilegítimo de la deuda externa y la persistencia de los presos políticos es Negacionismo.  Con ley o sin ley

    El presidente ha propuesto una ley que castigue el «negacionismo», el discurso que niega a los desaparecidos, centros clandestinos y presos políticos de un Genocidio cometido para contraer una Deuda Externa que no ha parado de crecer.

    Sumaba 6 mil millones en 1976, 30 mil en 1983 y ahora ronda los 300 mil millones de dólares.

    Cómo al mismo tiempo ha afirmado que honrara la deuda heredada y que los presos políticos «no existen» (porque el así lo declara, cuál si fuera Dios) vale la pena preguntar cuál será la verdad oficial blindada por la Ley?.

    Dictadura militar, cívico militar, cívico militar empresarial subordinada al Imperialismo y el Capital financiero al servicio de la Guerra Fría contra el Comunismo? No se podrá negar los 30mil pero sí la Deuda y los presos políticos,?

    O está proponiendo castigar a Cafiero por negacionista?

    Cómo dijo el periodista Borroni hoy en la AM 750, si no quieren o no pueden liberar los presos es una cosa, que nos agravien e insulten es otra

    La unidad requiere reconocer al «otro», y «casualmente», una parte del «otro» son los presos políticos

    Seamos libres, lo demás no importa nada. José de San Martin, orden de combate al Ejército Libertador

  • Y la culpa no era del soldado Ledo, ni donde estaba, ni como pensaba;  la culpa era del Ejército Argentino en Operaciones que tuvo en Milani al ejecutor del  Plan Genocida que recolonizó el país al servicio del Imperio yankee.

    Si algo está probado en la Argentina del siglo XXI es que sufrimos un Plan de Exterminio, articulado con la Operación Continental de Dominación Norteamericana (golpes de Estado en Paraguay y Guatemala 1954, Brasil 1964, Chile 1973, Uruguay 1974 y Argentina 1976).  Dicho plan fue pergeñado en común por las agencias norteamericanas y las elites locales.   El proyecto de exterminio se volcó al Anexo II del Plan de Operaciones del Ejército Argentino que describía detalladamente las organizaciones a exterminar[i]; el proyecto económico (de reorganización nacional) se dio a conocer en el discurso de Alfredo Martínez de Hoz de abril de 1976.  Nada fue casualidad, nadie puede alegar ignorancia; aunque con métodos clandestinos que procuraban negar lo que se hacía, todo había sido anunciado y proclamado.

    También está probado, desde el famoso fallo de la Corte Suprema de 1984 sobre el juicio a la Junta de Comandantes, que todo el proceso de exterminio se hizo de un modo que procuraba siempre engañar a las víctimas y a la población: desaparecidos en lugar de asesinados; sitios de agrupamiento de detenidos en vez centros clandestinos de detención, tortura y exterminio.  Del mismo modo las Operaciones estaban a cargo, por ejemplo del Batallón de Ingenieros 141 de La Rioja que tras ese nombre casi técnico ocultaba la fuerza de inteligencia que perseguía, detenía y torturaba a compañeros. En numerosos juicios hemos probado que todo el accionar del Ejército era cubierto por mentiras y aparentes formalidades como efectivos que estaban en otro destino o de licencia, o hacen desaparecer documentación decisiva como el acta de “deserción” que Milani levanta contra el soldado Ledo al momento de su secuestro y asesinato por la fuerza que el comandaba.  No vamos a discutir contra las mentiras de Milani ni contra sus supuestos discursos revolucionarios, son grotescos.

    Lo real es que hubo un grupo de militantes del Partido Revolucionario del Pueblo que fueron espiados, detenidos, torturados y algunos desaparecidos por parte de la fuerza militar acantonada en La Rioja y en Monteros: el Batallón de Ingenieros 141.

    Lo real es que Milani revistaba en esa fuerza y participa directamente en muchos casos de violación de derechos humanos, siendo protagonista de dos de ellos: la detención de Olivera y la desaparición forzosa de Ledo.

    El 12 de marzo de 1977, Milani encabezó la partida militar que allanó el domicilio de Ramón Olivera (ni siquiera vamos a consignar sin orden judicial, ilegalmente y con violencia, porque ese es el modus operandi de las Fuerzas Armadas en Operaciones desde los tiempos de la Triple A, 1975 en adelante).  A los once días Milani lo vuelve a trasladar desde el Instituto de Rehabilitación de La Rioja, convertido en un centro clandestino de detención tortura y exterminio hasta el Juzgado Federal donde de diversas e inequívocas maneras amenaza a Olivera para que no denuncie las torturas sufridas.

    Verónica Mata denuncia lo mismo, allanamientos ilegales encabezados por el milico Milani. 

    Verónica formaba parte de un grupo militante junto a Díaz Romero y a Minué, quienes fueron secuestrados el mismo día del allanamiento sufrido por Verónica, felizmente sobreviviente. Fue en julio de 1976 y los luego desaparecidos primero pasaron por el Batallón de Ingenieros 141.

    Todo está en la causa y documentado.

    Como acotación personal puedo agregar que el ex Juez Federal Víctor Hermes Brusa está preso desde el 2005 por realizar idéntica práctica de amenazas contra un grupo de detenidos desaparecidos entre los que me contaba, según se pudo  probar en diversos juicios en 2009/2014 y 2019. 

    Ledo era parte de aquel grupo de militantes y simpatizantes del PRT perseguido por el Batallón de Ingenieros donde revistaba Milani.  El testigo Álvaro Illanez denuncia que el milico Milani se infiltraba en las conversaciones de los colimbas buscando semblantear políticamente a los compañeros.  Así detectan a Ledo y lo envían a Monteros, corazón del Operativo Independencia en Tucumán, uno  de los lugares más cerrados militarmente del país, y del cual Milani pretende que el soldado Ledo desertó. La firma de Milani en el acta de deserción es el acta de culpabilidad más poderoso que hay contra él, más allá que “casualmente” el original desapareció y en esta causa (a diferencia de la de los Cuadernos) alegan que las fotocopias legalizadas no alcanzan para probar su culpa.  Recordemos que en una conversación con Tuny Kollman de Pagina 12 Milani aceptó haber firmado el acta, igual que en un cuestionario del Cels.

    Antes habían fusilado en la Quebrada, muy cerca de La Rioja Capital, a un soldado conscripto acusado según los informes de Inteligencia del Batallón 141, de reclutar soldados para el PRT, las conversaciones de Milani con los soldados terminaban en muerte.

    En 1979, en un acto de heroísmo cívico y democrático, Olivera denuncia a Milani y en 1980 el caso llega al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas; en ese debate el Estado Mayor del Ejército reconoció que Milani integraba los mandos superiores del batallón y por ende fue parte de la planificación y ejecución de todos los crímenes.

    No hemos querido dedicar espacio a las supuestas definiciones políticas del milico Milani, no le creemos nada por ser un mentiroso contumaz y engañador compulsivo

    En agosto de 2019, El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas (FFAA), Williams Kalimán Romero declaraba  “No queda duda pueblo de Bolivia, las FFAA nacimos durante la lucha contra la Colonia y moriremos anticolonialistas, porque es nuestro orgullo y nuestra razón de vida”, solo cuatro meses después encabezaba el golpe de estado contra Evo Morales al servicio del Imperio.

    Cuando Milani se arrepienta de sus crímenes y confiese el destino del cadáver del soldado Ledo; cuando purgue su culpa en cárcel común y efectiva, tendrá tiempo para reflexionar y renegar de su pasado cipayo, como cipayos fueron todos los que ejecutaron el golpe de estado gorila y macartista.

    A los genocidas, ni Olvido ni Perdón

    Que se arrepientan ellos

    Gloria a los compañeros desaparecidos de La Rioja y de todo el país.

    Ledo vive, la lucha continúa



    [i] http://www.desaparecidos.org/nuncamas/web/document/militar/plan/plan03.htm

  • Mensaje de la Liga al mes del fallecimiento de Graciela Rosenblum, el dos de setiembre de 2019

    Hace un mes fallecía nuestra presidenta y compañera de luchas, convicciones y afectos, Graciela Rosenblum.

    La Liga Argentina por los Derechos Humanos (que desde 1937 hasta 2017 se llamó Liga Argentina por  los Derechos del Hombre), a un mes del fallecimiento de Graciela Rosenblum, desea agradecer a todas y todos las personas y organizaciones sociales, humanitarias y políticas que han lamentado su partida y nos han enviado abrazos y saludos que hoy agradecemos.

    La lista sería interminable pero en aras de mostrar la pluralidad destacamos la declaración del Cuerpo de Legisladores de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires quienes por unanimidad declararon “La  Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires expresa su profundo pesar por el fallecimiento de Graciela Rosenblum, quien fuera presidenta de la Liga Argentina por los Derechos de Humanos. Una mujer revolucionaria, militante incansable de causas justas que siempre luchó con tenacidad, ternura y valentía”; la del presidente de la Federación Internacional de Derechos Humanos, Dimitris Christopoulos (que agrupa a Ligas nacionales de 146 países) “Graciela nos ha dejado un legado enorme de toda una vida dedicada a la defensa de los derechos humanos, combatió la dictadura y luego no descansó en su lucha inclaudicable contra la impunidad, por la paz, la soberanía y la solidaridad entre los pueblos.  Que su memoria perdure para siempre. Atentamente”

    Aunque posiblemente a Graciela le hubiera más que nada recibir la corona de flores que mandaron los presos políticos del Penal Marcos Paz o el saludo de sus viejos amigos paraguayos, los seis campesinos encarcelados desde hace tantos años que le escribieron desde la Cárcel de Tacumbú: No podíamos dejar pasar este momento sin expresar nuestro profundo dolor  por la partida. De la querida Graciela uno de los primeros rostros que vimos en la cárcel de Devoto en ese invierno frío del año 2006. Un camino de lucha y solidaridad ha sido tu vida. Ayudando a los que sufren toda opresión capitalista. No detengas tu marcha guerrera de la libertad y el socialismo. Donde hay injusticia contra que luchar, donde siempre vivirás.”  O escuchar a nuestras madres coraje: Taty Almeida e Iris Avellaneda reconocerla como una más de ellas, las mujeres que sostienen la dignidad de un pueblo que se prepara para derrotar al intento más peligroso de dominación colonial que hemos sufrido en este siglo.

    Graciela se incorporó a la Liga en “los años del lobo”, como los bautizó nuestra Stella Calloni.  Simplemente se acercó a la Liga a colaborar.  No, porque hubiera estado presa o desaparecida; no porque tuviera algún pariente cercano afectado; sino por solidaridad, por lo que había aprendido en su familia de revolucionarios y en la Fede, la gran escuela de revolucionarios del siglo XX.    Desde siempre, y hasta los últimos días el compromiso con los reprimidos por el Estado, los torturados, los encarcelados, los perseguidos, los reprimidos de todos los modos posibles, encontraron en Graciela el abrazo afectuoso y el gesto firme como han reconocido cientos de víctimas de la violencia estatal que lo recibieron tantas veces como fuera necesaria.  Nadie suelta la mano de nadie era su premisa, siempre.  Hija de la generación del Cordobazo y las Malvinas, contemporánea de la revolución Cubana y la gesta guevarista, Graciela fue una revolucionaria comunista cuya identidad era el antimperialismo consecuente aunque haya sido Cuba el centro de su amor y su idea del futuro de la humanidad.  Cuba como construcción humana y no dibujo falso de una utopía, Cuba como el lugar de la construcción del hombre y la mujer nueva a la que ella se acercaba cotidianamente.

    En este mes no hemos dejado de luchar un solo día, concretamos el Foro Americano por la Libertad de las y los presos políticos con la presencia de la hija de Lula, del nieto de Allende y de compañeros y compañeras tan queridos; junto con los pobladores y otras fuerzas logramos impedir el desalojo de trescientos seres humanos de la casa de la calle Santa Cruz 140 en la ciudad de Buenos Aires, no faltamos ni una vez a la visita semanal de las y los presos políticos; querellamos ahora mismo en el juicio oral contra los policías que dejaron cuadripléjico al compañero Lucas Cabello; nos pronunciamos contra la liberación del genocida Acosta y nos ofrecimos como fiador solidario para que liberen a Fernando Esteche; estuvimos en Formosa y en Salta en los juicios y así en todo el país.

    En todo está Graciela y  con nosotros irá a la victoria contra Macri y a las nuevas batallas porque la libertad y la felicidad para el pueblo es una lucha eterna. 

    Como nuestro sueño.  Como el legado de Graciela

  • Saludo de cierre y conclusiones del II Foro Americano por la Libertad de las y los presos políticos. Buenos Aires, 5 de setiembre de 2019

    Buenas tardes a todos y a todas,

    Primero,  como secretario de la Liga, en nombre de mis compañeras y compañeros, queremos agradecer a los cientos y cientos de movimientos sociales y compañeros que nos han abrazado en estos días con motivo del fallecimiento de nuestra compañera Graciela y hemos pensado, y lo proponemos acá con la seriedad que nos caracteriza, le queremos proponer al movimiento social argentino, que desde ahora, el dos de septiembre de cada año sea el día del militante por los derechos humanos en la Argentina en homenaje a Graciela Rosenblum, militante por los derechos humanos desde la perspectiva  antimperialista, la  única potente y eficaz. Como dicen los abogados al final de los escritos, será Justicia.

    La verdad, es que es muy conmovedor estar en este encuentro,

    Nuestra vida está representada por los compañeros aquí presentes: Pablo, el nieto de Allende,  que es nuestro sueño juvenil, nuestra gran ilusión del socialismo en el Sur;  al menos de mi generación, de los que marchamos en aquella conmovedora marcha de las juventudes políticas contra Pinochet en 1973, la más grande de las movilizaciones antimperialistas que jamás hicimos. Bueno, está también Iris, la madre del Negrito, símbolo de lo que sufrimos y de nuestra resistencia invencible; esta casa de donde secuestraron a nuestras compañeras y aquí están sembradas las Madres en este predio y por fin, Luria, la hija de Lula que expresa rotundamente nuestro esfuerzo por una década de avances.

    Creo que este encuentro también fue sembrado por los intelectuales que se negaron a renunciar al pensamiento crítico y la verdad que tener a Stella Calloni, que es como nuestra madrina desde hace 20 años y a Atilio Borón,  que representan indiscutiblemente una corriente de intelectuales, que como pedía el Che Guevara, no se vendieran y no piensen lo que quiere que piensen los que entregan subsidios.

    Hace un par de meses en el teatro Roma de Avellaneda,  Dani Brieva dijo algo contundente y que realmente explica por qué hacemos este encuentro.  Él dijo “miren, las vacas no vuelan,  pero alguien lo tiene que decir porque como el poder todos los días dice las vacas vuelan y la televisión dice que las vacas vuelan  y las películas dicen que las vacas vuelan, alguien tiene que decir lo obvio”,

    Las vacas no vuelan.  Nuestros compañeros son presos políticos, así de sencillo; pero alguien lo tiene que decir porque si no lo decimos los compañeros son ladrones, corruptos, violentos,  Y por eso la primera resolución de este encuentro, que continua y potencia la idea fundamental de Foro por la Democracia y la Libertad de los Presos Políticos en la Argentina, es que vamos a luchar por todas y todos los presos políticos hasta lograr su libertad.

    En este encuentro se abrazan de verdad experiencias y trayectorias políticas muy diversas, que son parte de nuestra historia y nosotros queremos asumirlas, Déjenme decirles que está con nosotros Mary, la compañera de Víctor Polay, el revolucionario peruano que hace 28 años que está encerrado en la cárcel naval del Callao y que ella vino a reclamar su libertad,

    Está con nosotros el compañero Jaime que estuvo 25 años encerrado en Perú y que una vez libre se encuentra con nosotros luchando por la libertad de todos; están los compañeros de Colombia, el compañero Gustavo que fue objeto de dos atentados de muerte y que hoy en uno de los relatos más tristes que escuchamos, nos contó que la semana que viene él llevara su bebe fuera del país porque nadie garantiza que no lo maten (el año pasado habíamos recibido a Gustavo y a su compañera con su bebe prácticamente recién nacido) así es la situación en Colombia y así nuestros compañeros defienden los derechos humanos; no en seminarios con sandwichitos ni canapés, sino en la lucha real contra los asesinos y los torturadores. Y está Lille, nuestra hermana de Uruguay, con su tremenda historia de lucha contra la impunidad desde hace cuarenta años.   Y está la delegación paraguaya de esa hermosa experiencia de unidad social y derechos humanos que es la Plataforma a la que tanto queremos. Y cada uno de ustedes que no llegó aquí por llegar sino porque son parte de esta lucha por la dignidad y la identidad.

    La segunda resolución que tomamos es construir este tribunal ético que propuso Pablo,  que pensamos puede ser un movimiento enorme como en su época lo fue el movimiento por la paz

    Para los  más jóvenes, les cuento que hubo un movimiento contra la guerra en Vietnam, que los propios vietnamitas consideraban que era su arma más poderosa pues llego a poner en cuestión la legitimidad de la guerra y no hay imperio que pueda sostener una guerra si su ejército no la reconoce, ni el imperio romano, ni el imperio norteamericano, no hay nadie que pueda asesinar si los soldados asesinos no están de acuerdo.   Hoy Lula está preso porque hay jueces y fiscales que acuerdan con la ejecución judicial.

    Hay Milagro presa porque hay Bonadios y Lorenzettis.

    Entonces, convocamos a construir este movimiento hacia un gran tribunal ético que puede tener instancias en diversos países, momentos previos, organizativos,  en diversos países donde podamos denunciar que nosotros somos objeto de un genocidio continuo que recupera otro genocidio, el del siglo XX tan denunciado y condenado, pero que hoy se está cometiendo un genocidio en forma, un genocidio tal como lo define la convención del Convenio de prevención y castigo el delito de genocidio de 1948 en su artículo dos: un genocidio es básicamente la destrucción de un grupo nacional como tal. Y en América Latina se está destruyendo al grupo de las mujeres y los hombres que sueñan con ser libres.

    También hemos decidido enviar una carta a los Colegios y Organizaciones de abogados del continente en defensa del derecho a ejercer el derecho de defensa de las y los compañeros perseguidos políticos.  Hace poco el tribunal de Jujuy multó de manera extorsiva a la compañera Paloma, abogada de Milagro Sala, por el contenido de sus presentaciones, transformando el derecho a la defensa en una entelequia.  Y lo que hemos dicho de Gustavo en Colombia es como el punto de exageración a que nos tiene acostumbrado el Poder colombiano. Pero es la tendencia regional: judicializar a los defensores de derechos humanos. Y como en todos los países se reproduce eso, vamos a interpelar a los y las abogadas.

    Y la tercera cuestión que me parece la más importante pero que seguramente es la más difícil de resolver es que nosotros estamos desafiados a construir, como dijo Gustavo, “Las venas abiertas de la América Latina de hoy”, estamos desafiados a contar por qué Lula está preso, por qué  Jorge Glass está preso, porque están presos los mapuches, porque asesinaron a 500 militantes en Colombia desde que se firmó la paz 140 guerrilleros que firmaron las paz y entregaron las armas, 360 dirigentes sociales que en su vida usaron un arma han sido silenciados y liquidados por la canalla colombiana, por la derecha colombiana, por los paramilitares y el estado.

    Ese relato lo podemos hacer en un libro, en un video, en una película, porque creo que como ha sido nuestro lema mucho tiempo “la verdad nos hará invencibles”.

    Así como los creyentes dicen que si Dios está de su lado vencerán, nosotros siempre hemos dicho que si la verdad está de nuestro lado no podrán con nosotros

    Y la verdad es que no pudieron, la verdad es que no pudieron tapar los crímenes de la dictadura y la verdad es que los pusimos presos y la verdad es que los vamos a volver a poner presos a los que encarcelan y asesinan a nuestros compañeros.

    Yo creo que es absolutamente  real, que no es retórica, que la humanidad toda, y los pueblos americanos en particular, estamos interpelados a vencer o morir. No hay más espacios intermedios.

    Hace unos 200 años  Bolívar, San Martin, Artigas, Gaspar Francia y los verdaderos héroes de nuestra independencia entendieron que estábamos unidos o seriamos derrotados,

    Nosotros siempre recordamos que San Martin no cruzo los Andes con ninguna bandera Argentina, porque la bandera del ejercito libertador era la divisa americana y que de verdad la primera constitución de aquella republica fue la primera derrota estratégica de la causa de la independencia americana.

    Así que tenemos que entender que o somos Patria Grande o seremos Colonia y si seremos colonia el destino que nos espera es un destino cruel que acaso ayer Macri lo simbolizo del modo más grafico posible porque decidió ser el receptor de la basura de mierda que los EE.UU. ya no pueden vender a China ni a nadie.

    De la Argentina granero del mundo de principios del siglo XX a la promesa de Argentina Supermercado del mundo con que empezaron este periodos a la Argentina basurero de la mierda que no quieren ni los yankees ni los europeos ni ningún país que se precie.

    Ese es el lugar que nos espera a los pueblos de América si vamos a  ser colonia de los EE.UU.: un lugar donde depositar la mierda, un lugar de mierda

    También dijimos que estamos muy contentos de recibir a las compañeras y  los compañeros en este encuentro, en esta casa y en esta hora porque nosotros ejercemos el pensamiento crítico pero nunca caímos en la tontería ni en la locura y nosotros sabemos distinguir cuando ganamos y sabemos distinguir cuando perdemos.

    Y con todo orgullo podemos decir que somos parte de los que derrotaron a Macri, de los que golpearon en el pecho al proyecto neoliberal más agresivo que hemos vivido en la Argentina y estamos desafiados a que este proceso de transición no solo termine con Macri sino termine con el macrismo pero aun si solo terminara con Macri sería un aporte fundamental a la lucha de los pueblos, a la libertad de los presos y al futuro de América y de la humanidad. Así que estamos realmente desafiados a que esta primera victoria se transforme en una victoria definitiva, a que Macri muerda el polvo de la derrota.

    Claro que las situaciones son paradójicas y el que no sabe mirar verá  otra cosa,

    El siglo XXI fue el momento el comienzo en el que el capitalismo decidió que ya era hora de cobrarse la gran victoria sobre lo que se conocía como el área socialista,

    Lo derrotó a principio de la década de los noventa, pero empezó a hacerlo efectivo en el siglo XXI y hacerlo efectivo para el capitalismo significa abandonar la máscara democrática sin más.

    Trump no es una casualidad, Bolsonaro no es una casualidad, los fascistas en Ucrania, Le Pen, Duque, Abdo Benítez, Piñera no son casualidad,

    No es tampoco que la humanidad se volvió loca, es que por encima de cualquier discusión semántica y académica para nosotros el fascismo de hoy es el capitalismo de hoy, es eso.

    No hay que buscar tanta precisión académica ni teórica: el capitalismo de hoy no tiene ningún compromiso con el liberalismo, no tiene ningún compromiso con la Revolución Francesa, no se siente afectado por lo más mínimo con que hayan desaparecido las garantías constitucionales y las garantías procesales, el debido proceso o siquiera algún mínimo apego a la verdad; este capitalismo ni siquiera tiene la menor relación con la existencia de la humanidad como lo demuestra el incendio en el Amazonas,

    Lo realmente paradójico es que cuando el mundo empezó a virar hacia la derecha; por razones que siempre serán incomprensibles del todo o indescifrables para el dogma, resultado de nuestra lucha, resultado de aquello que Patricio Echegaray y un grupo de locos escribió cuando cayó la URSS: que América Latina era la esperanza revolucionaria del mundo porque somos un continente  mestizo, que casi todos los países surgimos de un proceso independentista y la memoria esta hay latiendo.

    Entonces lo que resulta paradójico es que cuando el mundo giraba para la derecha América Latina empezó a girar  para la izquierda  y el surgimiento de los gobiernos como los de Lula, Kirchner, Evo, Correa y de Daniel en Nicaragua y sobre todo de Chávez en Venezuela expresaban eso,

    Lo he contado muchas veces: en 1984 cuando los trabajadores metalúrgicos de Villa Constitución recuperaron su gremio yo fui a militar, a ayudar a los compañeros y había un ferroviario que me dijo “mira las cosas no son tan difíciles si una quiere ir al sur tiene que tomar el tren que va al sur, porque si tomas el tren que va al norte, podrá ser barato, cómodo, a lo mejor te dan bebida pero no vas a llegar al sur”

    Se podrá discutir todo lo que se quiera y lo hemos hecho muchísimo sobre los gobierno que nosotros llamamos de voluntad popular y que ellos llaman populistas, serían lo que Uds. quieran pero algo es seguro: no iban en el rumbo que ellos querían y por eso están presos los compañeros, no porque sean corruptos, no porque sean ladrones, no porque cometieron errores,

    A ellos les preocupa nuestros pocos aciertos, pero sobre todo nuestro rumbo. Esa cosa que podrá decirse alguna vez que Lula era ingenio porque lo único que dijo fue “yo quiero que mi pueblo coma tres platos de comida”; sería ingenuo pero eso iba contra la esencia misma del capitalismo brasileño y eso ellos no lo permitieron.  Cincuenta millones si los contáramos de a uno son un montón.

    Entonces nosotros queremos decirles a los compañeros que vamos a luchar por la libertad de todos nuestros compañeros;  que vamos a construir unidad, pero quiero decirles con toda honestidad intelectual que entendemos que nuestro primer acto solidarios es derrotar a Macri

    Y lo vamos a hacer con todo nuestros cuerpos. Porque no llegamos hasta aquí solo porque tengamos manos para meter un voto en una urna, sino porque tenemos piernas para marchar y corazón para resistir  y hemos tenido inteligencia para construir unidad y organización,

    Nosotros desde la mesa de unidad de los organismos de derechos humanos, junto con las Abuelas, con las Madres, los Familiares, Hijos,  con la APDH, el Cels, el Medh, con todos esos nombres que parecen jerigonza pero condensan la historia de lucha de nuestro pueblo estamos muy orgullosos de que en agosto de 2018 dijimos que no había Estado de Derecho, que en diciembre de 2018 propusimos firmar un acta en defensa de la democracia y los derechos humanos; que convocamos a todos y todas a resistir al macrismo, que recorrimos todos los espacios que hoy constituyen el frente de todos para decirles que había que terminar con la dispersión y que  había que terminar con Macri.

    Claro que las cosas no son del todo como uno quiere porque si no esta historia sería bastante sencilla, pero sí es cierto que nosotros sí pensamos que en la historia sí participamos, que sí la escribimos y pensamos que somos parte de este proceso

    Que inscribimos nuestra parte con esperanza y convicción, a lo mejor porque somos setentistas y jamás olvidamos que Nuestro Presidente, el único Compañero Presidente que tuvimos, cuando lo bombardeaban en La Moneda nos dijo que más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas por donde pasara la historia.

    Y en eso estamos.