La imprescindible presencia de los trabajadores en el horizonte humano


Hace unos treinta años, para el año 1995, un libro sacudió los debates de buena parte del mundo: el fin del trabajo, de Rifkin. Cuál era el contexto en que apareció el libro, que a su vez desató un enorme debate académico y político:

Primero.  un momento de triunfalismo capitalista, habían vencido en la llamada Guerra Fría a la Unión Soviética y la caída de la Urss disparó un efecto dominó que derrumbó el resto de los países socialistas salvo cuatro: Cuba, China, Vietnam y Corea del Norte.  Treinta años después, en el centro de Europa, la guerra entre la Otan/Ucrania y la Rusia pos/soviética revela la disputa entre el intento norteamericano de mantener el mundo unipolar que surgió en los noventa del siglo  pasado y un nuevo esquema de poder multipolar donde China, India, Rusia, Irán y otros pretenden salirse del dominio total de los EE.UU.

Segundo. Una nueva revolución industrial caracterizada por la robotización (maquinas que simulan casi todas las funciones humanas y aceleran la cadena de producción) la informática y la creación de internet que modificaron la conducción de los procesos y la circulación de las mercancías.  De esos cambios surgió la inmediatez de todo.  Del proceso  productivo y el fin de los grandes stocks generando un ahorro extraordinario para los capitalistas que necesitaban menos mano de obra y menos tiempo de espera de las mercancías.  El proceso no cesó pero nunca pudo, ni podrá, abarcar toda la humanidad ni todas las labores.  En la India se sigue usando fuerza de trabajo animal y en la Argentina surgió una industria del reciclado de la basura basada en el trabajo humano más simple y descalificado, no se necesita saber inglés ni la teoría de la relatividad para cargar cartón y papel usado.  Trabajadores hay, es más, hay más trabajadoras y trabajadores que en ningún otro momento de la historia en el mundo y en Argentina pero de los mismos procesos que describimos antes queremos hacer dos señalamientos, solo dos de una larga discusión necesaria.

Como resultado mediato del golpe del 76 y los procesos neoliberales de Menem y Macri, hoy hay tres segmentos de trabajadores muy distintos entre si:  los estables, sindicalizados, con obra social y contrato de trabajo que constituyen un tercio de la clase; ellos no han recuperado mucho pero no han perdido demasiado con Fernandez; los precarizados que tienen las peores tareas, sin sindicato ni protección laboral, muchos obligados a fingir que son trabajadores autónomos, pequeños empresarios que venden su trabajo a empresas chicas y grandes, ellos tienen los peores sueldos y poco respaldo en la crisis.  Y por último, los desocupados que viven de changas y reciben un plan o  un bono cada tanto, y muy escaso.  Dos aclaraciones más, las mujeres están en los tres sectores y en los tres son más maltratadas y mal pagas.  Este esquema de tres tercios persiste a pesar de cambios postivos en un gobierno y retrocesos en otros.   Esta fue la tendencia y amenaza seguir.

Y por último, y es solo una línea que decimos para marcar agenda.   De la derrota global del llamado socialismo, y de las consiguientes frustraciones políticas, los trabajadores no cuentan hoy con una alternativa mundial visible y estimulante.  Mucho menos a nivel nacional donde las expectativas sobre el Frente de Todos fueron consumidas en tiempo record por la crisis y la exasperante timidez del presidente en hacer lo que todos saben que hay que hacer.   Y de los cambios tecnológicos surgió un mundo hiper comunicado por los celulares que se han convertido en la primera fuente de cultura para las mayorías.  Una cultura del odio, de la ignorancia, de la indiferencia social, del individualismo extremo.

Trabajadores hay y habrá, aquí y en la China; como siempre se trata de aportar a un proceso de auto organización y de una batalla cultural que sigue siendo la tarea de las tareas. 

“Son las ideas, son las ideas las que iluminan al mundo, son las ideas, y cuando hablo de ideas solo concibo ideas justas, las que pueden traer la paz al mundo y las que pueden poner solución a los graves peligros de guerra, o las que pueden poner solución a la violencia. Por eso hablamos de la batalla de ideas.” Fidel.

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