Ante la designación de Arancedo como nuevo Jefe del Episcopado argentino, algunos datos de su trayectoria


Los herederos de la traición

Storni y Arancedo, los obispos que desaparecieron la labor evangélica de Monseñor Zaspe

Debe haber en algún manual de los servicios de inteligencia un acápite que diga: para matar un obispo, lo mejor es simular un accidente automotriz.

El primero que sufrió la “obra” de los terroristas de Estado fue el Obispo Mártir, Enrique Angelelli. El 4 de agosto de 1976, en medio de una ola de ataques y amenazas contra Angelelli y sus seguidores y días después del crimen de dos de sus sacerdotes —Carlos Murias y Gabriel Longueville— y un laico muy cercano a él —Wenceslao Pedernera—, la camioneta Fiat multicargo en que el obispo viajaba por la ruta 38 desde Chamical hacia la ciudad de La Rioja junto al cura Arturo Pinto apareció volcada cerca del paraje Punta de los Llanos. Pinto logró sobrevivir. Angelelli no: su cuerpo apareció extrañamente extendido en cruz sobre el asfalto boca arriba y con un fuerte golpe en la nuca, a unos 25 metros del vehículo.

Pocos vinculan la muerte de Angelelli con la acción de un valiente Obispo santafecino, Monseñor Zaspe, quien había viajado a La Rioja comisionado por el Vaticano y se había puesto sin vacilaciones de su lado, frente a los embates de la familia Menem y la Triple A que actuaba en la provincia desde un diario, El Sol, y había asumido el control de la provincia de la mano del Comodoro Estrella, jefe de la base aeronáutica del Chamical.

Poco después en julio de 1977, de igual manera es asesinado Carlos Ponce de León, Obispo de San Nicolás de muy digna conducta durante los sucesos ocurridos en Villa Constitución y toda la zona, iniciados por el llamado Operativo Serpiente Roja en marzo de 1975.  También Ponce de León sufrió un accidente automovilístico y falleció a consecuencia de las heridas sufridas.

Vicente Zaspe sobrevivió toda la dictadura, pero al final de ella en agosto de 1982 un camión lo atropelló en la ruta y aunque sobrevivió el ataque, moriría en diciembre de 1983.   “El último año de vida -relató entonces el padre Edgardo Trucco, párroco de la histórica basílica de Guadalupe (ya fallecido)- fue dramático, muy oscuro. Padeció persecución continua y sistemática de los servicios (de inteligencia); también de buena parte de la oligarquía santafecina y del país, que pretendía acallar su voz… En su último año de vida conoció el calvario”, subrayó.

La Iglesia Oficial, que tardó treinta años en abandonar el discurso oficial sobre “el accidente que costó la vida a Angelelli” y que nunca reconoció las muertes de Ponce de León y Zaspe, aprovecho su muerte para torcer el rumbo de la Iglesia santafecina.  Ahí fue que apareció Storni, un obispo que se haría famoso por violador de seminaristas, pero del cual poco se dice de la inquisidora labor sobre los curas y grupos de base de la Iglesia santafecina que fueron barridos con el comienzo de la democracia santafecina, una democracia atada a las decisiones del Segundo Cuerpo del Ejercito que no solo puso al gobernador Vernet en el sillón del Brigadier López, sino que acomodó a gusto y piaccere la Justicia y la Iglesia; y con ella a buena parte de la vida social santafecina.

Solo de gusto recordemos que el Obispo Storni fue uno de los más encendidos defensores del Juez Torturador Víctor Hermes Brusa, condenado desde el 2009 a 23 años de prisión por sus delitos de lesa humanidad.

Cuando el escándalo por la conducta sexual de Storni se hicieron insostenibles llegó el Obispo Arancedo, quien para que no quepan dudas sobre su compromiso con la renovación de la Iglesia en abril de 2010 defendió al Obispo violador.  “No es un caso de pedofilia, no confundamos. A Storni la Iglesia le ha pedido la renuncia y él se encuentra en una casa, que es del Arzobispado, por obispo que ha sido aquí. Ha dejado de ejercer su ministerio. Ha habido, de parte de la Iglesia, firmeza frente al hecho. Y él se siente no culpable”, dijo el arzobispo santafesino.

Storni fue condenado el 30 de diciembre de 2009 a ocho años de prisión por abuso sexual agravado por su condición. El delito fue en perjuicio del ex seminarista Rubén Descalzo y el hecho ocurrió en 1992, pero la denuncia que abrió la causa recién fue realizada en 2002, luego de que Storni renunciara a su cargo, jaqueado por el escándalo público que suscitó la publicación del libro Nuestra Santa Madre, de Olga Wornat. El ex arzobispo fue condenado a los 73 años; por lo tanto goza del beneficio de la prisión domiciliaria, que cumple en la misma casa quinta –ubicada en la localidad cordobesa de La Falda– en la que está refugiado desde su salida del Arzobispado santafesino. La quinta es propiedad del Arzobispado.

Arancedo señaló: “Él (Storni) ha renunciado y se sigue defendiendo ante la Justicia”. Consultado sobre el delito cometido por su antecesor, el arzobispo contestó: “Es un tema que me cuesta responder. Hay una duda, un juicio, una persona que denunció y él, que se defiende porque entiende que no es un acto de abuso, que no lo hizo con esa intención. Hay mucha gente que lo conoce y lo recuerda con mucho respeto”. “Él niega que haya habido (abuso). Según el texto que yo leí, es un beso que le dio en el cuello (al seminarista, que estaba a su cargo). La Justicia lo ha tomado. La Iglesia y él lo niegan, por supuesto. Y tiene todo el derecho de defenderse, porque entiende que no es un acto de abuso, que no lo hizo con esa intención”, siguió Arancedo.[1]

Antes, en el 2008, en medio del conflicto generado por la propuesta de retenciones móviles a las súper ganancias sojeras, Arancedo no dudó de qué lado situarse: Es el momento que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner tenga un gesto de estadista y convoque al diálogo para abordar la Resolución 125, que estableció el sistema de retenciones móviles. Todo esto nos empobrece como país”, advirtió en aquellas declaraciones.  . El arzobispo santafesino dijo comprender “las demandas justas” de los hombres de campo, aunque alertó que estos reclamos “no pueden estar un mes, dos meses, cinco meses sin resolverse. Hay que buscar un cauce y hay que revisar aquello que ha motivado el conflicto”.

Su voz estentórea en el conflicto sojero, fue susurro inaudible al momento que se realizó el primer juicio contra los terroristas de Estado en el 2009, es que lejos de la tradición de Zaspe y Ponce de León, comprometidos con los que sufrían la represión, el nuevo presidente de la Conferencia Episcopal prefiere pronunciarse por la reconciliación tal como lo citó el cura Massa, uno de los principales colaboradores del Obispo violador Storni,  al ofrecer una misa por la libertad de los “presos políticos” pedida por la esposa del Curro Ramos, un oficial de Inteligencia de la Policía Provincial famoso por la crueldad en las sesiones de tortura.

La Iglesia Argentina tiene nueva jefatura.

La memoria de Angelelli, Ponce de León, Zaspe y tantos militantes cristianos martirizados por el Terrorismo de Estado exigen recordar que fue uno de los que consumaron la obra del Genocidio.

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