El Kirchnerismo en Derechos Humanos, lo que se valora y lo que falta.


En uno de sus textos, se pregunta Eduardo Rosenzvaig si las luchas de los anarquistas, de los socialistas y comunistas, que lucharon contra la explotación capitalista y la dominación oligárquica desde la última década del siglo XIX, fueron borradas por el 17 de Octubre y el surgimiento del Peronismo, y acertadamente contesta que no: que sin estas luchas y su predica política, jamás hubiera surgido el peronismo.

Es que la historia se abre paso de maneras siempre nuevas y sorprendentes, pero no por eso deja de tener causalidades y constructores de su derrotero o dicho de un modo más directo: el kirchnerismo marcó una clara ruptura en el discurso y la conducta política en cuanto a la impunidad de los responsables del Terrorismo de Estado, materializando de ese modo todas las resistencias y luchas desplegadas durante y después de la dictadura contra el Olvido y la Impunidad de los que cometieron el Tercer Genocidio perpetrado en los territorios que hoy asienta a la República Argentina (se sabe que el primero es el de los españoles contra los pueblos originarios de Nuestra América, 60 millones de víctimas sólo en los primeros años y el segundo fue el del naciente Estado Argentino, con su Ejercito –opuesto en todo al Libertador de San Martín- que destruyó la Nación Guaraní en la Guerra de la Triple Alianza y los pueblos que vivían al sur del Río Colorado en la Campaña del Desierto).

El Poder Real, con todos sus atributos institucionales y simbólicos, se constituyó en base a esos tres genocidios, y en buena medida, a la impunidad de la que gozó hasta ahora, lo que le permitió contar la historia nacional como una lineal continuidad entre Mayo, Caseros, Irigoyen, Perón y Alfonsín; como una historia de paz y legalidad, solo interrumpida por momentáneos “desvíos” del camino republicano; construcción simbólica que preserva la propiedad de la tierra (arrebatada a los pueblos originarios por medio del primer y segundo genocidio), de las finanzas, el comercio y la industria (concentradas en manos extranjeras o subordinadas al capital internacional por medio del último genocidio) y las instituciones y fuerzas muy materiales y efectivas que preservan el capitalismo (comenzando por las represivas, siguiendo por las judiciales, educativas, comunicacionales, religiosas y morales, etc.).

A la pregunta de por qué despierta tanto odio el discurso y la política kirchnerista sobre derechos humanos, siendo que en lo fundamental no se ha afectado el Poder Real en tanto la propiedad de los medios de producción ni en tanto las instituciones que garantizan la continuidad del régimen y allí están la Bonaerense y la Federal, las Cárceles y Comisarías de todo el país donde se tortura incansablemente a los pobres que son detenidos por algún motivo, como prueba más contundente de la continuidad de la fuerza represora del Estado, debemos responder que es porque ese discurso y esa política cuestiona la legitimidad del Poder Real,  y de hecho, crea condiciones para su afectación por las luchas populares (que, como ya hemos dicho, condicionan, explican y justifican la política kirchnerista en derechos humanos).

La impunidad y el Olvido habían caracterizada hasta el 2003 el modo de tratar el Genocidio por parte de de los gobiernos de Alfonsín, Menem y De la Rúa (salvando el primer momento del Juicio a la Junta y la Conadep, borrados rápidamente por las leyes de la impunidad).

Como se sabe, en el mismo momento de los secuestros, la resistencia se expresó de mil modos: en las acciones de los familiares apoyados por algunos organismos, entre los que resalta la Liga, que recorrían despachos y presentaban recursos de Habeas Corpus, en la obstinada defensa de la identidad y la práctica de la solidaridad entre los mismos detenidos, en la denuncia internacional y la firma de solicitadas al interior del país, para nombrar solo algunas.

Algunas de esas acciones derivaron ya entonces en denuncias penales como la que permitió identificar el cuerpo de Floreal Avellaneda en Montevideo, y esas denuncias originaron juicios que se multiplicaron con la retirada de la dictadura.

La decisión de Alfonsín de juzgar a los integrantes de las Juntas de Comandantes en Jefe, potenció ese proceso pero la claudicación de Semana Santa lo clausuró.  Sobrevino un largo tiempo de impunidad que comenzó a quebrarse con el Juicio por Genocidio en España y los pedidos de extradición que Menem y De la Rúa negaban sistemáticamente.

Para el año 2002 ya había varias decisiones judiciales de declarar inconstitucionales las leyes de impunidad y varios pedidos de extradición en puerta; en esas condiciones Kirchner ordenó a sus legisladores destrabar la propuesta de anulación que sostenía Izquierda Unida y otros legisladores. La anulación de las leyes fue ratificada por una Corte Suprema reformateada por Kirchner, precipitando la salida de los más carcamanes y abriendo paso a juristas comprometidos con el “garantismo”; así los juicios archivados se reactivaron y se abrieron nuevos, pero sin un plan ni los medios necesarios.

La instrucción de las causas, sostenida casi exclusivamente por las víctimas y organismos, con cero investigación judicial, derivó en una fragmentación de las causas que fueron sometidas a la estrategia Pinochet, alargarlas todo lo que se pueda para que los represores mueran sin condena.Pero a pesar de todo, los juicios, sobre todo desde el 2009 comenzaron a realizarse, se extendieron nacionalmente y fueron mucho más allá de lo que el Poder real había imaginado.

Este agosto, la Corte Suprema anunció el carácter irreversible de los mismos aunque también anunció que no habrá cambios que posibiliten la unificación, aceleración y sobre todo la búsqueda de enjuiciar al bloque social que organizó y se benefició del Genocidio para lo cual hace falta que el Congreso transforme en leyes los Convenios sobre Desaparición Forzada y Genocidio (este data de 1948) para activarlos penalmente.

La Escuela de Mecánica de la Armada funcionó como un Centro Clandestino de Detención, Torturas y Exterminio en la cara misma de la gran burguesía que reside en la Avda. del Libertador  y de un modo tal que se integró a la vida cotidiana de la Esma.

Oficiales y detenidos desaparecidos estaban alojados en el mismo edificio con un piso de diferencia.  Se conocen pocos casos de perversión como este, que además de funcionar como un experimento político de Masera, se transformó en uno de los dispositivos de la muerte más efectivo (el otro era Campo de Mayo por donde pasaron Roby Santucho y nuestros queridos Iris y Floreal Avellaneda): se calcula que cinco mil compañeros desaparecieron por medio de los vuelos de la muerte o enterramientos clandestinos.

Menem intentó allí su máxima jugada: demolerla para construir un Monumento a la Reconciliación Nacional y un emprendimiento inmobiliario.

El neoliberalismo en estado puro.

Las luchas populares impidieron en su momento el proyecto y lograron sancionar una ley de expulsión de los marinos y creación de un espacio de memoria, pero el proyecto dormía el sueño de los justos hasta que en marzo de 2004 Kirchner produjo allí una de sus primeras sorpresas: entrar a la Esma de la mano de los sobrevivientes y poner en marcha un proceso que hoy se encamina a transformar aquel lugar en un espacio de memoria que denuncie justamente los tres genocidios sufridos en estas tierras. Será un formidable arma contra el olvido y por la resignificación de la identidad nacional, como una identidad plural de lucha por la verdadera Independencia.

Muchas veces se nombra, con razón, el carácter ejemplar de los Juicios y del modo en que se reconstruye la memoria de las luchas históricas; no se difunden del mismo modo los informes de la ONU, la OEA y los Observatorios Internacionales sobre la persistencia de la tortura y el carácter inhumano de las cárceles argentinas, la criminalización de la protesta y el gatillo fácil.

La desaparición de Julio López dio lugar a que numerosos organismos, entre los cuales sobresale la Comisión Provincial de la Memoria, acuñaran la frase “Sin López no hay Nunca Más”. ¿Es una afirmación exagerada o veraz?

Compartimos el diagnóstico y en este tema, una golondrina si que hace verano.

El secuestro de López, como la larga lista de acciones represivas de estos años (Las Heras, Fuentealba, Ferreyra, etc.) tienen una constante: la articulación de las policías con bandas armadas de la burocracia sindical o de la Bonaerense con los Barones del Cono Urbano.

Ese nudo, que se desprende del modo de construir fuerza propia que ha tenido el kirchnerismo hasta ahora, se instala como el obstáculo más severo hacia la vigencia de los derechos humanos, asumiendo que el primer derecho que tienen los pueblos es a reclamar, organizarse y luchar por conquistar los derechos humanos de todo tipo. Sin él, todos los demás derechos se tornan inaccesibles.

Dijo Eduardo Gruner estos días: “El asesinato a mansalva de Mariano Ferreyra implica una regresión política, social y cultural de proporciones alarmantes. …..es un crimen contra la clase trabajadora entera –y de paso, contra los estudiantes rebeldes: Mariano era también eso–; es, o puede ser, si no se trata con consecuencia, un punto de no retorno, no sólo para algún miembro de un elenco gubernamental, sino para la sociedad argentina en su conjunto….Un signo de vocación de libertad por parte del Gobierno, por ejemplo, sería que hoy mismo arbitrara las medidas (jurídicas, legales y constitucionales: nadie le exige ningún “estado de excepción”) para otorgarle su legítima personería a la CTA y a todos los nuevos sindicatos de base representativos que corresponda, como política de Estado que prescinda de afinidades electivas y conveniencias coyunturales. Es decir, deberá reconocer que la matriz sindical tradicional de la Argentina debe ser radicalmente revisada.”

¿Por qué tanta alarma? Porque hay una matriz represora en el Estado Argentino, y sostengo que la burocracia sindical es parte del Estado, y esa matriz no ha sido eliminada, solo silenciada, obturada, contenida en el mejor de los casos.

Pero sigue ahí la legislación que permite criminalizar la protesta, y para mal le sumaron la Ley Antiterrorista, y las Fuerzas Policiales (como se vio en Ecuador) tienen hoy tanto poder de fuego que constituyen un verdadero Estado dentro del Estado: ellas asesinan con el gatillo fácil, torturan y dominan el negocio de la droga, la prostitución y el juego.

En todo caso, el kirchnerismo se apoyó en reclamos históricos para entreabrir algunas puertas, por allí paso la lucha del pueblo para condenar represores y cuestionar la legitimidad histórica de un Poder que tambaleo en diciembre de 2001, y que hoy podemos golpear mucho más seriamente si le damos organización  y unidad programática a esa marea juvenil que reivindicó a Kirchner contra la derecha de hoy de ayer.

Hay allí una base de apoyo real para los que quieran “liberarse” del Pejota y los burócratas sindicales, tanto como para los que quieran construir una fuerza revolucionaria del siglo XXI que pueda sostener el proceso en curso sin renunciar al futuro socialista.

El lugar de Néstor Kirchner en la historia de los derechos humanos en la Argentina dependerá del éxito en esta tarea.

La memoria del horror ¿habrá servido para construir alternativa popular o para garantizar la gobernabilidad de un capitalismo que hoy más que nunca es incompatible con la vigencia plena de los derechos humanos?, solo el Socialismo del Siglo XXI los coloca en un horizonte alcanzable.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. vecky dice:

    Esta impecable hilación histórica, fundamenta absolutamente, cierto fragmento que escribiste en fb, y que en esa abreviatura, hizo que perdiera el contexto desde el cual la escribías y que yo te respondiera respetuosa pero erradamente, en un punto…
    “Sin López, no hay Nunca Más” es de una veracidad indiscutible.
    Y los asesinatos de Carlos Fuentealba y Ferreyra, marcan que el poder represivo sigue tal cual…no desarmado, sino por períodos contenido.
    Yo creo, desde mi humilde lugar que el resurgimiento de la militancia juvenil,que no es un “brote” sino el resultado de largos años de luchas populares de nuestra generación, va a generar una alternativa popular, porque es el correlato de una construcción histórica, sostenida desde la memoria, por todos nosotros…
    Mi opinión es que la juventud fue y va hacia el socialismo…tal vez desde diferentes lugares
    pero en un mismo rumbo…

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