Si hablamos de Papel Prensa, la dictadura y El Independiente de La Rioja….no nos olvidemos de Alipio Paoletti y de los que se robaron el diario


La directora de Papel Prensa, en representación del Estado nacional, Beatriz Pagliari, ha denunciado que la empresa proveedora del papel para los diarios ha discriminado a El Independiente de La Rioja.  La propia presidenta Cristina Fernandez asumió la denuncia y resaltó que el diario riojano es una cooperativa, como para reforzar el supuesto carácter nacional y popular del diario riojano[1].

Todo bien, pero ni Pagliari ni Cristina nombran a Alipio Paoletti, quien fuera fundador del diario y él mismo promotor de la primera y única cooperativa de trabajo que editaba y edita un diario.

A ver si se entiende, Alipio Paoletti un porteño guevarista, admirador de Agustín Tosco y amigo del Obispo Angelelli, propietario del diario riojano desde 1959 lo transforma en una cooperativa de los trabajadores pasando él mismo a ser uno más de los socios cooperativos en 1971 como respuesta a los ataques de la derecha fascista y como un modo inédito de ejercer la coherencia militante..

Desde allí combate al interventor en La Rioja de la dictadura de Onganía (que tuvo transitoriamente al hermano de Menem como secretario de gobierno, de paso, recordemos un poco la historia real de la “democracia riojana”) y enfrenta el desembarco de la derecha fascista que no solo activaría los grupos de tares sino que impulsaría un diario, El Sol, que clamaba contra Angelelli, Paoletti y todos los compañeros riojanos que por entonces buscaban torcer el destino de “provincia pobre que debe vivir de la limosna porteña”.

El comodoro Estrella, al frente de la base del Chamical se pondría al frente del “combate” que se cobró varias vidas, entre ellas las del mismo Obispo Angelelli y obligó al exilio de Paoletti, mientras encarcelaba a decenas de luchadores riojanos, como el actual secretario de la Asociación de Maestros y Profesores de La Rioja y de la Central de Trabajadores de la misma provincia, Rogelio de Leonardi.

En 1970, Paoletti publica en forma de separata un ensayo titulado “Cien años de Colonia”[2] donde demuestra de una vez y para siempre que La Rioja no es pobre sino empobrecida y que sufre un proceso de doble colonización, por parte del imperio británico y de la oligarquía porteña; de esa doble dominación surge un modo de ser de la burguesía riojana cuya expresión más pura fue Carlos Menem: presentarse como serviles y útiles al dominador, mostrarse como capaces de conseguir la ayuda porteña que sostenga las finanzas provinciales y la red de corrupción que lleva siglos de vigencia, acaso desde la derrota del Chacho Peñaloza y Felipe Varela, luchadores por la causa americana.

Y eso fue lo que hicieron un grupo de socios de la cooperativa El Independiente poco antes del  regreso de Alipio Paoletti del exilio: lo expulsaron de la cooperativa utilizando una renuncia falsa, avalados por la estructura represiva de la dictadura que todavía regía en La Rioja para 1983.  Lo acusaron de “abandono de trabajo” y hasta tuvieron el tupé de inscribir en la falsa renuncia que “renunciaba de por vida al ejercicio del periodismo” desnudando la pluma fascista que fingía la renuncia.

Entre los impulsores de la resolución cooperativa había un contador que llegaría a Ministro de la Nación, se llamaba Herman González, por entonces era democristiano y luego sería uno de los laderos de Carlos Menem, o sea…..[3]

Los actuales titulares de la empresa riojana jamás reconocieron el despojo, son por lo tanto herederos de aquella acción dictatorial, tan repudiable como la compra compulsiva de las acciones de Papel Prensa por parte de Clarín, La Nación y sus cómplices de ayer y de hoy.

Pero flaco favor se hace a la causa contra el monopolio de los medios de comunicación al avalar el despojo que sufriera Alipio Paoletti, aquel que con sus papeles del exilio escribiera el dossier más valioso sobre la dictadura, “Como a los nazis, como en Vietnam” un libro que se convirtió en consigna y que hoy persigue a los usurpadores de El Independiente que serán alcanzados, más temprano que tarde, por el reclamo popular de Memoria, Verdad y Justicia para el Obispo Angelelli y los 32 desaparecidos riojanos, pero también para el fundador de la cooperativa El Independiente, perseguido por la dictadura y despojado de su puesto de lucha por una banda de miserables funcionales a la dictadura y el menemismo que hoy fingen un súbito ataque de nacionalismo popular que solo pueden creer los ingenuos, los desinformados o los oportunistas de siempre.


[1] Pagina 12, 4 de octubre de 2010, edición online

[2] La Asoc. de Maestros y Profesores lo editó como libro en 1997

[3] La Rioja que resiste. Educación y  lucha de clases. Amp ediciones. 2002. de José Schulman. Hay una edición on line gratuita en www.cronicasdelnuevosiglo.wordpress.com

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  1. Jorge Alberto Perea dice:

    A propósito de cartas que no produjeron, en su momento, ninguna reacción del Estado…hace un año el gobierno de la provincia de Catamarca compró unos terrenos y el edificio del ex Hotel Sussex a los herederos de Tomás Álvarez Saavedra, otro colaborador de la dictadura en la Rioja y Catamarca. Comparto el texto de la misma:

    SR. DIRECTOR.

    Sobre la figura histórica de Tomás Álvarez Saavedra y el rol de la “prensa canalla”.

    En los últimos años y gracias a la apertura de una importante cantidad de juicios contra los responsables de delitos de Lessa Humanidad, han sido denunciados, en forma cada vez más frecuente, los vínculos de algunos sectores de la sociedad civil con la Dictadura.
    El Plan General de la Dictadura, para lograrse adecuadamente, para controlar todo lo posible, necesitaba tener en cuenta las particularidades locales y regionales de la Argentina. Aquí, los mal llamados “colaboradores civiles”, contribuyeron al adecuado éxito de encarnar al terror en el espacio de lo cercano.
    Alemann, Martínez de Hoz, Blaquier, Mitre, Noble, entre otros. Una larga lista de apellidos “ilustres” que puede ejemplificar el entramado del poder cívico – militar que por más de 6 años se propuso “reorganizar” a la nación en sus bases económicas, políticas y sociales. Para conseguirlo, Terrorismo de Estado y Neoliberalismo a mansalva, ejercido en todos los aspectos de la vida cotidiana de los argentinos, gracias a una división tácita de roles entre los militares (ocupados en ser los perpetradores directos, las caras visibles en los grupos de tareas y los Centros de Exterminio) y los civiles (eficaces administradores de la Burocracia del Terror).
    En la provincia de Catamarca, además del conocido caso de Arnoldo Aníbal Castillo y otros afiliados de la U.C.R que fueron funcionarios y jueces del “Proceso”, también se puede puntualizar un ejemplar caso de correspondencia entre la pertenencia ideológica al campo de la derecha más reaccionaria y el interés económico propio: este es el del “Gallego” Tomás Agustín Álvarez Saavedra.
    Un hombre con una módica fama en el ámbito nacional.
    Al googlear este nombre y apellido encontramos una pequeña cantidad de referencias en páginas que lo describen como agente permanente de los Servicios de Inteligencia del Ejército en los archivos de represores.
    A los riojanos y catamarqueños no nos hace falta recurrir a Internet para describir a Álvarez Saavedra, ya que es muy conocido por las inversiones realizadas en hotelería, juegos y medios de comunicación en estas provincias. Si bien es cierto que el carácter ético de algunas de ellas fue cuestionado en forma contemporánea a los hechos, todavía estamos a la espera de un trabajo de investigación profundo que ayude a develar incógnitas y a construir certezas sobre estas versiones.
    Lo que no resulta dudoso es el papel ideológico que su Diario, “El Sol”, desempeñó en la década de los 70. Con un vistazo rápido, al recorrer las páginas de este medio de comunicación encontramos una constante en la línea editorial: glorificación de las Fuerzas Armadas, justificación de la represión contra la izquierda marxista y persistencia en la identificación y denuncia de individuos e instituciones “peligrosas” para la sociedad catamarqueña y riojana.
    En “El Sol” existía una constante pulsión a la delación (complementada con la publicación de “cartas de lectores” y de “listas negras” confeccionadas desde los grupos paramilitares) y a la descalificación de otros medios de prensa (“La Unión” en Catamarca y la Cooperativa “El Independiente” en la Rioja). Con el Golpe de Estado, “El Independiente” fue expropiado por la Dictadura y el director de este Diario, el “Tito” Alipio Paoletti, fue concienzudamente torturado.
    Ni una palabra a favor de este periodista se escribió en “El Sol”.
    Uno de los enemigos preferidos del Diario de Álvarez Saavedra fue el “cura rojo” Enrique Angelelli. Al Obispo se lo acusó de dividir a la sociedad riojana y de introducir “agentes foráneos” (curas Tercermundistas) en los Llanos riojanos para preparar a una inexistente guerrilla campesina.
    Con tantos ejercicios de “prensa canalla”, no sorprende que “El Sol” calificara luego como un “accidente” al asesinato de Angelelli.
    Un doloroso ejemplo más. Todavía hoy, a tantos años de distancia, algunos ex presos políticos catamarqueños recuerdan que sus madres vieron frustradas su intención de hablar con el dictador Videla debido a que, desde la redacción del Diario “El Sol” (contactada ingenuamente por los familiares para sacar las fotos del hecho) se avisó rápidamente de este plan “subversivo” a la custodia presidencial.
    Si algo no se puede decir de Álvarez Saavedra es que fue inconsecuente ideológicamente. Defendió siempre el modelo de una sociedad con valores cristianos integristas y en “El Sol” estos ideales católicos preconciliares convivieron armoniosamente con el afán de lucro. Como muchos empresarios, aprovechó sus vínculos con militares y políticos de la época para fortalecer al emporio económico Sussex, mientras miles de compatriotas eran desaparecidos, detenidos y exiliados.
    Álvarez Saavedra fue un defensor de la libertad de prensa en abstracto, de la moral en letras de molde, de la Constitución inerme en el papel. Con el Diario “El Sol” presionó metódicamente, para proteger sus negocios, para habilitar nuevas inversiones y para generar pánico en sus rivales de turno.
    En tiempos de lucha por la verdad y de ardua discusión sobre el rol del periodismo en la sociedad…esto nos suena conocido ¿no?

    Jorge Alberto Perea

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