Las llaves de la impunidad o la estrategia del perro que pateó la olla


Como si faltaran pruebas, el grupo de tareas que secuestró a Julio Jorge López, se dio el lujo de colocar las llaves de Julio, esas que –se sabe- él sabía tirar dentro de su casa al salir a caminar y no aparecieron el fatídico día de su desaparición forzada, en el mismo jardín familiar.

Cómo antes habían hecho en la casa de la otra testigo del juicio, la compañera Nilda Eloy, donde entraron a pesar de la “custodia” policial y a modo de mensaje se comieron las empanadas que había en la cocina.

Mensajes de impunidad sin duda, pero mensajes que no son escuchados por el gobierno ni por una parte de la sociedad que siguen impertérritos aferrados a la hipótesis del extravío de Julio (ayer mismo escuché por radio un mensaje del gobierno de la ciudad de Buenos Aires que instaba a “buscar” a López que se “extravío” el 19 de setiembre).

Lo que parecían gestos y palabras casuales, fruto del impacto emocional causado por la desaparición de López, se configuran ahora como una estrategia oficial persistente: negar, cueste lo que cueste, el secuestro de López, invirtiendo la máxima gobbeliana de mentir, mentir que algo quedará por el símil: niega, niega, niega hasta lo evidente que en algo se instalará la duda.

Ahora, aparece más claro por que Aníbal Fernández decía que “estaba tomando té en lo de la tía”, Hebe Bonafini insinuaba que se había ocultado para afectar al gobierno y en el Clarín del domingo 19/11 el Dr. Eduardo Duhalde, secretario de DD.HH. de la Nación, justificaba que la causa siguiera en manos de una jueza provincial, que investiga su extravío y no su secuestro como sí hace el Juez Federal Corazza, diciendo: “no es una arbitrariedad de la Justicia, ya que faltan elementos para afirmar que se trata de un secuestro”.

Parece una cuestión menor, casi semántica, para algunos “hay que buscar a López” y para otros, digo para Memoria Verdad y Justicia donde participan la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y el Partido Comunista, hay que exigirle al gobierno que investigue el secuestro de López, desmantele el aparato represivo y se comprometa en la prosecución de los juicios cumpliendo con la parte que le toca: aportar medios a la Justicia, ordenar a los fiscales que impulsen las investigaciones bajo la doctrina Rosanzky (los delitos se cometieron en el marco de un genocidio) y ordenar a las fuerzas armadas, policiales y de inteligencia que entreguen la información que obviamente poseen.

Será  por eso que el Ministro Fernández se negó a recibir a una delegación de organismos de derechos humanos que pretendían dialogar sobre las llaves de la impunidad y el Dr. Mattarollo, de la misma secretaría de derechos humanos que Duhalde, se negó a brindar protección al compañero Mario Navarro, pretextando que en Santa Cruz hay garantías para todos y que son “ellos” los afectados por las amenazas y no los militantes populares como le planteó la Liga Argentina por los Derechos del Hombre al encuadrar la persecusión judicial a Navarro dentro del clima de amenazas y persecuciones que sufre el movimiento popular..

No importa que la llave aparecida sea tan convincente que hasta Estela Carlotto habla ahora de secuestro (Página 12 del 26/11) y que en Las Heras actúan impunemente las patotas que se han cobrado varias vidas en estos años: nada ocurre dirán los funcionarios, niega, niega que alguna duda se sembrará.

Pero no todos dudan, en una entrevista de Memoria, Verdad y Justicia con Hugo Yasky y Victorio Paulón, de la nueva dirección nacional de la C.T.A. se informó que se había convocado a un plenario nacional de la Central para el cinco de diciembre para discutir un plan de lucha por Julio López y se programa una jornada nacional de lucha para el 18 de diciembre, sumándose a las que el espacio Memoria, Verdad y Justicia viene programando.

Es una gran oportunidad para que los comunistas que actúan en la C.T.A. a todo nivel, impulsen el máximo nivel de movilización , unidad y organización contra la impunidad, comenzando por el ejemplo de nuestro propio compromiso militante.

De batallas culturales son estos tiempos, pero no ancladas en las nubes de Ubeda, sino en debates más terrenales: extravío o secuestro,  lo “buscamos” o atacamos la impunidad, permitimos que la desaparición forzada de personas se instale como una herramienta represiva disponible para el Poder cuando la necesite o defendemos el Nunca Más desde la perspectiva de que la derrota de la impunidad sería un paso práctico en la batalla cultural por darle significado al tiempo latinoamericano que nos abraza solidario.

Es en las calles y la lucha que está el único camino para encontrarnos con los hermanos venezolanos, bolivianos, cubanos y ecuatorianos; por eso nos quieren sacar de allí con el secuestro de López y las amenazas.

Allí  está hoy el desafío que nos toca afrontar.

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