Las fotos ausentes del expediente Julio Jorge López


Hay muchas fotos de Julio Jorge López dando vueltas por Internet, la que más me gusta es aquella en la que está declarando en el Juicio contra Echekolatz. Ha esperado treinta años para hacerlo, ha pasado por todas las etapas que llevan del terror al testimonio, del lugar de “víctima del terrorismo de Estado” al de querellante en una parábola difícil de recorrer, cada uno de los que lo ha logrado sabe cuán difícil, que va de la dignidad del compromiso militante de los ´70 a la dignidad del compromiso de la memoria combatiente. La foto de Julio nos interpela a todos, a los sobrevivientes del terrorismo de Estado y los militantes de los derechos humanos (y cuántas cosas distintas hay hoy bajo esa máscara, ¿no?), a los compañeros del movimiento popular y las fuerzas de izquierda, pero también deberían sentirse convocados, es decir desafiados, todos los hombres y mujeres que no avalan el Genocidio y que aspiran a vivir en una sociedad “al menos seria” como gustan decir los progresistas argentinos.

Han pasado dos semanas y Julio no aparece.  Los órganos estatales encargados de la búsqueda se declaran desconcertados por la casi absoluta falta de datos, sin saber por donde investigar.  Es que les faltan fotos en el expediente, si sólo miran los ojos de López no lo encontrarán, para dirigir correctamente la investigación proponemos que se consideren otras fotos, entre ellas: la foto de Bush celebrando la aprobación de la legislación antiterrorista que legitima la tortura en el país central del capitalismo; la foto del Papa nazi recuperando un discurso religioso fundamentalista que sepulta en un minuto veinte cinco años de esfuerzos ecunemicos; la foto del jefe del GOE de la ciudad de Santa Fe Juan Pablo Garro en su despacho presidido por símbolos nazis; la foto de Néstor Kirchner tocando la campanita de Wall Street; la foto de Cristina Kirchner con la boca cerrada por más de una semana; la foto de Carlos Rosanzky dictando la primera sentencia en el mundo donde se afirma que hubo un genocidio en el país donde se dicta la sentencia por parte de un juzgado nacional ordinario y la foto de Nilda Eloy leyendo la declaración del encuentro Treinta Años Memoria Verdad y Justicia en Plaza de Mayo ante unos 30000 militantes, hay otras fotos de la Plaza: la foto de los que la escuchan y la foto de los que no están. (¿hay fotos de los que no están?, claro que si!, hay ausencias que son notorias como hay silencios que son potentes), miremos sino las fotos.

la foto de Bush: la sanción de la Ley Antiterrorista es un gesto grave que evidencia algo más profundo. Durante un  largo ciclo, digamos desde el año 1789 al fatídico 1989, el capitalismo fingía sostener un discurso liberal que proclamaba la necesidad de una “democracia formal”, cierto que de derechos proclamados y no efectivizados “detalle” que dio razón de ser al movimiento obrero y socialista del siglo XX, pero con una promesa de “derechos humanos” para todos que hoy abandonan en procura de algo así como una dictadura terrorista mundial que pretende ocupar militarmente Afganistán, Palestina, Irak y avanzar hacia otras regiones como la latinoamericana; pero la foto de Bush no es la de un triunfador sino todo lo contrario, es la de un mediocre líder fracasado, empantanado en todos lados y desafiado por la resistencia palestina e irakí y las Revoluciones Cubana, Venezolana y el proceso Boliviano.  No nos olvidamos de la profecía de Fidel en Córdoba, estos signos de Barbarie no son muestra de fortaleza sino del comienzo de una decadencia que no pueden parar con guerras, más bien la aceleran.  Pero si alguien quiere buscar a Julio debería tener en cuenta que el Gobierno de los EE.UU. ha legitimado los métodos de tortura por los que fue condenado Echekolataz y que el Papa lo bendice.

la foto de Néstor Kirchner: su presencia en Wall Street no es un chiste ni una pose, es la confirmación de que el pago de la Deuda Externa y el mantenimiento del patrón de apropiación monopolista de la riqueza no es un detalle secundario, sino lo fundamental de un gobierno que habla y habla de los derechos humanos pero mantiene y despliega al capitalismo neoliberal que fue fundado por los genocidas como Echekolatz, represores que cultivaron relaciones cercanas con los grupos de Poder que nunca abandonaron su adhesión entusiasta por Videla y que soportan los gestos kirchneristas por puro interés de clase; es cierto que ninguna hipótesis contempla la responsabilidad directa del Gobierno pero si la complacencia con un orden continuista que recrea la ideología descalificadora de la “izquierda siniestra” (Aníbal Fernández dixit) para nombrar a quienes luchan contra el capitalismo real, mafioso, hegemonizado por los mismos grupos económicos que decidieron el Genocidio y que hoy lucran con la administración Kirchner/Miceli.  ¿No debería investigarse a quienes se beneficiaron con el Genocidio, no serían ellos gente dispuesta a “ayudar” al personal ejecutor de la Barbarie?.  Claro que sí, y no solo por viejas lealtades y pactos mafiosos,  también por identidad ideológica y necesidad de contar con una fuerza segura para el mañana

la foto de Cristina Kirchner: con la boca cerrada ante la ausencia, misma pose que en diciembre de 2004 cuando la masacre de Cromañon, símbolo de la falta de voluntad de ir a fondo contra los represores por parte de un gobierno que ha modificado como ninguno el Código Penal para castigar a los pobres que se acumulan como mercancía descartable en las cárceles estatales y que no ha dejado de perseguir a quienes persisten en luchar por los derechos  populares; al lado de la foto de la boca cerrada de Cristina vuelvo a ver la de Tomás Borge cuando era Ministro de Interior del Gobierno Sandinista de Nicaragua y afirmaba algo así como quién quiera democracia que luche por la liberación lo que es lo mismo que decir que el capitalismo (más aún el periférico y dependiente como el de América Latina) es incompatible con la democracia, siquiera “formal”.

la foto de Juan Pablo Garro: el fascista policía santafesino nos genera una pregunta fundamental para la investigación del paradero de Julio: ¿ qué fue de los miles de militares, policías y agentes civiles de los servicios que ejecutaron el plan de exterminio con disciplina, algunos, y mucho entusiasmo otros? la respuesta es conocida: caminan entre nosotros, siguen en la estructura estatal o al servicio de las agencias de seguridad (40000 efectivos bajo mando, legalmente obligatorio, de ex policías o ex militares retirados, con alta probabilidad de encontrar discípulos de Echekolatz entre ellos) que son parte del sistema operativo del capitalismo real. mafioso y subordinado a los grupos económicos más concentrados.  Todos estos años hemos planteado que la impunidad de ayer no sólo era éticamente inaceptable y políticamente funcional al continuismo de un modelo económico que destruyó la economía popular, también sería el caldo de cultivo de nuevos crímenes como el que ahora tenemos, crímenes que sólo pueden hacerse en los pliegues del aparato represivo estatal, utilizando algunas de sus estructuras y contando con la mirada complaciente de otras. Horacio Verbitsky denuncia1 que la formación de los oficiales de la Bonaerense está en manos de un grupo clerical fascista, “Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA), una organización confesional que colaboró con altos jefes del gobierno militar de 1976 a 1983 y que hoy apoya a los grupos que resisten el avance de los juicios por los crímenes de entonces”, no es demasiado obvio que los así formados será personal dispuesto a colaborar con quienes secuestraron a Julio López?  Y por qué razón, un gobierno que pretende ser reconocido como tributario de los derechos humanos, no depura las fuerzas armadas y policiales? ¿No es evidente que por razones de clase, de preservar las condiciones de reproducción ampliada del capitalismo argentino, y ello supone mantener una fuerza dispuesta a reprimir como hicieron en Las Heras, contra los trabajadores del Subte, contra los usuarios del tren en Haedo, contra los manifestantes que protestaban contra la sanción del Código Contravencional de la progresista ciudad de Buenos Aires?.

la foto de Nilda Eloy en la plaza de Mayo: Antes de mirar la foto de Nilda hablando en la Plaza de Mayo permitanme recordar  dos citas de Marx necesarias para el expediente. la historia es la historia de la lucha de clases (párrafo uno del capitulo uno del Manifiesto Comunista, el abc del abc de las ciencias sociales contemporáneas) y una menos conocida “ellos hacen, pero no lo saben” en el prologo del Capital.  Lo que quiero decir es que. no hay fenómeno social que sea sólo obra del enemigo o nuestro y el protagonismo popular no requiere obligatoriamente de plena conciencia del sentido de las acciones emprendidas.   Los pasos que hemos dado contra la impunidad,  el fallo es un hito, son resultado de la lucha de clases, del protagonismo popular desplegado por casi treinta años, desde el instante mismo en que un abogado presentaba un Habeas Corpus en el ’76 y un detenido defendía su identidad en la mesa de torturas.  Lo dijo el propio Juez Rosanzky, “el juicio fue la suma de la historia”, es decir –decimos nosotros- de la lucha de clases en los últimos treinta años. Por eso la foto de Nilda Eloy en la Plaza tiene una larga hilera de fotos previas, de los diez años de Memoria Verdad y Justicia marchando cada 24 de marzo exigiendo Justicia y Castigo a los culpables, la foto de las marchas contra el indulto de Menem y contra las leyes de impunidad de Alfonsín y en esa foto casi no se ven rostros particulares, es el pueblo. Porque una de las fotos de la ausencia, de los que no estuvieron en la Plaza, de quién se atrevió a reproducir el discurso descalificatorio de las víctimas y los sobrevivientes del Terrorismo de Estado, nos debería ayudar a comprender que nunca es bueno personalizar las luchas, que se trata de construir referencias políticas colectivas, definidas por proyecto y no por personalidades y eso también muestra la foto de Nilda en la Plaza, la foto de una nueva referencia en el campo de los derechos humanos que se viene construyendo laboriosamente desde Memoria Verdad y Justicia.

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la foto del Juez Rosanzky leyendo el fallo: donde se afirma que los delitos cometidos fueron ejecutados en el marco del Genocidio sufrido en la Argentina. y aquí si que deberían prestar atención los investigadores del secuestro de López, puesto que el fallo no solo es ejemplar también abre perspectivas para romper el “empantanamiento” a que nos llevaba la estrategia K de pocos juicios para algunos represores y solo por algunos casos. Tal como se explica en el fragmento del fallo que publicamos aparte, hay un cambio de paradigma y un esfuerzo por relanzar la lucha jurídica con otra perspectiva, acotar el sufrimiento de las víctimas al testimoniar el horror y unificar las causas de modo tal que en pocos juicios podamos juzgar a todos los represores por los crímenes cometidos contra todos los compañeros.  Y este logro jurídico, a diferencia del Juicio a la Junta (que se hizo como “mal menor” del Poder ante el peligro de que haya juicios contra todos los represores), es una iniciativa político jurídica de los de este lado que apunta a desplegar la ofensiva del campo popular y no a una maniobra gattopardista del Poder.

Y es esta perspectiva de golpear la impunidad la que busca frenar el secuestro de López; por eso no es con mensajitos de texto a los celulares que se avanzará en la investigación sino en el establecimiento de firmes hipótesis de las motivaciones y  de los posibles responsables del hecho: frenar los juicios a los represores por parte de grupos de tareas incrustados, soportados sin molestía por lo que parece, en las fuerzas represivas y de inteligencia estatales.  ¿Cuántos represores y efectivos de “seguridad” han sido interrogados? Es aquí donde adquiere toda la miseria humana y la perversidad política el discurso de Hebe llamando a investigar a Julio y no a los genocidas, hay otros que no lo dicen pero de hecho actúan de ese modo: acosando las fuerzas que luchan por la aparición de Julio y tratando con mano de seda a los potenciales culpables.

Pero no somos tan ingenuos para pedirle eso a la Bonaerense ni a los administradores del Estado; el mapa de hipótesis que pretendemos armar no es para ellos sino para nosotros; para fortalecer la convicción de que ésta es una causa justa, indispensable y trascendente. Que estamos ante una crisis profunda del Estado, de su sistema de seguridad y hasta de su discurso fundante de la era Kirchner, ese de que son “derechos y humanos”; pero la oportunidad no se abre paso por sí misma sino  por la acción de aquellas fuerzas políticas y sociales que tengan la grandeza de construir una propuesta que vaya más allá de los clásicos sectarismos de la izquierda y la centro izquierda argentina y que se proponga asestar un golpe demoledor a la impunidad en la Argentina, uno de los pilares del capitalismo real. Acaso entonces tengamos la foto más anhelada por todos nosotros, la de Julio Jorge López reencontrándose con los compañeros y celebrando el castigo al genocida Echekolatz y la prisión de sus propios captores.  Pero esa foto depende de nosotros, de nuestro coraje e inteligencia, de nuestra capacidad de construir alternativas reales a los desafíos reales.

Buenos Aires, 2 de octubre de 2006

Fragmento de los fundamentos del fallo contra Echekolatz (sobre el sentido práctico de definir los delitos cometidos como de lesa humanidad en el marco del genocidio cometido en la Argentina) del voto de Carlos Rozanski, presidente del tribunal que condeno a Miguel Etchecolatz

“Este es el primer juicio realizado con motivo de la derogación de las leyes de punto final y obediencia debida. Se encuentran en trámite cientos de expedientes con miles de víctimas y de numerosos imputados. Se vió en la sala de audiencias cuales son algunas de las consecuencias de juzgar hechos sucedidos hace treinta años. Una de ellas, tal vez la que representa una de las injusticias más importantes derivadas de la impunidad, es la múltiple victimización a que son sometidos los testigos convocados. Revivir el dolor de los padecimientos sufridos, tanto en las víctimas directas de estos hechos en juzgamiento como de aquellas que lo son por resultar parientes o seres queridos de aquellas o bien, por haber compartido cautiverio con las víctimas de autos, no puede pasar inadvertido para el Tribunal y el Estado debe elaborar alguna respuesta adecuada. Uno de los mayores aliados de la impunidad es el paso del tiempo. Testigos que mueren, testigos que no están en condiciones de volver a relatar el horror, testigos que no se sienten con la seguridad de poder hacerlo. A todos ellos, nuestro sistema legal les brinda una serie de garantías que adecuadamente estudiadas obligan a rever conceptos procedimentales dogmáticos elaborados para hipótesis delictivas tradicionales, pero no para delitos de lesa humanidad y genocidio. Una breve recorrida por la normativa aplicable permite agregar argumentos a la necesidad de tomar inmediatas medidas respecto de la cuestión a fin de evitar nuevos sufrimientos obligatoriamente evitables.  Se trata de un verdadero cambio de paradigmas que obliga a repensar métodos, prácticas y fundamentalmente razonamientos no sólo respecto del verdadero contexto en el que se produjeron los hechos aquí juzgados, sino además respecto de aquellas personas que el sistema judicial cita  mecánicamente y muchas veces sin tener en cuenta en su justa dimensión el grado de sufrimiento que su comparecencia les puede ocasionar. ….. Las citas efectuadas de  los conocidos fallos de la Corte Interamericana de  derechos Humanos, de aplicación obligatoria en nuestros tribunales, avalan la afirmación efectuada en cuanto a la necesidad de tomar medidas que eviten nuevos sufrimientos a las víctimas. Eso a su vez, va a significar una notable mejora en las propias investigaciones y en última instancia en el resultado final de las causas.  Parte de la protección debida por el Estado a los testigos, incluye evitar las interminables citaciones judiciales a los debates que sin duda se sucederán de no tomarse las medidas adecuadas. Por otra parte la atomización de las causas por violaciones a los Derechos Humanos derivadas de la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, atenta a su vez con la obligación  señalada por los fallos aludidos.  Es en ese punto donde radica la mayor importancia de tener en cuenta los hechos sucedidos como genocidio. La vigencia de la Convención en la materia está fuera de toda discusión, como también lo está la del resto de las Convenciones sobre Derechos Humanos contenidas en el art. 75 inc. 22 de la Constitución Nacional. Considerar de ese modo -genocidio- y bajo ese trascendente paraguas legal las causas en trámite permitirá a mi entender ubicar los hechos investigados en el contexto adecuado, cumpliendo de ese modo la obligación contenida en el célebre fallo Velazquez Rodriguez en cuanto a investigar con seriedad y no como una simple formalidad. Todo ello es parte también de la reconstrucción de la memoria colectiva, y permitirá construir un futuro basado en el conocimiento de la verdad, piedra fundamental para evitar nuevas matanzas. Como se señaló precedentemente, todos esos hechos configuran delitos de lesa humanidad cometidos en el marco del genocidio que tuvo lugar en la República Argentina entre los años 1976 y 1983.”

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