La estrategia del cangrejo


O cómo combatir la catástrofe que nos amenaza

Salvo el poder todo es ilusión.

V.I. Lenin, septiembre de 1917

Quienes sólo mediante la fortuna de simples particulares llegan a ser príncipes,

 sin apenas esfuerzo llegan, pero con mucho se mantienen; no hallan obstáculo

en el camino, pues pasan en volandas, más una vez establecidos

se les llena de ellos… Todos ellos dependen sencillamente de la voluntad

y de la fortuna de quienes se lo otorgaron, cosas ambas en exceso volubles

e inestables, por lo que no saben, ni pueden, mantenerse en el cargo;

no saben porque, si no se es hombre de gran ingenio y virtud, al haberse

dedicado siempre a los asuntos privados, no es razonable que sepan mandar;

y no pueden porque carecen de fuerzas que les sean leales y fieles.

Nicolás Maquiavelo. Cap. VII de El Príncipe. 1513

No. Esta no es una fábula griega, es un intento de conceptualizar la catástrofe que nos amenaza: una nueva frustración de la lucha popular, la que enfrentó al macrismo y generó las condiciones para el triunfo de un Frente que desde el nombre, “de todos”, evitó confrontar con el enemigo real retrocediendo cada vez que debía avanzar como si su estrategia fuera la del cangrejo: caminar sí, actuar sí, pero para retroceder una y  otra vez hasta llegar a esta situación límite, tan parecida a otras de nuestra historia y que, por ahora, prefiero soslayar. 

La estrategia del cangrejo es la estrategia más funcional y conveniente para quienes impulsan la línea principal del Plan Continental Imperial de Fortalecimiento del Dominio Colonial puesto que desde hace décadas practican la estrategia del apriete para arrancar concesiones de modo tal que se garantiza la reproducción ampliada del modelo capitalista vigente (acuerdo con el FMI, manejo del comercio exterior por los Oligarcas locales y extranjeros, etc.) y –acaso lo que más le importa- el desgaste de la base popular del gobierno que luego argumentará esa debilidad para volver a retroceder hasta que su debilidad sea tal que corra peligro de no terminar el periodo gubernamental o llegar tan agotado a la contienda electoral que su reemplazo será contundente.

Cuando el cangrejo camina (en realidad camina de costado) busca el mar para salvarse porque allí se siente seguro; el gobierno de Fernández  no tiene ese mar detrás porque el único modo de enfrentar al fascismo es enfrentarlo, cómo sea, no importa la correlación de fuerzas, la única esperanza de vencer es hacerle frente.  Cómo lo hizo el Ejército Rojo hasta tomar Berlín, el pueblo vietnamita hasta que el helicóptero se elevó desde la embajada yankee, como lo hacen hoy los pueblos de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Colombia cada quien con sus capacidades, como saben, como pueden pero son ellos los que aprendieron de nuestras Madres: “la única lucha que se pierde es la que se abandona

Un primer problema del gobierno nacional y de las fuerzas que lo integran es lo que se denomina crisis de percepción de la realidad.  Miran el mundo pero no lo ven.

Su crisis de percepción de la realidad es un síntoma del momento general del capitalismo: la decadencia como categoría histórica; momento  por el que pasaron otros imperios y otras civilizaciones, la más estudiada en occidente es el Imperio Romano que terminó en divisiones infinitas y procesos de desintegración económica, política, cultural y moral que bien pueden verse en vivo y en directo en la sociedad norteamericana enferma de todos los males sociales que uno puede imaginar, y algo más.

La decadencia de la civilización capitalista, con su correlato de pérdida de capacidad hegemónica (recordar a Gramsci, hegemonizar no es lo mismo que imponer orden y obediencia) del imperialismo norteamericano.  La decadencia se expresa hoy de forma espectacular en la forma de enfermedad, la pandemia del covid 19 que anticipa otras pestes y otras pandemias, y en la forma de la guerra en el corazón de Europa que hace más visibles las otras guerras en Medio Oriente, Asia, África y América Latina.  Una guerra distinta a todas las anteriores que tanto se libra con misiles y tanques que con mensajes por redes y películas.  Una guerra integral en un mundo en proceso de decadencia.

Un mundo que en su decadencia ofrece oportunidades inéditas como que la América Morena puede unirse para enfrentar el dominio imperial y establecer relaciones de amistad y colaboración mutuamente favorable con un formidable espacio donde militan China Popular, la Rusia de Putin y otros países que buscan formas nuevas de autonomía.   Una unidad que no necesita de homogeneidad.  En 2019, en el Encuentro Antimperialista de La Habana, el presidente de Venezuela propuso de un modo directo que los gobiernos revolucionarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua debían unirse a los gobiernos progresistas de México y Argentina; propuesta que han sostenido una y otra vez a pesar de que la Cancillería Argentina ha oscilado entre el error y la torpeza hasta llegar a la traición imperdonable de permitir que las agencias de EE.UU. secuestren el avión venezolano en un gesto que afecta a todo ese mundo estigmatizado por los EE.UU: que ahora sabe que un barco ruso o iraní podría ser robado en nuestros puertos.  Casi siempre las claudicaciones éticas también son bastante tontas, se pegan un tiro en los pies, asunto en que Alberto podría dar catedra.

Para pensar por qué el gobierno nacional defraudó cada vez que estuvo a prueba: Vicentín, Reforma Judicial, presos políticos, negociación de la deuda externa y acuerdo con el FMI, para no nombrar eventos puntuales como la increíble incapacidad hasta para organizar la despedida del Diego Maradona o el bochorno de repudiar a Putin unos días después de prometer “amor eterno” o avalar el secuestro de un avión venezolano por parte del gobierno de los EE.UU. que proclamó así su condición de dominador del escenario nacional como pocas veces lo había explicitado, hay que considerar que el capitalismo argentino y la burguesía nativa (o local, o nacional, o como quieran llamarla Patria Financiera, Patria Contratista, burguesía amiga, etc. etc.) sufre el mismo proceso de decadencia que el capitalismo global.

La  primera y fundamental incomprensión es no entender que el capitalismo de estos días o capitalismo real, parangonando al  socialismo real al que tanto gustan descalificar y hasta mofarse los intelectuales y políticos de la posmodernidad latinoamericana tipo Boric o Mujica, es incompatible con la democracia, es incompatible con un estándar mínimo de derechos humanos, de desarrollo económico equivalente a mejoría en las condiciones de vida de las grandes mayorías populares.  Si no se entiende que el capitalismo es el problema y no la solución difícilmente se entenderá cómo salir de este laberinto.

Cuando Perotti y Fernández renuncian a aplicar las leyes de la democracia liberal (en este caso la norma sobre empresas quebradas y vaciadas por sus dueños en un fraude histórico) no es solo por cobardes y timoratos, también es porque creen que el libre mercado y el empresario resolverán los problemas del desarrollo nacional.

La estrategia del cangrejo ha implicado también un sofisticado mecanismo de cooptación y subordinación que para no ir muy lejos transformó la mayor movilización en contra del fascismo argentino de los últimos años en un nuevo espejo de la nada.  Si luego de semejante movilización popular, no se toma ninguna medida y se continúa con eso de que el amor vence el odio en un  remedo vulgar y ridículo del hipismo de los setenta es porque lejos de ser un  personaje menor de la política Alberto Fernández se las arregla para subordinar una y otra vez al conjunto del gobierno y del Frente de Todos.

Acaso lo más lamentable sea la continuidad de sectores auto percibidos como de izquierda, incluso de izquierda comunista, que se obstinan en mantenerse subordinados a un gobierno y un frente que jamás alguien pudo dudar de su hegemonía.

Es un debate tan antiguo como la izquierda antimperialista.  Sobre ese debate he escrito decenas de textos desde el balance de la discusión de 1929 entre José Carlos Mariátegui y la Internacional Comunista (reunión de los partidos comunistas de América en Montevideo), pasando por el llamado Consenso de Buenos Aires que preludió al gobierno de Lula y el llamado ciclo progresista, hasta la defensa de la idea misma de la existencia misma de los presos políticos ante el propio presidente de la nación en febrero de 2020, poco antes del inicio de la cuarentena sanitaria.

Desde que tengo memoria de las luchas políticas, digamos puntualmente desde el ciclo de luchas comenzado en 1968/69 que terminaría con la dictadura anteúltima, la de Onganía, Levingston y Lanusse, el debate con los compañeros de la izquierda peronista es el mismo: hay que construir un frente de liberación entre peronistas y no peronistas o hay que apoyar a la izquierda peronista (aunque ahora ni siquiera reivindican esa tradición) en su intento de conducir el movimiento peronista que puede contener desde un Massa o un Guzmán a una Cristina y sus seguidores más cercanos.

Nadie niega la condición ética y popular de esta corriente, sin dudas mayoritaria en el amplio  movimiento popular de la Argentina; pero es hora de cuestionar su estrategia de soberbia y autoproclamación que niega el debate y aún la existencia de “otros” y se sabe que si no hay “otros” a la izquierda, entonces la única unidad posible es con la derecha.

Así nos va. 

A ellos y nosotros. 

A los compañeros de la tradición peronista de izquierda y revolucionaria, comprometidos con la Patria Grande y la soberanía nacional.  Y a nosotros, la izquierda marxista que desde hace años apoya y sostiene el más mínimo gesto de autonomía frente al imperio y la burguesía real, o sea la Sociedad Rural y la Unión Industrial, la sojera y la especuladora, que simplemente no hay otra por más sueños húmedos que despierten los banqueros cooperativistas y tantos supuestos burgueses progresistas.

En los sesenta, en la Córdoba que preparaba el Cordobazo, un obispo escribió en una carta pública a la patronal de Evereadi en conflicto con sus trabajadores: “Si estas injusticias continúan algún día estaremos juntos en el mismo paredón Uds. los patrones y nosotros los curas.  Ustedes por no haber sabido practicar la justicia social. Nosotros por no haber sabido defenderla”. Carta del luego Obispo Angelelli de 1962 recogida en mi libro sobre La Rioja que Resiste, historia de la AMP de La Rioja. 2002.

Termino estas líneas con un mensaje a tantas y tantos compañeros de la tradición peronista revolucionaria con los que hemos compartido tantos combates. Algunos desde haber compartido la prisión el secuestro en mi Santa Fe natal, a otros por haber compartido tantos intentos: Frente del Pueblo, Frente Grande, la mesa de unidad de los derechos humanos y hasta a aquellos que conocí en su encierro por Macri.  A todas y todos ellos les quiero decir con el único derecho que me da vuestra amistad: Si la catástrofe que nos amenaza se consuma, todos deberemos dar cuenta de nuestros actos, ustedes por no haber utilizado su posición mayoritaria para construir una alternativa verdadera al macrismo y el continuismo de Alberto, y nosotros por no haber tenido el coraje de decir las cosas por su nombre: al macrismo, fascismo; al gobierno de los EE.UU., imperialismo; a los jueces y fiscales, operadores del Lawfare y a los endeudadores seriales, buitres que viven del trabajo ajeno.

Nicolás Maduro en referencia a la patética derrota del Apruebo en Chile opinó que  había faltado un liderazgo firme, que no alcanza con ocupar las calles si no hay conciencia y organización. No alcanza con caminar una y mil veces desde el Obelisco hasta la Plaza de Mayo, sin plan ni conducción son marchas que el enemigo asimila sin grandes problemas. 

«A un plan obedece nuestro enemigo: -recordaba Martí en Patria el 11 de junio de 1892- de enconarnos, dispensarnos, dividirnos, ahogarnos. Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre. Plan contra plan.» Plan contra plan.  Poder popular organizado contra el Poder de los que siempre mandaron por nuestras divisiones y nuestra falta de un proyecto revolucionario.

Es imprescindible tener un plan, una estrategia, un objetivo trascendente, una razón para que millones no solo estén dispuestos a defender a su lideresa, hace falta que quieran triunfar.  Que esta vez ganemos nosotros, no la derecha.

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