La cuestión de las tomas de terrenos y la continuidad de Berni en el Ministerio de Seguridad: qué entendemos por Derechos Humanos es la cuestión


La discusión sobre las tomas de tierra para construir viviendas de emergencia para personas privadas de casi todo menos de la voluntad de organizarse y trabajar en colectivo para conquistar un techo donde guarecerse, ha puesto sobre el tapete, de manera indudable, las verdaderas concepciones sobre los derechos humanos, que nunca fueron una sola,  universal, natural o surgida de las leyes sino que por el contrario, lo que se conoce como “los derechos humanos” constituye un territorio en disputa, en permanente transformación y resultado de las luchas sociales históricamente constituidas.

La derecha, las derechas, tienen una concepción de los derechos humanos que proviene del momento fundacional de la cuestión en el siglo XVIII, alrededor de la Gran Revolución Burguesa, la Revolución Francesa de la Bastilla, la declaración de los derechos humanos y Napoleón Bonaparte.  Todos tienen derecho a todo, pero todo es mercancía por lo que la cuestión de acceder a los derechos se transforma en la condición misma de la existencia del capitalismo: todo se compra, todo se vende y cada cual participa en el mercado de la compra venta con lo que tiene: los ricos con el dinero, con la  herencia, con los frutos de la especulación financiera y la explotación del trabajo ajeno y los pobres con nada o casi nada, que la única riqueza que tienen de alquilar por algunas horas,  pero durante toda su vida, su fuerza de trabajo, sus capacidades físicas e intelectuales.  Para las derechas, y no solo la parte más radical que se subordina al Imperio, derechos humanos se acerca a Igualdad de Oportunidades o lo que es lo mismo a la igualdad formal ante la ley de los desiguales más un poco más.  Los pobres siguen sin agua ni cloacas, ni vivienda ni empleo digno pero algunos se imaginan que con una Tarjeta Alimentar o un Ife  se vive fenomeno.  Como decía el poeta Anatole France en el siglo XIX, todos tenemos derecho a dormir donde queremos, el rico en el Savoy Hotel, el pobre bajo los puentes de París.

La izquierda, las izquierdas, nos basamos en el concepto humanista de que todos tenemos derecho a todo, pero que la  conquista efectiva, el acceso universal y gratuito a la satisfacción de una  necesidad (ojo que solo es un Derecho si su acceso es universal y gratuito, o sea que no sea una mercancía que se compra y se vende) es el resultado de un proceso de luchas, movilizaciones, acciones de todo tipo que llevan a una necesidad social, y por  lo tanto históricamente constituida, a ser primero visualizada como un derecho, luego reconocido en alguna norma, ley o disposición judicial e institucional  para luego, siempre por la lucha social, conquistada verdaderamente por todas y por todos.  Todo para todos es una consigna anarquista, Donde hay una necesidad hay un derecho era una afirmación peronista, de lejano origen bíblico pero popularizada por Evita.

Y no es casual, desde el surgimiento mismo del Peronismo como doctrina, como política, como tradición la cuestión de la vivienda (de su falta, de la falta de agua corriente, cloacas y hoy de acceso a  internet por ejemplo, o sea lo que se conoce como el hábitat) se transformó en un drama social: la industrialización, la concentración económica, la creación de Megapolis como Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Mendoza, etc produjo el fenómeno de atraer a millones de pobres a buscar trabajo a ciudades que no tenían ni quisieron tener vivienda para ellos, para ellos la villa miseria o el inquilinato cruel.

La Argentina tenía en 2010 un déficit habitacional de tres millones seiscientos mil hogares sin vivienda digna.  Las cifras actuales se desconocen pero el gobierno ha anunciado un plan que, en el mejor de los casos, llegaría a mejorar cincuenta mil viviendas, unas cinco mil nuevas y una cuarenta y cinco mil refaccionadas.  Los urbanistas dicen que anualmente el  país necesita no menos de ciento veinte mil viviendas para que no crezca el déficit.  O sea que el gobierno propone cubrir la mitad del déficit anual.

Se alega la pandemia y la crisis económica heredada del macrismo, sin duda pero no se dice que Venezuela, cuyo destino nadie quiere igualar y que merece todo tipo de bromas y agravios aún de los funcionarios de este gobierno ha construido tres millones de viviendas por el camino de la construcción colectiva y autogestionaria y el apoyo solidario de China Popular.

En un lado, toda necesidad es una mercancía que se puede vender y comprar, en otro, la necesidad es un derecho.  Dos concepciones urbanistas, pero más, dos concepciones de los derechos humanos.  Que el gobierno haya optado por seguir la doctrina Berni de declarar la propiedad privada como fundamento de toda discusión y reprimir a los que ocupan tierras no es lo que votamos  sino lo que quiere la derecha.  La continuidad de Berni en el Ministerio de Seguridad parece entonces algo que excede la cuestión policial, es un tema de lo que se entiende por derechos humanos.

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