Israel, el gran carcelero del pueblo palestino.


La prisión política como relación social de dominación

Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz.  

 José  Martí citado repetidamente por Fidel

Carlos Marx construyó su edificio teórico, “el cañonazo más poderoso contra el capitalismo”, analizando la más simple y común de las relaciones sociales, el intercambio de mercancías, es que si superamos la tendencia a “cosificar” las relaciones sociales podemos entender realidades tan contradictorias como la existencia de una supuesta “democracia en Medio Oriente” encubridora de un régimen colonial tan racista que ha sido calificado repetidas veces de Genocidio con forma de Apartheid.

Proponemos pensar la ocupación militar del Estado de Israel sobre el pueblo palestino  y la misma identidad palestina desde la categoría “presos políticos”,  como relación social entre un Estado opresor y un pueblo oprimido y no como un número de personas privadas de su libertad, ilegal e ilegalmente.  Pensar la prisión política como  un acto de dominación sobre todo un pueblo y no solo sobre los sujetos sometidos directamente a dicho escarnio.

Ya hemos dicho que Israel mantiene unos 5400 palestinos privados de su libertad[1], encerrados en sus cárceles imperiales; ahora digamos que no solo es un conjunto de seres humanos, agrupados por el Poder que los considera enemigos y dignos de ser estigmatizados, calumniados, perseguidos, sometidos al armado de causas y encerrados sino que constituyen la encarnación de una relación social de dominación: tener presos políticos es un modo de ejercer y consolidar en la subjetividad social la dominación del Poder Colonial sobre la población palestina;, y parte de ese poder es que muchas y muchos de las personas que se reconocen o auto identifican como defensores de los derechos humanos o progresistas (en la propia Israel, en Europa y América) no reconozcan esa relación y crean que es la consecuencia simple y recta de la aplicación de la Ley.

Conviene una primera aclaración y es que Israel aplica a los presos políticos palestinos, y a la población sometida a la ocupación y el Apartheid (también en los territorios consagrados como Israel propiamente dicha, tras la “línea verde”[2]) siempre la ley más gravosa (contra el principio jurídico universal que establece que el acusado tiene derecho a la aplicación de la ley más beneficiosa, principio que fue respetado rigurosamente para los criminales del Terrorismo de Estado de la Argentina, por ejemplo).  La superposición de ocupantes coloniales, con su correspondiente orden jurídico colonial, el Imperio Otomano (1516), el Mandato Británico desde 1916 y el Estado de Israel desde 1948 otorga al ocupante sionista la posibilidad (perversa) de utilizar cualquiera de esos Códigos en situaciones tan inesperadas como el derecho a perforar en procura del agua en el valle del Jordán: para los palestinos rige la ley Jordana que permite solo unos pocos metros de profundidad, para los colonos Israelíes la ley propia que les permite hasta 800 metros de excavación. Casi todas las causales de detención, procesamiento y condena son delitos que dependen de la opinión del ocupante, de sus servicios de “inteligencia” que pueden calificar una opinión de  peligrosa y considerarla arma de guerra.   Todos los juicios se realizan en territorio militar, con funcionarios estatales israelíes que a veces ni siquiera tienen matricula habilitantes y que en un número aplastante son mucho más leales al interés político del ocupante de turno del gobierno que del Derecho, aún del arbitrario, racista, colonialista de Israel.

Ahora que por toda América se expande una oleada de operaciones contrainsurgentes bajo la máscara judicial es útil conocer como desde hace setenta años (con sus altas y bajas) Israel aplica los procesos judiciales como un instrumento de dominación extremo. Si un adolescente tira una piedra contra un carro militar israelí  puede llegar a ser condenado a más de veinte años. En los últimos años se visibilizó el caso de la muchacha palestina Ahmed Tamimi encerrada por ocho meses por enfrentar la soberbia colonialista de un grupo de soldados israelíes armados como para una guerra intergaláctica a los que enfrenta con las manos desnudas.  Es solo uno de los cientos de casos cotidianos

¿Es una relación social de dominación novedosa?   No, es constitutiva de la identidad palestina, y también de la identidad nacional israelí ya que desde el primer día de la declaración unilateral del Estado de Israel, hipócrita  y perversamente  denominado Día de la Independencia igual que el Reino de España llama Descubrimiento a la Ocupación Militar de Nuestra América. Igual.  Igual que la invasión militar europea para colonizar trajo consigo la Inquisición y la Inquisición sometió a miles de americanos a la dominación de presos políticos e incluso la tortura y el descuartizamiento, el comienzo de la dominación colonial de Israel no solo mantuvo la prisión política que los británicos habían  utilizado contra árabes y colonos europeos de origen judíos hasta 1948, sino que la potenció hasta el grotesco de que uno de cada dos varones palestinos ha estado preso en algún momento de esta interminable dominación territorial, racista y genocida.

¿Es una relación social consentida por los sometidos a dicha dominación?  No, uno de los éxitos más brillantes de la causa palestina es la fortaleza política, y anímica, de sus presos políticos que resisten la tortura física y psíquica y los sistemáticos intentos de chantaje y corrupción por parte de los organismos de inteligencia israelí, la tan temida y cruel agencia Mossad. La persistencia de las y los presos en sus demandas (demandas no humanitarias sino animales, puesto que piden derechos que los israelíes respetan a sus animales domésticos y no a sus presos.) por medio de conmovedoras huelgas de hambre dan cuenta de esta victoria de la dignidad sobre la decadencia moral y ética de los funcionarios estatales israelíes y la inmensa mayoría de sus políticos e intelectuales.  En 2017, el sábado 27 de mayo se dio por finalizada la huelga de hambre -difundida bajo el nombre de “Libertad y Dignidad”– que por 41 días llevaron adelante más de mil presos palestinos quienes exigían tener condiciones mínimas durante su reclusión: a) dos visitas familiares de 60 minutos al mes; b) permitir encontrarse con parientes de segundo grado (nietos, abuelas); c) contacto físico una vez al año; d) instalación de teléfonos públicos para mejorar la comunicación de las mujeres presas con sus hijos, de los presos menores y de los enfermos con sus más cercanos; e) mejoras en la alimentación y el acceso a ropa y bienes básicos; e) que los presos enfermos puedan ser examinados por médicos independientes, y f) que el hospital de la prisión de Ramalah, vuelva a su antiguo edificio, más amplio y con espacio de recreación.  Y no solo los presos siguen firmes, sus familiares, amigos y compañeros de lucha y vivienda, son solidarios de un modo ejemplar.

La misma Autoridad Palestina destina la parte fundamental de su presupuesto a las ayudas mensuales para las familias de presos y mártires (miles en su conjunto); en cada vivienda colectiva se honra y celebra el nombre de cada preso y/o mártir del pueblo palestino y se festeja cada libertad con actos públicos, populares y masivos.  En 2016, junto a Alberto Teskiewicz, fuimos invitados por Addameer, una organización palestina de ex presos y familiares de presos políticos de hoy en día a visitar Palestina y  tuvimos oportunidad de presenciar juicios penales en la Cárcel de Offa, cerca de Ramalah y Jerusalén, de dialogar con ex presos políticos y con familiares de presos políticos en Jerusalén Oriental y otras localidades del valle de Jordania. Para ser sintéticos, las madres de los presos y los mártires ocupan en el imaginario del pueblo palestino el lugar de las Madres de Plaza de Mayo en el nuestro. También allí, el gobierno de Israel corre el peligro de perder la batalla histórica por la legitimidad social ante los pueblos del mundo.  De este lado del mundo sabemos que la prisión política es una trinchera de ideas, de valores y un escenario de luchas políticas trascendentes y que no siempre gana el que tiene más fuerza física o más crueldad para la tortura.

Fidel saliendo de la cárcel de la Isla de Pinos para encabezar la liberación de Cuba es el ejemplo más alto y más luminoso. Por eso en Argentina y toda América, la operación política de encerrar compañeros opositores se encubre bajo la fachada de la lucha contra la corrupción o la lucha contra la violencia, así como en Israel se encubre bajo la mentira de luchar contra el terrorismo, como si no fuera el Estado de Israel el terrorista, como si no estuviera amplia  y universalmente reconocido el derecho a la rebelión contra el dictador y el ocupante extranjero de la Patria. Por ello, la primer batalla solidaria con los presos políticos de Israel y de Argentina, y de toda la América que lucha contra la dominación colonial, es romper con la relación social de dominación y reconocer el carácter y la identidad de los presos políticos, nuestras hermanas y nuestros hermanos de siempre.

Fue el mismo Martí el que anticipó la tarea histórica que les y nos corresponde: “En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados.” Ellos son los presos políticos


[1] https://cronicasdelnuevosiglo.com/2019/05/15/israel-el-estado-de-la-crueldad-palestina-un-pueblo-prisionero-politico/

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/L%C3%ADnea_Verde_(Israel) a Línea Verde, erróneamente mencionada como fronteras de 1967, fronteras pre-1967 o fronteras anteriores a 1967,12345​ es la línea de demarcación que se estableció en el armisticio árabe-israelí de 1949, firmado entre Israel y varios de sus oponentes árabes (Egipto, Siria y Transjordania) al finalizar la Guerra árabe-israelí de 1948. No es una frontera permanente o de iure ni prejuzga las reivindicaciones territoriales de ninguna de las partes, pero sí es una frontera de facto que separa el territorio del Estado de Israel del territorio reivindicado por el Estado de Palestina, este último bajo control compartido entre la Administración Civil israelí en Cisjordania y la Autoridad Nacional Palestina.

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