Que la derrota no nos derrote.


Que la derrota no nos derrote.

Las elecciones en Brasil deberían marcar un antes y un después para el movimiento popular latinoamericano.

No avanza el fascismo porque se lucho demasiado, sino poco; porque se sigue cometiendo el delirio (en términos psicoanalíticos, no peyorativos) de afirmar que hubo un golpe de Estado, que no hay garantías democráticas y se convalidan las operaciones de dominación como si nada.

A pesar de la destitución de Dilma (verdadero golpe de Estado), a pesar de la prisión de Lula (verdadero acto de persecución política) y de su proscripción electoral, a pesar del papel dominante de la red Globo sobre toda la política brasilera (y Clarín parece un niño de pecho al lado de la red Globo) se siguió avalando la farsa electoral.

Ahora vendrán los sabios a explicarnos que no debimos luchar tanto ni proponer banderas tan osadas.

A descalificar a cualquiera que diga que el ciclo progresista terminó hace rato y que hace falta otro modo de luchar para derrotar otro ciclo de dominación imperialista.

Pero ¿por donde empezar cuando parece que todo está perdido?.

Claro que por los principios.

Ahora que parece que se viene la noche del fascismo (y para los ignorantes les recordamos que Hitler y Mussolini también ganaban elecciones, y sin fraude) deberemos volver a inventar un cielo rojo en el horizonte, para que las luchas tengan sentido y la esperanza no tenga la forma de una derrota menos mala.

Una vez le preguntaron al Che si para salvar la vida no se podían negociar los principios y el Comandante le respondió con un ¿para que vivir si ya no se tenían principios, ni ética?.

En 1871, cuando la derrota de la primer gran ofensiva revolucionaria, la Comuna de París, Carlos Marx, que no era anarquista ni nada parecido escribió “La canalla burguesa de Versalles planteó esta alternativa a los parisienses: aceptar el reto y lanzarse a la lucha o retirarse sin combate. En el segundo caso, la desmoralización de la clase obrera habría sido un infortunio mucho más grave que la pérdida de un determinado número de “combatientes”.

El PT de Lula y sus aliados eligieron no luchar cuando el golpe de estado se consumó; la desmoralización de la izquierda, del movimiento social y popular parió a los fascistas de Bolsonaro.

Que no nos ocurra en ningún otro país de América Latina.

Contra el fascismo, ni un tantico así.

Solo el socialismo nos hará libres, solo los libres conquistaremos el socialismo.

Es la hora de salvar lo único que no se puede perder nunca: el cielo de la revolución y esa tarea nos corresponde a nosotros.

Seamos libres de soñar con la revolución, lo demás no importa nada.

1 comment

  1. Un acertado punto de vista. La prudencia o la reflexión previa está bien cuando se planifican maniobras. En el pleno combate solamente debemos intervenir, intentando que las decisiones que tomemos sean las óptimas, pero decidir siempre. Y siempre estamos en pleno combate. El partido ya empezó hace rato, no podemos atorarnos para definir el gol.

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