Colombia, un informe sobre violación a los derechos humanos y la cuestión de la verdad en Friedich Hegel


“la más alta madurez y el grado más alto que cualquier
    cosa puede alcanzar, son aquellos que empieza su ocaso .
Esto es cuando se logra desplegar al máximo las contradicciones
de un momento, es cuando este es efectivamente conocido
y al mismo tiempo deja de ser lo que era” 
Friedich Hegel [1]

 

Luego de visitar un Penal y una Zona Veredal Transitoria de Normalización; luego de conversar y fraternizar con decenas de guerrilleros presos, libres o en zonas veredales, de conocer y recibir informes y opiniones de dirigentes religiosos, políticos y de derechos humanos y de conversar con algunos funcionarios judiciales y administrativos es la hora de dar una opinión que muchos requieren: ¿A donde va Colombia, cuál es el significado real del actual proceso de “implementación” de los Acuerdos firmados en La Habana luego de años de diálogos y negociaciones secretas y publicas, bilaterales y compartidas con las organizaciones sociales y otros Estados y organizaciones internacionales, vamos a alguna forma de paz o a alguna forma de genocidio?

En la sede de Marcha Patriótica, movimiento de convergencia de múltiples organizaciones sociales de base (dispersas y aisladas por razones ajenas a su voluntad en el periodo álgido del conflicto armado) de cuya fundación fui testigo presencial en el 2012, su responsable de derechos humanos, Cristian Delgado, nos brindó un exhaustivo informe sobre la violación de los derechos humanos en el periodo de las negociaciones y puesta en marcha de los acuerdos, los números impactan e impresionan.

Comencemos por allí, con textuales de su informe sobre violaciones de derechos humanos entre el 29 de agosto de 2016  y el 29 de enero del 2017:

“Paradójicamente, mientras las víctimas combatientes en medio de la confrontación armada entre las Fuerzas del Estado y la guerrilla de las FARC-EP se redujeron en un 100%, las víctimas civiles, producto de la violencia socio-política se incrementaron exponencialmente. A lo largo de los últimos cinco años, se ha podido evidenciar que dicho incremento tiene una relación directamente proporcional con los avances del Proceso de Paz y la negativa de sectores de la ultraderecha a permitir que dicho proceso se materialice”

 

Como ya se señaló, la comisión Nacional de Derechos Humanos de Marcha Patriótica, documentó 317 violaciones a los derechos humanos por parte de grupos relacionados con el fenómeno del paramilitarismo, tal como se presentan tipificadas, en la tabla 1: Violaciones de DDHH relacionados con el fenómeno del paramilitarismo 29 de Agosto/16 – 29 de Enero/17
Tipificación Cantidad
Amenaza 130
Asesinato 51
Seguimiento y hostigamiento 41
Estigmatización 18
Inoperancia de la Fuerza Publica 18
Atentado 13
Hurto 9
Ocupación territorial paramilitar 9
Extorsión 6
Lesiones personales 6
Desplazamiento forzado 7
Desaparición forzada 5
Reclutamiento forzado 3
Tortura 2
Retención ilegal 2
Artefactos explosivos S.E 1
Intento de allanamiento 1
Agresión sexual 1
Despojo 1
Daño en bien ajeno 1
Persecución política 1

 

“Muchas de las organizaciones expresan su preocupación por el alto grado de impunidad que se mantiene en materia de investigación y sanción jurídica para los responsables de estos hechos. Las comunidades se han convertido en sus propios investigadores y agentes criminalísticos, realizando actividades de investigación, recolección de pruebas y testimonios como parte de su ejercicio autónomo de denuncia. En los casos donde han sido asesinados campesinos en zonas rurales, las organizaciones sociales son quienes entierran los cuerpos, sin la actuación del ente investigativo correspondiente que permita la apertura efectiva de la investigación con la recolección de pruebas idóneas para cada caso. Esta situación incentiva a los actores ilegales y los agentes del Estado, a repetir dichas acciones criminales, que se profundiza con la ausencia de investigaciones disciplinarias (por la acción u omisión) de los funcionarios y servidores públicos vinculados a los hechos.”

La violación de los derechos humanos, con centro en la persecución, estigmatización, amenazas y agresiones que en casos conllevan la muerte de los dirigentes sociales y populares, continuó durante todo el 2017, hasta ahora mismo.

Según el dirigente nacional de Marcha,  se perpetraron sesenta y tres asesinatos de lideres sociales ese año, con lo que solo de Marcha Patriótica se computan ciento treinta y seis dirigentes asesinados desde su constitución en el 2012.  También computan nueve asesinatos de familiares de  guerrilleros que hicieron dejación de armas y cuatro guerrilleros que vivían en las Zonas Veredales Transitorias de Normalización.

Todo ello vinculado a la constatación que en las zonas rurales (incluidos unos quinientos poblados) que estaban bajo control territorial de las Farc por años, y hasta décadas, en los que se produjo el retiro de la organización político militar, el Estado sigue ausente y se denuncian muchos casos de instalación de fuerzas paramilitares asociadas con el narcotráfico.

En un reportaje con el Espectador[2] sobre la huelga de hambre de los presos políticos que siguen privados de su libertad a pesar de los Acuerdos de La Habana, de la Ley de Amnistía de diciembre del 2016 y de diversas actas compromisos, dice el Comandante Jesús Santrich ante la pregunta: Ya hay respuesta por parte del Gobierno?

“Esto sólo tiene tres días. Estábamos en la fase de culminar la dejación de armas, entonces no he tenido noticias de cuál sea la repercusión de la huelga, pero hay más de 1.400 guerrilleros que están en protesta. Ya hay compromisos que están en actas. Ahí se dice que el Estado, incluyendo las cortes, acelerarán los procesos de liberación. Todavía no hay nada, ni siquiera una decisión sobre el tipo de procedimiento administrativo que permita cumplir lo acordado. Eso es una grave violación al principio de pacta sunt servanda, a la buena fe del Acuerdo, que tiene connotaciones nacionales e internacionales.”

Y eso se suma al incumplimiento en la construcción de zonas veredales…

“Ese es el primer gran incumplimiento. Después de seis meses, la mayor parte de las construcciones no están terminadas y en las que ya existen se viven situaciones tan deplorables que parecen campos de refugiados. El Acuerdo tiene características de estar en etapa de renegociación: hay inseguridad jurídica, no hay condiciones de seguridad personal, porque el paramilitarismo ha rodeado las zonas veredales, y tampoco hay garantías de tierras para adelantar procesos productivos que permitan la supervivencia de excombatientes y la comunidad.”

Es decir, ¿las Farc firmaron un cheque en blanco?

“Se supone que en el momento en que se suscribió el Acuerdo estaba la ruta clara, nítida. Lo que pasa es que se contaba con que era un compromiso de Estado, no de Gobierno, pero se ha producido un incumplimiento de la política de Estado. Nosotros tenemos todo claro porque está pactado y hay principios, como el de la buena fe. Hay un ordenamiento constitucional que te dice que la paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento, entonces, lo que habría es un desconocimiento, incluso del orden y los principios normativos de carácter internacional.”

¿Cómo ve el panorama político en el Congreso para la aprobación de proyectos de paz?

“El tema es de Estado. Nosotros no podemos ir a los avatares del interés parlamentario o de cada juez. Debe haber una concepción clara de país y de democracia. Si la democracia es el desconocimiento a la palabra, estaríamos marchando hacia el abismo, no tendríamos ninguna garantía del Estado de derecho en el país.”

 

¿Tropiezos o estrategia perversa?

 

La acción colectiva de los presos políticos en demanda de su libertad ha tenido la virtud de romper el muro de silencios y falsedades sobre el proceso de paz: el cumplimiento dispar, con el riguroso respeto de las Farc a los acuerdos y el más que insuficiente por parte del Estado en todos los temas que ya deberían estar en marcha: libertades, vivienda digna para los guerrilleros que hicieron dejación de armas, entrega de tierras para que trabajen, desmonte de los grupos paramilitares y cese de la persecución política a los vinculados a la insurgencia de las Farc y de todo militante social o político genera una discusión entre los partidarios de la paz que se puede resumir en dos hipótesis muy contundentes: ¿estamos ante un tropiezo o una estrategia perversa?

Es decir, ¿los problemas derivan de la división del bloque de Poder (uribistas y santistas, para ser simples y seguro esquemáticos) que, desde el Plebiscito ganado por los belicistas, se bloquean mutuamente y dan como resultado este camino tan trabado y lento hacia la paz pero que finalmente se abrirá paso y lograra el cumplimiento de los acuerdos y objetivos; o, por el contrario, Santos y Uribe siempre fueron las dos caras del mismo sujeto neoliberal y genocida que preparó una gran trampa para desarmar la insurgencia de las Farc, instalar una Paz de los Cementerios para acelerar los negocios de los grandes grupos económicos internacionales (sobre todo los vinculados al modelo extractivista: petróleo, minería, gas, palma africana, carbón mineral, etc.) y exterminar las fuerzas de la resistencia popular por décadas?

Estando en Colombia uno puede escuchar profundos y documentados discursos que sostienen uno u otro curso del pensamiento.

Jesús Santrich lo dice a su modo tan particular: “La guerra sucia sigue: hay dirigentes populares asesinados, también militantes de las Farc o sus familiares. Lo único que tenemos garantizado es un par de tiros en la cabeza.” e Ivan Márquez dice las dos hipótesis al mismo tiempo en un reportaje de Semana: “Estamos seguros de que después de ver que nosotros hemos cumplido, el gobierno va a cumplir. Además, antes del 10 de julio debe empezar a funcionar, de manera gradual, la segunda misión de la ONU que justamente garantizará que se honren los compromisos en materia de reincorporación y de garantías de seguridad para los excombatientes y los territorios. La primera misión verificó el cese del fuego y de hostilidades y la dejación de armas, por lo tanto, estuvo enfocada sobre todo en las Farc. Ahora hay que mover el foco y alumbrar lo que está haciendo el gobierno.

SEMANA: ¿Temen que los maten?:

Tenemos ciertas amenazas contra nuestras vidas, información que ya le hemos trasladado al gobierno.

Y desmontando las maniobras de presentar divisiones en la dirección de las Farc entre Santrich y el resto del Secretariado dice Márquez:

Vengo de recorrer varias zonas de transición y puedo decir que los guerrilleros esperan que el gobierno pase de las promesas, de lo que está escrito, a los hechos. Necesitamos hechos en asuntos tan centrales como la seguridad jurídica, física y socioeconómica. La Ley de Amnistía, después de seis meses, no encuentra el camino de su aplicación plena. Esto es grave porque no da la confianza necesaria entre los guerrilleros. Sin embargo, a pesar de las dificultades nosotros creemos que el presidente va a cumplir su palabra, que no va a cambiarle una coma al acuerdo y que está comprometido con el proceso de paz.

SEMANA: Jesús Santrich está en huelga de hambre por la amnistía, ¿tiene su respaldo? 

Yo respaldo lo que ha hecho Jesús Santrich. Él está asumiendo una actitud valiente en solidaridad con los presos que deberían estar libres por una amnistía que se aprobó hace seis meses. ¿Quién responde por esta denegación de justicia? ¿El Consejo Superior de la Judicatura? ¿Los jueces de ejecución de penas?[3] 

 

Me atrevo a hacer, respetuosamente, desde la doble humildad de quien en los años setenta entendió (como el partido al que pertenezco) que la vía de lucha debía ser la de masas y por los medios más legales que se pueda y es parte de un movimiento popular y una izquierda que en cien años de existencia no ha podido forjar una alternativa verdadera ni consolidar proceso de cambios profundos algunos, dos reflexiones.

La primera es advertir sobre una nueva ilusión producto de la fetichización (la cosificación, la idealización por fuera de las relaciones sociales y de lucha de clases) de los acuerdos, los papeles, lo escrito y firmado, lo legal y exigible en los Tribunales e instancias internacionales que tienen un valor extraordinarios para exigir su cumplimiento, como puntos de articulación de alianzas extremadamente amplias y generosas, pero que no son automáticas ni “están condenadas al éxito”.

Y sobre todo en Colombia, donde cincuenta años de conflicto armado han hecho de la estratagema militar de “inteligencia” moneda corriente y naturalizada.

Engañar para secuestrar, capturar o asesinar ha sido la práctica del Estado y de los grupos sociales que lo han gestionado y aún continúan haciéndolo.

Ninguna ilusión cabe con el Estado, los grupos económicos, los jueces y operadores judiciales, etc etc etc

La segunda es superar todo fatalismo, si nada está seguro, nada es imposible. Ni la libertad, ni la paz, ni la conquista de una democracia con sustento social y contenidos populares.

Enormes energías radican en el pueblo colombiano, en sus sectores campesinos, afro descendientes, en su juventud de las veredas, pueblos y ciudades, en sus obreros y estudiantes, en sus intelectuales.

La verdad no está cristalizada ni en la convicción de la “trampa” ni en la ilusión ingenua de la “paz acordada” y por ello irreversible, la verdad está en el despliegue de la lucha popular por la vida digna y en paz.

Como en una esfera de vidrio puesta al sol, una mirada atenta sobre la Colombia real de estos días muestra las dos tendencias, las dos Colombias, las dos perspectivas y cuál de ellas se abrira paso no está escrito en ningún texto divino o científico sino en las luchas mismas de los que sostuvieron tantos años la esperanza en una vida mejor y que hoy deberán multiplicarse y transformarse para cambiar esta vida, en este siglo, en esta América y en este mundo.

Los que crecimos leyendo a Gabo y aprendimos a amar a Manuel y Camilo, como encarnación de miles y miles que lucharon por ellos y por nosotros, estamos y estaremos a su lado.

Que es el nuestro.

El de la verdad conquistada con  los puños y el corazón

[1] citado en “Todas las cosas son un juicio”.  Juan Serey, Revista Opinao Filosófica, 2014, Porto Alegre

[2] http://colombia2020.elespectador.com/politica/jesus-santrich-y-la-huelga-de-hambre-de-los-presos-de-las-farc

 

[3] http://www.semana.com/nacion/articulo/ivan-marquez-habla-sobre-lo-que-sigue-para-las-farc/530875

 

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