NARCOTRÁFICO Y POLÍTICA


El ABC de una relación que hoy es central en el capitalismo. Nueve notas breves.

Conferencia brindada por José Schulman para el CEFMA de San Fernando en diciembre de 2014

Esta no es una descripción periodística del avance de los narcos, de los problemas que se sufren en las barriadas populares o el modo en que expresa en la política nacional o imperial. Es un escrito introductorio que pretende sentar algunas claves interpretativas que permitan seguir un fenómeno en expansión nacional y regional.

En primer lugar, el tráfico de narcóticos es una actividad económica. Aunque parezca superfluo decirlo, es una actividad económica capitalista, puesto que consigue transformar un valor de uso en un valor de cambio, en una mercancía que se vende en el mercado y permite obtener una ganancia. Si así no fuera, no habría ni producción, ni venta, ni trafico de drogas. Y yo creo que conviene arrancar de este concepto para entender que, para un empresario, producir drogas, transportarlas y venderlas, es prácticamente lo mismo que producir sillas bicicletas o sándwiches de milanesa. Porque ningún empresario produce sillas porque le gusten las sillas, sino que produce sillas porque quiere obtener ganancias, y mutará a la rama de la economía que le asegure mayor ganancias tantas veces como sea necesario. De paso, ese transito es el que crea una tendencia a una ganancia media, la cuota de ganancia media que está hoy naturalizada cuando el empresario al momento de calcular el costo de su producto le introduce un 30% como retribución a su rol “organizador” del proceso. Ni 20% ni 40%, porque la cuota de ganancia media es un valor que se constituye históricamente y de algún modo mide la correlación de fuerzas de clases porque funciona como un condensado histórico de la lucha de clases. Cuando la lucha obrera y popular hace bajar esa cuota de ganancia media por debajo de las expectativas burguesas, sobrevienen reacciones violentas que pueden llegar al Genocidio y el Terrorismo de Estado para restablecer los valores “normales” .

En segundo lugar, es una actividad económica que produce una mercancía cuyo consumo o, dicho en términos mas teóricos, cuya “realización” como mercancía, es decir, cuya venta y consumo, al mismo tiempo que garantiza la obtención de una ganancia al capitalista individual, le produce a la clase capitalista una función de control social y dominación capitalista. No todas las mercancías tienen esta virtud. Las sillas, por ejemplo no producen ningún efecto complementario al de la ganancia para los empresarios que lo producen, distribuyen y venden. Ese control social camina por varios andariveles. El que más se menta es que el consumo actual de drogas produce adicción enfermiza que, de alguna manera, atrapa el deseo, de modo tal que la vida del consumidor adicto se reduce sólo a consumir. Eso no fue siempre así. De hecho, los pueblos americanos usaban el tabaco y el tabaco no mataba. Hasta que se transformó en una adicción del mundo occidental y cristiano. En el museo del oro en Bogotá, que es el museo antropológico más interesante que he visto en mi vida, porque cuenta la historia de América con objetos de oro creados artesanalmente por los pueblos originario de hace miles de años, uno de los objetos exhibidos es un pororo de oro. Es como una bombilla que se usaba para aspirar la coca y entrar en trance, de modo tal que los chamanes se comunicaban con el “submundo” donde habitaban los dioses y actuaban como nexo entre ambos universos. Y no se producían muertes por consumo. El primer acto histórico que se convierte en un gran hecho político, en donde aparece esta cuestión del consumo, la adicción, el instrumento de dominación, el instrumento de control social, es, sin dudas, la Guerra del Opio de Inglaterra contra China (tuvo dos episodios, el primero de 1839 a 1942 y el segundo de 1856 a 1860). Los ingleses que estaban, desesperadamente, tratando de dominar económica y políticamente a China, realizan dos actos criminales. Uno: inducir al consumo de opio al pueblo chino, que antes no consumía y dos: arrancarle a China un puerto franco para la exportación de opio. Este puerto fue recuperado hace algunos años por la República Popular China y es lo que hoy se como Hong Kong. Es muy claro que el que instrumenta a la droga como una cuestión política es el Imperialismo. De hecho, ahora el negocio de la producción, venta y transporte de diversas drogas es un negocio enorme. El economista Jorge Beinstein lo calcula en 2 billones de dólares anuales con datos del año 2000. Ese negocio, obviamente, se basa en que el principal consumidor de drogas en el mundo es el pueblo norteamericano. 1 de cada 8 norteamericanos es adicto. Y está claro que dos billones de dólares solo se pueden lavar por el circuito financiero central. Se lava por la Banca City, la Morgan, la Banca Suiza, etc. El núcleo duro del sistema bancario, que es el que crea los paraísos fiscales, es también central en el trafico del dinero de las mafias/grupos empresariales narcos.

En tercer lugar, el estado actual de este fenómeno, es uno de los resultados del ciclo de resistencia y demolición de la resistencia que hubo en América Latina. Entre 1959 y 1980, los pueblos americanos, impulsados por la victoria cubana, se lanzan con convicción y estrategias diversas a la lucha por la Segunda y Definitiva Independencia va a ser aplastado por una operación continental de contrainsurgencia en la que se inscribe la dictadura cívico militar que tuvo lugar en nuestro país. La operación de contrainsurgencia en nuestro continente es la continuación de la guerra de Vietnam. Y es en relación a la guerra de Vietnam que los yanquis realizan dos operaciones de inducción al consumo. Primero propician el consumo de opio entre sus tropas para tratar de generar alguna valentía, algún espíritu militar en una fuerza desmoralizada, que no quiere ir al combate. Cualquier película comercial norteamericana nos va a mostrar a los soldados que, cuando se detiene el combate, se dedican a fumar porro. Droga que provee el propio ejercito. Está claro que la selva de Vietnam no van a tener un proveedor particular que no sea el mismo Ejercito. Y después, cuando se desata la ola pacifista que tiene que ver con la música, con Woodstock, con la resistencia negra y la lucha por los derechos civiles, todo eso que es el ciclo de los 60 en Estados Unidos, los sectores de poder se lanzan con todo a promover el consumo de la marihuana, de modo tal que quebrara esa oleada de resistencia. Desviarla hacia el consumo individual de drogas que esterilice la lucha. En ese marco, en 1973 se crea la DEA. Lo que se propone es ser el departamento estatal imperial de control de ese gran negocio. Porque rápidamente van a descubrir que el contrabando de droga le permite un financiamiento ilegal de sus actividades ilegales. En 1983, el Irangate, un gran escándalo cuando se descubre que el ejército de Estados Unidos, que caracterizaba a Irán como una potencia terrorista, le vendía armas para juntar plata para financiar la guerra contra Nicaragua. Eso es lo que se descubre y se publica, pero en realidad, lo que nos parece más importante, es que se montó toda una red de producción de droga. Y en todo el mundo pasan a utilizar la venta de droga para financiar las actividades de los grupos de inteligencia, etc. En 1980, el gobierno militar argentino, que está en un momento de gran fortaleza, auspicia y respalda un golpe militar narco en Bolivia, con Garcia Meza al frente. Un golpe terrible. Yo estaba en el Comité Central de la Federación Juvenil Comunista cuando volvió un compañero que se llamaba Alberto Méndez de Bolivia, totalmente asombrado porque los militares tiraban los bebés de los indios al aire y los ensartaban con la bayoneta. En pago, García Meza abre el primer camino de entrada de la droga a Argentina. Esta ruta va a ser de la frontera boliviana argentina a Rosario. ¿Por qué a Rosario? Porque ya habían privatizado los puertos. Entonces, el terrorismo de Estado y el narcotráfico actual tienen varias relaciones. En primer lugar produce cambios estructurales económicos que facilitan el despliegue del narcotráfico: privatiza los puertos, liquida todo tipo de control estatal sobre el comercio, las relaciones económicas, la producción. Por ejemplo, privatiza el banco de Santa Fe y, cuando se lo privatiza, en los noventa ya, quien lo compra es un grupo acusado de lavar dinero de los narcos. El fallecido ex gobernador santafecino Ingeniero Jorge Obeid es quien ejecuta la privatización. Él tuvo varios cambios en su vida, pasó de ser montonero, jefe local de la juventud peronista, luego menemista y murió siendo kirchnerista. Una vida que resume en si misma el recorrido de tantas y tantos compañeros que fueron culturalmente cooptados por el enemigo que decían combatir. Como tantos otros
En cuarto lugar el cambio de lugar del negocio de venta de drogas corresponde enmarcar en un cambio más amplio y profundo, un cambio estructural en el capitalismo argentino y mundial. Hay una serie de cambios estructurales. Hay un cambio estructural económico aun más importante que es una consecuencia del terrorismo de Estado: el cambio del lugar de lo ilegal en las actividades económicas. Siempre hubo una parte de la actividad económica que fue ilegal, mafiosa, contrabandista. La burguesía argentina nace contrabandeando con el imperio inglés, mucho antes de nuestra primera Independencia y mucho antes de la primera Invasión Inglesa de 1806. Por lo tanto, el costado ilegal de la burguesía argentina es genético, pero con la dictadura se pierde toda distancia entre lo ilegal y lo legal. Y de hecho, recuerden, sobre todo en los 90, el carácter mafioso, cleptómano, sencillamente dicho: ladrón, de esa burguesía que es capaz de comprar YPF por el precio de uno de sus barcos. Se quedaron con una de las empresas de petróleo más grande del mundo y pagaron menos de lo que valía uno de los tantos barcos que la empresa tenía en su flota. Una burguesía que saquea. Que se roba las empresas estatales. Como una forma de superar la crisis de superproducción que se genera en los 70 en el capitalismo mundial, que va a sufrir una oleada de Resistencia Anticapitalista que arranca con el Mayo Francés, y va a seguir casi hasta los golpes de Estado. El capitalismo mundial le asigna un gran lugar al negocio de la droga, de la venta de armas, del trabajo esclavo en diversas ramas de economía, en primer lugar de la prostitución. Digamos, en general, a los negocios que no están permitidos, pero que en su conjunto tienen una dimensión enorme. Y que están digitados por el núcleo duro del capital internacional. No es un negocio que maneja el que tiene el bunker en la villa. Es un negocio que manejan los grandes capitalistas argentinos, que a su vez están subsumidos por los grandes capitales del mundo. Pablo escobar, como tantos otros, son personajes que manejan zonas liberadas por la DEA, que en algún momento intentan cierto grado de autonomía y allí es cuando se los liquida.

En quinto lugar el negocio de la droga terminó generando otro negocio que es el negocio de la lucha contra la droga. Como lo demostró el Jefe de la Policía Santafesina, Hugo Tognoli, que era el jefe de la droga. Entonces es muy importante, para poder comprender este tema, que es uno de los centrales de los próximos períodos, que en Argentina hay un bloque de poder que se fundó con la conquista de España, pero que ha sufrido mutaciones continuas que le permiten mantener el dominio general de la Argentina en sus más diversas formas de existencia: económica, cultural, política, y que hay cambios en el lugar que ocupa el negocio ilegal. Ese lugar se lo da el sujeto que administra el poder en argentina.

En sexto lugar, otro cambio, que es más reciente, de esta década, es lo que Javier Auyero, un investigador argentino radicado en Estados Unidos, llama la aparición de la Zona Gris. La Zona Gris es un concepto de Primo Levi que trata de explicarse y explicar qué lugar ocupan los prisioneros de la Campos de Concentración que pasan a ser guardias. Tema sumamente complejo. Para nosotros en nuestra lucha concreta, ese fenómeno generó una crisis en Rosario porque no pudimos consensuar qué hacer con gente que había sido militante popular y paso a ser represora luego de ser torturados. El caso es conocido como el caso Chomicky. Con el concepto de Zona Gris, Primo Levi, sobreviviente del genocidio nazi contra judíos, gitanos y comunistas durante la Segunda Guerra Mundial, lo fundamental que trata de marcar es la ambigüedad, lo gris es lo ambiguo. Y Auyero también trata de resaltar lo ambiguo. La investigación de Auyero es una investigación sociológica rigurosa, compleja, en muchas ciudades de la Argentina gobernada por diversos partidos y encuentra en todas más o menos lo siguiente: hay una ampliación de la función del Estado en el territorio, pero éstas funciones no están ejercidas por el Estado de manera tradicional sino por un nuevo sujeto que es al mismo tiempo narco, puntero político, mafioso, delincuente y víctima. Todo al mismo tiempo. Nosotros veníamos denunciando desde hace tiempo la articulación entre los barones bonaerenses, la policía y la mafia que maneja la droga en Argentina. La droga, la prostitución y los autos robados. Me parece a mí que el sujeto más notorio de esa figura es Duhalde, que ha adquirido un enorme poder con la droga en los 80 y cuando llega al gobierno de la provincia de Buenos Aires acuerda con Menem el fondo de reparación histórica que le permite manejar una cifra fenomenal y que entonces se aleja un poco, se dedica a la política y no al negocio de la droga.

En séptimo lugar, conviene pensar de una manera integral el fenómeno que estamos estudiando. Hasta ahora estuvimos hablando de la dimensión económica, pero hay una dimensión mucho más dolorosa, una dimensión digamos humana, sobre cómo afecta al sujeto Pueblo, y sobre todo a la juventud. Para poder entender lo que está pasando hay que pensar en volver a la idea fuerte de que un genocidio no es una matanza grande, sino la eliminación de un grupo nacional para modificar la identidad de la sociedad, produciendo cambios radicales en el conjunto de la sociedad. Y nosotros somos una sociedad post genocidio. La Argentina es una sociedad post genocidio, sin ninguna duda, sus signos son transparentes. Se verifica en como se modificaron los valores culturales que se gestaron entre 1890 y 1975: valores de solidaridad, fraternidad, respeto, prestigio de los proyectos colectivos, lo que se denomina ahora asociacionismo. Todo eso fue muy golpeado por el terrorismo de Estado. Nosotros ahora estamos conviviendo con la tercera generación de personas que no conocen el trabajo estable en blanco. En un primer momento del gobierno kirchnerista, los subsidios, los bonos, la jubilación, todo eso estaba muy bien ¿pero hoy cuales son las aspiraciones que tiene un joven en una barriada popular? ¿A cuánto puede aspirar alguien vinculado al circuito que generó el gobierno kirchnerista? A un puesto en una cooperativa de trabajo. Eso sería lo mejor. 2500 pesos. Pero ese trabajo esta estigmatizado, hacer zanjas, pintar bancos en plaza, etc. El gobierno nacional que ofrece eso tiene dos problemas. El primer problema lo genero el gobierno, porque si alguien fomentó el consumo en la argentina fue el anterior gobierno nacional. Se asoció el consumo a la idea de mejoría. Si el deseo se resuelve consumiendo, ¿qué mejor que consumir drogas?. Es un problema de fondo, al consumismo se lo ha puesto en un lugar virtuoso. Entonces, a ese joven que vive en la barriada, que vos le ofreces 600, 800, 1000 pesos para ir a la escuela, resulta que al mismo tiempo lo bombardean con que tiene que tener determinadas zapatillas. Si un pibe chorro lo primero que hace con lo que roba es comprar un par de zapatillas, es más pibe que chorro. Está cumpliendo con el mandato que la sociedad le impone. A ese joven le aparecen ofertas de trabajar para algún narco, que es ganar mucha plata, pero además es ejercer violencia, desarrollar lo que se consideran virtudes del macho. Y eso en contraposición con las labores denigradas genera prestigio social en el territorio.

En octavo lugar si algo es evidente, es que en términos macroeconómicos, el capitalismo argentino, la economía argentina, pudo durante diez años garantizar la ganancia para los grupos trasnacionales monopólicos, cuya ganancia creció en estos diez años en proporción al resto de la sociedad. O sea, dicho en términos más sencillos los ricos son más ricos que antes. El Modelo podía garantizar la cuota de ganancia media a la que aspira cualquier burgués. Y, además, si había un gobierno que lo quisiera hacer, podía utilizar una parte de la enorme masa de ganancia de la burguesía como clase, para distribuirla por medio de jubilaciones, subsidios, pensiones, aumentar el presupuesto educativo, etc. Ese periodo de la economía argentina terminó. Por lo tanto, ahora quien quiera mantener esta proporción de ganancia, deberá ajustar. Ya no es un problema de profundizar, en mi opinión, es que si no modificas las partes, lo que está ocurriendo es que, como los burgueses no van a querer sacrificar su ganancia, el otro sector, por la vía de la inflación, empieza a recibir cada vez menos. Con lo cual, el atractivo del Modelo decrece y crece el peligro del agotamiento del ciclo reformista para dar lugar a otro, reaccionario y concentrador de la riqueza y el Poder.

Yo terminaría con que tenemos tres desafíos muy grandes, centrales en la política argentina. Centrales porque la derecha y el Imperio tratan de asociar todo esto que yo dije a un concepto que es el de la inseguridad, el de revertir la política de Derechos Humanos en su conjunto, reconstruir un estado autoritario policial represivo, liquidar la idea de los derechos y volver a tener la idea de servicios. Y nosotros en este nudo, podemos cuestionar la violencia institucional, cuestionar el poder gobernante y construir una gran causa. Quien convenza al pueblo argentino de que puede resolver el problema de la droga, tendrá un gran apoyo popular. Y nosotros tenemos una propuesta. Es más, tenemos la única propuesta: hacer la Revolución. Algunos dirán !qué iluso! Los ilusos son los que creen que se puede resolver el problema de la droga sin hacer la Revolución. Es el centro del problema del capitalismo. Es como creer que puede haber capitalismo sin tortura. No hay capitalismo sin tortura. Y yo creo que tenemos que romper con esta idea de que la política es proponer cosas para mañana y la Revolución es un sueño eterno. Hay que explicar a la gente que hay que hacer una Revolución en argentina para terminar con los narcos, para terminar con la matanza de los chicos. Hay que ser muy claros que con pequeñas reformas esto no se resuelve. No se cura el cáncer con aspirinetas, si me permiten la metáfora sanitaria. Cuando yo viajo a Paraguay, exactamente en noviembre del año pasado, a hacer una misión internacional de derechos humanos, uno los informes que recibo es que a la Argentina ingresan 540 vuelos de contrabandistas por mes desde Paraguay. Es un coladero. ¿Eso no lo saben los que gobiernan, no lo saben las fuerzas represivas? Están todos en el negocio. Gendarmería no está más en la frontera. Prefectura no está más en el río Paraguay, están todos acá en los barrios pobres, cuidando el negocio de los narcos. La cuestión entre narcotráfico y política no es, como pretenden ellos, que se genera el fenómeno del narcoterrorismo, sino que es al revés, que el narcotráfico es fundacional del capitalismo contemporáneo. Que la lucha contra el narcotráfico es una lucha anticapitalista. Esto es una batalla cultural de proporción. El segundo desafío del período que está comenzando es disputar la juventud de las barriadas. Ese es hoy el centro de la disputa por el sujeto. Y el tercer desafío es poder construir propuestas mas rigurosas y convincentes de cómo afrontar este problema. Terminar con que la frontera sea un colador. Y el contrabando está vinculado a las empresas privadas de transporte, por ellas circula. Se financia con los bancos privados. Es muy difícil que esto se resuelva si no se mete mano a intereses muy pesados.

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