El triunfo de Netanyahu y la larga marcha del fascismo en Israel


La maniobra electoral de Netanyahu se mostró eficaz.
Al mostrarse como el más agresivo de los dirigentes que construyen el Estado de Israel como un Estado racista y ocupante de los territorios de los pueblos árabe y palestino, como el más provocador de los ultra conservadores defensores de la supuesta “excepcionalidad” israelí, esta vez osando desafiar al propio Obama en su casa, logró subir un poco el apoyo popular y obtener un nuevo ciclo de gobierno, lo que lo encamina a ser el gobernante de mayor duración temporal en Israel.
En un artículo publicado en la Agencia de Noticias Enlace Judío México, Irving Gatell desgrana sin tapujos el pensamiento dominante en la fuerza política que se agrupa tras Netanyahu y que muestra un apoyo popular indudable. Veamos algunas de sus reflexiones:
“¿Realmente Netanyahu ha llevado a Israel a un punto de conflicto con los Estados Unidos? No. Eso es falso. Apenas a inicios de este mes, quedó demostrado en un controvertido discurso pronunciado frente al Congreso, donde fue ovacionado como pocas personas lo han sido en ese espacio. Entonces, seamos precisos: Netanyahu ha llevado a un punto crítico las relaciones de Israel con Barak Obama y su administración, pero no con los Estados Unidos. Por el contrario: lo que evidenció ese discurso fue que más bien es Barak Obama el que además está en conflicto con un amplio espectro de gente en su propio país -políticos y ciudadanos-….En resumen, apelar a que Israel se ha aislado diplomáticamente de Estados Unidos y de Europa es falaz. En el caso de Estados Unidos, el aislamiento sólo afecta la relación con la administración Obama, no con el resto de la estructura política norteamericana. Y hay que señalar que, en realidad, es Obama quien se ha aislado de la geopolítica en Medio Oriente. Y en el caso de Europa, no es un fenómeno reciente ni achacable a Netanyahu. Europa siempre ha mantenido una línea abiertamente anti-israelí (y da lo mismo que esté Likud o el Laborismo en el gobierno), que va de la mano con una complacencia literalmente suicida hacia los árabes. Los últimos atentados en Europa demostraron quién se ha venido equivocando.”
“¿Qué hay respecto a que Netanyahu ha dicho que no habrá un Estado Palestino? Seamos honestos: eso no es ser cruel y malvado. Es, simplemente, ser realista. Los palestinos no están en condiciones de tener un Estado. Si en este momento se declarase un Estado Palestino independiente, lo primero que habría sería una guerra civil entre Al Fatah y Hamas por el control y el poder. Y las guerras civiles palestinas no son, precisamente, amables. Ya se tuvo una probada de ello cuando Israel se retiró unilateralmente de Gaza, y el resultado inmediato fue que Hamas se dedicó a masacrar a los militantes de Al Fatah.”
¿Se entendió?: “los palestinos no están en condiciones de tener un Estado”, para ellos pues, el destierro y la muerte.
Para Aluf Ben, editor responsable de Haaretz, “Netanyahu triunfó en las elecciones porque dejó de disfrazarse de un líder centrista y comenzó a exponer sus verdaderas concepciones. El conductor del Likud convenció a sus votantes de derecha que es nacionalista no menos que Benet y racista no menos que Liberman. Y ellos le creyeron”. En un ataque netamente racista y falto de veracidad, Netanyahu deslegitimó al 20% de la población de Israel por el solo motivo de ser árabes con intención de votar en contra del Likud o su coalición. “El poder de la derecha está en peligro” declaró, para luego agregar “los votantes árabes marchan como muchedumbre a las urnas”.
Y Guideon Levy, también desde Israel afirma con contundencia: “La primera conclusión a la que se llegó sólo minutos después del anuncio de los sondeos de boca de urna fue particularmente desalentadora. Hay que reemplazar la nación. No se precisa otra elección para la dirigencia del país, sino elecciones generales para escoger un nuevo pueblo israelí –de inmediato–. El país lo necesita urgentemente. No podrá resistir otro período de Benjamin Netanyahu, quien emergió como el hombre que formará el próximo gobierno. Si después de seis años de nada, después de seis años sembrando miedo y ansiedad, odio y desesperación, esta es la elección de la nación, entonces está verdaderamente muy enferma. Si después de todo esto, el fénix israelí logró levantarse de las cenizas y ser reelegido, si después de todo esto el pueblo israelí lo prefirió para dirigir durante otros cuatro años, algo está verdaderamente roto, tal vez irreparablemente.
Netanyahu merece al pueblo israelí y éste se lo merece.”
Volvamos a leer: “. No se precisa otra elección para la dirigencia del país, sino elecciones generales para escoger un nuevo pueblo israelí –de inmediato–.”
En los años duros del Terrorismo de Estado, se extendió por América Latina un debate en forma sobre a qué llamar fascismo. En un libro indispensable, “Estado, Capitalismo y democracia en América Latina”, Atilio Borón pasaba revista a los debates históricos y los de aquella época; conservan toda su vigencia. Por un lado Borón llamaba a no bastardear el concepto asumiendo el discurso liberal de vincular el fascismo con cualquier forma de autoritarismo, incluso llegando a las cuestiones personales (el “enano fascista”, tal organización es fascista porque no es suficientemente democrática, o esa acción violenta –incluso si es de un grupo de izquierda- la denominamos fascista) sino pensarlo “como una forma históricamente determinada a partir de la cual una burguesía –acorralada por sus antagonistas domésticos y sus rivales externos – reorganiza su hegemonía sobre las demás clases de la sociedad e impone sus nuevas condiciones de dominación a sus aliados y a sus adversarios”
Y quisiera, finalmente prestar atención al párrafo que dice “reorganiza su hegemonía sobre las demás clases de la sociedad”; porque Borón dice “hegemonía” y no “dominación”; es decir que utiliza la categoría gramsciana que da cuenta de una operación político cultural por la cual una fracción de la clase dominante no solo ocupa posiciones de conducción, sino que logra que una parte sustancial de las clases dirigentes y de las clases subalternas piensen como ella y la acompañen en su estrategia de ocupación militar, súper explotación, persecución y tortura de un pueblo hasta lograr su destrucción como grupo nacional tal como advertía el articulo dos del Convenio de Prevención y Castigo del Genocidio sancionado por la ONU en 1948, casi en paralelo con la creación del Estado de Israel.
De nada de eso hablan las organizaciones comunitarias de la Argentina subsumidas hace décadas en la estrategia estatal de Israel y solo un ingenuo separaría la crisis de la impunidad sobre los atentados de Amia y la Embajada de la larga marcha del Estado y el pueblo de Israel hacia el fascismo al que ha llegado, parece que para quedarse.
Cómo se llegó hasta aquí desde aquellos judíos polacos o rusos que conspiraban contra el Zar y resistían los progroms es un largo debate que no puede resolverse en dos carillas, pero el único servicio que podemos hacer al pueblo de Israel es denunciar el fascismo que hoy domina, aislar el Estado diplomática y económicamente y exigir a las Naciones Unidas que hagan cumplir las resoluciones mil veces tomadas y nunca cumplidas que permitan la existencia real de un Estado Palestino libre y autosustentable. Y que cada argentino de origen judío ser rebele contra el fascismo israelí que intenta hacer pie en nuestra tierra de la mano de la Embajada, la Amia y sus colaterales.
La contradicción entre la sumisión a las estrategias del estado de Israel y los principios democráticos que forjamos en los años de lucha contra el Terrorismo de Estado y la Impunidad, casi cuarenta años de lucha, han llegado a un punto inconciliable.
Cada cual elegirá, como siempre, el punto de la ética donde se pare. Sobre el mío no tengo duda alguna. Es el mismo que asumió mi abuelo cuando decidió unirse al Ejercito Rojo para enfrentar el Ejercito Alemán en los bosques de Bielo Rusia para negarse a emigrar a Israel después o el de mi viejo, que rompió con el sionismo a los quince años cuando comprendió, en su aldea rusa en 1920, que los ricos dominaban el sionismo y que por ello no les podía creer su discurso “socialista”.
Hay muchos modos de ser argentino de origen judío, yo elijo el que se para en el antifascismo que hoy domina Israel.CBNWH19UcAA9JbP

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