El discurso de Lorenzetti: bastante más que la disputa por la AMIA y Nisman


03_29b_calonso_grEn su discurso de inauguración del año judicial, el presidente de la Corte Suprema de Justicia, el Dr. Ricardo Lorenzetti desplegó una serie de razonamientos que fueron leídos por casi todos en clave de confrontación con la presidenta Cristina Fernández acerca de la muerte del fiscal Nisman, su imputación (absurda y funcional a la extrema derecha imperial local, israelí y yankee) de encubrimiento en la causa Amia y la disputa que se lanzó desde su muerte por condicionar el escenario político de finales del actual gobierno y aún del próximo. Y es cierto. Es más, podría casi suscribir la mayoría de los análisis críticos que se hicieron desde esa perspectiva de confrontación de coyuntura. Pero no solo eso.

A algunos periodistas “progresistas”, como le ha pasado todo el tiempo, lo urgente les impide ver lo importante y la coyuntura la perspectiva. No es que no tengan una mirada política, pero justamente su política es dar respuesta al hoy del modo que sea. El pragmatismo es característico del periodo kirchnerista como la propia causa Amia lo confirma: del discurso contra Irán en las Naciones Unidas en el 2007 (en ese momento funcional a la estrategia de confrontación de Israel y los EE.UU. con Irán) a considerar el contexto internacional en el que se producen los atentados para insinuar el beneficio imperial de los actos terroristas; de designar a Nisman y asignar a Stiusso como soporte de la Side a la denotación de ambos por su subordinación a los poderes imperiales, y mucho más. Pero no queremos discutir ni la muerte de Nisman ni la impunidad en la causa Amia, nos remitimos a la declaración inicial de la Liga que mantiene vigencia , queremos analizar un poco el discurso de Lorenzetti desde otra perspectiva, la de la conformación de un pensamiento en defensa del orden y el progreso de nuevo tipo, lejos del positivismo del siglo XIX pero también del neoliberalismo de finales del siglo XX.

Lo primero que quisiéramos decir es que hay que prestar atención a Lorenzetti. El se propone como el custodio de la Republica y la Constitución Nacional, pero aún más, como el guardián de la legalidad y las instituciones (incluyendo la presidencial, como aclarara varias veces) y la garantía de preservar las conquistas de esta década, incluyendo los pasos positivos en la redistribución progresiva de la riqueza y los juicios contra los terroristas de Estado. No es poco. Como parte de su discurso, aunque sin asumir la autoría, Lorenzetti presentó un video que ha sido muy discutido por la imagen final del fiscal Nisman, pero en el cual se presentan imágenes de víctimas del Terrorismo de Estado y de varias tragedias o masacres, como la de Once. No aparecen en esa seguidilla de fotos, las víctimas de la “inseguridad” tal y como la definen burdamente Massa, Macri y hasta el propio Berni. No, se concentra en las grandes tragedias nacionales de las cuales dice varias cosas: que a lograr justicia hay que consagrar los mejores esfuerzos coordinados del Estado, que hay que prestar atención al costado humano de las víctimas y los familiares y que en esas “tragedias” se revela lo peor del ser humano: el egoísmo, el odio, el afán de poder absoluto. Con esta operación discursiva, en la que va a basar todo el relato que propone sobre lo ocurrido, sobre la realidad nacional cotidiana y sobre su propuesta de superación, consigue dos cosas: darle una base ética a su propuesta (nos debemos a las personas, ellas no esperan de los Poderes que peleen sino que resuelvan sus problemas) y borrar toda huella de la lucha de clases en la historia nacional en una versión más sutil de la teoría de los dos demonios con que Alfonsín justificó el golpe de estado del 76, el terrorismo de Estado y su negativa a juzgar a todos los responsables del genocidio como entonces pedía el movimiento de derechos humanos y la izquierda. Más adelante, dirá Lorenzetti que “cada uno tiró de la cuerda hasta que estalló todo” en directa referencia a los momentos en que la democracia fue dejada de lado en la Argentina.

En esa confrontación verá la razón última de la tragedia nacional, aunque no propone la “paz de los cementerios” y el orden dictatorial, desarrolla una compleja teoría de la gobernabilidad del siglo XXI que se basaría en reconocer los cambios radicales habidos en el orden social y reemplazar la dirección (en un sentido gramsciano, imponer un rumbo desde la fuerza que da la conquista de posiciones dominantes en el Estado) por la conducción armónica de colectivos diferentes y cambiantes. En la pretensión de interpretar el todo, que adjudica a Cristina, ve Lorenzetti la raíz de todos los problemas de estos días y en su reemplazo por otro estilo, el cooperativo, el comienzo de las soluciones. El que piense que está jugando fuerte a favor de Macri, Massa o Scioli (los tres dicen, de un modo bastante más burdo, lo mismo), piensa bien. Lorenzetti apuesta a un ciudadano del siglo XXI que no solo vote, que se preocupe y ocupe por razones éticas y humanas: la solidaridad con los que menos tienen, el cuidado del medio ambiente, etc. pero al cual ve incapacitado de pensar la totalidad y de preocuparse por ello. Le reclama a Cristina, sin nombrarla, que sigue atada a formas organizativas del siglo XX que fueron pensadas en el siglo XIX y XVIII. Sin decirlo del todo se refiere a los llamados Partidos de Masas, con anclaje de clase y programa reivindicativo, como lo fueron alguna vez el radicalismo, el peronismo, el socialismo y el comunismo. En su prédica posmoderna propone agrupamientos parciales y temporales por diversos y muy distintos intereses en que los ciudadanos del siglo XXI se podrían interesar si renuncian a superar el capitalismo, y más aún el capitalismo neoliberal, como veremos.

Lorenzetti exhorta a respetar la Constitución Nacional, y más precisamente la versión que nos dio la Reforma Constitucional de 1994, a la que no trata como proceso, no la contextualiza de modo tal de borrar por completo el Pacto de Olivos y el Menemismo que hegemonizó la reforma constitucional. Para los jóvenes y los olvidadizos, les cuento que Carlos Menem quería la reelección y para ello fuerza un acuerdo con el radicalismo en el cual Menem ganó la reelección y la legitimación del proceso de cambios regresivos que implementó como un modo diferido de “realización” del genocidio (Menem ejecutó lo que Videla y Martínez de Hoz propusieron y prepararon) a cambio de conceder el Consejo de la Magistratura y la admisión de la legitimidad interna de los Convenios y Pactos Internacionales de protección de los derechos humanos. Le adjudica a dicha Reforma todo el mérito de los logros de la década kirchnerista, dice que la Reforma proclamó el carácter progresivo de los derechos y eso es lo que se hizo en estos años por la acción coordinada de los tres poderes del Estado, como si no fueran el resultado de la convergencia virtuosa de luchas obreras y populares, algunas de larga data, con las necesidades de legitimación política y la mirada “desarrollista con inclusión social” de una fracción del peronismo que se propuso relanzar el capitalismo, castigado por el fracaso del neoliberalismo, de modo tal de cumplir con los sueños de justicia social de tantas generaciones de luchadores y militantes populares (más allá de que la apuesta misma fuera un “sueño” irrealizable por la esencia misma del capitalismo y la llamada burguesía nacional). Pero poner al Pacto de Olivos, uno de los acuerdos más abyectos y desvergonzados de la política nacional, que en mucho colmaron la paciencia popular y prepararon la revuelta de diciembre de 2001, es una verdadera exageración en el autoelogio neoliberal.

Todo el tiempo, el Dr. Lorenzetti se presenta como facilitador de todas las conquistas de la década y su verdadero garante gracias al poder constitucional de ratificar o avalar leyes y sentencias. Pero dice que no es bueno quedarse en el asistencialismo, impuesto por la crisis del 2001 insinúa, sino que hay que avanzar en el terreno de ampliar derechos hasta el punto en que la igualdad se verifique…..en la igualdad de oportunidades que es exactamente el punto de partida del liberalismo fundado en la Revolución Francesa. Los hombres son iguales ante la Ley (bueno, llegaron a serlo en un largo proceso; no lo eran puntualmente ni en la Francia de 1789 ni en la Argentina de Mayo de 1810, ni de 1902 sino hasta mediados del siglo XX con el peronismo, que a su vez recogió más de cien años de lucha obrera anarquista, socialista y comunista) y la Ley debe garantizar a todas y todos las mismas oportunidades de desarrollo. Claro que ante la evidencia de la desigualdad brutal que hay entre los trabajadores precarios o desocupados u los habitantes originarios que pueblan el Chaco profundo o Formosa y los dueños de los bancos y la soja, Lorenzetti avisa que es partidario de dotarlos de un paquete de bienes primarios pero abandonar todo tipo de subsidios, asistencia especial, fomento particular, etc que denosta como el más clásico derechista. Un filósofo francés, Francois Dubet, insospechado de subversivo declaró al diario La Nación (¡) lo siguiente sobre el viejo tema de la igualdad de oportunidades: -Decir que somos libres e iguales es una ficción, y la igualdad de oportunidades es indiscutiblemente una ficción. Es un principio de justicia que individualiza a los actores y pone a todos en competencia, y creo que no está bien construir una sociedad sobre un principio como ése. Además, el logro del mérito puede incrementar considerablemente las desigualdades sociales. En el fondo, el mérito no impide que los más ricos tengan todo y que estemos convencidos de que lo merecen, así como de que los pobres merecen la pobreza. Como estamos en una sociedad muy individualista, capitalista y liberal, el principio de la igualdad de oportunidades la transforma en muy desigual, muy violenta y muy poco solidaria. Hoy la concepción de las desigualdades sociales en Estados Unidos, Canadá y Europa está basada únicamente en la discriminación, es decir, en los obstáculos al mérito. Es verdad, pero no hay que olvidar que si un obrero está mal pagado no es porque no tenga mérito, sino porque está siendo explotado. (La Nación del 3/672011). Fue contra la mentira de la igualdad de oportunidades que proclamó la Revolución Francesa que Carlos Marx elaboró su propuesta comunista de superar la igualdad formal por la igualdad real. Eduardo Barcesat definió que sin el acceso pleno y universal de todas todos a todos los bienes materiales necesarios para satisfacer las necesidades no hay vigencia de los derechos humanos: “Ahora bien, cómo se accede a los derechos humanos. Volvemos a remarcar que el “acceso” al derecho es el tramo más importante de una política de derechos humanos.- El acceso al derecho comporta, esencialmente, el poner en conexión la necesidad con la satisfacción social de esa necesidad. No es, por ello, un mecanismo eminentemente jurisdiccional, pero debe contar, en todos los casos, con una garantía judicial de su efectividad en el supuesto que algo obste a esa realización.- Si los derechos humanos no son mercancías –y bregamos por profundizar esta distinción-, la estructura social debe proveer de mecanismos que pongan en conexión la necesidad –sustrato material que subyace a cada derecho humano-, con la satisfacción social de esa necesidad.- Es decir, que el acceso no sólo que tiene que estar formulado en la norma de derecho, sino que la estructura institucional debe indicar los mecanismos –las teclas que deben pulsarse-, para que dicho acceso se produzca, efectivamente, en el mundo material y cotidiano que es donde se padecen las necesidades.- Y aquí está el gran problema: ¿Quién es el responsable de proveer ese acceso para quienes carecen de los recursos económicos para tener el derecho reconocido en la norma jurídica “para todos”? No debe haber vacilaciones en la respuesta a este crucial interrogante: el responsable es el Estado (local, provincial, nacional e internacional).-

Del mismo modo se presenta como el habilitador de los juicios por delitos de lesa humanidad y su garantía a futuro, lo que tiene varias lecturas. Una de ellas es la constatación de que no será fácil para nadie arrebatarnos lo que supimos conquistar: jubilaciones, asignaciones para salud y educación, juicios y memoria, etc., y nos reconforta. La otra es que Lorenzetti apunta a demoler el principal argumento electoral del peronismo que se referencia o al menos no rompe con Cristina: o nosotros o el caos que sería la pérdida de conquistas. Sin ese argumento, ¿qué impide votar a Macri o a Massa?, descontando a Scioli. Es ahora que adquiere otra dimensión el debate que hubo en la Legislatura porteña en ocasión de la liquidación del Instituto Espacio para la Memoria, mayo del 2014, un ámbito plural, autónomo, de articulación entre el movimiento de derechos humanos más consecuente con la tradición antiimperialista y de autonomía de los poderes como resultado de un acuerdo entre el gobierno nacional y Macri. Fue Gabriela Alegre quien impugnó nuestras advertencias que llevaban al lobo al rebaño de los corderos al introducir a Macri en la gestión de la Esma, con la aseveración de que las políticas de memoria son políticas de estado, asumidas por todos los sectores. No creemos en la redención de los fascistas y cipayos de la embajada de los EE.UU. Estamos convencidos que se vieron inhibidos por el avance de las luchas contra la impunidad y en pro de la Memoria, políticas potenciadas por el Kirchenerismo hasta hacerlas políticas de gobierno; pero que no renuncian ni a la teoría de los dos demonios ni a la impunidad.

Y una sola nota sobre la Corte y los juicios de lesa humanidad. Según el informe anual 2014 de la Unidad Fiscal para Delitos de Lesa Humanidad hay 134 causas que llegaron a juicio oral y obtuvieron sentencia (solo el 29% de las causas abiertas, el resto está en instrucción –otro 29%-, o con pedido de elevación a juicio –un 8%-, elevada a juicio que no comenzó –un 33%- o llevándose a cabo el juicio oral –solo 15 juicios o un 3%); pero de las 134 sentencias obtenidas en los juicios orales, solo 21 de las sentencias –un 29%- está firme por decisión de la Corte mientras el resto de las sentencias deambula por las instancias judiciales de apelación gracias a la chicanas jurídicas consentidas. Poco trabajo el de la Corte Suprema, algo que el Dr. Lorenzetti analizó largamente como la ineficacia que distancia lo dicho de lo percibido, creando según él la principal causa de apatía y desencanto con la democracia y los gobiernos en el siglo XXI. Es que “el Estado Espectáculo”, definido por el Ministro de Medio Ambiente brasilero, Benjamín Recacha García como aquel que habla pero no resuelve, denuncia pero no asume responsabilidades bien podría ser el Poder Judicial argentino, que consiente los avances en el proceso de juicio y castigo al terrorismo de Estado pero no investiga, no se compromete y sobre todo no ha sido capaz de generar las políticas de Estado para juzgar integralmente el Genocidio. Casi no hay causas que no sean acerca la responsabilidad de militares, policías y agentes de inteligencia. Las pocas abiertas contra empresarios no llegan nunca al momento del juicio oral ni la condena. Hay anda el perverso ingeniero Blaquier todavía libre y gozando de sus riquezas inconmensurables. Cuando habló del “estado espectáculo”, Lorenzetti apeló a seguir el proceso judicial luego de las sentencias y preocuparse por su cumplimiento. Le acercamos datos sobre lo que pasa con los represores. Por su peligrosidad y dimensión del castigo al que están expuestos, no solo están privados de su libertad los 544 condenados sino una cifra similar de encausados con prisión preventiva hasta llegar a una cifra de 1064 personas; pero de ellas solo 58% está en Sitios Penitenciarios (siempre con privilegios irritantes) y un 40, 5% cumple su detención en su casa. Es decir en sus countries o mansiones de privilegio. Es que confluyen dos razones: una es que la impunidad de tantos años hizo que asesinos y torturadores que actuaron muy jóvenes, fueran juzgados muy viejos; y la otra es que en todos estos años nadie pensó seriamente en donde se alojarían los condenados por delitos de lesa humanidad y las cárceles no están preparadas para alojar gente con más de ochenta años, que lógicamente tienen problemas de salud. ¿Improvisación, desidia, premeditación? Seguro que falta de eficacia del Poder Judicial y no solo, que aquí se demuestra la falacia de que el proceso de juicios fue una decisión del Estado que graciosamente nos regaló los juicios (y ojo que hay una versión kirchnerista de esta historia, tan falsa como la de Lorenzetti), pero esa es otra historia que amerita otro articulo.

Lo cierto es que hace algunos años, el ex Ministro de De la Rúa, López Murphy, en un encuentro con familiares de terroristas de estado, explicó que no hay espacio social ni político para la amnistía pero si para lograr las “domiciliarias”, y es lo que están logrando ante la mirada pasiva y complaciente de la Corte Suprema, y algunos otros más que en estos casos no escuchamos la cantinela de la puerta giratoria y todo el verso usado para reclamar mano dura contra los que cometen delitos no avalados por el Poder. En definitiva, Lorenzetti no solo intervino del modo que lo hizo en la polémica sobre la muerte de Nisman y la impunidad del caso AMIA, también se posicionó como “garante” de las conquistas de la década y aportó a redefinir el discurso liberal en el siglo XXI, lo que no es poca cosa. El liberalismo, hijo dilecto de la Gran Revolución, la francesa de 1789 que completó la conquista del poder para la burguesía no solo en Francia, cumplió un ciclo histórico de legitimación del capitalismo que llegó hasta el comienzo del siglo XXI; exactamente hasta el 11 de setiembre del 2001, día en que con motivo del atentado a las torres se proclamó el fin de las libertades públicas en los EE.UU. y comenzó un proceso de redefinición global de la gobernabilidad y los derechos ciudadanos, subordinando todo a la guerra contra el terrorismo. El Acta Patriótica, la declaración de la OTAN sobre su derecho a intervenir donde se le ocurra y sin motivo alguno, los nuevos modos de intervencionismo imperial que niegan el derecho de los pueblos a la autodeterminación mientras claman por el respeto a los derechos individuales al modo burgués revestidos del prestigio de los derechos humanos, dan cuenta de ese proceso.

Lorenzetti hace su aporte para dotar a la derecha argentina de un pensamiento más atractivo y moderno, pero no menos funcional al mantenimiento del sistema capitalista que otras doctrinas. Su pretendido humanismo contrasta con la defensa del sistema que ha sido la causa de los sufrimientos y dominaciones sufridas desde finales del siglo XIX, desde que Roca se hizo presidente, desde que el Ejercito se estrenó matando dos de cada tres paraguayos varones en la Guerra de la Triple Alianza y desde que con las leyes 4144 de 1902 de persecución a los inmigrantes indeseables por su compromiso con la lucha anticapitalista y la Ley Sáenz Peña del Sufragio “Universal” (que era para los varones nativos, dejando fuera del proceso a todas las mujeres y los inmigrantes, mucho más que la mitad de la población de entonces) se conformó la legalidad que respaldó al ciclo de negocios y garantías de preservación al capitalismo mediante la persecución del “comunismo” (así al modo tosco con que la derecha nombró a todos los que no se subordinaban a sus deseos durante todo el siglo XX, pero sobre todo en el largo ciclo de golpes de estado que fue de 1930 a 1983) que culminó en el genocidio perpetrado entre 1975 y 1982, que en lo fundamental sigue impune como demostramos más arriba

Lorenzetti se esfuerza y logra objetivos altos en su cometido. Redefine la ciudadanía del siglo XXI, clama por una gobernabilidad de nuevo tipo, pone la división de poderes por sobre la soberanía popular y mucho más; pero no logra salir del pantano liberal de confundir lo real con lo deseable, remplaza la vida cotidiana por la formalidad inscripta en la Ley o al decir gramsciano confunde deliberadamente el deber ser con el ser. Habla de un país y un poder judicial que debería existir según las leyes y Pactos Internacionales, pero que no es el que conocemos y sufrimos. El poder judicial realmente existente avala la violencia institucional y bardea a los pobres sumergiéndolos en las cárceles abyectas de la democracia, sin juicio pero con castigo. Es veloz con los funcionarios del gobierno que han caído en desgracia (casi siempre con razones muy contundentes y de peso) pero terriblemente morosa si de perseguir poderosos de su simpatía se trata. Los conozco personalmente. En noviembre de 1977 un secretario del Juzgado Federal de Santa Fe de apellido Brusa participaba en las sesiones de tortura que sufríamos en el Centro Clandestino conocido como la Cuarta. De esa parte de la historia se olvidó de hacer filosofía el Dr. Lorenzetti. Como decían algunos en esos tiempos, por algo será.

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