Los Nadalutti


IMG-20151014-01583Al Oli, que decidió pelear

con la pluma y  no con la matricula

y  lo bien que lo hace

 

De los Nadalutti que yo conocí creo que no queda nadie, el viejo y la mamá del Mario, del Danilo y la Graciela ya murieron.

El último fue el Mario, de puta tristeza nomás, esperando que el Juzgado Federal de Catamarca le diga algo de su hermano, pero nada.

Antes, en condiciones trágicas habían muerto la Graciela y el Danilo (y ahora me acuerdo de Celaya que decía de Lorca que no murió, le mataron).

El viejo había trabajado en los Molinos Minettti de Santa Fe, molinos harineros que estaban cerca de la estación de tren, cuando había tren claro; y había sido militante sindical y comunista.

Se me ocurre que desde siempre.

¿Cuándo los conocí?

Creo que los conocí desde que me afilié a la Fede en el 68 pero conocerlos quien dice conocerlos, no me acuerdo

Ya se. Fue en el invierno del 71 a la vuelta de mi viaje a Moscú. Había viajado después del Cordobazo y volví poco despues que cayó Onganía.  Estudié en la escuela del Komsomol diez meses largos y fríos.  Era una inmensa mansión imperial convertida por los revolucionarios en escuela de cuadros de la juventud que para los setenta recibía a jóvenes de todo el mundo y tenía para cada región y lengua una especie de facultad especializada donde lo mejor, ahora me doy cuenta, no eran las clases sino la convivencia con aquellos miles de jóvenes comunistas de toda América Latina, Asia, Africa, Europa Occidental, lo que entonces llamábamos el campo socialista y hasta de los EE.UU.

Ese curso lo compartí con Alberto Cafaratti, dirigente de Luz y Fuerza de Córdoba, uno de los que tomó el lugar de Agustín Tosco, cuando éste murió clándestino, y por eso fue fusilado por el General Menendez poco antes del 24 de marzo, se dice que ante su propia presencia.

Digo, para los que ahora se rasgan las vestiduras por su pasado comunista y su apoyo a la Unión Soviética, vale la prensa recordarles que por aquella escuela pasaron algunos de los que llevarían a Allende al gobierno y algunos de los que murieron peleando con el Che en Bolivia o en Chalatenango en El Salvador.  Entre otros estudiaron allí el Comandante Ramiro, jefe militar del Partido Comunista Salvadoreño y compañero de conducción de Shafic Jorge Handal y Liber Arce, el joven comunista uruguayo asesinado antes de la dictadura de Bordaberry..

Al Mario le tocaba ir en el curso del 71/72 y por eso,  a la vuelta de mi viaje, lo fui a visitar para contarle como era la vida cotidiana en lo que por entonces era un arrabal de Moscú llamado Vishniky, aunque la planificación urbana había llevado el Metro (el maravilloso subterráneo ruso que todavía maravilla por su extensión y velocidad) a pocas cuadras de la finca.

En realidad, al Mario lo conocía de antes, de las pintadas que hacíamos en común los secundarios con los compañeros de la zona de María Selva de la Fede, que vendría a ser más o menos el lado noreste de Santa Fe, pero a la casa era la primera vez que iba y allí comencé a conocer más íntimamente al resto de la familia: a los padres, a la hermana que era un poco menor que nosotros y a un niño que llamaban Danilo.

Como el resto de la familia, Graciela y Danilo se fueron afiliando a la Fede y a todos veía en los picnics del partido y en las acciones más combativas como los actos del primero de Mayo o del 7 de noviembre que se hacían a pesar de que estaban prohibidos y que la cana ocupaba las plazas donde anunciábamos que se iba a hacer el acto originándose épicas peleas callejera entre los caballos montados por animales menos nobles que ellos que usaban el sable como látigo para golpear a las mujeres, los muchachos y las muchachas sin compasión mientras nosotros solo teníamos pimienta para tirar en los belfos de los animales, los de abajo, y bolitas para que se resbalen y al caerse los caballos se caigan los animales de arriba.

El primer recuerdo fuerte que tengo de los Nadalutti es de enero del 78, cuando después de mi segundo secuestro y liberación la Fede resolvió que me fuera a vivir a Rosario y había que organizar la mudanza.  El viejo tenía una chata media destartalada pero que servía para mover los muebles y de hecho había sido mi empresa de mudanzas en las dos que había hecho bajo la dictadura: la primera para instalarme en la casa de Güemes, que el Curro Ramos y el grupo de tareas de Rebechi, asaltarían en octubre del 76 y la segunda, un departamento súper pobre construido en el patio de atrás de una casa adonde nos mudamos con la Chili cuando salimos en libertad y de donde nos fuimos, sin que haya sido allanada, después de mi segundo secuestro. (Nota del escritor  para los menores de cincuenta: eso quiere decir que no me arrancaron la dirección de mi casa en el “interrogatorio” aquel de noviembre del 77 donde después de ser torturado por Ramos y Cía, conocí al que luego sería Juez Brusa).

Pero para el tercer servicio de mudanza (reconozco que no era muy fino el trabajo, por ejemplo, se desarmaban los roperos a puro martillo que no estamos para sutilezas decía el viejo mientras con dos golpes bien dados transformaba un solido ropero en un conjunto de tablas y maderas fácilmente transportables) la cosa ya estaba más complicada: sabíamos que el servicio de Inteligencia de la Policía me vigilaba y además, como si fuera poco que me hubieran secuestrado dos veces y hubiera sobrevivido, liberado y vuelto a militar para la Fede y para odio de ellos, nosotros les habíamos puesto una denuncia por apremios ilegales al Curro Ramos y  hasta me habían hecho una pericia médica forense; así que hicimos una mudanza con mucho cuidado: primero levantamos los muebles de mi casa y los llevamos a la de un compañero de las capas medias; eso fue como a las 6 hs de la mañana y a las ocho las pasamos a retirar con el viejo Nadalutti y las pusimos en el patio de su casa, que no queríamos quemar más casas de las necesarias y a las nueve pasó el fletero que habíamos contratado y que no sabía nada de quién éramos nosotros.

Nos subimos, cargamos a la Mechi en la parte de atrás, y nos fuimos a Rosario y por un tiempo solo tuve noticias de los Nadalutti pero no los vi.

La “noticia” que llegó a Rosario, para asombro de todos fue que dos viejos comunistas habían resistido a tiros la visita de un grupo de tareas: un ferroviario que vivía en una casita contra las vías del Belgrano y el viejo Nadalutti que cuando los milicos llegaron y no presentaron ni credenciales ni orden de allanamiento sacaron sus viejas armas de caza y los sacaron a los tiros.

Cosa de viejos habrán dicho los milicos y los dejaron.

El segundo recuerdo fuerte que tengo de los Nadalutti es más penoso.

Ya el Danilo había crecido, ya había terminado el secundario, ya se había convertido en un joven técnico muy vivaz y activo, ya lo habían convocado al servicio militar donde estuvo un tiempo en el destacamento de Santo Tomé y fue allí que le saltó la ficha familiar, lo llamaron y le dijeron que si se creía muy vivo pretendiendo infiltrar el ejercito para el partido comunista y ahí nomas, esa misma noche sin que pudiera avisar a la familia, lo metieron en un móvil y lo llevaron lejos, a Catamarca, al mismo cuartel que los del Perrete habían querido tomar en una acción organizada desde Tucumán que terminó en una rendición y posterior fusilamiento de los compañeros, pero eso no lo sabia el Danilo; él sólo sabía que lo habían mandado castigado lejos de su casa.

Normalmente lo tenían como ayudante de un coronel, para que le sirva mate, para pasarle algún papel a maquina y como pibedelosmandados para cualquier boludez que se le ocurra al milico o la mujer que por entonces los militares eran como jefes feudales con servidumbre al servicio de la familia, si habrán visto películas sobre los ingleses en la India pensaba el Danilo cuando veía como lo trataban a él y a todos los que venían de otros lado y tenían alguna instrucción educativa, por eso le llamo la atención que esa tardecita lo mandaran para la Sala de Armas y lo pusieran a limpiar armas limpias.

Al Danilo no le gustó una mierda lo que pasaba y trató de hacerse el enfermo pero no le creyeron o no le dieron bola; después se comunicó con un compañero de servicio y le dijo que algo raro estaba por pasar y que si le pasaba algo, lo que sea, que le avise a su familia y le dio el número de teléfono.

A la hora del rancho preguntó si podía ir a comer y le dijeron  que espere, que cualquier cosa comía en el Casino de Suboficiales porque lo que estaba haciendo era muy importante y se quedó solo en la enorme Sala llena de armas que a él no le servían para nada hasta que entraron dos oficiales, uno se puso delante de él y le volvió a preguntar si él era hijo de los Nadalutti mientras el otro se ponía atrás suyo y se dio cuenta porque estaba tan cerca que sentía el aliento en el cuello y él le dijo que si, que era Danilo Nadalutti y que hay dijo el Danilo mientras el de atrás le agarraba los brazos y lo mantenía inmovilizado mientras el de adelante sacaba el arma reglamentaria, apuntaba con frialdad al medio de los ojos de Danilo y disparaba sin vacilación.

El viejo levantó el teléfono y sin decir palabra escuchó hasta sentarse en la cocina,  la compañera preguntó que pasaba y el viejo le dijo al Mario prepara la chata que nos vamos a Catamarca.

Aunque le hicieron quilombo, el viejo se salió con la suya y se lo trajo al Danilo para enterrarlo en Santa Fe y esa fue la primera vez que hablé en publico desde aquella noche del 22 de marzo del 76 en que hicimos el acto contra el Golpe de la Coordinadora.

Feo. Nunca me gustó hablar en las ceremonias fúnebres. Una porque uno no sabe que mierda decir en una ceremonia donde lo que sobran son las palabras y segundo porque nunca pude terminar un discurso fúnebre sin terminar llorando pero esa vez fue muy importante, sin darle bola a las boludeces de cuidarnos para que no nos persigan más (más decía yo, con mis dos secuestros encima mío y el cuerpo fusilado del Danilo delante mío?) y entonces fue que ahí dije que nosotros sabíamos que lo habían matado y que como todo pasa, aquellos días pasarían y Danilo volvería en un barco o en una escuela, como vuelven los que luchan por el pueblo. Yo terminé llorando, mi Graciela y la Graciela del Mario también, pero ni el viejo ni Mario volcaron una lagrima, solo apretaban los puños y puteaban en voz baja. Igual, cuando terminé la mamá del Danilo me abrazó conmovida.

El tercer recuerdo fuerte que tengo de los Nadalutti es aún más triste.

Y es sobre Graciela, aquella chica flaca y alta, bonita por cierto aunque no se podía decir eso delante del Mario, que estudió de maestra en el Almirante Brown que en aquellos años era una escuela experimental muy avanzada que tenía doble turno y, novedad total en Santa Fe, servía el almuerzo para los alumnos, y donde la Fede se desplegó con mucha fuerza desde los primeros años de la ofensiva popular del 69.

La Graciela se enamoró del Enzo que era un muchacho muy humilde y muy comprometido con la militancia y fue aquel 24 de diciembre del 76, cuando mi Graciela y yo estabamos en la Guardia de Infantería Reforzada que por alguna extraña razón, se hablaba de una pelea entre los jefes pero tanto se hablaba entonces que más vale la pena no dar mucho crédito a aquella versión, permitieron la entrada casi masiva de los familiares.

Como mi vieja se había mudado a Rosario y el padre de mi Graciela, que era el secretario del partido, tenía prohibido venir a visitarnos aunque alguna vez él también había transgredido las normas partidarias, los que entraron fueron los de la Fede del barrio  María Selva y así fue que entraron el Mario, su hermana y el marido o sea la Graciela y el Enzo que traían pan dulce casero que había hecho para nosotros la abuela de Graciela, de Danilo y del Mario que era una tana comunista y solidaria como ninguna.

Yo me quedé con el pan dulce y le dejé a mi Graciela los jabones y el perfume que habían traido la Graciela, el Mario y el Enzo que por cierto fueron de los primeros en vernos cuando salimos en libertad y todos nos abrazamos como hermanos en aquel picnic de la fede.

Pero como en noviembre me volvieron a secuestrar fue en enero del 78 que me fui de Santa Fe y casi dejé de verlos.

Muy de tanto en tanto los veía, en algún viaje mio a Santa Fe o de ellos a Rosario hasta que Graciela se mudó a Rosario y consiguió trabajo en una oficina cooperativa, no olvidaba al Danilo pero se fue abriendo paso en una ciudad más grande que al final de la dictadura hervía política y culturalmente.

Se casó, tuvo dos niñas y un niño y como casi todos nosotros, se separó al compás del deshielo cultural y la euforia política.

Y se enamoró del héroe de su adolescencia: un obrero ferroviario, huelguista y comunista, de buen habla y sonrisa encantadora. Pero casado y con hijos. Aunque de eso se dio cuenta bastante más tarde cuando quedó embarazada y él le pidió que abortara porque todavía no estaba preparado para separarse y todo eso que se dice tantas veces que parece mentira que se escuche.

Y allí fue la Nadalutti con su tristeza escondida a ver la partera del barrio que le practicó el aborto como a todas las otras chicas de Empalme Graneros que iban por allí y como a muchas de ellas la operación derivó en una infección de la puta madre, feroz, invencible a todas las defensas que los médicos intentaron y que Graciela soportaba con la dulce tristeza que tenía en su rostro.

En ese entierro no hablé, y fui la última vez que lo vi al viejo Nadalutti.

Al Mario lo vi al cabo de muchos años, cuando decidimos abrir causas por todos los jóvenes comunistas asesinados por la Triple A y la dictadura y por todos los desaparecidos. Lo primero que me contó que el Enzo también se habia muerto y que los niños de su Graciela ya estaban grandes pero que los veía.

Con el Oli trabajamos todo una noche y actualizamos la larga lista de rostros Teresa Negrito Inés Víctor Alberto Graciela Carlos y los otros ciento cincuenta risas y ojos que te miran desde esas fotos blanco y negro que recortamos de los viejos diarios o de los amarillos papeles de los expedientes que por todos lados los compañeros guardaron para que ahora si los usemos.  Terminamos, publicamos la nota y entonces me di cuenta que no estaba Danilo, que se nos había perdido en algún recodo del largo camino que nos trajo hasta aquí y sin poder acordarme bien los detalles comencé a buscarlo.

El Mario tenía todo en una carpeta de cartulina, verde la cartulina, y adentro todos los papeles del Danilo: el certificado de nacimiento y el de defunción, el de estudios y el del Ejercito, el carnet de la Fede y la libreta de la escuela primaria.

Todo tenía el Mario guardado y con eso nos fuimos a Catamarca de nuevo, pero esta vez para hacer una denuncia al pedo porque los milicos tenían el certificado medico que dice que a Danilo se le disparó solo una pistola que le dio justo entre los ojos y que murió de muerte natural. O que se suicidó, que se yo y que importa.

Y una vez por mes, hasta que se murió, el Mario levantaba el teléfono y me preguntaba si avanzaba la causa y yo que a veces le mentía porque me daba vergüenza y a veces le decía la verdad para que volviéramos a putear juntos, para que él se acuerde de alguna palabra en ruso de esas que aprendíamos para pedir cerveza o para decirle ochim krasiva a las compañeras.

El Mario era tan humilde que ni me enteré que se murió.

No recibí más llamadas y me fui olvidando del Danilo y del Mario, de la Graciela y de los viejos hasta que el día de la sentencia a Brusa cuando vi a tantos compañeros de aquella Fede de los setenta le pregunté al Daniel que si había venido el Mario y fue el Daniel, que se estaba yendo de la marcha porque llovía, que se volteó y me dijo ah José el Mario se murió y no queda nadie de los Nadalutti.

Seguro, me dije, sino hubieran estado allí bajo la lluvia, con el puño en alto y la risa de todos, cuando le dedicamos los 23 años de la condena de Brusa a la Mechi y el Ciego, o sea, a los Nadalutti.

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ramiro dice:

    Tal vez no hubo ningún Nadalutti presente en forma física pero sí varios descendientes festejaron a la distancia. Y lo seguirán haciendo con cada condena a esas personas. Mención aparte para esa persona que se enamoró de alguien con un hijo, que dicen tiene una sonrisa encantadora y que conoció en la adolescencia: no te va a pasar lo mismo que a tu mamá, nosotros ya estamos casados y no haremos eso. Ah! en este caso vos eras mi heroína de la adolescencia.

  2. Ramiro dice:

    Estoy hablando de Soledad Marino, hija de Enzo y Graciela.

  3. Que bueno encontrarlos. A Soledad la recuerdo como una niña muy parecida a la mamá,así que no dudo que deber ser hermosa. Hoy llamó Giselle para decir que tenía la carpeta verde del Mario y que vamos de vuelta por el juicio por Danilo en Catamarca….Claro que vamos, vamos por Danilo y por todos, y por ese cielo de los setenta que no se apaga nunca

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