El valor de la palabra de las vìctimas del Terrorismo de Estado


Artículo preparado para una serie publicada por Pagina12 sobre el tema, pero que no fuera publicado nunca

Detrás del debate acerca la publicidad de los juicios contra los genocidas argentinos –que si se permite la difusión de los testimonios o no- se esconde otro debate, creemos, más de fondo: ¿qué fenómeno es el que se está juzgando y quién puede probar la perpretación del Genocidio?

La Corte Suprema, en su acordada de diciembre último, autoriza que los Tribunales Orales –según su criterio- permitan la difusión gráfica y por medios audiovisuales de la acusación, los alegatos y la condena, pero prohibe que se televisen los testimonios de quienes sufrieron en el cuerpo el accionar del Estado Terrorista.  O dicho de otra manera, el mismo Estado que un día organizó un dispositivo para asesinar, torturar, encarcelar, robar bebés y desaparecer miles de compañeros; el mismo Estado que frustró de una y mil maneras el juzgamiento de los autores materiales e intelectuales de dichos actos de Terror, y lo sigue haciendo hasta hoy, ahora pretende silenciar la voz de los que pasaron por el infierno de los centros y campos clandestinos y que son los únicos que pueden hablar por los que no pueden hablar. Por los desaparecidos y asesinados por la dictadura y la impunidad.

A esto se suman las opiniones “autorizadas” como, por ejemplo, la de León Arslanán, acusando a las víctimas de “sobreactuar para las Camaras” [1] y más grave aún, la de algunos defensores de los derechos humanos que avalan dicho discurso y práctica represora [2] desde dos perspectivas convergentes: la “seguridad” de los compañeros y el resguardo de los derechos procesales de los genocidas.

Comencemos diciendo lo obvio: los que declaran en los juicios lo han hecho por años, muchos de ellos fueron objeto de la represión y su testimonio será escuchado por los propios represores, sus abogados y colaboradores que son justamente los primeros interesados en amedrentar a los testigos o aún más.

Como se comprobó en las investigaciones del secuestro de Julio López, desde la propia Cárcel de Marcos Paz se movían los hilos de la intriga. Es la impunidad la que genera la sombra de Julio López sobre los juicios, acabar con ella es lo mejor que se puede hacer para garantizar los procesos judiciales en curso y los espacios democráticos que nos quedan.

Además, años de lucha por los derechos humanos nos han enseñado que la mejor protección para los luchadores por la Verdad, la Memoria y la Justicia es rodearse socialmente, hacer de la denuncia personal una causa colectiva de modo tal que los potenciales agresores se tengan que enfrentar con un pueblo organizado y no con un individuo aislado.  Y digámoslo de paso, nada mejor que la publicidad de los testimonios para construir una voluntad colectiva en pro de la justicia.

Pero concentremos la atención en las llamadas cuestiones procesales.

Es asombroso que no se parta de la incongruencia entre el Objeto a investigar y juzgar y el Instrumento Jurídico con que se pretende hacerlo.  La insistencia en tratar estos crímenes de lesa humanidad, cometidos desde el Estado de modo tal que su encubrimiento precedía al acto represor en sí, como si fueran delitos corrientes, digamos el robo de un bicicleta en un barrio porteño, es la razón fundamental de la incomprensiòn del valor fundamental que tiene la difusión pública de los juicios y del propio atraso de los juicios, en definitiva.

¿Qué secreto del testimonio buscan preservar los Cortesanos y sus acólitos?  Las víctimas  y testigos hace treinta y tres años que hacen denuncias públicas, participan en actividades públicas y han reconstruido la verdad por un camino colectivo que permitió juntar los  pedacitos de memoria que cada uno conservó dolorosamente hasta armar las imágenes del horror que hoy son la principal, y a veces única prueba de los crimenes cometidos.

Mantenerlos separados en el momento del juicio oral es una muestra del rídiculo en que se puede caer por el camino del dogmatismo jurídico, pretender silenciarlos es algo más grave, es volver a victimizarlos.  El último episodio de Tucumán, donde un testigo estuvo ausente por algunas horas, al menos profundamente conmocionado por las presiones que dar testimonio implican para él y su familia, no hacen otra cosa que confirmar que no se pueden tratar estos cosas desde la “normalidad” procesal encubridora de la “excepcionalidad” intervención estatal para garantizar la impunidad por más de treinta años.

Encapuchados los tuvieron los milicos, silenciados los mantuvo la democracia por mucho tiempo, parte del resarcimiento que merecen tiene que ver con que la sociedad -esta vez-  los escuche y no vuelva a decir “por algo será”, que preste atención a sus denuncias, trate de comprender lo sufrido y reflexione sobre las razones que pudieron llevar a un grupo social en el Poder a cometer tales actos de barbarie.

En la disposición de los Cortesanos de decidir por los testigos, cual si fueran niños o inacapaces mentales, acerca de su palabra revela la soberbia de algunos y la incomprensión profunda del camino recorrido por los sobrevivientes, los familiares de los desaparecidos y el conjunto del movimiento de lucha contra la impunidad: nunca se ha considerado lo sufrido como cuestiones personales o tragedias individuales sino como procesos sociales que afectaron al conjunto del pueblo argentino.

El Genocidio no es una colección gigantesca de crímenes individuales sino la destrucción de un grupo nacional para reorganizar radicalmente la sociedad en beneficio de un bloque social de Poder. Los juicios pueden y deben aportar a identificar los responsables del Terrorismo de Estado, su Obra y significado actual.  Y no solo para los pocos que pueden estar presentes en las salas de audiencia oral, sino para miles, cientos de miles, millones de argentinos que informados adecuadamente sobre lo ocurrido pueden mejorar su compromiso democrático que implica la conquista de la Verdad y la Justicia para los crímenes del pasado y la superación de las consecuencias económicas, culturales, sociales, políticas que aún sufrimos.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Querido camarada:
    excelente el material.
    Da para largas y apasionadas lecturas.
    te mando un abrazo fraterno

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