La muerte de una rata


Murió impune Nicolás Correa,un represor que actuóen La Cuarta y el circuito santafesino.

En una tarde de finales de noviembre de 1976, un grupo de tareas secuestró a una maestra, originaria del norte santafesino, del Centro Clandestino de Detención que funcionaba en la seccional Cuarta de la Policía Provincial, en la esquina de Bv. Zavalla y Tucumán de la capital santafesina. La compañera continúa desaparecida.    Yo estaba allí desde el 12 de octubre y había tratado, junto al resto de los compañeros detenidos, de socorrerla cada vez que se desmayaba por el efecto del hambre en una persona con diabetes, pero no sabía entonces ni su nombre ni el del jefe del grupo de tareas que periódicamente penetraba en las celdas del CCD y se llevaba compañeros para la tortura en el mismo centro o en La Casita.

Fue luego de la detención del ex Juez Brusa (Víctor Brusa llegó a ser Juez Federal de Santa Fe a pesar de haber sido denunciado por su compromiso con el Terrorismo de Estado, al menos desde 1984), el Curro Ramos y el “Tío” Nicolás Correa que pude identificar a la compañera desaparecida como Alicia López Rodriguez de Garraham y al represor como el nombrado Correa que fuera acusado por muchos sobrevivientes, acusaciones que fueran dada por probadas en primera instancia tanto en el Auto de Procesamiento emitido por el Juez Rodriguez (hoy apartado de la causa)   el 17 de febrero de 2005 como por la Cámara Federal de Rosario (más conocida como la maquina de salvar represores) el 29 de diciembre de 2005.

A pesar de haber denunciado la desaparición de Alicia en todas las instancias posibles: la Audiencia Nacional Número Cinco de Madrid, el Consejo de la Magistratura que destituyó a Brusa y en la propia Causa Penal donde se denunció y encarceló a Correa, jamás logramos que se diera identidad al secuestro de Alicia, siendo las acusaciones judiciales sólo de   privación ilegitima de libertad agravada, vejaciones, apremios ilegales coacción y tormentos.  La acusación de asociación ilícita fue desestimada por razones formales, razones que terminaron apartando al Juez Rodríguez de la Causa.   Correa fue acusado de torturar al menos a Anatilde Bugna, Ana María Cámara, Stella Maris Vallejo, Jorge Pedraza, Orlando Barquin, Eduardo Almada y Mariano Millán, pero no de la desaparición forzada de Alicia..

Pues bien, Nicolás Correa, militar, miembro primero del Servicio de Inteligencia del Ejercito y luego, ya retirado, de la SIDE, acaba de fallecer sin condena.   Como se lo propuso al adoptar, junto al resto de los represores y con la ayuda del Poder Judicial, la estrategia de estirar y estirar los tiempos judiciales para obtener el mismo resultado que logró Pinochet en Chile y tantos otros en la Argentina: ya que no se puede evitar que se inicien los Juicios, que no haya ni juicio ni castigo.

Correa secuestró a Alicia en noviembre de 1976, fue acusado formalmente de graves delitos de lesa humanidad en febrero de 2005 por medio de un auto de procesamiento que fue ratificado (al menos en la parte sustancial que tocaba a Correa) en diciembre de dicho año y murió sin juicio ni condena en agosto de 2007.

¿Se entiende entonces de que hablamos cuando pedimos aceleración de los juicios con una doctrina adecuada que no trate ni a los represores ni a los delitos como actos individuales, sino como lo que fueron, acciones componentes de un Plan Sistemático de Exterminio, que determinó un Genocidio, y que sigue impune como la muerte del miserable Nicolás Correa lo confirma.? ¿Se podrá entender la extraña sensación de genuina alegría por la muerte de una rata junto con la sana preocupación por el futuro de la causa y para que no muera un solo represor más sin juicio ni castigo?

Por mi parte solo puedo pensar en Alicia, en la imagen de su cuerpo cayendo desmayado en el pasillo que iba de la “tumba” al baño, ese que estaba al lado de la cocina, frente al patio de la Cuarta, justo en el lugar donde en una celda pelada, comenzaba mi recorrido por el circuito de la Cuarta, La Guardia, Coronda: recorrido que no olvidamos ni perdonamos y ni la muerte de una rata nos hará ceder en la demanda de justicia para Alicia y para todos.

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