La Triple A, el rostro oculto de la burguesía argentina


Junto con los pedidos de extradición de Almirón e Isabelita, pedidos que hemos respaldado en sede judicial   y diplomática, se han disparado una serie de debates sobre el significado de la reapertura de las causas que investigan los crímenes cometidos en el periodo que va del 20 de junio de 1973 (masacre de Ezeiza) al 24 de marzo del ’76.   Es que la salida del cono de sombras, donde estaban escondidos las mil quinientas ejecuciones sumarias (como las denomina el Anexo del Nunca Más al enumerarlos), las casi novecientas víctimas de desapariciones forzadas que continúan desaparecidos y los tres mil presos políticos (por periodos prolongados, sin contar los que estaban horas o días) genera una incomodidad que no puede ser disimulada por quienes han construido los discursos hegemónicos acerca del significado del treinta aniversario del golpe de estado: a) los partidarios de la teoría del “desvío”, los que asocian la violación de los derechos humanos con los golpes de estado y “la democracia” con su vigencia casi irrestricta y b) los cultores de una interpretación binaria y simplista de la historia nacional que desemboca en un conflicto peronismo/antiperonismo donde la maldad siempre estaba de un lado y la bondad, lo popular y nacional del lado peronista.   Ahora, ambas corrientes historiográficas (que hoy se referencian en los diarios Clarín y Pagina 12) están en serios problemas para encajar en sus teorías maniqueas la existencia de grupos de tareas amparados por el Estado, grupos que por otra parte venían de larga data acaso de aquel Enero de 1919 en que los “cajetillas” porteños formaban la Liga Patriótica Argentina para asesinar subversivos “rojos”   y judíos en la Semana Trágica; y más aún para explicar cómo era eso de un gobierno peronista que compra armas para la Triple A (por ejemplo las ametralladoras Uzzi con que asesinaron a nuestro camarada Carlos Banylis con 60 disparos en la cara habían sido compradas por Isabel para ¡el Ministerio de Bienestar Social!) o ordenaba la “aniquilación de los elementos constitutivos de los organismos subversivos ” ( reglamento interno del Consejo de Seguridad creado por el decreto 2772 del 6/10/75) como marco teórico del llamado Operativo Independencia lanzado en Tucumán so pretexto de la acción guerrillera, pero que no solo masacró a los compañeros del E.R.P. sino a casi todos los luchadores sociales y políticos del noroeste argentino.

Para acercarnos a la comprensión de los fenómenos en debate, e iluminar las posiciones políticas de cada quien, conviene partir del principio marxista de que el Estado capitalista se constituye en la Argentina a finales del siglo XIX para asegurar la reproducción ampliada del capital y para ello construirá un edificio jurídico basado en la lógica de la defensa de la propiedad privada y la represión a todo el que atente contra ella ( por ejemplo, en 1902 sancionan la “ley de residencia” 4144 que persistiría hasta ¡1957! sobreviviendo gobiernos radicales, militares y peronistas) y un aparato represivo que nunca se fijó mucho en las leyes que ellos mismos sancionaban.   A los tradicionales grupos de tareas de la derecha nacionalista y  fascistas que continuaron a la Liga Patriótica (la Alianza Libertadora, Tacuara, el C.N.U. etc.) se sumarían en los cincuenta las patotas sindicales que engordarían a la par del poder sindical y los desafíos del clasismo.

Es todo eso: grupos de ultra derecha afincados en la Universidad ( la C.N.U.), patotas sindicales, Oficiales de la Policía Federal ( que desde los ’30 tenía Secciones Especiales de lucha contra el Comunismo ) y del Ejercito (que ya había adoptado la doctrina de la seguridad nacional) lo que converge en la Triple A convocados por el gobierno de Perón, el mismo que años antes había homenajeado al Che en su muerte y propiciado la lucha de las “formaciones especiales”.   Cierto, pero Perón, anticipandose al resto de la burguesía, reacciona del modo más brutal ante el peligro de perder la hegemonía del movimiento que llevaba su nombre y abre la caja de Pandora de los crímenes de Estado.

Peronistas que asesinaban y peronistas que eran asesinados. Es que nunca el peronismo fue un todo homogéneo, ni todo facho ni todo movimiento liberador, lucha de clases y disputa por la hegemonía.   Una hegemonía que la burguesía nunca perdió y que luego del breve periodo del Plan Gelbard y los sueños de revivir el “capitalismo de bienestar” optó por el rumbo que marcaba el imperialismo ya en el ’75 con el Plan Rodrigo que anticipaba el programa neoliberal de Menem/Cavallo de los ’90.

Nada se hace en la lucha de clases por hacer, y mucho menos la Triple A, pero no solo la Triple A: hay que hablar del Plan Económico de Gomez Morales y de Rodrigo y de la Misión Ivanisevich ( aupado en el Ministerio de Educación en julio del ’74 junto con el rector de la UBA Ottalagano, aquel que dijo “soy fascista, y qué?” ) que anticipó el Golpe en la Universidad y que preparaba listas para la Triple A.

Y de eso se trataba, para conservar la hegemonía en la sociedad, la burguesía argentina una y otra vez ha apelado al asesinato y la represión más feroz, y mucho antes del 24 de marzo, y en esa sucia labor contó siempre con el apoyo del Imperio de turno, primero los ingleses y luego los yankees que participaron de la creación de la Triple A mediante su embajador en España, Mr. Hill, adosado a Isabel y López Rega desde los ’60 y trasladado “casualmente” a Buenos Aires en 1973 para articular con la estrategia terrorista de la CIA en todo el mundo.

Los comunistas, desde aquel Arguelles fusilado en la Patagonia Rebelde, hemos estado siempre del mismo lado: junto a las víctimas y resistiendo el avance del fascismo.

Junto a todas las víctimas de la Triple A y especialmente de los compañeros peronistas, de la Juventud Peronista con que conformábamos la Coordinadora de Juventudes y de los luchadores con los que habíamos recuperado sindicatos como Luz y Fuerza de Córdoba o la UOM   de Villa Constitución, no casualmente objeto de las primeras grandes acciones de la Triple A: la destitución de Obregón Cano en enero del ’74 y la invasión a Villa de marzo del ’75 a pedido del presidente de Acindar, Alfredo Martínez de Hoz el mismo que presidía el Centro de Empresarios Argentinos y sería el Ministro de Economía de Videla. ¿Casualidades?. Tanto como que los locales comunistas de Córdoba y de Villa Constitución fueran asaltados, el primero en octubre del 74 y volado el segundo, en enero del ’75.

Nuestros diecinueve asesinados, los locales volados, los militantes amenazados, cesanteados, detenidos y puestos a disposición del Poder Ejecutivo no estaban solos, había un partido que peleaba por ellos, el semanario Nuestra Palabra que denunciaba todo y actuaban nuestros dos diputados nacionales, Jesús Mira y Juan Carlos Cominguez denunciando valientemente cada agresión.

Actuabamos en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre y ayudamos a formar la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos buscando ampliar la base social de los que resistían y hacían esfuerzos desesperados por parar el terror que desembocaría en el 24 de marzo del ’76.

Discutir una cosa sin la otra es, al menos, un error metodólogico en el plano de la teoría histórica y una afrenta para las víctimas de la Triple A.

Para Graciela, Alberto, Tita, Carlos, Watu, Chilo, Rubén y los otros mil quinientos compañeros.

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