Lo que Clarín no dice sobre la inseguridad


Montado en la indignación popular desatada tras el crimen de los dos comerciantes de Cañuelas, el editor de Clarín, Ricardo Roa pretende asumir un discurso “progresista” para alimentar su larga campaña en pro de reposicionar los valores culturales de la derecha, so pretexto de la mentada “inseguridad”.

Arranca con lo que pareciera un diagnóstico con el que todos debieran coincidir; dice “No hay nada que descubrir en el drama de la inseguridad. Todo es bien conocido: marginación social, abandono de la calle por parte de la policía, ineficacia de los jueces y, en el medio, la droga que se extiende en bolsones de pobreza donde la vida no vale nada.” y concluye intentando que parezca que su discurso es el obvio e indiscutible: “Si suben la desigualdad y el consumo de drogas, no hay políticas contra el delito y la impotencia y a veces la complicidad de la policía con el crimen crecen, ¿por qué habría de descender la inseguridad?”[1]

Empecemos por lo más extendido: la idea que la pobreza, la marginalidad, la exclusión social (todo lo que produce el capitalismo de manera natural, y que en su fase neoliberal lo produjo de manera planificada puesto que la mirada de la burguesía no estaba en el consumo interno sino en otras formas de valorización del capital: la rapiña lisa y llana, la especulación financiera y cambiaria, etc. y por eso “expulsó” de las fronteras de la ciudadanía burguesa a millones de personas) tiene una relación directa con la delincuencia –es decir, a más pobreza, más peligro de delincuencia- no es otra cosa que la vieja idea de Lombroso, luego reformada por el positivismo bajo un aspecto más social, de que hay seres humanos sobre condicionados a delinquir.  Lombroso creía que era una cuestión genética; Roa cree que las condiciones socio económicas “empujan” a delinquir.  Aunque muchos sectores progresistas y aún de izquierda comparten esta idea, y por eso, piensan que el camino para superar la cuestión de la “inseguridad” pasa por promover planes de empleo y asistencia social; pues no es así, al menos no linealmente; en Cuba, durante los difíciles años del periodo especial en tiempo de paz, los niveles de delincuencia casi no se modificaron; y por el contrario en la Argentina, a pesar de que llevamos casi una década de planes sociales y de mejoría de las condiciones de vida (sobre todo si las comparamos con los finales de los 90 y de la gran crisis del 2001) tampoco se modificó sustancialmente los niveles de delincuencia.  Lo que Roa no considera es la cuestión de la subjetividad. La pobreza, en contacto con proyectos colectivos de transformación social es una cosa y la pobreza en contacto con una cultura consumista, individualista, egoísta, es otra cosa, todo lo contrario. Por lo tanto, lo primero que no dice Roa y Clarín, que es la cultura consumista que ellos promueven desde siempre es una de las causas profundas que empujan a una parte de la población al delito.  Y que por el contrario, es la izquierda y el progresismo, al impulsar el involucramiento de la población en proyectos colectivos de transformación social, la que más hace en dirección a que menos personas se inclinen por la salida individual del delito menor.

Y decimos delito menor, porque –tal como los propios medios hegemónicos se encargan de revelar- el delito mayor, los grandes robos, los secuestros extorsivos millonarios, el trafico de mujeres, niños y droga, son un negocio en forma que cuenta con un empresariado ladrón, que es la que financia y luego “lava” el producto de las operaciones, con una porción importante de las policías y del Poder Judicial que crea los espacios libres para su accionar.  No es ineficacia o abandono de la calle, sino todo lo contrario: pleno dominio del territorio para que no se cometa el delito que ellos no consienten. El entramado entre las mafias empresariales, los punteros políticos con dominio territorial, los jefes policiales y jueces, y las bandas delincuentes de gran porte lleva años de construirse y es de ese entramado que no habla Clarín, porque sería como nombrar al ahorcado en la casa del verdugo.  Pongamos solo un ejemplo, del cual nunca dijo una palabra Clarín: el jefe de la unidad fiscal dedicada a la investigación de los delitos con drogas peligrosas, el Dr. Gentili, que recibía fondos de la DEA y de la Procuración General de la Nación, fue destituido en el 2008 luego de una denuncia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre sobre su connivencia con los servicios secretos colombianos y la publicación de fotos donde se lo veía en una “fiesta” con los más conocidos abogados de los narcotraficantes colombianos en la Argentina.  Hoy Gentili sigue siendo fiscal federal en Lomas de Zamora.

Y la última de las mentiras que dice Roa es sobre el “abandono de las calles” por parte de la Policía, como si no se hubieran aplicado todos estos años (y cuando digo todos estos años, también cuento los ocho años de kirchnerismo) toda clase de políticas de mano dura.  O es que no se acuerdan del apoyo de Clarín a la campaña de Blumberg que terminó en la rendición total del Parlamento, votando modificaciones al Código Penal que lo convierten en un instrumento de dominación cada vez más represor, clasista y hasta desquiciado por la locura de pretender resolver el tema aumentando el castigo, secuencia que solo ha traído el estallido del sistema penitenciario argentino como señalamos los organismos de derechos humanos todos estos años, señaló el informe 2010 de la ONU sobre la situación de los derechos humanos en la Argentina (al tiempo que señalaba la continuidad de la política de ejecuciones extrajudiciales que nuestro compañero Toto Zimerman designó como “gatillo fácil” con motivo de la masacre de Budge en los 80) y que hasta el nuevo secretario de derechos humanos de la Nación, el Dr. Fresneda, asumió como una de sus mayores responsabilidades –la de terminar con la tortura en sede policial y las cárceles- en su discurso inaugural.}

Lo que no dice Roa en este suelto, lo insinúa y trata de que surja de manera “obvia” lo dijo el profesor Grondona en otra oportunidad: la inseguridad es producto de  la  policía indefensa por efecto del discurso de los derechos humanos que los inhibe y facilita la labor de una delincuencia alimentada por la inmigración regional, los pobres y los jóvenes; los cuales en caso de ser detenidos son liberados por una justicia esterilizada por el “garantismo” que sólo es para los delincuentes porque no se aplica a los militares y policías “presos políticos” que de ser juzgados, y siempre recalcan el condicional “de ser”, deberían serlo al mismo tiempo que los “subversivos” que están en el gobierno y los organismos de derechos humanos.

La apuesta de Clarín, y de muchos otros incluido una buena parte del gobierno nacional y de la provincia de Buenos Aires, es pretender que la solución del problema es simple: más mano dura, dicen uno; más planes sociales, dicen otros cuando la cuestión, verdadero condensado de las consecuencias a largo plazo del genocidio y del predominio del sistema capitalista en el país desde finales del siglo XIX, no tiene solución fácil.  Digamos por ahora que lo primero es depurar las fuerzas policiales de sus incrustaciones fascistas (restos de la influencia de la doctrina de seguridad nacional), corruptas (consecuencia de su lugar en el negocio mafioso, no interrumpido) y de todos los que han violado las garantías constitucionales de los detenidos; que lo segundo es darle conducción política a la fuerza y no permitir que se mantengan los privilegios de los jefes policiales, y no solo en Buenos Aires, también en Santa Fe, Córdoba y todo el país y tercero abrir un gran debate en la sociedad sin concesiones oportunistas a la mano dura diciendo claramente que el país que tenemos, con sus lacras y perversiones, es fruto de un proceso histórico y que solo otro proceso histórico, de organización autónoma y con clara convicción que el país requiere de la Segunda y Definitiva Independencia Nacional, podrá generar condiciones de más seguridad para todos.  Para los vecinos de Cañuelas, claro que sí; pero también para los que no tienen vivienda, ni salud, ni educación, ni empleo con sueldo suficiente que es el otro nombre de la inseguridad que Clarín nunca nombra.  El Toto Zimerman al explicar lo que significaba la “inseguridad subjetiva” decía que si en vez de pasar mil veces la foto de los ciudadanos que sufrieron un arrebato o un atropello mayor, la televisión pasara el nombre de cada bebe que muere en la Argentina por causas evitables, y la Argentina es el único país de la región que no marcha a buen ritmo en bajar la mortalidad infantil, el gran debate en la Argentina no sería por la inseguridad sino sobre la situación del sistema de salud que no puede garantizar la vida de nuestros niños.


[1] Clarín, dos de julio de 2012.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Muy buena nota. La publicamos en el blog de La Bocona si estás de acuerdo.

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